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tannhauser

La Doble

Regresando a casa en coche veo a una persona conocida que desapareció hace años, quiero decir que no la había vuelto a ver, no que muriese. Ni mucho menos. Durante un microsegundo me he dicho: "Mira, ésta...", para acto seguido añadirme: "Ah, no, no es ella". Y no lo era. Por supuesto ella no me ha visto, y si lo hubiese hecho qué. Nada de nada. Aunque quizá no, quizá se habría dicho: "Anda, mira, un feo calvo en ese coche...", y después: "...¿Me habré dejado encendida la plancha?". Cualquiera sabe. El caso es que no era ella, la que yo pensaba, conque cabe la posibilidad de que esté efectivamente muerta, o en Brasil, porque le tocó la primitiva, o viviendo una vida paralela y monótona a dos manzanas; trabaja de noche y hoy es su primer día de vacaciones, o la despidieron porque se quedó dormida... Sí, eso, quién sabe, a lo mejor regresaba de la cola del paro. Pero mi mente dijo: "¡Ey!, despierta, que es ella, ahí la tienes", y la modificó lo justo para hacerme caer; mentón pequeño, nariz chata, ojos claros, pelo así y cabellera asá. La mente necesita comer, la memoria descargar. Son como las poluciones nocturnas poco más o menos, aunque tú las capes, las niegues, las inhibas, ellas siguen fabricando, funcionando, segregando, hasta que antes o después encuentran la rendija por la que brotar. ¿De modo que quién de los dos quería volver a verla? ¿Yo o mi subconsciente? Mirad que le tengo dicho que no hable cuando hay invitados delante y que no ponga los codos encima de la mesa, pero no hay manera, es todo un maleducado... Máquinas de tiempo, nuestros cuerpos, veleros en el inmenso mar del tiempo. El día de hoy lo pasas a flote, también el siguiente, haga bueno o mande borrasca, y así hasta que no sabes cómo ya formas parte del fondo marino, la nada, y para entonces ya no hay tiempo o todo es tiempo y de tanta uniformidad te vuelves lelo, mudo, sordo y ciego, porque no percibes la diferencia, los matices, esos detalles pequeños que arriba en la superficie fueron el sol y la brisa, el viento a babor, la costa extraña. Y cuantos más días pasas más tienes que darle a la manivela, a esa no, a la otra, la bomba del agua, achicar todo el salitre y tiempo que te están entrando a trapo por las costuras desgarradas. ¿Dónde está ahora su velero? ¿Y el mío? ¿Dónde carajo? A lo mejor es cierto que ha muerto, que murió, que ya es sólo pecio allá abajo, tan abajo que el tiempo pierde el nombre, y si te atrevieras a descencer un poco más, por perder, el tiempo perdería hasta la mirada. De allá no se regresa. Porque no es un lugar, esta entero habitado de nada. Mi mente creó un doble de su velero por algún extraño motivo. ¿Para qué?; todos visitaremos el limo del forro de la realidad...

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1 comentario

laveron -

las trampas de la memoria...
javi. cada vez mejor
un beso
laura
PD: me gusta de crear un doble de su velero..mucho
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