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tannhauser

Ésa es la chica...

 

Sonó el teléfono, hacía media hora que había salido de una pesadilla muy chunga en la que las alondras transmitían la peste bubónica y no tenía ganas de volver a dormir, así que contesté: "Diga lo que sea". Y lo dijo: "Buenos días, ¿es usted Wilson el interconectado?". ¡Mierda, no! Una vez más me habían descubierto. Maldito programa de protección de testigos. ¿Es que nunca iba a poder vivir en paz por culpa de aquel desliz en el lavabo de tías? Tenía que despistarla a cualquier precio. Mi integridad estaba en juego, conque puse en ello todo mi ingenio, activé mi "Modo Marlowe": "Si, joder, soy yo, qué coño ocurre". "Ah, bien, bien, lo sabíamos, verá, llamo en nombre de la Compañía QWERTY y quería hablarle acerca de nuestras ofertas en desconexión alámbrica, inálambrica, alambicada, guayrless y blutúz... según observo en mis ficheros ha sufrido usted problemas de caídas en la interconexión últimamente". Me tenían pillado, sí, me habían pillado el culo, hasta los pelillos, sí. "Estoo.. er... se equivoca usted, preciosa, al contrario, estoy muy satisfecho con mi servicio de lavandería". "¿Lavandería?... pero... oiga, yo le llamo de QWERT...". "No, me parece que te has equivocado de interconectado, nena, yo soy Wilson, William Wilson, 34 Park Aveniu; el que repara neveras en Trafalgar Escuer... Conque adiós". "Pero...". Y fin: colgué. Ya estaba hecho, eso les daría esquinazo le menos diez, con suerte doce minutos... Luego tuve ganas de fruta, un zumito,  una esepecie de antojo sietemesino; fui al frigorífico, había uno de leche con plátano... Y luego... luego... bueno, luego ya no he sabido cómo narices continuar esta basura, tampoco ahora, después de cinco minutos de pausa, un café y una galleta sueca, de modo que no lo voy a hacer, no voy a continuar... En otro orden de cosas, el otro día vi a Sbragia por la calle y me dio mucha vergüenza porque todavía recordaba cuando me había reído de él, pero como él no se dio cuenta y además es un ingenuo completo va y me saluda; se paró a charlar; y hasta acabó invitándome a unas pintas y unas bravas. Estuvimos allí un buen rato, repantingados en las sillas, estirados como linces panzudos al sol, nuestras cervezas, nuestro aire acondicionado, y mientras me hablaba y hablaba, el majo de Sbragia, yo no podía dejar de pensar: "Pues no es tonto ni nada, el bragas éste", y acto seguido echaba un buen trago de fresquita birra. ¿Soy por ello un cabrón?... ¿Qué más? Ah sí, luego llegué a casa de mi hermano, Lionel, que no por llamarse igual que el hijo de tu madre, la que se comió a mi perro, tiene que dejar de levantarse cada cochina mañana a las seis. AM. Lainol, mi hermano Lainol, trabaja de sexador de pollos no siendo japonés, lo que bien mirado tiene mucho mérito, oigan, aunque luego todo eso que gana por un lado lo pierde siendo un borrachuzo fracasado que ya ni pegar puede a su mujer porque ésta lo abandonó hace tres años. Estaba allí; él no, yo; suerte que tengo llaves de su piso y más suerte aún que él ni se huele que saqué una copia a hurtadillas. Le mango otra birra. Las 11 de la mañana y ya voy fino. Lainol está obsesionado con que en su casa hay fantasmas, ¿podéis creero? Cualquier día de estos se lo llevan al manicomio y a ver quién llena la despensa. Patatas fritas, nachos y anacardos, los cacahuetes me los cepillé ayer. En fin. Después sonó el teléfono. Lo cogí. Sonó como una alucinación mortal aguardando tras la tapia: "Oye, Wilson, pedazo de miiierda chabacana, hicisite muy mal al colgarnos, sabeees... Ahora sí que la has cagaaado, mamón... Ahora sí que te vamos a interconectarrrr". Y a partir de ahí ya no tuve más sed en todo el día y anduve como encogido hasta las nueve... PM

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