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"ESTO ES SER HOMBRE: HORROR A MANOS LLENAS..."

Pocos versos como estos que componen "Hombre" me han traspasado de tal forma; como el rayo tormentoso que te alcanza de repente iluminando tus tinieblas con más y más aguas oscuras, más y más océanos de dudas.

Pocos poetas como Blas de Otero y su "Ángel Fieramente Humano" han sido capaces de mostrarme lo duros que podemos llegar a tener los ojos, lo pétrea que podemos llegar a tener el alma, que de tanto horror que día a día contemplamos y sentimos, sufrimos y tragamos, ni los unos se nos caen hechos añicos ni la otra se nos quiebra en mil pedazos; que sólo se nos cansan, se nos arrugan, se nos velan y se nos duermen por el constante golpear de las aguas de la impotencia y la cotidianeidad servil en los arrecifes de nuestras carnes; y que no tenemos, a cambio de esta maldición, mayor libertad, sin embargo, que la de nuestro inconformismo rebelde, hecho grito salvaje y desgarrado...

Blas de Otero


"Hombre"



Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.

Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.

Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.

Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser -y no ser- eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!

Blas de Otero
"Ángel Fieramente Humano"
02/02/2004 00:31 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

TELONES

Pocas personas suelen ser conscientes de ordinario de la magia, muchas veces terrible, de todo lo misterioso e ignoto que puede llegar a esconderse tras un fundido en negro.

En ocasiones no son sino puntos aparte en un discurso continuo que nos han de proporcionar los necesarios descansos y recesos para poder afrontar positivamente el siguiente párrafo, el próximo capítulo de la historia.

Los mejores, no obstante, son aquellos cuyo fin nos parece siempre inaccesible, como un punto y final, como un The End definitivo; la historia que, se supone, nos aguarda, es siempre esquiva e indescifrable.

Ahí está, por ejemplo, el cosmos, lo que comúnmente denominamos Universo, un ubicuo y eterno celuloide de negrura absoluta salpicado, eso sí, de miríadas de motitas e imperfecciones –estrellas, planetas- producto del transcurso de los evos, pero que poco o nada destiñen la magnificencia de una oscuridad total que se expande hacia el todo y la nada al tiempo con unos fines que nos son por completo sustraídos.

La mayoría contempla el firmamento pensando observar el todo en sí, sin cuestionarse si tras el negro único ha de venir un blanco, un azul u otro gris como en el que ella transcurre. Si, en definitiva, hay una nueva escena, un nuevo acto, quizás el final –que por supuesto no ha de ver jamás- tras el telón.

Y es la vida, la existencia, nuestra existencia, como el espacio profundo y silencioso, otra obra misteriosa y trágica que todos sin excepción vemos desde localidades de populacho, apesadumbrados y agitados por la duda hasta una desesperación cuasi enfermiza y terminal, de si el telón vasto, hilado de nada e inconsciencia, que nos atrapa al morir, ha de dar pie a algo más que un sueño eterno de insensibilidad.

© JIP

VÍAS SIN DESTINO...

El pobre infeliz se ha lanzado a la vía en el momento justo y el tren le ha pasado por encima, destrozándolo.

Su muerte significará apenas un par de horas de retraso en el tiempo estimado de llegada de la máquina, un trozo de vía y unas piedras tintadas de sangre gris durante unos días, hasta que humedad y lluvia se lleven el rastro.

Muchos pasajeros observan el cuerpo desastrado y el circo de sirenas, prisas y uniformes que se mueven alrededor, tramitando burócratas el tránsito de un pedazo de carne a una fosa, de un nombre a un archivo sin ventanas. Los más viejos se persignan, mueven la cabeza de un lado a otro, sin caer en que niegan lo que no tardará en alcanzarles de un modo quizá menos luctuoso. Los que no temen todavía por perder unas horas de su tiempo observan atentamente, queriendo retirar la mirada pero sin perderse un solo detalle, atacados de un mal de hiperestesia. Dos críos bromean y sonríen señalando el espectáculo sanguinolento, sin duda rememorando los pasajes favoritos de sus filmes favoritos de tripas y palomitas.

Reemprende ya la máquina su camino, llevándoselos a todos a sus hogares y destinos respectivos, cuyas líneas se entrelazan como la paciente urdimbre de una araña peluda y negra. Unos se lo contarán a otros, y éstos a su vez a otros muchos, y habrá más negaciones y santigüaciones y bromas chabacanas. Los noticiarios tendrán pasto para un día y poco más. Quizá, alguien, no muy lejos, escriba unas líneas tras enterarse de lo sucedido.

Quizá, no muy lejos también, alguien llore lágrimas sinceras por el muerto y las dos vidas que éste arruinó. Quizá éste nunca supo nada. Tal vez, de saberlo, no le importó.

Se aleja el último vagón del ya vacío escenario de tragicomedia, le sigue el olvido, como una niebla espesa, cada vez mayor; denso y profundo.

Tal vez sólo la mirada azul y líquida de un niño demasiado pequeño para comprender nada todavía escapa a la ola de creciente desinterés, fija como está en la vía, toda ella curva, cada vez más distante, y en el rastro perecedero de tierra ensangrentada.

Tal vez, sólo tal vez… quién sabe… a quién le importa… dentro de de diez, quince, treinta años, llegue a apagarse el azul de sus pupilas, descascarillándose de puro pétreas y cansadas, y entonces la vía y la máquina y las piedras, de nuevo grises, seguirán en su sitio, aguardando...

© JIP
08/02/2004 00:31 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

El NIÑO BURTON

cabeza_de_melon.gifTim Burton es un bicho raro, o mejor dicho, es un eterno niño raro, no hay más que echarle un sucinto vistazo a su filmografía para confirmarlo. Conjuntamente con David Cronenberg, Davi Lynch, Terry William, y Sam Raimi, él es uno de esos contados cineastas contemporáneos que poseen un particular e inconfundible mundo visual y narrativo que podemos seguir, en mayor o menor medida, en todas y cada una de sus películas.

Me asomo a su libro de poemas e ilustraciones, “La Melancólica Muerte del Chico Ostra”, y todas mis sospechas se confirman… su rareza es genial, maravillosa. El librito menudo es un corto y agradable paseo visual y sentimental por ese universo suyo, tan particular y alegremente oscuro. Por esos poemillas inocentes y esas ilustraciones tiernamente macabras desfilan toda una serie de niños raros y solitarios, auténticos freaks venidos directamente del mundo de ensueño y pesadilla que es la propia mente de Burton, y que no son sino el reflejo del niño raro, del freak extraño que él mismo se sabe, recreando de paso en mi mente un melancólico crucero a través de los mejores momentos de su mágica filmografía.

Chico Momia


Chico Robot y Ojos de Clavo transpiran el espíritu de los tiernos Eduardo Manostijeras y Frankenweenie, todos ellos niños prefabricados, pequeños frankensteins manufacturados. La Mirona, La Chica de Muchos Ojos y Jaime parecen salidos directamente del purgatorio cartoon y feérico de "Bitelchús". Chica Vudú y Chico Tóxico bien pudieran tener su residencia en la Ciudad de Halloween de “Pesadilla antes de Navidad”, mientras que el Chico Momia me viene a ver, tal cual es, desde esa misma película, y Palillo bien recuerda, en esencia, la figura del delgaducho y soñador Jack Skeleton. Incluso está Nino, el horroroso niño pingüino, que me trae a la cabeza a Danny DeVitto vestido de ártico en la mejor adaptación de Batman que hasta ahora se ha hecho. Y también, cómo no, está el Chico Ostra, cuya triste vida, cuya melancólica muerte, tanto tienen del propio Burton y toda su galería de personajes, así como de un tal Gregor Samsa que tiempo ha amaneció escarabajo…

Chico Ostra


De estos niños que transpiran macabra dulzura, suave desolación, nostálgica incomprensión, mágica soledad, me llegan sin quererlo los efluvios de Tod Browning y su parada de monstruos; de Charles Laughton y su noche del cazador; de la entera Hammer; de Vincent Price y Roger Corman haciendo el ganso con los cuentos de Poe; de Kafka -cómo no, siempre Kafka-; e incluso de Edward Gorey, cuya influencia en Burton, es más que reconocida.

Chico Mancha


El regusto final tras la lectura, empero, es de profunda tristeza, porque el destino de esos niños, aun engalanado de versos y colores, es siempre trágico, como si el propio autor, niño a su vez en espíritu, pero hombre consciente al fin, supiese que el tiempo de la infancia no es infinito, que al contrario, dura muy poco, y que una vez expulsado de él ya no se puede volver aunque la imaginación pueda llegar a ser un buen placebo. No obstante, él lo sabe, jamás será lo mismo.

Por eso, quizás, para el Chico Ostra y el resto de su troupe de solitarios marginales no hay luz ni esperanza, porque en el Reino de Fantasía en el que nacieron y del que indudablemente serán expulsados no parece haber sitio para siempre...

© JIP

Ojos de Clavo

PASCAL ILUMINADOR

"El hombre es solamente una caña, la cosa más frágil de la Naturaleza, pero una caña pensante. No hace falta que el Universo entero se arme para aplastarle: un soplo de viento, una gota de agua, basta para destruirle. Pero aun cuando el Universo le aplastara, el hombre sería todavía más noble que lo que le mata. Porque sabe que muere, y lo que el Universo tiene de ventaja sobre él, pero el Universo nada sabe de eso"

Blaise Pascal
Pensamientos

Blaise Pascal


Bueno, después de esto, qué más se puede añadir... a partir de aquí, ya estoy listo... ¡Qué vengan las Tinieblas!...

AMANTES DE LAS SOMBRAS

De pardas sombras inundados, ambos solos en mitad de la nada entinieblada, sus cuerpos son luz en mi ojo líquido, sus sombras son hiel en mis aguas en duda. Ella es la llama; fulgir rojo, brillares de otoño abisal, palpitar de susurros hemoglobínicos; toda brazo carnoso de cera que rasga en su abrazo, que quiere y desea arañando, que no soltará jamás a su amado. Él es la mecha, la entera vela, consumiéndose fiel, cabizbajo, en sus brazos. Le consuela y le arrulla dulcemente en su angustia expresionista, en su tibia amargura de amor, en su pálido respirar de mezquindades, como una gata ovillada sobre su ratón recién cazado, como una verde carnívora sobre élitros incautos, como una suave, bella anaconda enroscada a su bocado.

Sus cabellos rojos resbalan briosos por las sienes de él… y la sangre de él se desliza silente en los labios de ella, vivificados por el beso eterno de colmillos fugaces, derrotas sabidas, instintos mortales, negras melodías…

© JIP



LA VAMPIRA (1893-1894)
Edvard Munch

EL COLOR DE LA VIDA Y DEL DOLOR

"Kandinsky afirma que el amarillo es el color de la vida.
... Se comprende ahora por qué ese color hace tanto daño a los ojos"

E. M. Cioran
Ese Maldito Yo

¡Cuánta mala leche... cuánta ironía... cuánta verdad en dos simples frases...! Cioran me encanta y, desde ya aviso, no tardará en volver...

DE DIOSES, UNIVERSOS, INTERROGANTES... MAYORES Y MENORES...

V0-004540.jpg¿La vida es sueño? ¿Soy la ficción de un Dios que me sueña? ¿Cuál es mi sentido último en el Universo? ¿Cuál es, en suma, si es que existe, el sentido último del propio Universo?...

Inauguré está bitácora con un artículo que, amparándose en los replicantes de "Blade Runner", abundaba en estos interrogantes sin respuesta, en el amor a esta vida misteriosa por encima de todas las cosas, y en la rebelión necesaria contra un "dios-padre" que creemos injusto. Más tarde traje a Pascal y su pensamiento de que, todo y nuestra finitud, nuestra pequeñez, ganamos al Todo por el simple hecho de existir y sentir, de ser conscientes de que hemos de morir… Desde luego no cabe duda de que cada cual tiene sus propias obsesiones, manías e ideas recurrentes poblando su mente y sus ensueños, también sus pesadillas, y, en mi caso, está claro que la sombra de Unamuno y su "Niebla" es alargada –no porque él fuese el primero en tratar el tema, sino, antes bien, por ser él el primero en “acercarse a mí” y hablarme de la “problemática” que envuelve a los dioses y sus creaciones, así como sus distintas variantes de universo.

Ayer, mientras revisionaba “Solaris”, la fallida adaptación de Steven Soderbergh –de la que cada vez me gustaría poder salvar más- me dio por hojear la novela de Stanislaw Lem, uno de los textos más complejos, ricos y embriagadoramente bellos que he tenido la suerte de echarme a los ojos en los últimos tiempos. Mientras ojeaba el volumen, repleto de marcas, atropelladas anotaciones marginales, e innúmeros pasajes subrayados en fluorescente verde, terminé por caer preso de la relectura del que, ya sabía, es un maravilloso final, antojándoseme esta vez, si cabe, todavía más revelador… ¡No podía creerlo!... Allí estaba de nuevo el “estigma unamuniano”, golpeándome el corazón y la cabeza, como una descuidada contraventana cautiva del vendaval.

El artículo de hoy se imponía y tomaba cuerpo…

Así, tras asistir a una historia en la que un planeta y su océano global, Solaris, que es un ser vivo en sí mismo, misterioso e ignoto, acaba por derrotar con su incognoscibilidad a la entera ciencia humana; tras asistir a una historia en la que un hombre enamorado, Kris, que enterró a su amor, Harey, en la lejana Tierra, ha de contemplar las muertes de nuevo de sus réplicas, que el océano de Solaris le envió, una tras otra, tan dolorosas como la primera; tras asistir a la triste historia de la propia Harey, una réplica viva nacida del subconsciente de Kris y creada por Solaris, pero no un ser humano auténtico, que a pesar de su inautenticidad, es plenamente consciente de sí misma, y le azotan las mismas sempiternas preguntas sin respuesta que azotan a los verdaderos seres humanos; en el capítulo final Kris revela a Snaut su hipótesis de un dios imperfecto: “¿Sabes, por casualidad, si existió alguna vez una fe en un dios… imperfecto? (…) …, no pienso en dioses nacidos del candor de los seres humanos, sino en dioses de una imperfección fundamental, inmanente. Un dios limitado, falible, incapaz de prever las consecuencias de un acto, creador de fenómenos que provocan horror. Es un dios… enfermo, de una ambición superior a sus propias fuerzas, y él no lo sabe. Un dios que ha creado relojes, pero no en el tiempo que ellos miden. Ha creado sistemas y mecanismos, con fines específicos, que han sido traicionados. Ha creado la eternidad, que sería la medida de un poder infinito, y que sólo mide una infinita derrota. (…) Este dios no existe fuera de la materia, quisiera librarse de la materia, pero no puede… (…) …mi dios hipotético no se repetiría jamás. Tal vez esté ya en alguna parte, en algún recoveco de la Galaxia, y muy pronto, en un arrebato juvenil, apagará algunas estrellas y encenderá otras… (…) Es el único dios en el que yo podría creer, un dios cuya pasión no es una redención, un dios que no salva nada, que no sirve para nada: un dios que simplemente es”

Ante Kris, sólo la idea de un dios así, imperfecto, inútil y pusilánime, terriblemente voluble y tan maldito como sus propias creaciones, es concebible. Sólo así es comprensible el universo, sólo en ese supuesto es asimilable su propia experiencia en la vida, en Solaris… Sólo así es concebible algo como Solaris.

Sólo a través de una deidad como esta Kris podría, tal vez, contemplar la improbable e hipotética posibilidad de escapar de la horrible absurdidad del cosmos: “Todos sabemos que somos seres materiales, sujetos a las leyes de la fisiología y de la física, y toda la fuerza de nuestros sentimientos no puede contra esas leyes; no podemos menos que detestarlas. La fe inmemorial de los amantes y los poetas en el poder del amor, más fuerte que la muerte, el secular finis vitae sed non amoris es una mentira. Una mentira inútil y hasta tonta. ¿Resignarse entonces a la idea de ser un reloj que mide el transcurso del tiempo, ya descompuesto, ya reparado, y cuyo mecanismo tan pronto como el constructor lo pone en marcha, engendra desesperación y amor? (…) Que la existencia humana se repita, bien, ¿pero que se repita como una canción trillada, como el disco que un borracho toca una y otra vez echando una moneda en una ranura? (…) Yo no tenía ninguna esperanza, y sin embargo vivía de esperanzas; desde que ella había desaparecido, no me quedaba otra cosa. No sabía qué descubrimientos, qué burlas, qué torturas me aguardaban aún. No sabía nada, y me empecinaba en creer que el tiempo de los milagros crueles aún no había terminado”

Hijos de la razón, de la ciencia, del puro cinismo y de la muerte de Dios, como Kris, tampoco albergamos esperanza, pero aún así vivimos en la esperanza. El hombre jamás llegará a COMPRENDER porque no puede salirse de sí mismo y su propia forma de pensar y entender; sus límites son ciertos. Pero, asimismo, como apuntó Pascal, el mero hecho de sabernos presos de dichos límites, de esa maldición, ya nos hace más grandes y libres que el universo que nos contiene, que nos aniquilará.

Criaturas de un dios imperfecto, torpe, autista, jamás colmaremos los interrogantes que tanto nos subyugan pero que, a la vez, tan grandes, tan únicos nos hacen, pues significan duda, agitación, vida en constante lucha y movimiento… y el universo nada sabe de eso. Somos, tal vez, algo más que pura química regida por leyes físicas inquebrantables. Existe, quizá, en nosotros una mínima porción, un menudo y brillante reflejo de esa divinidad imperfecta de la que vinimos que no es reducible a fórmulas, a energía. Podríamos ser pequeños dioses imperfectos nosotros mismos, todos y cada uno de nosotros, todos distintos, singulares, irrepetibles. Dioses sin respuestas, de orígenes y destinos inasequibles, de fuerzas y poderes parcos, nulos… pero dueños de una magia y belleza terribles, innominadas, magnificentes, que no pueden explicarse, pero que ahí están… Criaturas que son mucho más que la fría suma de sus partes.

Dioses mortales… dioses malditos… dioses sin respuesta… sí… pero quién sabe si no, también, dioses que con el solo latir de su corazón hechizado, con el simple pulso de su vivir angustiado, podrían llegar a incendiar constelaciones, estallar planetas, apagar estrellas… crear y destruir múltiples universos…

© JIP

Una antigua reflexión acerca de Solaris en El Sitio de la Ciencia Ficción

LOS AMANTES IMPOSIBLES

HowardEn el confín salvaje de los dos mundos, allí donde Venus restalla plasmático, deslizante, y Marte la acoge, ciñe ardoroso el tremor de sus oleajes ondulados, allí donde las aguas oceánicas, tintadas de espuma, ausentes de oscuro abisal, seducen al arrecife plateado, la roca parda, la roja tierra, con sus danzares volubles, sus rumores hipnóticos, tal que doradas visiones de infantil paraíso robadas al desván prohibido, apenas unos instantes levemente entreabierto, se citan los amantes del mar, estrechamente vigilados por la ocre pupila de un dios que se retira, despreocupado, de su sala de juegos. Separados por leyes, por barreras, por distancias insalvables, hijos de severos padres, familias enfrentadas, abrazados ambos a sus cuerpos, estrechados a su amor, quisieran no haber oído jamás la palabra imposible, y acompañarse enlazados en su pasión eterna. Quisiera ella llevarlo siempre pegado a su pecho, hundirlo, abismarlo para siempre en las frías corrientes cianóticas, y darle el aire, el alma entera en cada beso, y que fuese suyo, sólo suyo, para siempre, en las gélidas entrañas de su reino. Quisiera él alzarla al vuelo, bautizarla de aire y arena con sus propios brazos, y mantenerla siempre líquida con sus caricias, y que fuese suya, sólo suya, para siempre, en los feraces valles de su mundo. Pero el tiempo pasa, derramándose los segundos sobre ellos como pesadas condenas invisibles; y el puñal de la separación será un anochecer definitivo. Y arderá la tierra, y hervirá el mar, y el ojo del dios esquivo se apagará, mas del abrazo de los amantes del mar quedará su magia, mas del calor de los amantes quiméricos quedará su amor… una pequeña burbuja de cristal inmarcesible que sobrevivirá muda, ciega y sorda al ocaso de todo lo creado…

© JIP

THE MERMAID (1910)
Howard Pyle

UN BESO DE LLUVIA

Tropezó bajando las escaleras y se golpeó el codo contra la barandilla de hierro. ¡Maldita sea, buena forma de empezar el día! Le dolía horrores y no tardó en hinchársele toda la zona y sentir tumefacto el antebrazo entero.

No pudo encontrar aparcamiento cerca de la facultad, así que tuvo que irse cinco manzanas más abajo. El hueco era justillo justillo, pero toquecito por delante, toquecito por detrás, consiguió al fin calzar el coche a la acera. Ya se había perdido la primera clase, de modo que se lo tomaría con calma; leería el periódico tranquilamente en el bar de la facultad mientras tomaba un rico café con leche descafeinado, ¡de máquina, por favor! Doliéndose todavía del brazo entró cabizbajo en el quiosco, cogió el diario y se acercó al mostrador. Su vista ascendió lentamente desde éste, en el que había dejado el periódico, hasta la portada de un libro abierto, sostenido en el aire: “David Cronenberg. La Estética de la Carne”, editorial Nuer, el careto del menda con las gafas rotas en la portada... lo había leído... muy bueno... muy bueno... ummmmm... Luego su mirada subió espontáneamente, espoleada por la curiosidad, hasta el rostro que medio se escondía tras aquellas páginas. Entonces ella dejó el libro para atenderle… “Buenos Días”... aquella voz no figuraba en sus archivos... “Buenos Días”... tampoco su cara le sonaba; ojazos marrones, media melena de morenos rizos, blanca piel levemente enrojecida en los pómulos... ¡Buffff!... ¡y además le interesaba Cronenberg!... -¡más Buffff!-... “Esto… te cojo el diario y… y un paquete de estos”... Apenas nunca mascaba chicle, y menos chiches "Bident"... Oyó el característico ¡piiiiiiiii! del escáner reconociendo el código de barras mientras hurgaba, la cabeza gacha, sobre la cartera, decidiendo si pagaría con un billete de cinco o de diez, intentando sacarse la tontería de encima. “Dos con veinte, por favor” ¡Joder, la industria chicletera pretende enriquecerse a mi costa! Le tendió el billete de cinco, ella le devolvió el cambio, “Gracias”... "A... a ti"... Permaneció allí parado, marmóreo durante breves segundos, luchando entre la estupefacción y la vergüenza, queriendo poner freno a las palabras que ya subían imparables por su garganta sin su permiso consciente… no podía creer que fuese a decirle aquello...

- Oye, disculpa… ¿T… tú has leído a James Ballard?
- No. –sonrió cómplice, traviesa.
- Ah... Bueno... Adiós...
- Adiós...

¡¿Tú has leído a Ballard?!... ¡¡¿Tú has leído a Ballard?!!... ¡Santo Dios!... ¡Menudo tonto del culo que estás hecho!... sólo a un friki como tú se le ocurriría preguntarle eso…y se fastidió el leer el periódico, y se fastidió el café descafeinado, y se fastidió su tranquila hora de relax en el bar. Y durante el resto de la mañana no hizo más que pensar en el tamaño de su ridículo mientras se frotaba el codo lastimado, como un animalillo malherido.

* * * * *

Por la tarde salió de caza, es decir, de librerías, cobrándose sólo una pequeña pieza, de esas de bolsillo y tapas blandas: “Miedo y Asco en las Vegas”. Vonnegut lo recomendaba en la contraportada, Terry William había hecho una película de ella que todavía no había visto; la protagonizaba Johnny Depp... No podía ser malo. Después entró en un café cercano, ese en el que tienen libros de decoración, porque jamás nadie los toca, y también exponen obras de arte, pinturas de amigos y de amigos de amigos del dueño del local. Había días en que algunos de aquellos cuadros eran dignos de contemplación, sí, pero ese no era de uno de ellos... así que lo mejor era ponerse inmediatamente a devorar el libro. Un café con leche descafeinado... ¡de máquina, por favor! Cuando se lo sirvieron en la mesa ya había empezado la novela, pintaba bien, periodismo gonzo lo llamaban. Vertió el azúcar y lo removió bien. Le pegó un buen sorbo que... por poco se le atraganta...

Allí estaba de nuevo, sentada justo en frente, en la mesa de al lado, con la atención puesta en otro libro -¡“Crash” de James G. Ballard!-... como si me hubiese estado siguiendo durante todo el día, silenciosa y cristalina, desde el mostrador del quiosco hasta aquel café. No podía creerlo. Aquello sobrepasaba con creces su umbral de verosimilitud. Por un instante quiso volverse, mirar rápidamente a su entorno buscando sorprender a las inadvertidas cámaras de cine que sin duda debían estar rodando su escena del día... pero no... aquello era la maldita vida real... ¿o no?...

- Creí que no leías a Ballard.
- Y no lo hacía -volviendo a sonreír todavía más cómplice, picarona y traviesa
que por la mañana.
- ¿Quieres un chicle?... son de fresa...

* * * * *

Pasaron toda aquella tarde charlando y riendo, conociéndose en cada palabra, en cada gesto y en cada silencio, pero a la vez tratándose como si se conociesen de toda la vida; hablaron de cine y de libros; de fantasías, terrores y ficciones; de Cronenberg y la Nueva Carne, cómo no; de la obra de Ballard él a ella; de los aventureros de Pérez-Reverte ella a él. También hablaron de ellos, de sus vidas, de sus corazones, mientras la noche estival abrazaba su lento deambular por las calles y los parques de la ciudad. Una luz ardorosa e invisible, como rocío volcánico, los envolvía, creciendo a cada instante.

De repente comenzó a llover una de esas lluvias tibias, compasivas y amables, y ambos se callaron. El silencio se alargó y sus miradas se estrecharon hasta encontrarse, electrificadas... entonces él la besó...

* * * * *

Despertó de golpe. Miró a su entorno agitado; su cama, su habitación, las ocho de la mañana pasadas... ¡¿Acaso todo había sido un sueño?!... ¡¿Acaso podía ser otra cosa?!... Demasiado bonito para ser cierto... ¡¡¡Santo Dios, si de algún sueño no quería despertar era precisamente de ese!!!... ¡Cabrón!... Resignada desesperación...

Tenía el tiempo justo si quería llegar a tiempo a la primera clase de la mañana. Bajó los escalones a la carrera y tropezó golpeándose el codo contra la barandilla de hierro... Jamás un dolor tan horrible lo había colmado de tanto júbilo... Salió atropelladamente a la calle, ¡¡¡¿Dónde diablos dejé el coche?!!!... No tenía un minuto que perder...

© JIP

LUCES QUE CESAN...

PDVD_021.jpg“Yo Existo”. Esas y no otras son las últimas palabras del “Meca-Gigoló”, Jude Law, mientras se eleva hacia las alturas que serán su fin. Antes incluso que el instinto de conservación que presagia la muerte, se impone en él la necesidad de autoafirmar la singularidad de su propia existencia apelando a la legendaria fórmula cartesiana. Quisiera seguir viviendo pero no le dejan; tiene miedo a morir porque se siente vivo; si quieren destruirlo es porque existe; si pueden matarlo es porque vive; si ahora que el fin está cerca tiene miedo es porque ES, y teme DEJAR DE SER...

Los Mecas, al igual que sus padres,los hombres, aman la vida, temen la muerte, y viven entre una y otra como pueden, a caballo entre la felicidad y la amargura, pues son, a imagen y semejanza de sus creadores, capaces de pensar y sentir, mostrándose en todos sus actos mucho más nobles y enteros que aquellos que los crearon, incluso en la asunción de la próxima y total desaparición. El hombre quiso jugó a ser Dios por aprehender lo inaprensible, comprender lo inconcebible, y una vez lo hubo logrado, se dio cuenta de que seguía sin hallar sentidos ni significados, tal vez, porque la divinidad no posee sentidos ni significados... Y tras este nuevo fracaso su reacción, lejos de enaltecerle, lo abismó en la ruindad: "Sí no lo puedo comprender, entonces actuaré como él..." Y trató a sus hijos de metal como un Saturno voraz e inmisericorde, negándoles el libre albedrío, quitándoles la vida, ignorando su insoslayable identidad... Prometeo seguiría pagando su error y su osadía por el resto de la eternidad, y nosotros, los seres humanos, demostramos ser totalmente indignos de su fuego, de la ciencia y la razón que él nos regaló, no sabiendo alcanzar más que una especie de divinidad espuria. Una divinidad que ahoga a sus hijos-robots tanto a más como la Divinidad Ultraterrena ahoga a sus hijos-hombres. No importaría cuántas oportunidades más le fuesen brindades, cuántos nuevos y excepcionales regalos más le fuesen entregados, porque la historia del hombre es la historia de un nietzscheano eterno retorno; un retorno eternamente fracasado... Tal vez sí que es verdad que no hay sentidos ni significados en la divinidad, tan solo absurdos y vacíos... la materia agria y transparente que conforma la Nada...

Y ante la Nada qué responder, qué gritar al negro silencio... Vida, Vida y nada más que Vida... y unido a la Vida, el Amor, inseparable, indisoluble, el uno pegado a la otra hasta ser Una y la Misma cosa, mistérica y magnificente.

La misma vida y el mismo amor que latía en el contrahecho monstruo de Frankenstein mientras pedía a su padre una compañera, mientras lloraba en la vastedad de los hielos el fin de ese padre, que él mismo había propiciado. La misma vida y el mismo amor que despedía el cuerpo moribundo de Deckard, el replicante, mientras añoraba las luces de tiempos pasados reflejadas en puertas ignotas, mientras lloraba la sequedad de los ojos muertos de Pris, su replicante amada. Esa misma vida y ese mismo amor que llenaban los sueños de David, el Meca-Niño que sólo pretendía querer y ser querido, amar y ser amado por una madre de carne y hueso; justo aquella que jamás podría ser suya.

Llamó primero a las puertas del dios-hombre que lo creó, en busca de huesos, carne y sangre con los que vestir aquel amor que tanto ansiaba, y la respuesta del padre fue el silencio; una habitación vacía invadida de hermanos todavía sin alma, más y más Mecas-Niño David a la espera de ser alumbrados a un mundo que les provocaría el mismo sufrimiento y dolor que ahora él mismo padecía. Contumaz en su ceguera, el dios-hombre no tenía respuestas...

Llamó después a las puertas del Dios-Mito, con nombre y forma de Hada Azul; tal vez él tuviese la respuesta... pero ésta no fue más que un océano de hielo y oscuridad por espacio de dosmil años. El Dios-Mito también era ciego...

Tuvo que ser el dios-Ficción, disfrazado de hipotéticos y soñados alienígenas, el que atendiera las súplicas del pequeño robot que quiso ser amado, otorgándole por espacio de un día los dulces, maravillosos frutos de sus postergados anhelos. Y la luz de la vida y el amor que fulgió en sus ojos azules de niño-máquina durante aquel día palideció el entero Universo...

Pero el dios-Ficción, la divinidad-Imaginario, no existe sino por oposición a la desnuda realidad, señalando, evidenciando las taras de ésta, y, en consecuencia, ha de tener un principio y un final, porque de lo contrario, cómo diferenciar una de otra... La ficción, como la vida, como el amor, encuentra su sentido y su identidad -ese sentido y esa identidad que ningún Dios posee- en su inherente finitud.

Así, todas las ficciones cesan y todas las vidas pasan... y en el final de ese quimérico cuento de hadas que es Inteligencia Artificial, en tanto la madre humana duerme y muere cogida de la mano del niño mecánico que decide también dormir y morir a su vez, porque si ya no hay amor, tampoco hay sentido, ni mucho menos vida... la pantalla va oscureciéndose lentamente a través de ventanas que se cierran sobre su sueño, hasta que todo se sume en una noche total... eterna...

... Todas las luces se apagan tarde o temprano...

© JIP

NOCHE METÁLICA

Cuando la noche ensaya su enésimo intento de asfixia sobre mis pulmones, sepultándome entero bajo sus tormentas de pólvora, mientras fuegos de cobre y miel revientan sordos en el exterior, reflejados, una y otra vez, danzando bailes de brujas y diablos en las vidrieras azules de los rascacielos que, ahítos de silencio, henchidos de cemento, inflados de indeleble silicona, pero vacíos al mismo tiempo, sin estar por eso hambrientos, de la carne y los ojos y el rojo ámbar de los vivos, renuncio a dormir finalmente esta noche. Una vez más, igual que tantas otras en los últimos tiempos, cansado de no cerrar los ojos más que para llenarlos de pesadilla, alucinación, onirismo emponzoñado. Hastiado de mi propia esencia, de mi misma humanidad, encuentro el matarme, el asesinarme salvaje, bestialmente, el verdadero... no... el único pasatiempo soportable. Pero no a través de la opción irreversible del suicidio, sino mediante mi propio homicidio. Fruto de mi rabia, del tremendo odio que profeso al mundo, a la vida, a mí mismo; mis músculos, mis neuronas, mis esencias todas, como río enloquecido, desbordado, asesino, la sangre llama a las puertas de mi cuerpo con pulsátiles aldabonazos y el fragor del corazón se vierte frenético en caída libre al vacío. Las contracciones cobran vida, siento latir el nuevo aliento en mi interior, ansiando luces, buscando brechas, sajando entrañas para poder salir... y el parto acontece al fin. Masa informe de carnes palpitantes, amnióticos fluires, mientras contemplo extático y mis heridas se cierra indoloras, el recién amasijo de orgánicos latidos empieza a crecer aceleradamente en pos de su forma definitiva, que es también la mía. Como una escultura viva modelándose a sí misma, los rojos sangre son cubiertos por las pieles pálidas y estas, a su vez, se visten de vellosidad castaña, pelo encrespado... ¡Ahí está al fin!... ¡Mi hijo!... ¡Mi clon!... ¡Yo mismo!... La encarnación perfecta y unívoca de todo lo que represento en este circo entrópico cínicamente llamado existencia...

Lo último que hace es abrir los ojos, bienvenido al mundo pequeño bastardo. Observa atento su entorno con aire apenas confundido; él es yo y yo soy él, así que lo sabemos todo y todo lo desconocemos. Al fin me mira, reconociéndome, y sonríe, hola padre, hola hermano de sangre, hola espurio reflejo de mí... ahora yo soy el verdadero tú... y tú no eres ya sino un recuerdo desvaído... el momento ha llegado...

Momento de matar, momento de morir, y sólo así, muriendo matando, acabando y empezando, tal vez... momento único en el que existir...

Afuera la noche es metálica... y aquí ya no hay tiempo ni lugar para el ser humano...

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Febrero 2004 |
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