Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2004.

BAJO EL INFLUJO DE UN REPLICANTE SOÑADO

Batty"Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad más allá de las puertas de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia... Es hora de morir"

Con este parlamento final se despedía de la vida Roy Batty, el último replicante de Blade Runner. A sus pies, contemplándolo, el cazador cazado, Rick Deckard -quién sabe si no también replicante inconsciente a su vez-. Y envolviéndolos a los dos, la noche luminosa de un oscuro futuro, y la eterna lluvia, resbalando en sus carnes, como el susurro de un dios insensible a sus hijos.

Es hora de morir...


La primera vez que escuché aquellas palabras finales del replicante moribundo algo se quebró dentro de mí para siempre, tornándome de paso incondicional de su causa perdida, que también sentía mía. Aquellos eran los últimos estertores de una vida que se acababa, llena de experiencias, alegrías y pesares, luces y sombras, tan bellísima en su singularidad que no existiría nada remotamente parecido en toda la vastedad del Universo. Pero toda esa belleza moriría con él, como una burbuja reventando en el negro silencio del Cosmos.

Sólo por esto el nombre de TannHäuser de esta bitácora está más que justificado. Porque yo, en mis sueños concientes e inconscientes, siempre quise desde entonces haber traspuesto las puertas de Tannhäuser -estén dónde estén-, como quise haber transitado las amargas calles de Los Ángeles del 2019. En cierto modo todos y cada uno de nosotros no dejamos de ser replicantes. Nacidos al mundo sin más, el cronómetro se pone en marcha, y tenemos un tiempo finito para soñar, vivir... tal vez -quién sabe-, incluso amar... Con nuestra carga inasumible de interrogantes sobre nuestras consciencias... Presos del maravilloso a la par que terrible estigma de la caducidad... la finitud.

Batty, agarrando la paloma del alma, que se escapa...


Así, porque en todos y cada uno de nosotros late un Roy Batty que implora más tiempo, que ama el vivir por encima de todas las cosas aun sabiendo que el mundo no es más que un enorme sumidero, que siente que su aliento es al tiempo el mayor de los regalos y la peor de las maldiciones, no puedo hacer otra cosa que dedicarle -y dedicarme... y dedicarnos- este primer artículo de esta, mi bitácora, a la que espero, de aquí en adelante, poder confiar mis inquietudes -culturales... existenciales... por qué no, también sentimentales- de replicante soñante y soñado.

Porque como rezaban los pensamientos de Rick Deckard tras ver morir al replicante, mientras contemplaba el huir de su espíritu al vuelo en forma de "aria" paloma: "Todo lo que él quería son las mismas respuestas que todos buscamos: ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Cuánto tiempo me queda?"

© JIP

CHARLES BUKOWSKI... DESDE LAS PUERTAS DEL INFIERNO...

"Nada impediría a un hombre escribir a menos que ese hombre se lo impida a sí mismo. Si un hombre desea verdaderamente escribir, lo hará. El rechazo y el ridículo no harán más que fortalecerle. Y cuanto más tiempo se le reprima, más fuerte se hará, como una masa de agua que se acumula contra una presa. No hay derrota posible en la escritura; hará que rían los dedos de tus pies mientras duermes; te hará dar zancadas de tigre; te encenderá los ojos y te pondrá cara a cara con la Muerte. Morirás como un luchador, serás honrado en el infierno. La suerte de la palabra. Ve con ella, envíala. Sé el Payaso en la Oscuridad. Es divertido. Es divertido. Otra línea más..."

Charles Bukowski
El Capitán Salió a Comer y los Marineros Tomaron el Barco

Charles Bukowski


Más desvaríos de aquí un servidor, acerca de este libro y su autor en El Sitio de la Ciencia-Ficción

ESTIBANDO ALMAS...

Casi siempre estoy dormido cuando ellos van y vienen por el suelo y las paredes, frenéticos, escondiéndome su secreto. Pero algunas veces los veo, de madrugada, cuando me quedo leyendo en la cama hasta tarde o cuando sencillamente no puedo dormir, y ellos, perdiendo la paciencia, terminan por salir, porque tienen prisa en acabar con lo suyo… algo que no parece poder esperar.

Muchos de ellos, al verse sorprendidos, se detienen, me miran y sonríen… reemprendiendo acto seguido su camino hacia sus escondrijos, todos hechos un ovillo sobre su secreto para que yo no lo pueda ver.

No comprendo a qué viene ese desafío en la mirada y la sorna en su boca negra. Me contemplan superiores aun siendo tan diminutos. Tampoco es que me importe demasiado. Sigo leyendo o sigo pensando en lo que no acaba de dejarme conciliar el sueño, o incluso acabo al fin durmiéndome en una última intentona, con la almohada sobre la cara.

Entretanto, ellos circulan silenciosos por todo el cuarto con su secreto a cuestas… y cientos de miles de alientos sucumben a su paso cada luna… y algunas noches, cuando los sorprendo, ellos se detienen, me miran y sonríen…

© JIP

EL VAMPIRO DE LAS EMOCIONES

En "Soy Leyenda", la mítica novela de Richard Matheson, la humanidad terminaba convertida al vampirismo, y su protagonista, Robert Neville, el último hombre vivo, precisamente por dedicarse a cazar vampiros acababa por transformarse en un monstruo para los propios monstruos, una figura terrorífica a la que temer, de igual forma que los hombres de ayer -¿y hoy?- temieron -¿temen?- a los vampiros de antaño. Los papeles se habían cambiado, pero el esquema permanecía imperturbable.

El monstruo está en nosotros, enterrado a mayor o menor profundidad según la persona, pero ahí está, indefectiblemente, como un Hyde durmiente en espera de la mágica poción que lo haga despertar. En algunas ocasiones ese monstruo aflora, termina por emerger de las aguas de la inconsciencia tomando las riendas del individuo, y así el acre aroma del horror empieza a filtrarse por nuestras ventanas. Entonces experimentamos el miedo, el pavor; externamente, tememos por nuestra propia integridad, nos asusta la carga de muerte que ese horror nos puede traer; internamente, constatamos inquietos en ese otro, ese extraño, ese monstruo, aquello en lo que todos podríamos llegar a convertirnos.ç



En "La Sabiduría de los Cocodrilos", película poco conocida y bastante recomendable -cuyo final es además un nada velado guiño a la escena clave de "Blade Runner", con Jude Law en un tejado inundado en brumas, salvando a su víctima en el último instante de la caída al vacío, crísticamente atravesada su mano, igual que el replicante Roy Batty tocado de muerte-, encontramos la revisión de algunos de los lugares comunes en la mitología vampírica, modernizados y puestos al día, y enfocados desde una óptica bastante atractiva. El personaje encarnado por Jude Law es, al igual que el Conde Drácula, un vampiro que desde antiguo se alimenta de la sangre de mujeres que caen en sus redes de irresistible conquistador. También como Drácula parece tener poderes y facultades sobrehumanas. Y, por supuesto, también como el noble rumano, necesita alimentarse de esas mujeres, necesita de su sangre para subsistir, porque sin ella su cuerpo se desmorona, termina por sucumbir. Quizá las mayores divergencias entre ambos personajes estriben en que el vampiro que nos ocupa, ni parece ser un "no-muerto" ni tampoco la luz diurna parace producirle ningún tipo de "alergia"...

¿Un Drácula Posmoderno y su Amada?


Así pues, a grandes rasgos, el Jude Law de "La Sabiduría de los Cocodrilos" podría antojársenos como una transposición relativamente innovadora de la temática vampírica clásica pero con nuevas ropas -diseño de producción y vestuario están muy cuidados.

Pero podríamos, si quisiéramos, ir un poco más allá... Tenemos al único, al singular Law-Grlscz, un ser que de sí mismo dice: "Soy una especie única, una criatura, un cocodrilo que necesita un trabajo, que necesita una cuenta bancaria; un lugar donde vivir. Soy un error". De hecho, según su propia creencia, los seres humanos, "no tenemos sólo un cerebro, tenemos tres. Uno que es humano, montado sobre uno que es de mamífero, montado a su vez sobre otro que es de reptil". Si ignoramos las sucesivas corrientes culturales que han solido entender el vampirismo como una enfermedad de la sangre, del alma, o de la fe religiosa, podemos entender esta nueva forma de vampirismo antes como una anomalía orgánica que como una enfermedad; es decir, una reliquia biológica. Law-Grlscz es un estadio no evolucionado o involucionado de nuestra especie en el que, en lugar de dominar el cerebro humano, domina el reptiloide; el cerebro de cocodrilo. Y, lejos de alimentarse de la sangre de sus víctimas, su comida son las sensaciones, las emociones que saborea en su sangre; desesperación, rabia, decepción, amargura, inluso amor. Quizá por esa razón, él, que es consciente de su naturaleza pero que al tiempo, como todos nosotros, no acaba de entenderla, de aprehenderla en su totalidad, cree que tomando la sangre de quien le ama profundamente por encima de todas las cosas encontrará cura a su mal, que, empero, no es tal, pues forma parte de él mismo, porque el cocodrilo es parte intrínseca de su esencia, y no hay medio de negarlo. Pero aun así él se engaña y busca la relación perfecta que lo redima, que lo salve de la insoslayable maldición que es su vida. En este sentido, supongo, todos somos también, como él, vampiros sentimentales, psíquicos; buscando siempre en el otro el alivio a nuestro absurdo existencial, anhelando en él todo aquello que nosotros no podemos alcanzar ni ser, todo aquello que tal vez jamás podremos ser ni poseer. Nuestro corazón, pues, puede llegar a ser, cómo no, vampírico... monstruoso.

Succionando emociones


Por un instante podemos llegar a pensar que el amor será suficientemente fuerte, verdadero y sincero como para que el ser humano gane el pulso al reptil, pero al final el instinto de conservación de la bestia lo echa todo a perder, ganando el desafío. El Law-Grlscz, vampiro de sensaciones, asimilador de facultades, coleccionista de amantes, muere en un último intento por cazar a la rebelde presa que le permitiría sobrevivir. Al fin y al cabo ese y no otro era su destino... Como eslabón final de una cadena evolutiva renegada, su extinción era tan sólo cuestión de tiempo, y la muerte, a sus ojos, no podía ser tomada sino como una maravillosa liberación.

Pero recordemos, no obstante, a Richard Matheson y su "Soy Leyenda". Lo que una vez fue lo normal, lo ordinario, puede llegar a convertirse en el monstruo singular y terrible; la semilla está en nosotros. El Law-Grlscz de "La Sabiduría de los Cocodrilos" fue el canto de cisne de lo que pudimos ser si no hubiésemos tendido hacia la humanidad, pero nada nos asegura que el próximo Law-Grlscz que aparezca no acabe erigiéndose en el modelo a seguir por las generaciones venideras... y así, las máscaras volverían a cambiar de rostros, mas la ambivalente esencia, mezcla de hombre y reptil, seguiría formando parte intrínseca de todos.

© JIP

AMAR, MATAR...

AMAR, MATAR... DOS PALABRAS...

qué disímiles en carne,
qué distintas en entrañas,
mas que iguales en costuras,
gemelas en sus caras,
como australes polos,
de tan extremos, amantes,
juntos, entrelazándose -en nuestras almas-,
como dos gotas de lluvia;
lágrima, roja de rabia, caída desde tus ojos...
lágrima, sorda de Dios, en ti desvanecida...
como dos sinceras caricias de rostro;
el beso de tus labios en los míos...
el sello de la muerte en tu mejilla pálida...

© JIP

DIVINO SASTRE

"NAGG.- Escúchala otra vez. (Voz de narrador.) Un inglés... (pone cara de inglés, recobra su expresión habitual) que necesitaba urgentemente un pantalón a rayas para las fiestas de Año Nuevo va a un sastre, éste le toma las medidas. (Voz del sastre.) "Listo. Vuelva dentro de cuatro días, estará terminado". Bien. Cuatro días después. (Voz del sastre.) "Sorry, vuelva dentro de ocho días, los fondillos me salieron mal". Bien, resulta difícil hacer bien los fondillos. Ocho días después. (Voz del sastre.) "Lo lamento, vuelva dentro de quince días, estropeé la bragueta". Bien, la verdad es que hacer una buena bragueta es un trabajo comprometido. (Pausa. Voz normal.) La cuento mal. (Pausa. Apenado.) Cada vez la cuento peor. (Pausa. Voz del narrador.) En fin, resumiendo, entre una cosa y otra, llegó Pascua y echó a perder los ojales. (Rostro, voz del cliente.) "Goddman Sir, no, realmente eso es indecente! Dios hizo el mundo en seis días, me comprende, en seis días. ¡Sí Señor, sí, el MUNDO! ¡Y usted no tiene narices para hacerme un pantalón en tres meses!" (Voz del sastre, escandalizado.) "¡Pero, señor! Mire (gesto despreciativo, con asco) el mundo... (Pausa.) ... y mire... (gesto apasionado, con orgullo) ¡mi PANTALÓN!"

Samuel Beckett
Fin de Partida

Samuel Beckett


Leí Fin de Partida en un viaje en tren a Barcelona, es un librito corto. Al llegar a este pasaje una más que sonora carcajada se me escapó desde lo más hondo, y eso, por lo común, es algo que no suele suceder... Entonces levanté la vista, dos pasajeros cercanos me miraban como si fuese un bicho raro, lo que ya es más normal... Tanto da. Al fin y al cabo este mundo se hizo aprisa y corriendo, ¿no?"

VENDAVALES DE SINSENTIDO

Hay ocasiones en las que el absurdo, crudo e inmisericorde, intenta colarse en nuestra vida como esos vientos racheados que en las mañanas invernales nos empujan y zarandean, nos abofetean la cara y los ojos con latigazos de hielo. Probablemente su objetivo no es otro que conseguir que les abramos las puertas e instalarse en nuestro interior para siempre o, quizá, aún peor, infiltrar en nuestro seno, cual cuco traicionero y miserable, el huevo del absurdo, formado de una cáscara tan blanca como la misma nada, y en cuyo interior palpita un polluelo hecho de carnes de sinsentido y plumas de hastío. Con esto conseguiría hacernos padres de nuestra propia postración, sintiéndola sangre de nuestra sangre, conseguiría que nos enorgulleciésemos de ella, que la amasemos como ama la parturienta que por vez primera abraza y besa el fruto de sus recientes dolores.

Dado este caso. Una vez invadidos, contaminados de una vez y para siempre por el germen de lo inane, de lo insustancial, seremos proclives a levantar gozosos las barreras a tantos otros males, dada nuestra orfandad de asideros y motivaciones, nuestra carencia total de direcciones que encaminar. Y así la cotidianeidad matará el impulso espontáneo, el tedio acabará con la imaginación, y la angustia traspasará nuestra capacidad de ensueño con sus afilados dedos de rencor y odio. Y desde ese mismo instante la apatía y la alienación subrepticias estarán tan cerca que llegarán incluso a regir nuestros actos... Por qué preocuparse por nada de este mundo si nada hay en él que tenga el mínimo sentido, que grite pidiendo mi auxilio, que me susurre... aquí y ahora... solo a ti... te necesito...

Silencio... Silencio... Cósmico... Inescrutable... Demoledor....

El viento es fuerte, incólume, y se nos quiere llevar, arrastrándonos hacia al abismo del vivir sin vivir; del vivir transcurriendo vacíos, con la cabeza gacha. Pero él sólo es viento y nada más que viento; jamás podrá ser carne que muere, huesos que quiebran, alma que llora, ni corazón que desea, sueña a cada instante... Su absurdo es quizá aún mayor si conseguimos echarle en cara todo eso...

Así, cuando el viento arrecia; cuando se divierte jugando conmigo, llevándome de acá para allá, arañándome el rostro con esas duras garras moldeadas en nada; cuando con ellas intenta abrirme los labios cerrados y colárseme dentro... en esos momentos, cuando estoy solo, conmigo y sólo conmigo en toda la vastedad del universo, pienso... en esos ojos, tan grandes y tan preciosos, de ese color marrón tan ambarino que habría que inventar un color nuevo para describirlos... en esa sonrisa sincera que todo lo abre y lo pinta, sinfónica, borrando a su paso las gamas de grises... en ese algo cuyo nombre desconozco, lo sé, porque sólo está en ella, porque es toda ella; su pelo, su carne, su piel, su voz, también su hiel, todos sus defectos, sí, pero ella, singular e irrepetible... Cómo puede existir algo así, ahí, a tan pocos metros, respirando, moviéndose, llorando, riendo, luchando como lucho yo, como luchamos todos, y pensar al mismo tiempo que no hay sentido, que no hay tiempo ni lugar, ni cuerpo ni hecho por el que mover un dedo, por el que luchar hasta el límite de mis fuerzas... Es imposible... Yo al menos no puedo... Así que aprieto los puños, aprieto los labios hasta sangrármelos todos, y el viento empuja y empuja, pero jamás hasta el momento ha conseguido entrar, y siempre después salió corriendo, con el rabo entre las patas.

Pero también sé que ha de volver, que seguirá insistiendo en matar mis ganas de vivir, mis ansias de soñar, mis francos deseos de llegar algún día a amar, pero yo seguiré blandiendo mis armas... Esos ojos únicos, esos labios únicos, ella... completa, singular, toda ella única... y mientras la tenga dentro, muy dentro, el viento siempre ha de perder la batalla, porque el objetivo no es vivir para siempre, pienso, sino saber morir... morir pudiendo decirte a ti mismo que has vivido... que la tuya no ha sido la historia de un río que desembocó al fin en el mar, simplemente transcurrido...

© JIP




Temas

Archivos

Enlaces

Malditos y Heterodoxos

En la Trinchera, Calada la Bayoneta

Tierra de Nadie

Heridas de Letras

Cine y Metralla

Resistencia

Insomnia

Reus, Ciudad Muerta

Requiescat in Pace

Estadísticas

  • http://www.ecoestadistica.com/awstats.cgi?config=625263615
  • http://freelogs.com/stats/t/tannhauser/\\\" target=
  • http://www.nedstatbasic.net/stats?ACsE5goP5lyPobr8plupvhJcuqAA

Blogosfera

Revistas en Acción

Otros

 

 
Enero 2004 |
Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras, y Evento Blog España. Vota en los Premios Bitacoras.com [Blog Oficial en LaInformacion.com]