Casi siempre estoy dormido cuando ellos van y vienen por el suelo y las paredes, frenéticos, escondiéndome su secreto. Pero algunas veces los veo, de madrugada, cuando me quedo leyendo en la cama hasta tarde o cuando sencillamente no puedo dormir, y ellos, perdiendo la paciencia, terminan por salir, porque tienen prisa en acabar con lo suyo… algo que no parece poder esperar.
Muchos de ellos, al verse sorprendidos, se detienen, me miran y sonríen… reemprendiendo acto seguido su camino hacia sus escondrijos, todos hechos un ovillo sobre su secreto para que yo no lo pueda ver.
No comprendo a qué viene ese desafío en la mirada y la sorna en su boca negra. Me contemplan superiores aun siendo tan diminutos. Tampoco es que me importe demasiado. Sigo leyendo o sigo pensando en lo que no acaba de dejarme conciliar el sueño, o incluso acabo al fin durmiéndome en una última intentona, con la almohada sobre la cara.
Entretanto, ellos circulan silenciosos por todo el cuarto con su secreto a cuestas… y cientos de miles de alientos sucumben a su paso cada luna… y algunas noches, cuando los sorprendo, ellos se detienen, me miran y sonríen…
© JIP
24/01/2004 00:33

Autor: Manuel Barrero
Ellos existen, siempre están ahí;y sus sonrisas hieden. No hay un orden de ideas donde tengamos fijada una perturbación. No. Están y sonríen descarnados. Nos miran y no nos ven. No comprenden, pues no saben, mientras se aplican a lo que -por costumbre- conocen: alienar, refinar, desestabilizar, convertir, aniquilar. Nosotros, mientras, nos encorvamos sediciosos, en sublevación de las pasiones, sobre los relatos, sobre las viñetas, sobre las imágenes... La auténtica felicidad reside en sublimar sus muecas.
Fecha: 25/01/2004 09:35.