Vida Puta y Sin TalentoTannHäuser. Año 5. Terrorismo bloguero, escritura subnormal |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2005. 02/02/2005FORASTERO EN TIERRA EXTRAÑA¿De qué pasta terrible están hechos los hombres de ciencia? Siempre me lo he preguntado. Otra pregunta más sin respuesta a añadir a la larga lista. A veces pienso que no son reales. Que todos esos físicos y matemáticos, químicos y biólogos, ingenieros mil, hombres como katakrek, son algo así como androides o cyborgs puestos aquí, en el mundo de los hombres, por alguna entidad alienígena con ve tú a saber qué aviesas intenciones. Podría ser así, ¿no? Tal vez hasta ellos mismos son alienígenas disfrazados, como en la peli de Carpenter, "¡Están Vivos!", mezclándose entre los seres humanos para otorgarles, cuales ruines prometeos, el fuego de la diosa ciencia a cambio de tener bajo este subliminal yugo a toda una raza de productivos -y consumidores- esclavos. Prefiero pensar eso, sí, definitivamente, porque de lo contrario me deprimo. ¿Y si resultasen ser personas del todo normales? Eso sería espantoso, inconcebible, desolador. Esa capacidad increíble para aliarse con los números y las fórmulas, para entender lo ininteligible, aprehender lo inasible, en alguien completamente normal, humano, como yo vamos... No. Mejor pensar que son androides vigilantes o alienígenas cabrones, y que algo tan complejo como un microchip no sólo no ha podido ser pensado y diseñado por mente humana, sino que lo traen manufacturado ya, tal cual, de algún lejano planeta, allende las galaxias. Asumir su normalidad sería asumir mi "anormalidad" o, mejor dicho, mi "subnormalidad"; sería como parafrasear la maldición del jefe de los Panteras Negras en "Duro de Pelar", sí, la del Eastwood y el Orangután cagón: "¡Oh, Señor!... a tus hijos los hiciste del barro... y a los míos los hiciste de la mierda..." Lo cierto es que no sé cuándo ni dónde me perdí definitivamente para las ciencias, pero así sucedió. O quizá el espíritu científico nace y no se hace. De ser así, de la parcela dedicada en mi cerebro a semejantes potencialidades cuelga desde antiguo un cartel que reza "Se Alquila Cerebro. Neuronas Libres". En la escuela era bueno en mates, sí, pero luego llegó el instituto, donde descubrí que aquellas mates que yo dominaba eran algo así como de tercera división y que yo jamás pasaría de ser un calculador de cuarta regional. Yo primero los escuchaba, a ellos, a mis profesores de mates y física, y no entendía nada. De nada. Luego los escuchaba, a ellos, a mis compañeros, los que si entendían, y seguía sin pillar ni jota. Jamás me tuve por tonto, pero ahí estaba, mi cara de póker cuando les escuchaba sin comprender, una y otra vez… Descorazonador. Así que no sé, ¿quién era entonces el extraterrestre?... Hasta que desistí, y a partir de entonces fui más feliz. Ya no me tenía que preocupar de nada, el mundo funcionaba, o casi, gracias a esos androides y alienígenas, y artefactos tan complicados como el ordenador, el vídeo -ahora dvd-, o la tostadora, funcionaban única y exclusivamente porque dentro de sus tripas inconcebibles y complicadísimas todo estaba lleno de gremlins que los hacían funcionar. Sí, el mundo era más chulo así. Ellos lo hacían funcionar y yo podía dedicarme a cosas más simples, acordes con mi pobre cerebrito. Podía leer libros, lentamente, muy lentamente, página tras página; podía juntar palabras, cuidadosamente, en el papel, una tras otra, hasta formar frases con un mínimo sentido; incluso hasta podía hacer dibujitos, graciosos monigotes, y pintarlos de colores en un lienzo, poniendo cara de concentración y sacando la lengua, como si la cosa realmente supusiese un gran esfuerzo. Cosas llanas y simples, en fin, para mentes llanas y simples... Yo no me metía con ellos y ellos no se metían conmigo. Yo no los entendía y ellos no me entendían. Y el mundo marchaba. O casi. Porque otra cosa sería hablar sobre si el mundo es o no más sumidero desde que a los politicastros descubrieron que molaba mucho más darles cancha a los de ciencias en detrimento de los de letras. Los primeros producen más y preguntan menos, y, sobre todo y por lo general, piensan mucho, sí, pero en sus cosas extrañas, en sus parábolas y sus funcionas asíntotas, y no, en cambio, en morder la mano que le da de comer. Los humanistas en cambio están todo el rato dando por saco, cuestionando, protestando, poniendo el dedo en la llaga de la corrupción y el abuso, y además no producen nada valioso, apenas arte, pensamiento, reflexión… Nada que se pueda comer o vender o corromper. Y si no, mirad las facultades de este país, las de este país y las de tantos otros. Y luego comparad. Comparad presupuestos, medios, esfuerzos... La balanza siempre desequilibrada; ciencia y poder se alían y ganan, y a las letras que les den por culo. Todo bastante apestoso, la verdad. El mundo sigue marchando, o casi, y yo sigo sin entender muchas cosas, entre ellas, a los ingenieros y su verborrea, y a los políticos y su basura, pero siempre me queda el consuelo de pensarme forastero en tierra extraña; alienígena rodeado de humanos, o humano rodeado de dios sabe qué... Y ya sé que este discurso está repleto de parcialidades y demagogias varias pero, al fin y al cabo, aquí mando yo… © JIP 07/02/2005febrero, siete, cero-cincoSi muriese ahora mismo me convertiría en el más exquisito fantasma: tras veintiséis años de aliento soy sólo cuentas pendientes, lo tengo todo por hacer... © JIP 08/02/2005V-cuatroPor no atreverme a ser fantasma Me quedé en muerto Tan solo y solamente Así En muerto Vivo que fue Y no es ya más que recuerdo Tiempo que fui Y resbaló tal que rocío Desde el ápice de mis hojas al vacío Sombra de hombre en los avernos O ni tan sólo eso Apenas un sordo quejido O pardo reflejo de vago lamento Y tanto fui así Tan cobarde Tan vago Tan terriblemente muerto... Que ni cogí sábanas ni cogí cadenas Y a las puertas de tu piel me quedé ennadado Soñando agria y tibiamente Como si en lo ciego Con este soñar triste que tenemos los muertos Sentir en los huesos tu candor de pupilas Esa verde miel de placer vertiginoso -Como vértigo fue amarte sin tenerte Ese mismo vértigo en el que empezó a encintarme la muerte- Que ni en vida me entregaste Ni después espectral y aparecido Tras mis instantes Tuve arrojo de hacer mía por la fuerza... © JIP 10/02/2005ÁNGELES DE OTOÑOUn Ángel de Otoño para cuando pienso en ti, en cuánto te amo y cómo te siento, que significas el sueño supremo de mis adentros: A Veces un Cuerpo Puede Modificar un Nombre A veces las palabras se posan sobre las cosas como una mariposa sobre una flor, y las recubren de colores nuevos. Sin embargo, cuando pienso tu nombre eres tú quien le da a la palabra color, aroma, vida. ¿Qué sería tu nombre sin ti? Igual que la palabra rosa sin la rosa: un ruido incomprensible, torpe, hueco. Ángel González Otoño y Otras Luces Un Ángel de Otoño para cuando pienso en los dos, en ti y en mí, y en lo que nos une, que es mucho, como mucho también es cuanto nos separa, y grandes mis miedos por tanta distancia: Quise Quise mirar el mundo con tus ojos ilusionados, nuevos, verdes en su fondo como la primavera. Entré en tu cuerpo lleno de esperanza para admirar tanto prodigio desde el claro mirador de tus pupilas. Y fuiste tú la que acabaste viendo el fracaso del mundo con las mías. Ángel González Otoño y Otras Luces Un Ángel de Otoño para cuando pienso en un mundo sin tu mirada en mi mirada, en mi vida sin la caricia de tu nombre sobre mi nombre: La Luz a ti Debida Sé que llegará el día en que ya nunca volveré a contemplar tu mirada curiosa y asombrada. Tan sólo en tus pupilas compruebo todavía, sorprendido, la belleza del mundo -y allí, en su centro, tú iluminándolo. Por eso, ahora, mientras aún es posible, mírame mirarte; mete todo tu asombro en mi mirada, déjame verte cuando tú me miras también a mí, asombrado de ver por ti y a ti, asombrosa. Ángel González Otoño y Otras Luces Y al final, un Ángel de Otoño para cuando estoy solo y no te tengo, porque no estás, y vuelven la noche y la distancia, y me repliego sobre mí, ensimismándome, enyomismándome, y poco a poco retornan... retornan todos los fantasmas... Versos Amebeos (I) Hay días en los que no me atrevo a abrir el cajón de la mesa de noche por temor a encontrar la pistola con la que debería pegarme un tiro. Últimamente las noches me mantienen literalmente en vilo, y los amaneceres se me echan encima como perros furiosos, arrancándome pedazos de mí mismo, buscándome con saña el corazón. La luz no hace más que enfurecer a esos perros enloquecidos que no son exactamente las mañanas, sino lo que ellas alumbran o provocan: la memoria de dientes amarillos, el remordimiento de fauces rencorosas, el miedo de letal aliento gélido. Hay mañanas que no deberían amanecer nunca para que la luz no despierte lo que está dormido, lo que estaría mejor dormido y aún en el sueño vela, acosa, hiere. Ángel González Otoño y Otras Luces Hoy Hace un Año en TannHäuser: PASCAL, ILUMINADOR 12/02/2005EL GRAN EVASORSi alguien debía escapar ése tenía que ser él, Hilts, McQueen, el americano, as de las dos alas y las dos ruedas, auténtico Rey de la Nevera, así que yo la contemplaba anhelante y sediento, su carrera, su escapada. El resto no me importaban, ni los que iban en bici con enormes maletas, ni los que se echaron al agua a darle a los remos, ni por supuesto los otros, los que vestidos de traje y falsos acentos cogieron el tren que llevaba a la muerte. Tanto me daba si fracasaban o se evadían al fin. Él y sólo él se había ganado a mis ojos la libertad. Mi padre dijo que no, que la había visto ya muchos años antes y que no lo conseguiría, pero yo me negaba y le negaba; me negaba a escuchar, a creer, a perder su esperanza, que era también la mía, como mía, y terrible, sentiría su derrota. ¿Acaso alguien más que él lo había merecido?, escapar, la victoria… Se había pasado todo el tiempo en la nevera, cuando no hasta las cejas de barro; y después de vuelta a la nevera, cuando no tomando notas, dibujando mapas; y después de vuelta una vez más a la nevera, allí, solitario, oscuro, soñador, golpeando con su pelota el hormigón de la tristeza. Al fin era libre, sobre sus dos amadas ruedas, salvaje y desatado sobre la hierba, como bestia enfurecida y acosada, ya de la ansiada libertad tan cerca… tan endiabladamente cerca… que no podía ser verdad. Lo vi volar sobre la primera alambrada, un salto más y allí estaba, la victoria, pero era un vuelo imposible, estaba claro, necesitaría alas en lugar de ruedas, y los "monos" de traje gris ya lo acosaban, con patas de goma y dientes de bala, estrechaban su cerco con instintos de perro, estrangulando su sueño, mi sueño. Aun así me resistía a perder, aun así se resistía a ceder, y quiso intentarlo, ese último vuelo increíble, hacia los cielos; corajudo, valeroso, intrépido, hasta el final… pero falló, no podía ser de otra manera, y su libertad se esfumó, y mis ojos se achinaron, como si escaldados… ![]() Mi padre tuvo razón desde el principio, las había visto antes, su evasión y su derrota, y yo me había resistido a creer. Aprendí que los destinos se escriben y se filman, se viven, y no cambian, quizá porque no deben hacerlo, porque así son necesarios, para uno y para los demás. De nada sirvieron ni su maestría al manillar ni mis infantiles apoyos. Como un nuevo cristo acabado, alzadas las manos, espino en los brazos, contraído el rostro en lo amargo, su carrera –nuestra carrera- había terminado. Y escaparon el de la bici y la maleta, y las dos ratas de túnel transformadas en remeros, y a los demás, todos los otros, a los unos los trajeron, los trajeron de vuelta al campo, y a los otros los mataron, les llenaron de balas las cabezas, los cuerpos, y las ganas de volver en el futuro a alzar el vuelo. Y a Hilts lo metieron de nuevo en la nevera, como no podía ser de otra manera, porque no podía ser de otra manera, ahora lo sé... Porque él y sólo él podía seguir golpeando las paredes, ese hormigón de la tristeza, con su pelota, una y otra vez, hasta la extenuación, retumbando, haciendo escuchar su eco de agalla y rebeldía en todo el campo, en toda la guerra, en los tímpanos de sus perros carceleros, primero por él, y luego por todos los que allí quedaban, encerrados, privados, y también, cómo no, por todos los que se fueron, que se fueron, sí… pero que no lo consiguieron… © JIP 14/02/2005TRISTE, SOLITARIO, Y FINAL...Era muy pequeño, todos lo éramos, allí, en la escuela, donde lo mejor que había era el recreo, al menos eso es lo único que yo recuerdo, así que aquello debía ser lo mejor. El recreo era para correr, correr todo el rato, de arriba abajo, hasta reventar, aunque nunca lo hacías, reventar, pero ahí estabas, corriendo de un lado para el otro, como buscando la muerte. Creo que corríamos por algún motivo, seguramente perseguirnos los unos a los otros, probablemente eso, aunque no estoy seguro, porque sólo recuerdo correr, todo el tiempo, durante todo el recreo, todos los recreos... Parecen absurdas, ahora, desde los años, todas aquellas carerras locas, pero entonces no había nada mejor que aquello, más divertido, seguramente porque era la época en que lo absurdo hubiese sido preguntarse el porqué de las cosas... Las chicas nunca corrían, sin embargo, ellas hacían corrillos y hablaban de cosas, y luego sonreían, se carcajeaban, ensayaban miradas, y luego seguían hablando de cosas, sus cosas de chicas. Algunos decían que hablaban de novios, sus múltiples novios, allí en la escuela, en aquel mismo recreo, que las oían hablar de ellos, pero yo no sabía nada de todo eso, porque yo sólo corría de un lado para el otro, persiguiendo, o eso creo, y cuando pasaba cerca de uno de aquellos corrillos no escuchaba nada a excepción de sus carcajeos. Yo corría rápido, entonces, y no me importaban sus novios. Ni sus carcajadas. Ni ellas, en realidad. Sólo correr... Había una chica que sí corría, se llamaba Mari Carmen, y corría mucho, bastante bien, las más de las veces detrás mío, aunque yo de eso no me daba cuenta, así que no sé si corría tan bien porque sí, porque ella podía, o sólo porque lo necesitaba para poder seguirme. Como ya he dicho, yo de todo esto no me daba cuenta; ya entonces no veía demasaido bien... Mari Carmen, un nombe normal para una chica normal, como ella, ni guapa ni fea; normal, o eso pensaba yo, aunque siempre sonreía, y su sonrisa, recuerdo desde aquí, desde ahora, sí era bonita. Siempre estaba detrás mío, Javi esto, Javi lo otro, y yo corriendo de acá para allá, sin hacer mucho caso, enfurruñado, ciego, hacia adelante, como un toro en la embestida. Era lógico, yo tenía la cabeza bastante grande, más o menos como ahora, sólo que el resto del cuerpo todavía no había crecido, de modo que tenía que correr así, con el cabezón al frente, como un ariete, como si siempre tuviese algo, ahí delante, que destruir. Suerte que tenía un buen par de piernas que lo compensaban todo, que me convertían en una buena máquina de correr. Todavía conservo ese buen par de piernas, aunque hoy día apenas echo alguna carrera cuando llego tarde. La espalda está tocada, realmente jodida, pero las piernas responden, todavía... El cabezón también lo conservo, aunque pasa más o menos desapercibido porque el resto de mí también es grandote, creció en consonancia con el tamaño de mi gran cráneo. Con los años también me he hecho cabezota, algo que también disimulo más o menos bien, hasta que se me conoce, claro, y para entonces ya suele ser demasiado tarde. Algunos lo sabéis. Algunos incluso lo sufrís... Pero estaba hablando de chicas, hace muchos años, cuando todavía no me gustaban, nada de nada, y no como ahora que... bueno, lo cierto es que había una tal Raquel, que siempre era el centro de todos los corrillos, y sus carcajas siempre las más altas. Rubia, ojos claros, azules creo, y muy blanca, blanquísima; en aquel tiempo todavía no conocía el adjetivo "níveo", como la nieve, o sea... Si alguna me tenía que gustar tenía que ser aquella, ¿no?, al fin y al cabo era la que le gustaba a todo el mundo, por rubia, por ojosazules, por blanca, e incluso, si se me apura, por Raquel, porque esa combinación de letras sonaba algo así como mejor, exótica, como de importación, más chula... desde luego mucho mejor que Mari Carmen, o eso pensaba yo, y la mayoría, creo... Así que si me preguntaban qué chica me gustaba yo decía que Raquel, claro está, cómo no... en aquel tiempo tampoco conocía el adjetivo "mainstream", pero yo lo era, bastante, aunque con reservas, porque lo que verdaderamente me importaba entonces era correr, sí señor, hasta reventar... Pero no lo hice, reventar, no, aquí sigo, escribiendo esto tantos años después, y cabe decir que durante bastante tiempo después seguí respondiendo que Raquel cuando me preguntaban, que cuál era, la que me gustaba, chica, de novia o así, para, acto seguido, salir de nuevo pitando a la carrera, y Mari Carmen detrás mío, Javi esto, Javi lo otro, sonriendo siempre, y yo sin hacer caso... Mainstream total, y bastante gilipollas, todo hay que decirlo... Hasta que un buen día me giré, de repente, estaba agotado, o a punto de reventar, quién sabe, y ella ya no estaba allí, Mari Carmen, sonriendo, con mi nombre en su boca; desaparecida, del todo... Al fondo había un corrillo del que emanaban sonoras carcajadas rubias. Decidí que no me gustaban. Nada de nada. Sentí náuseas. Porque estaba exhausto y me sentía a puntito de reventar, o quizá porque por vez primera no tenía más ganas de correr, tenía ganas de otras cosas, cosas que sonreían y pronunciaban tu nombre... y Mari Carmen, qué bonito nombre, ¿no os parece?, ya no estaba allí... Y precisamente allí me quedé, un buen rato, triste, solitario, y final, ya tan joven... exhuasto, buscando, preguntándome... mientras alrededor los unos corrían y las otras se carcajeaban... Quizá merecí haber reventado allí mismo... por mainstream y por gilipollas... © JIP 16/02/2005"INVADIDO"INVADIDO: Como niebla de oscuros rizos o marea de espumas asesinas, como sombra, como feérica y alienante sombra; telón de costuras excoriantes y podridas descendido sobre alma, precipitarte sobre ti, pero no sobre un "ti" externo inserto en el orbe; sobre un ti replegado, enrollado, enquistado sobre tus entrañas, rojas, húmedas, regurgitantes... Enemigo de tu esencia, combatirte suicida y homicida -si es que te es posible todavía pensarte hombre-, doblegado sobre tus tinieblas, estrechando lentamente, en la noche, el cerco sobre tu corazón; aniquilando lentamente, en lo negro, la blancura linfocitaria de tu espíritu; segundo a segundo, egresarte, derramarte en el vacío... © JIP ![]() 18/02/2005febrero, dieciocho, cero-cincoQué decir cuando se impone el silencio. Qué pensar incluso, en noches como esta, de soledad, cuando no puedes dormir, todo y estar reventado, y la única certeza que se te aparece meridianamente clara, como fantasma, es el silencio... El maldito silencio... El jodido silencio... El podrido silencio... Jamás en tus años un invierno como este, tan duro, e inmisericorde, y afilado, como sable de hielo sajando, cortando, cercenando, tajando, partiendo, segando, seccionando, amputando, arterias, que se abren, como flores despiertas, vomitando la vida, la roja vida, que se va, con el aire, y el frío, y el gris, marchitándose, girando lentamente hacia un púrpura de coágulo, ahí, quieta ya, muerta ya, en el suelo, en la tierra, que fuiste y serás, como polvo... ¿A quién cojones hablas, escribes, a qué clase de tú te dirijes? Atrévete contigo mismo si es que tienes agallas. De lo contrario, calla, CALLA, ¡CALLA! Cansado. Reventado. Sin fuerzas. Silencioso. Sí. Así. Silencioso. Hasta en el corazón. Que debiera gritar. Pero ahí está. En silencio. Como tumba. O risa árida. U Ojo Ciego. Sin Reservas. Planeando. Sobre la derrota. Y ni aún en el sueño. Descanso. El más mínimo. Simplemente. Pasando el tiempo. Deslizándolo por el filo del alma. Transcurriendo. Siempre. En las mañanas huidizas. En las noches ajenadoras. Como esta. Y en las horas. En muchas de ellas. Tantas. ¡Por Dios! Tantas... Estoy cansado sí, ahora mismo y desde hace ya no sé cuánto, de combatir el silencio. Y estoy harto de preguntarme, de mirar, de buscar. Quisiera detenerme en unos minutos vacíos, repletos todos ellos a su vez de un dulce no pensar. Tenerlo todo blanco, por una vez, en la mente, y en el alma, si es que existe, y en el corazón, si es que me queda. Incluso hasta empiezo a estar harto de la letra. A veces son solo palabras, que nada cambian, de nada sirven, y sólo consiguen remover y remover, sin cesar, mis entrañas. Otras veces lo son todo, las palabras, y entonces llegan y hieren, como flechas ungidas en odio, se clavan en lo profundo para no partir, para no cesar, para no callar... Algo tan fácil como eso, tan simple, si estuviera en mis manos, en noches como esta, y las que han de venir todavía; no decir nada... no escribir nada... no pensar nada... cuando se impone el silencio... responder así... con silencio... © JIP 20/02/2005V-dos¡Desátame! Entrégame a la fauce de sirena Si es que estoy loco O eso piensas Porque mi piel cierro a la luz Porque blindo mi alma Ante el musgo del pensamiento Porque Águila o Tigre o Escualo En lugar de mirar... Como ellos... Hago pedazos... © JIP 23/02/2005HIBERNANDOPor lo visto ayer murió Guillermo Cabrera Infante. Aunque no leas periódicos, no escuches la radio, y mucho menos veas la televisión, de todos modos te acabarás enterando de las cosas, antes o después. Bueno, te enteras de lo que unos pocos quieren que te enteres, eso por descontado, aunque supongo que con esto no le descubro las américas a ningún alma. Todo el mundo habla, parlotea, sobre todo lo segundo, constantemente, de cosas como la libertad de expresión, la libertad a la información, y otras... Etiquetas y más etiquetas. Códigos de barras invisibles para un mundo de marionetas sin hilos... Pero nadie habla del derecho a la desinformación, es curioso. Porque yo no quiero saber nada del mundo y sus podredumbres, y hago lo que puedo para continuar así, pero siempre hay alguien o algo que te alcanza, que te pone al corriente, que se encarga de iluminarte sin ni tan siquiera tener en cuenta si tú deseabas o no ser agraciado con tan inestimable conocimiento. Simplemente porque es así, lo que se espera, lo normal; saber, conocer, estar al día... ¿Pero estar al día de qué demonios?, si la Humanidad sigue siendo el mismo sumidero ahora que hace diez siglos, si la vida sigue siendo la misma partida amañada que ha sido siempre; sólo han cambiado el color y la forma de los dados. Pero eso da igual, hay que presentar una fachada, una moral, dar sensación, de que hemos prosperado, que nos dirigimos hacia algún sitio, de que hoy es más fácil que ayer hacer partícipe al mundo de que cientos de miles de almas han sido arrasadas por una ola gigante, aunque impedir que todas ellas estuviesen en posición de ser arrasadas sea igual de difícil que cuando nos movíamos con pergaminos... A pesar de ser una especie tan jodidamente gallina, se nos sigue dando mucho mejor cacarear que poner huevos –o ponerle huevos, tanto da. ![]() Pero todo esto venía a cuenta de otra cosa, de Cabrera Infante, que la diñó, ayer, anque yo no me enteré, ni ganas que tenía. Pero hoy lo he visto, viendo la tele en casa ajena, qué remedio, allí, en su casa de Londres, en su exilio de Londres, de esa Cuba a la que nunca pudo volver y siempre llevó en el fuero del corazón, que nada hay más hondo, ni íntimo, ni doloroso. Supongo. La verdad es que no he leído nada de él, ni sus tristes tigres, ni sus cines sin sardina, ni otras cosas, tampoco tengo en mente leerle nada de ello a corto plazo. No es un autor que me llame, de momento. Pero ahí estaban las imágenes, en su casa, de cuando estaba vivito y coleando, como sardina dentro del agua, rodeado de sus libros, los libros de su vida, la biblioteca de su vida. Paredes de libros, literalmente, sí; paredes pintadas de las vidas y las letras de cientos y cientos de hombres como él, que como él escribieron, y también como él, murieron, o lo harán a corto o medio plazo. El hombre estaba contando una anécdota. Por lo visto habían ido allí, a su casa, su biblioteca, sus paredes de vida, a hacerle una entrevista, una de tantas, de las muchas que sufrió mientras no estuvo muerto, y el periodista, al ver tanto condenado libro allí, apelotonado y amenazante, ¡imposible!, le preguntó que si se los había leído todos... a lo que el escritor cubano, cacho de pan y cínico al tiempo, pero sobre todo zorronamente educado, o al menos así prefiero imaginarlo, respondió que sí, que todos, pero que una vez nada más... Se me antoja triste, sí, todo en general; morirte lejos de tu tierra si es que tu deseo íntimo era algún día poder regresar, o no poder tener todos los libros que te hubiese gustado, incluso no poder leer todos esos libros, ni una, ni dos veces. O más. Aunque lo más triste, sin duda, es perder el tiempo así, de esa jodida manera, cuando podrías utilizar tus valiosos segundos para leer y releer, escribir incluso, o añorar tu patria perdida, y en lugar de eso tienes que estar ahí, atendiendo a un tipo lo suficientemente estúpido como para preguntarte si en verdad has leído toda esa cantidad ingente de páginas, no sólo fuera del alcance de una, sino de varias vidas. Y todo para qué... para que haya una entrevista más, un código de barras más, una porción más de la parrilla horaria ocupada, por instantes, con tu imagen y tus palabras, en honor a tu muerte, al instante digerida y olvidada... porque en seguida vienen los deportes... ![]() Al fin y al cabo con los libros pasa como con el sexo, que uno no puede hacer el amor, o follar, o joder constantemente, aunque le gustaría. Tampoco puedes dedicar a leer todas tus horas, aunque quisieras. Porque no, porque es fisiológicamente imposible, también hay que comer, y cagar, y mear, y, si puedes, hacer el amor, o follar, o joder, según gustos y caracteres... Y luego, aparte de la fisiología, está la moral, que no es vital pero sí venal; aquello que debes hacer, porque no puede ser de otra manera; el precio que debes pagar por estar en el mundo, en este mundo que entre todos prefabricamos desde antiguo, y que también, cómo no, se lleva por delante su buena y preciada parte de tu tiempo... cosas tan edificantes e instructivas, por ejemplo, como asesinar tus horas por un sueldo miserable; seleccionar tu basura en distintos tipos de contenedores para que luego toda vaya a parar al mismo montón de mierda; limpiar tu conciencia comprando postales de UNICEF en Navidades; y, por supuesto y por encima de todo, mantenerte calladito y dormido, como osezno en hibernación eterna, consumiendo tu ración diaria de opio populachero, compuesto de trágicos sucesos, cotilleos mórbidos y circos futboleros... Si al menos le dejasen a uno cerrar los ojos en paz… © JIP 25/02/2005REBASANDO EL PUNTO LÍMITE¿Rebasando el punto límite? El no retorno. Quizá. Pero, ¿hay límite en la caída?, ¿tiene fondo el vacío? Y, en todo caso, desde dónde precipitarse, tirarse incluso, desde dónde empezar uno a deslizarse hacia el abismo del no volver jamás… Quién lo sabe… No yo, desde luego… Porque no hay respuestas. No. Pero sí la obligación de preguntarse, una y otra vez, mientras no desciendan las tinieblas. Todo se reduce a un inaprensible vértigo de dudas. ¿Siempre ha sido así? No lo sé. Supongo que no, que hubo un tiempo en que uno es demasiado pequeño y el resto del mundo demasiado grande, así que la distancia entre uno y el resto se hacía insalvable, no había lugar, todavía, para la consciencia, la terrible consciencia. Pero era tan sólo una cuestión de tiempo. Sí, el despertar, abrir los ojos, para y por la muerte… Así que no sé desde cuándo, pero sí que hace bastante que es así, o mejor dicho, que no puede ser de otra manera… ¿Por qué? Porque no hay respuestas… Aunque eso es en sí una respuesta, así que, de nuevo, quién sabe… Pero, de existir, el punto límite, debe estar cerca, lo presiento, lo olisqueo, como rata sucia en naufragio que empieza. Porque sí, porque noto que las vías de agua son ya demasiadas, siento que estoy empezando a ceder y que no tardaré en hundirme en un océano de fangos, e interrogantes, totalmente derrotado. Estoy demasiado cansado y demasiado viejo… Demasiado cansado para más batallas… Demasiado viejo para ciertas magias… Me siento cansado y viejo, sí, y también algo desquiciado. Mira todo lo que has escrito últimamente, toda esa ingente cantidad de palabras convulsas, retorcidas. Hay que estar un poco loco, o bastante, o del todo, para querer escribir, necesitar escribir semejante cantidad de palabras; sin lugar a dudas, sentirse ya definitivamente del otro lado. Bueno, ¿y en qué ocupar el tiempo sino en eso? Me paso las horas muertas tirado en el sofá, sin más anhelo que el de la nada, a ratos durmiendo, a ratos agonizando pensamientos, y aun así quedan horas… Horas que vivir, con la obligación de respirar, en vano esquivando la mordedura de esa sombra de pánico alienador que es la soledad. Quemo mis instantes miserablemente y aun así queda tiempo… Inconcebible tiempo… Tiempo desgarrador: Tiempo silente: Eternidades de angustia; esperando… esperando, sin saber exactamente qué, hasta que se te acaban las ganas, de dormir, de existir, incluso de escribir… y si ni tan siquiera ya la palabra significa nada, entonces lo estás... Acabado. De modo que te lo dices, a gritos y a cuchilladas, que empiezas a estar harto, de todo y de todos, sobre todo de ti, y que lo mismo te da implosionar que reventar, irte al carajo hacia dentro que llevarte por delante a todos los demás. Podría hacerlo, sí, ahora mismo, estallar, pintar de entraña y tuétano mis afueras, acercarme ya a la barra, y pagar mis copas, liquidar cuentas. Sería un instante, y luego nada. O eso pienso. Más vale… Un estampido sordo, vago, fútil, y las dudas se apagarían, cesarían los temblores, morirían al fin los dolores, del alma y de la carne, y del mundo, este mundo, sí, el mío y el de los demás, de los otros, si es que en verdad existimos… © JIP 28/02/2005VAMPIRIA. EL COMIENZO...Cerca de par de meses atrás se me ofreció la oportunidad de organizar un ciclo de cine sobre la figura de Drácula para el Centre de Lectura de Reus, ciudad en la que residen mis carnes y mis huesos -ya que mi mente va y viene, siempre viajando, entre aquí y mil y un ensueños- desde que mi madre tuvo a bien traerme al mundo pronto hará ya la friolera -¡brrrrrrr!- de 27 años -¡snif! En las última semanas el asunto se ha ido concretando definitivamente y, bueno, aquí estoy, empezando a prepararlo un poco todo. Se me ha ocurrido que TannHäuser podría ser una buena plataforma para ir dándole forma a todo este trabajo que se me avecina, y por eso he creado esta nueva sección, Vampiria, que, debido a su particular naturaleza, debería ser de muy corta vida, mas de gran intensidad. Será un pequeño gran cajón de sastre en el que iré metiendo todo lo que vaya avanzando respecto a este nuevo desafío, el de disertar de mis queridos amigos, los vampiros, y sus películas, que se me va a presentar en breve. Durante las próximas semanas, pues, convertiré TannHäuser en algo así como un Cuaderno de Campo o un Borrador de Trabajo. ![]() Como la buena criatura asocial de Dios por que me tengo, me da produce un pánico más que notable hablar en público y, en consecuencia, todo este proyecto no deja de tenerme un poco -no, seamos, sinceros... ¡un mucho!- inquieto, pero bueno, no hay mejor forma de vencer al miedo, pienso, que la de echarse al ruedo y coger el toro por los cuernos, aun a riesgo de llevarte más de una cornada en según qué sensibles lugares... No será la primera vez que me tenga que enfrentar a un auditorio expectante de mis palabras, ya hace unos años, cuando estudiaba en la Universidad -o hacía que estudiaba- me enfrenté varias veces a toda una legión de abúlicos y desinteresados estudiantes a quienes sólo les llamaba la consecución de los créditos libres que sobre el tapete ponía el evento. Así que, en distintos años y ocasiones, hablé a sus voluntariamente tapiados oídos de películas como Blade Runner de Ridley Scott, Videodrome de David Cronenberg, La Cosa y En la boca del Miedo, ambas de John Carpenter, e incluso de esa magnífica comedia macabro-gore, el cartoon de carne y hueso de Sam Raimi, llamado Terroríficamente Muertos... Y lo cierto es que lo pasé fatal todas las veces, y todas las veces me quedé con la sensación de que podía haberlo hecho mucho mejor, llegando además a la conclusión de que, en realidad, todo aquello de hablar en público a un auditorio displicente no valía ni el estado de nervios y ansiedad en el que me sumía, ni mucho menos el trabajo que me tomaba en preparar mis ponencias. Siempre al acabar me decía aquello de una y no más Santo Tomás... pero daba igual, porque siempre volvía a caer... ![]() Como ahora, que de nuevo estoy en la brecha, con un montón de trabajo por delante, otro montón de nervios por padecer, y ni el más triste montón de céntimos por cobrar a cambio... A partir de todo esto, lo mejor que se puede inferir de ún servidor, es que, además de gustar de meterse en camisas de once varas, es bastante gilipollas, porque pasan y pasan los años y no termina de comprender que esto de trabajar por amor al arte, aunque sea por amor a la cultura, lo fantástico, y sus monstruos, debe encontrar en algún momento su límite... Veremos cómo evoluciona todo, y Vampiria dará noticias de ello... Llevo toda mi infancia, mi adolescencia, y parte de los años que van detrás, esos en que se supone que debes dejar de ser un jovenzuelo para empezar a madurar, leyendo y contemplando vampiros, hombres lobo, momias, zombis, y monstruosidades varias de toda índole y ralea. He crecido con ellos y con ellos he empezado a madurar, ¡si es que en verdad lo he hecho!, así que supongo que algo interesante tendré que decir sobre ellos... O al menos eso espero... © JIP ![]() |
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