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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2004. DIARIO DE MI HYDE (1)Lluvia. Gris y pertinaz, de esa que inunda las calles de coches impacientes y le pinta de vacío las cuencas de los ojos a los hombres. Lluvia alienadora. Gotas de locura acariciándolo todo. Ya no encuentro en estos días mojados aquel aroma a misterio, a ensoñación, que tantas veces le hallara en el pasado. Ya no es más que agua sucia, sólo agua; mi mente vuelve a las esencias, simplificándose, y en éstas no encuentra más que la nada inaprensible; incapaz de dotarla de significados arbitrarios con mis pensamientos desbocados, no puedo hacer otra cosa que agonizar. Camino por la calle encapuchado bajo el anorak con cara de hastío, asqueado del día que amaneció, y no porque me esté dirigiendo al repugnante trabajo de todos los días en medio del diluvio, tampoco porque ya haya empezado a notar las primeras punzadas de lo que sin duda será una migraña aniquiladora, ni tan siquiera porque el maldito café barato que tomo por las mañanas me produce ardor. No, pongo cara de hastío, de incomparable hastío, porque simplemente es la cara que hay que poner, la cara que todo el mundo pone en días como el de hoy… Mirad, mirad… fijaos bien… ese, ese, ese también… y aquella otra… todos. En el fondo no somos más que jodidas máquinas. Todos a mi alrededor jodidas máquinas; son el mismo rostro, mi rostro, ese que dice con palabras insonoras ¡Oh Dios!... llueve… ¡Jodida mierda de vida!... y son pocas, muy pocas las excepciones, apenas un valor ponderable. Llega un momento en que el período de lo posible se acaba y la vida te abre en canal metiéndote hasta el fondo el programa del absurdo, como aquel fulano, Woods, al que le metían negras y palpitantes cintas de vídeo en su abdomen de vagina… ¡Ala!, ya estás programado chaval; ahora me perteneces. Olvida todas esas chorradas de la libertad y el libre albedrío. Deja atrás cualquier variante de ilusión. Todo eso es basura filosófica que se han de comer ratas y polillas. Esto… esto… ¡ESTO es lo REAL!... métetelo bien en esa pequeña y dura cabeza; y ahora, ¡venga!, sal ahí fuera y empápate la cara de agua gris, de día gris, de vida gris… ¡y pon tu mejor rostro de hastío, tu mejor cara de asco, maldita sea! Y cuando luzca el sol achinarás los ojos e impostarás esas magníficas sonrisas de primavera y esperanza que tú y yo sabemos, y cuando lleguen las nieves te agrietarás los labios, te sangrarás las manos, y cuando llegue la muerte te cagarás de miedo y te arrodillarás implorando clemencia… joder si lo harás… “Hay una cinta que te quiero poner, Max”… si te gustó esta negra lluvia que pudre las entrañas espera a ver esto otro… es mierda de la mejor… 3… 2… 1… PLAY… © JIP DIARIO DE MI HYDE (2)Domingo. O sea, ayer. Ocho de la mañana. El despertador me levanta. ¡Dios!... La espalda me duele horrores, como si toda ella fuese un único músculo agarrotado, pero al menos el dolor de cabeza se fue; después de un día entero con el infierno estallando en mi cerebro, desde que desperté hasta que conseguí, al fin, dormirme, amanecer de nuevo con la cabeza lúcida y sin dolor es algo bueno, muy bueno, tanto que casi me hace concebir esperanzas… aunque tampoco me hago demasiadas ilusiones. El tren llega con retraso, media hora, hay cosas que nunca cambiarán, ni en este siglo ni en ningún otro. Hago tiempo tomando un café con leche; no es demasiado bueno. Intento leer algo pero lo dejo enseguida, no estoy de humor. Un abuelo se pone a jugar con su nieto en mitad de la cafetería, armando escándalo con una menuda pelota de plástico, y mientras el abuelo hace el tonto y pone esos rostros bobalicones que sólo se ponen delante de los bebés, como si fuesen auténticos subnormales, el pequeño, que apenas sí se tiene en pie, luce una viva sonrisa de oreja a oreja. Enseguida se hace con el respetable, captando su atención, provocando sonrisas y miradas tiernas. En todos ellos hay un fino deje de envidia inaprensible, no por la infancia ya perdida, sino porque quisieran también, como el crío risueño, vivir felices sin tener que entender nada de todo esto... En el tren un tipo va recorriendo los vagones plantándoles la mano abierta en la cara al pasaje, directo al grano; ya ni siquiera se curran unos carteles ni se inventan unas dramáticas vidas que llorar. Miro su cara, ladeo la cabeza y él pasa al siguiente; es el mismo tipo que en la cafetería de la estación, dos mesas más allá, perdía su mirada en el fondo de una copa de vino tinto vacía… Llego a Barcelona con cuarenta minutos de retraso; dos horas y diez minutos para cien kilómetros… Mientras camino por el andén me quedo mirando las colillas, no puedo evitarlo, siempre acabo mirando ese inmenso oceáno de colillas sucias que se amontonan a los lados de las vías. Me pregunto si alguien baja ahí de cuando en cuando a aspirar toda esa mierda, no es tan difícil pienso, es algo que saldría con cierta facilidad. Aunque bien mirado, tal vez siempre son las mismas y están ahí pegadas a propósito. Son de madera, de cerámica o de plástico, primero las pintaron a mano, una a una, y luego las pegaron ahí. Sí, tal vez no es más que otra valiosa seña de identidad de la ciudad como la Sagrada Família, la Torre de Collserola, las Ramblas o el Camp Nou... Hay tal cantidad de gente en esta ciudad, gente gente y más gente por todas partes, gente que fuma y fuma sin cesar y luego tira las colillas a las vías, gente capaz de crear de la nada un volumen de basura y desperdicio tan atroz que aunque todos y cada uno de sus habitantes fuesen barrenderos trabajando a turnos de doce horas, esta ciudad no sería jamás capaz de limpiarse a sí misma… La gente nunca se acaba y su basura tampoco… © JIP DIARIO DE MI HYDE (3)Postración es la mejor palabra de los hombres que hoy me define, eso creo, aunque desde luego es insuficiente y torpe. Todo esto que hoy me impregna por dentro y por fuera y me cala el corazón y los huesos es algo que difícilmente puede describirse con palabras... es bastante más que postración. Me he pasado las horas escuchando "Until It Sleeps" en el trabajo, una y otra vez la misma canción. Cada nuevo coche que cogía lo mismo. Inserto el disco, pista cuatro, "Until It Sleeps" una y otra vez, a todo volumen, hasta reventar, conduciendo maquinal por la carretera con el pensamiento fundido en negro, sólo yo y la canción y eso que se parece a la postración pero que no lo es y que me tiene atenazado... "Until It Sleeps"... una y otra vez, la tarareo, me la sé de memoria, la hago mía mientras la realidad circula veloz a los costados, mientras viene a mi encuentro a través del parabrisas, hasta que las vibraciones de las guitarras y la batería y la voz desgarrada se filtran en mi mente, en mi sangre... "So hold me, until it sleeps..." Ojalá pudiese dormir, sí, eso estaría bien... Me asalta de vez en cuando la idea de estrellarme con uno cualesquiera de estos coches, son buenas máquinas de muerte, eficaces. Sería uno de esos accidentes que siempre cuentan, fotografían, recuerdan los demás, porque tú... porque yo me hice Uno con el coche al chocar, mientras rodaba a 140 directo contra el muro y "Until It Sleeps" sonaba a toda pastilla en los altavoces, en mis arterias, y después de eso ya no hubo manera de distinguir la carne muerta del metal arrugado, ambos abrazados en el sueño final... Tal vez así conseguiría al fin dormir un poco... © JIP EL HIPÓDROMO DE LA VIDA![]() THE RACE TRACK, 1895 Albert Pinkham Ryder En el ruedo de la vida todos somos jugadores, corredores, perdedores... Escucha el disparo de salida, grita, llora, abre los ojos por vez primera, ya puedes correr... No te engañes, ni tengas fe, ni des cabida a la esperanza en tu seno, porque sólo hay un sentido al que tirar, todo horizonte es ficticio, inalcanzable, y por supuesto toda meta inexistente; tú y sólo tú, y un averno circular en el que dejar los huesos mientras corres... Mírate bien, mírame bien, apuesta aquí tus sueños, que todos los has de perder, porque mis piernas son esas pezuñas que galopan; las pezuñas de la muerte, porque mis brazos son esa guadaña que anhela en vilo; la guadaña de la muerte, porque mis ojos son esos puñales negros que no perdonan; los puñales de la muerte... ¿Cómo ganar la carrera a la muerte? ¿Cómo ganarme pues la zancada a mí mismo si mi mente, mis venas, mi piel son... si todo yo no soy sino la esencia misma de la muerte?... © JIP DIARIO DE MI HYDE (4)Os dijeron "todo acabó", "aquí ya no hay nada que ver", pero era mentira, el espectáculo siempre continúa, como cuando se cargaron a aquellos dos periodistas y todos se rasgaron hipócritas las vestiduras, como si aquellos dos valiesen más que el resto de cadáveres caídos en el tablero. ¿No recordáis la imagen?, fue célebre en su día y dio la vuelta al mundo, en las bocas y los ojos de todos, sobre todo en los ojos, aunque hoy nadie la recuerda ya. Nunca ha habido memoria. Probablemente nunca la habrá. La torreta giró en la lejanía hasta apuntarnos directamente con su boca negra, una detonación sorda, humo, y ya fuera de plano, dos vidas más que se van al garete... La muerte en directo, pura y dura y real, en todos las casas, a la hora de comer, ¡Grábela y véala una y otra vez!... Después de aquello os dijeron "los combates han cesado, hemos ganado, la civilización ha ganado, ¡paladead la gran hamburguesa de la libertad!", algún mandado liberó palomas blancas y la sinfonía del carpetazo lo inundó todo. Pero las guerras siguen, sus muertos siguen, y las palomas blancas se cagan todas de miedo con cada explosión y luego bajan a picotear la sangre derramada... aunque todo eso pasa también fuera de plano; porque esto no le gusta al populacho, lo conozco bien, sé lo que le gusta, lo que le conviene, y desde luego no son palomas blancas rapiñando carne muerta, !para eso ya esta el National Geographic! Porque lo que en verdad la plebe quiere es ver mentes sucumbidas, cuerpos vejados, desnudos, azotados, ellos son el mal sabéis, el mal, y merecen la tortura, se ganaron el castigo. Lo sabéis, por eso se lo inflijo, por eso os lo enseño, por eso lo miráis. Todo lo hice por vosotros, lo sabéis, lo sabéis, y su carcajada restalla en vuestras mentes dormidas mientras maneja los hilos. Luego os enseñan más muerte en directo, más "snuff" en la sobremesa, mientras comes, carne muerta en la pantalla, carne muerta en el plato, saben igual; todo para adentro. Ya no hay memoria, ni tampoco escrúpulos. Al infeliz lo cogen y le rebanan el pescuezo, no querías hamburguesas de la libertad, pues toma carne de primera, y la plebe se asquea y gira la cabeza, pero no vomita, no cambia de cadena, vuelve a mirar, a mirar... no puede evitarlo, la carne llama a la carne y la sangre llama a la sangre. Luego los postres, menudillos de soldado, aquí un dedo, allá un brazo, ¡aprovechad ahora que estamos de saldo!... y todos seguís ahí, mirando, justo donde os quieren esos hilos cuyo origen se pierde arriba, muy arriba, en la oscuridad… Y después de eso os dan a los principitos casamenteros, aderezados con sus mejores galas, para hacerlo bajar todo y tener una digestión propicia. Contemplad esas joyas preciosas, ved qué lindos vestidos, olisquead esa frescas flores, disfrutad a distancia de esa vida regia que desde antiguo os lleva quebrando los huesos, bailad, reíd, llorad, ¡qué demonios!, un día es un día, pero prontito a la cama que mañana hay que trabajar... ¡¿Cómo, si no, pretendéis pagar todo esto...?! Resulta que a estas alturas de humanidad sigue sin haber memoria, sigue sin haber escrúpulos, y la carne sigue llamando a la carne y la sangre a la sangre... No hemos avanzado mucho... © JIP EL CUBO DE LA VIDACreo que nadie con un poco de sentido común puede negar que el cine, el tan cacareado Séptimo Arte, ha sido siempre la más cortesana de las artes, como tampoco que en los últimos años su nivel de prostitución ha llegado a niveles difícilmente tolerables. En un entorno como el hollywoodiense, que todo y no abarcar la producción cinematográfica mundial, sí la lidera y la alimenta, que las películas las hagan guionistas y directores que son poco más que meras marionetas -las más de las veces sin ningún talento- en manos de ejecutivos entrajados sedientos de dinero rápido y fácil, y que, por lo común, cualquier atisbo de genialidad o heterodoxia creativa se quede, merced a la vigilancia de estos "vampiros fílmicos", en la sala de montaje o directamente en la trastienda de los círculos independientes de distribución, dice mucho, demasiado, de cómo están las cosas en este ámbito, así como de cuán encarnizado podría ser el debate sobre si al cine deberíamos seguir o no llamándolo arte. Ahora ya no interesa el cine; sólo vender muñecos... Por eso el buen cine, especialmente el buen cine fantástico, hay que buscarlo lejos de los grandes nombres, los grandes estudios y las grandes sumas de dinero. Ahí está, como ejemplo ilustrador, "Cube", de Vincenzo Natali, una producción canadiense de bajo presupuesto que a base de talento, ingenio, también humildad, consigue unos resultados visuales, argumentales y temáticos que ya quisieran para sí la mayoría de producciones "yankis" de género cuyos recursos económicos, técnicos y humanos son infinitamente superiores. ![]() "Cube" es un film que mezcla hábilmente terror y ciencia ficción, y que refleja un universo original y turbador a partes iguales. No se me ocurre mejor forma de difinirlo que como el hipotético sueño de un "Kafka posmoderno". Un cubo es el protagonista, un cubo de proporciones faraónicas, que a su vez contiene multitud de otros cubos más pequeños en su interior. El meollo del asunto está en meter a un grupo de personas distintas en su interior y observar cómo actúan y cómo se las arreglan para intentar sobrevivir dentro de esos cubículos llenos de trampas mortales, sin comida y sin bebida, y sin ni tan siquiera saber cómo y por qué llegaron hasta allí. El pretexto argumental viene a decir al final que "el Cubo" es un experimento militar cuyo fin último es buscar la manera definitiva de tener controlada a la masa, cuya libertad de opción, cuyo libre albedrío dentro de los sistemas políticos liberales, no hace sino conducirla al descontrol y el caos. La película de Natali participa en este sentido de una clara vena distópica y debería añadirse a la larga lista de distopías que la ciencia ficción ha ido acumulando con los años, al lado de producciones como "1984" de Orwell, "Brazil" de Terry Gilliam, "V de Vendetta" de Alan Moore, entre otras. Pero lo verdaderamente sobresaliente de "Cube" a mi tenor es la metáfora subyacente a este argumento, lo que se puede leer entre líneas, o mejor, "observar entre fotogramas". Porque "el Cubo" no es más que una escala reducida y extrema de la propia existencia del ser humano. Como en "el Cubo", los seres humanos nos encontramos de pronto en un mundo abierto y grande pero a la vez cerrado y minúsculo dentro de la escala universal, rodeado de personas que no conocemos y con las que nos vemos obligados a relacionarnos para subsistir. Unas con las que nos llevamos bien, otras a las que terminamos odiando, a las que mataríamos, o que bien te matarían a ti, incluso personas capaces de amar y a las que podríamos haber amado... Y rodeándolo todo y rodeándonos a todos están las invisibles trampas mortales que nos pone la vida como pruebas irrefutables de nuestra insignificancia y fragilidad. El mundo, el Universo, aunque infinito e insondable, no es más que un enorme Cubo, impasible y depredador, que nos escupe a la cara constantemente diciéndonos que no somos nada, si acaso un accidente. Nosotros, entretanto, como ratas en un laberinto, no podemos hacer otra cosa que buscar una salida sin saber a ciencia cierta si algún día la hemos de hallar; una respuesta que nos otorgue esos significados de los que nos sentimos tan huérfanos y cuya carestía nos hace tan inconfundiblemente -irremediablemente- hombres... y mientras tanto vivir, o lo que es lo mismo, sufrir, luchar, pensar e imaginar... hasta las últimas consecuencias; demostrar con cada aliento que cualquier pared es, hasta que se demuestre lo contrario, susceptible de ser derribada. Pero esto supongo que lo pienso yo, que no ando muy bien de la cabeza y me gustan las cosas raras, porque a la mayoría le gusta dejarse el cerebro en casa viendo Van Helsings, Underwoles, y Matrixes varios, y comer muchas, muchas palomitas, y flipar con los efectos especiales que todo lo justifican, y luego comprar todos los muñequitos, eso por descontado... y así nos pinta el pelo... © JIP Este texto es la ampliación del que, en su día, publiqué en Livra bajo el nick de LEVIATHAN ¡OH PADRE-DIOS, CRONOS!"Pero yo quiero vivir más, padre..." Roy Batty, poco antes de matar a Dios "Porque en vano vino y a tinieblas va, de tinieblas será cubierto su nombre" Eclesiastés, v. IV, c.VI ![]() "El hombre, en su orgullo, creó a Dios a su imagen y semejanza" Friedrich Nietzsche "Hablamos de matar el tiempo como si no fuera el tiempo el que nos mata a nosotros" Alphonse Allais "Se dice que el tiempo es un gran maestro; lo malo es que va matando a sus discípulos" Hector Berlioz "El tiempo es el mejor autor: siempre encuentra el final perfecto" Charles Chaplin "Guárdate sólo de comer la sangre, porque la sangre es la vida, y no debes comer la vida con la carne" Deuteronomio, v. XII, c. XXIII El más escéptico de todos es el Tiempo, que con los Nos hace Síes y con el odio amor y al contrario. Y si el río remonta a su fuente, y si la manzana no salta y se reúne a su rama es porque te falta paciencia para creerlo Paul Valéry, "Salmo T.", El Cementerio Marino "El tiempo es la materia de la que he sido creado" Jorge Luis Borges MICHAEL MYERS: EL MAL EN ESENCIAEl pasado fin de semana se estrenó en nuestras salas “La matanza de Texas 2004”, película que, por el momento, no tengo la intención de ir a ver, pero cuyas críticas son al parecer bastante mejor de lo esperadas, lo que no deja de ser sorprendente si se tiene en cuenta que en labores de producción se encuentra el inefable Michael Bay. Me interesa mucho más, por ejemplo, el hecho de que este "remake" llegue treinta años después del estreno de "La Matanza de Texas" original, la de Tobe Hooper, o que, sin ir más lejos, hace poco se estrenase también "El Amanecer de los Muertos”, otra nueva puesta al día del superclásico de George A. Romero de 1968, y cuyas críticas han sido también bastante buenas. Al margen de que estas modernas revisiones de viejos éxitos sean o no más acertadas que de ordinario, evidencian la creciente y alarmante incapacidad para aportar nuevas ideas, savia nueva, al acervo fantástico -siendo mucho más fácil limitarse a revisitar los mitos añejos-, así como la cada día más cierta sospecha –largamente barruntada- de que el cine de terror está hoy día más muerto que vivo. No hay más que echarle un vistazo a títulos como el par ya mencionados o a "Halloween: Resurrección”, “Jason X”, “Freddy contra Jason”, o la por venir, “Alien vs. Predator", para que inmediatamente vengan a la memoria aquellos entrañables films como “Frankenstein Meets the Wolfman” (1943) – “Frankenstein y el hombre-lobo”-, “House of Frankenstein” (1945) –"La Zíngara y los Monstruos” (sic)-, toda la serie de Abbot y Costello, representada, por ejemplo, con “Abbot and Costello Meets Frankenstein" (1948) –"Contra los Fantasmas” (más sic)-, o, ya para acabar, la mítica “House of Dracula” (1945) –"La Mansión de Drácula”-, que no sólo podríamos equiparar a la reciente "Van Helsing" por su demencial mezcla de mitos, sino que, además, le da cien patadas… Con estos y otros tantos entrañables títulos la "Universal" empezó a entonar su canto de cisne, y con ella firmó también su carta de defunción el cine de terror clásico, que hubo de dejar paso al pujante cine de ciencia ficción y las "Monster Movies", hijas del peligro comunista y el miedo nuclear. Sólo con la llegada de la británica "Hammer", el terror cinematográfico retomaría un nuevo esplendor. ![]() En el cine, como en todo, los ciclos se suceden; al agotamiento de unas fórmulas sucede el advenimiento de otras nuevas y así sucesivamente. Así, dadas las cotas de carestía de ideas y autoparodia alcanzadas por el cine de terror contemporáneo, su final se presiente cercano; probablemente no tardemos en ver en nuestras carteleras títulos como "John Doe vs. Anibal Lecter”, “Hellraiser 2010”, “Aliens: The New Generations”, o incluso “Evil Dead: The Kandarian Vengance”, entonces ya todo habrá acabado y podremos abrazar felices lo que demonios sea que haya de venir… Y como todo final tiene su principio, cabría tal vez señalar el comienzo de este fin que hoy vivimos en otro gran clásico del género cuya trascendencia es, pienso, mayor de la que se le suele atribuir. "La noche de Halloween" tiene ya sus buenos 26 años y aunque sus formas han envejecido bastante, con esa inconfundible textura de los primeros años ochenta, el film sigue, no obstante, destilando aún hoy la atmósfera malsana y de escalofrío que siempre tuvo, y, debido a lo perfecto de su bases argumentales, sigue inspirando una sensación de verdadero y profundo estremecimiento. John Carpenter, uno de los maestros del fantástico moderno, pese a su irregularidad, iniciaba con esta película el que sería, período dorado de su filmografía -cuyo cenit alcanzaría con "La Cosa" y que culminaría años más tarde, tras un período gris, con la jugosa "En la Boca del Miedo"-, y cabe decir que, de entre todos los méritos del film seguramente el que más cabría destacar, habida cuenta de su repercusión posterior para la industria cinematográfica y el cine de género, es la creación de la figura del "psychokiller" moderno, descendiente directo del Norman Bates de "Psicosis" o del Albert De Salvo de "El Estrangulador de Boston", y que los americanos dieron en bautizar como "Killer on the Loose". Dicho subgénero consistía, a grandes trazos, en el azaroso devenir de un pscicópata totalmente ido, las más de las veces de naturaleza esencialmente diabólica, al que le da por masacrar de las más diversas, creativas, originales y sangrientas formas a toda una serie de adolescentes -o "teenagers"-, quienes no pueden hacer otra cosa que dejarse matar mientras el metraje del film corre raudo hacia un final que, también las más de las veces, no busca sino dar pie a una posible secuela que explote el filón en taquilla. ![]() El éxito de "La noche de Halloween" y su protagonista, Michael Myers, fue abasallador, resultando ser, aún hoy, una de las películas que más millones de dólares ha recaudado en comparación con su precio de coste, realmente parco. Precisamente debido a este enorme éxito, sobre todo entre el público juvenil, multitud de productores y directores vieron en su protagonista central el medio perfecto mediante el que hacer montañas y montañas de dólares. Así fue como vinieron, entre otros, el Jason Vorhees de "Viernes 13"; el "Freddy Kruger" de "Pesadilla en Elm Street"; e incluso las secuelas de la propia "Halloween", de las que Carpenter no quiso saber nada. Una lista completa y actualizada de todos los nombres que a día de hoy cabrían en esta lista se haría, además de larga, bastante insoportable. Esta es una de las principales causas, en semilla,del fenómeno que a lo largo de la década de los ochenta y noventa daría como fruto la total vanalización del cine fantástico de terror, que buscando hacer dinero rápido se vendía a la más fácil y comercial sanguinolencia descerebrada. Esto fue un arma de doble filo para el cine de género, ya que por un lado vio como volvía a ser abordado de nuevo por el cine después de unos años de ostracismo, pero tuvo que soportar a cambio que sus argumentos y temáticas se sobordinarán a las apetencias de un público juvenil muy poco exigente -que era, no hay que obviarlo, el único que llenaba las salas de proyección. Así pues, como también pasó con "Star Wars" y el cine de ciencia ficción, el tremendo éxito de una muy buena película se convertía a la postre en causa indirecta pero determinante del declive de todo un género. Eso en modo alguno debe obviar la calidad del film de Carpenter, ya que a pesar de que en sus sucesivas secuelas y otra series como las antes mencionadas la figura del "psychokiller" pasó a ser futilizada e incluso parodiada y deconstruida -como ocurrió en la serie "Scream"-, Michael Myers gozó siempre de un poder de fascinación inigualable, basado en que, a diferencia de otros mitos del terror como los vampiros, los licántropos, las momias o frankensteins de toda ralea, él era un ser completamente humano, pero esencialmente maligno e indestructible, que encerraba en su interior un espíritu malvado equiparable al del mismísimo Diablo, y, cómo éste, no necesitaba de justificaciones ni pretextos para ser maligno... lo era porque sí, porque tal era su naturaleza, y precisamente de lo inaprensible de esta condición diabólica provienen nuestro miedo y nuestro respeto hacia su figura... ![]() Siendo humano, Michael Myers era más diabólico de lo que muchos monstruos cinematográficos lo habían sido en el pasado; ahí residían el éxito y la actualidad que, con los años, lo convertirían en padre putativo del siguiente escalafón en la galería de psicópatas fílmicos, tan bien representados por el John Doe de "Seven" o el Anibal Lecter de "El Silencio de los Corderos"; el "psychothriller"... © JIP Este texto es la ampliación del que, en su día, publiqué en Livra bajo el nick de LEVIATHAN NOSOTROS SOMOS EL LABERINTOEste post está dedicado a J. P. Bango, que lucha... Somos Laberinto… Amantes de la sinrazón tendemos siempre al sinsentido, que a la par tiende hacia nosotros, y el Laberinto, como buen y fascinante absurdo que es en sí mismo, nos envuelve y penetra. Él es la noche sin puertas que conduce a la nada sin llevar a ningún sitio, y en él se hallan, siempre esquivas, en zonas de inaccesible sombra, los sueños y sentidos que desde antiguo anhelamos. Es su clave el centro, que no la salida -pues no hay final ni principio-, pero jamás hemos de hallarlo pues no existe sino en nosotros, en nuestra lucha y nuestro movimiento por aprender los senderos de la muerte, los caminos de la inmortalidad, las mistéricas alquimias del tiempo y de la sangre. La sombra de un hombre que camina siempre fue La Metáfora de esas desnudas paredes que observan, vigilan... ![]() Existió ha tiempo un brillante polígrafo que siempre quiso ser, ante todo, poeta, y fueron muchos los que quisieron ver en ello su particular Talón de Aquiles, no pudiendo perdonar que encarara sus versos en la misma forma que encaraba sus prosas. Yo, afortunadamente, nunca me conté entre esos muchos... ![]() LABERINTO No habrá nunca una puerta. Estás adentro y el alcázar abarca el universo y no tiene anverso ni reverso ni externo muro ni secreto centro. No esperes que el rigor de tu camino que tercamente se bifurca en otro, que tercamente se bifurca en otro, tendrá fin. Es de hierro tu destino como tu juez. No aguardes la embestida del toro que es un hombre y cuya extraña forma plural da horror a la maraña de interminable piedra entretejida. No existe. Nada esperes. Ni siquiera en el negro crepúsculo la fiera. Jorge Luis Borges |
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