Vida Puta y Sin TalentoTannHäuser. Año 5. Terrorismo bloguero, escritura subnormal |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2007. 01/01/2007ApneaCuánto tiempo alejado de este lugar en cierto modo, como si el "Endurance" de Shackleton, torcido y varado, acosado por la presión: los hielos eternizándose en mi torno, prefigurando el fin. Sus lenguas filosas andan buscándome y antes o después me encontrarán: el que escapa tiene siempre las de perder. Hubo días que estuve mucho más tiempo fuera de aquí, de este páramo franqueado por agua asesina, silenciosa, atemporal, pero aquél fue otro "yo", uno que estaba más vivo, menos frío. Más ligero. Cualquier acto se antoja ahora más que nunca una derrota, una impotencia; inutilidad. Utilizamos la palabra "impotencia" sin apercibirnos que lleva consigo intrínseca y completa la "potencia". Nos lastramos con carga a sabiendas. Nos lanzamos al abismo con las alas enfundadas, a las profundidades abisales con más peso del que nos ha de permitir volver a la superficie: cada día que pasa un fallido entrenamiento para la apnea final. ¿Dónde hallar el neopreno del alma? ¿Cómo no sucumbir a este gélido zumbido?, este vacío que no se siente como oquedad o habitacíon cerrada, que es dolor, un sordo dolor día tras día, todos los días, incluso durmiendo, inconsciente, conduciéndome hasta la pesadilla. ¿Cuánto ha de tardar el hielo? Aún es demasiado pronto y tengo abiertas a fuego y sal todas las llagas... Hay que ver a veces cuánto cuesta acabar con una vida humana... Los vecinos escucharon como tantas otras veces, ya estaban de nuevo..., no hubo motivos para pensar que esta vez fuese a ser diferente. Pero lo fue. Ella recogió sus cosas, salió del piso con una mochila y un par de bolsas, la vió desde arriba, en el balcón, esperando en la acera el taxi, que al poco llegó y la recogió, luego desapareció en la noche. Pero a la mañana siguiente en su casa la madre no sabía nada de la hija. Encontraron sus cosas tiradas en mitad del puente, su cadáver río abajo, varado, hinchado, azul, con la melena muerta y deslabazada tapando a medias un rostro sin vida y de ojos asustados: quién sabe, quizá en el último momento decidió vivir. Pero estaba ya demasiado lejos de cualquier todo, tan allende esa ninguna parte... A los dos días el cuerpo ahogado ya había sido incinerado. Y él ni siquiera se atrevió a pasar la prueba del tanatorio: al contrario que ocurre con la "impotencia" la palabra "cobarde" no encierra en sí la "valentía", tampoco la "entereza". Desde entonces el mundo sigue su marcha, los días su curso, el mar conduce diligente sus olas, y el hielo, egoísta, sigue haciéndose esperar: "Tendrás que venir a mi encuentro", como un amante, encendido, buscando, anhelando, suplicando mi beso. Mi beso. El último beso. Esa apnea final. Tantas veces una vida humana no vale nada... 04/01/2007"El mundo es un puente; crúzalo, pero no levantes tu casa en él"De 1977 a 1988 van 11 años: entre su última grave hospitalización por alcoholismo y su prematura muerte en cama a los 50 mediaron 11 años. Once años que Raymond Carver siempre contempló como una segunda oportunidad que el destino le brindaba para enmendar su camino, aprovechar toda la vida que hasta entonces sólo había derrochado... Fueron los años de sus mejores cuentos y poemas, de libros como "¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?", "Catedral", "Donde el agua se une a otras aguas" o "Bajo una luz marina". Años en los que conoció de nuevo el amor, quizá el verdadero. Años de felicidad y paz consigo mismo, lejos de los fantasmas autodestructores que casi acaban con él. Once años de prórroga y respiro, de vida buena y mejor escritura, que, como todo lo bueno, no pudieron durar... Tras meses de lucha contra un tumor cerebral Carver empieza a perder la batalla de la vida, asume que su tiempo de prórroga se está agotando, pero ahí quedan esos once años, ¿no?: la vida, las páginas, la felicidad... ¿Cuántos no abandonan en este mundo sin nada de todo eso?
El 2 de agosto de 1988 la luz de Carver se apaga en su casa de Port Angeles, a su lado en todo momento estuvo Tess Gallagher, la mujer detrás de todos esos años de tiempo añadido. Gallagher, a su vez poeta, nos ha dado un libro, "El puente que cruza la Luna", que es a la vez íntimo homenaje y profunda remembranza del marido muerto, y del que os dejo este "Poema Sordo":
Poema Sordo No leas éste en voz alta. No está hecho para ser escuchado; ni siquiera en las zonas sónicas de la mente debería tropezar la palabra "explosión", y detonar en la habitación silenciosa. Mi amor necesita palabras ajenas a la boca y las cuerdas vocales. Sin vibraciones, por favor. Necesita concentrar la reciente capacidad inhumana de su alma en dispersarse por lo más espeso del bosque. Forma parte del plan que los pájaros se coman las migas. Está bien. No volverá por ese camino. Le gusta donde está. Pero, aunque no le guste, nada puedo saber al respecto. Que canten los pájaros. Le gustaba escucharlos a cualquier hora del día. Que este poema alcance su sordera. Presta atención de otro modo, como cuando inclino la cabeza y apoyo la frente en la errónea creencia en el poder del amor para manisfestarse, a pesar de la distancia, la alegría que nos hermanaba. Dondequiera que esté, sabe que sigo teniendo dos pies y que me he roto uno bailando. Vendría a mí si pudiera. Es agradable estar seguro de algo cuando hablamos de los muertos. A veces me olvido de lo que estoy haciendo, y le llamo. ¿Soy yo! ¿Cómo pudiste marcharte así? Justo cuando las cosas se estaban poniendo bien. Lo recuerdo, malhumorada, su promesa de llevarme en un trineo tirado por caballos con campanillas. Vuelve la vista atrás en su sueño, igual que miraría un violín a su arco, a punto de convertirse en astillas, al otro lado de la habitación. No intenta detener nada. Ni el baile. Ni la sordera de mis poemas cuando llegan como un saco de piedras mojadas. Sí, puede volver a la vida el tiempo suficiente como para que la eternidad lo aprese, hasta que uno de nosotros pueda velar y escribir el poema sordo, un poema al que le falte hasta el lenguaje con el que no está escrito.
12/01/2007Mínima VictoriaCarver. Tantos poemas soberbios, magistrales, destructores... Si tuviese que escoger sólo uno preferiría quemarlos todos, entregar el libro a las llamas y cerrar los ojos, llorar por dentro y profundo. Pero navegamos este barco, este mundo tan imperfecto que la muerte,escultora obsesiva, a cada segundo se siente en el deseo compulsivo de modelarlo a golpe de guadaña: mondar la manzana del hombre que es como el hígado prometeico, ni va más allá ni tampoco se acaba. Tan pronto eres, tan pronto tu barro sobra, pero la rueda no se detiene nunca, aun sin ti todo este tinglado gira, gira, gira... Mi Muerte Si tengo suerte, estaré conectado a una cama de hospital. Tubos por la nariz. Pero intentad no asustaros, amigos. Os digo desde ahora que está bien así. Poco se puede pedir al final. Espero que alguien telefonee a los demás para decir, "¡ven rápido, se está yendo!" Y vendrán. Así tendré tiempo para despedirme de las personas que amo. Si tengo suerte, darán un paso adelante para que pueda verles por última vez y llevarme ese recuerdo. Puede que bajen la mirada ante mí y quieran echar a correr y aullar. Pero, al menos, puesto que me quieren, me cogerán la mano y me dirán "Valor" o "Todo va a ir bien". Y tienen razón. Todo va a ir bien. Me basta con que sepas lo feliz que me has hecho. Sólo espero que siga la suerte y pueda mostrar mi agradecimiento. Que pueda abrir y cerrar los ojos para decir "Sí, te escucho. Te entiendo". Incluso que pueda llegar a decir algo así: "También yo te quiero. Sé feliz". ¡Así lo espero! Pero no quiero pedir demasiado. Si no tengo suerte, si no la merezco, bueno, me tendré que ir sin decir adiós ni darle la mano a nadie. Sin poder decirte lo mucho que te quise y lo mucho que disfruté de tu compañía todos estos años. En cualquier caso, no me guardes luto mucho tiempo. Quiero que sepas que fui feliz contigo. Y recuerda que te dije esto hace tiempo, en abril de 1984. Pero alégrate por mí si puedo morir en presencia de mis amigos y de mi familia. Si es así, créeme, salí de mi vida por la puerta grande. No perdí esta vez.
Raymond Carver, "Donde el Agua se Une a Otras Aguas".
Lo reconforta a uno, sobre todo en noches como esta, tan callada y fría, tan ajena el alma, tan acabándose la vida, saber que a veces ocurre, que en ocasiones pasa, ser expulsado a la nada con una mínima victoria, la cabeza alta, sonriente la última mirada. 15/01/2007Tic-TacPreso de una cierta sombra de desposeimiento, como si me hubieran arrebatado un par o tres de cosas íntimas, pequeñas. Pero sagradas. Ese tipo de cosas a las que está uno tan apegado todo y no ser vitales para la supervivencia, el día a día; no como el bastón para el ciego o las gafas para el miope, desde luego. No, más bien como el reloj de pulsera viejo y rallado, siempre atrasando, o el anillo que te quitas para lavarte las manos y al cabo de días lo encuentras ahí, en la repisa del fregamanos, de repente preguntándote por qué no tuviste el impulso de volvértelo a poner. No es exactamente sentirse robado: no buscas puertas ni ventanas forzadas. Es al revés, te preguntas si ese que entra día a día por tu puerta es más o menos el mismo que antes, que siempre... es decir, si no serás tú el extraño en casa ajena, el ladrón en cierto modo, aunque tengas la llave y sea en efecto tu llave. No, definitivamente no es como si te hubieran entrado en casa al trapo y te la hubieran desvalijado. Se trata más bien de una degradación. Perdiste el rango o no hiciste suficientes méritos, quién sabe, y el caso es que ya no eres digno de esas pequeñas cosas que ahora de repente tanto echas en falta. ¿Qué hiciste mal?, o mejor dicho, ¿qué hice o dejé de hacer para sentirme tan echado de mí mismo? También me cuesta horrores subir las escaleras, antes eran camaradas, aliadas, se portaban bien conmigo, pero de un tiempo a esta parte me aborrecen, me niegan el saludo; se empinan, se empinan, quieren hacerme sudar la gota gorda, y a fe que lo consiguen. Será el tiempo, digo yo, que al fin y al cabo (cuántas veces, por Dios, habré dicho y escrito esto) "no pasa en vano". Pero es verdad, todo el mundo con el tiempo en la boca y aun asi no se les llena del todo. Sobre todo los escritores, siempre glosándolo, versándolo, mentándolo, maldiciéndolo una y mil veces, y nos quedamos tan anchos. Le escupes a la cara y sonríes, miras el poema, te sientes ufano: "He aquí mi obra, Tiempo... He aquí tu jaula, Tiempo... ¡Tú me has de matar pero yo he conseguido retenerte aquí preso!"... Idioteces. La fiebre de las cámaras digitales, todos como locos fotografiando tiempo que no han de volver a recuperar más que cuando se les quiebren los huesos de puro viejos o un diagnóstico fatal les clave la prisa y el miedo en el alma, y eso sólo si para etonces sus discos duros no han hecho de sus preciadas fotografías fosfatina. Pero el tiempo no necesita siquiera ser el último de la fila para reír mejor, ni ser el más listo de la clase, le basta con ser un buen fantasma, porque no hay jaula, poema, recuerdo o foto que lo atranque. De repente un día te sientes desposeído de tanto que fuiste, subes tres escaleras y estás sin aliento, haces proyectos y proyectos, magros castillos en el aire, y un súbito sablazo de dolor en el abdomen te baja de golpe a la tierra. El tiempo te ha estado pasando por encima desde siempre, como pisando uva a pie descalzo, en plan masaje, y tú ahí, mal que bien, contemporizando con la vida, tironeando del hilo, jugueteando como los gatos, hasta que una medianoche caprichosa el fantasma se cansa, se saca los guantes igual que tú te sacaste el anillo y te pega el zarpazo. Es el momento de los lamentos, los arrepentires, los venga elucubrar "Y si hubiera... si hubiera", y soñar con imposibles máquinas de tiempo. Vuelves a pensar en la oscuridad... Sí, exacto, ésa oscuridad. Como cuando niño. ¿Recuerdas la primera vez que te imaginaste silente oscuridad por toda la nada? Casi pierdes el conocimiento de puro vértigo. Por un segundo vuelve a ocurrir, sientes que te vas a desmayar. Cómo enfrentarse a semejante cantidad de inexistencia, de inerte oscuridad. Pero enseguida vuelves, justo a un pie de la caída vuelves, aventas el fúnebre pensamiento e intentas retornar como si nada. Todavía queda tiempo, te dices: "todavía queda algo de tiempo", te engañas. Ya ni siquiera pensar tu muerte te asusta tanto como imaginabas, porque en cierto modo no eres ya más que otro de tantos doblegados: la vida te ha trabajado bien y ahora hasta el más leve soplo te tumbaría, cuando hubiesen hecho falta toneladas de muerte para arañar tu coraza mientras tu ilusión de vivir se mantuvo intacta... Intentas recordar de cuándo data la primera fisura: en qué aniversario la primera renuncia, en qué invierno te ganó para sí la amargura. Parece mentira que hayas dejado que tan pocos años hayan hecho de ti este patético muñeco desbrozado...Sí. Se siente uno cada día más cansado y más desposeído, más indigno e incapaz de todo lo bueno, y no hay amanecer que no sea menos gris que el precedente. Conservo el reloj pero ya no llevo el anillo, no lo merezco, me lo quité un día para lavarme las manos; me sabía demasiado reventado como para sentirme humano, de modo que lo olvidé, lo dejé allí, y al día siguiente ya no valía, todo en él se había perdido y yo sin darme cuenta había menguado. Los escalones murmurarían tras mi paso y a la primera que pudiesen habrían de ponerme la zancadilla. En un poema de Pavese: "Pero un cadáver es un resto de demasiados despertares", y el segundero atrasado sigue imparable, tic-tac, tic-tac, agotando mi tiempo...
23/01/2007Microguiño23/01/2007 00:49 Autor: tannhauser. Javier Iglesias ©. Tema: Alucinario No hay comentarios. Comentar. 24/01/2007Ya que preguntas...De todos modos, ya que preguntas, no soy ya hombre para odiarte, para odiar a nadie; me faltan, no ya el tesón, ni las agallas; en algún lugar, no sé dónde, en qué desvío o encrucijada, me dejé olvidado el par de garras. Aunque no olvidado en realidad, sólo pesaban; pesaban demasiado. Siento la puerta, siento la barrera, disculpa los hombros caídos como telones negros sobre un escenario dinamitado: quisiera haber sido mejor en todos los aspectos, incluso aquéllo, poniéndonos en lo peor, mejor enemigo, mayor adversario. Supones bien, es tarde ya para casi todo excepto para esta terrible noche en la que todas las luces salvo una, ésta, la mía, se han apagado. Estas calles no son las calles pero sí el viento; viento y locura, aquí, allá, sangre adentro, terminan siempre por ser los mismos. Tanto tiempo fuera de la vida de qué nos ha servido; tantos días haciendo de mi carne grito, de mi alma desafío, creyendo plantar algún extraño tipo de batalla a los aires. Y al final qué, sólo esto, el sollozo bajo, el torpe gemido, ni siquiera el llanto, vedada la lágrima, a solas en la última antesala; suerte tenemos de que el dolor no me convirtió en vidrio, que me hizo roca, me sorbió todo lo vivo y líquido desde el hígado hasta el tuétano. Todos los huesos roca; todos los brillos roca; la savia también roca: soy la madera de la que nacen los gigantes, los mismos que hielan la noche con su tuberculosis: el miedo, el pánico, el suicidio, la dúctil memoria... Así que duerme, lo mejor sería que durmieses; olvida, di que no, que no con la cabeza, haz como si nunca en ti una idea de mí, ni siquiera un recuerdo, hubiese existido. De todos modos la vastedad de mi odio siempre te cayó grande, y a mí seguir siendo vida empieza ya a pesarme demasiado. ¿Oyes eso? ¿Oyes venir los gigantes? 29/01/2007Eiger
La cosa hoy va de escaladas, está visto, aunque bien mirado cuándo demonios ha dejado de ir de otra cosa. Pero es así, la escritura no es un grano purulento de repente una mañana ante el espejo, en plena napia; la literatura no es un lunar amorfo en la espalda, de color rojo, que ¡ay rediós, juraría no estaba ahí la semana pasada! No. Uno no se levanta un buen día por la mañana resacoso y rejodido, retarde, por supuesto, y lo piensa, o se siente, y se lo dice: "¡Coño! ¡¡¡Soy escritor!!!... Ya sé escribir". Y una leche. Cuesta horrores, no, infiernos, no, vidas enteras, ardidas e invivibles, escribir. Me refiero a escribir bien, claro está. Ya no digo escribir literariamente, ni mucho menos escribir correctamente, es decir, sin puñeteras faltas; no, me refiero a escribir bien, a que lo leas o te lean, lo escrito, y el lector, quien sea, se deje llevar, caiga hechizado antes las líneas; que nada cruja o rechine, que fluya, que sólo esté lo justo en su justo lugar; no sobre ni falte nada, y que encima diga algo, sea lo que sea, aunque sea una parida, pero bien contada, qué cojones. Y es a la vez un aprendizaje que nunca se acaba porque en su misma raíz lleva la simiente de lo imposible, pero hay que escalar esa montaña escarpada, mientras vivas y puedas, hasta que no puedas más, que revientes o te rindas, o desaparezcas; pero ahí, allá arriba, habrá quedado tu fita, tu cuerpo cadáver de montañero de la palabra, pendiendo, agarrado a una firme cuerda hecha de sinceras palabras. Una escalada imposible y mortal a la que sólo se llega a través de la mucha lectura y la mucha escritura. Leer y leer, hasta saltársete los ojos de las órbitas de puro locos; leer a los otros grandes escaladores que te precedieron, pero también a los pequeños, los mediocres, los malísimos, que de todos sus errores algo queda. Y escribir, por supuesto, llenar folios y pantallas, y recibos de la luz y Teléfonica, como hizo Wasler, hasta que gastes todos los lápices, y después, si cabe, cómo no, llenar la hoja blanca con tu vida, con tu sangre... Por eso, tal vez, todos los escritores leen demasiado, porque mientras leen no escriben, no escalan el muro imposible de la perfección, no nos regalan nuevas fitas, jalones, libros que disfrutarles y con los que agrandar su microuniverso, en el cual, al tiempo meternos, lectores, y a la vez agrandarnos y expandirnos, entrenarnos en tanto potenciales trepadores. Y por eso mismo, supongo, los lectores escribimos demasiado, porque el tiempo que utilizamos en escribir no lo invertimos en lectura, en el atento y mágico estudio de las escaladas y vidas anteriores que nos precedieron, y que están ahí, bien a la vista, colgadas a ras de muro, alineadas a ran de estantería, aguardando... Y en le medio de todo, la paradoja, o lo que es lo mismo, la vida, o el tiempo, que para el caso es igual, pues sólo hay un tiempo, una sola vida para todo, leer y escribir, vivir y escalar, y te ves en la tesitura de hacer una cosa y la otra, y entre medias la otra de más allá, y además comer, y además cagar, y además, si es que hay suerte, tal vez follar. Así que escribes si es que tienes que hacerlo, si te llama, y si te llama leer, pues lees, uno y lo otro a la vez, y mientras también todo lo demás; y vas subiendo, poco a poco, ganándole metros a la cima inasible; de modo que comienzas antes de haber acabado y te acabas antes de haberte iniciado, y ahí está: ¡el uoróboros!, quemándote el culo y arañándote los huevos, y tú, desesperado, respirando, soñando, luchando... Y es así la vida -escrita o no-, imposible y circular...
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