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UN GUANTE DE POESÍA"Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan en él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura" Supongo que eso es lo que ocurre cuando te sientes continuamente fuera de lugar, incluso de tiempo, y nada te mueve, ni te produce la menor ilusión, que te gustaría guardar para siempre un gran campo de centeno, lleno de niños jugando, y de vez en cuando, leer alguno de los poemas escritos en tu guante de béisbol mientras te hechas al coleto un buen lingotazo de whisky Rye -también sopongo que se capta el juego de palabras-. Estarías allí, sin hacer nada, sin esperar nada, simplemente junto a los niños, los únicos seres vivos soportables, porque se mantienen todavía dormidos, sin despertar, nada saban del abismo. Tú cuidarías de ellos, los alejarías de ese abismo de madurez, ese precipicio que es el saber, conocer, lo que es vivir, con preguntas, sin sentido, y anhelos, sin destino, como decía Leon, el replicante brutote de Blade Runner, lo que es "sentir picor y no poder rascarse"... ![]() Supongo que eso es lo que ocurre cuando te atenaza el miedo de no saber a ciencia cierta cómo demonios vivir, adónde encaminar tus pasos, si es que en verdad hay camino que andar, y lo peor, hacer ese camino solo, y perderse, constantemente, como un ave migratoria tullida en el instinto de la orientación. Porque todo parece igual, de gris, o desabrido, porque no sientes la llamada de nada, ni la compañía de nadie, y todo te parece tan indistinto, tan uniforme, que no distingues puertas que abrir ni ventanas que reventar. Supongo que eso es lo que ocurre cuando no soportas estar con nadie y al mismo tiempo sientes un pánico atroz a quedarte solo, cuando, de tanto temblar, tanto dudar, eres uno y eres todos... y terminas por no ser nadie, ni siquiera tú. Porque el mundo, tal y como es, te parece tan poco, que no encajas en él. Porque el mundo, tal y como te gustaría, te parece tan alto, que tus ojos no lo alcanzan, tus brazos no lo cogen, ni tu mente alumbra siquiera su llegada. Y a partir de aquí ya sólo puedes -o quieres- caer. Esta caída, como dice Salinger, "es de un tipo especial, terrible. Es de aquellas en que al que cae no se le permite llegar nunca al fondo. Sigue cayendo y cayendo indefinidamente. Es la clase de caída que acecha a los hombres que en algún momento de su vida han buscado en su entorno algo que éste no podía proporcionarles, o al menos así lo creyeron ellos. En todo caso dejaron de buscar. De hecho, abandonaron la búsqueda antes de iniciarla siquiera". Por eso, supongo, para gente así, quizás, está el centeno, y el whysky Rye, y el guante repleto de poemas, para mantenerlo a uno aquí, a este lado del precipicio, mientras haya aliento, porque todo lo demás se te antoja locura... Así que en cierto modo, supongo, todos querríamos ser guardianes de la infancia y escapar a la paz del centeno, de hecho, buscar, y encontrar, nuestro propio centeno, que para unos sería esto, para otros aquello, y esto otro para otras tantos más; quién sabe, quizá hasta una playa desierta, o un fuego encendido en la oscuridad, o un tierno ojo verde que te acaricia cuando lo crudo y profundo de tus lágrimas... En toda mano está ese guante, pienso, sí, repleto de poemas, y canciones, y deseos secretos, y secretas pasiones, y también muchas angustias, y muchos, muchos más dolores, aunque sólo unos pocos, de cuando en cuando, como hizo Salinger, saben alzarlo a tiempo: "Entre otras cosas, verás que no eres la primera persona a quien la conducta humana ha confundido, asustado, y hasta asqueado. Te alegrará y te animará saber que no estás solo en ese sentido. Son muchos los hombres que han sufrido moral y espiritualmente del mismo modo que tú. Felizmente, algunos de ellos han dejado constancia de su sufrimiento. Y de ellos aprenderás si lo deseas. Del mismo modo que alguien aprenderá algún día de ti si sabes dejar una huella. Se trata de un hermoso intercambio que no tiene nada que ver con la educación. Es historia. Es poesía." © JIP ![]() 06/03/2005 22:25 Comentarios » Ir a formulario |
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