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tannhauser

Quise

 

¿Por qué todavía no estás allí? Llegas tarde y ni siquiera estás allí. Quise en verdad llegar, lo quise, creé en mí todo el empeño, todo el ardor, toda la fuerza. Tres bazos, dos Muertes, éxtasis esféricos no me habrían adelantado entonces. Pero estás aquí, y ni siquiera es éste aún un medio camino, y tú en cambio, mírate, eres ya un lienzo poco menos que acabado, pronto desbastado. Quise avanzar mejor y más, alcanzar todo ello y con todo mi tiempo; arribar incluso antes de lo que se me esperaba; llegar incluso antes de haber sido necesidad y solución de una meta. Deberías quedarte aquí, sentarte aquí, arborizarte, silenciarte, criar barba senil, sacar hojas en telaraña, echar raíces corredizas: fuiste una empresa audaz durante segundos, pero luego te apagaste fugaz. Quise ser luz antes que lanza, avalancha antes que escualo, soldarme al hacha sin haber roído antes mis hombros y rodillas en el filo del asfalto. Inversión futil, sueño estéril, energía asesinada. Tus nombres y pieles llevan el estigma del ocaso grabado a niebla y miasma. Quise, quise, quise. Lo intenté. Ser digno de mis adentros, dueño de lo divino en mi carne y mi mirada. Desaparece, estos son ahora tu tiempo y tu camino; desvío a la izquierda. Deja paso. Nadie te espera allí porque la Nada te aguarda... Quise... Quise.. Quise.

Misterios de la Carne (y 3)

 

 

HOMÚNCULO

Desde las afueras de la consciencia
  oyénse tañer los gritos prometeicos
   del deificado hombre máquina.


    Sus tendones plásticos, encerados,
  sus cables nerviosos, haces lumínicos
   de efecto y réplica instantánea, 
   potentes sus músculos de titanio,
  muévense puntuales y rítmicos
   al son del pulso electromagnético,
   mientras en el constante devaneo
  despréndense otoñales esquirlas de carne,
   virutas de piel cancerosa y cancerígena,
   decolorando el cieno de reliquias posthumanas.


    En la negra noche chandleriana
  salpicada de ígneas novas en agonía,
   tiembla y zozobra la vieja tierra bajo el paso
   del no hombre y su mesiánica carga de final.


    Entre tanto... en todas partes,
  por todos lados... omnisciente,
   impasible al cataclismo de la vida,
   la telaraña universal de fibra óptica
  fluye en vertiginosas diástoles,
   henchida de recuerdos e imágenes,
   de almas y vidas y anhelos y odios
  de aquellos que soñaron la pesadilla de la razón.

______

Misterios de la Carne (y 2)

 

Viste de negro y sus labios, todos, te dejan tieso. Bésala, te sacará los dientes. Muérdela, te arrancará la lengua. Fóllala, te hará pedazos. Polvo al polvo tras el polvo. Sorberá tu seso hasta el hueso, beberá tu simiente, la licuará dentro, muy dentro de sí, donde la muerte pierde su nombre para ser Muerte, donde el huevo de lo inahaprendible abre los brazos, abre las piernas, acoge henchido los blancos reptantes desoxiborronucleicos. En la noche, en la sombra, en el espacio matricial del no existir, una conciencia de maldad, una voluntad de hacer sufrir, una sinrazón para la locura del aliento... Mírala,  pruébala, siéntela, súfrela, sángrala...  vuelve a ser sangre de la sangre del oceáno maldito del que jamás debiste surgir... Ritmo, potencia, corazón, efervescencia, ídolos cromos cayendo terebrantes ante el temblor de la risotada preternatural, sigue y sigue la melodía de los cielos en pelo de cabra, las estrellas de hemoglobina manchadas, los pálpitos del ser que fue, que dejó de ser para matar al ser; del nuevo ser que ha de ser tras el infraser, baja corriendo, moliendo, partiendo, sajando entrañas, aniquilando destellos, allá desde lo ubicuo, lo santo, lo falaz...  Míralo, pruébalo, siéntelo, súfrelo, viértelo... vuelve al esperma podrido en que jamás debiste germinar... Error de los dados de arriba, siempre trucados, siempre marcados, te desviaste, jugaste solo, apostaste a negro, apostaste a rojo, apostaste a doble, apostaste a a ser dios tras el dios, sobre el dios, HiperDios... No te engañes, NovoDios, gana la Banca, gana la Muerte, gran CoñoDios que todo lo escupe y todo lo traga y entre medio todo lo llena de engañada esperanza... Descansa, no hay Tu Momento, no eres más que sueño, mentira, cieno...

Misterios de la Carne

 

 

 

Del foso de la nariz fluye el veneno en miasma y púrpura pandemia, bigote abajo, y luego labios abajo, y después la barbilla, resbalando hasta el cuello sin nuez, totalmente blanco, sin vida. Levanta el cuerpo  y lo sienta en el sofá, los brazos bajan como ramajes de pesadilla hacia el regazo; yonkis mostrando las picaduras; adictos pidiendo teta; espíritu desecho en demanda de cinco minutos más de falso éxtasis previos a la última agonía. Contempla la muerte en el rostro quieto de ojos calmados, transita por ella, dialoga, intercambian tarjetas para el choque por venir. Se filtra una luz como de dulce anquilosamiento tras una descarga de miorrelajante: los muebles y paredes adquieren el aroma de la risa y lo pusilánime, tararean canciones de cuna y aromas de añejo verano. Saca la navaja. Abre la hoja. Corta la piel de nieve escamada. Rosa negra floreciendo tras el tajo, el tiempo se alarga hasta un nudo de sisapsis colapsadas de contactos epilépticos. Parpedea, tiembla, segrega, excreta allí mismo bilis y heces y orines mefíticos. Sorbe la ponzoña a pequeños besecillos mientras sus pupilas son ya poco más que eclipses de mármol. Oscuridad. Oscuridad. Oscuridad. Silencio estallando Silencios. Sordo rumor de ventana zaheridora en la inconsciencia. Uno, dos, tres, la aguja del segundero comienza su amanecer y su avanzar en la esfera de lo Nuevo. El hipótalamo en reptil tantea con su lengua bicéfala el aire saturado y pestilente. Ya no hoy ojos. Ni necesidad: la tridimensionalidad ha pasado a ser juego de maternidades fosilizadas por la radiación venérea. Su saliva se ha juntado con el plasma yacente en las venas desbastadas del cadáver. La SombraSierpe abandona el encuadre, quedándose el foco justo en el centro de esa cara sin aliento tirada en la cómoda, toda chupada, exangüe, epítome del tegumento. Muda, sorda, capada... sus ojos están abiertos...

 

Torniquete

 

 

Caed, caed... refugiaros en la astilla del peñasco!

Caed, caed... abrid la sangre al ozono en embestida!

Caed, caed... mataos así, tan torva, exquisitamente!

Es hora de caer...

 

 

 

Bueno, "Anónimo", quienquiera que seas, felicidades, lo has conseguido, pleno, tú ganas, espero que rías a gusto y tan a gusto o más estés contigo mismo, con la persona que eres, si es que se te puede llamar "persona". Desaparezco.

 

Que brindes muy bien por todo lo que has arruinado.

Versos Maños

A vueltas con Zaragoza confesaré que uno de los momentos más gratos que estoy dispuesto a confesar aquí fue el encontrarme su Paseo de la Independencia rebosando poesía, así, como suena, quiero decir, tal como se lee... Versos aquí y allá, llenando los arcos del paseo, inundando sus aceras, rimas e imágenes y palabras resbalándote por la cabeza y hombros si es que estabas dispuesto a alzar la mirada; dejarte encantar. Se trataba de "Con la Voz y la Palabra. Poesía en la Calle". ¿Alguno se imagina una iniciativa así en una ciudad gobernada por la derecha?... Eso mismo, yo tampoco. En fin.

 

Os traje un par de poemas directamente de aquel Paseo de la Independencia, los dos que más me calaron:

 

"Cuando hayan transcurrido mil años,

acaso sólo seamos la fecha desnuda

que limita la aventura de la vida

y el nombre de una hermosa ciudad

que recorrimos con asombro"

                                                                                                             José Luis Rodríguez García

 

"La muerte, lo sabéis, es el más largo viaje

y lo hacemos tendidos en el suelo, quietamenete tendidos,

mientras la luz se alarga dorando lo distante"

                                                                                                      Manuel Pinillos

 

Si la muerte es como el resplandor helado y alejándose de una vela en nuestro viaje tendido a la nada, si es como la memoria de una ciudad verde que tiempo atrás acogió parte de nuestros contados júbilos, entonces la vida debe ser La Llama: una débil a la vez que furiosa llama, ardiendo y crepitando, derrochándose junto al lecho de un enorme río, consumiéndose frente a las puertas de una anciana catedral, escanciándose segundo a segundo bajo la sombra de unos jardines viejos y sabios; ese fuego moribundo en cuanto naciente, y por eso mismo tremebundo, indestructible... ni en lo vivo ni en lo inerte...

10 cosas bobas así a bote pronto...

 

La primera: La gata está por cumplir un año, le ha salido un bigote negro y está más o menos igual de enana que cuando me la trajeron. Soy un amo terrible; sigue en celo y yo sigo sin querer darle un poquito de gato...

 

La Segunda: El pasado martes visitó esta ciudad perdida de la mano de Dios (Reus, para los despistados) el ¿escritor? Jorge Bucay, alias Jorge Bukkake. Por supuesto no fui a verlo; tengo muy claro que ningún "alquimista del aliento" me va a decir cómo carajo he de sonreírle a la vida.

 

La de después: Un día antes de lo de Bukkake pasé el día en Zaragoza, ciudad confitera y de grandes mujeres. Muy grandes y muy golosas las mañas, sí señor... Por cierto, "comí" en un Burguer King y me quedé tan ancho, oyes...

 

Entre la de después y la siguiente: He decidido que puede ser buena idea volver a liquidar más de mi tiempo reabriendo "VideoaRenA"... Ahora sólo necesito reclutar a unos pocos lo suficientemente desquiciados como para escribir conmigo en ella.

 

La mitad: Creo que ayer cogí frío y ahora estoy constipado... cof, cof...

 

Otra: Últimamente no leo una leche...

 

Otra más: Últimamente no escribo una leche...

 

Y otra: Últimamente no duermo una mierda...

 

De lo cual derivo que:  mis "últimamentes" no tienen ni puta la gracia...

 

Menos mal: Quizá se deba a que tengo ya la mente "ultimada", esto es, finiquitada, es decir, periclitada; o sea, ¿en las últimas?

 

Bonus Track: ¿Se nota lo poco que tengo que contar? Bien podría haberlo dejado en "5 observaciones estúpidas así como el que no quiere la cosa..." y el resultado habría sido más o menos el mismo. 

 

Hasta luego.

Puppeteers

 

Te quieren fuera y te quieren a punto, te quieren marginado y productivo. Quieren tu miedo, quieren tu pánico, quieren tu perpetuo temor. Quieren tu cartera, quieren tu sudor, tu nombre en las listas de los dormidos, tu nombre fuera de las listas del paro, del seguro, de los pensantes; maledicentes, cínicos, aventuradores. Te quieren obcecado, te quieren hundido pero solícito, soñante pero engañado. Te quieren ahí, pero fuera, con casa pero sin alma, con letras y plazos y coche enecientos caballos pero sin espíritu veloz sobrevolando puertas. Te quieren en la habitación sin salida. Al borde de la cuerda, al borde de la cuchilla, al borde de la caja de somníferos. Te quieren a un paso de las armas, a un tan pequeño salto de la rabia. Te quieren rebaño, te quieren piara, te quieren pocilga maloliente previa al matadero. Te quieren cansado, te quieren reventado, te quieren a justo un escalón de la locura, pero siempre a uno y sólo a uno, ni en ella ni ajeno a ella: justo a un puñetero y último segundo de la sinrazón. Nada quieren saber de tu intrínseca música, de tu íntima verdad. Sólo tu número, tu código de barras, dígito de control, límite de tarjeta, nómina: original y fotocopia. Te quieren en bruto, negro y hecho un asco tras 10 horas de mina o 12 de encofrado; esclavo diamante. Te quieren en neto; limpio, resplandeciente, oliendo bien; en las bodas, en los supermercados, en los concesionarios, en los estadios, en las urnas, en las manifestaciones, en las farsas tras los atentados, hecatombes y genocidios; esclavo producto manufacturado. Te quieren postrado y te quieren refinado. Como un azucarillo blanco tirado al café negro de la rapiña. Quieren que seas feliz, que lo pases bien, encarecidamente felicísimo y con muchos hijos, muchos perros, muchos gatos, muchos respetables monovolúmenes y 4X4, y que ninguna guerra los haga pedazos. Ninguna peste los llene de bubones. Ningún cáncer/sífilis/sidazo les haga gastar un solo céntimo en un vacuo intento de cura, una estúpida esperanza de quizás vivir. Pero al tiempo la quieren. La aman. La desean lubricentes y salidos. Tu enfermedad. Tu agonía. Tu muerte. Que los maricones se enculen todos a oscuras y sin condón, que entre ellos se infecten y se borren de una vez de la faz de la tierra. Que las putas inunden las esquinas de herpes, ladillas y pus blenorrágica, y las arcas de los laboratorios de sucios denarios. Que los mariditos y las mujeritas follen lo justo y sin barreras, como manda el supuesto dios, y que llenen el mundo de vástagos y bastardos que engrosen a la larga las filas de los ejércitos de soldados, huestes de consumidores, divisiones de zombis sin voluntad. Y que luego ella lo engañe a él mientras él también la encuerna a ella; y los niños mirando, y las abuelas cuchicheando, y las familias susurrando, y no sé cuántas manos, en la sombra, frotándose untuosas. Hasta que ella lo deje y él la mate. A golpes. A hostias bien dadas. A puñaladas. ¿Y en el entretanto?: los interrogantes bien lejos. Las ilusiones bien lejos. Las pupilas brillantes eso mismo, no ya lejos: ¡apagadas! Sin color. Sin sabor. Sin dolor. Ellos miran por vuestro bien, cuidan de vosotros. Velan por vuestra ataraxia. Que no sufráis, no lloréis, no temáis, no penséis, no viváis, no luchéis, no lo hagáis… sobre todo eso, que no lo hagáis, lo que sea, que no, por favor, que ni se os ocurra tener iniciativa propia. Que no advengáis esteparios, unilaterales, unívocos, conscientes, derribadores... que no sepáis de la sangre en vuestra sangre… Eso quieren. Eso os quieren… Del “te” al “os”, empezando por “uno” y acabando con “todos”…

 

Don´t Try

Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes...

 

 

 

VICTORIA

 

Los tratos que hemos cerrado

los hemos

mantenido

y

al cercarnos

los perros de las horas

nada

 pueden

arrebatarnos

salvo

la vida.

 

Charles Bukowski                   

 

 

POTENCIA

Hay noches...

Umbrías lunas traicioneras

sin punto ni reflejo,

sin romanticona locura cenital.

Horas como de pulmón encharcado,

seccionada tráquea,

ventrículo en huelga

y aurícula en cuarentena.

Largas horas de agonía tan anchamente víricas

que un esputo de saliva bífida te parecería manjar

y un humor hepático en cancerígena automatanza

lo esnifarías ávido, entero hiperestésico.

 

Noches de cobardía...

Deyectantes lunas gríseas

de pusilánime ruindad;

insomnes minuteros ojerosos

aplaudiendo tu baba en miradas,

bobalicones pozos de pupilas embobadas

enlodadas

enmierdadas;

mente APUÑALADA

alma TRAICIONADA

tuétano YACENTE

posibles y probables y divinos devenires

tirados al retrete.

 

 

 

Noches en las que no debería uno dejar de cagarse

en diarrea;

limpiar de sí mismo el colón de lo real

aunque fuese sólo por vergüenza.

 

 

 

Mefíticas pardas lunas

en las que nada mejor que ser autocarnicero.

Pasarte a cuchillo.

Acostarte en la sierra.

Abandonarte rijoso a la degollina espectral y especular:

venderle al aire tu carne,

servirle al fuego tu sangre,

echarle al cieno tus huesos,

claro como está que ni los cerdos te comerían…

 

 

 

Noches sin sexo.

Sin pensamiento. Sin ferocidad...

Sin radiación umbilical bailando en los dedos…

Nocturnos en los que ser hombre es un insulto

por todo lo desaprovechado…

 

 

 

 

 

Hay noches a las que uno no debería sobrevivir:

Fraude de Fraudes,

contravenir el instinto

y levantarnos al fin la tapa de los sesos

por todos los sueños no atendidos;

deseos abortados;

pecados no cometidos:

talentos mal derramados…

Pagar finalmente el precio por todo lo que no quisimos ser.

 

 

 

Noches como ésta, como otras que amanecieron.

Otras tantas que vendrán,

en las que sólo la puntilla de un nuevo alba

escribirá mi necrosado nombre en las

LETRAS de ARCILLA y NIEBLA que MERECE…

 

 

Copado y rebanado

Bien, en lo que a escritura respecta hace ya semanas que el vaso no llega a ni medio vacío, eso salta a la vista. Pocas ideas. Malas ideas. Ganas, las justas. Y además hoy tengo uno de ésos dolores de cabeza: un migrañazo verdaderamente rebanador.

A pesar de todo, un día extraño el de ayer. La cabeza a revantar de demasiado pensamiento. Quizá por eso hoy me duele tanto la pijotera: demasiado pensamiento y poco cerebro para gestionarlo; acaba uno copado. ¿Cómo fue aquello que me preguntaste ayer, Paula?... "Qué crees que hay después de la Muerte" ¿Y qué podía contestar yo? Lo que casi siempre: nada, es decir, silencio, contesté con silencio... El mundo es para los vivos y lo de después queda para la muerte. Y entre medio nosotros, los morituri, es decir, preguntas seguidas de silencio...

Así que como ni hay mucho que decir ni tengo la cabeza como para decirlo si es que hubiere, me conformaré con dejar hablar a un añejo Schreck sobre lo de después, y mientras él toma la palabra yo me marcho a la cama, a ver si condigo dormir algo... confío que no eternamente.

Un abrazo.

 

_______

God?

 

Ya estoy aquí. Un día más.
Nada nuevo bajo el sol. Y ahora que le echo un vistazo a la noche, nada tampoco bajo la luna.
Un día más en definitiva. Sumado y restado, a tu vida y a tu muerte. Ya va quedando menos...
Sea como fuere, tienes que cuadrar caja antes de las doce te salgan o no las cuentas. No hay escapatoria; el día siguiente no va a concederte un respiro.
A mí hace tiempo que no me salen, aunque eso es normal, los números siempre lo tuvieron fácil conmigo, me han podido toda la vida, los abusones, y bien que se han ensañado con mi pobre cerebrito amatemático. La Divina Providencia no fue generosa con mis circunvoluciones. Me lanzó al arroyo armado con tal solo un puñado de pobres metáforas.
Estoy seguro, cuando sea que se acaben mis días, estaré allí, en pleno Juicio Final, y vendrá Dios, todo niebla y máscara cobarde y como naúsea de inexistir, y me hará la pregunta: Raíz cuadrada de 3700... Y en ese instante habré pisado mierda, como de costumbre, como toda mi puñetera vida, ¡y aún después de mis puñeteros días!
"Raíz de 3700 no, pero... pero... mireusté... si quiere le suelto unos versicos aquí mismo..."
’Tu barro en mi Carne,
mi Dolor en tu cruz;
mis hilos de acero,
como guadaña en cuello;
los tuyos de luz
tal que susurro en el cielo...
marioneta bajo Marioneta
aire sobre Aire...’
Y acto seguido me mandará al Infierno de una Divina patada en mi insolente culo.
Porque no os engañéis, de eso es lo que están llenos los Fuegos Eternos; poetas, filósofos, cínicos, cuestionadores de toda ralea; gente que dijo ¡Ey! tú... "No existes"... o "Has muerto"... o "No te creas que te creo"... o directamente, "¡Pedazo de Cabrón!".
Los jacuzzis del Paraíso, en cambio, están a rebosar de matemáticos e ingenieros. ¡Ah!, y también de presentadores de televisión, ésos camellos... Esos sí que saben lo que es luchar en vida por La Causa...
En fin, que se me va la olla...
¡¡¡Aceite de Oliva!!! Es verdad. ¡Qué gran invento! Rico rico de verdad. Acabo de cenarme una buena ensaladota y le he metido un buen meneo a la botella de aceite de oliva, un puñaete de sal, y listos: a jalar...
Le pueden dar mucho por saco a Dios y a sus jacuzzis llenos de acomodaticias calculadoras respirantes... Yo tengo el aceite de oliva.
Quiero decir que yo estoy aquí, ¿no?... ¿Dónde estás tú?
Quiero decir, ¿acaso te has dignado vez alguna a bajar aquí y probar este maldito aceite de oliva virgen extra? ¿Saber como sabe? Todo y lo que sabes -o se supone que sabes-. Sí, calla calla. Silencio. Eso sí se te da bien...
De modo que sí, aquí estoy, un día más. Aquí me tienes, cada segundo más cerca, más al alcance, porque no me salen las putas cuentas, y porque me están ganando para sí la atonía y la vileza. Me tienes, me tienes. Lo sabes. Lo sé...
Pero aquí estoy de momento, bajo un sol y una luna que no ofrecen nada nuevo, cierto es, pero quedándome el aceite de oliva y el vinacho malo.
Y las mujeres de bonita sonrisa, lejanas, es verdad, pero tan condenadamente bonitas.
Y también me quedan las malditas metáforas.
¿Y qué te queda a ti?
Venga, ya puedes empezar a sumar...
______

 

 

 

Firmado por Shreck tiempo ha...

Gourmet del Bueno

 "Gourmet del Bueno"

 

 

 

Comiendo un plátano a las doce y dieciséis

(A.M)

Mejor a ésas doce y no a las quince ni a las de después,

que luego las rimas se me hacen las estrechas.

Difícil rimar con quince y mucho más con siete,

y antes no tenía hambre y después ya a mi estómago

se le antojaba demasiado tarde.

Así que jalándome el plátano a y dieciséis;

unas dieciséis que ya pasaron porque si no

todavía lo tendría,

el plátano susodicho,

entre la boca y las manos…

¡Qué difícil entonces teclear en tamaña circunstancia!

Lo mejor que como en todo el día,

y no del que empieza, no…

Del que acabó:

¡Ahí es nada!...

¡Y qué no hubiese dado por una hermosa banana!

Debería dejar de comer mierda…

Beber mierda…

Tragar mierda…

Sí…

Dejar de darles la oportunidad de meárseme en la entraña.

Eso le obsequiaría como poco diez más al carné de mis años.

Vida sana

Vida plana.

Vida marrana…

Si la programación de sobremesa ya es del todo insoportable,

¿quién coño quiere quedarse a la carta de ajuste?

 

 

 _____

 

 

 

Reus, Ciudad Cadáver, 5 del 4 del dosmilseis, un plátano después...

Tempus Fugit, ergo Carpe Diem...

 

 

Un alguien preguntó a otro alguien una vez: "¿Cuántos años tienes?". "Éstos", respondió él. "Aparentas bastantes más", le apuntó el otro, a lo que aquél repuso: "Es que mi alma es de segundero lento..."

 

CONFORMIDAD

 

¡Cuánto, Señor, te debo por todos los momentos

en que pudiste hacerme sufrir y no lo hiciste!

Las horas del dolor suman tiempos tan lentos

que más que por la edad se envejece por triste".

 

Carmen Conde, "Mi Fin en el Viento" 

Voz a crédito

Una cita de Céline en "Semmelweis" que quiero compartir con todos vosotros:

 

"Nada es gratis en este bajo mundo. Todo se expía; el bien, como el mal, tarde o temprano se paga. El bien, forzosamente, resulta mucho más caro".

 

Te deja helado. Bueno, al menos me dejó helado la primera vez que se la leí, y todavía hoy lo sigue haciendo: cuanto más me la recuerdo más petrificado me deja: cuantos más días paso en esta vida más y más fuerte me golpea su verdad. Todo tiene un precio, y tan alto a veces que aun dando la vida, después, como fantasma, seguirías endeudado.

No se puede soltar al aire un beso, una mirada, una caricia, sin pensar que antes o después algo o alguien ha de venir por ti a cobrarse su precio. Ni siquiera los sueños, por mucho que se empeñe el tópico ese que dice que hacerlo es gratis. No. Ni siquiera soñar es gratis. Y el que piense lo contrario se me antoja un adicto de la ingenuidad.

 

Y las palabras... claro, las palabras... Las palabras son las menos gratuitas de todas. Las condenadamenete caras. Cada maldita letra cuenta. ¿De cuántas palabras puede uno servirse en este bajo mundo antes de agotar por completo su crédito?

Quizá ahora algunos que me conocen sepan por qué, de ordinario, hablo tan poco... 

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No sé si son los años, que empiezan ya a lastrar como lápidas, o los sueños terribles, que me arrasan el descanso. O quizá este estar muerto pero no muerto, tan sin pulso pero a la vez tan despierto, tan en espera de sangre nueva y fresca que me renueve y calorifique la tiesa entraña, el cuerpo frío. Tal vez sea eso, se deba a eso, este agotamiento, este vacío: necesidad perpetua en los ojos de cerrazón y oscuridad, dormirme los días sí, pero también entero lo nocturno y sombrío. Como decía el verso: “¡Dormir, dormir! ¡Toda una eternidad estar dormido”… Creo que necesito una dosis. Una transfusión urgente de los grandes maestros, su savia, su roja savia en forma de plasma de pensamiento, inyectármelo en vena, toda su sangre para adentro. ¿Cómo recargaba pilas Álex, el protagonista de La Naranja Mecánica, cuando se encontraba vacío? Escuchaba al Gran Ludwig Van… Necesitaría algo así, sí, sin duda, sorberle el seso nuevamente a mis grandes “Van”: Bukowski, Céline, Cioran… Miller y Beckett… Eso le daría brío a mis dedos: sed feroz de dedos sobre este teclado.

 

 

 

 

 

Hay un poema del viejo Hank, el gordo Hank, el grande Hank… el gran Charles Van... Se llama “Arrinconado”:

 

bueno, ellos ya decían que llegaría

esto: viejo, perdido el talento, titubeando con

las palabras.

 

escuchando pisadas

sordas, me vuelvo,

miro detrás de mí...

 

aún no, perro viejo,

demasiado pronto.

 

ahora ellos están sentados hablando de

mí: "sí, le ha ocurrido, está

acabado... es una pena".

 

"nunca fue gran cosa,

¿verdad?"

 

"bueno... no, pero ahora...?"

 

ahora

están celebrando mi defunción

en tabernas que yo ya no

frecuento

 

ahora

yo bebo solo

dentro de esta máquina

defectuosa

 

mientras las sombras cobran

formas

peleo en lenta

retirada

 

ahora la promesa que fui

mengua

mengua

 

ahora enciendo otros cigarrillos

me sirvo otras

copas

 

ha sido una hermosa

pelea

 

y aún

lo es.

 

Todos los vivientes somos vampiros pero sólo los escritores transcurrimos arrinconados, con el mono, en el estado permanente de carencia que media entre viaje y viaje, colocón y transfusión y atracón de palabras. Todos los vivientes hincan el diente en este o aquel cuello, esa o cualesquiera otras ajenas carótidas, pero sólo los escritores subsistimos arrinconados, persiguiéndonos cola y alma, mordiéndonoslas, matándonos día a día bajo los propios escorpiones aguijonazos...

 

Sorbiéndonos la sangre...

Mondándonos la víscera...

Urgándonos la mierda...

 

Es una hermosa

pelea

y siempre lo ha

de ser.

 

_____

 

 

 

Fdo: Schreck

¿Bailas?

¿Como era aquello que decía Nicholson, sonrisa en ristre, ojos de loco, justo antes de cargarse a los padres de Keaton?... "¿Has bailado alguna vez con la Muerte a la Luz de la Luna?"...

 _______

 

 "ISPAHAN"

 

Estaba preparando la cena tan tranquilo cuando sentí un terrible pinchazo en la cabeza. Fue entonces que una voz que no era mía susurró a mi alma... Ispahan...

 

 "Un joven jardinero persa dice a su príncipe:

- ¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahan. El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta:

- Esta mañana ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?

 

No fue un gesto de amenaza -le responde- sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahan esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahan".

 

Jean Cocteau, El Gesto de la Muerte

 

 

 

_______

 

Lo firmó Schreck, días atrás, cuando soñar era más grato...

En el tuétano...

El sábado desperté aterrado, durante la noche había tenido una de las peores pesadillas que recuerdo. Tuve mal cuerpo y peor mente toda la mañana y aún parte de la tarde. A eso de las 12 entré en una cafetería y me puse a escribir. Me había llevado la libreta de tapas azules a propósito. Estuve allí un buen rato describiendo mal que bien mi pesadilla. Como de costumbre, algunos "miraban", me llamaban loco con sus pupilas de vida en lo normal. Hasta que no quise seguir. O no pude, eso ahora tanto da, porque lo poco o mucho que conseguí trasladar al papel de aquel horrible sueño se va a quedar donde está. Al menos por ahora, al menos como pesadilla...

Hoy en cambio he soñado que dos personas muertas venían a verme, hablaban conmigo, charlábamos de lo que es estar muerto, de lo que fue estar vivo, y lo hacíamos de igual a igual, de tú a tú, como si yo también fuese ya uno de los suyos. Una de ellas era Emilio, mi primo, que se mató cuando yo tenía 17 años. Y cuando digo que se mató quiero decir exacta y literalmente eso: "se mató", se quitó de en medio... ¿Cuánto de como soy se lo debo a su cadáver de 18 años desparramado en el suelo de la habitación?

Sé que he llorado en el sueño y que así en palabras sin sonido y sin carne me he repetido un montón de veces "no es justo"... "no es justo"... "no es justo"... ¿Pero qué hay justo en todo lo que nos rodea? La peor sensación, no obstante, fue la de que todo, el aire, las caras, las pieles y alientos, eran transitorios a la vez que finales, como agua próxima a la catarata: todo estaba impregnado de un acre olor a realidad que se acaba...

Cuando he despertado esa sensación, ese aroma terrible, todavía me embargaba, lo sentía en mí, acomodado y plácidamente dormido en mi tuétano, si cabe aún más profundo. El regusto que te deja es mucho más amargo que el de la peor de tus pesadillas...

¿Por qué carajo escribo todo esto?... La verdad, eso no debería importarnos tres carajos a ninguno...

Teeth

 

TEETH

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Es como haberse salvado de un naufragio y desde la seguridad del bote contemplar cómo la nave desaparece lentamente; se ha puesto en pie, implorando, quizá clemencia, tal vez un final más rápido, al cielo, quién sabe a quién o a qué, mientras la popa, el torso antes flotante, va siendo devorado poco a poco por los dientes afilados y en espuma del océano. Casi puedes presentir toda la soledad y la negrura que se le viene encima para siempre, todo ese insondable silencio de sima abisal y de placton. Y mientras es a ti a quien tu espalda contempla...
Es como verse recorriendo unas paralelas sin destino y de repente toparse con la vía muerta, saberte en medio de ninguna parte y no ver en lontananza más que un horizonte insensible, asumir que puesto que no cogiste desvío alguno en alguna parte el viaje era ya un aborto antes de cualquier comienzo: ¡pero eres tú el vivo y la vía la muerta! Puedes caminar, remar, nadar, correr, no necesitas saber de barcos ni de trenes pues eres tu propio vehículo, ¿no?... Pero la trampa mortal está en el "adónde", ese allá que es tan sobrio y severo como los horizontes y tan discreto como todo lo que no existe.
Como observar el deshielo mientras te licuas, recíproco...
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 Fdo: Schreck

Schreck también soñaba...

"MOTO"

 
Me encontraba con alguien que se suponía era mi amigo, un compañero de aventuras, aunque más bien penurias viendo el panorama. Alrededor todo eran calles mezcla de favela insalubre, muralla derruida y zoco moruno. Agua estancada por todas partes: como encontrarse a los pies de un castillo de gloria y pasado largamente olvidados, ya sólo habitado por harapientos y tiña. Todo venía precedido de una acción que ya no recuerdo, el caso es que todo parecía muy dificil, me refiero a sobrevivir y todo eso, y de repente unos motoristas sombríos surgieron de la nada cruzando algo que daré en llamar puente levadizo: primero uno, dos, tres... y así hasta siete... Entonces la madre de él, que no sé qué pintaba allí ni cuándo ni cómo demonios había hecho acto de presencia, transformó su rostro en una máscara de pánico indecible.
Yo no entendía nada, era absurdo, del todo, porque iba echo un auténtico asco, como todos, y como todos sentía en el cuerpo la mordedura de la miseria y en los huesos el frío calándome hasta el fondo del infierno, pero en cambio todo era nuevo, no sabía nada de nada, de lo que pasaba y de lo que era en aquel lugar, de sus normas intrínsecas, ¡pero para sufrir las de Caín como todos el resto de miserables sí que era bueno!
Hijo y madre se miraron, intercambiaron sus mutuos rictus de pánico: "Si ahora hay un séptimo ya sabéis" ¡¿Un séptimo?! ¡¿Un séptimo qué?! ¡¡¡¿Sabéis?!!! ¡No, por Dios, yo no sabía nada de nada!; ni repajolera idea, pero ya tenía bastante con andar descalzo por el cieno helado como para encima ponerme a jugar a los acertijos. Aunque de todo esto no dije ni grité nada, estaba demasiado exhausto y asustado. Antes de que me diese tiempo a pensar más barbaridades comenzó a escucharse ése rumor: motores acercándose...
Y los motoristas terribles empezaron a cruzar de nuevo, 1... 2... 3... 4... 5... 6... ... ¡Dios!, no iba nunca a acabar todo aquello, a cesar aquel ruido horroroso... y allí estuvo, de repente... ¡el Séptimo!... frío y agudo y negro como un filo sajando de muerte un cuello suplicante... Era la señal del apocalipsis, o algo peor, porque todos empezaron a escapar en todas direcciones. La madre nos gritó que corriéramos y es lo que hicimos, él delante y detrás yo, por no sé dónde carajo, porque a aquellas alturas de pesadilla ya no tenía los ojos como para andar mirando por dónde pisaba tan mayúsculo era mi escalofrío.
Nos metimos en una casa, la puerta estaba abierta, daba a un gran salón inundado en tonos sepia y ocres varios. Una heterogénea mezcla de pistas de excalestric, peonzas y fichas de dominó rellenaban el suelo alfombrado. Pasamos de puntillas, poco a poco: al parecer una alfombra es siempre una alfombra, por más que te estés cagando en los pantalones de miedo o harapento seas. Pero di un paso en falso y golpeé una ficha que calló empujando a la siguiente, que cayó a su vez y a su vez empujó a la siguiente, que también cayó sobre otra, y así sucesiva e imparable y angustiantemente... ¡Alguna especie de juego satánico y mortal se había puesto en marcha sobre mis pobres espaldas y desde luego tenía todos los números para encajar toda la mierda!... ¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Dios mío!... Quería seguir corriendo, escapar, pero no podía, mi mirada estaba encadenada a las fichas y su caída, su recorrido serpenteante a través de la alfombra. ¡Mi entero y maldito destino corría endiablado con aquellas puñeteras fichas!
Pero no. La cadena se detuvo al segundo y no pasó nada. "Lo siento, amigo, no has conseguido tu premio"... ¿Mi premio? ¿De qué demonios hablaba aquel viejo? (Sí, de repente había un viejo de rostro torvo en una esquina en la que segundos antes no había nadie, pero bueno, así son los sueños, ¿no?) Miré el recorrido final de las fichas: la última de ellas caída al suelo, dos fichas más allá de la cual había una moneda de euro. Después continuaba la hilera de fichas de nuevo, todas de pie.
¡¿Una moneda de euro?! ¡Cabrones e hilarantes Dioses! Quiero decir que menuda tomadura de pelo, ¿verdad?, porque hasta entonces todo me había llevado a pensar que habitaba un mundo de todo menos europeo...
Y entonces desperté... con poca sed de sangre, todo es decirlo...
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Soñado por Schreck algún mediodía atrás...