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tannhauser

Schreck también soñaba...

"MOTO"

 
Me encontraba con alguien que se suponía era mi amigo, un compañero de aventuras, aunque más bien penurias viendo el panorama. Alrededor todo eran calles mezcla de favela insalubre, muralla derruida y zoco moruno. Agua estancada por todas partes: como encontrarse a los pies de un castillo de gloria y pasado largamente olvidados, ya sólo habitado por harapientos y tiña. Todo venía precedido de una acción que ya no recuerdo, el caso es que todo parecía muy dificil, me refiero a sobrevivir y todo eso, y de repente unos motoristas sombríos surgieron de la nada cruzando algo que daré en llamar puente levadizo: primero uno, dos, tres... y así hasta siete... Entonces la madre de él, que no sé qué pintaba allí ni cuándo ni cómo demonios había hecho acto de presencia, transformó su rostro en una máscara de pánico indecible.
Yo no entendía nada, era absurdo, del todo, porque iba echo un auténtico asco, como todos, y como todos sentía en el cuerpo la mordedura de la miseria y en los huesos el frío calándome hasta el fondo del infierno, pero en cambio todo era nuevo, no sabía nada de nada, de lo que pasaba y de lo que era en aquel lugar, de sus normas intrínsecas, ¡pero para sufrir las de Caín como todos el resto de miserables sí que era bueno!
Hijo y madre se miraron, intercambiaron sus mutuos rictus de pánico: "Si ahora hay un séptimo ya sabéis" ¡¿Un séptimo?! ¡¿Un séptimo qué?! ¡¡¡¿Sabéis?!!! ¡No, por Dios, yo no sabía nada de nada!; ni repajolera idea, pero ya tenía bastante con andar descalzo por el cieno helado como para encima ponerme a jugar a los acertijos. Aunque de todo esto no dije ni grité nada, estaba demasiado exhausto y asustado. Antes de que me diese tiempo a pensar más barbaridades comenzó a escucharse ése rumor: motores acercándose...
Y los motoristas terribles empezaron a cruzar de nuevo, 1... 2... 3... 4... 5... 6... ... ¡Dios!, no iba nunca a acabar todo aquello, a cesar aquel ruido horroroso... y allí estuvo, de repente... ¡el Séptimo!... frío y agudo y negro como un filo sajando de muerte un cuello suplicante... Era la señal del apocalipsis, o algo peor, porque todos empezaron a escapar en todas direcciones. La madre nos gritó que corriéramos y es lo que hicimos, él delante y detrás yo, por no sé dónde carajo, porque a aquellas alturas de pesadilla ya no tenía los ojos como para andar mirando por dónde pisaba tan mayúsculo era mi escalofrío.
Nos metimos en una casa, la puerta estaba abierta, daba a un gran salón inundado en tonos sepia y ocres varios. Una heterogénea mezcla de pistas de excalestric, peonzas y fichas de dominó rellenaban el suelo alfombrado. Pasamos de puntillas, poco a poco: al parecer una alfombra es siempre una alfombra, por más que te estés cagando en los pantalones de miedo o harapento seas. Pero di un paso en falso y golpeé una ficha que calló empujando a la siguiente, que cayó a su vez y a su vez empujó a la siguiente, que también cayó sobre otra, y así sucesiva e imparable y angustiantemente... ¡Alguna especie de juego satánico y mortal se había puesto en marcha sobre mis pobres espaldas y desde luego tenía todos los números para encajar toda la mierda!... ¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Dios mío!... Quería seguir corriendo, escapar, pero no podía, mi mirada estaba encadenada a las fichas y su caída, su recorrido serpenteante a través de la alfombra. ¡Mi entero y maldito destino corría endiablado con aquellas puñeteras fichas!
Pero no. La cadena se detuvo al segundo y no pasó nada. "Lo siento, amigo, no has conseguido tu premio"... ¿Mi premio? ¿De qué demonios hablaba aquel viejo? (Sí, de repente había un viejo de rostro torvo en una esquina en la que segundos antes no había nadie, pero bueno, así son los sueños, ¿no?) Miré el recorrido final de las fichas: la última de ellas caída al suelo, dos fichas más allá de la cual había una moneda de euro. Después continuaba la hilera de fichas de nuevo, todas de pie.
¡¿Una moneda de euro?! ¡Cabrones e hilarantes Dioses! Quiero decir que menuda tomadura de pelo, ¿verdad?, porque hasta entonces todo me había llevado a pensar que habitaba un mundo de todo menos europeo...
Y entonces desperté... con poca sed de sangre, todo es decirlo...
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Soñado por Schreck algún mediodía atrás...

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7 comentarios

Javi -

Los 37 los aparento, no creas, ceci...

Woswis, ya no podría dejarlo aunque quisiera, sólo por no tener que aguantar más vuestras chanzas, cabrones...

woswis -

28 años soliviantados en un guiño de tu memoria. otra razón para no dejar el blog nanu!

ceci -

SOlo 28? Yo te echaba 37!

jejejej

Las moteras mejor atarlas cortas, tienes razón..

katakrek -

Jiji... y tuvo que venir el euro a fastidiarlo todo, menudo gatillazo.

Schreck -

¡Coño!, pues sí que soy disléxico... lo que mi mente extiende y mi lengua no puede pagar son \"cheques\"... 28 tacos recién cumpliditos y ya senil... ¡Porca miseria!

Schreck -

Matas a un perro y te llaman mataperros, metes un gazapo de vez en cuando y ya eres disléxico... Pues sí, mi cerebro siempre ha extendido que mi lengua no ha podido pagar, pero bueno, si el 50% de blogs que se publican se acercaran a mi media de faltas ortográficas otro gallo nos cantaría a todos...

PSsss: Los motoristas no, pero las moteras bufff, a esáxxx hay que atarlas corto...

Ceci -

Vaya sueños....
No es por tocar las pelotas, pero deberías pasarle el corrector ortográfico...Hasta a mí que soy de ciencias me ha dado patadas en los ojos...
\"exhasuto\"

Creo que se llama diselexia, están todas pero desordenadas.

Buenas noches Schrek.

PS: los motoristas no son tan malos como crees.... :)
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