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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2004. EL BUENO DE WOODY SIEMPRE FUE UN TIPO CON SUERTE...![]() ![]() ![]() "O quizá estuvieran poniendo una película de Woody Allen. Woody siempre tenía problemas con sus mujeres. Pero todas esas mujeres eran guapas e inteligentes y siempre tenían tiempo para dar grandes paseos por el parque y cosas de ese tipo. Y Woody siempre tenía un trabajo bien pagado, y cuando había problemas con una mujer guapa e inteligente, simplemente se iba al teléfono y telefoneaba a otra mujer guapa e inteligente. Millones de hombres desearían tener los problemas de Woody Allen con las mujeres" Charles Bukowski "Mala Noche" , incluido en Hijo de Satanás ![]() ![]() VAN HELSING... ¡LARGA VIDA A LA BILIS FÍLMICA!A ver, por donde empiezo… ¡ah, sí!... por ejemplo, por el Castillo de Frankenstein, que ahora está en Transilvania porque sustituye al de Drácula -que ese ni siquiera nos dicen dónde narices está-. Ambos edificios parten de serie con las típicas y malsanas atmósferas goticoides; húmedos, nubosos, y oscuros, muy oscuros, para que no se noten demasiado los efectos especiales. Como Arquitecturas Imposibles no están mal del todo, aunque a mí me sigue gustando más el castillo de Coppola con su entrada patrocinada por Gas Natural. ![]() Allí nos encontramos con el Conde Drácula, que lleva coleta y pendiente -¿dónde se quedó el piercing?- y todo el rato habla con acento ucraniano y se hace el chistoso, me parto de risa cada vez que hace acto de presencia; siempre me pasa con aquellos que intentan sobreactúar cuando ni tan siquiera son actores... También está Frankenstein padre, o sea Víctor, pero dura muy poco, se lo cargan a la primeras de cambio, entre otras cosas, porque tiene pinta de ser bastante tonto. Y no nos olvidemos de Igor -¿o era Aigor?- que es algo así como una vil mezcla del John Merrick lynchiano y la Máscara de Bodgdanovich, y, todo sea dicho, da bastante grima verlo. La disputa entre estos viene por Frankenstein hijo, o sea La Criatura, que es a todas luces más listo -y feo- que su padre, quizá porque lleva un condensador de fluzo verde en la calvorota. Todos se van corriendo al poco tiempo hacia el Molino, que está allí mismo, cerquita del Castillo, a tres patás, seguidos por la turbamulta enfebrecida que en realidad lo único que quiere es chupar plano para hacer publicidad gratuita de su fábrica de antorchas transilvana. Al final todo se va al garete en una gran supermegahiperextravitaminada explosión, un BOUM! de la hostia vamos, que ni Hiroshima, y es que ya se sabe que la Absenta da más de sí que la mismísima dinamita. Mientras tanto, fuera de plano, el señor James Whale que hace ya un tiempo que es fiambre, se revuelve en su tumba implorando que le dejen de una vez descansar en paz. R.I.P, o lo que es lo mismo, Requiescat In Pace, o lo que es lo mismo, la frase favorita de Van Helsing, nuestro hombre, que esta vez ni es doctor en ciencias, ni detective de lo sobrenatural, ni ná de ná... ni tan siquiera buen actor, que este Hug Jackman no da para mucho; acaso para alzar todo el rato la ceja en plan "¿Lo dices en serio?" o fruncir muy mucho el ceño, totalmente iracundo, en plan "¡Ahora sí que me has cabreado, tío!". El tío va por la vida en plan muy dark porque el misterio y el terror lo acompañan allá donde va, con altas botazas negras, su negro abrigo matrixero, y su sombrero de ala ancha, por supuesto también negro; termina por parecerse bastante al Solomon Kane de Robert E. Howard, pero me cuesta horrores pensar que hayan podido ser tan audaces... Lejos quedan en cualquier caso -¿por fortuna?- el Peter Cushing de Terence Ficher, el Carnacki de Hope Hogdson, o el John Silence de Algernon Blackwood... ¡Qué más quisiéramos!... ![]() En fin, por dónde iba, no nos diluyamos... ¡Ah, sí!... por el fulano este, Van Helsing, que no es gran cosa. Por no saber no sabe ni quién es -¡pobre!-, lo cual le produce un grave trauma emocional, y por eso se dedica a asesinar monstruos y fantasmas para el Vaticano que, atención, no sólo reúne en su seno todas las religiones del orbe -¡gallifante para el guionista por tan brillante hallazgo argumental!-, sino que además es como una especie de MI-5 jamesbondiano, sólo que más cutre y estúpido. A Van Helsing nos lo encontramos por primera vez en París, en vías de cargarse a Mr. Hyde -a la sazón, también bastante tonto- quien, por aquello de acumular refencias de forma vergonzosamente gratuita, hace también las veces de Cuasimodo. Entre los dos casi echan abajo una Nôtre Damme infográfica que no acaba de dar el pego, porque al dire, al Sommers este, le pone cantidad derribar muros y romper vidrieras... y si no al tiempo... ![]() Tras este suculento aperitivo difícilmente calificable, Sommers traslada la acción a Transilvania de nuevo bajo una premisa argumental sobre la que es mejor correr un estupido velo, que es poco más o menos lo que debería hacerse con el resto de la película. Resumiento, la cosa quedaría tal que así; Drácula lleva ya unos años echando casquetes ultraterrenos con sus tres novias, tres, pero la cosa no acaba de despegar, algo falla, o él no da la talla o ellas son demasiado frías -lo cual no sería de extrañar, teniendo en cuenta que están muertas, y vista la mala leche que se gastan-. Así que después de tantos años de infructuoso fornicio lo único que el ínclito cuarteto ha conseguido es una cantidad indecente -e incontable- de asquerosas huevas sin vida -¿quién las pare?... ellas o él... es de vital importancia para el que esto escribe que resuelvan esta incógnita en la secuela, por favor...- Aquí es donde entra en juego Frankenstein, la Criatura, que por lo visto debe ser muy machote, ya que es el factor clave en la electrificada ecuación que proporcionará vida a los hijitos de Drácula. Primero lo probó con un Hombre-Lobo pero no resultó, no era un tipo lo suficientemente pelo en pecho, de modo que tras este fracaso Frankenstein hijo era la única solución viable para Drácula y su sed de paternidad -¿Probaste la Viagra, Conde?... dicen que revive hasta los miembros más muertos... ![]() Y precisamente eso es lo que debe impedir que ocurra el trío bueno de protagonistas, a saber, Van Helsing carapalo, su particular Sancho Panza, un curilla cachondo y trotón que, como subterfugio cómico no funciona del todo mal, y la Beckinsale, quien, a fuerza de meterse en costrosuperproducciones como esta o las mismas "Underworld" o "Pearl Harbor" lleva camino de convertirse en la auténtica "Shit Queen" del moderno cine basura de alto stánding. ¿Has pensado en cambiar de agente, Kate...? Este trío calavera se las verá y se las deseará para salir indemne de los múltiples ataques a los que son sometidos a lo largo del -también demasiado largo- metraje, corriendo todo el rato de aquí para allá, llegando siempre en el momento justo y preciso, saltando alto, muy alto, más de lo sanamente verosímil, y encajando constantemente unas santas hostias que dejarían al resto de mortales hechos añicos en el suelo. Decididamente estos chicos están hechos de otra pasta... aunque me guardaré mucho decir de cuál… Así, tras soportar una demencial persecución de carruajes -¡¿qué era eso que volaba por encima del puente, la carroza de Jack Skeleton?!- y un postrer homenaje/ultraje ulcero-vesánico, esta vez a costa de Polanski y su Baile de los Vampiros, nos vamos acercando al final -¡aleluya!-. Resulta que nos encontramos en el castillo de Drácula, que tiene dos torres -como la peli de Jackson-, y en él, al Gran Vampiro, que está a punto de ver cumplidas sus aspiraciones; va a ser padre, ¡menos mal!, porque Van Helsing se ha ido cargando sistemáticamente a sus novias con su gadgetoballesta, La de las Mil Flechas, y si no consegue ahora su propósito entonces ya no le va a quedar al buen Conde con quién hacer cosas feas bajo las sábanas. A todo esto, sabemos más cosas de Van Helsing, por ejemplo, que ahora también es el Arcángel San Gabriel y que, en el pasado mató a Drácula -el hombre, no el vampiro- para cortarle un dedo y llevarse su anillo -¡ladronceteee!-, también sabemos que puede convertirse en un Hombre-Lobo mu grande, mu grande, y que cuando la luna llena se esconde y se desconvierte, se parece sospechosamente al Tarzán de la Disney, con cara de pánfilo y taparrabos que tapa lo justo -o sea el rabo-, incluido. Ah, y por último sabemos también que se ha enamorado de la Beckinsale -¡qué novedad!- así que ya tenemos servido el drama... Por si les quedaba alguna duda, un Hombre-Lobo es -casualidades de la vida- la única criatura capaz de matar al Vampiro... ni ajos, ni estacas, ni crucifijos, ni leches... ¡Esto sí que es originalidad y lo demás son tonterías! ![]() Pero antes de de que la cosa acabe con el típico e hipermusculado duelo final entre las dos bestias, del cual ya podemos intuir la conclusión, debemos torturar nuestras pupilas y nuestras mentes un poquito más; quedan aún por presenciar muchos mamporros, y muchos rayos y muchas centellas, por aquí y por allá, así como insoportables diálogos de relleno, a cuál más vomitivo e infecto… Ah, y no nos pasemos por alto la muerte de Igor que fiuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu, como el Coyote, se va por el barranquillo -¡malo, malo!- para no volver jamás, así como la sucesiva e irritante incineración de duerguis. Para los no iniciados cabe reseñar aquí que un duergui o kuergui o muermi o como demonios se escriba eso, es un sirviente enanoide de Drácula que, en la escala evolutiva, supone un desafortunado eslabón perdido entre los enanos cabrones de "Phantasma" de Don Coscarelli y los moradores de las arenas de Lucas. El hecho de que estos sirvientes se muestren tan sumamente patosos e inútiles en el cumplimiento de sus quehaceres diarios no dice mucho acerca del criterio del buen conde a la hora de contratar al servicio. Como era de esperar, en la hondonada de hostias final entre el licántropo y el vampiro, muere el malo -¡sorpresa!- y el sol vuelve a brillar y los pájaros a cantar y sin duda todos hubiesen sido muy felices y hubiesen comido muchas perdices si no hubiese sido porque el burro de Van Helsing, en un arrebato de desenfrenada pasión, se tiró sobre su amada Beckinsale con tanta furia que terminó matándola por aplastamiento en el diván justo cuando parecía que había opciones reales de consumar... Mala suerte chaval, tendrás que seguir a base de manivela mientras buscas otro amor, aunque supongo que tu fraile-inventor de gadgets siempre te podría fabricar una muñeca hinchable a vapor que te aliviase esos irrefrenables instintos caninos que tienes... Lo cierto es que "Van Helsing" no ofende demasiado si uno se la toma como lo que es, una soberana mierda. Era mucho peor a mi juicio su hermana y madre, La Liga de los Hombres Extraordinarios, que se tomaba en serio a sí misma y a la historia que pretendía narrar lo justo como para hacerla definitivamente execrable. Yo propondría el nombre de "Steamfuck" para este nuevo subgénero que ambos films inician y que, a buen seguro, vistos sus resultados en taquilla, no tardarán en traer a nuestras pantallas más bastarda descendencia, ya que al fin y al cabo lo que estas películas hacen no es otra cosa que joder, una tras otra, todas las mitologías e iconografías fílmico-literarias del fantástico más añejo, para reírse, no con el espectador, sino del espectador... ¡y con no poca saña!. Porque aunque el señor Stephen Sommers intente despistar jugando las cartas de la autoparodia, el sincretismo posmoderno, y el sagaz homenaje mulirreferencial, sus imágenes acaban por ser poco más que un espectáculo bilioso y purulento, que tiene ya que ver mucho más con el videojuego que con el cine, y cuya máxima, también como pasa con el videojuego, no es otra que aquella que reza: Insert Coin, Please... ![]() Todo esto sería más o menos perdonable si no se hubiesen gastado la pasta que se gastaron en ella o, si como dice Pumares, no fuese tan condenadamente aburrida; pero es que el invento ha costado una pasta gansa y aburrida, aburrida lo es... y un rato largo... Así que mejor haríamos en revisitar "Una Pandilla Alucinante" de Fred Dekker, que era mucho más humilde, más sincera, y mucho, mucho más divertida... ¿O no?... © JIP DIARIO DE MI HYDE (5)Como el cerdo se revuelca alegre en el fango, los hombres transcurren felices en la nueva sofística. Ya no hay conocimiento; sus sinapsis sucumbieron, se licuaron sus circunvoluciones. Ya no hay mentes; sólo cráneos ahítos de un rumor de centrifugado. Todo ocurre ya fuera de esas cabezas, la realidad no es sino percepción, y ésta a su vez información; falsa información, y ésta a su vez imagen; falsa imagen, y ésta a su vez engaño; grandes mentiras con piel de cordero. La ecuación del nuevo sofisma pasa por la aniquilación total de la incredulidad y el pensamiento. En realidad somos poco más que grandes ingenieros de circos. No buscamos trascendernos, tampoco desentrañar los significados ocultos. Todos y cada uno de nuestros hallazgos no va destinado sino a crear, mejorar, ampliar más y más circos. La vida es grata, suave, encuentra un sentido en esas ferias de masas. El aliento discurre líquido y cálido en nuestros propios infiernos virtuales; el maná catódico, los paraísos de la impostura, el sumo placer artificial, las exhibiciones de sangre y estupidez, que siempre son de los demás... ¿Por qué pensar si puedo MIRAR? ¿Por qué vivir si puedo simplemente PASAR? Todo lo que necesito está aquí, en el gran circo de la farsa demagógica… ![]() Definitivamente la persuasión ha sido siempre nuestro mejor arte, la base civilizadora sobre la que se asentaron todos esos circos. Nunca importó lo real; sólo su apariencia. Mucho antes de que un tal Petersen se riera de los dioses, a quinientos y pico años de la gran crucifixión, Zenón, un tipo listo, ya lo hacía, y con mucho más estilo. De haber nacido en Troya siete siglos antes, los troyanos podrían haber salvado su ciudad de las llamas con sólo seguir al pie de la letra su aporía; llenas sus playas de tortugas, Aquiles jamás podría haber adelantado a la primera con la que diese tras el desembarco, y si Aquiles el Poderoso, el de los pies ligeros, no hubiese sido capaz de rebasar a una triste tortuga, mucho menos sus mirmidones ni el resto de las huestes de Agamenón. La batalla hubiese estado así ganada, sólo les quedaría a los defensores ir apuntando, una a una, sus flechas, a los talones de sus invasores, quienes, totalmente impotentes, caerían muertos en la arena sin poder ir más allá del infranqueable muro de serenos galápagos. Siglos después, si Hitler hubiese estado más atento, o menos loco, habría caído en la irrefutable infalibilidad de esta defensa y entonces jamás los Aliados habrían salido vivos de las playas de Normandía aquél Día D, de ahora hace seis décadas, cuando el Gran Circo de la Guerra arrasó Europa. ![]() Zenón abrió la veda; la dialéctica llevaba lo imposible al reino de lo posible, y desde el relativismo sofista de Protágoras hasta el espacio-tiempo relativo de Einstein, y aun ahora, no hacemos otra cosa que estilizar, optimizar la demagogia. Todo es relativo, luego nada es seguro, así que todo es posible, de modo que eres libre, divinamente libre, así que sé feliz y no pienses en tu magia, en tu tragedia; ocúpate sólo de producir y transcurrir alegre en la amplia gama de circos que hemos puesto a tu disposición… ![]() Pero no eres libre, ni es posible lo imposible, ni tan siquiera probable, ni jamás tortuga alguna fue capaz de frenar las ansias de verter sangre ajena… Si alguna vez un hombre fuese capaz de cerrar sobre sí la caja de su mente, aislándose así del hipnótico canto de los nuevos gladiadores, podría llegar a percibir, sordo y atenuado, el discurrir terebrante de invisibles maquinarias secretas… © JIP CIENCIA FICCIÓN: UN GUETO VOLUNTARIOAyer el "Negro Sobre Blanco" de Sánchez Dragó le dedicó una madrugada a la literatura fantástica y la ciencia ficción, y hasta aquí la novedad, porque lo que pudo verse una vez iniciada la velada no fue mucho más allá, quedándose en donde siempre, es decir, en el eterno, ubicuo y cansino debate sobre qué demonios es -o no es- ciencia ficción. Lo cierto es que para todos aquellos que, como un servidor, ya llevan un tiempo manteniéndose al tanto de lo que se cuece -y se quema- en los cenáculos del fantástico patrio, el espectáculo de ayer les debió decir poco o nada nuevo, tan baqueteado y sobado está ya el tema, sirviéndoles, además, para confirmar que por mucho tiempo de vacas gordas que atravesemos y mucho premio de altos vuelos que inauguremos, seguimos estando más o menos en las mismas de siempre, es decir, "tú con los tuyos y yo con los míos... y mientras tanto la casa por barrer..." En el polo opuesto se encontrarían todos aquellos -sin duda escasos- a los que les dio por mirar el programa sin ser aficionados al fantástico, y que tras lo visto, difícilmente -se me antoja- tendrán un mejor concepto de esta literatura, y mucho menos -creo- estarán por perder horas de su ocio, sueño u otras lecturas para darle una oportunidad -a todas luces necesaria-, y esto quizá es lo peor de todo. Porque puede que para los iniciados fuese entretenido, incluso puede que hasta divertido, asistir al enésimo asalto entre "empiristas" y "racionalistas", entre literatura "de ideas" y literatura "de formas", entre ciencia ficción "hard" y ciencia ficción "soft" y aspirante al "mainstream", personificado en el más que tibio enfrentamiento dialéctico entre Miquel Barceló y Julián Díez, mientras el bueno de León Arsenal, muy lejos del egotismo "made in Umbral", dejaba de "hablar de su libro" para intentar conciliar y mediar entre ambos contendientes... entretanto Miquel de Palol, el único ajeno al "mundillo", se encontraba en todo momento fuera de juego. Casi tan interesante -o gracioso- como comprobar el desinterés que el Dragó le pone al asunto cuando el tema le trae más bien sin cuidado, o el que muchos no hicieran más que reivindicar al cultivador del fantástico y de la ciencia ficción como "Escritor", sin más y con mayúsculas, para luego recrearse y regodearse una y otra vez en las excelencias y las miserias del "género". Mas para el profano en la materia, al que tal vez le interesaría más saber qué puede encontrar en esos libros, en esos géneros y en esos temas, antes que por qué se los margina tanto y se los lee tan poco, la visión de conjunto que de todo aquello pudiese extraer al final debió aburrirle no poco, y atraerle todavía menos. Casi hubiese sido mejor que el enfrentamiento hubiese llegado a mayores por aquello de que es mejor que hablen de uno, aunque hablen mal... pero todo fue muy templado y átono; la sangre no llegó al río y todos estuvieron muy comedidos, seguramente porque el afán de corporativismo, el sentimiento de minoría tan firmemente arraigado en todos los aficionados al género, puede aún más que el odio a la diferencia del criterio ajeno, lo cual acabó por redundar en un mayor aburrimiento del personal. Se habló mucho de géneros y de límites, de lo que es y no es, así como de lo que debería y no debería ser ciencia ficción, y muy poco, en cambio, de buenos libros y buenos autores, españoles y de los otros. No sé si a propósito, supongo que sí, Dragó sacó a relucir la vena más pulp, fosilizada y discutible del género patrio con la "Saga de los Aznar", quizá para acabar de rematar la faena, y también nombró mal un par de veces a la decana de las revistas del género aún con vida, "Gilgamesh" por Gigamesh, lo que debió repatearle un mucho las narices -y lo otro- a Julián Díez, antiguo director de la misma. En suma, las cosas quedaron donde estaban, aunque con una buena oportunidad desperdiciada. Ahora sólo hay que esperar un par de años, tal vez un lustro, para que el fenómeno vuelva a repetirse, y entonces podremos de nuevo volver a la tele a llorar y patalear, a pelearnos los unos con los otros por etiquetas y demás naderías, y justificarnos una y otra vez por todo y ante todos, en lugar de intentar mostrar al gran público toda la magia, capacidad de fascinación y buenas historias que pueden llegar a esconderse tras eso que nosotros mismos, desde dentro, nos empeñamos, contumaces e inconscientes, en mantener bajo la categoría de "Subcultura". © JIP EL ARTE DEL "DEUS EX MACHINA"Lo cierto es que “The Ladykillers” es cine del bueno, con diferencia la mejor película de mi cartelera esta semana –y es que a este respecto vivo en provincias, como suele decirse-, pero he de confesar que aun así, y sin haber tenido la ocasión de ver "El Quinteto de la Muerte" para comparar, el film no me acabó de convencer, quizá porque en algunos momentos me asaltó la sensación del refrito, como si estuviese asistiendo a un "The Very Best of the Coen Brothers" sacado al mercado aprisa y corriendo y sin remasterizar… Porque en efecto hay un poco de todo lo mejor de la factoría Coen en “The Ladykillers” ; algo de "El Gran Lebowsky", de "O Brother!" y "Arizona Baby", e incluso de "El Gran Salto", pero pienso que esta vez la mezcla no les acabó de cuajar a los dos hermanos, que se resiente de cierta artificialidad, como si a base de forzar premeditadamente la concavidad de sus personajes hubiesen acabado por tornarlos convexos, produciendo así una historia risueñamente absurda y grotesca, tanto, que terminó por mostrarse un esperpento aguado y facilón que ni para sí hubiese querido un Valle-Inclán en sus horas más bajas. Tampoco ayudó demasiado, claro está, la sobreactuación de Hanks, así como el espectáculo del inefable Marlon Wayans, cuya inclusión en un trabajo de los Coen me parece, todavía ahora, del todo incomprensible... Si se trataba de hacer el tonto gratuitamente haber dado su papel al bueno de Bruce Campbell en lugar de cederle tan sólo un insignificante cameo, a buen seguro que el resultado habría sido mejor, y toda una legión de frikis, entre los cuales me cuento, les hubiese estado eternamente agradecida. ![]() Con todo, el final de la película acabó por redimirla bastante mediante ese absurdo y mágico deus ex machina en el que Hanks, el último de los ladykillers con vida, recibe la inesperada y sospechosa caricia de una cínica cabeza de gárgola, desgajada de su cuello de piedra, para acabar precipitándose después, previo ahorcamiento con su propia y mármorea capa, a un infierno maloliente de basura y desperdicio, reuniéndose de paso, con sus cuatro compañeros de fechorías, también ya fiambres, mientras un pedazo de esa misma capa que lo ahogó emprende el vuelo con calculados pasos de danza burlona. De este modo la justicia poética alcanzaba su cenit, los malvados eran castigados, enviados al infierno, y el dinero robado, fruto del juego y el pecado pasaba a recompensar la buena fe de la piadosa Irma P. Hall... ![]() El Bien gana de nuevo y todos tan contentos. Mientras tanto, en el anochecer y la cercanía de los títulos de crédito, Dios se destapa y echa al mar de basuras, al purgatorio de inmundicias, un pecaminoso dedo cercenado, última prueba de su castigo redentor sobre los delincuentes amorales, a quienes desde buen principio vigiló y tanteó y llevó poco a poco a su merecido final, en todo momento camuflado bajo la piel del travieso y güevón gato "Piñones". Ojalá todos los deus ex machina fuesen así... © JIP DIARIO DE MI HYDE (6)Hoy me topé con dos animales muertos en la carretera, es algo cotidiano, aunque no suelen presentarse en parejas. Mala suerte chicos. Tantos se escandalizan al ver los animales desbrozados en mitad del asfalto, exclamando cosas como ¡Oh, Dios mío!... ¡Pobrecillo!... ¡Qué desgracia!… y achinan los ojos y hacen que no que no con la cabeza, como si acabasen de echarse al coleto un trago de leche agria. Son los mismos que luego, ese mismo día, encienden la lavadora, la de cerebros, la tele o sea, y se tragan cadáveres troceados, sanguinolentos, matanzas en directo, en diferido, vía satélite, piel quemada en todos los grados y salpicones de rojoscura sangre en su pantalla, y su rostro se mantiene impasible, zombificado… y mientras comen, degluten, y comentan qué tal fue el día con la familia como si nada, con el asesinato en los ojos y la carne en la boca, como si fuesen primas hermanas… y sólo tal vez, a alguno se le ocurre asociar ideas dejando caer, como el que no quiere la cosa, la anécdota terrible: “Hoy vi unos pobres animalillos atropellados en la carretera… ¡Fue horriiiible!...” Este es el auténtico opio del pueblo, el que alimenta la Doble Moral que mueve el mundo, y cada año que pasa sus cosechas son mejores. Todo corre lenta pero imparablemente hacia ideales de noticiario estilo Paul Verhoeven, por lo que el holandés ha demostrado ser todo un visionario… La sangre natural es ponzoñosa, ¡no la mires!... esta en cambio es de homicidio-asesinato-genocidio, fresquita, del día… ¡Tómala! ¡¡Bébela!!... Es buena… ¡Y no derrames ni una gota! ![]() En mi mundo ideal Paul Verhoeven sería director de programas en la televisión pública, y en cada pueblo y ciudad,y en todos y cada uno de los campos de golf, levantaría un monumento a la Doble Moral que hace girar este pedazo de tierra; de una esfera platinoide, fría, inmutable, bajarían formando triángulo, de un lado las entrañas de múltiples animales de compañía atropellados en las carreteras, y del otro una variada mezcla de restos y despojos humanos cuidadosa, selectamente recolectados en todas las zonas en guerra. La gracia lógica se halla, cómo no, en el contraste entre el esferoide incorruptible, pulido, limpio, y la alfombra de casquería que lo envuelve, toda pringosa, de un rojo bastardo. Ni qué decir tiene que para mantener vivo el espíritu de esta obra de arte sería necesario encerar a menudo el planeta cromado, así como reponer asiduamente los restos orgánicos. Ninguna de las dos cosas plantea, pienso, problemas logísticos de entidad, pues hay cera y cadáveres de sobra… Pero hablaba de animales, animales aplastados. Bueno, un gato atropellado es sólo un gato atropellado, no hay más, carne muerta en descomposición y roña del mundo y negrura de neumático. Para el bicho ya se acabó el baile, no le preocupa cazar ratones ni rebuscar entre la mierda de los contenedores, ni mucho menos el calorcito de un coche recién aparcado. Ya no está, es decir, ya no es, o lo que es lo mismo, está ennadado, que es algo así como que te mueras -o te maten- y nadie después se tome la molestia de ponerte a parir. Todo negro como pelo de gato negro, como el de Poe, pero en contemporáneo, de esos que dicen que traen mala suerte. ![]() Quién sabe, a lo mejor está en el cielo de gatos, más feliz que un ocho porque allí siempre hace calor y huele a sardina… o a lo mejor está en el cielo de los hombres llevando la misma perra vida de gato callejero que le tocó sufrir aquí, puede que incluso a estas horas ya lo haya atropellado un carro alado, hecho de nube y gominola divina, y un ángel ricitos de oro amanerado se santigua arrepentido mientras pone cara de asco y hace que no que no con la cabeza, y se sujeta fuerte el aro dorado, no vaya a ser que se caiga y se le manche todo de sesos de gato atropellado... pues la salsa de la Doble Moral es plato de buen gusto en otros muchos mundos… © JIP UNA CARRERA DE CIEGOS"Como el soldado que impaciente por alcanzar con su bayoneta a un enemigo desconocido oculto tras el horizonte no puede detenerse en las solicitaciones que surgen a su paso, así también los muertos tendemos a un destino desconocido, sin prestar atención a lo que aparece a lo largo del camino; y cuando hemos alcanzado ese destino, una voz burlona nos dice que nuestro destino era PRESTAR ATENCIÓN Y DESCANSAR en cada una de las minúsculas revelaciones que se habían ido abriendo a nuestro paso; cada una de las cuales, a su vez, nos aconsejaba no buscar ningún destino, ni mucho menos un destino feliz. Sólo de eso modo se lucha contra la asfixia y la angustia del tiempo y el dueño de la cortinilla; prestando atención a lo que se ENCUENTRA, y no a lo que se BUSCA" Félix de Azúa "Historia de un Idiota Contada por él Mismo o el Contenido de la Felicidad" Librito divertido, ingenioso y mordaz, su sentido último está en estas frases, viniendo a decir algo así como que es perder el tiempo y la vida buscar un "Sentido" que creemos escondido, pero que en verdad ni existe sino en nuestros deseos, mientras obviamos las oportunidades, asesinamos nuestras horas, dejamos pasar inadvertidos esos pequeños "sentidos" y "sentires" diarios que en verdad explican y alientan y empujan lo justo y necesario para afrontar la siguiente zancada en esta loca carrera. TRIUNFADORESDe Tomás F. todo el mundo decía que era un buen tipo, sus íntimos, sus amigos, incluso las gentes de hola y adiós, qué tal todo, yo bien, muchas gracias. Uno de esos tíos legales que siempre salen bien en las fotos, con porte, con saber estar, con lo que hay que tener. Tomás F. tenía treinta y tres años, como jesucristo en la cruz, pero él era un triunfador; graduado cum laude en el extranjero regresó sólo para amasar dinero y más dinero, más del que usted o yo podremos gastar jamás, pero nunca hubo altivez ni petulancia en sus formas. Definitivamente era, con todo, un buen tipo. Sus trajes fueron siempre los mejores, sus zapatos los más brillantes, sus chistes los más graciosos, tenía el poder de meterse a la gente en el bolsillo a las primeras de cambio, siempre lo tuvo, incluso desde niño, yo fui testigo. En el instituto empezó ya a acostumbrarse a las victorias, sobre todo en el catre. Se calzó las mejores chicas, estrenó sus entrañas, rompió sus corazones, fue de todas y de ninguna, porque tenía esa belleza que las vuelve locas: ojos azul cristalino, exótico; brillante pelo rubio; una sonrisa dulce, perfilada, decisiva… como un oficial de las SS de permiso en París en Mayo del 41. Todo en él era fluido, sencillo, para los negocios y para las mujeres, sin mácula, pero la vida arrastra mucho polvo y todo lo acaba manchando antes o después. Porque ese mismo Tomás F. era al que estaban despedazando ante mis ojos, golpe a golpe, encajando como un viejo boxeador de brazos cercenados. Era ya tan solo una masa informe de carne y sangre apenas palpitante, pero eso no importaba, porque Charles seguía pegando, pegando, pegando… Charles era un fulano alto y ancho, no gordo, sino ancho, como un armario vetusto, como una rueda de molino asesina, y su mandíbula era dura, terrible. Su misión en este mundo era quebrar huesos, y disfrutaba con ella, disfrutaba mucho. A Charles lo llamaban también el Dandy, o mejor, the Dandy, lo que no tenía sentido, porque Charles era cretino, burro, un verdadero andrajo humano que sólo servía para doblar almas con sus manos, pero algún estúpido borracho con ganas de cachondeo lo llamó Dandy, Charles the Dandy, allá en las islas, y eso debió hacerle mucha gracia a otros varios estúpidos borrachos ingleses, y así fue como a partir de aquello Charles, un necio idiota sin cerebro, fue conocido como el Dandy. Al tal Dandy lo habían hecho bajar expresamente desde las islas hasta aquí para ocuparse del asunto Tomás F. Esto incluía romperle la cara y desgraciarle la vida. Esa misma cara bonita y esa misma vida de fábula que era la envidia de tantos y tantos perdedores y resentidos, chivatos hijos de mala madre… como yo. Y ahora él, que siempre fue un tipo tan fenomenal, había bajado por fin a la tierra y ya era como jesucristo en su cruz, y yo sonreía, sonreía, y Charles, el Dandy, seguía haciendo eso que tanto le gustaba hacer, eso para la que vino a este jodido mundo de perros, sarna y traición, a pesar de que hacía muchos muchos golpes que Tomás F. se había roto para siempre. © JIP ATONÍAEra uno de esos días en que todo está demasiado lejos, empezando por aquella morenaza cañón que paseaba calle abajo, como a tres o cuatro vidas, y acabando por esa furgoneta terrible, de barro y bichos aplastados y mierda hasta los topes, destrozada; aguardándome. Eran muchos los días como aquél últimamente… todo demasiado lejos. Tenía media hora para dejar aquella pesadilla "impoluta", "impecable"... IMPOSIBLE. Llevaba seis horas enfrentándome a cosas como aquella, infiernos con ruedas salidos directamente del estercolero, cociéndome al sol, sin descanso, ahogado en mi sudor, sentenciándome minuto tras minuto… pero aquello era lo último, el fin. Ella no iba a limpiarse a sí misma y yo acababa de tomar la determinación de que tampoco la iba a limpiar. Teníamos un problema. La morena desapareció, el tiempo se deslizaba. Me estiré en el cemento y cruce las manos bajo la nuca. Cerré los ojos. La oscuridad era ambarina, amarillo barato de sol quemando mis párpados. El sol había pasado de ser el astro que hace posible la vida al convertir el hidrógeno en helio, para ser ese maldito disco de horror que día a día me estaba consumiendo por dentro y por fuera. Era la diferencia entre la tierna clase magistral y el despertador asesino. La diferencia entre el período de lo posible y el rielar de las negras fauces de la nada… - ¿Se puede saber qué te ocurre? - Eres una hormiga, y me estás hablando… ¡no lo hagas! - ¿Qué no haga qué… hablarte o ser una hormiga? - Eres una hormiga, y no he bebido, y me estás hablando… ¡no lo hagas! - No puedo evitar ninguna de las dos cosas. - Mierda… - Bueno… ¿y qué?... ¿cuándo piensas reaccionar? - ¡Pasa de mi culo! - ¡Tú me trajiste aquí! - ¡Pues lárgate!... estoy ocupado… - Tú no quieres que me vaya… - Ahora tienes cuerpo de hormiga, cuello de jirafa albina y cabeza de algo innombrable… ¡¿Por qué?!... - No sé… dítelo tú... Tú me creaste. - Menudo asco de respuesta. - Si eso fuese cierto serías la morenaza cañón, aquí, mirándome, sonriendo… o un helado de chocolate, en mi boca, silencioso… - Pero eres una hormiga mutante, y me estás hablando, y no estoy borracho… y me agotas… ¡no lo hagas! - Mírate bien… en qué te has convertido… - En DECEPCIÓN. - Aspirabas a más, tenías sueños… - Era joven… no sabía lo que hacía… - Aún estás a tiempo. - Estoy hablando con una maldita hormiga mutante bocazas, ya sólo estoy a tiempo del siquiátrico. - ¡Cínico estúpido! - No me insultes, yo soy tu padre, ten respeto pequeña… podría querer pisarte… - ¿Es que acaso ya no queda nada? - Sólo leer y escribir… todo lo demás es ficción... - ¿A qué esperas entonces? - Mi momento. - ¡¿Ahí tirado?! - Para ser un producto de mi inconsciente eres demasiado pesado, y aburrido, y feo… y me agotas… - Tú a mi también… - Está bien… ¡se acabó!... “¡lo hiciste!”… ¡Voy a pisarte!... voy a hacerlo… reza lo que sepas… Me devolvieron al mundo con un cubo de agua en plena cara, allí estaba mi jefe, un cabrón, y su inmediato subalterno, no por eso menos cabrón. Habían venido a buscar su furgoneta impecable e impoluta, alguien con traje y entrañas podridas e indecente exceso de dinero no sudado en su cartera la estaba esperando, pero se encontraron con aquello, con su carga de mierda, barro y bichos muertos todavía intacta. Luego debieron fijarse en mí, en que estaba tirado en el suelo, vagueando, menudo hijoputa, pero seguramente tampoco respondía a estímulos, sus gritos, sus patadas, así que también podría estar muerto… ¡Mierda!... eso podría suponer un grave problema… pero el agua fría me trajo de vuelta, así que ya no había problema, bueno sí, aquella cosa seguía sucia, y el del traje la seguía esperando, pero de eso ya empezaba a encargarse otro pobre diablo, porque yo padecía una insolación fuerte, me dolía la cabeza y veía raro, y aquellos dos no hacían otra cosa que gritar y gritar… sancionaremos tu nómina, tendrás que recuperar estas horas, quieres volver de una vez al trabajo... y más y más bazofia similar. Pero yo continué allí, sentado en silencio sobre el cemento, la mirada hueca, y ellos se marcharon al rato, impotentes. Aun así no me despedirían, no, ni mucho menos: “imprescindible” en un trabajo de mierda… la auténtica y verdadera MALDICIÓN; terminal... Debí haberme levantado, levantarme e ir allí, y mandarlos a todos al cuerno, levantarme e irme a casa, a dormir, a leer, a escribir… Miré entorno, no vi nada, ni morenaza sonriéndome que pasea calle abajo ni ilusión mutante agotando mi paciencia… sólo sol ardiente y dolor de cabeza y nuevo coche aguardando mis entrañas… Todo seguía estando demasiado lejos… © JIP STIRNER, EL VISIONARIO"No soy Nada en el sentido de Vacío, sino la Nada creativa, la Nada de la que yo mismo como creador lo creo todo" Max Stirner "El Único y su Propiedad", 1844 ![]() De vez en cuando te topas con libros, frases, hombres, vidas, muertes, que temporalmente te reconcilian con las tinieblas. He aquí un ejemplo. Max Stirner y su pensamiento han resultado ser a la postre, pese a un desconocimiento general, indudablemente visionarios. En unos tiempos como los nuestros, en los que se aboga por el individualismo a ultranza y se defiende la soberanía del individuo frente a la caída de toda estructura social, figuras como la de Stirner o Nietzsche, que expresaron, cada uno a su manera, la nulidad, incluso la inexistencia, de todo aquello que no se contuviese en el propio YO de cada uno, están cada día de más actualidad. Así, este hombre, que murió en la miseria, completamente olvidado, por aventurar que no había más realidad que aquella que se contenía en uno mismo y que, al tiempo, uno mismo no era sino Nada, Absurdo, pero un absurdo capaz de crearse a sí mismo y a su realidad, libre y poderoso aunque finito y terriblemente frágil, vuelve hoy día a renacer de sus propias tinieblas, iluminando de paso de dulce oscuridad las mías. |
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