Vida Puta y Sin Talento

TannHäuser. Año 5.

Terrorismo bloguero, escritura subnormal

Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2005.

01/01/2005

VACÍO. UN DÍA MÁS.

Había quedado en un bar con unos tipos para un "bisnes" trotón. Llegaba tarde. Como media hora. O así. No se me dan bien los relojes. Ni los negocios. Así me va. Supongo.

Cuando llego todos están ya, apurando sus copas y en charla. Me miran mal, claro. Yo también lo haría si fuese ellos. Me miraría fatal. Uno va y me suelta que porqué cojones tengo que llegar siempre tarde. ¡Je! Ese me conoce. Bueno. No le caigo bien. Ni él a mí. No creo que nos lleguemos a acostar jamás. Así que se lo suelto. “Yo antes siempre llegaba puntual a las citas, sabes… Hasta que me cansé de que la gente se meara sobre mi tiempo…” El menda pone cara de cabreo. Los demás se parten la caja. Aunque no todos. Se me resiste uno.

“Ahora soy yo el que me meo sobre el de los demás” Más cabreo del menda. Más risas de los demás. Y ese uno que se me sigue resistiendo…

Y ese uno es el mismo que va y me habla. No lo conozco de nada. Es nuevo. Quiero decir que es nuevo para mí, para mis tiernas pupilas, porque viejo lo es, ¡y un rato!, y también un rato feo, y gordo, el tío. Tiene la cara como picada de viruelas, pero que mucho. Da grima, pero que mucha también. “Tú has leído a Bukowski, ¿no?, chaval…” Joder. Un intelectual. Y En este negocio. No mola. Demasiado listo. Demasiado peligroso. Demasiado feo. Así que se lo digo. Toma. Ahí va:

- ¡¡Coño!! ¿¡Quién es este tipo!?... Me suena… Pero si es él… ¡Hank!... ¡Hank en persona!... Esa cara… ¡¡¡inconfundible!!!... Sí, tienes razón… He leído todos tus libros, tío… ¡¡¡Tú si que molas, tío!!!

- ¡Vete a la mierda pedazo de cabrón! ¿¡De dónde cojones habéis sacado a este payaso hijo de la gran puta!?

Joder con el carapizza. También ha leído a Cela... Todo un connaisseur... Bueno, está claro que no hay nada que hacer. El tío se caga en sus madres. Y En mis muertos. Y se marcha cascando eternas maldiciones a diestro y siniestro; ambidextramente, o sea. Sin pagar lo suyo, claro. Faltaba más. Todo al carajo. Un día más.

Los otros me vuelven a mirar mal. Yo también lo haría si fuese ellos. Pero no lo soy. Mejor para mí. Puede que se me den mal los relojes. Y los negocios. Y puede que haya leído más de la cuenta. Quizá el problema siempre ha sido mi bocaza... Pero al menos no tengo esa cara. La de ninguno de ellos. La del ilustrado gorrón sobre todo, eso por descontado...

Estos tipos ya no me van a volver a llamar para nada, así que me marcho de allí. Al menos me he echado unas risas, a su costa, no con ellos, por supuesto... pero ahora todo se estrecha a mi alrededor y me siento vacío. Yo y mi vejiga. Los dos. Nada que mear y nadie sobre quien mearse... De nuevo vacío. Un día más.

© JIP

02/01/2005

CARNE Y CENTRO

La Noche del Cazador de Charles Laughton


LA NOCHE DEL CAZADOR, 1955
Charles Laughton

En la imposible noche de hadas y magias, de infinito motear de estrellas heladas, brilla una voz inocente y menuda, de tirabuzones blancos, por aguas huyendo de las garras del O D I O, también del A M O R, que son las del hombre; rostro que ríe, sí, mas sombra que mata.

Y en ese río que son nuestras vidas que van a dar a la mar, que es el morir, pasan su canto y sus segundos, como pasa una triste canción de cuna, como pasan las aguas de sombra y destello, de plata y cieno... igual que un aliento, pasa. En lo bajo, lo que siente y palpita; la CARNE que goza y muere, sueño que arranca, júbilo que enciende. Arriba, el demiurgo en telaraña, eterna red de lo creado, fluir de tela ubicua que todo lo puede; al tiempo destruye y construye, al tiempo alumbra y perece. Y su centro es el CENTRO. Y él ni vive ni muere.

Y somos en parte esa CARNE que canta y pasa, baja navegando triste en aguas de muerte. Y somos en parte ese CENTRO que observa y juega, contempla insensible como un alma ciega ese devenir sin final ni principio. Y somos en parte esos PUÑOS que a lo lejos aman y odian, persiguen envilecidos el sueño maldito de algún día ser -y dejar de ser- tanta Carne y tanto Centro.

© JIP

03/01/2005

AL VOLANTE

¿Habéis tenido alguna vez la oportunidad de observar de cerca un coche destrozado en el que fuisteis pasajeros, o que incluso condujisteis, pero en el que no viajabais cuando se produjo el accidente? Es algo extraño, poco común, pero a mí me ocurre a menudo. Yo conduzco coches con los que algunos después se matan…

Y después los traen adonde yo trabajo y los dejan allí durante meses, ataúdes de metal retorcido y chamuscado, hasta que terminan por comerse el espacio y alguien decide desguazarlos todos de golpe. Aunque al par de meses ya vuelve a estar todo lleno de nuevo.

Luis y Javi... y Ballard en el centro...


Yo los miro, los observo atentamente, incluso les hago fotos. De tanto en tanto reconozco alguno, por la matrícula, y a veces hasta recuerdo algún momento concreto en el que yo mismo conduje aquella máquina o viajé en ella de paquete. Entonces me los quedo mirando un buen rato. Miro el habitáculo del conductor, o el del acompañante, imaginándome dentro. Imagino mi cerebro coordinando las maniobras; mi hígado y mi corazón un poco más abajo, transitando hacia adelante con el resto de mi cuerpo; mis pulmones detrás, retrepados sobre el respaldo del asiento, negociando la respiración; también mi trasero y mis órganos sexuales, sobre el asiento, descansando; y abajo del todo mis piernas y pies, trabajando todo el rato sobre los pedales para llevarme a mí y a la máquina a buen puerto.

Hay ocasiones en las que esos habitáculos están tan deformados e irreconocibles que parecen una pintura surrealista. Contemplas el morro encastado sobre la parte de los pedales, el salpicadero y el volante terriblemente deformados sobre la base del asiento, o parte del techo hundida salvajemente hacia abajo. Y todo ello salpicado de diminutos pedazos de vidrio, a veces incluso de oscuras y difuminadas manchas oscuras cuya fuente prefieres obviar. Intento imaginar un cuerpo humano ahí dentro, en ese reducido espacio de pesadilla, y el estómago se me encoge. Porque primero pienso en el pobre desgraciado que viajaba allí dentro cuando el coche se fue al garete, en cómo su cuerpo tuvo que deformarse al unísono con la estructura del vehículo, en cómo se rompieron sus huesos, reventaron sus órganos, o machacaron sus extremidades. Y después de eso, automáticamente, cambio su cuerpo por el mío, y construyo lentamente mi propia muerte bajo esos mismos hierros. Quiero decir que es irremediable. Te lo acabas planteando fríamente.

Al fin y al cabo yo había estado en aquel asiento, había manejado aquel volante; podría haber sido yo el cadáver… Pero no fue así. Ni ha sido así hasta ahora. Lo cual no quiere decir que no esté a tiempo de ser uno de ellos todavía. Mi ex siempre me repetía que yo moriría de viejo o en un accidente de coche. ¿Lo diría por mi forma de conducir?... Me decía unas cosas tan bonitas... En fin.

Contemplar esos coches siniestrados me lleva a pensamientos como estos, y a otros tantos, no menos onerosos. Me lleva a pensar en la cantidad de vidas que se apagan cada día, cada fin de semana, justo en el momento del viaje a alguna parte, que es como decir que el viaje que es la vida se acaba antes de tiempo porque un muro o un conductor borracho se plantó justo en mitad de uno de tus microviajes. ¿Cuántos años hubieras vivido de no haber cogido ese día el coche? O tal vez estaba ya todo hecho y ya al nacer estaba previsto que ése fuese tu último viaje… Da qué pensar. Como también da qué pensar que, en cierto modo, cada vez que cojo un coche en el trabajo, estoy preparando indirectamente la muerte o la parálisis de desconocidos. O que en la medida en que esas muertes y parálisis existen en potencia en esos coches, las mías existen per se también en algún coche en el que todavía no me he subido, al que tal vez nunca suba. Y eso es extensible a todos. Al menos a todos los que viajan en coche.

Puede que no tuviese constantemente todas estas locuras en la cabeza pudriendo mi mente si un buen día no me hubiese dado por leer "Crash" de J. G. Ballard; si no tuviese que enfrentarme día tras día durante horas al infierno de las carreteras y el tráfico; si no tuviese que contemplar cada cierto tiempo las retorcidas esculturas que la gente hace con sus coches y sus vidas. Pero es así. Y no hay vuelta de hoja. Y lo más paradójico de todo es que el estar advertido, el ser más consciente que la mayoría de toda la muerte que encierra una carrocería, no asegura que mis días no acaben hechos un amasijo sangrante entre hierros y plásticos desballestados.

Nunca se sabe cuándo ni dónde comienza el final del viaje… Los caminos del Dios de la BioMecánica son inescrutables…

Quizá no comienza ni termina, porque no hay viaje, porque todo es una ilusión y esta partida que llamamos existencia ha estado amañada desde siempre.

© JIP

04/01/2005

IV-diez

FINADO
Fuera de tiempo
Se te hizo tarde
No escribas más

FINADO
Detente ahora
De nada sirve
La meta ya quedó atrás

FINADO
Fuiste tú
O vino ella
¿Te vino la muerte a buscar?

FINADO
Última página
¿Página en blanco?
¿De verdad todo acabó ya?

¿Es el FINAL este final?

© JIP

06/01/2005

NADA EN LA NEVERA

Yo estaba doblado sobre mí mismo, u ovillado, como una madeja de lana gris o un erizo asustado, escojan la que prefieran. El caso es que estaba así, cabizbajo, la frente sobre las rodillas, los brazos juntando sin ganas las piernas, en algún lugar extraño. En realidad digo "extraño" porque no tengo mucha idea de cómo era; al fin y al cabo estaba allí, ovilladamente gris y con los ojos cerrados... ¡¿Cómo podía saber en qué clase de lugar estaba?! Para eso debería haber abierto los ojos, mirar, y, la verdad, no tenía muchas ganas, porque estaba muy muy ocupado compadeciéndome de mí mismo. ¿De quién si no?... Bueno, vale, me han pillado, seré sincero. Lo cierto es que alguna idea de cómo era el dichoso lugar sí que tengo, pero tampoco demasiado clara, esto es, definida, así que mejor lo dejamos estar, porque me gustaría que este fuese un texto corto y no una de esas parrafadas insufribles que suelo pergeñar. Tampoco tengo muchas ganas de ponerme a describir, de modo que lo arreglaré diciendo que era un lugar frío, desolado, y en el que no había dónde sentarse. Si hubiese habido alguna suerte de asiento no duden ni un instante que el yo que estoy intentando narrar en este aborto de texto habría preferido compadecerse sentado a hacerlo gríseamente ovillado.

En fin, que el lugar no sólo era extraño, sino que además era inhóspito de cojones. Quizá se pregunten, "¿Cómo demonios había llegado usted o tú o como leches te llames a dicho lugar?" Buena pregunta, sin duda, son ustedes muy listos, avezados lectores, no se les escapa una... Pero hoy no es su día, porque aquí mando yo, o lo que es lo mismo, narra un servidor... y un servidor no tiene ganas ahora de estrujarse las meninges buscando la respuesta a una situación tan estúpida como la que estoy planteando en este cuento. Así que sigan preguntándoselo -pero para adentro-, o bien sigan leyendo, o bien déjenlo ya por imposible, porque lo que ha de venir bien parece que no ha de mejorar en mucho lo que hasta aquí han padecido...

Bien, ¿estamos todos?... mmmm... detecto alguna que otra juiciosa deserción, aunque menos de las higiénicamente recomendables. Luego no digan que no les avisé.

Bien, por dónde iba... ah, sí, bueno... en realidad, no... mejor... ¡NO!, rotundamente... no tengo ni idea de por dónde iba. En realidad no iba por ninguna parte. Todo esto no es más que un gran pestiño. ¿Tendré agallas de publicar esta basura?... En fin... Joder, ¡cuánto punto suspensivo!, siempre estoy con los puntos suspensivos a cuestas; pongo demasiados, pero no puedo evitarlo, sé me da bien eso de ser dubitativo... para eso no hace falta título, ni se necesita experiencia, ni idiomas, simplemente te pones ahí, dónde sea, en un lugar extraño o en el salón del comedor, y dudas... mmmm... mmmm... ¿Por qué sí esto?... ¿Por qué no lo otro?... y sin darte cuenta los puntos suspensivos empiezan a fluir cadenciosos de ti, como si fuesen malas vibraciones en dispersión desde la hondura de tus inquietudes...

Bueno, me he vuelto a perder, es decir, he vuelto a perder el hilo, el de la narración, y el de la madeja, y ya mi personaje, ese mismo que soy yo y que está ahí, hecho un mazacote sobre sí, compadeciéndose, se me está deshaciendo por momentos porque mi otro yo, el que está aquí, delante del ordenador, no tiene ni puta idea de qué carajo escribir hoy, y se está yendo por los cerros de Úbeda... A todo esto, ¿cómo deben ser los cerros de Úbeda? ¿Ustedes los han visto? ¿No? Yo tampoco. Es curioso. Tanta gente que se va por ellos para aburrirnos el día y nadie sabe cómo demonios son... Es extraño...

Bueno, debería ir aligerando, yo quería una paranoia corta y esto ya se está convirtiendo en un castigo. Debería hacer algo. ¡¿Pero qué?!... Bueno, podría probar con aquello del sujeto, verbo, predicado... es típico, y tópico, y está muy visto... pero hay a quien le funciona... Veremos...

Pues eso, que yo estaba allí, ovillado y gris, echo una mierda, vamos, y en un lugar que más que extraño, era tan frío y desolado como mi nevera. Como puntualización a esta agudísima comparación les informaré, por si no se encontraban en antecedentes, que estoy soltero y vivo solo... y no, amigos... no se me da nada bien ninguna de las dos cosas. ¿Algún alma caritativa y dadivosa -y femenina- que se preste a enseñarme los secretos de la cocina?... Bueno, ¡céntrate chico!, que empiezas a dar pena... Yo andaba diciendo alguna tontería... mmm... mmm... -¿lo han visto?... es fácil... ¡pruébenlo en sus casas!... los menores con la supervisión de un adulto que no esté viendo la televisión, por favor- ¿Por dónde iba?... ¡Ah, sí!... Por mí, ahí, echo un asquito en mi nevera vacía y terminal... Es un lugar lo suficientemente extraño para compadecerse, ¿no creen?... si al menos hubiese tenido un triste tomate me habría podido sentar en él, y luego comérmelo, dicen que es bueno para la próstata... ¡Argh!... en Úbeda de nuevo y yo sin mis gafas para ver de lejos... así nunca les podré describir cómo son sus cerros... aunque vistas mis ganas de describir a lo mejor se quedaban con las ganas... si es que las tenían... y, de tenerlas... ejem... yo me lo haría mirar por un profesional urgentemente...

Bueno, ya está bien de esta cháchara inmunda... voy a acabar, quiero el the end, el fin, el telón, pero ya... Esto es insufrible. ¿Todavía queda alguien leyendo? ¿De verdad? Joder... ¡vosotros sí que valéis! Tranquilos, lo haré, acabaré ya mismo con este sufrimiento, por vosotros, por vuestra inestimable capacidad de aguante...

Estoy yo, es decir, una parte de mí, no la que narra, sino la que está triste, y estoy ahí, en mi nevera, ovillado, gris, echo un asquito, compadeciéndome. ¿Por qué? Buena pregunta, sí, pero esta tampoco os la puedo responder. Me gustaría, sí, antes que nada por mí mismo, porque si la tuviera tal vez no me vería en semejante situación, pero no, no la tengo, así que ahí me tienen; final –y terriblemente redundante-. Aunque creo que sí sé un poco a cuanto de qué viene todo esto. Creo que es el tiempo, no el mal tiempo, ni el bueno, no ese del que todo el mundo habla cuando no tiene de que hablar. Estoy hablando del otro, el que pasa y no vuelve, y me está consumiendo por momentos...

El tiempo corre y yo estoy ahí, compadeciéndome porque no puedo alcanzarlo, quemando mis instantes mientras infinidad de mis posibles se volatilizan para no volver jamás. Y lo peor es que no me puedo mover aunque me gustaría. No puedo reaccionar, abrir los ojos, observar atentamente el espectáculo dantesco en que se ha convertido mi nevera. Más que ovillado, tal vez esté petrificado, gris y duro e insensible como una maldita roca.

Es triste, patético, inasumible, pero está ahí. Ahora les toca a ustedes imaginar si es que les viene en gana. Son los lectores al fin y al cabo. ¿Dónde empieza y termina aquí la ficción? ¿Dónde nacen y acaban mis melancolías?

En realidad todo eso tampoco importa demasiado, porque aquí la única verdad relativa es que el tiempo se acaba...

Porque el tiempo del sueño no es el tiempo de la vida, y es el primero el que se me está agotando; estoy comenzando a vencerme, solidificarme definitivamente, preparando mis días de piedra. ¿Cuánto creen ustedes que podré aguantar? Días, semanas, tal vez meses... no un año, por descontado, eso ya se lo aseguro yo...

A partir de aquí ustedes pueden apostar y yo puedo ya ir despidiéndome, no sin antes apostillar esta infamia escrita con la anhelada palabra...

FIN

© JIP

08/01/2005

CON GRITO DE FIERA

¡Qué difícil es ser hombre! ¡Qué difícil y terrible! Difícil y terrible, sí... ¡Y qué salvaje!... ¡Y qué hermoso!... Tan salvaje y terrible, tan difícil y hermoso como ser Dios. Tanto como ser tigre de luz que incendia los bosques de la noche con su divina simetría. Porque si a fuerza de martillo y yunque te hiciste, martillo y yunque que hace también eres. Si de mano inmortal y tremendas garras viniste, serás a tu vez mano que crea y garra que bebe. ¿Acaso no eres lanza de estrella clavada en la tierra? ¿Acaso no eres lágrima de estrella caída en la tierra? Pues estrella, ¡estrella y no otra cosa!, son tus profundidades, tus ojos y tus fuegos en ella. Quemarla está en tus manos de hombre y en tus garras de tigre, en tus divinas pupilas, como en ellas está crear de la la nada nuevas tierras; sempiternas, trascendentes, a su vez creadoras e infinitas... con esa infinitud de estrella que te penetra, que eres, de la que viniste, a la que volverás, temprano o tarde, con canto de cisne o grito de fiera...

© JIP

The Ancient of Days, de William Blake, 1794


EL TIGRE

Tigre, tigre, que te enciendes en luz
por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
pudo idear tu terrible simetría?

¿En qué profundidades distantes, en qué cielos
ardió el fuego de tus ojos?
¿Con qué alas osó elevarse?
¿Qué mano osó tomar ese fuego?

¿Y qué hombro, y qué arte
pudo tejer la nervadura de tu corazón?
¿Y al comenzar los latidos de tu corazón?
¿qué mano terrible? ¿Qué terribles pies?

¿Qué martillo? ¿qué cadena?
¿En qué horno se templó tu cerebro?
¿En qué yunque? ¿Qué tremendas garras
osaron sus mortales terrores dominar?

Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas
y bañaron los cielos con sus lágrimas
¿sonrió al ver su obra?
¿Quién hizo al cordero fue quien te hizo?

Tigre, tigre, que te enciendes en luz
por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
pudo idear tu terrible simetría?


William Blake
Cantos de Experiencia

William Blake, 1757-1827

10/01/2005

IV-once

Quisiera amarte en espejo
Resbalar tal que aguja lasciva
Como filo cortante y sediento
En el fúlgido hielo de tu reflejo

Quisiera poseerte en desierto
Beberme la piel de tus duna de mármol
Morder con bravura tus cactus sin bello
Saber en mi ápice tu lengua en oasis

Quisiera tenerte en mi boca a cada momento
Sentirte vidrio candente
Humedad polvorienta
Magma de rojos roces en mis adentros

© JIP

11/01/2005

V-uno

Me diste talento y cerillas
Y un tiempo finito
Más delgado y pequeño que el de los demás
Afilado como suicidio
Y ahora me la reprochas
¡Sí!
Mi piromanía de dioses
Porque temes mis fuegos sobre tus llamas
Secretamente envidias
¡Sí!
Esa voluntad mía de arderlo Todo
Desde mis pánicos de Carne
Hasta tus nieblas de Alma

© JIP

12/01/2005

REGALO INTEMPESTIVO

¿Qué es eso?... Ding Dong... Llaman a la puerta. Sí, eso parece, pero... ¿a qué puerta?, porque creí estar dormida, que esto era un sueño; mi sueño... En fin, iré a abrir, a ver quién es el pesado. ¡Qué extraño! No hay nadie. Sólo esa caja en el suelo. Bueno, "caja" "caja", lo que se dice "caja"... Es un regalo, Está claro. Mira ese papel precioso, y ese lazo azul brillante... ¡Alguien se ha acordado! ¿¡Pero quién?!, ¡si aquí no hay nadie!, ni un triste mensajero que me meta prisa para que le firme el recibo... Tampoco hay tarjeta, ni nombre, nada... A ver, a ver... mmmmm... no pesa mucho... ¿lo zarandeo a ver qué suena?... ¡sí!... ¡no, tonta!, ¡y si se rompe!... Si se pudiera romper pesaría más, no crees... no sé, hija, todo esto es muy extraño... A lo mejor sigue siendo tu sueño, el de antes, que ha mutado, y todo esto te lo estás inventando... ¡Jo! ¡No fastidies! Eres una aguafiestas, me quieres chafar el cumple, envidiosona... Bueno, vale, vale... pero, ¿¡y qué tal si lo abres, so boba!?... ¡¡¡Uy, síiiii!!! ¡Qué ilusión!... pero, ahora que lo pienso... un regalo desconocido... y a estas horas intempestivas... ¿quieres decir que debería?... a lo mejor es de un maníaco... o peor... ¡a lo mejor es del vecino guarrón de enfrente!, ese que siempre me espía por la ventana... ¡Joder, niña!... pues no eres tú remilgada para estar soñando a estas horas, allá tú y tu mente si metéis vouyeurs crápulas en vuestros propios sueños... ¡Ay!, tienes razón... lo voy a abrir, sí... ahora mismo... ¿Qué será?... Estoy emocionada... ¿lo estoy?... ¡Que sí tonta, ábrelo ya, leches!... Ya va, ya va, impaciente, como sigas así te pongo el "mute" y te dejo sólo mirando para que te mueras de envidia, jijiji... A ver, a ver... ¡Coño!... está vacía... No hay nada, ¡nada!, nada... creo que me estoy deprimiendo, chica... Un momento... el papel... se mueve, y el lazo... ¡el lazo también se mueve!... ¡miraaaa!... dibujan líneas; serpientes líquidas, colibrís caprichosos... ahora arriba y verde, luego abajo y lila, a izquierda ámbar, a derecha rojazo sabrosón... y en diagonal... en diagonal... ¡qué verde tan bonito!... Pero, ¿¡qué narices pone, niña!?... No sé, chica, ponte las gafas a ver si así... Vale, me las pondré... mmmm... ya empiezo a verlo... ¡Oh! ¡Qué bonito!, no crees... Sí, precioso, de verdad... aunque lo del 29 se lo podía haber ahorrado, digo yo... ¡Jo!, pues sí...

© JIP

13/01/2005

"AUSENCIA"

AUSENCIA: Saber que no estás sino en el no estar del otro, que te faltas en todo lo que de él extrañas, añoras y anhelas. Sentirte preso de ese desmembramiento de lugares e instantes, pálpitos y pensamientos, capaz de resquebrajar un espíritu en finísimas esquirlas de duda.

Ese pequeño morir, segundo a segundo, cuando recuerdas que no eres sino en la medida en que estás en ELLA...

© JIP

Desnudo a Contraluz de Giacomo Balla, 1906

14/01/2005

INTERESANTE IMAGEN...

Hace un momento estaba en el baño, mirándome en el espejo, en plan narciso, pero sin babas, ojo...

Y ahora estoy aquí, frente al teclado, escuchando "Bodies", de los Smashing, una y otra vez, en bucle, soy así de maníaco qué quereis que os diga... A Coorgan debieran haberlo encerrado, bueno, a él tal vez no, pero sí a su voz, para siempre jamás... pero Chamberlain es muy bueno, sí, mucho, y yo lo escucho por eso... escucho sus ritmos...

Y mientras lo hago, escucharlo, a Chamberlain, y a Coorgan por desgracia, y a los otros dos que no recuerdo cómo se llaman, vuelvo a mí mismo mirándome hace un rato en el espejo, y pienso... pienso... pienso algo que escribir...

Lo tengo, creo...

Lo estoy haciendo, sí. Estoy pensando en la Nostromo, esa catedral gótica en mitad de aquel espacio en el que nadie puede escuchar tus gritos... A Ridley siempre le gustó mucho Conrad...

La Nostromo


Y estoy pensando en Tom Skerritt ante el espejo, ya sabéis, el de Top Gun, el de Picket Fences, y poco más, la verdad, porque el hombre tampoco dio para mucho... bueno, aparte, claro está, de su Dallas del Octavo Pasajero...

El tío mandaba todo aquello, o se suponía que lo hacía, ¿no?... pero se paseaba por la película y por la nave como si todo le importase tres pimientos...

¿Y a mí qué me cuentas?


Oye, tío, que nos llega una señal de socorro, hemos de ir... Bueno, pues vamos....

Oye, tío, que un bichejo se ha comido al mecánico... Bueno, ¡y a mí qué!...

Oye, tío, ¡¡¡que tienes el puto bicho a tu espalda!!!... ¡¡¡Pasad de mi culo... estoy escuchando a Bach!!!... ¿Era Bach?... No lo sé... he puesto el primero que me ha venido en gana...

Hasta que ¡groumpfff!... un pacá y un pallá, y ya no hubo más Tom Skerritt...

Ni más Bach...

O lo que fuese...

Era lo justo, quiero decir que se lo zamparan así, a media película, eso estuvo bien, porque un pavo así no podía ser el héroe... No... Decididamente... La Ripley mucho mejor, desde luego...

El tío a todo iba con desgana, como pidiendo la hora, con esa barba de dos semanas, y esa careto de ¡¿Qué coño se me ha perdido a mí aquí?!... Era de justicia poética que se lo jalaran... ¿o no?...

Bueno... ¿Y todo esto a qué venía?... A que estaba pensando en la Nostromo y en Tom Skerrit frente al espejo... Suponed que en lugar de a John Hurt lo hubieran escogido a él, a Skerrit, para lo del huevo y la araña en la jeta, y para lo del desayuno sangriento...

Toc... Toc...


¿Qué pinta habría tenido justo antes de su muerte?...

La araña había desaparecido, sí, pero quedaban las náuseas; era como una resaca del quince, pero con el agravante de no haber probado gota, lo cual no deja de tocar lo que no suena...

Y el tío estaba allí, frente al espejo, en el lavabo... ¿La Nostromo tenía cagaderos?... y, de tenerlos, ¡¿Había espejos?!...

Mirándose, maldiciéndose, cagándose en todo... Esto me pasa por tener inicitiva... sí ya lo digo yo que lo mejor es pasar de todo... Siento raro el estómago... ¿Tendré gastroenteritis?... Tendría que afeitarme... Sí, pero me da pereza... Como que paso... Paso de todo, sí... Siento como si estuviese incubando algo chungo... ¿Una gripe?... No sé... Tengo que dejar esta vida de camionero interestelar... Malo para el cutis... Me voy a comer algo con esos mierdas...

¡Paso de este café!


Y bueno, se fue a comer algo, sí, pero acabaron comiéndoselo, y nadie escuchó sus gritos, bueno, sus compis sí, y pusieron cara de ¡Oh, qué tragedia!, lo cual es irónico, porque se les acababan de vendimiar al jefe, y uno en estos casos lo que hace es descorchar cava e invitar a lo grande... Yo lo haría...

Dallas frente al espejo, barba de dos semanas, cara de nada y cuerpo de asco, incubando al octavo pasajero... Interesante imagen...

Yo frente al espejo, barba de dos semanas, cara de nada y cuerpo de asco, incubando vete a saber qué demonios... ¿Interesante imagen...?

© JIP

16/01/2005

enero, dieciséis, cero-cinco

Por la mañana me he mirado en el mismo espejo cóncavo en el que Cortázar también contempló su reflejo. Y he visto su imagen. En películas y en fotos. He visto sus años pasar y caer sus ojos; la edad y la enfermedad silenciosa. Pero en lo hondo siempre estaban sus letras. Ésas también las he visto, en cartas y textos, a máquina y manuscritas. Su caligrafía era difícil pero bonita, aun para ser hombre. También vi sus prismáticos, anchos y negros, ¿sería con ellos con los que oteaba en su mente el envés enigmático de la realidad?... Estaban también sus amigos, las mujeres de su vida, y sus viajes, siempre sus viajes. Los viajares por este, nuestro mundo de maletas y prisas. Y los otros, los de magia y papel, siempre por la cosmopista. También vi un plano de la "Casa Tomada", y al mismo Cortázar, el Gran Cronopio, inmortalizando en celuloide, mientras ametrallaba un aire transparente pero a buen seguro repleto de Famas... Todo era pequeño e íntimo, oscuro y escueto, similar a la vida de un hombre sencillo que pasó su tiempo en otros mundos, papando moscas, y de este, nuestro mundo de lágrimas y pesares, se fue en silencio, solitario y mudo.





Por la tarde estuve con Rodin y sus esculturas. Bronces y yesos y mármoles desgarradores y desgarrados. "La Puerta del Infierno", "La Edad de Bronce" "El Pensador", "El Beso", "Eva", "El Hijo Pródigo", "El Dolor", "Balzac"... Alma de roca en sufrimiento y carne de piedra en movimiento.





La mañana a solas con Cortázar y la tarde a solas con Rodin... Ambos impresionantes...

Después de eso, una llamada telefónica, también, solamente... Habría querido más pero no pudo ser, porque muchas veces no se pueden escribir ni esculpir los deseos, se quedan ahí, prenatales, en el panteón de lo inasible, defraudados y moribundos.

Y ahora la noche la paso aquí, también solo, pero con vosotros, los que leéis...

© JIP

17/01/2005

IV-cinco

Si pudiera volver
Aunque sólo un segundo
Al antaño jocundo
Cuando todo era nuevo
Ese engaño profundo
De feliz caramelo...
Para así encarar decidido
Con aliento en las venas
Y coraje en los huesos
Lo Real... La Tiniebla...

© JIP

18/01/2005

PASOS SIN ECO

Noche cerrada y quieta, como una mortaja. Una nocturnidad difunta. Una oscuridad inorgánica. Breves luces aquí y allí puntillan, como estrellas heladas, contradictoriamente, diseminando claroscuros. De repente unos pasos quiebran la atmósfera. Rítmicos, acompasados, con una prisa distraida, acercándose hacia la luz. Alcanzan la farola. Se detienen y miran, como preguntándose, brillantes y encerados. "No debería estar aquí tirado a estas horas". Hace frío y un volumen humano esculpido en sombra pétrea se desovilla tímidamente. Apenas existen en él pies ni manos, sus extremidades son -las unas aferradas sobre las otras- todas una, y la cabeza supone apenas un apéndice timorato.

- Tengo miedo de empezar... de iniciar y no saber hacia dónde, ni hasta cuándo... y hace tanto frío...

Un escalofrío lo agita y entonces los ojos se le recrudecen sobre la tristeza. Tiritando, agacha la cabeza, como una flor moribunda abandonada al ocaso, y la mete entre las piernas, bajo el agujero que forman los hombros y los brazos arqueados. En pocos segundos lo devoran la quietud y la penumbra, convirtiéndolo en roca.

Los pasos contemplan la piedra marchita, unos segundos, apenas nada. El silencio llegaría pronto, como un viento de peste o una ola que arrastra, y luego nada... Deben darse prisa. Esperan la cena y la cama, el sueño reparador tras los segundos. Empiezan a caminar de nuevo, más rápidos esta vez, vigorosos, azuzados por un ominoso temblor en el aire.

Tras su eco las luces mueren lentamente, como una pista de aterrizaje que se apaga. Sus llamas se pierden en un horizonte de negrura esférica y con ellas desaparecen también los pasos y su eco.

Ha llegado el silencio...

© JIP

22/01/2005

UN AÑO DE PUERTAS

Ha pasado como una auténtica exhalación, más rápido e inadvertido de lo que prefiero reconocer, pero así ha sido.

TannHäuser y su Replicante Soñado cumplen hoy su primer año de existencia en la Blogosfera, y eso merece, pienso, alguna que otra reflexión.

Cuando hace 365 días publiqué mi primer post creía tener bastante claro sobre qué tipo de cosas quería escribir en la bitácora que acababa de inaugurar, también sobre qué no quería hacerlo, y sobre todo, cómo no quería hacerlo, es decir, qué estilo quería imprimir a mis palabras. Ese primer texto era en este sentido, amén de una presentación, una pequeña declaración de intenciones.

Lo que he conseguido sacar adelante tras todo un año a la vista está, y pienso que, en cierto modo, he cumplido muchos de mis objetivos. Lo que veo me gusta, podría ser mejor, sin duda, siempre puede serlo, pero no no me desagrada en absoluto. Estoy orgulloso de estas puertas que he ido edificando día a día, y que seguiré construyendo mientras me queden fuerza y ganas.

No obstante, aunque haya pasado volando un año es mucho tiempo en la vida de una persona, sobre todo si te pasas los días escribiendo o pensando algo que escribir. Eso te hace evolucionar psicológica, creativa y sentimentalmente, y pienso que a un ritmo más acelerado del que alguien que no se enfrente a tareas semilares a ésta puede evolucionar. Si eso es bueno o no, natural o no, ya es otro cantar. La cuestión es que ni la TannHäuser de hoy es la que fue ni éste que escribe es el que escribía hace 12 meses. Ella ha cambiado y yo con ella, o yo cambié y ella conmigo, tanto da.

Estéticamente sigue siendo la misma que el primer día, pero sus esencias han variado sustancialmente. Ha ido de fuera adentro, del exterior de mi conciencia a mis entrañas, y hasta tal punto ha sido así, que mi propia voz, que apenas se vislumbraba en los primeros textos, ha inundado -puede que incluso ahogado- los últimos. Un rotundo giro hacia el yo. Creo que esto es casi inevitable en un medio como la bitácora y he que reconocer que todo y que al principio intenté no caer en él, al final he acabado cediendo. Lo mejor de todo es que no me arrepiento, no sólo porque me he divertido más escribiendo y he escrito mucho más, sino también porque creo que todo lo que he escrito ha sido sensiblemente mejor. Al fin y al cabo eso y no otra cosa es lo que busco, escribir cada día, y cada día escribir mejor.

Aun así, a pesar de este vuelco egotista, sigo hablando de lo que me gusta; libros, cines, cuadros, sueños, paranoias... pero desde un yo más profundo y desnudo, visceral y salvaje, muchas veces terrible, otras tostón, a veces incluso brillante... pero ese soy yo, o mejor, todos esos son yo... Otra cosa es que haya a quienes algunos de esos tipejos que soy -y espero poder ser- puedan llegar a parecerles mínimamente interesantes...

Existen, lo sé, me lo dicen las estadísticas y los comentarios. No son muchos pero son, y para mí todo lo valen. Ante todo y sobre todo valen el esfuerzo de querer seguir al frente de todo esto, de mantener abiertas estas puertas para todos aquellos que encuentren algo valioso en ellas.

A todos vosotros, los que anónimamente o no penetráis este quicio y participáis de mis palabras, gracias. Confío que el próximo año de este proyecto, o lo que sea que le quede de vida, os siga invitando a quedaros junto a mí.

© JIP

P.D: En otro orden de cosas, eso sí, totalmente rastrero, ruin y egoísta ;) aquí os dejo un link a través del cual los que queráis podréis votar a TannHäuser para los Premios a las Mejores Bitácoras del 2004, organizado por Bitácoras.com. Aquellas almas caritativas y dadivosas que quieran votar la bitácora en días sucesivos y hasta que expire el período electoral, encontrarán este mismo link bajo la foto de mi jeta, en la columna de enlaces, en la sección "Cubil Del Replicante". Desde ya gracias mil a todos los que tengáis la paciencia y la voluntad de otorgar vuestros votos a este, vuestro humilde escribiente :)

23/01/2005

LA FELICIDAD DEL FURIOSO

"El amor es un sentimiento totalmente anormal, ya que va acompañado de todos los estados turbios que suelen caracterizar a una mente trastornada: angustia, desesperación, desconfianza mórbida, relámpagos de felicidad, egoísmo llevado hasta la ferocidad, etcétera. Es una felicidad de furioso".

Emil Cioran
Cuadernos 1957-1972

Cioran


Cuando caigo en la postración y el abandono, cuando ya no tengo más que fuerzas para hacer suicidas equilibrios sobre el trampolín que desemboca en el abismo, justo entonces, recurro a Cioran. Hay quien podría decir que eso es algo así como echarse sal sobre las heridas, darse el tiro de gracia, y tal vez no le falte razón. Pero yo no pienso así, y no porque crea que comprendo mejor que otros a este genial pensador rumano, sino porque, sencillamente, sus pensamientos conmigo funcionan. Por qué. No lo sé, la verdad. Quizá porque todo se aprecia mejor, nítidamente, desde la orilla de la desesperanza. ¿La lucidez del finiquitado? Quién sabe...

¿Cómo no entender el amor como la más grande y peor droga, el más poderoso y alucinógeno de los venenos, que te convierte en una bestia acorralada dentro de tu sentir salvaje y desbocado? ¿Y cómo no ver en ese loco enamorado a la bestia más maldita y a la vez más afortunada de la creación, a caballo entre un éxtasis convulso y una mortal agonía?... Justo en el centro de los torbellinos que emparentan la Divinidad con el Horror.

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24/01/2005

"DESATADO"

DESATADO: Rabia de lava y furor de acero al rojo; rojo de sangre enfebrecida, rojo de carne en convulsión. Agotando los segundos, liquidando los instantes, aguardando el último estertor. Grito de estrella que muere y estalla, de nova que inunda y arrasa, tal que satánica ira de Dios desgajada, asir con la diestra el poder de la Muerte; tener en la izquierda el rumor de las Sombras; y en la mirada infinita, los ojos cegadores, saberse sediento filo de luz anhelando terebrante el Desafío.

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Gran Guerrero con Pierna Derecha, de Émile-Antoine Bourdelle, 1898-1900


Gran Guerrero con Pierna Derecha, de Émile-Antoine Bourdelle, 1898-1900

25/01/2005

IV-tres

No me mires
Así no
Con hambre de enredadera

No me toques
Asi no
Con furor de estalactita

Ser en tus brazos sólo ocaso y "deshechura"
Sol de tu carne eclipsando la sed de mis lunas

Si no es para eso
Morir en tu beso
Arder en tu abrazo
Beber en los míos tus ojos
Un lácteo mar de caricias mamar de tu pecho

Esta vida que me das
Que todo lo es sin serlo TODO
No la quiero

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27/01/2005

EL ENSAYO DEL CUENTO DEL POEMA

"La vida no es un ensayo, aunque tratemos muchas cosas; no es un cuento, aunque inventemos muchas cosas; no es un poema, aunque soñemos muchas cosas. El ensayo del cuento del poema de la vida es un movimiento perpetuo; eso es, un movimiento perpetuo".

Augusto Monterroso
Movimiento Perpetuo

Augusto Monterroso


La vida es movimiento perpetuo, y lucha, y temblor, y desafío, todos perpetuos, y cuando acaba la vida y cesa el aliento, empieza la incógnita, también perpetua, circular e inacabable, inasible por envolvente y circundante, como ese eterno retorno en el que venimos y vamos hacia unos dóndes y unos porqués armados de ceguera. Y en el medio y hasta el ápice, que es el morir -¿en verdad lo es?-, estamos nosotros y las letras; esos ensayos, cuentos y poemas que son también espejos, también reflejos circulares, extensiones de nuestra alma y nuestra carne que el pálpito nos remueven en torbellino; que lo son todo sin ser apenas nada, más que palabras...

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28/01/2005

enero, veintiocho, cero-cinco

Todo esto del vivir empieza a parecerse demasiado a una carrera de coches. El asfalto es la vida de uno, sinuoso, imprevisible y lleno de peligrosas curvas, en fin, como el río que cantaba el poeta, pero en cemento y gravilla que para eso vivimos la era posatómica. Luego está uno mismo, el que vive, sí, pero no corre, porque lejos de jugársela a cada momento en el asfalto parece más bien un pasivo espectador de sus instantes. Y al fin están los coches, los fórmula-1 del aliento, que son los días, que pasan y pasan raudos y veloces, y uno apenas llega a atisbarlos desde la grada. Caen los días y tus carreras y tú estás ahí, en la grada, esperando. ¿Esperando qué? Buena pregunta, y mejor silencio, pero los días siguen pasando veloces y monocromos, como coches de carreras en una televisión en blanco y negro, y cuando te quieres dar cuenta ha llegado el fin de semana, y sigues en la grada; y al siguiente parpadeo se ha marchado, y sigues en la grada...

Podría haber encontrado símiles mejores. Sí. Deformación profesional. Demasiadas horas al volante. Demasiadas horas sin pensar. Realmente. Verdaderamente. Pensar...

Pero bueno, la cuestión es que los días pasan, y pasan que se las pelan, y tú el asfalto ni lo hueles. De casa al trabajo y del trabajo a casa. Friega, barre, lava, cocina si es que sabes o puedes o te da la gana. A veces tienes suerte y se presenta un café, un amigo, una charla. Lee algo, poco, porque estás cansado. Escribe algo, bueno si es que las musas vienen. Mirar una película sin quedarte frito en el sofá; todo un desafío. Y antes de que te quieras dar cuenta se acaba un día y empieza otro. Vuelta a empezar. Una vuelta menos para la bandera a cuadros y una día menos para la gran cita con la señora Parca. Y lo único que tienes meridianamente claro es que no sabes adónde vas y que cada día estás más cansado. El combustible no es infinito. Ni siquiera en el Sol.

En fin, que le dan a uno ganas de dárselas de espontáneo y saltar al ruedo de los coches raudos y los días veloces a ver si con suerte encuentra el volante de su vida o, en su defecto, un exquisito atropello...

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31/01/2005

V-tres

¿El Infierno?
Un vivir más sin tu mirada
Un seguir más sin tu sonrisa
Un latir más sin tu caricia
Un aire más sin mi oído en tu palabra

Ardería en él tu ausencia
Hasta mi última ceniza
Y aun así; todo ascua
Más allá del fin
Me tendrías todavía

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Enero 2005 | Vida Puta y Sin Talento
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