Blogia

tannhauser

El día empieza bien...

Yo estaba soñando "Aliens. El Regreso", sí, tal y como léeis, la secuela de James Cameron, y si a vosotros os parece extraño imaginad la cara de estúpido que se me debió quedar a mí cuando dentro del sueño, más o menos consciente, pero sin poder salir, me di cuenta: "Tío... ¡¡¡estás soñando Aliens!!!" Bueno, siempre he sabido que bien de la cabeza, lo que se dice bien, no ando, de modo que esto es sólo otro refrendo. El sueño transcurría más o menos como la película, a todos los encierran allí y aquello se convierte en una especie de "Asalto a la Comisaría del Distrito 13" pero en bastante mejor. Humanos dentro, aliens fuera: los segundos quieren entrar y los primeros no quieren convertirse en menú del día. Hasta ahí correcto, ¿no?. Vale, pero entonces las cosas tomaron un rumbo inusitado, porque soñé una escena de interiores que no me sonaba para nada. Ellos estaban allí, como descansando, los aliens gigerianos estaban maquinando una nueva forma de entrar a tocar los cojones y gracias a eso se había hecho el silencio. Pero la sala interior no la recordaba, no la tenía en mis archivos fílmicos, así como tampoco el personaje que tomó la escena y la palabra y empezó a soltar una parrafada infecta sobre no sé qué que ya no recuerdo. Sobre una pantalla de ordenador sucia, un cartelito en letras azules: "Being engineer". Y fue entonces cuando todo corrido pensé un par de cosas. La primera: "Non capisco niente", es decir, "No entiendo una mierda", y la segunda, como negando la anterior: "¡Ah, vale!... ¡Coño!... ya lo entiendo... ¡Estoy soñando la segunda versión extendida del director!" Tenía que escoger, o eso, o reconocer que estaba dando acogida a uno de los más estúpidos sueños de la historia. Así que durante unos instantes oníricos y turbadores que ya se han evaporado estuve tranquilo, al fin y al cabo la culpa no era mía sino del Cameron: todo cuadraba en algún lugar, aunque yo dicho lugar lo sintiese tan lejos y como cayéndose a pedazos. Bien. ¿Bien? ¿Seguro? No sé qué deciros, porque a continuación todo se fue de madre. ¡De repente era de día! ¿Os lo podéis crees? ¡De día!, con sol y buen tiempo y todo... ¡y en la segunda parte de Aliens, nada menos!, que era de lo más humedo y cabrón que haya existido en sala oscura alguna, en absoluto recomendable para artítriticos y sufridores óseos de toda índole... Pues sí, de día, todo muy rojo, y muy naranja y muy siena, desértico y secador de garganta a más no poder: a algún guionista onírico se le había caído la cabeza, estaba claro. La sensación era como de ralentí, como la cámara de Peckinpah pero sin los cuerpos en escorzo y los vientres saltando hechos fosfatina. Una especie de fila de coches rojos y lacados, con toda la pinta de eléctricos, chocaban unos con otros torpemente, como guiados por un cerebro artificial cortocircuitado; tal que ascensores horizontales imposibles que quisieran bajar o subir, pero ni una y otra cosa podían, quedándose siempre a media planta. Luego aparecieron los "boots". Iban vestidos con traje y corbata y sus caras eran blancas e inexpresivas, tanto, que ni siquiera tenía facciones. Suponían una extraña mezcla entre los monigotes que utilizan para hacer simulacros automovilísticos de choque y esos muñecos artículados de madera que usan los estudiantes de dibujo. Estaban bailando extrañamente y como liándose una gran juerga, tuve la impresión de estar asistiendo al estreno de un videocilp de "kraftwerk" dirigido a la Lynch. En lo intrínseco del sueño yo sabía que algún hijo de satanás me había dado el cambiazo y ahora los aliens predadores se habían convertido en muñecos bailongos y desencajados, pero dentro del sueño como estaba, todo en tensión, los ojos como claustros catedralicios, no se me ocurrió ni susurrarle secretamente a mi inconsciencia: "Psst, psst, tío... despierta, que esto tiene cada vez peor pinta..." Conque allí seguí un buen rato, bajo un sol de justicia que cada segundo se hacía más y más grande. En aquel momento no lo sabía, pero lo supe nada más despertarme; lo del sol creciente y ardedor se debía a un cuento que leí justo antes de acostarme: "El último día" de Richard Matheson. Por qué lo leí es algo que ahora no viene a cuento, y por qué luego se coló en mi sueño es algo que no quiero alcanzar ni a sopesar. Ahí está, o estuvo, ¿no? Como los aliens-boots, dándoselas de Jackson en "Moonwalker". ¿Qué más sucedió después? ¿Qué si no? Absurdo y más absurdo. Un edificio con pinta de autobús londinense, de esos rojos y doble planta, el típico de Picadilly, sacó piernas y comenzó a caminar. Sí, como suena, es decir, como se lee, no preguntéis más porque al fin y al cabo yo allí sólo era un voyeur, es decir, un mandao que ni pinchaba ni cortaba. Luego vino una inspectora inmobiliaria con pinta de bibliotecaria estrechona y brujaracha, y cuando escribo vino lo que en realidad debería teclear para hacer justicia a la verdad del sueño es "aterrizó", sí, ¡con globo aeróstatico y todo! Empezó a inspeccionar todo el decorado, todos las paredes irreales del sueño. Tomaba notas y hacía gestos negativos con la cabeza como dando a entender que a alguien se le iba a caer el pelo: le iba a meter un puro de los de cargarse patas abajo y muy señor mío... Y así hasta que se acercó al contáiner oscuro en que todos los marines espaciales estaban encerraditos y cagados de miedo hasta las respectivas médulas. Los boots, al parecer, no sentían ningún tipo de interés y/o apetito por la funcionaria de marras, así que la dejaban hacer. Entonces desde dentro alguien comenzó a picar las paredes metálicas, y siguió picando hasta hacer todo un agujero. ¿Y quién sacó la cabeza por allí?: ¡Ed Harris nada menos! A aquellas alturas de barbaridad a mí ya no me sorprendía nada, de modo que deduje rápido: la aparición de Harris en Aliens, id a saber vosotros por qué cochinas causas, se quedó siempre en la sala de montaje, y como eso le tocó bien los mismísimos al gran actor por eso fue que años después, como recompensa, chupó tanto primer plano en "Abyss", versión normal, y mucho más en la Director’s Cut... Luego todo se fue un poco al carajo, no recuerdo mucho, me desperté enseguida: sé que Harris le pasó una nota doblada a la bibliotecaria y contemplé intrigado cómo ésta la desdoblaba, pero el escándalo del despertador ya no me dejó saber qué leyó en ella...

Lycras

La amargura es una carrera en la media de tu alma...

_______

 

"SNACKS"

 

Qué difícil escapar del pasado, aun cuando se sea joven, que es andar cuatro pasos en esto de la vida y ya está uno tan pegado a sí mismo que le es imposible desasirse, trasponer la propia idiosincrasia.


Está la película esa de Charlton Heston en la que había mucha gente, y todos comían galletitas hechas de humanos, ¡y aun así no paraba de sobrar más y más gente por todas partes!... "Soylent Green" se llamaban las dichosas galletitas y también la película, pero aquí la titularon "Cuando el Destino nos Alcance"; nada que ver con el film, como de costumbre, ¡¿pero y lo bien que quedaba el titulito de marras, oyes?!


En fin, a lo que iba, que está muy bien, el título sentencioso y lo demás, su poesía intrínseca, pero luego nada de nada, que el destino nunca te alcanza, y mucho menos te espera, porque siempre te va por delante, como a tres o cuatro vidas más allá de tu vida, o de tus sueños, dejándose ver lo justo como para que lo persigas, pero siempre guardando las distancias: así hasta que se cansa de correr, hacerte de galgo, y entonces le pasa el relevo a la Parca y, bueno..., una vez llegados a este punto poco más que hacer salvo, quizá, dejarte convertir en nutritiva galleta verde.


Porque lo que siempre te alcanza es el pasado, te agarra y ya no te suelta, se enamora de ti hasta el tuétano, hasta la víscera, y te dice: "Tú aquí quietecito conmigo, cariño, que eres sangre de mi sangre y sé qué pie calzas y de dónde cojeas... ¡conque a portarse bien!".


Así las cosas no me extraña que los haya que beban para olvidar, o transcurran la vida duermientes ante la tele, o con los ojos extenuados frente a los videojuegos, o cosas peores... ¡lo que no darían de su bolsillo, incluso de su propia sangre, por dejar de ser ellos mismos alguna vez!, aunque fuese tan sólo por minutos...


¿Sí o sí?

_________

 

Fdo: Schreck

El Pintor de Batallas

Hobbes y Rousseau se encuentran en un garito,  deciden tomarse unas birras y echarse unas risas. Luego se juegan a los dardos quién paga la consumición. Gana Hobbes, por supuesto. Clava la diana en su justo y perfecto centro, no ya por aquello de que el hombre es un lobo para el hombre, sino más porque la humana raza, ya se sabe, es el más hujoputa ente que ha parido este cosmos cabrón. Rousseau empieza a abrir su ilustrado monedero con triste mohín... ¿Y si en lugar de cervezas a los dardos se hubiesen jugado la vida, el honor, la integridad filosófica a un par de pistolas y veinte pasos de distancia? Entre otras cosas, probablemente, Pérez-Reverte habría escrito mucho antes "El Pintor de Batallas", y ésta, su novela, habría llegado a mis manos otro día distinto del 2 de marzo, y de muy distintas manos...

 

A estas alturas de panorama narrativo Pérez-Reverte sabe que si pegara un cagarro a un pegote de folios y si lo presentase mismamente así a su editor éste lo entregaría a las imprentas sin ni siquiera detenerse a olisquear. Sólo unos muy pocos están en este país de ilectores a tiempo de eso y Reverte no desoye todo lo que ello tiene de ventaja: puede escribir lo que le venga en gana y como le venga en gana, acabe o no desviándosele el lanzamiento del centro de la diana.

"El Pintor de Batallas" se me antoja un mal lanzamiento, difícil y escorado, pero de bella ejecución, lo que no deja de ser bastante. Para empezar ni siquiera es una novela, o como novela es del todo fallida. Si acaso es un monólogo con apariencia de diálogo platónico entre un hombre muerto y su fantasma, y el recuerdo de un amor al que asesinó. Y entre medio, lo mejor, es decir, lo que el autor tan bien domina porque lo tiene por la mano; estuvo allí y nadie mejor que él para recrearlo fresco, duro y cabrón en tu sinapsis: la guerra, la muerte, la sangre... la íntima y terrible desolación del superviviente entre cadáveres...

 

En el fondo, antes que pensar que sencillamente no llega como narrador, prefiero pensar que es que no le dio la gana, se la sudaba: Reverte sólo quería escribir un nuevo "Territorio Comanche", esta vez desde la orilla de la ficción: se lo pedían el cuerpo y la memoria, así como, tal vez, una poderosa náusea interior de volver a ajustar cuentas, girarle la cara a hostias al hombre y su estúpida naturaleza. Lo necesitaba.

 

 

Eso y pintar un cuadro, y hablar de pintores, por supuesto, darse un baño de lienzo y cultura, y a fe que lo consigue, y esto, después de las descripciones de la muerte y la barbarie, es lo segundo mejor con lo que se puede uno topar en el libro.

"El Pintor de Batallas" es, si se fuerza, una novela de tesis, tiene lo justo y necesario para ello, a saber, una tesis que apoyar y unos personajes planos, apenas algo más que sombra y boca, para representarla. ¿Y de qué tesis estamos hablando? De la ecuación del horror, supongo...

Faulques es el pintor de batallas, el hombre muerto encerrado en el ouróboros circular de pintar la foto de guerra que jamás pudo hacer en treinta años de turismo de muerte y destrucción: busca la cuadratura del círculo del horror justo antes de dejar de ser sombra, pues su cuerpo murió años atrás, en la carretera de Borovo Neselje, afueras de Vukovar. Markovic es el fantasma del pasado, el muerto de aquélla guerra, o de ésta, o de la otra de más allá; la memoria de Faulques está llena de Markovics de ojos desorbitados, las tripas fuera, tirados en cualquier cuneta. Olvido Ferrara es el fantasma del presente, está todos los días ahí, en su corazón muerto, arañando, preguntando... ¿Por qué, Faulques?... ¿Por qué?...

 

Faulques desoye sus preguntas, y por eso pinta la guerra circular; inacabable e infinita. No quiere escuchar a sus fantasmas y por eso se engaña buscándole matemática y geometría al horror, cuando ya hace tanto tiempo Conrad, o Kurtz, como prefiráis, dijo tan alto y claro y turbador de qué corazón provenía... y luego, años después, vino Céline, otro gran iluminado de la entraña apuñalada, y soltó aquello: "Porque en el corazón de los hombres sólo habita la guerra..."

Faulques lo sabía, Reverte lo sabía, en su fuero interno ambos, los dos uno, lo sabían desde buen principio, que el caos nada tiene que ver con lo largo de la línea de la vida. Que no hay destino. Que una mariposa bate alas, sí, pero que eso nada tiene que ver con que a ti, de repente, un francotirador apostado y criminal decida concederte un nuevo telediario. Que no hay línea más recta ni más corta, cual nudo corredizo, que la que liga una vida aniquilada con otra despuesta a aniquilar.

 

Como el mismísimo Einstein, pegado a la barra, observador,  hubiese dicho tras ver la diana Hobbesiana: "El Horror no juega a los dados..." 

 

 

Schreck

Bien, retomando el hilo: la vida es un constante rompecabezas mientras no te fundas, se te apague la luz en las pupilas o el tacto en la yema de los dedos... ¿Y quién fue Schreck? Buena pregunta. Si dijese que fue simplemente un vampiro, me quedaría a un buen trecho de camino, estaría a media verdad. Lo mismo pasaría si dijese que se trató de un muerto, porque en realidad ni una cosa ni otra la estuvo del todo, ni vivo ni muerto, que fue un no-muerto, aunque más cerca se encontraba en alma y sentimientos, bien es verdad, del no existir. Si dijese que fui yo pero sólo a medias, sólo lo más cadáver y de vuelta de mí mismo y los demás, acertaría mejor que con todo lo otro.

Schreck fue lo que quedó de mí una vez acabaron conmigo, me acertaron bien y cabrón el estacazo de gracia en todo lo hondo, tras lo cual se me fue herida abajo todo el alma y toda la sangre, quedándome solo y solamente con un vacío y un hambre predadores: vacío y oquedad de un vivir sin vivir, esto es, la no-muerte; y hambre furibunda de succionar palabras. 

Y ese fue Schreck, yo mismo, meses atrás, cuando ni hubo muerte ni había vida, que me quedé en tierra de nadie, inerme  y desbastado, atrapado en plena línea de sombra, tan distinto de hoy, de esta mismo ahora, por ejemplo, que tengo la sangre que la regalo a espuertas, que me rebosa y me rebasa ingobernable. Mas ahí sigue, aquí sigue, dentro y como en larva, latente y lactante, aguardando su momento, como todo el resto de cabezas que amamanto, tanto las que conseguí destapar como las que todavía reservo para mejor ocasión. Un hervidero de alienadas circunvoluciones ovilladas y espectantes.

¿Podría volver a ser él? ¿Resucitarlo? ¿Traerlo de nuevo a la no-vida justo ahora que segrego más almas y júbilos de los que puedo agotar?

Sería digno de ver, y mucho más digno será de leer si es que al final lo consigo. Por empeño de mi parte no ha de quedar...

______

 

 "NAKED"

En cierto modo no sé por qué estoy aquí; me prometí que lo dejaría todo, atrás y a medias, abandonado, para, al menos, intentar ser algo, otra cosa, no sé qué, pero algo distinto de lo que había conseguido hacer de mí hasta hace tan poco. Pero sigo aquí, y haciendo esto, escribiendo en busca de sangre... ¿Por qué?

Silencio...

Hay que estar un poco loco y bastante muerto para volver a probar semejante singladura: sentirse ajeno al aire y las nubes. Debería estar frente a la máquina en blanco o el papel escrito por otros, creando o aprendiendo, pero no esto, de nuevo caído al último escalón de mis probables, agonizando, como Faulkner en más de uno y dos mil de sus días; seguramente.

No quiero soltarme de nuevo: me retengo, no quiero correr el riesgo de volver a derrarme en todo este suelo irreal, aunque podría, sé que podría: sería tan fácil dejarme llevar otra vez por las palabras...

Me pregunto qué tendrán, Ellas y vuestra Sangre, que tanto me llaman... como sirena... como muerte... como oscuridad seduciendo velas...

________

 

 

Derramado por Schreck hace algún tiempo, en algún lugar...

Hydes

La de máscaras que he tenido a bien calarme desde que entré en esto de los blogs y todavía no he aprendido a mentir como es debido. Así no hay escritor que salga de parte o entraña alguna, está visto, y más que visto comprobado que no doy con el antifaz adecuado, ese que al fin me destape, si es que en verdad hay algo que destapar.

 

Y ahora muchos me dicen que estoy acabado, incluso que los he traicionado, que ni falta haría que cerrase por tercera vez TannHäuser porque ya éste se halla más muerto que agonizante, y además con el cuchillo traidor clavado en toda la espalda. Por mi mano, por supuesto, o por mi beso de Judas, práctica labial y arrabalera que al decir o pensar de no pocos que conozco o conocí se me debe dar tan requetebién.

 

Si has dicho según qué cosas y las has lanzado al vuelo, tal que así, para que vengan otros quienesquiera engulléndolas y haciéndolas todas suyas y como artículo de fe, después, por lo visto, ya no tienes derecho a ser feliz; te caen reproches a diestro y siniestro. De cierto tiempo a esta parte conseguí afinar tanto mi puntería sobre la melancolía y la inesperanza que bien parece que por semejante mérito ya no pueda ni deba ser -o representar- más que la pequeña máquina de odio y tristeza en la que tan bien he sabido encajar este mi rostro azul y sin ojos. Ya no queremos a otro que no sea el tan óptimo bardo de abismo y sombras que nos has demostrado ser, Javi... 

 

Hablo para unos pocos que saben y por lo tanto comprenden. El resto, por faltarles información, tal vez se interrogan, o quizá -muy juiciosamente- ya han desistido en esta lectura. Aun así, y pese a lo que a veces tantos digáis, algo siempre pienso que se entiende de cuanto digo, se capta, aunque sea sólo en la superficie y como de refilón. Me esfuerzo por ser al tiempo todo lo críptico pero también todo lo certero que me permiten mis posibles.

 

¿Y qué debería hacer, pues, ahora? ¿Renunciar una vez más? ¿Regresar al silencio? ¿Tal vez rendirme a la servidumbre de una amargura prefabricada y pusilánime? Los hay que ya habían comprado asientos de excepción para mi suicidio en vivo y en directo y ahora de repente he decidido sonreírle al mediodía. Y en el averno no les devuelven la pasta pese al suspendido -¿o aplazado?- espectáculo. ¡Qué tremenda putada!, ¿no?... Tal vez, tal vez...

 

Lo cierto es que sí, que mi autoaniquilamiento, por ahora, habrá de esperar, y muchas menos ganas tengo de renunciar y postergarme de nuevo. Si habrá o no habrá  más lágrima o llanto, quejido o desolación, sólo el mañana tiene respuesta: sabe Dios que los puede uno encontrar tirados de precio en cualquier esquina, casi buscándote, quién sabe si no con tu nombre y apellidos bordados en la solapa.

 

De todos modos creo haber sido bastante más, es decir, bastantes más. Haber incorporado muchos más Hydes y no con poco éxito. Fue Replicante soñado primero, y DeMente después, para más tarde ponerme en la carne, los siete en uno, de El Vaugan, Brandelmosca, Migrañas Ryvok, Perraco, Novia Ensangrentada, Doctor (c)Abronsius y Digestivo Rennie... Y una vez muerto y enterrado, finalmente, revine de la tumba, colmillo en labio, como Schreck, un eterónimo que sólo unos pocos de los que seguís ahí conocéis.

 

Así que como me sé bastante más que la suma de mis odios y amarguras, sería este tal vez un buen tiempo para recuperar aquí a todos esos que fui ahora que el cínico desengañado y terminal está algo así como de vacaciones. Dar cabida incluso a nuevas y locas mentalidades, no sea que un día se le ocurra volver al aguafiestas -porque quizá no le quede otro remedio- siendo esa como es su inmanente esencia, esto es, hermano del absurdo; cruzado del abismo.

Feliz o no.

Con ilusión o sin ella.

Hoy, mañana y siempre.

Hasta la oscuridad. 

 

¿INFINITUD?

A Pascal

 

¡¿Y qué crees que es la infinitud?!
¡Sí, a ti te hablo!...
Universo…
Cosmos…
Gran Todo…
A ti que te haces nombrar en mayúsculas,
cual si dictadores ardidos en la historia,
como esos falsos dioses a priori.

 

¡¿Crees acaso que envidio tu vastedad?!
¡¿Tu inmortal poder de infinitud?!
Y te me ríes en la cara
enseñándome dientes de estrella,
labios en nebulosa,
tan seguro de tu magnificencia,
burlándote silencioso de mi supuesta pequeñez.

 

No creas, empero, que me arredras…
¡¿Cuántos somos aquí David, cuántos Goliat?!...

 

Yo hallo en mí el don del pensamiento,
albergo conocer,
imaginar,
soñar,
cantar poesías capaces de
resquebrajar tus paredes siderales.
Crear de la nada
infinidad de ficcionales vidas
y a mi antojo modelarlas,
arrugarlas,
desastrarlas,
acabarlas y de nuevo empezarlas…
 

Y tú nada sabes de eso...

 

 

Yo puedo sentir
la lluvia fresca y torrencial lavar mi rostro,
el calor de un blanco de luz en la piel,
los ojos bailarme ebrios de colorido;
oler la vida,
saborearla,
también padecerla,
sufrirla terrible en los más vivos dolores…

Y tú nada sabes de eso...

 

 

Y tengo amor,
pasión por alma ajena;
quererla,
amarla,
desearla más que nada
entre todo lo creado;
poseerla,
penetrarla
siendo a la vez penetrado
por la hoja lábil del placer,
ambos cuerpos sudorosos,
deslizantes,
siendo los dos Uno,
de la luz del divino orgasmo pintados…

Y tú nada sabes de eso...

Y moriré finalmente,
advirtiendo cómo el aliento
se escapa de una vez y para siempre;
y nuevamente sonreirás creyéndote vencedor
de un juego que sólo tú conoces,
mientras yo traspaso final
los umbrales del todo y de la nada,
para siempre,
abandonándote a tu suerte
en ésta, tu maldita infinitud…

Y tú nada sabrás de eso...

Azúcares

Reflexiones en lo hondo de la medianoche. Una pizca de música, un poco de café cargado, un algo de tibia penumbra, y ya puedo intentar hilvanar ideas, conceptos, latitudes de pensamiento...

Se me vuelve a dar mal seguirle el paso al día a día, a cada instante lo adelanto o me rebasa, y cada segundo quema, cada momento cuenta. Es como un prurito dulce, almibarado, o una sarna voluptuosa: me deshollaría vivo, me arrancaría a tiras, antes que abandonarme a la apatía de un no rascarme o la adormidera pomada.

Esta tarde caminaba hacia el trabajo, llegaba algo tarde, como de costumbre, sólo lo justo, aunque esta vez no fue a propósito. Palabra. Aunque ya sé que no la creeréis, y de hecho, mucho mejor para vosotros si no lo hacéis. Las calles estaban impregnadas de churretones de gente caminando, trajinando, bajando y subiendo, la mayoría con una alocada prisa por llegar a algún otro lugar. Pensé en un pícnic insólito, en un pedazo de tarta abandonado o una extraviada tostada, untada de mermelada, o de mantequilla, o de ambas al tiempo, y en su superficie empalagosa hormigas. Hormigas que se movían la mayoría, aunque unas pocas estaban quietas: ya unas cogían su pedazo y se marchaban mientras otras tantas retornaban a la rica pringue desde casa. Caos. Y orden. Indisolubles. En las hormigas y en la gente, en uno mismo, que tan mezcla es de vida como de imposible, a todas horas, incluso hasta cuando de camino al trabajo gira la vista para mirar los adentros de un escaparate, buscando...

Vi a un barrendero parado en la acera, pequeñito y delgado, de piel atezada y mostacho blanco: un taras bulba de ocasión y envejecido. Fumaba un puro y perdía la mirada en algo situado a mi espalda. Una hormiga quieta: ¿ahogada en el lodazal azucarado?. Quién sabe. Luego apareció el niño grifado:  la madre lo empujaba cochecito arriba y él agitaba los brazos y tenía una expresión de felicidad totalmente ida e innatural, nada infantil, y por supuesto del todo escamante. ¿Qué clase de "dulce" le añadían al biberón del pobre chaval para que se callara? Y bueno, luego también estaba yo, ¿no? ¿Qué clase de hormiga estaba siendo de camino a esa alguna parte que a cada instante nos tira del hilo? Eso habría que preguntárselo a otros distintos de mí, desde luego; seguramente más de uno y de dos coincidirían en describir una hormiga pasado el metro ochenta, los casi 90 kilos, barba de una semana y cara de pocos amigos. No hay quien no esté atorado en esta mermelada hasta las mismísimas cachas.

¿Se entiende algo hasta ahora? ¿Menos todavía que el anterior? ¿Es esto más o menos tannhäuseriano que todo lo que me ha precedido? Sin quererlo, al parecer, he dado con crear un sello, una marca registrada que ni el más desquiciado de los editores se atrevería a auspiciar. Hace tiempo que he renunciado a decir las cosas como se supone que hay que decirlas. No quiero ser cómodo, ni mucho menos asequible: soy un cabrón que os quiere ver trabajar; bailotear vuestras sinapsis a un ritmo ajenado e inmisericorde. Aquí no se viene de pícnic y mucho menos se encuentra uno de repente en el suelo un pedazo de pastel con el que tomarse un dulcificante respiro.

Al fin y al cabo mirad ahí afuera. Las calles están llenas de hormigas, repletas de gentes, a reventar de historias, de todas las cataduras, para todas las edades, incluso las hay X, e incluso más allá, triple XXX, aunque éstas, eso sí, siempre bajo manta o tras pared, o en pensamiento torvo... Basta sólo con observar en lugar de mirar. O eso creo. Vampirizar con la retina lo creado, se mueva o no, viva en la rosada carne o el cemento seco.

Es un poco la maldición de todo el que escribe, que se ve un poco en las pieles blancas y muertas del Nosferatu, chupándole la vida, la sangre y las historias a todo lo que lo rodea. ¿De qué hablar si no? ¿De qué escribir? Uno es para sí mismo siempre un plato demasiado pequeño e inaccesible: nunca acabas de poder devorarte porque no terminas jamás de encontrarte, y para cuando te encuentras -no siempre lo consigues- los cubiertos de los que dispones no son los apropiados: como atacar un bistec muy hecho con palillos chinos...

Así que no sé cuál es mi sello, ni tan siquiera si de tenerlo lo quiero: tal y como yo las leo, todas mis palabras, desde mi lejana primera hasta éstas, mis últimas -por ahora-, no han sido más que calentamiento; preliteratura.

Estoy todavía a la espera de que la vida me hinque bien adentro y certero el colmillo, más si cabe de lo que lo ha hecho hasta hoy, para entonces sí; tener algo que contarme... 

Secreto

 

De repente me queman los segundos como ascuas: las manos atadas con clavos y espino a un pedazo candente de hielo; atravesadas y crísticas como las de Rutger Hauer en el 2019, allá cuando su hora de morir. Luz nuclear y devastadora en estas palmas en cuenco y estas yemas de huella alisada por la radiación. La muerte en la punta de mis miembros. Una estrella en el ápice. Odio de dios en la rampa de lanzamiento, aguardando órdenes. Sin poder separarlas, demembrarlas, porque me son ya ambas toda una: esfera cataclísmica de pálpitos y aceradas sensaciones. ¿Y si consiguiera desunirlas?; ¿fisionar su núcleo de pavor? El destino se desencadenaría a mí alrrededor como avalancha. Como júbilo. Como miasma.

 

Es como saberte el cuerpo en llamas, tu piel desintegrándose, y no poder correr, saltar, aullar en demanda de auxilio: si te mueves lo más mínimo una hoja descenderá de la oscuridad y de un zarpazo te ha de rebanar el pescuezo. Así que no te mueves, y mientras te consumes; y aun así no te mueves. Y estás ardiendo hasta el hueso. Y no te mueves. Cada segundo es una mínima y voraz combustión espontánea: no puedo hacer nada. Por más agua que trague o nieve me vuelva este roja inquietud no se apaga. Ni palidece. Ni se arrepiente. Ni mucho menos se acobarda.  

Me doy cuenta de que no sé muy bien cómo expresar lo que quiero decir. De que en realidad no quiero siquiera decir eso que siento y digo que no consigo expresar. Que no hago más que trabalengüas como este para postergar la hora de enfrentarme a mis intenciones para con estas palabras. Por primera vez siento la necesidad de morderme la lengua. Es extraño este impulso de tornarme negro y duro y escorpión, y clavarme a propósito el veneno antes que abrir la bocaza. Traicionarme en gran medida así, dejando plantado al forense que siempre me he preciado de ser para mis propios restos desparramados en el folio.

Aunque eso sí, a un muy alto precio: siento como tanto de lo que he pensado y casi todo lo escrito se ha vuelto contra mí, casi puedo imaginarle en la mirada como prepara su venganza. Palpo incluso en este aire acre su querer avalanzarse sobre mí y traspasarme de un imperceptible sablazo. Yo lo entrené, lo hice día a día a base de entreña y odio el arma letal que ahora es, y antes o después todo hijo tiende hacia la muerte del padre; su asesinato.

 

¿Podría defenderme, plantar batalla una vez más, esta vez contra este boomerang mortífero surgido de mi más terribles huecos? ¿Esperaré su embate y mi muerte con los hombros caídos, su victoria y mi sangre con la cabeza gacha? No sé. Tal vez me queden un par de ases en la manga, podría quizá darle algo de guerra a ésta, mi propia magia ansiándome dar el beso de los treinta denarios. Aunque para eso habría de tener libres los brazos, desasirme: ponerme en guardia y soltar la bomba, admitir de nuevo el sinsentido por el sinsentido y dar una vez más rienda suelta a la destrucción. Un choque de abismos del que no saldría con bien ni el apuntador.

 

De modo que no voy esta vez a dar con la forma de expresar esto que me tiene en penumbra y ardiendo, todo y saber de sobras el tamaño de sus alas y el fulgir de sus ojos negros. Voy a engullir completos mis puños en forma de muerte cegadora dejando que explote en mi garganta. Dejaré que me consuma el hielo, que el espino se haga fuerte en mi seno, y no alzaré siquiera la vista cuando sea que mis propias palabras vengan a cobrarse en mí su justo desquite.

 

Por su bien espero que al atravesarme el cuello no se dé su sable de bruces con mi secreto...

Ni las galaxias lo resistirían...

ENCRUCIKASPAS

 


Hoy... Al estilo Safranski...

 


Me hallaba yo tras el mostrador del todo inoperante y cariacontecido ante la duda: el crucigrama periodiquil me estaba dando muchos problemas: "Hiperplasia benigna de Trócola", horizontal, siete letras... Todo un reto para mi apático intelecto, hay que reconocerlo, y reseñarlo no estaría demás, qué cabe duda. No tenía más que una mesa ocupada, triste es decirlo, el resto de mi hermoso y del todo cándido negocio se hallaba tan desértico como una masa blanca y fina y sin guarnición. Y además mis únicos clientes estaban resultando un algarábico tostón de lo más inconcebible: no sólo llevaban ya más de dos horas con sus consumiciones iniciales en masas y alcoholes varios sino que además armaban un follón que para qué les contaría si es que en verdad estuviese cualesquiera de ustedes escuchándome. El peor de todos era uno gordo y pelirojo, a todas luces extranjero o descendiente de eso mismo, como poco de americana ascendencia, que no hacía más que repetir a voz en grito: "¡Anda que no te gusta a tiiiiiii... el pan de picooo!", memez tras la cual se sucedían unas carcajadas rimbobantes y acartonadas, sin duda todas ellas carentes de la más mínima teología y geometría... Total, que me estaban dando ya la murga demasiado aquellos diez impidiéndome dejar al pairo la vela de mi concentración, e imaginar al fin de una vez por todas qué clase de vocablo de siete letras podría provocar una hiperplasia en la trócola... ¡y además benigna! Un esalofrío caliente subió perineo arriba y un sudor frío bajó hipotálamo abajo (valga el redundante pleonasmo) para juntarse ambos como en una explosión atenazadora justo en el centro de la mi miloxa, hígado a la derecha... Así que estaba madurando sensible y probable e incluso hasta meridianamente hacer uso de mi derecho de admisión y echar a patadas a aquellos nefastos poppyboys, vedándoles en el empeño, "ad eternum" y "ad nauseum" e "in permanentia conditione" futuras juergas en mis humildes paredes, cuando di la vuelta al crucigrama dando con una sinpar y entrañable columna de crítica cinematográfica que ipsofácticamente captó mi atención y me hizo olvidar a tanto tardoadolescente barato de alcantarilla y su dichoso pan de pico. Lo que leí fue lo siguiente:


 


CINE KE TE CAGAX

por Káiser Yo Sé


 


La semana entra movidita y con ganas de llevarnos a todos derechitos al cagadero, estimados cinevidentes, con nada menos que cinco  estrenos, cinco, de la más infumable y barriobajera catadura. Vayamos ya a ello pues no en vano la vida humana es corta y perecedera en comparación con la Ubicua e Inmisericorde Kaspa de Diox:


 


- "Mi otro Amigo Mac". Casper Van Dien en otro "tour de force" interpretativo y lacrimero, después de su aplaudido (¿alguien sabe por qué demonios?) cambio de registro en "Tulipanes de Titanio", también conocida, bien es sabido, como "TT", como bien sabido fue que todo aquel invento no fue sino una maniobra comercial propiciada por la automovilera alemana Maudi. En "Mi otro amigo Mac" descendemos a los infiernos existenciales de Max Star (sic.), un reputado y joven broker cuyo éxito sufre un brusco y definitivo -y literal- freno al ser atropellado por un carro de golf a transistores fuera de control. Tetraplégico y parapléjico, y para más inri, ¡también en una silla de ruedas!, su único punto de contacto con el mundo será el regalo de su ex, y digo ex, sí, porque en cuanto ésta se entera de que ya no habrá más "tema" pilla las de Villadiego y se fuga con el mejor amigo del encargado de atrezzo. El dichoso regalito de la dichosa arpía es un ordenador Mac, que no sólo hace las mil maravillas y se conecta solito al internete, sino que también es capaz de hacerse cargo de la compra, cambiar los canales de televisión y hacer desaparecer las kakas del impedido como por arte de magia. Pero la historia se tuerce cuando una furibunda pasión instintiva, básica y del todo binaria surge en el corazoncito en forma de CPU de la computadora para con su amo... Puntuación: 1.5... Para frikis irredentos de la informática ciencia y amantes de los melodramas botulíticos...


 


- "The Golden Zombi-Mummy Girls". Los Estudias Mixar y Dixar y el laboratorio biogénetico Yinks han coproducido -nunca mejor expresado lo de copro- esta mítica rentré en la gran pantalla de aquellas cuatro viejas de pelo canoso y vis cómica del todo inexistente. Los coproductores éstos, en lugar de invertir cerebros y dinero en salvar al continente negro del hambre o a las ballenas de los japos, han puesto en juego toda su pericia infográfica y bioquímica para resucitar a las dichas abuelas tostón en carne y hueso y bit corolífero, para meterlas de lleno en la aventura asombrosa de encontrar una solución limpiadora de dentadura postiza antes de las 5 en el primer día de las Segundas Rebajas... Puntuación: 2... Si tienes previsto suicidarte en las próximas 24 horas no pierdes nada echándole un vistazo...


 


- "¡Yo soy Espartaco!". Dirigida por el clon gonádico y malalechero de Stanley Kubrick llega el gran bombazo de la temporada (a juicio de tantos descerebrados): la secuela de "Espartaco" que va justo antes de la verdadera secuela de "Espartaco", es decir, la "Mediocuela" de "Espartaco", la gran epopeya romana filogay del auténtico Kubrick, protagonizada por el todavía hoy soprendentemente sobreviviente "Kirk Douglas". Y cabe decir que a poco que te despistas lo consigue, la mediocuela, mediocolartela y casi casi entera, pero si tienes un poco de vista y otro poco de tacto, con otro poco de suerte y un par de huevos que le eches, puede que salgas de la proyección sin que te la hayan hecho tragar cuadrada. El mejor momento de este film sin par ni inpar ni pasa es ese en que en mitad de la furibunda pelea inicial por ver quién coño es al final Espartaco, Tony Curtis se confiesa: "Sí, sí... lo confieso... ¡Me gustan los Caracoooles!"... Puntuación: 3, 33 periódico... Abstenerse todos aquellos que gusten de las almejas, clarostá...


 


- "The ReTerminator". Arnold Sparzemierder y su misma mierda de siempre... Después de su aventura gobernadora y electrificadora de reos a muerte, el gran Hito del cine hipermusculado vuelve a probar las mieles de la casquería hiperglicerínica y palomiterosa. Con la cara más bolso que nunca y el hígado más despanzurrado que se le conoce, vuelve a la carga el mítico T-800. No perderse bajo ningún concepto el pequeño cameo de 2 milisegundos del ínclito Bruce Campbell, en un papel clave para la trama... Puntuación: ¡No me jodas!... Para todos aquellos ingenuos que creyeron que esta basura iba a "terminar" alguna vez...


 


- "La Incógnita Brunelleschi". Basada en el best-seller internacional de Dan Brown, una nueva entrega de la saga protagonizada por Tom Hanks y dirigida por Steven Spielberg. Tras las infamantes entregas precedentes de la serie: "El Código Da Vinci", "El misterio Chopin", y "El Enigma Beckenbaüer", nos topamos -y de bruces- con esta conclusión -¡Roguemos a diox que así sea!- a la trama en la que, al final, ¡oh, sorpresa!, se descubre que la Cúpula del Duomo es en realidad una antena radio-faro wireless en permanente contacto con la 8ª dimensión y la Catedral de Segovia el peor lugar en el que hacerte un pequeño corte en el introescafoides: Mortal de necesidad... Puntuación: -273º... Para amantes de las "Güenas" historias, qué duda cabe...


 


Cuando terminé de leer tan iluminadora columna los poppyboys se habían marchado y la pizzería se hallaba sumida en un profundo y placentero silencio. Noté de repente como si un aroma de fina y vengadora geometría invadiese mi pituitaria: me sentí tan bien con mi mismidad misma que decidí cerrar antes de hora e irme al bar más cercano a beberme una buena cerveza y fumarme un lindo purito...


 


_______


Para captar la esencia completa e intrínseca de este singular bromazo el lector interesado y y poco cabal debería darle una oportunidad a las siguientes tumefacciones:


 


Al Estilo Kamikazecowboy

 


Al Estilo Katakrek

 


Y al Estilo TannHäuser

 


 


Creo que huelga cualquier tipo de comentario...


¿Te gusta conspirar?

Despiertas y en lugar de hacer lo de siempre, es decir, desperezarte, buscar a tientas las gafas y levantarte de camino al lavabo, te paras un momento a pensar, en silencio, todavía recogido en el calorcillo de las sábanas y las mantas, con los ojos ciegos, abiertos a la semiorscuridad del dormitorio. Piensas. Nada en concreto, pero piensas. En instantes así podrías llegar a pillar a Dios in fraganti colocandónos estratégicamente los cepos: ¡Tiene un pandero realmente gordo, casi ubicuo, y hace por lo menos tres o cuatro evos que no se afeita el muy guarro!

Quiero decir que en momentos así puedes llegar a verle las costuras al absurdo, las palparías incluso a poco que sacases los brazos del lío de mantas y en sus hilos de espino te dejarías las yemas de los dedos: estás tan cerca de la luz del sueño todavía que su poder te recorre aún venas y sinapsis: la realidad se encargará enseguida de lavar todo eso, dejarte yermo de verdedera visión, pero por el momento ahí estás, ni te has movido siquiera, ni amago de hacerlo; simplemente has despertado, abiertos los párpados al día, y soltado los perros de tu mente hambrienta en busca de presa. No hay cazador que no pueda a su vez ser cazado, y el de Arriba, por qué obviarlo, ha sido siempre todo un confiado. 

Son, no obstante, pequeños instantes, rápido se esfuman porque algún funcionario divino sí está en su puesto y da la alarma: no es bueno que Despertemos, que lo hagamos así, con mayúsculas, de verdad y en serio, de modo que Lo Real no tarda en venir a envolverte con su manto de languideces y monotonías: el tiempo apremia, llegas tarde a trabajar, te estás meando desde hace horas, y encima tampoco es que te viniese mal un afeitado: los cepos aguardan ávidos tus extremidades...

Segundos de lucidez antes de doblegarte ante un nuevo día. ¿Pero existe realmente eso que llamamos lucidez? Que conteste el silencio, yo no me atrevo. Te preguntas qué demonios estás haciendo aquí, sí, lo haces, así: "¿Qué demonios hago aquí?", y si te quedan todavía unos mínimos de cordura en los adentros vuelves a dejar que conteste el silencio, porque de intentarlo tú estarías perdido: no sólo llegarías tarde a trabajar y sin afeitar, sino que probablemente ni irías siquiera, ese día ni aun el siguiente, ni el siguiente, ni el de después, hasta que al fin te dieran la patada o bien tus vecinos empezasen a notar un olor nauseabundo a las tres semenas...

 

Supongo que éste es otro de los varios motivos que me traen hasta esta silla y esta pantalla, formar parte de una especie de subterránea Resistencia: "conspirar contra la Realidad" a través de toda esta masa informe de pensamientos. Soñar, y no dormido, que algún derrocamos al Tirano y, nos lleve eso al infierno al que nos lleve, nos liberamos de una vez y para siempre.

 

 

De Humo y de Sombra

El sol empieza a decir hasta aquí llegué por hoy, chicos, mañana más de lo mismo. La cafetera en el fuego, haciendo su trabajo, rumoreando café hirviente a lo largo del pasillo. El gato tras la cortina, mirando la calle como petrificado. Y yo aquí, sentado aquí, dándole caña al teclado. Una tarde que avanza y un domingo que declina: el tiempo merendándosenos a todos otro poco. Imaginaos al Tiempo, pero imaginadlo como TIEMPO, así, es decir, como GRAN TIEMPO, es decir, casi así como "¡Pero qué grande eres, TIEMPO, hijolagranperra!": como si después de hacéroslo carne de imagen en el cerebro os entrasen automáticos deseos, e irrefrenables, de musitar "Amén" y bajar la cabeza santigüados. Bueno, ¿ya lo habéis probado? ¿Qué ha sido? ¿Qué pintas tiene? ¿Se parece a vuestro profesor de matemáticas de segundo de algo, siempre suspendiendoos? ¿No? Bueno, el mío me lo he guisado muy anchote e hinchado, como un globo a punto de estallido o un condón que no ha ya de ver jamás la oscuridad tan febricentemente anhelada por su comprador. Como un prestamista pusilánime con bocio. Fuma habanos y más que fumarlos los mastica, también le observas siempre restos de comida en las comisuras de los labios y el aliento le apesta a col recocida. En resumidas cuentas, mi Tiempo es un auténtico podrido. Y siempre tiene hambre, el tío: siendo día sí, día también, esa comezón inexpresable en lo más hondo de nuestro hondo, no sé exactamente dónde pero ahí, en alguna parte, como un cáncer durmiente, pero creciente en tanto duerme, en tanto sueña y anhela que un día por venir acaba conmigo. 

 

"Just Like You Imagined", Nine Inch Nails, 3 minutos 49 segundos. Hoy las letras no salen, no corren, no se avalanzan sobre el blanco como un tigre sobre cazador desde el verde selvático en espesura. Pasa un segundo, se cae, como gránulo de arena al vacío, como ola abortada en la playa, y no pasa nada, nada se renueva, sólo el oxígeno y hasta éste se siente y se respira como aguado y marchito. Y luego otro segundo pasa, y otro gránulo se desovilla en abismo y otra ola se queda en tierra como ballena varada, y vuelve a no pasar nada: pero sí que pasa, ocurre, se desencadenan sigilosos o estruendosos o pavorosos, tal que tren fuera de vía hacia la muerte, tal que garra rapaz iniciando el picado, tal que radiación invisible desbastando desoxiborronucleicos. Un estómago encaja un balazo definitivo; una célula ahíta de locura desborda sú límite convirtiéndose en metástasis; un árbol besa el suelo, silencioso; una boca lame un seno, licuescente; unas manos aferran un cuello, homicidas. Y un segundo después tantas otras infinitas historias, vidas, pálpitos nacen o enmudecen.

 

No hay tirita ni gasa para la llaga de la soledad, se tiene bien aprendido el disfraz de gangrena: te consume poco a poco y sin pausa hasta el tuétano, hasta el esmalte de los dientes, y aun si hubiese en nuestra blanda geografía de carne un algo hecho de diamante también con esa extrema dureza arramblaría. No existe vacuna ni penicilina. La única estrategia para combatir la soledad es hacerte soledad. Como aquí, como ahora, el mejor modo de que los segundos te resbalen como lluvia hombros y espalda abajo, de que no se te metan piel adentro y te oxiden y herrumbren la entraña entera dejándotela como coral seco a poco que pasen un par o tres de grises años.

 

La gata se ha subido a la mesa y observa,  ora mis dedos sobre el teclado moviéndose extraños, ora mi rostro inexpresivo pensando bobadas. Me lo quedo mirando un rato, ella también me mira. No entiende nada, ni lo de los dedos sobre el teclado ni lo de mi rostro atento sobre la pantalla. Debe pensar que estoy loco. "Vivo con un loco demente, sí...", medita mientras me observa escribir todo esto. Pero de todos modos no se preocupa, ella sólo espera su momento; seguramente alberga la esperanza: "Algún día seré lo bastante grande, más que tú, calvo miope de los cojones, y entonces... entences, je... entonces, miau... entonces, te comeré... ya no podrás hacerme más perrerías" Pobre animal, o mejor dicho, bendito animal, sus únicos medios de interactuar con el mundo son las patas y la boca: arañar, palmear, mordisquear. Esa suerte tienen los gatos por un lado, y por ese mismo lado la de cosas que nos perdemos nosotros por no haber inventado todavía un teclado para felinos. Ahora ya la he aburrido, se ha marchado, seguro que ha ido directa al plato de comida, a ver si así acelera el proceso, crece más rápido, y se me puede echar al gaznate antes de fin de año. Pobre ilusa: no sabe que se ha de quedar así de canija toda su vida. Benditos ilusos: todos los que nada saben de sus límites ciertos.

 

Pienso a menudo en estas palabras que Nietzsche dejó escritas en un esbozó de "Así hablo Zaratustra": "Primeros de agosto de 1881 en Sils-María, a 6000 pies sobre el nivel del mar y mucho más alto aún sobre todos los seres humanos". El hombre póstumo clamando ser Dios mientras se preparaba para matar a Dios; casi puedo sentir ya la locura subiéndole a la cabeza desde el fondo del alma, trepando famélica y vigorosa y letal, dentuda y babeante, con tempestivos tintes de jauría, como esos monstruos invisibles que cuando niños se avalanzaban sobre nuestra mano caída a lo oscuro e innombrable de debajo de la cama. ¿Cuánto tarda uno en dejar de ser hombre para pasar a ser locura? ¿Cuántos crudos inviernos necesita la sombra para hacerte suyo?

 

El vidrio azul me devuelve la pupila

en silencios táctiles y tremebundos

sobre un declinar petrificado de almas. 

 

 

 

El Judas de MonteCristo

LA CIUDAD

 

Te dices: Me marcharé

a otra tierra, otro mar,

a una ciudad mucho más bella de lo que ésta

pudo ser o anhelar...

Esta ciudad donde cada paso aprieta el nudo corredizo,

un corazón en un cuerpo enterrado y polvoriento.

¿Cuánto tiempo tendré que quedarme,

confinado en estos triste arrabales

del pensamiento más vulgar? Dondequiera que mire

se alzan las negras ruinas de mi vida.

Cuántos años he pasado aquí

derrochando, tirando, sin beneficio alguno...

No hay tierra nueva, amigo, ni mar nuevo,

pues la ciudad te seguirá.

Por las mismas calles andarás interminablemente,

los mismos suburbios mentales van de la juventud a la vejez,

y en la misma casa acabarás lleno de canas...

La ciudad es una jaula.

No hay otro lugar, siempre el mismo

puerto terreno, y no hay barco

que te arranque a ti mismo. !Ah!

¿No comprendes

que al arruinar tu vida entera

en este sitio, la has malogrado

en cualquier parte de este mundo?

 

Cavafis

 

___

Algunos de los que me conocéis ya sabéis de la singular guerra que desde hace años mantengo con Reus, esta ciudad muerta que me vio nacer, que para nada siento en el corazón, y de la que todavía no he conseguido escapar, tal que si fuese uno de esos estúpidos y sombríos personajes míos de los que ayer hablaba. Esta ciudad cárcel, este pueblo celda,  esta profunda y provinciana prisión de almas que pretende también algún día  albergar mi muerte, qué duda cabe, y que por tanto se sabe y se siente, como la antigua e irreductible Alcatraz, tan segura y confiada de sus insalvables muros que no hace sitio en su retorcida mente de retorcido laberinto a la mínima posibilidad de una victoria por mi(s) parte(s), esto es, por mis mismísimos... Reus viene de "Reo", es decir, de "reos", prisioneros, reclusos, condenados todos, todos aquellos que vieron su luz primera bajo su auspicio o hace tanto tiempo que perviven en él que ya olvidaron cómo demonios y por qué diantres vinieron a dar con sus huesos a este páramo. Una especie de "Dark City" pequeño-burguesa y acomodaticia; epítome de lo pusilánime.  Porque no hay extremos en ella, y de ahí que no se la pueda abandonar sino para volver al poco tiempo; se vive bien, demasiado bien, y eso mata toda lucha o inquietud, todo impulso hacia cualquiera o ninguna parte. ¿Para qué me voy a mover con lo bien que estoy aquí? Como aves nacidas en cautividad, si nos abrieran la puerta de la jaula aún correríamos a cerrarla temerosos con el ala toda temblorosa... Y aquí te quedas hasta que te pudres y la vida se te reduce a esperar encerrado en casa que den las cinco para salir de compras y que den las ocho y cierren las tiendas para volver corriendito a encerrarte de nuevo en la cueva, al ladito justo de la estufa y el televisor. Brazos caídos siempre... ¿Por qué? Porque tienes ambas manos ocupadas sosteniendo las atiborradas bolsas del consumismo... Cuando vino Napoleón y dijo: "Lamédme las botas, garsons", los de aquí bajaron rápido los brazos, rindiéndose a las primeras de cambio, mientras a la vecina Tarragona, que no quiso abdicar, la pasaron los franchutes a cuchillo. Cobardes, cobardes, cobardes... Aquí el único que al menos un brazo lo mantiene alzado es el insigne Prim, a lomos de su caballo, sable en alto, y en verdad que es quien un poco se salva de mi quema, más que nada por aquello de que un día, en plena calle y a traición, bien lo traspasaron al otro barrio de un descerrajazo hijoputa... Y eso, ¡ojo!, que de mi quema no me salvo ni yo, que soy el primero que me tiro de cabeza a la pira. Qué fácil sería abandonarse a la hipocresía y la demagogia de un cagarse en todo esto y no dejarse al tiempo los brazos destrozados intentando doblegar barrotes. Pero no seré yo quien caiga en esa trampa, precisamente por ser tan consciente de ella. Quizá no de muchas otras, pero sí de esta, pues no en vano soy yo mismo quien la lleva tejiendo desde tanto tiempo atrás. Si sigo aquí, si todavía no he conseguido alzar el vuelo, aquí es donde debo penar. Me lo merezco. Todavía no he sabido ganarme el cielo. ¿Por qué? Porque como dice Cavafis la cárcel, la tumba, el infierno, lo lleva uno dentro y dondequiera que vaya allí le acompañará. Y de ese adentro, de la pura y palpitante y doliente entraña debe uno arrancárselo si es que quiere o pretende algún día huir a ese "otro mar" que son siempre nuestros sueños más privados y sinceros.

Pero al menos me mantiene a tono toda esta bilis, me calienta la musculatura y me acera el pensamiento, me afila como guadaña mantenerme así, en esta eterna brega contra estas cuatro calles y plazas que son como cuatro paredes sin puerta: planear cada día un poquito y malévolamente cómo devolverle en forma de puñalada todo lo que esta cárcel que de repente se convirtió en ciudad me ha ido robando desde chico. 

 

De lo que se mama se escribe...

5 días fuera de aquí y todo adquiere tintes raros, se torna como lunático y ajenador. La vida sin escritura es un aire viciado, de óxigeno rancio. Echaba ya de menos esto: las palabras llaman a las palabras igual que el dinero al dinero, aunque las primeras sólo llenen del segundo a unos pocos escogidos y buena literatura se haga tan condenamente poca.

 

Y lo mejor (quizá porque es lo peor) es que no tengo nada que decir, y ya se sabe, cada vez que no tengo de qué hablar acabo escribiendo del gato. Pero no esta vez, intentaré resistirme a esa tentación felina.

Básicamente se debe a que cada vez que empiezo a teclear algo al par de minutos no puedo seguir: tengo que parar, releo las líneas y tengo la certera impresión de que están llenas de mierda, tan enroñadas ya de fábrica que ni el gato las usaría como arena. ¿Véis lo que os decía? En fin. Siempre queda la lectura, ¿no?. Supongo, supongo. Todo y que he de confesar que últimamente comenzaba a albergar mis serias dudas. Menos Walser todo lo reciente que había leído también empezaba a apestar bochornosamente, así que sólo se trataba de dilucidar quién era el fiambre apestador, si la Literatura o yo, o si es que los dos íbamos a medias en esto.

Y luego vas y te topas con Lawrence Durrell, es decir, que me topo, yo mismo, con su "Justine";  alguien me dijo: "Ey, mira ahí", y yo dije "¿Dónde dices?". "Aquíiiiiii". Y efectivamente allí estuve, tras trescientas y pico magníficas páginas, reconciliado de nuevo con los buenos libros. Otro día, con más tiempo, intentaré hablaros de "Justine", aunque desde ya reconozco lo temerario de tal empresa, como ir a cazar rinocerontes con escopeta de balines y encima no tener el careto de Eastwood dándoselas de Huston...

¿Y después de un libro así qué coño lees que no vuelva a paracerte auténtica peste? Bueno, no sé, uno cualquiera, liviano y sin pretensiones, "Travesía del Horizonte" de Marías, por ejemplo. El tipo lo publicó con 21 años en el 72, cuando a mí me faltaban todavía seis para salir del limbo. ¿Qué estaba haciendo yo a los 21?... ¡Ah, sí!, postrado en cama, viendo si sí o si no me quedaba en una silla de ruedas...

Supongo que cuando eres hijo de Marías y la casa en la que creces está alicatada de libros hasta las trancas escribir novelas a los 20 y llamar a uno de tus personajes "Kerrigan" no se antoja del todo disparatado.  ¿Pero cuántos pueden decir lo mismo? ¿Os imaginais a Bukowski llamando Kerrigan a alguno de sus personajes? Yo desde luego no podría, para eso hay que tener licenciatura en letras como poco...

En fin, creo que no tengo muy claro qué quiero expresar y por eso no me acaba de salir, o mejor, que lo tengo demasiado claro y por eso mismo no voy a malgastarme demasiado en detalles. ¿Podría Durrell haber retratado la Alejandría de "Justine" si no hubiese estado allí?, es más, ¿si hubiese nacido en Lipervool o Manchester en lugar de en la India? Decididamente no. ¿Y Ballard? ¿Habría escrito un libro como "El Imperio del Sol" sin haber vivido su infancia desde un campo japonés de presioneros? Otra vez no. Supongo que algunos ya habéis captado por dónde van mis tiros...

 

Mis personajes casi nunca tienen nombre o tienen nombres estúpidos, y habitan ciudades sin luz, atiborradas de sombra, de las que jamás pueden escapar sino es a base de liquidarse: lo único de lo que ahora mismo me siento capaz además de describir cuán bonitos y entretenidos pueden llegar a ser un techo y cuatro paredes mientras piensas que quizá nunca más has de volver a caminar...

 

 

Lapidario Est

"La vida humilde de los trabajos aburridos y fáciles

es una obra de elección que exige mucho amor.

Permanecer alegre cuando el día, triste, sucede al día,

ser fuerte y gastarse en circunstancias viles"

Paul Verlaine, "Sensatez", 1880.

 

Acudes a los clásicos y ya lo tienes, te queda todo impecable y lapidario, no va hacer falta que tú le tires el pronto y yo le pase el paño, no tendremos que tocarlo en los años por venir ni por asomo; por eso son clásicos al fin y al cabo, ¿no?, por eso están constantemente en los encabezamientos y prólogos e incluso los epílogos de los párrafos vastos y los pensamientos agudos de las mentes que se atraven a lanzar de cuando en cuando un chorro de lucidez, o pretendida lucidez, que no siempre se está en disposición, por más que se quiera, de dárselas uno de géiser. Lo que pensaste tú ya lo dijo mejor otro, uno que ya está mucho más muerto y mucho más cascado, y que ya pasó por tanto, y no en vano, por todo este lagrimero espectáculo de variedades, zafiedades y mezquindades. Y lo pensó más certero, y más resplandeciente, y por eso vas y lo pones ahí, para que quede bonito y como enmarcado, y los ojos de todos sepan la de librotes gordos que te has zampado y lo exquisito que tras tanta página pasada has llegado a desarrollar el gusto. Porque al cabo lo que estás tratando de decir es que es todo bastante mierdoso. Y tiñoso. Y asqueroso. Sí. Al ir a trabajar me refiero, así en general, y en particular si vuestro trabajo lo odiáis o asqueáis ya para qué os cuento: liquidar tu tiempo a precio de saldo y con dicha miseria de saldo, en lugar de comprar un algo más de tu sagrado tiempo, que no tiene precio, hacerte simplemente con más cosas y compromisos que te hipotecan y que requerirán, con el tiempo, más y más de tu tiempo; más y más de tu alma soportando la insufrible condena. Altamente vomitador lo mires como lo mires, al menos si lo miras con unas pupilas semejantes a los de éste que os habla. Y ya tiene gracia que esto venga de Verlaine, que el muy cabrón no pegó un su puta vida palo al agua, pero bueno, para ironías hay carcajadas y yo tengo ya la mandíbula desencajada de tanto partirme de risa, aunque eso sí, todo para adentro... No obstante, un clásico no llega a clásico porque sí, hay siempre un algo o un mucho o un casi todo de cierto en tanto de lo que dijo o dejó por ahí en cualquier hoja garabateado, que todo y saber que media de su vida la pasó tirado a la bartola chupando carótida paterna y la otra mitad, cuando a sus pater familias les finiquitó la sangre, se la pasó de miseria en miseria, convertido en todo un arrastrado con tal de no dejar de ser un insigne vago, no dejamos de verle la ciencia y la sazón a sus versos: "es una obra de elección que exige mucho amor"... Efectivamente, razón no le faltaba, porque si agonizas tu vida en un trabajo de mierda, o no tan de mierda, pero que odias y te corta las alas, es únicamente tu culpa: no viene a cuento quejarse ni llorarle a la mama, porque nada te impide dejarlo y pelear. Mucho amor, desde luego, excesivo amor para cualesquiera cosas que no seas tú mismo requiere postergarte de esta manera tan solo en favor de una nómina firmada y compulsada a final de mes, con la que tan poco compras y a cambio tanto y tanto de ti, cada segundo irrecuperable, te arrebata.

Dicho lo cual, me piro a trabajar. ¡Qué bonita es la demagogia!

Cuentos Torvos: "PÀMTOMÀCA"

Hay que ver la de polvo que es capaz de acumularse en un teclado negro en sólo unos días, pensaba Carol ensimismada, observando el teclado en la distancia con ojos como retardados, tras la mesa de dibujo pero con la silla y las piernas encaradas hacia el ordenador apagado en la otra pared. El codo izquierdo apoyado en la tabla y sobre la mano reposando la cabeza aburrida, el lápiz lo mordía a ratos y a ratos jugaba con él en los dedos, le infligía cabriolas cuasi volátiles en lo ágil de sus dedos. ¿Debería haberlo comprado blanco? El polvo hubiese tardado más en verse, desde luego, pero claro, luego está la roña amarillenta con el tiempo, y esa sí que no la sacas. Negro está bien, qué más da, ya está hecho. ¡Polvo de la leche! Sí, polvo de la leche pero en la mesa de dibujo seguía el desafío del que estaba ya tan harta y que la había llevado, sin saberlo, azar mediante, a recalarle la atención en el polvillo blanco y fino sobre la superficie oscura de su nuevo teclado, ahí en la distancia diagonal, a metro y medio pasado. Y el boceto no se iba a hacer solo, solo no se iba él a dibujar a sí mismo y convertirse en forma, ni luego pasarse a tinta, ni mucho menos convertirse en lienzo: eso ya sería de un extraordinario intolerable: como para pensarse el volver a hacer un solo trazo más en la vida y abandonarlo todo para dedicarse a la prestidigitación. La magia, la magia: si hubiese magia no habría polvo ni paños que los barrieran de la piel dura y brillante de las cosas. Pero aquello no estaba valiendo para nada, estaba haciendo trampas, evadiendo y soslayándose, ni el teclado nuevo ni los ingenieros inútiles que todavía no habían ganado la eterna batalla contra el polvo tenía allí la culpa de que ella no fuese capaz de dibujarle la mueca a Beckett. En algún sitio lo había leído. O se lo habían contado. Ahora no recordaba bien. Confundía historias. Alguna de las dos, la de Beckett u otra, la había sacado de algún suplemento dominical, y en cambio la otra, cualesquiera de ambas fuese, se la había escuchado a alguno como en forma de chiste en una noche de bareto, todos borrachos y rientes. Tanto daba, inventada por borracho o articulista allí estaba, por nacer, en su mesa de dibujo. La cuestión era, o mejor fue, todo es decirlo, porque su protagonista ya no está entre los vivos, que Samuel Beckett contaba entre sus cotidianos placeres el comer rebanadas de pan untadas con tomate y aceite y muchas sal, costumbre que a decir de algún estudioso de su obra, vida y milagros adquirió en una pequeña estancia vacacional en Catalunya, lustrosa tierra de ilustres agriados. Y de ahí, según parace, que alcanzase con los años cierta notoriedad en su pequeño círculo de amistades el singular y cómico gesto de escalofrío ácido que enseñoreaba los labios del dublinés al tomar contacto el tomate pulposo con su paladar. Conque así se iba a llamar su cuadro: “Beckett se asquea”, pero antes quería hacer un boceto, y decididamente no se dejaba, no quería salir el condenado bajo ningún concepto. Cosa curiosa, este atasco, este bloqueo suyo con Beckett y el pan con tomate, porque con “A Madame Bovary le cruje la espalda”, “Marco Aurelio pensando mucho” o “PollockMicción” todo había ido rodado. Y vaya si no se habían vendido a buen precio todos, del primero al último, inluido el peor de todos a su parecer, “Palominos Sartreanos”. Pero el tomate refregado en sal y aceite la tenían ya más que deseperada, ¡no había manera!, y no quería ni pensar en la posibilidad de darse por vencida. De modo que se levantó y fue a la cocina a por un vaso de agua, desentumeció piernas y brazos e intentó hacer lo mismo con la mente encapotada, lo que no era tan fácil, ya lo sabía y lo asumía, pero quién sabe, siempre quedaba el comodín fácil y alegre del “¿Y Por qué no?” . De regreso al estudio se paró de pie ante la mesa de dibujo, las piernas abiertas y el vientre todo para adelante. Dejó el vaso en la tabla y cruzó los brazos. Observaba detenidamente las tres o cuatro líneas trazadas a lo largo y ancho de toda la mañana. Muy débiles. Muy malas. Por allí no había salida, estaba claro. Acometía extraños bailoteos de labios y mofletes mientras tanto, cogía pequeñas dosis de oxígeno y una vez dentro de la boca las mareaba y maleaba, no las dejaba tranquilas un momento, se enjuagaba las encías con aire fresco para luego, una vez transformado en monóxido y de vuelta de los bronquios, soltarlo afuera en sonoros y graciosos chapurreos. Nadie la ve excepto vosotros y de eso ella nada sabe, así que guardad el secreto y no hagáis el más mínimo ruido, pues si se apercibiera de que está siendo espiada de forma tan desconsiderada por nuestra parte a buen seguro se pondría toda roja, coloradísima, como tomate maduro como poco, y el mundo entero se haría abismo negro y tragón a sus pies. ¡¿Acaso hay alguno de vosotros que no haga absurdas e inconscientes tonterías cuando se sabe a salvo de cualquiera, acompañado en soledad sólo del silencio siempre comprensivo?! En fin, que se nos escapa la historia de las manos y eso que ya se nos estaba acabando; vamos, que un poco más de fofa digresión por mi parte y la conclusión nos la hubiésemos perdido, y bien poca la gracia que hubiese entonces tenido todo esto. La dejamos, a Carol, la pintora menuda de ojos castaños y pelo también castaño en rizosos tirabuzones, con las piernas abiertas y clavadas frente a su desafío en forma de mesa de dibujo, toda hecha una mayúscula y serpeante “S” debido a lo extremadamente adelantado de su vientre, lo arqueado de su espalda luego, en ascendente, para culminar después en lo alto –tampoco mucho, 1.53- de la cabeza gacha y los hombros achaparrados sobre el papel blanco, apenas trazado con dos pares o tres de torpes líneas. Imposible concentrarse, pensó, imposible hoy, está visto. No va a salir nada, al menos hoy… necesito salir, que me dé el aire... tal vez luego, después de un paseo… ¡Beckett maldito! ¡A ver por qué no le tuviste que coger afición al zumo de zanahorias!... Y cogió chaqueta y llaves y paquete de pitillos y desapareció escaleras abajo, altamente sonora todo y lo pequeña que la sabemos...

Mamá Siberia

10:03 A.M

Me cago en todo. Un frío que si lanzases la colada al aire los calcetines se te emparejarían solos. Del copón maldito, vamos. Nevando aquí, aunque no cuajando, pero bien tocando las narices rojas y mocosas. Siberia nos quiere... Es divertido esto de no utilizar todas las palabras, no usar las que se espera, o se supone, o deberías, y las que al final usas no tirarlas como sería de recibo. Quiero decir que mirad ese "Siberia nos quiere", ahora, hoy, y quizá mañana y pasado se capte su idea porque estamos todos aquí congelados y como pingüinos pillados con el frac en la tintorería. Pero qué pasará dentro de unas semanas o meses, cuando alguien arribe a este post por error y no entienda una leche. O cuando se acerquen desde la otra orilla del charco o las antípodas, asados todos ellos de calor y humedad y de trópico hasta las cejas... ¿Lo normal qué hubiese sido? "Esta ola de frío Siberiano que nos azota": Determinante + sustantivo sujeto + complemento de nombre (preposición + sustantivo + adjetivo calificativo) + proposición de relativo (pronombre relativo + pronombre personal + verbo)... Eso es, o creo, ya no estoy muy seguro, la morfosintaxis nunca fue mi fuerte y encima la poca que sé la tengo oxidadísima. En fin, meter al lector en tiempo y lugar, ¿no?: darle un contexto en definitiva. Pero no: "Siberia nos quiere" ¡¿Qué coño quieres decir con eso?!... Supongo que si trabajase en un noticiario o un periódico tendría que plegarme, pero aquí no tengo por qué, jamás acercarse a estas playas fue un sendero de rosas y los arrecifes los tengo cada marea más afilados... Quiero decir que cuántos no se sirven de las palabras única y exclusivamente como les enseñaron a hacerlo y en esa barrera se quedan, no traspasan, no la rompen ni liquidan. Ven una silla y dicen: "Bueno, aquí me siento", y cogen su culo y lo plantan allí. ¡Pero qué de barbaridades se pueden hacer con una silla aparte de hacerle probar tu trasero! Y en la silla ya no os cuento, sobre todo si sois dos... En fin, que Siberia nos quiere bien y el taburete desde el que mi culo escribe esto bailotea como chalupa en mar febricente...

Así que la Rusa Madre nos manda sus helados besos de caspa y yo estoy aquí currando y pelado de frío aunque hoy no me tocaba. No, no me tocaba pero aquí estoy. Me jodieron bien, sí; así fue. ¿Cómo protestar? No hay mucho margen, la verdad: los ases no están ninguno de mi mano y la partida está amañada. Supongo que sentarme en este taburete y escribir todo esto en lugar de hacer cualquier otra cosa: tocarme las pelotas toda la mañana a cambio de mi mañana sería una buena suerte de rehén. No deja de ser un mal cambio, un cambio de mierda, pero es mejor que entregar algo a cambio de nada, que es, no me engaño, lo que al final voy a acabar haciendo, porque en cuanto empiecen a desfilar clientes se acabó el escribir y se acabó el tocarme las pelotas...

 

16:48 P.M.

Y así fue, hasta allí me fue dado rescatarle algo de tiempo a mi mañana de amante siberiano sábado tirada al inodoro (adjetivo ñoño + epíteto prescindible + sustantivo sustraído al menda + verbo recurrente del menda + complemento circunstancial de lugar pestilente). Todo el resto mejor obviarlo...

 

 

 

 

Maestro de Esgrima

Hay días que te pasan tan por encima, tan como una plancha o una apisonadora, que llegas a la noche del todo zombi y estupidizado. De modo que si ahora soy capaz de sincronizar mal que bien mis pensamientos con mis dedos sobre el teclado se debe única y exclusivamente a que la ducha y el té ardiente han conseguido retornarme un lo justo, tal que así, a este supuesto mundo de vivos.

En realidad no hay mucho que decir. Después del curro estuvimos en un café, charlando, tomando algo. Bueno, lo justo sería decir que charlar, lo que se dice charlar, charlaron ellos, los tres, porque yo, el cuarto en discordia, no iba mucho más allá de un comparsa adormilado y almidonado. Más tieso que la mojama. Ya no sabía cómo diablos mantenerme a rueda de la conversación. Sencillamente no estaba allí. Total e irremediablemente noqueado...

 

 

Poco después Carles y yo nos despedíamos en Plaza Prim; Luis ya se nos había quedado en la Mercadal. Carles dijo: "Bueno... un día menos...", y automáticamente me dije; "Joder, cierto... ¡un día menos!..." Aunque, claro está, él se refería a que faltaba un día menos para el fin de semana y yo en cambio pensé enseguida que el día que caía era de la cuenta atrás hacia la sepultura. Modos de agonía desde lo duro y frío de la lona...

"Algún día escaparé de aquí... y confío que no con los pies por delante". Eso le dije. A lo que él respondió con algo así como "A ver si lo vemos todos". Supongo que todo esto que traigo aquí, lo que escribo y derramo, e incluso lo que esputo, como lo de ayer sin ir más lejos, no se parece en absoluto a ésa lima ignota que ha de doblegar los barrotes de mi prisión, pero pienso que es mejor que ir tachando semanas en forma de ralladuras en las paredes húmedas.

El caso es que hoy mismo también, horas antes de caer víctima del coma, a Walser le leí lo siguiente: "Mira que perder tanto tiempo escribiendo. Lástima por el volumen perdido. Habrías podido convertirte en algo realmente volátil. Has perdido la oportunidad de tornarte fábula. ¿No quería el destino que fueras el más afortunado de los hombres? ¿Y ahora qué? Me quedo sin palabras, y se me cae el pelo en cuanto pienso en lo que estoy escribiendo. Dios, en algo hay que emplear el tiempo."

Obviando el detalle de que lo del cabello precipitado es una asignatra que tengo más que superada desde hace años, ¿qué mejor consigna seguir que la que me propone desde la tumba este insigne lunático? Seguir aquí, escribiendo en mi tiempo, escribiendo mi tiempo: mi más digna forma hoy por hoy de levantarme de la lona antes de que el árbitro termine la cuenta atrás... alzar la guardia... continuar la pelea...

 

 

Hasta mañana...

 

 

 

Vale... y ahora mi versión de los hechos...

Ya te dije, Maite querida (y lo de "querida", ya lo sabes, has de cogerlo con las más grandes pinzas que seas capaz de hallar en tu tocador de opereta), que sí, que bien parece que los dos hablamos, mejor dicho, escribimos castellano, pero que no, que ya te digo que no pensamos tú y yo en el mismo puñetero idioma. ¿Qué pretendes con esto? ¿Provocarme? ¿Que apriete el botón de la Bomba-H? Sabes que soy capaz de eso y bastante más, y que lo soy más para tu desgracia que para tu suerte. Vienes aquí ofreciendo rendición y victoria, el supuesto fin de una guerra. ¿Pretendiendo qué? ¿Tal vez iniciar otra? ¿Tenerme aquí pendiente de tu máscara en mi punto de mira? Sólo que aquí la francotiradora has sido siempre tú, esondiéndote entre las ruinas, mientras que yo no he dejado un momento la asquerosa y puta infantería, mojándome el culo aquí y allá. Creo que en este mismo lugar meses atrás te dije que podrías llegar a ser "pandémica" a poco que te lo propusieras y por lo que veo no me equivoqué en mucho. Y además algo de "prusiana" también emanas, porque un poco como aquellos locos sí eres, aquellos de las dos guerras mundiales a los que tanto les iba la marcha, que si no fuera porque ya no está el mundo como para hacerse añicos a sus pies, a buen seguro la Tercera y Final ya la habrían propiciado.

El juego no acaba, ¿no? No termina. No te da la gana. ¿Es eso? Bien bien, pero no hables de mi odio, ni de mi furia, porque no tienes ni idea, que de todo lo que en esas disciplinas soy capaz no has catado tú ni una cuarta parte y leído en la pantalla no hiere ni la mitad que soltado en plena cara y a las muy claras. Esa suerte tienes. Porque tú no tienes rostro, es verdad, lo tengo en cuenta, pero más que nada lo digo por si los hay que se apuntaron tarde al espectáculo. Tú sólo tienes dedos en la sombra, teclear desde dios sabe dónde. Sólo los justos arrestos para darle al Enter: "Enviar", "Send", "Comentar". Y ahí se acabó Maite. O quien diablo seas. Si es que al menos tú lo sabes. Ni ojos, ni rostro, ni cuerdas vocales. Ni por supuesto sangre. Así que no sé por qué me acusas de haberte derramado por el campo de batalla. No vas ni has ido, ni irás, al menos en lo que a mí respecta, más allá de un logrado boceto de fantasma.

¿Y qué vienes a hacer aquí ahora? Vienes a poner "la bandera de mi victoria en la torre más alta"... ¿Precisamente tú?, la derrotada, la herida, la odiada. ¡Vamos! ¡¿No me digas?! Qué detalle por tu parte, la verdad. Seguro que del todo desinterasado, sin ninguna otra subrepticia maquinación esperando detrás.

Con qué objeto, helado cervatillo, dime... Quieres que muestre a todos lo podrido y sangrante de mis colmillos, ¿quitarle la venda de los ojos? "Qué bueno es a buenas el Javito, ¿no?, ¡pero a malas qué hijoputa!" Siento decepcionarte una vez más, querida, pues a mejor malvendedor de mí mismo no me ganas, que sólo yo vivo 24 horas al día con este todo que soy. ¡Bastante tienes tú contigo!

Aunque a lo mejor lo único que intentas es que todo esto lo vea Paula. Podría ser, podría ser. Abrirle los ojos a ella. O sajárselos. Lástima que ella, todo y sus muchos miedos, sea más valiente que tú, y que, en consecuencia,  mi furia ya la haya probado, y en propia piel, no como tú que te quedaste en la pantalla. Pero Paula ya desapareció de mi vida y yo de la suya. Así que llegas tarde... Por cierto, ¿qué tal, Paula?... difícil encontrar un sólo telefóno que funcione en toda Barcelona, ¿eh?... claro, claro. Cómo no. Tú en tu línea. Sigue así... En fin, que no sé qué pretendías, porque si ya viste que no borré tu último desafío-mentira a sus ojos, no sé por qué tal vez pensaste que borraría éste. Que no afrontaría éste como he afrontado todos los demás ante los que me has puesto.   

Te acercas aquí diciendo palabras como "te quiero", "te amo", ¡y dirigidas a mí! Y sólo yo sé hasta qué extremo alcanza el absurdo que contienen. Los hay que me han preguntado que si tú eras alguna ex mía escocida por ve a saber qué rencores del pasado. ¡Pero si ni siquiera sé quién es!, ni le he visto la cara, ni le he escuchado una puñetera palabra... Y no será porque no he intentado comprenderte. Cuántas veces te he preguntado "quién eres" y "qué quieres de mí", y tú no has contestado, escrito más que vaguedades. ¿De verdad pretendes que te tome en serio, que tome en serio tus palabras, de la primera a la última, incluso esos "te quiero", cuando ni siquiera has tenido los ovarios de dar la puta cara? Si es que en verdad tienes ovarios, o debieras... ¿Qué clase de guerra ha podido haber siquiera entre tú yo? Las ratas no salen a los campos de batalla; si acaso salen después de la matanza a rapiñar la carne de los muertos.

De todos modos supongo que lo que querías lo has conseguido. Que no era otra cosa que esto. Que me desatara en público y me rebajase a tu altura. Pues ya está, aquí estoy, en el sucio y asqueroso fango del odio y la rabia. Pero en este fango ni siquiera estás tú, ni siquiera en lo más bajo das la cara, porque no tienes, no existe, no eres ni has querido ser más que palabras. Y las palabras sin la mente y el corazón que las alumbra no valen nada. ¿Acaso has hecho tú justicia a tus propias palabras? Si hubieses tenido un mínimo respeto para con ellas y para contigo misma habrías dejado de jugar hace tiempo. Si hubiese habido algo de cierto o sagrado en ellas habrías aparecido, salido de las sombras, por grande que fuese tu miedo. Pero no. Si por el lo contrario hubiesen sido chanza de hoy para carcajeo de mañana mi sinceridad rotunda te habría devuelto al silencio. Pero no. Persististe en la máscara y pesististe en la palabra. Y lo uno con lo otro, almenos conmigo, no funciona. Y eso te lo dejé claro a las primeras de cambio. 

Pero felicidades, Maite querida, helada criatura de altos vuelos y alas petrificadas, lo has conseguido, ya hiciste de mí el espectáculo grosero que te propusiste. ¿Divertido? ¿Qué tal se ve desde ahí? ¿Lo suficientemente patético? O tal vez no. Tal vez necesitas más. Tu alma prusiana y pandémica necesita de más y más peste en mis venas... Pero no olvides algo. Mira esa foto. Mi nueva caricatura, tan azul y tan congelada, como tus propias entrañas. ¿Te fijaste bien? No tiene ojos. Y es a posta. Me los arranqué ex-profeso. Ya te dije que si estabas en disposición de morderme el cuello y chuparme la sangre era única y exclusivamente porque estaba de vuelta. De vuelta de ella, de Paula. Y sin ojos. Y también sin apenas alma, pero con la justa y suficiente como para llevarte conmigo al Infierno... Y arderás, vaya si arderás... Palabra de suicida que arderás...

Bueno, creo que esto se va terminando. No te dije en ningún momento que fueses mal recibida en ninguna parte. Ni aquí ni allí. Simplemente no quisiste aparecer. Así que tú verás si te aclaras. 

Y mucho menos te heché de ningún sitio. Fuiste tú la que dijiste me voy para luego volver. No voy a ser un servidor quien te acuse de ello puesto que yo mismo lo he hecho tantas veces. Aunque nunca contigo, eso sí.

No puedo impedir que alargues este juego cuanto te dé la gana, pero sí voy a impedir en la medida de lo posible que lo hagas aquí. En lo que a mí respecta se acabó tu función en este teatro puesto que en él soy yo el que mando.

 

Al fin y al cabo no has querido ser más que un Troll con cierto estilo.

Dos lobos muy tontos

New Rose Hotel:

El mundo desde las azoteas del mañana... más o menos la misma caca de mundo que ahora pero a la peste le cuesta más llegarte a las napias. En esas que llega Annabella Sciorra (que me sigue poniendo extrañamente a pesar de los años, no sé si por su aura hiperlubriscente o más bien por su apellido guarro), y dice: "Alquilo habitaciones de 1 m2, chicosss...", a lo que Willem Defoe responde, "¡A mí dame una!", mientras que Christopher Walken aduce: "A mí no que a las 12 tengo mi highclass de ’Salto de Altura’... Christopher Walken es el lobo estapario nº 1 (o perro viejo), y a pesar de que tiene la espalda más o menos igual de destrozada que yo se pasa toda la truñopeli moviendo alegremente el esqueleto. Willem Dafoe es el lobo estepario nº 2 (o cacho perro), y chala todo el rato que lo flipas con su megamóvil última genreación "Haighs Tek". Ambos perros pegan brincos ufanos y se olisquean mutuamente la entrepierna machera dándoselas de listosones hasta que llega una zorra (Asia Argento) y los deja (des)compuestos y fiambres, amén de sin un buen montón de pasta. Y mientras, fuera de encuadre, Abel Ferrara, el antaño Driller Killer, se mira todo embobado el ombliguillo diciendo no sé qué de "rodaje cronológico". Teniendo en cuenta que la última media hora del film, amén de ser un bochornoso recicle de metraje, se antoja más prescindible que la vasectomía a los eunucos, debemos suponer que lo de "cronológico" es un homenajillo guasón dedicado al espectador, allí en la butaca de cine, o en el sofá del comedor, o como yo mismo, en mi cama de dormitorio, cabreado y pidiendo la hora de tan vacuo espectáculo...

meeeurrrrghhhhh

El día empezó bien. Hacía días que un día no empezaba tan bien. Qué digo días; ¡semanas largas! -y no pocas- que una condenada mañana no comenzaba así de bien.

Luego a mediodía todo se fue al cuerno, y bien empitonado. Así fue.

Y bueno, a partir de entonces todo el resto, de la tarde hasta ahora, ha sido un constante intentar recuperar posiciones.

Creo que no fue un esfuerzo en vano. Desde luego no voy a ser el ganador de esta medianoche pero tampoco voy a llegar a ella fuera de control. De modo que no me voy a quejar.

A la gata le ha entrado uno de sus ataques epiléptico-hiperactivo-esquizoide: se pone a correr los cien metros lisos pasillo arriba pasillo abajo y cuando llega a mitad de trayecto y se topa consigo misma reflejada en el espejo del recibidor pega un gran salto erizado, suelta un ahogado meeuurghhhh!!!, y acto seguido emprende la loca carrera de nuevo... Ahora me está mirando... Viene hacia aquí... ¿Me habrá oído?... Bueno, oído, oído, lo que se dice oído... Bien conocido es el agudísimo oído de estos bichos, pero a fin de cuentas no dije nada, sólo lo escribí. Tal vez me leyó el pensamiento. ¡O la pantalla de reojo! Son muy listos los gatos éstos. Bocú inteligentes. Se dejan atropellar poco; creo que eso es sintomático. No sé, al menos a mí me parecen listos, claro que quizá es que sencillamente sólo son más listos que yo... lo que tampoco es tan difícil si te paras a pensar. En fin, mirádla a esta: se las ha arreglado para conseguir alojamiento y comida gratis en mi casa, y a cambio no sólo no paga alquiler sino que además tampoco ayuda en las faenas domésticas. Para más inri me lo deja todo lleno de pelos rubios... que luego un servidor ha de barrer. La baño y le limpio las cacas. Y me gasto una pasta en veterinarios para que no se me engripe. Conque decídme, ¿quién es el bobo aquí?...

 

De todo modos es buena idea tener gato. Un gran invento. Cuando estás vacío y no tienes qué decir puedes quedarte ahí óbservándolo un rato y luego escribir sobre sus pequeñas barbaridades. Un comodín miante y peloso.

 

Ahora se me ha espatarrado en la cama. Se cree que la voy a dejar dormir conmigo. Va lista... Pero de todos modos ella todas las noches prueba suerte. Quizá algún día la pase por alto, ¿no?. Tal vez, tal vez... Cabe dentro de lo posible aunque no de lo probable. Por ella no va a quedar, pese a todo.

Creo que me voy a ir a la cama ya. Si consigo leer un par o tres de walserianos microgramas antes de que el sueño me gane la partida creo que podré darle la puntilla a un día decididamente bueno.

 

Al menos el mejor, con diferencia, en lo que va de año.

Ciao.