Que Stan Lee ni Alan Moore ni que ocho cuartos... ¡Nocilla Men!

Sea porque nacido en 1978 y, en consecuencia, tal vez -sólo tal vez- venga a pertenecer al "Movimiento Paladín" o a la "Generación Tulipán" que críticos y periodistas suplementoculturales del posmañana se han de sacar de la sobaquera un año de estos...


Sea porque durante un año encadenado a un trabajo, el de librero, que aprendí a odiar desde la primera semana visto lo poco, tantas veces nada, que tenía -y tiene- que ver con la literatura, llegó un libro como "Nocilla Dream" a alegrarme el mes; y pasó un mes, y pasó otro, y tras cuatro o cinco meses de infumables novedades, el libro de Mallo seguía siendo de lo mejor en castellano que el gremio editorial había sido capaz de tirarme a la cara...


Sea porque uno estaba ya un poco hasta las narices -por no mencionar más bajunas inflamaciones- de que tantos no anduviesen más que a la cansina estereotipada caza y captura de NeoQuevedos, TeraLopes, PostMachados e HiperLorcas, que se empieza a alegrar de que la poesía y la narrativa que se escribe en esta piel de toro cada día más transgénico empiece a coger las riendas de su siglo y se guste intentándose y pretendiéndose postpoética, para bacterias, mutante y afterpopera...


Sea por todo lo dicho, o bien porque me fascina el poder decir que se ha escrito en castellano un libro que bien pudiera definirse como un "París-Texas" transitando hacia el ProtoNeuromancer, me descubro ante el Proyecto Nocilla.

Y por supuesto ante esta nómina de escritores con ganas de que al fin algo se mueva, dinamitar los cimientos del panorama...

De izquierda a derecha, Julián RodríguezEloy Fernández PortaJavier Fernández, Vicente Muñoz Álvarez, Hernán Migoya, Germán Sierra, Javier Montero, Jorge Carrión, Juan Francisco Ferré, Javier Calvo, Vicente Luis Mora, Agustín Fernández Mallo, Gabi Martínez... y otros que no salen en la foto pero probablemente deberían; Harkaitz Cano, Lolita Bosch, Álvaro Colomer, Juan Cantavella, Mercedes Cebrián, Mario Cuenca Sandoval...

¿Nuevos valores? ¿Flor de un día? Hoy más que nunca sabemos que las etiquetas del continente venden más y mejor que cualquier contenido. Pero las etiquetas desaparecen con el agua y el jabón de los años. Y queda el vaso. Y queda el sabor en las papilas gustativas de la lengua y el recuerdo y los cibercafés literarios. Y quedará -por qué no decirlo- el residuo fecal de tanto chocolate con avellanas digerido, discurriendo aguas abajo por el sumidero. El tiempo lo pondrá a cada uno en su sitio como ha hecho siempre. Pero al menos que no se les niegue el mérito de haber agitado el cotarro, estar removiendo con cierta gracia e ingenio los lodos de un cenagal, el de nuestras letras, que de puro estancado hacía mucho ya que apestaba a pescado podrido.

18/03/2008 21:56 Autor: tannhauser. Javier Iglesias ©. Tema: Heridas de Letras.




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