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tannhauser

diciembre, diecisiete, cero-cuatro

Lecturas...

Inferno: Strinberg mezcla absenta con Swedenborg y le sienta como un tiro. Luego ve fantasmas por todas partes, y también oro, pero el oro no está, así que como tiene que seguir comiendo, tiene que seguir trabajando, y por eso escribe esto... ¡Un Infierno!

Borges en el Umbral: "El alivio que tú y yo sentiremos en el instante que precede a la muerte, cuando la suerte nos desate de la triste costumbre de ser alguien y del peso del universo"

Un interrogante: "Era una mujer construida apenas en cartílagos blancos sobre una espina dorsal arqueada e inflexible. Los trastornos respiratorios la obligaban a preguntar afirmando" en "El Coronel no Tiene Quien le Escriba" de García Márquez

© JIP

IV-dos

De lo verde
Tus ojos en cristal
De lo rojo
Tus labios en pira
Todos
Ardiendo
En sinergia de gemir pulsátil y eco profundo
De mis memorias los bebo
Esos adentros tuyos
De saliva que arrastra
Y miel que deriva

© JIP

IV-siete

Quisiera ser folio de nuevo
Blanco, níveo, virginal,
Otra vez desafío
De nuevo vivir desde el vivir viejo
De este vivir que en su comienzo se me dio tan mal
De nuevo escribirme y tacharme
Mancharme en errores
Y arrugarme al fin
Que otra vez me escribieras
Rehacerme en tu tinta de labios
Que otra vez me leyeras
Con ese ciego querer de tus manos
Hoja que llama y
Espera y
Alberga deseo
Y erra de nuevo sus líneas
Y de nuevo falla sus versos
Y siente otra vez que este
Nuevo vivir no es un VIVIR bueno
Sin ese dolor que beber de tu gesto.

© JIP

IV-ocho

En tu luz busco mi sombra
En mi sombra tu sentir
No soy más que luz de abismo
Oquedad silente de existir
Siénteme nocturnidad en tu ascua
Sientóte incendiaria de mi horror

© JIP

diciembre, veinticinco, cero-cuatro

Muchas veces no hay con quien hablar… Es una frase difícil, cruda, remueve aguas negras en algún lugar. Pero hay mucho de cierto en ellas. Sí. Creo. Porque está Hobbes y aquello de que el hombre es un lobo para el hombre. Si no hay hombre, es decir, uno mismo, no hay lobo, y sin lobo no hay hombre, esto es, los demás, esos a los que jorobar, con tus actos, tus palabras. Puede gustarte la soledad, sí, no lo dudo, es necesaria muchas veces, en algunos más que en otros. Los hay, existen, caracteres de tiniebla. Pero hasta la mayor melancolía, el más acre cinismo, necesitan de un "otro". Vampirizarlo. Siempre necesitas ese alguien externo a tu caos, porque de lo contrario te vuelves todo alienación. El loco sólo se tiene a sí mismo y a su locura. Es un infierno cerrado; no se puede entrar por él y él no es capaz de salir. Por eso necesitamos la otredad, alguien con quien hablar, al que contagiarle nuestra locura. Descargar. Eso nos mantiene en el umbral, haciendo equilibrios, día tras día.

Pero no siempre hay alguien… y por eso todos los días, en algún lugar, aguas negras devoran.

© JIP

diciembre, veintiséis, cero-cuatro

Navidad desde el sofá:

1. "Anclado en Tierra de Nadie" de Pedro Juan Gutiérrez: Mucho cinismo y mucha soledad, una cosa siempre acompaña a la otra. Y en medio mucho sexo, casi siempre sucio. Y en medio también mucha miseria, ésta sí, siempre sucia, y desgarradora. Crónica de vidas que pasan sin dejar huella porque nada importa. Pero aun así cada aliento vale, importa, aunque sea en medio de la mierda, porque no hay más, y el hombre está hecho para respirar.

Algunos de mis subrallados:

"Entonces me quedé muy solo. Esto sucede siempre que uno ama sin reservas, como si fuera un joven. Tu amor se va a New York por mucho tiempo -como quien dice: se va al carajo- y tú te quedas más sólo y más perdido que un náufrago en medio de la corriente del golfo"

Jodida ironía...

"Creo que estuve muy autocompasivo todos esos años, y me rehuía. Eso fue lo peor: rehuía estar conmigo mismo. Hacerme compañía. Conversar un poco conmigo mismo. Y tal vez me hizo mucho daño aquella búsqueda insistente de la paz interior. No sé quién coño me metió esa idea en la cabeza. Para vivir con paz interior hay que ser un imbécil. ¿O no?"

Pues sí...

"Todos nos quedamos más solos poco a poco. En el camino quedan las mujeres que amé. Los sitios donde fui feliz. Los hijos que se alejan. Los amigos. Todo lo que se tiene y se pierde. Y que quise conservar, pero aún así lo lancé por la borda. Y me sorprendo escribiendo como si ya llegara el final. Y Dios no me ayuda a aclarar totalmente mi espíritu y aceptarlo todo como es"

En el final, siempre y sólo está, la soledad...

2. Ojeo mi ejemplar de "Los Cantos de Maldoror" de Lautréamont. Muchos recuerdos. Lo leí en la Universidad, hace cinco años, y ya entonces, como preparando el día de hoy, subrayé este pasaje: "Como los perros, siento necesidad de infinito... ¡Y no puedo, no puedo satisfacer esta necesidad! Soy hijo del hombre y de la mujer, según me han dicho. Me sorprende... ¡creía ser más!"

Sentir que se ha nacido para la llama y tener que vivir mediante la agalla...

3. Un verso de Keats:

"La belleza es la verdad la verdad es la belleza
y nada más importa sobre la tierra"

Debería darme vergüenza empañar estos versos con cualquiera de mis palabras, pero bueno, en cierto modo, para eso y no otra cosa los traigo, para que alguien sepa que, a pesar de todo... del cinismo... la soledad... el ansia del arder... y la impotencia del fallar... Verdad y Belleza son Una y la Misma... y en mi corazón llevan su nombre... y nada más me importa, que él -su nombre- y que ella -su dueña-, sobre esta tierra...

© JIP

diciembre, treinta, cero-cuatro, madrugada

Sentirse a veces, así, como un damnificado llorica, en noches como esta, de insomnio terrible, de terrible soledad, cuando estufas y mantas nada hacen porque el frío lo tienes dentro, aferrado a tu tuétano. Te ves en texturas de sueño consciente, de consciente pesadilla, autocomplaciente y dañina. Te ves cabizbajo, arrastrándote, serpeando moribundo como una víbora de labios sellados. A cuestas llevas la pequeña caja con tus restos, los que creíste oportuno salvar, aquellos que pensaste valían.

Tu vida ardió. Desde los cimientos. En algún momento pasado, no hace tanto, aunque prefieres no pensar cuándo porque seguramente lo sabes. Quizá tú prendiste la llama. Insensato. Idiota, Irresponsable. Demasiadas íes. Y todas sin punto. Demasiados cabos sueltos como para que la treta suicida te saliese bien. Te quemaste. Sí. Todo ardió, se lo comieron las llamas, te devoraron… y durante mucho tiempo solo fuiste brasa. Una brasa que sólo supo llorar.

Un día decidiste pasearte por tus cenizas, por tus negros parajes, los restos del naufragio. Cogiste una pequeña caja y empezaste a recolectar. Esto lo quiero, lo necesito, está chamuscado, no sirve, pero da igual; esto vale… lo necesito. Y así con esto otro, y con aquello de más allá. Deambulando entre el bosque arrasado de tu alma no dejabas de agacharte y guardar. ¿A qué salvar tanta cosa? Casi todo quemado, renegrido, inútil; peso muerto. ¿Por qué tanta carga? Pretendías engañarte, pensar que se podía reconstruir alguna cosa a partir de toda aquella escoria. Te habías prendido fuego. Echado a perder. Tirado consciente por la borda. Y ahora lo querías negar. Y ahora querías echarte atrás. Pero no pudiste. No pudiste negar tus llamas, no pudiste obviar tu error… Y, lo peor, a partir de entonces ni siquiera supiste llorar.

Para qué esas lágrimas si ya no había nada que apagar, si el fuego se lo había llevado todo. Bueno, no todo. Quedaba la caja. Ese atado de recuerdos ajados e inútiles trastos, todos inservibles. Esa caja que pesaba tanto, que doblaba tu espalda y mataba tus brazos. Que no te dejaba alzar la cabeza, los ojos, la vida…

¿Dejaba? ¿Acaso la dejaste atrás? Crees que ya cesó el tiempo del arrastrarse porque puedes volver a amar. Porque puedes volver a llorar. Te sientes germinal, renaciente, reverdecido fénix de perennes alas… Sí. Es mejor así. Pero mira bien. Lo sabes. ¿Cuántos pasados chamuscados conservas todavía? Ahí los tienes, hiriendo, enfermándote, tiznando tus adentros. No. No mires atrás. Sí. Allá quedó la caja, tirada en la nada. Todos aquellos daños ya no existen. No te pueden alcanzar.

Pero estos otros, estos de los que te hablo, no los llevas encima; exteriores. No. Lo sabes. Aunque no lo reconozcas. Lo sabes.

Con sangre y bilis y rabia… estos los vas a tener que vomitar…

© JIP

OBRAS COMPLETAS DE JOHN DOE

Una habitación mohosa, desastrada, anegada en tinieblas. Nauseabunda. Reina un aire acre, maléfico y mefítico. Algo corta la oscuridad; haces de luz transversal de las linternas policiales. Un recurso estético-fílmico que bebe del mejor Scott, el Nexus-6 del 82.

En la Hondura del Purgatorio


En el interior de ese infierno unos estantes. Repletos, desbordados por los cientos de cuadernos que comprenden la obra magna, los volúmenes completos de un tal Juan Nadie al que, según parece, llaman loco porque parafrasea a de Quincey en aquello de dar al matar estéticas ingenierías, en la mejor tradición del "Body Count" arquitectónico, salido directamente de ese irrecuperable decenio de los 80.

Y mientras todos tras las pantallas hablan del gordo que explotó, la puta pasada a cuchillo, el abogado en porciones, ese pobre desgraciado condenado a deleitarse en la cata de la vagancia exacerbada, nadie repara en esas letras terribles, ninguno habla de las “Obras Completas” de John Doe, esa colección deletérea de onerosos pensamientos que resumen la historia del hombre; su horror, su inquina, su locura, filmadas y escritas, desde el Afectísimo Destripador hasta nuestros días.

Suyo Afectísimo... Jack


Freeman, la voz de la experiencia, el hombre cansado y vencido, busca la respuesta en la gran biblioteca, en los libros del antiguo averno. Pitt, alumno irreverente y vesánico; perdedor, da palos de ciego mientras se ahoga en la lluvia sempiterna de esa ciudad innominada que jamás consigue, no obstante, limpiarse a sí misma, por más agua que se tira encima… como ya pasaba también en la Megápolis estallante del Nexus-Scott.

Los Angeles 2019, la ciudad estallante


Pero los dos fallan, husmean la dirección equivocada, pues la clave está en las palabras de Doe, el Nuevo Mesías... porque la respuesta a todo está en la Nueva Biblia, ese nuevo credo de la inhumanidad del s. XX… también, por qué no, del 21... En esas páginas manuscritas, atiborradas de una letra tortuosa y torturada, ahítas de unas sangres tan hórridas como ciertas, se encuentra el espejo sobre el que se asienta el reflejo de nuestro particular Dorian Gray crepuscular, todo él monstruoso, pervertido, terminal.

Todos somos Dorian Gray


Porque John Doe, el hombre sin nombre, es seguramente el nombre último en la lista de los grandes autores de la literatura universal. Tras él ya no cabe posibilidad de arte alguno... sólo cabe aguardar la extinción.

El Nuevo Mesías; el Último Autor


Fincher retrata en Seven la vida como un purgatorio, la antesala gris -apocalíptica y lluviosa- de ese averno pintado de desierto rojo, seco, marciano, al que en el final sólo el trío Freeman-Pitt-Spacey consigue acceder para representar ese Último Acto de nuestra Tragicomedia titulado: "Muerte del VIEJOHOMBRE y nacimiento de la CARNENUEVA”.

Acto Final en el Infierno


Un editor sin escrúpulos debería algún día publicar a Doe. En edición de lujo; tapas duras, grandes letras. Miles y miles de ejemplares en las calles, en sus ojos, nuestras mentes. Así las puertas se abrirían al resto de mortales. Tal vez entonces podríamos de una vez aniquilarnos, dar carpetazo a este retrete, también llovido en lágrimas, también inundado en negras sombras, embozado por completo, que tantos llaman realidad.

© JIP"

RIGOR MORTIS

Parece un día normal, verdad, como cualquier otro, pero no lo es, porque hoy los muertos se han levantado de sus sepulturas... El porqué es algo que sólo yo sé y ahora mismo tampoco interesa demasiado, ya que la cuestión es esta; ¡los muertos vivientes campan a sus anchas por la tierra!... aunque no todos se han enterado, todavía...

¿Qué me pasa doctor?


Un centro médico, unidad de urgencias, media mañana, la sala de espera está vacía; extraño, muy extraño. De pronto un cadáver putrefacto se las arregla para entrar -el cómo es lo de menos- y se acerca lenta, torpemente, tambaleándose, hacia la ventanilla de admisiones.

- ¡Cereeebrooossss!

- ¿¡Migraña¡? No sabe usted que no puede venir a urgencias por una simple migraña... ¡Para eso está su médico de cabecera!... En fin, pase de todos modos, tiene suerte, hoy esto está muy muerto.

- ¡Arrrghhhh!

- ¡Marchando una de migrañas!...

Y lo mete por una puerta a empellones, sin mirar, tiene prisa por volver a sus "lecturas" del corazón, mientras nuestro zombi, confundido, pone cara de panoli. El doctor, cómo no, se hace de rogar, y entra en la consulta al cabo de media hora; treinta minutos durante los cuales no han parado de escucharse fuertes arañazos en la puerta y ahogados gritos de "¡ereeebroo!... ¡ereeebroo!", o algo parecido, tanto da...

Al fin el médico se digna a aparecer, bata blanca, gafas negras, estetoscopio colgando, cara de resignación:

- ¿Y bien?... Cuénteme caballero...

- ¡CEREEEBROOOSSSS!

- Ah, ya... algo de eso me han dicho, sí... bueno... veamos, sí... no tiene usted muy buen aspecto; ese feo color de cara, y esas llagas... debería acudir a su dermatólogo lo antes posible... En fin, yo pienso que todo tiene que ser del estrés, ya me entiende... ¿Ha probado a dormir un poco más?... ya sabe, una valeriana, un buen colchón, nueve horitas de sueño, y se acabaron sus problemas... jejeje...

- ¡El dolooorrrrr!

- Bueno, bueno... no se altere buen hombre, si se empeña le hecharemos un vistazo...

- Mmmmm... pupilas dilatadas, sí... mmmmm... Se le cae a usted el pelo que es una barbaridad... ya le digo que esto va a ser del estrés... mmmm, sí... está usted algo rígido; debería hacer más ejercicio físico, para desentumecer, engrasar la maquinaria, ya me entiende, jejeje... Uffff... nada de pulso... vamos a tener que hacer algo con esa hipotensión, jejeje... ¡Uy!, se le acaba de caer el brazo... tome, aguánteselo un momento... le haré un volante para el traumatólogo y ya verá qué pronto vuelve a tenerlos los dos en su sitio... pero con preferencia ordinaria, eh, que esto no es nada...

- ¡El dolooorrrr de estarrr muerrrrtoooo!

- ¡Bah!, pero qué me dice caballero, si sólo es una migraña, no me sea usted hipocondríaco... ¡que está usted hecho un chaval!... sanote sanote, vamos... Verá, tiene que ser más positivo, más alegre, más feliz; estos pequeños achaques son todos psicosomáticos, se lo digo yo... Bueno, se me va a tomar un par de gelocatiles y un valium antes de acostarse y ¡ala!, ¡como nuevo!...

- ¡Cereebr...

Pero la cosa se queda a medio gritar, porque el doctor lo echa fuera de la consulta de un fuerte empujón y nuestro zombi se queda patidifuso, atónito de la hostia, con las recetas en la mano, y unos ojos redondos como platos, que casi se le salen de las órbitas... lo cual, bien mirado, tampoco tiene que ser muy difícil...

- Ay que ver cómo está el personal... a la que sienten un dolorcillo se creen que están para morirse... ¡Mierda!, pues no se me ha dejado el brazo aquí, el menda...

© JIP

Urgencias de Horacio Altuna

EL SONIDO DE UN FUTURO QUE YA ESTÁ AQUÍ

Con el paso del tiempo "Blade Runner" va poco a poco ganando el prestigio que se merece, como los buenos vinos. Ya casi nadie recuerda que su estreno, allá por el año 1982, fue un completo fracaso, y sus admiradores, todo y que jamás llegarán a poder compararse con los de fenómenos como "Star Wars", "Star Trek" o "Matrix" -¡ni falta que hace!-, aumentan en todo el mundo. Lenta pero firmemente, el film de Scott -que ya nunca volvería a estar tan acertado- empieza a abandonar, rebasada la doble centuria, su estatus de "film de culto" para encarar el de verdadero "clásico", sin calificativos genéricos de ningún tipo, es decir, no sólo del cine fantástico, sino del CINE, con mayúsculas. Sin ir más lejos, el pasado agosto, científicos encuestados por "The Guardian" en todo el mundo la eligieron como la mejor película de Ciencia Ficción de todos los tiempos... Quién se lo iba a decir al bueno de Ridley cuando se lo llevaron los demonios porque la productora le cambió el final original, optando por ese tan conocido, optimista e inverosímil, -con planos descartados de "El Resplandor" de Kubrick incluidos- en el que Deckard y Rachel se van de luna de miel al campo y son felices y comen perdices, porque tras unos pases privados previos al estreno del montaje inicial, el público salía de la sala con cara de póker y bastante perplejo... En fin, que, con el transcurrir de los años el film de Scott ha ido encontrando su sitio y su tiempo, también, cómo no, su público, probablemente porque cada día que pasa sus proposiciones se ajustan más y más, peligrosamente, a nuestra realidad contemporánea.

Ridley Scott


Y si la fama de la película ha ido creciendo con los años, la de su música no le ha ido a la zaga, triunfando incluso en otros medios cuando la película todavía luchaba por salir del ostracismo... ¿Acaso alguien olvidó la mítica sintonía del "Informe Semanal" de toda la vida, directamente extraída de los créditos finales del film? Yo, personalmente, confesaré que no ha habido disco que haya escuchado más veces que este, las más de las veces arropado por la oscuridad, a medias recordando la magia de una historia que me fascinaba, mientras me dejaba llevar también por mis propias ensoñaciones de hipotéticos futuros.

Blade Runner de Vangelis


Vangelis no era desconocido para el cine, ya había dado en la diana poco antes con el score para "Carros de Fuego", con la que ganó un Óscar, y su partitura, en 1984, para el "Motín a Bordo" de Mel Gibson y Anthony Hopkins es un hito poco conocido pero totalmente a reivindicar. Su posterior colaboración de nuevo con Scott, ya en los 90, en "1492; La Conquista del Paraíso", aunque notable, no puede compararse a ninguno de estos trabajos anteriores, ni por supuesto a su trabajo para "Blade Runner", que significa a mi juicio su cúspide como compositor cinematográfico.

Vangelis


A medio camino entre el sintetizador y el mestizaje, esta banda sonora es todo un "continuum" de nuevos sonidos sabiamente mezclados con otros ya añejos, lo que no es sino la tónica general de toda la estilística del film. En las notas de Vangelis se mezclan los ritmos lentos y cristalinos del futuro con los cantos musulmanes del zoco, los sonidos de las máquinas impersonales con los tonos orientales del barrio chino -que en el film es toda la ciudad, ¿todo el planeta?-, pero lo que destaca por encima de todo en esta música es el aliento poético y nostálgico de un futuro bello dentro de su tristeza, también de un pasado acartonado e imposible, y el sonido del agua de la lluvia, derramándose gota a gota en el rostro de un replicante demasiado humano al que le ha llegado la hora de morir; un sonido microscópico, que introduce al oyente -ni siquiera hace falta estar viendo el film- en el vórtice, justo en el ojo del huracán de toda una otra nueva dimensión terriblemente hermana.

A falta de que alguien se decida de una vez a editar la partitura completa que el compositor griego realizó para la película, el mejor acercamiento que se puede hacer a este "score" -amén, claro está, de ver y escuchar, paladear atentamente el film-, es la edición que sacó al mercado en 1994 Warner Music, la única oficial y con la música original de la película, pues antes de ésta, sólo hubo en el mercado grabaciones no oficiales de filarmónicas que tocaban la partitura de Vangelis.

Esta edición publicitada como "definitiva", que no fue tal, se compone de 12 cortes, entre los cuales, según mi gusto personal e intransferible, destaco los siguientes:

1. "MAIN TITLES". Deckard le da órdenes a una máquina, un procesador fotográfico, y obtiene una imagen fantasma, que ni siquiera existe en la instantánea original. Le sigue una melodía luminiscente, mágica, en la que el personaje de Harrison Ford sobrevuela la brillante y terrible Los Ángeles del 2019 en el Spinner, contemplándolo todo con cierto éxtasis melancólico, como con viejos ojos nuevos.

Spinner: el coche de los cielos negros


4. RACHEL'S SONG. Ritmo cadencioso y líquido, hipnótico. Una voz etérea y brillante nos introduce en la historia de amor imposible entre una replicante que creyó ser humana y un cazarecompensas nihilista que hace tiempo que abandonó su humanidad.

¿Amor Imposible?


5. "LOVE SONG". Todo un clásico. A ritmo de saxo, melancólico, triste, plenilunar, la androide y el hombre se encuentran, sus cuerpos desnudos chocan, y lo imposible se hace posible; pasión salvaje, irracional, mientras fuera de plano la ciudad, lumínica y deseperada, querría combatir lo Irrealizable; querría dormir, alumbrar, como ellos, un sueño de esperanza.

Pasión Interhumana


7. "BLADE RUNNER BLUES". Mi preferido con diferencia. Más saxo, más melancolía, más negra noche, policíaca, abismal, intempestiva. Retrato sonoro y perfecto de las calles amargas, todas húmedas de agua y lágrimas; de los rostros vacíos, exhaustos, enfermos; de las vidas quemadas, desastradas; de la vida ahogada que no tiene fuerzas para salir ni puertas por las que hacerlo; de la muerte infame que acecha en cualquier esquina.

Los bajos Fondos; el Arroyo Futuro...


9. "TALES OF THE FUTURE". Los bajos fondos, donde domina lo oriental, lo musulmán, mercado negro de vida manufacturada. Rumor de encantador de serpientes androides, sonidos de cristales de sueños rotos. La vida, o mejor, las vidas -ni la humana ni la artificial- apenas valen nada. Y en medio de toda esta bajeza, de toda esta amargura, una persecución, una caza; ella no es humana pero quiere vivir, y por eso corre, huye deseperada; él es humano y quisieran volver a vivir y sentir, pero está "maquinalizado", programado para matar lo no humano, y por eso dispara. Ella muere, él sobrevive... y la VIDA, de nuevo, pierde...

El Asesino Nihilista


11. "BLADE RUNNER (End Titles)". No sabría explicar a ciencia cierta por qué me gusta tanto, quizá porque cuanto más lo escucho más ganas tengo de visitar esa tierra baldía llena de contrastes, de sombra, luz y dolor y amargura, y androides que quieren vivir, y hombres que no saben vivir, donde siempre llueve y, en consecuencia, nadie a tu alrededor se extraña del agua en tu mejilla. Podrían ser lágrimas, podrían no serlo... ¿A quién le importa?... Un mundo de mierda, en suma, al que cada vez se parece más el nuestro, y escuchar esas notas finales y no querer hacer otra cosa que dejar éste para entrar en aquél, y quererlo con una ganas terribles, casi irreales, y luego reflexionar sobre ello... y no poder ni querer entenderlo...

¿¡Por qué demonios me gustaría soñar con ovejas eléctricas?!


12. "TEARS IN RAIN". La cumbre del film. La lluvia cae, el replicante Batty siente que muere mientras el blade runner Deckard lo contempla impotente, y el moribundo recita entonces su mítico parlamento. Es hora de morir, sí... a todos, replicantes o no, nos llega ese momento, pero yo, mientras viva, recordaré sus últimas palabras, que no se perderán en mi mente "como lágrimas en la lluvia" hasta que la lluvia misma entierre el último de mis recuerdos.

© JIP

Una vida, en forma de paloma, a punto de partir...


Este texto es ampliación del que, en su día, publiqué en Livra bajo el nick de LEVIATHAN

DE CÓMO "ROJO" ME DEJÓ "FRÍO"... O POR QUÉ NO ME GUSTÓ "HELLBOY" (THE MOVIE)

Para los despistadillos e incautos diré que "Rojo" es el apelativo con el que amigos y conocidos llaman a "Hellboy", vocativo éste, cromático y llamativo donde los haya, que en inglés –"Red"- debe quedar la mar de bien en pantalla -que se le pregunten si no a la Señorita Scarlaaata-, pero que, traducido literalmente al español -"¡Ey, qué pasa, Rojo!"-, no sólo queda como un pegote insufrible a soportar durante todo el metraje, sino que, sacado de contexto y rememorando viejas heridas bien nuestras, podría dar lugar a algún que otro desagradable malentendido - ¿Es Hellboy comunista?, y, en tal caso, ¿vota a Izquierda Unida?-. En fin...

Pero vamos al lío, que es lo que interesa, y éste no es otro que abundar sobre por qué Red, o sea Rojo, o sea Hellboy, el Chico Avernal que me acaba de dar por bautizarlo en castellana parla, es un film que me dejó más bien frío, que es como decir que no me gustó nada en absoluto, pero no helado del todo, ¡ojo!… si no a qué iba a estar yo escribiendo todo esto…

 



Podría esgrimir no pocos motivos por los que esta me parece una película fallida y muy mediocre, tirando incluso hacia el suspenso, y no tendría para ello más que referirme, uno por uno, a los males ya endémicos que azotan al cine fantástico moderno, a saber, guiones flojos o directamente inexistentes, argumentos insostenibles y desequilibrados, situaciones vergonzantemente inverosímiles, diálogos estúpidos cuando no directamente lobotomizantes, personajes endebles e inconsistentes de puro planos, preponderancia total de unos efectos especiales hiperbólicos cuya magnificencia sólo pretende ocultar la total carestía de una historia cabal que narrar, ritmo endiablado y videoclipero, o, lo que es lo mismo, atropello, decibelios, epilepsia, ¡aaarggghhh!... arritmia fílmica terminal, en suma… De todo esto hay un poco –o un mucho, según caracteres- en el "Hellboy" de Guillermo del Toro, pero no voy a concretar nada de ello, entre otras cosas, porque me agotaría cantidad y la vida es muy corta...

 

El Trío Calavera...



Me conformaré, empero, con esgrimir un argumento en su contra, si acaso mucho más poderoso que todos los anteriores, que no es otro que el ¡ABURRIMIENTO!, tal que así, con mayúsculas y entre signos de admiración, con un cabreo de la hostia, vamos. Sólo con esto puedo justificar por qué no me gusta esta película y quedarme tan pancho, sin buscar ningún otro tipo de explicación, ya que no existe, pienso, peor pecado en un film de este tipo, de esos que ahora se da en llamar "de evasión", que acabar pidiendo la hora mucho antes de los títulos de crédito. No vale la pena engañarse, aquí de Ingmar Bergman’s nada de nada; uno puede aguantar cierta pesadez, cierta morosidad en la narración, incluso algo de tedio en la pantalla, si la historia que te están contando tiene algo de mínimamente trascendente a nivel significativo, si te hace reflexionar de alguna forma sobre cualquiera de las Grandes Cuestiones, pero en la película de Guillermo del Toro no hay ni sombra de todo eso. Es tremendamente simple –que no sencilla-, plana –que no clara-, y justita, justita –que no concisa-. Ni siquiera el mismísimo Hellboy, que es un tipo raro de la hostia, mitad hombre, mitad demonio preternatural, y que lo desconoce todo de su origen, muestra la más mínima inquietud metafísica y/o existencial para con su propia naturaleza o su papel en este mundo –o cualesquiera otros- de tan llano que está perfilado su carácter.

Así las cosas, si el invento no te entra por los ojos porque vuelve a ser un "más de lo mismo"; infografía desaforada y gratuita, pirotecnia grandilocuente e inexpresiva, acción embarullada e ininteligible, argumentos estultoides…; y mucho menos te cabe en la cabeza porque en realidad tomas conciencia de que no te está contando nada, que todo es un puro y vacío artificio, ¿qué queda?... mirar el reloj una y otra vez, impaciente, hastiado, pidiendo la hora… lo que decía, ¡ABURRIMIENTO!

Lo peor de todo, quizá, es todo lo malo que toda esa mediocridad y todo ese aburrimiento confirman, a saber, que el hipotético talento del director mejicano –que tanto apuntaba en esa maravilla vampírica llamada "Cronos"- se haya evacuado por el retrete, perdiéndose definitivamente para el buen cine de género. Después de aquella herejía fílmica que atendía al título de "Blade II" este "Hellboy" bien puede tomarse como la venta completa y final de su personalidad cinematográfica a la gigante maquinaria hollywoodiense de quebrar el Séptimo Arte, pasando de este modo a formar parte de la nómina de directores-marioneta de la industria. Y tanto es así que, sin ir más lejos, apenas veo diferencia alguna –en la malo, claro- entre su "Hellboy" y “La Liga de los Hombres Extraordinarios” de Stephen Norrington, "Underworld" de Len Wiseman, "Van Helsing" de Stephen Sommers, y otras tantas cuyo nombre y paternidad prefiero obviar. Todas fotocopias de un mismo patrón… y, si mi apuran, hasta la del matachupasangres high-tech me gustó más, lo que es muuuucho decir...

 



A esta bajada de pantalones ante esos que ponen la pasta, cada vez más frecuente, cada vez, también, más sangrante, se deben achacar sin duda las peores taras del film; esa enésimo-tópica historia de amor entre bella y bestia, y que se antoja sosa, tonta, y menos creíble que una charla de Jiménez del Oso; ese nuevo compañero con el que desarrollar una relación amor-odio-celos al más puro -y nauseabundo- estilo Buddy Movie; el maniqueo y cansino enfrentamiento entre las fuerzas del Bien -¡qué buenos somos, chicos!- y las fuerzas del Mal -¡hay que ver qué malas, las muy jodidas!-, y que termina, ¡cómo no!, con la victoria de las fuerzas de la Luz en un Happy End típico, tópico y torpón -que para eso somos yankis y dominamos el mundo y pagamos impuestos, oyes-. Lo del final se antoja particularmente insufrible, puesto que, como es costumbre, cuando ya los malos malosos han llevado la partida al final humillando a los buenos buenazos, ganando con todas las de la ley, y ya se abren las puertas del infierno anunciando la destrucción de toda la Humanidad… justo entonces, el héroe, que estaba acabado y en las últimas, recurre a sus más hondos y buenos sentimientos, usualmente aderezados con pizcas de amor –por la chica- y ansias de venganza –por el padre asesinado-, para resurgir de sus cenizas y aplazar el Apocalipsis para mejor ocasión –la secuela, supongo- con una facilidad pasmosa –y sospechosa… ¡qué fácil resultó todo al final!-. Es lo que vende… o al menos lo que dicen que vende los estudios de mercado…

 



Lo que más duele, no obstante, es la película que, entre todos, echaron a perder. Teniendo en cuenta el tono oscuro, macabro, tenebrista y preternatural que emanan los mejores cómics de Mignola sobre el personaje, el resultado volcado sobre la pantalla no puede ser más decepcionante. Del Toro optó por un espíritu demasiado "normal" y "ortodoxo" para retratar un personaje y un universo que pedían a gritos adjetivos como barroco, retorcido, horrorífico, angustiante, salvaje... y lo que consiguió no fue otra cosa que trivializar lo sobrenatural, banalizar la sombra y entibiar la asfixia, rematándolo todo, además, con una vena de humor facilón, pretendidamente desenfadado, que provoca que el film redunde en su ridículo y acentúe su vacío. No cabe duda de que este tipo de adaptación -que no hubiera desentonado tanto en un comic Marvel, pero que me repatea verdaderamente los higadillos en uno como el Hellboy de Mignola- vino dictada hasta cierto punto por productores y demás caterva ejecutiva, deseosos de un dinero fácil y, en consecuencia, una película fácil también, para la buena digestión del Gran Público, sin cosas raras. Mas el hecho de que un ¿cineasta? como Del Toro se pliegue a estas servidumbres y luego venda el producto –sí, producto- como una traslación a la pantalla sincera y fiel, nacida de su amor por el personaje en viñetas, no puede ser tomado sino como una prueba más de esa carencia de personalidad –incluso integridad- cinematográfica a la que antes aludía.

El Hellboy de Mignola, definitivamente desaprovechado



En resumen, que como película en general, y fantástica en particular, no llega, ni de lejos, a unos mínimos de calidad aceptables. Como adaptación del cómic del cual parte, se queda muy en la superficie, de paso desperdiciando definitivamente para el cine un personaje y unos materiales magníficos. Y, finalmente, como puro entretenimiento, sin más, como espectáculo "de evasión" aburre soberanamente –veo más adecuada la etiqueta de "escapista", más que nada por las ganas que te entran de salir despavorido de la sala a la hora de proyección-. Así que, visto lo visto, este tío fortachón y musculoso, con rabo largo y cuernos cortos, comunista o no, no me pone nada, nada, la verdad… Si al menos fuese hincha del Osasuna...

© JIP

Boy, Hell Boy...

NOSHESSS PSYCHOTRÓNIKASH: "EL REGRESO DE LOS MUERTOS VIVIENTES"

Esta noche he revisionado enterita "El Regreso de los Muertos Vivientes" (The Return of the Living Dead, 1985), de Dann O'Bannon, y me ha seguido pareciendo todo lo genial que ya me pareció la primera vez que la vi hace ya -¡¡bufff!!- más de lo que prefiero reconocer.

Unos zombis muy ochenteros...


Razones para ello, así a bote pronto y sin orden ni concierto:

- Tiene ya casi 20 años y no ha envejecido nada, pero que nada mal.

- Mezcla sabiamente terror, humor y viscerillas –en este caso cerebrillos, más bien- consiguiendo un difícil y meritorio equilibrio, sin por ello perder tensión narrativa, la atención del respetable o sea, y cabe decir que esto en el género fantaterrorífico es algo muy poco común.

¡Cerebrosss!


- No se toma demasiado en serio así misma, detalle éste, aquí donde lo ven, que para un servidor es más importante de lo que aparenta, pues suele ser prueba de honestidad y humildad cinematográfica.

- Que O'Bannon y Russo basaran su argumento en hacer pasar como reales los hechos narrados en la mítica y seminal "La Noche de los Muertos Vivientes" (Night of the Living Dead, 1968), de George A. Romero, para así reírse de ella de forma apócrifa y por todo el morro. Cabe decir que John Russo fue también coautor, junto a Romero, del guión de la mítica película, así como de su posterior novelización, así que lo suyo tiene aún más desfachatez si cabe.

La Obra Maestra de Romero...


- Que O'Bannon, guionista entre otros, de films tan dispares como "Dark Star", "Alien", "Lifeforce", o esa escalofriante maravilla lovecraftiana que es "Muertos y Enterrados", demuestra al fin en éste, su debut en la dirección, que ser zombi no tiene por qué implicar ser subnormal y/o gilipollas.

- Es decir, que los zombis de "El Regreso...", al contrario que los de Romero, molan mazo, entre otras cosas, porque tienen muy mala hostia… y no sólo porque corran que se las pelan en pos de tu cerebelo, sean capaces de trepanarte tu dura cabezota de un simple mordisco, o articular con sus muertas cuerdas vocales frases con tanto sentido y tan mala intención como,“Por favor, agente, envíe más enfermeros…”, sino también porque son unos escogidillos de mierda que no se llevan cualquier cosa a la boca, y en lugar de contentarse con sangre, vísceras y tuétano pata blanca, ellos no, ellos sólo comen "¡Cerebrosss!... ¡cerebrosss!... ¡cerebrosss vivosss!"... No digáis que no son entrañables…

A este se le acabó el estudiar...


- La banda sonora es nostálgicamente molona.

- La estética del film también mola… cantidad… ¡Puros 80, vamos!... snif, snif…

Típica pandilla de tardoadolescentes descerebrados ochenteros yankis que tan bien digieren los zombis...


- Silogismo Trotón:

A) Linnea Quigley, mítica scream queen donde las haya, se desnuda a las primeras de cambio y a partir de entonces, zombificada o no, se pasea en pelota picada por el resto de la película…
B) Linnea Quigley estaba de bastante buen ver por aquellos tiempos, trotona o sea... tanto viva como muerta, o zombi, que para caso es lo mismo…
De lo que se deduce que C) Dann O'Bannon no tenía un pelo de tonto, el muy jodío... y yo que me alegro, oigan…

Linnea Quigley, alias Trash, desperezándose de su sueño de muerte como Diox la trajo al mundo...


- La escena del interrogatorio a la zombi verde y pelirroja –o lo que quedaba de ella-, a través del cual sabemos que nuestros zombis preferidos comen cerebros para mitigar "¡El dolorrr... el dolorrr... el dolorrr de estar muerrrto!"... ¡Mítica!

El dolor de estar muerto te deja con estos pelos...


- El medio perro disecado que mueve la colita y gimotea… ¡Qué mono!...

- La escena en que los muertos se levantan de sus tumbas, en medio de una lluvia torrencial, y de fondo suena una marchosilla y rokanrolera cancioncilla; "Partytime"... juas, juas, juas... ¡qué cachondosss!

Escena cumbre: al que lo empezó todo le revientan la cara...


- La lluvia radiactiva y zombificadora del final, filtrándose tierra adentro, mientras los militares yankis –que, para variar, son todos una panda de capullos- dicen que sí, que ya está, que ya pasó, que ya está todo solucionado, señor…je, je, je… ¡pobres ilusos!...

- Porque no, no amigos no… nada estaba solucionado, sino que volvía a comenzar, que habían metido la pata hasta el fondo y un poco más, y, en consecuencia, los muertos vivientes volverían… volverían a por más cerebrosss... concretamente en dos secuelas, a cuál más delirante y psicotrónica; “La divertida noche de los muertos Vivientes” (The Return of the Living Dead II, 1988), de un tal Ken Wiedrehorn, al que no conoce ni su padre; y en "Mortal Zombie" (The Return of the Living dead. Part III, 1993), a cargo de Brian Yuzna, éste sí más conocillo por desgracia desde que aquí en Catalunya la Fantasic Factory le deja coger una cámara y pergeñar liendrosas e infamantes tiras fílmicas como "Faust" o "Beyond Re-Animator", pero al que, sin embargo debemos agradecer –al César lo que es del César- pequeñas joyas del fantástico moderno como "La novia de Re-Animator" (Bride of Re-Animator, 1990), "Ritos Satánicos" (Silent Night, Deadly Night 4: Initation, 1990), o "Society" (1989).

Bueno, creo que por hoy ya está bien de chorradas, así que deseándoos muy cordiales y psychotrónikash noshesss a todos se despide, siempre vuestro,

© JIP

Ya están aquíiii...

NOSHESSS PSYCHOTRÓNIKASH: "BRAIN DAMAGE"

Hacía ya un tiempo que no me metía una buena ración de "cine costra" pal cuerpo y esta noche me he dicho, ¡qué demonios!, así que me he olvidado durante hora y media de frases lapidarias, escritores malditos, metáforas y versos varios, dejándome llevar por mi mister Hyde más trotón, y la verdad es que no me arrepiento lo más mínimo, porque me partío la caja ka sio un gujto, amiguetesss, que diría el Segura.

Le tenía ganas ya a "Brain Damage", después de años de oír hablar los más elogiosos ascos de ella, leer sobre ella en las revistas y fanzines más impresentables, y recrear de tanto en tanto en mi memoria esa fabulosa carátula en la que a un fulano se le cae la cara, literalmente, echa pedazos en medio de resplandores azules -ni se os ocurra buscarla en la peli, que no sale, ke deso ná de ná-. Así que me la he tragado de pe a pa, tal que asín, GROUMMPFFF!!!, como el que se come de una sentada un jodio american donut, desos ke no tien gujero, porque son las once de la mañana y está que se muere de jambre...

Mierda... este cutis no me lo arreglo yo ni con potingas neutrógena...


Bueno, la peli es pura caspa, psicotronía de la buena, también de la dura, porque hay secuencias que hasta a un estómago como el mío, curtido en mil y una proyecciones liendrosas, se le han indigestado, aunque tampoco muchas, no creías... En general -como pasa en casi todos los films de este tipo- se hace lento y aburrido en las secuencias de transición, es decir, en todas las que no hay sangre y tripas -gore, o sea-, sexo, o diálogos demenciales, que eso y no otra cosa -no nos engañemos- es lo que uno busca en este tipo de pilis. Porque el argumento -sigamos sin engañarnos ya que hemos empezado...- es una completa basura, resumible, a grandes y pútridos rasgos, en que Brian -¿me pillaron el sutil e ingenioso juego de palabras con Brain (Damage)?... ¡ju, ju, ju!-, un chaval amerikanuski de lo más normal -y por ende "subnormal"-, cae en las garras de Elmer, una criaturilla con un algo de muy lovecraftiano, traviesa y trotona, algo así como un cruce entre un cagarro de vaca y un pene pitufo con encefalitis, que tiene la sana costumbre de comer sesos, humanos a ser posible, gracias, -¿no os dijeron vuestras madres de canijos lo ricos, ricos, ricos, que estaban los menudillos de seso?... mmmmmm... slurp... slurp-. En fin, que el tal Elmer, que es un cashondo integral, le ofrece al bueno -y tonto- de Brian algo así como un subidón de LSD y un montón más de mierda de la buena, a cambio de que éste lo saque a pasear, de fiesta que se dice, y así poder llevarse a la boca su buena y nutritiva ración de cerebelo. Hasta que, cómo no, tan fructífera unión, después de sembrar el metraje de no pocos cadáveres descerebrados -¡jaja!-, acaba como el rosario de la aurora; a Elmer lo dejan chafadito, chafadito, tal que un grano de pus, y al gili de Brian le termina explotando la cabeza en mil y una iridiscencias y fuegos de artificio... un daño cerebral difícilmente reparable, ni tan siquiera por el mismísimo cirujano Frodorick Fronkonstin, alias "El Padre de la Criatura" (Bis) -joder, hoy estoy que me salgo... ¡que alguien me detenga...!

Elmer el sorbecerebros... ¡¿A qué es mono...?!


Sin duda la peli se debía antojar mucho más dura en 1988, año de su estreno, pero aun hoy conserva ciertas escenas
splatter de mérito, lo que, añadido al tono de sátira continuo y a la mala leche concentrada que solamente un tipo como Frank Henenlotter -guarrindongo y cochinete donde los haya-, podía imprimirle, dan como fruto una hora y veinte minutos de entretenimiento soez y macabro sin -y esto es lo mejor de todo- ninguna pretensión pseudointelectualoide. O sea, Tripas, guarreridas, humor zafio y nada más... al César lo que es del César... y a Elmer solomillo de cerebro...

Porque claro, si queremos ponernos intelectualoides podemos hacerlo, hasta con la basura más infame, podríamos decir, por ejemplo, que bastante antes de que a Abel Ferrara le diera por construir esa magnífica metáfora sobre el SIDA y la adicción a las drogas a través del vampirismo posmoderno que es "The Addiction", el señor Henenlotter ya había pergeñado "Brain Damage", que no es sino otra metáfora acerca de la drogadicción y sus efectos, también sobre el control mental y el lavado de cerebro, a través de la relación vampírica y simbiótica que se establece entre un demoniete con forma de zurullo que come sesos y un tradoadolescente de pocas luces que sólo busca el placer y la experiencia extrema. Podríamos decir todo esto y alguna cosa más, pero el cine Z es cine Z por algo, para disfrutarlo y echarse unas risas, y verlo con los amigos por la noche en casa de tus padres cuando no están mientras comes patatas fritas, churrucas, palomitas y todo tipo de semejante basura que embota las arterias... Y "Brain Damage" cumple esa función con creces.

Basket Case... Bazofia de la buena...


De todos modos, aunque me ha gustado mucho más, por ejemplo, que "Basket Case" aka (que, entradusio kiere desir, "también conocida como") "¿Dónde te escondes, Hermano?", la ópera prima -¿¡qué fissno, no?!- del director, me sigue gustando mucho más la que considero, todavía es, su obra cumbre "Frankenhooker" o "Frankenputa", allá cada cuál con el que más le mole.

Frankenhooker... lo mejor de Henenlotter


Pero hay momentos auténticamente impagables, trash a más no poder, en "Brain Damage":

- La cara de gustirrinín, komo d'averse akabao de korrer, vamos, que pone Elmer cada vez que se da un festín de neuronas...

- La blow job abisal, forzada y salvaje, que le marcan a la dichosa criatura y que acaba en masacre encefálica de la pobre chica, quien al fin y al cabo sólo buscaba darle alegría al cuerpo...

- Brian sacándose el cerebro echo fosfatina por la oreja, totalmente alucinado, con la boca desencajada de horror...

- La escenita cochambrosa y vergonzante -sobre todo por el doblaje ibérico- en que un tío grandote y musculoso, que pierde más aceite que el Exxon Valdez, le hace proposciciones feas a Brian en la ducha mientras Elmer, cual espermatozoide de safari, se desliza por el suelo húmedo en busca de una nueva víctima... Curiosamente, el bueno de Elmer se va en busca de un pobre negrito que está haciendo sus necesidades en lugar de ventilarse al hombretón revenío que tenía dispuesto y a punto... ¿Será que nuestro comecerebros favorito padecía de homofobia?...

- Y finalmente, una escena hilarante que sin duda pasará a los anales de la historia del cine y se enseñará como ejemplo en las academias de guionistas... La novia del Brian le acaba de poner los cuernos con su hermano en sus mismas narices, en una escenita pudorosa y del todo softcore -¿remordimientos, Frank...? -en la que apenas se ve una tetilla... Así que la chica, arrepentida, sigue al novio hasta el metro para explicarle lo ocurrido, y el monólogo que sucede a continuación no es otro que este:

- Brian, no te enfades conmigo, no me mires si no quieres pero escúchame... Yo no quería hacer el amor, pero tenía tanto calor que tuve que quitarme la ropa...y cuando me descuidé...
- Además, como Mike es tu hermano es como si fueses tú... Menudo susto me llevé cuando entraste en el cuarto...
- No comprendo que estés enfadado conmigo... Bueno, a lo mejor es cierto que me he portado mal... pero no creas que me gustó... casi nada... Yo te quiero a ti...

¡Juas, juas, juas!... Hay qué ver que kashondo!!!!! este Henenlotter...

© JIP

Henenlotter dándoselas de Cronenberg...

EL ARTE DEL "DEUS EX MACHINA"

Lo cierto es que “The Ladykillers” es cine del bueno, con diferencia la mejor película de mi cartelera esta semana –y es que a este respecto vivo en provincias, como suele decirse-, pero he de confesar que aun así, y sin haber tenido la ocasión de ver "El Quinteto de la Muerte" para comparar, el film no me acabó de convencer, quizá porque en algunos momentos me asaltó la sensación del refrito, como si estuviese asistiendo a un "The Very Best of the Coen Brothers" sacado al mercado aprisa y corriendo y sin remasterizar… Porque en efecto hay un poco de todo lo mejor de la factoría Coen en “The Ladykillers” ; algo de "El Gran Lebowsky", de "O Brother!" y "Arizona Baby", e incluso de "El Gran Salto", pero pienso que esta vez la mezcla no les acabó de cuajar a los dos hermanos, que se resiente de cierta artificialidad, como si a base de forzar premeditadamente la concavidad de sus personajes hubiesen acabado por tornarlos convexos, produciendo así una historia risueñamente absurda y grotesca, tanto, que terminó por mostrarse un esperpento aguado y facilón que ni para sí hubiese querido un Valle-Inclán en sus horas más bajas. Tampoco ayudó demasiado, claro está, la sobreactuación de Hanks, así como el espectáculo del inefable Marlon Wayans, cuya inclusión en un trabajo de los Coen me parece, todavía ahora, del todo incomprensible... Si se trataba de hacer el tonto gratuitamente haber dado su papel al bueno de Bruce Campbell en lugar de cederle tan sólo un insignificante cameo, a buen seguro que el resultado habría sido mejor, y toda una legión de frikis, entre los cuales me cuento, les hubiese estado eternamente agradecida.

Una pandilla de tontos... excesivamente tontos


Con todo, el final de la película acabó por redimirla bastante mediante ese absurdo y mágico deus ex machina en el que Hanks, el último de los ladykillers con vida, recibe la inesperada y sospechosa caricia de una cínica cabeza de gárgola, desgajada de su cuello de piedra, para acabar precipitándose después, previo ahorcamiento con su propia y mármorea capa, a un infierno maloliente de basura y desperdicio, reuniéndose de paso, con sus cuatro compañeros de fechorías, también ya fiambres, mientras un pedazo de esa misma capa que lo ahogó emprende el vuelo con calculados pasos de danza burlona. De este modo la justicia poética alcanzaba su cenit, los malvados eran castigados, enviados al infierno, y el dinero robado, fruto del juego y el pecado pasaba a recompensar la buena fe de la piadosa Irma P. Hall...

Tom Hanks, a punto de catar la ira de Dios


El Bien gana de nuevo y todos tan contentos. Mientras tanto, en el anochecer y la cercanía de los títulos de crédito, Dios se destapa y echa al mar de basuras, al purgatorio de inmundicias, un pecaminoso dedo cercenado, última prueba de su castigo redentor sobre los delincuentes amorales, a quienes desde buen principio vigiló y tanteó y llevó poco a poco a su merecido final, en todo momento camuflado bajo la piel del travieso y güevón gato "Piñones".

Ojalá todos los deus ex machina fuesen así...

© JIP

VAN HELSING... ¡LARGA VIDA A LA BILIS FÍLMICA!

A ver, por donde empiezo… ¡ah, sí!... por ejemplo, por el Castillo de Frankenstein, que ahora está en Transilvania porque sustituye al de Drácula -que ese ni siquiera nos dicen dónde narices está-. Ambos edificios parten de serie con las típicas y malsanas atmósferas goticoides; húmedos, nubosos, y oscuros, muy oscuros, para que no se noten demasiado los efectos especiales. Como Arquitecturas Imposibles no están mal del todo, aunque a mí me sigue gustando más el castillo de Coppola con su entrada patrocinada por Gas Natural.

Con todos ustedes... Ceja-Arriba, alias Van Helsing


Allí nos encontramos con el Conde Drácula, que lleva coleta y pendiente -¿dónde se quedó el piercing?- y todo el rato habla con acento ucraniano y se hace el chistoso, me parto de risa cada vez que hace acto de presencia; siempre me pasa con aquellos que intentan sobreactúar cuando ni tan siquiera son actores... También está Frankenstein padre, o sea Víctor, pero dura muy poco, se lo cargan a la primeras de cambio, entre otras cosas, porque tiene pinta de ser bastante tonto. Y no nos olvidemos de Igor -¿o era Aigor?- que es algo así como una vil mezcla del John Merrick lynchiano y la Máscara de Bodgdanovich, y, todo sea dicho, da bastante grima verlo. La disputa entre estos viene por Frankenstein hijo, o sea La Criatura, que es a todas luces más listo -y feo- que su padre, quizá porque lleva un condensador de fluzo verde en la calvorota. Todos se van corriendo al poco tiempo hacia el Molino, que está allí mismo, cerquita del Castillo, a tres patás, seguidos por la turbamulta enfebrecida que en realidad lo único que quiere es chupar plano para hacer publicidad gratuita de su fábrica de antorchas transilvana. Al final todo se va al garete en una gran supermegahiperextravitaminada explosión, un BOUM! de la hostia vamos, que ni Hiroshima, y es que ya se sabe que la Absenta da más de sí que la mismísima dinamita. Mientras tanto, fuera de plano, el señor James Whale que hace ya un tiempo que es fiambre, se revuelve en su tumba implorando que le dejen de una vez descansar en paz.

R.I.P, o lo que es lo mismo, Requiescat In Pace, o lo que es lo mismo, la frase favorita de Van Helsing, nuestro hombre, que esta vez ni es doctor en ciencias, ni detective de lo sobrenatural, ni ná de ná... ni tan siquiera buen actor, que este Hug Jackman no da para mucho; acaso para alzar todo el rato la ceja en plan "¿Lo dices en serio?" o fruncir muy mucho el ceño, totalmente iracundo, en plan "¡Ahora sí que me has cabreado, tío!". El tío va por la vida en plan muy dark porque el misterio y el terror lo acompañan allá donde va, con altas botazas negras, su negro abrigo matrixero, y su sombrero de ala ancha, por supuesto también negro; termina por parecerse bastante al Solomon Kane de Robert E. Howard, pero me cuesta horrores pensar que hayan podido ser tan audaces... Lejos quedan en cualquier caso -¿por fortuna?- el Peter Cushing de Terence Ficher, el Carnacki de Hope Hogdson, o el John Silence de Algernon Blackwood... ¡Qué más quisiéramos!...

El verdadero Van Helsing siempre tuvo un sólo nombre... Peter Cushing


En fin, por dónde iba, no nos diluyamos... ¡Ah, sí!... por el fulano este, Van Helsing, que no es gran cosa. Por no saber no sabe ni quién es -¡pobre!-, lo cual le produce un grave trauma emocional, y por eso se dedica a asesinar monstruos y fantasmas para el Vaticano que, atención, no sólo reúne en su seno todas las religiones del orbe -¡gallifante para el guionista por tan brillante hallazgo argumental!-, sino que además es como una especie de MI-5 jamesbondiano, sólo que más cutre y estúpido.

A Van Helsing nos lo encontramos por primera vez en París, en vías de cargarse a Mr. Hyde -a la sazón, también bastante tonto- quien, por aquello de acumular refencias de forma vergonzosamente gratuita, hace también las veces de Cuasimodo. Entre los dos casi echan abajo una Nôtre Damme infográfica que no acaba de dar el pego, porque al dire, al Sommers este, le pone cantidad derribar muros y romper vidrieras... y si no al tiempo...

El del Cerebro Fosforescente


Tras este suculento aperitivo difícilmente calificable, Sommers traslada la acción a Transilvania de nuevo bajo una premisa argumental sobre la que es mejor correr un estupido velo, que es poco más o menos lo que debería hacerse con el resto de la película. Resumiento, la cosa quedaría tal que así; Drácula lleva ya unos años echando casquetes ultraterrenos con sus tres novias, tres, pero la cosa no acaba de despegar, algo falla, o él no da la talla o ellas son demasiado frías -lo cual no sería de extrañar, teniendo en cuenta que están muertas, y vista la mala leche que se gastan-. Así que después de tantos años de infructuoso fornicio lo único que el ínclito cuarteto ha conseguido es una cantidad indecente -e incontable- de asquerosas huevas sin vida -¿quién las pare?... ellas o él... es de vital importancia para el que esto escribe que resuelvan esta incógnita en la secuela, por favor...- Aquí es donde entra en juego Frankenstein, la Criatura, que por lo visto debe ser muy machote, ya que es el factor clave en la electrificada ecuación que proporcionará vida a los hijitos de Drácula.

Primero lo probó con un Hombre-Lobo pero no resultó, no era un tipo lo suficientemente pelo en pecho, de modo que tras este fracaso Frankenstein hijo era la única solución viable para Drácula y su sed de paternidad -¿Probaste la Viagra, Conde?... dicen que revive hasta los miembros más muertos...

Un Lobo Hombre ¿americano? en Transilvania


Y precisamente eso es lo que debe impedir que ocurra el trío bueno de protagonistas, a saber, Van Helsing carapalo, su particular Sancho Panza, un curilla cachondo y trotón que, como subterfugio cómico no funciona del todo mal, y la Beckinsale, quien, a fuerza de meterse en costrosuperproducciones como esta o las mismas "Underworld" o "Pearl Harbor" lleva camino de convertirse en la auténtica "Shit Queen" del moderno cine basura de alto stánding. ¿Has pensado en cambiar de agente, Kate...?

Este trío calavera se las verá y se las deseará para salir indemne de los múltiples ataques a los que son sometidos a lo largo del -también demasiado largo- metraje, corriendo todo el rato de aquí para allá, llegando siempre en el momento justo y preciso, saltando alto, muy alto, más de lo sanamente verosímil, y encajando constantemente unas santas hostias que dejarían al resto de mortales hechos añicos en el suelo. Decididamente estos chicos están hechos de otra pasta... aunque me guardaré mucho decir de cuál…

Así, tras soportar una demencial persecución de carruajes -¡¿qué era eso que volaba por encima del puente, la carroza de Jack Skeleton?!- y un postrer homenaje/ultraje ulcero-vesánico, esta vez a costa de Polanski y su Baile de los Vampiros, nos vamos acercando al final -¡aleluya!-. Resulta que nos encontramos en el castillo de Drácula, que tiene dos torres -como la peli de Jackson-, y en él, al Gran Vampiro, que está a punto de ver cumplidas sus aspiraciones; va a ser padre, ¡menos mal!, porque Van Helsing se ha ido cargando sistemáticamente a sus novias con su gadgetoballesta, La de las Mil Flechas, y si no consegue ahora su propósito entonces ya no le va a quedar al buen Conde con quién hacer cosas feas bajo las sábanas. A todo esto, sabemos más cosas de Van Helsing, por ejemplo, que ahora también es el Arcángel San Gabriel y que, en el pasado mató a Drácula -el hombre, no el vampiro- para cortarle un dedo y llevarse su anillo -¡ladronceteee!-, también sabemos que puede convertirse en un Hombre-Lobo mu grande, mu grande, y que cuando la luna llena se esconde y se desconvierte, se parece sospechosamente al Tarzán de la Disney, con cara de pánfilo y taparrabos que tapa lo justo -o sea el rabo-, incluido. Ah, y por último sabemos también que se ha enamorado de la Beckinsale -¡qué novedad!- así que ya tenemos servido el drama... Por si les quedaba alguna duda, un Hombre-Lobo es -casualidades de la vida- la única criatura capaz de matar al Vampiro... ni ajos, ni estacas, ni crucifijos, ni leches... ¡Esto sí que es originalidad y lo demás son tonterías!

Este Drácula es un Cachondo


Pero antes de de que la cosa acabe con el típico e hipermusculado duelo final entre las dos bestias, del cual ya podemos intuir la conclusión, debemos torturar nuestras pupilas y nuestras mentes un poquito más; quedan aún por presenciar muchos mamporros, y muchos rayos y muchas centellas, por aquí y por allá, así como insoportables diálogos de relleno, a cuál más vomitivo e infecto… Ah, y no nos pasemos por alto la muerte de Igor que fiuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu, como el Coyote, se va por el barranquillo -¡malo, malo!- para no volver jamás, así como la sucesiva e irritante incineración de duerguis. Para los no iniciados cabe reseñar aquí que un duergui o kuergui o muermi o como demonios se escriba eso, es un sirviente enanoide de Drácula que, en la escala evolutiva, supone un desafortunado eslabón perdido entre los enanos cabrones de "Phantasma" de Don Coscarelli y los moradores de las arenas de Lucas. El hecho de que estos sirvientes se muestren tan sumamente patosos e inútiles en el cumplimiento de sus quehaceres diarios no dice mucho acerca del criterio del buen conde a la hora de contratar al servicio.

Como era de esperar, en la hondonada de hostias final entre el licántropo y el vampiro, muere el malo -¡sorpresa!- y el sol vuelve a brillar y los pájaros a cantar y sin duda todos hubiesen sido muy felices y hubiesen comido muchas perdices si no hubiese sido porque el burro de Van Helsing, en un arrebato de desenfrenada pasión, se tiró sobre su amada Beckinsale con tanta furia que terminó matándola por aplastamiento en el diván justo cuando parecía que había opciones reales de consumar...

Mala suerte chaval, tendrás que seguir a base de manivela mientras buscas otro amor, aunque supongo que tu fraile-inventor de gadgets siempre te podría fabricar una muñeca hinchable a vapor que te aliviase esos irrefrenables instintos caninos que tienes...

Lo cierto es que "Van Helsing" no ofende demasiado si uno se la toma como lo que es, una soberana mierda. Era mucho peor a mi juicio su hermana y madre, La Liga de los Hombres Extraordinarios, que se tomaba en serio a sí misma y a la historia que pretendía narrar lo justo como para hacerla definitivamente execrable. Yo propondría el nombre de "Steamfuck" para este nuevo subgénero que ambos films inician y que, a buen seguro, vistos sus resultados en taquilla, no tardarán en traer a nuestras pantallas más bastarda descendencia, ya que al fin y al cabo lo que estas películas hacen no es otra cosa que joder, una tras otra, todas las mitologías e iconografías fílmico-literarias del fantástico más añejo, para reírse, no con el espectador, sino del espectador... ¡y con no poca saña!. Porque aunque el señor Stephen Sommers intente despistar jugando las cartas de la autoparodia, el sincretismo posmoderno, y el sagaz homenaje mulirreferencial, sus imágenes acaban por ser poco más que un espectáculo bilioso y purulento, que tiene ya que ver mucho más con el videojuego que con el cine, y cuya máxima, también como pasa con el videojuego, no es otra que aquella que reza: Insert Coin, Please...

Monster Squad... otra travesura genial de Fred Dekker


Todo esto sería más o menos perdonable si no se hubiesen gastado la pasta que se gastaron en ella o, si como dice Pumares, no fuese tan condenadamente aburrida; pero es que el invento ha costado una pasta gansa y aburrida, aburrida lo es... y un rato largo... Así que mejor haríamos en revisitar "Una Pandilla Alucinante" de Fred Dekker, que era mucho más humilde, más sincera, y mucho, mucho más divertida... ¿O no?...

© JIP

MICHAEL MYERS: EL MAL EN ESENCIA

El pasado fin de semana se estrenó en nuestras salas “La matanza de Texas 2004”, película que, por el momento, no tengo la intención de ir a ver, pero cuyas críticas son al parecer bastante mejor de lo esperadas, lo que no deja de ser sorprendente si se tiene en cuenta que en labores de producción se encuentra el inefable Michael Bay. Me interesa mucho más, por ejemplo, el hecho de que este "remake" llegue treinta años después del estreno de "La Matanza de Texas" original, la de Tobe Hooper, o que, sin ir más lejos, hace poco se estrenase también "El Amanecer de los Muertos”, otra nueva puesta al día del superclásico de George A. Romero de 1968, y cuyas críticas han sido también bastante buenas. Al margen de que estas modernas revisiones de viejos éxitos sean o no más acertadas que de ordinario, evidencian la creciente y alarmante incapacidad para aportar nuevas ideas, savia nueva, al acervo fantástico -siendo mucho más fácil limitarse a revisitar los mitos añejos-, así como la cada día más cierta sospecha –largamente barruntada- de que el cine de terror está hoy día más muerto que vivo.

No hay más que echarle un vistazo a títulos como el par ya mencionados o a "Halloween: Resurrección”, “Jason X”, “Freddy contra Jason”, o la por venir, “Alien vs. Predator", para que inmediatamente vengan a la memoria aquellos entrañables films como “Frankenstein Meets the Wolfman” (1943) – “Frankenstein y el hombre-lobo”-, “House of Frankenstein” (1945) –"La Zíngara y los Monstruos” (sic)-, toda la serie de Abbot y Costello, representada, por ejemplo, con “Abbot and Costello Meets Frankenstein" (1948) –"Contra los Fantasmas” (más sic)-, o, ya para acabar, la mítica “House of Dracula” (1945) –"La Mansión de Drácula”-, que no sólo podríamos equiparar a la reciente "Van Helsing" por su demencial mezcla de mitos, sino que, además, le da cien patadas… Con estos y otros tantos entrañables títulos la "Universal" empezó a entonar su canto de cisne, y con ella firmó también su carta de defunción el cine de terror clásico, que hubo de dejar paso al pujante cine de ciencia ficción y las "Monster Movies", hijas del peligro comunista y el miedo nuclear. Sólo con la llegada de la británica "Hammer", el terror cinematográfico retomaría un nuevo esplendor.

Mil veces mejor que Van Helsing... House of Dracula


En el cine, como en todo, los ciclos se suceden; al agotamiento de unas fórmulas sucede el advenimiento de otras nuevas y así sucesivamente. Así, dadas las cotas de carestía de ideas y autoparodia alcanzadas por el cine de terror contemporáneo, su final se presiente cercano; probablemente no tardemos en ver en nuestras carteleras títulos como "John Doe vs. Anibal Lecter”, “Hellraiser 2010”, “Aliens: The New Generations”, o incluso “Evil Dead: The Kandarian Vengance”, entonces ya todo habrá acabado y podremos abrazar felices lo que demonios sea que haya de venir…

Y como todo final tiene su principio, cabría tal vez señalar el comienzo de este fin que hoy vivimos en otro gran clásico del género cuya trascendencia es, pienso, mayor de la que se le suele atribuir.

"La noche de Halloween" tiene ya sus buenos 26 años y aunque sus formas han envejecido bastante, con esa inconfundible textura de los primeros años ochenta, el film sigue, no obstante, destilando aún hoy la atmósfera malsana y de escalofrío que siempre tuvo, y, debido a lo perfecto de su bases argumentales, sigue inspirando una sensación de verdadero y profundo estremecimiento.

John Carpenter, uno de los maestros del fantástico moderno, pese a su irregularidad, iniciaba con esta película el que sería, período dorado de su filmografía -cuyo cenit alcanzaría con "La Cosa" y que culminaría años más tarde, tras un período gris, con la jugosa "En la Boca del Miedo"-, y cabe decir que, de entre todos los méritos del film seguramente el que más cabría destacar, habida cuenta de su repercusión posterior para la industria cinematográfica y el cine de género, es la creación de la figura del "psychokiller" moderno, descendiente directo del Norman Bates de "Psicosis" o del Albert De Salvo de "El Estrangulador de Boston", y que los americanos dieron en bautizar como "Killer on the Loose". Dicho subgénero consistía, a grandes trazos, en el azaroso devenir de un pscicópata totalmente ido, las más de las veces de naturaleza esencialmente diabólica, al que le da por masacrar de las más diversas, creativas, originales y sangrientas formas a toda una serie de adolescentes -o "teenagers"-, quienes no pueden hacer otra cosa que dejarse matar mientras el metraje del film corre raudo hacia un final que, también las más de las veces, no busca sino dar pie a una posible secuela que explote el filón en taquilla.

Este hombre es el padre de La Cosa, amigos...




El éxito de "La noche de Halloween" y su protagonista, Michael Myers, fue abasallador, resultando ser, aún hoy, una de las películas que más millones de dólares ha recaudado en comparación con su precio de coste, realmente parco. Precisamente debido a este enorme éxito, sobre todo entre el público juvenil, multitud de productores y directores vieron en su protagonista central el medio perfecto mediante el que hacer montañas y montañas de dólares. Así fue como vinieron, entre otros, el Jason Vorhees de "Viernes 13"; el "Freddy Kruger" de "Pesadilla en Elm Street"; e incluso las secuelas de la propia "Halloween", de las que Carpenter no quiso saber nada. Una lista completa y actualizada de todos los nombres que a día de hoy cabrían en esta lista se haría, además de larga, bastante insoportable.

Esta es una de las principales causas, en semilla,del fenómeno que a lo largo de la década de los ochenta y noventa daría como fruto la total vanalización del cine fantástico de terror, que buscando hacer dinero rápido se vendía a la más fácil y comercial sanguinolencia descerebrada. Esto fue un arma de doble filo para el cine de género, ya que por un lado vio como volvía a ser abordado de nuevo por el cine después de unos años de ostracismo, pero tuvo que soportar a cambio que sus argumentos y temáticas se sobordinarán a las apetencias de un público juvenil muy poco exigente -que era, no hay que obviarlo, el único que llenaba las salas de proyección.

Así pues, como también pasó con "Star Wars" y el cine de ciencia ficción, el tremendo éxito de una muy buena película se convertía a la postre en causa indirecta pero determinante del declive de todo un género.

Eso en modo alguno debe obviar la calidad del film de Carpenter, ya que a pesar de que en sus sucesivas secuelas y otra series como las antes mencionadas la figura del "psychokiller" pasó a ser futilizada e incluso parodiada y deconstruida -como ocurrió en la serie "Scream"-, Michael Myers gozó siempre de un poder de fascinación inigualable, basado en que, a diferencia de otros mitos del terror como los vampiros, los licántropos, las momias o frankensteins de toda ralea, él era un ser completamente humano, pero esencialmente maligno e indestructible, que encerraba en su interior un espíritu malvado equiparable al del mismísimo Diablo, y, cómo éste, no necesitaba de justificaciones ni pretextos para ser maligno... lo era porque sí, porque tal era su naturaleza, y precisamente de lo inaprensible de esta condición diabólica provienen nuestro miedo y nuestro respeto hacia su figura...

¡Huíd de este tío...!


Siendo humano, Michael Myers era más diabólico de lo que muchos monstruos cinematográficos lo habían sido en el pasado; ahí residían el éxito y la actualidad que, con los años, lo convertirían en padre putativo del siguiente escalafón en la galería de psicópatas fílmicos, tan bien representados por el John Doe de "Seven" o el Anibal Lecter de "El Silencio de los Corderos"; el "psychothriller"...

© JIP

Este texto es la ampliación del que, en su día, publiqué en Livra bajo el nick de
LEVIATHAN

EL CUBO DE LA VIDA

Creo que nadie con un poco de sentido común puede negar que el cine, el tan cacareado Séptimo Arte, ha sido siempre la más cortesana de las artes, como tampoco que en los últimos años su nivel de prostitución ha llegado a niveles difícilmente tolerables. En un entorno como el hollywoodiense, que todo y no abarcar la producción cinematográfica mundial, sí la lidera y la alimenta, que las películas las hagan guionistas y directores que son poco más que meras marionetas -las más de las veces sin ningún talento- en manos de ejecutivos entrajados sedientos de dinero rápido y fácil, y que, por lo común, cualquier atisbo de genialidad o heterodoxia creativa se quede, merced a la vigilancia de estos "vampiros fílmicos", en la sala de montaje o directamente en la trastienda de los círculos independientes de distribución, dice mucho, demasiado, de cómo están las cosas en este ámbito, así como de cuán encarnizado podría ser el debate sobre si al cine deberíamos seguir o no llamándolo arte. Ahora ya no interesa el cine; sólo vender muñecos...

Por eso el buen cine, especialmente el buen cine fantástico, hay que buscarlo lejos de los grandes nombres, los grandes estudios y las grandes sumas de dinero. Ahí está, como ejemplo ilustrador, "Cube", de Vincenzo Natali, una producción canadiense de bajo presupuesto que a base de talento, ingenio, también humildad, consigue unos resultados visuales, argumentales y temáticos que ya quisieran para sí la mayoría de producciones "yankis" de género cuyos recursos económicos, técnicos y humanos son infinitamente superiores.

El Cubo Kafkiano de Vincenzo Natali


"Cube" es un film que mezcla hábilmente terror y ciencia ficción, y que refleja un universo original y turbador a partes iguales. No se me ocurre mejor forma de difinirlo que como el hipotético sueño de un "Kafka posmoderno".

Un cubo es el protagonista, un cubo de proporciones faraónicas, que a su vez contiene multitud de otros cubos más pequeños en su interior. El meollo del asunto está en meter a un grupo de personas distintas en su interior y observar cómo actúan y cómo se las arreglan para intentar sobrevivir dentro de esos cubículos llenos de trampas mortales, sin comida y sin bebida, y sin ni tan siquiera saber cómo y por qué llegaron hasta allí. El pretexto argumental viene a decir al final que "el Cubo" es un experimento militar cuyo fin último es buscar la manera definitiva de tener controlada a la masa, cuya libertad de opción, cuyo libre albedrío dentro de los sistemas políticos liberales, no hace sino conducirla al descontrol y el caos. La película de Natali participa en este sentido de una clara vena distópica y debería añadirse a la larga lista de distopías que la ciencia ficción ha ido acumulando con los años, al lado de producciones como "1984" de Orwell, "Brazil" de Terry Gilliam, "V de Vendetta" de Alan Moore, entre otras.

Pero lo verdaderamente sobresaliente de "Cube" a mi tenor es la metáfora subyacente a este argumento, lo que se puede leer entre líneas, o mejor, "observar entre fotogramas". Porque "el Cubo" no es más que una escala reducida y extrema de la propia existencia del ser humano. Como en "el Cubo", los seres humanos nos encontramos de pronto en un mundo abierto y grande pero a la vez cerrado y minúsculo dentro de la escala universal, rodeado de personas que no conocemos y con las que nos vemos obligados a relacionarnos para subsistir. Unas con las que nos llevamos bien, otras a las que terminamos odiando, a las que mataríamos, o que bien te matarían a ti, incluso personas capaces de amar y a las que podríamos haber amado... Y rodeándolo todo y rodeándonos a todos están las invisibles trampas mortales que nos pone la vida como pruebas irrefutables de nuestra insignificancia y fragilidad.

El mundo, el Universo, aunque infinito e insondable, no es más que un enorme Cubo, impasible y depredador, que nos escupe a la cara constantemente diciéndonos que no somos nada, si acaso un accidente. Nosotros, entretanto, como ratas en un laberinto, no podemos hacer otra cosa que buscar una salida sin saber a ciencia cierta si algún día la hemos de hallar; una respuesta que nos otorgue esos significados de los que nos sentimos tan huérfanos y cuya carestía nos hace tan inconfundiblemente -irremediablemente- hombres... y mientras tanto vivir, o lo que es lo mismo, sufrir, luchar, pensar e imaginar... hasta las últimas consecuencias; demostrar con cada aliento que cualquier pared es, hasta que se demuestre lo contrario, susceptible de ser derribada.

Pero esto supongo que lo pienso yo, que no ando muy bien de la cabeza y me gustan las cosas raras, porque a la mayoría le gusta dejarse el cerebro en casa viendo Van Helsings, Underwoles, y Matrixes varios, y comer muchas, muchas palomitas, y flipar con los efectos especiales que todo lo justifican, y luego comprar todos los muñequitos, eso por descontado... y así nos pinta el pelo...

© JIP

Este texto es la ampliación del que, en su día, publiqué en Livra bajo el nick de
LEVIATHAN

DIARIO DE MI HYDE (1)

Lluvia. Gris y pertinaz, de esa que inunda las calles de coches impacientes y le pinta de vacío las cuencas de los ojos a los hombres. Lluvia alienadora. Gotas de locura acariciándolo todo. Ya no encuentro en estos días mojados aquel aroma a misterio, a ensoñación, que tantas veces le hallara en el pasado. Ya no es más que agua sucia, sólo agua; mi mente vuelve a las esencias, simplificándose, y en éstas no encuentra más que la nada inaprensible; incapaz de dotarla de significados arbitrarios con mis pensamientos desbocados, no puedo hacer otra cosa que agonizar.

Camino por la calle encapuchado bajo el anorak con cara de hastío, asqueado del día que amaneció, y no porque me esté dirigiendo al repugnante trabajo de todos los días en medio del diluvio, tampoco porque ya haya empezado a notar las primeras punzadas de lo que sin duda será una migraña aniquiladora, ni tan siquiera porque el maldito café barato que tomo por las mañanas me produce ardor. No, pongo cara de hastío, de incomparable hastío, porque simplemente es la cara que hay que poner, la cara que todo el mundo pone en días como el de hoy… Mirad, mirad… fijaos bien… ese, ese, ese también… y aquella otra… todos. En el fondo no somos más que jodidas máquinas. Todos a mi alrededor jodidas máquinas; son el mismo rostro, mi rostro, ese que dice con palabras insonoras ¡Oh Dios!... llueve… ¡Jodida mierda de vida!... y son pocas, muy pocas las excepciones, apenas un valor ponderable. Llega un momento en que el período de lo posible se acaba y la vida te abre en canal metiéndote hasta el fondo el programa del absurdo, como aquel fulano, Woods, al que le metían negras y palpitantes cintas de vídeo en su abdomen de vagina… ¡Ala!, ya estás programado chaval; ahora me perteneces. Olvida todas esas chorradas de la libertad y el libre albedrío. Deja atrás cualquier variante de ilusión. Todo eso es basura filosófica que se han de comer ratas y polillas. Esto… esto… ¡ESTO es lo REAL!... métetelo bien en esa pequeña y dura cabeza; y ahora, ¡venga!, sal ahí fuera y empápate la cara de agua gris, de día gris, de vida gris… ¡y pon tu mejor rostro de hastío, tu mejor cara de asco, maldita sea!

Y cuando luzca el sol achinarás los ojos e impostarás esas magníficas sonrisas de primavera y esperanza que tú y yo sabemos, y cuando lleguen las nieves te agrietarás los labios, te sangrarás las manos, y cuando llegue la muerte te cagarás de miedo y te arrodillarás implorando clemencia… joder si lo harás… “Hay una cinta que te quiero poner, Max”… si te gustó esta negra lluvia que pudre las entrañas espera a ver esto otro… es mierda de la mejor…

3… 2… 1… PLAY…

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LA HUELLA DEL PERDEDOR

En el centro de un laberinto vegetal del cual sólo uno de los dos jugadores conoce el secreto, la partida da comienzo. Olivier, partiendo con ventaja subrepticia, mueve pieza; blancas juegan.

Tras unos tanteos preliminares para medir al adversario y un breve intercambio de peones en amable pugna por el centro, las blancas plantan audazmente su celada en forma de gambito de caballo disfrazado de joyas luminiscentes que son falsa promesa de un sueño de días de felicidad y abundancia. Caine, ingenuo, ensimismado, hipnotizado por el brillo de un sueño que creía inalcanzable, ignorante todavía del juego que se desenvuelve en su torno, cae de lleno en el cebo de humillación hábilmente tendido por el general blanco, tan curtido en el estudio y la recreación de mil y una batallas ficcionales.

Dos Maestros de la Celada


En una jugada maestra las blancas arrasan el damero cobrándose pieza tras pieza y las huestes negras, desmayadas y huidas, cayeron, inocentes, en las distintas intrigas planeadas por el contrario. Sin apenas apercibirse de lo acontecido se encuentran de repente al borde del abismo, suplicando, implorando, bañando en lágrimas su terrible humillación en una partida, un juego, una vida que ya ven perdidas. Resuena entonces el tercer disparo, tal vez el de verdad, quizá esta vez sí, el definitivo, y las filas negras se derrumban sin sentido escalera abajo; el asalto final al Rey Pardo, solitario, indefenso, parece concluyente… Las blancas ganan el asalto… pero sólo en apariencia… porque el enemigo no ha dicho aún su última palabra.

Confiadas ante una superioridad que creen evidente, creyendo acabado al Rey Negro, decide seguir jugando, alargar su agonía, recrearse complaciente en el desmembramiento de sus defensas, bajando con ello su guardia, descuidando sus flancos, mientras las negras, exhaustas mas no acabadas, iracundas ante su reciente ridículo en el tablero, preparan sigilosamente el contraataque, la venganza que servirán, de ser posible, acompañada del frío glacial de la misma muerte.

Desenvolviéndose en la sombra a través de estudiados movimientos aparece en escena el inspector Doppler; la Reina Negra desdoblada. Fue un gran error del general blanco no acabar con ella cuando tuvo la oportunidad, y más aún, postrarla, humillarla, reírse de ella en su cara; encolerizarla. Ahora su oposición inmisericorde podría llegar a ser letal. Una a una las vitales piezas blancas caen ente el ataque de la Reina Negra disfrazada. Cada movimiento, cada diálogo, cada pequeño gesto de estos dos magníficos jugadores rebela en ellos múltiples matices, detalles infinitos; empezamos ya a conocerlos en hondura… sus brillos, sus talentos, sus defectos, sus miserias… que de todo ambos tienen en abundancia.

Pero ahora las negras, desesperadas, atacan furibundas deslizándose audaces por el teatro de operaciones, y las blancas, totalmente sorprendidas, se baten en retirada perdiendo en su huida tantas piezas como apostura, elegancia y dignidad. Una vez dada la vuelta a la tortilla, retornada con creces la celada, cuando ya las blancas abandonan toda esperanza de victoria, las negras se detienen, quitándose la máscara. La Reina Negra se quita el velo, inmolándose, mostrándole de paso al general enemigo, en su mueca final de chanza, la carencia de sus brillantes tácticas de academia, la humillación de su a priori perfecta formación de estratega.

Silencio… Calma tras la batalla… Risas cómplices por ambos bandos… ¿Tablas?...

En absoluto, porque mientras el general blanco aprendió sus artimañas en los libros, siempre tan lejos del barro de la batalla, y no vio en la partida más que un juego que se gana desde la desventaja del adversario, el general negro ganó sus galones a base de sudor, sangre, múltiples derrotas, ácidas lágrimas, y llevado en volandas por el rencor del traicionado, el orgullo del ingenuo capitán que subió desde lo más bajo, la desconfianza del humillado, jamás comienza una partida si no es para culminarla con una victoria total.
Y en el duelo final de Reyes-Generales, de uno y otro se evidencian sus carencias, se nos muestran sus virtudes, ya tan pocas… y en el juego último de reyes solitarios y serviles peones, las negras demuestran más audacia. La última celada resulta ser definitiva y la humillación del cerebro blanco resulta ser total… su derrumbe moral se le antoja inaceptable.

Las negras dan por concluida la partida sabiéndose ganadoras morales del encuentro todo y que el Rey Blanco sigue aún en pie, pero todo él demacrado, rojo de rabia, asfixiado en su vergüenza, manchadas sus níveas carnes de la negrura del carbón y el lodo que jamás antes le habían hecho besar… De nuevo, sólo a través de la desventaja, del engaño vil y la trampa cobarde, ya fuera del tablero, concluye finalmente el duelo. Un nuevo disparo, el cuarto, esta vez sí el definitivo, derriba para siempre a Caine, y su carcajada moribunda inunda y ensordece toda la sala mientras las sirenas de la policía se acercan a condenar a un Olivier desahuciado, impotente, derrotado, agónico bajo el estigma del cazador cazado… y todas las piezas blancas, sacrificadas a su voluntad durante el juego, como fantasmas ensabanados recreados en autómatas juguetes, celebran y aplauden su caída…

… Jaque Mate… Las Negras ganan…

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LA CIUDAD DEL PECADO

<strong>LA CIUDAD DEL PECADO</strong>

Tras el trabajo de encargo que supuso su estreno en la larga distancia, "Alien 3", "Seven" supuso para su director, David Fincher, el despegue definitivo hacia el estatus de realizador estrella, alcanzando más tarde el de director de culto con sus posteriores trabajos, “The Game” y "El Club de la Lucha". Tras la tibia acogida de su última película estrenada hasta ahora, "La Habitación del Pánico", cabe esperar que con su próximo film, la adaptación de una de las mejores novelas de Arthur C. CLarke, "Cita con Rama", el realizador vuelva a estar en boca de todos los amantes de las historias oscuras de diseño.

Fincher es uno de esos directores capaces de articular una historia atractiva dentro de un envoltorio claramente comercial, muy del gusto del gran público y de los productores, y a la vez intentar edificar película a película su particular universo narrativo, decididamente imbuido en las sombras de un existencialismo oscuro y decadente. Esto, aunque presente en todas sus cintas, se hace patente sobre todo en "Seven", "The Game" y "El Club de la Lucha", que, juntas, parecen mostrarse como un tríptico tanto a nivel significativo como formal, todo y que, en algunas ocasiones, su excesivo efectismo o alguna que otra flaqueza de guión desvirtuen en cierta medida el conjunto. En estas historias, Fincher nos sumerge en las tinieblas de un mundo esencialmente nocturno, cerrado y opresivo, en el que el ser humano, el individuo solo, asfixiado, llevado al extremo de sus posibilidades por el resto de la masa social, que se ha tornado incomprensible e insoportable, se ve en la obligación de huir hacia los abismos de la locura asesina -Seven-, la alucinación permanente -The Game-, o la esquizofrenia irreversible -El Club de la Lucha-.

"Seven" es, con diferencia, la mejor en este conjunto, un thriller que, recogiendo el testigo dejado por la exqusita "El Silencio de los Corderos" de Jonathan Demme, añade un icono más a la legendaria lista de asesinos en serie fílmicos y literarios, esta vez, cargando las tintas en los elementos alegóricos y nihilistas. No obstante, lo que hace particularmente atractivo el film no son, como cabría suponer, esos asesinatos rituales más o menos rebuscados en su concepción, ni siquiera la inquietante figura de ese Kevin Spacey transfigurado en inteligente y frío, también condenado, serial killer, sino que, antes bien, su mayor originalidad y acierto estriban en la conseguidísima atmósfera malsana que sirve de escenario a toda la historia. Este es el verdadero protagonista de "Seven", esa ciudad cuyo nombre desconocemos precisamente porque da igual el nombre, porque podría pasar en cualquiera, porque de hecho, tal vez ya está pasando en muchas de ellas. Esa ciudad en la que mueren y malviven miles de personas cada día, y que es la madre putativa de ese John Doe a medio camino entre el mesianismo terminal y el iluminismo enajenado; un asesino que se antoja ambivalentemente repugnante y atractivo tanto por su salvaje crueldad como por la cruda inteligencia con la que acomete sus actos, y que es símbolo inequívoco de que si la sociedad actual es capaz de crear tipos como él, es porque algo no funciona bien en el hombre, que algo se ha roto en nuestras mentes y nuestros corazones, y que, quizá, el ser humano está dejando de ser humano para convertirse en un ser vivo de aspiraciones y motivaciones desconocidas y terribles.

Esa misma ciudad oscura, corrupta y decadente, en la que el policía mayor tiene que ayudarse de un metrónomo para aliviar su extrema angustia, y no tener que escuchar los gritos y aullidos de la urbe en medio de la noche. Esa ciudad que muere y se pudre más cada segundo transcurrido, y en la que un policía joven tiene que alimentarse de su rabia para poder seguir respirando en un mundo cuya comprensión se le escapa. Esa ciudad, en definitiva, en la que siempre llueve –como lo hacía en Los Ángeles de "Blade Runner"-, eternamente, tal vez en un intento de limpiar con el agua sus indescriptibles crímenes, de purgar con el líquido elemento todos sus pecados, que no son sino los de todas las almas que la habitan.

Quizá por eso en la escena final, en pleno desierto, ya no llueve y las tinieblas y la oscuridad de las calles pecaminosas se ha cambiado por los tonos anaranjados, tirando a rojos... porque puede que los personajes de esta historia hayan ya purgado todos sus pecados y aun así el agua de lluvia no pudo llevárselos consigo, y el destino que les espera no es más que el rojo y las llamas desérticas del infierno.

Ya no existe, pues, salida al paraíso para la humanidad, su destino es el purgatorio líquido y sombrío de la ciudad o el infierno desolado de la llanura y la muerte. Fincher condena a la humanidad o simplemente se limita a reflejar su pensamiento de que ésta hace tiempo que se condenó a sí misma. Por esto, "Seven" es más que otra historia de asesinos en serie... es también el fresco, pintado en sombras ocres, secos grises, de nuestro vago y silencioso principio del fin.

© JIP

Este texto es la ampliación del que, en su día, publiqué en Livra bajo el nick de
LEVIATHAN