Vida Puta y Sin Talento

TannHäuser. Año 5.

Terrorismo bloguero, escritura subnormal

Se muestran los artículos pertenecientes al tema TannHäuser Primera Época.

03/06/2005

EL ÚLTIMO POST

"Haz lo que amas. Conoce tu propio hueso, róelo, entiérralo, desentiérralo y vuélvelo a roer"

Henry David Thoreau

"Para ti y todo lo que en ti vive,
yo estoy escribiendo"


Vicente Aleixandre

*****

…mayúscula: una, dos, tres, 4, 5, 6; coma; espacio; una, dos; espacio; una, dos, tres, 4, 5; coma; espacio, una, dos, tres, cuatro, 5, 6, 7, 8, 9; espacio…

Afuera, la noche, y contra ella, repicando, tranquila, fina lluvia; la ciudad muerta bañándose en aguas de luna.

…una, dos, tres, cuatro, 5, 6, 7, 8, 9; coma; espacio, una, dos, tres, 4; espacio; una_una, dos, tres, 4, 5; punto y coma; una, dos; espacio…

Adentro, la oscuridad, la tormenta: golpean furiosas, rápidas, las teclas; otra madrugada, la última, herida de insomnio, de aliento en combate; desafuero.

…una, dos, tres, 4, 5, 6; espacio; 1, 2, 3, 4, cinco, seis; espacio; 1, 2, 3, acento: 4, 5, seis, siete, ocho, nueve; espacio; 1, dos; espacio; una, dos, 3, 4, 5; espacio; 1, dos, 3, cuatro; punto y seguido: nueva línea…

De repente se detiene, cesa el tecleo, se impone el silencio, gira el rodillo y sube el papel, los codos sobre la mesa, el mentón sobre las manos cruzadas, relee atentamente lo escrito. Atento primero, insatisfecho al instante, del todo decepcionado. Arranca la hoja. Esta vez la hace pedazos, ni tan siquiera una bola de arrugadas líneas frustradas; tira los trozos en la papelera a rebosar de pelotillas blancas. Muchos de ellos, no encontrando asiento, caen al suelo en un vuelo brevísimo.

Le da un sorbo a la taza, apenas queda un culo da café, frío hace rato, lo traga en mitad de una mueca y se levanta. Mira la máquina entumecido, enfebrecido, sudoroso, sintiéndose una vez más, como tantas, irremediablemente derrotado. Quisiera consultar el reloj, saber en qué arco de la madrugada se encuentra, tener una excusa para dejarlo todo e irse a la cama, descansar; olvidar, pero sabe que no serviría de nada, que ya no existe el tiempo, que sólo existe la condenada máquina. Quisiera echar un vistazo a través de la ventana, respirar la noche lluviosa, salirse de sí y comprobar el mundo; alguna suerte de realidad, pero sabe que afuera el agua riega una ciudad yerta, que ya no hay más mundo que el de la condenada máquina, y pegado a éste, el suyo, de marioneta.

Todo y ser consciente de que ha bebido su último café, que es también su último ese pitillo recién encendido, porque con él ya vació la cajetilla, porque igual que la papelera no admite ni una línea más, vencida, en el cenicero ya no caben más colillas, toma asiento, carga una nueva hoja en la máquina, y, por última vez, empieza a teclear.

Desde la izquierda y en diagonal un flexo de bombilla blanca delimita con su haz lo existente, lo existible, un triángulo de antioscuridad en la oscuridad; el sencillo escritorio, y sobre él la máquina, y sobre ésta el hombre, o lo que fue, apenas su sombra; una sombra combatiendo las sombras, luchando, tecleando, consumiéndose desde dentro, línea a línea, tecla a tecla… uno, dos, tres; espacio… y a un lado la taza de café agotado, periclitada; y al otro el cenicero repleto, acogiendo la colilla postrera, ya casi entera ceniza; y abajo la papelera rebosante de arrugadas derrotas, al fin consumada… 1, 2, 3; espacio… y alrededor lo negro, lo oscuro, la nada, negra de tinta malgastada, negra de vida derrochada, negra de nada, tras su tiempo, realizada… uno, 2, tres; espacio…

…espacio… espacio… espacio…

Imposible continuar, sí, imposible, ni una línea más, no puedo, es demasiado fuerte, soy demasiado débil, yo, imposible, sí, escribir, continuar, vivir, crear, imposible, imposibles, todos, del primero al último, demasiado grande, la distancia, entre el papel y mi mente, la barrera, entre mi entraña y la tinta, desde luego, sí, no puedo, continuar, ficcionar, vivir, por tanto, me falta algo, me sobra todo, hasta el aliento, me gana siempre, me gano siempre, a cada instante, imposible, pues, ganar yo, crear, por una vez aunque sea, imposible, sí, desde luego, y entonces por qué, para qué, todo esto, y no sólo todo esto, lo visible, lo que todavía existe, o parece, aunque ya apenas, sino también todo el resto, ese mismo que no es sino nada, imaginación, oscuridad, silencio preñado de pálpito preñado de muerte que su vez es silencio, siempre silencio, sí, siempre impotencia, imposibilidad, no vida, no libertad, para expresar, soltarlo, todo, hasta el hartazgo, reventar, estallar, o lo que sea, irse al cuerno, por fin, de una vez, pero habiéndolo dicho, todo lo que sea que uno lleva, arrastra, le consume, desde la base, desde el albur y hasta los restos, que son ahora, que están ahora, que se acercan ya, que soy yo mismo desde hace tanto y hasta dentro de tan poco, ya mismo, sí, desde luego, mi último suspiro debería servir, para hacerlo, hacer pedazos la barrera de la carne, ganar por fin al derrotarme, consumarme al consumirme, realizarme al liquidarme, por fin, al fin, de una vez y para siempre, finiquitado, darme rienda suelta en el derrame, decir con lo rojo lo que con lo negro no pude, expresar con lo vivo y caliente lo que el blanco material jamás me extrajo, sí, eso, debe ser, así, eso mismo, así que allá voy, donde he de ir y como he de ir, así ha sido siempre, así debió ser desde un principio, jamás pudo ser de otra manera… tal vez…

Aparta a un lado la máquina, en ella todavía su último texto, y hace sitio en el centro de la mesa para una nueva hoja blanca. Luego coge el abrecartas… Al cabo de unos minutos ya está listo, vertido, traducido, derramado, y para entonces tanto da la luz que la oscuridad porque el flexo, también completado, ya no ilumina nada…

© JIP

30/05/2005

"ANIQUILACIÓN"

ANIQUILACIÓN: Todas las deudas saldadas, los contadores a cero, se apagan las luces, cae el telón. Te desvaneces violenta, terebrantemente, como burbuja que estalla acogiendo la nada, como carne que encaja sorda un balazo. Reintegrado en la negrura, un nuevo aliento toma posesión de tu antigua butaca; la maquinaria y el abrazo del absurdo nuevamente emprendiendo la marcha.

En modo autoservicio, abandonar la sala a mitad de función, de un sajazo –en la vena-, de un arroje –al vacío-, de un tiro –en la sien, definitivo-, inundándola entera de ohes, de ayes, de gritos; finiquitar en el medio el entremés de tu vida.

© JIP

Until It Sleeps, de Metallica
30/05/2005 00:20 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

25/05/2005

IV-doce

Como un apagado espectro
En mis ojos
Que aparece y desaparece
Que viene y va
Porque nunca está

Como un buscado tesoro
En mis manos
Que ensueña y promete
Vivires de arcadia y venires de oro
Que en nada devienen
Porque nunca está

Como una divina fruta
En mis labios
Que el cielo me enseña
Me acosa la lengua acechándome el diente
Pero no me la da
Porque nunca está

Como un inasible imposible
En mis corazones
Quimera de fúlgidas notas columbrando roces
Te aman
Mis ojos
Mis manos
Mis labios
Entero MÍ
Pero YO incompleto...

Porque nunca estás

© JIP

05/05/2005

IV-seis

Desde el Borges de Ulrica

Que de la crema de tus pechos blancos
Del aroma dulcero de tus labios rojos
De nuevo TODOS
De tu volar sobre a salvajes horcajadas
Sólo me separe la espada de la Muerte...
Porque de mi fervor por tu alma
Ya ese filo nada puede...

© JIP

28/04/2005

EN LA OSCURIDAD

Una sombra en lo alto, sentada allá en lo alto, de las escaleras, y de la oscuridad. Al fondo un edificio grande y blanco, que sería más grande y más blanco si fuese de día, si no estuviese disminuido, reprimido, ensombrecido por la oscuridad. Así que es de noche, ahí está, en el no estar de las cosas que se han escapado, difuminado en lo negro y frío de una noche sin luna, sin más atributos que el silencio y la oscuridad. Farolas blancas a altura sobrehumana, los dos metros, quizá más, aquí y allá, y más, más aquí y allá; esferas de nada combatiendo la noche maniqueas, pintando de real la realidad; haciéndola, pero menos, un real apagado, como entumecido, gríseo y cobarde, como si a las órdenes de un sol novel y asustadizo. A la izquierda y en lo bajo de las escaleras que preside la sombra, asfalto circular amputado de puntos rojos y blancos, ruidosos; coches obscuros en velocidad, no pasando, no circulando, no transitando, no ensordeciendo el silencio, ni la oscuridad. Lee la sombra una sombra de libro, en lo poco de claro que le deja lo oscuro, forzando la vista, increíble, indecible, inaprensiblemente, yendo sus ojos negros a través de las negras líneas, de izquierda a derecha, de izquierda a derecha, una vez más, repetir, así hasta no se sabe cuándo, quizá hasta la mañana, quizá hasta el sueño, o el sueño de la eternidad, o el de la muerte, de esa muerte que es sueño de no vivir más; quizá, tan solo, simplemente, hasta no poder más; leer, en la oscuridad, línea tras línea, desde el papel a los ojos, como hipnotizados, por las palabras y los huecos de las palabras, los espacios, interminables, numerosos, ¿infinitos?, como infinitos universos, pero en negativo, blancos, casi blancos, no del todo, grises, como el negro que tampoco es del todo negro, porque de lo contrario se cortaría, la tinta, la lectura, el flujo, y la sombra: todos, en la oscuridad, si son, es porque el todo posee matices, los refleja, como espejo o río o abismo, de cristal, y de tenerlos, entonces ya no es totalidad, hay algo más, y en cuanto hay ese algo ya nos acercamos más a la nada, que no es otra cosa que un total vacío de todo. Pero algo ha de haber, existir, o debiera, o eso debería parecer, talmente, porque ahí está la sombra que lee, que engulle palabras, como agujero negro de negra tinta y negras heces; letras encadenadas, a palabras encadenadas, a frases encadenadas, a párrafos encadenados, a páginas encadenadas, a pupilas encadenadas, a neuronas encadenadas, a... ¿y luego? Un pensamiento, creador, iluminador, devastador, inyector de brasa candente y helada oscuridad, en lo interno de la sombra y en lo externo de la noche, que es la nada, hoy, ayer, mañana, por supuesto... sombra de hombre que huye sobre sombra de libro que vuela sobre sobra de mundo que escapa: finiquitado el flujo de tinta desde el gríseo papel a la grísea entraña, sólo queda el silencio, lo oscuro, lo ajeno: la ciudad muerta...

© JIP

26/04/2005

EL GRAN QUIZÁS

Hacía ya un tiempo que TannHäuser estaba herida de muerte, más pasando que viviendo, agónicamente, sobre todo desde el día en que aquí, un servidor, decidió empezar a tirar de Restos.

En las últimas semanas he estado sopesando pros y contras, motivos y sinrazones para poner el punto final a todo esto, y he de confesar que sólo el increíble apego que le he cogido a este extraño lugar, mi extraño e hiperbólico hogar, ha sido el causante de que haya tardado tanto en tomar una decisión que se me antojaba, más que clara, indiscutible; había llegado el momento de decir adiós.

Durante mucho tiempo, meses incluso, estuve al frente de esta nave por una única razón, además -“causalidades” de la vida-, también persona, por la que escribía y para quien escribía… Ahora ese motivo, esa persona, se me está escapando de las manos como un agua de mar robada al océano, que, irremediable, irretenible, vuelve a su fuente, esfumándose, como todo sueño en la vida, imposible y quimérico, que tanto más nada y aire se vuelve cuanto más te acercas a él. Teniendo en cuenta las cosas que fui capaz de escribir por y para ella, los sentimientos que las movieron y las fuerzas con que las alumbré a este mundo, pensar que ahora todo eso se esté extinguiendo tan súbitamente, sospechar secretamente –al menos hasta ahora- que tal vez convertí en sueño y sentido de mi vida un espejismo, justo ahora vuelto desilusión amarga, es, pienso, suficientemente motivo como para no querer escribir ni una línea más.

Pero no sólo está eso, no sólo ella, está también mi propia escritura, mi particular modo de acercarme al folio en blanco en los últimos tiempos, constantemente transformado en un arma arrojadiza. Poco a poco había ido haciendo de mis letras, no una vía de escape, un modo de evasión de mi propia circunstancia, sus luces y problemas, sino todo lo contrario; una forma de agresión terrible contra mí mismo y, por extensión, contra todos los demás: aquellos lectores que se acercaban a mis páginas.

A todo ello debo añadir un atroz cansancio, en el alma y en los huesos, por todo y por todos, empezando por mí mismo y acabando en mi escritura, o mejor, en mi total falta, ahora mismo, y no sé por cuánto tiempo, de seguir produciendo dicha escritura… Más allá de tener la creciente sensación de estar repitiéndome a cada instante, más allá de ser consciente de estar convirtiendo mi sentir en los atributos de un personaje ficticio, se presentaba el hastío, profundo e irrevocable; la insondable hartura de aquello que siempre había sido mi razón de ser: “escribir”.

En definitiva, es algo así, supongo, como darse cuenta de que, una vez asumido que es duro y "difícil vivir con miedo”, y al tiempo un hermoso y salvaje desafío, sentirte de vuelta de cualquier miedo o desafío, darte lo mismo la muerte que la vida, absolutamente igual escribir o no… Ya no merecía por tanto tenerme por replicante, soñado o no, pues habiendo renunciado a la vida, en este caso, mi escritura, había traicionado su figura, su simbología misma, la de que no existe mayor bendición que la de disponer de "tiempo... el suficiente", y aprovecharlo, vivirlo, apurarlo hasta el ápice... Estaba traicionándome a mí mismo como escritor y como replicante, y estaba traicionando a TannHäuser, cada día, en cada texto desganado, en cada forzado silencio… Había llegado el momento de agachar la cabeza bajo la lluvia y soltar la paloma; "hora de morir…"

Creo que son suficientes motivos, al menos a mí me bastan, como para dejarme apresar por el síndrome de Bartleby y preferir no hacerlo; ni seguir con TannHäuser, definitivamente, ni seguir escribiendo, por el momento…

Me queda tan sólo despedirme de vosotros, los lectores que todavía podáis quedar por aquí. Nunca en el año y pico que ha durado esta aventura he sido capaz de conectar con vosotros, y nunca como ahora mis palabras se supieron tan solitarias. La escasez de comentarios dan fe de ello. Mucha de la culpa, creo, la tengo yo, que he convertido estas puertas en una plaza fuerte de la tristeza y la melancolía. La mayoría no quieren mirar, y mucho menos ver, el lado negro y ácido de la vida, ni tan siquiera el gris, y aquí, salvo contadas excepciones, no ha habido otra cosa que oscuridad y amargura, ¿tal vez algo de lucidez?... Quién sabe. En cualquier caso me queda el consuelo de que yo quise que así fuese en todo momento, de que, conociéndome como me conozco, no hubiera podido ser de otra manera, y que, a pesar de todo, conseguí crear a mi alrededor un pequeño círculo de lectores, correligionarios, amigos, aun cuando prácticamente dejé de leer cualquier bitácora. Algunos de vosotros sí conectáis conmigo, o al menos con algo de mí, y por eso estáis ahí, día sí día no, dejéis o no vuestra huella, y sólo quiero, en esta despedida, agradeceros eso mismo, el haber estado ahí, así como, en la medida de mis posibles, también el íntimo deseo de haberos hecho disfrutar, o reflexionar, o vibrar, o yo que sé qué, con alguna de mis palabras...

Lo mejor de TannHäuser, sin embargo, lo mejor de JIP, que soy yo, Javi, o Javier, como gustéis, si es que gustáis, quedó atrás. Su cenit pasó y ahora sólo queda un lento ocaso, que aunque se haga visible y patente aquí y ahora, se presentía subterráneo desde hacía tiempo. Como esa estrella moribunda, hinchada y final, que ha de soltar todavía un par o tres de mortíferos y terribles destellos antes de apagarse definitivamente, convirtiéndose en un agujero de negra nada, aún me quedan unos pocos escritos que firmar aquí, más que nada porque para este lugar fueron escritos y en él deben ver la luz. Después de eso JIP callará para siempre y ya de él sólo quedarán Los Restos…

Durante un tiempo, no sé cuánto, TannHäuser no vivirá, pero subsistirá, que es, no lo dudéis un instante, mucho menos que vivir... Lo hará de mis lecturas principalmente, y a través de Mis Restos, pero sin mi voz; la del escritor de poemas, cuentos, ficciones, al que ya apenas le queda su último saludo en el escenario; ni la de la persona que todo este tiempo estuvo aquí detrás, entre bastidores, viviendo, escribiendo, soñando... y que hoy se despide con cariño de todos vosotros…

Quién sabe si el futuro nos volverá a juntar…

Por mi parte, como dijo Rebelais momentos antes de morir, "Me Voy en Busca del Gran Quizás"...

Javier Iglesias Plaza"

25/04/2005

UN BESO/UN TIRO... ¿SINÓNIMOS?

Bram Stoker's Dracula de Francis Ford Coppola, 1992


"Un año es tiempo suficiente para vivir toda mi vida

de una vez,

de un beso,

de un tiro

que ponga fin a mis preguntas".


Mahmud Darwix
"Asedio a los Elogios del Mar"

Miliciano, de Robert Capa, 1936

22/04/2005

¿PARA QUÉ?

Calderón se olvidó una mitad, ¿la más grande quizá?, la de que de la muerte venimos y a ella vamos, y en el entretanto, tal vez soñamos, sí, que la vida es sueño, ¿acaso algo más?, pero un sueño absurdo, sin sentido y sin objeto, un azar sin más final ni principio que un vacío... sin más, ¡¿y por qué más?!... A qué, pues, soñar la vida, vivir este reflejo triste y doloroso, tregua de aliento y sinsabor, -¿tal vez amor?-, si allá justo, en el extremo, Negro y Silencio aguardan tu caminar... Ya lo pudo haber dicho Machado, don Antonio, en un mal sueño, terrible pesadilla, aquello, triste y final, de "Moribundo no hay LA MUERTE, se hace uno Muerte al andar"...

© JIP

Ilustración de José Guadalupe Posada


VIDA Y MUERTE

Vida y muerte sueño son,
y todo en el mundo sueña...
Sueño es la vida en el hombre,
sueño es la muerte en la piedra.


En sus ojos cerrados queda
grabada una idea:
"Más que valer lo que ve el hombre
vale estar ciego en la piedra".


En esos rígidos labios
quedó una palabra yerta:
"Más que hablar de lo que habla el hombre
vale estar mudo en la piedra".


Si vida y muerte son sueño...
Si todo en el mundo sueña...
¡Yo doy mi vida de hombre
por estar muerto en la piedra!


Ángel Ganivet *
Poesía

ángel Ganivet


*: Ilustre diplomático y literato español, poeta intimista y apasionado; romántico, tal vez, en ocasiones; melancólico, dolorido y pesimista. Tal vez un exagerado deseo de superación creativa, a la que pudo considerar inalcanzable, culpándose a sí mismo, junto a ese pesimismo exacerbado, le llevaron trágicamente a poner fin a sus días el 19 de noviembre de 1889 en las aguas del Dvina, en Riga.

Pequeña biografía extraída de la "Antología de la Poesía Macabra Española e Hispanoamericana" a cargo de Joaquín Palacios Albiñana

20/04/2005

ALQUIMIAS

"Imaginado inventor imaginándolo todo para hacerse compañía. En la misma obscuridad ficticia que sus ficciones. En qué postura y si en la misma o no que el oyente, aún no imaginado definitivamente. ¿No es bastante uno inmóvil? ¿Por qué duplicar ese factor concreto de consuelo? Entonces, que se mueva. Sin exageración. A gatas. Un gatear moderado, con el torso bien separado del suelo y de los ojos mirando al frente vigilantes. Si eso no es mejor que nada, anularlo. De ser posible. Y en el vacío recuperado, otro movimiento. O ninguno. Con lo que sólo quedará por imaginar la posición más útil. Pero, por seguir adelante, que gatee. Gatee y caiga. Vuelva a gatear y vuelva a caer. En la misma obscuridad ficticia que sus ficciones"

Samuel Beckett
"Compañía"

Samuel Beckett


"Nadie que escriba algo que valga la pena puede escribir en paz"

Henry Chinaski (Mickey Rourke) en "El Borracho"

18/04/2005

LIVIANO

- ¿Qué haces aquí parado?

- Estaba cansado. Me senté, simplemente.

- Cansado...

- Eso mismo.

- No deberías haberte parado. Vamos, dame la mano, hay que seguir...

- No, sigue tú, yo me quedo aquí un poco más.

- Pero... n-no puedes... ellos vendrán... pasarán por aquí... no puedes quedarte...

- ¿"Ellos"? ¡¿Quiénes?! ¡Nunca he visto nada!... Me duelen los pies...

- Lo destruyen todo, no dejan ni rastro... te engullirán, te borrarán del mapa... ¡Vamos, dame la mano de una vez!

- ¿Por qué no te quedas conmigo?... aquí, un rato... los dos... sentados en silencio... estoy muy cansado, sabes...

- ¡Estás loco!

- Quédate, anda... sólo unos minutos más... veremos qué pasa...

© JIP

17/04/2005

V-siete

Si existe un más allá
Un otro mundo
Que no está en este
En él está ya mi voz
Caída muerta
Yacente
Como el polvo durmiente de los grises años
Como palo de vela recién arrancado
En el fondo
En el limo
Derrotado pecio de mis claroscuros

Si existe ese algo combatiendo la nada
Está ahí mi garganta
Cubierta de oscuro y prendida de llama
Cansada de hablar y no ser escuchada
Sombra de un grito
Una fez desgarrada
La mía
Mis huesos
Mi entera alma hediendo a cadáver
Que a ningún viento tiende
Porque nada la empuja
Ya tan fina y delgada
Como hilo de araña de acero sus patas
Cortando el Aire, el Sueño, la Cara

La mía
Mi Cara
Mis Aires y Sueños
Junto a mis cuerdas mudas
Todas cercenadas
Si es que existe ese más allá
Ese otro mundo
¿de sorda piel y ciego roce?
¡Ojalá en nada parecido a este!

© JIP

15/04/2005

DE AUSENCIAS Y DESPERTARES

"En Ausencia de Blanca" , un pequeño libro de Muñoz Molina, esta semana... ¿Por qué?... no por casualidad, desde luego... aunque mejor no pensar en eso...

Dos mundos que se encuentran y entrelazan, esferas diametralemente opuestas, sociedades incluso, la de él, modesta, austera, mediocre, conformista; todo lo contrario la de ella, alta, refinada, extravagante, hasta un tanto pretenciosa... Mundos excluyentes, condenados a discurrir paralelos sin tocarse, pero que terminan uniéndose, inopinadamente; en la necesidad de ella por escapar de sí misma, en la necesidad de él por zafarse de la soledad... Pero el amor, verdadero, sólo de parte de uno...

En Ausencia de Blanca de Antonio Muñoz Molina


"Pero si ya me has compensado -inesperadamente Mario se dejó llevar por un arrebato de elocuencia-: Si nadie ha podido darme tanto como tú, si me has hecho que descubriera la vida, como si hubiera estado dormido hasta ahora y me hubieras despertado tú. ¿Qué hacía yo cuando te conocí? Trabajar y pagar plazos de cosas y leer todas las noches la Historia de España. Estaba como dormido y no lo sabía, si no llega a ser por ti me hago viejo y no me despierto nunca"

Pero lo cierto es que quizá Mario sigue dormido, en otros sueño, es cierto, el del enamorado loco y ciego, poco cabal, que sólo vive por y para ella, a cada instante, sin darse cuenta de que ella está a su lado, sí, pero que ante todo y sobre todo, vive para sí misma...

Por eso cuando ocurre lo que durante tanto tiempo temió, que sus mundos, tan distintos, volvieran a sus respectivos y normales rumbos, cuando ella lo abandona para irse con otro, un tipo culto, brillante, talentoso, o al menos eso parece, él pierde a la vez que gana algo; un amor muerto deja paso a un verdadero despertar...

Al cabo del tiempo, ella, Blanca, que así se llama, vuelve a Mario, arrepentida, ¿buscando una segunda oportunidad?, pero ya no es la misma, él lo sabe, se da cuenta en seguida, que esa Blanca no es su Blanca:

"Entonces, volviéndose de costado para abrazarla mejor, tan cerca que respiraba su aliento y veía en sus pupilas su propia cara masculina y ansiosa, cerró los ojos y apretó con fuerza los párpados, temiendo que si los abría un espejismo iba a deshacerse, porque ahora estaba seguro, con los ojos cerrados, húmedos de lágrimas, que aquella mujer que lo estrechaba no era Blanca: Blanca nunca habría respirado ni gemido así, Blanca, la otra la verdadera, la casi idéntica, la que ya no le importaba haber perdido, la que no iba a encontrar si abría los ojos, nunca se había echado a reír en sus brazos ni murmurado en su oído las palabras de desvergüenza y dulzura que la desconocida le decía"

Y ella ya no es Blanca porque Mario tampoco es él, durante su ausencia, en ausencia de Blanca, él a despertado al fin, del sueño, o de la pesadilla, y ahora no importa que Blanca siga siendo Blanca, como no importa que en verdad haya cambiado, que ahora, tras el error y el desengaño, tras darse cuenta de lo echado a perder, si lo ame, o pretenda amarlo, a él, a Mario, porque ninguno de los dos se han quedado a esperarla; ni él, ni su amor loco por una Blanca que nunca, mientras pudo, quiso ni supo amarlo...

© JIP

14/04/2005

abril, catorce, cero-cinco

¿Acaso algo más vivo que la muerte, atiborrada como está, hasta reventar, de la vida de todos los que fueron, y aún con hambre de la de los que todavía han de ser?

© JIP

13/04/2005

IV-cuatro

Ese verde
De luz y de vidrio
Pleamar de ulteriores y secretos roces
En que hundirme
Perderme
Todo abismo volverme
Por besar tus corales delicias
Arrecifes de tierno hueso
Telaraña cristalina y líquida;
La Pareja...
Por asir con mi esencia
Tus Rotundos y Eternos;
Ese Divino Verde...

© JIP

12/04/2005

abril, doce, cero-cinco

Pintores, escultores, músicos... francotiradores del lienzo y la roca, escalpelos del aire y el alma, les admiro y envidio a partes iguales su capacidad para lo inmaterial y el caos, así como su extrema libertad, para mí del todo inaprensible: liberados de la servidumbre de la Palabra, no precisan, en el momento de darle forma a su entraña, vomitarse en lo externo, armarse de "algo" que decir...

© JIP

11/04/2005

ILUSIONES EN GRIS

Estructura de Colores, William Turner, 1820


Estructura de Colores de Wiliam Turner

"Aunque todo se vuelva oscuro, aunque todo se vuelva claro, aunque todo siga gris, el gris es el que se impone, para empezar, dado lo que es, pudiendo lo que puede, hacho de claro y de oscuro, pudiendo vaciarse de éste o de aquél, para no ser más que el otro. Pero quizá me hago ilusiones en el gris, sobre el gris"

Samuel Beckett
"El Innombrable"

Sin Título de Mark Rothko


Sin Título de Mark Rothko

09/04/2005

ESTACIONES

¿Por qué tituló Gil-Albert "Primavera" este poema triste, que culmina en desengaño y es vindicación del despiezamiento de las ilusones? ¿Por qué precisamente la primavera, que es la estación de la vida, en la que todo nace al aire y al verano, incluidos los días de esperanza y los anhelos de aventura, de emoción, para ilustrar el desencanto? Para empezar, por ironía y mala leche, supongo, y después, para seguir, por intachable lucidez, porque decir primavera es tanto como decir, por ejemplo, nacimiento, y es nacer uno, ya se sabe, y en el acto mismo empezar a morir, estar, de hecho, muriendo un poco en cada aliento; porque un campo recién florecido, en tanto vida, es también, y mucho más, símbolo de muerte, tímido despojamiento en el tiempo. Porque toda vida, o flor, o esperanza que nace con ella, pasada la aventura del estío, finaliza, cae otoñal a la tierra, desvaneciéndose melancólica y desengañada, petrificada, agrietada por el frío, mortal y último, del invierno.

Pero hay que vivir pese a todo, pese a todo querer batallar, atarse los machos y lanzarse al vacío, sin cuerda y sin miramientos, perseguir esa ilusión que sólo ilusión es, o al menos así de fantástica y mágica, en nuestra mente y su deseo, porque siempre la realidad, una vez alcanzada, resultar peor, y a toda lucha, indefectible, sobreviene el morir del sueño; un desenmascaramiento, y después, naturales, las lágrimas, de impotencia y desconsuelo, por la batalla perdida, el anhelo vencido, y la vida, siempre la vida, que nunca es como te la esperabas.

Y es bueno que así sea, porque quedan nuestro llanto y nuestras lágrimas, ahí, a caballo entre la primavera descarnada y el otoño principiante, como prueba de nuestro combate, de que quisimos ir más allá, alcanzar la inaprensible, lo inexistente en realidad, no cejando en el empeño de ser más grandes y mejores a través nuestros sueños. Vendrán luego la amargura y el desencanto, acudirán puntuales, como puntual acude siempre el invierno.

Y habrán más primaveras a los que sucederán otros tantos inviernos, hasta que el final uno se quede, cubriéndonos de nieve oscura, y la diferencia entre los que vivieron o no sus estaciones seguirán siendo la lágrima y el llanto; cuántas veces perseguiste, luchaste, sangraste, hasta lo exhausto, aun a sabiendas de que ibas a salir derrotado...

© JIP

Juan Gil-Albert


PRIMAVERA

Homenaje de Franz Lehar
a Jaime Gil de Biedma.

¿Quién no se ha puesto un día una guerrera
de húsares, azul, un quepis negro
con un
aigret flamante, y las espuelas
con que el caballo vals galopa firme
dentro de los espejo fugitivos
y cual viento de mayo se ha lanzado
a la ocasión que pasa, al dulce atisbo
de la aventura errante, para luego
llorar amargamente sobre el rastro
de una estrella fugaz?


Juan Gil-Albert
Homenajes e In Promptus
09/04/2005 00:17 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

06/04/2005

LEWIS; UNA RELECTURA

He leído por tercera vez en tres años “Una Pena en Observación” de C. S. Lewis, y lo cierto es que no sé si, de querer volver a hacerlo en el futuro, me quedará mucho más que subrayar, porque no he parado de marcar frases y más frases, a veces párrafos completos, y apuntar aquí y allá, en los márgenes, un buen puñado de ideas e interrogantes, reflexiones, tantas, que tengo la impresión de haber pasado como de puntillas por el texto en mis lecturas anteriores. ¿En qué tenía la cabeza? ¿Cómo pude pasar por alto tantas cosas? Es un libro precioso, deslumbrante, muy emotivo, que lanza al aire un sinfín de preguntas en tan reducido lapso de espacio y de tiempo, que sus apenas cien páginas se agradecen precisamente por eso, porque se hacen tan cortas, pero a la vez tan intensas, que no te da ninguna pereza, de tanto en tanto, dedicar una tarde o una noche a revisitarlas. Es como un pequeño y fascinante paseo por la zozobra.

Una pena en observación


Consulto las fechas. Julio de 2003, abril de 2004, y ahora, justo un años después, de nuevo, la “pena”, a estudio, a disección. Decidí leerlo, la primera vez, porque acababa de ver la adaptación de Attenborough, "Shadowlands", "Tierras de Penumbra", con Debra Winger y Anthony Hopkins, soberbios. Quedé embrujado. Necesitaba más, y allí estaba el libro, esperando. La película narra el antes de ella, de su muerte prematura, el conocerse y enamorarse, el amarse, y el unirse después en la enfermedad, antes del fin. El libro cuenta el después, de la muerte de ella, en el dolor y la pena de él, y también la rabia de no encontrar respuesta a tantas preguntas terribles.

Tierras de Penumbra


La segunda lectura se debió a otro libro, también de Lewis, “Cautivado por la Alegría”, en el que hace un repaso a su vida, desde la niñez a la madurez, y a cómo, con los años, fue capaz de abandonar el ateísmo y abrazar la fe cristiana, encontrar la felicidad y el júbilo en el amor a Dios, cuando toda la vida había pensado, y creído, que no había dios. Todo esto, claro, antes de encontrar el júbilo verdadero, el amor de su vida, y luego perderlo, al poco tiempo, así que decidí que era tiempo de volver a vivir la disección de su pena, para observar el contraste entre ese primer amar a dios, encontrar en él un sentido, y odiarlo después, sentirlo causa de la pérdida de lo único que en realidad había cobrado un auténtico sentido.

Cautivado por la Alegría


Ayer intentaba hablarle de él a Soledad, presentárselo en cierto modo, así que empecé a leer algunos de mis pasajes subrayados, y ya no pude parar; tuve que leerlo entero de nuevo.

No voy a engañarme, sé que si descubrí tantas cosas nuevas en el texto, o necesité descubrirlas, fue porque ahora hay algo en mi vida que no estaba en mis otras lecturas, esto es, el amor, increíble y terrible, las dos cosas, como el que Lewis sentía por Helen, o como él la llama en el libro, simplemente "H". De alguna forma estas reflexiones, lo sé, no han de ser sino una extensión de la larga carta que días le escribí, a ella, a MP… La identificación, mientras leía, fue, salvando las distancias, casi total. Mientras caminaba junto a Lewis, sentía mías su pena y su angustia, y sobre todo, muy míos también todos sus interrogantes sin respuesta. Últimamente me lo he planteado mucho, cómo sería un vivir sin ella, no porque, como a Lewis, me la hubiese de arrebatar una enfermedad, o la fatalidad, sino porque, sencillamente, nos hubiésemos perdido el uno al otro. No habría una muerte de por medio, pero sí, pienso, un morir, en los dos, espiritual e imborrable. ¿Cómo serían mis días; mis mañanas y mis noches? ¿Cómo afrontaría el tener que sacar adelante una vida, la mía; relacionarme con los míos, incluso conocer gente nueva, sin reparar a cada instante en lo que, voluntariamente o no, eso tanto da, perdí definitivamente? Resulta difícil no pensar que sería horrible, que acabaría destrozado, y que me revolcaría durante muchísimo tiempo en el sufrimiento y la autocompasión, sintiéndome víctima del más insoportable de los castigos.

Lewis y Helen


No deja de parecerse a una grave enfermedad, sentir y querer así, subir hasta tan alto mientras amas, para luego tener que bajar, y caer, dártela de bruces contra el dolor, y no saber reaccionar, y en cierto modo no querer reaccionar, porque secretamente albergas la esperanza de que vuelva, la felicidad, y prefieres esperar y anhelar en el sufrimiento antes que pasar hoja y empezar a rehacerte, renunciando así, piensas, a la resurrección de lo perdido.

A Lewis el cáncer le quitó a H, y enseguida clamó a Dios, en el que tanto creía, o esa había pensado: “Y, en el entretanto, ¿Dios dónde se ha metido? (…) vete hacia Él cuando tu necesidad es desesperada, cuando cualquier otra ayuda te ha resultado vana, ¿con qué te encuentras? Con una puerta que te cierran en las narices, con un ruido de cerrojo, un cerrojazo de doble vuelta en el interior. Y después de esto, silencio” La verdad es que uno no va a encontrar más respuestas que las que uno mismo se dé a sí mismo. No hay voces en el cielo, ni en la tierra, ni debajo de ella, ¡y mucho menos parlanchines arbustos incendiados! Si hay Dios, en cierto modo, lo encontrarás en ti, en esa respuesta que te regales, la que te ayude a seguir ahí, en la brecha de la vida, aun jodido, si crees lo suficiente en ella.

Los verdaderos Lewis y Helen


Lewis se puso a escribir porque no podía hacer otra cosa, necesitaba esa válvula de escape, echarlo todo fuera, vomitarlo, y de algún modo lo logró, pasando de la pena inconsolable y la rabia profunda a la serena aceptación de su desgracia, transformando el odio hacia un dios displicente en amor, de nuevo, hacia una deidad entre cuyos poderes no se cuenta regir el destino de los hombres, sino, antes bien, dignificar y divinizar la vida con la posibilidad de amores como el suyo, de almas como las de él y H, juntas, amándose mientras vivos, y amándose más si cabe después, en la muerte y la separación: “En este sentido H. y todos los muertos son como Dios. En este sentido, amarla a ella se ha convertido, dentro de ciertos límites, en amarle a Él (…) No mi noción de Dios, sino Dios. No mi noción de H, sino H”; “Cuando le planteo estos dilemas a Dios no hallo contestación. Aunque más bien es una forma de decir: ‘No hay contestación’ (…) ¿Puede un mortal hacerle a Dios preguntas que para Él no tengan respuesta? Fácil que sea así, creo yo”.

Clive Staples Lewis


Hay un párrafo precioso y brutal que pienso resume la idea general que he preferido extraer de mi lectura, más que nada porque se acerca a mis propias ideas, mis respuestas, aquello en lo que yo puedo creer, y a lo que en cierto modo, un día sí y otro también, doy cabida en mis textos: “Pero supongo que esto es simplemente vuestro [de Dios] gran experimento. O no; quizá no sea un experimento ya que no tenéis necesidad de confirmar nada. Mejor sería decir que es vuestro gran proyecto: crear un organismo que sea espíritu al mismo tiempo; crear esa formidable paradoja que es el ‘animal espiritual’. Coger a un pobre primate, una bestia con los nervios a flor de piel, una criatura cuyo estómago pide ser saciado, un animal reproductor que necesita a su pareja, y decirle: ‘Venga, y ahora conviértete en un dios’. No me cabe duda de que si hay un Dios, está hecho de infinitos Dioses, tan grandes en alma y luz como él, que somos nosotros, todos y cada uno de nosotros, al hacernos hombres; agotando nuestros posibles, tanto en júbilo como en aflicción.

Toda la “pena” de Lewis acaba por mostrarse “como un proceso”, que es también un progreso, hacia lo que es natural, que es al principio crecer y aprender, vivir, en lo alegre y en lo triste, amar, tal vez, y luego perder, antes o después, separarse, de aquello que quieres o sueñas, porque se va él, te deja, o eres tú el que abandonas a todos, y entras en la nada, en la muerte, que es en sí, un ser, un dejar de ser vida para pasar a ser muerte. Es “el proceso”, es la vida, y hay que estar a la altura de ella, al menos intentarlo, saber amar primero, como saber afrontar la pérdida, la carencia, la tristeza y la zozobra, después, cuando dos destinos se separan. Hay que buscar esas respuestas que te permitan seguir adelante, que no será un seguir adelante igual, porque ya no eres el mismo, ya no tienes aquello que perdiste, estás “tullido”, amputado de por vida, pero sigues siendo, vida y hombre, y divinidad, sangrante y doliente, sí, mientras vives, y también después, en la muerte, para los que quedan, en su recuerdo, y para ti mismo, en lo Oscuro y lo Enigmátco, que todos, antes o después, descubriremos, quizá...

Enamorados


Y en cuanto a mí, ¿qué puedo decir? ¿He sacado algo en limpio tras todo lo escrito? ¿Seré capaz de firmar estas mismas palabras de hoy tiempo adelante, cuando el curso natural de la vida me lleve hacia la pérdida o la tristeza? ¿Seré incluso capaz de volver a maravillarme con el libro de Lewis, como anoche, si en ese futuro ya tengo a MP junto a mí? Sería una dura prueba sin duda, y no puedo, ni quiero aventurar por el momento mis reacciones, todo llegará lo busque o no. Lo único que se me ocurre ahora mismo es que igual que no parece haber techo para la capacidad de amar, tampoco hay, al parecer, fondo para el dolor, la rabia, el odio o la tristeza; igual que no hay más respuesta que uno mismo, uno mismo es también el límite de sus brillos y sus tragedias, que a veces, todo y contenerse en la geografía de un simple cuerpo humano, pueden alcanzar para varios infinitos. Lo importante, supongo, reside en lo de ensayar aquello de la divinidad, en cada aliento, en el gozo y en el júbilo, pero también en la pérdida y el desamparo; buscar siempre, las respuestas y los límites, de uno mismo y en uno mismo, que acaso sólo eso se tiene, existe realmente, y lo demás, y los demás, adquieren carne, vida y muerte, en la medida en que somos, o luchamos por ser, en lugar de abandonarnos al pasar...

© JIP

05/04/2005

¡SIN HÁBITOS!

"Arder siempre con esta dura llama semejante a una joya, mantener este éxtasis es el éxito en la vida. En un sentido puede decirse que nuestro fracaso consiste en forjarse hábitos, ya que después de todo el hábito se relaciona con un mundo estereotipado, y a todo esto es sólo la aspereza del ojo lo que hace que dos personas, cosas o situaciones parezcan semejantes"

Walter Pater
"El Renacimiento"

Walter Pater


Que es como decir que el derrumbe, la caída, hacia ese vacío que es transcurrir la vida gris, sin alicientes, en atonía, empieza en un abrir y cerrar los ojos, un parpadeo, que es igual al de ayer, o al de mañana; que es el mismo, tu mirar, hoy y siempre, ¿desde hace cuánto?; que nada cambia porque todo es miedo y duda, reserva ante la luz, la magia y la alegría; perseguirlas, aprehenderlas, consumirlas, liquidar el pálpito en el pálpito, ser pálpito o no ser nada; que es como decir, probablemente, que sólo hay vida mientras hay lucha, y no hay lucha sin dolor, o lágrima o desgarradura; y que en todo eso están, se ven, la vida y al lucha; y que si un día tus ojos, de puro acomodados, agotan tus posibles, ¡arráncatelos!, ¡rápido!, y luego tiñe el aire de rojo con tus manos...

© JIP
05/04/2005 00:18 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

03/04/2005

LARGA CARTA A MP...

Hola mi amor,

Estoy aquí, en medio de la noche, escribiéndote, muy cansado, es cierto, pero con poco sueño, ya me conoces, con muy pocas ganas de probar lo frío y solo de las sábanas, y como todas las noches que no nos tenemos, que son casi todas, echándote tanto en falta…

Hoy, si cabe, echándote más en falta que nunca, aunque nos hayamos visto tan sólo hace unas horas, si cabe, queriéndote más que nunca, quizá precisamente por eso, por haberte tenido conmigo de nuevo, y de nuevo, impotente, haberte dejado marchar. ¿Recuerdas cuando nos conocimos? Te dije, “la próxima vez que vengas, te secuestraré”. Era broma, claro, reíste tú y reí yo, y desde entonces te lo he dicho, y me lo he dicho, repetido, muchas veces, lo mismo, que te secuestraría, que estaba dispuesto a no permitir que volvieras a marcharte… y aún hoy todavía no he sido capaz de retenerte a mi lado…

Aún hoy sigo siendo el hombre más triste del andén…

Siempre pasa lo mismo, la máquina se pone en marcha lentamente, empieza a avanzar, y tú te vas, tu cara se aleja, tras la ventana, se hace pequeñita y borrosa, hasta desaparecer del todo, en la lejanía, y yo me quedo allí plantado sin ni siquiera fuerzas para preguntarme qué es lo que hago mal, en qué demonios fallo, para que al final, tras la felicidad, nuestra historia tenga el mismo final, acabe siempre en ese mismo punto, conmigo allí, en el andén desolado, vaciándose por momentos, más solitario y estepario que el lobo de Hesse. A partir de ahí comienzan la ansiedad y la melancolía, mientras camino cabizbajo de vuelta a casa, y comienzan también los recuerdos, vuelves tú y tu cara, y tu olor, y la risa de tus ojos, y tu voz, siempre cerca, pero irreal, claro, no salida de tu garganta, sino de mi mente, de ella emergida y sobre ella volcada, como un salvavidas, para mitigar, o al menos intentarlo, el estado de carencia en el que me sume tu no estar aquí.

Entonces, antes o después, me lo acabo preguntando, “¿y ahora qué?", cómo afronto el resto del día, ¡qué digo del día!, ¡cómo demonios afronto la semana entera!, sin ti, sí, pero con tu pelo y tu piel, y de nuevo tu voz, siempre tu voz, acariciándome, pero nuevamente con trampas, irreales, un placebo, desde mi memoria y para mi memoria, para su supervivencia… Qué puedo hacer sin ti, en qué emplear mi tiempo después de ti, pero a la vez sin poder –ni querer- arrancarte de mí ni siquiera un segundo… No resulta fácil, digas lo que digas, al menos para mí no lo es, y prefiero no pensar demasiado en por qué para ti sí, en cambio, es algo tan llevadero.

Es como intentar amanecer al día tras una noche de tormenta, que todo está gris y húmedo, irrecuperable para la luz, o empezar a construir tras un terremoto, una oleada, una avalancha, que no sabes por dónde empezar porque todo te parece igual de perdido, arruinado, por el barro, la lágrima, y la desesperación. Como querer ser fénix renacido de tus cenizas y comprobar, tras el primer par de batidas, que el material que escogiste para tus nuevas alas es, de nuevo, un asco, y que esta vez tampoco vas a poder evitar la caída, quién sabe esta vez hasta dónde, hasta qué insondable hondura u oscuridad… Así es parpadear muchas veces, en cierto modo, abrir los ojos, mirar, y ver que no estás ahí, fuera, conmigo, mirándome, sino dentro, mirándote yo, a lo que dejas de ti en mi cabeza, que es mucho, sin duda, que es todo, quizá, porque me la llenas, la cabeza, y el corazón, y el alma entera, pero también es poco, muy poco realmente, si lo comparo con la plenitud que es sentirte al lado, aun en el silencio, tan solo eso, que sí, en cambio, lo es, exacta y completa y definitivamente todo; la felicidad; tenerte junto a mí.



Hoy intenté, lo primero, refugiarme en los libros, esa es y ha sido siempre mi primera opción, mi salida, pero no ha servido de mucho, últimamente no sirve, cada vez menos. Nada pueden ya los libros, contra ti, es decir, contra tu recuerdo, y es triste, la verdad, pero así es, al menos hoy y ahora. ¿Hasta cuándo? También pensé en llamar a alguien, ver a alguien, charlar, de todo y de nada tomando un café, simplemente, salirme de mí mismo y pasear los pensamientos, airearlos, alejarlos un tanto de ti, pero inmediatamente lo deseché, porque no tengo ganas de ver a nadie, me agota la sola idea de tener que comunicarme, entablar conversación. Todo y odiar la soledad, lo cierto es que, exceptuándote, prefiero estar solo, me siento mejor en la sombra y el silencio, más liviano, libre, más cercano y proclive al llanto, ahogado, entrecortado, fútil, que en verdad a eso y no otra cosa es a lo que me empuja este aire en el que muevo cuando no estás.

¿Puede uno querer de esta manera y al tiempo sentirse, y saberse, profundamente deprimido? Creo que sabes la respuesta, aunque no te gusta, quizá la niegas, porque no cabe en ti, y eso me gusta, es bueno, para ti y también para mí. Porque yo sí la sé, en cierto modo es mi respuesta, la que sí cabe en mí, se encuentra a sus anchas, y de hecho, en mí se va a quedar, lo quiera o no, durante bastante tiempo, mientras las cosas no cambien, o quizá precisamente por eso mismo, porque cambien, pero esta vez del todo… Lo he pensado muchas veces, antes incluso de conocerte, antes incluso de quererte de esta manera, que el amor y la tragedia se llevan descaradamente bien, se entienden a la perfección, y muchas veces se alían inmisericordes para hacerle a uno catar los límites de la miel y de la hiel. No parace haber más opción.

Luego decidí probar con el cine. A él, como a casi todo, lo tengo bastante abandonado desde que mi vivir es, me doy cuenta, un vivir por ti y para ti, y las más de las veces, y de las noches, un vivir, y un respirar, y un llorar, tan sólo para tu recuerdo, lo que no deja de ser, a la vez, amargo y fascinante. Alquilé una película, “Olvídate de mí” y es, gracias a ella, o por culpa de ella, tómalo como quieras, que ahora estoy aquí, escribiéndote en lugar de dormir, recordándote en lugar de soñándote. Tú la viste hace meses y te gustó mucho, me la recomendaste varias veces, yo te dije “podríamos verla juntos”, y tú dijiste que no sabías, que era tan bonita, tan preciosa, que no sabías si querrías volverla a ver, por aquello de no agotarla, ni siquiera conmigo…

Pues bien, ya no estamos a tiempo de eso, cariño, porque yo la vi ayer, y pienso que ni siquiera nos hace falta volver a verla juntos, ya que en cierto modo ya la hemos vivido, y la vivimos, desde que los destinos, el tuyo y el mío, se juntaron. Mientras la miraba, la asimilaba, entendía mucho y muchas cosas, y a cada instante me preguntaba si no me la habías recomendado tan insistentemente con segundas intenciones, para que hiciera eso mismo, entender… Tal vez no había sido así, tal vez me habías hablado de ella como me hablas de tantas otras cosas que te gustan, con esa ilusión y ese entusiasmo increíbles que tanto te admiro, sencillamente porque te había gustado tanto que querías que yo también la disfrutase. Eso es más propio de ti, sin duda, mientras que lo otro, lo de tender mensajes indirectos es más de mi palo, aunque eso ahora, pensándolo bien, es lo de menos.

Lo cierto es que una playa nevada y desierta es un lugar ciertamente extraño, lo suficiente como para servir de inicio a una historia de dos que se encuentran, y se enamoran perdidamente, y después, con el roce del tiempo y de las almas humanas, que todo lo pudren y arrasan, se mandan a tomar por saco el uno al otro porque ya no se aguantan. Puede ser un lugar tan extraño e inhóspito, la playa desierta y nevada, o el río helado y nocturno, para empezar un amor, o acabarlo, como la propia vida que vivimos, que a insólita y cojonera nada la gana.



Lo nuestro fue, mi amor, también muy insólito, y muy extraño, ya lo sabes, pero no tuvimos playa, tampoco río. Nosotros, si acaso, hemos tenido una montaña, también de noche, y también de invierno, de invierno cabrón y crudo como este que no sé si se ha ido todavía, y al fondo y abajo, la ciudad, y sus luces, empañadas por el vaho del cristal, aunque tampoco las miramos mucho, todo hay que decirlo, ocupados como estábamos los dos en encenderle primero, y apagarle después, el calor el uno a la piel del otro. Mi sensación, no obstante, realidad o ficción, montaña o playa, sigue siendo igual de mágica. Como mágico fue, o casi, que en ese mismo lugar, donde tanto nos amamos, estuviéramos a punto de decirnos adiós; nuestros caminos, entre las lágrimas, de ambos, separarse definitivamente.

Quién sabe si eso ha de volver a suceder, si seguiremos juntos de aquí a un mes, o a un año, o a varios, si seguiremos queriéndonos así hasta que, sea cual sea, el fin llegue y todo lo rompa, o tal vez se enfríen nuestras pieles, se entibien definitivamente, y, con el tiempo, acabemos echando pestes el uno del otro, ácidos e irrecuperables para la pasión. Parece difícil ahora, ¿no crees?, incluso duro por mi parte sacarlo a relucir en este momento, que todo parece ir tan bien –o casi-, y algo así, tan terrible, se nos antoja lejano e improbable... Pero todo principio incluye, tarde o temprano, un final, va en el paquete, y dicen que el amor se acaba, que no es para siempre, dicen incluso que dura tan poco como cuatro años… Recuerdo que me soltaste un discurso así al conocernos. ¿Qué pretendías? ¿Asustarme? ¿Probarme?... Con el tiempo comprobarías, bastante a tu pesar, que a cínico ni me ganas tú, desde luego, ni me ganan muchos más, pero no me rendí entonces, como tampoco quiero hacerlo ahora, y no sólo porque ahora mismo te sienta el amor de mi vida, sino también porque, por muy escéptico y desengañado que pueda llegar a ser, para mí, como para el Carrey de la película, todo este principio vale la pena, sea cual haya de ser su final.

Yo jamás cometería el error, la estupidez bárbara, de borrarte de mi memoria, jamás me arrepentiría de uno solo de los segundos de mi vida compartidos contigo, aun cuando las cosas entre nosotros terminasen, aun cuando ya el uno por el otro no sintiese otra cosa que desdén, o desprecio, o quién sabe sino, tal vez, incluso odio. Pienso que de querer, tampoco podría hacerlo, ni podrían hacerlo, otros cualesquiera, borrarte así, de un plumazo, de mi mente y de mi corazón.

Sólo yo soy dueño de lo que fueron nuestra primeras veces; por primera vez verte, verte a ti, entera, con lo menudita que eres, y verte sonreír, o hacer muecas, o poner cara de duda, o simplemente llorar cuando pensábamos que tras aquellas lágrimas nos diríamos adiós; también por primera vez escucharte, hablar, susurrar, gemir, decirme “te quiero”, y acto seguido, tras las palabras, llorar yo, como un niño, feliz y divino, porque al fin escuchaba algo que había soñado caer de tus labios tantas y tantas noches de insomnio; por primera vez tomar tu mano, o mesar tu pelo, acariciarte el vientre blanco, estrecharte entera, cuan pequeña y frágil eres, entre mis brazos, y sentir que nada me podía llenar tanto como vaciarme en ti, y que tú hicieras y sintieras lo mismo.



Sólo yo mando sobre lo que ha sido sentirte desnuda y dormida junto a mí, y yo despierto, contemplando tu sueño, tus ojos cerrados, y los dos, abrazadísimos, combatiendo los segundos que nos acercaban, de nuevo, y como siempre, a tu sangrante marcha. Lo que ha sido hacerte el amor, recorrer tu completa y pequeña geografía con mis labios y la humedad de mi lengua, sentir tu caricia y tu estremecimiento, notar el vibrar de tus muslos y ver en tus ojos caídos, como borrachos, totalmente ebrios, el éxtasis de nuestros cuerpos. Lo que ha sido acercarme a tu oído y decirte te quiero, te amo, te necesito...

Sólo yo sé, también, lo mucho que me ha costado llegar hasta aquí, que fue también un llegar hasta ti, hacia un tú desnudo y total, al fin librado de dudas y miedos, sincero después de tanta lucha; lo mucho que me ha dolido estar ahí, tirando del carro cuando todo estaba por construir, y tú no estabas más que en la distancia, y tenía que tirar y tirar, de amor terrible y homicida valentía, para mantenerme a tu lado cuando tú todavía no tenías las cosas tan claras; lo mucho que he sufrido, y todavía sufro, por quererte así, y por todo lo que nos separa, tanto, que estuve dispuesto a todo por ti, incluso a perderte, y todavía lo estoy, a todo por ti, incluso a la nada, si es necesario, y tú lo sabes, mi vida…

Yo te dije una vez, cuando todo estaba naciendo, y era fantástico y maravilloso, y ni una sombra de dolor había en nuestro horizonte, que no me olvidaras… Ese mismo “No me olvides nunca” me lo devolviste tú no hace mucho, cuando nos fuimos al extremo, en nuestra montaña, y todo fue dolor y sombra, y, por supuesto, lágrima. Aún hoy, seguimos juntos, pero siguen también, tu marcha y la distancia, y yo, me estoy dando cuenta, te quiero más cada día, y más, todavía más, cada noche, como esta, solitaria, en la que la única forma de tenerte es escribirte y recordarte, incluso imaginarte allá, en lo lejos, dormida, pequeña, risueña, tranquila, ¿soñándome?...

Yo no te voy a poder olvidar jamás, no podría aunque quisiera, porque te voy a querer toda mi vida. No es fácil querer así, lo sé, lo sabemos, e imposible borrar todas las huellas que un amor así te deja. Nada ni nadie conseguirá arrebatarme ninguno de los momentos maravillosos que me ha traído conocerte, enamorarme de ti como lo he hecho, sentir cómo tu capacidad de ilusión y de felicidad por las cosas más pequeñas rellena de luz los vacíos de mi melancolía… Por esa misma razón nada ni nadie podrá tampoco mitigar el dolor que llegará si algún día he de enfrentarme al vivir sin ti, tan solo, y solamente, con tu recuerdo… Pero soy valiente, lo sabes, probablemente más que tú, quizá rayano en lo suicida, y nunca me voy a conformar más que con el todo, y si no, será la nada... la vida es demasiado corta y valiosa como para gastarla en medias tintas, ¿no te parece?...

Bueno, es tarde, y ahora sí estoy realmente cansado, y vacío... así que me marcho a dormir, tal vez soñarte, y soñarnos, juntos, por una vez...

Buenas noches cariño, locamente te quiere,

© JIP

"

01/04/2005

uno, abril, cero-cinco

No servir más que para el amor y la palabra, y aun con ninguno de ellos, ni con el pálpito desaforado, ni con la voz desgarrada, invitar sino al marasmo...

© JIP

30/03/2005

IV-nueve

Pasan cayendo finales
Heridos de olvido
Quebrados de vacío
Tus segundos
Los míos

¿Acaso no ves cómo
Pasan cayendo finales?
Gránulos de entraña
Mónadas de alma
Esencialidades nuestras
Todas descarnadas
Juntas, estrechas, encamadas
Pero siempre distantes
Ajenadas

Finales cayendo pasan
Gimientes
Sangrantes
Aniquiladas
Con la nada abierta en la mirada
Pasa tu vida y mi vida pasa
En la distancia...

Y esperas
Y espero
Y una sonrisa "enguadañada" aguarda

Pasan cayendo finales los míos
Latidos y Amores
Júbilos todos prendidos de llama
En este puerto de espinas y fieros filos
En que me tienes varado
Llorándote
Consumiédome
Derramado
Lágrima a lágrima
Gota roja tras roja Gota

Esperando
Tu proa y tu vela,
Tu amor decidido
Y sin reservas...

¿Quedará algo de mí cuando arribe tu barco?

© JIP

27/03/2005

HAY ABISMOS...

NUESTRA JUVENTUD NO MUERE

Caídos sí, no muertos, ya postrados titanes
están los hombres de resuelto pecho
sobre las más gloriosas sepulturas:
las eras de las hierbas y los panes,
el frondoso barbecho,
las trincheras oscuras.


Robert Capa, Alemania, 1945


Siempre serán famosas
estas sangres cubiertas de abriles y de mayos,
que hacen vibrar las dilatadas fosas
con su vigor que se decide en rayos.


Larry Burrows, Vietnam, 1962


Han muerto como mueren los leones:
peleando y rugiendo,
espumosa la boca de canciones,
de ímpetu las cabezas y las venas de estruendo.


Paul Watson, Somalia, 1993


Héroes a borbotones,
no han conocido el rostro a la derrota,
y vicotoriosamente sonriendo
se han desplomado en la besana umbría,
sobre el cimiento errante de la bota
y el firmamento de la gallardía.
Una gota de pura valentía
vale más que un océano cobarde.


Paul Lowe, Chechenia, 1994


Bajo el gran resplandor de un mediodía
sin mañana y sin tarde,
unos caballos que parecen claros,
aunque son tenebrosos y funestos,
se llevan a estos hombres vestidos de disparos
a sus inacabables y entretejidos puestos.


Simeón Saiz Ruiz, Sarajevo, 1995


No hay negro en estas muertes claras.
Pasiones y tambores detengan los sollozos.
Mirad, madres y novias, sus transparentes caras:
la juventud verdea para siempre en sus bozos.


Miguel Hernández
"Viento del Pueblo"

Cheryl Díaz Meyer, Irak, 2003


Hay ABISMOS de los que ni siquiera los VERSOS, tal vez, deberían atreverse a devolvernos la MIRADA...

21/03/2005

AMOR, AMOR...

"Mirar al infinito es meterse en honduras. Medir un trozo de ese infinito con las vueltas del día, es admitir que el infinito es siempre incomparable. Hay pocas suertes capaces de salvarnos de ese y otros abismos, y una de esas suertes es el amor. El amor es el único poder capaz de competir con el abismo, de hacernos olvidar, aunque sea por una noche, del final obligatorio. Ni siquiera el recuerdo del repugnante big bang puede despegarnos del amor. Así que a amar, amigos míos. Sepan que es la única fórmula para reconciliarse con la noche"

Mario Benedetti
"Voz en Cuello" en El Porvenir de mi Pasado

Mario Benedetti


Hay que haber ido y estar de vuelta, de aquel viaje extraño, maravilloso y embriagador, que fue querer así, amar de aquella manera, que acaso ya no ha de volver jamás, para percibir todo lo quedó atrás. Hay que haber llorado mucho, todo quizá, lo suficiente en cualquier caso como para apagar varias estrellas, secarte entero el par de ojos, y comprobar, desértico y desesperado, que ya en un tu vida jamás podrás derramar una lágrima más, para ser consciente de todo lo perdido. Hay que haber querido darlo todo, sin miramientos, sin concesiones, por ella y para ella, dejar de ser y estar, de respirar, dejarlo todo, tan sólo amar, y luego verte así, vacío, exhausto, descarnado; terminal, para saber que llegaste el límite, a tu techo, que nada, salvo la vida, si es que no la diste ya, te quedó por entregar. Hay que haber padecido el amor hasta el extremo, desde la carne hasta los huesos, atravesando el corazón, como estaca, sus recuerdos, sangrar la vida en los días grises que vendrán por aquellos tiernos, a su lado, que se fueron, para notar que ya ni el aire en tus pulmones sabe igual.

Hay que haber sido víctima de un amor verdadero, así, visceral y puro, para poder decir que se ha sido hombre; haberlo soñado primero, durante años enteros, e interminables noches de insomnio; y haberlo gozado después, en el medio, sintiéndose inmortal, jubiloso, inalcanzable en lo divino; y haberlo sufrido al final, en lo último, como muerte, cuando su marcha te dejó al borde del abismo.

Destronado, solitario, sin sentido, y aun así estar convencido, entre las lágrimas, y el abismo, y el infinito, que mejor cosa que el amor no hay a la que dedicar la vida, que para eso y no otra cosa aquí has venido, y que si de aquí te vas, sin amar así, sin querer de esta manera, total, brutal, sin concesiones... entonces no has vivido.

© JIP

19/03/2005

LA CARRERA FINAL

Ya resulta curioso, y tocapelotas, verdad, que todo este inventillo inmundo de la humanidad empezara, hace ya ni sé cuánto, ¡la tira!, como poco, porque a una mala bestia simiesca se le ocurrió abandonar el “tetrapedismo” por un instante, alzar los brazos, y echarse a andar; algo así como lo de Kubrick, y el hueso girante, y la nave espacial, pero sin tanta elipsis…

Y ya puestos a caminar, por qué no correr, se dijo, el muy cabrito –además de mono-, y a esas se puso, al poco, y lo consiguió, a la vista está… ¡Con lo cansado que es!, que enseguida te faltan la sangre y el aliento, y se te pone el bazo loco a trabajar, y entonces te da flato, y te arden también los pulmones, como caldera, a punto de estallar, y te mueres, en suma, de asco y de cansancio…



Y desde entonces los ha habido, y aún los hay, todavía hoy, que corren, que se las pelan, vamos, los muy cabritos –además de simios, o descendientes-, aunque por motivos de muy diversa índole. Algunos, los menos, por deporte, que se dice, por un trofeo o una medalla; en realidad, por una cantidad más o menos indecente de pasta, y más en realidad todavía, intrínseca, o sea, por no doblar el espinazo bajo el sol fulminador; no trabajar ni muertos, ya ven, los muy pencos. Otros, los más, porque llegan tarde aquí, o allá, o acullá, o incluso al lavabo, esa sí, importante, ¡y vital!, que ya se están yendo por la pernera abajo y está claro que, o corren, o de lo contrario la –y se- van a cagar. También los hay, y no pocos, joder, que lo hacen por soslayar ración de porra y calabozo, con tu bolso o tu cartera, o tu radiocasete bajo el brazo, como exhalación, verdaderos Carl Lewis de lo astroso y lo hijoputa, mientras los de uniforme y carajillo, por detrás, panzudos, despreocupados, se lo toman más bien con poco afán, lo de pillarlos, a ellos y tu cartera, o lo que narices fuese que te fanaron

En mi opinión, díganme vago si lo desean, o gandul, u holgazán, o cualesquiera otros sinónimos de puto perro que se les vengan, tal que así, ¡zas!, a la cabeza, no hay mejor forma de correr que aquella que acaba en "se", o mejor dicho, en "me", que las de ustedes, sus corridas, no es nada personal, más bien me la traen floja, o fláccida, ¡y entonces con qué cojones voy yo a poder correr(me) luego tranquilo y a gustito! A lo sumo, si ésta última y sofisticada variante de la jodienda, que es el correr, sin duda la más apetecible siempre, no está, por lo que sea, o por quien, maldita sea, no se lo deje hacer, disponible, un buen sucedáneo puede ser, cómo no, correrse una buena juerga, de las de antología, con prólogo y todo, total, de desfase, ultrapasada, hasta la madrugada, y más allá, hasta el final, que al fin y al cabo, allí acabaremos todos, en el final, el pozo, la oscuridad, y justo después de tanto correr, de tanta excitación y tanta prisa, ¡hija de perra la gracia!, algunos, soberbia putada, sin mojar…

Senderos de Gloria


Pero aun así, el vivir, aunque no quieras, o cierres los ojos, o metas cobarde la cabeza bajo tierra, siempre ha de ser un constante tocarte los cojones, o los ovarios, según se orine, y no dejarte transcurrir en paz. Está visto. No importa lo que sientas, o lo que pienses, ni siquiera cuánto, y de que tamaño y calidad, puedas aportar, a este mundo cruel, y cabrón, y cazurro, de acabados homínidos corredores. Sólo una cosa a veces cuenta, y es cuánto, esta vez sí, de qué tamaño, es el fajo de billetes que puedes pagar, con el que empapelar, sobornar, a uno o algunos, o a varios, de esos cabrones que están arriba, lo suficiente, como para sacarte las castañas del fuego y no ponerte a carra de perro con la muerte… y no cualquier muerte, señores, así, en general, levemente desvaída su figura por aquello del "ya llegará", algún día, sino esa otra, la tan jodida, la inminente, aquí y ahora, a escasos metros y minutos, de ti, aguardando, la muy zorra…

Enemigo a las Puertas


Céline lo dijo, en el viaje, a lo último, al ápice de la noche, que el hombre lo era; grande, y móvil, y voraz, y con un sueño dentro… Curiosamente, de todo eso, lo que menos importa siempre, qué curioso, es el sueño que llevas dentro, por el que luchar y dar la vida, sacrificarte en tanto criatura que no sabe, pero siente, y quiere, eso mismo, vivir, conforme a algo, con sentido y bueno, su sueño, el tuyo, lo que te da alas, a ti y solamente a ti, y a nadie más, pero no es posible. Nunca. Un verdadero asco siempre, la vida, antes o después…

Porque eso, como ya les dije, a nadie importa, y menos a los de arriba, los que dicen y dicen, palabras y palabras, y con cada una, adheridas, como sarna, mil bobadas; esos mismos que se dejan untar, y se creen dioses, y juegan al ajedrez con las vidas y los sueños de todos los miserables que no pudimos pagar. A esos, ustedes y yo, y los demás, les importamos tres cojones, tres, incluso menos, porque sólo les va lo otro, se la pone tiesa, eso, lo que resta, de lo que dijo, o, mejor, escribió Céline, ya saben, en su viaje final; que seas grande, les importa a unos, es cierto, los del otro bando, los que te han de matar, que lo seas mucho, grande y torpe, un blanco fácil, para acabar rápido y simple, contigo y con tu sueño, y pasar así enseguida a por el siguiente pardillo; que seas móvil le interesa, en cambio, a los tuyos, o al menos así se hacen llamar, rápido de piernas y hábil de mente, esquivador, soslayador, un jodido tipo aliado, hermanado, encamado con la suerte, que no se deje cazar, y que avance, avance, un paso más, hasta lo último, sus rifles, y en el empeño les haga, a los otros, gastar y gastar, plomo, puntería, paciencia, y demás…; y finalmente voraz, eso les interesa a todos, los dos, que lo sean, pero sólo los suyos, o en su defecto, que al menos los suyos lo sean más, voraces, terribles, inmisericordes, que corran y corran, pequeños y veloces, sin dejarse dar, y luego lleguen y maten, sin vacilar, que destrocen y desangren, a esos capullos, malditos cabrones, los que nos quieren ganar este juego precioso que llamaremos, por ejemplo, así a bote pronto se me ocurre, "guerra", ¿qué les parece, caballeros?, y tal…

Salvar al Soldado Ryan


Les parece bien, sin duda, asienten, están conformes, la aprueban y suscriben, la sangría, de todos los que aquí estamos, en lo bajo, preparados, en el cieno, en el puto barro, dispuestos a emprender la última carrera, que es también la principal. Puestos a correr, o mejor -seamos precisos, queridos amigos-, obligados a correr, hacia la muerte, el absurdo terminal, que sea por tu vida, por tu sueño, o en todo caso por el que corre, también jodido, y cagado, de miedo, a tu lado, y por nadie ni nada más…

Acaso sólo eso te quede, el orgullo, inmenso y brutal, de sentirte Grande, verdaderamente, mientras corres, por lo que persigues; de hacerte Móvil, certeramente, mientras corres, por lo que acechas; de saberte Voraz, insaciable, mientras corres, por lo que anhelas, y por cómo lo haces, eso mismo, buscarlo y desearlo, tu Sueño, mientras avanzas cadáver entre la sangre estallada, todo y ser consciente de que juegas una partida amañada y podrida, que tu suerte está echada, por nacer sin dinero y sin buena estrella, o sea, estrellado, que de nada, por tanto, van a servir tus largas zancadas, ya que la tuya, tu bala, que lleva en su punta escrito tu nombre, grabado a fuego el color de tus ojos, siempre correrá más…

Aún así lo harás, sí, correr, por ti, y por el compañero que justo, recién reventado, dejaste atrás, y por tu sueño, sí, hasta el final…

…que es el comienzo de la Noche.

© JIP

Gallipoli

17/03/2005

V-seis

Hoy me levanté temprano
Aprisa y apurado
Como guadaña
Porque quería pintar las paredes de mi casa

De blanco y de amarillo
Medio y Medio
Hasta vainilla
Dulce y como si verano

Darle rodillo de luz almibarada
A estas cuatro paredes grises
Que me alienan y consumen
A estas cuatro que han de ser mi mortaja

Matarle a brochazos su dolor en silencios
A estas cuatro paredes negras
Que me hielan y despedazan
A estas cuatro que han de suscribir mi lápida

No hubo forma
Ni rodillo
Ni brocha
Ni mano mía
Alguna
Alzada

Hoy
Como ayer
Como todas mis malditas mañanas
Ellas
Las Cuatro
Ganan...

Con sus lanzas de quietura
Sus ballestas de marasmo
Y esas opuestas y diametrales trampas
Sus esquinas, ocho, emponzoñadas
Día a día
En lo oscuro y profundo de mis suelos
Me desangran...

Mañana me levantaré tardío
Sereno y calmo
Como fantasma
Para pintar de arteria y seso las paredes de mi casa
Con un dedo y un silbido
Medio y Medio
Y ya luego nada más
Salvo lápida y mortaja...

© JIP
17/03/2005 22:21 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

16/03/2005

VIAJERO

"Éste no es el lugar -dijo el hombre al ver el río-. Lo cruzaré aquí y luego más allá y quizá salga a la misma orilla. Tengo que estar al otro lado, donde no me conocen, donde nunca he estado y nadie sabe de mí; luego caminaré derecho, hasta llegar. De allí nadie me sacará nunca"

Juan Rulfo
"El Hombre", en El Llano en Llamas

El Paso de la Laguna Estigia, de Joachim Patinir, 1515-24

15/03/2005

AHÍ DETRÁS... O ALLÍ ARRIBA, EN LO ALTO... O EN TU BOCA Y EN TUS MANOS...

Una tarde, en la escuela, decidió echarle un rápido vistazo. Estaba solo en un pupitre, en el fondo del aula. El maestro andaba entre los chicos de la primera fila y todas las cabezas se inclinaban sobre los cuadernos. Rápidamente sacó la estrella y la miró. Parecía un ojo indiferente con una fría pupila verde que se enturbiaba y se estremecía como si estuviera en agua.
- ¿Qué tienes ahí, Cameron?
El chico cerró la mano.
- Será mejor que me lo des.
- No puedo, señor.
- No tolero la desobediencia, Cameron. Dame eso.
El chico vio encima de él la cara del maestro, la boca que se abría y cerraba bajo un bigote recortado. De repente supo qué hacer y se metió la estrella en la boca y la tragó. Mientras el calor tibio le bajaba al corazón, se sintió tranquilo y aliviado. La cara del maestro retrocedió. Maestro, aula, mundo, se alejaron como un cohete en una oscuridad cálida, cómoda, dejando un reguero de gloriosas estrellas, y una de las estrellas era él.


Alasdair Gray
"La Estrella", en Historias Sobre Todo Inverosímiles

El Principito de Saint-Exupèry


Los poetas no inventan los poemas
El poema está en alguna parte ahí detrás
Desde hace mucho mucho tiempo está ahí
El poeta no hace sino descubrirlo


Jan Sjacel

13/03/2005

marzo, trece, cero-cinco

13 de Marzo.Veintisiete. Aniversarios. Inviernos que no se te llevaron. Oportunidades que perdiste. ¿Nuevas esperanzas que se te abren? Quizá. En cualquier caso un año más. Y un año menos. Que pasaste y que quedaste. Aquí. Entre los vivos. O que pasa y que te queda. Para al fin traspasar. Dejar a los vivos y unirte a los muertos. Que siempre son más.

Y lo cierto es que no tengo nada brillante que decir, tampoco nada opaco, ni siquiera algo translúcido... simplemente nada que decir, y en consecuencia, tampoco que escribir...

Quizá mejor así.

Quizá mañana. Tal vez mañana sí. Tenga alguna. O más de una. Palabra digna (si es que alguna vez la tengo). Que escribir...

Llega y pasa, una de esas fechas en el calendario, con círculo, señaladas, a recordar, por alguna razón, de algún modo, por alguien o alguienes, y vuelve a imponerse el silencio, o casi, porque aquí estoy, ¿no?, al fin y la cabo, una noche más, aunque como sin ganas, como pesado y cansino, como con un año encima más, y resulta que al fin se reduce a eso, la fecha, tu aniversario, a un círculo en un calendario, un conjunto vacío de vacías palabras en mitad de ese algo oscuro y extraño que siempre es la noche en soledad.

Nada que escribir. Nada. Desde luego. O eso parece. Pero sí desde luego mucho. Mucho. Que sufrir. En este día. Y en los que precedieron. Y en los que vendrán.

Así, por ejemplo, hoy, de nuevo, desde el principio, el despertar, y hasta ahora, la madrugada, la migraña...

También jodido el cuello, las cervicales, tortícolis, de las fuertes, desde hace dos semanas, ¡¿y hasta cuándo demonios?!...

Y el catarro, que está unos días y otros no tanto, pero siempre está, en la nariz congestionada, el carraspeo y la garganta como navaja, sajante, o sea, por el dolor, y todo eso...

Y, de tanto en tanto, también el estómago, protestando, por toda la mierda que le meto; tanta medicina, tanto nerviosismo, tanta basura de comida, que se harta y me dice ¡aquí estoy yo! ¡Deja de joderme! ¡O te joderé!... ¡Ahí te pudras, cabrón!...

Así que tal vez yo no tengo mucho que decir un día como hoy, tan señalado, y significativo, se supone, pero a la vez tan vacío, o casi... pero mi cuerpo sí que habla, o mejor, grita, o mejor, llora... Y me hace llorar. De dolor. Y de rabia.

Debería, pues, según parece, dejarme de idioteces, pensadas y escritas, y empezar por callar, guardar un pequeño silencio, y luego escucharlo, a él, a mi cuerpo, que me avisa, desde hace tiempo; de seguir así, lo lamentarás...

© JIP
13/03/2005 22:23 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

12/03/2005

SIN SALIDA



"Era odio puro, perfecto. Podía sentirlo. Los negros pobres odiaban. Las blancos pobres odiaban. Sólo cuando los negros tenían dinero y los blancos tenían dinero era cuando se mezclaban. Algunos blancos amaban a los negros. Muy pocos negros, por no decir ninguno, amaban a los blancos. Todavía estaban desquitándose. Tal vez nunca lo lograsen. En una sociedad capitalista los perdedores son esclavos de los ganadores y tiene que haber más perdedores que ganadores. ¿Qué creía? Sabía que la política nunca lo resolvería y no quedaba tiempo suficiente para la buena suerte"

Charles Bukowski
Hollywood

12/03/2005 22:23 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

09/03/2005

¡¡¡BANG!!!

"Debo crear mi sistema o ser esclavo del de otro hombre.
No quiero razonar ni comparar, lo mío es crear"


William Blake

Dead Man, de Jim Jarmusch
09/03/2005 22:24 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

08/03/2005

UN VAN HELSING ATÍPICO... Y DIVERTIDO...

Capitán Kronos


Capitán Kronos: Cazador de Vampiros (Captain Kronos, Vampire Hunter) Brian Clemens, 1974, GB.

Mucho antes de que a Van Helsing le diese por el cuero y Blade -el uno, el dos, y el Trinity por llegar- matase chupasangres discotequeros a base de katana, el Capitán Kronos ya cabalgaba por este vampiro mundo.

Concretamente, desde que en 1974 la británica Hammer Films filmó sus quijotescas andanzas, algo ingenuas vistas hoy, sin duda, pero también sin dudarlo -al menos yo-, mucho menos artificiosas y pedantes, y desde luego, mucho mucho más divertidas que las de sus contemporáneos, y encuerados, sosias...

Porque el Capitán Kronos es, como él mismo gusta en llamarse, un cazador de vampiros profesional, sí, ya en el s. XIX, ¡hasta tiene su propio logotipo!, su propia marca registrada; una gran K impresa en su anillo y en los faldones de su montura... Kronos recorre la tierra cazando vampiros, a lomos de su caballo, y seguido de cerca, a golpe de carromato, por su fiel Sancho Panza, el Profesor Grost, quien, a diferencia de otros ayudantes del género fantástico, aunque feo y cheposo como ellos, no tiene un pelo de estúpido, ni de tonto.

De hecho, este film, además de ser un título atípico dentro del género de Espada y Brujería, es también una muy atípica buddy movie sobrenatural, puesto que aquí se invierten mordazmente los papeles, y, mientras Kronos, la figura representativa del clásico Van Helsing, es más que nada un espadachín y un conquistador; un hombre de acción, es Grost, el cheposo y fiel amigo, quien es un experto en magia y ocultismo, y lo conoce todo del mundo de los vampiros; Grost es el sabio de la pareja mientras que Kronos, el héroe, tan solo usa la espada y se lleva a las chicas...

Todo un conquistador


Todo y estar hecha con cuatro duros -y se nota, la verdad- la película se deja ver muy bien, hoy día, sobre todo por el desenfado que destila, y por su atmósfera típicamente Hammer. Como ocurre a menudo, y vistas las basuras que día se nos ofrecen, estas películas, humildes y artesanas, ganan con el tiempo. A mi modo de ver resulta hasta encomiable su voluntad de subvertir tópicos del fantástico y mezclar géneros, porque aunque no del todo conseguida, su irreverente simbiosis de terror, capa y espada, y comedia, es muy apreciable.

Duelo de Sables Contra un Vampiro


Pequeños Apuntes Vampíricos:

- Subversión de tópicos vampíricos:

a) Kronos se las tiene que ver con una nueva y desacostumbrada clase de vampiro, que chupa la juventud y la vitalidad en lugar de la sangre, y no a través de un mordisco, sino a través de un beso mortal...

b) Con esta nueva clase de vampiros las estacas en el corazón no surten efecto; hay que machacarlos ¡a base de espadas de acero en forma de crucifijo!

c) Las andanzas de esta pareja de personajillos nos aportan nuevas supercherías a añadir al ya rico acervo de la mitología, como, por ejemplo, que "un vampiro sólo sangra cuando está a punto de morir"; que cuando un vampiro anda cerca de unas campanillas éstas se agitan por sí solas; o que -y este es el mejor- cuando un vampiro pasa cerca de un sapo muerto enterrado bajo tierra, ¡el sapo resucita!...

- Kronos, como Blade, fue mordido en el pasado por un vampiro y toda su familia asesinada por estas bestias, así que sus motivaciones personales para dedicarse el noble oficio de exterminador de murciélagos quedan claras. Lo que no queda tan claro es si él es o no medio vampiro -o vampiro entero-, y por qué demonios se hace de tanto en tanto una sangría con sanguijuelas, o se pone a meditar ¡con un saco en la cabeza!

- También como Blade, Kronos se sirve, además de su sable, de una katana para acabar con sus enemigos -estén vivos o no-, y también como el hipermoderno Van Helsing, se sirve de diversos y curiosos gadgets para combatir a los vampiros, como aros de flores de ajo en los brazos, sapos muertos, y campanillas...

- Al final de la trama se desvela que el vampiro origen de toda la sangría es una Karnstein, nombre que continua una de las sagas vampíricas más entretenidas y conseguidas de la productora Hammer, que no tuvieron que ver con el personaje de Drácula, de Christopher Lee, sino que tomaba como punto de partida la "Carmilla" de Sheridan Le Fanu, y que constó de los siguientes films, todos ellos muy recomendables: Lujuria para un Vampiro (Lust for a Vampire), Jimmy Sangster, 1970; Las Amantes Vampiros (The Vampire Lovers), Roy Ward Baker, 1970; y Drácula y las Mellizas (Twins of Evil), John Hough, 1971.

Kronos frente a la Cruz


Curiosidades Varias:

- El personaje de Kronos, antes que un trasunto del Van Helsing imaginado por Stoker, parece más bien un velado reflejo del espadachín puritano, infatigable perseguidor del Mal, Solomon Kane, ideado por el escritor de pulps, Robert E. Howard... De hecho, a buen seguro la K que ambos comparten en su nombre no es una casualidad.

Solomon Kane, por Jean-Michel Nicollet


- Aunque está clara la intención de satirizar a la pareja Sherlock Holmes/Doctor Watson, invirtiendo sus roles, la identificación con esa otra famosa extraña pareja que son Don Quijote y Sancho Panza se impone por su propio peso.

- Caroline Munro fue bastante mala actriz, y aquí lo demuestra con creces, ¡pero era tan condenadamente guapa! ...

© JIP

Caroline Munro, amante de Kronos
08/03/2005 22:24 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

07/03/2005

COLLAGE NOCTURNO



"No pierdas el tiempo criticando a los otros, censurando sus obras; haz la tuya, dedícale todas tus horas. El resto es fárrago o infamia. Sé solidario con lo que es verdad en ti e incluso eterno"

Cioran
Cuadernos 1957-1972

Esto se acaba, para bien o para mal...

...como el agua acelerada que precede a la cascada...

...todo empieza a correr,

deslizarse,

hacia el final...

Lo noto, lo presiento, y casi lo deseo...


"Entonces caí enfermo, febril, enloquecido, según explicaron en el hospital, por el miedo. Era posible. Lo mejor que puedes hacer, verdad, cuando estás en este mundo, es salir de él. Loco o no, con miedo o sin él"

Céline
Viaje Al Fin de la Noche

07/03/2005 22:25 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

06/03/2005

marzo, seis, cero-cinco

Esto de la blogosfera tiene algunas cosas buenas, sin duda, y algunas otras que no lo son tanto. De las buenas no voy a hablar, entre otras cosas, porque si algo funciona, déjalo como está, ¡ni lo mientes siquiera! En la malo, o lo peor, en las heridas, en cambio, siempre se puede escarbar, más que nada por aquello de tocar un poco las narices, darle cancha a ese alma mórbida que todos llevamos dentro. Y de entre todo eso malo que tiene, o le veo, a la blogosfera, lo que menos aguanto es, de un lado su profundo compadreo, y su insalvable premura del otro. Es decir, que por una parte, las más de las veces, tienes lectores porque tú, a tu vez, también a ellos los lees, y por la otra, has de andar siempre con tiento de no pasarte en lo que escribes, de no agobiar, de frenar tus palabras a sabiendas de que van destinadas a un medio cuya principal virtud no es precisamente la paciencia… Algo así como que si tu me lees –y me comentas- yo te leo –y te comento-, pero escribe cosas cortas, y digeribles, nada extraño, que tengo hoy todavía muchos otros blogs compadres que visitar –y leer, y hasta, quizás, que comentar- y no me quiero calentarla olla demasiado. Esto no siempre ocurre, claro, hay honrosas excepciones, pero lo cierto es que el invento funciona más o menos de esta manera.

Los hay por ahí que echan sus pestes por otros lados, que se quejan de que cualquiera se crea en la libertad de tener algo que decir, de tener algo que escribir. Los hay incluso que se lamentan de la fugacidad de todo en conjunto, de que sus ideas y palabras vivan apenas más allá de los segundos que median entre una y otra actualización. Bueno, están en su derecho, qué duda cabe, pero la verdad es que eso es algo que a mí, particularmente, me trae poco cuidado, porque yo, ante todo y sobre todo, escribo para mí mismo, y, después, circunstancialmente, para los demás.

Por eso me revienta ese compadreo del que hablaba, porque, la verdad, me gustaría pensar que si alguien se acerca a lo que escribo es porque le gusta o le interesa, incluso le llega, o todo lo contrario, lo enerva o enfurece, y no, en cambio, porque espere por mi parte un autocomplaciente intercambio de lecturas y comentarios.

Por eso me revienta esa premura de la que hablaba, porque lo que quiero es escribir, de lo que quiera y cuanto me venga en gana, sin preocuparme de si mis palabras son demasiado largas, o demasiado duras, o demasiado airadas, porque si en verdad el que me lee lo hace porque quiere, porque piensa que lo que tenga que escuchar de mí le puede aportar algo, no debería importarle cuánto tiempo invierte en leerme, ni si mis opiniones, ideas e imágenes amplían, destruyen o rebaten su particular visión del mundo.

Resulta curioso que toda esta chundarata que me -y os- estoy soltando venga a consecuencia, o eso creo, de haberme pasado la noche en blanco, pensando, y también leyendo…

Pensando en muchas cosas en general y en una persona en particular…

Y leyendo, o terminando de leer, “El Guardián entre el Centeno"”…

Cuando lees a menudo, cuando es tu costumbre devorar un libro tras otro, pasa a menudo, que te da la impresión, acabada cierta lectura, de que tú no escogiste leer ese libro en ese momento, sino, antes al contrario, que fue él, el libro, el que decidió en ese instante abrirse ante ti, supongo que para decirte algo, sobre ti mismo, y tus días, cómo los llevas, o dejas de llevarlos; en resumen, detenerte un segundo, y reflexionar…

Ayer tenía previsto que hoy, domingo, me iría a Barcelona, para dar un paseo, comprar libros viejos, ir a ver algunas exposiciones que tengo pendientes… quién sabe, tal vez incluso también ver a alguien, a esa persona, o personilla, que me hace pasar las noches en blanco, leyendo y pensando… Pero ocurrieron cosas, es lo que tiene la vida, que siempre sucede algo, algunas veces muy bueno, y las más de las veces no tanto. Así que en lugar de haberme pasado el día en Barcelona aireando mis obsesiones, ahora estoy aquí, escribiendo toda esta insufrible parrafada, porque me pasé la noche pasada pensando, y leyendo a Salinger, y también, por qué negarlo, porque me encuentro bastante cansado, y también bastante harto…

Hay un pasaje en la novela de Salinger que me llamó poderosamente la atención, porque en él la hermana de Holden, Phoebe, le recrimina a su hermano, literalmente, "Que a ti no te gusta nada… No te gusta ningún colegio, no te gusta nada de nada. Nada"… Es curioso, y extraño, porque a mí me ha ocurrido, eso mismo, o parecido, que me echen en cara, me reprochen, gente que me conoce, o algo así, e incluso me quiere, decididamente; que me acusen de eso, de amargar las cosas, agriarlas, con mi forma de ser y pensar; de quemarlo todo, arrasarlo, y no dejar nada, absolutamente NADA… ni tan siquiera semillas para, tal vez, volver a empezar… Quizá es cierto, quizá tenéis razón, quizá, como a Holden Caulfield, no me gusta nada… o tal vez es que siempre he sido demasiado exigente para este mundo y nada de lo que en él me he encontrado ha sido jamás como a mí me hubiese gustado que fuera…

La vida no es justa, ni fácil, nadie dijo nunca que así fuese… y los sueños están para quien los busca, los persigue, y no, definitivamente, para quien los encuentra… o eso piensa…

Por eso ha sido alentador y alienador a un tiempo, un libro así, como el de Salinger, que me viniese a buscar, justo en este momento mío, tan bajo, tan cansado, tan de vuelta de casi todo… Haberse sentido uno siempre tan equidistante de todo y de todos, tan lejano, tan dentro de mí y fuera del mundo, porque no me gustaba nada, absolutamente nada, cómo su presunto hacedor lo había distribuido todo, y luego verlo ahí, lo mismo, el mismo pensamiento, en las palabras de otro, un tal Salinger, que las pensó y las puso sobre el tapete ahora hace ya más de cincuenta años…

Es mágico, sin duda, y aterrador. La magia y el terror que quise reflejar en el anterior post, el del guante y los poemas, ese intercambio de ácidos y de luces, desde las mentes de unos a las de los otros, y entre medias la página, y así sucesivamente, hasta el infinito, o las tinieblas, si es que no son lo mismo…

De modo que estaría bien, sería precioso, encontrar ese lugar, entre el centeno, en que la nada se convirtiese en todo, las cosas adquiriesen alguna suerte de significado, y todo se sintiese más próximo a tus entrañas, menos loco... aunque es difícil, lo sé, para unos más que para otros, y para mí desde luego mucho. Terriblemente. Muy difícil.

Debido a eso, todo y que hoy he escrito mucho, y pensado más, quizá más de lo debido, las cosas van a peor por aquí, los aledaños de mi persona. Cada vez menos las ganas de leer. Cada vez menos las ganas de escribir. Curiosamente, cada vez con más ganas, única y exclusivamente, de NADA

Me ronda desde hace tiempo la idea de cerrar estas puertas, muy seriamente, por aquello de la hartura y del cansancio, ya sabéis… y también porque cada día me cuesta mucho más agacharme a recoger del suelo los pedazos rotos de mis ilusiones… No lo sé, puede que lo haga, al fin, las cierre, o tan solo me tome un descanso, o Satán sabe qué…

Lo que sí es cierto es que cada vez leo menos blogs amigos, y de ellos, cada vez menos artículos, seguro que algunos lo habéis notado, de modo que supongo que poco a poco, de seguir en esto, y seguir así, me iré quedando tan sólo con unos pocos lectores, esos sí, de verdad, de los buenos, a los que probablemente no les importará que cada día más mis palabras tiendan hacia ese exceso y esa desmesura que ahora mismo son reflejo de mi ánimo convulso y mi alma desencajada...

En este sentido, y por mi parte, el compadreo y la premura van a quedar saldados poco a poco. Al menos así será, supongo, hasta que eche el cerrojo…

… o hasta que le encuentre algún condenado sentido a mi nada…

© JIP"
06/03/2005 22:25 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

UN GUANTE DE POESÍA

"Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan en él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura"

Supongo que eso es lo que ocurre cuando te sientes continuamente fuera de lugar, incluso de tiempo, y nada te mueve, ni te produce la menor ilusión, que te gustaría guardar para siempre un gran campo de centeno, lleno de niños jugando, y de vez en cuando, leer alguno de los poemas escritos en tu guante de béisbol mientras te hechas al coleto un buen lingotazo de whisky Rye -también sopongo que se capta el juego de palabras-. Estarías allí, sin hacer nada, sin esperar nada, simplemente junto a los niños, los únicos seres vivos soportables, porque se mantienen todavía dormidos, sin despertar, nada saban del abismo. Tú cuidarías de ellos, los alejarías de ese abismo de madurez, ese precipicio que es el saber, conocer, lo que es vivir, con preguntas, sin sentido, y anhelos, sin destino, como decía Leon, el replicante brutote de Blade Runner, lo que es "sentir picor y no poder rascarse"...

Un Mundo Perfecto de Clint Eastwood


Supongo que eso es lo que ocurre cuando te atenaza el miedo de no saber a ciencia cierta cómo demonios vivir, adónde encaminar tus pasos, si es que en verdad hay camino que andar, y lo peor, hacer ese camino solo, y perderse, constantemente, como un ave migratoria tullida en el instinto de la orientación. Porque todo parece igual, de gris, o desabrido, porque no sientes la llamada de nada, ni la compañía de nadie, y todo te parece tan indistinto, tan uniforme, que no distingues puertas que abrir ni ventanas que reventar.

Supongo que eso es lo que ocurre cuando no soportas estar con nadie y al mismo tiempo sientes un pánico atroz a quedarte solo, cuando, de tanto temblar, tanto dudar, eres uno y eres todos... y terminas por no ser nadie, ni siquiera . Porque el mundo, tal y como es, te parece tan poco, que no encajas en él. Porque el mundo, tal y como te gustaría, te parece tan alto, que tus ojos no lo alcanzan, tus brazos no lo cogen, ni tu mente alumbra siquiera su llegada. Y a partir de aquí ya sólo puedes -o quieres- caer. Esta caída, como dice Salinger, "es de un tipo especial, terrible. Es de aquellas en que al que cae no se le permite llegar nunca al fondo. Sigue cayendo y cayendo indefinidamente. Es la clase de caída que acecha a los hombres que en algún momento de su vida han buscado en su entorno algo que éste no podía proporcionarles, o al menos así lo creyeron ellos. En todo caso dejaron de buscar. De hecho, abandonaron la búsqueda antes de iniciarla siquiera".

Por eso, supongo, para gente así, quizás, está el centeno, y el whysky Rye, y el guante repleto de poemas, para mantenerlo a uno aquí, a este lado del precipicio, mientras haya aliento, porque todo lo demás se te antoja locura...

Así que en cierto modo, supongo, todos querríamos ser guardianes de la infancia y escapar a la paz del centeno, de hecho, buscar, y encontrar, nuestro propio centeno, que para unos sería esto, para otros aquello, y esto otro para otras tantos más; quién sabe, quizá hasta una playa desierta, o un fuego encendido en la oscuridad, o un tierno ojo verde que te acaricia cuando lo crudo y profundo de tus lágrimas... En toda mano está ese guante, pienso, sí, repleto de poemas, y canciones, y deseos secretos, y secretas pasiones, y también muchas angustias, y muchos, muchos más dolores, aunque sólo unos pocos, de cuando en cuando, como hizo Salinger, saben alzarlo a tiempo: "Entre otras cosas, verás que no eres la primera persona a quien la conducta humana ha confundido, asustado, y hasta asqueado. Te alegrará y te animará saber que no estás solo en ese sentido. Son muchos los hombres que han sufrido moral y espiritualmente del mismo modo que tú. Felizmente, algunos de ellos han dejado constancia de su sufrimiento. Y de ellos aprenderás si lo deseas. Del mismo modo que alguien aprenderá algún día de ti si sabes dejar una huella. Se trata de un hermoso intercambio que no tiene nada que ver con la educación. Es historia. Es poesía."

© JIP

05/03/2005

AL PARECER...

Al parecer tenemos brazos, como tenazas, y si queremos, también como tijeras. Al parecer tenemos manos, como prensas, y si queremos, también como hojas, de sable, de hielo, de mirada enrabietada. Y los tenemos, al parecer, para agarrar fuerte los hilos, y estirarlos, dirigirlos, manejar, el rumbo de los segundos, el marco de los recuerdos, el tinte de nuestros sueños. Que no hay muñeco, ni marioneta, ni títere descabezado, más que aquel que se deja llevar, deja sus cuerdas flotar, al ritmo de ese Único, por demostrar todavía, siempre esquivo, siempre profundo... O peor incluso, dejarse arrastrar, como hoja muerta, por los demás, que te escriban el guión desde sus hilos, que digas sí, o digas no, desde sus voces, que ni aire propio tengas, ni tuyos sean tus pulmones... Porque hay un vivir, más allá de su vivir, de sus encuadres, sus sermones, más allá siempre; tu vivir libre, de cuerdas y miedos, de amores y dolores, un vivir por y para el tuyo, tu aire, y tus pulmones, al parecer...

Así que tenaza o prensa, hoja o tijera, álzate sobre el sendero, despierta y corta; vuela...

© JIP

Jaime Gil de Biedma


POR LO VISTO

Por lo visto es posible declararse hombre.
Por lo visto es posible decir no.
De una vez y en la calle, de una vez, por todos
y por todas las veces en que no pudimos.

Importa por lo visto el hecho de estar vivo.
Importa por lo visto que hasta la injusta fuerza
necesite, suponga nuestras vidas, esos actos mínimos
a diario cumplidos en la calle por todos.

Y será preciso no olvidar la lección:
saber, a cada instante, que en el gesto que hacemos
hay un arma escondida, saber que estamos vivos
aún. Y que la vida
todavía es posible, por lo visto.


Jaime Gil de Biedma
La Historia Para Todos

03/03/2005

UN VAMPIRO DE JERINGAS Y CUCHILLAS

Martin de George Romero


El Regreso de los Vampiros Vivientes (Martin) George A. Romero, 1977, USA.

Martin es un vampiro adolescente y nada típico; no tiene grandes colmillos, ni poder sobrenatural alguno, salvo, quizá, el de la extrema longevidad. Ni tan siquiera