Desde las afueras de la consciencia oyénse tañer los gritos prometeicos del deificado hombre máquina.
Sus tendones plásticos, encerados, sus cables nerviosos, haces lumínicos de efecto y réplica instantánea, potentes sus músculos de titanio, muévense puntuales y rítmicos al son del pulso electromagnético, mientras en el constante devaneo despréndense otoñales esquirlas de carne, virutas de piel cancerosa y cancerígena, decolorando el cieno de reliquias posthumanas.
En la negra noche chandleriana salpicada de ígneas novas en agonía, tiembla y zozobra la vieja tierra bajo el paso del no hombre y su mesiánica carga de final.
Entre tanto... en todas partes, por todos lados... omnisciente, impasible al cataclismo de la vida, la telaraña universal de fibra óptica fluye en vertiginosas diástoles, henchida de recuerdos e imágenes, de almas y vidas y anhelos y odios de aquellos que soñaron la pesadilla de la razón.