Vida Puta y Sin TalentoTannHäuser. Año 5. Terrorismo bloguero, escritura subnormal |
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Chufflo. 22/05/2008Pirañas no nos da el marEl niño, que todavía no sabía que de mayor tendrá que odiar a su madre por haberlo maldecido con semejantes genes de Bud Spencer, saltó la cerca -es un decir, por descontado- y fue como si volviesen a andar jodiéndonos con lo de Jurassic Park: blam; y el vasito... BLAM; y el vasito... !BLAM!; y el vasito de agua dichoso, primer plano, mi nombre es Spielberg y molo un huevo, ¡alabádme turba!... Cada una de sus zancadas, y aquí es de recibo avisar al respetable que hemos vuelto al niño que todavía no sabe que de mayor querrá asesinar a su madre por haberle regalado esos perpetuos mofletes a lo Dom DeLuise, se dejaron sentir como un ensayo de Richter, allá en lo bajo de la máquina de cambiar mapas del mundo. Y lo vi venir así, corriendo, sí, pero casi casi a cámara ultralenta en los posos de mis percepciones, no en vano cada pliegue de flaccidez cárnica volante a lo ancho de su cintura bien parecía levantarse lo menos medio metro en cada golpe de cadera, porque es que con aquel sobrepeso infantil y macdoneril tampoco a mucha velocidad es que pudiese tirar. Y feliz, el cabroncete, vaya si venía feliz, que por un instante hasta me pareció ver tatuado en su pensamiento, en forma de bocadillo comiquero, todo un señor desayunar huevos fritos y panceta, amén del paquete de bratwurst de emergencia, reglamentario en cualquier estómago de chaval que aún no sabe que de mayor no podrá ser astronauta porque a mamá le importaba tres cojones que África pasase hambre y a papá le importaba otros tres cojones -van tres pares- que mamá le estuviese arruinando el futuro al mochuelo a base de inducida bulimia. Empecé a elucubrar interna y mentalmente los más audaces modos de acabar con aquella jovencita mole de grasa bailoteante, pues mis pujos por luchar en favor del Bien y del bien de la Hominidad siempre han sido proverbiales, preguntad a cualquiera y os dirá... Puse tanto empeño e ingenio en semejantes maquiavélicos planes como mala leche y peor bilis juntaletras he invertido en diseñar las más inacabables oraciones arruinapaciencias para este postio bastardo que confío no tardéis, amados lectores de la chuffla visicitud, en tirarme a la mochera. Podría ser tan sencillo, me dije -y he aquí que volvemos a tener de nuevo a nuestro entrañable esclavo del bollicao en escena, que lo sepáis-, tan sencillo pudiere ser, decía, como sacar allí mismo la pipa y dejar que se acercase unos metros más, acertarle en pleno plexo solar y luego fin, se acabó el aspirante a Piraña. O bien podría lanzarle mi bumerang-katana tipo Mad Max y rebanarle esa oronda cabezota de un certero lanzamiento. Aunque quizá mejor esperar a que llegase a mi altura, ingenuo, confiado, pobre de él, sacar la faca y ¡Ras!, pincharlo bien, cierto, así mismo, aunque el riesgo de quedarme varado en océanos de hipergrasa sin llegar a tocar ningún órgano vital fuese más que virtual. ¿Qué hacer?, ¿qué hacer? Blam, BLAM, ¡BLAM! ¿Qué hubiese hecho el moñosón de Sam Neill en mi lugar?... ummm... "Papá, papá... arf.... me ha dicho la... arf... arf... larrf... la mama que... arrf... arrrfspk (lapo involuntario escupido entre dientes a la venerable figura paterna, pocos metros a mi diestra)... que si me acababa todo el almuerzo me acompañarías a comprarme un heladooo...". ¡PLAS! (hossstia padre y paterna) "Calla niño y deja ya de tragar como un cerdo questás mu gordoooo". Ay rediós, y pensar que nos quedan aún 28 años para el Apophis, aquí, aguantando mecha...
13/05/2008Shyamalan me paga royaltiesEra mediodía y el cielo amenazaba una de esas lluvias tan frecuentes por estos lares, meliflua y sin arrestos; aquí llueve poco y además sin cojones, por eso la gente tiene la cara que tiene, de ruina obsoleta y naufragio achaparrado, y por eso mismo los frenopáticos, llenos, no dan abasto, como la cola del pollo asado dominical.
08/05/2008Mierda de Perro(s)Hola, buenos días... Buenos, buenos, qué le trae por aquí... Uff, verá, es que, es queee... uy perdóneme usted, que estoy un poco de los nervios, es la primera vez que vengo, sabeee... Entiendo, entiendo, tranquila mujer, no pasa nada... A ver... pues, pues, verá... esooo, pues queee mi, miii... peerro, pues... ¿De modo que su perro, eh?... Sí... ¡¿Y... dónde está?!... ¡Uy!, ¡UY!, ¡Uyyyyy!, qué barbaridaaad, me lo he dejado fuera, juju, ya ve usted, la costumbre, jiji, un momento, un momentito, ¿eh?, que ahora mismo lo entro, ay que ver... Cagondiós... Bueno, bueeno, ¡yastamos aquí!, ¿eh, eh?, aquí lo tiene, ¿aquésmonooo? mi peeerro, perrito bueno... Sí, ya veo... monísimo... Y tiene nombre su perro, o debo llamarlo simplemente... "perro"... No, nooo, qué va, jiji, qué cosas tiene usted, cachondo, claro que tiene nombre, clarooo, cómo no va a tener nombre mi perro, mi perrito bueno, con lo guapo que es mi perrooo... ¿Y bien?... Y bien qué... Su perro guapo... Qué... ¿Se llama?... ¡Uy!, uyuyuyuy, estooo, uf, uf, juju, qué cosas... un minuto, ¿eh?, que voy a hacer una llamada de nada, ¿eh?... Por favor, faltaba más, haga usted, haga... Oooyeee Borjaaa, que estoy aquí en el veterinariooo. ¿Cómo?... pues el médico de chuchos, tíooo, qué va a ser... Sí, oyeee, que se me ha olvidado cómo lo llamamos... ¿Cómo?... pues al chucho, tíooo, qué va a ser... ¡Jodeeer tíoooo es verdaaad ya no me acordabaaa!, jiji, pare que veas qué bien estoy de la cabezaaa... Bueno, te dejo, que tengo aquí a este señor esperando... ¿Cómo?... Juju... Cómo eres, tíoooo, va...¡vaaaa!... que te dejo... adiós... Hasta Luego... Ciao! Ciao!... Ya sabía yo que éste iba a ser un día de mierda... Disculpe usted, eh, esta memoria mía... Ya... pues lo llamo, esto, "Candy Candy"... ¿le gusta?... Pero... pero si este perro es un machazo, señora!!!... Uy, sí, ya lo sé, pero es que me gustaba tanto ese nombreee, y además es taaann mono, mi perro, mi "Candy Candy" precioso, ¿eh?, ¿eh?... Además si no le mira usted ahí no se da cuenta, ¿a que no?... ¿Ahí?... Sí, ya me entiende, hombre: "Ahí"... abajo, ya sabe... Ya... ya... Entiendo. Bueno, vayamos al grano que el taxímetro corre. A ver, qué le ocurre a su "Candy Candy": pulgas, garrapatas, vómitos... ¿se lame todo el rato los cojones? Usted dirá... Uy qué basto es usted, por dios... No, mi "Candy Candy" no hace nada de todo eso, no es ningún guarro mi perro, sepa usted, señor veterinario... ¿Y entonces?... Bueenoo, es que verá... se lo traje para ver si podía hacer algo respecto a lo de atrás... ¡¿Eh?!... Sí, hombre, no me sea corto, "lo de atrás", ya me entiende... ¡¿Pero de qué coño me habla?!... Pues eso, que MI PERRO HACE CACA, CAQUITA CALIENTE, sabe usted, y RECOGER SUS CAQUITAS ES ALGO ABSOLUTAMENTE ASQUEROSO... Está usted mal del capirote, en su casa ya lo saben, ¿no? No, nooo, yo no, a mí déjeme en paz, cíñase al perro, mi perro, "Candy Candy", sus popós, ya sabe... ¿Podrá usted hacer algo, verdad que sí? Andeee, dígame que sí, doctorrr...
04/05/2008Las palomas vuelan bajo los soportalesVivimos una realidad ridícula y levógira, toda del revés y sin un primer agua que la aclare: las posibilidades de pillar buen cacho son nulas en la mayoría de casos ya antes incluso de nacer y sólo si tienes mucha potra consigues dejar este mundo con una sonrisa priápica en el careto. Esto, todo y que no venga muy a cuento, pretende venir a cuento de que todos estamos locos, en todas partes y no sólo en las grandes ciudades como ésta, que podría llegar a rebanarte los sesos con apenas proponérselo. El otro día abrí el correo y qué había: una proposición nada dextrógira, antes bien lo opuesto -casi tan a la contra como este mundo insano cuando te ha cogido ojeriza-, aunque quizá no tanto sopesando cómo me he vuelto en última instancia, esto es, radical libre para con mis prerrogativas celulares... Debería haber aprendido ya la lección, estar harto de ser uno mismo y los demás y tantos otros, pero no sabría explicar por qué no pude alcanzar a decir basta. Simplemente acepté, lo que no debiera ser óbice para que este simple plano de existencia me diese menos asco, todo lo contrario. Y en ésas ando y persevero, aunque cabe señalar que los fines de semana con menos tensión que el resto de días, ya que los sábados los dedico íntegramente a la meditación trascendental y los domingos releo gozoso mis ejemplares de Creepy, Vampirella y Dossier Negro... En otro orden de cosas, el otro día una desconocida me regaló una mandarina, andaba yo abstraído contando sucias palomas en el parque. Estaba ácida a la vez que apetitosa, la muy cerda, pero me sentó la mar de bien, como la extraña que me la regaló, que tuvo un par de buenos polvos, incluso tres...
30/04/2008Astro ReyCinco días atrás tuve una premonición mística y quística de la que extraje un aserto, que tal día como hoy, cinco días después, escribiría un post con el citado título, "Astro Rey", entre otras cosas porque iba a hacer un calorazo de justicia, lo que se dice incontestable, pero llega el 29, sol tirando a poco, y además no recuerdo qué aniversario toca. Lo que tiene vivir suficientes años como para que no te lloren sino lo justo es esto, que todos los días terminan por ser conmemoración de algo, aunque no recuerdes de qué, y así, cíclicamente y pendular transitas, hasta que una buena mañana de humedad noruega te acabas, finiquitas la chocolatina de los amaneceres y terminas volviéndote por donde viniste, vital y semánticamente consumado y consumido... Recupero algunas de las imágenes de esta tarde de primavera finisecular -no porque no hayamos cambiado de siglo, más bien porque todo empieza a tener mucha pinta de los coletazos terminales del Último Siglo- : un viejo de piel rojosa pitándole el cláxon de la moto al agente municipal para que se diese vuelta y así ponerlo en antecedentes de no sé qué; el gol de Scholes, que no lo exime, sin embargo, de esa cara de hooligan demente proclive al cáncer de piel y a los papeles de esbirro sacrificable en pelis de gángsters; aquel tipo enorme de grande y enorme de gordo, melena rizada y en escarola, molestísimos ruidos guturales al inspirar, que ha comprado, sin exagerar, veinte o más volúmenes de una tacada, no sé dónde, pero está claro que alguien se los ha vendido; la mujerona obsoleta y sus asqueresomente prietas bermudas elásticas, marcando zafia la raja del coño caduco; la chica no demasiado bonita que subía mientras yo bajaba pero cuyos tetones me habría metido en la boca sin dudar; dos niñas estúpidas preguntando estupideces a un tipo amanerado tras un mostrador, quien les ha resuelto las dudas estupidas que albergaban, por lo visto, o al menos eso me ha parecido; la tragaperras "Corsarios", sus luces pluricolor y su canto de sirena que nada me encantó, ni hechizó, y aunque así hubiese ocurrido apenas me clinclineaba en el bolsillo la justa chatarra para abonar la cerveza... Por fortuna no recuerdo muchas más e incluso algunas de éstas me las he inventado. Sacar de dentro algo con todo ello resulta imposible. Quimérico. Si existe un Dios desde luego no tiene mucho más talento... El infumable invento de la escritura y su adherida factoría de momentos, ambiguo y peligroso, rescata el 29 cuando el reloj ya marca 30, al tiempo que saca a flote ideas y sucesos y caras arruinadas que jamás debieron escapar a la trituradora del segundero. Un traidor. Un Judas. Elixir de lo terrible. Lo soy.
25/04/2008Mente PescateraMe gustaría estar lo suficientemente ido de mí mismo como para vomitar algo realmente extraño. ¿Qué imagina la gente cuando piensa en la palabra “extraño”? Es más, ¿qué imagina la gente cuando imagina algo “realmente extraño”? ¿Y los que no son gente; que no son turba ordinaria y atrezzo en piel y baba y arrugas humanas? Tipos, que puede haberlos, tal vez, con los que cruzar al menos dos palabras sin que te entren los pujos por tirarlo retrete abajo, a esos me estoy refiriendo, más cercanos a un ideal de ánima útil y servible que el resto de transeúntes vitales. ¿Qué entiende un alguien así por “extraño”? ¿Es su concepto de “realmente extraño” similar a mi concepto de “realmente extraño”? ¿Es acaso superior? Y de ser así… ¿Se lo puedo mangar?
20/04/2008Antes de la LluviaHoy me levanté prontito porque quería comprobar por mí mismo si era cierto, salí a la calle sin asearme, sin desayunar, todavía no había amanecido; una rasca considerable. Oscuro y frío, estómago vacío. Me dirigí ciudad arriba, calle Sicilia, después Diagonal, hasta la plaza Mossèn Çinto Verdaguer: aún la andaban levantando los brigadas. ¡Leche!, pues era verdad... Me acerqué a uno de ellos, estaba desplegando las alfombras de césped, muy apurado y de rodillas, más allá otro par con la ayuda de una grúa silenciosa plantaban uno a uno los bancos. Me quedé allí, las manos en los bolsillos del pantalón en ruinas, observando atentamente al tipo agachado, sintiéndome bastante superior, la verdad, al verlo trabajar así de aprisa y yo allí parado, sin nada que hacer salvo tocarle los huevos con mi indiscreta observancia. Porque se los estaba tocando, lo vi claro en el par de miradas de cagarse en mis muertos más frescos que me echó mientras trajinaba los alfombrines de hierba mojada. Pero no dijo ni mú, así que me encendí un cigarro. Luego empezó a administrar la silicona transparente entre las juntas, como un pastelero alienígena; ¡prrrreet! aquí, ¡prrrrreeett! más allá, hasta ir dejando el conjunto con toda la pinta de césped público que tenemos por costumbre. “¿Te hace un pitillo, tío?”, le dije, pero siguió a lo suyo como si nada. Era comprensible, el día echándosele encima y yo allí, intempestivo, del todo imprevisto, inflándole las bolas en lo último y ápice de su jornada laboral. Me alcé sobre las puntas de los pies, las manos de nuevo víctimas de los bolsillos inmundos, en la boca el pitillo, flexionando una, dos y hasta tres veces, sin dejar de contemplar muy sonriente el desesperado quehacer del operario. Noté que notaba mis ojos en su cogote de carnes mullidas y como de toro de osborne tridimensional. Debía estar que explotaba, pero aun así no cedía, aguantaba lo suyo el brigadilla municipal, que debía tener en más aprecio su sueldo que su honra, pues no parecía dispuesto a saltarme los dientes de una merecida hostia. Es lo que tienen los años y la servidumbre, que agachas el morro como ese mismo toro del que antes hablaba, pero esta vez ante el capote magenta y el casi invisible filo del estoque final. “Oye, pues ya que estás, a ver si la próxima vez que pases por mi casa te estiras un poco y me arreglas el techo del cagadero, que lo tengo lleno de humedades…”. Se detuvo. “Eso sí, sin armar mucho jaleo que aquí uno tiene el sueño ligero y se levanta temprano a currelar, ¿eh?…”, y sonreí ancho y ufano, como sonríen los gatos esos, los de dibujos animados. El tipo se levantó muy lentamente, cual si se anduviera tomando el tiempo suficiente para calibrar si iba a partirme la cara o quedarse simplemente en una oronda sarta de gritos y latigazos salivales. Ya de pie, frente a frente, constanté con algo de apuro que era más alto que yo y tres pueblos más ancho que mis espaldas. Más feo también, aunque ese detalle aturullado de nimiez me traía sin cuidado. Tenía esa cara de los chuchos desagradables y los belfos entecos de los gatos esmirriados y enfermos. Sus ojos caían derrotados y brillaban más bien poco, más bien nada si es que eres de natural avaricioso. Volví a levantarme sobre las puntillas, todo sonrisa, arqueando una ceja, jeje, sin soltar el cigarrillo -que ya andaba por su fin-, tal que un Groucho Marx de saldos por mercancía tarada. Mas no hubo forma de hacerlo saltar. El in extremis se convirtió al instante en flaccidez bastarda. Desalentadora. Se lo pensó dos veces, el menda, y volvió al tajo. Terminaron luego, todos, muy poco antes de las primeras luces, marchándose en sus camiones y mirándome mal, porque él me señaló y les dijo, muy probablemente, ese es un cabrón, si un día de estos lo cojo a solas en un callejón lo esgüevo a hostias... Yo opté por quedarme allí todavía un rato. Tomé asiento en uno de aquellos bancos recién inmovilizados. Observé a uno y otro lado: nadie en el lugar, plaza desierta, conque arranqué un pedazo de hierro forjado y empecé a desayunar…
09/04/2008Strindberg come panHoy quiero hablar de la hija de la panadera, que está buena y se llama M. y tiene 33 años, como Cristo cuando le dieron matarile, aunque Cristo no tuvo nunca ese par de peras. 33 son ya unos cuantos, no son pocos, qué duda cabe, empiezan a ser respetables; podría haberla pillado con menos, 30 quizá, o 28, y hubiese estado más o menos igual de apetecible, M., la hija de la panadera, pienso yo. Puede que con los pares un poco menos caídos, el par de pechos, de nalgas, pero tanto da, me resaboreo sólo de imaginarlos, imaginarlas, imaginarla... Me siento atrapado ahí abajo. ¡Quiero salir, quiero salir!, me dice, "¡Calla!. No puedes salir -le digo-... estooo, ¡ah!... y ponme también un par de esos brioches grandotes de ahí, M., reguapa". Y sonríe. Y sonrío. Y ya me gustaría dejarte salir, bichote, pero es que me puede el decoro y tampoco me da a mí que éste sea el lugar. Cuando lleguemos a casa le damos al organillo. Acto seguido me cobra, es decir, me roba, la madre de la panadera, que se llama E. y lo menos tiene 10 años más de los que tenía Strindberg cuando le tiraron encima un cubo de meados por ir gritando !Inferno! !Inferno! por la calle en mitad de la noche. E. siempre se aprovecha de que ando "atrapado" y como loco desnudando a su hija con el radar y la mirada para pegarme el sablazo con los brioches y los bollos, pero cualquier día de estos me tomo el desquite por mi(s) mano(s). Vaya si lo haré.
31/03/2008Quiero ese, ¡quiero ese!, ¡¡¡quiero eseeee!!!Derribando mitos y paparruchas. En la Red no sólo no está todo, hay un buen montón de cosas que sí y que más valiera que se las hubiesen metido por donde bien les cupiesen, porque te tocan los cataplines no sabes cuánto. Como el otro día, por ejemplo, que sin quererlo ni beberlo me di de bruces con que la muerte de Saint-Exupéry ya no era el misterio envuelto en brumas de leyenda que fue siempre. Luego debe haber quien se pregunte todavía que qué función cumplimos los escritores, aparte de justificar programas de televisión que no duran un semestre y dar de comer a los sumplementos culturales. Pues enmendar los desaguisados que forman los historiadores sería una. Restituimos al mundo mal que bien la dosis de ficción y fantasía que ellos se cargan con sus descubrimientos. Pero como se te ocurra escupir sobre una piedra que lleva tres mil años muerta y dos mil quinientos enterrada se te echan al gañote... Su problema, que comparten con tantos mad doctors -no todos de tebeo y serie zeta, alguno lo hay hasta colegiado-, es que apenas leen poesía, y no se saben de memoria, sin ir más lejos, los versos estos de Ángel González: "Hay mañanas que no deberían amanecer nunca Todo esto me recuerda la escena que viví no hace mucho en la librería Ferdinand Destouches, en el centro de París. El chaval le dijo al padre, "¡que no!, ¡que no!, cómprame El Principito con dibujos...", de lo que deducimos que el niño lo que se dice muchas tablas no tenía, porque a ver quién es el guapo que me encuentra hoy en día una edición del susodicho principito sin sus monigotes. Entonces el padre, que debía sentirse muy maldito por haber contribuido a traer al mundo un vástago tan mostrenco, le contestó, "No hijo, no, esas mariconadas no... Te voy a comprar el Hazañas Bélicas". El niño hizo un mohín de cagarse en sus abuelos y acto seguido se sopló los mocos. El padre totalitario y paramilitar acudió al dependiente: "Quiero un Hazañas Bélicas, por favor", a lo que éste le respondió tal que lo siguiente: "aquí ya no vendemos esa mierda, señor", y se quedó tan ancho. El señor padre del hijo bobo se quedó poco menos que paralizado. Transido por la muerte y algo más. Lo habían acribillado los boches nada más abrirse la compuerta de su barcaza. Estaba frito. Cadáver inerte en las arenas de Omaha Beach. Salvas al aire y banderas dobladas y festín de gusanos. Entonces el niño, que al parecer, todo y lo tonto, llegará a ser más listo que su viejo, se llegó hasta el mostrador gritando: "!¿Y El Principito, y el Principito... El Principito, eh, eh?!... ¡¿EEEEH?!"... "Sí, mira niño, aquí tienes todosestos..." Mientras el chavalillo empieza a degustar los ejemplares visual y táctilmente, el padre ha conseguido permutar su condición de petrificado por la de huído con el rabaco entre las piernas. A partir de ahí ya no recuerdo más... Y más vale que así siga.
23/03/2008Pulp a la gallegaDesde la Mala Literatura...
Me pongo una vez más a los mandos del teclado para engañar a la muerte, aunque sé que no la engaño, que nunca ha sufrido un jaque mate. Karpov y Kasparov y Fisher de los avernos, por las noches baila bailes ñoños con Boris Grushenko, cogidos del brazo y la cebada escanciada en vasos rotos por el General Invierno. Von Paulus observa con rictus vesánico y bebe hidromiel del cuerno vikingo del mejor Michael Chrichton. También, pasadas las doce, soundtracks hilvanadas por Tarantino hasta las cejas de cocaína y música de cuerda de grillos y escarabajos praguenses. La letra es el gulag de tantos otros como yo, todo ellos sin talento. El hilo dental de la entropía se cepilla la melena ante el espejo con nuestras tripas. Pero aun así vuelve a ocurrir un algo de justicia gratuita por momentos. Poético status quo transitorio. Reposicionamiento de los comensales: Arthur C. Clarke ya no podrá seguir castigando al mundo con los zurullos de sus "negros". Recontracita -de la concha- con Rama. Venus (de)Prime elevada a la enecientos. 3062 -y me llevo uno-: cachorros rojos nos trae la vagina de HAL 9000. Deus ex Machina descenciendo en la Honda de Katsuhiro Otomo a zamparse unas olivas y una bravas en cualquier tasca de Tudela. Luego se tira un pedo. Estallan Tokio, Oslo y el viejo-nuevo puente de Mostar bajo el hongo nuclear. Metano Dream. Metano Experience. Metano Lab. Y unas Príncipe de Bekelar para acompañar. Vuelvo a ponerme a los mandos de este teclado, que es mi particular V-8 Interceptor, mi singular V-2, mi instransferible estado de excepción. Caída. Salto sobre Berlín, cielo despejado, 11 de la mañana, marzo del 46, segunda oleada, primera inefectiva. Alfombra púrpura de cuerpos acribillados al tocar tierra. Los Rusos contenidos en el Vístula. Montgomery atascado en Nimega. Patton exhausto a las puertas del Rhin. El hombre en el castillo siendo a su vez reescrito por el Hombre en el Castillo. Y un déjà vu que me asalta. Esto ya lo he escrito. Ya lo he vivido. Subo la persiana, la ventana tapiada: pulso el rewind para averiguar dónde se esconde Keanu Reeves y saltarle las gafas de sol de un soberbio guantazo. Vuelvo sobre el teclado como vuelve la náusea cuando el hígado encara su recta final. Jack London, Malcolm Lowry, Scott Fitzgerald... aunque a éste en lugar del alcohol debieran haberlo matado sus abusos adverbiales. Cirrosis intelectual. La buena escritura es una quimera. La mala escritura, en cambio, es una excrecencia. La excrecencia. Nueva Carne. Watch TV, obedece, no pienses, no cuestiones, pulsa F5, pulsa F5, F5, F5, actualizar... Felicidad. La ventaja del que ya no espera sobre el que desespera son estos cheques en blanco, gambitos de caballo. Faulkner me alza el pulgar mientras Buk apura el trago mientras Hemingway pide otro helado de naranja y mira goloso la escopeta de cañones recortados. Será un domingo, hará cincuenta años que me habré ahorcado con el cable de este teclado. Puede que algunos ricos ya coman y caguen y hasta follen en modo inalámbrico. CheckMate!... Grabada en la -chinga de la- MADRE de la Nostromo, la carcajada final, años luz extinguida: Stephen Hawking, que ahora también escribe novelos, vaya cosas, pitorréandose de la entera y boba y zafia Hominidad...
12/03/2008El pezón de Sigourney
Ahora sé que me hice monstruo y terrible y quise devenir pesadilla, muerte súbita en lo más alto del sueño profundo, sólo por esto, estar tan cerca, tan a pelo, cerda y cochinamente arrimado a tu cuerpo. No me preguntes por qué. Si fue esa cabellera tuya, castaña y tirabuzona. O esa quijada adelantada y extrema, más de Gran Blanca que de Tintorera, auténtica Cachondorona Cacharias, que todavía me enervo y me pongo tieso sólo de pensar en esos blancos muslos de mujer jirafa que luces cada vez que te quieres encasquetar el traje de buzo cósmico. Tal vez fuese por esa carita de no haber roto nunca una espina de Alien, ojos almendrados y como de ingeniera naval, piloto de caza y auxiliar de vuelo de hipercamastro, todas al tiempo, que siempre quise meterme en tu hangar. Me fascinaba, sobre todo, lo arregladita que tenías la casa. Hasta los huevos se pirraban por freírse en tu cocina, ¡y sin aceite!, porque ya verte los lubricaba de sobras, y hasta el beicon daba palmas de pensarse, tal vez, rumiado por tus molares de oficiala. Moranis y Billy Murray lo intentaron a su modo. No hubo forma. Tus engranajes de esteparia zorrulona pedían más madera. De la buena. No de abortos Ikea o refugios gubernamentales para los sin techo. Por eso me hice monstruo. Y terrible pesadilla. Y matar de miedo en el más alto desván del profundo sueño. Porque quería habitar tu sofá, ser carne de carne y sangre de sangre de tu tresillo. Sentir tu apenas culo en mi lomo lobuno. Imaginar que otra vez te habías partido la pierna, no sé cuál, quizás mejor la derecha; que tendrías que pasarte una buena temporada tirando de muleta, viendo la tele, comiendo patatas y anacardos y piruletas que dejan roja la lengua, los labios rojos, tiesa la verga. Y yo abajo, allí, en tu trasero, gárgola de algodón artificial y felpa; relleno... Esperando el momento preciso, conjuro, estallar. Tan sólo eso. De aquellos polvos estos lodos. Lodos que no bajaron por los muchos polvos que te quise echar y no fueron. Que únicamente me vino regalado cogerte una teta, eso sí, muy firmemente. Firme mi mano y firme tu teta que apenas lo era, pero suficiente -incólume pechín rebelde-, con todo lo mucho de bueno que han de tener las tetas. Nada de grasa aún. Nada de desprendimiento o flojera o flaccidez cuarentona. Todo lascivia y saber colgar. Por eso soy lo que soy. Me hice rasgos que rompen espejos. Texturas que arruinan siestas, hacen pedazos la buena y mejor mitad del dormir. Mostrarle al orbe tu pecho de nieve durante milésimas de segundo. Ese pezón de amazona y cocaína que nunca te has de cortar. Y pillar, de paso, no lo desmiento, algo de cacho firme y turgente, ponerme bruto y rozar, sucia la uña, las Esferas, justo antes de volver a las tinieblas que son mi hogar, donde cada anoche acaricio el lomo del gato Yonsi y otorgo salvoconducto al minutero de la obsolescencia.
07/03/2008DinerLlegué, vi y pedí un café. Después del tercer sorbo y una ración extra de azúcar todavía no sé qué me han traído. Café no, eso lo tengo claro. Ahora repaso el periódico por encima, sin leer, sólo lamiendo las fotografías con la húmeda punta de la lengua mental. Me giro hacia atrás, ensayando esta entrenada pose como de darme cuenta de que me estáis siguiendo porque soy el chcico más listo de la clase. La camarera me observa. La cafetera me observa. La bayeta de poner a secar las tazas recién lavadas me lanza miradas y efluvios envenenados. Maldita seas. Si me hubieses hecho caso todavía estaríamos allí, en la habitación del hotel, el desayuno deshecho y las sábanas sudadas, los dos desnudos, como sátiros sin pelo, y como sátiros también, entrelazados, mi cadera pegada a tu culo soberbio, dibujando la ese de la inmortandad, porque mientras se folla salvaje y se folla sin miramientos uno no se muere; no es que se toque a Dios, es que se es Dios, lo mandas a la mierda de una patada y te pones febril y pitotieso a montar la res del orgasmo; escalando el mediodía a ritmos de golpes de cadera y de culamen, tableteo de nalgas, gemidos refocilantes provocan el mentarnos la madre en las bocas adyacentes, tras los tabiques de papel de fumar. Te estaría tocando, me estarías rozando. Tu culo sobre mis muslos. Mis manos aferrando la blanca cocaína de tu piel, a la altura de las caderas, dirigiendo tus movimientos; atrás, adelante, atrás, adelante, de nuevo atrás, ahora más rápido, más... Luego una mano, la derecha, ya que estamos, bajando lentamente de la cadera abajo, donde el sexo siempre toma nombres cachondos y de mal oír; coño, raja, pepote, chochamen, potorro... Presión con los dedos en tu pequeño tentetieso. Presión en el triángulo velludo y venusino. Presión con mi polla en tu vestíbulo resbaladizo. Subo la otra mano, hasta la teta diestra, la agarro suavemente. Suavemente, pero la agarro. Soy el molde de tu suave y turgente gelatina pectoral. Te tengo amarrada. Te tengo sujeta. Te atraigo hacia mí. Mi torso pegado a tu espalda. Congénitas y samiesas criaturas de plomo y de Rodin: salgo de ti, naces de mí. Embisto, embisto, embisto... En la pared una resquebrajadura, en el techo añejas manchas de humedad. Un demonio de muslos enjutos vestido de cualesquiera tonos menos el azul. Pero algo o algún hijoputa me sacudió bien en el colodrillo justo cuando estábamos a punto de corrernos y correr de una patada a cristo y su padre del Limbo. Y después ya más nada, hasta aquí, esta achicoria de mierda en la taza y este chichón y tremendo dolor en la cocorota. Aquí, este ahora que es oscuro y sucio y huele a meados y ni los zurriagazos en la espalda con el gato de nueve colas son a media pensión.
06/03/2008Lo que da de sí un AlmaxRondaba hace unos días por los aledaños de esa gótica catedral que un tal Ildefonso Falcones ha convertido en objeto de la más zafia, mercantilista y mainstream fiebre compratochos-que-luego-nadie-lee-pero-hay-que -ver-mira-el-lustre-que-le-dan-a-las-estanterías-billy-del-ikea-que-nos-acabamos-de-comprar-cariñito-cómo-dices? -ay!-hoy-no-cielo-que-me-duele-la-cabecita, cuando me topé con una a todas luces singular muestra de arte popular y callejero: un sobre de Almax Forte reventado sobre las legendarias piedras que rodean el gótico ábside de la gótica "catedral del mar" de los cojones. Y a decir verdad que el blanco brochazo antidispepsia se alargaba no menos de metro y medio más allá del sobre que lo parió, o escupió, o eyaculó, que cada cual se deje agarrar por el verbo que mejor se le adhiera. Inmediatamente pensé en Apollinaire y sus once mil vergas, y comenzó a ponérseme contento el mástil. Y hablando de barcos, cierto que era como mirar, me estoy refiriendo al sobre antiácido, estrellado en tierra; como recordar, videar de nuevo el Prestige a lo primero, cuando andaba trastabillante, indeciso, que sí que no os arruino las playas y os regalo meses de sabrosos titulares y espurios noticiarios; navegaba mal que bien, pero entero, aunque ya dejándolo todo a su alrrededor perdido de mierda negra. Y por encima de aquella obra de un artista ocasional y adolecido de ardores habían transitado ya cientos de sonoros pasos y pieses humanos, andares gráciles y andrajosos desgraciados sin techo bajo el que caerse muertos o cagarse en dios y la madre que parió al interventor del mundo, de modo que estaba ya todo tintado de ese gris negroso y mierdoso que pintan los hombres sobre las cosas, ya sea con la suela de sus alpargatas, o simplemente poniéndoles encima la zarpa. Conque pensé, ¡Coño!, lo que da de sí un Almax, y desaparecí de allí como esperma que el látex se lleva tras una nada católica corrida.
25/02/2008Ésa es la chica...
Sonó el teléfono, hacía media hora que había salido de una pesadilla muy chunga en la que las alondras transmitían la peste bubónica y no tenía ganas de volver a dormir, así que contesté: "Diga lo que sea". Y lo dijo: "Buenos días, ¿es usted Wilson el interconectado?". ¡Mierda, no! Una vez más me habían descubierto. Maldito programa de protección de testigos. ¿Es que nunca iba a poder vivir en paz por culpa de aquel desliz en el lavabo de tías? Tenía que despistarla a cualquier precio. Mi integridad estaba en juego, conque puse en ello todo mi ingenio, activé mi "Modo Marlowe": "Si, joder, soy yo, qué coño ocurre". "Ah, bien, bien, lo sabíamos, verá, llamo en nombre de la Compañía QWERTY y quería hablarle acerca de nuestras ofertas en desconexión alámbrica, inálambrica, alambicada, guayrless y blutúz... según observo en mis ficheros ha sufrido usted problemas de caídas en la interconexión últimamente". Me tenían pillado, sí, me habían pillado el culo, hasta los pelillos, sí. "Estoo.. er... se equivoca usted, preciosa, al contrario, estoy muy satisfecho con mi servicio de lavandería". "¿Lavandería?... pero... oiga, yo le llamo de QWERT...". "No, me parece que te has equivocado de interconectado, nena, yo soy Wilson, William Wilson, 34 Park Aveniu; el que repara neveras en Trafalgar Escuer... Conque adiós". "Pero...". Y fin: colgué. Ya estaba hecho, eso les daría esquinazo le menos diez, con suerte doce minutos... Luego tuve ganas de fruta, un zumito, una esepecie de antojo sietemesino; fui al frigorífico, había uno de leche con plátano... Y luego... luego... bueno, luego ya no he sabido cómo narices continuar esta basura, tampoco ahora, después de cinco minutos de pausa, un café y una galleta sueca, de modo que no lo voy a hacer, no voy a continuar... En otro orden de cosas, el otro día vi a Sbragia por la calle y me dio mucha vergüenza porque todavía recordaba cuando me había reído de él, pero como él no se dio cuenta y además es un ingenuo completo va y me saluda; se paró a charlar; y hasta acabó invitándome a unas pintas y unas bravas. Estuvimos allí un buen rato, repantingados en las sillas, estirados como linces panzudos al sol, nuestras cervezas, nuestro aire acondicionado, y mientras me hablaba y hablaba, el majo de Sbragia, yo no podía dejar de pensar: "Pues no es tonto ni nada, el bragas éste", y acto seguido echaba un buen trago de fresquita birra. ¿Soy por ello un cabrón?... ¿Qué más? Ah sí, luego llegué a casa de mi hermano, Lionel, que no por llamarse igual que el hijo de tu madre, la que se comió a mi perro, tiene que dejar de levantarse cada cochina mañana a las seis. AM. Lainol, mi hermano Lainol, trabaja de sexador de pollos no siendo japonés, lo que bien mirado tiene mucho mérito, oigan, aunque luego todo eso que gana por un lado lo pierde siendo un borrachuzo fracasado que ya ni pegar puede a su mujer porque ésta lo abandonó hace tres años. Estaba allí; él no, yo; suerte que tengo llaves de su piso y más suerte aún que él ni se huele que saqué una copia a hurtadillas. Le mango otra birra. Las 11 de la mañana y ya voy fino. Lainol está obsesionado con que en su casa hay fantasmas, ¿podéis creero? Cualquier día de estos se lo llevan al manicomio y a ver quién llena la despensa. Patatas fritas, nachos y anacardos, los cacahuetes me los cepillé ayer. En fin. Después sonó el teléfono. Lo cogí. Sonó como una alucinación mortal aguardando tras la tapia: "Oye, Wilson, pedazo de miiierda chabacana, hicisite muy mal al colgarnos, sabeees... Ahora sí que la has cagaaado, mamón... Ahora sí que te vamos a interconectarrrr". Y a partir de ahí ya no tuve más sed en todo el día y anduve como encogido hasta las nueve... PM
22/02/2008El gilipollasEn fin en fin, ve y oye uno cada cosa por ahí que es como si las neuronas engordasen, es decir, como si te bajasen la mente a la altura del culo -o el culo te lo subiesen a la altura cabecera- y una vez allí se te transformase todo el ínterin cerebral en almorrana intratable, que ni con dermovagisil la achantas. A riesgo de que se me tilde de reaccionario -¡buf!, lo que me importa...- diré, siguiendo el tópico, que esto antes no pasaba. Quiero decir que antes la gente estaba demasiado ocupada sobreviviendo, pasando hambre, sufriendo horribles padecimientos. Ser así de gilipollas no es que fuese una excentricidad al alcance de muy pocos, es que sencillamente no había lugar... En cambio mirad ahora. Toda la culpa la tienen Fleming y Pasteur, hijos de puta.
21/02/2008Harry Potter: a caballo entre la Muerte y la Reliquia
El día a día como sucesiva permutación de circos. Son las cinco, nueve minutos sobre el doble cero del minutero. Apenas algo más de una hora para el gran acontecimiento. Suerte que ya no pertenezco al gremio de los libreros. Tengo el invierno atragantado desde hace días en algún tramo del esófago. Yo soy el gato y él la bola de pelo. Alguien me ha dicho esta mañana sin venir a cuento que en esta séptima, última con suerte, de la saga, Harry Potter, el estudiante cum laude de la Licenciatura en magias y supercherías, "moría pero no moría". ¿Cómo diantre se come eso?
Santa Teresa de Rowling Yo soy multimillonaria y vosotros estáis muertos Mientras tanto, anda circulando por ahí un gran libro, entre las sombras, los fantasmas, los fantoches, tanta payasada. Se titula "¿Quién nos cortará las uñas cuando hayamos muerto?", de un tal Ferrán Barber. Allá cada cuál con lo que se lleva a la cama...
17/02/2008Hola, me llamo Manolo y también tengo un blog... ¿Me la chupas?
A veces no sé muy bien a qué cojones vengo aquí, es un poco como el inútil aquel de William Katt, sí, el rubiales imberbe al que los extraterrestres le dieron un traje rojo y hortera para que salvase el mundo. Pero el fulano resultó ser un completo gilipollas. Dios le da pan a quien no tiene dientes y en realidad ET sólo escogió a Elliot porque era un poco como Michael Jackson: orchestral manoeuvres in the dark... Y así va y sucede que alguien pasa por tu lado y te dice: "Pst, pst... ¡Eh, tú!"... ¿Yo? "Sí, tú", y te suelta el traje, o la pluma, o el teclado, lo que sea, y ahí te las apañes, cabrón. Yo no pedí estos poderes... Te jodes. Piensan que están haciendo lo mejor pero en verdad la están cagando hasta el fondo. ¿En serio estaban tan cegarrutos los extraterrestres? No sé, ¿alguno de vosotros le daría el traje de Supermán a Jiménez Losantos, por ejemplo? Bueno, el caso es que tamaña ceguera, la de los marcianos y demás caterva sideral, de ser cierta, explicaría por qué todavía no han aterrizado en este asqueroso planeta más que en peliculejas de serie B y noveluchas impresas en papel de limpiarse el culo. Precisamente por eso, porque estamos a tomar por culo del universo y no es nada fácil dar con nosotros... sobre todo si eres alien miope de los huevos. Pero bueno, ya que estoy aquí y algún fulano me ha regalado este traje en forma de pantalla y teclado y mucho estar hasta las napias, voy a soltar mi mierda, que uno también tiene su culo y necesita evacuar de tanto en tanto. Qué bonito el mundo de los blogs, ¿no? Joder, se te llena la boca con la palabrita de marras: "blogosfera". Peor que en un jodido maldito capítulo de la puta Star Trek. Antes lo que nos igualaba a todos era el DNI, es decir, los papeles. Bueno, hay que matizar... igualaba a los blancos. Los papeles de los negros, rojos, amarillos y demás colorainos van a parte, eso lo sabemos todos, Rajoy el primero... Pero ahora no. Ahora puedes ir indocumentado por la vida, da igual, pero no te puede faltar el blog. O lo que es lo mismo: blogueo, luego existo. Descartes meado y cagado hasta la peluca. Todo el mundo tiene un blog, o más de uno, absurdos nos da la vida; incluso aquéllos -la mayoría- que no tienen ni puta idea de qué escribir ni de cómo demonios se escribe. Van a clase a calentar la silla, joderle la vida al personal, compañeros y profesores: bullyng y toda esa hostia. Encefalograma plano, ni maldita idea de nada ni falta que les hace, pero luego llegan a casita de papá y mamá, se conectan a la red de redes -!que no, Punset, que aquí nadie te ha mentado, deja de chupar plano!-, y dale, a soltar su basura en interlingua sms. ¿Qué carajo nos está pasando? Los dinosaurios tenían la respuesta pero prefirieron comerse los unos a los otros antes que presenciar la que se les venía encima... Pues la puta blogosfera es la misma puta cosa. Joder. Al parecer todo el mundo tiene algo que decir, esto es, que escribir. ¿Habéis echado un vistazo a vuestro alrededor? ¿De veras creéis que vale la pena? Me cago en todo. Y además todos pretenden que el mayor número de los otros lean y comenten sus excrementos vitales en forma de horrible ortografía. Como para suicidarte cinco veces antes de que la alarma del horno haga ¡ding! Es perverso, nauseabundo. Alienador. Claro que también los hay con talento, haciendo cosas buenas, peligrosas y centelleantes, pero son los menos. Como ocurre con la literatura, la pintura, todas las demás artes cojoneras, el 99% de lo que se hace es absoluta y pura MIERDA, y luego está ese 1% restante, con verdadero talento, puñetera fuerza, que eso sí, sólo se reconoce con el mucho tiempo, o aún peor, cuando has palmado. De todos modos lo más divertido de los blogs no son los blogs, son las carcajadas que te echas a su costa si te pones en modo entomólogo. ¿Habéis dado una ojeada ahí afuera? Díos mío. El infierno ardería con nuevos e insólitos colores si es que semejante conjunción de egolatrías dejase algún espacio al oxígeno... Conque, los que podáis, ahorrároslo, todavía estáis a tiempo... No sé, donad sangre, echad un polvo, fumaros un porro, o leed un libro. Leed a Hubert Selby... Los que se llevan la palma son los blogs Candy Candy. Ésos sí, joder; intentas por un momento imaginar qué se cuece detrás de semejante sarta de cursiladas y superficialidades, pero es imposible, te desangras mucho antes; te exprimes por dentro y aún así no llegas, te quedas corto, tendrías que rebanarte medio cerebro y me parece que ni por ésas... Tu mente no lo procesa. Lo cual no impide, pese a todo, que existan, y en gran cantidad, cada vez más y más venenosos. La vida es un sumidero bien engrasado y tus dedos hace tiempo que se convirtieron en úlceras sangrantes. ¿Y qué me decís de los comentaristas? Mierda, ésos merecerían libelo a parte. Los trolls tienen su gracia, claro. Individuos sin vida propia, existen sólo por y para la cobardía. Sus madres los pillaron de pequeños machacándosela en el lavabo con un ejemplar de La Judía Verde... Pero los que de verdad se me antojan morralla de la más baja estofa son los tíos que visitan blogs escritos por tías; tías supuestamente talluditas, supuestamente independientes, supuestamente inteligentes, graciosas y/o ingeniosas. Supuestamente. Muy Supuestamente... Y por supuesto, el toque final, "supuestamente putas", se lo dicen o lo piensan, "ésta es una puta, está claro, aunque no quiera reconocerlo", no para de repetírselo, "es una puta, es una puta", hasta convertirlo en un mantra esquizoide, puedes casi imaginarlo, pegado a la pantalla, perdida la mirada, la boca babeando, una mano en el ratón y la otra en la bragueta. En otras palabras, las treintañeras trotonas. Son su objetivo. Estos sujetos sí son el verdadero espectáculo de la blogosfera, amigos. Lees sus comentarios: "Cuidate, wuapíssima! ;)", "Eres la namber uan :D", "Tu si k molas mazo wapaza :*"... ¡Frap! ¡Frap! ¡Frap! ¡Frap! ¡Frap! Frap! Sí, ¿no los oís?... ¿De verdad?... Joder. Pues yo sí los oigo, sus golpes espasmódicos contra la mesa del escritorio mientras se la machacan todo desenfreno, ojos locos y lobotomizados mientras musitan: "ésta me la follo... ésta me la follo... vaya si me la follo... argh... arghhhh... argggghlglglglhhhhhh..." En resumidas cuentas, que con blogs o sin ellos el mundo es y seguirá siendo un lugar tan entrañable y tranquilo...
15/02/2008MierdaEn el post precedente escribí "mierda" tres veces. Lo releo y pienso que podría haber sustituido al menos una de ellas por "cagarro" y todo el conjunto me habría quedado mucho más, digamos, ¿digno?... Pero no, puse "mierda" y la cosa quedó como quedó. Hay días que estás arriba, días que estás abajo, y después el resto; los días en que sencillamente no estás. De modo que con ésta última y la del título vuelven a ser tres, pero ahora estoy mucho más orgulloso de mi texto porque hoy, a diferencia de ayer, ninguna de ellas es sustituible más que por "mierda"... ¡Uy!, cuatro. Ya me pasé...
14/02/2008SucioCuando sueñas cosas hermosas no las recuerdas, ni siquiera te queda la sensación o el vago recuerdo de haber estado allí. Pero cuando sueñas mierda se queda ahí, pegada, incrustada, encostrada, como el marrón del zurullo -de la mierda- al blanco del inodoro, que tienes que rascar con el cepillo o no lo sacas, vienen las visitas y se ponen a murmurar a tus espaldas. ¿Has visto? ¿Te has fijado? ¿Viste? Sí, vaya, ¿no?... Sí, del todo, hay que ver, nunca lo hubiera dicho de un alguien como él, ¿me pasas las patatas fritas?... ¿Dónde venden el cepillo para rascarte las restos de mierda del sumidero del alma? Es una cuestión interesante, preguntadla a alguien, pero no a mí, yo no conozco ese secreto: mi cerebro apesta el día de hoy.
08/02/2008En la barra, señalando. Sí.¿Has visto ése? ¿Cuál? Coño, ése, jeje... Ah. ¿Y qué le pasa? Joder, ya veo que no lo has visto; es ése de ahí, tíooo. Ah, vale, ése, ya veo... Buf, pues anda que aquél, jojo... Madre mía. ¿Cuál? Joder, aquél de allí, hostias, el de la rabadilla. ¡Ah!, ya lo vi; tienes razón; madre mía... Y mira quién acaba de entrar, el que tiene nombre de braga. ¿Ah sí? ¿Y cómo se llama el tipo? "Sbragia", juajua... "Esbraguia", ¿eh? Eso mismo. ¿Pero eso no era un personaje de Bertolt Bretch? -... -... -... ¿No? -... -... ¡Anda y termínate ya de una puta vez eso es que siempre tienes que andar jodiéndome o qué coño te pasa a ti! Bueno.
30/01/2008Por no empolvarte la narizMe había terminado la madalena en un abrir y cerrar la bocaza, bien buena, gustosa gustosa, la verdad, y tierna como un beso cerdo en la penumbra de tu portal, ¿recuerdas?... ¿No? Pues yo sí, vaya si recuerdo, menudo lubricente tornillo salivoso, aunque no me extraña tu desmemoria de estos días y los que vendrán, siempre supe que a la larga acabarías saliendo a tu madre, Dios tenga en su seno un buen solar destinado a albergar su ubicuo pandero… Pero quedaban los restos en la mesa, la madalena: unas miguillas rubias, el emboltorio arrugado, para los cochinos, y una pepita de chocolate que se salvó de mis ácidos gástricos, dispersa, en órbita elíptica sobre la taza de café. Pensé en dejarlo allí, aquél montón de posmoderna basura, que lo recogiese el camarero, eterno sísifo aspirante a mileurista, pero me sentía cívico y social como pocas veces. A la postre, con las horas, descubriría que tamaña heterodoxia en mi carácter se estaba debiendo a la fiebre, lo que me tranquilizó no poco, así lo reconocería si es que alguien me preguntara. Tomaría un termalgin, yéndome a la piltra tan contento, previo gozoso paso por la casilla de la Calle Onán, en el solitario monopoly de mis sábanas. Pero antes de eso me acababa de zampar la madalena y tú hacía tiempo que ya no me besabas como si pretendieras opositar a la cátedra Tera Patrick de lascivias y humedales, me sentía, no obstante, filántropo o algo por el estilo, estaba allí, quería hacer algo típico de un hombre de provecho con todos aquellos deshechos postalimentarios, lo que se supone hace todo hijo del vecino de alguien que paga sus impuestos y rellena la casilla de la Santa Sede y esa misma noche deja a la mujer viendo la tele y se va de putas. Busqué una papelera, algo algo por el estilo, un lance aquí sus detritus y olvídese de cualesquiera remordimientos de conciencia, un cubo de fregar aunque fuese, total, a la chacha de la limpieza no le iba a importar, ni iba a notar la diferencia, si es que miraba. No di con nada semejante. Tampoco tenía muchas ganas de ponerme a buscar. Entonces la vi, los vi, una pareja de enamoraduscos del copón, mirándose como se miran los que creen firmemente -hasta se apostarían los piercings- que el universo dejará de escupir entropía para detenerse a contemplar sus bobalicones intercambios de pupilas. Él me importó poco, lo que se dice una mierda, bien le podrían haber reventado la quijada de un equino pollazo allí mismo y a mí me habría dado igual, sólo que esa foto, esa instántanea, ese tremendo aldabonazoo de caballuno colgajo, bien podría valer un par de Pulitzers... Pero ella, uy ella, ay ella, joder con ella, cuidado mucho cuidado con ella; vamos, que no se merecía su linda carita estar componiendo semejante rictus de manierista ñoñería. Más bien todo lo contrario. Empecé primero a especular, poco después a construir lúbricos castillos en el aire según previos y abusivos planos; su escote y mi entrepierna ubicuos protagonistas… ¿Soy o no todo un poeta?... Siguieron así un buen rato el par de tortoletes, hasta que al fin se cansaron y el mostrenco cogió la bandeja con sus respectivos restos de inmundicia y se dirigieron, él y la basura, allá dondequiera que el común de mortales acumula la mierda antes de que otros la inyecten por correo certificado en las raíces profundas de la cadena trófica. Mientras tanto, el chorbo fuera de plano, buscando con nulo éxito una papelera, ella quedó solitaria, descubierta, inerme; mirada perdida en el fondo de algo, con ojitos tristillos de necesitar mucho amor. Suspirante... Regresó él, ella se levantó. Salieron juntitos de la mano, muy felices, espectativos de la vida y sus luces por venir, ingenuos de la hostia -no hay más que ver las ojeras que te agarran por los huevos rozando los ventilargos-... Enternecedor. Pero cometieron el error terrible, vaya que sí, lo pagarían caro, bueno, sobre todo él, sólo él las iba a pasar putas, porque para ella tenía otros planes, no menos turbios, mas no dañinos a corto o medio plazo, quizá un tanto degradantes pero en absoluto dolorosos, que no por nada la civilización nos regaló la vaselina... Lo dicho, que se habían dejado el vaso del café, el de ella, por supuesto. Allí estaba aguardándome, el muy pillo, susurrándome ven aquí, guapo, que la podemos armar gorda, conque antes de que se acercase cualquier camarera chusca y mal pagada con una de esas berrugas en mitad del belfo superior a desbaratármelo todo, me acerqué con sordo sigilo y presta descreción a su mesa, armado además de la más alquimista y swedenborgiana de mis aposturas, y lo hice, sí, lo hice: arrojé mi pepita de chocolate a su culillo de café con leche… Nadie me vio, estoy seguro, y ahora el hechizo ya fue consumado: nena, serás mía… Ahora sí vas a ver.
27/05/2007En Maria Cristina me esperaban
Desperté como suele uno despertar en los cuentos, de modo que no lo voy a describir; llegas a cansarte de tener que darlo todo mascado, así que allá cada cual con lo que le dé de sí la imaginación. Luego intenté desayunar, lo intenté de veras, con ahínco, pero el panorama frigorífico era desolador. En la alacena las cosas mucho mejor no andaban. Apenas un par de magdalenas duras -duras de verdad- y unas tortas de arroz hechas añicos, a saber cuándo caducaron. Apenas un culito de leche en el tetrabrik, auténtico llanero solitario de mi nevera. Probarla y escupirla fue todo uno. Agria como la mala leche de la madre que me parió, sobre todo el día aquél del sofá, cuando le prendí candela. Aquella mañana sí que no me faltaron leches…
Conque bajé a la calle algo mosca, por el estómago vacío, ronroneando como los gatos gordos, llamando con saña al timbre de la gazuza. En Maria Cristina me esperaban, ya llegaba tarde, pero no podía presentarme en semejantes condiciones, muriéndoseme de hambre el cuerpo de entrañas para abajo. Podía ir al bar de la esquina, el del bizco cheposo: café con leche y cruasán, ¡menudo paraíso!, sí, pero no tenía un duro... Así toda mi puta vida, más tirado y arrastrado que la muda de las serpientes... Me metí de todos modos. El café no era café, era aguachirle, auténtica achicoria, mejunje ponzoñoso, de los de fundirte en el acto el intestino. ¿Y el cruasán? Para qué contaros… Más canijo que la picha del “Katiusko”, el pekinés de la Sole, mi vecina buenorra del quinto. Aun así me sentó todo de fábula, el brebaje porquerizo y la pasta raquítica, qué se le va a hacer: donde manda gusa no manda finolis…
Empecé a observar en derredor; izquierda, derecha; delante, detrás: visualizando poco a poco el “sinpa”. Pero el bizco cuasimodo, mal bicho de verdad, me tenía calado de antiguo, no me sacaba el ojo bueno de encima –el malo le andaba por Palencia, como poco-. Joder… Me anduve los bolsillos. Sonaron a sincera y triste calderilla. No me quedo otra que apoquinar.
Corrí que me les pelé a coger el metro, las agujas del reloj me delataban. Me pitaban también lo suyo los oídos; a aquellas alturas de plantón fijo que el Santi andaba ya mentándole la madre a mis bisabuelos.
Línea verde. Verde que te quiero verde… Llegó la máquina y entré, había más de uno y dos asientos libres, cosa inusual a aquellas horas. Pero los rehusé. Me agarré a la barra y apoyé el culo sobre un respaldo: serían sólo tres paradas. El vagón reemprendió la marcha: sensación de traqueteo, pero no como la de los trenes…, o mejor: como traquetearían los trenes si sufriesen inmunodepresión… Siempre albergando imágenes absurdas, pensamientos fecales. Ése soy yo. Pensé eso y pensé algo más que ya no recuerdo. Tampoco ahora me pienso molestar. Os fastidiáis. Había allí un par de ojos que me observaban. Fijamente. Bestialmente. Se me querían comer, a mí o a una parte de mí, así que me puse algo frenético y como estúpido; empecé a trempar… Y con la tontería ya iban dos paradas, el viaje se acababa y yo allí, sin saber qué hacer; porque todo va demasiado rápido cuando no toca y cuando toca ni te enteras. ¡Zas! Como el tipo aquel que conocí, ahora no recuerdo el nombre, que iba en moto a 130 por ciudad y de repente se le cruzó un 4x4 por donde no tocaba: se partió el cuello contra el marco de la ventana en lugar de salir despedido. Inconvenientes de espachurrate contra un vehículo de nuevo rico… Un segundo antes estás arriba y al siguiente ni siquiera está abajo; “no estás”, sencillamente. Ni por asomo. Pero allí estaban, y no muertos, bien vivos, aquellos ojos, el par, devorándome. ¿? Sí, eso mismo, interrogantes… Me pregunté qué debía. O si debía. Si decidía si debía antes de la siguiente parada ya me ocuparía después del cómo. O a lo mejor eso se lo dejaba a ella...
Fue entonces cuando ocurrió, la siguiente parada. Fin de trayecto, del mío al menos. Pero bajaron todos menos yo. Ella tampoco, claro. ¿Podéis creerlo?... ¿Por qué no me moví? Cualquiera sabe... yo ni siquiera aprobé al bachillerato, amigos. Y acto seguido no hubo tiempo para más, todo se fue a la mierda. El tren comenzó a correr, correr, CORRER. Al tiempo ella empezó a acercarse, acercarse, ACERCARSE. Y las luces se apagaron a su paso. Y ya no hubo más paradas. Y mientras en Maria Cristina, el bueno del Santi, esperando, esperando, ESPERANDO; cagándose en mis muertos… Aunque para entonces qué cojones importaba, ¡porque le estaban saliendo fauces! ¡¿Me oís?! Sí, joder, ¡COLMILLOS! Y todo lo que antes tuvo de bella lo tenía ahora de bestia cabrona que –estaba claro- se me quería zampar toda la carne… Segundos de incertidumbre… El metro venga correr, venga velocidad en pos de lo loca oscuridad, y los dos allí plantados, depredador y presa juntitos, apenas separados por centímetros. Ella sonriente, diabólica, babeando. Yo cagado de miedo. Entero paralizado… ¡Un momento! Joder… ¡JODER!... ¡Menos mal!... ¿Así que era eso?... El típico sueño. La típica pesadilla. El punto culminante. Aquella bestia parda se me iba a jalar, sin duda, pero justo un segundo antes yo despertaría, en mi casa, en mi cama, todo sudor y mala sangre, pero vivito y coleando, con un hambre del copón, y unas ganas de vivir la vida que no te las acabas, que no por nada tenía yo una cita esa misma mañana a la que no podía faltar en Maria Cristina…
De modo que ya estaba hecho. Me tranquilicé: “Ya puedes venir, bestia inmunda, que estoy preparado, no te tengo miedo, que ya sé que todo esto no es sino un mal sueño”… Y a fe que lo hizo, la muy perra, se me echó encima con todo el equipo, toda lobuna destreza, y empezó a devorarme vivo… “Bueno, bueno… todo esto está muy bien, sabéis… pero es… es… ¡AAY!… bastante desagradable además de… ¡OUCH!… terriblemente doloroso… ¿no es ahora la parte ésa en la que se supone que despierto?…” Se ve que no... |
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