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tannhauser

Secreto

 

De repente me queman los segundos como ascuas: las manos atadas con clavos y espino a un pedazo candente de hielo; atravesadas y crísticas como las de Rutger Hauer en el 2019, allá cuando su hora de morir. Luz nuclear y devastadora en estas palmas en cuenco y estas yemas de huella alisada por la radiación. La muerte en la punta de mis miembros. Una estrella en el ápice. Odio de dios en la rampa de lanzamiento, aguardando órdenes. Sin poder separarlas, demembrarlas, porque me son ya ambas toda una: esfera cataclísmica de pálpitos y aceradas sensaciones. ¿Y si consiguiera desunirlas?; ¿fisionar su núcleo de pavor? El destino se desencadenaría a mí alrrededor como avalancha. Como júbilo. Como miasma.

 

Es como saberte el cuerpo en llamas, tu piel desintegrándose, y no poder correr, saltar, aullar en demanda de auxilio: si te mueves lo más mínimo una hoja descenderá de la oscuridad y de un zarpazo te ha de rebanar el pescuezo. Así que no te mueves, y mientras te consumes; y aun así no te mueves. Y estás ardiendo hasta el hueso. Y no te mueves. Cada segundo es una mínima y voraz combustión espontánea: no puedo hacer nada. Por más agua que trague o nieve me vuelva este roja inquietud no se apaga. Ni palidece. Ni se arrepiente. Ni mucho menos se acobarda.  

Me doy cuenta de que no sé muy bien cómo expresar lo que quiero decir. De que en realidad no quiero siquiera decir eso que siento y digo que no consigo expresar. Que no hago más que trabalengüas como este para postergar la hora de enfrentarme a mis intenciones para con estas palabras. Por primera vez siento la necesidad de morderme la lengua. Es extraño este impulso de tornarme negro y duro y escorpión, y clavarme a propósito el veneno antes que abrir la bocaza. Traicionarme en gran medida así, dejando plantado al forense que siempre me he preciado de ser para mis propios restos desparramados en el folio.

Aunque eso sí, a un muy alto precio: siento como tanto de lo que he pensado y casi todo lo escrito se ha vuelto contra mí, casi puedo imaginarle en la mirada como prepara su venganza. Palpo incluso en este aire acre su querer avalanzarse sobre mí y traspasarme de un imperceptible sablazo. Yo lo entrené, lo hice día a día a base de entreña y odio el arma letal que ahora es, y antes o después todo hijo tiende hacia la muerte del padre; su asesinato.

 

¿Podría defenderme, plantar batalla una vez más, esta vez contra este boomerang mortífero surgido de mi más terribles huecos? ¿Esperaré su embate y mi muerte con los hombros caídos, su victoria y mi sangre con la cabeza gacha? No sé. Tal vez me queden un par de ases en la manga, podría quizá darle algo de guerra a ésta, mi propia magia ansiándome dar el beso de los treinta denarios. Aunque para eso habría de tener libres los brazos, desasirme: ponerme en guardia y soltar la bomba, admitir de nuevo el sinsentido por el sinsentido y dar una vez más rienda suelta a la destrucción. Un choque de abismos del que no saldría con bien ni el apuntador.

 

De modo que no voy esta vez a dar con la forma de expresar esto que me tiene en penumbra y ardiendo, todo y saber de sobras el tamaño de sus alas y el fulgir de sus ojos negros. Voy a engullir completos mis puños en forma de muerte cegadora dejando que explote en mi garganta. Dejaré que me consuma el hielo, que el espino se haga fuerte en mi seno, y no alzaré siquiera la vista cuando sea que mis propias palabras vengan a cobrarse en mí su justo desquite.

 

Por su bien espero que al atravesarme el cuello no se dé su sable de bruces con mi secreto...

Ni las galaxias lo resistirían...

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5 comentarios

seamother -

Veo que has retomado la energía tannhauser hasta límites insospechables... uuuf

un abrazo

wave -

Madre mia... madre mia... Voy a volverlo a leer más despacio jejejeje
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Alvy Singer -

Devastador, pero esa referencia inicial a la fabula de humanos y androides, me la ha clavado.

¡Un saludo!

laceci -

Joder, qué intenso!! Me has dejado sin palabras.

¿No jodas que eres escorpio? Bienvenido al club de la autodestrucción.

woswis -

Secreto... o Del amor y su despiadada redundancia.
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