Vida Puta y Sin TalentoTannHäuser. Año 5. Terrorismo bloguero, escritura subnormal |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2007. 14/06/2007Reus, 11 de junio, 2007Toda la vida escribiendo cartas y el buzón siempre vacío, cuando al fin recibo una es sólo para hundirme más, otro poco; quizá no merezca seguir a flote. En efecto, he recibido una carta directamente llegada de las sombras, de puño y letra desconocidos, se diría, aunque no tanto, no tan desconocidos. Creí haber acabado contigo en su día, hace tiempo, pero vuelves a estar aquí, ya lo veo. Quién sabe, quizá sólo seas fantasma. Últimamente no hago otra cosa que ver fantasmas a cada instante, andando las calles, ¿por qué tendrías que ser una excepción? En cualquier caso, viva o muerta, rediviva, tanto da, estás de nuevo aquí y yo ya no puedo combatirte. Supongo que ha llegado el tiempo de tu venganza y de ahí esa carta. Descuida, no pienso defenderme; podrás coger de mí cuanto quieras. Estoy harto de cartas, cartas que no llegan, cartas desatendidas, cartas que no son leídas, o que tal como se leen se guardan, se olvidan, eso si directamente no se las lanza a las aguas de la negación o la basura. Cartas que no alcanzaron a ser enviadas. Cartas que no se llegaron a escribir. Cartas que jamás debieron ser escritas. Palabras liberadas al aire como cóndores enfermos de rabia. Y ahora tú regresas de la niebla del pasado y de la guerra, toda blanca piel, ropas de fantasma, con esta larga carta cuya profunda intención se me escapa. Prefiero no malpensar, aunque me cuesta, créeme, me cuesta horrores no buscar la bomba adherida al sobre. Estas letras tan semejantes a aquellas que yo mismo escribí también en su momento. Confío que no pretendas con ellas cambiarme, sacarme de mi marasmo, como inúltimente pretendí yo. Con franqueza, de ser así me decepcionarías; siempre te creí más perspicaz. Porque ya deberías haber aprendido la lección que yo no asumí sino encajando cuchilladas; la de que aquélla, mi carta, no cambió nada, no cambió a nadie. ¿Por qué habría de ser ahora la tuya distinta? Nadie que ha vivido los días suficientes para saber todas las puñaladas que esconde la palabra "vida" quiere cambiar, mucho menos ser cambiado. Arribados a cierto límite no hay palabras que valgan, que curen ciertas heridas o comprometan según qué miradas. Aun así tal vez has conseguido con tus palabras mucho más de lo que yo conseguí con las mías: me has traído hasta aquí. Lo que no es poco. A estas alturas creo que ni siquiera alcancé con aquéllas, mis largas letras, ni un sólo latir conmovido de corazón, tan frío demostró ser. Ahora noto cómo todo cuanto escribo está congelado. Gélidamente petrificado. Como la fórmula matemática de este gélido cosmos. Carente de cualquier amago de humanidad. Soy poco menos que una estrella muerta, grávido agujero negro. Cualquier objeto que intente mis alrededores está condenado a la nada. Perdido para el amor. Inútil para el combate. Arruinado para la escritura. Ya te lo he dicho, puedes bajar ahora mismo, no encontrarás resistencia alguna. Llévate cuanto puedas, si es que de algo te han de servir mis jirones, tumorada carroña. No sé bien por qué te obsequio el gusto de esta victoria parcial, me prometí no volver a escribir más cartas, y así me veo de nuevo, a tu merced, liebre indefensa a campo abierto, cojitranca y terminal. Dices en tu misiva un sinfín de cosas que no comprendo, que apenas barrunto, pero lo esencial no lo has desdibujado ex profeso, no te preocupes, te entiendo, como no podía ser menos, que ni tú estás tan loca ni yo tan desquiciado todavía como para no agarrarnos los dos al estrecho pedazo de realidad que flota sobre tanto absurdo. Aunque eso podría acabar en cualquier momento. Náufragos como somos desde hace tanto, este océano empieza a ser demasiado ancho. No hay nombre que no venga a este mundo a traer hartazgo de llanto y de tragedia, hechos como están a partir del material del desengaño, conque ahórrate las mayúsculas, que aquí ya nos conocemos todos. No te hacían falta ni tanta guirnalda ni tanto tambor para echarte sobre el objetivo. He perdido la claridad y el aplomo, de modo que me quedan muy pocas piezas, todas peones, y luego, por suepusto, la ciudadela, ya bastante menos que inexpugnable. Como la Casa de Usher, se hunde y resquebraja desde dentro, podrida en sus mismos cimientos. Me recuerdo hace doce, trece años, no sé bien, estirado en la cama, encerrado en mi cuarto, aislado del mundo, a salvo del mundo, como mejor siempre he estado, leyendo por vez primera a Poe; "Los Crímenes de la Calle Morgue", a escondidas, ya lo sabes, porque en mi casa no hubo nunca libros, tuve que ir metiéndolos yo, uno a uno, a base de tenacidad y picaresca. Y después, pocos días, tal vez una semana, fresca la noche de verano, allí mismo viendo a oscuras "La Cosa", "The Thing", de Carpenter, mil veces mejor que su predecesora, "El Enigma de Otro Mundo", mientras la vecina de al lado discutía a grito en cuello con su recién marido y asomándose a la ventana amenazaba al entero edificio con tirarse al vacío... Felicidad... Envuelta en sudarios de otoño acabado. Miro el tablero y no acabo de ver clara tu jugada; demasiada bruma, demasiado barro, Me pregunto qué te queda, cuáles son tus caballos de batalla y cuánto tardarás en decidirte a ponerlos en juego. Afrontar el mate definitivo. Por lo pronto tu emisario ha cumplido con creces su cometido. Me ha hecho sacar la cabeza del agujero, que eso y no otra al fin y al cabo es lo que pretendías, sabiendo como sabes que agoté toda mi reserva de ferocidad luchando contra el aire. Se trataba de mi última carta, pero ésta de naipes, siempre mi mejor baza. Sabías que mientras me quedase la rabia te sería imposible descabalgarme. Pero ahora eso ha acabado. Te estoy esperando inerme y yermo, cabizbajo en este páramo de desolación, sedientas las rodillas del lodo del derribado. Nunca antes lo tuviste tan fácil, ambos sabemos que tu peor enemigo no fui yo, fue siempre tu propio miedo... ¿También vas a vacilar esta vez? Venciéndome lo vencerás. Mi decapitación es tu victoria; tú misma tu único freno. Hasta Pronto. Mediodía del matarife
15/06/2007El óxido y los días
16/06/2007Pinche de cocina
27/06/2007RepresaliaNo deja de tener su mucha gracia, no creas, que me eches en cara que obvio responder lo que no me interesa y cambio de tercio cuando se me antoja, que me he convertido en un especialista del soslayo y el desvío, cuando tú misma has demostrado una y otra vez que hay pocas cosas que se te den mejor que el slalom... De hecho te reto a que encuentres a cualquier sujeto con menos de 20 que no se haga el loco en cuanto se siente encima la primera lluvia de flechas... A lo mejor pensabas que te las estabas teniendo con un alfeñique mocoso de tres al cuarto. Aquí, el que más o el que menos, todos hemos vivido ya lo nuestro, cargamos a la espalda nuestro buen fajo de mierda, de modo que a cuento de qué dárselas de caballero andante, de princesita ultrajada; bastante hacemos con mantener pie a tierra día tras día... Y lo seguiré haciendo, me estoy refiriendo a lo de las evasivas, por supuesto, esquivarte y todo eso, al menos mientras pueda, que no siempre se tercia; hay veces que no queda otra, como ahora, aquí, que salirte por frente, al encuentro.... Y tú también lo harás, qué duda cabe. También el resto, faltaba más. Desde cuándo tirar piedras sobre el tejado propio ha sido moda fuera de películas y novelas. A estas alturas romanticismos los justos, que ya hasta el primer bebé probeta debe estar padeciendo sus buenas úlceras. Esto es la realidad... Aunque eso creo que ya lo sabías. Hubo un momento en que me desconcertaste, ¿sabes?... Qué carajo, claro que lo sabes. Lo sabes de sobras. Me hablaste de invitarme al café que me debías, que quedaríamos no se dónde, pero a medio camino de ambos. Recuerdo que me pregunté: ¿Y ahora a qué diablos estamos jugando?... Como cuando a Tyrell lo despertó Sebastian de madrugada para darle el jaque mate: "Los dulces lo mantienen despierto, ¿eh?"... Pero no, el mate era de Batty, que esperaba en el ascensor mientras tramaba cómo explicarle a su padre que no iba a tener más remedio que hundirle los ojos en sus cuencas, "¿comprende usted?, padre... porque las cosas se hacen bien desde un principio o de lo contrario mejor haberse quedado en casa dándole a los crucigramas"... Supongo que por eso obvié toda respuesta. Me negué a entrar una vez más al trapo en tu juego. Además, ¿has tenido en cuenta lo aburridísimo que podría resultar tomar café con un fantasma? Luego volviste, todo como siempre, las casas sin barrer. Y pensar que fuiste tú la de la frase aquella famosa: "No se muere de amor"... Joder, qué grande, qué hermosa, ciclópea que no te la acabas... mecagüenlaputa, casi me la cuelas y todo... Pero no, ¿y sabes por qué? Porque no hay aquí más muerta de amor que tú. No, perdón... Si acaso muerto de amor estaré yo; tú estás directamente zombi. Te sigo corto, sí, pero a la zaga. ¿Por qué estás aquí si no? Aquí desde el principio. Aquí todavía. Después del montón de mierda que dices te he tirado encima. Dresde e Hiroshima juntas y más allá... ¡La repanocha, vamos!... Yo te diré por qué. Porque eres una muerta de amor hasta las cachas y mi falso reflejo es el único destello que mantiene con vida la única parte de ti que se niega a seguir muerta... No, no pongas caras raras ni retrocedas para releer; sabes que me explico. Meridiano. A la perfección. Y la carta que escribiste lo demuestra, tú misma lo reconoces, que utilizaste los nombres de mi historia pero el destinatario de tu escuela era muy otro, el de siempre, ese que no soy yo pero al que te recuerdo. Lo cierto es que me cansa que tres días me hables de tú y al cuarto te suba la fiebre, esa marabunta de amor que te tiene carcomida hasta el tuétano, y me vuelvas a vestir con ropa y ojos que no me pertenecen. ¿Por qué no te haces un favor? Vive la vida mientras puedas, mañana todo esto podría acabar de improviso y todos estos años te habrás dedicado a vagar por las estancias del castillo aferrada a tu sábana de todos menos Santa. De todo menos digna. Porque al fin y al cabo lo único que lo hace digno eres tú misma. Hace tiempo que él dejó de valer la pena, y lo sabes, aunque no lo quieras reconocer. Tal vez es peor; quizá lo reconoces y te da igual. Te aferras a él como las moscas a la mierda. Porque es tu "mierda". O piensas que es la única "mierda" que te queda; la última mierda con la que recuerdas haber sido feliz... Pero mira bien en derredor, está todo bien repleto de boñigas; el mundo entero no es otra cosa que un inmenso y esferoide zurullo... (Joder, diez días fuera de aquí y ya ves, estoy que me salgo, sembrao es poco.) Tú lo haces subir, pujar, merecer, en tu recuerdo de aquellos días, tan distintos de éstos que ahora vives, sufres, padeces. Días de amor rebocado y Antártida. Y a todo esto tal vez te preguntes: ¿Por qué? Por qué ahora, por qué esto, por qué aquí... Bueno, no deja de ser una bomba más y tú has demostrado estar ya más que blindada. Más dura que el alcoyano y sin inhibidores de frecuencia. De la primera a la última todas te las tragas. Qué macabro, ¿no? Y qué hijoputa. Pues sí, la verdad, para qué engañarse: si tú puedes hacer literatura conmigo yo puedo hacerla contigo, y en eso además sabes que te llevo ventaja... Esta vida está llena de hijos de la gran puta, así que dime, ¿por qué iba yo a ser menos?
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