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ÁNGELES DE OTOÑOUn Ángel de Otoño para cuando pienso en ti, en cuánto te amo y cómo te siento, que significas el sueño supremo de mis adentros: A Veces un Cuerpo Puede Modificar un Nombre A veces las palabras se posan sobre las cosas como una mariposa sobre una flor, y las recubren de colores nuevos. Sin embargo, cuando pienso tu nombre eres tú quien le da a la palabra color, aroma, vida. ¿Qué sería tu nombre sin ti? Igual que la palabra rosa sin la rosa: un ruido incomprensible, torpe, hueco. Ángel González Otoño y Otras Luces Un Ángel de Otoño para cuando pienso en los dos, en ti y en mí, y en lo que nos une, que es mucho, como mucho también es cuanto nos separa, y grandes mis miedos por tanta distancia: Quise Quise mirar el mundo con tus ojos ilusionados, nuevos, verdes en su fondo como la primavera. Entré en tu cuerpo lleno de esperanza para admirar tanto prodigio desde el claro mirador de tus pupilas. Y fuiste tú la que acabaste viendo el fracaso del mundo con las mías. Ángel González Otoño y Otras Luces Un Ángel de Otoño para cuando pienso en un mundo sin tu mirada en mi mirada, en mi vida sin la caricia de tu nombre sobre mi nombre: La Luz a ti Debida Sé que llegará el día en que ya nunca volveré a contemplar tu mirada curiosa y asombrada. Tan sólo en tus pupilas compruebo todavía, sorprendido, la belleza del mundo -y allí, en su centro, tú iluminándolo. Por eso, ahora, mientras aún es posible, mírame mirarte; mete todo tu asombro en mi mirada, déjame verte cuando tú me miras también a mí, asombrado de ver por ti y a ti, asombrosa. Ángel González Otoño y Otras Luces Y al final, un Ángel de Otoño para cuando estoy solo y no te tengo, porque no estás, y vuelven la noche y la distancia, y me repliego sobre mí, ensimismándome, enyomismándome, y poco a poco retornan... retornan todos los fantasmas... Versos Amebeos (I) Hay días en los que no me atrevo a abrir el cajón de la mesa de noche por temor a encontrar la pistola con la que debería pegarme un tiro. Últimamente las noches me mantienen literalmente en vilo, y los amaneceres se me echan encima como perros furiosos, arrancándome pedazos de mí mismo, buscándome con saña el corazón. La luz no hace más que enfurecer a esos perros enloquecidos que no son exactamente las mañanas, sino lo que ellas alumbran o provocan: la memoria de dientes amarillos, el remordimiento de fauces rencorosas, el miedo de letal aliento gélido. Hay mañanas que no deberían amanecer nunca para que la luz no despierte lo que está dormido, lo que estaría mejor dormido y aún en el sueño vela, acosa, hiere. Ángel González Otoño y Otras Luces Hoy Hace un Año en TannHäuser: PASCAL, ILUMINADOR 10/02/2005 22:30 Comentarios » Ir a formulario
gracias por descubrirme este poeta... que ignorante... jo....besitos
Fecha: 11/02/2005 18:20.
No hay de qué Charito... léelo si puedes ;) y acuérdate de un servidor :)
un saludo. Fecha: 11/02/2005 18:57.
Qué linda sorpresa fue pasar a visitarte y encontrar "La luz a ti debida".
Saludos, desde la isla... por ahora :) Fecha: 12/02/2005 01:05.
Sí, es un poema precioso, como el resto que incluyo, hasta el más trsite y duro, y algunos más que se me quedaron atrás.
Espero que pronto puedas dejar la isla y saltar el chrco :) un saludo. Fecha: 12/02/2005 09:08. |
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