Puedo recordar la mañana en la que te desafié y tú dijiste de acuerdo. El cielo y las miradas estaban de tu lado, también las estadísticas. Del mío sólo estaba la sangre...
Mi sangre. Hirviendo con rojo de lava, un odio tremendo de tremenda encrucijada ansiando la muerte de tu bocaza cerrada por mi rabia. ¡Oh, Dios! tu boca muerta y tremenda al fin desencajada...
Alas de carroñero alzaron el vuelo en algún lugar llevando mi nombre en su punta de alas, mi color de retina grabado en sus picos, el hedor de mi muerte calando sus huesos. Los tuyos, los de tu calaña, en torno y mientras tanto, tremendas carroñas, reían mi acechanza, descreían de mi rabia, contaban en alto los pasos que iba a medir mi tumba...
Dije adiós a todo lo creado, me despedí de una vida que ya no me pertenecía, pues era tuya, del hambre de tu garra y del temblor de mi brazo, aunque del aguijón de mi alma nadie contó nada. Fui cadáver en tus manos días enteros, el tiempo corría para ti; a mí se me acababa...
Llegó el momento y llegó el alba, mis últimos, y yo no dejé al miedo hacerse poderoso, y tú no dejaste al miedo mentarte una palabra, y fui por ti y tú aguardaste, y del choque del acero, retumbando, la noche del mundo quedó huérfana de algunas manchas...
Recuerdo mi filo en tu pecho, tu cuerpo en el suelo, mi grito en el cielo. Tu sangre morada, perdiendo el rubor de la vida por segundos. Mi aliento en lo alto, imparable e inasible, haciendo de los pulmones una terrorífica locomotora asesina de aires. La duda en sus ojos, locos de atonía, viendo caer los buitres sobre tus futuros restos, pues ni lápida había de guardar tu infausta memoria, ni sepultura esconder la final mueca de tu tremenda bocaza...
Puedo recordar la hora entera, sesenta minutos, justo después de haberte matado. Cómo el tigre se amansaba en mis entrañas y la niebla ceñía con grises mis fuegos precediendo al vacío. Ese no estar más del odio alimentando mi rabia. Ese faltar de tu boca, tu lengua, tu cara, una y otra vez destrozados y ensangrentados bajo mi maza...
¿Hasta cuándo, me pregunto, viejo amigo, ahora que te fuiste, que te heché como sarna de la piel de mi alma, durará en mi memoria que no hay más poderosa y terrible furia que la sed de venganza?
Autor: katakrek
Aunque no te lo creas me ha gustado mucho, aun pensando que solo tú puedes encontrarle todo el sentido. Espero que rompas definitivamente con todo aquello que te nubla la vista, que no te deja pensar con claridad, si acaso con la cordura de un desterrado.
Fecha: 29/09/2005 16:48.
Autor: Alice
No había leído esto, que coincidencia lo de los animales carroñeros. increible. Y el desafío... Bueno, está todo.
Deben ser ideas que vagan por el aire como polen.
Fecha: 29/09/2005 22:26.
Autor: alentadora
Dije adiós a todo lo creado, me despedí de una vida que ya no me pertenecía, pues era tuya, del hambre de tu garra y del temblor de mi brazo, aunque del aguijón de mi alma nadie contó nada. Fui cadáver en tus manos días enteros, el tiempo corría para ti; a mí se me acababa...
Para entender la poesía intima de un autor hay que saber algo de su contexto... voy a indagar un poco en el volcán de emociones de tu blog, a ver si mi mente le ofrece sentido a tus metáforas.
Fecha: 26/10/2005 10:32.