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tannhauser

Tú que hieres, no me tengas por menos...

Subí las escaleras como si en verdad me fuese la vida en ello, el sueño había dejado de ser un juego, pero su sombra se las había apañado para darme otra vez esquinazo. Sentí la ciudad un segundo helándome las entrañas, calándome un tocado de adversidad, como cuando uno de esos pinchazos terribles y rápidos, que quisieran devenir tumor pero son tímidos todavía, jóvenes, no se atreven, están verdes, les falta tiempo. Luego se fue y pude mirar, recorrí exhausto la avenida de una pasada: el corazón quería decir basta, las piernas se ringaban por momentos. Derrengado, estuve a esto de hincar las rodillas en el asfalto. Años atrás, imposible, ridículo pensarlo, y ahora en cambio aquí me tienes. Un sonido no identificado, como un rugido flamígero, neural, creciendo, viniendo en mi busca desde no se sabe dónde, o mejor, desde no sé dónde carajo, porque alguien, algo, que sé yo qué, debía saberlo, probablemente el mismo que lo soltó en pos de mi pellejo. Sonrisa, no fuera, en los labios, sino dentro, espiral, barroca, incluso con un algo reluciente y pringoso; de babosa. Buen momento para recordar versos de ese Blas de Otero, me digo, justo ahora, tan hecho mierda y tan acabado, en medio de esta nada, llamando a golpes de silencio, desbocado y tenaz sobre un filo de imágenes combadas. Rememoro la última canción, toco una vez más las teclas de mi último polvo antes de este tiempo licuante, recuerdo... una estación solitaria, preñada de eternidad, almas grises, velos. Si renuncio ahora será para perder el cuello. Llegaba, lo estaba oyendo, acabando a dentelladas con escenarios, bastidores: hasta los cimientos. No volver a despertar, ni a tomar un café caliente, sobrehumano, hirviendo. No poder más reír las palabras de borrachos y locos: "Isabé, t'aprecio... y tú, Elena, guapa..., m'as emborrashao... palabrita de cordobé". Un hilo de cordura necesitaba para mantenerme a este lado del viento sur: podría regresar. Su sombra otra vez en mi punto de mira y ese atroz dolor también, nuevamente en el pecho y sólo en él. Tú que hieres, tú que sueltas al aire los perros de la paranoia en pos de mis sesos, tenme en cuenta, sabe lo largo de mis colmillos, todo el veneno que llevo dentro, conmigo, siendo uno mismo. Tengo sombra igual que tú. Todas pardas en este silencio. No me tengas por menos...

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4 comentarios

roman -

es una kk dedicate a hacer buenas cosas infeliz sin principio !

labura y deja de pelotudear !

LaExDe¬_¬' -

Joder Javi... Mirando otro blog he venido a parar al tuyo hoy, y cuando me he dado cuenta llevaba más de una hora leyéndote! Es curioso el efecto que creas en el lector (al menos en mí, hoy), una especie de tormento adictivo, argh! Supongo q debes tomártelo como un piropo. En cualquier caso, no dejes de atormentarnos ;P. Cuídate,un abrazo.

Javi -

Lo malo de mis escritos es que empiezan y acaban en mí mismo, y a mitad de texto, todavía una sola gota de alcohol..., la locura acaba por no dar de sí lo suficiente...

Woswis -

Lo malo de tus escritos, es que cuando empiezan, acaban. Y a medio texto, vuelta a comenzar...
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