"El amor es un sentimiento totalmente anormal, ya que va acompañado de todos los estados turbios que suelen caracterizar a una mente trastornada: angustia, desesperación, desconfianza mórbida, relámpagos de felicidad, egoísmo llevado hasta la ferocidad, etcétera. Es una felicidad de furioso".Emil CioranCuadernos 1957-1972Cuando caigo en la postración y el abandono, cuando ya no tengo más que fuerzas para hacer suicidas equilibrios sobre el trampolín que desemboca en el abismo, justo entonces, recurro a
Cioran. Hay quien podría decir que eso es algo así como echarse sal sobre las heridas, darse el tiro de gracia, y tal vez no le falte razón. Pero yo no pienso así, y no porque crea que comprendo mejor que otros a este genial pensador rumano, sino porque, sencillamente, sus pensamientos conmigo
funcionan. Por qué. No lo sé, la verdad. Quizá porque todo se aprecia mejor, nítidamente, desde la orilla de la desesperanza. ¿La lucidez del finiquitado? Quién sabe...
¿Cómo no entender el amor como la más grande y peor droga, el más poderoso y alucinógeno de los venenos, que te convierte en una bestia acorralada dentro de tu sentir salvaje y desbocado? ¿Y cómo no ver en ese loco enamorado a la bestia más maldita y a la vez más afortunada de la creación, a caballo entre un éxtasis convulso y una mortal agonía?... Justo en el centro de los torbellinos que emparentan la Divinidad con el Horror.
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