Resulta difícil llorar. Es lluvia lo que me resbala por las mejillas, las lágrimas son demasiado caras. Sepultado bajo un gris que se abigarra por momentos el cielo descarga la tempestad con furia sobre el camposanto. Y tú estás muerto. Ya ves compañero, los elementos honran con su presencia tu entierro y tu amigo del alma, en cambio, no es capaz de soltar una maldita lágrima. Así de puta es la vida. Irónicamente, este ejército de mármoles ensabanados, tus próximos y eternos compañeros, no cesa de derramar lágrimas, como si los muertos: liberados como se saben de esta amarga lucha que es vivir y respirar, hubiesen dado rienda suelta a todo el dolor que no pudieron desahogar cuando tocaba, liberados como se saben ya de la esclavitud del aliento. Lloran despacio los nombres y apellidos, seguros de su anonimato, pues perecedera es la memoria que los guarda. Lloran también los epitafios, ha tiempo perdida la emoción de su mensaje y el lustre de sus letras. Bajo cada lápida mínimos riachuelos de dolor largamente contenido corren con parsimonia hollando a su paso la tierra y el tiempo que fueron su causa. Allá, a lo lejos, está tu recuerdo recién convertido en hierática piedra. Tú también te lloras. Mientras, alrededor de tu mortaja, el falso teatrillo del duelo ansía acabar cuanto antes la función de esta noche, así se abismarán más rápido las imágenes de tu carne corrupta y tus huesos polvorientos; podrán continuar cuanto antes su anestesiada existencia. No te creas sus lágrimas, no son verdaderas, porque no es a ti a quien lloran, sólo lamentan una contumaz impotencia. Porque tú, querido amigo, ya no formas parte de sus vidas. Tú ya estás muerto. Sí, resulta difícil llorar, tú lo sabías bien. Siento estallar un vacío completo de dolor y aun así no consigo llorarte. De algún modo esperaba algo así de ti. Tu mirada lo dibujó claramente ahora hace un año cuando nos despedimos, pero no quise ver. No has dejado ni una nota, ni un porqué, sólo tus sesos, de rojo teñidos, esparcidos por el suelo... Siempre me jodió tu cabrón sentido de lo melodramático. Cuando ayer tu madre me pidió un porqué entre llanto y llanto no supe qué contestar. “Tú lo conocías bien”, me dijo. Tenía la cara roja e hinchada, se agarraba el vientre furiosamente, como añorando esa carne de su carne traída al mundo con tanto amor y sufrimiento, que ahora permanecía yerta, cerúlea, en el fondo de una caja completamente cerrada porque ni siquiera dejaste a los tuyos un rostro de muerte que velar. Esa instantánea quedará grabada para siempre en mi cabeza... “No lo sé... lo siento. No sé por qué lo hizo...” Mentí, ya lo sabes. “Es duro vivir con miedo, ¿verdad?” Míralos bien, compañero. Apuesto a que jamás pensaste que tu muerte convocaría a semejante tumulto. Mira a tu madre, obsérvala bien, de nuevo buscándote en su barriga. Puede que ella sea la única que verdaderamente quisiese venir aquí hoy… ¿Yo?... Bueno, no sé qué decirte, algunos de ellos responden ya tu pregunta: me dirigen miradas de desprecio y torvo desdén; seguramente piensan, “menudo amigo, ni tan siquiera tiene la consideración de acercarse a su sepultura… con quedarse allá lejos y mirar tiene bastante…” Me importa bastante poco lo que piensen, a ellos les gustaría estar aquí, junto a mí, y no allí, a tu lado: les repugna pensar que tu hedor y tu sangre coagulada no están lo suficientemente lejos. Tanto da lo cercano que me encuentre a la tierra que te cubre, ¿no crees?, porque en esa caja ya no queda más que carne corrupta.
Tú sabes que a nadie tu muerte le duele más. Ni siquiera a tu madre... Porque ella se mantendrá en el medio de tu muerte igual que vive en el medio de la vida, ella no ha de escarbar en tu dolor como sí en cambio voy a hacerlo yo, quién sabe si no durante el resto de mi tiempo. Crecimos juntos y juntos aprendimos lo que era la vida, o lo que parecía, es una lección jamás aprendida del todo. Te vi crecer y te vi llorar, contemplé impotente cómo te alejabas de la realidad, cómo te encerrabas en un mundo interior y subterráneo sin posible escapatoria; el temor al vacío y al sinsentido adueñándose de ti. Siempre fuiste de una sensibilidad extrema, del todo incompatible con este mundo. Fue tu elección y la respeté; jamás la comprendí. Ahora me arrepiento de no haber intervenido, haberlo intentado al menos. Quizás algo, no sé qué, hubiese estado en mis manos... Sí, lo sé, iluso, iluso, iluso… intento engañarme pero es inútil: soy demasiado consciente de todo... Sí, es duro vivir con miedo... Sin embargo es ahora cuando empiezo a saber algo de tus motivos. El dolor me ha hecho despertar. Acaso la vida no sea más que eso, dolor y tiempo; dolor y sufrimiento en variedades infinitas y tiempo para disfrutarlo. ¿Quién sabe?, a lo mejor has encontrado el camino correcto, porque muerto como estás me doy cuenta de toda la libertad y todas las lágrimas que has ganado. Algo de lo que yo careceré mientras el corazón no se me astille al fin, diga basta o explote. ¿Sabes?, esta noche he tenido un sueño extraño, muy turbador. Deja que te lo cuente ya que fuiste el protagonista. Llovía, como ahora, y los dos nos encontrábamos en azotea inmensa. Había allí unas chimeneas largas vomitando humaredas blancas. Estabas sentado frente a mí, te llamabas Batty, ytu pelo cabalgaba entre el oro y el blanco, como un haz de aria luz bastarda. Ni el frío ni el agua te inmutaban, tampoco el dolor, ¡y sufrías! Tus pupilas inyectadas en un índigo brutal y al borde del ocaso me amenazaban... Yo, en cambio, débil y cansado, postrado frente a ti, contemplándote entero vencido por el estupor, me sabía derrotado y mi nombre era Deckard. No me preguntes a qué viene todo esto que te cuento, no pretendas darle sentido al absurdo precisamente ahora, cuando ya es tarde para todo. La mente es tan compleja y nosotros tan ciegos que no podemos aspirar a saber de sus raíces... Recuerdo muy vivas tus palabras en aquellos momentos: "Yo He visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión- He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de TannHäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia... Es hora de morir...".
Sí, moriste. Cerrados los ojos, bajaste la cabeza y moriste. Y de tu regazo alzó el vuelo una paloma de luz pura hacia la libertad, dejando atrás el crepúsculo. Tu piel inerte siguió bañándola el agua de lluvia, que continuó cayendo cadenciosa después de tu marcha, como si todavía fueras... Me gustaría que encerrase alguna suerte de significado, algo que me valga para los años por llegar... Aunque no sea así seguirá pareciéndome hermoso...
Todos se marchan ya, fíjate. Ya acabaste para la mayoría. A tu madre ya viste cómo se la llevaron...
Yo voy a quedarme todavía un rato más aquí sentado si no te importa, escuchando la lluvia unos minutos. Después me iré, te quedarás a solas con tu muerte y con la inmensidad, detrás del escenario y las tramoyas, terminado el último acto, con la húmeda tierra y el perfume del gusano como ubicuo telón y mortaja... Te dejo ya, me marcho a seguir soñando, esta vez y para siempre, con la muerte...
* * * * *
Han transcurrido demasiados años desde aquél día. Sigo vivo y a veces llueve. Pero todo ha cambiado. Yo soy viejo, la lluvia es vieja, e incluso la vida misma se ha arrugado un poco. Pero hay cosas que todavía vuelven. Cada noche sueño que la muerte viene por mí y una y otra vez la temo. La sigo temiendo. No sé por qué cuando en realidad la deseo tanto... Es extraño.
También de vez en cuando retengo en la memoria el recuerdo de aquél compañero que perdí: “No sé por qué se quitó la vida. Quizás en aquellos momentos amaba la vida más de lo que la había amado nunca. No sólo su vida, la vida de todos: mi vida. Todo lo que él quería eran las mismas respuestas que todos buscamos. ¿De dónde vengo?, ¿adónde voy?, ¿cuánto tiempo me queda?... Todo lo que yo pude hacer fue quedarme allí sentado y contemplar su muerte". Ojalá estuvieses todavía con nosotros, amigo mío. Ahora sé mejor que nunca qué difícil es vivir con miedo...
Conicí a alguien que se suicidó. Siempre me he preguntado si tan grave era su malestar terrenal como para quitarse lo único que realmente le pertenecía, la capacidad de sentir durante el tiempo que se tiene concedido. Todos hemos tenido frustaciones, a veces realmente dolorosas, aunque el dolor sea una emoción unida a la capacidad de aceptación de las circunstancias (a mi parecer en la mayoría de los casos), incluso se puede disfrutar del dolor como emoción, no es más que una forma de sentir nuestro cuerpo, ya sea físico o espiritual, el dolor nos hace sentir humanos, quizás haya a quién les de miedo sentirse humanos. Mi madre me dijo al respecto: creoq ue solo se suicidan dos tipos de personas, o lo que no entienden el mundo, o lo que lo entienden demasiado bien.
Todos vamos a terminar siendo materia inerte, lo importante qué es sino disfrutar al máximo la estancia que tengamos aqui siendo conscientes de nosotros mismos...
Javier, disculpa que vaya con tanta prisa, pero por culpa de un bulo publicado por la cadena Tebeos en el "Tebeo Tvo", las autoridades de la blogósfera intentan capturarme. Por favor, ayúdame a escapar. Rafv
Estimado blogociudadano. Las autoridades nos han informado de las huellas que Rafv ha dejado en su blog hace un instante. La cadena Tebeos, colaborando con las autoridades, le pide que nos facilite cualquier pista que nos ayude a capturarlo, con el fin de mantener el orden de la blogósfera en paz. Así mismo, la cadena Tebeos, comprometida con el bienestar social, le pide su colaboración para subsanar las incomodidades que esta cacería pueda causar. Si usted sabe de alguien que se vea emocionalmente afectado por los desplazamientos de Rafv, háganoslo saber. El canal dará una valiosa recompensa: un link tanto para el notificante como para la víctima, en su sección "mando a distancia" Que tenga muy buenas tardes y gracias por su colaboración.
Me matan seres informes todos los días, una y otra vez me levanto para volver a caer, llegará el día en que un falso y mortífero saludo me deje eternamente postrada, no será tuyo, tu vendrías de frente, habría una gloriosa batalla en un campo abierto, sería una honrosa muerte. No me preocupa la muerte que tu puedas darme, que puedes, sino la de esos otros, seres informes.
Maite, por desgracia "mi amigo" está muerto y remuerto, es el único que no es ficción en todo esto.
Ahora hace nueve años decidió que los 18 era una buena edad para saltarse la tapa de los sesos, y yo escribí esto. No es muy bueno pero era de lo mejorcito que yo era capaz en aquel tiempo.
Supongo que si lo he sacado ahora y aquí del baúl de los malos recuerdos es sencillamente porque cada día lo entiendo más, porque toda la rabia y la impotencia que siento últimamente me han hecho acercarme un poquito más cada día a su "locura"...
¿Anónimo?... ummm... si quieres nos pegamos de hostias aquí mismo pero eso sí, a cara descubierta, no se me ocurre nada peor que no poder contemplar los ojos de quien te mata...