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LA CARRERA FINALYa resulta curioso, y tocapelotas, verdad, que todo este inventillo inmundo de la humanidad empezara, hace ya ni sé cuánto, ¡la tira!, como poco, porque a una mala bestia simiesca se le ocurrió abandonar el “tetrapedismo” por un instante, alzar los brazos, y echarse a andar; algo así como lo de Kubrick, y el hueso girante, y la nave espacial, pero sin tanta elipsis… Y ya puestos a caminar, por qué no correr, se dijo, el muy cabrito –además de mono-, y a esas se puso, al poco, y lo consiguió, a la vista está… ¡Con lo cansado que es!, que enseguida te faltan la sangre y el aliento, y se te pone el bazo loco a trabajar, y entonces te da flato, y te arden también los pulmones, como caldera, a punto de estallar, y te mueres, en suma, de asco y de cansancio… ![]() Y desde entonces los ha habido, y aún los hay, todavía hoy, que corren, que se las pelan, vamos, los muy cabritos –además de simios, o descendientes-, aunque por motivos de muy diversa índole. Algunos, los menos, por deporte, que se dice, por un trofeo o una medalla; en realidad, por una cantidad más o menos indecente de pasta, y más en realidad todavía, intrínseca, o sea, por no doblar el espinazo bajo el sol fulminador; no trabajar ni muertos, ya ven, los muy pencos. Otros, los más, porque llegan tarde aquí, o allá, o acullá, o incluso al lavabo, esa sí, importante, ¡y vital!, que ya se están yendo por la pernera abajo y está claro que, o corren, o de lo contrario la –y se- van a cagar. También los hay, y no pocos, joder, que lo hacen por soslayar ración de porra y calabozo, con tu bolso o tu cartera, o tu radiocasete bajo el brazo, como exhalación, verdaderos Carl Lewis de lo astroso y lo hijoputa, mientras los de uniforme y carajillo, por detrás, panzudos, despreocupados, se lo toman más bien con poco afán, lo de pillarlos, a ellos y tu cartera, o lo que narices fuese que te fanaron… En mi opinión, díganme vago si lo desean, o gandul, u holgazán, o cualesquiera otros sinónimos de puto perro que se les vengan, tal que así, ¡zas!, a la cabeza, no hay mejor forma de correr que aquella que acaba en "se", o mejor dicho, en "me", que las de ustedes, sus corridas, no es nada personal, más bien me la traen floja, o fláccida, ¡y entonces con qué cojones voy yo a poder correr(me) luego tranquilo y a gustito! A lo sumo, si ésta última y sofisticada variante de la jodienda, que es el correr, sin duda la más apetecible siempre, no está, por lo que sea, o por quien, maldita sea, no se lo deje hacer, disponible, un buen sucedáneo puede ser, cómo no, correrse una buena juerga, de las de antología, con prólogo y todo, total, de desfase, ultrapasada, hasta la madrugada, y más allá, hasta el final, que al fin y al cabo, allí acabaremos todos, en el final, el pozo, la oscuridad, y justo después de tanto correr, de tanta excitación y tanta prisa, ¡hija de perra la gracia!, algunos, soberbia putada, sin mojar… ![]() Pero aun así, el vivir, aunque no quieras, o cierres los ojos, o metas cobarde la cabeza bajo tierra, siempre ha de ser un constante tocarte los cojones, o los ovarios, según se orine, y no dejarte transcurrir en paz. Está visto. No importa lo que sientas, o lo que pienses, ni siquiera cuánto, y de que tamaño y calidad, puedas aportar, a este mundo cruel, y cabrón, y cazurro, de acabados homínidos corredores. Sólo una cosa a veces cuenta, y es cuánto, esta vez sí, de qué tamaño, es el fajo de billetes que puedes pagar, con el que empapelar, sobornar, a uno o algunos, o a varios, de esos cabrones que están arriba, lo suficiente, como para sacarte las castañas del fuego y no ponerte a carra de perro con la muerte… y no cualquier muerte, señores, así, en general, levemente desvaída su figura por aquello del "ya llegará", algún día, sino esa otra, la tan jodida, la inminente, aquí y ahora, a escasos metros y minutos, de ti, aguardando, la muy zorra… ![]() Céline lo dijo, en el viaje, a lo último, al ápice de la noche, que el hombre lo era; grande, y móvil, y voraz, y con un sueño dentro… Curiosamente, de todo eso, lo que menos importa siempre, qué curioso, es el sueño que llevas dentro, por el que luchar y dar la vida, sacrificarte en tanto criatura que no sabe, pero siente, y quiere, eso mismo, vivir, conforme a algo, con sentido y bueno, su sueño, el tuyo, lo que te da alas, a ti y solamente a ti, y a nadie más, pero no es posible. Nunca. Un verdadero asco siempre, la vida, antes o después… Porque eso, como ya les dije, a nadie importa, y menos a los de arriba, los que dicen y dicen, palabras y palabras, y con cada una, adheridas, como sarna, mil bobadas; esos mismos que se dejan untar, y se creen dioses, y juegan al ajedrez con las vidas y los sueños de todos los miserables que no pudimos pagar. A esos, ustedes y yo, y los demás, les importamos tres cojones, tres, incluso menos, porque sólo les va lo otro, se la pone tiesa, eso, lo que resta, de lo que dijo, o, mejor, escribió Céline, ya saben, en su viaje final; que seas grande, les importa a unos, es cierto, los del otro bando, los que te han de matar, que lo seas mucho, grande y torpe, un blanco fácil, para acabar rápido y simple, contigo y con tu sueño, y pasar así enseguida a por el siguiente pardillo; que seas móvil le interesa, en cambio, a los tuyos, o al menos así se hacen llamar, rápido de piernas y hábil de mente, esquivador, soslayador, un jodido tipo aliado, hermanado, encamado con la suerte, que no se deje cazar, y que avance, avance, un paso más, hasta lo último, sus rifles, y en el empeño les haga, a los otros, gastar y gastar, plomo, puntería, paciencia, y demás…; y finalmente voraz, eso les interesa a todos, los dos, que lo sean, pero sólo los suyos, o en su defecto, que al menos los suyos lo sean más, voraces, terribles, inmisericordes, que corran y corran, pequeños y veloces, sin dejarse dar, y luego lleguen y maten, sin vacilar, que destrocen y desangren, a esos capullos, malditos cabrones, los que nos quieren ganar este juego precioso que llamaremos, por ejemplo, así a bote pronto se me ocurre, "guerra", ¿qué les parece, caballeros?, y tal… ![]() Les parece bien, sin duda, asienten, están conformes, la aprueban y suscriben, la sangría, de todos los que aquí estamos, en lo bajo, preparados, en el cieno, en el puto barro, dispuestos a emprender la última carrera, que es también la principal. Puestos a correr, o mejor -seamos precisos, queridos amigos-, obligados a correr, hacia la muerte, el absurdo terminal, que sea por tu vida, por tu sueño, o en todo caso por el que corre, también jodido, y cagado, de miedo, a tu lado, y por nadie ni nada más… Acaso sólo eso te quede, el orgullo, inmenso y brutal, de sentirte Grande, verdaderamente, mientras corres, por lo que persigues; de hacerte Móvil, certeramente, mientras corres, por lo que acechas; de saberte Voraz, insaciable, mientras corres, por lo que anhelas, y por cómo lo haces, eso mismo, buscarlo y desearlo, tu Sueño, mientras avanzas cadáver entre la sangre estallada, todo y ser consciente de que juegas una partida amañada y podrida, que tu suerte está echada, por nacer sin dinero y sin buena estrella, o sea, estrellado, que de nada, por tanto, van a servir tus largas zancadas, ya que la tuya, tu bala, que lleva en su punta escrito tu nombre, grabado a fuego el color de tus ojos, siempre correrá más… Aún así lo harás, sí, correr, por ti, y por el compañero que justo, recién reventado, dejaste atrás, y por tu sueño, sí, hasta el final… …que es el comienzo de la Noche. © JIP ![]() 19/03/2005 22:21 Comentarios » Ir a formulario
A mí tampoco me gusta correr, ni siquiera andar. Me compraría una silla de ruedas si no me diera vergüenza ir en ella. Además correr para qué. Yo siempre voy con mucho tiempo a todos lados y despacito y la gente te pasa a todo meter por la derecha y por la izquierda, todos tienen prisa, no sé por qué.
Fecha: 21/03/2005 19:47.
Sí, la verdad, la gente corre mucho, demasiado, cada día más... y total para qué, si el destino siempre nos va a alcanzar...
Un saludo, Verginia, y bienvenid si es que decides quedarte. Fecha: 21/03/2005 23:04. |
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