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EL ÚLTIMO POST

"Haz lo que amas. Conoce tu propio hueso, róelo, entiérralo, desentiérralo y vuélvelo a roer"

Henry David Thoreau

"Para ti y todo lo que en ti vive,
yo estoy escribiendo"


Vicente Aleixandre

*****

…mayúscula: una, dos, tres, 4, 5, 6; coma; espacio; una, dos; espacio; una, dos, tres, 4, 5; coma; espacio, una, dos, tres, cuatro, 5, 6, 7, 8, 9; espacio…

Afuera, la noche, y contra ella, repicando, tranquila, fina lluvia; la ciudad muerta bañándose en aguas de luna.

…una, dos, tres, cuatro, 5, 6, 7, 8, 9; coma; espacio, una, dos, tres, 4; espacio; una_una, dos, tres, 4, 5; punto y coma; una, dos; espacio…

Adentro, la oscuridad, la tormenta: golpean furiosas, rápidas, las teclas; otra madrugada, la última, herida de insomnio, de aliento en combate; desafuero.

…una, dos, tres, 4, 5, 6; espacio; 1, 2, 3, 4, cinco, seis; espacio; 1, 2, 3, acento: 4, 5, seis, siete, ocho, nueve; espacio; 1, dos; espacio; una, dos, 3, 4, 5; espacio; 1, dos, 3, cuatro; punto y seguido: nueva línea…

De repente se detiene, cesa el tecleo, se impone el silencio, gira el rodillo y sube el papel, los codos sobre la mesa, el mentón sobre las manos cruzadas, relee atentamente lo escrito. Atento primero, insatisfecho al instante, del todo decepcionado. Arranca la hoja. Esta vez la hace pedazos, ni tan siquiera una bola de arrugadas líneas frustradas; tira los trozos en la papelera a rebosar de pelotillas blancas. Muchos de ellos, no encontrando asiento, caen al suelo en un vuelo brevísimo.

Le da un sorbo a la taza, apenas queda un culo da café, frío hace rato, lo traga en mitad de una mueca y se levanta. Mira la máquina entumecido, enfebrecido, sudoroso, sintiéndose una vez más, como tantas, irremediablemente derrotado. Quisiera consultar el reloj, saber en qué arco de la madrugada se encuentra, tener una excusa para dejarlo todo e irse a la cama, descansar; olvidar, pero sabe que no serviría de nada, que ya no existe el tiempo, que sólo existe la condenada máquina. Quisiera echar un vistazo a través de la ventana, respirar la noche lluviosa, salirse de sí y comprobar el mundo; alguna suerte de realidad, pero sabe que afuera el agua riega una ciudad yerta, que ya no hay más mundo que el de la condenada máquina, y pegado a éste, el suyo, de marioneta.

Todo y ser consciente de que ha bebido su último café, que es también su último ese pitillo recién encendido, porque con él ya vació la cajetilla, porque igual que la papelera no admite ni una línea más, vencida, en el cenicero ya no caben más colillas, toma asiento, carga una nueva hoja en la máquina, y, por última vez, empieza a teclear.

Desde la izquierda y en diagonal un flexo de bombilla blanca delimita con su haz lo existente, lo existible, un triángulo de antioscuridad en la oscuridad; el sencillo escritorio, y sobre él la máquina, y sobre ésta el hombre, o lo que fue, apenas su sombra; una sombra combatiendo las sombras, luchando, tecleando, consumiéndose desde dentro, línea a línea, tecla a tecla… uno, dos, tres; espacio… y a un lado la taza de café agotado, periclitada; y al otro el cenicero repleto, acogiendo la colilla postrera, ya casi entera ceniza; y abajo la papelera rebosante de arrugadas derrotas, al fin consumada… 1, 2, 3; espacio… y alrededor lo negro, lo oscuro, la nada, negra de tinta malgastada, negra de vida derrochada, negra de nada, tras su tiempo, realizada… uno, 2, tres; espacio…

…espacio… espacio… espacio…

Imposible continuar, sí, imposible, ni una línea más, no puedo, es demasiado fuerte, soy demasiado débil, yo, imposible, sí, escribir, continuar, vivir, crear, imposible, imposibles, todos, del primero al último, demasiado grande, la distancia, entre el papel y mi mente, la barrera, entre mi entraña y la tinta, desde luego, sí, no puedo, continuar, ficcionar, vivir, por tanto, me falta algo, me sobra todo, hasta el aliento, me gana siempre, me gano siempre, a cada instante, imposible, pues, ganar yo, crear, por una vez aunque sea, imposible, sí, desde luego, y entonces por qué, para qué, todo esto, y no sólo todo esto, lo visible, lo que todavía existe, o parece, aunque ya apenas, sino también todo el resto, ese mismo que no es sino nada, imaginación, oscuridad, silencio preñado de pálpito preñado de muerte que su vez es silencio, siempre silencio, sí, siempre impotencia, imposibilidad, no vida, no libertad, para expresar, soltarlo, todo, hasta el hartazgo, reventar, estallar, o lo que sea, irse al cuerno, por fin, de una vez, pero habiéndolo dicho, todo lo que sea que uno lleva, arrastra, le consume, desde la base, desde el albur y hasta los restos, que son ahora, que están ahora, que se acercan ya, que soy yo mismo desde hace tanto y hasta dentro de tan poco, ya mismo, sí, desde luego, mi último suspiro debería servir, para hacerlo, hacer pedazos la barrera de la carne, ganar por fin al derrotarme, consumarme al consumirme, realizarme al liquidarme, por fin, al fin, de una vez y para siempre, finiquitado, darme rienda suelta en el derrame, decir con lo rojo lo que con lo negro no pude, expresar con lo vivo y caliente lo que el blanco material jamás me extrajo, sí, eso, debe ser, así, eso mismo, así que allá voy, donde he de ir y como he de ir, así ha sido siempre, así debió ser desde un principio, jamás pudo ser de otra manera… tal vez…

Aparta a un lado la máquina, en ella todavía su último texto, y hace sitio en el centro de la mesa para una nueva hoja blanca. Luego coge el abrecartas… Al cabo de unos minutos ya está listo, vertido, traducido, derramado, y para entonces tanto da la luz que la oscuridad porque el flexo, también completado, ya no ilumina nada…

© JIP

"ANIQUILACIÓN"

ANIQUILACIÓN: Todas las deudas saldadas, los contadores a cero, se apagan las luces, cae el telón. Te desvaneces violenta, terebrantemente, como burbuja que estalla acogiendo la nada, como carne que encaja sorda un balazo. Reintegrado en la negrura, un nuevo aliento toma posesión de tu antigua butaca; la maquinaria y el abrazo del absurdo nuevamente emprendiendo la marcha.

En modo autoservicio, abandonar la sala a mitad de función, de un sajazo –en la vena-, de un arroje –al vacío-, de un tiro –en la sien, definitivo-, inundándola entera de ohes, de ayes, de gritos; finiquitar en el medio el entremés de tu vida.

© JIP

Until It Sleeps, de Metallica
30/05/2005 00:20 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

IV-doce

Como un apagado espectro
En mis ojos
Que aparece y desaparece
Que viene y va
Porque nunca está

Como un buscado tesoro
En mis manos
Que ensueña y promete
Vivires de arcadia y venires de oro
Que en nada devienen
Porque nunca está

Como una divina fruta
En mis labios
Que el cielo me enseña
Me acosa la lengua acechándome el diente
Pero no me la da
Porque nunca está

Como un inasible imposible
En mis corazones
Quimera de fúlgidas notas columbrando roces
Te aman
Mis ojos
Mis manos
Mis labios
Entero MÍ
Pero YO incompleto...

Porque nunca estás

© JIP

IV-seis

Desde el Borges de Ulrica

Que de la crema de tus pechos blancos
Del aroma dulcero de tus labios rojos
De nuevo TODOS
De tu volar sobre a salvajes horcajadas
Sólo me separe la espada de la Muerte...
Porque de mi fervor por tu alma
Ya ese filo nada puede...

© JIP

EN LA OSCURIDAD

Una sombra en lo alto, sentada allá en lo alto, de las escaleras, y de la oscuridad. Al fondo un edificio grande y blanco, que sería más grande y más blanco si fuese de día, si no estuviese disminuido, reprimido, ensombrecido por la oscuridad. Así que es de noche, ahí está, en el no estar de las cosas que se han escapado, difuminado en lo negro y frío de una noche sin luna, sin más atributos que el silencio y la oscuridad. Farolas blancas a altura sobrehumana, los dos metros, quizá más, aquí y allá, y más, más aquí y allá; esferas de nada combatiendo la noche maniqueas, pintando de real la realidad; haciéndola, pero menos, un real apagado, como entumecido, gríseo y cobarde, como si a las órdenes de un sol novel y asustadizo. A la izquierda y en lo bajo de las escaleras que preside la sombra, asfalto circular amputado de puntos rojos y blancos, ruidosos; coches obscuros en velocidad, no pasando, no circulando, no transitando, no ensordeciendo el silencio, ni la oscuridad. Lee la sombra una sombra de libro, en lo poco de claro que le deja lo oscuro, forzando la vista, increíble, indecible, inaprensiblemente, yendo sus ojos negros a través de las negras líneas, de izquierda a derecha, de izquierda a derecha, una vez más, repetir, así hasta no se sabe cuándo, quizá hasta la mañana, quizá hasta el sueño, o el sueño de la eternidad, o el de la muerte, de esa muerte que es sueño de no vivir más; quizá, tan solo, simplemente, hasta no poder más; leer, en la oscuridad, línea tras línea, desde el papel a los ojos, como hipnotizados, por las palabras y los huecos de las palabras, los espacios, interminables, numerosos, ¿infinitos?, como infinitos universos, pero en negativo, blancos, casi blancos, no del todo, grises, como el negro que tampoco es del todo negro, porque de lo contrario se cortaría, la tinta, la lectura, el flujo, y la sombra: todos, en la oscuridad, si son, es porque el todo posee matices, los refleja, como espejo o río o abismo, de cristal, y de tenerlos, entonces ya no es totalidad, hay algo más, y en cuanto hay ese algo ya nos acercamos más a la nada, que no es otra cosa que un total vacío de todo. Pero algo ha de haber, existir, o debiera, o eso debería parecer, talmente, porque ahí está la sombra que lee, que engulle palabras, como agujero negro de negra tinta y negras heces; letras encadenadas, a palabras encadenadas, a frases encadenadas, a párrafos encadenados, a páginas encadenadas, a pupilas encadenadas, a neuronas encadenadas, a... ¿y luego? Un pensamiento, creador, iluminador, devastador, inyector de brasa candente y helada oscuridad, en lo interno de la sombra y en lo externo de la noche, que es la nada, hoy, ayer, mañana, por supuesto... sombra de hombre que huye sobre sombra de libro que vuela sobre sobra de mundo que escapa: finiquitado el flujo de tinta desde el gríseo papel a la grísea entraña, sólo queda el silencio, lo oscuro, lo ajeno: la ciudad muerta...

© JIP

EL GRAN QUIZÁS

Hacía ya un tiempo que TannHäuser estaba herida de muerte, más pasando que viviendo, agónicamente, sobre todo desde el día en que aquí, un servidor, decidió empezar a tirar de Restos.

En las últimas semanas he estado sopesando pros y contras, motivos y sinrazones para poner el punto final a todo esto, y he de confesar que sólo el increíble apego que le he cogido a este extraño lugar, mi extraño e hiperbólico hogar, ha sido el causante de que haya tardado tanto en tomar una decisión que se me antojaba, más que clara, indiscutible; había llegado el momento de decir adiós.

Durante mucho tiempo, meses incluso, estuve al frente de esta nave por una única razón, además -“causalidades” de la vida-, también persona, por la que escribía y para quien escribía… Ahora ese motivo, esa persona, se me está escapando de las manos como un agua de mar robada al océano, que, irremediable, irretenible, vuelve a su fuente, esfumándose, como todo sueño en la vida, imposible y quimérico, que tanto más nada y aire se vuelve cuanto más te acercas a él. Teniendo en cuenta las cosas que fui capaz de escribir por y para ella, los sentimientos que las movieron y las fuerzas con que las alumbré a este mundo, pensar que ahora todo eso se esté extinguiendo tan súbitamente, sospechar secretamente –al menos hasta ahora- que tal vez convertí en sueño y sentido de mi vida un espejismo, justo ahora vuelto desilusión amarga, es, pienso, suficientemente motivo como para no querer escribir ni una línea más.

Pero no sólo está eso, no sólo ella, está también mi propia escritura, mi particular modo de acercarme al folio en blanco en los últimos tiempos, constantemente transformado en un arma arrojadiza. Poco a poco había ido haciendo de mis letras, no una vía de escape, un modo de evasión de mi propia circunstancia, sus luces y problemas, sino todo lo contrario; una forma de agresión terrible contra mí mismo y, por extensión, contra todos los demás: aquellos lectores que se acercaban a mis páginas.

A todo ello debo añadir un atroz cansancio, en el alma y en los huesos, por todo y por todos, empezando por mí mismo y acabando en mi escritura, o mejor, en mi total falta, ahora mismo, y no sé por cuánto tiempo, de seguir produciendo dicha escritura… Más allá de tener la creciente sensación de estar repitiéndome a cada instante, más allá de ser consciente de estar convirtiendo mi sentir en los atributos de un personaje ficticio, se presentaba el hastío, profundo e irrevocable; la insondable hartura de aquello que siempre había sido mi razón de ser: “escribir”.

En definitiva, es algo así, supongo, como darse cuenta de que, una vez asumido que es duro y "difícil vivir con miedo”, y al tiempo un hermoso y salvaje desafío, sentirte de vuelta de cualquier miedo o desafío, darte lo mismo la muerte que la vida, absolutamente igual escribir o no… Ya no merecía por tanto tenerme por replicante, soñado o no, pues habiendo renunciado a la vida, en este caso, mi escritura, había traicionado su figura, su simbología misma, la de que no existe mayor bendición que la de disponer de "tiempo... el suficiente", y aprovecharlo, vivirlo, apurarlo hasta el ápice... Estaba traicionándome a mí mismo como escritor y como replicante, y estaba traicionando a TannHäuser, cada día, en cada texto desganado, en cada forzado silencio… Había llegado el momento de agachar la cabeza bajo la lluvia y soltar la paloma; "hora de morir…"

Creo que son suficientes motivos, al menos a mí me bastan, como para dejarme apresar por el síndrome de Bartleby y preferir no hacerlo; ni seguir con TannHäuser, definitivamente, ni seguir escribiendo, por el momento…

Me queda tan sólo despedirme de vosotros, los lectores que todavía podáis quedar por aquí. Nunca en el año y pico que ha durado esta aventura he sido capaz de conectar con vosotros, y nunca como ahora mis palabras se supieron tan solitarias. La escasez de comentarios dan fe de ello. Mucha de la culpa, creo, la tengo yo, que he convertido estas puertas en una plaza fuerte de la tristeza y la melancolía. La mayoría no quieren mirar, y mucho menos ver, el lado negro y ácido de la vida, ni tan siquiera el gris, y aquí, salvo contadas excepciones, no ha habido otra cosa que oscuridad y amargura, ¿tal vez algo de lucidez?... Quién sabe. En cualquier caso me queda el consuelo de que yo quise que así fuese en todo momento, de que, conociéndome como me conozco, no hubiera podido ser de otra manera, y que, a pesar de todo, conseguí crear a mi alrededor un pequeño círculo de lectores, correligionarios, amigos, aun cuando prácticamente dejé de leer cualquier bitácora. Algunos de vosotros sí conectáis conmigo, o al menos con algo de mí, y por eso estáis ahí, día sí día no, dejéis o no vuestra huella, y sólo quiero, en esta despedida, agradeceros eso mismo, el haber estado ahí, así como, en la medida de mis posibles, también el íntimo deseo de haberos hecho disfrutar, o reflexionar, o vibrar, o yo que sé qué, con alguna de mis palabras...

Lo mejor de TannHäuser, sin embargo, lo mejor de JIP, que soy yo, Javi, o Javier, como gustéis, si es que gustáis, quedó atrás. Su cenit pasó y ahora sólo queda un lento ocaso, que aunque se haga visible y patente aquí y ahora, se presentía subterráneo desde hacía tiempo. Como esa estrella moribunda, hinchada y final, que ha de soltar todavía un par o tres de mortíferos y terribles destellos antes de apagarse definitivamente, convirtiéndose en un agujero de negra nada, aún me quedan unos pocos escritos que firmar aquí, más que nada porque para este lugar fueron escritos y en él deben ver la luz. Después de eso JIP callará para siempre y ya de él sólo quedarán Los Restos…

Durante un tiempo, no sé cuánto, TannHäuser no vivirá, pero subsistirá, que es, no lo dudéis un instante, mucho menos que vivir... Lo hará de mis lecturas principalmente, y a través de Mis Restos, pero sin mi voz; la del escritor de poemas, cuentos, ficciones, al que ya apenas le queda su último saludo en el escenario; ni la de la persona que todo este tiempo estuvo aquí detrás, entre bastidores, viviendo, escribiendo, soñando... y que hoy se despide con cariño de todos vosotros…

Quién sabe si el futuro nos volverá a juntar…

Por mi parte, como dijo Rebelais momentos antes de morir, "Me Voy en Busca del Gran Quizás"...

Javier Iglesias Plaza"

UN BESO/UN TIRO... ¿SINÓNIMOS?

Bram Stoker's Dracula de Francis Ford Coppola, 1992


"Un año es tiempo suficiente para vivir toda mi vida

de una vez,

de un beso,

de un tiro

que ponga fin a mis preguntas".


Mahmud Darwix
"Asedio a los Elogios del Mar"

Miliciano, de Robert Capa, 1936

¿PARA QUÉ?

Calderón se olvidó una mitad, ¿la más grande quizá?, la de que de la muerte venimos y a ella vamos, y en el entretanto, tal vez soñamos, sí, que la vida es sueño, ¿acaso algo más?, pero un sueño absurdo, sin sentido y sin objeto, un azar sin más final ni principio que un vacío... sin más, ¡¿y por qué más?!... A qué, pues, soñar la vida, vivir este reflejo triste y doloroso, tregua de aliento y sinsabor, -¿tal vez amor?-, si allá justo, en el extremo, Negro y Silencio aguardan tu caminar... Ya lo pudo haber dicho Machado, don Antonio, en un mal sueño, terrible pesadilla, aquello, triste y final, de "Moribundo no hay LA MUERTE, se hace uno Muerte al andar"...

© JIP

Ilustración de José Guadalupe Posada


VIDA Y MUERTE

Vida y muerte sueño son,
y todo en el mundo sueña...
Sueño es la vida en el hombre,
sueño es la muerte en la piedra.


En sus ojos cerrados queda
grabada una idea:
"Más que valer lo que ve el hombre
vale estar ciego en la piedra".


En esos rígidos labios
quedó una palabra yerta:
"Más que hablar de lo que habla el hombre
vale estar mudo en la piedra".


Si vida y muerte son sueño...
Si todo en el mundo sueña...
¡Yo doy mi vida de hombre
por estar muerto en la piedra!


Ángel Ganivet *
Poesía

ángel Ganivet


*: Ilustre diplomático y literato español, poeta intimista y apasionado; romántico, tal vez, en ocasiones; melancólico, dolorido y pesimista. Tal vez un exagerado deseo de superación creativa, a la que pudo considerar inalcanzable, culpándose a sí mismo, junto a ese pesimismo exacerbado, le llevaron trágicamente a poner fin a sus días el 19 de noviembre de 1889 en las aguas del Dvina, en Riga.

Pequeña biografía extraída de la "Antología de la Poesía Macabra Española e Hispanoamericana" a cargo de Joaquín Palacios Albiñana

ALQUIMIAS

"Imaginado inventor imaginándolo todo para hacerse compañía. En la misma obscuridad ficticia que sus ficciones. En qué postura y si en la misma o no que el oyente, aún no imaginado definitivamente. ¿No es bastante uno inmóvil? ¿Por qué duplicar ese factor concreto de consuelo? Entonces, que se mueva. Sin exageración. A gatas. Un gatear moderado, con el torso bien separado del suelo y de los ojos mirando al frente vigilantes. Si eso no es mejor que nada, anularlo. De ser posible. Y en el vacío recuperado, otro movimiento. O ninguno. Con lo que sólo quedará por imaginar la posición más útil. Pero, por seguir adelante, que gatee. Gatee y caiga. Vuelva a gatear y vuelva a caer. En la misma obscuridad ficticia que sus ficciones"

Samuel Beckett
"Compañía"

Samuel Beckett


"Nadie que escriba algo que valga la pena puede escribir en paz"

Henry Chinaski (Mickey Rourke) en "El Borracho"

LIVIANO

- ¿Qué haces aquí parado?

- Estaba cansado. Me senté, simplemente.

- Cansado...

- Eso mismo.

- No deberías haberte parado. Vamos, dame la mano, hay que seguir...

- No, sigue tú, yo me quedo aquí un poco más.

- Pero... n-no puedes... ellos vendrán... pasarán por aquí... no puedes quedarte...

- ¿"Ellos"? ¡¿Quiénes?! ¡Nunca he visto nada!... Me duelen los pies...

- Lo destruyen todo, no dejan ni rastro... te engullirán, te borrarán del mapa... ¡Vamos, dame la mano de una vez!

- ¿Por qué no te quedas conmigo?... aquí, un rato... los dos... sentados en silencio... estoy muy cansado, sabes...

- ¡Estás loco!

- Quédate, anda... sólo unos minutos más... veremos qué pasa...

© JIP

V-siete

Si existe un más allá
Un otro mundo
Que no está en este
En él está ya mi voz
Caída muerta
Yacente
Como el polvo durmiente de los grises años
Como palo de vela recién arrancado
En el fondo
En el limo
Derrotado pecio de mis claroscuros

Si existe ese algo combatiendo la nada
Está ahí mi garganta
Cubierta de oscuro y prendida de llama
Cansada de hablar y no ser escuchada
Sombra de un grito
Una fez desgarrada
La mía
Mis huesos
Mi entera alma hediendo a cadáver
Que a ningún viento tiende
Porque nada la empuja
Ya tan fina y delgada
Como hilo de araña de acero sus patas
Cortando el Aire, el Sueño, la Cara

La mía
Mi Cara
Mis Aires y Sueños
Junto a mis cuerdas mudas
Todas cercenadas
Si es que existe ese más allá
Ese otro mundo
¿de sorda piel y ciego roce?
¡Ojalá en nada parecido a este!

© JIP

DE AUSENCIAS Y DESPERTARES

"En Ausencia de Blanca" , un pequeño libro de Muñoz Molina, esta semana... ¿Por qué?... no por casualidad, desde luego... aunque mejor no pensar en eso...

Dos mundos que se encuentran y entrelazan, esferas diametralemente opuestas, sociedades incluso, la de él, modesta, austera, mediocre, conformista; todo lo contrario la de ella, alta, refinada, extravagante, hasta un tanto pretenciosa... Mundos excluyentes, condenados a discurrir paralelos sin tocarse, pero que terminan uniéndose, inopinadamente; en la necesidad de ella por escapar de sí misma, en la necesidad de él por zafarse de la soledad... Pero el amor, verdadero, sólo de parte de uno...

En Ausencia de Blanca de Antonio Muñoz Molina


"Pero si ya me has compensado -inesperadamente Mario se dejó llevar por un arrebato de elocuencia-: Si nadie ha podido darme tanto como tú, si me has hecho que descubriera la vida, como si hubiera estado dormido hasta ahora y me hubieras despertado tú. ¿Qué hacía yo cuando te conocí? Trabajar y pagar plazos de cosas y leer todas las noches la Historia de España. Estaba como dormido y no lo sabía, si no llega a ser por ti me hago viejo y no me despierto nunca"

Pero lo cierto es que quizá Mario sigue dormido, en otros sueño, es cierto, el del enamorado loco y ciego, poco cabal, que sólo vive por y para ella, a cada instante, sin darse cuenta de que ella está a su lado, sí, pero que ante todo y sobre todo, vive para sí misma...

Por eso cuando ocurre lo que durante tanto tiempo temió, que sus mundos, tan distintos, volvieran a sus respectivos y normales rumbos, cuando ella lo abandona para irse con otro, un tipo culto, brillante, talentoso, o al menos eso parece, él pierde a la vez que gana algo; un amor muerto deja paso a un verdadero despertar...

Al cabo del tiempo, ella, Blanca, que así se llama, vuelve a Mario, arrepentida, ¿buscando una segunda oportunidad?, pero ya no es la misma, él lo sabe, se da cuenta en seguida, que esa Blanca no es su Blanca:

"Entonces, volviéndose de costado para abrazarla mejor, tan cerca que respiraba su aliento y veía en sus pupilas su propia cara masculina y ansiosa, cerró los ojos y apretó con fuerza los párpados, temiendo que si los abría un espejismo iba a deshacerse, porque ahora estaba seguro, con los ojos cerrados, húmedos de lágrimas, que aquella mujer que lo estrechaba no era Blanca: Blanca nunca habría respirado ni gemido así, Blanca, la otra la verdadera, la casi idéntica, la que ya no le importaba haber perdido, la que no iba a encontrar si abría los ojos, nunca se había echado a reír en sus brazos ni murmurado en su oído las palabras de desvergüenza y dulzura que la desconocida le decía"

Y ella ya no es Blanca porque Mario tampoco es él, durante su ausencia, en ausencia de Blanca, él a despertado al fin, del sueño, o de la pesadilla, y ahora no importa que Blanca siga siendo Blanca, como no importa que en verdad haya cambiado, que ahora, tras el error y el desengaño, tras darse cuenta de lo echado a perder, si lo ame, o pretenda amarlo, a él, a Mario, porque ninguno de los dos se han quedado a esperarla; ni él, ni su amor loco por una Blanca que nunca, mientras pudo, quiso ni supo amarlo...

© JIP

abril, catorce, cero-cinco

¿Acaso algo más vivo que la muerte, atiborrada como está, hasta reventar, de la vida de todos los que fueron, y aún con hambre de la de los que todavía han de ser?

© JIP

IV-cuatro

Ese verde
De luz y de vidrio
Pleamar de ulteriores y secretos roces
En que hundirme
Perderme
Todo abismo volverme
Por besar tus corales delicias
Arrecifes de tierno hueso
Telaraña cristalina y líquida;
La Pareja...
Por asir con mi esencia
Tus Rotundos y Eternos;
Ese Divino Verde...

© JIP

abril, doce, cero-cinco

Pintores, escultores, músicos... francotiradores del lienzo y la roca, escalpelos del aire y el alma, les admiro y envidio a partes iguales su capacidad para lo inmaterial y el caos, así como su extrema libertad, para mí del todo inaprensible: liberados de la servidumbre de la Palabra, no precisan, en el momento de darle forma a su entraña, vomitarse en lo externo, armarse de "algo" que decir...

© JIP

ILUSIONES EN GRIS

Estructura de Colores, William Turner, 1820


Estructura de Colores de Wiliam Turner

"Aunque todo se vuelva oscuro, aunque todo se vuelva claro, aunque todo siga gris, el gris es el que se impone, para empezar, dado lo que es, pudiendo lo que puede, hacho de claro y de oscuro, pudiendo vaciarse de éste o de aquél, para no ser más que el otro. Pero quizá me hago ilusiones en el gris, sobre el gris"

Samuel Beckett
"El Innombrable"

Sin Título de Mark Rothko


Sin Título de Mark Rothko

ESTACIONES

¿Por qué tituló Gil-Albert "Primavera" este poema triste, que culmina en desengaño y es vindicación del despiezamiento de las ilusones? ¿Por qué precisamente la primavera, que es la estación de la vida, en la que todo nace al aire y al verano, incluidos los días de esperanza y los anhelos de aventura, de emoción, para ilustrar el desencanto? Para empezar, por ironía y mala leche, supongo, y después, para seguir, por intachable lucidez, porque decir primavera es tanto como decir, por ejemplo, nacimiento, y es nacer uno, ya se sabe, y en el acto mismo empezar a morir, estar, de hecho, muriendo un poco en cada aliento; porque un campo recién florecido, en tanto vida, es también, y mucho más, símbolo de muerte, tímido despojamiento en el tiempo. Porque toda vida, o flor, o esperanza que nace con ella, pasada la aventura del estío, finaliza, cae otoñal a la tierra, desvaneciéndose melancólica y desengañada, petrificada, agrietada por el frío, mortal y último, del invierno.

Pero hay que vivir pese a todo, pese a todo querer batallar, atarse los machos y lanzarse al vacío, sin cuerda y sin miramientos, perseguir esa ilusión que sólo ilusión es, o al menos así de fantástica y mágica, en nuestra mente y su deseo, porque siempre la realidad, una vez alcanzada, resultar peor, y a toda lucha, indefectible, sobreviene el morir del sueño; un desenmascaramiento, y después, naturales, las lágrimas, de impotencia y desconsuelo, por la batalla perdida, el anhelo vencido, y la vida, siempre la vida, que nunca es como te la esperabas.

Y es bueno que así sea, porque quedan nuestro llanto y nuestras lágrimas, ahí, a caballo entre la primavera descarnada y el otoño principiante, como prueba de nuestro combate, de que quisimos ir más allá, alcanzar la inaprensible, lo inexistente en realidad, no cejando en el empeño de ser más grandes y mejores a través nuestros sueños. Vendrán luego la amargura y el desencanto, acudirán puntuales, como puntual acude siempre el invierno.

Y habrán más primaveras a los que sucederán otros tantos inviernos, hasta que el final uno se quede, cubriéndonos de nieve oscura, y la diferencia entre los que vivieron o no sus estaciones seguirán siendo la lágrima y el llanto; cuántas veces perseguiste, luchaste, sangraste, hasta lo exhausto, aun a sabiendas de que ibas a salir derrotado...

© JIP

Juan Gil-Albert


PRIMAVERA

Homenaje de Franz Lehar
a Jaime Gil de Biedma.

¿Quién no se ha puesto un día una guerrera
de húsares, azul, un quepis negro
con un
aigret flamante, y las espuelas
con que el caballo vals galopa firme
dentro de los espejo fugitivos
y cual viento de mayo se ha lanzado
a la ocasión que pasa, al dulce atisbo
de la aventura errante, para luego
llorar amargamente sobre el rastro
de una estrella fugaz?


Juan Gil-Albert
Homenajes e In Promptus
09/04/2005 00:17 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

LEWIS; UNA RELECTURA

He leído por tercera vez en tres años “Una Pena en Observación” de C. S. Lewis, y lo cierto es que no sé si, de querer volver a hacerlo en el futuro, me quedará mucho más que subrayar, porque no he parado de marcar frases y más frases, a veces párrafos completos, y apuntar aquí y allá, en los márgenes, un buen puñado de ideas e interrogantes, reflexiones, tantas, que tengo la impresión de haber pasado como de puntillas por el texto en mis lecturas anteriores. ¿En qué tenía la cabeza? ¿Cómo pude pasar por alto tantas cosas? Es un libro precioso, deslumbrante, muy emotivo, que lanza al aire un sinfín de preguntas en tan reducido lapso de espacio y de tiempo, que sus apenas cien páginas se agradecen precisamente por eso, porque se hacen tan cortas, pero a la vez tan intensas, que no te da ninguna pereza, de tanto en tanto, dedicar una tarde o una noche a revisitarlas. Es como un pequeño y fascinante paseo por la zozobra.

Una pena en observación


Consulto las fechas. Julio de 2003, abril de 2004, y ahora, justo un años después, de nuevo, la “pena”, a estudio, a disección. Decidí leerlo, la primera vez, porque acababa de ver la adaptación de Attenborough, "Shadowlands", "Tierras de Penumbra", con Debra Winger y Anthony Hopkins, soberbios. Quedé embrujado. Necesitaba más, y allí estaba el libro, esperando. La película narra el antes de ella, de su muerte prematura, el conocerse y enamorarse, el amarse, y el unirse después en la enfermedad, antes del fin. El libro cuenta el después, de la muerte de ella, en el dolor y la pena de él, y también la rabia de no encontrar respuesta a tantas preguntas terribles.

Tierras de Penumbra


La segunda lectura se debió a otro libro, también de Lewis, “Cautivado por la Alegría”, en el que hace un repaso a su vida, desde la niñez a la madurez, y a cómo, con los años, fue capaz de abandonar el ateísmo y abrazar la fe cristiana, encontrar la felicidad y el júbilo en el amor a Dios, cuando toda la vida había pensado, y creído, que no había dios. Todo esto, claro, antes de encontrar el júbilo verdadero, el amor de su vida, y luego perderlo, al poco tiempo, así que decidí que era tiempo de volver a vivir la disección de su pena, para observar el contraste entre ese primer amar a dios, encontrar en él un sentido, y odiarlo después, sentirlo causa de la pérdida de lo único que en realidad había cobrado un auténtico sentido.

Cautivado por la Alegría


Ayer intentaba hablarle de él a Soledad, presentárselo en cierto modo, así que empecé a leer algunos de mis pasajes subrayados, y ya no pude parar; tuve que leerlo entero de nuevo.

No voy a engañarme, sé que si descubrí tantas cosas nuevas en el texto, o necesité descubrirlas, fue porque ahora hay algo en mi vida que no estaba en mis otras lecturas, esto es, el amor, increíble y terrible, las dos cosas, como el que Lewis sentía por Helen, o como él la llama en el libro, simplemente "H". De alguna forma estas reflexiones, lo sé, no han de ser sino una extensión de la larga carta que días le escribí, a ella, a MP… La identificación, mientras leía, fue, salvando las distancias, casi total. Mientras caminaba junto a Lewis, sentía mías su pena y su angustia, y sobre todo, muy míos también todos sus interrogantes sin respuesta. Últimamente me lo he planteado mucho, cómo sería un vivir sin ella, no porque, como a Lewis, me la hubiese de arrebatar una enfermedad, o la fatalidad, sino porque, sencillamente, nos hubiésemos perdido el uno al otro. No habría una muerte de por medio, pero sí, pienso, un morir, en los dos, espiritual e imborrable. ¿Cómo serían mis días; mis mañanas y mis noches? ¿Cómo afrontaría el tener que sacar adelante una vida, la mía; relacionarme con los míos, incluso conocer gente nueva, sin reparar a cada instante en lo que, voluntariamente o no, eso tanto da, perdí definitivamente? Resulta difícil no pensar que sería horrible, que acabaría destrozado, y que me revolcaría durante muchísimo tiempo en el sufrimiento y la autocompasión, sintiéndome víctima del más insoportable de los castigos.

Lewis y Helen


No deja de parecerse a una grave enfermedad, sentir y querer así, subir hasta tan alto mientras amas, para luego tener que bajar, y caer, dártela de bruces contra el dolor, y no saber reaccionar, y en cierto modo no querer reaccionar, porque secretamente albergas la esperanza de que vuelva, la felicidad, y prefieres esperar y anhelar en el sufrimiento antes que pasar hoja y empezar a rehacerte, renunciando así, piensas, a la resurrección de lo perdido.

A Lewis el cáncer le quitó a H, y enseguida clamó a Dios, en el que tanto creía, o esa había pensado: “Y, en el entretanto, ¿Dios dónde se ha metido? (…) vete hacia Él cuando tu necesidad es desesperada, cuando cualquier otra ayuda te ha resultado vana, ¿con qué te encuentras? Con una puerta que te cierran en las narices, con un ruido de cerrojo, un cerrojazo de doble vuelta en el interior. Y después de esto, silencio” La verdad es que uno no va a encontrar más respuestas que las que uno mismo se dé a sí mismo. No hay voces en el cielo, ni en la tierra, ni debajo de ella, ¡y mucho menos parlanchines arbustos incendiados! Si hay Dios, en cierto modo, lo encontrarás en ti, en esa respuesta que te regales, la que te ayude a seguir ahí, en la brecha de la vida, aun jodido, si crees lo suficiente en ella.

Los verdaderos Lewis y Helen


Lewis se puso a escribir porque no podía hacer otra cosa, necesitaba esa válvula de escape, echarlo todo fuera, vomitarlo, y de algún modo lo logró, pasando de la pena inconsolable y la rabia profunda a la serena aceptación de su desgracia, transformando el odio hacia un dios displicente en amor, de nuevo, hacia una deidad entre cuyos poderes no se cuenta regir el destino de los hombres, sino, antes bien, dignificar y divinizar la vida con la posibilidad de amores como el suyo, de almas como las de él y H, juntas, amándose mientras vivos, y amándose más si cabe después, en la muerte y la separación: “En este sentido H. y todos los muertos son como Dios. En este sentido, amarla a ella se ha convertido, dentro de ciertos límites, en amarle a Él (…) No mi noción de Dios, sino Dios. No mi noción de H, sino H”; “Cuando le planteo estos dilemas a Dios no hallo contestación. Aunque más bien es una forma de decir: ‘No hay contestación’ (…) ¿Puede un mortal hacerle a Dios preguntas que para Él no tengan respuesta? Fácil que sea así, creo yo”.

Clive Staples Lewis


Hay un párrafo precioso y brutal que pienso resume la idea general que he preferido extraer de mi lectura, más que nada porque se acerca a mis propias ideas, mis respuestas, aquello en lo que yo puedo creer, y a lo que en cierto modo, un día sí y otro también, doy cabida en mis textos: “Pero supongo que esto es simplemente vuestro [de Dios] gran experimento. O no; quizá no sea un experimento ya que no tenéis necesidad de confirmar nada. Mejor sería decir que es vuestro gran proyecto: crear un organismo que sea espíritu al mismo tiempo; crear esa formidable paradoja que es el ‘animal espiritual’. Coger a un pobre primate, una bestia con los nervios a flor de piel, una criatura cuyo estómago pide ser saciado, un animal reproductor que necesita a su pareja, y decirle: ‘Venga, y ahora conviértete en un dios’. No me cabe duda de que si hay un Dios, está hecho de infinitos Dioses, tan grandes en alma y luz como él, que somos nosotros, todos y cada uno de nosotros, al hacernos hombres; agotando nuestros posibles, tanto en júbilo como en aflicción.

Toda la “pena” de Lewis acaba por mostrarse “como un proceso”, que es también un progreso, hacia lo que es natural, que es al principio crecer y aprender, vivir, en lo alegre y en lo triste, amar, tal vez, y luego perder, antes o después, separarse, de aquello que quieres o sueñas, porque se va él, te deja, o eres tú el que abandonas a todos, y entras en la nada, en la muerte, que es en sí, un ser, un dejar de ser vida para pasar a ser muerte. Es “el proceso”, es la vida, y hay que estar a la altura de ella, al menos intentarlo, saber amar primero, como saber afrontar la pérdida, la carencia, la tristeza y la zozobra, después, cuando dos destinos se separan. Hay que buscar esas respuestas que te permitan seguir adelante, que no será un seguir adelante igual, porque ya no eres el mismo, ya no tienes aquello que perdiste, estás “tullido”, amputado de por vida, pero sigues siendo, vida y hombre, y divinidad, sangrante y doliente, sí, mientras vives, y también después, en la muerte, para los que quedan, en su recuerdo, y para ti mismo, en lo Oscuro y lo Enigmátco, que todos, antes o después, descubriremos, quizá...

Enamorados


Y en cuanto a mí, ¿qué puedo decir? ¿He sacado algo en limpio tras todo lo escrito? ¿Seré capaz de firmar estas mismas palabras de hoy tiempo adelante, cuando el curso natural de la vida me lleve hacia la pérdida o la tristeza? ¿Seré incluso capaz de volver a maravillarme con el libro de Lewis, como anoche, si en ese futuro ya tengo a MP junto a mí? Sería una dura prueba sin duda, y no puedo, ni quiero aventurar por el momento mis reacciones, todo llegará lo busque o no. Lo único que se me ocurre ahora mismo es que igual que no parece haber techo para la capacidad de amar, tampoco hay, al parecer, fondo para el dolor, la rabia, el odio o la tristeza; igual que no hay más respuesta que uno mismo, uno mismo es también el límite de sus brillos y sus tragedias, que a veces, todo y contenerse en la geografía de un simple cuerpo humano, pueden alcanzar para varios infinitos. Lo importante, supongo, reside en lo de ensayar aquello de la divinidad, en cada aliento, en el gozo y en el júbilo, pero también en la pérdida y el desamparo; buscar siempre, las respuestas y los límites, de uno mismo y en uno mismo, que acaso sólo eso se tiene, existe realmente, y lo demás, y los demás, adquieren carne, vida y muerte, en la medida en que somos, o luchamos por ser, en lugar de abandonarnos al pasar...

© JIP

¡SIN HÁBITOS!

"Arder siempre con esta dura llama semejante a una joya, mantener este éxtasis es el éxito en la vida. En un sentido puede decirse que nuestro fracaso consiste en forjarse hábitos, ya que después de todo el hábito se relaciona con un mundo estereotipado, y a todo esto es sólo la aspereza del ojo lo que hace que dos personas, cosas o situaciones parezcan semejantes"

Walter Pater
"El Renacimiento"

Walter Pater


Que es como decir que el derrumbe, la caída, hacia ese vacío que es transcurrir la vida gris, sin alicientes, en atonía, empieza en un abrir y cerrar los ojos, un parpadeo, que es igual al de ayer, o al de mañana; que es el mismo, tu mirar, hoy y siempre, ¿desde hace cuánto?; que nada cambia porque todo es miedo y duda, reserva ante la luz, la magia y la alegría; perseguirlas, aprehenderlas, consumirlas, liquidar el pálpito en el pálpito, ser pálpito o no ser nada; que es como decir, probablemente, que sólo hay vida mientras hay lucha, y no hay lucha sin dolor, o lágrima o desgarradura; y que en todo eso están, se ven, la vida y al lucha; y que si un día tus ojos, de puro acomodados, agotan tus posibles, ¡arráncatelos!, ¡rápido!, y luego tiñe el aire de rojo con tus manos...

© JIP
05/04/2005 00:18 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

LARGA CARTA A MP...

Hola mi amor,

Estoy aquí, en medio de la noche, escribiéndote, muy cansado, es cierto, pero con poco sueño, ya me conoces, con muy pocas ganas de probar lo frío y solo de las sábanas, y como todas las noches que no nos tenemos, que son casi todas, echándote tanto en falta…

Hoy, si cabe, echándote más en falta que nunca, aunque nos hayamos visto tan sólo hace unas horas, si cabe, queriéndote más que nunca, quizá precisamente por eso, por haberte tenido conmigo de nuevo, y de nuevo, impotente, haberte dejado marchar. ¿Recuerdas cuando nos conocimos? Te dije, “la próxima vez que vengas, te secuestraré”. Era broma, claro, reíste tú y reí yo, y desde entonces te lo he dicho, y me lo he dicho, repetido, muchas veces, lo mismo, que te secuestraría, que estaba dispuesto a no permitir que volvieras a marcharte… y aún hoy todavía no he sido capaz de retenerte a mi lado…

Aún hoy sigo siendo el hombre más triste del andén…

Siempre pasa lo mismo, la máquina se pone en marcha lentamente, empieza a avanzar, y tú te vas, tu cara se aleja, tras la ventana, se hace pequeñita y borrosa, hasta desaparecer del todo, en la lejanía, y yo me quedo allí plantado sin ni siquiera fuerzas para preguntarme qué es lo que hago mal, en qué demonios fallo, para que al final, tras la felicidad, nuestra historia tenga el mismo final, acabe siempre en ese mismo punto, conmigo allí, en el andén desolado, vaciándose por momentos, más solitario y estepario que el lobo de Hesse. A partir de ahí comienzan la ansiedad y la melancolía, mientras camino cabizbajo de vuelta a casa, y comienzan también los recuerdos, vuelves tú y tu cara, y tu olor, y la risa de tus ojos, y tu voz, siempre cerca, pero irreal, claro, no salida de tu garganta, sino de mi mente, de ella emergida y sobre ella volcada, como un salvavidas, para mitigar, o al menos intentarlo, el estado de carencia en el que me sume tu no estar aquí.

Entonces, antes o después, me lo acabo preguntando, “¿y ahora qué?", cómo afronto el resto del día, ¡qué digo del día!, ¡cómo demonios afronto la semana entera!, sin ti, sí, pero con tu pelo y tu piel, y de nuevo tu voz, siempre tu voz, acariciándome, pero nuevamente con trampas, irreales, un placebo, desde mi memoria y para mi memoria, para su supervivencia… Qué puedo hacer sin ti, en qué emplear mi tiempo después de ti, pero a la vez sin poder –ni querer- arrancarte de mí ni siquiera un segundo… No resulta fácil, digas lo que digas, al menos para mí no lo es, y prefiero no pensar demasiado en por qué para ti sí, en cambio, es algo tan llevadero.

Es como intentar amanecer al día tras una noche de tormenta, que todo está gris y húmedo, irrecuperable para la luz, o empezar a construir tras un terremoto, una oleada, una avalancha, que no sabes por dónde empezar porque todo te parece igual de perdido, arruinado, por el barro, la lágrima, y la desesperación. Como querer ser fénix renacido de tus cenizas y comprobar, tras el primer par de batidas, que el material que escogiste para tus nuevas alas es, de nuevo, un asco, y que esta vez tampoco vas a poder evitar la caída, quién sabe esta vez hasta dónde, hasta qué insondable hondura u oscuridad… Así es parpadear muchas veces, en cierto modo, abrir los ojos, mirar, y ver que no estás ahí, fuera, conmigo, mirándome, sino dentro, mirándote yo, a lo que dejas de ti en mi cabeza, que es mucho, sin duda, que es todo, quizá, porque me la llenas, la cabeza, y el corazón, y el alma entera, pero también es poco, muy poco realmente, si lo comparo con la plenitud que es sentirte al lado, aun en el silencio, tan solo eso, que sí, en cambio, lo es, exacta y completa y definitivamente todo; la felicidad; tenerte junto a mí.



Hoy intenté, lo primero, refugiarme en los libros, esa es y ha sido siempre mi primera opción, mi salida, pero no ha servido de mucho, últimamente no sirve, cada vez menos. Nada pueden ya los libros, contra ti, es decir, contra tu recuerdo, y es triste, la verdad, pero así es, al menos hoy y ahora. ¿Hasta cuándo? También pensé en llamar a alguien, ver a alguien, charlar, de todo y de nada tomando un café, simplemente, salirme de mí mismo y pasear los pensamientos, airearlos, alejarlos un tanto de ti, pero inmediatamente lo deseché, porque no tengo ganas de ver a nadie, me agota la sola idea de tener que comunicarme, entablar conversación. Todo y odiar la soledad, lo cierto es que, exceptuándote, prefiero estar solo, me siento mejor en la sombra y el silencio, más liviano, libre, más cercano y proclive al llanto, ahogado, entrecortado, fútil, que en verdad a eso y no otra cosa es a lo que me empuja este aire en el que muevo cuando no estás.

¿Puede uno querer de esta manera y al tiempo sentirse, y saberse, profundamente deprimido? Creo que sabes la respuesta, aunque no te gusta, quizá la niegas, porque no cabe en ti, y eso me gusta, es bueno, para ti y también para mí. Porque yo sí la sé, en cierto modo es mi respuesta, la que sí cabe en mí, se encuentra a sus anchas, y de hecho, en mí se va a quedar, lo quiera o no, durante bastante tiempo, mientras las cosas no cambien, o quizá precisamente por eso mismo, porque cambien, pero esta vez del todo… Lo he pensado muchas veces, antes incluso de conocerte, antes incluso de quererte de esta manera, que el amor y la tragedia se llevan descaradamente bien, se entienden a la perfección, y muchas veces se alían inmisericordes para hacerle a uno catar los límites de la miel y de la hiel. No parace haber más opción.

Luego decidí probar con el cine. A él, como a casi todo, lo tengo bastante abandonado desde que mi vivir es, me doy cuenta, un vivir por ti y para ti, y las más de las veces, y de las noches, un vivir, y un respirar, y un llorar, tan sólo para tu recuerdo, lo que no deja de ser, a la vez, amargo y fascinante. Alquilé una película, “Olvídate de mí” y es, gracias a ella, o por culpa de ella, tómalo como quieras, que ahora estoy aquí, escribiéndote en lugar de dormir, recordándote en lugar de soñándote. Tú la viste hace meses y te gustó mucho, me la recomendaste varias veces, yo te dije “podríamos verla juntos”, y tú dijiste que no sabías, que era tan bonita, tan preciosa, que no sabías si querrías volverla a ver, por aquello de no agotarla, ni siquiera conmigo…

Pues bien, ya no estamos a tiempo de eso, cariño, porque yo la vi ayer, y pienso que ni siquiera nos hace falta volver a verla juntos, ya que en cierto modo ya la hemos vivido, y la vivimos, desde que los destinos, el tuyo y el mío, se juntaron. Mientras la miraba, la asimilaba, entendía mucho y muchas cosas, y a cada instante me preguntaba si no me la habías recomendado tan insistentemente con segundas intenciones, para que hiciera eso mismo, entender… Tal vez no había sido así, tal vez me habías hablado de ella como me hablas de tantas otras cosas que te gustan, con esa ilusión y ese entusiasmo increíbles que tanto te admiro, sencillamente porque te había gustado tanto que querías que yo también la disfrutase. Eso es más propio de ti, sin duda, mientras que lo otro, lo de tender mensajes indirectos es más de mi palo, aunque eso ahora, pensándolo bien, es lo de menos.

Lo cierto es que una playa nevada y desierta es un lugar ciertamente extraño, lo suficiente como para servir de inicio a una historia de dos que se encuentran, y se enamoran perdidamente, y después, con el roce del tiempo y de las almas humanas, que todo lo pudren y arrasan, se mandan a tomar por saco el uno al otro porque ya no se aguantan. Puede ser un lugar tan extraño e inhóspito, la playa desierta y nevada, o el río helado y nocturno, para empezar un amor, o acabarlo, como la propia vida que vivimos, que a insólita y cojonera nada la gana.



Lo nuestro fue, mi amor, también muy insólito, y muy extraño, ya lo sabes, pero no tuvimos playa, tampoco río. Nosotros, si acaso, hemos tenido una montaña, también de noche, y también de invierno, de invierno cabrón y crudo como este que no sé si se ha ido todavía, y al fondo y abajo, la ciudad, y sus luces, empañadas por el vaho del cristal, aunque tampoco las miramos mucho, todo hay que decirlo, ocupados como estábamos los dos en encenderle primero, y apagarle después, el calor el uno a la piel del otro. Mi sensación, no obstante, realidad o ficción, montaña o playa, sigue siendo igual de mágica. Como mágico fue, o casi, que en ese mismo lugar, donde tanto nos amamos, estuviéramos a punto de decirnos adiós; nuestros caminos, entre las lágrimas, de ambos, separarse definitivamente.

Quién sabe si eso ha de volver a suceder, si seguiremos juntos de aquí a un mes, o a un año, o a varios, si seguiremos queriéndonos así hasta que, sea cual sea, el fin llegue y todo lo rompa, o tal vez se enfríen nuestras pieles, se entibien definitivamente, y, con el tiempo, acabemos echando pestes el uno del otro, ácidos e irrecuperables para la pasión. Parece difícil ahora, ¿no crees?, incluso duro por mi parte sacarlo a relucir en este momento, que todo parece ir tan bien –o casi-, y algo así, tan terrible, se nos antoja lejano e improbable... Pero todo principio incluye, tarde o temprano, un final, va en el paquete, y dicen que el amor se acaba, que no es para siempre, dicen incluso que dura tan poco como cuatro años… Recuerdo que me soltaste un discurso así al conocernos. ¿Qué pretendías? ¿Asustarme? ¿Probarme?... Con el tiempo comprobarías, bastante a tu pesar, que a cínico ni me ganas tú, desde luego, ni me ganan muchos más, pero no me rendí entonces, como tampoco quiero hacerlo ahora, y no sólo porque ahora mismo te sienta el amor de mi vida, sino también porque, por muy escéptico y desengañado que pueda llegar a ser, para mí, como para el Carrey de la película, todo este principio vale la pena, sea cual haya de ser su final.

Yo jamás cometería el error, la estupidez bárbara, de borrarte de mi memoria, jamás me arrepentiría de uno solo de los segundos de mi vida compartidos contigo, aun cuando las cosas entre nosotros terminasen, aun cuando ya el uno por el otro no sintiese otra cosa que desdén, o desprecio, o quién sabe sino, tal vez, incluso odio. Pienso que de querer, tampoco podría hacerlo, ni podrían hacerlo, otros cualesquiera, borrarte así, de un plumazo, de mi mente y de mi corazón.

Sólo yo soy dueño de lo que fueron nuestra primeras veces; por primera vez verte, verte a ti, entera, con lo menudita que eres, y verte sonreír, o hacer muecas, o poner cara de duda, o simplemente llorar cuando pensábamos que tras aquellas lágrimas nos diríamos adiós; también por primera vez escucharte, hablar, susurrar, gemir, decirme “te quiero”, y acto seguido, tras las palabras, llorar yo, como un niño, feliz y divino, porque al fin escuchaba algo que había soñado caer de tus labios tantas y tantas noches de insomnio; por primera vez tomar tu mano, o mesar tu pelo, acariciarte el vientre blanco, estrecharte entera, cuan pequeña y frágil eres, entre mis brazos, y sentir que nada me podía llenar tanto como vaciarme en ti, y que tú hicieras y sintieras lo mismo.



Sólo yo mando sobre lo que ha sido sentirte desnuda y dormida junto a mí, y yo despierto, contemplando tu sueño, tus ojos cerrados, y los dos, abrazadísimos, combatiendo los segundos que nos acercaban, de nuevo, y como siempre, a tu sangrante marcha. Lo que ha sido hacerte el amor, recorrer tu completa y pequeña geografía con mis labios y la humedad de mi lengua, sentir tu caricia y tu estremecimiento, notar el vibrar de tus muslos y ver en tus ojos caídos, como borrachos, totalmente ebrios, el éxtasis de nuestros cuerpos. Lo que ha sido acercarme a tu oído y decirte te quiero, te amo, te necesito...

Sólo yo sé, también, lo mucho que me ha costado llegar hasta aquí, que fue también un llegar hasta ti, hacia un tú desnudo y total, al fin librado de dudas y miedos, sincero después de tanta lucha; lo mucho que me ha dolido estar ahí, tirando del carro cuando todo estaba por construir, y tú no estabas más que en la distancia, y tenía que tirar y tirar, de amor terrible y homicida valentía, para mantenerme a tu lado cuando tú todavía no tenías las cosas tan claras; lo mucho que he sufrido, y todavía sufro, por quererte así, y por todo lo que nos separa, tanto, que estuve dispuesto a todo por ti, incluso a perderte, y todavía lo estoy, a todo por ti, incluso a la nada, si es necesario, y tú lo sabes, mi vida…

Yo te dije una vez, cuando todo estaba naciendo, y era fantástico y maravilloso, y ni una sombra de dolor había en nuestro horizonte, que no me olvidaras… Ese mismo “No me olvides nunca” me lo devolviste tú no hace mucho, cuando nos fuimos al extremo, en nuestra montaña, y todo fue dolor y sombra, y, por supuesto, lágrima. Aún hoy, seguimos juntos, pero siguen también, tu marcha y la distancia, y yo, me estoy dando cuenta, te quiero más cada día, y más, todavía más, cada noche, como esta, solitaria, en la que la única forma de tenerte es escribirte y recordarte, incluso imaginarte allá, en lo lejos, dormida, pequeña, risueña, tranquila, ¿soñándome?...

Yo no te voy a poder olvidar jamás, no podría aunque quisiera, porque te voy a querer toda mi vida. No es fácil querer así, lo sé, lo sabemos, e imposible borrar todas las huellas que un amor así te deja. Nada ni nadie conseguirá arrebatarme ninguno de los momentos maravillosos que me ha traído conocerte, enamorarme de ti como lo he hecho, sentir cómo tu capacidad de ilusión y de felicidad por las cosas más pequeñas rellena de luz los vacíos de mi melancolía… Por esa misma razón nada ni nadie podrá tampoco mitigar el dolor que llegará si algún día he de enfrentarme al vivir sin ti, tan solo, y solamente, con tu recuerdo… Pero soy valiente, lo sabes, probablemente más que tú, quizá rayano en lo suicida, y nunca me voy a conformar más que con el todo, y si no, será la nada... la vida es demasiado corta y valiosa como para gastarla en medias tintas, ¿no te parece?...

Bueno, es tarde, y ahora sí estoy realmente cansado, y vacío... así que me marcho a dormir, tal vez soñarte, y soñarnos, juntos, por una vez...

Buenas noches cariño, locamente te quiere,

© JIP

"

uno, abril, cero-cinco

No servir más que para el amor y la palabra, y aun con ninguno de ellos, ni con el pálpito desaforado, ni con la voz desgarrada, invitar sino al marasmo...

© JIP

IV-nueve

Pasan cayendo finales
Heridos de olvido
Quebrados de vacío
Tus segundos
Los míos

¿Acaso no ves cómo
Pasan cayendo finales?
Gránulos de entraña
Mónadas de alma
Esencialidades nuestras
Todas descarnadas
Juntas, estrechas, encamadas
Pero siempre distantes
Ajenadas

Finales cayendo pasan
Gimientes
Sangrantes
Aniquiladas
Con la nada abierta en la mirada
Pasa tu vida y mi vida pasa
En la distancia...

Y esperas
Y espero
Y una sonrisa "enguadañada" aguarda

Pasan cayendo finales los míos
Latidos y Amores
Júbilos todos prendidos de llama
En este puerto de espinas y fieros filos
En que me tienes varado
Llorándote
Consumiédome
Derramado
Lágrima a lágrima
Gota roja tras roja Gota

Esperando
Tu proa y tu vela,
Tu amor decidido
Y sin reservas...

¿Quedará algo de mí cuando arribe tu barco?

© JIP

HAY ABISMOS...

NUESTRA JUVENTUD NO MUERE

Caídos sí, no muertos, ya postrados titanes
están los hombres de resuelto pecho
sobre las más gloriosas sepulturas:
las eras de las hierbas y los panes,
el frondoso barbecho,
las trincheras oscuras.


Robert Capa, Alemania, 1945


Siempre serán famosas
estas sangres cubiertas de abriles y de mayos,
que hacen vibrar las dilatadas fosas
con su vigor que se decide en rayos.


Larry Burrows, Vietnam, 1962


Han muerto como mueren los leones:
peleando y rugiendo,
espumosa la boca de canciones,
de ímpetu las cabezas y las venas de estruendo.


Paul Watson, Somalia, 1993


Héroes a borbotones,
no han conocido el rostro a la derrota,
y vicotoriosamente sonriendo
se han desplomado en la besana umbría,
sobre el cimiento errante de la bota
y el firmamento de la gallardía.
Una gota de pura valentía
vale más que un océano cobarde.


Paul Lowe, Chechenia, 1994


Bajo el gran resplandor de un mediodía
sin mañana y sin tarde,
unos caballos que parecen claros,
aunque son tenebrosos y funestos,
se llevan a estos hombres vestidos de disparos
a sus inacabables y entretejidos puestos.


Simeón Saiz Ruiz, Sarajevo, 1995


No hay negro en estas muertes claras.
Pasiones y tambores detengan los sollozos.
Mirad, madres y novias, sus transparentes caras:
la juventud verdea para siempre en sus bozos.


Miguel Hernández
"Viento del Pueblo"

Cheryl Díaz Meyer, Irak, 2003


Hay ABISMOS de los que ni siquiera los VERSOS, tal vez, deberían atreverse a devolvernos la MIRADA...

AMOR, AMOR...

"Mirar al infinito es meterse en honduras. Medir un trozo de ese infinito con las vueltas del día, es admitir que el infinito es siempre incomparable. Hay pocas suertes capaces de salvarnos de ese y otros abismos, y una de esas suertes es el amor. El amor es el único poder capaz de competir con el abismo, de hacernos olvidar, aunque sea por una noche, del final obligatorio. Ni siquiera el recuerdo del repugnante big bang puede despegarnos del amor. Así que a amar, amigos míos. Sepan que es la única fórmula para reconciliarse con la noche"

Mario Benedetti
"Voz en Cuello" en El Porvenir de mi Pasado

Mario Benedetti


Hay que haber ido y estar de vuelta, de aquel viaje extraño, maravilloso y embriagador, que fue querer así, amar de aquella manera, que acaso ya no ha de volver jamás, para percibir todo lo quedó atrás. Hay que haber llorado mucho, todo quizá, lo suficiente en cualquier caso como para apagar varias estrellas, secarte entero el par de ojos, y comprobar, desértico y desesperado, que ya en un tu vida jamás podrás derramar una lágrima más, para ser consciente de todo lo perdido. Hay que haber querido darlo todo, sin miramientos, sin concesiones, por ella y para ella, dejar de ser y estar, de respirar, dejarlo todo, tan sólo amar, y luego verte así, vacío, exhausto, descarnado; terminal, para saber que llegaste el límite, a tu techo, que nada, salvo la vida, si es que no la diste ya, te quedó por entregar. Hay que haber padecido el amor hasta el extremo, desde la carne hasta los huesos, atravesando el corazón, como estaca, sus recuerdos, sangrar la vida en los días grises que vendrán por aquellos tiernos, a su lado, que se fueron, para notar que ya ni el aire en tus pulmones sabe igual.

Hay que haber sido víctima de un amor verdadero, así, visceral y puro, para poder decir que se ha sido hombre; haberlo soñado primero, durante años enteros, e interminables noches de insomnio; y haberlo gozado después, en el medio, sintiéndose inmortal, jubiloso, inalcanzable en lo divino; y haberlo sufrido al final, en lo último, como muerte, cuando su marcha te dejó al borde del abismo.

Destronado, solitario, sin sentido, y aun así estar convencido, entre las lágrimas, y el abismo, y el infinito, que mejor cosa que el amor no hay a la que dedicar la vida, que para eso y no otra cosa aquí has venido, y que si de aquí te vas, sin amar así, sin querer de esta manera, total, brutal, sin concesiones... entonces no has vivido.

© JIP

LA CARRERA FINAL

Ya resulta curioso, y tocapelotas, verdad, que todo este inventillo inmundo de la humanidad empezara, hace ya ni sé cuánto, ¡la tira!, como poco, porque a una mala bestia simiesca se le ocurrió abandonar el “tetrapedismo” por un instante, alzar los brazos, y echarse a andar; algo así como lo de Kubrick, y el hueso girante, y la nave espacial, pero sin tanta elipsis…

Y ya puestos a caminar, por qué no correr, se dijo, el muy cabrito –además de mono-, y a esas se puso, al poco, y lo consiguió, a la vista está… ¡Con lo cansado que es!, que enseguida te faltan la sangre y el aliento, y se te pone el bazo loco a trabajar, y entonces te da flato, y te arden también los pulmones, como caldera, a punto de estallar, y te mueres, en suma, de asco y de cansancio…



Y desde entonces los ha habido, y aún los hay, todavía hoy, que corren, que se las pelan, vamos, los muy cabritos –además de simios, o descendientes-, aunque por motivos de muy diversa índole. Algunos, los menos, por deporte, que se dice, por un trofeo o una medalla; en realidad, por una cantidad más o menos indecente de pasta, y más en realidad todavía, intrínseca, o sea, por no doblar el espinazo bajo el sol fulminador; no trabajar ni muertos, ya ven, los muy pencos. Otros, los más, porque llegan tarde aquí, o allá, o acullá, o incluso al lavabo, esa sí, importante, ¡y vital!, que ya se están yendo por la pernera abajo y está claro que, o corren, o de lo contrario la –y se- van a cagar. También los hay, y no pocos, joder, que lo hacen por soslayar ración de porra y calabozo, con tu bolso o tu cartera, o tu radiocasete bajo el brazo, como exhalación, verdaderos Carl Lewis de lo astroso y lo hijoputa, mientras los de uniforme y carajillo, por detrás, panzudos, despreocupados, se lo toman más bien con poco afán, lo de pillarlos, a ellos y tu cartera, o lo que narices fuese que te fanaron

En mi opinión, díganme vago si lo desean, o gandul, u holgazán, o cualesquiera otros sinónimos de puto perro que se les vengan, tal que así, ¡zas!, a la cabeza, no hay mejor forma de correr que aquella que acaba en "se", o mejor dicho, en "me", que las de ustedes, sus corridas, no es nada personal, más bien me la traen floja, o fláccida, ¡y entonces con qué cojones voy yo a poder correr(me) luego tranquilo y a gustito! A lo sumo, si ésta última y sofisticada variante de la jodienda, que es el correr, sin duda la más apetecible siempre, no está, por lo que sea, o por quien, maldita sea, no se lo deje hacer, disponible, un buen sucedáneo puede ser, cómo no, correrse una buena juerga, de las de antología, con prólogo y todo, total, de desfase, ultrapasada, hasta la madrugada, y más allá, hasta el final, que al fin y al cabo, allí acabaremos todos, en el final, el pozo, la oscuridad, y justo después de tanto correr, de tanta excitación y tanta prisa, ¡hija de perra la gracia!, algunos, soberbia putada, sin mojar…

Senderos de Gloria


Pero aun así, el vivir, aunque no quieras, o cierres los ojos, o metas cobarde la cabeza bajo tierra, siempre ha de ser un constante tocarte los cojones, o los ovarios, según se orine, y no dejarte transcurrir en paz. Está visto. No importa lo que sientas, o lo que pienses, ni siquiera cuánto, y de que tamaño y calidad, puedas aportar, a este mundo cruel, y cabrón, y cazurro, de acabados homínidos corredores. Sólo una cosa a veces cuenta, y es cuánto, esta vez sí, de qué tamaño, es el fajo de billetes que puedes pagar, con el que empapelar, sobornar, a uno o algunos, o a varios, de esos cabrones que están arriba, lo suficiente, como para sacarte las castañas del fuego y no ponerte a carra de perro con la muerte… y no cualquier muerte, señores, así, en general, levemente desvaída su figura por aquello del "ya llegará", algún día, sino esa otra, la tan jodida, la inminente, aquí y ahora, a escasos metros y minutos, de ti, aguardando, la muy zorra…

Enemigo a las Puertas


Céline lo dijo, en el viaje, a lo último, al ápice de la noche, que el hombre lo era; grande, y móvil, y voraz, y con un sueño dentro… Curiosamente, de todo eso, lo que menos importa siempre, qué curioso, es el sueño que llevas dentro, por el que luchar y dar la vida, sacrificarte en tanto criatura que no sabe, pero siente, y quiere, eso mismo, vivir, conforme a algo, con sentido y bueno, su sueño, el tuyo, lo que te da alas, a ti y solamente a ti, y a nadie más, pero no es posible. Nunca. Un verdadero asco siempre, la vida, antes o después…

Porque eso, como ya les dije, a nadie importa, y menos a los de arriba, los que dicen y dicen, palabras y palabras, y con cada una, adheridas, como sarna, mil bobadas; esos mismos que se dejan untar, y se creen dioses, y juegan al ajedrez con las vidas y los sueños de todos los miserables que no pudimos pagar. A esos, ustedes y yo, y los demás, les importamos tres cojones, tres, incluso menos, porque sólo les va lo otro, se la pone tiesa, eso, lo que resta, de lo que dijo, o, mejor, escribió Céline, ya saben, en su viaje final; que seas grande, les importa a unos, es cierto, los del otro bando, los que te han de matar, que lo seas mucho, grande y torpe, un blanco fácil, para acabar rápido y simple, contigo y con tu sueño, y pasar así enseguida a por el siguiente pardillo; que seas móvil le interesa, en cambio, a los tuyos, o al menos así se hacen llamar, rápido de piernas y hábil de mente, esquivador, soslayador, un jodido tipo aliado, hermanado, encamado con la suerte, que no se deje cazar, y que avance, avance, un paso más, hasta lo último, sus rifles, y en el empeño les haga, a los otros, gastar y gastar, plomo, puntería, paciencia, y demás…; y finalmente voraz, eso les interesa a todos, los dos, que lo sean, pero sólo los suyos, o en su defecto, que al menos los suyos lo sean más, voraces, terribles, inmisericordes, que corran y corran, pequeños y veloces, sin dejarse dar, y luego lleguen y maten, sin vacilar, que destrocen y desangren, a esos capullos, malditos cabrones, los que nos quieren ganar este juego precioso que llamaremos, por ejemplo, así a bote pronto se me ocurre, "guerra", ¿qué les parece, caballeros?, y tal…

Salvar al Soldado Ryan


Les parece bien, sin duda, asienten, están conformes, la aprueban y suscriben, la sangría, de todos los que aquí estamos, en lo bajo, preparados, en el cieno, en el puto barro, dispuestos a emprender la última carrera, que es también la principal. Puestos a correr, o mejor -seamos precisos, queridos amigos-, obligados a correr, hacia la muerte, el absurdo terminal, que sea por tu vida, por tu sueño, o en todo caso por el que corre, también jodido, y cagado, de miedo, a tu lado, y por nadie ni nada más…

Acaso sólo eso te quede, el orgullo, inmenso y brutal, de sentirte Grande, verdaderamente, mientras corres, por lo que persigues; de hacerte Móvil, certeramente, mientras corres, por lo que acechas; de saberte Voraz, insaciable, mientras corres, por lo que anhelas, y por cómo lo haces, eso mismo, buscarlo y desearlo, tu Sueño, mientras avanzas cadáver entre la sangre estallada, todo y ser consciente de que juegas una partida amañada y podrida, que tu suerte está echada, por nacer sin dinero y sin buena estrella, o sea, estrellado, que de nada, por tanto, van a servir tus largas zancadas, ya que la tuya, tu bala, que lleva en su punta escrito tu nombre, grabado a fuego el color de tus ojos, siempre correrá más…

Aún así lo harás, sí, correr, por ti, y por el compañero que justo, recién reventado, dejaste atrás, y por tu sueño, sí, hasta el final…

…que es el comienzo de la Noche.

© JIP

Gallipoli

V-seis

Hoy me levanté temprano
Aprisa y apurado
Como guadaña
Porque quería pintar las paredes de mi casa

De blanco y de amarillo
Medio y Medio
Hasta vainilla
Dulce y como si verano

Darle rodillo de luz almibarada
A estas cuatro paredes grises
Que me alienan y consumen
A estas cuatro que han de ser mi mortaja

Matarle a brochazos su dolor en silencios
A estas cuatro paredes negras
Que me hielan y despedazan
A estas cuatro que han de suscribir mi lápida

No hubo forma
Ni rodillo
Ni brocha
Ni mano mía
Alguna
Alzada

Hoy
Como ayer
Como todas mis malditas mañanas
Ellas
Las Cuatro
Ganan...

Con sus lanzas de quietura
Sus ballestas de marasmo
Y esas opuestas y diametrales trampas
Sus esquinas, ocho, emponzoñadas
Día a día
En lo oscuro y profundo de mis suelos
Me desangran...

Mañana me levantaré tardío
Sereno y calmo
Como fantasma
Para pintar de arteria y seso las paredes de mi casa
Con un dedo y un silbido
Medio y Medio
Y ya luego nada más
Salvo lápida y mortaja...

© JIP
17/03/2005 22:21 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

VIAJERO

"Éste no es el lugar -dijo el hombre al ver el río-. Lo cruzaré aquí y luego más allá y quizá salga a la misma orilla. Tengo que estar al otro lado, donde no me conocen, donde nunca he estado y nadie sabe de mí; luego caminaré derecho, hasta llegar. De allí nadie me sacará nunca"

Juan Rulfo
"El Hombre", en El Llano en Llamas

El Paso de la Laguna Estigia, de Joachim Patinir, 1515-24

AHÍ DETRÁS... O ALLÍ ARRIBA, EN LO ALTO... O EN TU BOCA Y EN TUS MANOS...

Una tarde, en la escuela, decidió echarle un rápido vistazo. Estaba solo en un pupitre, en el fondo del aula. El maestro andaba entre los chicos de la primera fila y todas las cabezas se inclinaban sobre los cuadernos. Rápidamente sacó la estrella y la miró. Parecía un ojo indiferente con una fría pupila verde que se enturbiaba y se estremecía como si estuviera en agua.
- ¿Qué tienes ahí, Cameron?
El chico cerró la mano.
- Será mejor que me lo des.
- No puedo, señor.
- No tolero la desobediencia, Cameron. Dame eso.
El chico vio encima de él la cara del maestro, la boca que se abría y cerraba bajo un bigote recortado. De repente supo qué hacer y se metió la estrella en la boca y la tragó. Mientras el calor tibio le bajaba al corazón, se sintió tranquilo y aliviado. La cara del maestro retrocedió. Maestro, aula, mundo, se alejaron como un cohete en una oscuridad cálida, cómoda, dejando un reguero de gloriosas estrellas, y una de las estrellas era él.


Alasdair Gray
"La Estrella", en Historias Sobre Todo Inverosímiles

El Principito de Saint-Exupèry


Los poetas no inventan los poemas
El poema está en alguna parte ahí detrás
Desde hace mucho mucho tiempo está ahí
El poeta no hace sino descubrirlo


Jan Sjacel

marzo, trece, cero-cinco

13 de Marzo.Veintisiete. Aniversarios. Inviernos que no se te llevaron. Oportunidades que perdiste. ¿Nuevas esperanzas que se te abren? Quizá. En cualquier caso un año más. Y un año menos. Que pasaste y que quedaste. Aquí. Entre los vivos. O que pasa y que te queda. Para al fin traspasar. Dejar a los vivos y unirte a los muertos. Que siempre son más.

Y lo cierto es que no tengo nada brillante que decir, tampoco nada opaco, ni siquiera algo translúcido... simplemente nada que decir, y en consecuencia, tampoco que escribir...

Quizá mejor así.

Quizá mañana. Tal vez mañana sí. Tenga alguna. O más de una. Palabra digna (si es que alguna vez la tengo). Que escribir...

Llega y pasa, una de esas fechas en el calendario, con círculo, señaladas, a recordar, por alguna razón, de algún modo, por alguien o alguienes, y vuelve a imponerse el silencio, o casi, porque aquí estoy, ¿no?, al fin y la cabo, una noche más, aunque como sin ganas, como pesado y cansino, como con un año encima más, y resulta que al fin se reduce a eso, la fecha, tu aniversario, a un círculo en un calendario, un conjunto vacío de vacías palabras en mitad de ese algo oscuro y extraño que siempre es la noche en soledad.

Nada que escribir. Nada. Desde luego. O eso parece. Pero sí desde luego mucho. Mucho. Que sufrir. En este día. Y en los que precedieron. Y en los que vendrán.

Así, por ejemplo, hoy, de nuevo, desde el principio, el despertar, y hasta ahora, la madrugada, la migraña...

También jodido el cuello, las cervicales, tortícolis, de las fuertes, desde hace dos semanas, ¡¿y hasta cuándo demonios?!...

Y el catarro, que está unos días y otros no tanto, pero siempre está, en la nariz congestionada, el carraspeo y la garganta como navaja, sajante, o sea, por el dolor, y todo eso...

Y, de tanto en tanto, también el estómago, protestando, por toda la mierda que le meto; tanta medicina, tanto nerviosismo, tanta basura de comida, que se harta y me dice ¡aquí estoy yo! ¡Deja de joderme! ¡O te joderé!... ¡Ahí te pudras, cabrón!...

Así que tal vez yo no tengo mucho que decir un día como hoy, tan señalado, y significativo, se supone, pero a la vez tan vacío, o casi... pero mi cuerpo sí que habla, o mejor, grita, o mejor, llora... Y me hace llorar. De dolor. Y de rabia.

Debería, pues, según parece, dejarme de idioteces, pensadas y escritas, y empezar por callar, guardar un pequeño silencio, y luego escucharlo, a él, a mi cuerpo, que me avisa, desde hace tiempo; de seguir así, lo lamentarás...

© JIP
13/03/2005 22:23 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

SIN SALIDA



"Era odio puro, perfecto. Podía sentirlo. Los negros pobres odiaban. Las blancos pobres odiaban. Sólo cuando los negros tenían dinero y los blancos tenían dinero era cuando se mezclaban. Algunos blancos amaban a los negros. Muy pocos negros, por no decir ninguno, amaban a los blancos. Todavía estaban desquitándose. Tal vez nunca lo lograsen. En una sociedad capitalista los perdedores son esclavos de los ganadores y tiene que haber más perdedores que ganadores. ¿Qué creía? Sabía que la política nunca lo resolvería y no quedaba tiempo suficiente para la buena suerte"

Charles Bukowski
Hollywood

12/03/2005 22:23 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

¡¡¡BANG!!!

"Debo crear mi sistema o ser esclavo del de otro hombre.
No quiero razonar ni comparar, lo mío es crear"


William Blake

Dead Man, de Jim Jarmusch
09/03/2005 22:24 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

UN VAN HELSING ATÍPICO... Y DIVERTIDO...

Capitán Kronos


Capitán Kronos: Cazador de Vampiros (Captain Kronos, Vampire Hunter) Brian Clemens, 1974, GB.

Mucho antes de que a Van Helsing le diese por el cuero y Blade -el uno, el dos, y el Trinity por llegar- matase chupasangres discotequeros a base de katana, el Capitán Kronos ya cabalgaba por este vampiro mundo.

Concretamente, desde que en 1974 la británica Hammer Films filmó sus quijotescas andanzas, algo ingenuas vistas hoy, sin duda, pero también sin dudarlo -al menos yo-, mucho menos artificiosas y pedantes, y desde luego, mucho mucho más divertidas que las de sus contemporáneos, y encuerados, sosias...

Porque el Capitán Kronos es, como él mismo gusta en llamarse, un cazador de vampiros profesional, sí, ya en el s. XIX, ¡hasta tiene su propio logotipo!, su propia marca registrada; una gran K impresa en su anillo y en los faldones de su montura... Kronos recorre la tierra cazando vampiros, a lomos de su caballo, y seguido de cerca, a golpe de carromato, por su fiel Sancho Panza, el Profesor Grost, quien, a diferencia de otros ayudantes del género fantástico, aunque feo y cheposo como ellos, no tiene un pelo de estúpido, ni de tonto.

De hecho, este film, además de ser un título atípico dentro del género de Espada y Brujería, es también una muy atípica buddy movie sobrenatural, puesto que aquí se invierten mordazmente los papeles, y, mientras Kronos, la figura representativa del clásico Van Helsing, es más que nada un espadachín y un conquistador; un hombre de acción, es Grost, el cheposo y fiel amigo, quien es un experto en magia y ocultismo, y lo conoce todo del mundo de los vampiros; Grost es el sabio de la pareja mientras que Kronos, el héroe, tan solo usa la espada y se lleva a las chicas...

Todo un conquistador


Todo y estar hecha con cuatro duros -y se nota, la verdad- la película se deja ver muy bien, hoy día, sobre todo por el desenfado que destila, y por su atmósfera típicamente Hammer. Como ocurre a menudo, y vistas las basuras que día se nos ofrecen, estas películas, humildes y artesanas, ganan con el tiempo. A mi modo de ver resulta hasta encomiable su voluntad de subvertir tópicos del fantástico y mezclar géneros, porque aunque no del todo conseguida, su irreverente simbiosis de terror, capa y espada, y comedia, es muy apreciable.

Duelo de Sables Contra un Vampiro


Pequeños Apuntes Vampíricos:

- Subversión de tópicos vampíricos:

a) Kronos se las tiene que ver con una nueva y desacostumbrada clase de vampiro, que chupa la juventud y la vitalidad en lugar de la sangre, y no a través de un mordisco, sino a través de un beso mortal...

b) Con esta nueva clase de vampiros las estacas en el corazón no surten efecto; hay que machacarlos ¡a base de espadas de acero en forma de crucifijo!

c) Las andanzas de esta pareja de personajillos nos aportan nuevas supercherías a añadir al ya rico acervo de la mitología, como, por ejemplo, que "un vampiro sólo sangra cuando está a punto de morir"; que cuando un vampiro anda cerca de unas campanillas éstas se agitan por sí solas; o que -y este es el mejor- cuando un vampiro pasa cerca de un sapo muerto enterrado bajo tierra, ¡el sapo resucita!...

- Kronos, como Blade, fue mordido en el pasado por un vampiro y toda su familia asesinada por estas bestias, así que sus motivaciones personales para dedicarse el noble oficio de exterminador de murciélagos quedan claras. Lo que no queda tan claro es si él es o no medio vampiro -o vampiro entero-, y por qué demonios se hace de tanto en tanto una sangría con sanguijuelas, o se pone a meditar ¡con un saco en la cabeza!

- También como Blade, Kronos se sirve, además de su sable, de una katana para acabar con sus enemigos -estén vivos o no-, y también como el hipermoderno Van Helsing, se sirve de diversos y curiosos gadgets para combatir a los vampiros, como aros de flores de ajo en los brazos, sapos muertos, y campanillas...

- Al final de la trama se desvela que el vampiro origen de toda la sangría es una Karnstein, nombre que continua una de las sagas vampíricas más entretenidas y conseguidas de la productora Hammer, que no tuvieron que ver con el personaje de Drácula, de Christopher Lee, sino que tomaba como punto de partida la "Carmilla" de Sheridan Le Fanu, y que constó de los siguientes films, todos ellos muy recomendables: Lujuria para un Vampiro (Lust for a Vampire), Jimmy Sangster, 1970; Las Amantes Vampiros (The Vampire Lovers), Roy Ward Baker, 1970; y Drácula y las Mellizas (Twins of Evil), John Hough, 1971.

Kronos frente a la Cruz


Curiosidades Varias:

- El personaje de Kronos, antes que un trasunto del Van Helsing imaginado por Stoker, parece más bien un velado reflejo del espadachín puritano, infatigable perseguidor del Mal, Solomon Kane, ideado por el escritor de pulps, Robert E. Howard... De hecho, a buen seguro la K que ambos comparten en su nombre no es una casualidad.

Solomon Kane, por Jean-Michel Nicollet


- Aunque está clara la intención de satirizar a la pareja Sherlock Holmes/Doctor Watson, invirtiendo sus roles, la identificación con esa otra famosa extraña pareja que son Don Quijote y Sancho Panza se impone por su propio peso.

- Caroline Munro fue bastante mala actriz, y aquí lo demuestra con creces, ¡pero era tan condenadamente guapa! ...

© JIP

Caroline Munro, amante de Kronos
08/03/2005 22:24 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

COLLAGE NOCTURNO



"No pierdas el tiempo criticando a los otros, censurando sus obras; haz la tuya, dedícale todas tus horas. El resto es fárrago o infamia. Sé solidario con lo que es verdad en ti e incluso eterno"

Cioran
Cuadernos 1957-1972

Esto se acaba, para bien o para mal...

...como el agua acelerada que precede a la cascada...

...todo empieza a correr,

deslizarse,

hacia el final...

Lo noto, lo presiento, y casi lo deseo...


"Entonces caí enfermo, febril, enloquecido, según explicaron en el hospital, por el miedo. Era posible. Lo mejor que puedes hacer, verdad, cuando estás en este mundo, es salir de él. Loco o no, con miedo o sin él"

Céline
Viaje Al Fin de la Noche

07/03/2005 22:25 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

marzo, seis, cero-cinco

Esto de la blogosfera tiene algunas cosas buenas, sin duda, y algunas otras que no lo son tanto. De las buenas no voy a hablar, entre otras cosas, porque si algo funciona, déjalo como está, ¡ni lo mientes siquiera! En la malo, o lo peor, en las heridas, en cambio, siempre se puede escarbar, más que nada por aquello de tocar un poco las narices, darle cancha a ese alma mórbida que todos llevamos dentro. Y de entre todo eso malo que tiene, o le veo, a la blogosfera, lo que menos aguanto es, de un lado su profundo compadreo, y su insalvable premura del otro. Es decir, que por una parte, las más de las veces, tienes lectores porque tú, a tu vez, también a ellos los lees, y por la otra, has de andar siempre con tiento de no pasarte en lo que escribes, de no agobiar, de frenar tus palabras a sabiendas de que van destinadas a un medio cuya principal virtud no es precisamente la paciencia… Algo así como que si tu me lees –y me comentas- yo te leo –y te comento-, pero escribe cosas cortas, y digeribles, nada extraño, que tengo hoy todavía muchos otros blogs compadres que visitar –y leer, y hasta, quizás, que comentar- y no me quiero calentarla olla demasiado. Esto no siempre ocurre, claro, hay honrosas excepciones, pero lo cierto es que el invento funciona más o menos de esta manera.

Los hay por ahí que echan sus pestes por otros lados, que se quejan de que cualquiera se crea en la libertad de tener algo que decir, de tener algo que escribir. Los hay incluso que se lamentan de la fugacidad de todo en conjunto, de que sus ideas y palabras vivan apenas más allá de los segundos que median entre una y otra actualización. Bueno, están en su derecho, qué duda cabe, pero la verdad es que eso es algo que a mí, particularmente, me trae poco cuidado, porque yo, ante todo y sobre todo, escribo para mí mismo, y, después, circunstancialmente, para los demás.

Por eso me revienta ese compadreo del que hablaba, porque, la verdad, me gustaría pensar que si alguien se acerca a lo que escribo es porque le gusta o le interesa, incluso le llega, o todo lo contrario, lo enerva o enfurece, y no, en cambio, porque espere por mi parte un autocomplaciente intercambio de lecturas y comentarios.

Por eso me revienta esa premura de la que hablaba, porque lo que quiero es escribir, de lo que quiera y cuanto me venga en gana, sin preocuparme de si mis palabras son demasiado largas, o demasiado duras, o demasiado airadas, porque si en verdad el que me lee lo hace porque quiere, porque piensa que lo que tenga que escuchar de mí le puede aportar algo, no debería importarle cuánto tiempo invierte en leerme, ni si mis opiniones, ideas e imágenes amplían, destruyen o rebaten su particular visión del mundo.

Resulta curioso que toda esta chundarata que me -y os- estoy soltando venga a consecuencia, o eso creo, de haberme pasado la noche en blanco, pensando, y también leyendo…

Pensando en muchas cosas en general y en una persona en particular…

Y leyendo, o terminando de leer, “El Guardián entre el Centeno"”…

Cuando lees a menudo, cuando es tu costumbre devorar un libro tras otro, pasa a menudo, que te da la impresión, acabada cierta lectura, de que tú no escogiste leer ese libro en ese momento, sino, antes al contrario, que fue él, el libro, el que decidió en ese instante abrirse ante ti, supongo que para decirte algo, sobre ti mismo, y tus días, cómo los llevas, o dejas de llevarlos; en resumen, detenerte un segundo, y reflexionar…

Ayer tenía previsto que hoy, domingo, me iría a Barcelona, para dar un paseo, comprar libros viejos, ir a ver algunas exposiciones que tengo pendientes… quién sabe, tal vez incluso también ver a alguien, a esa persona, o personilla, que me hace pasar las noches en blanco, leyendo y pensando… Pero ocurrieron cosas, es lo que tiene la vida, que siempre sucede algo, algunas veces muy bueno, y las más de las veces no tanto. Así que en lugar de haberme pasado el día en Barcelona aireando mis obsesiones, ahora estoy aquí, escribiendo toda esta insufrible parrafada, porque me pasé la noche pasada pensando, y leyendo a Salinger, y también, por qué negarlo, porque me encuentro bastante cansado, y también bastante harto…

Hay un pasaje en la novela de Salinger que me llamó poderosamente la atención, porque en él la hermana de Holden, Phoebe, le recrimina a su hermano, literalmente, "Que a ti no te gusta nada… No te gusta ningún colegio, no te gusta nada de nada. Nada"… Es curioso, y extraño, porque a mí me ha ocurrido, eso mismo, o parecido, que me echen en cara, me reprochen, gente que me conoce, o algo así, e incluso me quiere, decididamente; que me acusen de eso, de amargar las cosas, agriarlas, con mi forma de ser y pensar; de quemarlo todo, arrasarlo, y no dejar nada, absolutamente NADA… ni tan siquiera semillas para, tal vez, volver a empezar… Quizá es cierto, quizá tenéis razón, quizá, como a Holden Caulfield, no me gusta nada… o tal vez es que siempre he sido demasiado exigente para este mundo y nada de lo que en él me he encontrado ha sido jamás como a mí me hubiese gustado que fuera…

La vida no es justa, ni fácil, nadie dijo nunca que así fuese… y los sueños están para quien los busca, los persigue, y no, definitivamente, para quien los encuentra… o eso piensa…

Por eso ha sido alentador y alienador a un tiempo, un libro así, como el de Salinger, que me viniese a buscar, justo en este momento mío, tan bajo, tan cansado, tan de vuelta de casi todo… Haberse sentido uno siempre tan equidistante de todo y de todos, tan lejano, tan dentro de mí y fuera del mundo, porque no me gustaba nada, absolutamente nada, cómo su presunto hacedor lo había distribuido todo, y luego verlo ahí, lo mismo, el mismo pensamiento, en las palabras de otro, un tal Salinger, que las pensó y las puso sobre el tapete ahora hace ya más de cincuenta años…

Es mágico, sin duda, y aterrador. La magia y el terror que quise reflejar en el anterior post, el del guante y los poemas, ese intercambio de ácidos y de luces, desde las mentes de unos a las de los otros, y entre medias la página, y así sucesivamente, hasta el infinito, o las tinieblas, si es que no son lo mismo…

De modo que estaría bien, sería precioso, encontrar ese lugar, entre el centeno, en que la nada se convirtiese en todo, las cosas adquiriesen alguna suerte de significado, y todo se sintiese más próximo a tus entrañas, menos loco... aunque es difícil, lo sé, para unos más que para otros, y para mí desde luego mucho. Terriblemente. Muy difícil.

Debido a eso, todo y que hoy he escrito mucho, y pensado más, quizá más de lo debido, las cosas van a peor por aquí, los aledaños de mi persona. Cada vez menos las ganas de leer. Cada vez menos las ganas de escribir. Curiosamente, cada vez con más ganas, única y exclusivamente, de NADA

Me ronda desde hace tiempo la idea de cerrar estas puertas, muy seriamente, por aquello de la hartura y del cansancio, ya sabéis… y también porque cada día me cuesta mucho más agacharme a recoger del suelo los pedazos rotos de mis ilusiones… No lo sé, puede que lo haga, al fin, las cierre, o tan solo me tome un descanso, o Satán sabe qué…

Lo que sí es cierto es que cada vez leo menos blogs amigos, y de ellos, cada vez menos artículos, seguro que algunos lo habéis notado, de modo que supongo que poco a poco, de seguir en esto, y seguir así, me iré quedando tan sólo con unos pocos lectores, esos sí, de verdad, de los buenos, a los que probablemente no les importará que cada día más mis palabras tiendan hacia ese exceso y esa desmesura que ahora mismo son reflejo de mi ánimo convulso y mi alma desencajada...

En este sentido, y por mi parte, el compadreo y la premura van a quedar saldados poco a poco. Al menos así será, supongo, hasta que eche el cerrojo…

… o hasta que le encuentre algún condenado sentido a mi nada…

© JIP"
06/03/2005 22:25 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

UN GUANTE DE POESÍA

"Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan en él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura"

Supongo que eso es lo que ocurre cuando te sientes continuamente fuera de lugar, incluso de tiempo, y nada te mueve, ni te produce la menor ilusión, que te gustaría guardar para siempre un gran campo de centeno, lleno de niños jugando, y de vez en cuando, leer alguno de los poemas escritos en tu guante de béisbol mientras te hechas al coleto un buen lingotazo de whisky Rye -también sopongo que se capta el juego de palabras-. Estarías allí, sin hacer nada, sin esperar nada, simplemente junto a los niños, los únicos seres vivos soportables, porque se mantienen todavía dormidos, sin despertar, nada saban del abismo. Tú cuidarías de ellos, los alejarías de ese abismo de madurez, ese precipicio que es el saber, conocer, lo que es vivir, con preguntas, sin sentido, y anhelos, sin destino, como decía Leon, el replicante brutote de Blade Runner, lo que es "sentir picor y no poder rascarse"...

Un Mundo Perfecto de Clint Eastwood


Supongo que eso es lo que ocurre cuando te atenaza el miedo de no saber a ciencia cierta cómo demonios vivir, adónde encaminar tus pasos, si es que en verdad hay camino que andar, y lo peor, hacer ese camino solo, y perderse, constantemente, como un ave migratoria tullida en el instinto de la orientación. Porque todo parece igual, de gris, o desabrido, porque no sientes la llamada de nada, ni la compañía de nadie, y todo te parece tan indistinto, tan uniforme, que no distingues puertas que abrir ni ventanas que reventar.

Supongo que eso es lo que ocurre cuando no soportas estar con nadie y al mismo tiempo sientes un pánico atroz a quedarte solo, cuando, de tanto temblar, tanto dudar, eres uno y eres todos... y terminas por no ser nadie, ni siquiera . Porque el mundo, tal y como es, te parece tan poco, que no encajas en él. Porque el mundo, tal y como te gustaría, te parece tan alto, que tus ojos no lo alcanzan, tus brazos no lo cogen, ni tu mente alumbra siquiera su llegada. Y a partir de aquí ya sólo puedes -o quieres- caer. Esta caída, como dice Salinger, "es de un tipo especial, terrible. Es de aquellas en que al que cae no se le permite llegar nunca al fondo. Sigue cayendo y cayendo indefinidamente. Es la clase de caída que acecha a los hombres que en algún momento de su vida han buscado en su entorno algo que éste no podía proporcionarles, o al menos así lo creyeron ellos. En todo caso dejaron de buscar. De hecho, abandonaron la búsqueda antes de iniciarla siquiera".

Por eso, supongo, para gente así, quizás, está el centeno, y el whysky Rye, y el guante repleto de poemas, para mantenerlo a uno aquí, a este lado del precipicio, mientras haya aliento, porque todo lo demás se te antoja locura...

Así que en cierto modo, supongo, todos querríamos ser guardianes de la infancia y escapar a la paz del centeno, de hecho, buscar, y encontrar, nuestro propio centeno, que para unos sería esto, para otros aquello, y esto otro para otras tantos más; quién sabe, quizá hasta una playa desierta, o un fuego encendido en la oscuridad, o un tierno ojo verde que te acaricia cuando lo crudo y profundo de tus lágrimas... En toda mano está ese guante, pienso, sí, repleto de poemas, y canciones, y deseos secretos, y secretas pasiones, y también muchas angustias, y muchos, muchos más dolores, aunque sólo unos pocos, de cuando en cuando, como hizo Salinger, saben alzarlo a tiempo: "Entre otras cosas, verás que no eres la primera persona a quien la conducta humana ha confundido, asustado, y hasta asqueado. Te alegrará y te animará saber que no estás solo en ese sentido. Son muchos los hombres que han sufrido moral y espiritualmente del mismo modo que tú. Felizmente, algunos de ellos han dejado constancia de su sufrimiento. Y de ellos aprenderás si lo deseas. Del mismo modo que alguien aprenderá algún día de ti si sabes dejar una huella. Se trata de un hermoso intercambio que no tiene nada que ver con la educación. Es historia. Es poesía."

© JIP

AL PARECER...

Al parecer tenemos brazos, como tenazas, y si queremos, también como tijeras. Al parecer tenemos manos, como prensas, y si queremos, también como hojas, de sable, de hielo, de mirada enrabietada. Y los tenemos, al parecer, para agarrar fuerte los hilos, y estirarlos, dirigirlos, manejar, el rumbo de los segundos, el marco de los recuerdos, el tinte de nuestros sueños. Que no hay muñeco, ni marioneta, ni títere descabezado, más que aquel que se deja llevar, deja sus cuerdas flotar, al ritmo de ese Único, por demostrar todavía, siempre esquivo, siempre profundo... O peor incluso, dejarse arrastrar, como hoja muerta, por los demás, que te escriban el guión desde sus hilos, que digas sí, o digas no, desde sus voces, que ni aire propio tengas, ni tuyos sean tus pulmones... Porque hay un vivir, más allá de su vivir, de sus encuadres, sus sermones, más allá siempre; tu vivir libre, de cuerdas y miedos, de amores y dolores, un vivir por y para el tuyo, tu aire, y tus pulmones, al parecer...

Así que tenaza o prensa, hoja o tijera, álzate sobre el sendero, despierta y corta; vuela...

© JIP

Jaime Gil de Biedma


POR LO VISTO

Por lo visto es posible declararse hombre.
Por lo visto es posible decir no.
De una vez y en la calle, de una vez, por todos
y por todas las veces en que no pudimos.

Importa por lo visto el hecho de estar vivo.
Importa por lo visto que hasta la injusta fuerza
necesite, suponga nuestras vidas, esos actos mínimos
a diario cumplidos en la calle por todos.

Y será preciso no olvidar la lección:
saber, a cada instante, que en el gesto que hacemos
hay un arma escondida, saber que estamos vivos
aún. Y que la vida
todavía es posible, por lo visto.


Jaime Gil de Biedma
La Historia Para Todos

UN VAMPIRO DE JERINGAS Y CUCHILLAS

Martin de George Romero


El Regreso de los Vampiros Vivientes (Martin) George A. Romero, 1977, USA.

Martin es un vampiro adolescente y nada típico; no tiene grandes colmillos, ni poder sobrenatural alguno, salvo, quizá, el de la extrema longevidad. Ni tan siquiera tiene un hogar; sus familiares más próximos se lo van pasando los unos a los otros como si de una maldición se tratara. Y en cierto modo lo es, una maldición para su familia y para sí mismo. Eternamente adolescente a pesar de sus 84 años, necesita drogar a sus víctimas para abrirles las venas con una cuchilla de afeitar y así beber su sangre, y ni las cabezas de ajo, los crucifijos, la luz solar, o cualesquiera otras supercherías cristianas le provocan el menor daño. Su maldición no es el vampirismo clásico. Como el mismo dice: “No es magia, es una enfermedad”. Siempre apocado y silencioso, con graves problemas de comunicación a pesar de su edad, se siente alma en pena, solitaria, y todo y que ha bebido la vida de incontables mujeres –y hombres-, jamás, de hecho, ha mantenido relaciones sexuales -ni emocionales- con ninguna; todavía es virgen…

Las cosas parecen cambiar cuando se traslada a Pittsburgh a vivir una temporada con su primo Cuda, un anciano fanático religioso que lo trata como si fuese un verdadero Nosferatu, desconfiando de él constantemente. En la nueva ciudad conocerá por primera vez el sexo, la amistad, y, sintiéndose amado por primera vez en su vida, intentará vencer su enfermedad. Por las noches llama a un programa radiofónico y cuenta sus experiencias vampíricas, sus anhelos y frustraciones, desenmascarando de paso, uno tras otro, todos los equivocados tópicos que el cine y la literatura han creado sobre la figura del vampiro. Mientras él utiliza este monólogo nocturno con las ondas como terapia, como cura espiritual y emocional, los oyentes del programa, ávidos de morbo y sed por lo extraño, escuchan atentos al que creen un loco.

Todo se tuerce definitivamente cuando Martin siente de nuevo la llamada de la sangre, mucho más poderosa que su fuerza de voluntad, haciéndolo entrar en un estado de carencia, de mono, similar al de la drogadicción, hasta que al final vuelve a matar. Más tarde descubre que su amante, la mujer que le abrió las puertas del amor y el sexo, se ha suicidado desangrada en la bañera. Martin vuelve a saberse el ser contranatura y solitario que siempre se ha sentido... Finalmente, su primo, el fanático, creyéndole autor del asesinato de la amante, decide acabar con él clavándole una estaca en el pecho…

Martin y sus poderes


Es esta una película sobre vampiros poco usual y de ambigua lectura, porque si bien podemos creer que Martin es en verdad una víctima de la enfermedad del vampirismo, también cabría interpretar que no estamos sino ante la historia de un trastornado mental que se cree vampiro y que, como tal, siente la necesidad de beber sangre humana. De esta forma, los diversos flashbacks en blanco y negro que describen sus andanzas vampíricas en un hipotético -y rumano- siglo pasado, podrían interpretarse como las simples alucinaciones de un joven psicótico que cree realmente ser un vampiro.

La película adolece de ritmo y tensión, y hay momentos en los que la narración se torna bastante confusa. Al parecer Romero tuvo que meterle mucha tijera. Formalmente es decididamente feísta, con esa pátina setentera que tan bien –o mal, según se mire- supo retratar el director –véase como ejemplo Zombi (Dawn of the Dead, 1979)- y ni la banda sonora ni el trabajo de actores ayuda demasiado a subir el nivel del invento. No obstante, a pesar de ser un trabajo bastante olvidado dentro de la nómina de películas sobre chupasangres, su tratamiento del vampirismo a nivel significativo no deja de ser interesante, e incluso, para la época, algo transgresor.

George A. Romero


PEQUEÑOS APUNTES VAMPÍRICOS:

- Posibilidad del vampirismo, no como una maldición sobrenatural, sino como un desorden fisiológico o incluso psicológico. Martin es una anomalía, un error genético, tal vez incluso un enfermo mental necesitado de tratamiento psiquiátrico, pero no una criatura de las tinieblas. Emocionalmente, no obstante, puede ser tan humano como cualesquiera otros; sus motivaciones no son malignas. En este aspecto, y en cierto modo, la película de Romero prefigura algunas de las constantes de La Sabiduría de los Cocodrilos (The Wisdom of Crocodiles, 1998) de Po-Chih Leong, otra historia vampírica del todo heterodoxa.

- El hecho de que Martin se sirva de drogas y jeringas hipodérmicas para adormilar a sus víctimas, así como el estado de carencia y creciente nerviosismo en el que cae tras autoimponerse la abstinencia en su régimen de sangre humana, ya en 1977 significaba toda una llamada de atención sobre el poder de las drogas, tan en voga en aquellos tiempos. Esta relación entre vampirismo y drogadicción la llevaría el extremo décadas más tarde Abel Ferrara en The Addiction.

- Todas las supersticiones cristianas acerca del vampiro son aquí rebatidas. Ninguno de esos tópicos sirve contra Martin. Romero se ríe de la iglesia y sus mitomanías, no sólo por su papel de Padre Howard –al que poco parece importarle más que el buen vino-, sino sobre todo a través de la figura del intransigente y temeroso primo Cuda, quien al final, matando a Martin bajo sospechas infundadas -curiosamente mediante la típica y tópica estaca- invierte los papeles y convierte a la Iglesia Cristiana –aquí también, sinónimo de ignorancia y ceguera- en asesina de esa Vida Sagrada que pretende venerar. El joven no era un no-muerto y la Iglesia había terminado con su vida... La vuelta de tuerca al mito estaba servida...

El fanático primo Cuda


- Martin no es desde luego ningún Conde Drácula al uso, e incluso cuesta bastante catalogarlo como vampiro sobrenatural a secas. Su caso retrata más bien el del vampirismo real o psiquiátrico tristemente ejemplificado por asesinos psicópatas reconocidos como John George Haigh, el "vampiro de Londres", Fritz Haarman, el "vampiro de Hannover", o Peter Kürten, el "vampiro de Düsseldorf", cuyos crímenes se tomaron como base para la magnífica M, el Vampiro de Düsseldorf (1931), de Fritz Lang.

Peter Kürten, el verdadero vampiro de Düsseldrof


CURIOSIDADES VARIAS:

- Al parecer este fue el primer trabajo como maquillador en el cine del hoy maestro en estas lides, Tom Savini, quien, además, tiene un pequeño y del todo superficial papel en el film.

- El propio George A. Romero se dio a sí mismo el papel de un cura joven y escéptico –o ignorante, una de dos- amante del buen vino y la buena mesa, y cuyo objeto en la trama, a no ser el de mofarse del clero, es también bastante irrelevante.

- En nuestro país, siempre tan avispados nosotros, los españolitos, en el arte de retitular, rebautizamos la película con el estúpido nombre de El Regreso de los Vampiros Vivientes, sin duda con la intención de vincular el film al gran éxito de su director, La Noche de los Muertos Vivientes (Night of the Living Dead, 1968), para así darle un empujoncito extra a la caja registradora.

© JIP

V-cinco

Dicen por ahí unas voces
Que es cierto
Que a veces pasa
Que de repente el silencio cesa y te llama
A gritos
Y a cuchilladas
Te rasga el tímpano
Toda la cara
Desde el ápice hasta las entrañas
Entero
Como pieza de matadero
Tan sólo carne que empapa

Que es la llamada
Dicen
Por ahí esas voces
-Aunque nunca las he oído
Ni a ellas
Las voces
Ni a él
Ese silencio que cesa y saja-
Del eco de tus demonios
Tus adentros
Que más ya no te aguantan
Más nada te soportan
La abulia
El marasmo
Y el suicidio equidistante
De todos tus segundos

Que te avisan relucientes
Como dientes negros de negra bestia
Te previenen:
¡Detente ya!

Detente...

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LOS CIMIENTOS

La Sombra de Nosferatu


CICLO DE CINE: "LA SOMBRA DE DRÁCULA"

PRESENTACIÓN:

La figura del vampiro proyecta desde antiguo sobre la Humanidad y su Cultura una sombra alargada y ambivalente; nos atrae en la misma pedida en que nos repele.

Lo tememos, sí, como criatura de la noche que es, a la vez muerto pero no muerto, que se alimenta de la sangre de los vivos para poder subsistir en su existencia de inmortalidad maldita, contagiando de paso, con su mordedura, dicha maldición a sus víctimas, extendiendo en cada mordisco el estigma vampírico en toda la faz de la tierra.

Pero también lo admiramos, en cierto modo nos fascina, porque representa al tiempo el sueño de la vida inmortal, la continuación de la vida terrenal tras la muerte, así como la atracción de y por la sangre... Seres vivos hechos de carne y sangre, condenados de antemano al estigma oneroso de la muerte, del vampiro nos atrae su capacidad de existir en el mal, más allá del mandato divino, merced a la sangre, símbolo de vida por excelencia… Vida más allá de la Muerte y Muerte a través de la Vida, que es la Roja Sangre que recorre nuestras venas…

Y qué mejor vampiro que el Conde Malvado, el no-muerto por antonomasia, Vlad Tepes, el Conde Drácula, el mito surgido en 1897 de la pluma de Bram Stoker, icono inconfundible del Príncipe de las Tinieblas, para efectuar un amplio recorrido por la mitología vampírica en el Séptimo Arte… seguir la aleteante y feérica sombra del Señor de la Noche en su vuelo a través de nuestro celuloide…

Vlad Tepes el Empalador


PROGRAMA:

16 de Abril. NOSFERATU REVISITADO.

Nosferatu, el Vampiro de la Noche (Nosferatu: Phantom der Nacht) Werner Herzog. 1979. Alemania/Francia.

Werner Herzog realizó en 1979 un remake del clásico de 1922, Nosferatu, Una Sinfonía de Terror, de Friedrich Wilhelm Murnau, obra maestra del expresionismo alemán y, probablemente, la mejor película sobre el mito de Drácula, no superada todavía hoy. El film de Herzog, aunque sensiblemente inferior al trabajo de Murnau, caracteriza bien, como aquél, la figura del vampiro como enfermedad contagiosa, como epidemia social…

El Nosferatu de Werner Herzog


30 de Abril. EL VAMPIRO DECONSTRUIDO.

El Baile de los Vampiros (The Fearless Vampire Killers) Roman Polanski. 1967.GB.

Murciélagos, estacas, dientes de ajo, castillos en los cárpatos, doctores cazavampiros… Roman Polanski, talento iconoclasta, metió en la coctelera todos los tópicos y lugares comunes de la mitología vampírica y los sacudió con fuerza. Lo que de allí surgió, El Baile de los Vampiros, no fue sólo una deconstrucción de todo el mito, sino también una muy divertida sátira…

El Baile de los Vampiros de Polanski


7 de Mayo. EL VAMPIRO SEXUAL.

Drácula (Dracula) Terence Ficher. 1958. GB.

Primera incursión de la productora británica Hammer Films en la mitología vampírica, este film catapultó a sus tres principales artífices; Terence Fisher (director), Christopher Lee (Drácula), y Peter Cushing (Van Helsing), iniciando, al tiempo, toda una revolución en el género fantástico. El Conde Drácula made in Hammer se caracterizaría por su fuerte carga sexual, ávido depredador de féminas siempre exuberantes y muy ligeras de ropa, cuya sangre nunca se había mostrado tan vivamente roja en la pantalla…

El Primer Drácula de Terence Fisher


14 de Mayo. ¿UN DRÁCULA DEFINITIVO?

Drácula de Bram Stoker (Bram Stoker’s Dracula) Francis Ford Coppola. 1992. USA.

Francis Ford Coppola acometería en los noventa el reto de llevar a la pantalla la adaptación definitiva de la novela de Stoker utilizando, como había hecho Polanski, las herramientas de la deconstrucción, aunque sin las intenciones cómicas del polaco. El resultado, aunque no puede tomarse como una traslación definitiva de la mítica novela, no sólo se acerca mucho, sino que, además, supone una obra maestra del fantástico moderno…

El Vampiro de Coppola


21 de Mayo. VAMPIROS Y CELULOIDE.

Montaje Documental. Un sucinto repaso de la evolución a nivel formal y significativo del mito vampírico en la Historia del Cine. Desde sus míticos inicios, como el Nosferatu de Murnau y el Drácula de Browning y Lugosi, hasta sus últimas y más estrafalarias aportaciones, como Blade, Underworld, o Van Helsing, pasando por pequeños clásicos como Drácula de Badham, Vampiros de John Carpenter, Cronos de Guillermo del Toro, y muchas más...

Los Vampiros de John Carpenter


19 de Mayo. “DRÁCULA: PORQUE TU SANGRE ES MI VIDA…”

Conferencia que, como complemento al ciclo de cine, versará sobre las raíces culturales y antropológicas del vampirismo, su transformación en mito literario primero, y cinematográfico después, así como su pervivencia y alcance hoy día, alcanzado el siglo XXI, cuando la era de la ciencia debería haber acabado con las creencias y supersticiones que fueron su origen…

Lugosi dándoselas de Chupasangres


Bueno, aquí están las bases de lo que debería ser esta ciclo de cine sobre el Gran Chupasangres.

El hecho de tener que ceñirme a la figura de Drácula ha mediatizado en cierto modo la elección de las películas. De haber sido el vampiro en sí el objeto del evento sin duda la muestra habría sido mucho más heterogénea, aunque de todos modos me resarciré de ello en el montaje final, en el que habrá dráculas, por supuesto, y también vampiros, de los que chupan sangre y de los que no...

A primera vista la elección del film de Herzog en lugar del de Murnau parece discutible, pero pienso que empezar con una película muda, por buena que sea, habría sido una especie de suicidio por mi parte. Además, el film de Herzog no está demasiado visto. La elección del film de Polanski responde a un gusto estrictamente personal así como a la voluntad de poner, al menos, una comedia sobre el mito. Un Drácula de Christopher Lee no podía faltar, y no se me ocurría ninguno mejor que el primero de todos. Y, finalmente, aunque el film de Coppola está muy, pero que muy visto, pienso que no podía faltar por ser, a pesar de sus excesos, una indiscutible obra maestra del género.

Con el documental final y la conferencia, combinados, espero poder dar una visión de conjunto de la evolución de la figura del vampiro a lo largo y ancho de nuestra cultura, y cómo éste ha reflejado a lo largo de su -nuestra- historia nuestros más atávicos miedos y los más subterráneos anhelos.

© JIP

Vlad El Empalador by Mignola

VAMPIRIA. EL COMIENZO...

Cerca de par de meses atrás se me ofreció la oportunidad de organizar un ciclo de cine sobre la figura de Drácula para el Centre de Lectura de Reus, ciudad en la que residen mis carnes y mis huesos -ya que mi mente va y viene, siempre viajando, entre aquí y mil y un ensueños- desde que mi madre tuvo a bien traerme al mundo pronto hará ya la friolera -¡brrrrrrr!- de 27 años -¡snif!

En las última semanas el asunto se ha ido concretando definitivamente y, bueno, aquí estoy, empezando a prepararlo un poco todo. Se me ha ocurrido que TannHäuser podría ser una buena plataforma para ir dándole forma a todo este trabajo que se me avecina, y por eso he creado esta nueva sección, Vampiria, que, debido a su particular naturaleza, debería ser de muy corta vida, mas de gran intensidad. Será un pequeño gran cajón de sastre en el que iré metiendo todo lo que vaya avanzando respecto a este nuevo desafío, el de disertar de mis queridos amigos, los vampiros, y sus películas, que se me va a presentar en breve. Durante las próximas semanas, pues, convertiré TannHäuser en algo así como un Cuaderno de Campo o un Borrador de Trabajo.

Ilustración de Alex Horley


Como la buena criatura asocial de Dios por que me tengo, me da produce un pánico más que notable hablar en público y, en consecuencia, todo este proyecto no deja de tenerme un poco -no, seamos, sinceros... ¡un mucho!- inquieto, pero bueno, no hay mejor forma de vencer al miedo, pienso, que la de echarse al ruedo y coger el toro por los cuernos, aun a riesgo de llevarte más de una cornada en según qué sensibles lugares...

No será la primera vez que me tenga que enfrentar a un auditorio expectante de mis palabras, ya hace unos años, cuando estudiaba en la Universidad -o hacía que estudiaba- me enfrenté varias veces a toda una legión de abúlicos y desinteresados estudiantes a quienes sólo les llamaba la consecución de los créditos libres que sobre el tapete ponía el evento. Así que, en distintos años y ocasiones, hablé a sus voluntariamente tapiados oídos de películas como Blade Runner de Ridley Scott, Videodrome de David Cronenberg, La Cosa y En la boca del Miedo, ambas de John Carpenter, e incluso de esa magnífica comedia macabro-gore, el cartoon de carne y hueso de Sam Raimi, llamado Terroríficamente Muertos... Y lo cierto es que lo pasé fatal todas las veces, y todas las veces me quedé con la sensación de que podía haberlo hecho mucho mejor, llegando además a la conclusión de que, en realidad, todo aquello de hablar en público a un auditorio displicente no valía ni el estado de nervios y ansiedad en el que me sumía, ni mucho menos el trabajo que me tomaba en preparar mis ponencias. Siempre al acabar me decía aquello de una y no más Santo Tomás... pero daba igual, porque siempre volvía a caer...

El Circo de los Vampiros de Neil Jordan


Como ahora, que de nuevo estoy en la brecha, con un montón de trabajo por delante, otro montón de nervios por padecer, y ni el más triste montón de céntimos por cobrar a cambio... A partir de todo esto, lo mejor que se puede inferir de ún servidor, es que, además de gustar de meterse en camisas de once varas, es bastante gilipollas, porque pasan y pasan los años y no termina de comprender que esto de trabajar por amor al arte, aunque sea por amor a la cultura, lo fantástico, y sus monstruos, debe encontrar en algún momento su límite...

Veremos cómo evoluciona todo, y Vampiria dará noticias de ello... Llevo toda mi infancia, mi adolescencia, y parte de los años que van detrás, esos en que se supone que debes dejar de ser un jovenzuelo para empezar a madurar, leyendo y contemplando vampiros, hombres lobo, momias, zombis, y monstruosidades varias de toda índole y ralea. He crecido con ellos y con ellos he empezado a madurar, ¡si es que en verdad lo he hecho!, así que supongo que algo interesante tendré que decir sobre ellos...

O al menos eso espero...

© JIP

Nosferatu

REBASANDO EL PUNTO LÍMITE

¿Rebasando el punto límite? El no retorno. Quizá. Pero, ¿hay límite en la caída?, ¿tiene fondo el vacío? Y, en todo caso, desde dónde precipitarse, tirarse incluso, desde dónde empezar uno a deslizarse hacia el abismo del no volver jamás…

Quién lo sabe… No yo, desde luego…

Porque no hay respuestas.

No.

Pero sí la obligación de preguntarse, una y otra vez, mientras no desciendan las tinieblas.

Todo se reduce a un inaprensible vértigo de dudas. ¿Siempre ha sido así? No lo sé. Supongo que no, que hubo un tiempo en que uno es demasiado pequeño y el resto del mundo demasiado grande, así que la distancia entre uno y el resto se hacía insalvable, no había lugar, todavía, para la consciencia, la terrible consciencia. Pero era tan sólo una cuestión de tiempo. Sí, el despertar, abrir los ojos, para y por la muerte… Así que no sé desde cuándo, pero sí que hace bastante que es así, o mejor dicho, que no puede ser de otra manera…

¿Por qué?

Porque no hay respuestas… Aunque eso es en sí una respuesta, así que, de nuevo, quién sabe…

Pero, de existir, el punto límite, debe estar cerca, lo presiento, lo olisqueo, como rata sucia en naufragio que empieza. Porque sí, porque noto que las vías de agua son ya demasiadas, siento que estoy empezando a ceder y que no tardaré en hundirme en un océano de fangos, e interrogantes, totalmente derrotado.

Estoy demasiado cansado y demasiado viejo…

Demasiado cansado para más batallas…

Demasiado viejo para ciertas magias…

Me siento cansado y viejo, sí, y también algo desquiciado. Mira todo lo que has escrito últimamente, toda esa ingente cantidad de palabras convulsas, retorcidas. Hay que estar un poco loco, o bastante, o del todo, para querer escribir, necesitar escribir semejante cantidad de palabras; sin lugar a dudas, sentirse ya definitivamente del otro lado. Bueno, ¿y en qué ocupar el tiempo sino en eso? Me paso las horas muertas tirado en el sofá, sin más anhelo que el de la nada, a ratos durmiendo, a ratos agonizando pensamientos, y aun así quedan horas… Horas que vivir, con la obligación de respirar, en vano esquivando la mordedura de esa sombra de pánico alienador que es la soledad. Quemo mis instantes miserablemente y aun así queda tiempo… Inconcebible tiempo…

Tiempo desgarrador: Tiempo silente: Eternidades de angustia; esperando… esperando, sin saber exactamente qué, hasta que se te acaban las ganas, de dormir, de existir, incluso de escribir… y si ni tan siquiera ya la palabra significa nada, entonces lo estás...

Acabado.

De modo que te lo dices, a gritos y a cuchilladas, que empiezas a estar harto, de todo y de todos, sobre todo de ti, y que lo mismo te da implosionar que reventar, irte al carajo hacia dentro que llevarte por delante a todos los demás. Podría hacerlo, sí, ahora mismo, estallar, pintar de entraña y tuétano mis afueras, acercarme ya a la barra, y pagar mis copas, liquidar cuentas. Sería un instante, y luego nada. O eso pienso. Más vale…

Un estampido sordo, vago, fútil, y las dudas se apagarían, cesarían los temblores, morirían al fin los dolores, del alma y de la carne, y del mundo, este mundo, sí, el mío y el de los demás, de los otros, si es que en verdad existimos…

© JIP

HIBERNANDO

Por lo visto ayer murió Guillermo Cabrera Infante. Aunque no leas periódicos, no escuches la radio, y mucho menos veas la televisión, de todos modos te acabarás enterando de las cosas, antes o después. Bueno, te enteras de lo que unos pocos quieren que te enteres, eso por descontado, aunque supongo que con esto no le descubro las américas a ningún alma. Todo el mundo habla, parlotea, sobre todo lo segundo, constantemente, de cosas como la libertad de expresión, la libertad a la información, y otras... Etiquetas y más etiquetas. Códigos de barras invisibles para un mundo de marionetas sin hilos... Pero nadie habla del derecho a la desinformación, es curioso. Porque yo no quiero saber nada del mundo y sus podredumbres, y hago lo que puedo para continuar así, pero siempre hay alguien o algo que te alcanza, que te pone al corriente, que se encarga de iluminarte sin ni tan siquiera tener en cuenta si tú deseabas o no ser agraciado con tan inestimable conocimiento. Simplemente porque es así, lo que se espera, lo normal; saber, conocer, estar al día... ¿Pero estar al día de qué demonios?, si la Humanidad sigue siendo el mismo sumidero ahora que hace diez siglos, si la vida sigue siendo la misma partida amañada que ha sido siempre; sólo han cambiado el color y la forma de los dados. Pero eso da igual, hay que presentar una fachada, una moral, dar sensación, de que hemos prosperado, que nos dirigimos hacia algún sitio, de que hoy es más fácil que ayer hacer partícipe al mundo de que cientos de miles de almas han sido arrasadas por una ola gigante, aunque impedir que todas ellas estuviesen en posición de ser arrasadas sea igual de difícil que cuando nos movíamos con pergaminos... A pesar de ser una especie tan jodidamente gallina, se nos sigue dando mucho mejor cacarear que poner huevos –o ponerle huevos, tanto da.

Requiescat In Pace, Guillermo Cabrera Infante


Pero todo esto venía a cuenta de otra cosa, de Cabrera Infante, que la diñó, ayer, anque yo no me enteré, ni ganas que tenía. Pero hoy lo he visto, viendo la tele en casa ajena, qué remedio, allí, en su casa de Londres, en su exilio de Londres, de esa Cuba a la que nunca pudo volver y siempre llevó en el fuero del corazón, que nada hay más hondo, ni íntimo, ni doloroso. Supongo. La verdad es que no he leído nada de él, ni sus tristes tigres, ni sus cines sin sardina, ni otras cosas, tampoco tengo en mente leerle nada de ello a corto plazo. No es un autor que me llame, de momento. Pero ahí estaban las imágenes, en su casa, de cuando estaba vivito y coleando, como sardina dentro del agua, rodeado de sus libros, los libros de su vida, la biblioteca de su vida. Paredes de libros, literalmente, sí; paredes pintadas de las vidas y las letras de cientos y cientos de hombres como él, que como él escribieron, y también como él, murieron, o lo harán a corto o medio plazo.

El hombre estaba contando una anécdota. Por lo visto habían ido allí, a su casa, su biblioteca, sus paredes de vida, a hacerle una entrevista, una de tantas, de las muchas que sufrió mientras no estuvo muerto, y el periodista, al ver tanto condenado libro allí, apelotonado y amenazante, ¡imposible!, le preguntó que si se los había leído todos... a lo que el escritor cubano, cacho de pan y cínico al tiempo, pero sobre todo zorronamente educado, o al menos así prefiero imaginarlo, respondió que sí, que todos, pero que una vez nada más...

Se me antoja triste, sí, todo en general; morirte lejos de tu tierra si es que tu deseo íntimo era algún día poder regresar, o no poder tener todos los libros que te hubiese gustado, incluso no poder leer todos esos libros, ni una, ni dos veces. O más. Aunque lo más triste, sin duda, es perder el tiempo así, de esa jodida manera, cuando podrías utilizar tus valiosos segundos para leer y releer, escribir incluso, o añorar tu patria perdida, y en lugar de eso tienes que estar ahí, atendiendo a un tipo lo suficientemente estúpido como para preguntarte si en verdad has leído toda esa cantidad ingente de páginas, no sólo fuera del alcance de una, sino de varias vidas. Y todo para qué... para que haya una entrevista más, un código de barras más, una porción más de la parrilla horaria ocupada, por instantes, con tu imagen y tus palabras, en honor a tu muerte, al instante digerida y olvidada... porque en seguida vienen los deportes...

Hazle un hueco en tu tiempo al Gran Hermano...


Al fin y al cabo con los libros pasa como con el sexo, que uno no puede hacer el amor, o follar, o joder constantemente, aunque le gustaría. Tampoco puedes dedicar a leer todas tus horas, aunque quisieras. Porque no, porque es fisiológicamente imposible, también hay que comer, y cagar, y mear, y, si puedes, hacer el amor, o follar, o joder, según gustos y caracteres... Y luego, aparte de la fisiología, está la moral, que no es vital pero sí venal; aquello que debes hacer, porque no puede ser de otra manera; el precio que debes pagar por estar en el mundo, en este mundo que entre todos prefabricamos desde antiguo, y que también, cómo no, se lleva por delante su buena y preciada parte de tu tiempo... cosas tan edificantes e instructivas, por ejemplo, como asesinar tus horas por un sueldo miserable; seleccionar tu basura en distintos tipos de contenedores para que luego toda vaya a parar al mismo montón de mierda; limpiar tu conciencia comprando postales de UNICEF en Navidades; y, por supuesto y por encima de todo, mantenerte calladito y dormido, como osezno en hibernación eterna, consumiendo tu ración diaria de opio populachero, compuesto de trágicos sucesos, cotilleos mórbidos y circos futboleros...

Si al menos le dejasen a uno cerrar los ojos en paz…

© JIP

V-dos

¡Desátame!
Entrégame a la fauce de sirena
Si es que estoy loco
O eso piensas
Porque mi piel cierro a la luz
Porque blindo mi alma
Ante el musgo del pensamiento
Porque Águila o Tigre o Escualo
En lugar de mirar...
Como ellos...
Hago pedazos...

© JIP

febrero, dieciocho, cero-cinco

Qué decir cuando se impone el silencio. Qué pensar incluso, en noches como esta, de soledad, cuando no puedes dormir, todo y estar reventado, y la única certeza que se te aparece meridianamente clara, como fantasma, es el silencio...

El maldito silencio...

El jodido silencio...

El podrido silencio...

Jamás en tus años un invierno como este, tan duro, e inmisericorde, y afilado, como sable de hielo sajando, cortando, cercenando, tajando, partiendo, segando, seccionando, amputando, arterias, que se abren, como flores despiertas, vomitando la vida, la roja vida, que se va, con el aire, y el frío, y el gris, marchitándose, girando lentamente hacia un púrpura de coágulo, ahí, quieta ya, muerta ya, en el suelo, en la tierra, que fuiste y serás, como polvo...

¿A quién cojones hablas, escribes, a qué clase de te dirijes? Atrévete contigo mismo si es que tienes agallas. De lo contrario, calla, CALLA, ¡CALLA!

Cansado. Reventado. Sin fuerzas. Silencioso. Sí. Así. Silencioso. Hasta en el corazón. Que debiera gritar. Pero ahí está. En silencio. Como tumba. O risa árida. U Ojo Ciego. Sin Reservas. Planeando. Sobre la derrota. Y ni aún en el sueño. Descanso. El más mínimo. Simplemente. Pasando el tiempo. Deslizándolo por el filo del alma. Transcurriendo. Siempre. En las mañanas huidizas. En las noches ajenadoras. Como esta. Y en las horas. En muchas de ellas. Tantas. ¡Por Dios! Tantas...

Estoy cansado sí, ahora mismo y desde hace ya no sé cuánto, de combatir el silencio. Y estoy harto de preguntarme, de mirar, de buscar. Quisiera detenerme en unos minutos vacíos, repletos todos ellos a su vez de un dulce no pensar. Tenerlo todo blanco, por una vez, en la mente, y en el alma, si es que existe, y en el corazón, si es que me queda. Incluso hasta empiezo a estar harto de la letra. A veces son solo palabras, que nada cambian, de nada sirven, y sólo consiguen remover y remover, sin cesar, mis entrañas. Otras veces lo son todo, las palabras, y entonces llegan y hieren, como flechas ungidas en odio, se clavan en lo profundo para no partir, para no cesar, para no callar...

Algo tan fácil como eso,

tan simple,

si estuviera en mis manos,

en noches como esta,

y las que han de venir todavía;

no decir nada...

no escribir nada...

no pensar nada...

cuando se impone el silencio...

responder así...

con silencio...

© JIP

"INVADIDO"

INVADIDO: Como niebla de oscuros rizos o marea de espumas asesinas, como sombra, como feérica y alienante sombra; telón de costuras excoriantes y podridas descendido sobre alma, precipitarte sobre ti, pero no sobre un "ti" externo inserto en el orbe; sobre un ti replegado, enrollado, enquistado sobre tus entrañas, rojas, húmedas, regurgitantes...

Enemigo de tu esencia, combatirte suicida y homicida -si es que te es posible todavía pensarte hombre-, doblegado sobre tus tinieblas, estrechando lentamente, en la noche, el cerco sobre tu corazón; aniquilando lentamente, en lo negro, la blancura linfocitaria de tu espíritu; segundo a segundo, egresarte, derramarte en el vacío...

© JIP

Silencio, de Johann Heirich Fussli, 1799-1801

TRISTE, SOLITARIO, Y FINAL...

Era muy pequeño, todos lo éramos, allí, en la escuela, donde lo mejor que había era el recreo, al menos eso es lo único que yo recuerdo, así que aquello debía ser lo mejor. El recreo era para correr, correr todo el rato, de arriba abajo, hasta reventar, aunque nunca lo hacías, reventar, pero ahí estabas, corriendo de un lado para el otro, como buscando la muerte. Creo que corríamos por algún motivo, seguramente perseguirnos los unos a los otros, probablemente eso, aunque no estoy seguro, porque sólo recuerdo correr, todo el tiempo, durante todo el recreo, todos los recreos... Parecen absurdas, ahora, desde los años, todas aquellas carerras locas, pero entonces no había nada mejor que aquello, más divertido, seguramente porque era la época en que lo absurdo hubiese sido preguntarse el porqué de las cosas... Las chicas nunca corrían, sin embargo, ellas hacían corrillos y hablaban de cosas, y luego sonreían, se carcajeaban, ensayaban miradas, y luego seguían hablando de cosas, sus cosas de chicas. Algunos decían que hablaban de novios, sus múltiples novios, allí en la escuela, en aquel mismo recreo, que las oían hablar de ellos, pero yo no sabía nada de todo eso, porque yo sólo corría de un lado para el otro, persiguiendo, o eso creo, y cuando pasaba cerca de uno de aquellos corrillos no escuchaba nada a excepción de sus carcajeos. Yo corría rápido, entonces, y no me importaban sus novios. Ni sus carcajadas. Ni ellas, en realidad. Sólo correr...

Había una chica que sí corría, se llamaba Mari Carmen, y corría mucho, bastante bien, las más de las veces detrás mío, aunque yo de eso no me daba cuenta, así que no sé si corría tan bien porque sí, porque ella podía, o sólo porque lo necesitaba para poder seguirme. Como ya he dicho, yo de todo esto no me daba cuenta; ya entonces no veía demasaido bien... Mari Carmen, un nombe normal para una chica normal, como ella, ni guapa ni fea; normal, o eso pensaba yo, aunque siempre sonreía, y su sonrisa, recuerdo desde aquí, desde ahora, sí era bonita. Siempre estaba detrás mío, Javi esto, Javi lo otro, y yo corriendo de acá para allá, sin hacer mucho caso, enfurruñado, ciego, hacia adelante, como un toro en la embestida. Era lógico, yo tenía la cabeza bastante grande, más o menos como ahora, sólo que el resto del cuerpo todavía no había crecido, de modo que tenía que correr así, con el cabezón al frente, como un ariete, como si siempre tuviese algo, ahí delante, que destruir. Suerte que tenía un buen par de piernas que lo compensaban todo, que me convertían en una buena máquina de correr. Todavía conservo ese buen par de piernas, aunque hoy día apenas echo alguna carrera cuando llego tarde. La espalda está tocada, realmente jodida, pero las piernas responden, todavía... El cabezón también lo conservo, aunque pasa más o menos desapercibido porque el resto de mí también es grandote, creció en consonancia con el tamaño de mi gran cráneo. Con los años también me he hecho cabezota, algo que también disimulo más o menos bien, hasta que se me conoce, claro, y para entonces ya suele ser demasiado tarde. Algunos lo sabéis. Algunos incluso lo sufrís...

Pero estaba hablando de chicas, hace muchos años, cuando todavía no me gustaban, nada de nada, y no como ahora que... bueno, lo cierto es que había una tal Raquel, que siempre era el centro de todos los corrillos, y sus carcajas siempre las más altas. Rubia, ojos claros, azules creo, y muy blanca, blanquísima; en aquel tiempo todavía no conocía el adjetivo "níveo", como la nieve, o sea... Si alguna me tenía que gustar tenía que ser aquella, ¿no?, al fin y al cabo era la que le gustaba a todo el mundo, por rubia, por ojosazules, por blanca, e incluso, si se me apura, por Raquel, porque esa combinación de letras sonaba algo así como mejor, exótica, como de importación, más chula... desde luego mucho mejor que Mari Carmen, o eso pensaba yo, y la mayoría, creo... Así que si me preguntaban qué chica me gustaba yo decía que Raquel, claro está, cómo no... en aquel tiempo tampoco conocía el adjetivo "mainstream", pero yo lo era, bastante, aunque con reservas, porque lo que verdaderamente me importaba entonces era correr, sí señor, hasta reventar... Pero no lo hice, reventar, no, aquí sigo, escribiendo esto tantos años después, y cabe decir que durante bastante tiempo después seguí respondiendo que Raquel cuando me preguntaban, que cuál era, la que me gustaba, chica, de novia o así, para, acto seguido, salir de nuevo pitando a la carrera, y Mari Carmen detrás mío, Javi esto, Javi lo otro, sonriendo siempre, y yo sin hacer caso... Mainstream total, y bastante gilipollas, todo hay que decirlo...

Hasta que un buen día me giré, de repente, estaba agotado, o a punto de reventar, quién sabe, y ella ya no estaba allí, Mari Carmen, sonriendo, con mi nombre en su boca; desaparecida, del todo... Al fondo había un corrillo del que emanaban sonoras carcajadas rubias. Decidí que no me gustaban. Nada de nada. Sentí náuseas. Porque estaba exhausto y me sentía a puntito de reventar, o quizá porque por vez primera no tenía más ganas de correr, tenía ganas de otras cosas, cosas que sonreían y pronunciaban tu nombre... y Mari Carmen, qué bonito nombre, ¿no os parece?, ya no estaba allí...

Y precisamente allí me quedé, un buen rato, triste, solitario, y final, ya tan joven... exhuasto, buscando, preguntándome... mientras alrededor los unos corrían y las otras se carcajeaban...

Quizá merecí haber reventado allí mismo... por mainstream y por gilipollas...

© JIP

EL GRAN EVASOR

Si alguien debía escapar ése tenía que ser él, Hilts, McQueen, el americano, as de las dos alas y las dos ruedas, auténtico Rey de la Nevera, así que yo la contemplaba anhelante y sediento, su carrera, su escapada. El resto no me importaban, ni los que iban en bici con enormes maletas, ni los que se echaron al agua a darle a los remos, ni por supuesto los otros, los que vestidos de traje y falsos acentos cogieron el tren que llevaba a la muerte. Tanto me daba si fracasaban o se evadían al fin. Él y sólo él se había ganado a mis ojos la libertad. Mi padre dijo que no, que la había visto ya muchos años antes y que no lo conseguiría, pero yo me negaba y le negaba; me negaba a escuchar, a creer, a perder su esperanza, que era también la mía, como mía, y terrible, sentiría su derrota. ¿Acaso alguien más que él lo había merecido?, escapar, la victoria… Se había pasado todo el tiempo en la nevera, cuando no hasta las cejas de barro; y después de vuelta a la nevera, cuando no tomando notas, dibujando mapas; y después de vuelta una vez más a la nevera, allí, solitario, oscuro, soñador, golpeando con su pelota el hormigón de la tristeza. Al fin era libre, sobre sus dos amadas ruedas, salvaje y desatado sobre la hierba, como bestia enfurecida y acosada, ya de la ansiada libertad tan cerca… tan endiabladamente cerca… que no podía ser verdad. Lo vi volar sobre la primera alambrada, un salto más y allí estaba, la victoria, pero era un vuelo imposible, estaba claro, necesitaría alas en lugar de ruedas, y los "monos" de traje gris ya lo acosaban, con patas de goma y dientes de bala, estrechaban su cerco con instintos de perro, estrangulando su sueño, mi sueño. Aun así me resistía a perder, aun así se resistía a ceder, y quiso intentarlo, ese último vuelo increíble, hacia los cielos; corajudo, valeroso, intrépido, hasta el final… pero falló, no podía ser de otra manera, y su libertad se esfumó, y mis ojos se achinaron, como si escaldados…

Un As de las dos Ruedas


Mi padre tuvo razón desde el principio, las había visto antes, su evasión y su derrota, y yo me había resistido a creer. Aprendí que los destinos se escriben y se filman, se viven, y no cambian, quizá porque no deben hacerlo, porque así son necesarios, para uno y para los demás. De nada sirvieron ni su maestría al manillar ni mis infantiles apoyos. Como un nuevo cristo acabado, alzadas las manos, espino en los brazos, contraído el rostro en lo amargo, su carrera –nuestra carrera- había terminado.

El Gran Evasor


Y escaparon el de la bici y la maleta, y las dos ratas de túnel transformadas en remeros, y a los demás, todos los otros, a los unos los trajeron, los trajeron de vuelta al campo, y a los otros los mataron, les llenaron de balas las cabezas, los cuerpos, y las ganas de volver en el futuro a alzar el vuelo.

Y a Hilts lo metieron de nuevo en la nevera, como no podía ser de otra manera, porque no podía ser de otra manera, ahora lo sé... Porque él y sólo él podía seguir golpeando las paredes, ese hormigón de la tristeza, con su pelota, una y otra vez, hasta la extenuación, retumbando, haciendo escuchar su eco de agalla y rebeldía en todo el campo, en toda la guerra, en los tímpanos de sus perros carceleros, primero por él, y luego por todos los que allí quedaban, encerrados, privados, y también, cómo no, por todos los que se fueron, que se fueron, sí… pero que no lo consiguieron…

© JIP

ÁNGELES DE OTOÑO

Un Ángel de Otoño para cuando pienso en ti, en cuánto te amo y cómo te siento, que significas el sueño supremo de mis adentros:

A Veces un Cuerpo Puede Modificar un Nombre

A veces las palabras se posan sobre las cosas como una
mariposa sobre una flor, y las recubren de colores nuevos.

Sin embargo, cuando pienso tu nombre eres tú quien le da
a la palabra color, aroma, vida.

¿Qué sería tu nombre sin ti?

Igual que la palabra rosa sin la rosa:
un ruido incomprensible, torpe, hueco.

Ángel González
Otoño y Otras Luces

Un Ángel de Otoño para cuando pienso en los dos, en ti y en mí, y en lo que nos une, que es mucho, como mucho también es cuanto nos separa, y grandes mis miedos por tanta distancia:

Quise

Quise mirar el mundo con tus ojos
ilusionados, nuevos,
verdes en su fondo
como la primavera.
Entré en tu cuerpo lleno de esperanza
para admirar tanto prodigio desde
el claro mirador de tus pupilas.
Y fuiste tú la que acabaste viendo
el fracaso del mundo con las mías.

Ángel González
Otoño y Otras Luces

Un Ángel de Otoño para cuando pienso en un mundo sin tu mirada en mi mirada, en mi vida sin la caricia de tu nombre sobre mi nombre:

La Luz a ti Debida

Sé que llegará el día en que ya nunca
volveré a contemplar
tu mirada curiosa y asombrada.
Tan sólo en tus pupilas
compruebo todavía,
sorprendido,
la belleza del mundo
-y allí, en su centro, tú
iluminándolo.

Por eso, ahora,
mientras aún es posible,
mírame mirarte;
mete todo tu asombro
en mi mirada,
déjame verte cuando tú me miras
también a mí,
asombrado
de ver por ti y a ti, asombrosa.

Ángel González
Otoño y Otras Luces

Y al final, un Ángel de Otoño para cuando estoy solo y no te tengo, porque no estás, y vuelven la noche y la distancia, y me repliego sobre mí, ensimismándome, enyomismándome, y poco a poco retornan... retornan todos los fantasmas...

Versos Amebeos (I)

Hay días en los que no me atrevo a abrir el cajón de la
mesa de noche
por temor a encontrar la pistola con la que debería pegarme
un tiro.
Últimamente las noches me mantienen literalmente en vilo,
y los amaneceres se me echan encima como perros furiosos,
arrancándome pedazos de mí mismo,
buscándome con saña el corazón.
La luz no hace más que enfurecer a esos perros enloquecidos
que no son exactamente las mañanas,
sino lo que ellas alumbran o provocan:
la memoria de dientes amarillos,
el remordimiento de fauces rencorosas,
el miedo de letal aliento gélido.

Hay mañanas que no deberían amanecer nunca
para que la luz no despierte lo que está dormido,
lo que estaría mejor dormido
y aún en el sueño vela, acosa, hiere.

Ángel González
Otoño y Otras Luces

Ángel González


Hoy Hace un Año en TannHäuser: PASCAL, ILUMINADOR

V-cuatro

Por no atreverme a ser fantasma
Me quedé en muerto
Tan solo y solamente
Así
En muerto

Vivo que fue
Y no es ya más que recuerdo
Tiempo que fui
Y resbaló tal que rocío
Desde el ápice de mis hojas al vacío

Sombra de hombre en los avernos
O ni tan sólo eso
Apenas un sordo quejido
O pardo reflejo de vago lamento

Y tanto fui así
Tan cobarde
Tan vago
Tan terriblemente muerto...
Que ni cogí sábanas ni cogí cadenas

Y a las puertas de tu piel me quedé ennadado
Soñando agria y tibiamente
Como si en lo ciego
Con este soñar triste que tenemos los muertos
Sentir en los huesos tu candor de pupilas

Esa verde miel de placer vertiginoso
-Como vértigo fue amarte sin tenerte
Ese mismo vértigo en el que empezó a encintarme la muerte-
Que ni en vida me entregaste
Ni después espectral y aparecido
Tras mis instantes
Tuve arrojo de hacer mía por la fuerza...

© JIP

febrero, siete, cero-cinco

Si muriese ahora mismo me convertiría en el más exquisito fantasma: tras veintiséis años de aliento soy sólo cuentas pendientes, lo tengo todo por hacer...

© JIP

FORASTERO EN TIERRA EXTRAÑA

¿De qué pasta terrible están hechos los hombres de ciencia? Siempre me lo he preguntado. Otra pregunta más sin respuesta a añadir a la larga lista. A veces pienso que no son reales. Que todos esos físicos y matemáticos, químicos y biólogos, ingenieros mil, hombres como katakrek, son algo así como androides o cyborgs puestos aquí, en el mundo de los hombres, por alguna entidad alienígena con ve tú a saber qué aviesas intenciones. Podría ser así, ¿no? Tal vez hasta ellos mismos son alienígenas disfrazados, como en la peli de Carpenter, "¡Están Vivos!", mezclándose entre los seres humanos para otorgarles, cuales ruines prometeos, el fuego de la diosa ciencia a cambio de tener bajo este subliminal yugo a toda una raza de productivos -y consumidores- esclavos.

Prefiero pensar eso, sí, definitivamente, porque de lo contrario me deprimo. ¿Y si resultasen ser personas del todo normales? Eso sería espantoso, inconcebible, desolador. Esa capacidad increíble para aliarse con los números y las fórmulas, para entender lo ininteligible, aprehender lo inasible, en alguien completamente normal, humano, como yo vamos... No. Mejor pensar que son androides vigilantes o alienígenas cabrones, y que algo tan complejo como un microchip no sólo no ha podido ser pensado y diseñado por mente humana, sino que lo traen manufacturado ya, tal cual, de algún lejano planeta, allende las galaxias. Asumir su normalidad sería asumir mi "anormalidad" o, mejor dicho, mi "subnormalidad"; sería como parafrasear la maldición del jefe de los Panteras Negras en "Duro de Pelar", sí, la del Eastwood y el Orangután cagón: "¡Oh, Señor!... a tus hijos los hiciste del barro... y a los míos los hiciste de la mierda..."

Lo cierto es que no sé cuándo ni dónde me perdí definitivamente para las ciencias, pero así sucedió. O quizá el espíritu científico nace y no se hace. De ser así, de la parcela dedicada en mi cerebro a semejantes potencialidades cuelga desde antiguo un cartel que reza "Se Alquila Cerebro. Neuronas Libres". En la escuela era bueno en mates, sí, pero luego llegó el instituto, donde descubrí que aquellas mates que yo dominaba eran algo así como de tercera división y que yo jamás pasaría de ser un calculador de cuarta regional. Yo primero los escuchaba, a ellos, a mis profesores de mates y física, y no entendía nada. De nada. Luego los escuchaba, a ellos, a mis compañeros, los que si entendían, y seguía sin pillar ni jota. Jamás me tuve por tonto, pero ahí estaba, mi cara de póker cuando les escuchaba sin comprender, una y otra vez… Descorazonador. Así que no sé, ¿quién era entonces el extraterrestre?... Hasta que desistí, y a partir de entonces fui más feliz.

Ya no me tenía que preocupar de nada, el mundo funcionaba, o casi, gracias a esos androides y alienígenas, y artefactos tan complicados como el ordenador, el vídeo -ahora dvd-, o la tostadora, funcionaban única y exclusivamente porque dentro de sus tripas inconcebibles y complicadísimas todo estaba lleno de gremlins que los hacían funcionar. Sí, el mundo era más chulo así. Ellos lo hacían funcionar y yo podía dedicarme a cosas más simples, acordes con mi pobre cerebrito. Podía leer libros, lentamente, muy lentamente, página tras página; podía juntar palabras, cuidadosamente, en el papel, una tras otra, hasta formar frases con un mínimo sentido; incluso hasta podía hacer dibujitos, graciosos monigotes, y pintarlos de colores en un lienzo, poniendo cara de concentración y sacando la lengua, como si la cosa realmente supusiese un gran esfuerzo. Cosas llanas y simples, en fin, para mentes llanas y simples...

Yo no me metía con ellos y ellos no se metían conmigo. Yo no los entendía y ellos no me entendían. Y el mundo marchaba. O casi. Porque otra cosa sería hablar sobre si el mundo es o no más sumidero desde que a los politicastros descubrieron que molaba mucho más darles cancha a los de ciencias en detrimento de los de letras. Los primeros producen más y preguntan menos, y, sobre todo y por lo general, piensan mucho, sí, pero en sus cosas extrañas, en sus parábolas y sus funcionas asíntotas, y no, en cambio, en morder la mano que le da de comer. Los humanistas en cambio están todo el rato dando por saco, cuestionando, protestando, poniendo el dedo en la llaga de la corrupción y el abuso, y además no producen nada valioso, apenas arte, pensamiento, reflexión… Nada que se pueda comer o vender o corromper.

Y si no, mirad las facultades de este país, las de este país y las de tantos otros. Y luego comparad. Comparad presupuestos, medios, esfuerzos... La balanza siempre desequilibrada; ciencia y poder se alían y ganan, y a las letras que les den por culo. Todo bastante apestoso, la verdad.

El mundo sigue marchando, o casi, y yo sigo sin entender muchas cosas, entre ellas, a los ingenieros y su verborrea, y a los políticos y su basura, pero siempre me queda el consuelo de pensarme forastero en tierra extraña; alienígena rodeado de humanos, o humano rodeado de dios sabe qué...

Y ya sé que este discurso está repleto de parcialidades y demagogias varias pero, al fin y al cabo, aquí mando yo…

© JIP

V-tres

¿El Infierno?
Un vivir más sin tu mirada
Un seguir más sin tu sonrisa
Un latir más sin tu caricia
Un aire más sin mi oído en tu palabra

Ardería en él tu ausencia
Hasta mi última ceniza
Y aun así; todo ascua
Más allá del fin
Me tendrías todavía

© JIP

enero, veintiocho, cero-cinco

Todo esto del vivir empieza a parecerse demasiado a una carrera de coches. El asfalto es la vida de uno, sinuoso, imprevisible y lleno de peligrosas curvas, en fin, como el río que cantaba el poeta, pero en cemento y gravilla que para eso vivimos la era posatómica. Luego está uno mismo, el que vive, sí, pero no corre, porque lejos de jugársela a cada momento en el asfalto parece más bien un pasivo espectador de sus instantes. Y al fin están los coches, los fórmula-1 del aliento, que son los días, que pasan y pasan raudos y veloces, y uno apenas llega a atisbarlos desde la grada. Caen los días y tus carreras y tú estás ahí, en la grada, esperando. ¿Esperando qué? Buena pregunta, y mejor silencio, pero los días siguen pasando veloces y monocromos, como coches de carreras en una televisión en blanco y negro, y cuando te quieres dar cuenta ha llegado el fin de semana, y sigues en la grada; y al siguiente parpadeo se ha marchado, y sigues en la grada...

Podría haber encontrado símiles mejores. Sí. Deformación profesional. Demasiadas horas al volante. Demasiadas horas sin pensar. Realmente. Verdaderamente. Pensar...

Pero bueno, la cuestión es que los días pasan, y pasan que se las pelan, y tú el asfalto ni lo hueles. De casa al trabajo y del trabajo a casa. Friega, barre, lava, cocina si es que sabes o puedes o te da la gana. A veces tienes suerte y se presenta un café, un amigo, una charla. Lee algo, poco, porque estás cansado. Escribe algo, bueno si es que las musas vienen. Mirar una película sin quedarte frito en el sofá; todo un desafío. Y antes de que te quieras dar cuenta se acaba un día y empieza otro. Vuelta a empezar. Una vuelta menos para la bandera a cuadros y una día menos para la gran cita con la señora Parca. Y lo único que tienes meridianamente claro es que no sabes adónde vas y que cada día estás más cansado. El combustible no es infinito. Ni siquiera en el Sol.

En fin, que le dan a uno ganas de dárselas de espontáneo y saltar al ruedo de los coches raudos y los días veloces a ver si con suerte encuentra el volante de su vida o, en su defecto, un exquisito atropello...

© JIP

EL ENSAYO DEL CUENTO DEL POEMA

"La vida no es un ensayo, aunque tratemos muchas cosas; no es un cuento, aunque inventemos muchas cosas; no es un poema, aunque soñemos muchas cosas. El ensayo del cuento del poema de la vida es un movimiento perpetuo; eso es, un movimiento perpetuo".

Augusto Monterroso
Movimiento Perpetuo

Augusto Monterroso


La vida es movimiento perpetuo, y lucha, y temblor, y desafío, todos perpetuos, y cuando acaba la vida y cesa el aliento, empieza la incógnita, también perpetua, circular e inacabable, inasible por envolvente y circundante, como ese eterno retorno en el que venimos y vamos hacia unos dóndes y unos porqués armados de ceguera. Y en el medio y hasta el ápice, que es el morir -¿en verdad lo es?-, estamos nosotros y las letras; esos ensayos, cuentos y poemas que son también espejos, también reflejos circulares, extensiones de nuestra alma y nuestra carne que el pálpito nos remueven en torbellino; que lo son todo sin ser apenas nada, más que palabras...

© JIP

IV-tres

No me mires
Así no
Con hambre de enredadera

No me toques
Asi no
Con furor de estalactita

Ser en tus brazos sólo ocaso y "deshechura"
Sol de tu carne eclipsando la sed de mis lunas

Si no es para eso
Morir en tu beso
Arder en tu abrazo
Beber en los míos tus ojos
Un lácteo mar de caricias mamar de tu pecho

Esta vida que me das
Que todo lo es sin serlo TODO
No la quiero

© JIP

"DESATADO"

DESATADO: Rabia de lava y furor de acero al rojo; rojo de sangre enfebrecida, rojo de carne en convulsión. Agotando los segundos, liquidando los instantes, aguardando el último estertor. Grito de estrella que muere y estalla, de nova que inunda y arrasa, tal que satánica ira de Dios desgajada, asir con la diestra el poder de la Muerte; tener en la izquierda el rumor de las Sombras; y en la mirada infinita, los ojos cegadores, saberse sediento filo de luz anhelando terebrante el Desafío.

© JIP

Gran Guerrero con Pierna Derecha, de Émile-Antoine Bourdelle, 1898-1900


Gran Guerrero con Pierna Derecha, de Émile-Antoine Bourdelle, 1898-1900

LA FELICIDAD DEL FURIOSO

"El amor es un sentimiento totalmente anormal, ya que va acompañado de todos los estados turbios que suelen caracterizar a una mente trastornada: angustia, desesperación, desconfianza mórbida, relámpagos de felicidad, egoísmo llevado hasta la ferocidad, etcétera. Es una felicidad de furioso".

Emil Cioran
Cuadernos 1957-1972

Cioran


Cuando caigo en la postración y el abandono, cuando ya no tengo más que fuerzas para hacer suicidas equilibrios sobre el trampolín que desemboca en el abismo, justo entonces, recurro a Cioran. Hay quien podría decir que eso es algo así como echarse sal sobre las heridas, darse el tiro de gracia, y tal vez no le falte razón. Pero yo no pienso así, y no porque crea que comprendo mejor que otros a este genial pensador rumano, sino porque, sencillamente, sus pensamientos conmigo funcionan. Por qué. No lo sé, la verdad. Quizá porque todo se aprecia mejor, nítidamente, desde la orilla de la desesperanza. ¿La lucidez del finiquitado? Quién sabe...

¿Cómo no entender el amor como la más grande y peor droga, el más poderoso y alucinógeno de los venenos, que te convierte en una bestia acorralada dentro de tu sentir salvaje y desbocado? ¿Y cómo no ver en ese loco enamorado a la bestia más maldita y a la vez más afortunada de la creación, a caballo entre un éxtasis convulso y una mortal agonía?... Justo en el centro de los torbellinos que emparentan la Divinidad con el Horror.

© JIP

UN AÑO DE PUERTAS

Ha pasado como una auténtica exhalación, más rápido e inadvertido de lo que prefiero reconocer, pero así ha sido.

TannHäuser y su Replicante Soñado cumplen hoy su primer año de existencia en la Blogosfera, y eso merece, pienso, alguna que otra reflexión.

Cuando hace 365 días publiqué mi primer post creía tener bastante claro sobre qué tipo de cosas quería escribir en la bitácora que acababa de inaugurar, también sobre qué no quería hacerlo, y sobre todo, cómo no quería hacerlo, es decir, qué estilo quería imprimir a mis palabras. Ese primer texto era en este sentido, amén de una presentación, una pequeña declaración de intenciones.

Lo que he conseguido sacar adelante tras todo un año a la vista está, y pienso que, en cierto modo, he cumplido muchos de mis objetivos. Lo que veo me gusta, podría ser mejor, sin duda, siempre puede serlo, pero no no me desagrada en absoluto. Estoy orgulloso de estas puertas que he ido edificando día a día, y que seguiré construyendo mientras me queden fuerza y ganas.

No obstante, aunque haya pasado volando un año es mucho tiempo en la vida de una persona, sobre todo si te pasas los días escribiendo o pensando algo que escribir. Eso te hace evolucionar psicológica, creativa y sentimentalmente, y pienso que a un ritmo más acelerado del que alguien que no se enfrente a tareas semilares a ésta puede evolucionar. Si eso es bueno o no, natural o no, ya es otro cantar. La cuestión es que ni la TannHäuser de hoy es la que fue ni éste que escribe es el que escribía hace 12 meses. Ella ha cambiado y yo con ella, o yo cambié y ella conmigo, tanto da.

Estéticamente sigue siendo la misma que el primer día, pero sus esencias han variado sustancialmente. Ha ido de fuera adentro, del exterior de mi conciencia a mis entrañas, y hasta tal punto ha sido así, que mi propia voz, que apenas se vislumbraba en los primeros textos, ha inundado -puede que incluso ahogado- los últimos. Un rotundo giro hacia el yo. Creo que esto es casi inevitable en un medio como la bitácora y he que reconocer que todo y que al principio intenté no caer en él, al final he acabado cediendo. Lo mejor de todo es que no me arrepiento, no sólo porque me he divertido más escribiendo y he escrito mucho más, sino también porque creo que todo lo que he escrito ha sido sensiblemente mejor. Al fin y al cabo eso y no otra cosa es lo que busco, escribir cada día, y cada día escribir mejor.

Aun así, a pesar de este vuelco egotista, sigo hablando de lo que me gusta; libros, cines, cuadros, sueños, paranoias... pero desde un yo más profundo y desnudo, visceral y salvaje, muchas veces terrible, otras tostón, a veces incluso brillante... pero ese soy yo, o mejor, todos esos son yo... Otra cosa es que haya a quienes algunos de esos tipejos que soy -y espero poder ser- puedan llegar a parecerles mínimamente interesantes...

Existen, lo sé, me lo dicen las estadísticas y los comentarios. No son muchos pero son, y para mí todo lo valen. Ante todo y sobre todo valen el esfuerzo de querer seguir al frente de todo esto, de mantener abiertas estas puertas para todos aquellos que encuentren algo valioso en ellas.

A todos vosotros, los que anónimamente o no penetráis este quicio y participáis de mis palabras, gracias. Confío que el próximo año de este proyecto, o lo que sea que le quede de vida, os siga invitando a quedaros junto a mí.

© JIP

P.D: En otro orden de cosas, eso sí, totalmente rastrero, ruin y egoísta ;) aquí os dejo un link a través del cual los que queráis podréis votar a TannHäuser para los Premios a las Mejores Bitácoras del 2004, organizado por Bitácoras.com. Aquellas almas caritativas y dadivosas que quieran votar la bitácora en días sucesivos y hasta que expire el período electoral, encontrarán este mismo link bajo la foto de mi jeta, en la columna de enlaces, en la sección "Cubil Del Replicante". Desde ya gracias mil a todos los que tengáis la paciencia y la voluntad de otorgar vuestros votos a este, vuestro humilde escribiente :)

PASOS SIN ECO

Noche cerrada y quieta, como una mortaja. Una nocturnidad difunta. Una oscuridad inorgánica. Breves luces aquí y allí puntillan, como estrellas heladas, contradictoriamente, diseminando claroscuros. De repente unos pasos quiebran la atmósfera. Rítmicos, acompasados, con una prisa distraida, acercándose hacia la luz. Alcanzan la farola. Se detienen y miran, como preguntándose, brillantes y encerados. "No debería estar aquí tirado a estas horas". Hace frío y un volumen humano esculpido en sombra pétrea se desovilla tímidamente. Apenas existen en él pies ni manos, sus extremidades son -las unas aferradas sobre las otras- todas una, y la cabeza supone apenas un apéndice timorato.

- Tengo miedo de empezar... de iniciar y no saber hacia dónde, ni hasta cuándo... y hace tanto frío...

Un escalofrío lo agita y entonces los ojos se le recrudecen sobre la tristeza. Tiritando, agacha la cabeza, como una flor moribunda abandonada al ocaso, y la mete entre las piernas, bajo el agujero que forman los hombros y los brazos arqueados. En pocos segundos lo devoran la quietud y la penumbra, convirtiéndolo en roca.

Los pasos contemplan la piedra marchita, unos segundos, apenas nada. El silencio llegaría pronto, como un viento de peste o una ola que arrastra, y luego nada... Deben darse prisa. Esperan la cena y la cama, el sueño reparador tras los segundos. Empiezan a caminar de nuevo, más rápidos esta vez, vigorosos, azuzados por un ominoso temblor en el aire.

Tras su eco las luces mueren lentamente, como una pista de aterrizaje que se apaga. Sus llamas se pierden en un horizonte de negrura esférica y con ellas desaparecen también los pasos y su eco.

Ha llegado el silencio...

© JIP

IV-cinco

Si pudiera volver
Aunque sólo un segundo
Al antaño jocundo
Cuando todo era nuevo
Ese engaño profundo
De feliz caramelo...
Para así encarar decidido
Con aliento en las venas
Y coraje en los huesos
Lo Real... La Tiniebla...

© JIP

enero, dieciséis, cero-cinco

Por la mañana me he mirado en el mismo espejo cóncavo en el que Cortázar también contempló su reflejo. Y he visto su imagen. En películas y en fotos. He visto sus años pasar y caer sus ojos; la edad y la enfermedad silenciosa. Pero en lo hondo siempre estaban sus letras. Ésas también las he visto, en cartas y textos, a máquina y manuscritas. Su caligrafía era difícil pero bonita, aun para ser hombre. También vi sus prismáticos, anchos y negros, ¿sería con ellos con los que oteaba en su mente el envés enigmático de la realidad?... Estaban también sus amigos, las mujeres de su vida, y sus viajes, siempre sus viajes. Los viajares por este, nuestro mundo de maletas y prisas. Y los otros, los de magia y papel, siempre por la cosmopista. También vi un plano de la "Casa Tomada", y al mismo Cortázar, el Gran Cronopio, inmortalizando en celuloide, mientras ametrallaba un aire transparente pero a buen seguro repleto de Famas... Todo era pequeño e íntimo, oscuro y escueto, similar a la vida de un hombre sencillo que pasó su tiempo en otros mundos, papando moscas, y de este, nuestro mundo de lágrimas y pesares, se fue en silencio, solitario y mudo.





Por la tarde estuve con Rodin y sus esculturas. Bronces y yesos y mármoles desgarradores y desgarrados. "La Puerta del Infierno", "La Edad de Bronce" "El Pensador", "El Beso", "Eva", "El Hijo Pródigo", "El Dolor", "Balzac"... Alma de roca en sufrimiento y carne de piedra en movimiento.





La mañana a solas con Cortázar y la tarde a solas con Rodin... Ambos impresionantes...

Después de eso, una llamada telefónica, también, solamente... Habría querido más pero no pudo ser, porque muchas veces no se pueden escribir ni esculpir los deseos, se quedan ahí, prenatales, en el panteón de lo inasible, defraudados y moribundos.

Y ahora la noche la paso aquí, también solo, pero con vosotros, los que leéis...

© JIP

INTERESANTE IMAGEN...

Hace un momento estaba en el baño, mirándome en el espejo, en plan narciso, pero sin babas, ojo...

Y ahora estoy aquí, frente al teclado, escuchando "Bodies", de los Smashing, una y otra vez, en bucle, soy así de maníaco qué quereis que os diga... A Coorgan debieran haberlo encerrado, bueno, a él tal vez no, pero sí a su voz, para siempre jamás... pero Chamberlain es muy bueno, sí, mucho, y yo lo escucho por eso... escucho sus ritmos...

Y mientras lo hago, escucharlo, a Chamberlain, y a Coorgan por desgracia, y a los otros dos que no recuerdo cómo se llaman, vuelvo a mí mismo mirándome hace un rato en el espejo, y pienso... pienso... pienso algo que escribir...

Lo tengo, creo...

Lo estoy haciendo, sí. Estoy pensando en la Nostromo, esa catedral gótica en mitad de aquel espacio en el que nadie puede escuchar tus gritos... A Ridley siempre le gustó mucho Conrad...

La Nostromo


Y estoy pensando en Tom Skerritt ante el espejo, ya sabéis, el de Top Gun, el de Picket Fences, y poco más, la verdad, porque el hombre tampoco dio para mucho... bueno, aparte, claro está, de su Dallas del Octavo Pasajero...

El tío mandaba todo aquello, o se suponía que lo hacía, ¿no?... pero se paseaba por la película y por la nave como si todo le importase tres pimientos...

¿Y a mí qué me cuentas?


Oye, tío, que nos llega una señal de socorro, hemos de ir... Bueno, pues vamos....

Oye, tío, que un bichejo se ha comido al mecánico... Bueno, ¡y a mí qué!...

Oye, tío, ¡¡¡que tienes el puto bicho a tu espalda!!!... ¡¡¡Pasad de mi culo... estoy escuchando a Bach!!!... ¿Era Bach?... No lo sé... he puesto el primero que me ha venido en gana...

Hasta que ¡groumpfff!... un pacá y un pallá, y ya no hubo más Tom Skerritt...

Ni más Bach...

O lo que fuese...

Era lo justo, quiero decir que se lo zamparan así, a media película, eso estuvo bien, porque un pavo así no podía ser el héroe... No... Decididamente... La Ripley mucho mejor, desde luego...

El tío a todo iba con desgana, como pidiendo la hora, con esa barba de dos semanas, y esa careto de ¡¿Qué coño se me ha perdido a mí aquí?!... Era de justicia poética que se lo jalaran... ¿o no?...

Bueno... ¿Y todo esto a qué venía?... A que estaba pensando en la Nostromo y en Tom Skerrit frente al espejo... Suponed que en lugar de a John Hurt lo hubieran escogido a él, a Skerrit, para lo del huevo y la araña en la jeta, y para lo del desayuno sangriento...

Toc... Toc...


¿Qué pinta habría tenido justo antes de su muerte?...

La araña había desaparecido, sí, pero quedaban las náuseas; era como una resaca del quince, pero con el agravante de no haber probado gota, lo cual no deja de tocar lo que no suena...

Y el tío estaba allí, frente al espejo, en el lavabo... ¿La Nostromo tenía cagaderos?... y, de tenerlos, ¡¿Había espejos?!...

Mirándose, maldiciéndose, cagándose en todo... Esto me pasa por tener inicitiva... sí ya lo digo yo que lo mejor es pasar de todo... Siento raro el estómago... ¿Tendré gastroenteritis?... Tendría que afeitarme... Sí, pero me da pereza... Como que paso... Paso de todo, sí... Siento como si estuviese incubando algo chungo... ¿Una gripe?... No sé... Tengo que dejar esta vida de camionero interestelar... Malo para el cutis... Me voy a comer algo con esos mierdas...

¡Paso de este café!


Y bueno, se fue a comer algo, sí, pero acabaron comiéndoselo, y nadie escuchó sus gritos, bueno, sus compis sí, y pusieron cara de ¡Oh, qué tragedia!, lo cual es irónico, porque se les acababan de vendimiar al jefe, y uno en estos casos lo que hace es descorchar cava e invitar a lo grande... Yo lo haría...

Dallas frente al espejo, barba de dos semanas, cara de nada y cuerpo de asco, incubando al octavo pasajero... Interesante imagen...

Yo frente al espejo, barba de dos semanas, cara de nada y cuerpo de asco, incubando vete a saber qué demonios... ¿Interesante imagen...?

© JIP

"AUSENCIA"

AUSENCIA: Saber que no estás sino en el no estar del otro, que te faltas en todo lo que de él extrañas, añoras y anhelas. Sentirte preso de ese desmembramiento de lugares e instantes, pálpitos y pensamientos, capaz de resquebrajar un espíritu en finísimas esquirlas de duda.

Ese pequeño morir, segundo a segundo, cuando recuerdas que no eres sino en la medida en que estás en ELLA...

© JIP

Desnudo a Contraluz de Giacomo Balla, 1906

REGALO INTEMPESTIVO

¿Qué es eso?... Ding Dong... Llaman a la puerta. Sí, eso parece, pero... ¿a qué puerta?, porque creí estar dormida, que esto era un sueño; mi sueño... En fin, iré a abrir, a ver quién es el pesado. ¡Qué extraño! No hay nadie. Sólo esa caja en el suelo. Bueno, "caja" "caja", lo que se dice "caja"... Es un regalo, Está claro. Mira ese papel precioso, y ese lazo azul brillante... ¡Alguien se ha acordado! ¿¡Pero quién?!, ¡si aquí no hay nadie!, ni un triste mensajero que me meta prisa para que le firme el recibo... Tampoco hay tarjeta, ni nombre, nada... A ver, a ver... mmmmm... no pesa mucho... ¿lo zarandeo a ver qué suena?... ¡sí!... ¡no, tonta!, ¡y si se rompe!... Si se pudiera romper pesaría más, no crees... no sé, hija, todo esto es muy extraño... A lo mejor sigue siendo tu sueño, el de antes, que ha mutado, y todo esto te lo estás inventando... ¡Jo! ¡No fastidies! Eres una aguafiestas, me quieres chafar el cumple, envidiosona... Bueno, vale, vale... pero, ¿¡y qué tal si lo abres, so boba!?... ¡¡¡Uy, síiiii!!! ¡Qué ilusión!... pero, ahora que lo pienso... un regalo desconocido... y a estas horas intempestivas... ¿quieres decir que debería?... a lo mejor es de un maníaco... o peor... ¡a lo mejor es del vecino guarrón de enfrente!, ese que siempre me espía por la ventana... ¡Joder, niña!... pues no eres tú remilgada para estar soñando a estas horas, allá tú y tu mente si metéis vouyeurs crápulas en vuestros propios sueños... ¡Ay!, tienes razón... lo voy a abrir, sí... ahora mismo... ¿Qué será?... Estoy emocionada... ¿lo estoy?... ¡Que sí tonta, ábrelo ya, leches!... Ya va, ya va, impaciente, como sigas así te pongo el "mute" y te dejo sólo mirando para que te mueras de envidia, jijiji... A ver, a ver... ¡Coño!... está vacía... No hay nada, ¡nada!, nada... creo que me estoy deprimiendo, chica... Un momento... el papel... se mueve, y el lazo... ¡el lazo también se mueve!... ¡miraaaa!... dibujan líneas; serpientes líquidas, colibrís caprichosos... ahora arriba y verde, luego abajo y lila, a izquierda ámbar, a derecha rojazo sabrosón... y en diagonal... en diagonal... ¡qué verde tan bonito!... Pero, ¿¡qué narices pone, niña!?... No sé, chica, ponte las gafas a ver si así... Vale, me las pondré... mmmm... ya empiezo a verlo... ¡Oh! ¡Qué bonito!, no crees... Sí, precioso, de verdad... aunque lo del 29 se lo podía haber ahorrado, digo yo... ¡Jo!, pues sí...

© JIP

V-uno

Me diste talento y cerillas
Y un tiempo finito
Más delgado y pequeño que el de los demás
Afilado como suicidio
Y ahora me la reprochas
¡Sí!
Mi piromanía de dioses
Porque temes mis fuegos sobre tus llamas
Secretamente envidias
¡Sí!
Esa voluntad mía de arderlo Todo
Desde mis pánicos de Carne
Hasta tus nieblas de Alma

© JIP

IV-once

Quisiera amarte en espejo
Resbalar tal que aguja lasciva
Como filo cortante y sediento
En el fúlgido hielo de tu reflejo

Quisiera poseerte en desierto
Beberme la piel de tus duna de mármol
Morder con bravura tus cactus sin bello
Saber en mi ápice tu lengua en oasis

Quisiera tenerte en mi boca a cada momento
Sentirte vidrio candente
Humedad polvorienta
Magma de rojos roces en mis adentros

© JIP

CON GRITO DE FIERA

¡Qué difícil es ser hombre! ¡Qué difícil y terrible! Difícil y terrible, sí... ¡Y qué salvaje!... ¡Y qué hermoso!... Tan salvaje y terrible, tan difícil y hermoso como ser Dios. Tanto como ser tigre de luz que incendia los bosques de la noche con su divina simetría. Porque si a fuerza de martillo y yunque te hiciste, martillo y yunque que hace también eres. Si de mano inmortal y tremendas garras viniste, serás a tu vez mano que crea y garra que bebe. ¿Acaso no eres lanza de estrella clavada en la tierra? ¿Acaso no eres lágrima de estrella caída en la tierra? Pues estrella, ¡estrella y no otra cosa!, son tus profundidades, tus ojos y tus fuegos en ella. Quemarla está en tus manos de hombre y en tus garras de tigre, en tus divinas pupilas, como en ellas está crear de la la nada nuevas tierras; sempiternas, trascendentes, a su vez creadoras e infinitas... con esa infinitud de estrella que te penetra, que eres, de la que viniste, a la que volverás, temprano o tarde, con canto de cisne o grito de fiera...

© JIP

The Ancient of Days, de William Blake, 1794


EL TIGRE

Tigre, tigre, que te enciendes en luz
por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
pudo idear tu terrible simetría?

¿En qué profundidades distantes, en qué cielos
ardió el fuego de tus ojos?
¿Con qué alas osó elevarse?
¿Qué mano osó tomar ese fuego?

¿Y qué hombro, y qué arte
pudo tejer la nervadura de tu corazón?
¿Y al comenzar los latidos de tu corazón?
¿qué mano terrible? ¿Qué terribles pies?

¿Qué martillo? ¿qué cadena?
¿En qué horno se templó tu cerebro?
¿En qué yunque? ¿Qué tremendas garras
osaron sus mortales terrores dominar?

Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas
y bañaron los cielos con sus lágrimas
¿sonrió al ver su obra?
¿Quién hizo al cordero fue quien te hizo?

Tigre, tigre, que te enciendes en luz
por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
pudo idear tu terrible simetría?


William Blake
Cantos de Experiencia

William Blake, 1757-1827

NADA EN LA NEVERA

Yo estaba doblado sobre mí mismo, u ovillado, como una madeja de lana gris o un erizo asustado, escojan la que prefieran. El caso es que estaba así, cabizbajo, la frente sobre las rodillas, los brazos juntando sin ganas las piernas, en algún lugar extraño. En realidad digo "extraño" porque no tengo mucha idea de cómo era; al fin y al cabo estaba allí, ovilladamente gris y con los ojos cerrados... ¡¿Cómo podía saber en qué clase de lugar estaba?! Para eso debería haber abierto los ojos, mirar, y, la verdad, no tenía muchas ganas, porque estaba muy muy ocupado compadeciéndome de mí mismo. ¿De quién si no?... Bueno, vale, me han pillado, seré sincero. Lo cierto es que alguna idea de cómo era el dichoso lugar sí que tengo, pero tampoco demasiado clara, esto es, definida, así que mejor lo dejamos estar, porque me gustaría que este fuese un texto corto y no una de esas parrafadas insufribles que suelo pergeñar. Tampoco tengo muchas ganas de ponerme a describir, de modo que lo arreglaré diciendo que era un lugar frío, desolado, y en el que no había dónde sentarse. Si hubiese habido alguna suerte de asiento no duden ni un instante que el yo que estoy intentando narrar en este aborto de texto habría preferido compadecerse sentado a hacerlo gríseamente ovillado.

En fin, que el lugar no sólo era extraño, sino que además era inhóspito de cojones. Quizá se pregunten, "¿Cómo demonios había llegado usted o tú o como leches te llames a dicho lugar?" Buena pregunta, sin duda, son ustedes muy listos, avezados lectores, no se les escapa una... Pero hoy no es su día, porque aquí mando yo, o lo que es lo mismo, narra un servidor... y un servidor no tiene ganas ahora de estrujarse las meninges buscando la respuesta a una situación tan estúpida como la que estoy planteando en este cuento. Así que sigan preguntándoselo -pero para adentro-, o bien sigan leyendo, o bien déjenlo ya por imposible, porque lo que ha de venir bien parece que no ha de mejorar en mucho lo que hasta aquí han padecido...

Bien, ¿estamos todos?... mmmm... detecto alguna que otra juiciosa deserción, aunque menos de las higiénicamente recomendables. Luego no digan que no les avisé.

Bien, por dónde iba... ah, sí, bueno... en realidad, no... mejor... ¡NO!, rotundamente... no tengo ni idea de por dónde iba. En realidad no iba por ninguna parte. Todo esto no es más que un gran pestiño. ¿Tendré agallas de publicar esta basura?... En fin... Joder, ¡cuánto punto suspensivo!, siempre estoy con los puntos suspensivos a cuestas; pongo demasiados, pero no puedo evitarlo, sé me da bien eso de ser dubitativo... para eso no hace falta título, ni se necesita experiencia, ni idiomas, simplemente te pones ahí, dónde sea, en un lugar extraño o en el salón del comedor, y dudas... mmmm... mmmm... ¿Por qué sí esto?... ¿Por qué no lo otro?... y sin darte cuenta los puntos suspensivos empiezan a fluir cadenciosos de ti, como si fuesen malas vibraciones en dispersión desde la hondura de tus inquietudes...

Bueno, me he vuelto a perder, es decir, he vuelto a perder el hilo, el de la narración, y el de la madeja, y ya mi personaje, ese mismo que soy yo y que está ahí, hecho un mazacote sobre sí, compadeciéndose, se me está deshaciendo por momentos porque mi otro yo, el que está aquí, delante del ordenador, no tiene ni puta idea de qué carajo escribir hoy, y se está yendo por los cerros de Úbeda... A todo esto, ¿cómo deben ser los cerros de Úbeda? ¿Ustedes los han visto? ¿No? Yo tampoco. Es curioso. Tanta gente que se va por ellos para aburrirnos el día y nadie sabe cómo demonios son... Es extraño...

Bueno, debería ir aligerando, yo quería una paranoia corta y esto ya se está convirtiendo en un castigo. Debería hacer algo. ¡¿Pero qué?!... Bueno, podría probar con aquello del sujeto, verbo, predicado... es típico, y tópico, y está muy visto... pero hay a quien le funciona... Veremos...

Pues eso, que yo estaba allí, ovillado y gris, echo una mierda, vamos, y en un lugar que más que extraño, era tan frío y desolado como mi nevera. Como puntualización a esta agudísima comparación les informaré, por si no se encontraban en antecedentes, que estoy soltero y vivo solo... y no, amigos... no se me da nada bien ninguna de las dos cosas. ¿Algún alma caritativa y dadivosa -y femenina- que se preste a enseñarme los secretos de la cocina?... Bueno, ¡céntrate chico!, que empiezas a dar pena... Yo andaba diciendo alguna tontería... mmm... mmm... -¿lo han visto?... es fácil... ¡pruébenlo en sus casas!... los menores con la supervisión de un adulto que no esté viendo la televisión, por favor- ¿Por dónde iba?... ¡Ah, sí!... Por mí, ahí, echo un asquito en mi nevera vacía y terminal... Es un lugar lo suficientemente extraño para compadecerse, ¿no creen?... si al menos hubiese tenido un triste tomate me habría podido sentar en él, y luego comérmelo, dicen que es bueno para la próstata... ¡Argh!... en Úbeda de nuevo y yo sin mis gafas para ver de lejos... así nunca les podré describir cómo son sus cerros... aunque vistas mis ganas de describir a lo mejor se quedaban con las ganas... si es que las tenían... y, de tenerlas... ejem... yo me lo haría mirar por un profesional urgentemente...

Bueno, ya está bien de esta cháchara inmunda... voy a acabar, quiero el the end, el fin, el telón, pero ya... Esto es insufrible. ¿Todavía queda alguien leyendo? ¿De verdad? Joder... ¡vosotros sí que valéis! Tranquilos, lo haré, acabaré ya mismo con este sufrimiento, por vosotros, por vuestra inestimable capacidad de aguante...

Estoy yo, es decir, una parte de mí, no la que narra, sino la que está triste, y estoy ahí, en mi nevera, ovillado, gris, echo un asquito, compadeciéndome. ¿Por qué? Buena pregunta, sí, pero esta tampoco os la puedo responder. Me gustaría, sí, antes que nada por mí mismo, porque si la tuviera tal vez no me vería en semejante situación, pero no, no la tengo, así que ahí me tienen; final –y terriblemente redundante-. Aunque creo que sí sé un poco a cuanto de qué viene todo esto. Creo que es el tiempo, no el mal tiempo, ni el bueno, no ese del que todo el mundo habla cuando no tiene de que hablar. Estoy hablando del otro, el que pasa y no vuelve, y me está consumiendo por momentos...

El tiempo corre y yo estoy ahí, compadeciéndome porque no puedo alcanzarlo, quemando mis instantes mientras infinidad de mis posibles se volatilizan para no volver jamás. Y lo peor es que no me puedo mover aunque me gustaría. No puedo reaccionar, abrir los ojos, observar atentamente el espectáculo dantesco en que se ha convertido mi nevera. Más que ovillado, tal vez esté petrificado, gris y duro e insensible como una maldita roca.

Es triste, patético, inasumible, pero está ahí. Ahora les toca a ustedes imaginar si es que les viene en gana. Son los lectores al fin y al cabo. ¿Dónde empieza y termina aquí la ficción? ¿Dónde nacen y acaban mis melancolías?

En realidad todo eso tampoco importa demasiado, porque aquí la única verdad relativa es que el tiempo se acaba...

Porque el tiempo del sueño no es el tiempo de la vida, y es el primero el que se me está agotando; estoy comenzando a vencerme, solidificarme definitivamente, preparando mis días de piedra. ¿Cuánto creen ustedes que podré aguantar? Días, semanas, tal vez meses... no un año, por descontado, eso ya se lo aseguro yo...

A partir de aquí ustedes pueden apostar y yo puedo ya ir despidiéndome, no sin antes apostillar esta infamia escrita con la anhelada palabra...

FIN

© JIP

IV-diez

FINADO
Fuera de tiempo
Se te hizo tarde
No escribas más

FINADO
Detente ahora
De nada sirve
La meta ya quedó atrás

FINADO
Fuiste tú
O vino ella
¿Te vino la muerte a buscar?

FINADO
Última página
¿Página en blanco?
¿De verdad todo acabó ya?

¿Es el FINAL este final?

© JIP

AL VOLANTE

¿Habéis tenido alguna vez la oportunidad de observar de cerca un coche destrozado en el que fuisteis pasajeros, o que incluso condujisteis, pero en el que no viajabais cuando se produjo el accidente? Es algo extraño, poco común, pero a mí me ocurre a menudo. Yo conduzco coches con los que algunos después se matan…

Y después los traen adonde yo trabajo y los dejan allí durante meses, ataúdes de metal retorcido y chamuscado, hasta que terminan por comerse el espacio y alguien decide desguazarlos todos de golpe. Aunque al par de meses ya vuelve a estar todo lleno de nuevo.

Luis y Javi... y Ballard en el centro...


Yo los miro, los observo atentamente, incluso les hago fotos. De tanto en tanto reconozco alguno, por la matrícula, y a veces hasta recuerdo algún momento concreto en el que yo mismo conduje aquella máquina o viajé en ella de paquete. Entonces me los quedo mirando un buen rato. Miro el habitáculo del conductor, o el del acompañante, imaginándome dentro. Imagino mi cerebro coordinando las maniobras; mi hígado y mi corazón un poco más abajo, transitando hacia adelante con el resto de mi cuerpo; mis pulmones detrás, retrepados sobre el respaldo del asiento, negociando la respiración; también mi trasero y mis órganos sexuales, sobre el asiento, descansando; y abajo del todo mis piernas y pies, trabajando todo el rato sobre los pedales para llevarme a mí y a la máquina a buen puerto.

Hay ocasiones en las que esos habitáculos están tan deformados e irreconocibles que parecen una pintura surrealista. Contemplas el morro encastado sobre la parte de los pedales, el salpicadero y el volante terriblemente deformados sobre la base del asiento, o parte del techo hundida salvajemente hacia abajo. Y todo ello salpicado de diminutos pedazos de vidrio, a veces incluso de oscuras y difuminadas manchas oscuras cuya fuente prefieres obviar. Intento imaginar un cuerpo humano ahí dentro, en ese reducido espacio de pesadilla, y el estómago se me encoge. Porque primero pienso en el pobre desgraciado que viajaba allí dentro cuando el coche se fue al garete, en cómo su cuerpo tuvo que deformarse al unísono con la estructura del vehículo, en cómo se rompieron sus huesos, reventaron sus órganos, o machacaron sus extremidades. Y después de eso, automáticamente, cambio su cuerpo por el mío, y construyo lentamente mi propia muerte bajo esos mismos hierros. Quiero decir que es irremediable. Te lo acabas planteando fríamente.

Al fin y al cabo yo había estado en aquel asiento, había manejado aquel volante; podría haber sido yo el cadáver… Pero no fue así. Ni ha sido así hasta ahora. Lo cual no quiere decir que no esté a tiempo de ser uno de ellos todavía. Mi ex siempre me repetía que yo moriría de viejo o en un accidente de coche. ¿Lo diría por mi forma de conducir?... Me decía unas cosas tan bonitas... En fin.

Contemplar esos coches siniestrados me lleva a pensamientos como estos, y a otros tantos, no menos onerosos. Me lleva a pensar en la cantidad de vidas que se apagan cada día, cada fin de semana, justo en el momento del viaje a alguna parte, que es como decir que el viaje que es la vida se acaba antes de tiempo porque un muro o un conductor borracho se plantó justo en mitad de uno de tus microviajes. ¿Cuántos años hubieras vivido de no haber cogido ese día el coche? O tal vez estaba ya todo hecho y ya al nacer estaba previsto que ése fuese tu último viaje… Da qué pensar. Como también da qué pensar que, en cierto modo, cada vez que cojo un coche en el trabajo, estoy preparando indirectamente la muerte o la parálisis de desconocidos. O que en la medida en que esas muertes y parálisis existen en potencia en esos coches, las mías existen per se también en algún coche en el que todavía no me he subido, al que tal vez nunca suba. Y eso es extensible a todos. Al menos a todos los que viajan en coche.

Puede que no tuviese constantemente todas estas locuras en la cabeza pudriendo mi mente si un buen día no me hubiese dado por leer "Crash" de J. G. Ballard; si no tuviese que enfrentarme día tras día durante horas al infierno de las carreteras y el tráfico; si no tuviese que contemplar cada cierto tiempo las retorcidas esculturas que la gente hace con sus coches y sus vidas. Pero es así. Y no hay vuelta de hoja. Y lo más paradójico de todo es que el estar advertido, el ser más consciente que la mayoría de toda la muerte que encierra una carrocería, no asegura que mis días no acaben hechos un amasijo sangrante entre hierros y plásticos desballestados.

Nunca se sabe cuándo ni dónde comienza el final del viaje… Los caminos del Dios de la BioMecánica son inescrutables…

Quizá no comienza ni termina, porque no hay viaje, porque todo es una ilusión y esta partida que llamamos existencia ha estado amañada desde siempre.

© JIP

CARNE Y CENTRO

La Noche del Cazador de Charles Laughton


LA NOCHE DEL CAZADOR, 1955
Charles Laughton

En la imposible noche de hadas y magias, de infinito motear de estrellas heladas, brilla una voz inocente y menuda, de tirabuzones blancos, por aguas huyendo de las garras del O D I O, también del A M O R, que son las del hombre; rostro que ríe, sí, mas sombra que mata.

Y en ese río que son nuestras vidas que van a dar a la mar, que es el morir, pasan su canto y sus segundos, como pasa una triste canción de cuna, como pasan las aguas de sombra y destello, de plata y cieno... igual que un aliento, pasa. En lo bajo, lo que siente y palpita; la CARNE que goza y muere, sueño que arranca, júbilo que enciende. Arriba, el demiurgo en telaraña, eterna red de lo creado, fluir de tela ubicua que todo lo puede; al tiempo destruye y construye, al tiempo alumbra y perece. Y su centro es el CENTRO. Y él ni vive ni muere.

Y somos en parte esa CARNE que canta y pasa, baja navegando triste en aguas de muerte. Y somos en parte ese CENTRO que observa y juega, contempla insensible como un alma ciega ese devenir sin final ni principio. Y somos en parte esos PUÑOS que a lo lejos aman y odian, persiguen envilecidos el sueño maldito de algún día ser -y dejar de ser- tanta Carne y tanto Centro.

© JIP

VACÍO. UN DÍA MÁS.

Había quedado en un bar con unos tipos para un "bisnes" trotón. Llegaba tarde. Como media hora. O así. No se me dan bien los relojes. Ni los negocios. Así me va. Supongo.

Cuando llego todos están ya, apurando sus copas y en charla. Me miran mal, claro. Yo también lo haría si fuese ellos. Me miraría fatal. Uno va y me suelta que porqué cojones tengo que llegar siempre tarde. ¡Je! Ese me conoce. Bueno. No le caigo bien. Ni él a mí. No creo que nos lleguemos a acostar jamás. Así que se lo suelto. “Yo antes siempre llegaba puntual a las citas, sabes… Hasta que me cansé de que la gente se meara sobre mi tiempo…” El menda pone cara de cabreo. Los demás se parten la caja. Aunque no todos. Se me resiste uno.

“Ahora soy yo el que me meo sobre el de los demás” Más cabreo del menda. Más risas de los demás. Y ese uno que se me sigue resistiendo…

Y ese uno es el mismo que va y me habla. No lo conozco de nada. Es nuevo. Quiero decir que es nuevo para mí, para mis tiernas pupilas, porque viejo lo es, ¡y un rato!, y también un rato feo, y gordo, el tío. Tiene la cara como picada de viruelas, pero que mucho. Da grima, pero que mucha también. “Tú has leído a Bukowski, ¿no?, chaval…” Joder. Un intelectual. Y En este negocio. No mola. Demasiado listo. Demasiado peligroso. Demasiado feo. Así que se lo digo. Toma. Ahí va:

- ¡¡Coño!! ¿¡Quién es este tipo!?... Me suena… Pero si es él… ¡Hank!... ¡Hank en persona!... Esa cara… ¡¡¡inconfundible!!!... Sí, tienes razón… He leído todos tus libros, tío… ¡¡¡Tú si que molas, tío!!!

- ¡Vete a la mierda pedazo de cabrón! ¿¡De dónde cojones habéis sacado a este payaso hijo de la gran puta!?

Joder con el carapizza. También ha leído a Cela... Todo un connaisseur... Bueno, está claro que no hay nada que hacer. El tío se caga en sus madres. Y En mis muertos. Y se marcha cascando eternas maldiciones a diestro y siniestro; ambidextramente, o sea. Sin pagar lo suyo, claro. Faltaba más. Todo al carajo. Un día más.

Los otros me vuelven a mirar mal. Yo también lo haría si fuese ellos. Pero no lo soy. Mejor para mí. Puede que se me den mal los relojes. Y los negocios. Y puede que haya leído más de la cuenta. Quizá el problema siempre ha sido mi bocaza... Pero al menos no tengo esa cara. La de ninguno de ellos. La del ilustrado gorrón sobre todo, eso por descontado...

Estos tipos ya no me van a volver a llamar para nada, así que me marcho de allí. Al menos me he echado unas risas, a su costa, no con ellos, por supuesto... pero ahora todo se estrecha a mi alrededor y me siento vacío. Yo y mi vejiga. Los dos. Nada que mear y nadie sobre quien mearse... De nuevo vacío. Un día más.

© JIP

diciembre, treinta, cero-cuatro, madrugada

Sentirse a veces, así, como un damnificado llorica, en noches como esta, de insomnio terrible, de terrible soledad, cuando estufas y mantas nada hacen porque el frío lo tienes dentro, aferrado a tu tuétano. Te ves en texturas de sueño consciente, de consciente pesadilla, autocomplaciente y dañina. Te ves cabizbajo, arrastrándote, serpeando moribundo como una víbora de labios sellados. A cuestas llevas la pequeña caja con tus restos, los que creíste oportuno salvar, aquellos que pensaste valían.

Tu vida ardió. Desde los cimientos. En algún momento pasado, no hace tanto, aunque prefieres no pensar cuándo porque seguramente lo sabes. Quizá tú prendiste la llama. Insensato. Idiota, Irresponsable. Demasiadas íes. Y todas sin punto. Demasiados cabos sueltos como para que la treta suicida te saliese bien. Te quemaste. Sí. Todo ardió, se lo comieron las llamas, te devoraron… y durante mucho tiempo solo fuiste brasa. Una brasa que sólo supo llorar.

Un día decidiste pasearte por tus cenizas, por tus negros parajes, los restos del naufragio. Cogiste una pequeña caja y empezaste a recolectar. Esto lo quiero, lo necesito, está chamuscado, no sirve, pero da igual; esto valelo necesito. Y así con esto otro, y con aquello de más allá. Deambulando entre el bosque arrasado de tu alma no dejabas de agacharte y guardar. ¿A qué salvar tanta cosa? Casi todo quemado, renegrido, inútil; peso muerto. ¿Por qué tanta carga? Pretendías engañarte, pensar que se podía reconstruir alguna cosa a partir de toda aquella escoria. Te habías prendido fuego. Echado a perder. Tirado consciente por la borda. Y ahora lo querías negar. Y ahora querías echarte atrás. Pero no pudiste. No pudiste negar tus llamas, no pudiste obviar tu error… Y, lo peor, a partir de entonces ni siquiera supiste llorar.

Para qué esas lágrimas si ya no había nada que apagar, si el fuego se lo había llevado todo. Bueno, no todo. Quedaba la caja. Ese atado de recuerdos ajados e inútiles trastos, todos inservibles. Esa caja que pesaba tanto, que doblaba tu espalda y mataba tus brazos. Que no te dejaba alzar la cabeza, los ojos, la vida…

¿Dejaba? ¿Acaso la dejaste atrás? Crees que ya cesó el tiempo del arrastrarse porque puedes volver a amar. Porque puedes volver a llorar. Te sientes germinal, renaciente, reverdecido fénix de perennes alas… Sí. Es mejor así. Pero mira bien. Lo sabes. ¿Cuántos pasados chamuscados conservas todavía? Ahí los tienes, hiriendo, enfermándote, tiznando tus adentros. No. No mires atrás. Sí. Allá quedó la caja, tirada en la nada. Todos aquellos daños ya no existen. No te pueden alcanzar.

Pero estos otros, estos de los que te hablo, no los llevas encima; exteriores. No. Lo sabes. Aunque no lo reconozcas. Lo sabes.

Con sangre y bilis y rabia… estos los vas a tener que vomitar…

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OBRAS COMPLETAS DE JOHN DOE

Una habitación mohosa, desastrada, anegada en tinieblas. Nauseabunda. Reina un aire acre, maléfico y mefítico. Algo corta la oscuridad; haces de luz transversal de las linternas policiales. Un recurso estético-fílmico que bebe del mejor Scott, el Nexus-6 del 82.

En la Hondura del Purgatorio


En el interior de ese infierno unos estantes. Repletos, desbordados por los cientos de cuadernos que comprenden la obra magna, los volúmenes completos de un tal Juan Nadie al que, según parece, llaman loco porque parafrasea a de Quincey en aquello de dar al matar estéticas ingenierías, en la mejor tradición del "Body Count" arquitectónico, salido directamente de ese irrecuperable decenio de los 80.

Y mientras todos tras las pantallas hablan del gordo que explotó, la puta pasada a cuchillo, el abogado en porciones, ese pobre desgraciado condenado a deleitarse en la cata de la vagancia exacerbada, nadie repara en esas letras terribles, ninguno habla de las “Obras Completas” de John Doe, esa colección deletérea de onerosos pensamientos que resumen la historia del hombre; su horror, su inquina, su locura, filmadas y escritas, desde el Afectísimo Destripador hasta nuestros días.

Suyo Afectísimo... Jack


Freeman, la voz de la experiencia, el hombre cansado y vencido, busca la respuesta en la gran biblioteca, en los libros del antiguo averno. Pitt, alumno irreverente y vesánico; perdedor, da palos de ciego mientras se ahoga en la lluvia sempiterna de esa ciudad innominada que jamás consigue, no obstante, limpiarse a sí misma, por más agua que se tira encima… como ya pasaba también en la Megápolis estallante del Nexus-Scott.

Los Angeles 2019, la ciudad estallante


Pero los dos fallan, husmean la dirección equivocada, pues la clave está en las palabras de Doe, el Nuevo Mesías... porque la respuesta a todo está en la Nueva Biblia, ese nuevo credo de la inhumanidad del s. XX… también, por qué no, del 21... En esas páginas manuscritas, atiborradas de una letra tortuosa y torturada, ahítas de unas sangres tan hórridas como ciertas, se encuentra el espejo sobre el que se asienta el reflejo de nuestro particular Dorian Gray crepuscular, todo él monstruoso, pervertido, terminal.

Todos somos Dorian Gray


Porque John Doe, el hombre sin nombre, es seguramente el nombre último en la lista de los grandes autores de la literatura universal. Tras él ya no cabe posibilidad de arte alguno... sólo cabe aguardar la extinción.

El Nuevo Mesías; el Último Autor


Fincher retrata en Seven la vida como un purgatorio, la antesala gris -apocalíptica y lluviosa- de ese averno pintado de desierto rojo, seco, marciano, al que en el final sólo el trío Freeman-Pitt-Spacey consigue acceder para representar ese Último Acto de nuestra Tragicomedia titulado: "Muerte del VIEJOHOMBRE y nacimiento de la CARNENUEVA”.

Acto Final en el Infierno


Un editor sin escrúpulos debería algún día publicar a Doe. En edición de lujo; tapas duras, grandes letras. Miles y miles de ejemplares en las calles, en sus ojos, nuestras mentes. Así las puertas se abrirían al resto de mortales. Tal vez entonces podríamos de una vez aniquilarnos, dar carpetazo a este retrete, también llovido en lágrimas, también inundado en negras sombras, embozado por completo, que tantos llaman realidad.

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diciembre, veintiséis, cero-cuatro

Navidad desde el sofá:

1. "Anclado en Tierra de Nadie" de Pedro Juan Gutiérrez: Mucho cinismo y mucha soledad, una cosa siempre acompaña a la otra. Y en medio mucho sexo, casi siempre sucio. Y en medio también mucha miseria, ésta sí, siempre sucia, y desgarradora. Crónica de vidas que pasan sin dejar huella porque nada importa. Pero aun así cada aliento vale, importa, aunque sea en medio de la mierda, porque no hay más, y el hombre está hecho para respirar.

Algunos de mis subrallados:

"Entonces me quedé muy solo. Esto sucede siempre que uno ama sin reservas, como si fuera un joven. Tu amor se va a New York por mucho tiempo -como quien dice: se va al carajo- y tú te quedas más sólo y más perdido que un náufrago en medio de la corriente del golfo"

Jodida ironía...

"Creo que estuve muy autocompasivo todos esos años, y me rehuía. Eso fue lo peor: rehuía estar conmigo mismo. Hacerme compañía. Conversar un poco conmigo mismo. Y tal vez me hizo mucho daño aquella búsqueda insistente de la paz interior. No sé quién coño me metió esa idea en la cabeza. Para vivir con paz interior hay que ser un imbécil. ¿O no?"

Pues sí...

"Todos nos quedamos más solos poco a poco. En el camino quedan las mujeres que amé. Los sitios donde fui feliz. Los hijos que se alejan. Los amigos. Todo lo que se tiene y se pierde. Y que quise conservar, pero aún así lo lancé por la borda. Y me sorprendo escribiendo como si ya llegara el final. Y Dios no me ayuda a aclarar totalmente mi espíritu y aceptarlo todo como es"

En el final, siempre y sólo está, la soledad...

2. Ojeo mi ejemplar de "Los Cantos de Maldoror" de Lautréamont. Muchos recuerdos. Lo leí en la Universidad, hace cinco años, y ya entonces, como preparando el día de hoy, subrayé este pasaje: "Como los perros, siento necesidad de infinito... ¡Y no puedo, no puedo satisfacer esta necesidad! Soy hijo del hombre y de la mujer, según me han dicho. Me sorprende... ¡creía ser más!"

Sentir que se ha nacido para la llama y tener que vivir mediante la agalla...

3. Un verso de Keats:

"La belleza es la verdad la verdad es la belleza
y nada más importa sobre la tierra"

Debería darme vergüenza empañar estos versos con cualquiera de mis palabras, pero bueno, en cierto modo, para eso y no otra cosa los traigo, para que alguien sepa que, a pesar de todo... del cinismo... la soledad... el ansia del arder... y la impotencia del fallar... Verdad y Belleza son Una y la Misma... y en mi corazón llevan su nombre... y nada más me importa, que él -su nombre- y que ella -su dueña-, sobre esta tierra...

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diciembre, veinticinco, cero-cuatro

Muchas veces no hay con quien hablar… Es una frase difícil, cruda, remueve aguas negras en algún lugar. Pero hay mucho de cierto en ellas. Sí. Creo. Porque está Hobbes y aquello de que el hombre es un lobo para el hombre. Si no hay hombre, es decir, uno mismo, no hay lobo, y sin lobo no hay hombre, esto es, los demás, esos a los que jorobar, con tus actos, tus palabras. Puede gustarte la soledad, sí, no lo dudo, es necesaria muchas veces, en algunos más que en otros. Los hay, existen, caracteres de tiniebla. Pero hasta la mayor melancolía, el más acre cinismo, necesitan de un "otro". Vampirizarlo. Siempre necesitas ese alguien externo a tu caos, porque de lo contrario te vuelves todo alienación. El loco sólo se tiene a sí mismo y a su locura. Es un infierno cerrado; no se puede entrar por él y él no es capaz de salir. Por eso necesitamos la otredad, alguien con quien hablar, al que contagiarle nuestra locura. Descargar. Eso nos mantiene en el umbral, haciendo equilibrios, día tras día.

Pero no siempre hay alguien… y por eso todos los días, en algún lugar, aguas negras devoran.

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EL TIEMPO Y LA DISTANCIA

En la noche, rasgando las tinieblas
con la luz de tu espíritu, llegaste
a la torre encantada donde sueño
cansado de vivir y de esperarte.

Era el silencio tan glacial. Había
tanto hielo en las ráfagas del aire,
que mi espíritu apenas si notaba
los febriles ardores de mi carne.
Al lado de mi cuerpo, parecía
un espectro velando su cadáver.

El recuerdo de todo aullaba fuera,
como un perro esquelético de hambre
que, erizado de horror, ladra a los miedos
que vagan en las sombras de la calle.

La puerta se entreabrió sin hacer ruido
y en el umbral resplandeció tu imagen,
como si en las tinieblas con un fósforo
una mano irreal la dibujase.

Francisco Villaespesa
"Los Remansos del Crepúsculo"

Francisco Villaespesa


Estás tú y estoy yo. Y está la distancia. Esa distancia que a la vez nos une y nos separa; las dos cosas, aunque hoy sólo sienta que es una mezquina ladrona, que te me roba, se te me lleva, y me deja aquí, abandonado, sangrando tu ausencia en heridas de alma. Y está el tiempo, que no cesa, que no para. Ni por ti. Ni por mí. Que no cesa por nada. Estos versos no son míos, pero los siento como tales, porque explican parte de mis últimos días. Parte de esos silencios y de esas lágrimas. Parte de toda esa desgarradura contra la que ninguno de los dos hemos podido plantar batalla. Ni yo desde dentro ni tú desde la distancia. No poseo certezas, lo sabes. Ni las quiero. Ni las necesito. Me basta quererte como te quiero, que no es ni mucho ni poco, que es TODA… Me bastan la luz de tu voz y el calor de tu amor. Los siento, mi vida, aunque no lo creas. Los siento fundir mis hielos. Los siento incendiarme el alma... A pesar del tiempo que no cesa y a pesar de la distancia, esa que nos une y nos separa…

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CORTÁZARES

"No quiero escribir, no quiero estudiar, aunque lo siga haciendo; quiero, simplemente, ser de verdad: aunque ello me lleve a descubrir que no soy nada"

Julio Cortázar

Cortázar


No quiero saber el ángel que soy, el monstruo que soy. No quiero saberme, sino solamente, sencillamente, ser. "Ser de verdad" ese ángel, ser de verdad ese monstruo -que los dos están, y más-. No dormir, despertar, agitar en mi zozobra las tinieblas. Agotar todos mis yo, todos mis posibles. Ultimarme. Y ver al fin, el lo último, en mi techo, si fui pálpito, furor, escalofrío... o sólo fatuo brillo, un pálido reflejo...

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IV-ocho

En tu luz busco mi sombra
En mi sombra tu sentir
No soy más que luz de abismo
Oquedad silente de existir
Siénteme nocturnidad en tu ascua
Sientóte incendiaria de mi horror

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IV-siete

Quisiera ser folio de nuevo
Blanco, níveo, virginal,
Otra vez desafío
De nuevo vivir desde el vivir viejo
De este vivir que en su comienzo se me dio tan mal
De nuevo escribirme y tacharme
Mancharme en errores
Y arrugarme al fin
Que otra vez me escribieras
Rehacerme en tu tinta de labios
Que otra vez me leyeras
Con ese ciego querer de tus manos
Hoja que llama y
Espera y
Alberga deseo
Y erra de nuevo sus líneas
Y de nuevo falla sus versos
Y siente otra vez que este
Nuevo vivir no es un VIVIR bueno
Sin ese dolor que beber de tu gesto.

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CARNE TRISTE

"La carne es triste y ya he leído todos los libros"

Stéphane Mallarmé

Stéphane Mallarmé, de Manet, 1876


Supongo que puede ocurrir, en algún momento, en algunas vidas, tarde o temprano, cuando los años bajan, pasan y pasan igual. Las personas no cambian nunca, su carne es la misma siempre, y los libros que se pueden leer, al fin y al cabo, no son tantos. Así que tal vez un día te lo dices, estás cansado y gris, y te lo dices: "Debería haber muerto hace tiempo...", porque hay muchos mundos, sí, pero todos están en este, y, bueno, yo este mundo ya lo tengo muy visto. Nada nuevo bajo el sol. Pero sigues ahí, día tras día, respirando, porque en el fondo no puedes resistirte a la carne, aunque sea triste, y albergas la vaga esperanza de encontrar algunas páginas más... Aunque siempre hay excepciones...

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IV-dos

De lo verde
Tus ojos en cristal
De lo rojo
Tus labios en pira
Todos
Ardiendo
En sinergia de gemir pulsátil y eco profundo
De mis memorias los bebo
Esos adentros tuyos
De saliva que arrastra
Y miel que deriva

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diciembre, dieciocho, cero-cuatro

Diez de la mañana, en la estación, esperando un tren. Faltan quince minutos aún, así que me da tiempo. No he desayunado, algo en el estómago no estaría de más. Antes en las estaciones había cafeterías y había quioscos, ahora sólo hay franquicias. Por todas partes. "Un café con leche". Me atiende un tío, rondando los cuarenta, ningún chaval. "Sí, ¿con un cruasán?" No. "¿Con una caña tal vez?" No. "Sólo el café con leche, gracias". Aquello es como un Pan's, o como un Bocata, o como un Macdonals, tanto da, porque todos son iguales; tentenpiés para rebaños...

Quiero decir que tu mañana empieza bien, estás en la estación, vas a ver a tu amor, y decides tomarte un café mientras esperas que llegue, pero siempre tiene que haber alguien que se encargue de repatearte los higadillos. No es tan difícil. Un café, con leche, nada más. Si aquello fuese una cafetería como dios manda me habrían puesto el café y adiós muy buenas. Pero no, tienen sus grandes carteles, con todos sus productos, del primero al último, todo detallado, también con todos sus precios, siempre abusivos... y grandes fotos mentirosas, grandes ofertas mentirosas, la felicidad de tu estómago en mentiras multicolores... y también, cómo no, tienen sus dos empleados uniformizados de payaso, intentando colarte un jodido donut a toda costa. Me pregunto cuántos primos caen al día en la trampa del donut, lo aceptan, dicen sí, de acuerdo, pónmelo, por no hacer el feo, por puta timidez, maldita cobardía. Miseria de mundo. Y ellos, los camareros, seguro que cobran una mierda y aun así lo hacen, te intentan vender la moto, metértela hasta el fondo en cada café. A ellos ni les va ni les viene ¿Acaso cobran comisión por cada bollo, cada cruasán? No lo creo. Pero sus jefes, sus encargados, son todos unos cabrones, como en casi todas partes, están podridos, sí, apestan. Yo no podría, vender así mi alma al diablo cada vez que tuviera que servir un maldito café. Pero claro, yo soy un asocial, y por eso trabajo con coches, máquinas insensibles, inórganicas, porque el mundo de los vivos y su gente me agotan.

Bueno, el café ya está, pero no me lo sirve el mismo de antes, lo hace una mujer, treintena, gastada, antes de tiempo, muy triste. "¿Su café... quiere alguna pasta?" Lo que yo digo, todo está podrido, hasta los cimientos, y no hay donde escapar. Le digo que no, que gracias, que sólo el café, ¡joder!, bueno, lo del joder no lo digo porque uno es asocial pero tiene educación, pero lo pienso, mecagüentodo, me habéis jodido la mañana, ya lo vuelvo a ver todo negro... así que cojo mi café con leche, sin cruasán, sin donut, sin alma...

Podría haber ido a una de esas mesas a tomármelo, sentarme allí, beberlo, y esperar. Ya cada vez faltaba menos. Pero no, me habían tocado las narices, repateado miserablemente. Así que me quedé allí, de pie, a un lado del mostrador, estorbando a los clientes por venir, consumiendo perezosamente mi café con leche sin donut y sin alma. En realidad quería ese desafío, lo necesitaba, ver si tenían huevos, cualquiera de los dos, de decirme que por qué no me iba a una mesa y dejaba ya de tocar las pelotas... o de ofrecerme por enésima vez una jodida pasta... Mi educación también tiene sus límites.

Pero no. Nadie dice nada. Me miran mal, eso sí, pero no dicen nada. Porque todo está dormido, y podrido, y jodido, cada día más... y a veces tienes la impresión de que todos los trenes tardan siempre demasiado en llegar...

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diciembre, diecisiete, cero-cuatro

Lecturas...

Inferno: Strinberg mezcla absenta con Swedenborg y le sienta como un tiro. Luego ve fantasmas por todas partes, y también oro, pero el oro no está, así que como tiene que seguir comiendo, tiene que seguir trabajando, y por eso escribe esto... ¡Un Infierno!

Borges en el Umbral: "El alivio que tú y yo sentiremos en el instante que precede a la muerte, cuando la suerte nos desate de la triste costumbre de ser alguien y del peso del universo"

Un interrogante: "Era una mujer construida apenas en cartílagos blancos sobre una espina dorsal arqueada e inflexible. Los trastornos respiratorios la obligaban a preguntar afirmando" en "El Coronel no Tiene Quien le Escriba" de García Márquez

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17/12/2004 23:43 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

diciembre, dieciséis, cero-cuatro



Ayer noche, Lucy, de Caleidoscopik, me hizo un pequeño gran regalo, la foto que corona este escrito, y lo hizo después de leer mi último Reloj de Arena, así que hoy, no puede ser de otra forma, he de hacer honor a dicho regalo y andar a vueltas con Dios, o dios, o como narices se escriba…

Bueno, ahí está, míralo bien, brazos abiertos, rostro plácido, acogedor, desde la altura, un buen padre, ¿no?, pero no deja de ser un dios de piedra; su carne, su corazón, su alma, todo en él de dura piedra. Resulta difícil imaginarse un tumor creciendo en su roca, que pueda salirle un herpes, o sufrir de hemorroides. No, definitivamente. Él está ahí, un buen padre… de piedra, pero un buen padre, aunque tú siempre estés abajo, lejos de su alcance, de sus manos. Míralo, demasiado alto, siempre demasiado arriba, no puedes llegar a él, por mucho que saltes. Si quieres su ayuda has de dar el gran salto, que siempre es hacia abajo, hacia el infierno; morir y esperar a ver qué pasa. O vender tu alma a la impostura, tener fe ciega en lo improbable, y también ponerte a esperar… Resulta difícil creer en un Dios externo a uno mismo porque con él todas son siempre distancias demasiado grandes, insalvables, y el que apuesta siempre has de ser tú; el propio pellejo en el empeño.

Realmente, ¿qué sé sobre Dios? Lo cierto es que no sé mucho de prácticamente nada. Sócrates sigue triunfando aún hoy. Después de tantos siglos de palabrería y chundarata te das cuenta de que todo estaba ya en él, porque no sólo sé que no sé nada, sino que, quizá lo peor –o lo mejor- es que no puedo aspirar a saber mucho más. Bretona me dijo ayer que ella prefería seguir pensando que Dios y nosotros somos Uno y el Mismo. Y tiene razón. Ella sabe de él tanto como yo, es decir, lo sabe todo, lo sabemos todo… y a la vez no sabemos absolutamente nada. Ahí está la gracia. A cada opción corresponde otra igual y opuesta, su antítesis, y ambas son igualmente válidas. De modo que no sé demasiado, ni de Dios ni de tantas otras cosas, ni podré saberlo, pero eso no implica que no pueda hipotetizar. Ayer se lo decía, a Bretona, le decía, sí, tienes razón, quizá, me gusta lo que dices, pero también me gusta seguir jugando, seguir tirando los dados mientras me quede aliento.

Quiero decir que es divertido. Un día dices que Dios tiene cáncer o un forúnculo, lo que sea, y que ese forúnculo se llama Humanidad. Al día siguiente en cambio puedes decir que Dios es un viejo archivero con mala memoria, o con Alzheimer, es igual: hace tiempo nos archivó en una oscura carpeta con la etiqueta de "Pendientes" o "Transiciones", y después se olvidó. Ahora, aunque quisiera, no podría recordar donde nos guardó, y mientras, aquí andamos, apolillados y espectantes. Para mí es divertido, todo ese juego terrible. Hoy escribo una cosa y mañana escribiré la opuesta, contradiciéndome miserablemente, porque no tengo una idea clara de Dios en mi cabeza, no la tengo de demasiadas cosas. Me limito a articular pensamientos alrededor, constantemente, y sólo cuando los escribo o los verbalizo, los explicito, adquieren uno u otro aspecto, siempre ridículos, es cierto, pero ahí están.

Al fin y al cabo pensar en Dios es como pensar en la Vida, así, en mayúsculas, como si realmente tuviera una gran importancia, pero no la tiene. Buscar a Dios… ¡qué gran empresa¡, el gran desafío… es como buscar el Santo Grial o ir en pos del Horizonte. Al uno jamás lo vas a encontrar, porque no existe o porque alguien lo empeñó para poder llegar a fin de mes y ya nada más se supo. Y al otro tampoco has de llegar, porque cuando llegues habrá un nuevo Horizonte al que tirar, allí, justo a la misma distancia que estaba cuando emprendiste la marcha. Pero has de querer jugar a eso, aunque vayas a salir derrotado, porque cuanto antes asumas lo infructuoso de tu lucha, cuando antes aceptes que nada tiene sentido y que nada realmente importa demasiado, antes podrás ponerte a caminar. Porque lo importante acaba siendo, no es el encontrar, sino el buscar; vivir buscando constantemente, tirar los dados siempre, una y otra vez, hasta el último aliento.

Porque todo es absurdo, sí, terriblemente, si te pones a buscar significados allá afuera. Más vale que tengas sentido del humor y seas capaz de reírte de todo y de todos, pasarte el absurdo por el forro de los cojones, porque de lo contrario caerás en la cuenta de que en el fondo de todas las cosas siempre habita el Horror… Hay quien no lo soporta…

Así que mejor buscar el sentido en uno mismo, sentirse Dios uno mismo, mientras sea capaz de vivir y amar, de luchar, de buscar, de seguir tirando los dados una y otra vez. Quizá seamos dioses menores, sólo quizá, porque no somos tan altos ni vamos siempre con los brazos abiertos, todo bondad. Podemos ser la mar de cabroncetes, sí, de modo que tal vez nos sobra la mayúscula, esa terrible "D". Pero hay otras cosas... Puede Dios amar, quiero decir AMAR, a él o a ella, amar arrebatadamente, la única forma de amar verdadera... Puede acaso matar, u odiar, o incluso hacer el amor hasta el éxtasis supremo… más aún, puede Dios echar un buen polvo, un polvazo, y después fumarse un pitillo y quedarse tan ancho… Creo que no. Seguro que tampoco se ríe demasiado, con lo bueno que es echarse unas buenas risas. ¿Y escribir? Puede escribir poemas, cuentos, novelas, canciones, insufribles peroratas como la que yo tecleo ahora mismo… Tampoco. Fijo que no. ¿Y morir…? Puedes tú morir, Dios… Sabes acaso qué es vivir en la angustia y la magia de la muerte… Me parece que para ser tan alto, tan ubicuo y todopoderoso, tampoco sabes demasiadas cosas…

En fin, que yo también tengo mis poderes, aquí, todo mortal y finito como soy, sobre todo el de la duda, que es el más divertido de todos, mi más preciada libertad. Preguntarme el PORQUÉ de todo en todo momento, y a partir de ahí, elucubrar… Nada ni nadie puede contra mi duda. La gente no duda, no se pregunta el porqué de las cosas. Viven dormidos y, la verdad, no lo entiendo… Con lo hermoso que es derribarlo todo con ella, hasta los cimientos; demostrar que no hay nada inamovible, inmutable, que todo se puede cambiar, y asumir por extensión que, todo, absolutamente TODO, es posible en algún lugar…

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IV-uno

Paradójico
Imposible
Deletéreo e Hipostático
Tal que agua de invierno hirviente en un ártico
Todas tus noches YO
En el tuyo
TU regazo

© JIP

diciembre, catorce, cero-cuatro

Pelándome de frío, la estufa no chuta, aquí de nuevo, y no hay mucho más. Todo está dormido. Eso sí, me duele el culo, bastante, sobre todo cuando me siento... lógico. Ayer me clavé un freno de mano en el culo al bajar de una furgoneta, en la nalga izquierda para ser más exacto, y todo porque a un ingeniero de los cojones se le ocurrió poner el freno de mano ahí, a la izquierda, en lugar de a la derecha como a cualquier hijo de vecino. Todo está dormido, sí, pero me duele el culo, por el ingeniero de los cojones y por mí, que vivo despistado. Es triste, sí, pero por el momento no hay mucho más.

Así que mejor me vuelvo al pensamiento de ayer, lo del cáncer de Dios y todo ese rollo. Bretona dice, "Dios también es cáncer... ¿Cómo erradicar el cáncer del cáncer?" Si eso fuese verdad no haría falta erradicar nada, todos estaríamos en el mismo bando, la misma orilla, y luego vendría todo eso de las perdices, pero no es así, él sabe cosas y nosotros no, y eso marca; distancias insalvables. Sabe cosas, sí, muchas, pero puede que no todas, porque quizá no es Dios, sino solamente dios, no sé si me explico, porque muchas veces se lo ha imaginado jugando a los dados con nosotros, en plan tahúr, o haciéndonos las una y mil perrerías, en plan demiurgo cabrón, con cuernos y todo, o simplemente allá arriba, observando, mirando la película de nuestro drama, comiendo palomitas, pasando de todo y de todos... ¡Angelito! Eso está muy bien, sin duda, es divertido. Pero por qué no pintarlo de otra forma, en plan, me pica algo y no me puedo rascar o me duele el culo y no se por qué narices... Quiero decir que Dios podría estar ahí, donde sea, y de repente sentir ganas de ir al lavabo, y entonces se levantaría del sillón con esfuerzo, todo pesado y gordo, entrado en carnes de constelación y polvo cósmico, e iría a mear. Y una vez allí, descargando la vejiga, le sobrevendría un pinchazo terrible en la próstata o algún insoportable y súbito dolor por el estilo; en ese momento acabamos de hacer explotar una bomba atómica, o algún perturbado ha asesinado a alguien, o el odio y la rabia de un niño ha provocado un huracán en las Filipinas. Dios no lo sabe todo, no nos sabe, en realidad nos contiene pero no nos conoce, cree que lo tiene todo en orden, todo en regla, pero algo maligno crece en él... el hombre. En fin, el tío acaba de mear y se retrepa de nuevo en el sillón, tal vez hace zapping interestelar, y no le da importancia a la cosa. Es un descuidado, no mira por su salud divina, o simplemente es subnormal, y no es capaz de racionalizar sus dolores, advertir su enfermedad... Sí, eso, ¿¡Por qué no puede ser Dios subnormal?! Eso me parecería incluso más lógico que lo de los dados o las perrerías. El pobre no llega y por eso nosotros podremos prosperar contumaces. Si estuviese en condiciones haría tiempo que nos habría borrado del mapa, pero no, seguimos aquí, su enfermedad, crecemos, y él ni siquiera se da cuenta, porque es tonto, o porque no es hipocondríaco, tanto da. Su absurdo explica el nuestro, lo posibilita. Todo encuentra su sitio aunque sea en el sinsentido.

Por suerte para él ni siquiera como tumor somos gran cosa, puede que no seamos malignos; simplemente hiperplasia benigna de próstata. Para ser tan condenadamente hijos de perra no se nos da demasiado bien la metástasis. Apenas hemos llevado la vesania más allá de la luna, así que mejor no temer nada. Quizá sólo somos un quiste de grasa en su inflada entrepierna, escondido en sus pliegues de carne cósmica, apenas suponemos una molestia; ni un simple prurito.

Puede que algún día este buen dios decida pasarse por su médico de cabecera, hacerse un reconocimiento, unas radiografías, o lo lleven de la mano sus sufridos padres, preocupados porque pone una cara rara cada vez que mea, y al fin se haga algo al respecto, le receten unos antibióticos y le apliquen bisturí, y entonces un meteorito gigante nos aniquilará o una lluvia de radiación nos freirá y nos mandará por fin a todos a tomar por saco.

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diciembre, trece, cero-cuatro

Idea Recurrente: La humanidad como cáncer de Dios, tumor de lo Creado, gangrena de lo Omnímodo... ¿A qué espera la Ubicuidad para someterse a quimioterapia?

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"DESAMPARO"

DESAMPARO: Ese terrible sentirse acunado por las tinieblas de Dios o, en su defecto, el helado flagelar tu espíritu, día a día -hasta adquirir piel de roca-, por las corrientes del vacío, si es que eres alérgico a la Impostura.

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El Cristo de San Juan de la Cruz, Salvador Dalí, 1951
12/12/2004 23:45 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

NOSHES PSYCHOTRÓNIKASH: AQUELLA CASA AL LADO DEL CEMENTERIO

Que alguien quiera vivir en una casa que se levanta al lado de un cementerio, toda solitaria, sombría, y rodeada de siniestros árboles de retorcido ramaje sin hojas, ya dice mucho de lo pirados que están todos los personajes de esta entrañable peliculilla.

Una de Fulci


Lucio Fulci, gran capo del gore italiano, se apuntó al carro del éxito del "Resplandor" de Kubrick pergeñando esta copia sinvergüenza llamada "Aquella Casa al Lado del Cementerio" (Quella vila accanto al cimitero, 1981), y cabe decir que la cosa le salió bastante cutrilla. En lugar de hotel de lujo en la montaña tenemos caserón feúcho en el cementerio de un pueblo de tres al cuarto; el padre de familia en lugar de novelista es investigador de alguna extraña rama de la ciencia que nunca se nos llega a desvelar; su hijo en lugar de moreno y con triciclo es rubiales y con coche teledirigido; y del par de gemelas fantasma del hotel Overlook pasamos tan solo a una niña bocazas con muñeca rota -y fea de cojones-. El bueno de Fulci metió en la batidora un poco de todo; enigmas lovecraftianos, conjuros alquímicos, casas encantadas, niños con resplandor, llantos en la noche y fotografías con fantasma incluido... pero la verdad es que la mezcla no acabó de salirle demasiado, entre otras cosas, porque al hombre, limitadillo de talento, no nos engañemos, lo que en verdad le gustaba era darle rienda suelta a la sangre. Así que eso y no otra cosa, gore a secas, es lo único que funciona en este film.

Gore gratuito, sucio, torpe y muy autocomplaciente. La escena del murciélago atacando la mano del padre de familia es un buen ejemplo. Pura caspa. ¡Así no hay manera de meterse en atmósfera inquietante ninguna! Aunque, claro está, si uno anda avisado de cómo se las gasta Fulci pues ya sabe a qué atenerse. Lo suyo son las gargantas cercenadas, la sangre chorrenado a borbotones de la yugular y los gusanos purulentos... Ahora bien, no le pidas una mínima coherencia argumental o cierta tensión narrativa porque entonces ya le puedes... ¡¿Qué coño pintaba en todo el asunto la niñera?!... ¿¡Cómo se puede tener la cara dura de repetir la escena de la bajada al sótano y la puerta que ¡nyiiieeeccc! se cierra a tus espaldas hasta tres veces con tres personajes distintos?!... ¿Alguien se atreve a explicarme la empanada final con la vieja y los niños, todos felices, y cómo narices se conecta eso con el momio asqueroso que se había estado cargando a todo quisqui?... Bueno, yo sé a qué viene... es una excusa barata para citarme al final a Henry James, así, en plan culto, y quedarse tan pancho, pero de sentido, lo que se dice sentido, ná de ná...

Fulci es uno de los grandes nombres de la caspa fílmica y la psicotronía, así que tampoco hay que pedirle peras al olmo. Si te gusta este tipo de cine, lo disfrutarás, quizá con alguna reserva, pero lo harás. Si no te gusta... bueno, si no te gusta seguramente ni siquiera te pondrás a ver esta u otras de sus pelis, como "Nueva York Bajo el Terror de los Zombis" o "Miedo en la Ciudad de los Muertos Vivientes", y probablemente tampoco habrás acabado de leer este insufrible post...

Algunas Posdatas Psychotrónikash:

- Si queréis verle el careto al Fulci buscad en las primeras escenas tras los créditos de inicio, es el doctor Müeller o Muller, ¡yo qué sé!... y tiene un diálogo con el tío al que luego se le come la manita el murciélago, jejeje...

- La intención de plagiar a Kubrick es tan descarada que, como podéis comprobar, en el la carátula salía un pavo igualito al Nicholson del Resplandor... aunque luego el asesino no se parecía ni de lejos, jajaja...

- Aquí, como en el Resplandor, también al pater familias le da por reventar una puerta con un hacha, pero el hacha es tan minúscula y ridícula y la puerta tan de verdad, una Señora Puerta, o sea, que el tío se está como tres cuartos de hora dándole que dándole con más bien escaso éxito, con lo cual la escena/plagio de Kubrick termina antojándose de lo más patética, jujuju...

- Al principio se ven un par de tetas, pero se las cargan rápido -a ellas y a su dueña-, y luego nada de nada, ni pechos ni parruses ni toqueteos carnales de ultratumba, de modo que onanistas y oligofrénicos de toda ralea abstenerse, jijiji...

© JIP

diciembre, nueve, cero-cuatro

"Un día más, un día menos... ¿Por qué siempre tenemos que hacer algo con el tiempo?"

¿Por qué?... ¿Y por qué no?... Nada estalla cuando dudo, nada silencia mis labios ni me ata los pensamientos. No pasa nada. Como tampoco pasa si no lo hago. Tienes razón. El tiempo no ordena, no impone, sólo transcurre. No hay misión en la vida salvo transcurrir con él. Al fin y al cabo tal vez uno no sea otra cosa que su propio tiempo.

© JIP

diciembre, siete, cero-cuatro

Hay una imagen que me encanta, por mágica a la vez que terrible, que es la del reloj de arena desgranando el tiempo en su caída de minúsculos pedazos de tierra. Mágica por su movimiento constante, su imparabilidad, su eterno retorno fugaz; siempre distinto pero siempre, a nuestra mirada, igual. Terrible por esos segundos que pintan, esos minutos y horas y días que se van... No se me ocurre un reloj más cruel que este, como tampoco más hermoso.

Y en este, mi particular reloj de arena, intentaré dejar constancia de aquello mágico y terrible, aquello extraño y exótico, incluso lo banal, que les ocurra a mis horas. Intentaré cartografiar mis melancolías, radiografiar mis tristezas y esculpir mis alegrías. Pintar con la palabra en lo posible los destellos de mi oscuridad.

Más que nada porque un día que se pierde sin una palabra, o sin el sabor de un beso o ni tan siquiera el de su recuerdo, o incluso sin el olor de un pensamiento fuerte, uno de esos que te hacen vibrar, no es un día vivido; son sólo horas transcurridas que se pierden en lo oscuro de tu tiempo acabado para no volver jamás.

No será un diario, o al menos no espero que lo sea. Tampoco un recuento de días. Será, tal vez, un diálogo conmigo mismo, con mi mente y mis entrañas, en un afán hirviente de no dejar caer ni un grano de arena más sin pedirles cuenta a mis vidas por vivir y a mi muerte por llegar.

© JIP

WELLS, VISIONARIO

Herbert George Wells


Despertó bañado en sudores y miedos... los fantasmas volvían de nuevo...

Miró los folios manuscritos en su regazo. Se había dormido escribiendo una vez más. Fue al baño y se lavó la cara. Luego se miró en el espejo: "Soy Herbert George Wells... y los fantasmas vuelven de nuevo..." Se sentía viejo y cansado. Todo aquello empezaba a pesar demasiado. Lo había intentado, había escrito páginas y páginas, para negarlos, para alejarlos definitivamente, y no sólo de él, de todos. Había cantado la utopía, confiado en el hombre, ante todo y sobre todo, en el hombre y su razón... Incluso había escrito esa película a partir de uno de sus propios libros... "Cosas por Venir"... Le aterrorizaba pensar en esa vida futura, ese horror por venir… No podía seguir engañándose más, ellos habían vuelto, y esta vez para quedarse…

El Jugador de Croquet


Volvió al estudio, a su manuscrito, su nuevo libro, "El Jugador de Croquet", le estaba saliendo agrio, pesimista, impropio, pero los años y sus sueños no pasaban en balde. Releyó lo escrito antes de quedarse dormido, y en la última línea, el escalofrío. Se estremeció. Dominado por el arrebato necesitó escribir aquella frase que significaba su derrota, la rendición incondicional. Después de tantos años de lucha, al fin abdicaba: "Niños pequeños muertos por ataques aéreos en la calle"... Sus lectores las tomarían por las vacías palabras de un personaje loco en una extraña novela, pero sólo él sabía...

Se extinguía el año 1935; quedaban dos para Guernica, y diez para Dresde e Hiroshima... y él, Herbert George Wells, ya lo había visto TODO...

© JIP

Dresde tras los bombardeos

A SOLAS CON LA PALABRA

Lo tienes todo, te sientes bien, en forma, fluido; de puta madre, vamos... así que hoy debería ser un buen día ante la hoja en blanco. Hoy deberías ganar tú...

Miras el escritorio que te aguarda y la silla que espera tus posaderas, provocándote, "¡a ver si hoy te atreves, majete!"... Contemplas el teclado, la pantalla en blanco, esa bruja... seduciéndote con sus cantos de sirena, "¿a qué esperas?"... Pero los desoyes, simplemente pasas, porque piensas tomártelo con mucha calma, piensas saborear su vergüenza cuando los sometas a todos... y sonríes. Sí, sonríes...

Vas a la cocina y te preparas un café, descafeinado, pero de sobre, de máquina no que eres pobre y te dijeron que es pedante... Je... Vuelves al rato con el café humeante en tu negro mug de Max Shreck y te paras ante el escritorio, observándolo detenidamente. Das un sorbo, está rico, calentito, como te gusta, él también fluye. Pero hace frío, la estufa no chuta, el salón nunca acaba de caldearse. Quizá deberías hacerle caso y comprarte una de esas gordas de butano, una de esas armatoste total, pero no sabes por qué la idea nunca te acaba de convencer. Cierras del todo la puerta y das otro sorbo, calentito, calentito... pero basta ya de sonrisas complacientes. Lo del café está bien como excusa para darte algo de tiempo, pero tienes que ponerte, lo sabes, no puedes retrasarlo más. Si lo haces ellos vencerán y se te reirán en la cara, una noche más...

Robert Louis Stevenson


Así que tomas asiento y te enfrentas. Comienza el pulso. Haces planear tus manos sobre el teclado, como el pianista que prepara inminente su primera nota. Miras con fijeza la pantalla y ella te devuelve la mirada, igualito que le pasó a Nietzsche con el jodido abismo. No piensa hacerte la mínima concesión y lo sabes. Conoce su supremacía sobre ti, que siempre te ha podido, que nunca tus palabras han saltado a ella desde tu mente como tú querías, que siempre ha habido algo que te asfixiaba, una distancia invisible que te anulaba. Tú has sido siempre de bolígrafo y papel, de escribir, física, literalmente; escribir. Rápido, febril, ininteligible, tachando y retachando, emborronando, ensuciando definitivamnete, y volviendo a empezar, hasta la extenuación, hasta la frustración. Eso es escribir y no otra cosa, así lo han hecho todos desde antiguo, hasta que aparecieron las máquinas, los teclados... Te imaginas a Stevenson escribiendo a máquina... menuda estupidez, puro absurdo... Pero el papel y la tinta también tienen sus servidumbres, no son inocentes, todo lo contrario; te chupan la vida, te vampirizan, te descomponen... Sacan lo mejor de ti, sí, pero a un alto precio, a cambio de tus fuerzas, tu físico, a veces incluso a cambio de tu alma, que puede llegar a perderse en ese doliente ir y venir de líneas tortuosas... Así que al final te has resignado, intentas poco a poco hacerte a la máquina, aunque no te gusta, porque sabes que no puedes hacer otra cosa. Es más sencillo, menos sacrificado. Expones menos y menos es también lo que sacas, porque está ahí, esa distancia que incapacita.

Pero no haces más que perder el tiempo, disquisiciones sin objeto. Pasa el tiempo y no has escrito nada. En realidad es que no tienes sobre qué hacerlo. Ni una idea. Conjunto vacío. Todavía no puedes darle luz verde a tus manos y hacerlas caer sobre las letras. Piensas, piensas, piensas. Conjunto vacío. Una y otra vez. "Game Over"... "Insert Coin?". Te tiras hacia atrás, te retrepas sobre la silla, los manos tras la nuca. Mierda. Joder. Nada. Cierras los ojos. Allí está, cómo no. El conjunto vacío también te persigue en la oscuridad. ¡Qué cabrón! Necesitas algo, algo externo, ¡un sorbo de café!, sí, eso, más excusas para no pensar en el vacío de tu mente. Acudes al buenazo de Max Schreck... él tiene lo que necesitas. Y te lo da. Y lo saboreas. Pero el vacío sigue estando ahí, sonriéndote, devolviéndote la mirada.

Joseph Conrad


Piensas de nuevo en Stevenson, Tusitala, el hombre que cuenta historias, o las contó mientras tuvo aliento. No puedes imaginarte el conjunto vacío dentro de aquel hombre, que no tuviera siempre algo bueno que narrar. Piensas en él y automáticamente piensas en Long John Silver, y él te lleva al mar, al océano, y una vez recalas en el océano el viaje acaba invariablemente en Conrad, en él y en su "Tifón", su "Corazón de las Tinieblas", su "Línea de Sombra". Ese hombre dejó su lengua, cambió el polaco por el inglés para convertirse en uno de sus mejores y mayores novelistas. Se te antoja increíble, cambiar de lengua, cambiar de forma de pensamiento... Eso también lo hizo Cioran, pero del rumano al francés. Intentas imaginarlo, toda aquel cinismo, toda aquella angustia, toda aquella lucidez, agriando, corroyendo, ulcerando el francés hasta la raíz, toda su musicalidad y su belleza corroidas... pero a la vez encumbrado, dotado de una nueva vitalidad y hermosura, la de la Naturaleza Muerta...

Emil Cioran


Pero escribir qué, ¿¡qué?!... Te levantas enfadado. Paseas por el salón, das vueltas de brazos cruzados. De vez en cuando observas torvamente la pantalla en blanco. No sale nada, estás seco, o demasiado encrespado como para centrarte y buscar. De repente te preguntas si tendrás que cortarte la cabeza para encontrar al fin algo que merezca la pena, si habrá algo que destaque, que brille entre los chorretones de sangre de tu cuello seccionado. Quizá Mishima no intentaba más que eso, bueno, quiero decir además de llamar la atención, claro. Por eso se hizo el sepuku y se hizo rebanar el pescuezo. Se había quedado sin ideas, sin savia, y no podía soportarlo, así que decidió abrirse en canal, pero la cosa acabó chunga... Quizá simplemente estaba como una cabra, yo qué sé... La cuestión es que es una buena imagen, sí, esa de abrirse uno las entrañas a ver qué le corre de bueno por dentro, y luego cogerlo todo y echarlo sobre el papel, o la pantalla, y ponerla toda perdida de vísceras. No está mal como divertimento, pero no arregla tus problemas. Más bien los complica, porque tienes ganas de avanzar en esa idea, la de la escabechina, darle cuerpo, o cortárselo, jaja, pero no quieres hacerlo porque tienes cuentas pendientes esta noche, y necesitas saldarlas.

Yukio Mishima


Piensas en poner algo de música. Eso podría desatascarte alguna vía. Sí, decididamente. Buscas en tu disco duro algo bueno que escuchar, pero al instante te das cuenta de que no sabes qué escoger. La indecisión, siempre la indecisión. Castrándote, castrándolos a todos. No te apatece ningún tema, por demasiado escuchado o por demasiado poco. No te llama nada. Bukowski escribía escuchando música clásica, Stephen King escuchando Rock'n Roll, pero ninguno de esos estilos te sirve ahora mismo. No crees que el problema esté afuera, en el ambiente, no, está dentro, lo sabes, las cuerdas de tu mente están desafinadas y chirrían, asesinan tímpanos miserablemente...

Charles Bukowski


De dónde diablos salen las ideas, dónde coño crecen, las buenas ideas, claro, las fulminantes. Cuántas veces te lo has preguntado, si una buena idea puede llegar a ser humana, si realmente puede caber en tu seno, nacer de ti. Breton dijo todo aquello de las Corrientes del Arte, divinas, ultraterrenas, y todo aquello de que los hombres éramos bastos traductores al mundo físico de su esencia. Inmediatamente y por reacción caes en Céline, otro franchute, pero con mucha peor leche, de los que te gustan. Lo imaginas en las trincheras hediondas de la Gran Guerra, en la nocturnidad, pelado de frío, esperando el estallido, aguardando la muerte por venir, gestando lentamente el "Viaje al Fin de la Noche" en sus entrañas... Bueno, piensas, al fin y al cabo Breton dijo muchas tonterías a lo largo de su vida... o tal vez no, quién sabe... Y ya puesto a pensar en Céline en el lodazal, por qué no pensar también en Hemingway el día D, desembarcando con los americanos en Omaha Beach... ¡¿Qué coño se le había perdido allí al menda?!... Quizá se había secado también, como yo, como Mishima, y buscaba historias, savia nueva, o tal vez sólo leyenda; la jodida muerte de un balazo en la cabeza, y después eternidad y gloria en mármoles absolutos... Sí, te lo imaginas allí, bajo el fuego, con ademanes de héroe mítico al que no han de erosionar los años, ansiando titulares... y no muy lejos, perdido entre la sangre que salta y la víscera que estalla, anda también Robert Capa, cagado de miedo, temblando, volviendo rápidamente a retaguardia con locura en la mirada tras haber agotado sus dos cámaras cargadas... Demasiado para su body, toda aquella matanza... Al menos él pudo elegir.

Céline


Capa te cae bien, aunque huyese con el rabo entre las piernas, Hemingway en cambio te cae gordo, no te gusta, nunca ha conectado contigo, aunque casi lo consigue con "El viejo...", y con "Los Asesinos", ¡gran cuento, sí señor!... Hemingway salió con bien de todo aquello, tiró los dados y ganó, tuvo tiempo de preparar su posteridad. No así el bueno de Hogdson, a él también te lo imaginas, lo has hecho muchas veces desde que supiste de su fin, allí, en su último instante, pulverizado por una granada en 1918, borrado de la faz de la tierra, fulminado, convertido de repente, él y sus ficciones, en pura nada. ¿Qué estaría pensando un segundo antes? Probablemente no pensaba nada, estaba sumido en la fiebre del combate, sólo quería sobrevivir, no defraudar, pero a buen seguro con él estallaron muchos bellos fantasmas que ya jamás nadie podría leer... Las ideas están en ti, mientras respires, palpites. Después, tras el último parpadeo, nada... NADA... las balas no sólo matan carne o alma... las historias también sangran...

William Hope Hogdson


Tal vez si todo este invento no se basase en la palabra. Las palabras lo complican, lo infinitan, lo tornan innombrable, inabastable. Es como una obsesión enfermiza; encontrar las palabras adecuadas, dominarlas sin que te dominen. Imposible, siempre acabas sojuzgado. La palabra puede llegar a matar. A Philip K. Dick se lo llevó a la tumba, se lo comió enterito; su escritura era caníbal para consigo mismo. Lo supo siempre, desde el principio, y no pudo hacer nada al respecto. Solamente escribir, escribir y dejarse consumir poco a poco. Puede devorarte vivo, la palabra, hasta el tuétano; buscarla, hallarla, idolatrarla, subsume tu mente a un estado de ameba. Sencillamente no puedes hacerlo, no puedes ponerte a juntar palabras sin más, como el que acumula pinceladas sobre un lienzo, se te antoja mucho más complejo, maquiavélico, alienante. Te gustaría renegar de ellas, rebelarte, sacrificarlas definitivamente, pero te es imposible, porque su erótica es imparable, remueve tu hondura más irracional. Tarde o temprano necesitarás escapar de ti mismo y entonces acudirás a ella, la palabra, la jodida PALABRA que te tiene a su merced.

Quizá no puedes escapar de ella pero puedes probar a minarla, socabar sus podridos cimientos. Sí, eso estaría bien, otros lo han hecho antes que tú. Conoces a algunos de ellos, los has leído, aprehendido. Recuerdas a Kafka transformándose paulatinamente en escarabajo, fabricándole noche tras noche, en cada línea, sus negras patas y sus antenas negras a Gregor Samsa, alumbrando un nuevo verbo; vejado y transmutado. Recuerdas también a Henry Miller desintegrándolo todo desde su máquina de escribir, allí en Villa Borghese. Al Ballard de "Crash", de la "Exhibición de Atrocidades", abandonando la humanidad a travás del ultraje de cada letra.

James G. Ballard


Querrías, como ellos, romper, desbaratar, arrasarlo todo sin pulsar una sola tecla, sin mancharte, ¡bendito sueño!, la piedra filosofal del escribiente. Vuelves a esa hermosa imagen; cortarte la cabeza de cuajo, abrirte las entrañas en canal, y sangrar... verter sangre a raudales pero también ideas, historias, insultos, invectivas candentes contra la realidad y el absurdo... que el rojo de tu vida pintase en su derrame lo que corre por tu mente, el contenido de tu alma; aquello que la barrera de la palabra no te deja expresar... hacerla pedazos al hacerte pedazos...

Pero a la vez quieres escribir, quieres hacer el amor con la palabra, sí, calzártela, follártela, joderla viva, violarle hasta el último de sus viciosos recovecos. Eso lo sabes desde Stanislaw Lem, desde que te desveló la imposibilidad de COMPRENDER; no hay salida más allá de ti... así que escribes, bailas la danza de la muerte con esa perra del infierno, porque sí, porque es la única forma que tienes de crear un sentido, de ser dueño de algo en este calvario de absurdos. Obedeces sus designios, sí, te pliegas, pero en la medida en que te sometes a ella, tú mandas, y de la cópula de ambos, de ti, absurdo respirante, y de ella, signo bastardo, surge la ficción, ese homúnculo capaz de palidecer con su sentido el vacío del universo.

Stanislaw Lem


Es tarde, estás cansado, algo abatido. No has escrito, y pensar todo esto te agota y te frustra. Caes en la cuenta de que ya no tienes ganas de escribir, se evaporaron...

Observas la pantalla en blanco, casi puedes escuchar cómo se carcajea ufana, insolente... Estás hecho polvo y no puedes más, ansías irte a dormir, olvidar, pero no quieres darle esa satisfacción sin plantar batalla. Piensas en Henry James y en las vueltas de tuerca, en buscar el último nudo, que es el primero, bregar con el último retorcimiento y rebasarlo... Sabes que no estás en condiciones de dar demasiada guerra, que esta noche tampoco vas a ganar... pero sientes la necesidad imperiosa de vender muy caro tu pellejo... así que te pones a ello, sin pensar, te lanzas al abismo, ese que también te mira, jugándote el todo por el todo, suicida, con la esperanza de que te nazcan alas antes de estrellarte final contra el suelo... y así, tecleas la primera frase:

"Lo tienes todo, te sientes bien, en forma, fluido; de puta madre, vamos... así que hoy debería ser un buen día ante la hoja en blanco. Hoy deberías ganar tú..."

© JIP

DESALIENTO

DESALIENTO

Si el frío fuese mayor, si fuese océano,
podría sajarme las venas con mis pupilas petrificadas.
Si el calor fuese más alto, hirviente como el odio,
podría saborear el fundirse de mi alma.

Mas no es posible, porque la muerte
siendo inmanente está aún lejana.
¿Cuánto más desear en vano mi crepúsculo?
¿Cuántas lágrimas más en vano derramadas?

Ya no hay color en el lienzo del aliento,
todo él gris y ceniza,
ni ilusión, ni pasión, ni sonrisa,
ni el valor suficiente para ser cobarde.

Sólo cabe esperar,
asfixiado por el subrepticio dolor,
la juguetona voluntad del sinsentido;
ese divino y trucado danzar de dados.

© JIP (Noviembre 2000)

MENSAJE EN LA ARENA...

Cuando crees que no hay nada más solitario que un andén desierto porque ya partió el tren que se llevó lo que tú más quieres, estás al fin de vuelta en casa y te topas con un pasillo, largo y oscuro, silencioso, y el mundo se te cae encima... Enciendes la luz y de repente encuentras, justo allí donde tan sólo unos minutos atrás habías mirado sin ver, un regalo dulce y maravilloso que lo significa todo...



© JIP

HUELLAS SIN ROSA

Sales a la calle para ir al trabajo. Mucho frío, un frío acojonador. Y también uno de esos vientos racheados y cabrones que te convierten en un auténtico pelele. La mañana es gris y el cielo oscurísimo, plomizo, como si la ceniza de un volcán vuelto a la vida muy lejos comenzase a llegar. Querrías maldecir todo eso, rebelarte por tener que empezar un día así, pero en lugar de ello te abrochas hasta arriba la cazadora y metes las manos en los bolsillos por miedo a que los nudillos resecos y cuarteados te empiecen a sangrar... Eso ya es en sí una primera derrota.

Avanzas con maneras de monolito, ovillado y cabizbajo para combatir mejor el viento que te empuja de aquí par allá, así que miras el suelo y tus pies caminar. Al poco la acera se llena de un sarampión de huellas húmedas -hay un gran charco de agua más adelante- y al instante reparas en una de ellas. Es singular, extraña, rara, y te recuerda algo. Pasas sobre ella y la buscas de nuevo un poco más adelante; ahí está otra vez... y enseguida caes... pequeñita y puntiaguda, apenas marca el talón, y deja en el piso un dibujo de anchos rombos horizontales. ¡Es la huella del Nombre de la Rosa!, igualita, te dices, calcada, sólo que le falta la nieve... e inmediatamente sonríes y mueves la cabeza resignado mientras piensas que necesitas urgentemente unas vacaciones.

Dejas atrás el charco y las huellas, aquella huella, y de paso también las tuyas, impresas sobre la acera; tus rastros de fantasmas sobre un instante que fue y ya no ha de volver jamás. Vuelves a contemplear el cielo parduzco. De repente te gustaría poder creer en profecías y apocalipsis, en trompetas y muertes que anuncian el fin, como en la película. De hecho, si la humanidad fuese a irse al garete por la ira de Dios, sin duda sería en un día como este, tiene toda la pinta. ¡Que exploten los fuegos artificiales y que empiece al baile!... El Día del Juicio Final... todos a tomar por saco... Se te antoja apetecible, te seduce, te pinta la piel de escalofrío, más que nada por lo mucho de maravilloso y fantástico que hay en él, también terrible y fatal, claro; ominoso... pero mágico, mágico de verdad... e irreal... porque en días como el de hoy darías lo que fuese por una mínima dosis de irrealidad inyectada en vena...

Al fin y al cabo, piensas, aquella huella no era la huella, y a este lado de la vida el ansia de misterio y el afán de maravilla siempre se lo cargan ciegos miserables de ojos blancos y lenguas y dedos negros cuyo único fin en este mundo bien parece ser echar a perder tus felicidades y sonrisas... La realidad siempre es más terrible que el más sanguinario de los apocalipsis...

Y entonces sigues caminando ovillado y cabizbajo, sin dejar huella... porque no agua en el suelo ni ganas de sueño en tus adentros... y de tu paso por este instante nunca más se supo...

© JIP

CAROLINA

CAROLINA

El coral vive en tu nombre,
agazapado, visible pero esquivo; camaleónido,
frágil almíbar,
sencillo rojo de
sangre fresca
que hierve nueva
en tus azures submarinos.

La magia, toda cristal
-dulzor, ¡cómo no!, coralino-,
vive en tus ojos,
como un recuerdo infantil de fresa,
cual añejo sabor a jazmín perdido.
En esos dos tragaluces tuyos,
extensos, encerados, líquidos,
como lagos de invierno helados
en los que deslizar la hoja de tus sueños,
y cuyos marcos brillan, perfuman
a barniz marrón y azafranado
de cielo en suave retirada.
Son de vidrio, de espejo tierno,
y en ellos veo el reflejo multiforme
-caleidoscopio en veladuras de tu alma-
de contrastes frescos, limpias armonías,
formas de infierno y cielo,
modos de sol y fantasía,
en hondos violetas levantinos,
sublimes cremas areniscos,
rubros envolventes,
de pasión embadurnados,
en la tersa tela de tu mente cincelados
-entera blanca y primordial-,
por tus dedos en pincel;
tus manos en cristálida paleta.

Y el arte está en tu pecho,
en corazonadas palpitante,
circulado de salvajes oleajes de deseo,
recorriéndote entera en fulgente crecida,
ora en titánicos fluires;
arrebatados…
ora en tranquilas corrientes;
serenas, nocturnales,
tal que un río anochecido
salpicado en vivas llamas
que navegan titilantes, inflamadas,
en pos de un ignoto estuario
pintado de irreales playas
y aguas tibias de espuma abstracta.

© JIP (Diciembre de 2003)

ORFANDAD DESHOJADA



ORFANDAD DESHOJADA

Noche negra hediendo a sepulcro,
silencio oscuro, putrefacto,
amortajada de hollados cuerpos la tierra:
fango descarnado, polvo encarnizado,
una sombra en vientos serpea
aguda cosechando almas.

Cesados del combate sus aullidos,
siento aún latido en el aliento;
todavía vivo, respirante…
La nada… Quizá mañana...
Seguramente…

Este silencio atronador me
azota de insomnio los oídos,
y mis ojos, desencajados de puro locos,
gimen secas lágrimas por los que fueron,
y no son ya sino pieles en ruinas
sobre fondo de ilusión descabezada.

Yertos muñecos de astillada madera,
entreviéndoseles los huesos,
derramándoseles los sueños,
goteándoles los recuerdos,
tal que instantáneas heridas de llama,
por las mordeduras fatales de la desesperanza.

La Chaqueta Metálica, Stanley Kubrick, 1987


¡Mírales bien el rostro convulso!
¡Esculpido final en los mármoles del vacío!
¡Esta es tu mano, tu cruel voluntad!

¿Por qué la muerte?
¿Por qué la vida?
¿Por qué este absurdo?
¿Quién tú para decidir
quién explota, quién se arrastra?

He visto tanto horror
bajo tu consentimiento impune,
tanto sordo dolor que tus manos desoyen,
que me resisto a concebir tu carne.

Desesperado y débil acudo a ti,
la Última Mentira,
pues este hervor de odio a que apestamos
no puede ser hijo sino de tu divina inquina.

¡Oh Dios!, si es cierto que respiras,
que tus pupilas pueden todavía llorar,
tus venas sangrar a violentos borbotones,
vomitar tu boca ante el horror más absoluto,
¡ayúdanos ahora!, ¡ayúdanos a todos!...

A esta orfandad deshojada
que consentiste en crear,
toda ella a mis pies fenecida,
a afrontar su último vuelo,
a palpar con sus nuevos dedos el sendero
que lleva a la paz del no ser…
confortable…
tranquila…

Ayúdame también a mí,
a todos los que aquí aún somos sufrir,
danos valor, aquí y ahora,
pues hemos de salir ahí fuera,
tu circo,
tu ruedo,
tu juego,
a morir matando, matar muriendo...
Tan sólo esto te pido...
que la negra insensibilidad
corra más rauda que el mirar de mi consciencia...

© JIP (2001)

Iwo Jima, 1945

REESCRIBIENDO...

Reflexionar acerca de la Reescritura siempre me retrotrae a Isaac Asimov. Aquel hombre de patillas trasnochadas y ego inabarcable era capaz de reescribir sus cuentos y relatos una y cien veces, las que hiciese falta, con tal de venderlos a las revistas de género de la época. Durante algún tiempo de su juventud, cuando muy joven, llegó a tener que depender de estas ventas para poder subsistir, así que en cierto modo es comprensible; todo el mundo -incluidos los escritores de ciencia ficción- necesita comer... No obstante, con los años y el éxito, publicar todo cuanto escribiese o hubiese escrito, por el mero hecho de haberse tomado la molestia de escribirlo, por el mero hecho de llamarse Isaac Asimov, llegó a convertirse en una obsesión bastante insana, y hasta tal punto fue así, que, por ejemplo, no le importó nunca escribir sobre cualquier tema, lo dominase o no, con tal de añadir un volumen más a su bibliografía, como tampoco tuvo reparos en dar a publicar sus primeros cuentos de juventud, aquellos que habían sido sistemáticamente rechazados por todas las revistas a pesar de sus múltiples reescrituras, y que eran en su gran mayoría verdaderamente infumables. Su nombre vendía, él lo sabía, y su enorme ego no pudo sustraerse jamás a la erótica profunda que encerraba contemplarlo en una portada, quizá porque conscientemente sabía que no era un buen escritor, uno de los grandes narradores, pero vender y publicar más que todos ellos juntos llenaba el hueco que dejaba esa carencia.

Isaac Asimov


Bueno... y todo este rollo a cuento de qué venía... ah, sí... de la reescritura y esas hierbas... En fin, que Asimov reescribía, todos los escritores, grandes o pequeños, buenos y malos, reescriben, unos más que otros, pero todos lo hacen, y el que diga que no es un embustero... o al menos yo no me lo creo. Otra cosa muy distinta es que, como autor, disfrutes o no reescribiendo tus textos... Yo, por ejemplo, lo odio...

Porque reescribir no es corregir, ojo... corregir, dentro de lo que cabe, puede ser incluso divertido; aguzar la puntería, afilar el estilo, filtrar, limpiar, pasar tu texto por el cedazo del máximo espíritu autocrítico... optimizarte en las formas... Pero reescribir implica meterse en las tripas de tu relato y averiguar dónde le duele. Significa también, y por efecto, que la cagaste, que algo no fue bien, que una gran parte de lo que escribiste te chirría de mala manera y no lo puedes soportar. No hiciste bien tu trabajo cuando tocaba, la pifiaste en los cimientos, la estructura, el encofrado de tu edificio narrativo, y ahora hace aguas por todas partes. De modo que te toca calzarte el mono de trabajo y, hablando en plata, ponerte de tu propia mierda hasta las cejas... si es que en verdad crees en ese texto.

De entre todas las reescrituras la peor sin duda, la más sangrante, es la de un texto antiguo, uno de esos que se ha pasado su buen tiempo aguardando en un cajón a que quisieses volver a darle una oportunidad, porque nada más ponerte a leerlo de nuevo empiezas a plantearte en serio si no te equivocaste de oficio, si esto de juntar letras no te queda definitivamente grande. Me gustaría pensar que esto le pasa a la mayoría de escritores, que incluso las grandes voces se arrepienten en gran medida hasta de sus mejores libros, aun los publicados, porque su alma hipercrítica siempre les ha encontrado taras, y siempre lo hará, con cada nueva relectura. No sé hasta qué punto será así con ellos pero a mí me ocurre. Siempre acabo diciéndome, ¿¡cómo demonios pude escribir semejante bazofia?!... y entonces nada de lo que lees te parece bueno, querrías prender fuego a todos esos folios y dedicarte simplemente a vivir dejando volar tu imaginación en el coto cerrado de tu mente.

Resulta muy difícil sentirse padre orgulloso de cualquiera de tus textos, porque eso es lo que son, hijos preciosos y queridos, las más de las veces traviesos, esquivos y desagradecidos, pero hijos tuyos al fin y al cabo, que te cuesta horrores traer a este mundo, y cuyo parto te duele y te sangra la mente hasta la extenuación. Pero no importa cuánto te haya costado su alumbramiento, nunca estás contento, siempre te parecen insuficientes y quieres pedirles más, pero ellos sólo tienen la vida que tú les has dado y si quieres que cambien has de ser tú el que vuelva a moldearles el alma. Y esa es a veces una tarea insufrible, ardua, y muchas veces terrible, porque esos textos, esos hijos, son un reflejo de ti mismo en el pasado, dicen mucho de lo que eras cuando los escribiste, pero eso no tiene por qué coincidir con lo que actualmente eres, o crees que eres. Los hombres cambian, crecen, mutan, menguan, se ensombrecen y agrian definitivamente; el tiempo y la vida se ocupan de ello, pero los textos no cambian, siempre son los mismos mientras tú, tú que eres hombre y cambias y a tu alcance está el divinizarte o el ensombrecerte, no les des un nuevo aliento. Reescribir es reescribirte, y si no tienes cuidado, corres el riesgo de negarte, mentirte, falsearte, ficcionar tu sentir.

Hace unos días repasé algunos textos antiguos, pequeños relatos y poemas, y me asaltaron todas estas sensaciones. Estaba atónito. No podía creer que alguna vez hubiera podido estar conforme con todo aquello, darlo por acabado. Encontraba taras en todas partes y a cada instante me decía, aquí sobra esto y falta esto otro, y se podía añadir esto un poco más allá. La persona que soy ahora ya no coincidía con la que escribió todo aquello y quería derribarlo entero y volver a empezar. Pero al mismo tiempo pensaba en la persona que fui, la que escribió esas páginas, el espíritu y la ilusión que movieron su afán de escritura. Todo aquello estaba allí, en aquellas líneas, participando de ellas aun en la imperfección. Debía elegir entre reescribir salvajemente negando tanto de lo que fui, falseando desde el presente una manera de sentir del pasado, o bien renunciar a tocarlo todo, asumir mis carencias como narrador, y seguir trabajando.

Empecé a seleccionar textos, algunos se perderían para siempre, eran irrecuperables, meros abortos, inviables, sin posibilidad de escape. Para estos sólo quedaba el silencio. Otros, los menos, me parecieron rescatables por diferentes motivos, pero tampoco me sentí con ánimo de reescribirlos, desestructurarlos y volverlos a montar; me parecía que era como añadir hiperbólicas ortopedias a un cuerpo tullido y deficiente; error sobre error. No, no los reescribiría. Puliría si acaso aspectos formales, estilísticos, tampoco demasiado, lo justo para no tener que sonrojarme... y tal vez los publicaría, aquí, en TannHäuser...

Uno de ellos es mi anterior post, "Vida Sin Luna", una historia que no es demasiado antigua, apenas un año y unos meses, pero cuya esencia, ahora mismo, dista diametralmente de la persona que soy. Mientras lo releía, el escritor no hacía más que apuntar aquí y allí, diciendo lo que se podía mejorar, dónde se tenían que tirar tabiques y levantar otros nuevos; recreándose en el arte del parcheado, pero el hombre, en cambio, yo... no quería volver a saber nada de la manera de sentir que impulsó aquellas líneas. Habían cumplido su labor en su momento, me había servido de ellas para sacar fuera lo que me atenazaba por dentro, y al fin lo había parido todo, mal que bien, con todas sus indudables taras.

No podía ni quería volver sobre aquel relato, pero tampoco negaría lo que me empujó a escribirlo ni lo que fui y sentí mientras lo hacía. Si a alguien pudiese interesar, gustar o repulsar lo que en el quise expresar, pues ahí queda para el que quiera darle una porción de su vida y su tiempo. La relación entre padre e hijo acaba aquí; yo miro hacia adelante, germinando en mi interior nuevas ficciones, y él despliega sus contrahechas alas emprendiendo el vuelo entre los lectores, en busca de una oportunidad...

© JIP

VIDA SIN LUNA

Mientras el barco baila de arriba abajo al son del oleaje, cabeceando rítmicamente al compás marcado por el mar, y el sol empieza a declinar, fundiéndose azafranado y final en la lejana línea del horizonte, contemplo sentado en cubierta el devenir de este manto de aguas móviles que me envuelven tranquilas, oscuras, cuasi eternas. Esta paz que sólo el océano puede dar, inexpresable e inaprensible, me llama a cerrar los ojos, abandonarme a los rumores del agua, bucear, abismarme en las profundidades de mis recuerdos, mis secretos guardados a cal y canto en la hondura de mi mente, los más de los cuales no son ya sino estampas de un pasado tintado en grises y ocres de ajado daguerrotipo. Son todo postales sin vida, historias sin color, como si fuesen las ficciones de un novelista o los juegos de un dios aburrido, y no el álbum fotográfico de los años de un ser humano; el recuento de mi vida.



No alcanzo a encontrar entre mis recuerdos un solo destello de alegría o esperanza, invadidos como están por el silencio y la melancolía. Creo que ni siquiera quiero dar con esa luz en las tinieblas de mi pasado.

Precisamente vine aquí huyendo de ese pasado, del tremendo dolor del mirar atrás y quedar cegado. Pensaba entonces que la vida se había vuelto vieja y achacosa, que cualquier ilusión nueva sería tan estéril como arrojar un puñado de azúcar al mar, pero me equivocaba, porque soy yo el que ha envejecido prematuramente, el que me he arrugado de manera irreversible. Soy yo el que todo lo oigo lejano y distorsionado, como desde la tumba, como si mi hogar fuese ya el fondo del océano… que todo me sabe igual, a puro cieno, como si la tierra húmeda del cementerio hubiese empezado a consumirme desde la boca… que tengo los ojos tan duros y quebradizos que todo lo veo opaco y distante, como filtrado en un grueso folio de papel vegetal… Seguramente por eso hace tanto de mis últimas lágrimas, tan seco estoy, como desierto, y tan raída tengo el alma por del dolor.

Sólo ahora sé que mi fracaso es total y definitivo. Fallé donde no debía, donde no se podía fallar, y de entre todos los errores que pude cometer escogí aquél del que no había posible vuelta atrás. No supe amar cuando pude hacerlo y ahí se acabó su vida, por supuesto también la mía. Cuando quise enmendar mi error ya era tarde, todo estaba perdido. No habría esperanzas de ningún tipo, tampoco segundas oportunidades. Eso quedaba para los demás, para aquellos que todavía no habían tenido la oportunidad de escoger… y fallar.

No supe tomar el camino de la vida y nos arrastré al sendero de la muerte. Ella fue inteligente y llegó antes, buscó un atajo. Yo en cambio, aunque no estoy menos muerto que ella, me veo en la obligación de amanecer día tras día.

Lo único que me mueve ahora es recuperarla en mi memoria; su rostro, su esencia, su aroma, toda ella redibujada exacta en los cuadernos de mi recuerdo, todo y ser consciente de que jamás la lograré. Se me antoja tan irrecuperable como el pecio que busco en el lecho marino desde hace tanto, por el cual buceo cada día más hondo todo y saber que nunca lo he de encontrar. Esas ruinas fantasmales ganadas por las algas y el coral me llaman incesantemente, me buscan desde lo profundo, desesperadas, como si anhelasen mi llegada para saberse completas, como si guardasen con celo el que ha de ser mi lugar final en el todo. Por eso he de seguir buscando, sin importar lo lejos, lo hondo que esté enterrado, porque tal vez junto a los restos de ese naufragio estén también los pedazos con los que recomponer su retrato. Quizá por esa misma razón no tarde en tirarme al agua en una búsqueda última y final, y descienda, descienda sin parar, sin mirar atrás, y llegué allí de donde no se puede volver, allí donde sé que a pesar de la oscuridad abisal, encontraré el pecio que la luz jamás me dejaría ver, y una vez representado mi pequeño y derrotado papel en la trama del cosmos, sólo me quedará aguardar que el cosmos tenga a bien abatir su telón sobre mí.



El sol fue dejando una noche sin luna, como sin luna ha sido mi vida desde que se extinguió su luz y ya no pude volverla a ver, ni tan siquiera retratada en ese ocre y ajado daguerrotipo de la memoria. Miro a mi alrededor: las negruras de cielo y océano son una y la misma, infinita; no hay horizonte, ni tiempo ni lugar a los que escapar…

Imagino el barco desde fuera, desde muy arriba, conmigo dentro, solitario y silencioso en la oscuridad ubicua del océano y la noche eternos. Perdido, sin rumbo, aguardando que la próxima tormenta se lo lleve al único lugar al que puede ya dirigirse, allí donde reposan para siempre tantos y tantos naufragios.

© JIP

"AJENARSE"

AJENARSE: Marchar definitivamente de tu esencia para no volver, partiéndola, fundiéndola, subiendo su temperatura hasta disolverte la última molécula, y a partir de ahí habitar un tránsito, una sombra que escapa, un no ser tú, que fuiste averno, sin tampoco ser los demás, que son infierno; reedificarte pulsátil en tinieblas de purgatorio.

Transformado en carne de espejo, desposeerte completo, deshabitarte en este lado del reflejo, y transmigrar tu absurdo al doppelgänger fatal que prospera en tus miedos.

© JIP

Terroríficamente Muertos, Sam Raimi, 1987

ME TIENES SIEMPRE...

Me tienes siempre, junto a mi ausencia, y junto a ella, la tuya, tu ausencia, a ti te tengo, conmigo, en lo más hondo, adentro toda, toda completa, sin estar tú, pero siendo tú toda, entera, risueña, feliz, en mis adentros. Y en los tuyos estoy todo yo, soñándote, bebiéndote, sintiéndote, viviéndote, anhelando que sólo tú quedas, y vienes, y de tu no estar no está ni el recuerdo, ni la sombra que fue; y de la sombra que ha de ser cuando partas de nuevo no tengo ahora en mí ni un destello. Y el tiempo corre quemando el presente, huyendo al futuro con furia de llama, y con él volamos tú y yo el mismo sendero, desde nuestros besos, desde nuestras ausencias, desde ese no estar tú más que en mi ser y mi pálpito, desde ese no estar yo sino en tu rico deseo, pintándome nocturno a tu lado en tus noches, vistiéndote yo de tierna caricia acompañándo mis horas... esas que, ¡ay!, sin ti me parecen tan largas, crudas, tenebrosas... y hasta que encuentre mejores palabras para decir que te llevo conmigo, que estás siempre aquí, que no soy YO si no es pensándote en mí, aquí te dejo estos versos de un maestro, que tan bien todo esto y más, mucho más, lo cantó, apagando con ello los fuegos del tiempo, y al tiempo prendiendo otros nuevos, en profundidades de corazón y zozobrantes desvelos...

Pedro Salinas




Qué alegría, vivir
sintiéndose vivido.
Rendirse
a la gran certidumbre, oscuramente,
de que otro ser, fuera de mí, muy lejos,
me está viviendo.
Que cuando los espejos, los espías,
azogues, almas cortas, aseguran
que estoy aquí, yo, inmóvil,
con los ojos cerrados y los labios,
negándome al amor
de la luz, de la flor y de los nombres,
la verdad transvisible es que camino
sin mis pasos, con otros,
allá lejos, y allí
estoy besando flores, luces, hablo.
Que hay otro ser, por el que miro el mundo,
porque me está queriendo con sus ojos.
Que hay otra voz con la que digo cosas
no sospechadas por mi gran silencio;
y es que también me quiere con su voz.
La vida -¡qué transporte ya!-, ignorancia
de lo que son mis actos, que ella hace,
en que ella vive, doble, suya y mía.
Y cuando ella me hable
de un cielo oscuro, de un paisaje blanco,
recordaré
estrellas que no vi, que ella miraba,
y nieve que nevaba allá en su cielo.
Con la extraña delicia de acordarse
de haber tocado lo que no toqué
sino con esas manos que no alcanzo
a coger con las mías, tan distantes.
Y todo enajenado podrá el cuerpo
descansar quieto, muerto ya. Morirse
en la alta confianza
de que este vivir mío no era sólo
mi vivir: era el nuestro. Y que me vive
otro ser por detrás de la no muerte.

Pedro Salinas
La Voz a Ti Debida

LA MUERTE DE ELÍAS

En ocasiones un texto, una necesidad de expresar determinados sentimientos o ideas, puede llevar germinando en tu interior desde mucho tiempo atrás sin que seas consciente de ello, incluso años, hasta que un buen día algo enciende la mecha y lo saca a flote; tal vez lo ves en algún sitio o lo escuchas por la calle en boca ajena, quizá se te presenta en el diálogo con un amigo o un conocido, las más de las veces lo lees en los libros, o simplemente lo piensas, así, de sopetón y sin venir a cuento; intempestivamente… y en ese instante sabes que tienes que ponerte a escribir…

Así, por ejemplo, estas líneas llevaban conmigo mucho tiempo, aunque no acertaría a decir cuánto exactamente, y sólo hoy me he topado con la espoleta que las ha hecho saltar. Debía tener 10 años, 11 a lo sumo, no lo sé muy bien, pero sí recuerdo que era noche entrada en un día normal, como cualquier otro. Acabábamos de cenar y mi padre había alquilado una película de vídeo… y yo la estaba viendo, allí, muy cerca del televisor, con mi padre y con mi madre, atento, embobado ante la magia de la pantalla, sin enterarme demasiado de qué iba todo aquello, pero increíblemente atento, con esa atención inmensa, con esos ojos enormes que sólo los críos pueden poner. Siempre se me permitió verlo todo en mi casa, desde niño, y no es este tiempo ni lugar para preguntarme sobre si es algo que debiera o no dejar de agradecer, pero lo cierto es que nadie me dijo que no mirase, que me tapase los ojos cuando asesinaron a Elías... y yo miré, y vi, la contemplé, entera, su muerte, la muerte de Elías... hasta el final…hasta hacerme saltar las lágrimas… y después de aquello ya no quise ver más…

En el curso de los años he vuelto a ver "Platoon" muchas veces, completa, de principio a fin, la he asimilado y la he entendido, si es que es eso posible, pero aun hoy la película de Stone, para mí, sigue reduciéndose única y exclusivamente a la Muerte del sargento Elías, marcada a fuego en mi recuerdo infantil como mi primera toma de contacto consciente, no con la Muerte, sino con la Guerra, que siempre me ha parecido mucho más terrible.

No sé por qué me atrae tanto, pero así es. Quizá mejor no saberlo, por lo mucho de odioso y execrable que puedo descubrir en lo hondo de mi alma. Porque lo cierto es que me atrae la guerra, lo bélico, ese matarnos los unos a los otros que optimizamos desde antiguo y que tan bien se nos da. Me atrae, sí, siempre lo ha hecho, supongo que desde que destriparon a Elías ante mis inocentes ojos, aunque probablemente esa atracción ya estaba antes, subrepticia, gestándose, pugnando por salir. Y sé que en esto no soy el único, que somos multitud. Para bien o para mal, dudo que haya vuelta de hoja en eso.

Quisiera pensar que me atrae como todas las cosas que no alcanzo a comprender, que se le escapan a mi juicio, que no encuentran cabida en mi corazón. ¿Cómo asimilar esa masacre? ¿Cómo afrontar que tienes que salir ahí fuera, a morir? ¿Cómo soportarte a ti mismo sabiéndote ejecutor de una vida ajena? Todos estos interrogantes poseen una erótica incuestionable, fluyen, quedan muy bien en los discursos, las lápidas, las novelas y las películas, incluso pueden llegar a ser buena lejía para las malas conciencias que ansían una redención barata. Pero no hay por qué engañarse. No he hecho el servicio militar, ni pienso hacerlo, y confío no tener que estar jamás bajo un fuego enemigo, pero sé que, cualesquiera fuese las causas y circunstancias que me pusiesen en una situación así, armado y soltado en un campo de batalla, yo, como cualquier otro, mataría... por mi vida, incluso por la de aquellos amigos de armas que, como yo, son también peones a sacrificar en el tablero de juego… Lo haría, sí, hasta que me derrumbase exhausto, o me poseyera la locura, o se diese el último disparo y todo terminase… o me diesen el último disparo y todo terminase… sólo para mí…

Es algo que está muy por encima de la política, el dinero o el poder: matarnos los unos a los otros está escrito en nuestros genes de bestia, esos que ni siquiera la ciencia, esa que tan bien y tan limpio mata, puede negar.

Yo en aquel entonces no lo entendí. Al fin y al cabo era un niño. Yo sólo veía correr a Elías , a un Elías herido, moribundo, que ya estaba muerto porque Barnes, un compañero, se había encargado de comprar su pasaje al otro barrio… pero seguía corriendo todo y no ser ya sino un cadáver… hacia los helicópteros, hacia sus amigos, hacia sus hermanos de sangre, hacia una imposible esperanza de salvación… y los vietnamitas corrían detrás de él… disparándole… una y otra vez… a él, a Elías, que ya estaba muerto, por mucho que corriese… muchos de ellos contra uno solo… y por la espalda… como los cobardes… disparándole… una y otra vez… y Elías recibiendo sus balas… una tras otra… al ralentí, en cámara lenta… mientras sonaban las maravillosas y trágicas notas del "Adagio for Strings" compuesto por George Delerue que tantas veces después he escuchado… salvaje… convulsionado… final… Elías encajaba... hasta que ya no pudo correr más y clavó las rodillas en tierra… pero hay que estar muerto del todo para no querer seguir viviendo… está en la sangre… en la de todos… también en la de él… y volvió a querer levantarse… ¿!Por qué!?... ¿¡Por qué lo hacía si ya estaba muerto!?... ¿¡Y por qué ellos seguían disparándole, agujereándole la espalda y el pecho!?... ¿¡Y por qué Barnes, traidor, lo había empezado todo!?... No, no lo entendía… pero tampoco podía dejar de mirar… de ver cómo al fin, arrodillado sobre la maleza, brazos clamando a un cielo vacío de dioses, encajando la última bala, aquel hombre duro caía, se precipitaba de una vez por todas y para siempre hacia la muerte, el descanso, la oscuridad… Y mis lágrimas cayeron con él…

Elías... el alma que no quería morir


Después de aquello ya no quise mirar, pero la gente siguió muriendo igual, fuera de plano, del pensamiento, y así hasta hoy… y así hasta el fin de los finales. Elías muere una y otra vez a cada momento y en todas partes… y de nada sirve no mirar, taparse los ojos, negar la esencia animal, reptil, que nos impregna hasta el tuétano… sólo hay que echarle un vistazo a las noticias para comprobarlo, cualquier día, cualquier año… Matar nunca va a pasar de moda…

Porque como reza la frase de Céline que me empujó a escribir estas palabras, recordar la Muerte de Elías... al fin y al cabo, “en el corazón de los hombres sólo habita la guerra.”

© JIP

EL PESO DE LA SOMBRA

Hay días que arrojarías la toalla, que claudicarías nada más despertar, alzando los brazos, utilizando el blanco de tus sábanas en señal de rendición, porque sabes positivamente que esa mañana has amanecido para perder.

Te duele la espalda con ganas, como hacía tiempo que no te dolía, y además estás mareado. Sabes que lo último que deberías hacer es levantarte, y no quieres hacerlo, pero aun así lo haces, porque sí, porque es lo que hay que hacer. Te pones en pie, notas la náusea adherirse a la base de tu garganta, y empiezas a notar que la humanidad te abandona, que te inicias abruptamente en los senderos del guiñapo. Para colmo sientes esa ligera presión en la cabeza, esa que tan bien conoces, que tan bien te conoce, y entonces cierras los ojos y te dices no, por favor, eso no, aguantaría todo el resto... ¡pero eso no! Rezas sin ser creyente por que la migraña no quiera ser hoy tu "mejor amiga". Te tomas rápidamente un par de aspirinas, sin desayunar, te da igual, porque el pánico que has desarrollado a ese infierno insoportable en tu cabeza te domina. Sólo quieres que esa amenaza en tu cerebro desaparezca. Que no crezca. Que no te inhabilite una vez más con su atroz punzada.

Así que estás para el arrastre. De pronto sientes tu vida como el más grande y crudo de los Stalingrados... y no tienes ganas de luchar por un palmo de tierra más; sólo quieres rendirte... caer preso... dormir... dejar de ser única y exclusivamente dolor y malestar...

Te gustaría poder desplomarte sobre la cama y olvidarte del mundo, llenarte los bolsillos de inconsciencia parafraseando la muerte del buenazo de Porthos en el El Vizconde de Bragelonne, de Dumas , susurrando aquello de "Es demasiado peso"... y precipitarte final en la negrura...

Pero no. No puedes. No debes. En lugar de eso das comienzo al día.... uno más, uno de tantos; te duchas, te vistes, no desayunas por miedo a echar la pota, y te dispones a salir por la puerta dejando atrás tu casa, tu cama, tu posibilidad de un sueño reparador... Por un momento te paras a pensar en ello; no vales una mierda, estás hecho una auténtica piltrafa y puede que lo peor aún esté por llegar... y en lugar de quedarte guardando cama, acabas de cerrar la puerta, te largas a trabajar, a lo que hay que hacer, vamos... y lo peor de todo es que no recuerdas haberte planteado el no hacerlo... De repente lo sabes; cada nuevo atentado a tu mente te aproxima peligrosamente al Autómata...

Sí, te gustaría poder decir que todo es demasiado peso y dejarte caer... como el héroe cansado de Dumas, pero Porthos tenía papel por carne y tinta por sangre, y ya era viejo cuando pronunció su último parlamento; había vivido y combatido mucho... todo; había bregado ya todo lo que estaba a su alcance, así que tenía bien merecido ese descanso. Pero tú, en cambio, no has hecho más que comenzar, eres todavía un principiante en esto del vivir y del sufrir... y un final así, una muerte así, no se consigue gratis. Ni tu carne es de papel ni tu sangre de negra tinta, tu dolor es todo rojo y víscera, y la sombra de tu enemigo no se refleja en la hoja de un sable...

Tu enemigo, lo sabes, es la sombra misma, la que te dehumaniza y poco a poco, día a día, te petrifica las venas, esclerotiza tu pensamiento; te transforma en máquina aniquilando tus sueños...

Y tú quieres vivir... y soñar... y por eso no te quedas durmiendo todo y que estás totalmente inutilizado... porque quieres huir del metal...

Así que haces de tripas corazón, y aguantas la náusea mientras bajas las escaleras, afrontando mal que bien un día más; uno de esos en que sabes que sólo te va a tocar perder... pero antes eso, piensas, que rendirte a la sombra y dormitar... dejar que sea ella quien decida cuándo has llegado al límite del peso que tus huesos, tu vida, tu alma, pueden soportar...

© JIP

HERENCIA

HERENCIA

De Machado,
del Lorca ejecutado,
de Hernández,
del Salinas enamorado,
de Blas,
¡cómo no!, de Blas,
querido hermano reencontrado.

De todos ellos que me
enseñaron no hace tanto,
pero tanto en el recuerdo,
a cantar la vida por
boca de una pluma,
recogeré el testigo.

E insultaré a Dios y
su vacío de insustancia.
Y del amor lloraré
su llama derrotada.
Y cantaré a la tempestad verde,
a la naturaleza brava.
Y avivaré el fuego de
los corazones que al fin aman.
Y crearé del silencio inerte
el frágil retrato de una sonrisa helada.

Y que no cesen jamás
sus voces,
sus poemas,
sus baladas…
¡Que son prueba de aliento!
¡Dolor de vida!
¡Clamor de garra indoblegada!

© JIP

"INTEMPESTIVO"

INTEMPESTIVO: Ausente de todo destello, fugado de todo rielar, contemplar la línea de sombra desde la orilla de los abismados, con ojos sin pupilas, labios sin aullido, y no querer volver pese a tener todavía piernas; libertad. Como el agua de un lago sin ríos, ex profeso mantenerse ínsula de mar entre tierras; "involuntad" de desbordar.

Ahíto de insomnio, soñar despierto que el dormir es un posible por llegar...

© JIP

La Noche, Léon Spillaert, 1908

¿POR QUÉ TANNHÄUSER? ¿POR QUÉ ESCRIBIR?

La verdad es que no tenía intención de escribir nada sobre la reciente e imprevista caída de toda Blogia, más que nada por no abundar en un tema que a buen seguro ha de monopolizar multitud de posts de muchos de los webloggers afectados, pero he cambiado de idea por dos razones.

La primera es agradecer desde aquí, desde estas, mis Puertas recuperadas, a Roberto Abizanda su esfuerzo y su trabajo, no sólo a la hora de resolver esta pequeña gran crisis, sino en general, por su dedicación a esta Comunidad de Bitácoras.

La segunda me la ha proporcionado Juan Carlos, de Octaedro, en su último post. En el tiempo en el que TannHäuser estuvo desaparecida en combate, dos personas me inquirieron sobre si, de no volver Blogia a la vida, me embarcaría inmediatamente en una nueva bitácora, no preguntándolo, sino más bien enunciándolo como una certeza, como si no pudiese hacer otra cosa que reanimar mis impulsos weblogueros de sus propias cenizas. Mis sentimientos ante esos comentarios fueron ambivalentes, porque de un lado yo no quería saber más nada de ninguna bitácora que no fuese TannHäuser, y me negaba en redondo a volver a empezar otra desde cero, pero por otro, como muy bien expresa Juan Carlos en su citado post, bitacorear se había convertido, lo quisiera o no, en una imperiosa necesidad.

Llevaba casi 10 meses al frente de TannHäuser, me había pasado incontables horas escribiendo posts y artículos, cuentos y poemas, buscando material gráfico, publicando y volviendo a publicar, corrigiendo hasta lo obsesivo cualquier error, cualquier falta ortográfica, respondiendo comentarios... y de repente todo se había esfumado... y con ella tanto y tanto de esas horas... y con ella tanto y tanto de mí mismo... No, no, yo seguiría con TannHäuser o no seguiría con ninguna otra, eso lo tenía más que claro, pero al mismo tiempo no podía imaginar qué sería llegar a casa, hastiado del trabajo, y no poder escribir sobre lo que me diese la real gana, si es que así se me antojaba, y mostrárselo a todos aquellos que quisieran leerlo. Sí, echaría de menos escribir para TannHäuser y mucho más todavía extrañaría a mis -pocos pero valientes- lectores y comentaristas; los anónimos y los nombrables, los webloggers y los que no... porque en cierto modo también escribía para ellos y mucho de ellos retornaba a mí y volvía a volcarse sobre nuevos escritos... Sí, me jodería increíblemente perder ese vínculo, sería un duro golpe que... ¿habría podido afrontar?...

No lo sé... tal vez me hubiese mantenido en mis trece y hubiese guardado silencio a pesar de todo, o tal vez, incapaz de soportar el "mono" bitacorero, habría dado pie a una nueva singladura weblogger... En cualquier caso, esos interrogantes ya no tienen razón de ser, porque TannHäuser ha vuelto, toda Blogia lo ha hecho, y voy a poder seguir al frente de este navío, de estas Puertas oscuras. Y, sobre todo, voy a poder seguir manteniendo ese estrecho y mágico vínculo con vosotros, los que me leéis, los que tenéis los "güevos" de estar ahí un día sí y otro también, hablando en plata, haciéndoos partícipes de mis neuras, mis paranoias y mis mitomanías...

TannHäuser terminará algún día, eso lo tengo claro, sus puertas se cerrarán, quizá habiendo mutado, o quizá sin haber apenas cambiado, pero se cerrarán. Y espero y confío que eso no ocuura por ninguna dificultad técnica, sino porque yo así lo desee, porque esté hasta las narices de ella, porque ya no pueda dedicarle el tiempo y la atención que merece, porque mis formas de sentir y pensar ya no puedan soportarla, no encajen con ella, o simplemente porque, viendo claro que un período de mi vida ha concluido, ella deba concluir con él; porque cumplido el cometido que impulsó su nacimiento, debe cesar con él... Dicho cometido no fue otro que escribir, escribir, escribir... de cualquier cosa y a cualquier hora, pero escribir... disfrutando y sufriendo cada línea... escribir sobre todo lo que me corría por las venas, me corroía las entrañas, iluminaba mis días y ensombrecía mis sonrisas...

Por eso TannHäuser es una bitácora atípica, disimilar en muchos aspectos a la gran mayoría, sobre todo en lo tocante a la concepción de los textos y el estilo con que los redacto. De ahí supongo, también, su escaso éxito... Pero de ahí, también, curiosa, maravillosa paradoja, el inmenso valor que tenéis los pocos que queréis estar ahí...

Por vosotros y por mí, mientras me quede aliento y estas Puertas sigan encontrando en mi interior su sentido primigenio, aquí seguiré, estrujándome la savia, expulsándolo todo, lo bueno y lo malo, incluso lo peor, en ese divino y portentoso acto que es el escribir...

© JIP

DAMERO INVISIBLE

Quisieras poder empezar por algún sitio, porque sí, porque es lo justo y natural, lo normal, vamos, igual que empiezas el día abriendo los ojos, invitándote involuntariamente, un día más, a la consciencia, dándole los buenos días al averno de la incertidumbre... ¡porque todo tiene un principio, joder!... pero en seguida te das cuenta de que no hay cuerdas, que no hay más suelo que el que estás pisando, que crees que estás pisando, que no eres más que uno en el vacío, el vacío mismo, y como tal no requieres mayúsculas ni puntos finales, ni tan siquiera aire que respirar, porque es tan hondo, tan enorme, tan inaprensible tu silencioso hueco que en él no cabe otra cosa que la nada, esa ególatra convulsa que todo lo echa fuera. Miras atrás y no ves los escalones que creías superados, han desaparecido. Miras enfrente, tampoco están aquellos a los que hoy tenías previsto sobrevivir. La escalera de la vida se siente aburrida, juguetona, caprichosa, y está muy dispuesta a joderte. Se quita las ropas, se desnuda, te hace partícipe del atroz streaptease del interrogante. Te abre sus carnes impúdica, aniquilándote, mostrándote unas entrañas regordetas, voluptuosas, henchidas de la savia acre de la duda de todos los que como tú, imbécil, piensan que todo ha de tener alguna suerte de principio.

Cierras los ojos, no quieres mirar, tal vez gritas, tal vez te pones a cavar, cavar con las manos desnudas esa tierra que no existe, ese damero diabólico de cuadrados invisibles en los que siempre eres peón, de esos que primero entran en juego... de los de sacrificar. Te preguntas si hubo alguna vez algún peón de carne que consiguiese llegar al final de la escalera, al último cuadro, coronarse Reina, y enseguidas sonríes, no; te ríes, no; revientas en sonoras carcajadas. Y el eco de tu locura regresa al punto, retumbando como tifón, quemándote el cielo de la boca, haciéndote añicos las costillas.

Pero aun así perseveras contumaz en la razón, en el uno más uno son dos y toda esa farsa que sólo funciona en lo que está más allá de la vida, exterior al pálpito. Porque no te queda otra salida, porque no se puede cuadrar el círculo, no, no se puede, ni se pueden pintar líneas en el aire, ni lienzos en el agua, porque tu piel y tu carne están hechos de la ceniza y el gusano y nada excepto eso son en potencia. Aprehender la vida te hace sentir como una pedazo de bistec en una nevera abandonada, en un piso abandonado, en un planeta abandonado, en un cosmos abandonado, simplemente esperando tu fecha de caducidad... y a partir de ahí, pudrirte, descomponerte, morir, desaparecer... como las cucarachas del anuncio pero en más nauseabundo...

Imposible salirte de ti mismo, empatizar con el sinsentido, así que te vuelves al interior, a tus entrañas, ansiando una luz, aunque sea roja de sangre, roja de fatalidad, roja de náusea. Un brillo sólo en ti sumido que te empuje a perseverar en el existir. Sabes que buscas lo imposible, o mejor, lo improbable, lo indemostrable. Estás buscando fe, creándola de cero, desde tus vísceras y tus circunvoluciones, el único credo en el que podrías depositar tus esperanzas; ni cruces yertas, ni libros vacuos, ni espinas muertas. Sólo tú y tu interioridad hecha de sueños, y tu nuevo dios de ámbares resplandores, ese que es tu reflejo vivo y unívoco en el espejo de la eternidad, que te guardará tal cual eres incluso allá, en el gélido purgatorio del no ser.

Quisieras saber cuándo terminar, porque el final siempre parece más creíble que cualquier principio, y no quieres llegar tarde, pero tampoco irte antes de tiempo. Ahora un rumor de lava gris, esclerótica, se avecina, viene en tu busca, la sientes, la estabas esperando. Un volcán sólo es él en la medida en que vomita ascuas homicidas, y tu vida existe y es única y exclusivamente para ser ardida...

Pero ahora sientes llamear tus pupilas, tus manos son olas flamígeras que incendian la vastedad. El fuego con el fuego no arde; se hace más grande, omnímodo, multiforme. Tu alma destructora, vengadora, crece salvaje e imparable. Por segundos alcanzas la divinidad en lo doliente, en lo mortal. Y todos los absurdos encuentran sentido en tu Absurdidad.

Quisieras saber por dónde empezar... Tal vez sería buena idea abrir los ojos, estos ojos nuevos que tanto queman, que tanto arden dentro y fuera de su propia llama... Abrirlos, sí, y una vez abiertos, desplegados... dejar atrás el último escalón, traspasar la última frontera, destrozar el damero mezquino, coronarte... y reinar...

© JIP

"AULLANTE"

AULLANTE: Expulsado del pensamiento, regurgitado en el reptil, regresado al lobo que es un lobo para el Orbe; sable de voz intempestivo, desgarrar en bramidos las esferas, excoriar la tierra con tu grito, y en el negro de tu alma desatar rabias de colmillo.

Fuera de tiempo, traspapelado, insostenible en la humanidad, ovillarse, recrudecerte, cerras apuestas... y estallar...

© JIP

Un Hombre Lobo Americano en Londres, John Landis, 1981

SÁBATO Y LA CAVERNA

Sábato cambió la Caverna Platónica por un Túnel, "oscuro y solitario", para la historia de una tragedia, la del propio ser humano, terriblemente consciente de su absurdo:

"A veces creo que nada tiene sentido. En un planeta minúsculo, que corre hacia la nada desde millones de años, nacemos en medio de dolores, crecemos, luchamos, nos enfermamos, sufrimos, hacemos sufrir, gritamos, morimos, mueren y otros están naciendo para volver a empezar la comedia inútil.
¿Sería eso, verdaderamente? Me quedé reflexionando en esa idea de la falta de sentido. ¿Toda nuestra vida sería una serie de gritos anónimos en un desierto de astros indiferentes?"




Un desierto árido y seco, solitario y oscuro, como el túnel en el que transcurre su vida el pintor Juan Pablo Castel, quien a través de la ventana de uno de sus cuadros cree de pronto entrever la luz, la vida, el sentido de la existencia en el amor hacia María Iribarne. Un amor idealizado, extremo, hiperbólico, totalmente irreal, que poco a poco se va convirtiendo en un infierno de celos, desconfianzas, heridas y malquerencias. Así hasta desembocar en la fatalidad, el asesinato de ésta a manos de aquél; el soñador, una vez alcanzado su sueño, fue incapaz de aprehenderlo y controlarlo, y terminó por perderlo... y perderse con él.

El pintor, encerrado en su túnel, agitándose, desgarrándose impotente al no ser capaz de conservar un significado que internamente sabe falso, temporal, insuficiente, termina por matar su propia ilusión, su propio sueño de amor, cerrando así la única ventana a la esperanza, el único punto de luz en ese túnel de amargura y sinsentido, que es el vivir.

La historia del ser humano, según Sábato: una lámpara de sueño que ya encendida empieza a agonizar en mitad de la oscuridad grutesca del absurdo...

Quizá por eso la novela empieza y casi termina con la misma cita, cerrando circular el ciclo de una vida más que arde en la nada, como todas las que fueron y todas las que serán:

"...en todo caso había un solo túnel, oscuro y silencioso: el mío, el túnel en que había transcurrido toda mi infancia, mi juventud, toda mi vida"

© JIP

Ernesto Sábato

NAUFRAGIO



NAUFRAGIO

Sediento de horizonte,
ahíto de silencio,
ansío, quiero, pido
¡VIENTO!
Vendaval, tifón, huracán todo,
que desarme mis velas de piel
como himen primero
de amor penetrado,
soplándome lejos,
muy lejos de aquí.

Si cabe,
incluso al fondo del abismo,
donde noche y día son
negros
y húmedos
y huelen a muerte.

Si cabe,
anegando mis pulmones,
como valle muerto por presa rota
cuyos bronquios de madera y hoja y verde
bailan finados al son de la corriente.

Islote de antártica melancolía
al fin del continental cemento desgajado,
glauco iceberg declarado en rebeldía,
naufrago desrumbado hacia el ocaso,
ese sol rubicundo, pupila crepuscular,
que ha de licuarme,
disolverme,
silenciarme,
ennadarme eterno en el cosmos oceánico.

¡Ven a mí ola GIGANTE,
furia SALVAJE de aguas abisales!

¡Ven a mi encuentro ahora que soy YO
y puedo verte
y oponer a tu empuje mortal todo mi rostro!

¡Ven a tragarme!
¡Aquí te espero!

¡Y que del estrépito del morir
de tus hielos y mis odios
libérese el GRITO que haga
zozobrar la tierra,
apargarse el sol,
escorar el universo!

© JIP

PLUMAS DE METAL, AFÁN DE VUELO...

De nuevo, Aleixandre y su versos, y sus sueños, en los míos; mis ríos, mis pensamientos. De nuevo, Aleixandre, para todos aquellos que viven versos y sueñan vivos ríos de pensamiento; para los que todavía creen, en sí y para sí mismos, que dudan, que luchan, que batallan, sangrantes el alma y la garra; que buscan sin encontrar, pero buscan, hasta rojear oscuros, endrinos, como la sombra que planea rapaz...



Para los que no quieren dejarse encerrar, que no quieren de metal sus alas, ni pesado como acero o lágrima su libre afán de vuelo, que alzan la mano imperiosa, desgarrada, y eclipsan con ello la nada...

LAS ÁGUILAS

El mundo encierra la verdad de la vida,
aunque la sangre mienta melancólicamente
cuando como mar sereno en la tarde
siente arriba el batir de las águilas libres.

Las plumas de metal,
las garras poderosas,
ese afán del amor o la muerte,
ese deseo de beber en los ojos con un pico de hierro,
de poder al fin besar lo exterior de la tierra,
vuela como el deseo,
como las nubes que a nada se oponen,
como el azul radiante, corazón ya de afuera
en que la libertad se ha abierto para el mundo.

Las águilas serenas
no serán nunca esquifes,
no serán sueño o pájaro,
no serán caja donde olvidar lo triste,
donde tener guardado esmeraldas u ópalos.

El sol que cuaja en las pupilas,
que a las pupilas mira libremente,
es ave inmarcesible, vencedor de pechos,
donde hundir su furor contra un cuerpo amarrado.

Las violentas alas
que azotan rostros como eclipses,
que parten venas de zafiro muerto,
que seccionan la sangre coagulada,
rompen el viento en mil pedazos,
mármol o espacio impenetrable
donde una mano muerte detenida
es el claror que en la noche fulgura.

Águilas como abismos,
como montes altísimos,
derriban majestades, troncos polvorientos,
esa verde hiedra que en los muslos
finge la lengua vegetal casi viva.

Se aproxima el momento en que la dicha consista
en desvestir de piel a los cuerpos humanos,
en que el celeste ojo victorioso
vea sólo a la tierra como sangre que gira.

Águilas de metal sonorísimo,
arpas furiosas con su voz casi humana,
cantan la ira de amar los corazones,
amarlos con las garras estrujando su muerte.

Vicente Aleixandre
La Destrucción o el Amor

GRANJA DE LOCOS (BOUTADE DE SOBREMESA)

Es una de esas, cómo las llaman, granjas, es decir, una extraña simbiosis entre panadería y cafetería en la que, a falta de poder ponerte tibio a carajillos, sí puedes, por contra, embotarte las arterias a base de la más fina, rica y diversa bollería.

No me gusta ese tipo de sitios, suelen estar a reventar de mujeres mayores y cuchicheantes, con sus enormes gafas de pasta, sus rizosas y teñidas permanentes, marujeando todo el rato, cloqueando, como gallinas… en una granja… ¡Perfecto! Cómo era aquello… “Gallina vieja hace buen caldo”... ¡Jodido refranero popular!… El caso es que tengo el mono, necesito un café, pero ya, ipsofácticamente, vaya...

De modo que entro, es un corral pequeño, las mesas están todas ocupadas, la mayoría por gallinas con permanente, cloqueando, cloqueando, hasta llenarlo todo de un rumor vulgar y ensordecedor. Hay un par de estudiantes al fondo, quiero decir estudiantas, pero demasiado al fondo, demasiado lejos del olor a cafetera…

Tomo asiento en la barra y espero mi turno:

- Me pones un café con leche descafeinado de máquina, por favor.
- ¡Bufff! Eso es terriblemente pedante…

Perplejidad…

- ¿¡Perdón!?
- Que es pedante, lo que me has pedido… Mucho…

Joder…

- Perdona, pero no te comprendo. Yo sólo quiero un café…
- …Terriblemente pedante, lo sé… Casi tanto como pedir un Trinaranjus de Maracuyá…

¡¿Qué está pasando?!...

Miro alrededor. Cara de póker, es decir, de mal jugador de póker. ¿Cámaras ocultas? ¿Bromazo? No es diciembre, ni veintiocho, ni mi cumpleaños… Nada sospechoso en lontananza. Vuelvo la vista, y ahí está, mirándome fijamente, sonriendo… no, riéndose, de mí, no conmigo, ¡eso por descontado! Ojos verdes, muy verdes, bonita de verdad, ¿rubia?, eso parece, lleva el pelo recogido bajo una inmensa gorra de panadera, como de panadera es el resto de su uniforme. Una panadera que no sólo no hace pan, sino que no quiere servirme el maldito café con leche descafeinado de máquina… y se está riendo de mí, no conmigo, ¡faltaba más!...

- Muy graciosa tú, oyes… pero… ¿me lo vas a poner o no?
- Tú verás… si te gusta ser pedante…

Rojo como tomate. Más perplejidad. ¿Más aún? Sí, más. Joder. Se te está riendo en la cara. ¡Sin duda!, pero… es una bonita sonrisa, no crees… ¡A tu costa!... ¡¿Qué?!... Yo todavía no he soltado un duro… No, imbécil… hablo de tu orgullo… ¡Ah, sí!, cierto, ¡ciertísimo!... Y si te digo que me traigas el libro de reclamaciones… y si te digo que quiero hablar con tu encargado, eh, monina, entonces qué… ¿también te parecerá eso pedante?...

- Esto… ¿Me das tú teléfono?...

¿¡Pero qué haces?! ¡Desgraciado! ¡Insensato!... ¡GIILIPOLLAS!... No he podido evitarlo, ha sido como sin querer… Ahora sí que se va a reír a gusto… ¡Se van a reír!... porque ésa te ha oído, y la de al lado también, escucha, escucha cómo cloquean… Joder, sí, mierda… pero es que me ha hecho algo, fijo, hipnotizado o algo así, has visto bien esa sonrisa; ¡es mesmerizante!... ¿¡Mesmerizante?! Tú lo que tienes es una tontería encima que no te la aguantas, tú necesitas un buen par de hostias, chaval… Por qué no para de mirarme fijamente, y de sonreír, y de llamarme pedante… ¿Qué le costaba ponerme el dichoso café?... Si no fuese por esa sonrisa ya la había mandado a la mierda…

- Por supuesto que no… no me atraen los pedantes…

Y se va, hacia la máquina de café, sonriendo, es decir, riéndose, de mí, claro… Las dos gallinas no se ríen, cloquean y me miran, luego la miran a ella, y vuelven a cloquear. ¡Que les den!, pienso... ¡Qué malo!, con chistes así no me extraña que se reían de ti, capullín… Que te den pienso a ti también, a ver si así te callas… Ya vuelve con el café, me lo sirve.

- Uno con diez…

Pago. Va hacia la registradora. Miro el café, me sumerjo en él como en un abismo. Me siento totalmente fuera de juego. Todavía se le ve la rechifla en el rostro cuando vuelve con el cambio, y aun así está bonita. Esto no puede ser justo. Exijo la repetición del partido… que alguien rebobine la cinta, ¡pero ya!...

- Sabes… tu forma de atenderme ha sido Terriblemente Impertinente . Aunque no me des el teléfono, creo que merezco al menos que me digas tu nombre…

- Tal vez… pero nadie dijo que la vida fuese justa. Quizá deberías rezar para que la próxima vez que nos escriban, el Altísimo esté de mejor humor… y además, yo acabo ya mi turno, y tengo mucha prisa… Así que adiós… disfruta tu café... ¡Ciao!...

Y se va de nuevo, esta vez hacia una puerta interior, y luego desaparece tras ella. Desaparecen las dos, ella y su sonrisa, y yo me quedo a solas con mi café intacto y las dos gallinas, cloqueando, tal vez todavía de mí y de ella, de los dos… que les den… a las dos. Miro arriba, no veo ningún bolígrafo, ninguna estilográfica, tampoco manos tecleando letras invisibles, sólo está el techo, bastante sucio, por cierto. Aquí estoy, bien jodido, ¡¡¡buscando escritores en el techo, escribiéndome!!! Dicen que la tendencia a la literalidad es un rasgo esquizoide, y yo me he pasado la mayor parte de este relato hablando conmigo mismo, es decir con un yo mismo que no era yo, un otro yo que no era yo, eso lo tengo más que claro, entre otras cosas porque no paraba de meterse conmigo, el muy cerdo, y eso es algo que no suelo hacerme… Así que no sé si me han escrito o no, o si me estoy volviendo loco. Pienso que tal vez estoy durmiendo todavía, que no me he despertado; que, un día más, voy a llegar tarde al trabajo y estoy empezando a ganarme a pulso que me echen a la calle de una vez. De ser así, me gustaría despegar los ojos ahora mismo, y ver si esta granja existe tal que así, como ahora la veo, y en ella trabaja una chica como ella, con esa misma increíble y preciosa sonrisa. Si no existe, desde luego alguien, ¡maldita sea!, debería escribirlas… ¡pero ya!, ¡Ipsofácticamente!

Miro el platillo que me dejó con las monedas del cambio y el tique de caja, que, ¡qué extraño!, está del revés; hay algo escrito… SUSANA…

Sonrío y vuelvo a mirar arriba, a ese techo sucio encima del cual, seguro, ha de estar ese Altísimo que teclea letras invisibles y sueña vidas invivibles. Le doy las gracias, exultante... Luego pruebo el café… lo imaginaba… de descafeinado nada de nada… y además está condenadamente frío… ¡como un témpano!... Seguro que ahora mismito se está riendo, la muy descarada... ¿pero de mí, o conmigo?...

Mañana mismo, si es que antes no despierto de este sueño irreal, me planto aquí de nuevo y ¡vive Dios! que consigo su teléfono... o mi maldito café con leche descafeinado de máquina, oyes…

© JIP

DIARIO DE MI HYDE 11

Que desciendan las Tinieblas. Apaga el interruptor. ¡Penétrame de una jodida vez, oscuridad! Soledad; impericia en el susurro… Perdición; abismo de voces… Asfixia; temerario en el aliento… Palabras clavadas en la piel, sangrándome como pequeñas oscuras alimañas, bebiendo mi calvario, vaciándome, con rumor de hiena, deshinchándome, tal que un pulmón necroso atacado de finales estertores. Siento en lo más hondo, con ojos y oídos de entraña, el lacerar de su silencio, su desesperación, su angustia, el zumbido nauseabundo de un gato de eternas colas abrasantes mordiéndome la espalda. Exhausto, noto el romperme, el caer en piezas desmoronado, el saber la vida en tus adentros, de repente, algo indigno de conservar. Pagando el castigo, terminal… expiando el pecado, descarnado…de un lejano e impropio sueño de prometeica lucidez.

Crucifixión, Egon Schiele, 1907


Ya no hay luz; sólo llama… ¿Escribí yo eso? ¡No!... No fui yo, ¿¡Cuándo!?... No hace mucho, fui yo, tu mente disociada… ¡NO!... Ya no hay salida; sólo nada… ¡Nooooo! Ya no es que no haya respuestas, es que ni siquiera hay unos malditos porqués… ¿Quieres significado? ¡Toma este, amortájate con él!... Qué más da todo, a qué conduce… a la Nada, indefectiblemente, cualquier sendero lleva hasta allí, un allí que no es allí, porque es nada y no existen él, ni sus senderos, ni tus malditos pies. Por qué negarlo. Vomita ya esas nieblas románticas, no sirven, estética viciada. Esputa ya esas morales falsarias, podrida fe en podridos altares. Dirige tu mirada helada al frente, si eres capaz. Abre los ojos, sájate los párpados si es preciso, límpiatelos de toda esa basura pegajosa que te vendieron desde que aprendiste, o creíste que habías aprendido, un solo significado, una maldita y mínima verdad, del ruedo de la realidad. Verás que la nada es el todo y que éste no existe porque, salvo en el interior de tu propia paranoia, que es el vivir cada día pensando que existe un objetivo, la negrura fuliginosa inunda la vastedad, esa misma en la que tú, yo, nosotros, vosotros, él… somos espasmos… ni tan siquiera eso, porque no somos… creemos, pensamos, necesitamos saber que somos. Si no, qué salida cabe…

Pero no hay salida, ni luz, que todo es llama, fuego frío, muerto en la nada. A qué engañarse, que no hay puertas, que no hay ventanas, ni tan siquiera un cuarto en el que llorar, o reventar… ni tan siquiera un suelo sobre el que estirarse a agonizar. Que todo está en nosotros… todo lo que existe, que es; la realidad… los otros… tú mismo… Tú mismo eres todo, un todo que no es más que película en inquebrantable reproducción levantada desafiante en mitad de la nada. Un rollo de película de los de usar y tirar, que no se rebobina. Un solo visionado, y luego la eternidad, en espiral…

Estudio de Retrato, Francis Bacon, 1953


Infinitud. Cuánta crueldad y horror resumidos, contenidos en una palabra tan hermosa, líquidamente bella, bella como la orquídea caníbal en mitad de una amazonia de fuertes anhelos, que no son sino sueño; nada saben de ellos, de tus sueños, ni los libros de historia, ni las bibliotecas circulares del infierno. No puedo pensar en la infinitud sin sentir un escalofrío terebrante recorriendo mi infinita finitud, hasta matar el último de mis átomos, hasta convertir en masa pulposa y putrefacta mi misma antimateria. No hay esperanza, sólo llama, sólo ausencia, sólo nada… ¿Cuánto quieres que dure esta impostura?... Dueño de tu destino, puedes apretar el botón ahora mismo, finiquitar, fulminarte aquí y ahora, dejar de ensuciar tu espíritu con esta bazofia… Alcanzar la eternidad, vacía de sinsentidos y preguntas y malditos dolores… de maldita y maravillosa y asesinante duda… o bien puedes aniquilarte día tras día, transcurriendo, sufriendo, interrogándote… Ser valiente, ser cobarde… ¿Dónde la diferencia?… No la hay, que todo es Nada, recuérdalo bien cuando Caronte venga por su tributo. No la olvides, la única seguridad que tendrás en tu vida, tu única posesión verdadera sobre la que edificar, estructurar, almidonar, dulcificar tu sufrir…

El Grito, Edvard Munch, 1893


Si decides alargar tu tortura puedes entretenerte en la sala de espera del verdugo, rellenando crucigramas, quebrándote a trabajar, dormir tu cuerpo, ensoñar tu mente, alquitranarte los pulmones, pulirte el hígado, hasta que todo tu alrededor sepa a almizcle y te parezca que, al menos así, toda esta mierda parece más llevadera. Puedes también sumirte en las aguas del sexo, placenteras, abisales, sin duda tu mejor opción… y esperar, aguardar ignorante la venida del ocaso, como el animal que, de improvisto, se convierte de un zarpazo en muerta presa a digerir… O incluso, tal vez, emborronar papeles y mentes con mentiras en verso, farsas en prosa, esparciendo la podredumbre de tu alma a los cuatro vientos, como un mesías-redentor de tres al cuarto, quizá con la fútil excusa de que el compartir tu miseria en el papel, en los que te escuchan, en los que tal vez incluso creen que te comprenden y te aprehenden, va a exorcizar en algo tu mal congénito; la grandeza de tu pequeñez…

El sueño de la razón produce monstruos; nosotros, todos virus, bacterias mortales, desesperadas, inmersas en una pesadilla de significados y duda. Estigmas de muerte palpitantes, harapientos, malditos por la excrecencia tumoral del espíritu, la terrible sarna de la conciencia... las acarreamos penitentes, cuales cruces espinosas infinitas, llevándolas con nosotros hacia la nada primigenia, ya con los huesos rotos, los dientes esquirlados y vacíos, los ojos pétreos, el alma y la mente locas, sucias, repletas de los tatuajes famélicos de la esencia; excoriadas, emponzoñadas…

Number 1 (Lavender Mist), Jackson Pollock, 1950


Y en el último segundo lo sabes… la nada viene… no a lugar a un paso más… tan sólo unos segundos y estará aquí… como el tren que al fin llega después de tanto retraso… como el tren que al fin parte después de tanto esperar… y lo único que quieres es dormir, al fin, echar una cabezada, sellar tus párpados, sellar tu mente, sellarte, tú todo… y no querer saber más de la luz, de la esperanza, que todo sea al fin llama insensible, gélida Nada… que el revisor pique tu billete sin despertarte, que lo arda en mil tinieblas… que te dejen entrar en paz en ese penetrar las fronteras; arribar finalmente, terminalmente, al reino irreal de la inconsciencia hecha de negros "parasiempres"

© JIP

EL SONIDO DE UN FUTURO QUE YA ESTÁ AQUÍ

Con el paso del tiempo "Blade Runner" va poco a poco ganando el prestigio que se merece, como los buenos vinos. Ya casi nadie recuerda que su estreno, allá por el año 1982, fue un completo fracaso, y sus admiradores, todo y que jamás llegarán a poder compararse con los de fenómenos como "Star Wars", "Star Trek" o "Matrix" -¡ni falta que hace!-, aumentan en todo el mundo. Lenta pero firmemente, el film de Scott -que ya nunca volvería a estar tan acertado- empieza a abandonar, rebasada la doble centuria, su estatus de "film de culto" para encarar el de verdadero "clásico", sin calificativos genéricos de ningún tipo, es decir, no sólo del cine fantástico, sino del CINE, con mayúsculas. Sin ir más lejos, el pasado agosto, científicos encuestados por "The Guardian" en todo el mundo la eligieron como la mejor película de Ciencia Ficción de todos los tiempos... Quién se lo iba a decir al bueno de Ridley cuando se lo llevaron los demonios porque la productora le cambió el final original, optando por ese tan conocido, optimista e inverosímil, -con planos descartados de "El Resplandor" de Kubrick incluidos- en el que Deckard y Rachel se van de luna de miel al campo y son felices y comen perdices, porque tras unos pases privados previos al estreno del montaje inicial, el público salía de la sala con cara de póker y bastante perplejo... En fin, que, con el transcurrir de los años el film de Scott ha ido encontrando su sitio y su tiempo, también, cómo no, su público, probablemente porque cada día que pasa sus proposiciones se ajustan más y más, peligrosamente, a nuestra realidad contemporánea.

Ridley Scott


Y si la fama de la película ha ido creciendo con los años, la de su música no le ha ido a la zaga, triunfando incluso en otros medios cuando la película todavía luchaba por salir del ostracismo... ¿Acaso alguien olvidó la mítica sintonía del "Informe Semanal" de toda la vida, directamente extraída de los créditos finales del film? Yo, personalmente, confesaré que no ha habido disco que haya escuchado más veces que este, las más de las veces arropado por la oscuridad, a medias recordando la magia de una historia que me fascinaba, mientras me dejaba llevar también por mis propias ensoñaciones de hipotéticos futuros.

Blade Runner de Vangelis


Vangelis no era desconocido para el cine, ya había dado en la diana poco antes con el score para "Carros de Fuego", con la que ganó un Óscar, y su partitura, en 1984, para el "Motín a Bordo" de Mel Gibson y Anthony Hopkins es un hito poco conocido pero totalmente a reivindicar. Su posterior colaboración de nuevo con Scott, ya en los 90, en "1492; La Conquista del Paraíso", aunque notable, no puede compararse a ninguno de estos trabajos anteriores, ni por supuesto a su trabajo para "Blade Runner", que significa a mi juicio su cúspide como compositor cinematográfico.

Vangelis


A medio camino entre el sintetizador y el mestizaje, esta banda sonora es todo un "continuum" de nuevos sonidos sabiamente mezclados con otros ya añejos, lo que no es sino la tónica general de toda la estilística del film. En las notas de Vangelis se mezclan los ritmos lentos y cristalinos del futuro con los cantos musulmanes del zoco, los sonidos de las máquinas impersonales con los tonos orientales del barrio chino -que en el film es toda la ciudad, ¿todo el planeta?-, pero lo que destaca por encima de todo en esta música es el aliento poético y nostálgico de un futuro bello dentro de su tristeza, también de un pasado acartonado e imposible, y el sonido del agua de la lluvia, derramándose gota a gota en el rostro de un replicante demasiado humano al que le ha llegado la hora de morir; un sonido microscópico, que introduce al oyente -ni siquiera hace falta estar viendo el film- en el vórtice, justo en el ojo del huracán de toda una otra nueva dimensión terriblemente hermana.

A falta de que alguien se decida de una vez a editar la partitura completa que el compositor griego realizó para la película, el mejor acercamiento que se puede hacer a este "score" -amén, claro está, de ver y escuchar, paladear atentamente el film-, es la edición que sacó al mercado en 1994 Warner Music, la única oficial y con la música original de la película, pues antes de ésta, sólo hubo en el mercado grabaciones no oficiales de filarmónicas que tocaban la partitura de Vangelis.

Esta edición publicitada como "definitiva", que no fue tal, se compone de 12 cortes, entre los cuales, según mi gusto personal e intransferible, destaco los siguientes:

1. "MAIN TITLES". Deckard le da órdenes a una máquina, un procesador fotográfico, y obtiene una imagen fantasma, que ni siquiera existe en la instantánea original. Le sigue una melodía luminiscente, mágica, en la que el personaje de Harrison Ford sobrevuela la brillante y terrible Los Ángeles del 2019 en el Spinner, contemplándolo todo con cierto éxtasis melancólico, como con viejos ojos nuevos.

Spinner: el coche de los cielos negros


4. RACHEL'S SONG. Ritmo cadencioso y líquido, hipnótico. Una voz etérea y brillante nos introduce en la historia de amor imposible entre una replicante que creyó ser humana y un cazarecompensas nihilista que hace tiempo que abandonó su humanidad.

¿Amor Imposible?


5. "LOVE SONG". Todo un clásico. A ritmo de saxo, melancólico, triste, plenilunar, la androide y el hombre se encuentran, sus cuerpos desnudos chocan, y lo imposible se hace posible; pasión salvaje, irracional, mientras fuera de plano la ciudad, lumínica y deseperada, querría combatir lo Irrealizable; querría dormir, alumbrar, como ellos, un sueño de esperanza.

Pasión Interhumana


7. "BLADE RUNNER BLUES". Mi preferido con diferencia. Más saxo, más melancolía, más negra noche, policíaca, abismal, intempestiva. Retrato sonoro y perfecto de las calles amargas, todas húmedas de agua y lágrimas; de los rostros vacíos, exhaustos, enfermos; de las vidas quemadas, desastradas; de la vida ahogada que no tiene fuerzas para salir ni puertas por las que hacerlo; de la muerte infame que acecha en cualquier esquina.

Los bajos Fondos; el Arroyo Futuro...


9. "TALES OF THE FUTURE". Los bajos fondos, donde domina lo oriental, lo musulmán, mercado negro de vida manufacturada. Rumor de encantador de serpientes androides, sonidos de cristales de sueños rotos. La vida, o mejor, las vidas -ni la humana ni la artificial- apenas valen nada. Y en medio de toda esta bajeza, de toda esta amargura, una persecución, una caza; ella no es humana pero quiere vivir, y por eso corre, huye deseperada; él es humano y quisieran volver a vivir y sentir, pero está "maquinalizado", programado para matar lo no humano, y por eso dispara. Ella muere, él sobrevive... y la VIDA, de nuevo, pierde...

El Asesino Nihilista


11. "BLADE RUNNER (End Titles)". No sabría explicar a ciencia cierta por qué me gusta tanto, quizá porque cuanto más lo escucho más ganas tengo de visitar esa tierra baldía llena de contrastes, de sombra, luz y dolor y amargura, y androides que quieren vivir, y hombres que no saben vivir, donde siempre llueve y, en consecuencia, nadie a tu alrededor se extraña del agua en tu mejilla. Podrían ser lágrimas, podrían no serlo... ¿A quién le importa?... Un mundo de mierda, en suma, al que cada vez se parece más el nuestro, y escuchar esas notas finales y no querer hacer otra cosa que dejar éste para entrar en aquél, y quererlo con una ganas terribles, casi irreales, y luego reflexionar sobre ello... y no poder ni querer entenderlo...

¿¡Por qué demonios me gustaría soñar con ovejas eléctricas?!


12. "TEARS IN RAIN". La cumbre del film. La lluvia cae, el replicante Batty siente que muere mientras el blade runner Deckard lo contempla impotente, y el moribundo recita entonces su mítico parlamento. Es hora de morir, sí... a todos, replicantes o no, nos llega ese momento, pero yo, mientras viva, recordaré sus últimas palabras, que no se perderán en mi mente "como lágrimas en la lluvia" hasta que la lluvia misma entierre el último de mis recuerdos.

© JIP

Una vida, en forma de paloma, a punto de partir...


Este texto es ampliación del que, en su día, publiqué en Livra bajo el nick de LEVIATHAN

"YACENTE"

YACENTE: Final vencido en tus fantasías de vuelo y promesas de mañana, como bosque descabezado por ácida lluvia o vela rota por niebla negra; entero desarbolado, amar el suelo en tu caída, lamer la tierra complaciente.

Derramado, tal que ballena moribunda ansiando coral, arena; sepultura... aguardar tranquilo, inmóvil y silente, la orgásmica venida del inexistir.

© JIP

The Lament for Icarus, Herbert James Draper, 1898

DONNIE DARKO O LA MENTE DESGARRADA COMO MÁQUINA DEL TIEMPO.

¿Cuántas veces en la vida nos hemos dejado seducir por el ejercicio del “What If"?, ¿y si hubiera hecho esto o aquello, o hubiese dejado de hacer esto otro o lo de más allá? Sabemos que es un absurdo, que no tiene sentido porque lo hecho, hecho está y no se puede cambiar, pero aun así seguimos cayendo en esa erótica profunda y mesmerizante de la máquina del tiempo que tanto, desde antiguo, hemos anhelado y que siempre nos fue esquiva.

Nuestra mente, el cerebro humano, que tantas potencialidades ignotas alberga todavía y tan desconocido se nos presenta a estas alturas de Humanidad -¡y por cuánto!- es, si lo miramos bien, una singular máquina de tiempo.

A través de la memoria nos conduce al pasado, a nuestros recuerdos, a esos pedazos de vida dejados atrás, dulces y agrios, de todos los colores, y sobre los que muchas veces volvemos voluntariamente, pero que también muy a menudo, nos asaltan de forma insospechada, como una pantera emboscada en pos de su presa. Incluso llega un momento en la vida, cuando los años se amontonan embarullados sobre nuestros huesos, como platos sucios en un fregadero viejo, en que el alma no hace sino ejercitar sus debilitados músculos en la máquina del tiempo de la remembranza, sin duda intuyendo el advenimiento del ocaso.

Disfrazado de su Destino, Darko cambiará su vida por la de Greychen


El futuro, o mejor dicho, los futuros, se encuentran en cambio en nuestra imaginación, en nuestra capacidad de elaborar hipótesis de porvenir. A cada instante construimos enteros y altos edificios en torno al futuro según los concretos cimientos del presente, tirando líneas potenciales sobre el firme de nuestro camino en la esperanza de direccionar nuestros pasos hacia el mejor de los destinos posibles. Y cada una de las decisiones que tomamos, cada uno de los actos que llavamos a cabo, derriba todos esos edificios menos uno, y al mismo tiempo levanta otros tantos… infinitos, como estrellas -¿cómo universos?- Y con lo frágil que es nuestra vida, cualquier vida, con la cantidad de cosas y fenómenos menudos que serían capaces de acabar con nuestro sueño de aliento en un instante, seguimos, mientras nos es dado vivir, pedaleando incansables en la maquinaria mental manufacturadora de múltiples e hipotéticos futuros.

Pero existe una posibilidad menos explorada, incógnita, a todas luces terrible, pero reveladora, en su condición de loca teoría, de una turbadora verdad. ¿Y si nuestra mente tuviese el poder de viajar al futuro concreto?, es decir, no a ninguna hipótesis de porvenir sino al porvenir mismo, que nos aguarda en la distancia. La insólita película de Richard Kelly, Donnie Darko, explora esta posibilidad proporcionándonos algunas claves el respecto a través de su protagonista, Donald Darko, un adolescente preunivesitario de mente, en apariencia, desequilibrada. Retraído, apocado, extremadamente inteligente y sensible, también sonámbulo, Donnie presenta tendencias netamente esquizoides y paranoicas. Y tanto es así que, desde hace bien tiene poco tiene alucinaciones con un extraño e inquietante personaje, Frank, una silueta ataviada con un disfraz y una extraña máscara, plateada y siniestra, de conejo, en las que le anuncia el fin del mundo para el día de Todos los Santos de 1988. La misma noche en que Donnie recibe tan funesta revelación, se salva de morir aplastado por el motor caído desde un avión en su propia habitación, precisamente por haber salido de casa sonámbulo, acudiendo a la llamada de su alucinación. He aquí un dato vital; ¿un punto de inflexión?

Un raro film de ciencia ficción


Porque a partir de aquí y hasta el día del anunciado Juicio Final, Donnie entrará en una espiral de alucinaciones constantes con Frank, cada vez más peligrosas, mientras su comportamiento consciente muestra una insociabilidad creciente. Bajo el mandato de Frank, su nuevo amigo, Donnie inundará el colegio y quemará la casa de una especie de telepredicador sectáreo y pornófilo infantil, pero conocerá también el amor, mientras elabora, gracias al libro publicado años atrás por una vieja loca del lugar, la Abuela Muerte; "La Filosofía de los Viejes en el Tiempo", su particular teoría acerca de la posibilidad de viajar físicamente en el tiempo, actuar sobre el futuro o incluso sobre el pasado.

Darko, su novia, y Frank, eje de la historia


Tras el acelerado y sincrético desenlace del film, uno podría pensar que, durante todo el metraje, al igual que ya pasaba con el dickiano "Desafío Total" de Paul Verhoeven, no hemos estado contemplando sino el desarrollo de un sueño, o, en este caso, de la alucinación paranoide de una mente, la del chaval Darko, totalmente desquiciada, por entero disociada de la realidad y que precisamente ésta, la dura y pura realidad, es que él murió 28 días antes del 1 de Noviembre de 1988, aplastado en su habitación por el motor de un avión caído misteriosamente del cielo. Pero también podríamos, en cambio, llevar hacia delante la posibilidad contraria. ¿Y si Donnie, en su enfermedad, en su esquizofrenia alucinada, no fue testigo a lo largo del film más que de su propio y concreto futuro? ¿Y si su mente enferma, a través de mecanismos desconocidos, esquivos a la medicina y la psiquiatría modernas, hizo las veces de máquina de tiempo y sirvió a nuestro personaje sus próximos 28 días de vida al completo? Y en tal caso, sabedor de lo que le esperaba, decidió terminar voluntariamente su vida, quedándose esa noche en su habitación a morir, pensando así, no sólo que cerraba cualquier posibilidad de Apocalipsis, sino, mucho más importante, que salvaba la vida de su enamorada al abrir una nueva posibilidad de realidad en la que su ausencia, su propia muerte, posibilitaba la de ella y cambiaba sensiblemente la del resto de seres del Universo.

El cerebro humano, en su increíble secreto, escondería, pues, la clave de actuar sobre nuestro futuro, modificar un destino que, al tiempo, ya no sería tal, pues habríamos pasado de tener una vida escrita -inexistente, vivida y fenecida al mismo tiempo y en todos los instantes del Universo-, como la que ideó Kut Vonnegut para su "Matadero Cinco", a tener un libre albedrío maleable y voluble, moldeable y transmutable, no ya por nuestras acciones y decisiones presentes, sino por nuestra capacidad para ver el porvenir. En este sentido, si dicha potencialidad sería sólo adquirible a través de la enfermedad mental, la esquizofrenia, o incluso si, en lugar de ser un efecto colateral de ésta, sería, antes bien, su finalidad intrínseca, es una cuestión que abordar más adelante, quizá en otro lugar, y sobre la que podríamos discutir no poco.

En cualquier caso, tomando esta hipótesis como cierta, suspendiendo nuestra incredulidad hacia este lado de la balanza, podríamos derivar, por ejemplo, que el todo continuo que denominamos Realidad podría no ser más que una película proyectada en nuestra mente solipsista que, dotados de las herramientas mentales adecuadas, podemos montar a nuestro antojo. Dichas herramientas, durmientes en todos nosotros como potencialidades a aflorar, podrían, no sólo permitirnos actuar a voluntad sobre nuestro destino, sino quién sabe cuántas cosas más y cuánto más increíbles para la ciencia y el pensamiento contemporáneos. Finalmente, incluso elogiando, como hizo Erasmo, a la Locura, deberíamos tal vez reflexionar sobre si las enfermedades mentales que nos azotan son, antes que males, incipientes e incontroladas afloraciones de esos poderes, esas herramientas ocultas que tanto nos habrían de permitir, tal vez incluso superar la humanidad… Al fin y al cabo, siempre se ha dicho que no hay nadie más sabio que los locos…

¿Alienado o Ilumindao?


Finalizando este hilo en un razonamiento casi enervante y del todo intempestivo, no puedo por menos de aventurar jocoso que tal vez, en algún universo paralelo en el que un adolescente decidió esperar la muerte caída del cielo y alguien exactamente igual a mí NO está escribiendo este artículo, todos los manuales y estudios que en nuestro mundo tratan de psicología y psiquiatría, que intentan abordar, contener y explicar las estructuras de nuestro cerebro, allí abordan sin embargo la fisiología y la tipología de nuestros mentales viajes temporales, y existe en verdad, y se estudia en los colegios, ese libro fantástico y fantasioso titulado "La Filosofía de los Viajes en el Tiempo" de Roberta Sparrow, alias Abuela Muerte.

© JIP

Darko con Sparrow, la filósofa del tiempo
"

"SALVACIÓN"

SALVACIÓN: El último rechazo…

© JIP

Agony, Egon Schiele, 1912

DOS PALABRAS

DOS PALABRAS

Si supieras cómo duele
sentirte ausente,
saberte lejos,
tenerte sólo en mi pensamiento.

Si supieras cuánto sufro
contemplándote los ojos,
a medio camino,
en la suave, dulce encrucijada,
entre el verde vida
y el perláceo platino…
los dos del color de los mares
sembrados de musgo y oro.

Si supieras que en mis noches
no hay sino insomnio o sueño;
no dormir horas, lunas enteras,
por estar dibujándote,
recreándote completa en un lienzo de deseo,
dudando si incluirme cerca,
borroso, tímido, deslustrado,
como un niño ansioso y suplicante;
soñándote día tras día,
a todas horas,
locuaz, risueña, alegría toda,
cristalina y aromática,
perfecta en tus hechuras,
ideal en ademanes,
hasta rozar la locura más insana.

Si supieras la feliz, rica tortura,
pero tortura al fin y al cabo,
que es vivir desde que te conozco,
desde que tu rostro,
tus labios,
tu alma,
tú toda,
penetraste en mi más hondo mí,
justo allí dondequiera que se guardan
los tesoros del anhelo y la pasión…

Quizá entonces…
Sólo quizá entonces…
Querrías tal vez oír de mis labios
dos únicas palabras ungidas de amor sincero.

© JIP

DE FIESTAS, PATRIAS E IMPOSTURAS

Si hoy hubiese tenido un día mínimamente lúcido, clarito, clarito, que se dice, y unas mínimas ganas de escribir, y, por supuesto, algo mínimamente decente acerca de lo que escribir, pues, qué queréis que os diga, quizá habría pergeñado un post más curradillo que este, pero como ninguna de esas circunstancias se ha dado, pues voy a hablar -contraviniendo totalmente mi costumbre- de lo que hoy está de moda, la Hispanidad, o sea... Sí, amigos, ¡soy así mainstream!, pero eso sí, a mi manera. Y no se me ocurre mejor manera de decir lo que opino de festividades como la de hoy, o como la del 11 de septiembre cuando se tercia -otra que también me toca-, u otras tantas como hay, según latitudes, que ceder la palabra a dos habituales de estas Puertas que, con las suyas, supieron expresar certeramente mi sentir en torno a semejante cuestión.

Pique a quien pique -¡que se rasque!- es éste un sentir, el mío, totalmente personal e intransferible, y tan válido como el de aquellos que gustan, cuando les toca, de ponerse la mano en el pecho, cantar himnos y besar banderas, mientras tanto enfrente desfila inmaculado, con sus mejores galas, el circo de la muerte o el de la demagogia. Los que quieran países, que se los queden; los que quieran estados, que se los queden; los que quieran patrias también, todas suyas, que se las metan donde buenamente puedan. ¡Qué cada cuál aguante su palo, su vela o su verga!, tanto da, pues al fin y al cabo es esta una cuestión que tiene sus buenos coj... esto... bemoles.

Puestos a depositar la fe en imposturas, yo prefiero mantener la mía bajo el auspicio de símbolos mucho menos prosaicos que una bandera politizada, cualesquiera sean sus colores, rodeada de advenedizos, hipócritas y conjurados.



"Mi Patria son los libros"

Arturo Pérez-Reverte

Reverte, desvocado lenguaraz


"No se habita un país, se habita una lengua. Una patria es eso y nada más"

Emil Cioran

Cioran, la amargura hiperlucida

ECTOPLASMA

ECTOPLASMA

¡Vuélvete y mira!
cómo se apaga la llama,
cómo se escapa el ayer,
cual un hilo de luz abismada
en los bríos ciegos de mi hiel.

¡Vuélvete y mira!
estos, mis ojos, enlagrimados,
líquidos en febricente sargazo
de penas profundas,profundos vacíos,
huracanados soñares de tu piel en delito.

¡Vuélvete y mira!
mi ascua en tu piedra, descabezada,
mi aliento en tu tierra, emasculado,
abrupto cesar de oleaje sin playa,
sajado vuelo de pulsos alados.

¿Ves estos ojos, los míos, cariño,
de hervor cristalino y aéreo pintados?
¡¿Los ves?!...

Por sed de tu olor escarchados,
de este extrañarte fatal, fríos, acerados,
tal que un delirio de espejo crudo, todo desecado.
¡¿Los ves?!...

¡Mírate en ellos, cariño mío!
¡Vuélvete y mira!
el dúctil juego de sombras en que te arrastras,
tu ausencia etérea aromándome el alma,
ese pálido e ignoto fulgir de sábana;
aliento doliente de secreto fantasma
con que noche tras noche me aúllas, me llamas...

© JIP

Amor Ectoplásmico

"LIBÉRRIMO"

LIBÉRRIMO: Desmenuzado en lo negro, ardido, recompuesto en tus cenizas, iniciado en las servidumbres de la mónada, alzar el vuelo postrero hacia lo Absoluto, que es el ápice jugoso de un ensueño de, al fin, no ser nunca jamás...

Sin miedo, aéreo sobre el Interrogante.

© JIP

Birdman, Frank Frazetta, 1972
08/10/2004 07:36 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

"LUZ"

LUZ: Ya no hay luz, sólo llama…

© JIP

No. 14, Mark Rothko, 1960

¿QUIÉN ES ELLA?

Feliz por momentos tras sorprenderme ante estos versos desconocidos, sólo quisiera añadir algo del agudo temblor que me transmitieron; algo así como centelleos de pupila, frío acero en la mirada, tremar de lágrimas en esta noche y todas, mientras haya alma; increíbles ganas de vivir...

Manuel Altolaguirre, 1905-1959


Mi sueño no tiene sitio
para que vivas. No hay sitio.
Todo es sueño. Te hundirías.
Vete a vivir a otra parte,
tú que estás viva. Si fueran
como hierro o como piedra
mis pensamientos, te quedarías.
Pero son fuego y son nubes,
lo que era el mundo al principio,
cuando nadie en él vivía.
No puedes vivir. No hay sitio.
Mis sueños te quemarían.


Manuel Altolaguirre
Escarmiento, 1930-31

¿Quién es esa que echa fuera de sí el poeta, esa que se quemaría, la que todavía está viva? Quizá una amada, sí... Quizá también la Muerte, que es bella y lozana y está viva en tanto la tememos, esa misma que no cabe, no tiene sitio en nuestra alma mientras rebosa de sueños, que ardería completa, entera se quemaría si tuviese que bajar a combatir nuestras ansias de vida en nuestro propio terreno...

NOSHESSS PSYCHOTRÓNIKASH: "EL REGRESO DE LOS MUERTOS VIVIENTES"

Esta noche he revisionado enterita "El Regreso de los Muertos Vivientes" (The Return of the Living Dead, 1985), de Dann O'Bannon, y me ha seguido pareciendo todo lo genial que ya me pareció la primera vez que la vi hace ya -¡¡bufff!!- más de lo que prefiero reconocer.

Unos zombis muy ochenteros...


Razones para ello, así a bote pronto y sin orden ni concierto:

- Tiene ya casi 20 años y no ha envejecido nada, pero que nada mal.

- Mezcla sabiamente terror, humor y viscerillas –en este caso cerebrillos, más bien- consiguiendo un difícil y meritorio equilibrio, sin por ello perder tensión narrativa, la atención del respetable o sea, y cabe decir que esto en el género fantaterrorífico es algo muy poco común.

¡Cerebrosss!


- No se toma demasiado en serio así misma, detalle éste, aquí donde lo ven, que para un servidor es más importante de lo que aparenta, pues suele ser prueba de honestidad y humildad cinematográfica.

- Que O'Bannon y Russo basaran su argumento en hacer pasar como reales los hechos narrados en la mítica y seminal "La Noche de los Muertos Vivientes" (Night of the Living Dead, 1968), de George A. Romero, para así reírse de ella de forma apócrifa y por todo el morro. Cabe decir que John Russo fue también coautor, junto a Romero, del guión de la mítica película, así como de su posterior novelización, así que lo suyo tiene aún más desfachatez si cabe.

La Obra Maestra de Romero...


- Que O'Bannon, guionista entre otros, de films tan dispares como "Dark Star", "Alien", "Lifeforce", o esa escalofriante maravilla lovecraftiana que es "Muertos y Enterrados", demuestra al fin en éste, su debut en la dirección, que ser zombi no tiene por qué implicar ser subnormal y/o gilipollas.

- Es decir, que los zombis de "El Regreso...", al contrario que los de Romero, molan mazo, entre otras cosas, porque tienen muy mala hostia… y no sólo porque corran que se las pelan en pos de tu cerebelo, sean capaces de trepanarte tu dura cabezota de un simple mordisco, o articular con sus muertas cuerdas vocales frases con tanto sentido y tan mala intención como,“Por favor, agente, envíe más enfermeros…”, sino también porque son unos escogidillos de mierda que no se llevan cualquier cosa a la boca, y en lugar de contentarse con sangre, vísceras y tuétano pata blanca, ellos no, ellos sólo comen "¡Cerebrosss!... ¡cerebrosss!... ¡cerebrosss vivosss!"... No digáis que no son entrañables…

A este se le acabó el estudiar...


- La banda sonora es nostálgicamente molona.

- La estética del film también mola… cantidad… ¡Puros 80, vamos!... snif, snif…

Típica pandilla de tardoadolescentes descerebrados ochenteros yankis que tan bien digieren los zombis...


- Silogismo Trotón:

A) Linnea Quigley, mítica scream queen donde las haya, se desnuda a las primeras de cambio y a partir de entonces, zombificada o no, se pasea en pelota picada por el resto de la película…
B) Linnea Quigley estaba de bastante buen ver por aquellos tiempos, trotona o sea... tanto viva como muerta, o zombi, que para caso es lo mismo…
De lo que se deduce que C) Dann O'Bannon no tenía un pelo de tonto, el muy jodío... y yo que me alegro, oigan…

Linnea Quigley, alias Trash, desperezándose de su sueño de muerte como Diox la trajo al mundo...


- La escena del interrogatorio a la zombi verde y pelirroja –o lo que quedaba de ella-, a través del cual sabemos que nuestros zombis preferidos comen cerebros para mitigar "¡El dolorrr... el dolorrr... el dolorrr de estar muerrrto!"... ¡Mítica!

El dolor de estar muerto te deja con estos pelos...


- El medio perro disecado que mueve la colita y gimotea… ¡Qué mono!...

- La escena en que los muertos se levantan de sus tumbas, en medio de una lluvia torrencial, y de fondo suena una marchosilla y rokanrolera cancioncilla; "Partytime"... juas, juas, juas... ¡qué cachondosss!

Escena cumbre: al que lo empezó todo le revientan la cara...


- La lluvia radiactiva y zombificadora del final, filtrándose tierra adentro, mientras los militares yankis –que, para variar, son todos una panda de capullos- dicen que sí, que ya está, que ya pasó, que ya está todo solucionado, señor…je, je, je… ¡pobres ilusos!...

- Porque no, no amigos no… nada estaba solucionado, sino que volvía a comenzar, que habían metido la pata hasta el fondo y un poco más, y, en consecuencia, los muertos vivientes volverían… volverían a por más cerebrosss... concretamente en dos secuelas, a cuál más delirante y psicotrónica; “La divertida noche de los muertos Vivientes” (The Return of the Living Dead II, 1988), de un tal Ken Wiedrehorn, al que no conoce ni su padre; y en "Mortal Zombie" (The Return of the Living dead. Part III, 1993), a cargo de Brian Yuzna, éste sí más conocillo por desgracia desde que aquí en Catalunya la Fantasic Factory le deja coger una cámara y pergeñar liendrosas e infamantes tiras fílmicas como "Faust" o "Beyond Re-Animator", pero al que, sin embargo debemos agradecer –al César lo que es del César- pequeñas joyas del fantástico moderno como "La novia de Re-Animator" (Bride of Re-Animator, 1990), "Ritos Satánicos" (Silent Night, Deadly Night 4: Initation, 1990), o "Society" (1989).

Bueno, creo que por hoy ya está bien de chorradas, así que deseándoos muy cordiales y psychotrónikash noshesss a todos se despide, siempre vuestro,

© JIP

Ya están aquíiii...

LA VIDA COMO MUEBLE

“Intenté sin éxito ser más muebles, pero ni eso me fue concedido. Así que he sido toda mi vida un solo mueble, lo cual, después de todo, no es poco si pensamos que lo demás es silencio”

Clément Cadou
Autoepitafio, Obras Completas

Quizá ninguna Lapidaria tan apropiada como esta que hoy aquí traigo desde mi lectura de "Bartleby y Compañía" de Enrique Vila-Matas, porque estas fueron en verdad las palabras que formaron el epitafio de Clément Cadou, que él mismo escribió. Fueron las Obras Completas de un hombre que siempre quiso escribir, que creyó haber nacido para escribir, que incluso encaminó toda su juventud a tal fin, pero que de repente una noche sintió claro que a partir de entonces no tendría más remedio que "preferir no hacerlo". Fue a partir de una cena, sus padres invitaron a casa al escritor polaco Witold Gombrowicz, encuentro que liquidó para el resto de sus días a Cadou como escritor.



Según Vila-Matas, "al joven Cadou le impresionó tanto ver a Gombrowicz entre las cuatro paredes de la casa de sus padres, que apenas pronunció palabra a lo largo de la velada y acabó sintiéndose literalmente un mueble del salón en el que cenaron”. A partir de aquello renunció a la literatura, limitándose a pintar, uno tras otro, cuadros de muebles que, invariablemente, titulaba de la misma manera: "Autorretrato".

Witold Gombrowicz, el involuntario ocaso de Cadou


En 1972, todavía joven, víctima de una enfermedad que sabe que lo va a conducir a la tumba, Cadou decide componer el que será su epitafio, escribir por primera y última vez las que serán sus Obras Completas a carácter póstumo. Hay en ellas toda la crudeza del espíritu creador derrotado, que soñó crear vida, ficciones de la nada, y al que apenas, en cambio, le fue dado vivir una, la suya, permanentemente estigmatizada. Una vida de mueble que, ante el inminente zarpazo del silencio, desprendía, empero, en sus últimos coletazos, todo el brillo, singular e irrepetible, que encierra todo aliento.

Vila-Matas, autor de Bartleby y Compañía


Tras historias como esta, uno termina por pensar, atravesado de arriba abajo por un estremecimiento siniestro, que lo bueno y a la vez lo malo que tiene vivir en la esperanza es que cabe la posibilidad, en el instante más imprevisto, de que lo mágico asalte tu mente con terribles escalofríos vivificadores. Lo bueno está en que, si esto pasa, es que sigues vivo, que tu corazón no está todavía al borde de la oscuridad. Lo malo, sin embargo, es que uno puede llegar a hartarse de tanto escalofrío, tanto temblor de alma, sospechar que cualquier día de estos se va a quedar en el sitio de un puro y súbito atracón de pánico. En este sentido, la abulia, la vida transcurrida, tal que un mueble, aventaja a la esperanza por su carencia de altibajos; lo más parecido a una línea de encefalograma plano...

© JIP"

"VÉRTIGO"

VÉRTIGO: Entrada en pérdida del techo de tu mente, caída en barrena del cielo de tus ojos, tifón de humores en el pecho de tu espíritu, que hasta la negrura más acerada adquiera matices en tu agonía, que incluso el tiempo se detenga devoto de tu náusea, y no anhelar más que el no sentir, el no ser ni estar así; heterónimo de final.

Arrollado, quebrante, desbastado, óptimo en padecimientos, qué mejor glosar de tu vértigo que aquel magistral que rezaba "...De Entre los Muertos".

© JIP

A Bursting Shell, C. R. W. Nevinson, 1915

UN PAR DE CAFÉS

Un bar cualquiera en la nocturnidad de una ciudad tranquila, de esas pequeñas que no quisieron todavía renunciar a su condición de pueblo, y dentro de él todas las mesas llenas de gente; chicas, chicos… gente. Y en una de ellas –las mesas-, un par de sombras silenciosas, cabizbajas, confeccionando secretamente pequeños y particulares vacíos. Una con un amor recién roto, la otra temiendo el suyo prontamente ceder. Esta y no otra me parece la mejor forma de describirlos a los dos, pintar sus rostros, dibujar su temblor de espíritu. Podría además añadir algo, que ninguno de los dos tiene los ojos claros, y que sólo a uno, el más bajo, le gusta en realidad el café.

Mientras alrededor los demás, esos todos que no son sombras, ríen, charlan, se divierten, ellos siguen callados, muy callados, haciendo con la mirada prácticas de tiro sobre su postración. Él le dijo a él que su amor había acabado, que ella lo terminó. Él le contestó que lo sentía. También que tenía miedo, porque el suyo –su amor- lo sentía zozobrar, próximo al abismo, jugando equilibrista, demencial, a la ruleta rusa con el tambor entero cargado de balas. Sin posibilidad de escape, vamos… chaval…

Él ríe. Él ríe también. Coraje de vencidos en el último anochecer. De nuevo silencio.

¿Otro café? dice el que se quedó sin sueño. Otro café responde él, aquel que presiente su sueño caer.

La camarera dice que lo siente, que es tarde, que apagó la cafetera y que por esta noche no habrá ya más café…

Mierda, dice el uno. Bueno, en realidad a mí no me gusta el café… Es el más alto el que habla. Y por qué siempre lo estás tomando le pregunta él…

Qué mejor negro que el suyo –el del café-, en el que disolver estos temores que tengo de sentirme destrozado, con el corazón deshecho y el alma toda ahogada en lágrimas… Qué mejor amargura que la suya –la del café-, sobre la que aprender ese insoslayable camino del morder el polvo…

Silencio de nuevo. Nuevas prácticas de tiro, cada vez más aceradas, sobre un transcurrir desazonado…

Quizá el problema somos nosotros, no crees… Locos, inconscientes, por vivir la vida en ese extremo terrible del vivir para amar, del amar demasiado…

Locos por amar a ultranza... tú crees…

Quizá…

Mierda… Se acabó el café, dice él... -¿o ha sido Él...?

© JIP

"DOBLEGAMIENTO"

DOBLEGAMIENTO: Ese derrumbarse de tus sueños, cual besa final la copa de un árbol su base, tronchado el tronco por el vendaval. Ceder de ilusiones, caer de párpados, cesar de pulmón, imposible volverse a levantar, viendo cómo se acercan los fríos, el "otoñear" de recuerdos; la desaforada mueca que anticipa el más allá.

Derrotado, en retirada, cabizbajo husmeando tu humillación, presintiendo cercana la sombra que ciega, hincadas las rodillas en tierra, doblegado pero dispuesto y corajudo, amigo de la muerte, a lanzar tus fuerzas postreras contra el enemigo, infinita en rabia y luz que agoniza la mirada, cual pantera moribunda ovillada sobre su ocaso, como atleta terminal aguardando en vilo el disparo de salida, ese mismo que vistió de sangre al felino… buscando lanzar homicida su último aliento sobre el cazador, ahora también cazado.

© JIP

Tiger, Franz Marc, 1912

NOSHESSS PSYCHOTRÓNIKASH: "BRAIN DAMAGE"

Hacía ya un tiempo que no me metía una buena ración de "cine costra" pal cuerpo y esta noche me he dicho, ¡qué demonios!, así que me he olvidado durante hora y media de frases lapidarias, escritores malditos, metáforas y versos varios, dejándome llevar por mi mister Hyde más trotón, y la verdad es que no me arrepiento lo más mínimo, porque me partío la caja ka sio un gujto, amiguetesss, que diría el Segura.

Le tenía ganas ya a "Brain Damage", después de años de oír hablar los más elogiosos ascos de ella, leer sobre ella en las revistas y fanzines más impresentables, y recrear de tanto en tanto en mi memoria esa fabulosa carátula en la que a un fulano se le cae la cara, literalmente, echa pedazos en medio de resplandores azules -ni se os ocurra buscarla en la peli, que no sale, ke deso ná de ná-. Así que me la he tragado de pe a pa, tal que asín, GROUMMPFFF!!!, como el que se come de una sentada un jodio american donut, desos ke no tien gujero, porque son las once de la mañana y está que se muere de jambre...

Mierda... este cutis no me lo arreglo yo ni con potingas neutrógena...


Bueno, la peli es pura caspa, psicotronía de la buena, también de la dura, porque hay secuencias que hasta a un estómago como el mío, curtido en mil y una proyecciones liendrosas, se le han indigestado, aunque tampoco muchas, no creías... En general -como pasa en casi todos los films de este tipo- se hace lento y aburrido en las secuencias de transición, es decir, en todas las que no hay sangre y tripas -gore, o sea-, sexo, o diálogos demenciales, que eso y no otra cosa -no nos engañemos- es lo que uno busca en este tipo de pilis. Porque el argumento -sigamos sin engañarnos ya que hemos empezado...- es una completa basura, resumible, a grandes y pútridos rasgos, en que Brian -¿me pillaron el sutil e ingenioso juego de palabras con Brain (Damage)?... ¡ju, ju, ju!-, un chaval amerikanuski de lo más normal -y por ende "subnormal"-, cae en las garras de Elmer, una criaturilla con un algo de muy lovecraftiano, traviesa y trotona, algo así como un cruce entre un cagarro de vaca y un pene pitufo con encefalitis, que tiene la sana costumbre de comer sesos, humanos a ser posible, gracias, -¿no os dijeron vuestras madres de canijos lo ricos, ricos, ricos, que estaban los menudillos de seso?... mmmmmm... slurp... slurp-. En fin, que el tal Elmer, que es un cashondo integral, le ofrece al bueno -y tonto- de Brian algo así como un subidón de LSD y un montón más de mierda de la buena, a cambio de que éste lo saque a pasear, de fiesta que se dice, y así poder llevarse a la boca su buena y nutritiva ración de cerebelo. Hasta que, cómo no, tan fructífera unión, después de sembrar el metraje de no pocos cadáveres descerebrados -¡jaja!-, acaba como el rosario de la aurora; a Elmer lo dejan chafadito, chafadito, tal que un grano de pus, y al gili de Brian le termina explotando la cabeza en mil y una iridiscencias y fuegos de artificio... un daño cerebral difícilmente reparable, ni tan siquiera por el mismísimo cirujano Frodorick Fronkonstin, alias "El Padre de la Criatura" (Bis) -joder, hoy estoy que me salgo... ¡que alguien me detenga...!

Elmer el sorbecerebros... ¡¿A qué es mono...?!


Sin duda la peli se debía antojar mucho más dura en 1988, año de su estreno, pero aun hoy conserva ciertas escenas
splatter de mérito, lo que, añadido al tono de sátira continuo y a la mala leche concentrada que solamente un tipo como Frank Henenlotter -guarrindongo y cochinete donde los haya-, podía imprimirle, dan como fruto una hora y veinte minutos de entretenimiento soez y macabro sin -y esto es lo mejor de todo- ninguna pretensión pseudointelectualoide. O sea, Tripas, guarreridas, humor zafio y nada más... al César lo que es del César... y a Elmer solomillo de cerebro...

Porque claro, si queremos ponernos intelectualoides podemos hacerlo, hasta con la basura más infame, podríamos decir, por ejemplo, que bastante antes de que a Abel Ferrara le diera por construir esa magnífica metáfora sobre el SIDA y la adicción a las drogas a través del vampirismo posmoderno que es "The Addiction", el señor Henenlotter ya había pergeñado "Brain Damage", que no es sino otra metáfora acerca de la drogadicción y sus efectos, también sobre el control mental y el lavado de cerebro, a través de la relación vampírica y simbiótica que se establece entre un demoniete con forma de zurullo que come sesos y un tradoadolescente de pocas luces que sólo busca el placer y la experiencia extrema. Podríamos decir todo esto y alguna cosa más, pero el cine Z es cine Z por algo, para disfrutarlo y echarse unas risas, y verlo con los amigos por la noche en casa de tus padres cuando no están mientras comes patatas fritas, churrucas, palomitas y todo tipo de semejante basura que embota las arterias... Y "Brain Damage" cumple esa función con creces.

Basket Case... Bazofia de la buena...


De todos modos, aunque me ha gustado mucho más, por ejemplo, que "Basket Case" aka (que, entradusio kiere desir, "también conocida como") "¿Dónde te escondes, Hermano?", la ópera prima -¿¡qué fissno, no?!- del director, me sigue gustando mucho más la que considero, todavía es, su obra cumbre "Frankenhooker" o "Frankenputa", allá cada cuál con el que más le mole.

Frankenhooker... lo mejor de Henenlotter


Pero hay momentos auténticamente impagables, trash a más no poder, en "Brain Damage":

- La cara de gustirrinín, komo d'averse akabao de korrer, vamos, que pone Elmer cada vez que se da un festín de neuronas...

- La blow job abisal, forzada y salvaje, que le marcan a la dichosa criatura y que acaba en masacre encefálica de la pobre chica, quien al fin y al cabo sólo buscaba darle alegría al cuerpo...

- Brian sacándose el cerebro echo fosfatina por la oreja, totalmente alucinado, con la boca desencajada de horror...

- La escenita cochambrosa y vergonzante -sobre todo por el doblaje ibérico- en que un tío grandote y musculoso, que pierde más aceite que el Exxon Valdez, le hace proposciciones feas a Brian en la ducha mientras Elmer, cual espermatozoide de safari, se desliza por el suelo húmedo en busca de una nueva víctima... Curiosamente, el bueno de Elmer se va en busca de un pobre negrito que está haciendo sus necesidades en lugar de ventilarse al hombretón revenío que tenía dispuesto y a punto... ¿Será que nuestro comecerebros favorito padecía de homofobia?...

- Y finalmente, una escena hilarante que sin duda pasará a los anales de la historia del cine y se enseñará como ejemplo en las academias de guionistas... La novia del Brian le acaba de poner los cuernos con su hermano en sus mismas narices, en una escenita pudorosa y del todo softcore -¿remordimientos, Frank...? -en la que apenas se ve una tetilla... Así que la chica, arrepentida, sigue al novio hasta el metro para explicarle lo ocurrido, y el monólogo que sucede a continuación no es otro que este:

- Brian, no te enfades conmigo, no me mires si no quieres pero escúchame... Yo no quería hacer el amor, pero tenía tanto calor que tuve que quitarme la ropa...y cuando me descuidé...
- Además, como Mike es tu hermano es como si fueses tú... Menudo susto me llevé cuando entraste en el cuarto...
- No comprendo que estés enfadado conmigo... Bueno, a lo mejor es cierto que me he portado mal... pero no creas que me gustó... casi nada... Yo te quiero a ti...

¡Juas, juas, juas!... Hay qué ver que kashondo!!!!! este Henenlotter...

© JIP

Henenlotter dándoselas de Cronenberg...

"POEMA"

POEMA

Poema es
dolor de parto
temblor de alma
ardor final tras la palabra.

Poema es piedra capaz
de hundir el todo,
viga maestra,
y sobre ella
quién sabe…
Quizá un amor.

¿Poema?
¿Qué es Poema?...
¡¿Acaso alguien lo sabe?!

¿Qué la vida?...
¿Qué la muerte?...
¿Qué el aliento?...
¡¿Acaso alguien lo sabe?!

Poema es tal vez
un rayo de luz
huido de tu corazón al mío…
quizá un susurro,
de tus labios,
muy bajito…

© JIP

SILENCIOS, VACÍOS, AUSENCIAS...

Dice la RAE que la ausencia es la acción y el efecto de ausentarse o de estar ausente; la falta o la privación de algo; la condición legal de la persona cuyo paradero se ignora; la supresión brusca, aunque pasajera, de la conciencia; y la distracción del ánimo respecto de la situación o acción en que se encuentra al sujeto... tal que así, como el que dice que dos y dos son cuatro, y que Pi, 3,1416, y toda aquella chundarata infame que jamás pude digerir. Como si de algo como la ausencia se pudiese hablar desde la razón, desde la cabeza, en lugar de hacerlo desde el corazón...

Silencios, vacíos, ausencias...

...Aquel banco en el que se sentó a horcajadas sobre tus piernas y te comió entero a besos y lengüetazos húmedos mientras estrechabas su cintura...

...Aquel bar en el que te besó por primera vez y tú, a caballo entre el hechizo y el rubor, pensaste extasiado que el secreto del universo no podía esconderse muy lejos de aquellos labios...

...El teléfono móvil que te hizo llegar sus palabras, que te descubrió la candidez de su voz, iluminándote por dentro, y que últimamente sabes tan callado...

...El cenicero en el estante, convertido en mero adorno porque tú no fumas, el mismo que ella llenaba de colillas mientras charlabais de todo y de nada, y ella te miraba tan fijamente con sus preciosos ojos verdes, como nadie te había mirado hasta hoy, y tú sonreías entusiasmado, mágico, como jamás antes en tu vida habías sonreído...

...El fondo del espejo en el que contemplaste su reflejo, regañándote traviesa, porque le habías hecho un pequeño chupetón en el cuello...

...El sofá de tu salón, el mismo en el que la tuviste tan y tan cerca, toda tuya, dormida junto a ti, los dos entrelazados, y sentiste tan calmo su respirar, tan cálida su piel pegada a tus manos, tan tranquilo su pecho entregado a tu abrazo...

...Tus sábanas vacías pero aún conservando los pliegues que modeló su cuerpo desnudo apenas unas horas atrás, impregnadas todavía del inconfundible aroma de su blanca piel, tan dulce, y en ellas un par de sus cabellos, largos, rubios y brillantes, perdidos, como náufragos sin norte en el vasto océano de tu dormitorio oscuro, añorando la suave melena que los dejó abandonados, la misma que tú no podías parar de besar...

...Aquel abrigo para tu piel tiritante y desnuda hecho de sus caricias, sus besos, sus cariños a media voz, sus ojos cerrados pidiendo a mudos gritos un beso de amor...

...Su rostro feliz recortado tras la ventanilla, y ésta a su vez recortada sobre un vagón que se va, y éste a su vez recortado sobre un andén que se vacía, y en él, solitaria, triste, melancólica, mi figura, que busca sus ojos, sus labios, su cara entera sonriendo, aun cuando sabe que ya no está...

Silencios, vacíos, ausencias...

Porque la ausencia puede ser también, entre otras cosas, una intoxicación de ensimismamiento, un dejar de ser tú aquí y ahora, transcurrir como dormido por tu presente porque en todo momento no haces otra cosa que soñar tus recuerdos. Ejercitar la memoria hasta extenuarla, recrear vívidas y cromáticas aquellas instantáneas de júbilo en tu mente, una y otra vez, hasta conseguir evaporar de tus ojos la realidad, que no se te antoja como otra cosa que esos segundos eternos en los que ella no está.

Es algo así como un dolor sin dolor, como la ponzoña de una víbora, que te anestesia y te relaja mientras poco a poco va matando tus entrañas, pero tú apenas sientes un leve escozor en la mordedura y un creciente, dulce sueño, en tanto lo mejor de tu vida desfila al ralentí por el proyector de tu mente, que ya sólo existe en la medida en que la recuerda, igual que tu corazón, cansado, bombeando quejoliento cada vez más lentamente esa sangre enrarecida que a no tardar ha de empezar a coagularse, sólo es corazón en lo medida en que la añora.

Dejar de vivir para transcurrir en la remembranza de tus momentos a su lado, en el anhelo de instantes con ella por venir, mientras segundos, minutos, horas, que jamás fueron tan largos, pasan en soledad, y no se te antoja peor soledad, más fiera y cruel, que la que se pega a tu ánimo en su ausencia.

Quisieras no volver una y otra vez sobre las mismas fotografías mentales, hacer el vacío en tu cabeza, abrir los ojos y contemplar de nuevo lo real, si es que en verdad eso existe y es con los ojos con lo que puede o debe contemplarse. Pero no puedes por más que lo intentas, porque todo a tu alrededor está empapado de su esencia, recordándote a cada instante que allí estuvo, sí, a tu lado, en tus brazos y tus labios, pero también, que ahora no está y, sin duda lo peor, que quién sabe si volverá.

Porque, bien mirado, quizá no haya peor ausencia, peor vacío, peor silencio, que el que está ahí, fuera de tu cabeza, externo a tu corazón, restregándote inmisericorde en toda la cara todo eso que te falta, que desapareció, que sientes tan lejos e irrecuperable. Imposible luchar contra eso para un enamorado, que precisamente por querer y amar está siempre tan indefenso… totalmente desarmado.

Como si no hubiese mejor definición, en suma -desde luego mucho mejor que la que te da el diccionario-, más certera, que yo ahora mismo, aquí sentado, escribiendo estas líneas, mientras me envuelven la oscuridad y el SILENCIO , y me siento tan VACÍO... que todo me llora sin dolerme nada, porque nada en realidad tengo ya que pueda doler, pues para el dolor hace falta vida, y a mí la vida ella entera se me la llevó, y mientras no vuelva y traiga consigo mi alma y mi corazón, seguiré aquí, viendo la vida pasar, sintiendo la AUSENCIA sangrar, como un niño triste de trapo que no puede hacer otra cosa que escribir... lágrimas... cartas... versos de amor...

© JIP

ESCUCHANDO "THIN RED LINE" (y 3)



8. THE VILLAGE (5.52)

Instantes de asueto, minutos en los que tomar asiento, recuperar el resuello. Un trago de agua ya caliente que, no obstante, sabe a felicidad cristalina. Observo a mis amigos, mis compañeros, sus risas, sus bromas, sus ojos de una brillantez frágil y líquida, rebosantes de vida a pesar de la tristeza…
¿Cuántos de ellos verán el día de mañana?
¿Cuántos de ellos volverán algún lejano día al hogar?
¿De cuál de ellos tendré que recoger el casco, el fusil, su individualidad hecha placa?
Míralos reír, parece imposible… queda lugar en este infierno para mostrar un pedazo de alma, todavía pura y fértil, sin manchar por el barro de la sangre… el odio… la furia…

Felices en la Tragedia...


9. SILENCE (5.06)

¿Oyes eso?... es tu vida pasando lentamente ante tus ojos… como una película cien veces vista de la que siempre te perdiste el final… confeccionada en memorias, recuerdos. Ya no habrá más aquellos sabores de antaño, aquellos perfumes de entonces, cuando fui niño, porque aunque mis huesos no se queden aquí, aunque mi carne no se pudra entre estos bosques primigenios, ya no seré el mismo, porque lo que aquí he visto… lo que aquí he sufrido… lo que aquí he hecho… no lo podré borrar de mis ojos, mucho menos de mis garras teñidas de sangre,,, y mientras siga vivo, por viejo que sea, el rumor del caimán vendrá por mí, recordándome que yo también, todos nosotros, somos caimanes… verdaderos lobos para nosotros mismos… hasta que la oscuridad discurra eterna derramándose sobre nuestras calaveras.

Totalemente Envilecido, Arrastrado por el Odio...


10. GOD U TEKEM LEAF BLONG MI (1.58)

Coros infantiles nos preceden, despidiéndonos. Ignorantes de la civilización, de la infamia y la ignominia, mas inmersos en un averno que no comprenden… que no han buscado.
En el calor de sus voces lloro y mis lágrimas son saladas como este mar que nos encierra… saladas, oscuras, terribles como el mismo Océano que entonará susurrante… imperturbable… abisal… mediante sus vastos ejércitos de olas… una triste balada por los que fuimos… aun cuando la raza de los hombres reptiloides haya desaparecido para siempre jamás.

Contagiados de Inocencia, Atravesados por el Júbilo...


11. SIT BACK AND RELAX (2.06)

Abandonando el infierno verde, respiro, veo, siento, aunque no dolor. El agua vuelve a ser fresca y la brisa tierna. Quisiera reconstruir las caras de mis hermanos muertos, sus rostros cuando tenía vida, cuando la luz fulgía en sus ojos, pero no puedo... Quisiera llorar a mis hermanos muertos, sus tumbas de barro y sus cruces de bambú, sus condecoraciones de aire, bruma y montaña, pero no quiero. Quisiera de nuevo sentir dolor... como entonces, como en la selva asesina, cuando creí ser cadáver viviente... Insensibilizado para siempre por el horror, busco inconscientemente en la espesura que se aleja, los jirones de mi alma humana... entera reventada...

Aun Vivo, pero Roto, Quebrado... Vacío...


"THE THIN RED LINE" . HANS ZIMMER. 1998.

© JIP

ESCUCHANDO "THIN RED LINE" (2)



4. LIGHT (7.19)

¿Qué hacemos en este recóndito Edén envuelto en tinieblas? ¿Cómo llegué hasta aquí desde aquel lejano hogar mío, todo cementos, civilización? ¿Podré algún día volver a ver a los míos? ¿O serán estos mis últimos días, transcurridos en recuerdos y añoranzas, entre verdes tapices, aullidos salvajes, tambores de muerte, tableteos de sangre? ¿Acaso no es este lugar, recóndito, felino, el más bello del mundo…? ¿Acaso contemplé jamás mayor paraíso que este que me arropa tal que si quisiese acunar mi último sueño, como queriéndome tragar a cada instante? Y si tal vez caigo… y clavo las rodillas en tierra… y ya no me levanto más… y las lianas me amordazan… y las hojas me amortajan… y los finos granos de arena me abrazan para siempre… ¿No habré tenido entonces la más bella sepultura jamás cavada… hecha del polvo del que vine, del que formé parte hasta el inicio de mis días…? Esos mismos que parecen ya tocar a su fin…

Añorando el Hogar Perdido... Presintiendo el Infinito por Llegar...


5. BEAM (3.44)

Un susurro cavernoso siluetea en el aire, entre palmeras infinitas, vagabundea alrededor de nuestras almas. Se oyen a lo lejos las maquinaciones del enemigo, tan asustado como nosotros, tal vez más, pero con igual determinación; no dar un paso atrás… Tan locos, alienados, los unos como los otros, sentimos ceñirse sombras de tormenta sobre nuestras horas de descanso, ennegreciéndolas, como boca de cañón hambriento.

Enloqueciendo... segundo a segundo...


6. AIR (2.21)

…TAM, TAM… tambores… TAM, TAM… tambores de guerra… en mis sueños… mis pesadillas… en las paredes de mi mente enajenada… no hay salida… ni reposo… un espíritu salvaje viene a mi encuentro… me busca… me halla… y me ordena… TAM, TAM… mata… TAM, TAM… ¡mata!... TAM, TAM… ¡MATA!

Completamento Loco... Convertido en la Peor Arma...


7. STONE IN MY HEART (4.28)

La niebla oscura todo lo cubre y apelmaza, y todo hiede a muerte. Caminando, rastreando, patrullando en mitad de la nada selvática, oigo acercarse la muerte por los flancos, por mi frente, por mi espalda, rápida, confiada, segura de su éxito… siento el pánico crecer… siento un dolor paralizante que me atenaza… qué hacer… dónde escapar… no hay señales que distingan el camino que conduce a la luz negra, esa misma que lleva escrita mi muerte en su boca de fuego…

Exhasutos... Mirando Cara a Cara a la Muerte


"THE THIN RED LINE" . HANS ZIMMER. 1998.

© JIP
19/09/2004 23:36 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

ESCUCHANDO "THIN RED LINE" (1)



1. THE CORALL ATOLL (8.00)

Del rumor a tormenta de la nada surge el caimán a contemplar el circo, la tragedia de los hombres, remembrando el instinto reptiloide que se esconde en nuestras mentes.
La naturaleza, el paraíso verde ácido y virgen, se pasea lánguida, parsimoniosa por mi oído, consciente de que no hay forma ya de eludir la amenaza, tan cercana. Lentamente, las aguas cristalinas, los cantos sinfónicos, las luces ambarinas, tiñen su esencia de negro cieno, temblor de explosión lejana, rubro de sangre… sangre humana derramada.

Perdidos en la Selva Temerosa...


2. THE LAGOON (8.36)

Campanas y cantos orientales me gritan desde la oscuridad del panteón de los muertos, tañendo tristes nuestro horror. Violines de sangre lloran notas de desesperanza desde la noche de los tiempos acompañando las botas negras y embarradas, cansadas, desgastadas de tanto machacar la hierba, quemar la tierra. ¿Hay acaso algún destello de ilusión para ellos…? Para estos niños que tiemblan, que mueren de horror pensando en su ausencia de mañana, que recrean el hogar perdido cada instante como si fuese un sueño, inalcanzable, áureo, bañado en júbilos de felicidad inaprensible, como si el volver a casa fuese ya poco más que una quimera, como si estas junglas, estos lodos, estas lluvias, fuesen ya su única posibilidad de mundo.

Jóvenes Sin Futuro...


3. JOURNEY TO THE LINE (9.21)

El tiempo pasa… corre… se degrada y desintegra ante mis ojos… y no lo puedo frenar… y no lo quiero mirar… porque cada segundo transcurrido me arrastra al rugir de la colina negra, esa que me atenaza, que me observa fijamente con cañones repletos de asesinas… ¿Cómo podré levantarme y correr hacia la muerte cuando me lo ordenen…? ¿Cómo podré vencer el miedo, el pánico que me asfixia, me destroza…? El reloj galopa desbocado y con él mi corazón palpitante que me grita ¡NO LO HAGAS!, ¡NO AVANCES!, ¡TEN MIEDO!, ¡AHÍ ESTÁ LA NADA!, ¡SÓLO TE AGUARDA LA MUERTE!... y de repente la realidad se desata… cae el telón de la guerra… y todos mueren en torno a mí… y avanzó colina arriba sin saber por qué, fusil en mano, al encuentro de esquirlas de eterna oscuridad… por un instante creo morir, subir muy alto, hasta capiteles de columnas de luz y universo… puedo casi tocar a dios, no me importa haber dejado atrás la maldad, el odio, la inconsciencia… todo está hecho de un resplandor almibarado que me envuelve sensual, delicado, desbocado… y no hay pena… y no hay dolor… por un instante, tan solo, soy poseedor de la felicidad, dueño de un sinsentido de paz y silencio.

Aguardando la Hora del Último Horror...


"THE THIN RED LINE" . HANS ZIMMER. 1998.

© JIP
18/09/2004 23:36 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

EL ESTIGMA EDEN

Hoy he recibido una nueva carta de rechazo a uno de mis relatos. Acumulo ya unas cuantas de estas, del más varipinto calado, y cabe decir que en la de hoy no se mataron mucho. Ni siquiera se molestaron en esgrimir motivo alguno para el rechazo, decirme lo bueno o lo horrible que les había parecido el texto, y mucho menos señalar si les parecía o no mejorable o reescribible. Lo cierto es que me importa más bien poco, lo que suele decirse un comino, siendo fisno, porque en modo alguno esta negativa empaña mi fe en un cuento que sé bueno. Supongo que habrá que esperar... quizá hasta que mis huesos descansen bajo tierra...

Porque como no hay mal que por bien no venga, aquí estoy, espoleado por este nuevo rechazo en mi carrera literaria no nata, redactando este post que bien podría considerarse extensión del que la pasada semana pergeñé sobre John Kennedy Toole y su condenada suerte, y que va dedicado a todos lectores amantes de la buena literatura en general, y a los sufridos aspirantes a juntaletras en particular. También, cómo no, si algún que otro editor se pasea por aquí, ¡también va por ti,amigo!... Sin acritud...

De entre todo lo que le he leído a Jack London, su novela de tintes netamente autobiográficos -como casi toda su obra por otra parte-, Martin Eden, me ha parecido lo mejor, quizá por aquello de que, como escribidor en ciernes que gusto soñarme, me encanta leer sobre el hecho del escribir y por supuesto también sobre la vida de los que escriben o escribieron, fuesen o no ficción. De hecho pienso que este debería ser un libro que todos aquellos que aspiran a escribir, sobre todo si -ingenuos- pretenden vivir de la literatura -¡y más en este país¡-, deberían leer. Me atrevería incluso a decir que debiera ser su libro de cabecera, ya que su historia, la historia de Martin Eden, debería ser para ellos un ejemplo a seguir... o casi...

Martin Eden de Jack London, 1909


Imaginádlo. Un joven de clase baja, sin pasado, sin futuro, sin formación, casi anafabeto pero en extremo inteligente, y movido por una terrible ilusión, decide un día que "sería escritor. Sería uno de esos ojos a través de los cuales ve el mundo, uno de los oídos a través de los cuales el mundo oye, uno de los corazones con que el mundo palpita", y enfrentándose a todos, a la moral arribista, al que dirán, decide dedicar su tiempo y su vida única y exclusivamente a ser alguien en esto de la Literatura. Malviviendo de pensión en pensión con dinero las más de las veces prestado, dedica sus días a leer incansable, compulsivamente, y a llenar más y más páginas de entusiasmada letra. Escribe de todo, ningún género le amilana, y pone en ello el alma y las entrañas. Apenas durmiendo cinco horas diarias, el resto de la jornada se lo entrega a la literatura. Pero no es un mundo fácil, nadie dijo que lo fuese. Diarios y revistas rechazan sistemáticamente todos sus trabajos. Familia y amigos le echan en cara que prefiera perder el tiempo emborronando inútiles folios en lugar de buscarse un trabajo como dios manda y hacerse un hombre de provecho. Nadie cree en el talento de Martin Eden salvo el propio Martin Eden. Porque él, pese a pequeños altibajos, no sucumbe al desaliento. Sigue escribiendo, sigue enfrentándose a críticos y editores, a los que censuran su actitud y rechazan su sueño.

Hasta que de repente un día el mundo se vuelve del revés, o mejor dicho, se reafirma en su mezquindad, y, voluble, maleable, caprichoso y advenedizo, encumbra aquello mismo que poco tiempo atrás había arrojado al fango. Martin Eden se convierte en escritor de éxito, gana cantidades indecentes de dinero, y las mismas personas que en el pasado le dieron la espalda, lo tildaron de vago y fatuo soñador, incluida su traicionera prometida, lo tienen ahora por excelentísima celebridad. Y lo mejor de todo es que lo ha conseguido con los mismos escritos que antes fueron objeto de ostracismo y vituperio. El mismo Eden se lamenta de ello: "Martin se acordaba de las muchas veces que había visto al juez Blount en casa de los Morse. ¿Por qué no le había invitado entonces? Él no había cambiado, era el mismo Martin Eden. ¿Qué había cambiado entonces? ¿Era la circunstancia de haber aparecido en tinta de imprenta? Pero si ya lo tenía escrito de antes. Todo estaba ya hecho... Pero el juez Blount le invitó a comer (...) "Todo estaba ya hecho" La frase le perseguía. Estaba sentado frente a Bernard Higginbotham, ingiriendo una de sus pesadas comidas de domingo, y sentía ganas de gritarle ¡Pero si todo estaba ya hecho! Todo estaba ya hecho cuando me caía de hambre, y entonces no me ofrecías de comer. Me prohibías la entrada en tu casa y me maldecías, porque no trabajaba. Y el trabajo ya estaba hecho... y ahora, cuando hablo, te callas con respeto y asientes a lo que yo quiera decir (...) ¿Y por qué? Porque soy famoso, porque tengo mucho dinero, no porque yo sea Martin Eden. Si te digo que la luna es de queso gruyére, suscribes la afrimación, o por lo menos no la rechazas..., porque poseo dólares, montañas de dólares. Y, sin embargo, cuando me escupías, cuando me hubieses pisoteado como el agua de la calle, todo estaba ya hecho".

Y finalmente, en la cúspide de su carrera pero a la vez en su instante espiritual más bajo, incapaz de asimilar que se le venerase por aquello mismo que antes le granjeó tanta animadversión, sintiéndose defraudado y fracasado, ciertamente sospechando que en realidad nada de mérito había en él o en sus escritos, pues se había convertido simple y llanamente en una moda, y la gente no admiraba de él sino su fachada en lugar de interesarse por el Martin Eden, hombre, es entonces cuando London , como auténtico dios responsable de su trama, decide que su personaje debe morir... quitándose la vida: "Primero nadó un rato. Un bonito de los que siguen a los barcos le mordió y le quitó la carne. "La Mariposa" se alejaba. Dejó de nadar y se instaló en la vertical. Le rodeó como una hoguera radiante. Después, tenebrosidad".

Una víctima más que añadir a la larga lista de mártires de la Literatura y el Arte, en la que, siete años más tarde de ingresar Eden, acabaría también el propio London, quien habiendo ficcionado tanto de su vida y su carrera literaria en aquella novela, terminó por hacer realidad su propia ficción suicidándose, como su personaje y alter ego, el 22 de Noviembre de 1916.

Terriblemente enfermo, desilusionado, víctima del exceso, terminal en tantos aspectos después de haberle exprimido al máximo el jugo a la vida, London, como Toole, se quitó de enmedio al no poder soportar la idea de haberse defraudado a sí mismo, aunque a diferencia del autor de "La Conjura de los Necios", el padre de "Martin Eden" experimentó la ponzoñosa mordedura de dicho fracaso merced al éxito literario -vacío e hipócrita en su tiempo, sólo justamente vindicado a posteriori- y no por la ausencia de él.

En cualquier caso, mi intención hoy al escribir este texto no era otra que expresar la relación íntima, cómplice, tantas veces trágica y pavorosa, que se establece entre un hombre y su arte, un escritor y sus ficciones, en la cual imaginación y persona, carne y pensamiento, se retroaliementan mutuamente, tal como si cada uno de los términos de la ecuación fuese parásito del otro, como si a veces no hubiese más vida que la escritura y ésta, al sentirse creada, regalase a cambio de nuevo la Vida -sí, con mayúsculas-. Y en esta relación que, curiosamente, cuanto más sincera y estrecha, más auténtica, más potente y fructífera, y también, las más de las veces, peor acaba, el gran público ávido de best-sellers con los que decorar sus estantes, la respetable crítica sedienta de mitos y héroes de la letra, y, por supuesto, los eminentes editores golosos de crematísticos superventas, son simplemente molesto y ruidoso público en el gallinero que más bien poco saben de eso que gustan en llamar Arte.

London, con la Magia entre los Dedos


Porque realmente no importa si tu historia vende un millón de ejemplares o se queda para los restos encerrada en la oscuridad de un cajón -o un disco duro-, como tampoco el que te lean miles o te lean cientos o no te lea ni el apuntador, ni tan siquiera el que guste lo que dices o tus versos caigan al común del respetable como el culo. Porque si tú, autor, padre y dios de tus ficciones, y por extensión, el más duro y severo de los críticos para contigo mismo, estás orgulloso de tus palabras, entonces "el trabajo está ya todo hecho"... pues la luz que despide tu obra eclipsa el Universo y la llama que arde en tu pecho mientras creas ensombrece al mismo Dios... aun cuando la muerte tarde o temprano te gane la partida del aliento...

Y esa magia no hay jodida carta de rechazo, humana ni divina, que la apague...

© JIP

AGUAS DE AMANECER

Aguas.JPGLlegó a la ciudad cuando a la noche le quedaba ya bien poco de vida. Empezaba a clarear, pero era un amanecer roto, deslucido, dominado por una nubes pesadas, quejumbrosas, así que todo empezó a adquirir una tintura cenicienta. Se acercó caminando hasta uno de los cinco puentes, el segundo más viejo, y desde allí contempló el histórico puente de piedra que había unido las dos orillas desde antiguo. A la izquierda, muy cerca, se levantaban majestuosas las torres de la basílica, grises y plúmbeas, como amenazas a contraluz. Luego miró el río, una masa lechosa de salvaje agua marrón bajando hacia un océano muy distante de allí. Las luces empezaron a apagarse. La ciudad se desperezaba. Un par de almas lo miraron torvamente. Una brisa dura, severa, nada cómoda, lo rodeó. Giró sobre sí y dirigió sus ojos hacia los otros dos puentes que se alzaban sobre las aguas río abajo. Un par de coches cruzaban por encima de ellos a quince, veinte metros en el aire sobre el río que todo lo quisiera arrastrar. Entonces una mujer pasó por delante. Siguió su espalda y su andar unos segundos mientras se alejaba; había visto mucho en apenas un segundo; ojeras, arrugas, tristeza, dolor, abulia... De repente se le ocurrió que debía haber algo intrínsecamente insoportable en vivir allí, que aquellas torres, símbolo de Dios, eran muy altas y amenazaban demasiado, y que aquellas aguas, símbolo de un dios todavía mayor, marcaban en su avance los ritmos de un tiempo y un espacio, una vida, totalmente inasequibles para el ser humano, y que ningún puente podría jamás salvar un escollo semejante.

Volvió a observar las aguas correr en busca de su metamorfosis de océano. Contemplando aquello, tan gris, tan en la mañana, tan en la soledad y el silencio de un saberse en lugar y momento equivocados, pensaba que había mucha tragedia en aquellas aguas, más de lo que una cordura puede soportar, que destilaban muerte, mucha muerte, una muerte cruda e imparable, pero en extremo sutil y cautelosa... como ese silente y periódico gotear de estalactita que en las montañas revienta piedras y hace estallar la tierra...

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CON LA DIOSA FORTUNA EN CONTRA

"Por suerte, estoy escribiéndolo todo y, en un futuro más o menos lejano, el público lector más atento y despierto se beneficiará de mi relato de ese descenso abismal por los pantanos camino de la estación interna del último horror..."

Cuanto más vive uno más se sorprende de cuán irónica, paradójica y, por qué no decirlo, también bastarda y puñetera, puede llegar a ser la vida, porque sin ir más lejos, para que os hagáis una idea, el párrafo con el que he iniciado este post pertenece a “La Conjura de los Necios” de John Kennedy Toole, y uno, tras leerlo, no puede dejar de pensar algo así como “¡hay que joderse…!”

Sátira impecable donde las haya


Porque Kennedy Toole se quitó la vida en 1969 creyéndose un escritor fracasado, tenía 31 años, y tras aquello, su madre se pasó once largos años de arriba abajo, de editor en editor, buscando a aquél que se atreviera a publicar la obra de su hijo muerto, esa misma "conjura de necios" que a la postre, rebasados los 80, llevaría a su autor al reconocimiento unánime, al Premio Pulitzer, y al panteón de ilustres narradores norteamericanos.

Esas palabras de Ignatius J. Reilly, el grandioso –en todos los sentidos- personaje de "La Conjura", que seguramente tanto tiene del propio Toole hombre, se mostrarían con el tiempo, y muy probablemente sin que su autor lo presintiese mientras las redactaba, no ya sólo muy ciertas, sino terriblemente proféticas… y es que cuando la vida se propone joderte te jode pero bien…

Al menos nos quedó la obra, esa fabulosa caricatura novelada en la que se barrunta tanto de autobiográfico y que es una joya de la sátira, un verdadero regalo para el sentido del humor. En ella brilla con luz propia la oronda figura de Ignatius Reilly, histrión entrañable, cargante e insoportable a partes iguales, ávido lector de Boecio para quien todo adolecía de una imperdonable “carencia de teología y geometría” y al que la Diosa Fortuna, contumaz y caprichosa, siempre le daba la espalda… exactamente igual que hizo con su autor y padre, Toole, del que a buen seguro Reilly no es más que un hiperbólico trasunto. Con todo, pese a lo extremo y absurdo de su idiosincrasia, ambos -Reilly y Toole- dicen mucho más de la condición humana de lo que a la mayoría nos gustaría reconocer… y de ahí su éxito, supongo, aunque fuese tardío.

John Kennedy Toole, alias Ignatius Reilly


Y ahora, ya para finalizar, entrando en el apartado de cosas raras traídas directamente de las cenagosas marismas de mi mente paranoide, aquí os dejo tres asociaciones enfermizas que me asaltaron durante la lectura del libro, a saber:

1) El parecido razonable entre Kennedy Toole y Robert Erwin Howard, afamado autor de pulps de aventuras, creador entre otros, de personajes como Conan el Bárbaro, Red Sonja, Solomon Kane, Thurlog O'Brien o Almuric, amigo de H. P. Lovecraft, y curiosamente -¡qué coincidencia!-, también suicida. Howard se quitó la vida a punta de revólver el 16 de junio de 1936, dicen, al no poder soportar la idea de que su madre, a la que estaba muy unido y de la que probablemente dependía emocionalmente -¿más coincidencias?-, iba a morir en breve víctima de una enfermedad terminal. Silenció su vida justo cuando sus relatos de aventuras lo habían convertido en un autor reconocido dentro del ámbito de las revistas pulp de la época y, en eso sí a diferencia de Toole, cuando había también conseguido vivir del fruto de su pluma.

Robert E. Howard, otro ilustre suicida


2) Otro parecido más que razonable –o al menos así se le antoja al aquí suscribiente-, entre el par ya mencionados y otro ilustre suicida, aunque esta vez sólo en la ficción. El camaleónico actor Vincent D'Onofrio dio rostro y vida al inolvidable "Recluta Patoso" de "La Chaqueta Metálica" de Kubrick. Supongo que casi todos recordamos cómo se voló la tapa de los sesos –siguen las coincidencias-, no sin antes, claro está, mandar a hacer puñetas al bueno de su sargento instructor, ese que tan bien lo había tratado desde un primer momento –confío en que se haya captado el tono de sutil ironía…-. Tras contemplar detenidamente estos tres rostros unidos en la Nada por la voluntad de autoaniquilamiento, se podría uno llegar a preguntar si en verdad existe algo en nuestros rasgos que nos predisponga a liquidarnos…

El Recluta Patoso a punto de armarla...


3) El parecido, ¡como dos gotas de agua!, no físico, pero sí idiosincrásico, que establecí de una forma directa, a medida que avanzaba mi lectura, entre Reilly y John Litghow, alias Dick Solomon, el ególatra, sinvergüenza, lenguaraz, chuleta y tremendamente divertido comandante alienígena de esa desternillante serie, "Cosas de Marcianos" -“3Rd Rock From the Sun” en inglesa lengua-, que desde aquí pido me la repongan pero ya… Me gustaría pensar que este parecido es casual pero mi fe en el guionista de teleserie medio no es demasiado fuerte…

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El Comandante Dick Solomon... un Ignatius Reilly alienígena

GATTACA: LA UTOPÍA DERROTADA

Con lo traído y llevado, hasta el hastío, que últimamente está el debate sobre la clonación humana o, sin ir más lejos, la conveniencia o no de legalizar la investigación con células madre con fines terapéuticos, y todas las opiniones virulentas y encontradas que desde todas partes se levantan, no está de más echarle un vistazo a una de las contadas buenas películas de ciencia ficción que nos ha regalado el cine moderno, y que tiene mucho que decir -o dejar ver-, y no precisamente baladí, respecto a estos temas tan espinosos…

La utopía, un "Brave New World" huxleyano y biológico, ha sido alcanzada por la Humanidad de "Gattaca". Mediante el dominio de los secretos de la genética, como modernos alquimistas, los seres humanos han conseguido al fin erradicar la enfermedad, eliminar la imperfección, la tara física y mental, potenciar la belleza, optimizar, en resumen, todas nuestras facultades a base de separar de nosotros en el laboratorio todo lo peor y tirarlo a la basura. Y con ello la humanidad no sólo se ha hecho acreedora de un "mundo mejor", un "mundo feliz", también ha emprendido el vuelo firme de la carrera espacial que a no tardar la conducirá a explorar, colonizar y poseer otros nuevos mundos diferentes de aquel que lo vio nacer.

Aunque, claro está, esto es sólo en apariencia, como esos brillantes contratos que siempre esconden una terrible letra pequeña, la perfecta y maravillosa cara de una moneda en cuyo reverso aguardan verdades escalofriantes. Porque el mundo de "Gattaca" es en su perfección probablemente tanto o más miserable que éste, hoy nuestro, que día a día vivimos.

Porque "Gattaca" nos muestra una sociedad tremendamente desigual en la que se han creado dos nuevas y grandes castas en excluyente desequilibrio. En ella ya no hay "negros", "latinos" ni "amarillos"... ahora todo se resume en la casta de los "hombres fabricados" por un lado, los "válidos", los "vitro", aquellos que fueron diseñados a la carta, para quienes todas las puertas están abiertas… y la casta de los "hombres naturales" por el otro, los "no válidos", aquellos que vinieron al mundo a la vieja usanza siendo sistemáticamente discriminados por ello. El racismo se ha transformado en "genoísmo"... cambia el nombre, pero el concepto y sus miserias se mantienen.

Frente a frente, las dos castas, pero intercambiadas


"Gattaca" nos presenta también un mundo gris, monocorde, uniformizado y maquinal, en el que todos los individuos tienen la misma pinta, parecen el mismo, como si con al limar los defectos de cada uno, con ellos se hubiesen evaporado también el carácter y la personalidad, aquello que te hace singular y único. Una sociedad demasiado limpia, demasiado aséptica, donde todo está siempre perfecto, en su sitio, inmaculado, y el Todo se construye magistralmente a partir de los ruidos y los silencios precisos, donde el diseño ha destronado al uso y el modelo ha desbancado al sujeto; todo muy "inhumano, demasiado inhumano..." Contemplar a todos esos hombres manufacturados fichar a la puerta del trabajo, circunspectos, ceñudos, tan bien peinados luciendo sus trajes oscuros, dando una gota de su sangre a cambio de una nueva jornada laboral, retrotrae directamente a aquellas secuencias magistrales filmadas antaño por Fritz Lang, cuando retrató eso mismo, pero con más magia, en aquella otra distopía increíble llamada "Metrópolis".

El Hombre Fotocopiado


También un mundo sin esperanza y por supuesto sin sueños, porque Dios ha sido sustituido por la Ciencia, y ésta no ofrece ningún dogma de fe, ninguna enseñanza, ni muestra ningún camino, tan solo frías ecuaciones en las que te dice, condenándote, cuántos años vas a durar y de qué vas a morir, negando con ello tu ilusión de destino, asesinando tu libre albedrío, arrancando de raíz todos tus sueños, tu vida en suma, señalándote de antemano cuál es tu sitio y dónde están los límites que jamás podrás rebasar. “Nunca entenderé qué empujó a mi madre a poner su fe en manos de Dios en lugar de en las de su genetista” Son la palabras de un "hombre natural", un "no válido" al que todas las puertas le son cerradas, todos los sueños cercenados por esa Nueva Divinidad, la Genética, que, con todo, también se equivoca, es falible, y de vez en cuando ofrece bastante menos de lo prometido, dando lugar con sus errores a una casta intermedia de nuevos pobres, modernos deheredados; aquellos que, en previsión de lo mejor, fueron expulsados a la vida a medio camino, y ahora son poco más que agua de borrajas.

Por supuesto también un mundo huérfano de magia, en el que no hay lugar para los sentimientos de cualquier tipo, y mucho menos para el amor o la salvaje pulsión sexual, tan fríos y previsibles se han vuelto todos, porque toda relación se establece, antes que por la atracción o el deseo, por el interés, la compatibilidad genética. Convertidos en auténticos conejos, los hombres de "Gattaca" ya no quieren, tampoco hacen el amor, simplemente optimizan el acto de la procreación.

Gattaca... un mundo en el que no hay sitio para el Amor


Finalmente, un mundo que pretende haber ganado la partida a la Muerte, nuestra histórica antagonista por antonomasia, aquella que a través de la amenaza de su sombra provocaba nuestra lucha y nuestra zozobra, nuestro arte y nuestra inquietud. Toda nuestra humanidad se reafirmaba en la inseguridad y la duda de su acción definitiva sobre nuestro destino. Pero ahora ya perdió todo misterio, es una conocida amiga, y sabedores del momento exacto de su llegada, de nuestra fecha de caducidad -sí, como los huevos, así de triste-, ya nada es como antes y el impulso de nuevos estímulos, aventuras, fascinación por el porvenir, se marchita necesariamente, pues lo que hemos de ser y por cuánto tiempo habremos de serlo, se lo diagnosticaron a nuestros padres en el momento de nacer.

Así, "Gattaca", esa utopía tan bella pero que por tantos lugares hace aguas, bien podríamos entenderla como una digna transposición, a la vez vuelta de tuerca, de aquella misma sociedad que Nietzsche quiso en su tiempo dinamitar desde su misma base. Lo tenemos todo; el nuevo Dios, la Ciencia, que debe ser matado; un entramado social bicéfalo y tremendamente desequilibrado, dominado por la casta de los "vitros" (los señores) que subsume a la de los "naturales" (los esclavos), creando con ello, no sólo un mundo cruel, triste y ruin, sino también una Moral envilecida, coronada por el "Genoísmo". Y precisamente en este marco, por reacción, surge la figura de Hawke/Vincent, un "no válido" que no renuncia a sus sueños, luchar por la vida, ser distinto, abrir caminos vedados y sentimientos escondidos. Mediante su voluntad de poder, su tesón, su confianza en sí mismo y también su ingenio, él propicia la instauración de un Nuevo Nihilismo en "Gattaca", ya que su éxito es también el fracaso de la Genética, de la Ciencia y del inmaculado mundo de los "válidos", así como de su triste Moral de hombres de diseño.

La Antesala del Superhombre


Pero asimismo Hawke/Vincent es también sólo el paso intermedio, ese puente que Nietzsche establecía entre el hombre degenerado y el superhombre por venir, el que había de hacer avanzar la civilización hacia territorios ignotos, porque si bien es cierto que el protagonista de esta historia ha conseguido matar a Dios, vencer a la ciencia en su terreno, sigue no obstante siendo un ser vivo que necesita de su propia moral, que necesita amar y experimenta nostalgia y podría tender al remordimiento, y el Superhombre nada puede saber de todo eso. Al fin y al cabo el gran filósofo alemán no quiso decir otra cosa que el hombre debía abandonar su humanidad si quería poder vivir la vida, aprehenderla en toda su dimensión, y los hombres de "Gattaca", a base de mejorar una y otra vez su ser hombres, hasta el límite de la perfección, no hacían otra cosa que abismarse en una humanidad trasnochada que, por ende, negaba el vitalismo, mataba toda posibilidad de asir la magia inexplicable de la vidaen toda su extensión.

¿El vuelo que lleva al Superhombre?


Y el superhombre nietzscheano es la réplica a todo eso, la única vía de escape hacia el vitalismo; él se encuentra más allá del bien y del mal, seguramente más allá de todo valor humano, probablemente fuera de este planeta Tierra que nos dio a luz; seguramente aguarda en el espacio profundo, justo allí donde al final del film Hawke/Vincent se dirige, quién sabe sino a subir un peldaño más -¿el definitivo?- en la evolución de lo que hasta hoy conocíamos como Humanidad. Aunque eso está por ver, y lo que en cambio sí sabemos del cierto, lo que es una verdad como puño cerrado que mata estómagos, es que antes de dejar la Tierra, Hawke/Vincent, el hombre natural, el desheredado, el moribundo, había derrotado él solito, con solo perseguir sus sueños, a "Gattaca" entera, esa supuesta utopía feliz en la que nada resultó a la postre como los fríos números y las gélidas ecuaciones habían prometido.

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Gattaca, de Andrew Niccol (1997)

LEYENDO LÍNEAS, SOÑANDO VIDAS

Y seguimos con los buenos versos, esta vez de un escritor cuya poesía me dejó siempre más bien frío, pero que en este caso, y teniendo en cuenta que se trata de Miguel De Unamuno, autor de esa obra maestra que atiende al nombre de "Niebla", dio bien en el clavo, y precisamente si estos versos que siguen llamaron mi atención creo que fue por participar en forma infinitesimal pero meridiana de ese mismo brillo que me fascinó en dicha novela, o "nivola", como le gustaba llamarla a su autor.

Leer, escribir, ser y crear... vivir sin realmente vivir, respirar en las líneas, pero soñar, siempre soñar... hasta confundirse en la Niebla, y aun entonces, quién sabe...

Miguel de Unamuno (1864-1937)


Leer, leer, leer, vivir la vida
que otros soñaron.
Leer, leer, leer, el alma olvida
las cosas que pasaron.

Se quedan las que quedan, las ficciones,
las flores de la pluma,
las olas, las humanas creaciones,
el poso de la espuma.

Leer, leer, leer; seré lectura
mañana también yo?
Seré mi creador, mi criatura,
seré lo que pasó?

Miguel de Unamuno
Antología 1915-1931

Leyendo líneas, viviendo sueños, creando vidas...

INFIERNO EN LAS NUBES

Esta tarde me he puesto a ver "Infierno en el Pacífico" como si fuese la primera vez, porque la había visto hace muchos años, muy pequeño, cuando no entiendes nada de nada y mucho menos comprendes qué demonios les hace tanta gracia a los mayores que están en el salón viendo la peli contigo, y todo se construye en tu memoria a partir de retales coloristas e inconexos.

Yo sólo tenía en mente a Lee Marvin y Toshiro Mifune, solos en una isla desierta, haciéndose las más grandes perrerías, jugando al gato y al ratón, a ver quién era el más listo... y lo cierto es que, como no podía ser menos, me he encontrado con bastante más, reconciliándome muy mucho con el buen cine en el proceso.

Infierno en el Pacífico de John Boorman (1969)


Todo me ha parecido genial, de principio a fin, desde los dos magníficos protagonistas, hasta las paradisíacas localizaciones, pasando por las bellísimas escenas del cambiante y caprichoso océano, así como por los silencios y las miradas sobre las que se construye toda la narración; un auténtico placer para los sentidos.

Y ahora, una vez vista, me pongo a pensar... Supón que eres un dios, o el Dios, tanto da, y estás harto de ver cómo los hombres que creaste del barro se quitan la vida unos a otros inmisericordemente. Tal vez corren los primeros años de la década de 1940, o tal vez no, tal vez es ayer mismo en un colegio ruso y la sangre te salpica roja y agridulce desde la pantalla de televisión, allí arriba, desde donde narices todo lo observas. Da igual, el caso es que decides que estás aburrido, que vas a experimentar, que necesitas saber en qué la cagaste con esto del Hombre para que la cosa haya ido tan rematadamente mal. Y va y te da por convertir a dos de ellos en Robinsones Crusoes abandonándolos a su suerte en una isla desierta. Japonés el uno, yanki el otro, sus naciones enfrentadas, sus caracteres opuestos, y sus lenguas tan distintas que cualquier tipo de entendimiento se antoja imposible. Piensas, bueno, si no se matan así es que tal vez hay algún tipo de esperanza, secretamente lo piensas, sí, porque sabes que están condenados a entenderse, que alejados de la masa, de la turba maleable y advenediza, individualizados, los hombres ganan enteros, o eso es lo que te gustaría creer y tal vez te equivocas, porque lo que hacen a las primeras de cambio es intentar asesinarse el uno al otro. Empiezas a desconfiar, te resignas, haces que no que no con la cabeza.

Pero hay un momento clave, Mifune tiene a Marvin a su merced, desmayado en el suelo, y no lo mata, no puede, o no quiere, quizá porque necesita de la presencia del "otro" para alzarse sobre ella, para castigarla y torturarla e imponer su autoridad, o quizá porque sabe que la soledad es insoportable, la carretera que lleva directamente a la locura, y tener ahí al "otro", aunque sea un enemigo, aunque represente el infierno en la tierra, puede ser la diferencia entre su vida o su muerte. Y de ahí al compañerismo, a la convivencia, a la amistad, hay sólo un paso, y ambos lo dan, y tú empiezas a pensar que hiciste las cosas bien, que el error no está en los hombres, que la ecuación falla, sin duda, pero en otro sitio.

Después de una escapada suicida hacia la nada tu experimento llega de nuevo a la civilización, por ende también la barbarie; vuelven la guerra, la muerte y la destrucción, o al menos las huellas que quedaron de todo ello, pero la amistad sigue, se acrecienta al calor de la hoguera y el alcohol, son dos almas gemelas que se necesitan y se comprenden a pesar de todo el gran universo que las separa, y tú dices bien, bien, la cosa marcha, creo que debería empezar a planterame el buscar las taras en otro lugar... Y justo en ese momento unas fotos todo lo cambian, unos rostros sin vida, de niños, de jóvenes soldados, de mujeres, todos muertos, insepultos, víctimas del odio y de la sinrazón, la humanidad de nuevo se instala en las almas de esos dos hombres a los que la viva naturaleza, el océano, la necesidad de aliento, habían conseguido limpiar, y todo se va al garete. Porque a Marvin se le ocurre preguntar "¿Por qué no crees en Dios?" y como única respuesta están esas fotos, y toda la destrucción que los rodea, y todas las vidas que se han segado y las que quedan por segar, hasta el infinito, y la mano de Dios no aparece en ninguna de ellas... o al revés... tal vez está en todas... justo ahí, traviesa y aburrida, jugando a los dados...

Dos Marionetas en Manos Divinas


¡¿Cómo se atreven?! ¡Yo soy su padre! ¡Yo los creé!... y ahora me echan las culpas de todas sus miserias y defectos, todos sus execrables vicios... No puedes concebirlo, te resulta inaceptable, les das la vida y ellos se la quitan y encima luego te cargan con "los muertos"... ¡Desagradecidos!... Pero ahora la duda está ahí, en ti, en tus entrañas divinas, ahí mismo, justo al lado de esos rostros sin vida enterrados en la arena desde 1945, de esos rostros sin vida tirados en el suelo desde ayer... esas mismas miradas vacías que tú has consentido desde el principio de los tiempos, cuando se te ocurrió iluminar tus dedos con el brillo de la humanidad... Y la duda crece, y la rabia crece, y la impotencia crece aún más, porque te das cuenta de que acabas de caer en contradicción, ¡y eres Dios!... o se supone que eres Dios, y eso no cabe en tus cualidades, tú eres Ubicuo, Omnipotente, Infalible... y toda la demás mierda que ya conoces... ¿Cómo pueden estar entonces esas caras muertas desafiándote desde su silencio?...

Rabia, RABIA, ¡RABIA!... callaos, CALLAOS , ¡CALLAOS!... "¿Por qué no crees en Dios?"... una y otra vez esa pregunta restallando en tus oídos... y es insoportable... y eres Dios, y no lo puedes hacer callar... y él sigue preguntando, preguntando, y los rostros sin vida te siguen mirando, observándote acusadores... pero, ¡un momento!... sí que eres Dios, sí que puedes hacerlo callar, sí que puedes hacer desaparecer esas miradas y borrar tu mala conciencia de un plumazo... será tan solo un instante, y después de nuevo paz...

Y entonces la bomba cae sobre la isla, los dos amigos mueren, las miradas muertas cesan, el remordimiento desaparece... Y todo se envuelve de absurdo mientras aparece el "The End" final...

Y todo se siente más duro, y más frío, y más lejos...

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EN MIS TORMENTAS...

Hay pocas cosas que, al menos a mí, me sepan mejor que una tormenta nocturna, y sé que no soy el único. Media hora atrás la noche era aquí un infierno de lluvia, truenos y relampagueo salvaje, el tronido del agua al reventar contra la ciudad asustada lo llenaba todo y la piel se me erizaba, cual gato viejo en guardia, de puro y vivo escalofrío. Años atrás el chaval que fui, ese mismo que empezaba a amueblarse la cabeza con gozosas lecturas góticas, hubiese disfrutado horrores con una semana como esta, con unas tempestades nocturnas como las que estos días atrás por aquí se han dejado caer, y no habrí