Una tarde, en la escuela, decidió echarle un rápido vistazo. Estaba solo en un pupitre, en el fondo del aula. El maestro andaba entre los chicos de la primera fila y todas las cabezas se inclinaban sobre los cuadernos. Rápidamente sacó la estrella y la miró. Parecía un ojo indiferente con una fría pupila verde que se enturbiaba y se estremecía como si estuviera en agua. - ¿Qué tienes ahí, Cameron? El chico cerró la mano. - Será mejor que me lo des. - No puedo, señor. - No tolero la desobediencia, Cameron. Dame eso. El chico vio encima de él la cara del maestro, la boca que se abría y cerraba bajo un bigote recortado. De repente supo qué hacer y se metió la estrella en la boca y la tragó. Mientras el calor tibio le bajaba al corazón, se sintió tranquilo y aliviado. La cara del maestro retrocedió. Maestro, aula, mundo, se alejaron como un cohete en una oscuridad cálida, cómoda, dejando un reguero de gloriosas estrellas, y una de las estrellas era él.
Alasdair Gray "La Estrella", en Historias Sobre Todo Inverosímiles
Los poetas no inventan los poemas El poema está en alguna parte ahí detrás Desde hace mucho mucho tiempo está ahí El poeta no hace sino descubrirlo