Vida Puta y Sin TalentoTannHäuser. Año 5. Terrorismo bloguero, escritura subnormal |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2005. 01/04/2005uno, abril, cero-cincoNo servir más que para el amor y la palabra, y aun con ninguno de ellos, ni con el pálpito desaforado, ni con la voz desgarrada, invitar sino al marasmo... © JIP 03/04/2005LARGA CARTA A MP...Hola mi amor, Estoy aquí, en medio de la noche, escribiéndote, muy cansado, es cierto, pero con poco sueño, ya me conoces, con muy pocas ganas de probar lo frío y solo de las sábanas, y como todas las noches que no nos tenemos, que son casi todas, echándote tanto en falta… Hoy, si cabe, echándote más en falta que nunca, aunque nos hayamos visto tan sólo hace unas horas, si cabe, queriéndote más que nunca, quizá precisamente por eso, por haberte tenido conmigo de nuevo, y de nuevo, impotente, haberte dejado marchar. ¿Recuerdas cuando nos conocimos? Te dije, “la próxima vez que vengas, te secuestraré”. Era broma, claro, reíste tú y reí yo, y desde entonces te lo he dicho, y me lo he dicho, repetido, muchas veces, lo mismo, que te secuestraría, que estaba dispuesto a no permitir que volvieras a marcharte… y aún hoy todavía no he sido capaz de retenerte a mi lado… Aún hoy sigo siendo el hombre más triste del andén… Siempre pasa lo mismo, la máquina se pone en marcha lentamente, empieza a avanzar, y tú te vas, tu cara se aleja, tras la ventana, se hace pequeñita y borrosa, hasta desaparecer del todo, en la lejanía, y yo me quedo allí plantado sin ni siquiera fuerzas para preguntarme qué es lo que hago mal, en qué demonios fallo, para que al final, tras la felicidad, nuestra historia tenga el mismo final, acabe siempre en ese mismo punto, conmigo allí, en el andén desolado, vaciándose por momentos, más solitario y estepario que el lobo de Hesse. A partir de ahí comienzan la ansiedad y la melancolía, mientras camino cabizbajo de vuelta a casa, y comienzan también los recuerdos, vuelves tú y tu cara, y tu olor, y la risa de tus ojos, y tu voz, siempre cerca, pero irreal, claro, no salida de tu garganta, sino de mi mente, de ella emergida y sobre ella volcada, como un salvavidas, para mitigar, o al menos intentarlo, el estado de carencia en el que me sume tu no estar aquí. Entonces, antes o después, me lo acabo preguntando, “¿y ahora qué?", cómo afronto el resto del día, ¡qué digo del día!, ¡cómo demonios afronto la semana entera!, sin ti, sí, pero con tu pelo y tu piel, y de nuevo tu voz, siempre tu voz, acariciándome, pero nuevamente con trampas, irreales, un placebo, desde mi memoria y para mi memoria, para su supervivencia… Qué puedo hacer sin ti, en qué emplear mi tiempo después de ti, pero a la vez sin poder –ni querer- arrancarte de mí ni siquiera un segundo… No resulta fácil, digas lo que digas, al menos para mí no lo es, y prefiero no pensar demasiado en por qué para ti sí, en cambio, es algo tan llevadero. Es como intentar amanecer al día tras una noche de tormenta, que todo está gris y húmedo, irrecuperable para la luz, o empezar a construir tras un terremoto, una oleada, una avalancha, que no sabes por dónde empezar porque todo te parece igual de perdido, arruinado, por el barro, la lágrima, y la desesperación. Como querer ser fénix renacido de tus cenizas y comprobar, tras el primer par de batidas, que el material que escogiste para tus nuevas alas es, de nuevo, un asco, y que esta vez tampoco vas a poder evitar la caída, quién sabe esta vez hasta dónde, hasta qué insondable hondura u oscuridad… Así es parpadear muchas veces, en cierto modo, abrir los ojos, mirar, y ver que no estás ahí, fuera, conmigo, mirándome, sino dentro, mirándote yo, a lo que dejas de ti en mi cabeza, que es mucho, sin duda, que es todo, quizá, porque me la llenas, la cabeza, y el corazón, y el alma entera, pero también es poco, muy poco realmente, si lo comparo con la plenitud que es sentirte al lado, aun en el silencio, tan solo eso, que sí, en cambio, lo es, exacta y completa y definitivamente todo; la felicidad; tenerte junto a mí. ![]() Hoy intenté, lo primero, refugiarme en los libros, esa es y ha sido siempre mi primera opción, mi salida, pero no ha servido de mucho, últimamente no sirve, cada vez menos. Nada pueden ya los libros, contra ti, es decir, contra tu recuerdo, y es triste, la verdad, pero así es, al menos hoy y ahora. ¿Hasta cuándo? También pensé en llamar a alguien, ver a alguien, charlar, de todo y de nada tomando un café, simplemente, salirme de mí mismo y pasear los pensamientos, airearlos, alejarlos un tanto de ti, pero inmediatamente lo deseché, porque no tengo ganas de ver a nadie, me agota la sola idea de tener que comunicarme, entablar conversación. Todo y odiar la soledad, lo cierto es que, exceptuándote, prefiero estar solo, me siento mejor en la sombra y el silencio, más liviano, libre, más cercano y proclive al llanto, ahogado, entrecortado, fútil, que en verdad a eso y no otra cosa es a lo que me empuja este aire en el que muevo cuando no estás. ¿Puede uno querer de esta manera y al tiempo sentirse, y saberse, profundamente deprimido? Creo que sabes la respuesta, aunque no te gusta, quizá la niegas, porque no cabe en ti, y eso me gusta, es bueno, para ti y también para mí. Porque yo sí la sé, en cierto modo es mi respuesta, la que sí cabe en mí, se encuentra a sus anchas, y de hecho, en mí se va a quedar, lo quiera o no, durante bastante tiempo, mientras las cosas no cambien, o quizá precisamente por eso mismo, porque cambien, pero esta vez del todo… Lo he pensado muchas veces, antes incluso de conocerte, antes incluso de quererte de esta manera, que el amor y la tragedia se llevan descaradamente bien, se entienden a la perfección, y muchas veces se alían inmisericordes para hacerle a uno catar los límites de la miel y de la hiel. No parace haber más opción. Luego decidí probar con el cine. A él, como a casi todo, lo tengo bastante abandonado desde que mi vivir es, me doy cuenta, un vivir por ti y para ti, y las más de las veces, y de las noches, un vivir, y un respirar, y un llorar, tan sólo para tu recuerdo, lo que no deja de ser, a la vez, amargo y fascinante. Alquilé una película, “Olvídate de mí” y es, gracias a ella, o por culpa de ella, tómalo como quieras, que ahora estoy aquí, escribiéndote en lugar de dormir, recordándote en lugar de soñándote. Tú la viste hace meses y te gustó mucho, me la recomendaste varias veces, yo te dije “podríamos verla juntos”, y tú dijiste que no sabías, que era tan bonita, tan preciosa, que no sabías si querrías volverla a ver, por aquello de no agotarla, ni siquiera conmigo… Pues bien, ya no estamos a tiempo de eso, cariño, porque yo la vi ayer, y pienso que ni siquiera nos hace falta volver a verla juntos, ya que en cierto modo ya la hemos vivido, y la vivimos, desde que los destinos, el tuyo y el mío, se juntaron. Mientras la miraba, la asimilaba, entendía mucho y muchas cosas, y a cada instante me preguntaba si no me la habías recomendado tan insistentemente con segundas intenciones, para que hiciera eso mismo, entender… Tal vez no había sido así, tal vez me habías hablado de ella como me hablas de tantas otras cosas que te gustan, con esa ilusión y ese entusiasmo increíbles que tanto te admiro, sencillamente porque te había gustado tanto que querías que yo también la disfrutase. Eso es más propio de ti, sin duda, mientras que lo otro, lo de tender mensajes indirectos es más de mi palo, aunque eso ahora, pensándolo bien, es lo de menos. Lo cierto es que una playa nevada y desierta es un lugar ciertamente extraño, lo suficiente como para servir de inicio a una historia de dos que se encuentran, y se enamoran perdidamente, y después, con el roce del tiempo y de las almas humanas, que todo lo pudren y arrasan, se mandan a tomar por saco el uno al otro porque ya no se aguantan. Puede ser un lugar tan extraño e inhóspito, la playa desierta y nevada, o el río helado y nocturno, para empezar un amor, o acabarlo, como la propia vida que vivimos, que a insólita y cojonera nada la gana. ![]() Lo nuestro fue, mi amor, también muy insólito, y muy extraño, ya lo sabes, pero no tuvimos playa, tampoco río. Nosotros, si acaso, hemos tenido una montaña, también de noche, y también de invierno, de invierno cabrón y crudo como este que no sé si se ha ido todavía, y al fondo y abajo, la ciudad, y sus luces, empañadas por el vaho del cristal, aunque tampoco las miramos mucho, todo hay que decirlo, ocupados como estábamos los dos en encenderle primero, y apagarle después, el calor el uno a la piel del otro. Mi sensación, no obstante, realidad o ficción, montaña o playa, sigue siendo igual de mágica. Como mágico fue, o casi, que en ese mismo lugar, donde tanto nos amamos, estuviéramos a punto de decirnos adiós; nuestros caminos, entre las lágrimas, de ambos, separarse definitivamente. Quién sabe si eso ha de volver a suceder, si seguiremos juntos de aquí a un mes, o a un año, o a varios, si seguiremos queriéndonos así hasta que, sea cual sea, el fin llegue y todo lo rompa, o tal vez se enfríen nuestras pieles, se entibien definitivamente, y, con el tiempo, acabemos echando pestes el uno del otro, ácidos e irrecuperables para la pasión. Parece difícil ahora, ¿no crees?, incluso duro por mi parte sacarlo a relucir en este momento, que todo parece ir tan bien –o casi-, y algo así, tan terrible, se nos antoja lejano e improbable... Pero todo principio incluye, tarde o temprano, un final, va en el paquete, y dicen que el amor se acaba, que no es para siempre, dicen incluso que dura tan poco como cuatro años… Recuerdo que me soltaste un discurso así al conocernos. ¿Qué pretendías? ¿Asustarme? ¿Probarme?... Con el tiempo comprobarías, bastante a tu pesar, que a cínico ni me ganas tú, desde luego, ni me ganan muchos más, pero no me rendí entonces, como tampoco quiero hacerlo ahora, y no sólo porque ahora mismo te sienta el amor de mi vida, sino también porque, por muy escéptico y desengañado que pueda llegar a ser, para mí, como para el Carrey de la película, todo este principio vale la pena, sea cual haya de ser su final. Yo jamás cometería el error, la estupidez bárbara, de borrarte de mi memoria, jamás me arrepentiría de uno solo de los segundos de mi vida compartidos contigo, aun cuando las cosas entre nosotros terminasen, aun cuando ya el uno por el otro no sintiese otra cosa que desdén, o desprecio, o quién sabe sino, tal vez, incluso odio. Pienso que de querer, tampoco podría hacerlo, ni podrían hacerlo, otros cualesquiera, borrarte así, de un plumazo, de mi mente y de mi corazón. Sólo yo soy dueño de lo que fueron nuestra primeras veces; por primera vez verte, verte a ti, entera, con lo menudita que eres, y verte sonreír, o hacer muecas, o poner cara de duda, o simplemente llorar cuando pensábamos que tras aquellas lágrimas nos diríamos adiós; también por primera vez escucharte, hablar, susurrar, gemir, decirme “te quiero”, y acto seguido, tras las palabras, llorar yo, como un niño, feliz y divino, porque al fin escuchaba algo que había soñado caer de tus labios tantas y tantas noches de insomnio; por primera vez tomar tu mano, o mesar tu pelo, acariciarte el vientre blanco, estrecharte entera, cuan pequeña y frágil eres, entre mis brazos, y sentir que nada me podía llenar tanto como vaciarme en ti, y que tú hicieras y sintieras lo mismo. ![]() Sólo yo mando sobre lo que ha sido sentirte desnuda y dormida junto a mí, y yo despierto, contemplando tu sueño, tus ojos cerrados, y los dos, abrazadísimos, combatiendo los segundos que nos acercaban, de nuevo, y como siempre, a tu sangrante marcha. Lo que ha sido hacerte el amor, recorrer tu completa y pequeña geografía con mis labios y la humedad de mi lengua, sentir tu caricia y tu estremecimiento, notar el vibrar de tus muslos y ver en tus ojos caídos, como borrachos, totalmente ebrios, el éxtasis de nuestros cuerpos. Lo que ha sido acercarme a tu oído y decirte te quiero, te amo, te necesito... Sólo yo sé, también, lo mucho que me ha costado llegar hasta aquí, que fue también un llegar hasta ti, hacia un tú desnudo y total, al fin librado de dudas y miedos, sincero después de tanta lucha; lo mucho que me ha dolido estar ahí, tirando del carro cuando todo estaba por construir, y tú no estabas más que en la distancia, y tenía que tirar y tirar, de amor terrible y homicida valentía, para mantenerme a tu lado cuando tú todavía no tenías las cosas tan claras; lo mucho que he sufrido, y todavía sufro, por quererte así, y por todo lo que nos separa, tanto, que estuve dispuesto a todo por ti, incluso a perderte, y todavía lo estoy, a todo por ti, incluso a la nada, si es necesario, y tú lo sabes, mi vida… Yo te dije una vez, cuando todo estaba naciendo, y era fantástico y maravilloso, y ni una sombra de dolor había en nuestro horizonte, que no me olvidaras… Ese mismo “No me olvides nunca” me lo devolviste tú no hace mucho, cuando nos fuimos al extremo, en nuestra montaña, y todo fue dolor y sombra, y, por supuesto, lágrima. Aún hoy, seguimos juntos, pero siguen también, tu marcha y la distancia, y yo, me estoy dando cuenta, te quiero más cada día, y más, todavía más, cada noche, como esta, solitaria, en la que la única forma de tenerte es escribirte y recordarte, incluso imaginarte allá, en lo lejos, dormida, pequeña, risueña, tranquila, ¿soñándome?... Yo no te voy a poder olvidar jamás, no podría aunque quisiera, porque te voy a querer toda mi vida. No es fácil querer así, lo sé, lo sabemos, e imposible borrar todas las huellas que un amor así te deja. Nada ni nadie conseguirá arrebatarme ninguno de los momentos maravillosos que me ha traído conocerte, enamorarme de ti como lo he hecho, sentir cómo tu capacidad de ilusión y de felicidad por las cosas más pequeñas rellena de luz los vacíos de mi melancolía… Por esa misma razón nada ni nadie podrá tampoco mitigar el dolor que llegará si algún día he de enfrentarme al vivir sin ti, tan solo, y solamente, con tu recuerdo… Pero soy valiente, lo sabes, probablemente más que tú, quizá rayano en lo suicida, y nunca me voy a conformar más que con el todo, y si no, será la nada... la vida es demasiado corta y valiosa como para gastarla en medias tintas, ¿no te parece?... Bueno, es tarde, y ahora sí estoy realmente cansado, y vacío... así que me marcho a dormir, tal vez soñarte, y soñarnos, juntos, por una vez... Buenas noches cariño, locamente te quiere, © JIP ![]() 05/04/2005¡SIN HÁBITOS!"Arder siempre con esta dura llama semejante a una joya, mantener este éxtasis es el éxito en la vida. En un sentido puede decirse que nuestro fracaso consiste en forjarse hábitos, ya que después de todo el hábito se relaciona con un mundo estereotipado, y a todo esto es sólo la aspereza del ojo lo que hace que dos personas, cosas o situaciones parezcan semejantes" Walter Pater "El Renacimiento" ![]() Que es como decir que el derrumbe, la caída, hacia ese vacío que es transcurrir la vida gris, sin alicientes, en atonía, empieza en un abrir y cerrar los ojos, un parpadeo, que es igual al de ayer, o al de mañana; que es el mismo, tu mirar, hoy y siempre, ¿desde hace cuánto?; que nada cambia porque todo es miedo y duda, reserva ante la luz, la magia y la alegría; perseguirlas, aprehenderlas, consumirlas, liquidar el pálpito en el pálpito, ser pálpito o no ser nada; que es como decir, probablemente, que sólo hay vida mientras hay lucha, y no hay lucha sin dolor, o lágrima o desgarradura; y que en todo eso están, se ven, la vida y al lucha; y que si un día tus ojos, de puro acomodados, agotan tus posibles, ¡arráncatelos!, ¡rápido!, y luego tiñe el aire de rojo con tus manos... © JIP 06/04/2005LEWIS; UNA RELECTURAHe leído por tercera vez en tres años “Una Pena en Observación” de C. S. Lewis, y lo cierto es que no sé si, de querer volver a hacerlo en el futuro, me quedará mucho más que subrayar, porque no he parado de marcar frases y más frases, a veces párrafos completos, y apuntar aquí y allá, en los márgenes, un buen puñado de ideas e interrogantes, reflexiones, tantas, que tengo la impresión de haber pasado como de puntillas por el texto en mis lecturas anteriores. ¿En qué tenía la cabeza? ¿Cómo pude pasar por alto tantas cosas? Es un libro precioso, deslumbrante, muy emotivo, que lanza al aire un sinfín de preguntas en tan reducido lapso de espacio y de tiempo, que sus apenas cien páginas se agradecen precisamente por eso, porque se hacen tan cortas, pero a la vez tan intensas, que no te da ninguna pereza, de tanto en tanto, dedicar una tarde o una noche a revisitarlas. Es como un pequeño y fascinante paseo por la zozobra. ![]() Consulto las fechas. Julio de 2003, abril de 2004, y ahora, justo un años después, de nuevo, la “pena”, a estudio, a disección. Decidí leerlo, la primera vez, porque acababa de ver la adaptación de Attenborough, "Shadowlands", "Tierras de Penumbra", con Debra Winger y Anthony Hopkins, soberbios. Quedé embrujado. Necesitaba más, y allí estaba el libro, esperando. La película narra el antes de ella, de su muerte prematura, el conocerse y enamorarse, el amarse, y el unirse después en la enfermedad, antes del fin. El libro cuenta el después, de la muerte de ella, en el dolor y la pena de él, y también la rabia de no encontrar respuesta a tantas preguntas terribles. ![]() La segunda lectura se debió a otro libro, también de Lewis, “Cautivado por la Alegría”, en el que hace un repaso a su vida, desde la niñez a la madurez, y a cómo, con los años, fue capaz de abandonar el ateísmo y abrazar la fe cristiana, encontrar la felicidad y el júbilo en el amor a Dios, cuando toda la vida había pensado, y creído, que no había dios. Todo esto, claro, antes de encontrar el júbilo verdadero, el amor de su vida, y luego perderlo, al poco tiempo, así que decidí que era tiempo de volver a vivir la disección de su pena, para observar el contraste entre ese primer amar a dios, encontrar en él un sentido, y odiarlo después, sentirlo causa de la pérdida de lo único que en realidad había cobrado un auténtico sentido. ![]() Ayer intentaba hablarle de él a Soledad, presentárselo en cierto modo, así que empecé a leer algunos de mis pasajes subrayados, y ya no pude parar; tuve que leerlo entero de nuevo. No voy a engañarme, sé que si descubrí tantas cosas nuevas en el texto, o necesité descubrirlas, fue porque ahora hay algo en mi vida que no estaba en mis otras lecturas, esto es, el amor, increíble y terrible, las dos cosas, como el que Lewis sentía por Helen, o como él la llama en el libro, simplemente "H". De alguna forma estas reflexiones, lo sé, no han de ser sino una extensión de la larga carta que días le escribí, a ella, a MP… La identificación, mientras leía, fue, salvando las distancias, casi total. Mientras caminaba junto a Lewis, sentía mías su pena y su angustia, y sobre todo, muy míos también todos sus interrogantes sin respuesta. Últimamente me lo he planteado mucho, cómo sería un vivir sin ella, no porque, como a Lewis, me la hubiese de arrebatar una enfermedad, o la fatalidad, sino porque, sencillamente, nos hubiésemos perdido el uno al otro. No habría una muerte de por medio, pero sí, pienso, un morir, en los dos, espiritual e imborrable. ¿Cómo serían mis días; mis mañanas y mis noches? ¿Cómo afrontaría el tener que sacar adelante una vida, la mía; relacionarme con los míos, incluso conocer gente nueva, sin reparar a cada instante en lo que, voluntariamente o no, eso tanto da, perdí definitivamente? Resulta difícil no pensar que sería horrible, que acabaría destrozado, y que me revolcaría durante muchísimo tiempo en el sufrimiento y la autocompasión, sintiéndome víctima del más insoportable de los castigos. ![]() No deja de parecerse a una grave enfermedad, sentir y querer así, subir hasta tan alto mientras amas, para luego tener que bajar, y caer, dártela de bruces contra el dolor, y no saber reaccionar, y en cierto modo no querer reaccionar, porque secretamente albergas la esperanza de que vuelva, la felicidad, y prefieres esperar y anhelar en el sufrimiento antes que pasar hoja y empezar a rehacerte, renunciando así, piensas, a la resurrección de lo perdido. A Lewis el cáncer le quitó a H, y enseguida clamó a Dios, en el que tanto creía, o esa había pensado: “Y, en el entretanto, ¿Dios dónde se ha metido? (…) vete hacia Él cuando tu necesidad es desesperada, cuando cualquier otra ayuda te ha resultado vana, ¿con qué te encuentras? Con una puerta que te cierran en las narices, con un ruido de cerrojo, un cerrojazo de doble vuelta en el interior. Y después de esto, silencio” La verdad es que uno no va a encontrar más respuestas que las que uno mismo se dé a sí mismo. No hay voces en el cielo, ni en la tierra, ni debajo de ella, ¡y mucho menos parlanchines arbustos incendiados! Si hay Dios, en cierto modo, lo encontrarás en ti, en esa respuesta que te regales, la que te ayude a seguir ahí, en la brecha de la vida, aun jodido, si crees lo suficiente en ella. ![]() Lewis se puso a escribir porque no podía hacer otra cosa, necesitaba esa válvula de escape, echarlo todo fuera, vomitarlo, y de algún modo lo logró, pasando de la pena inconsolable y la rabia profunda a la serena aceptación de su desgracia, transformando el odio hacia un dios displicente en amor, de nuevo, hacia una deidad entre cuyos poderes no se cuenta regir el destino de los hombres, sino, antes bien, dignificar y divinizar la vida con la posibilidad de amores como el suyo, de almas como las de él y H, juntas, amándose mientras vivos, y amándose más si cabe después, en la muerte y la separación: “En este sentido H. y todos los muertos son como Dios. En este sentido, amarla a ella se ha convertido, dentro de ciertos límites, en amarle a Él (…) No mi noción de Dios, sino Dios. No mi noción de H, sino H”; “Cuando le planteo estos dilemas a Dios no hallo contestación. Aunque más bien es una forma de decir: ‘No hay contestación’ (…) ¿Puede un mortal hacerle a Dios preguntas que para Él no tengan respuesta? Fácil que sea así, creo yo”. ![]() Hay un párrafo precioso y brutal que pienso resume la idea general que he preferido extraer de mi lectura, más que nada porque se acerca a mis propias ideas, mis respuestas, aquello en lo que yo puedo creer, y a lo que en cierto modo, un día sí y otro también, doy cabida en mis textos: “Pero supongo que esto es simplemente vuestro [de Dios] gran experimento. O no; quizá no sea un experimento ya que no tenéis necesidad de confirmar nada. Mejor sería decir que es vuestro gran proyecto: crear un organismo que sea espíritu al mismo tiempo; crear esa formidable paradoja que es el ‘animal espiritual’. Coger a un pobre primate, una bestia con los nervios a flor de piel, una criatura cuyo estómago pide ser saciado, un animal reproductor que necesita a su pareja, y decirle: ‘Venga, y ahora conviértete en un dios’. No me cabe duda de que si hay un Dios, está hecho de infinitos Dioses, tan grandes en alma y luz como él, que somos nosotros, todos y cada uno de nosotros, al hacernos hombres; agotando nuestros posibles, tanto en júbilo como en aflicción. Toda la “pena” de Lewis acaba por mostrarse “como un proceso”, que es también un progreso, hacia lo que es natural, que es al principio crecer y aprender, vivir, en lo alegre y en lo triste, amar, tal vez, y luego perder, antes o después, separarse, de aquello que quieres o sueñas, porque se va él, te deja, o eres tú el que abandonas a todos, y entras en la nada, en la muerte, que es en sí, un ser, un dejar de ser vida para pasar a ser muerte. Es “el proceso”, es la vida, y hay que estar a la altura de ella, al menos intentarlo, saber amar primero, como saber afrontar la pérdida, la carencia, la tristeza y la zozobra, después, cuando dos destinos se separan. Hay que buscar esas respuestas que te permitan seguir adelante, que no será un seguir adelante igual, porque ya no eres el mismo, ya no tienes aquello que perdiste, estás “tullido”, amputado de por vida, pero sigues siendo, vida y hombre, y divinidad, sangrante y doliente, sí, mientras vives, y también después, en la muerte, para los que quedan, en su recuerdo, y para ti mismo, en lo Oscuro y lo Enigmátco, que todos, antes o después, descubriremos, quizá... ![]() Y en cuanto a mí, ¿qué puedo decir? ¿He sacado algo en limpio tras todo lo escrito? ¿Seré capaz de firmar estas mismas palabras de hoy tiempo adelante, cuando el curso natural de la vida me lleve hacia la pérdida o la tristeza? ¿Seré incluso capaz de volver a maravillarme con el libro de Lewis, como anoche, si en ese futuro ya tengo a MP junto a mí? Sería una dura prueba sin duda, y no puedo, ni quiero aventurar por el momento mis reacciones, todo llegará lo busque o no. Lo único que se me ocurre ahora mismo es que igual que no parece haber techo para la capacidad de amar, tampoco hay, al parecer, fondo para el dolor, la rabia, el odio o la tristeza; igual que no hay más respuesta que uno mismo, uno mismo es también el límite de sus brillos y sus tragedias, que a veces, todo y contenerse en la geografía de un simple cuerpo humano, pueden alcanzar para varios infinitos. Lo importante, supongo, reside en lo de ensayar aquello de la divinidad, en cada aliento, en el gozo y en el júbilo, pero también en la pérdida y el desamparo; buscar siempre, las respuestas y los límites, de uno mismo y en uno mismo, que acaso sólo eso se tiene, existe realmente, y lo demás, y los demás, adquieren carne, vida y muerte, en la medida en que somos, o luchamos por ser, en lugar de abandonarnos al pasar... © JIP 09/04/2005ESTACIONES¿Por qué tituló Gil-Albert "Primavera" este poema triste, que culmina en desengaño y es vindicación del despiezamiento de las ilusones? ¿Por qué precisamente la primavera, que es la estación de la vida, en la que todo nace al aire y al verano, incluidos los días de esperanza y los anhelos de aventura, de emoción, para ilustrar el desencanto? Para empezar, por ironía y mala leche, supongo, y después, para seguir, por intachable lucidez, porque decir primavera es tanto como decir, por ejemplo, nacimiento, y es nacer uno, ya se sabe, y en el acto mismo empezar a morir, estar, de hecho, muriendo un poco en cada aliento; porque un campo recién florecido, en tanto vida, es también, y mucho más, símbolo de muerte, tímido despojamiento en el tiempo. Porque toda vida, o flor, o esperanza que nace con ella, pasada la aventura del estío, finaliza, cae otoñal a la tierra, desvaneciéndose melancólica y desengañada, petrificada, agrietada por el frío, mortal y último, del invierno. Pero hay que vivir pese a todo, pese a todo querer batallar, atarse los machos y lanzarse al vacío, sin cuerda y sin miramientos, perseguir esa ilusión que sólo ilusión es, o al menos así de fantástica y mágica, en nuestra mente y su deseo, porque siempre la realidad, una vez alcanzada, resultar peor, y a toda lucha, indefectible, sobreviene el morir del sueño; un desenmascaramiento, y después, naturales, las lágrimas, de impotencia y desconsuelo, por la batalla perdida, el anhelo vencido, y la vida, siempre la vida, que nunca es como te la esperabas. Y es bueno que así sea, porque quedan nuestro llanto y nuestras lágrimas, ahí, a caballo entre la primavera descarnada y el otoño principiante, como prueba de nuestro combate, de que quisimos ir más allá, alcanzar la inaprensible, lo inexistente en realidad, no cejando en el empeño de ser más grandes y mejores a través nuestros sueños. Vendrán luego la amargura y el desencanto, acudirán puntuales, como puntual acude siempre el invierno. Y habrán más primaveras a los que sucederán otros tantos inviernos, hasta que el final uno se quede, cubriéndonos de nieve oscura, y la diferencia entre los que vivieron o no sus estaciones seguirán siendo la lágrima y el llanto; cuántas veces perseguiste, luchaste, sangraste, hasta lo exhausto, aun a sabiendas de que ibas a salir derrotado... © JIP ![]() PRIMAVERA Homenaje de Franz Lehar a Jaime Gil de Biedma. ¿Quién no se ha puesto un día una guerrera de húsares, azul, un quepis negro con un aigret flamante, y las espuelas con que el caballo vals galopa firme dentro de los espejo fugitivos y cual viento de mayo se ha lanzado a la ocasión que pasa, al dulce atisbo de la aventura errante, para luego llorar amargamente sobre el rastro de una estrella fugaz? Juan Gil-Albert Homenajes e In Promptus 11/04/2005ILUSIONES EN GRIS![]() Estructura de Colores de Wiliam Turner "Aunque todo se vuelva oscuro, aunque todo se vuelva claro, aunque todo siga gris, el gris es el que se impone, para empezar, dado lo que es, pudiendo lo que puede, hacho de claro y de oscuro, pudiendo vaciarse de éste o de aquél, para no ser más que el otro. Pero quizá me hago ilusiones en el gris, sobre el gris" Samuel Beckett "El Innombrable" ![]() Sin Título de Mark Rothko 12/04/2005abril, doce, cero-cincoPintores, escultores, músicos... francotiradores del lienzo y la roca, escalpelos del aire y el alma, les admiro y envidio a partes iguales su capacidad para lo inmaterial y el caos, así como su extrema libertad, para mí del todo inaprensible: liberados de la servidumbre de la Palabra, no precisan, en el momento de darle forma a su entraña, vomitarse en lo externo, armarse de "algo" que decir... © JIP 13/04/2005IV-cuatroEse verde De luz y de vidrio Pleamar de ulteriores y secretos roces En que hundirme Perderme Todo abismo volverme Por besar tus corales delicias Arrecifes de tierno hueso Telaraña cristalina y líquida; La Pareja... Por asir con mi esencia Tus Rotundos y Eternos; Ese Divino Verde... © JIP 14/04/2005abril, catorce, cero-cinco¿Acaso algo más vivo que la muerte, atiborrada como está, hasta reventar, de la vida de todos los que fueron, y aún con hambre de la de los que todavía han de ser? © JIP 15/04/2005DE AUSENCIAS Y DESPERTARES"En Ausencia de Blanca" , un pequeño libro de Muñoz Molina, esta semana... ¿Por qué?... no por casualidad, desde luego... aunque mejor no pensar en eso... Dos mundos que se encuentran y entrelazan, esferas diametralemente opuestas, sociedades incluso, la de él, modesta, austera, mediocre, conformista; todo lo contrario la de ella, alta, refinada, extravagante, hasta un tanto pretenciosa... Mundos excluyentes, condenados a discurrir paralelos sin tocarse, pero que terminan uniéndose, inopinadamente; en la necesidad de ella por escapar de sí misma, en la necesidad de él por zafarse de la soledad... Pero el amor, verdadero, sólo de parte de uno... ![]() "Pero si ya me has compensado -inesperadamente Mario se dejó llevar por un arrebato de elocuencia-: Si nadie ha podido darme tanto como tú, si me has hecho que descubriera la vida, como si hubiera estado dormido hasta ahora y me hubieras despertado tú. ¿Qué hacía yo cuando te conocí? Trabajar y pagar plazos de cosas y leer todas las noches la Historia de España. Estaba como dormido y no lo sabía, si no llega a ser por ti me hago viejo y no me despierto nunca" Pero lo cierto es que quizá Mario sigue dormido, en otros sueño, es cierto, el del enamorado loco y ciego, poco cabal, que sólo vive por y para ella, a cada instante, sin darse cuenta de que ella está a su lado, sí, pero que ante todo y sobre todo, vive para sí misma... Por eso cuando ocurre lo que durante tanto tiempo temió, que sus mundos, tan distintos, volvieran a sus respectivos y normales rumbos, cuando ella lo abandona para irse con otro, un tipo culto, brillante, talentoso, o al menos eso parece, él pierde a la vez que gana algo; un amor muerto deja paso a un verdadero despertar... Al cabo del tiempo, ella, Blanca, que así se llama, vuelve a Mario, arrepentida, ¿buscando una segunda oportunidad?, pero ya no es la misma, él lo sabe, se da cuenta en seguida, que esa Blanca no es su Blanca: "Entonces, volviéndose de costado para abrazarla mejor, tan cerca que respiraba su aliento y veía en sus pupilas su propia cara masculina y ansiosa, cerró los ojos y apretó con fuerza los párpados, temiendo que si los abría un espejismo iba a deshacerse, porque ahora estaba seguro, con los ojos cerrados, húmedos de lágrimas, que aquella mujer que lo estrechaba no era Blanca: Blanca nunca habría respirado ni gemido así, Blanca, la otra la verdadera, la casi idéntica, la que ya no le importaba haber perdido, la que no iba a encontrar si abría los ojos, nunca se había echado a reír en sus brazos ni murmurado en su oído las palabras de desvergüenza y dulzura que la desconocida le decía" Y ella ya no es Blanca porque Mario tampoco es él, durante su ausencia, en ausencia de Blanca, él a despertado al fin, del sueño, o de la pesadilla, y ahora no importa que Blanca siga siendo Blanca, como no importa que en verdad haya cambiado, que ahora, tras el error y el desengaño, tras darse cuenta de lo echado a perder, si lo ame, o pretenda amarlo, a él, a Mario, porque ninguno de los dos se han quedado a esperarla; ni él, ni su amor loco por una Blanca que nunca, mientras pudo, quiso ni supo amarlo... © JIP 17/04/2005V-sieteSi existe un más allá Un otro mundo Que no está en este En él está ya mi voz Caída muerta Yacente Como el polvo durmiente de los grises años Como palo de vela recién arrancado En el fondo En el limo Derrotado pecio de mis claroscuros Si existe ese algo combatiendo la nada Está ahí mi garganta Cubierta de oscuro y prendida de llama Cansada de hablar y no ser escuchada Sombra de un grito Una fez desgarrada La mía Mis huesos Mi entera alma hediendo a cadáver Que a ningún viento tiende Porque nada la empuja Ya tan fina y delgada Como hilo de araña de acero sus patas Cortando el Aire, el Sueño, la Cara La mía Mi Cara Mis Aires y Sueños Junto a mis cuerdas mudas Todas cercenadas Si es que existe ese más allá Ese otro mundo ¿de sorda piel y ciego roce? ¡Ojalá en nada parecido a este! © JIP 18/04/2005LIVIANO- ¿Qué haces aquí parado? - Estaba cansado. Me senté, simplemente. - Cansado... - Eso mismo. - No deberías haberte parado. Vamos, dame la mano, hay que seguir... - No, sigue tú, yo me quedo aquí un poco más. - Pero... n-no puedes... ellos vendrán... pasarán por aquí... no puedes quedarte... - ¿"Ellos"? ¡¿Quiénes?! ¡Nunca he visto nada!... Me duelen los pies... - Lo destruyen todo, no dejan ni rastro... te engullirán, te borrarán del mapa... ¡Vamos, dame la mano de una vez! - ¿Por qué no te quedas conmigo?... aquí, un rato... los dos... sentados en silencio... estoy muy cansado, sabes... - ¡Estás loco! - Quédate, anda... sólo unos minutos más... veremos qué pasa... © JIP 20/04/2005ALQUIMIAS"Imaginado inventor imaginándolo todo para hacerse compañía. En la misma obscuridad ficticia que sus ficciones. En qué postura y si en la misma o no que el oyente, aún no imaginado definitivamente. ¿No es bastante uno inmóvil? ¿Por qué duplicar ese factor concreto de consuelo? Entonces, que se mueva. Sin exageración. A gatas. Un gatear moderado, con el torso bien separado del suelo y de los ojos mirando al frente vigilantes. Si eso no es mejor que nada, anularlo. De ser posible. Y en el vacío recuperado, otro movimiento. O ninguno. Con lo que sólo quedará por imaginar la posición más útil. Pero, por seguir adelante, que gatee. Gatee y caiga. Vuelva a gatear y vuelva a caer. En la misma obscuridad ficticia que sus ficciones" Samuel Beckett "Compañía" ![]() "Nadie que escriba algo que valga la pena puede escribir en paz" Henry Chinaski (Mickey Rourke) en "El Borracho" 22/04/2005¿PARA QUÉ?Calderón se olvidó una mitad, ¿la más grande quizá?, la de que de la muerte venimos y a ella vamos, y en el entretanto, tal vez soñamos, sí, que la vida es sueño, ¿acaso algo más?, pero un sueño absurdo, sin sentido y sin objeto, un azar sin más final ni principio que un vacío... sin más, ¡¿y por qué más?!... A qué, pues, soñar la vida, vivir este reflejo triste y doloroso, tregua de aliento y sinsabor, -¿tal vez amor?-, si allá justo, en el extremo, Negro y Silencio aguardan tu caminar... Ya lo pudo haber dicho Machado, don Antonio, en un mal sueño, terrible pesadilla, aquello, triste y final, de "Moribundo no hay LA MUERTE, se hace uno Muerte al andar"... © JIP ![]() VIDA Y MUERTE Vida y muerte sueño son, y todo en el mundo sueña... Sueño es la vida en el hombre, sueño es la muerte en la piedra. En sus ojos cerrados queda grabada una idea: "Más que valer lo que ve el hombre vale estar ciego en la piedra". En esos rígidos labios quedó una palabra yerta: "Más que hablar de lo que habla el hombre vale estar mudo en la piedra". Si vida y muerte son sueño... Si todo en el mundo sueña... ¡Yo doy mi vida de hombre por estar muerto en la piedra! Ángel Ganivet * Poesía ![]() *: Ilustre diplomático y literato español, poeta intimista y apasionado; romántico, tal vez, en ocasiones; melancólico, dolorido y pesimista. Tal vez un exagerado deseo de superación creativa, a la que pudo considerar inalcanzable, culpándose a sí mismo, junto a ese pesimismo exacerbado, le llevaron trágicamente a poner fin a sus días el 19 de noviembre de 1889 en las aguas del Dvina, en Riga. Pequeña biografía extraída de la "Antología de la Poesía Macabra Española e Hispanoamericana" a cargo de Joaquín Palacios Albiñana 25/04/2005UN BESO/UN TIRO... ¿SINÓNIMOS?![]() "Un año es tiempo suficiente para vivir toda mi vida de una vez, de un beso, de un tiro que ponga fin a mis preguntas". Mahmud Darwix "Asedio a los Elogios del Mar" ![]() 26/04/2005EL GRAN QUIZÁSHacía ya un tiempo que TannHäuser estaba herida de muerte, más pasando que viviendo, agónicamente, sobre todo desde el día en que aquí, un servidor, decidió empezar a tirar de Restos. En las últimas semanas he estado sopesando pros y contras, motivos y sinrazones para poner el punto final a todo esto, y he de confesar que sólo el increíble apego que le he cogido a este extraño lugar, mi extraño e hiperbólico hogar, ha sido el causante de que haya tardado tanto en tomar una decisión que se me antojaba, más que clara, indiscutible; había llegado el momento de decir adiós. Durante mucho tiempo, meses incluso, estuve al frente de esta nave por una única razón, además -“causalidades” de la vida-, también persona, por la que escribía y para quien escribía… Ahora ese motivo, esa persona, se me está escapando de las manos como un agua de mar robada al océano, que, irremediable, irretenible, vuelve a su fuente, esfumándose, como todo sueño en la vida, imposible y quimérico, que tanto más nada y aire se vuelve cuanto más te acercas a él. Teniendo en cuenta las cosas que fui capaz de escribir por y para ella, los sentimientos que las movieron y las fuerzas con que las alumbré a este mundo, pensar que ahora todo eso se esté extinguiendo tan súbitamente, sospechar secretamente –al menos hasta ahora- que tal vez convertí en sueño y sentido de mi vida un espejismo, justo ahora vuelto desilusión amarga, es, pienso, suficientemente motivo como para no querer escribir ni una línea más. Pero no sólo está eso, no sólo ella, está también mi propia escritura, mi particular modo de acercarme al folio en blanco en los últimos tiempos, constantemente transformado en un arma arrojadiza. Poco a poco había ido haciendo de mis letras, no una vía de escape, un modo de evasión de mi propia circunstancia, sus luces y problemas, sino todo lo contrario; una forma de agresión terrible contra mí mismo y, por extensión, contra todos los demás: aquellos lectores que se acercaban a mis páginas. A todo ello debo añadir un atroz cansancio, en el alma y en los huesos, por todo y por todos, empezando por mí mismo y acabando en mi escritura, o mejor, en mi total falta, ahora mismo, y no sé por cuánto tiempo, de seguir produciendo dicha escritura… Más allá de tener la creciente sensación de estar repitiéndome a cada instante, más allá de ser consciente de estar convirtiendo mi sentir en los atributos de un personaje ficticio, se presentaba el hastío, profundo e irrevocable; la insondable hartura de aquello que siempre había sido mi razón de ser: “escribir”. En definitiva, es algo así, supongo, como darse cuenta de que, una vez asumido que es duro y "difícil vivir con miedo”, y al tiempo un hermoso y salvaje desafío, sentirte de vuelta de cualquier miedo o desafío, darte lo mismo la muerte que la vida, absolutamente igual escribir o no… Ya no merecía por tanto tenerme por replicante, soñado o no, pues habiendo renunciado a la vida, en este caso, mi escritura, había traicionado su figura, su simbología misma, la de que no existe mayor bendición que la de disponer de "tiempo... el suficiente", y aprovecharlo, vivirlo, apurarlo hasta el ápice... Estaba traicionándome a mí mismo como escritor y como replicante, y estaba traicionando a TannHäuser, cada día, en cada texto desganado, en cada forzado silencio… Había llegado el momento de agachar la cabeza bajo la lluvia y soltar la paloma; "hora de morir…" Creo que son suficientes motivos, al menos a mí me bastan, como para dejarme apresar por el síndrome de Bartleby y preferir no hacerlo; ni seguir con TannHäuser, definitivamente, ni seguir escribiendo, por el momento… Me queda tan sólo despedirme de vosotros, los lectores que todavía podáis quedar por aquí. Nunca en el año y pico que ha durado esta aventura he sido capaz de conectar con vosotros, y nunca como ahora mis palabras se supieron tan solitarias. La escasez de comentarios dan fe de ello. Mucha de la culpa, creo, la tengo yo, que he convertido estas puertas en una plaza fuerte de la tristeza y la melancolía. La mayoría no quieren mirar, y mucho menos ver, el lado negro y ácido de la vida, ni tan siquiera el gris, y aquí, salvo contadas excepciones, no ha habido otra cosa que oscuridad y amargura, ¿tal vez algo de lucidez?... Quién sabe. En cualquier caso me queda el consuelo de que yo quise que así fuese en todo momento, de que, conociéndome como me conozco, no hubiera podido ser de otra manera, y que, a pesar de todo, conseguí crear a mi alrededor un pequeño círculo de lectores, correligionarios, amigos, aun cuando prácticamente dejé de leer cualquier bitácora. Algunos de vosotros sí conectáis conmigo, o al menos con algo de mí, y por eso estáis ahí, día sí día no, dejéis o no vuestra huella, y sólo quiero, en esta despedida, agradeceros eso mismo, el haber estado ahí, así como, en la medida de mis posibles, también el íntimo deseo de haberos hecho disfrutar, o reflexionar, o vibrar, o yo que sé qué, con alguna de mis palabras... Lo mejor de TannHäuser, sin embargo, lo mejor de JIP, que soy yo, Javi, o Javier, como gustéis, si es que gustáis, quedó atrás. Su cenit pasó y ahora sólo queda un lento ocaso, que aunque se haga visible y patente aquí y ahora, se presentía subterráneo desde hacía tiempo. Como esa estrella moribunda, hinchada y final, que ha de soltar todavía un par o tres de mortíferos y terribles destellos antes de apagarse definitivamente, convirtiéndose en un agujero de negra nada, aún me quedan unos pocos escritos que firmar aquí, más que nada porque para este lugar fueron escritos y en él deben ver la luz. Después de eso JIP callará para siempre y ya de él sólo quedarán Los Restos… Durante un tiempo, no sé cuánto, TannHäuser no vivirá, pero subsistirá, que es, no lo dudéis un instante, mucho menos que vivir... Lo hará de mis lecturas principalmente, y a través de Mis Restos, pero sin mi voz; la del escritor de poemas, cuentos, ficciones, al que ya apenas le queda su último saludo en el escenario; ni la de la persona que todo este tiempo estuvo aquí detrás, entre bastidores, viviendo, escribiendo, soñando... y que hoy se despide con cariño de todos vosotros… Quién sabe si el futuro nos volverá a juntar… Por mi parte, como dijo Rebelais momentos antes de morir, "Me Voy en Busca del Gran Quizás"... Javier Iglesias Plaza" 28/04/2005EN LA OSCURIDADUna sombra en lo alto, sentada allá en lo alto, de las escaleras, y de la oscuridad. Al fondo un edificio grande y blanco, que sería más grande y más blanco si fuese de día, si no estuviese disminuido, reprimido, ensombrecido por la oscuridad. Así que es de noche, ahí está, en el no estar de las cosas que se han escapado, difuminado en lo negro y frío de una noche sin luna, sin más atributos que el silencio y la oscuridad. Farolas blancas a altura sobrehumana, los dos metros, quizá más, aquí y allá, y más, más aquí y allá; esferas de nada combatiendo la noche maniqueas, pintando de real la realidad; haciéndola, pero menos, un real apagado, como entumecido, gríseo y cobarde, como si a las órdenes de un sol novel y asustadizo. A la izquierda y en lo bajo de las escaleras que preside la sombra, asfalto circular amputado de puntos rojos y blancos, ruidosos; coches obscuros en velocidad, no pasando, no circulando, no transitando, no ensordeciendo el silencio, ni la oscuridad. Lee la sombra una sombra de libro, en lo poco de claro que le deja lo oscuro, forzando la vista, increíble, indecible, inaprensiblemente, yendo sus ojos negros a través de las negras líneas, de izquierda a derecha, de izquierda a derecha, una vez más, repetir, así hasta no se sabe cuándo, quizá hasta la mañana, quizá hasta el sueño, o el sueño de la eternidad, o el de la muerte, de esa muerte que es sueño de no vivir más; quizá, tan solo, simplemente, hasta no poder más; leer, en la oscuridad, línea tras línea, desde el papel a los ojos, como hipnotizados, por las palabras y los huecos de las palabras, los espacios, interminables, numerosos, ¿infinitos?, como infinitos universos, pero en negativo, blancos, casi blancos, no del todo, grises, como el negro que tampoco es del todo negro, porque de lo contrario se cortaría, la tinta, la lectura, el flujo, y la sombra: todos, en la oscuridad, si son, es porque el todo posee matices, los refleja, como espejo o río o abismo, de cristal, y de tenerlos, entonces ya no es totalidad, hay algo más, y en cuanto hay ese algo ya nos acercamos más a la nada, que no es otra cosa que un total vacío de todo. Pero algo ha de haber, existir, o debiera, o eso debería parecer, talmente, porque ahí está la sombra que lee, que engulle palabras, como agujero negro de negra tinta y negras heces; letras encadenadas, a palabras encadenadas, a frases encadenadas, a párrafos encadenados, a páginas encadenadas, a pupilas encadenadas, a neuronas encadenadas, a... ¿y luego? Un pensamiento, creador, iluminador, devastador, inyector de brasa candente y helada oscuridad, en lo interno de la sombra y en lo externo de la noche, que es la nada, hoy, ayer, mañana, por supuesto... sombra de hombre que huye sobre sombra de libro que vuela sobre sobra de mundo que escapa: finiquitado el flujo de tinta desde el gríseo papel a la grísea entraña, sólo queda el silencio, lo oscuro, lo ajeno: la ciudad muerta... © JIP |
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