- ¡Oh, Verdad, tu destino me apena! Has muerto antes que yo.Palamedes de Eubea en las playas de Troya, antes de ser ejecutado...
Estás fueron las últimas palabras de
Palamedes antes de ser ajusticiado por crímenes que no había cometido. Según
Robert Graves las aventuras y desventuras que de
Ulises se narran en la
Odisea de
Homero son consecuencia del castigo que los dioses infligieron al rey de Ítaca por sus felonías y conjuras durante el asedio de
Troya. A decir verdad, si hemos de creer a
Graves, alejándonos bastante por tanto de las caracterizaciones clásicas que la cultura nos ha ido mostrando,
Ulises debió ser un tipo sagaz e inteligente, pero también un hábil intrigante y un terrible conspirador, también algo cobarde... un pedazo de cabrón, en suma, que tan malo era tenerlo de amigo como de enemigo. De entre todas sus malas artes durante la larga campaña de
Troya la más vil y rastrera, así como la que más repercusión tendría a la postre, fue su traición a
Palamedes de Eubea. Envidioso del talento y las brillantes invenciones e ideas del Príncipe de Eubea,
Ulises terminó por quedar en ridículo por su culpa ante las huestes griegas, tras lo cual decidió vengarse, y a través de medidas y siniestras artimañas e intrigas terminó por demostrar que
Palamedes se había dejado comprar por los troyanos traicionando así a los suyos. Todas sus acusaciones eran inciertas pero aún así
Palamedes -y con él la Verdad- fue condenado a morir apedreado y
Ulises, ufano, llevó a buen puerto se terrible mezquindad.
Palamedes simboliza la muerte injustificada por excelencia y sus últimas palabras han sido desde entonces reformuladas hasta la saciedad, explícita o implícitamente, día a día, y hasta hoy... y aún han de volver a serlo, cada día por venir, mientras existan hombres.