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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2004. DeMentes... ¿EL FIN DE LA HUMANIDAD...?![]() Bienvenidos a este boletín especial de noticias. La Epidemia de locura generalizada crece a pasos agigantados y parece no tener freno. Mientras esta imparable ola de enajenación que amenaza con invadir todos los rincones del planeta tiene totalmente desconcertada a la comunidad científica, el pánico ha cundido entre la población civil todavía no infectada y el caos empieza a reinar en las calles de todas las ciudades del mundo. Ni estamentos militares ni fuerzas y cuerpos de seguridad pueden hacerse cargo ya de una situación que se antoja catastrófica. En las última horas, no obstante, puede haber aparecido un rayo de esperanza. Investigadores de la Universidad de Miskatonic, Providence, Rhode Island, anunciaron pocos días atrás haber dado con uno de los posibles focos de la epidemia y en estos momentos un equipo de expertos, reclutado entre los más reputado de la medicina y la psiquiatría mundial, estudian al sujeto sospechoso con el fin de hallar una rápida vía de curación. Los servicios de investigación de nuestros informativos han tenido acceso a una de las primeras sesiones a las que fue sometido dicho sujeto, y se lo ofrecemos a continuación, en primicia exclusiva: Sesión nº 9: ¿Recuerda su nombre? ¿Recuerda de dónde viene? ¿Sabe cómo se ganaba la vida? ¿Sabe por qué está aquí? ¿Sabe qué esperamos de usted? Bien… Describa su primer recuerdo: ¿En qué le gustaba invertir su tiempo libre? ¿Hábleme de algo que le defina? Cite un libro: Cite una película: Cite una canción: Ahora vaya atrás en el tiempo… Rememore un Sueño: ¿Posee alguna habilidad especial? ¿Habléme de ese proyecto suyo... el Blog DeMENTES? ¿Cuáles fueron sus pretensiones iniciales al abrir DeMENTES? ¿Qué nos puede decir de su cómplice en DeMENTES, JIP? ¿Conoce su actual paradero? ¿Es consciente de las consecuencias que su obra está provocando en toda la Humanidad? Dígame... ¿Oye voces en su cabeza? ¿Es Dios alguna de ellas? ¿Por qué crees que DeMENTES vuelve loca a la gente? Fin de la Sesión 9… Tras este escalofriante testimonio, y deseando que los loables esfuerzos de la comunidad científica tenga un pronto éxito, pasamos a otras noticias de interés, no sin antes dar paso a unos minutos publicitarios… ![]() NADA MÁS IMPORTANTE...No sé cuántas veces la habré escuchado, la habré cantado, tarareado, recreado mental en un silencio de nostalgia y melancolía. Incontables. En la aflicción , el júbilo, el éxtasis y la incertidumbre, sus cadenciosas notas me acompañaron siempre fieles, acunando mi ánimo, meciendo mis lágrimas; fuesen internas, de esas que no puedes echar por más que lo intentas; o de las de verdad, de las que te hacen más fuerte cada llanto; fuesen de tristeza o hechizo, allí estuvieron siempre aquellos acordes y versos, recordándome una y otra vez lo que de verdad importa, lo que en verdad no deberíamos dejar atrás cualesquiera fuesen nuestras metas, nuestras maldiciones. Recordándome que en tantas y tantas ocasiones lo más importante suele ser aquello que ninguno tenenemos en cuenta, que no tiene nombre, y que es tan menudo, tan frágil y valioso... como un leve susurro al oído... aquellas risas de antaño... dos manos amantes aferradas con fervor salvaje... un viejo olor de infancia que volvió... un suspiro... un bueno días, cariño... un adiós... una canción que te hace libre por momentos... unas sinceras palabras de afecto desde la distancia, cinceladas en secreto, pintadas de ilusión... ![]() ...Never opened myself this way Life is ours, we live it our way All these words I don't just say Trust I seek and I find in you Every day for us something new Open mind for a different view And nothing else matters Never cared for what they say Never cared for games they play Never cared for what they do Never cared for what they know And I know So close no matter how far Couldn't be much more from the heart Forever trusting who we are No nothing else matters... ![]() ...Nunca me abrí a mí mismo de esta forma La vida es nuestra, la vivimos de nuestra manera Todas estas palabras simplemente no las digo Confía, busco y encuentro en ti Cada día para nosotros es algo nuevo Abre la mente para una vista diferente Y nada más importa Nunca me importó lo que ellos dicen Nunca me importó los juegos que ellos juegan Nunca me importó lo que ellos hacen Nunca me importó lo que ellos saben Y yo sé Tan juntos no importa cuán lejos No se puede estar mucho más desde el corazón Por siempre confiando en quiénes somos Nada más importa... ![]() Kirk Hammet, James Hetfield, Lars Ulrich, Jason Newsted... METALLICA... DESAPARECIENDO...Le empujaron a la habitación. Inmediatamente se giró hacia la puerta pero ya no existía. Miró en derredor asustado, estaba oscuro y reinaba un agrio aroma a tierra quemada. Automáticamente todo eso desapareció; quedó anósmico y ciego. Quiso gritar pero sus cuerdas vocales enmudecieron para siempre. Aterrado, aterrado, ¡aterrado!, no podía respirar... ¿se asfixiaba?... ya no, sintió un rápido evaporarse en las costillas, que dejaron de respirar un aire que ya no existía, porque toda la oscuridad la sentía ya como un gigante silencio de cosmos desconectado. Quiso golpear el todo con las piernas... desaparecieron. Llevarse las manos a la cabeza... desaparecieron. ¿Tenía aún cabeza? Lo dudaba, todo se desvanecía en el umbral de su pensamiento como el agua sucia de una noche lluviosa se filtra hacia el abismo desde la alcantarilla. Estaba muerto... no, estaba muriendo... no, estaba despareciendo... Quiso con todas sus fuerzas no pensar más cosas, blindar su mente con sus preciosos recuerdos dentro, a resguardo de su cabeza borradora, pero no pudo. Todos fueron diluyéndose en la oscuridad para no volver más. Y al fin, cuando apenas podía discernir qué quedaba en pie de él, cayó en su nombre, y en quienes alguna vez lo nombraron; en quién fue, y en todos aquellos que lo amaron... y todos desaparecieron... Y no hubo mayor dolor que aquel, perder a los que quiso, a los que fueron, aun no pudiendo sentir nada, porque estaba muerto. Silencio, silencio... silencio... como puñados de lágrimas lanzados al mar. Se preguntaba cuántos pensamientos le quedaban todavía, cuántos nombres, ideas, recuerdos, vidas, faltaban para que todo él acabase por formar de una vez parte de la gran Nada... hasta que al fin, desapareciendo, desapareciendo, terminó por olvidar que alguna vez fue, la luz de su pensamiento se soldó sobre sí... y a partir de aquello todas las vibraciones se pintaron mechas negras y adquirieron ropajes de fantasma... © JIP EL TIEMPO DEL SUEÑOCuántos habían sido… ¿diez?… sí, diez años desde que se fue de casa, desde que abandonó esta pequeña ciudad que la vio nacer. Durante ese tiempo había vuelto de vez en cuando, claro, en Navidades, alguna Semana Santa, cuando murió la abuela… pero no se quedó nunca más de un par de días, tres a lo sumo cuando el entierro. Muy poco tiempo, lo justo para ver a la familia, sus padres, sus abuelos; besos, abrazos, carantoñas… comidas y cenas, todos reunidos de nuevo, o casi. Su hermano venía todavía menos y apenas llamaba. Convertirse en un hombre de provecho le había tenido siempre demasiado ocupado y la familia era algo que siempre iba bien, que funcionaba perfectamente sin él, hasta que un día, supongo, recibiese una llamada imprevista y todo se descolocase por un instante, y aun en tal caso, su mayor preocupación sería saber escoger el traje negro adecuado. La había visto, aquella foto, en su casa, hace unos años, encima de la chimenea, como un trofeo más, enmarcada en oro, todos juntos posando felices, ella y él, que ahora ni se hablaban, abrazados, y sus padres detrás, inmortalizados en su sonrisa. Aquella mentira ya era para él su única familia. Pero no había por qué engañarse, ella no había sido una hija mucho mejor. Los recuerdos que guardaba de sus puntuales visitas eran tibios y pálidos, velados por el desinterés. En realidad lo único que quería hacer cada vez que volvía era dormir, horas y horas, en su habitación de toda la vida, aunque no quedase ya de ella más que una cama, cuatro paredes y diez años de vacío… Diez años… Se preguntó si el tiempo corre más aprisa mientras estás durmiendo. Debía de ser así… sí, porque tenía la impresión de que todo había sucedido demasiado rápido y a sus espaldas, de que treinta y cuatro años la contemplaban ya y era incapaz de recordar en qué momento había empezado a dejar atrás sus ilusiones. Quizá había dormido durante demasiado tiempo. Pero ahora estaba allí, en el puente, su puente, y tenía toda una semana por delante, siete días en los que recomponer olores y esencias, los retales amarilleados por el tiempo de toda una vida… Cuánto durarían aquellos siete días en tiempo de sueño… Prefería no pensarlo. Muchas cosas habían cambiado, nuevos y altos edificios había crecido sobre las viejas casas, haciéndolas desaparecer, aquí y allá, en ambas orillas. Algunos de los más añejos caserones se arrimaban a ellos temerosos, rindiéndoles pleitesía con todo lo poco que podían dar de sí sus dos o tres plantas, como implorando tristones clemencia para sus cimientos. Pero su puente y su río seguían intactos, tal y como los abandonó… sí, porque abandonar era la palabra exacta, ahora lo sabía... No se hacía demasiadas ilusiones respecto a cuánto duraría aquello, pero al menos hoy podía apoyarse en las mismas piedras en las que tantas veces se sentó cuando niña, los pies colgando sobre el vacío, a contemplar el agua bajar. Intentó olvidarse de todo por unos segundos, dejar en blanco durante un tiempo sus pensamientos y disfrutar simplemente del placer de estar allí, sin preguntarse más nada. Notó una fresca brisa deslizarse por su costado, cerró los ojos y ladeó la cabeza hacia ella para disfrutarla al máximo, como una afilada proa cortando salvaje el océano. El viento jugó con su cabello durante un rato y ella se dejó llevar. Luego la abandonó, sin duda ya aburrido, en busca de otros rostros y otras cabelleras con las que distraerse. Observó detenidamente aquel cielo plagado de nubosidad esponjosa, cómo el rastro de formas blancas seguía sinuosamente los suaves meandros del río, como si fuesen el reflejo del agua en el cielo, como si ambas fuesen la misma cosa. Recordaba el tiempo en que buscaba formas definidas en las nubes, era como ir de pesca al baúl de la imaginación, de allí podía salir cualquier cosa; dragones, castillos, cerdos, perros, gatos, coronas, manos enguantadas en blanco algodón… cualquier cosa. Pero ahora ya nunca conseguía ver nada en las nubes salvo las propias nubes, y de hecho se sentía incapaz de echarse la memoria a la espalda para intentar recordar la última vez que había pintado el cielo con sus pensamientos. Pero las nubes seguían siendo las mismas, ¿no?... como el río, como el puente, como las cigüeñas que seguían también su curso como antaño. A ellas no les había importado que muchas casas se viniesen abajo, porque habían aprendido a anidar en los edificios que se levantaron sobre ellas, todavía más altos, y allí estaban, como todos los años, en sus grandes hogares de rama, volando de aquí allá, aterrizando un momento en las orillas y volviendo a despegar enseguida, rasgando el aire con el pincel de sus alas. Volvió a notar esa presión en el pecho, la mordedura de la ansiedad, la ponzoña de la angustia que poco a poco había ido minando sus días. Quizá por eso había dormido tanto, porque en el sueño se sentía temporalmente a salvo de la horrible dentellada de la duda en su pecho. Se maldijo secretamente. Se preguntó a santo de qué venía traer algo como la duda al mundo… aunque, no… ahora que lo pensaba bien… no había duda en el mundo más allá del hombre, eso estaba claro. Acaso el río no sigue siempre su cauce… Sus aguas no se cuestionan jamás qué curso seguir, simplemente lo hacen, como las nubes, que se dejan conducir mansas y deslizantes por el viento, su pastor. Tampoco había visto jamás un mínimo asomo de duda en los animales, mira si no las cigüeñas, llevando la misma vida que han llevado siempre, la misma que llevarán mientras el hombre se lo permita. No, todo aquello era un maldito invento nuestro, una lacra más a añadir a la larga lista de sinsentidos. De repente lo veía claro, allí plantada en mitad del puente, al abrazo del discurrir de nubes y aguas, se sentía la más pobre y mediocre creación. Para qué servían cosas como la razón, el espíritu, los sentimientos, todo eso que nos hace tan especiales, tan distintos, tan prepotentemente superiores… todas malformaciones, mutaciones malignas, estigmas de muerte e infelicidad. Acaso el amor no era una forma más o menos tardía de desengaño, acaso los recuerdos no eran poco más que prodigiosos instrumentos de tortura, acaso la inteligencia no era una especie de gran ojo que te permitía verte cara a cara con tu muerte… ¿Cómo es eso soportable?... No se puede vivir día a día en la muerte, los recuerdos, el desengaño y la mentira, sin que algo se vaya quebrando lenta pero inexorablemente en tu interior. Se agarró el pecho. La sensación de vacío se desvanecía. Curiosamente, ahora que se sabía la criatura más tullida en todos los aspectos, sentía algo parecido a la liberación. Sabía que no sería tan fácil, que la dentellada de la angustia volvería a por más de su corazón, pero ahora mismo se sentía bien, como no se había sentido en mucho tiempo. Se le ocurrió algo. Algo terrible, mágico. Podía tirarse ahora mismo desde lo alto del puente. Eso una cigüeña jamás lo haría, ni las aguas saltarían de la tierra al aire, ni las nubes bajarían a fundir sus algodones en el río… Singular y única en su tragedia, ella era libre de acabar allí mismo. El río cuidaría de ella, pensaría por ella, la llevaría allí dondequiera que se escondiese su destino, porque él no dudaba, y si ella tendía hacía él sus brazos, esas mismas tibias aguas que la vieron crecer se encargarían también de ahogar todas sus dudas para siempre. Reflexionó unos segundos sobre aquello, una parte de ella se hubiese lanzado con gusto al vacío en aquel instante, pero no lo hizo… y mientras abandonaba el puente se preguntaba si el no haber sido capaz de matarse allí mismo respondía a un arranque de cobardía natural y comprensible, instintivo, o bien a otro tipo de malformación espiritual, que se empeñaba en preservar la vida aun en la atonía, y cuyo nombre todavía se le escapaba. De vuelta a casa, caminando solitaria, no hacía otra cosa que pensar en los siete días que le quedaban por delante y en lo volando que podrían pasársele si les aplicaba una buena terapia de sueño. © JIP PERDIDOS EN LA MAGIA![]() Lost In Traslation, 2003 Sofia Coppola En mitad de la metrópoli deshumanizada, del informe laberinto de cementos y aceros, vinilos y neones mayestáticos; justo allí donde la carne palidece, pierde olor para hacerse gris hierro; justo allí donde la piel se ensombrece, pierde candor para teñirse de vidrio y fibra, dos espíritus extraños se miran, se abrazan, se tienen uno al otro por encima de todo lo creado. Se encontraron por azar, sus destinos convergieron por un breve, divino instante, como dos gotas de rocío unidas en la misma hoja tras la noche helada, como dos granos de arena rozándose untuosos tras la riada fértil, tal que un par de ascuas ardientes flagelando el aire en su abrazo, ardiendo el entero cielo con su brillo, justo antes de separarse para siempre, en busca cada cual de su fuente. Y el constante devenir tormentoso de trajes negros nada puede, y el continuo transitar de blancas telas nada hace, y el fluir incesante de cuerpos sin alma, todo prisas, ausencia de corazones, en nada los empaña… porque ellos están inmersos, perdidos en la tranquilidad, el silencio, la magia del ojo del huracán… y en él sus manos hablan, y sus pechos musitan, y sus ojos gritan todo un universo de ardores y pasiones imposibles, deseadas, desde largo tiempo atrás soñadas… y sus labios susurran al oído, muy bajito, muy dulce, muy limpio… “Eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo. Jamás voy a poder olvidar esa sonrisa”... © JIP DEL INSOMNE Y SUS MISERIAS¿Cuántos de vosotros recordáis vuestros sueños? Apuesto a que unos cuantos. ¡Qué afortunados!... o ¡qué desgraciados!... Quién sabe… Yo, por ejemplo, sueño muy poco, o al menos soy poco consciente de mis sueños, tanto, que apenas alcanzo a recordar nada de ellos una vez he despertado, simplemente se evaporan al instante, como un salpicón de agua en acero candente. ![]() Recuerdo que hace cosa de ocho años tuve el peor sueño de mi vida, el más espantoso. Era media tarde, estaba sesteando y hacía un calor horrible. Cuando conseguí despertar estaba empapado en sudor frío y el corazón me retumbaba en el pecho cual martillo neumático enloquecido. Del sueño en sí sólo conservo una imagen; una cúpula semiderruida, coronada por una media luna de metal o plata, muy brillante, y todo, absolutamente todo, la luna, la cúpula, el cielo, sangrando a borbotones. No recuerdo nada más, y lo mejor -o lo peor- es que no necesito hacerlo para saber que aquello fue lo más terrorífico que tenido en mi mente jamás, porque lo primero que me vino a la cabeza nada más abrir los ojos fue que seguía muerto... todo y haber despertado... Una sensación verdaderamente indescriptible. Una hora entera después, mientras intentaba recordar qué diablos de enajenada telaraña había tejido en mi mente, todavía sentía miedo… sentía un pánico terrible a la noche que había de llegar, porque tenía la viva impresión de que aquella pesadilla iba a volver a mi cuerpo para acabar el trabajo que había dejado a medias… Así que mejor no haber conseguido recordar nada de aquello jamás… imaginad qué espanto… pensadlo bien… esas imágenes terribles, ahí, en tu cabeza, en tu memoria, en tu día a día, taladrándote inmisericordes… Si los sueños se dan a nivel inconsciente por algo será… ¿no?... Claro que toda cara tiene su cruz, y si gracias a Dios o Satán o quién narices sea te ahorras los escalofríos, los malos tragos oníricos, acabas también por perderte lo bueno del asunto, esto es, los felices sueños, esos que de vez en cuando alguien te desea antes de irte a la cama, alegrándote el día, y que suelen estar hechos de formas dulces y claras, de sonrisas y tactos suaves, de tonos azules y verdes, y olores frescos, tiernos, y también, por qué negarlo, de sexo vivo, pasión salvaje y pulsiones subterráneas… Y es que ya se sabe, cada cuál arrastra sus particulares maldiciones… ![]() Y esta perorata inmunda que estoy soltando viene a cuento de una de las mías, la del insomnio, porque esta es ya la tercera noche en dos semanas que no he conseguido pegar ojo ni un jodido segundo, y como en algo hay que invertir el tiempo hasta que se haga la hora de ir al curro, pues aquí estoy, disertando sobre lo que sueño y lo que me gustaría dejar de soñar, yo, que últimamente ni puedo simplemente dormir, a secas… Suerte que se me da muy bien soñar despierto, y para esos onirismos sí tengo buena memoria, y además también lápiz y papel siempre a mano, por si acaso… Desde Reus, cuna de todos mis desvelos, 06.15. A.M. © JIP NUESTRA ETERNIDAD"Nadie despreciaría esos míticos quince minutos de gloria que en tantos y tantos casos nunca han de llegar, pero todos, en cambio, irónicamente, nos pasamos la vida entera despreciando, ninguneando, temiendo nuestra insoslayable Eternidad" JAVIER IGLESIAS PLAZA alias JIP TANNHÄUSER ![]() DIARIO DE MI HYDE (10)Poco más de las nueve de la mañana y cojo el primer coche del día, a partir de ese instante me transformo en el engranaje maestro que hará avanzar este armazón de planchas metálicas, cableados, vinilos y siliconas. Me encajo en el asiento, me adhiero al volante, me fundo con los pedales, encasto mi vista y mi mente en el juego de lunas y espejos. Un día más, y hasta que encuentre el muro perfecto, la curva sin salida, bienvenido al Hervidero… Salgo al circo de cemento y me uno al torrente de cromados multicolores y asfalto. Semáforo en rojo, freno. Tercera posición en mi parrilla de salida. Cielo nublado, no se ve el sol, pero da igual, sé que está ahí, lo siento, siento cómo mi piel se cuece lentamente a través del parabrisas. Acciono un par de botones, mis dedos presionando en el centro del salpicadero, pero son las ventanas las que bajan a ambos lados; elevalunas eléctricos… negras magias del hombre blanco. Cierro el aire acondicionado, es aire muerto, filtrado directamente desde las entrañas de una fábrica de hollín y aceite emponzoñado. Al instante me llega la melodía diabólica de los motores y los tubos de escape, estallante en run runs monocordes, alienantes, aniquiladores. Podría llegar a distinguir todos y cada uno de ellos, el oído se agudiza en la muerte… sí, podría llegar a discernir cuál es turbodiesel, cuál gasolina, cuál inyección, cuál está enfermo, cuál muy próximo al fin, cuál simplemente achacoso por los años de rodaje. Siento que podría otorgar nombres distintos, finales, a todas y cada una de esas voces de humo y aire negro que me taladran desde la calzada. Es insoportable… De modo que subo el volumen de la música -más botones, siempre botones- hasta el umbral de lo soportable, hasta sangrarme los tímpanos, hasta conseguir captar la mirada torva y desencajada de los peatones. La música es lo único que me mantiene a este lado de la enajenación, justo allí donde oyes rugir sus aguas pero todavía no te arrastran. La melodía rugiente del reproductor lubrica mis articulaciones, mis nervios, mi angustia; la doma… tal que un potro salvaje sujeto a dantesca danza, lo necesario para tenerme a sus órdenes, para que haga lo que se espera de mí… simplemente, que desembrague y acelere. Semáforo en verde, se abre el ventrículo y se da la salida. A vacíos insondables de mi humanidad, convertido en resorte sin alma, hago avanzar la máquina… ![]() Aquí dentro el tiempo no pasa, transita, no funciona en términos de esferas ni de manecillas, sino que se alimenta de acelerones, frenadas bruscas, bocinazos, monóxido de carbono diseminándose cancerígeno por el aire, los pulmones, tus entrañas, hasta regarlo todo de tinieblas. ¿Cuánto tiempo ha transcurrido? El sol ya está ahí arriba, ardiéndolo todo, mis manos y mis brazos, mi frente y mis pestañas. Qué coche es este… el cuarto… el quinto… no lo sé… Qué posición ocupa en la suma total de mi vida… Cuántos kilómetros llevo ya a las espaldas… muchos más de los que podría caminar en vidas humanas infinitas. Luz roja, freno de nuevo. Luz verde, en marcha otra vez. Meten primera y aceleran hasta el infierno para volver a frenar en seco a los pocos metros, violentamente, asesinando energía, matando movimiento, ahogando equilibrio, todos, del primero al último, optimizando la entropía, perfilando el caos. Estas son las venas, las arterias escleróticas de un cuerpo enfermo; la ciudad, y estas cápsulas de fibra de vidrio y metal son sus hematíes de la muerte. El sudor perlando mi frente, bajando las mejillas, rasgando las pupilas, La mano izquierda a las 12 del volante engomado, la derecha en el cambio de marchas metalizado; mis brazos son simples palancas, sistemas hidráulicos cuyo eje es mi pecho yerto, desalentado. El asfalto arde, el aire hierve, la atmósfera se llena de los humores de una humanidad castrada, los restos de una civilización emasculada, los brotes esquizoides de una razón decapitada. De repente algo se mueve, se clarifica, adquiere brillo en la mente, consigo por instantes liberarme de su canto hipnótico, de la vibración mesmérica del loco subir y bajar de pistones, tomando conciencia de mi servidumbre, mi agonía y mi esclavitud… Y la furia empieza a crecer desde honduras ignotas, se hace hiel en mi boca y rabia en mi mente, puro odio efervescente en mis manos. Ya me tiene donde quería, al borde del precipicio, sintiendo la locura desgarrarme el alma… Embrague adentro, palanca a izquierdas, acelerón a fondo, mis pies pisan furiosos. Encajo las marchas violentamente, haciendo rascar los engranajes. Subo a primera, piso al límite, el motor ruge, las ruedas patinan, el morro del coche se pega al suelo como perro sabueso olisqueando orines. Luego segunda, y tercera, apurando revoluciones, haciendo al motor gritar su canto de guerra, cuarta y quinta, la carretera se estrecha, las líneas se alargan, la visión se tiñe de infinito… Y entonces cambio, decelero, y empiezo a bajar marchas, bruscamente, sin pisar freno, y en cada una de ellas el motor gime, y el armazón se atranca, salta encabritado, terriblemente dolido por la espuela bien clavada. Quiero hacerlo sufrir, quiero hacerlo aullar, quiero que las piezas una a una se le caigan, esquilmarlo, asfixiarlo, estallarlo conmigo dentro. Cojo una curva rápida, abro el ángulo de entrada para luego cerrarlo de un sajante volantazo, y todo se escora a un lado y se inclina y adquiere proporciones de tragedia, y entonces lo consigo… ese chillar de cabritillo sacrificado, ese crujir de goma asesinada, ese gritar de rueda quemada… ¡Chilla!, ¡chilla!, ¡CHILLA!... aprende los caminos del dolor… Necesito ver los rastros de tu negra sangre seca adheridos a la carretera… La velocidad crea carne infecta en mi cabeza, coágulos de neurosis, visiones de propia muerte que un día me asaltan para no abandonarme más, y entonces me imagino en el último choque, el final, con la triple o cuádruple o infinita colisión, en perfecta cámara lenta; primero mi sangre, mis glóbulos rojos, mi roja vida, aplastándose contra las paredes de las arterias; luego mis órganos, el hígado, el páncreas, el bazo, los pulmones, haciéndose añicos contra los músculos y las costillas; después los huesos fracturándose, penetrando la piel y la carne hacia fuera, creando arquitecturas terminales y grotescas; y finalmente mi cuerpo, mi yo, mi cara, mis ojos, mi boca, mi alma, destruyéndose contra el salpicadero, el parabrisas, los pedales y el asiento… todos mis huesos y toda mi sangre unidos al metal doblado en perfecta simbiosis… todo mis pensamientos y todo lo que fui evaporándose por instantes hacia la nada, como el agua del radiador que sube en nube gris hacia el cielo inerte… y todo el conjunto desde fuera, en la distancia, visto como un lienzo abstracto y tenaz, la representación cruda de la nueva criatura que ha de archivar al viejo hombre en anaqueles de olvido, la que ha de subir un nuevo peldaño en la escala de una evolución ignota, esa misma que algún día ha de conseguir al fin silenciarlo todo… El día termina, aparco el último coche, el mismo al que he hecho gritar, saltar, gemir, llorar, deslizarse rugiente hacia el límite de la cuneta… Quito la llave del contacto y el silencio me embarga. Me desabrocho el cinturón de seguridad y abro la puerta. Saco una pierna afuera. Intento lentamente deshacerme de las riendas psíquicas que todavía me atan a este armazón de infiernos. Cuando lo consigo, una vez fuera, oigo activarse el ventilador, de tanto en tanto algo en el interior del capó crepita. El pobre bicho se está todavía lamiendo las heridas… ![]() La noche me acoge cabizbajo, vacío, exhausto… desahuciado. Camino lentamente sin rumbo, con las articulaciones tumefactas, anquilosadas, con la mente en blanco, reseteada, como si fuera de la cabina de piloto fuese poco más que una marioneta sin destino en manos de un dios titiritero travieso, intentando en vano recordar si había en mi vida algo humano por lo que luchar que mereciese la pena, preguntándome si acaso no habría sido mejor solución convertirme en escultor/ejecutor de mi propio fin… allí en la curva cerrada, mientras hacía chillar a la máquina a través de mi angustia y mi rabia enajenadas… © JIP CLIMBING UP THE WALLSEscuchando "Climbing Up The Walls", Radiohead, OK Computer, 1997 00.00. PLAY... Oscuridad, anochecer, luna quieta y tranquila, palidescente, allí arriba, sobre la ciudad que duerme. Brisa nocturnal entrando por la balconada que hace bailar voluble el cortinaje, deslizándolo caprichoso y multiforme sobre la desnudez de mi piel. La soledad, en algún lugar de esta habitación, en algún rincón de mis almas, acecha... 00.35. ENTRADA... Ritmo cadencioso, distorsionado, agudo, tocado de una feliz, ambarina melancolía. Me gustaría pensar que algo especial sobrevivirá a este instante, que algo distinto aguarda a mis pensamientos esta noche, que no será una más, que puede haber lugar para esa alquimia divina que pinta de luz los rostros en los despertares... pero el silencio me envuelve, está por todas partes... 01.30. SUBIDA... Un recuerdo maravilloso, tierno, ¡ràpido!, y luego otro, y otro, en sucesión automática, cerrados los ojos, inmerso en la negrura que te arropa y la ausencia que te agita. Tu rostro se enciende y se ensanchan tus pupilas, el pecho te sube y abaja en acordeón, emocionado, palpitante... y el vello todo del cuerpo se eriza hechizado como entonces, como cuando te miró a los ojos por primera vez... 03.06. CAMBIO... Y vuelves a sentir de nuevo aquel ardor terrible de su mejilla rosa... aquel mismo dulce sabor de su cabello áureo en las yemas de tus dedos... aquel líquido fluir de sus labios en los tuyos, tumultuosos, irrefrenables... aquel suave deslizarse del piel contra piel, húmedo, salvaje... y aquel verde, aquel verde tormentoso a la vez tan frágil, penetrarte entero, de principio a fin, llenándote de júbilo, fundiéndote el sentir en tempestades y fuegos y hielos... subiendo, saltando, desbordando cual temible maremoto los muros de tu pasión... 04.45. FINAL... Ausencia... Anhelo... Sueño... © JIP ![]() LLAMEAR DE CONTRADICCIONESMi querido replicante, Roy Batty, el nihilista Nexus-6 de "Blade Runner", bien lo podría haber recitado en su epitafio, allá en el tejado del Bradbury Building, mientras moría y un silencio de lluvia lo arropaba. Y lo cierto es que se me ocurren ahora mismo pocas formas mejores, más sencillas, de representar la magia terrible -y pongo el acento en lo de terrible-, que se esconde en el simple respirar, ese constante tomar y expulsar aire que es el vivir... y da igual cuál... el tuyo, el vuestro, el mío, cualquiera... Cada día que paso a este lado de la existencia más convencido estoy de que todo se reduce -o se amplía, allá cada cuál- a un oscilar de brillos, un crepitar de fuegos, un contínuo llamear de contradicciones en medio de las negreces del sinsentido y las tinieblas de la duda. Capaces de lo peor y de lo mejor a un tiempo, condenados de antemano pero aun así combatientes, tocados por la muerte pero de todos modos poseedores, en semilla, de lo más mágico, lo más salvaje y lo más divino, ahí seguimos... respirando, y estos versos de Rubén Darío reflejan, al menos hoy, al menos ahora, al menos esta noche, todo el júbilo y toda la miseria, ambivalentes, paradójicas, excluyentes y a la vez complementarias, que encierra el solo hecho de, una vez más y hasta que el negro todo lo ciegue, llenar de aire los pulmones... ![]() LO FATAL Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo, y más la piedra dura, porque ésa ya no siente, pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente. Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto, y el temor de haber sido, y un futuro terror... Y el espanto seguro de estar mañana muerto, y sufrir por la vida, y por la sombra, y por lo que no conocemos y apenas sospechamos, y la carne que tienta con sus frescos racimos, y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos, ¡y no saber adónde vamos ni de dónde venimos!... RUBÉN DARÍO Prosas Profanas |
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