Mi querido replicante,
Roy Batty, el nihilista
Nexus-6 de
"Blade Runner", bien lo podría haber recitado en su epitafio, allá en el tejado del
Bradbury Building, mientras
moría y un silencio de lluvia lo arropaba. Y lo cierto es que se me ocurren ahora mismo pocas formas mejores, más sencillas, de representar la magia terrible -y pongo el acento en lo de
terrible-, que se esconde en el simple respirar, ese constante tomar y expulsar aire que es el vivir... y da igual cuál... el tuyo, el vuestro, el mío, cualquiera... Cada día que paso a este lado de la existencia más convencido estoy de que todo se reduce -o se amplía, allá cada cuál- a un oscilar de brillos, un crepitar de fuegos, un contínuo llamear de contradicciones en medio de las negreces del sinsentido y las tinieblas de la duda. Capaces de lo peor y de lo mejor a un tiempo, condenados de antemano pero aun así combatientes, tocados por la muerte pero de todos modos poseedores, en semilla, de lo más mágico, lo más salvaje y lo más divino, ahí seguimos... respirando, y estos versos de
Rubén Darío reflejan, al menos hoy, al menos ahora, al menos esta noche, todo el júbilo y toda la miseria, ambivalentes, paradójicas, excluyentes y a la vez complementarias, que encierra el solo hecho de, una vez más y hasta que el negro todo lo ciegue, llenar de aire los pulmones...
LO FATALDichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura, porque ésa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido, y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida, y por la sombra, y por
lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
¡y no saber adónde vamos
ni de dónde venimos!...
RUBÉN DARÍOProsas Profanas