Vida Puta y Sin Talento

TannHäuser. Año 5.

Terrorismo bloguero, escritura subnormal

Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2004.

04/04/2004

AHAB Y EL DIOS OCÉANO

moby"-¡Ah, Ahab! -gritó Starbuck-, no es demasiado tarde, incluso ahora, el tercer día, para desistir. ¡Mira! Moby Dick no te busca. ¡Eres tú, eres tú el que locamente la buscas!"

Una vez más, y no sé cuántas van ya, el acervo audiovisual, en su implacable cercanía y automaticidad, merced a lo fácil y rápido de su consumo y digestión, acabó contaminando el goce de un original literario. Di inicio a la lectura de Moby Dick con una imagen en mi mente, la de Gregory Peck, metamorfoseado en severo, lacónico y perseverante Ahab, ya terminal, unido a la gran ballena blanca por multitud de arpones y estachas umbilicales, a medio camino entre el altar y la crucifixión, desapareciendo y tornando a nacer de entre las aguas revueltas, una y otra vez, hasta que el Pequod de cartón piedra fue engullido por el Maelstörm y aparecían los créditos del film magnífico de John Huston. Y dicha imagen me asaltó, una y otra vez, golpeando el yunque de mi imaginación durante la lectura de la novela cada vez que el locuaz y bravucón Ahab de Melville salía a la palestra… y con ella me quedé de nuevo al finalizar el libro, pues no hallé en sus últimas páginas mucho en algo semejante a aquel espléndido final que tan vívido recordaba en la pequeña pantalla del televisor… ¿Cuántas veces más la enorme valía de un texto se verá maculada por la mediación de la poderosa imagen audiovisual, sea ésta –la imagen- de mejor o peor ingeniería?...

No obstante, Moby Dick es una obra cumbre de la literatura, y encontré en ella espléndidos tesoros. Fue a la vez una lectura de aventuras excepcional, un viaje irrepetible por el universo del Océano y la navegación a vela –un mundo que no ha de volver jamás, sino en las páginas impresas y el celuloide-, así como también un ilustrador y didáctico tratado del siglo XIX acerca de los cetáceos y sus técnicas de captura, que poco a poco fue envolviéndome en una atmósfera de añoranza y nostalgia por mis lejanas lecturas juveniles, que nunca fueron, empero, todas las que hubiese deseado. Un deje de lamento por una ya irrecuperable forma de narrar buenas historias, e incluso por mi propia incapacidad para disfrutar ahora de aquéllas como antaño, crecía en mí mientras avanzaba por las páginas de Melville y al suyo se unían en mi recuerdo los nombres de Stevenson, Dumas, Scott, Conan Doyle, Kipling, Verne y tantos otros...

Pero, con todo, Moby Dick no fue como yo creyera a priori una novela sobre el Mal en sí, en esencia, representado por la voraz e nívea ballena blanca, sino que, antes bien, se me antojó una novela sobre la Obsesión y cómo ésta puede llegar a convertirse en razón y vehículo de existencia para un individuo. Porque Moby Dick no es el Mal en sí, ni tan siquiera es una representación del Maligno; Melville en pasaje alguno retrata al cachalote como algo esencialmente diabólico. Es más bien un tótem, un icono insoslayable e indestructible, simbolizador en el mundo de los hombres de la única y verdadera religión que respira la novela de principio al fin; el Panteísmo.

Y el Capitán Ahab no es sino un recién nacido a esta religión, a este credo, y su madre no es otra que Moby Dick, que al privar al capitán de su pierna, provocó el parto de éste a la nueva naturaleza y a la obsesión. Por medio de ésta Ahab sólo hizo que buscar constantemente el reencontrarse con su verdadero Dios, que no era sino el Océano; la Naturaleza. Por eso, Ahab nació con Moby Dick y a Moby Dick acudió a buscar su fin, bajo las aguas del océano, al igual que el enorme ataúd de madera y velamen que fue siempre su buque, el Pequod.

Y precisamente por todo ello, esa imagen de Ahab unido indisolublemente al cachalote como si ambos fuesen la misma carne de un gran ser superior que podría ser el Océano y sus aguas abisales, es el mejor final que Moby Dick podría haber tenido… Cien años después, lo que Melville no alcanzó a modelar en suma perfección a través de la pluma, se encargaron de acabarlo otros dos norteamericanos de no menor talento; Ray Bradbury, autor del guión, y John Huston director del film, demostrando así que el Arte nunca cesará, nunca morirá, nunca dormirá mientras haya hombres.

En Moby Dick, por encima de cualesquiera otras consideraciones, nos encontramos con el hombre como el hijo de la Naturaleza que es, y que, habiendo renunciado a ella en favor de la razón y el maquinismo en su loca escalada hacia el progreso, sólo mediante la sed de venganza pudo llegar a expiar sus pecados y sus blasfemias, deshacerse de sus recién adquiridas costumbres de ser que se niega a sí mismo al negar su origen, y pudo al fin volver a reencontrase, aunque fuese en el momento de la muerte, con sus profundas raíces.

Melville, Bradbury, Huston, Gregory Peck… todos coadyuvaron para componer en Ahab el mayor de los mártires del Dios Océano...

© JIP

Este texto es ampliación del que, en su día, publiqué en Livra bajo el nick de
LEVIATHAN

07/04/2004

¿DÍAS DE FE?

"El secreto de mi universo es sólo imaginar a Dios sin la inmortalidad del hombre"

Albert Camus

En estos señalados días en los que, por razones de calendario, tantos y tantos se echan a las calles engalanados de su, por breves momentos, "recuperada" fe, mientras cientos, miles de imágenes de una cruz vestida de sangrantes carnes desfilan por ciudades y pantallas, a mí sólo me cabe buscar el "destello divino" dentro y no fuera de mí, olvidándome de cualquier tipo de arbitrario intermediario...

10/04/2004

LA HUELLA DEL PERDEDOR

En el centro de un laberinto vegetal del cual sólo uno de los dos jugadores conoce el secreto, la partida da comienzo. Olivier, partiendo con ventaja subrepticia, mueve pieza; blancas juegan.

Tras unos tanteos preliminares para medir al adversario y un breve intercambio de peones en amable pugna por el centro, las blancas plantan audazmente su celada en forma de gambito de caballo disfrazado de joyas luminiscentes que son falsa promesa de un sueño de días de felicidad y abundancia. Caine, ingenuo, ensimismado, hipnotizado por el brillo de un sueño que creía inalcanzable, ignorante todavía del juego que se desenvuelve en su torno, cae de lleno en el cebo de humillación hábilmente tendido por el general blanco, tan curtido en el estudio y la recreación de mil y una batallas ficcionales.

Dos Maestros de la Celada


En una jugada maestra las blancas arrasan el damero cobrándose pieza tras pieza y las huestes negras, desmayadas y huidas, cayeron, inocentes, en las distintas intrigas planeadas por el contrario. Sin apenas apercibirse de lo acontecido se encuentran de repente al borde del abismo, suplicando, implorando, bañando en lágrimas su terrible humillación en una partida, un juego, una vida que ya ven perdidas. Resuena entonces el tercer disparo, tal vez el de verdad, quizá esta vez sí, el definitivo, y las filas negras se derrumban sin sentido escalera abajo; el asalto final al Rey Pardo, solitario, indefenso, parece concluyente… Las blancas ganan el asalto… pero sólo en apariencia… porque el enemigo no ha dicho aún su última palabra.

Confiadas ante una superioridad que creen evidente, creyendo acabado al Rey Negro, decide seguir jugando, alargar su agonía, recrearse complaciente en el desmembramiento de sus defensas, bajando con ello su guardia, descuidando sus flancos, mientras las negras, exhaustas mas no acabadas, iracundas ante su reciente ridículo en el tablero, preparan sigilosamente el contraataque, la venganza que servirán, de ser posible, acompañada del frío glacial de la misma muerte.

Desenvolviéndose en la sombra a través de estudiados movimientos aparece en escena el inspector Doppler; la Reina Negra desdoblada. Fue un gran error del general blanco no acabar con ella cuando tuvo la oportunidad, y más aún, postrarla, humillarla, reírse de ella en su cara; encolerizarla. Ahora su oposición inmisericorde podría llegar a ser letal. Una a una las vitales piezas blancas caen ente el ataque de la Reina Negra disfrazada. Cada movimiento, cada diálogo, cada pequeño gesto de estos dos magníficos jugadores rebela en ellos múltiples matices, detalles infinitos; empezamos ya a conocerlos en hondura… sus brillos, sus talentos, sus defectos, sus miserias… que de todo ambos tienen en abundancia.

Pero ahora las negras, desesperadas, atacan furibundas deslizándose audaces por el teatro de operaciones, y las blancas, totalmente sorprendidas, se baten en retirada perdiendo en su huida tantas piezas como apostura, elegancia y dignidad. Una vez dada la vuelta a la tortilla, retornada con creces la celada, cuando ya las blancas abandonan toda esperanza de victoria, las negras se detienen, quitándose la máscara. La Reina Negra se quita el velo, inmolándose, mostrándole de paso al general enemigo, en su mueca final de chanza, la carencia de sus brillantes tácticas de academia, la humillación de su a priori perfecta formación de estratega.

Silencio… Calma tras la batalla… Risas cómplices por ambos bandos… ¿Tablas?...

En absoluto, porque mientras el general blanco aprendió sus artimañas en los libros, siempre tan lejos del barro de la batalla, y no vio en la partida más que un juego que se gana desde la desventaja del adversario, el general negro ganó sus galones a base de sudor, sangre, múltiples derrotas, ácidas lágrimas, y llevado en volandas por el rencor del traicionado, el orgullo del ingenuo capitán que subió desde lo más bajo, la desconfianza del humillado, jamás comienza una partida si no es para culminarla con una victoria total.
Y en el duelo final de Reyes-Generales, de uno y otro se evidencian sus carencias, se nos muestran sus virtudes, ya tan pocas… y en el juego último de reyes solitarios y serviles peones, las negras demuestran más audacia. La última celada resulta ser definitiva y la humillación del cerebro blanco resulta ser total… su derrumbe moral se le antoja inaceptable.

Las negras dan por concluida la partida sabiéndose ganadoras morales del encuentro todo y que el Rey Blanco sigue aún en pie, pero todo él demacrado, rojo de rabia, asfixiado en su vergüenza, manchadas sus níveas carnes de la negrura del carbón y el lodo que jamás antes le habían hecho besar… De nuevo, sólo a través de la desventaja, del engaño vil y la trampa cobarde, ya fuera del tablero, concluye finalmente el duelo. Un nuevo disparo, el cuarto, esta vez sí el definitivo, derriba para siempre a Caine, y su carcajada moribunda inunda y ensordece toda la sala mientras las sirenas de la policía se acercan a condenar a un Olivier desahuciado, impotente, derrotado, agónico bajo el estigma del cazador cazado… y todas las piezas blancas, sacrificadas a su voluntad durante el juego, como fantasmas ensabanados recreados en autómatas juguetes, celebran y aplauden su caída…

… Jaque Mate… Las Negras ganan…

© JIP
10/04/2004 18:11 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

14/04/2004

UN MÁGICO ANTIHÉROE

Son muchas las preguntas que con la lógica en la mano me gustaría poder plantearme seriamente acerca de este misterio infantil, para tal vez, sólo tal vez, podérmelo quitar finalmente de la cabeza. ¿Por qué perseguir incansablemente, hasta al hastío, a un insignificante pajarraco cuyas finas carnes apenas ofrecen un bocado digno del empeño? ¿Por qué seguir confiando, contumaz y obstinadamente, en una marca, la inefable ACME, cuyo esperpéntico e inacabable, cuasi infinito, abanico de productos demuestra ser una y otra vez una inutilidad y un fraude? ¿Por qué, como si de una reformulación del mítico axioma de Murphy, el cacho de piedra, el pedazo de roca que acaba precipitándose al vacío siempre es el que sustenta a mi querido amigo?... Supongo que todas estas y otras preguntas similares podrían y deberían poder derribarse pura y llanamente con la carcajada cómplice de un niño cualquiera al contemplar cómo la delgada figura del Coyote cae irremisiblemente, silbando, silbando, hasta tomar tierra en el fondo de un golpe seco y ahogado, levantando una tenue nube de polvo. En el universo de los dibujos animados, aquél en el que tan felices vivimos durante un tiempo que se nos antojaba inacabable y que tan lejano e inalcanzable nos parece ahora, y especialmente en el universo Cartoon, tan distinto y mágico, tan felizmente absurdo, la suspensión de nuestra incredulidad fue, es, será una condición "sine qua non" en la que cualquier pretensión de lógica adulta y racional está vedada.

Y en este singular cosmos, tan otro, de policromos imposibles, mágicos héroes y villanos, uno fue siempre conformando en su mente, su corazón y sus recuerdos, desde niño un particular panteón de amados mitos, así como una recelosa lista de incomprensibles e inaceptables injusticias. Mitos como mi amado Coyote Warner e injusticias mayúsculas como el que nunca, jamás, mi querido amigo consiguiese dar caza al maldito y burlón Correcaminos.

¿Cuántas veces lo vi iniciar carreras desesperadas, encender rojos cohetes y cartuchos de TNT, accionar kafkianos artefactos "made in ACME", idear los más ingeniosos planes, para conseguir al fin echarle el guante al pajarraco corredor del eterno mic-mic en el pico... para acabar siempre todos sus esfuerzos en invariables aguas de borrajas, sumando uno más a su larga, laaaaargaaaaa lista de fracasos mientras caía, una vez más, en el abismo, y con él sus ilusiones y su impagable rostro de tristeza y resignación, hasta romperse sus huesos de goma y su crisma de celuloide pintado contra el suelo... En otra ocasión será...

Pero esa ocasión no llegaba nunca, una y otra vez, el Correcaminos conseguía salir indemne, burlándose, choteándose de mi amigo en su propia cara, sacándole la lengua en señal de mofa... "mic-mic"... ¡hasta otra, compañero!... nos vemos en el próximo episodio... y el Coyote caía y caía, triste, solitario y final... "fiiiiuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu"... hasta hacerse invisible bajo la nube de polvo, víctima de una muerte divertida y jovial, porque sin duda de ella, acto seguido, renacería, cual Fénix alzado, recompuesto desde sus cenizas...

Y yo me reía mientras caía... y yo, al tiempo, rabiaba por dentro mientras caía... Algún día, Correcaminos, algún día de estos él te borrará esa ridícula mueca de burla de la cara...

El audaz Bugs Bunny, el vehemente Pato Lucas, Silvestre y Piolín, e incluso el nada carismático Taz o el propio Correcaminos, suelen gozar del favor de los más pequeños y de aquellos que ya no lo son tanto... algo que, sin duda, no puedo comprender, que no me cabe en el alma, ya que no puedo hacer otra cosa que sentirme tan y tan cerca de ese eterno perdedor de tierna sonrisa, ese mágico antihéroe de felices ojos amarillos que es el Coyote...

La Triste Caída de Todos los Días


En cierto modo, ojalá no lo agarres nunca, querido amigo, que mientras sigas persiguiendo a tu presa, mientras sigas anhelando tu sueño, seguirás sabiéndote vivo en la lucha...

... y yo reiré y lloraré y lucharé contigo... hasta el fin... y aún en la derrota...

© JIP
14/04/2004 23:14 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

18/04/2004

EL REVERTE MÁS CONDENADAMENTE CABRÓN

Todo y que cuento "El Maestro de Esgrima" y "El Club Dumas" en mi particular panteón de lecturas apasionantes, a mí el Pérez-Reverte que más me gusta es el Reverte cabrón, el hijoputa, el fulano, el tocapelotas y pelotas...

Un Lúcido Cabrón


El mismo Reverte lenguaraz y sarcástico de "La Sombra del Águila"... ya saben... esa en que Napoleón, alias "Le Petit Cabrón", y un atajo de españoles "con dos cojones" se ventilan -"Raas-zaca-bum-cling-clang"- a un montón de "ruskis de mierda"... "¡Vaspaña!"... y todo eso...

El mismo Reverte ácido y dolido de "Territorio Comanche"... sí, esa... la de las guerras y la sangre y el polvo y el barro en los ojos de los reporteros... la de los muertos, sobre todo los muertos, esos que "están tan solos"... también la de los que quedan con vida... "Porque en el fondo cada muerto no es sino eso: el dolor futuro de alguien que te espera y no sabe que estás muerto"...

Ese Reverte que tiene patente de corso, el que no escribe sino es con ánimo de ofender, ese que semana a semana, desde hace unos años ya, nos echa a la cara las pestes de este mundo cabrón y sus cabrones ocupantes... esto es... él mismo... yo mismo... usted... ¡todos nosotros, joder...!

Ese mismo Reverte que ha sido galardonado con el XXIX Premio González-Ruano por Una Ventana a la Guerra, un artículo que ahora hace casi un año dijo -y dice- más malditas verdades de las que muchos hipócritas entrajados querrían ver impresas...

Por Julio Anguita Parrado, por José Couso... por todos los caídos sin nombre ni rostro... y los que todavía han de caer... también por aquellos que lloran y llorarán a los que no han de regresar jamás... mejor ceder de nuevo la palabra al Reverte más condenadamente cabrón, que, por lo común, suele ser también el más lúcido:

"No sé qué os contarán otros; pero yo estaba allí, y juro que siempre es la misma: un par de desgraciados con distinto uniforme que se pegan tiros el uno al otro, muertos de miedo en un agujero lleno de barro, y un cabrón con pintas fumándose un puro en un despacho climatizado, muy lejos, que diseña banderas, himnos nacionales y monumentos al soldado desconocido mientras se forra con la sangre y con la mierda. La guerra es un negocio de tenderos y de generales, hijos míos. Y lo demás es filfa"

Arturo Pérez-Reverte,Territorio Comanche

© JIP
18/04/2004 23:14 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

24/04/2004

NO-VIDA

"Sólo nos importa lo que no hemos realizado, lo que no podíamos realizar, de manera que de una vida no retenemos más que lo que ella no ha sido"

E. M. Cioran
Ese Maldito Yo

Y el hombre ajado, de tristes ojos, se miró final en el espejo, y en sus arrugas y sus lágrimas vio la huella de tantos y tantos preciosos segundos malgastados en el baldío cultivo del rencor, la cobardía, el remordimiento...

Anciano Llorando (a las puertas de la eternidad) Vincent Van Gogh (1890)
24/04/2004 23:14 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

25/04/2004

CON ODIO EN LAS ENTRAÑAS

CORAZÓN NEGRO

Corazón negro.
Enigma o sangre de otras vidas pasadas,
suprema interrogación que ante los ojos me habla,
signo que no comprendo a la luz de la luna.

Sangre negra, corazón dolorido que desde lejos la envías
a latidos inciertos, bocanadas calientes,
vaho pesado de estío, río en que no me hundo,
que sin luz pasa como silencio, sin perfume ni amor.

Triste historia de un cuerpo que existe como existe un planeta.
como existe la luna, la abandonada luna,
hueso que todavía tiene un claror de carne.

Aquí, aquí en la tierra echado entre unos juncos,
entre lo verde presente, entre lo siempre fresco,
veo esa pena o sombra, esa linfa o espectro,
esa sola sospecha de sangre que no pasa.

¡Corazón negro, origen del dolor o la luna,
corazón que algún día latiste entre unas manos,
beso que navegaste por unas venas rojas,
cuerpo que te ceñiste a una tapia vibrante!

Vicente Aleixandre
La Destrucción o el Amor

Vicente Aleixandre


No importa. No importa cuántas lágrimas ciñan tus ojos, cuántos sordos sollozos a tu aliento exprimas, cuántas fiebres de llanto le saques al alma, que todo es en vano, que no hay esperanza, que no importa nada. Ni importa tu luz, ni importa tu amor, ni importan tus sueños, que siempre esta vida hará ceniza de ellos al poner en tu camino esos corazones negros, esas sangres emponzoñadas, esas mentes y almas todas podridas, todas podridas de rabia.
25/04/2004 23:14 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

29/04/2004

REUNIÓN DE TRABAJO

Esta boutade está dedicada a Edwin Morgan; por sus palabras, Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo; por su gusto, y Woody Allen; por su visión, tan miope como lúcida y mordaz.

Los Placeres de la Guerra


Como cada día a las cinco de la tarde, el fragor de la batalla cesa dejando paso a las sinfonías de los moribundos. Suben entonces los generales contendientes al montículo a parlamentar. Los insignes militares fuman sus pipas, toman el té y reanudan su eterna partida de ajedrez mientras departen amistosamente…

- Sabe, estimado colega, creo que he olvidado el objeto de nuestra contienda…- mueve un alfil, sorbe gustoso su taza.

- Ahora que lo menciona… creo que también yo lo he olvidado, querido colega… y a fe que no hace poco tiempo si he de serle sincero… –avanza un peón, sonríe con malicia, da una larga calada a su pipa.

- ¿Y no cree, pues, que deberíamos detener la lucha? – retrasa un caballo a posiciones de retaguardia, degusta risueño el humo de su tabaco.

- ¡¿Y perder los placeres de nuestra amistad?! –avanza de nuevo el mismo peón ofreciéndolo en sacrificio, un brillo mefistofélico le tizna la cara.

- Como siempre, tiene usted toda la razón, estimado colega –acepta el regalo, se come la pieza, asiente cómplice y divertido con un leve ladear de cabeza.

Se despiden al rato dejando pendiente el juego para la siguiente jornada; misma hora, mismo lugar… ¡Hizo usted hoy unas muy buenas jugadas, querido amigo, confío en ser mejor rival mañana…!

Y al poco el silencio estalla y la sangre corre de nuevo libre y salvaje…

© JIP




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