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tannhauser

CIENCIA FICCIÓN: UN GUETO VOLUNTARIO

Ayer el "Negro Sobre Blanco" de Sánchez Dragó le dedicó una madrugada a la literatura fantástica y la ciencia ficción, y hasta aquí la novedad, porque lo que pudo verse una vez iniciada la velada no fue mucho más allá, quedándose en donde siempre, es decir, en el eterno, ubicuo y cansino debate sobre qué demonios es -o no es- ciencia ficción.

Lo cierto es que para todos aquellos que, como un servidor, ya llevan un tiempo manteniéndose al tanto de lo que se cuece -y se quema- en los cenáculos del fantástico patrio, el espectáculo de ayer les debió decir poco o nada nuevo, tan baqueteado y sobado está ya el tema, sirviéndoles, además, para confirmar que por mucho tiempo de vacas gordas que atravesemos y mucho premio de altos vuelos que inauguremos, seguimos estando más o menos en las mismas de siempre, es decir, "tú con los tuyos y yo con los míos... y mientras tanto la casa por barrer..." En el polo opuesto se encontrarían todos aquellos -sin duda escasos- a los que les dio por mirar el programa sin ser aficionados al fantástico, y que tras lo visto, difícilmente -se me antoja- tendrán un mejor concepto de esta literatura, y mucho menos -creo- estarán por perder horas de su ocio, sueño u otras lecturas para darle una oportunidad -a todas luces necesaria-, y esto quizá es lo peor de todo.

Porque puede que para los iniciados fuese entretenido, incluso puede que hasta divertido, asistir al enésimo asalto entre "empiristas" y "racionalistas", entre literatura "de ideas" y literatura "de formas", entre ciencia ficción "hard" y ciencia ficción "soft" y aspirante al "mainstream", personificado en el más que tibio enfrentamiento dialéctico entre Miquel Barceló y Julián Díez, mientras el bueno de León Arsenal, muy lejos del egotismo "made in Umbral", dejaba de "hablar de su libro" para intentar conciliar y mediar entre ambos contendientes... entretanto Miquel de Palol, el único ajeno al "mundillo", se encontraba en todo momento fuera de juego. Casi tan interesante -o gracioso- como comprobar el desinterés que el Dragó le pone al asunto cuando el tema le trae más bien sin cuidado, o el que muchos no hicieran más que reivindicar al cultivador del fantástico y de la ciencia ficción como "Escritor", sin más y con mayúsculas, para luego recrearse y regodearse una y otra vez en las excelencias y las miserias del "género". Mas para el profano en la materia, al que tal vez le interesaría más saber qué puede encontrar en esos libros, en esos géneros y en esos temas, antes que por qué se los margina tanto y se los lee tan poco, la visión de conjunto que de todo aquello pudiese extraer al final debió aburrirle no poco, y atraerle todavía menos.

Casi hubiese sido mejor que el enfrentamiento hubiese llegado a mayores por aquello de que es mejor que hablen de uno, aunque hablen mal... pero todo fue muy templado y átono; la sangre no llegó al río y todos estuvieron muy comedidos, seguramente porque el afán de corporativismo, el sentimiento de minoría tan firmemente arraigado en todos los aficionados al género, puede aún más que el odio a la diferencia del criterio ajeno, lo cual acabó por redundar en un mayor aburrimiento del personal. Se habló mucho de géneros y de límites, de lo que es y no es, así como de lo que debería y no debería ser ciencia ficción, y muy poco, en cambio, de buenos libros y buenos autores, españoles y de los otros. No sé si a propósito, supongo que sí, Dragó sacó a relucir la vena más pulp, fosilizada y discutible del género patrio con la "Saga de los Aznar", quizá para acabar de rematar la faena, y también nombró mal un par de veces a la decana de las revistas del género aún con vida, "Gilgamesh" por Gigamesh, lo que debió repatearle un mucho las narices -y lo otro- a Julián Díez, antiguo director de la misma.

En suma, las cosas quedaron donde estaban, aunque con una buena oportunidad desperdiciada. Ahora sólo hay que esperar un par de años, tal vez un lustro, para que el fenómeno vuelva a repetirse, y entonces podremos de nuevo volver a la tele a llorar y patalear, a pelearnos los unos con los otros por etiquetas y demás naderías, y justificarnos una y otra vez por todo y ante todos, en lugar de intentar mostrar al gran público toda la magia, capacidad de fascinación y buenas historias que pueden llegar a esconderse tras eso que nosotros mismos, desde dentro, nos empeñamos, contumaces e inconscientes, en mantener bajo la categoría de "Subcultura".

© JIP
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4 comentarios

JIP -

bueno, supongo que más o emnos coincidimos... aunque estoy no es nuevo, es una larga tradición que se pierde en las raíces insondables de la literatura "fantacienctífica" patria... ;)

Carlos A. -

Fue una mamarrachada. Yo bostezaba. Y da pena ver como los propios escritores de ci-fi quieren ser tratados como ESCRITORES en mayuscula, igual que los de cualquier género, pero ellos mismo se ocupan de encerrarse en un gueto...

En fin...

JIP -

bueno, la verdad es que interesante fue, pero más desde la perspectiva del morbo que de la de los contenidos...

Nada nuevo bajo el sol, en definitiva...

Pedro -

Jajajajajaja... me he reído un rato. INTUÍA que iba a ser un despropósito ese programa y me guardé mucho de verlo. Madre mía como está el patio... me imagino que nadie habló de los autores y libros que más le influenciaron, ni nada de eso... Dragó y la ciencia ficción... agua y aceite. Y es pena, porque como dices, ahora es un buen momento para el género. Pena penita.
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