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tannhauser

730 más allá...

 

2 años...

En fin, a partir de aquí ya estoy fuera de garantía... Imposible la devolución ni el abono de la pasta. El que quiera que se quede y el que no que me tire a la basura. Tengo también por ahí a vuestra disposición Hojas de Reclamaciones y todo, pero ya os aviso que no os llevarán muy allá... Así que allá, muy allá cada cual, cada cual donde le plazca...

730 días más o menos, con sus más o menos 730 noches. Se escriben pronto, y más rápido se dirían si hubiese voz. Pero "hay que estar ahí", ¿no, Sergio?, hay que vivirlas, jodidos o no, y eso no se hace tan condenadamente rápido. Se tardan, como poco, dos jodidos-cortos-largos años en arribar al final de toda esa condanada ristra de noches...

"Room a Thousand Years Wide", Soundgarden, Badmotorfinger,  4:08...  Mañana mañana... tomorrow, sí, tal vez... tal vez gritar como si no hubiese techo, ni idea de techo, ni idea de idea, ni negación de negación...

Tecleando en la oscuridad. Dejándome la vista. La pantalla apenas ilumina. Y el silencio devorándome el hígado mientras tanto, a pesar de la música en los oídos, sí, devorándome el hígado púrpura desde fuera, como Saturno ventilándose hijos, como pico de cuervo abrevando en entraña tantálica.

Sólo que yo no tengo un hígado ubicuo y eterno que entregar a los cochinos.

Ni el hígado ni por supuesto toda mi sangre, fresca o caducada, porque me quedé helado. O más bien petrificado.  Como talla; gárgola de iceberg o catedral...

 

 

Cianótico y cianúrico. No te acerques si no es para morir asfixiado/envenenado/petrificado. Ni siquiera hace falta que saludes. Ese giro sería fatal: te quebrarías.

Hecho pedazos y jirones de pedazos; deshilachado. Descosido y desmadejado. Desaforado y desgastado. Desatado y descastado. Me des o no, aquí y ahora, o mañana tal vez, así he de acabar: DECAPITADO. A través de tu hoja o sin ella.

Haciendo recuento. De magulladuras y heridas. Por lamer... De munición y vidas. Por arder....

2 años el día 22, precisamente el 22, que también sería aniversario de algo si no fuese porque ese algo no es ya otra cosa que daguerrotipo y bruma. Recuerdos gríseos de grises momentos. Dentro de 22 años ni os cuento, no me busquéis siquiera, ninguno de los supervivientes. Demasiadas noches ésas para este body ya tan tallado en hielo.

Puedo recordar el 22 de hace dos años pero no en cambio el de hace uno, lo tengo como borrado. No sé, quizá porque debía vivir engañado, hace uno, no hace dos, o también entonces, pero menos. O ciego, tal vez fuese eso. Es decir, más ciego y miope que ahora, que a decir de muchos es tanto.

Y bien, ¿qué añadir después de tanta jugona palabrería?... ¡Uy!, ¿sabes?, me encanta que me hagas esa pregunta... Adelante, adelante, responda usted... Bueno, voy a ver...

En realidad podría ser todo muy simple, que no sencillo, pero casi se parecen uno y lo otro, así que si no tiramos de excesivo escrúpulo podríamos llegar a hacer la vista gorda. Un riachuelo amable y tranquilo si renuncias. Duermes de noche y vives de día. Las 24 todas las respiras, ojos abiertos y cerrados, parpadeos inclusive. Te levantas temprano, a trabajar. Te alquilas. Te acuestas tarde y reventado. Y en mitad de todo eso respiras, arf, arf, arf, y trabajas, arf, arf, arf, y corres o andas rápido y desusado en tus piernas para no dejar mal a tu puntualidad, arf, arf, arf. Comes rápido, comes mal, comes salado. La hipertensión ha de ser tarde o temprano tu mejor amiga. Si es que el infarto no te gana antes para la legión de los pasos marcados. Y el mañana siempre ha de venir, siempre mejor, siempre radiante y como ensoñado. Tirando de recuerdos y tirando de futuros. Puente entre paraísos justo en el centro del abismo de los días. Sin espuma, sin cáliz, sin rubor. Una lectura. Una película. Un café. Una canción. Una mirada soslayada. Una mirada buscada. Una traición. O decepción. O lágrima. Reseca y muriente, antes incluso de haber llegado a la mejilla. Silencios laxos. Periplos mudos. Paseos yertos. Latires crudos. Y pasa un año y pasa otro, y tras ése otro viene y el siguiente cae, y cae solo, de nada más acompañado, salvo, quizá, un estertor, o el estertor, al fin, quizá, ¡por dios!, tal vez, ojalá, sí, de verdad, ¿el último?

Proyectos, proyectos, proyectos. Proyectos de vida y proyectos de proyectos. Intentas no abandonarte a su caprichosa ingeniería porque sabes que es inútil, que no son otra cosa que castillos en el aire, pero aun así no puedes sustraerte a su erótica, no quieres en realidad escapar a su mirada de ojos verdes y risueños, o marrones y serenos; no te da la gana decir no a su herpética caricia, ese culebreante roce en el períneo.

Me resisto a pensar que he tenido que escribir todo lo escrito para llegar hasta aquí, llorado todo lo llorado para verterme hasta aquí. Que podría ser el mismo habiendo arriesgado mucho menos. Pero es en vano, una resistencia estúpida y nada lúcida.

... 

Hace cuatro párrafos que no tengo ni repajolera idea de adonde conduce todo esto y, la verdad, estoy cansado, tengo sueño, y el teléfono lleva algo así como semanas sin sonar. Me toca los huevos darle el punto final a un texto sin rematarlo, simplemente terminarlo por acabarlo, porque ya no se da para más, pero nada saldría a estas alturas por más que me exprimiera.

Me parece que hoy todo va a saber a Zumo de Derrota 100% Natural.

Que aproveche...

 

  

 

LetrasdeArena

"Los niños imaginan con facilidad las cosas que desean y no tienen. Cuando en su madurez conservan esa facultad maravillosa, se dice de ellos que son poetas o locos”

Anatole France

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Así que supongo que no quiero dejar de serlo, un niño terrible, como los de Cocteau, y entregarme sin reserva al síndrome PeterPanesco, que me consuma desde la raíz hasta las entrañas, y que mi aire arda con ígnea llama,  hasta que no quede otra cosa que el vapor en ceniza de mis alas.

Aunque esté ya cada vez tan lejos de esos años de los que apenas nada recuerdo, cada segundo menos, y cada segundo más difuminado, como si los surcos de arena que fui hubiesen sido poco a poco, pero sí, pertinazmente alisados, por el tiempo disfrazado de viento, y el reloj mimetizado en marea, y los años cayentes dándoselas de escoba altanera. Pero queda el deseo, queda la ilusión como vasta e irrevocable, de serlo todo y no aceptar ser saciado, como ésos hocicos también terribles que siempre tienen hambre, a todas horas, de sangre y de carne, y, cómo no, de arena seca y húmeda y como cieno gris en las pezuñas.


Conque aquí estaré siempre, hasta ese último día que será un crespúsculo de ojos cerrados; ventanales rotos, y manos caídas; tan quietas arañas y tan panza arriba. Aquí esperaré ese hundirse de sol moribundo en la hondura de tierra lejana, toda horizonte, que ha de ser, ay, tan amante madre de mis huesos. Aguardaré acabado, así, como finiquitado. Aguardaré expectante, así, como si toda esta oscuridad no hubiese de ser sino preámbulo.

Y en mi mirada vivirá la locura, y en mi corazón la ajenación verterá sus hielos de sístole diabólica y diástole irrubricable. Y arderá en mis dedos la alienante magia de la alienante rima, la alienante palabra, el alienante silencio escrito y manuscrito, y entre lo otro y lo uno, lo vivo, lo irrevocablemente eterno y vivo.

Inmatable, parasiempre, atemporal.


Y ojalá en ninguna de mis líneas muera el chaval alado que alienta mis sueños, y que tan nada tiene que ver con este hombre cansado y este cuerpo en derrota que segundo a segundo, grano de arena sobre grano de arena, voy entregando al océano...

 

 

Muerte Querida...

LA OBRA
¡Crearme, recrearme, vaciarme, hasta
que el que se vaya muerto, de mí, un día,
a la tierra, no sea yo; burlar honradamente,
el crimen, y dejarle este pelele negro
de mi cuerpo, por mí!
¡Y yo esconderme,
sonriendo inmortal, en las orillas puras
del río eterno, árbol
(en un poniente inmarcesible)
de la divina y májica imajinación!
Juan Ramón Jiménez   

 

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Juan Ramón Jiménez, el de las jotas en lugar de ges… Un hombre osado, sí señor. Yo hice lo mismo en 2º de Filología Hispánica y casi me echan a patadas; le puse jota al “coger” en un examen y a la pobre mujer casi le da un ictus ortográfico. No me suspendió, no, pero a cambió sí me quitó la Matrícula (de Honor) que el examen merecía, y todo porque no cogí debidamente, o más bien, pienso yo, porque el alta estima en que tenía a la dificultad extrema de su materia no podía encajar que los hubiese capaces de escribirle un examen de 10.


Las perversiones del lenguaje deben quedar para los muy grandes o los muy pobres; los Escritores con Mayúscula y libracos en los estantes o bien los muchos que ni repajolera idea tienen, para quienes el correcto escribir es todavía misteriosa alquimia. Los primeros por acción y los segundos por omisión pueden hacerlo, darle de patadas al Real Diccionario, ¡pero tú, no!; a ti te enseñaron a escribir, ¡qué carajo!, conque si no juegas con la comida que te echas al gaznate mucho menos se te ocurra perpetrar herejes juegos malabares con la que Limpia (y por el mismo precio hasta te Fija y Da Esplendor)


En fin. Qué fácil abandonarse a la verborragia…


Porque yo este poema lo traje aquí hoy por lo de darle el cambiazo, a la muerte, y dejarla con un palmo de narices. Es decir, que ella viene dentro de veinte años, o mañana, o esta misma noche, toda negra y toda parca, guadaña en mano y recién afilada (guadaña y mano), y está claro, viene por ti; estás en su lista… ¡el primero en su lista de los acabados! ¡Argh!, bueno, todos pasaremos por eso, tranquilo… ¡pero sólo a mí me toca esta noche, no te jode!... Sí, sí, lo sé, pero piénsalo bien, tú ya no estás aquí sino a medias, porque ya te has ido dejando poco a poco en tantos sitios, tantas almas y corazones, y por supuesto letras, páginas manuscritas, y quién sabe si no también impresas… La obra, la obra, en fin, ahí te quedas, en ella, inyectado, o como sardina en conserva o comida de astronauta, desnaturalizado pero en esencia, aguardando que alguien te abra la tapa y destape tu vacío, y primero te eche un buen vistazo de arriba abajo, y te husmee después para ver si no estás en mal estado, y tras eso, si al final se decide, te coma o te lea, tanto da, y tú allí, mientras entrando en su cerebro o espectro, rogándole a la Musa o Divina Inspiración que te enfrascó en toda aquella hilarante aventura no haber caducado después de tanto tiempo. Fuere el que fuere. Poco o Mucho. O MuchoPoco.


Creo que del último párrafo no se entiende una leche… Quiebra en un par o tres de puntos vitales, pero más o menos la idea la da, aunque no mucho, casi se la queda, egoísta, pero bueno, es igual, no creo que quedasen ya muchos leyendo después de lo la Alquimia Analbabética. ¿Os imagináis al Javi de hace uno o dos años escribiendo esta infumable retahíla de idioteces? ¿Sí? Pues ya tenéis más imaginación que yo, claro que, pensándolo bien, a lo mejor la vuestra es con g y la mía con j, o viceversa, y por eso como que no nos acabamos de entender.


En fin, que tanto da, que nunca me he tenido en gran estima pero sí hasta ahora las había querido mucho, a mis letras, las había cuidado y mimado. Y ahora que lo pienso, lo sé, incluso consentido. En exceso empollado. Pero ahora ya nada de nada. Las tiro al aire como bolsas a la basura. O las salvas al aire por no sé qué difunto. Tal vez yo mismo, un día por venir.


Empecé todo esto queriendo hablar de no sé qué y no sólo no hablé del tal qué sé yo sino que además ya estoy viendo que no voy a saber por dónde carajo finiquitar este qué sé yo qué.

Lo importante, pienso yo, pese a todo, aunque no se entienda una mierda, o que parezca que no se entiende, esa mierda; lo escrito o lo vivido, es jugar, apostar, arriesgar, no tomártelo tan en serio y al tiempo no tener miedo a dejarte el pellejo, en el párrafo o el aliento.

O el par de sables, tuyo y mío, Muerte Querida, mi Querida Amante, entrecruzados, gritando…

 

Deshojando el tambor

Una noche dura la de ayer, decidí retirarme demasiado tarde -a dormir- y un buen montón de mis huestes fueron masacradas. Recuerdo que de muy pequeño me aprendí un famoso romance de un libro de texto: "Las huestes de don Rodrigo desmayaban y huían / cuando en la octava batalla el enemigo vencía...". Ya no recuerdo más. Una pena. Todo el resto lo he ido perdiendo con los años pero esos dos primeros versos han sobrevivido. Hasta hoy. ¿Por qué? ¿Significativo? ¿De verdad? Tal vez algún temerario psicoanalista tendría algún amago de respuesta, pero que no me la diga a mí, desde luego, que la deje por ahí escrita o que me pase recado. Tal vez más tarde, en otra vida, me detenga a echarle un vistazo.

El caso es que un montón de horas arruinadas ayer delante de esta pantalla. Sin decidirme a acometer nada en concreto. Podría esto, podría lo otro, ¿y por qué no también lo de más allá, que lleva tantas y tantas semanas postergado? Pero al final no podía nada de nada. Sólo la inacción podía algo aquí. Me podía. Me pudo. Y me podrá, esta misma noche, sin ir más lejos.

Mirando algunas páginas, ni siquiera leyéndolas, sólo contemplando sus colores vivarachos. Escuchando algo ya cientos de veces escuchado, si no más. Muchas más. Y la pantalla en blanco, esta pantalla, todo el rato en blanco. Virginal. Nada me empujaba a mancharla, ningún deseo lo suficientemente salvaje me asaltó gritándome: ¡Viólala!, ¡¡¡Viólala!!!... o ¡Viólame!, ¡Viólame, cerdo!... Eso tampoco; la pantalla tampoco se puso ninfómana y guarrindonga, empujándome al exceso.

Fantasías y memorias de fantasías. Papelajos.

Y letrajas.

En realidad creo que cada línea aquí me aleja un poco más de todos mis sueños, los más íntimos, aquellos en los que más me juego el pellejo. Es como aquello que soltó el Hanks cuando le ordenaron salvarle el culo al jodido Matt Damon en mitad de toda aquella hitlerada brutal y sin sentido: "Cada tiro que pego, cada hombre que mato, me aleja un poco más de casa". ¡Qué mainstream!, ¿no? Del todo, aunque aun así le sobraban razones a la muy zorra, de la frase, quiero decir, porque a ver cómo coño volver a casa sino pegando tiros, defendiéndote, manteniéndote entero mientras al resto los haces mil pedazos.

Pues todo esto es un poco como aquello, que sé que cada palabra me hunde un poco más en la mierda pero he de seguir escribiéndolas si es que quiero salir de la mierda, o al menos que la mierda no me llegue a la boca; no tragármela. Aunque todo no es más que un engaño, lo sé, como todo en la vida, lo sé, el respirar incluso, autoengaño; parcheo y placebo. Pero formo parte del engranaje lo quiera o no, y todo lo que no sea esto es desmayar y huír en la octava matanza, o en la novena, sabiéndote rebasado y viéndolo todo perdido y negro como pelo de cabra satánica. Plegarse a la suma cobardía.

Porque todo esto te deja para el arrastre, sí, pero es que si no te avienes a ello también estás perdido, acabas como para que te encierren. Me refiero a escribir todo esto, rebuscarte en los intestinos de esta manera, husmearte las entrañas a la espera de dar con el coágulo canceroso. Una locura suicida y sin sazón.

De hecho creo que ya he renunciado en cierto modo. Que si albergo algún sueño de esos íntimos y alentadores es sólo por no sustituirlos por el nudo corredizo. No creo firmemente en ellos, en verdad, porque si fuesen esa cuerda corrediza no me sostendrían, no aguantarían el peso de mi fe corrupta: mis sueños no tendrían otra opcón que dejar que me ahorcara... y aun después los arrastraría conmigo.

¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Qué demonios me estoy diciendo? Mostrándole a mi alma constantes Dorian Grey’s, azotándola, castigándola, por no sé qué crimen, no sé qué cobardía, cegándola, sajándole las retinas a base de picudos aldabonazos de rojo alienador. Dentro de 40 minutos habré de encerrarme allí y poner buena cara, sonreír, o casi. O lo más parecido. Tres horas más al sumidero. Y ahora estoy aquí, tan lejos del mundo y de mí mismo, diciéndome y diciéndoos toda esta intragable sarta de puñaladas.

Aunque supongo que cada uno puede tener su ideal de "casa", ese hogar al que soñar volver algún día aunque sepas del cierto que te han de arrebatar la vida en el camino un par de tiros en pleno pecho. Y supongo que para cada uno ese hogar son cosas distintas aunque luego se resuman más o menos en lo mismo. El espectro de lo sagrado, lo visceral e intrínsecamente sagrado, sin mayúscula, al fin y al cabo, no puede ser tan amplio. Porque somos tan complejos, ay, pero a la vez tan y tan terriblemente básicos.

Yo, por jemplo, hacer el amor. Ostias, hacer el amor, qué bueno, qué bueno... eso ya te lo cura todo, o te hace creer curado. Si pudiera hacer el amor más a menudo anda que me ibáis a ver por aquí el poco pelo que me queda. Ni me vendría a la mente el escribir.  Y si lo hiciera, desde luego, a buen seguro no lo haría con estas pintas de amargado. O eso creo. O eso prefiero pensar. Ahora llámadme hipócrita, y vendido, y todo lo que queráis. Yo mismo; mea culpa; culpable; yo; colgádme; pero hacédlo ya; hacédlo rápido.

 

Y luego también, por ejemplo, tener una cintura que abrazar al llegar a casa hecho una puta mierda. Eso creo que también te lo cura todo, más incluso que hacer el amor. Eso de verdad sí tiene sentido, al menos mientras la tengas, puedas seguir abrazándola, a ella y su cintura. Eso sí vale. Me vale. Es decir, me valdría. O mejor decir me hubiese valido, porque me parece que ya no estoy a tiempo de toda esa ternura inmarcesible. Hay quien sólo soñaba tener una estrella y yo creo que siempre he soñado tener una cintura. A la que abrazarme. A la que agarrarme, aunque fuese más frágil y menuda que la mía, pero que a buen seguro me librase del precipicio. Ese precipicio abismático que me sé para mí mismo.

¿Y qué me decís de acariciar lenta y dulcelemente un vientre? ¿Y de un beso lento y húmedo, con lengua, y campanillas, y buena ristra de dientes? En fin. Mejor paro que la tarde ha de ser todavía muy larga.

Qué simple soy, ¿verdad?... Verdad, verdad... Y digo yo: ¿a qué coño ser tan complicados?... con lo difícil e imposible que se pone todo antes incluso de que te enseñen a hacerte el nudo de los condenados zapatos...

Así que supongo que sí, que los filósofos inventaron la filosofía porque no podía follar, y los escritores empezaron a novelar porque sus días no tenían besos húmedos, y los físicos se sacaron del sobaco toda esa impostura de los electrones y los neutrones y los positrones invisibles porque no había en sus noches un vientre terso y suave que rozar con las llemas de sus dedos.

Y yo estoy aquí jugando a la ruleta rusa, deshojando la margarita del si sí o si no me pego un tiro, escribiendo cada día y cada día tanto más lejos de casa cuanto más escribo, pura y simplemente, porque me quedé sin esa cintura menuda y frágil que fue siempre mi sueño.

No sé si desde este estar fuera de mí y del entero universo, desde este estar en la vida tan perdido y tan sin asideros; nihilista, extremista y fatalista, podría, tal vez, esa cintura, equivaler a una estrella...

Tal vez casi. Tal vez algo así. En ésta o en la octava batalla.

O en las enésimas por perder.  

   

 

 

 

 

 

 

Eismeer

Casi todo el mundo se ha marchado y, la verdad, no me extraña. Esto tiene cada día menos interés, menos “chicha”. Y por “esto” que cada cual entienda lo que quiera.


Una carencia alarmante de historias, supongo.

Aunque miento, mentira piadosa, pequeña, menuda; mentirijilla. No es verdad, o al menos no del todo, que no haya, pero no sé si entre todas llegan a un mínimo aceptable. Historias que se han acabado pero de las que quedan sus restos, flotando; los restos del naufragio. E historias como subterráneas e inconcebibles, en algún lugar también inconcebible porque entre mi corta imaginación y mi congénita ceguera no alcanzan a dotarlo de paredes. Ni de papel pintado, claro está.

En cuanto a las historias subterráneas, bueno, qué decir… pues que se antojan así como el submarino allá, bajo las aguas, y tú ahí, sobre las aguas, y el radar en medio sonando aquello peliculero del ping… ping… ping… y la tensión, ¿no?, y el miedo… el miedo, por supuesto, y la emoción inganable; y la vida palpitando, sudando, resbalando, queriéndote reventar las pareces arteriales. Pero no lo sabes, no puedes saberlo a ciencia cierta, si es amigo o enemigo, el submarino, la historia subterránea, hasta que sale a la superficie, o la haces saltar de lo hondo, y le ves la bandera u ojos, acá en lo alto de tu mirada.


Y respecto a los hundimientos, bien, ahí tenéis el cuadro de Friedrich, "Eismeer", “El Mar de Hielo", "El Naufragio de la Esperanza", 1824... encabezando este cuaderno de bitácora. Me encanta, todo ese hielo de todo menos blanco, toda esa soledad, esa derrota muda y desolada. ¿Por qué no la he sustituido por otra imagen todavía? Se supone que estamos en la 4ª Época, ¿no? ¿Por qué esta vez no como las anteriores? ¿A qué espero para cambiar una vez más de muda como esas serpientes cobardes que se supone tanto temo? Bueno, en primer lugar porque todavía me queda un algo de vergüenza, o amor propio, como queráis, y ya no tengo huevos a seguir anunciando más épocas ni rentrés, quizá porque interna e intensamente desearía que ésta, dure lo que dure, fuese mi última. Y en segundo lugar porque me doy cuenta de que todo esto es en verdad el naufragio y no lo de antes. Ninguna imagen mejor que ésa puesto que este lugar ya es en cierto modo tan prístino reflejo de esa pintura.


Eismeer: lo que queda tras el Naufragio...

 


Porque eso es esto, los restos, los despojos de tantas cosas, pero sobre todo de aquellas puertas donde brillaron rayos C, y del muerto replicante que las habitó, cuyo fantasma, éste que os habla, ya no sabría volver a ellas por más que quisiera.


Que tampoco quiero, ojo.


Cómo ha cambiado todo en estos dos años que acercan a cumplirse. Cómo he cambiado con ellos. Recuerdo toda esa ingente cantidad de líneas. Ingente de verdad, aun a pesar de los cortos períodos de renuncia. Las cosas que he escrito. Tantas de ellas perecederas, hoy caducas; y otras tantas estúpidas, todavía tan y tan estúpidas. Y algunas hermosas, sí, creo. Y otras algunas terribles. Mucho, lo sé, lo sé. Sobre eso no tengo dudas.


Y todo ello aquí. A la vista de quien quiera llenarse hasta los hombros de mierda en busca de alguna que otra hipotética perla.  


Me pregunto qué pensaría mi padre si leyera alguna de esas cosas terribles de las que hablo. O mi madre, mi mami, siempre tan incomprensiblemente lejana al más cercano de los pensamientos tristes. Supongo que me la llevé yo, toda su tristeza, al salir de ella, naciente, y no le dejé las entrañas llenas más que de sonrisa y buen humor. Por suerte mi padre no lee, ni me leería jamás, aunque triunfase. Y mi madre no tuvo oportunidad, de aprender a leer, me refiero. Pero aunque supiese tampoco lo haría, ella sólo quiere verme casado; sólo le preocupa que tengo ya casi 28 años y sigo sin mujer e hijos –sus nietos- que cuiden de mí cuando sea viejo y ella ya no esté aquí para eso… Si supiese que pienso firme y secretamente que ha de llegar el día en que me entierre…


En fin. Hay vidas en las que hasta no saber leer y ser incapaz de escuchar pueden ser la mayor de las bendiciones.


Creo que esa es una de las razones por las que persisto aquí, reincido una y otra vez en estos hielos. El mejor sitio en el que sentirme así, mantenerme solo, como siempre he estado, sostenerme ártico en este lugar, ofreciendo una cara nada amable, cada vez menos, aunque sincera, pero del todo incómoda, eso sí, y a ratos tan incomprensible. Así casi me aseguro que los pocos que se asomen difícilmente vuelvan.

Y si los hay que se queden por tiempo, eso seguro, serán también gélidos náufragos.


Algunos que no me conocían pensaron que JIP, Javi, yo mismo, era un papel, una representación, incluso un personaje ficticio. Que no podía ser que alguien hablase esas cosas de los demás y sobre todo de sí mismo. ¡Y que las hablase en serio! Otros que me conocen, si en verdad algo me conocen, no se lo preguntan, saben que algo de eso hay en mí aunque por lo común no vean más que pequeños retazos y relampagueos de ese javi terrible en el javi normal que tratan a diario… No se puede ser una máquina de desolación las 24 horas de cada puñetera jornada. A las 36 te acabas pegando el tiro de gracia o tomando la sobredosis de barbitúricos.


Lo que estoy intentando decir es que este que os habla desde aquí es mucha parte del que soy, aunque no toda, pero sí la encarnizada sobre mí mismo. Porque aquí me halláis en pie de guerra y armado hasta los dientes. De palabras. De escritura. Fuera de ellas soy yo conmigo mismo, en la vida, la realidad, los otros, quienes sean, interactuando mal que bien. Pero sólo aquí estoy yo solo y contra mí mismo, armado de la más predadora de las estacas: la palabra. Bien dirigida, mortal de necesidad, aunque no te mate, bien te puede rebanar el alma en dos mitades y dejarte interrogante y estupefacto entre un buen montón de tus huesos despellejados.


Capaz de enamorar con la palabra. De odiar y hacerme odiar con la palabra. Nada más desarmante: ni cuchillo, ni chanza, ni traición. De lo más alto y sublime a lo más vil y rastrero, todo el espectro te recorres a sus mandos. No hay mejor torpedo con el que llegar hasta lo hondo del corazón, y una vez allí, lo que sea, amar y hacerse amar, destrozar o estallar uno y completo y también todo lo rojo y pasional de fuera, circundante. Sólo la mirada le compite en potencia destructiva, sí, pero lo mirada se cae, se amansa con los años grises, mientras que las palabras al contrario, se afilan, se vuelven más certeras e hirientes con cada desengaño. A todos los que me habéis jodido os hablo, no desesperéis, no riáis ufanos todavía, que a todos os tengo preparada en mi mente la venganza definitiva, para todos vosotros tengo ya nombre de personaje en mis novelas por venir.


No se muere de amor, es verdad… tal vez. Aunque tres o cuatro palabras bien tiradas sí te matan. O te dejan para matadero. Mejor morir de amor entonces, qué cojones. O no. Quizá no.


Cuando estás solo en el mar helado y la presión amenaza con quebrar todo tu casco no hay margen para el error, no se puede hacer el menor derroche de fuerzas si no es para cobrarte presa, porque de lo contrario acabas pagándolo con la propia vida, la íntima cordura. Y aunque sigas a flote tras el naufragio, tus pulmones sedientos no tienen por qué ser prueba fiable de verdadera vida.

 

   

NightTrain

De nuevo aquí. La noche es una locomotora que avanza sin paradas. Si quieres bajar habrás de arrojarte a la cuneta.

 

Y hablando de arrojar, de nuevo aquí, con una necesidad convulsa de lanzar palabras. Nuevas tonterías. Obviedades y boutades. Demagogias. Los políticos se montan chalés en la Sierra gracias a ellas y yo aquí vomitándolas gratis. Fuera de toda sazón y lugar, como de costumbre.

De nuevo aquí. Y la noche no para, no ceja en su silente oscuridad. Escuchando algo, cómo no, aunque no lo diré esta vez; ¿para qué? Tanto da. En los auriculares y sólo ahí, en mis oídos, y vale. Tanto da.

De nuevo en la noche, la traqueteante de vía estrecha, hacía algún lugar. El tiempo derramándoseme por las costuras. ¿Qué podría hacer mejor que esto? Irme a dormir, lo sé, lo sé. Pero... ¿mejor? ¿Estáis seguros?

Está bien, está bien, la noche está llena de durmientes y yo pronto seré uno de ellos.

El día está lleno de durmientes y mañana por la mañana, a las siete, seré uno de ellos. De vosotros.

Claro que hay durmientes y durmientes. Y sueños y sueños.

Un lugar extraño la noche. Un altillo oscuro y predador. No se extraña uno de que la gente se recluya en sus casas y duerman la noche, de que se construyan casas en las que recluirse a dormir la noche. Todo un salvocoducto al día por venir, y no falsificado, al contrario, en toda regla; sellado y compulsado: un buen sueño, reparador, y ¡ale!, a seguir dándole caña al absurdo de buena mañana, en las calles, en las oficinas, en los comercios, en las fábricas…

Casi acabas por cogerle el gustillo, a este estar aquí, desarrollando noche a noche todo este pequeño tumor de letras y pensamientos, dándole de comer carne de tu carne y sangre de tu sangre, célula a célula, germinando este pequeño cáncer espiritual, esta orquíedea negra. El mejor momento del día, te dices, hallarme aquí...

 

...de nuevo aquí, en la noche cancerígena, derramando mis segundos, poniéndolo todo perdido, hecho un verdadero asco, de tumoroso pensamiento...

SinSentidoS

Sin sentido. Sin motivo y sin objeto. Inexplicable. Inextricable. Inexpugnable. Asedio imposible sobre el tedio terrible. El nonsense tremebundo del ser y el estar y el pensar, el amar, lo peor, eso es, el amar, el querer y creer, querer creyendo que esto ha de ver algún día algún significativo final.

 

Sinsentido, todo junto, en una palabra, sin espacio en mitad para oxígeno o aliento. Una palabra sola y solamente: sinsentido, sin siquiera un segundo para pararse o respirar. Ahogado, asfixiado, anegado… Y ahora lo mismo con S terminal. Los 2. Tú y Yo. Y tambíén los demás.

 

Todos, sin sentido, sin sentidos, ¿sin sentires?... Algún día, no temas, llegará… si es que no vino y se quedó ya. Y se fueron, tus sentires, los míos, los vuestros, sentimientos, aferrados al gemir o derramarse, sin hablar, callados, vagos, mefíticos, como abatidos y genuflexos, resecados en espesura de llanto inexplorado, en lo sordo, tras la ciudad.

 

Sin sentido, sin sentimiento, sólo con el pensamiento; maldición del Animal sin animal, de la mayúscula olvidadiza y enredadera, trepadora, que olvidó de dónde vino, que negó lo evidente y final, que tuvo a la Minúscula por rival en lugar de raíz y fuente; paso que fue y no quiso parar; sonrisa que vino y no se quiso quedar a cenar. Sonrisa ahilada de río pequeño y frugal, eSe menuda tras menuda eSe que va a dar a los mares que hacen de muerte y mortal punto final.

 

Vida de Hombre sin sentido frente a vida de gato con sentido. Vida de gato, garras de gato, dientes de gato. Felinos felices bigotes de Félix y Fénix (el) gato insincero y por volver a incinerar. Vida de gato con sentido. Gato que vive consentido. Se sube a la mesa, me husmea la cara,  me eclipsa la estufa, me mía y me mía. Egoísta, ya está bien. Mio Mio. Todo tuyo. Todo suyo. ¿Y a mí qué me queda? Las eses silenciosas, serpenteantes, subrepticias, sigilosas, del silente sinsentido. Absurdotivo plural en primera personal. Irregular. Por supuesto; del todo irregular.

 

Pero mortal. Como mordedura, picadura, ensañadura, venganza pura, labrada en años y odios y rabias sin cedazo. Como un pensar y pensar, día tras día, pensar y pensar, reflexionar, y luego, tras lo pensado y abatido, regresar, al pensamiento sin sentido y sin objeto. Invencible. No abatible. Como sol. Como Luna. Como júbilo de gato consentido eclipsando el sol naranja de la estufa vieja en el frío de la huesuda luna crepuscular.

 

Regresar, regresar, siempre y siempre regresar, siempre siendo uno, siempre siendo el mismo y tan distinto, tan distinto de los otros infinitos mil que no pudieron ser y estar, al mismo tiempo, regresar, siendo nosotros, aunque sólo uno, pero todos, sin esos todos por llegar, que nunca serán ya. Que caminante hay caminos, a ciento y miles y miles de cientos, pero sólo uno, ay, sólo uno has de caminar, hasta el final que es tu final. Y los caminos se van haciendo y deshaciendo, miles y cientos de infinitos miles, a cada paso que das.

 

Sin sentido: el frío en los huesos. Huesos sin frío: Sinsentido. Insensible  y aterido blanco marfileño en uno u otro sentido. Ambidireccional.

 

Sinsentido: las 10 en la catedral. Aquellas 10 sin catedral: sin sentido. Aquellas 10 y las nueve de antes y las de después, todas detrás, hasta el doble 0, las 12 oscuras de los fantasmas que no fueron ni estuvieron. Que no tenían sábana blanca de estreno por el rojo restriego de unas lágrimas sin rielar.

 

Sin sentido alzarse cada mañana y todo esto: todo este rastrero agonizar. Sin objeto todas las veces que dije te quiero: todas esas duras tiernas palabras, el par, Te quiero, Te Quiero, TE QUIERO, en el aire, desvalidas, demoledoras, huidizas, interceptoras. Cual si un fuego persiguiendo a otro fuego. Absurdo sobre sí mismo. Sinsentido sobre sí mismo, sobre su no sentir. Sin sentirse, el resentido. Resentimiento al cuadrado. Cuadratura del sentido: Absurdo sinsentido; ubicuo y eterno y circular.

 

Sin sentido y sin objeto. Y ya más que muerto y remuerto. Y más que muerto, “recruyerto”, recrudecido en lo desencadenado terminal. Cual si cáncer. Sus "Te Quiero" todos eso, eso mismo, terminales recruyertos.  Sin valor y sin motivo un te quiero sin un "ahí está", te lo demuestro. Un amar sin todas sus letras, carente de m, ausente de r, huérfano de ese par de gemelas a’s. Y sin todo el resto con sentido, caricia sobre caricia, y sobre caricia cadera, y sobre ella la piel erizada, exclamando…  Y sin todo el otro resto, el consentido, yo dentro de ti y en tus ardientes venusinos adentros, y tú cabalgando y sintiéndome dentro, derramándote al derramarme, juntos los dos y hasta lo alto inasible, en espiral y sin sentido. Y sin consciencia. Sólo placer. Y lo dos juntos. Entrelazados. Sin sentido, sí. Y en espiral. En Universo, Divinos, Cosmos, Amantes, y por eso mismo, sin sentido; sin de él necesidad. Autoconclusivos.

 

Sin sentido todas éstas, mis palabras, todas ebrias y borrachas, de sexo sentido y consentido. De un te quiero sincero y sin reserva. Y sin nada de absurdo y terrible miedo. Así de fácil. Te quiero. Así de imposible. Te quiero. De una luz que se fue cuando no tenía ojos y aguarda a mi espalda esperando en lo hondo de mi averno de pupilas, quemarme, arrasarme, vencerme, doblegar mis rodillas, hacerme gemir y gritar y llorar y rabiar. Una vez más defraudar: renegar de mi más propio mí. Mi mí más hondo y feliz y frugal. Una vez más, otra, y la última, defraudarme a mí mismo. Eso único que me queda no te lo voy a entregar fácil: lo tendrás que sudar.

 

Sin sentido el sinsentido. Porque para serlo, sinsentido, necesita de su opuesto, ese sentido tan traído y llevado, hablado, maldito, tantas veces roto y otras tantas recompuesto. Tirando de pegamento, como en alma o corazón destrozado, por un querer que no fue querer, por un prometer en falso e insincero. Reconstruyendo y deconstruyendo. Las piezas, los trozos, los pedazos, los añicos grandes y chicos. De la vida y el vivir, y el sufrir y el no darse por vencido. A pesar del asco y del absurdo. Y de ese sinsentido que no es él sino en tanto mitad de otro extraño y escapista. Y equilibrista...

 

El sentido. El objeto. Y el motivo. Inexplicables. Inextricables. Inexpugnables. Y también como yo, como tú, como todos, en la cuerda floja, trampeando y parcheando este respirar de incógnita vida. Siempre en el último escalón de cada segundo. Siempre en la postrera postal desde el filo. Siempre en esa absurda cuerda floja sin sentido que ni te lleva, ni por supuesto te salva, ni mucho menos te regresa.

Ni te serviría, por más que lo pretendieras, para hacerte con ella esa ahogante, asfixiante, finiquitante horca…

 

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En vena: Escape With Romeo, "Somebody", 5.51.

Sin Stock

Desde las siete de la mañana en pie y me acosté a casi las tres. ¿Quién quiere dormir para siempre? Afuera llueve, aunque con desgana, como liquidando los minutos de la basura de una furia por morir. Ayer tuvo bastante más mala leche, poco usual por estos lares, y me pilló de lleno. Del todo. Llegué al curro hecho una sopa. En realidad pienso que le he cogido cariño al catarro, me sabría mal sacármelo de encima justo ahora, en pleno invierno, después de todo lo que hemos moqueado juntos.

Un día extraño ayer. Y no sólo por lo de la lluvia. ¿Revelador? Quién sabe; habrá que madurar un poco todo aquello, toda aquella singular sarta de horas. Pero ahí lo voy a dejar, al menos por ahora."Love Like Blood" de Killing Joke, pero en muy muy bajito, que tampoco es cuestión de hacerse acreedor del vudú de los vecinos. Aunque quizá para eso ya es demasiado tarde: esos pinchazos en la cabeza... ¿y qué me dices de las cervicales irreparables?... Preocupante preocupante...

Me está costando un trabajo horrible estos últimos días tirar para adelante con el trabajo, valga o no la redundancia. No hago más que mirar el reloj y sentirme asqueado. Quiero decir más asqueado de lo que en un servidor es costumbre.  Todas esas caras interrogantes, dios mío, me dejan hecho fosfatina.

Vino uno ayer y salí al mostrador. Nada más verle el jeto supe que había pisado mierda: "Hola... ¿Tenéis un desto con desto y lotro, que haga también aquellotro, y lea diversos destos, y además sea compatible con todos los cualesquieraotrosposibles?" Aquel tipo se debía creer que yo era Papá Noel y Dios al tiempo y yo ni siquiera sabía de qué demonios me estaba hablando. Es más, dudo que algún otro compañero supiese de todo aquello algo más que yo. Sencillamente aquello que me pedía no existía. Pero aquel tipo no sólo creía en ello vivamente sino que además, lo estaba viendo, pretendía que lo tuviese allí mismo, como para llevárselo puesto y envuelto en papel de regalo, vamos. ¿Qué podía hacer? Podía haber empleado unos minutos enseñándole algunos modelos similares, que no llegaban ni de lejos a lo que él pretendía, y que él, por supuesto, no querría, pero que al menos crearían la sensación de que me preocupaba mínimamente por atender su demanda. Podía haber consultado con el resto de compañeros y hacerle ver al menda, a través de las caras de estupor subsiguientes, que simplemente perseguía un imposible; una quimera tecnológica. Que le habían vendido gato por liebre, que alguien o algo le había empapelado pero bien. Pero no hice ninguna de las dos:

- No, no me quedan...

- ¿Pero vais a tener?

- Uhm... Nunca se sabe... pero es difiícil, ya te aviso...

- Bueno, pues ya me iré pasando, si eso.

- Vale, como quieras.

- Vale... bueno... adeú.

- ¡Adéu!

 

Bienvenidos al "Peor Vendedor de la Historia", amigos... Presente. Ese soy yo. Bueno, creo que fueron unas tablas claras. Él no se llevó puesto su reproductor imposible y a mí me sentó todo el conjunto como una patada bien gorda en el períneo. Ninguno ganó ni perdió nada esencial, y los dos estábamos un paso más cerca de algo...  

Así que... ¿Qué coño estoy haciendo yo allí?... Buena pregunta. Pensaré en ello...

8 y 24... Tengo que pirarme ya a por mi ración diaria de caras preguntonas.

Nos vemos.

 

 

 

Muerto y Remuerto

¿Quién inventó los domingos? Nadie concreto, por supuesto, pero es como para preguntárselo, pensar en ello un momento, en cómo nos las hemos apañado poco a poco, con los años y los siglos, para hacer del domingo el día asqueroso y sin enjundia que actualmente es. Y que es desde hace tanto, al menos -y como poco- desde que yo tengo consciencia de mis domingos.

Escuchando "Surrendered" de Peter Murphy, o sea, Bauhaus. Si podéis dadle una oportunidad. Escuchándola una y otra vez, en bucle. Es lo que hago siempre. Hasta agotarla. Sacarle todo el jugo, toda la sangre. No eres la primera que me lo dice, ¿sabes, Maite?, lo de que eres un vampiro, tío, así que hasta ahora nada nuevo. Pero y ¿quién no lo es si es que está vivo?

 

 

Mejor eso que muerto, o vivo-muerto. Mejor vampiro, mejor no-muerto, porque morir en vida es lo normal, a lo que tiendes; y de morir, así, en definitivo y general, bueno... tranquilos, que de morir ya tendremos tiempo.

En mi casa no hubo jamás libros hasta que yo los empecé a meter a escondidas. Quizá por eso no puedo dejar de comprarlos. Me sigo empujando a través de ellos, empujándome hacia no sé dónde en su aliento furtivo. En cambio, y quién sabe si no a cambio, sí tuve total libertad videográfica y televisiva. 100 %. Me dejaban verlo todo. Alquilaba lo que quería. Hasta la más infecta basura, la de peor calaña. ¿Que así me ha ido? Bueno, no te falta razón... Un arma de doble filo, sí, pero encuentra algo en este mundo que valga la pena y que no tenga también una aserrada hoja  de tu lado, que no te rebane al alma de algún modo con solo arrimarte... Ya sabéis, si no quema es que no vale la pena, pero el cuidado debe estar todo de tu parte. Bien, a lo que iba: "Libertad Videográfica", "Licencia Doble 0 para Alquilar"... Y aun así no lo he visto todo, ni siquiera TODO, desde luego ni la mitad de lo deseable. ¿Qué cuál es la peli que más veces he visto? Pues lo tengo claro, "Ghostbusters", "Cazafantasmas", aunque lo que no tengo claro es el número de veces; cuando se es niño se tiene demasiado tiempo libre...

Y todo esto a cuenta de qué. Bueno, pues a cuenta de que hoy la he vuelto a ver, después de tanto tiempo. Enterita. De principio a fin. Y me sigue pareciendo genial. Me da igual lo que pienses, Paula, Bill Murray sigue molando. Sigue siendo el rey. Algún Rey. Quien tuvo retuvo,  retiene -y no sólo líquidos-, aun a pesar de los años y la mueca de asco irreparable.

 


 

Un montón de recuerdos y frases geniales, como la de "Colecciono esporas, mohos y hongos", o la de "La próxima vez que te pregunten si eres un Dios, contesta ¡Sí!", o la de "¡A por ella, Ray!"... Y Sigourney Weaver, que nunca más ha vuelto a estar tan buena, ni tan perra. Y Rick Moranis apenas empezando su tremebunda carrera de loser total. Y el funcionario "tocapelotas y pelotas". Y "El Guardían de La Puerta". Y "El Maestro de Las Llaves"... ¡Ah, sí!, y Murray diciendo aquello premonitorio de "hay un montón de gente por ahí que se muere por despreciarme"... Esa me la quedo para mí...

 

 


 

¿Y qué me decís del muñegote marinerito de los "MásMalous"? ¿Y de "Goser el Destrcutor" con tacones de aguja y look a lo David Bowie? Absurdo absurdo.

Hilarante hilarante. 

Aunque vivir tanto de recuerdos no tiene ni maldita la gracia. Te mata poco a poco. Te minva y te enmudece. Te va haciendo chiquito y timorato. Porque no siembras, no acrecentas el acervo. De vivires y existires. Porque mientras te detienes en el "yo ví, yo leí, yo escuché", no ves, no lees, no escuchas... y sólo escribes cosas como esta, que es algo parecido a ese "vivir-morir" del que hablaba. Y en general todo esto también se parece, incluso haber vuelto a emplear una hora y media de mi vida en ver una vez más cómo cuatro tipos en mono gris y tostadoras a la espalda fríen zurullos verdes y muñecajos michelín...

Pero bueno, ya está bien, al fin y al cabo el domingo, cualquiera, no deja de ser un día de mierda...

 

 

Star

En el curro, sí, en el curro, pero ya se acabó el currar. Con Luis, haciendo tiempo, esperándolo mientras acaba algo. Mientras lo acabá él, porque yo sí, sí señor, yo lo que es hoy ya he terminado. Cría amigos para esto...

Es decir, desde el curro escribiendo todo esto en una posición incómoda, de pie y el monitor demasiado alto. Sonando "The Cure","A Forest". Le alegran a uno, te pintan en el jeto el buen humor, Smith y los suyos.

A parte de esto poco más, todo más o menos como siempre, de medio vacío y en las últimas, como el vaso, que siempre lo ves de borracho, esto es, acabado. En el culillo.

Nada más. Sólo quería hacer tiempo y darme el gustazo de perder éste, mi tiempo, en ésto, el post ladino, desde el curro.

ah, y vigilad la Estrella, que no os churrasque el culillo alcoholizado.

 

 

Esto... bueno... qué más da...

Pues al final nada, no recuperé nada de todo aquello y así se va a quedar. Ya dije que hoy sería demasiado tarde.

5 de enero y ya en el último escalón de cada segundo, como decía Chinaski. El año empieza más o menos como el anterior, eso sí, con menos falsas promesas, lo cual, bien mirado, no deja de tener un algo sensiblemente positivo. Aunque es un algo menudo y grimoso, está claro.  

Este va ser un mes muy frío y muy cabrón, ya lo estoy viendo, y a mí me ha pillado con la guardia más baja de lo habitual. Me lo voy a tragar bien tragado, cuadrado y sin agua, a palo seco. La cuestión es: ¿lo podré echar?

Con un poco de suerte el día de hoy pasará lo suficientemente rápido como para que no tarde en poder volver estirarme en la cama a dormir un buen rato, lo único a lo que últimamente le veo algo de significado.

 

Escalpelos

Otro sueño turbador esta noche. Quiero decir otro sueño turbador que puedo recordar al despertarme. Unos cuantos de ellos últimamente; no me había pasado nunca. Algo se está moviendo dentro de esta dura cocorota y no sé si para bien.

Salían en él dos personas que conozco bien. A una la veo cada día y de la otra hace tiempo que no sé nada, porque si nos cruzásemos por la calle los dos haríamos como si no nos hubiésemos visto. Todo muy extraño pero a la vez muy real, demasiado límpido, cristalino en exceso, incluso para tratarse de un sueño. Normalmente no encuentras tanta luz en ninguna parte, ni aun tras abrir los ojos al mediodía.

Noche desesperante ayer. Un largo rato escribiendo aquí. Escribiendo, reescribiendo, corrigiendo, poniendo en orden. No pintaba mal. Y a la hora de darle al "Publicar" todo a la mierda. Evaporadas. Todas las líneas, las palabras, al carajo. Y acto seguido unas ganas  apenas contenibles de emprenderla a puñetazos con el alrededor. Dejarme los nudillos en las puertas, las paredes, y también la punta de los pies, encastadas en algo. Pero me contuve, para una cosa que tengo bonita, bien hecha: el par de manos, no me lo voy a destrozar más de lo que ya lo hace el gato.

¿Podría reescribir todo aquello de nuevo? Difícil. Demasiado largo. Muchos detalles irrecuperables. De nuevo darle forma a lo esencial de todo aquello que quería decir; perfilarlo: un trabajo de chinos. Retengo un par o tres de frases clave sobre las que tal vez tratar de reedificarlo todo, pero el problema principal es el momento, que éste no es aquél, ni ningún otro ha de serlo. No obstante pienso que podría recuperar hasta un 40%, y luego todo el resto parirlo nuevo y casi fresco. Perdería cosas y ganaría cosas.

Cirugía reparatoria sobre la pantalla, sí. Pero no ahora, aunque sí debería ser hoy. Cuanto antes. Mañana el 40 bajaría hasta un 20%, puede que menos, y para entonces los escalpelos ya no valdrían el esfuerzo.

Buenos días a todos. 

Palabrorrea

Entre lo peor del crudo invierno se cuenta el no poder leer mientras caminas: se te congelan las manos. Y si usas guantes automáticamente te vuelves torpe; toda una heroicidad pasar las páginas. Aquí todavía te miran raro si te pillan leyendo un libro por la calle mientras caminas. Pensádlo bien. Es absurdo. Contemplan maravillados los multicolores catálogos del Pryca o el Carrefour de camino al trabajo; sus recién pagadas facturas; unos la demanda de divorcio y otros la cencelación del paro. Los más el periódico: qué de nuevo en la Rueda de la Muerte del Mundo... Pero atrávete a abrir un maldito libro en mitad de la calle y lo estarás, condenado, como cuando el Sutherland y los Ultracuerpos y las vainas de alcachofa; te señalarán con el dedo: "Ése, ése... a él, a él... ¡Uurrghhhhhhhhhhhh!" En fin, algo más o menos así pero más en silencio, sólo a base de malas miradas, que al fin y al cabo son sólo las 8 de la mañana y los hay todavía que pueden dormir...

Quiero decir que esto no es Barcelona. Ni lo será nunca. Ni se acercará jamás. ¿Sabéis cuántas librerías hay en Barcelona? Más de 400, creo, si no recuerdo mal, las 350 seguro... Aquí en Reus tenemos una... Quiero decir una que sea digna de semejante sustantivo. De modo que no me extraña que le miren mal a uno si es que osa deambular por sus calles libro abierto en manos...

Reus. La Ciudad Muerta... Creo que ya escribí aquí una vez que deberían arrasarla con Napalm y luego construir encima de todo lo arrasado un Gran Aparcamiento, una hiperbólica Zona Azul. Un par de megatones y todo a tomar viento, y luego todo el aparcamiento prepago que se te antoje... Una gran idea. ¿Alguien notaría la diferencia? Pero eso sí, soltádla el día que no esté yo, por favor, ese en que me ha haya ido de visita a Pamplona a sentarme en un banco de la Plaza del Castillo, que el calorcillo atómico no le sienta bien a mi fino cutis.

Si algún nuncásico futuro me toca lo loto o me sale un tío rico, fiambre y herenciador de la punta del sobaco, lo tengo claro, montaré una librería. 40 % cierto de margen de beneficio sobre el PVP, amigos, y además toda la libertad del mundo para devolver cuantos truños no seas capaz de vender. Negocio seguro. Quiero decir que los escritores pueden perder, hundirse. Y las editoriales, por supuesto. También. Pero un librero ha de ser muy estúpido, poco avispado, para irse a pique. Aun en un país como este. En el que no lee ni el apuntador, ni mucho menos la madre que lo parió... En realidad es bastante fácil si te paras a pensar: tú estás allí, tras el mostrador, y dejas que Dan Brown, Stephen King y Ken Follet te alicaten el chalet de 300 m2 en las afueras. Si tienes algo de conciencia y gusto por el verdadero arte puedes sacrificar un rincón del local a los Grandes, es decir, los que no venden un carajo, pero ahí están. ¡Qué curioso! ¿Por qué será? ¿Quién los puso allí?... Pero sin pasarte, ten cuidado, cada Premio Planeta que sacrificas en favor de un Vonnegut o un Beckett es un desayuno a base de Frosty's de Kellogs 2019 que le quitas de la boca a tus bastardos por parir...

 

Conversaciones de cafetería... Esto me pasa por levantarme antes de tiempo. Todo el mundo quiere decir la suya. Su Nochevieja. Sus campanadas. Todos hicieron algo, todos tenían algo que haceralguienes con quien estar. Y por Dios que te vas a enterar de todo ello. Me voy a enterar. Sí, tu. Sí, yo. Con pelos y señales. Qué remedio...

Ah, y también lo del tabaco: fumadores para arriba, no fumadores para abajo, en todas las bocas, a todas horas. Alienador. Ya sabía yo que no se iban a estar callados, no, que el humo y el pestazo a nicotina iba a ser forzosamente sustituido por algo mucho peor: palabras, verborrea... ¿Palabrorrea? Suena bien, lo suficientemente venéreo...

Es como para grabarlo todo y hacer luego con ello una sesión de Naranja Mecánica a los mandos del Gran Ludwig Van... Los adictos lloriquean y se quejan, victimean... bua bua bua... y los no-adictos a cambio ríen ufanos, se enseñorean: se creen amos de una supuesto Victoria... jua jua jua ¿Y yo me pregunto Qué o a Quiénes han ganado? ¿Dónde estaba la batalla? Se va a seguir fumando lo mismo, tal vez más... "Que todo cambie para que todo siga igual": nuestra verdadera esencia, nuestro Estigma, como el de Tántalo y sus cuervos mamones y su hígado hiperplásico, sólo que nosotros tenemos bastante menos estilo...

A lo sumo llegamos a "Tóntolos" y los cerdos de jabugo se nos comen los pulmones necrosados...

  

No Need To Argue

Pasando página, que es gerundio...

¡Qué poco he leído este año! Maldita sea... Ha sido un año flaco, pulgoso, 365 días huesudos y sornosos, sin apenas chicha. Si no hubiera perdido tanto tiempo en tantas tonterías...

Jejeje...

Me parto. 

En fin, ahora tocaría eso de prometerse uno falazmente, que el año que entra será mejor, que habrá más tiempo para más libros, más historias. Pero es difícil. Creo que los buenos años quedaron atrás en todos los aspectos. Incluso en el de las páginas legibles. De las escritas -o por escribir- mejor ni hablar.

Pero ¡coño!, tengo ahí un montón de buenos libros llamándome... ¡Cómo me gustaría incarles bien el diente! Pero siempre los postergo, me postergo con ellos. No debería ser así, pero es. El condicional siempre debería ser mejor de lo que al final acaba siendo, pero es que ahí está la trampa, por eso se le llama así, "condicional", "potencial", "quizás", 50% de probabilidades, casi siempre menos...

Están ahí, por ejemplo, Fritz Zorn y su "Bajo el Signo de Marte""Las Partículas Elementales" de Houllebecq, "Maestro y Margarita" de Bulgákov, la "Trilogía Malaya" de Burgess... Siempre me los propongo y al final nunca les doy la oportunidad. ¿Y qué me decís de Céline? No sé cuánto hace que encargué "Muerte a Crédito" y sin noticias todavía. ¿Inencontrable? No fastidies...

En fin, ahora estoy con Walser, luego ya veré. Tal vez relea "Viaje al fin de la Noche" o "El Lobo Estepáreo", por aquello de ir poniéndome en situación, acostumbrarme, más si cabe.

¿Escuchando qué mientras todo esto?: "Daffodil Lament"The Cranberries, una y otra vez...   

Campanadas

 

Primer día del año tirado por el retrete. Lo siento bajar, aunque se resiste, está como atascado, no acaba de querer deslizarse tuberías abajo. Es un zurullo bien y bien grandote.

Nada destacable en el alma. Muchor dormir y muy poco de lo demás. Bueno sí, mucha hambre también y un algo de odio. El hambre viene y va pero el odio siempre está ahí. Debe hacerlo. Te mantiene a flote. El amor es un salvavidas demasiado endeble... El hambre puede saciarse pero el odio en cambio siempre necesita de nuevos objetivos, nuevos horizontes a los que tirar, disparar, sobre los que elucubrar venganzas.

Podría hablar de lo de ayer. ¿Podría? Bueno, pues no lo voy a hacer. Me lo reservo. Se confirmó lo que yo ya sabía, que los fantasmas no existen, pero sí los cobardes... y que yo no soy uno de ellos. Ninguno de los dos. Los fantasmes aparecen, se aparecen, y los cobardes se carcajean en la sombra. Yo en cambio ni me carcacajeo ni me aparezco. Estoy allí. Cumplo. ¿Cuántos pueden decir lo mismo? Unos muy pocos... A lo sumo tildádme de Odiador. Loco Odiador, para servirles...

Lo de las campanadas en la carretera. Eso sí estuvo bien. Un año se iba al carajo sustituido por otro tan descorazonador como el que se iba. Somos ratas de laboratorio atrapados en la rueda del tiempo. Aunque eso sí, hay ratas y RATAS... En fin, que dieron las 12 y yo estaba allí, en la autopista oscura, y no había nadie más. Toda para mí. No estaba para nadie. Pero existía, estaba allí. No como los fantasmas, que ya sabéis que no están nunca, porque no son...

En fin, me voy a comer algo...     

VÍAS SIN DESTINO...

El pobre infeliz se ha lanzado a la vía en el momento justo y el tren le ha pasado por encima, destrozándolo.

Su muerte significará apenas un par de horas de retraso en el tiempo estimado de llegada de la máquina, un trozo de vía y unas piedras tintadas de sangre gris durante unos días, hasta que humedad y lluvia se lleven el rastro.

Muchos pasajeros observan el cuerpo desastrado y el circo de sirenas, prisas y uniformes que se mueven alrededor, tramitando burócratas el tránsito de un pedazo de carne a una fosa, de un nombre a un archivo sin ventanas. Los más viejos se persignan, mueven la cabeza de un lado a otro, sin caer en que niegan lo que no tardará en alcanzarles de un modo quizá menos luctuoso. Los que no temen todavía por perder unas horas de su tiempo observan atentamente, queriendo retirar la mirada pero sin perderse un solo detalle, atacados de un mal de hiperestesia. Dos críos bromean y sonríen señalando el espectáculo sanguinolento, sin duda rememorando los pasajes favoritos de sus filmes favoritos de tripas y palomitas.

Reemprende ya la máquina su camino, llevándoselos a todos a sus hogares y destinos respectivos, cuyas líneas se entrelazan como la paciente urdimbre de una araña peluda y negra. Unos se lo contarán a otros, y éstos a su vez a otros muchos, y habrá más negaciones y santigüaciones y bromas chabacanas. Los noticiarios tendrán pasto para un día y poco más. Quizá, alguien, no muy lejos, escriba unas líneas tras enterarse de lo sucedido.

Quizá, no muy lejos también, alguien llore lágrimas sinceras por el muerto y las dos vidas que éste arruinó. Quizá éste nunca supo nada. Tal vez, de saberlo, no le importó.

Se aleja el último vagón del ya vacío escenario de tragicomedia, le sigue el olvido, como una niebla espesa, cada vez mayor; denso y profundo.

Tal vez sólo la mirada azul y líquida de un niño demasiado pequeño para comprender nada todavía escapa a la ola de creciente desinterés, fija como está en la vía, toda ella curva, cada vez más distante, y en el rastro perecedero de tierra ensangrentada.

Tal vez, sólo tal vez… quién sabe… a quién le importa… dentro de de diez, quince, treinta años, llegue a apagarse el azul de sus pupilas, descascarillándose de puro pétreas y cansadas, y entonces la vía y la máquina y las piedras, de nuevo grises, seguirán en su sitio, aguardando...

© JIP

TELONES

Pocas personas suelen ser conscientes de ordinario de la magia, muchas veces terrible, de todo lo misterioso e ignoto que puede llegar a esconderse tras un fundido en negro.

En ocasiones no son sino puntos aparte en un discurso continuo que nos han de proporcionar los necesarios descansos y recesos para poder afrontar positivamente el siguiente párrafo, el próximo capítulo de la historia.

Los mejores, no obstante, son aquellos cuyo fin nos parece siempre inaccesible, como un punto y final, como un The End definitivo; la historia que, se supone, nos aguarda, es siempre esquiva e indescifrable.

Ahí está, por ejemplo, el cosmos, lo que comúnmente denominamos Universo, un ubicuo y eterno celuloide de negrura absoluta salpicado, eso sí, de miríadas de motitas e imperfecciones –estrellas, planetas- producto del transcurso de los evos, pero que poco o nada destiñen la magnificencia de una oscuridad total que se expande hacia el todo y la nada al tiempo con unos fines que nos son por completo sustraídos.

La mayoría contempla el firmamento pensando observar el todo en sí, sin cuestionarse si tras el negro único ha de venir un blanco, un azul u otro gris como en el que ella transcurre. Si, en definitiva, hay una nueva escena, un nuevo acto, quizás el final –que por supuesto no ha de ver jamás- tras el telón.

Y es la vida, la existencia, nuestra existencia, como el espacio profundo y silencioso, otra obra misteriosa y trágica que todos sin excepción vemos desde localidades de populacho, apesadumbrados y agitados por la duda hasta una desesperación cuasi enfermiza y terminal, de si el telón vasto, hilado de nada e inconsciencia, que nos atrapa al morir, ha de dar pie a algo más que un sueño eterno de insensibilidad.

© JIP

El NIÑO BURTON

<strong>El NIÑO BURTON</strong>

Tim Burton es un bicho raro, o mejor dicho, es un eterno niño raro, no hay más que echarle un sucinto vistazo a su filmografía para confirmarlo. Conjuntamente con David Cronenberg, Davi Lynch, Terry William, y Sam Raimi, él es uno de esos contados cineastas contemporáneos que poseen un particular e inconfundible mundo visual y narrativo que podemos seguir, en mayor o menor medida, en todas y cada una de sus películas.

Me asomo a su libro de poemas e ilustraciones, “La Melancólica Muerte del Chico Ostra”, y todas mis sospechas se confirman… su rareza es genial, maravillosa. El librito menudo es un corto y agradable paseo visual y sentimental por ese universo suyo, tan particular y alegremente oscuro. Por esos poemillas inocentes y esas ilustraciones tiernamente macabras desfilan toda una serie de niños raros y solitarios, auténticos freaks venidos directamente del mundo de ensueño y pesadilla que es la propia mente de Burton, y que no son sino el reflejo del niño raro, del freak extraño que él mismo se sabe, recreando de paso en mi mente un melancólico crucero a través de los mejores momentos de su mágica filmografía.

Chico Momia


Chico Robot y Ojos de Clavo transpiran el espíritu de los tiernos Eduardo Manostijeras y Frankenweenie, todos ellos niños prefabricados, pequeños frankensteins manufacturados. La Mirona, La Chica de Muchos Ojos y Jaime parecen salidos directamente del purgatorio cartoon y feérico de "Bitelchús". Chica Vudú y Chico Tóxico bien pudieran tener su residencia en la Ciudad de Halloween de “Pesadilla antes de Navidad”, mientras que el Chico Momia me viene a ver, tal cual es, desde esa misma película, y Palillo bien recuerda, en esencia, la figura del delgaducho y soñador Jack Skeleton. Incluso está Nino, el horroroso niño pingüino, que me trae a la cabeza a Danny DeVitto vestido de ártico en la mejor adaptación de Batman que hasta ahora se ha hecho. Y también, cómo no, está el Chico Ostra, cuya triste vida, cuya melancólica muerte, tanto tienen del propio Burton y toda su galería de personajes, así como de un tal Gregor Samsa que tiempo ha amaneció escarabajo…

Chico Ostra


De estos niños que transpiran macabra dulzura, suave desolación, nostálgica incomprensión, mágica soledad, me llegan sin quererlo los efluvios de Tod Browning y su parada de monstruos; de Charles Laughton y su noche del cazador; de la entera Hammer; de Vincent Price y Roger Corman haciendo el ganso con los cuentos de Poe; de Kafka -cómo no, siempre Kafka-; e incluso de Edward Gorey, cuya influencia en Burton, es más que reconocida.

Chico Mancha


El regusto final tras la lectura, empero, es de profunda tristeza, porque el destino de esos niños, aun engalanado de versos y colores, es siempre trágico, como si el propio autor, niño a su vez en espíritu, pero hombre consciente al fin, supiese que el tiempo de la infancia no es infinito, que al contrario, dura muy poco, y que una vez expulsado de él ya no se puede volver aunque la imaginación pueda llegar a ser un buen placebo. No obstante, él lo sabe, jamás será lo mismo.

Por eso, quizás, para el Chico Ostra y el resto de su troupe de solitarios marginales no hay luz ni esperanza, porque en el Reino de Fantasía en el que nacieron y del que indudablemente serán expulsados no parece haber sitio para siempre...

© JIP

Ojos de Clavo

AMANTES DE LAS SOMBRAS

De pardas sombras inundados, ambos solos en mitad de la nada entinieblada, sus cuerpos son luz en mi ojo líquido, sus sombras son hiel en mis aguas en duda. Ella es la llama; fulgir rojo, brillares de otoño abisal, palpitar de susurros hemoglobínicos; toda brazo carnoso de cera que rasga en su abrazo, que quiere y desea arañando, que no soltará jamás a su amado. Él es la mecha, la entera vela, consumiéndose fiel, cabizbajo, en sus brazos. Le consuela y le arrulla dulcemente en su angustia expresionista, en su tibia amargura de amor, en su pálido respirar de mezquindades, como una gata ovillada sobre su ratón recién cazado, como una verde carnívora sobre élitros incautos, como una suave, bella anaconda enroscada a su bocado.

Sus cabellos rojos resbalan briosos por las sienes de él… y la sangre de él se desliza silente en los labios de ella, vivificados por el beso eterno de colmillos fugaces, derrotas sabidas, instintos mortales, negras melodías…

© JIP



LA VAMPIRA (1893-1894)
Edvard Munch

DE DIOSES, UNIVERSOS, INTERROGANTES... MAYORES Y MENORES...

<strong>DE DIOSES, UNIVERSOS, INTERROGANTES... MAYORES Y MENORES... </strong>

¿La vida es sueño? ¿Soy la ficción de un Dios que me sueña? ¿Cuál es mi sentido último en el Universo? ¿Cuál es, en suma, si es que existe, el sentido último del propio Universo?...

Inauguré está bitácora con un artículo que, amparándose en los replicantes de "Blade Runner", abundaba en estos interrogantes sin respuesta, en el amor a esta vida misteriosa por encima de todas las cosas, y en la rebelión necesaria contra un "dios-padre" que creemos injusto. Más tarde traje a Pascal y su pensamiento de que, todo y nuestra finitud, nuestra pequeñez, ganamos al Todo por el simple hecho de existir y sentir, de ser conscientes de que hemos de morir… Desde luego no cabe duda de que cada cual tiene sus propias obsesiones, manías e ideas recurrentes poblando su mente y sus ensueños, también sus pesadillas, y, en mi caso, está claro que la sombra de Unamuno y su "Niebla" es alargada –no porque él fuese el primero en tratar el tema, sino, antes bien, por ser él el primero en “acercarse a mí” y hablarme de la “problemática” que envuelve a los dioses y sus creaciones, así como sus distintas variantes de universo.

Ayer, mientras revisionaba “Solaris”, la fallida adaptación de Steven Soderbergh –de la que cada vez me gustaría poder salvar más- me dio por hojear la novela de Stanislaw Lem, uno de los textos más complejos, ricos y embriagadoramente bellos que he tenido la suerte de echarme a los ojos en los últimos tiempos. Mientras ojeaba el volumen, repleto de marcas, atropelladas anotaciones marginales, e innúmeros pasajes subrayados en fluorescente verde, terminé por caer preso de la relectura del que, ya sabía, es un maravilloso final, antojándoseme esta vez, si cabe, todavía más revelador… ¡No podía creerlo!... Allí estaba de nuevo el “estigma unamuniano”, golpeándome el corazón y la cabeza, como una descuidada contraventana cautiva del vendaval.

El artículo de hoy se imponía y tomaba cuerpo…

Así, tras asistir a una historia en la que un planeta y su océano global, Solaris, que es un ser vivo en sí mismo, misterioso e ignoto, acaba por derrotar con su incognoscibilidad a la entera ciencia humana; tras asistir a una historia en la que un hombre enamorado, Kris, que enterró a su amor, Harey, en la lejana Tierra, ha de contemplar las muertes de nuevo de sus réplicas, que el océano de Solaris le envió, una tras otra, tan dolorosas como la primera; tras asistir a la triste historia de la propia Harey, una réplica viva nacida del subconsciente de Kris y creada por Solaris, pero no un ser humano auténtico, que a pesar de su inautenticidad, es plenamente consciente de sí misma, y le azotan las mismas sempiternas preguntas sin respuesta que azotan a los verdaderos seres humanos; en el capítulo final Kris revela a Snaut su hipótesis de un dios imperfecto: “¿Sabes, por casualidad, si existió alguna vez una fe en un dios… imperfecto? (…) …, no pienso en dioses nacidos del candor de los seres humanos, sino en dioses de una imperfección fundamental, inmanente. Un dios limitado, falible, incapaz de prever las consecuencias de un acto, creador de fenómenos que provocan horror. Es un dios… enfermo, de una ambición superior a sus propias fuerzas, y él no lo sabe. Un dios que ha creado relojes, pero no en el tiempo que ellos miden. Ha creado sistemas y mecanismos, con fines específicos, que han sido traicionados. Ha creado la eternidad, que sería la medida de un poder infinito, y que sólo mide una infinita derrota. (…) Este dios no existe fuera de la materia, quisiera librarse de la materia, pero no puede… (…) …mi dios hipotético no se repetiría jamás. Tal vez esté ya en alguna parte, en algún recoveco de la Galaxia, y muy pronto, en un arrebato juvenil, apagará algunas estrellas y encenderá otras… (…) Es el único dios en el que yo podría creer, un dios cuya pasión no es una redención, un dios que no salva nada, que no sirve para nada: un dios que simplemente es”

Ante Kris, sólo la idea de un dios así, imperfecto, inútil y pusilánime, terriblemente voluble y tan maldito como sus propias creaciones, es concebible. Sólo así es comprensible el universo, sólo en ese supuesto es asimilable su propia experiencia en la vida, en Solaris… Sólo así es concebible algo como Solaris.

Sólo a través de una deidad como esta Kris podría, tal vez, contemplar la improbable e hipotética posibilidad de escapar de la horrible absurdidad del cosmos: “Todos sabemos que somos seres materiales, sujetos a las leyes de la fisiología y de la física, y toda la fuerza de nuestros sentimientos no puede contra esas leyes; no podemos menos que detestarlas. La fe inmemorial de los amantes y los poetas en el poder del amor, más fuerte que la muerte, el secular finis vitae sed non amoris es una mentira. Una mentira inútil y hasta tonta. ¿Resignarse entonces a la idea de ser un reloj que mide el transcurso del tiempo, ya descompuesto, ya reparado, y cuyo mecanismo tan pronto como el constructor lo pone en marcha, engendra desesperación y amor? (…) Que la existencia humana se repita, bien, ¿pero que se repita como una canción trillada, como el disco que un borracho toca una y otra vez echando una moneda en una ranura? (…) Yo no tenía ninguna esperanza, y sin embargo vivía de esperanzas; desde que ella había desaparecido, no me quedaba otra cosa. No sabía qué descubrimientos, qué burlas, qué torturas me aguardaban aún. No sabía nada, y me empecinaba en creer que el tiempo de los milagros crueles aún no había terminado”

Hijos de la razón, de la ciencia, del puro cinismo y de la muerte de Dios, como Kris, tampoco albergamos esperanza, pero aún así vivimos en la esperanza. El hombre jamás llegará a COMPRENDER porque no puede salirse de sí mismo y su propia forma de pensar y entender; sus límites son ciertos. Pero, asimismo, como apuntó Pascal, el mero hecho de sabernos presos de dichos límites, de esa maldición, ya nos hace más grandes y libres que el universo que nos contiene, que nos aniquilará.

Criaturas de un dios imperfecto, torpe, autista, jamás colmaremos los interrogantes que tanto nos subyugan pero que, a la vez, tan grandes, tan únicos nos hacen, pues significan duda, agitación, vida en constante lucha y movimiento… y el universo nada sabe de eso. Somos, tal vez, algo más que pura química regida por leyes físicas inquebrantables. Existe, quizá, en nosotros una mínima porción, un menudo y brillante reflejo de esa divinidad imperfecta de la que vinimos que no es reducible a fórmulas, a energía. Podríamos ser pequeños dioses imperfectos nosotros mismos, todos y cada uno de nosotros, todos distintos, singulares, irrepetibles. Dioses sin respuestas, de orígenes y destinos inasequibles, de fuerzas y poderes parcos, nulos… pero dueños de una magia y belleza terribles, innominadas, magnificentes, que no pueden explicarse, pero que ahí están… Criaturas que son mucho más que la fría suma de sus partes.

Dioses mortales… dioses malditos… dioses sin respuesta… sí… pero quién sabe si no, también, dioses que con el solo latir de su corazón hechizado, con el simple pulso de su vivir angustiado, podrían llegar a incendiar constelaciones, estallar planetas, apagar estrellas… crear y destruir múltiples universos…

© JIP

Una antigua reflexión acerca de Solaris en El Sitio de la Ciencia Ficción