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Vine, vi, y me fui (echando hostias)Ayer hice la que probablemente ha sido -y será- mi visita más corta al Saló del Comic de Barcelona, y no porque el evento me defraudase, no porque no estuviese bien, o al menos no al nivel de otros años en los que me quedé más tiempo y con más interés, al contrario, sino porque soy yo, pienso, quien ha cambiado bastante, no sé si para empeorar. Llevo diez años seguidos, ayer lo contaba, asistiendo sin falta a esta cita comiquera y tebeística, y, se mire por donde se mire, diez años no dejan de ser mucho tiempo. Muchas cosas de entonces quedan hoy demasiado lejos; la ilusión de las primeras veces, cuando nos pasábamos allí el día, desde la mañana hasta la tarde bien entrada, y en el tren de vuelta, como un niño la mañana del seis de enero, no parábamos de hojear -y ojear- nuestras compras; el deseo jamás realizado de ser el último año que asistíamos como público normal porque para el año siguiente ya habríamos publicado nuestro fanzine y entonces podríamos ir acreditados y tener nuestro propio stand; la fiebre de ir de parada en parada buscando desesperados los escasos y raros números que nos faltaban para completar nuestras series; o incluso, por qué negarlo, el íntimo sueño de llegar algún día a poder dedicarnos profesionalmente al mundo del comic, dibujar historietas o escribirlas, y ser los protagonistas del evento al fin, pero del otro lado de los stands, desde dentro, siendo el fin último de las bestiales colas de firmas y dedicatorias en lugar de ser sus sufridos miembros. Pero no, todo eso fue poco a poco quedando atrás, ya no sueño con ser dibujante de comics -a lo sumo, como supondréis, su escribiente-, ni se me ocurre la idea de perder mi tiempo y mi dinero en la confección de un fanzine que nunca salía del estado de feto pajillero-intelectual, y la verdad, hasta me da bastante igual el acabar o no mis series incompletas. Porque el Saló siempre ha sido una cita para dibujantes y editores de tebeos, también, por supuesto, para libreros, y cómo no, aunque en menor medida, para jovenzuelos aspirantes a dibujantes, sus enormes carpetas de bocetos, y para fanzinerosos de toda ralea, y yo hace tiempo que no aspiro -¡ay!- a ser nada de eso. ![]() Todo lo demás, el público, o sea, no termina por ser al fin y al cabo más que la guarnición de todo el invento, compradores compulsivos de tebeos -que no lectores, que eso es otra cosa-, portadores de estrambóticos disfraces, y obsesos de la caza de la firma/dibujo dedicatoria de éste o aquél autor; el Saló se hace desde la industria del comic y para la industria del comic mientras el público pone el dinero y el espectáculo. Lo de leer comics, gozarlos, vivirlos, como decía, es muy otra cosa, y no tiene nada que ver con comprar comics y buscar una dedicatoria, sino que forma parte del placer por las buenas historias, las más de las veces disfrutadas desde el silencio y la tranquilidad de tu casa. También podría hablaros de otras cosas, de que cada vez más los buenos tebeos, y los valientes, están en las editoriales pequeñas -a veces mínimas- y que las grandes sólo editan basura o tiran de clásicos, que a las exposiciones y mesas redondas, como de costumbre, no se acerca ni dios, o que los precios, en todos los sentidos -tebeos, entrada, comida-, está tan sumamente caros que creo que el año que viene lo van a tener difícil allí para verme el poco pelo que me queda, pero no quiero extenderme mucho más. En realidad, a pesar de que es cierto que he cambiado y ya el interés no es el mismo, tampoco mi momento era el idóneo, y además este año había mucha pero que mucha gente, más de la habitual, y a mí me desquician las aglomeraciones de masa social, así que optamos, Luis y yo, por marcharnos de allí pronto, después de una ojeada somera, alguna que otra compra, y una muy grata sorpresa, que ya de por sí, pienso, justifica la visita al Saló de este año: allí pudimos intercambiar algunas impresiones con el magnífico dibujante, Luis García, autor, conjuntamente con el guionista Víctor Mora, de una de las obras maestras del comic español, Las Crónicas del Sin Nombre, y no contentos con eso, tuvimos el honor de ser inmortalizados por sus lápices en un retrato que reproduzco a continuación. ![]() Para haber tardado apenas tres minutos en hacerlo yo creo que le quedó bastante bien, que me parezco vamos, y el de mi amigo Luis no le fue a a la zaga. Después de esto estuvimos un buen rato mirando nuestros retratos-dedicatoria y comentando la jugada. Seguro que nuestros rostros, hombres ya talluditos acercándonos a la treintena, no eran en nada distintos de los de los jovenzuelos ilusionados que circulaban por doquier con sus comics, dibujos y dedicatorias, y seguro que menos todavía diferentes de los jovenzuelos ilusionados que nosotros mismos fuimos diez años atrás, cuando abríamos nuestros ojos por vez primera al espectáculo del Saló... Y es que siempre lo digo, que no hay nada como dejarse uno arrastrar por sus contradicciones... A ver si consigo reducirlo lo suficiente sin que pierda calidad y me lo pongo en lugar de la foto esa que tengo ahí colgada desde hace ya demasiado... 12/06/2005 10:07 Comentarios » Ir a formulario
esta muy bien, te reconozco.. me alegra tanto que sigas con la blog..besitos
Fecha: 16/06/2005 20:29. |
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