ANIQUILACIÓN: Todas las deudas saldadas, los contadores a cero, se apagan las luces, cae el telón. Te desvaneces violenta, terebrantemente, como burbuja que estalla acogiendo la nada, como carne que encaja sorda un balazo. Reintegrado en la negrura, un nuevo aliento toma posesión de tu antigua butaca; la maquinaria y el abrazo del absurdo nuevamente emprendiendo la marcha.
En modo
autoservicio, abandonar la sala a mitad de función, de un sajazo –en la vena-, de un arroje –al vacío-, de un tiro –en la sien, definitivo-, inundándola entera de
ohes, de
ayes, de gritos; finiquitar en el medio el
entremés de tu vida.
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