Vida Puta y Sin TalentoTannHäuser. Año 5. Zurda Creación |
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El pezón de Sigourney
Ahora sé que me hice monstruo y terrible y quise devenir pesadilla, muerte súbita en lo más alto del sueño profundo, sólo por esto, estar tan cerca, tan a pelo, cerda y cochinamente arrimado a tu cuerpo. No me preguntes por qué. Si fue esa cabellera tuya, castaña y tirabuzona. O esa quijada adelantada y extrema, más de Gran Blanca que de Tintorera, auténtica Cachondorona Cacharias, que todavía me enervo y me pongo tieso sólo de pensar en esos blancos muslos de mujer jirafa que luces cada vez que te quieres encasquetar el traje de buzo cósmico. Tal vez fuese por esa carita de no haber roto nunca una espina de Alien, ojos almendrados y como de ingeniera naval, piloto de caza y auxiliar de vuelo de hipercamastro, todas al tiempo, que siempre quise meterme en tu hangar. Me fascinaba, sobre todo, lo arregladita que tenías la casa. Hasta los huevos se pirraban por freírse en tu cocina, ¡y sin aceite!, porque ya verte los lubricaba de sobras, y hasta el beicon daba palmas de pensarse, tal vez, rumiado por tus molares de oficiala. Moranis y Billy Murray lo intentaron a su modo. No hubo forma. Tus engranajes de esteparia zorrulona pedían más madera. De la buena. No de abortos Ikea o refugios gubernamentales para los sin techo. Por eso me hice monstruo. Y terrible pesadilla. Y matar de miedo en el más alto desván del profundo sueño. Porque quería habitar tu sofá, ser carne de carne y sangre de sangre de tu tresillo. Sentir tu apenas culo en mi lomo lobuno. Imaginar que otra vez te habías partido la pierna, no sé cuál, quizás mejor la derecha; que tendrías que pasarte una buena temporada tirando de muleta, viendo la tele, comiendo patatas y anacardos y piruletas que dejan roja la lengua, los labios rojos, tiesa la verga. Y yo abajo, allí, en tu trasero, gárgola de algodón artificial y felpa; relleno... Esperando el momento preciso, conjuro, estallar. Tan sólo eso. De aquellos polvos estos lodos. Lodos que no bajaron por los muchos polvos que te quise echar y no fueron. Que únicamente me vino regalado cogerte una teta, eso sí, muy firmemente. Firme mi mano y firme tu teta que apenas lo era, pero suficiente -incólume pechín rebelde-, con todo lo mucho de bueno que han de tener las tetas. Nada de grasa aún. Nada de desprendimiento o flojera o flaccidez cuarentona. Todo lascivia y saber colgar. Por eso soy lo que soy. Me hice rasgos que rompen espejos. Texturas que arruinan siestas, hacen pedazos la buena y mejor mitad del dormir. Mostrarle al orbe tu pecho de nieve durante milésimas de segundo. Ese pezón de amazona y cocaína que nunca te has de cortar. Y pillar, de paso, no lo desmiento, algo de cacho firme y turgente, ponerme bruto y rozar, sucia la uña, las Esferas, justo antes de volver a las tinieblas que son mi hogar, donde cada anoche acaricio el lomo del gato Yonsi y otorgo salvoconducto al minutero de la obsolescencia.
12/03/2008 11:10 Comentarios » Ir a formulario
Un fermosa declaración de su palotismo incondicional que no puedo sino compartir.
Sigurni me saca la lesbiana que llevo dentro. Fecha: 13/03/2008 11:44.
Tan fermosa como la Amazona Sigurni Destripaoctavos Pasajeros del Espacio Exterior, sr. Cuvric.
Fecha: 13/03/2008 17:08.
Qué grande ese texto, Javi. Toda una aliendeclaración. La agonía del octavo pasajero. Quién fuera Bisop para que me tocara las tripas.
Estoy contigo. A mí siempre me puso los güevos a freír esta mujer. Fecha: 16/03/2008 05:42. |
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