Vida Puta y Sin TalentoTannHäuser. Año 5. Zurda Creación |
![]() |
|
LARGA CARTA A MP...Hola mi amor, Estoy aquí, en medio de la noche, escribiéndote, muy cansado, es cierto, pero con poco sueño, ya me conoces, con muy pocas ganas de probar lo frío y solo de las sábanas, y como todas las noches que no nos tenemos, que son casi todas, echándote tanto en falta… Hoy, si cabe, echándote más en falta que nunca, aunque nos hayamos visto tan sólo hace unas horas, si cabe, queriéndote más que nunca, quizá precisamente por eso, por haberte tenido conmigo de nuevo, y de nuevo, impotente, haberte dejado marchar. ¿Recuerdas cuando nos conocimos? Te dije, “la próxima vez que vengas, te secuestraré”. Era broma, claro, reíste tú y reí yo, y desde entonces te lo he dicho, y me lo he dicho, repetido, muchas veces, lo mismo, que te secuestraría, que estaba dispuesto a no permitir que volvieras a marcharte… y aún hoy todavía no he sido capaz de retenerte a mi lado… Aún hoy sigo siendo el hombre más triste del andén… Siempre pasa lo mismo, la máquina se pone en marcha lentamente, empieza a avanzar, y tú te vas, tu cara se aleja, tras la ventana, se hace pequeñita y borrosa, hasta desaparecer del todo, en la lejanía, y yo me quedo allí plantado sin ni siquiera fuerzas para preguntarme qué es lo que hago mal, en qué demonios fallo, para que al final, tras la felicidad, nuestra historia tenga el mismo final, acabe siempre en ese mismo punto, conmigo allí, en el andén desolado, vaciándose por momentos, más solitario y estepario que el lobo de Hesse. A partir de ahí comienzan la ansiedad y la melancolía, mientras camino cabizbajo de vuelta a casa, y comienzan también los recuerdos, vuelves tú y tu cara, y tu olor, y la risa de tus ojos, y tu voz, siempre cerca, pero irreal, claro, no salida de tu garganta, sino de mi mente, de ella emergida y sobre ella volcada, como un salvavidas, para mitigar, o al menos intentarlo, el estado de carencia en el que me sume tu no estar aquí. Entonces, antes o después, me lo acabo preguntando, “¿y ahora qué?", cómo afronto el resto del día, ¡qué digo del día!, ¡cómo demonios afronto la semana entera!, sin ti, sí, pero con tu pelo y tu piel, y de nuevo tu voz, siempre tu voz, acariciándome, pero nuevamente con trampas, irreales, un placebo, desde mi memoria y para mi memoria, para su supervivencia… Qué puedo hacer sin ti, en qué emplear mi tiempo después de ti, pero a la vez sin poder –ni querer- arrancarte de mí ni siquiera un segundo… No resulta fácil, digas lo que digas, al menos para mí no lo es, y prefiero no pensar demasiado en por qué para ti sí, en cambio, es algo tan llevadero. Es como intentar amanecer al día tras una noche de tormenta, que todo está gris y húmedo, irrecuperable para la luz, o empezar a construir tras un terremoto, una oleada, una avalancha, que no sabes por dónde empezar porque todo te parece igual de perdido, arruinado, por el barro, la lágrima, y la desesperación. Como querer ser fénix renacido de tus cenizas y comprobar, tras el primer par de batidas, que el material que escogiste para tus nuevas alas es, de nuevo, un asco, y que esta vez tampoco vas a poder evitar la caída, quién sabe esta vez hasta dónde, hasta qué insondable hondura u oscuridad… Así es parpadear muchas veces, en cierto modo, abrir los ojos, mirar, y ver que no estás ahí, fuera, conmigo, mirándome, sino dentro, mirándote yo, a lo que dejas de ti en mi cabeza, que es mucho, sin duda, que es todo, quizá, porque me la llenas, la cabeza, y el corazón, y el alma entera, pero también es poco, muy poco realmente, si lo comparo con la plenitud que es sentirte al lado, aun en el silencio, tan solo eso, que sí, en cambio, lo es, exacta y completa y definitivamente todo; la felicidad; tenerte junto a mí. ![]() Hoy intenté, lo primero, refugiarme en los libros, esa es y ha sido siempre mi primera opción, mi salida, pero no ha servido de mucho, últimamente no sirve, cada vez menos. Nada pueden ya los libros, contra ti, es decir, contra tu recuerdo, y es triste, la verdad, pero así es, al menos hoy y ahora. ¿Hasta cuándo? También pensé en llamar a alguien, ver a alguien, charlar, de todo y de nada tomando un café, simplemente, salirme de mí mismo y pasear los pensamientos, airearlos, alejarlos un tanto de ti, pero inmediatamente lo deseché, porque no tengo ganas de ver a nadie, me agota la sola idea de tener que comunicarme, entablar conversación. Todo y odiar la soledad, lo cierto es que, exceptuándote, prefiero estar solo, me siento mejor en la sombra y el silencio, más liviano, libre, más cercano y proclive al llanto, ahogado, entrecortado, fútil, que en verdad a eso y no otra cosa es a lo que me empuja este aire en el que muevo cuando no estás. ¿Puede uno querer de esta manera y al tiempo sentirse, y saberse, profundamente deprimido? Creo que sabes la respuesta, aunque no te gusta, quizá la niegas, porque no cabe en ti, y eso me gusta, es bueno, para ti y también para mí. Porque yo sí la sé, en cierto modo es mi respuesta, la que sí cabe en mí, se encuentra a sus anchas, y de hecho, en mí se va a quedar, lo quiera o no, durante bastante tiempo, mientras las cosas no cambien, o quizá precisamente por eso mismo, porque cambien, pero esta vez del todo… Lo he pensado muchas veces, antes incluso de conocerte, antes incluso de quererte de esta manera, que el amor y la tragedia se llevan descaradamente bien, se entienden a la perfección, y muchas veces se alían inmisericordes para hacerle a uno catar los límites de la miel y de la hiel. No parace haber más opción. Luego decidí probar con el cine. A él, como a casi todo, lo tengo bastante abandonado desde que mi vivir es, me doy cuenta, un vivir por ti y para ti, y las más de las veces, y de las noches, un vivir, y un respirar, y un llorar, tan sólo para tu recuerdo, lo que no deja de ser, a la vez, amargo y fascinante. Alquilé una película, “Olvídate de mí” y es, gracias a ella, o por culpa de ella, tómalo como quieras, que ahora estoy aquí, escribiéndote en lugar de dormir, recordándote en lugar de soñándote. Tú la viste hace meses y te gustó mucho, me la recomendaste varias veces, yo te dije “podríamos verla juntos”, y tú dijiste que no sabías, que era tan bonita, tan preciosa, que no sabías si querrías volverla a ver, por aquello de no agotarla, ni siquiera conmigo… Pues bien, ya no estamos a tiempo de eso, cariño, porque yo la vi ayer, y pienso que ni siquiera nos hace falta volver a verla juntos, ya que en cierto modo ya la hemos vivido, y la vivimos, desde que los destinos, el tuyo y el mío, se juntaron. Mientras la miraba, la asimilaba, entendía mucho y muchas cosas, y a cada instante me preguntaba si no me la habías recomendado tan insistentemente con segundas intenciones, para que hiciera eso mismo, entender… Tal vez no había sido así, tal vez me habías hablado de ella como me hablas de tantas otras cosas que te gustan, con esa ilusión y ese entusiasmo increíbles que tanto te admiro, sencillamente porque te había gustado tanto que querías que yo también la disfrutase. Eso es más propio de ti, sin duda, mientras que lo otro, lo de tender mensajes indirectos es más de mi palo, aunque eso ahora, pensándolo bien, es lo de menos. Lo cierto es que una playa nevada y desierta es un lugar ciertamente extraño, lo suficiente como para servir de inicio a una historia de dos que se encuentran, y se enamoran perdidamente, y después, con el roce del tiempo y de las almas humanas, que todo lo pudren y arrasan, se mandan a tomar por saco el uno al otro porque ya no se aguantan. Puede ser un lugar tan extraño e inhóspito, la playa desierta y nevada, o el río helado y nocturno, para empezar un amor, o acabarlo, como la propia vida que vivimos, que a insólita y cojonera nada la gana. ![]() Lo nuestro fue, mi amor, también muy insólito, y muy extraño, ya lo sabes, pero no tuvimos playa, tampoco río. Nosotros, si acaso, hemos tenido una montaña, también de noche, y también de invierno, de invierno cabrón y crudo como este que no sé si se ha ido todavía, y al fondo y abajo, la ciudad, y sus luces, empañadas por el vaho del cristal, aunque tampoco las miramos mucho, todo hay que decirlo, ocupados como estábamos los dos en encenderle primero, y apagarle después, el calor el uno a la piel del otro. Mi sensación, no obstante, realidad o ficción, montaña o playa, sigue siendo igual de mágica. Como mágico fue, o casi, que en ese mismo lugar, donde tanto nos amamos, estuviéramos a punto de decirnos adiós; nuestros caminos, entre las lágrimas, de ambos, separarse definitivamente. Quién sabe si eso ha de volver a suceder, si seguiremos juntos de aquí a un mes, o a un año, o a varios, si seguiremos queriéndonos así hasta que, sea cual sea, el fin llegue y todo lo rompa, o tal vez se enfríen nuestras pieles, se entibien definitivamente, y, con el tiempo, acabemos echando pestes el uno del otro, ácidos e irrecuperables para la pasión. Parece difícil ahora, ¿no crees?, incluso duro por mi parte sacarlo a relucir en este momento, que todo parece ir tan bien –o casi-, y algo así, tan terrible, se nos antoja lejano e improbable... Pero todo principio incluye, tarde o temprano, un final, va en el paquete, y dicen que el amor se acaba, que no es para siempre, dicen incluso que dura tan poco como cuatro años… Recuerdo que me soltaste un discurso así al conocernos. ¿Qué pretendías? ¿Asustarme? ¿Probarme?... Con el tiempo comprobarías, bastante a tu pesar, que a cínico ni me ganas tú, desde luego, ni me ganan muchos más, pero no me rendí entonces, como tampoco quiero hacerlo ahora, y no sólo porque ahora mismo te sienta el amor de mi vida, sino también porque, por muy escéptico y desengañado que pueda llegar a ser, para mí, como para el Carrey de la película, todo este principio vale la pena, sea cual haya de ser su final. Yo jamás cometería el error, la estupidez bárbara, de borrarte de mi memoria, jamás me arrepentiría de uno solo de los segundos de mi vida compartidos contigo, aun cuando las cosas entre nosotros terminasen, aun cuando ya el uno por el otro no sintiese otra cosa que desdén, o desprecio, o quién sabe sino, tal vez, incluso odio. Pienso que de querer, tampoco podría hacerlo, ni podrían hacerlo, otros cualesquiera, borrarte así, de un plumazo, de mi mente y de mi corazón. Sólo yo soy dueño de lo que fueron nuestra primeras veces; por primera vez verte, verte a ti, entera, con lo menudita que eres, y verte sonreír, o hacer muecas, o poner cara de duda, o simplemente llorar cuando pensábamos que tras aquellas lágrimas nos diríamos adiós; también por primera vez escucharte, hablar, susurrar, gemir, decirme “te quiero”, y acto seguido, tras las palabras, llorar yo, como un niño, feliz y divino, porque al fin escuchaba algo que había soñado caer de tus labios tantas y tantas noches de insomnio; por primera vez tomar tu mano, o mesar tu pelo, acariciarte el vientre blanco, estrecharte entera, cuan pequeña y frágil eres, entre mis brazos, y sentir que nada me podía llenar tanto como vaciarme en ti, y que tú hicieras y sintieras lo mismo. ![]() Sólo yo mando sobre lo que ha sido sentirte desnuda y dormida junto a mí, y yo despierto, contemplando tu sueño, tus ojos cerrados, y los dos, abrazadísimos, combatiendo los segundos que nos acercaban, de nuevo, y como siempre, a tu sangrante marcha. Lo que ha sido hacerte el amor, recorrer tu completa y pequeña geografía con mis labios y la humedad de mi lengua, sentir tu caricia y tu estremecimiento, notar el vibrar de tus muslos y ver en tus ojos caídos, como borrachos, totalmente ebrios, el éxtasis de nuestros cuerpos. Lo que ha sido acercarme a tu oído y decirte te quiero, te amo, te necesito... Sólo yo sé, también, lo mucho que me ha costado llegar hasta aquí, que fue también un llegar hasta ti, hacia un tú desnudo y total, al fin librado de dudas y miedos, sincero después de tanta lucha; lo mucho que me ha dolido estar ahí, tirando del carro cuando todo estaba por construir, y tú no estabas más que en la distancia, y tenía que tirar y tirar, de amor terrible y homicida valentía, para mantenerme a tu lado cuando tú todavía no tenías las cosas tan claras; lo mucho que he sufrido, y todavía sufro, por quererte así, y por todo lo que nos separa, tanto, que estuve dispuesto a todo por ti, incluso a perderte, y todavía lo estoy, a todo por ti, incluso a la nada, si es necesario, y tú lo sabes, mi vida… Yo te dije una vez, cuando todo estaba naciendo, y era fantástico y maravilloso, y ni una sombra de dolor había en nuestro horizonte, que no me olvidaras… Ese mismo “No me olvides nunca” me lo devolviste tú no hace mucho, cuando nos fuimos al extremo, en nuestra montaña, y todo fue dolor y sombra, y, por supuesto, lágrima. Aún hoy, seguimos juntos, pero siguen también, tu marcha y la distancia, y yo, me estoy dando cuenta, te quiero más cada día, y más, todavía más, cada noche, como esta, solitaria, en la que la única forma de tenerte es escribirte y recordarte, incluso imaginarte allá, en lo lejos, dormida, pequeña, risueña, tranquila, ¿soñándome?... Yo no te voy a poder olvidar jamás, no podría aunque quisiera, porque te voy a querer toda mi vida. No es fácil querer así, lo sé, lo sabemos, e imposible borrar todas las huellas que un amor así te deja. Nada ni nadie conseguirá arrebatarme ninguno de los momentos maravillosos que me ha traído conocerte, enamorarme de ti como lo he hecho, sentir cómo tu capacidad de ilusión y de felicidad por las cosas más pequeñas rellena de luz los vacíos de mi melancolía… Por esa misma razón nada ni nadie podrá tampoco mitigar el dolor que llegará si algún día he de enfrentarme al vivir sin ti, tan solo, y solamente, con tu recuerdo… Pero soy valiente, lo sabes, probablemente más que tú, quizá rayano en lo suicida, y nunca me voy a conformar más que con el todo, y si no, será la nada... la vida es demasiado corta y valiosa como para gastarla en medias tintas, ¿no te parece?... Bueno, es tarde, y ahora sí estoy realmente cansado, y vacío... así que me marcho a dormir, tal vez soñarte, y soñarnos, juntos, por una vez... Buenas noches cariño, locamente te quiere, © JIP ![]() 03/04/2005 00:19 Comentarios » Ir a formulario
Esta carta es uno de los mejores textos que he leído en mucho tiempo. Decir que es maravillosa es decir una simpleza, pero no se me ocurren más palabras. Supongo que también influye en mi apreciación que los sentimientos que en ella expresas no me son ajenos.
Gracias por compartirla con nosotros, tus lectores. Un abrazo Fecha: 03/04/2005 21:46.
Gracias, Carlos, por tus palabras, y en cierto modo, también, y sobre todo, por querer dejarlas aquí...
un saludo. Fecha: 04/04/2005 23:38.
Realmente queria decir muchas cosas sobre tu carta, pero ¿para qué? resultarían bobas junto a la riqueza de tu texto.
Es extraordinario querido amigo. Felicidades. Un abrazo. Fecha: 05/04/2005 16:44.
De todas formas muy agradacedido, Magda, por tus palabras.
un abrazo para ti también. Fecha: 05/04/2005 17:44.
a mí también me encantó la película y creo que cuando se ama de verdad, se vuelve a empezar, una y mil veces, no hace falta olvidar, solo querer, tener la voluntad de dejar atrás las cosas negativas...
y ese es el amor que se desprende en esta carta, preciosa.. un beso Fecha: 08/04/2005 06:19.
Gracias, Teresa, también creo, como tú, que conseguir amar de verdad te permite dejar atrás todo lo negativo, los fracasos, amores incluidos, que viviste, aunque a veces me pregunto si esto del amor, y del querer, tiene sus límites, si no puedo uno con el tiempo, y los amores acabados, terminar quemado por completo, perdido y desengañado para los asuntos del corazón...
un saludo. Fecha: 09/04/2005 08:32.
"Yo no te voy a poder olvidar jamás, no podría aunque quisiera, porque te voy a querer toda mi vida"
estas son ahora mis palabras, te las robo y me las apuntalo en mi alma. Fecha: 29/03/2006 14:27.
Más deseperada que la canción de Neruda. Pretendo ser editora, así que cuando cree mi editorial, va a ser usted uno de mis escritores publicados, que no se le olvide!
Fecha: 26/07/2007 17:29. |
Temas
Archivos
EnlacesMalditos y Heterodoxos
En la Trinchera, Calada la Bayoneta
Tierra de NadieHeridas de Letras
Cine y Metralla
ResistenciaInsomniaReus, Ciudad MuertaRequiescat in Pace
EstadísticasBlogosferaRevistas en Acción
|