Vida Puta y Sin Talento

TannHäuser. Año 5.

Terrorismo bloguero, escritura subnormal

Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2004.

01/12/2004

A SOLAS CON LA PALABRA

Lo tienes todo, te sientes bien, en forma, fluido; de puta madre, vamos... así que hoy debería ser un buen día ante la hoja en blanco. Hoy deberías ganar tú...

Miras el escritorio que te aguarda y la silla que espera tus posaderas, provocándote, "¡a ver si hoy te atreves, majete!"... Contemplas el teclado, la pantalla en blanco, esa bruja... seduciéndote con sus cantos de sirena, "¿a qué esperas?"... Pero los desoyes, simplemente pasas, porque piensas tomártelo con mucha calma, piensas saborear su vergüenza cuando los sometas a todos... y sonríes. Sí, sonríes...

Vas a la cocina y te preparas un café, descafeinado, pero de sobre, de máquina no que eres pobre y te dijeron que es pedante... Je... Vuelves al rato con el café humeante en tu negro mug de Max Shreck y te paras ante el escritorio, observándolo detenidamente. Das un sorbo, está rico, calentito, como te gusta, él también fluye. Pero hace frío, la estufa no chuta, el salón nunca acaba de caldearse. Quizá deberías hacerle caso y comprarte una de esas gordas de butano, una de esas armatoste total, pero no sabes por qué la idea nunca te acaba de convencer. Cierras del todo la puerta y das otro sorbo, calentito, calentito... pero basta ya de sonrisas complacientes. Lo del café está bien como excusa para darte algo de tiempo, pero tienes que ponerte, lo sabes, no puedes retrasarlo más. Si lo haces ellos vencerán y se te reirán en la cara, una noche más...

Robert Louis Stevenson


Así que tomas asiento y te enfrentas. Comienza el pulso. Haces planear tus manos sobre el teclado, como el pianista que prepara inminente su primera nota. Miras con fijeza la pantalla y ella te devuelve la mirada, igualito que le pasó a Nietzsche con el jodido abismo. No piensa hacerte la mínima concesión y lo sabes. Conoce su supremacía sobre ti, que siempre te ha podido, que nunca tus palabras han saltado a ella desde tu mente como tú querías, que siempre ha habido algo que te asfixiaba, una distancia invisible que te anulaba. Tú has sido siempre de bolígrafo y papel, de escribir, física, literalmente; escribir. Rápido, febril, ininteligible, tachando y retachando, emborronando, ensuciando definitivamnete, y volviendo a empezar, hasta la extenuación, hasta la frustración. Eso es escribir y no otra cosa, así lo han hecho todos desde antiguo, hasta que aparecieron las máquinas, los teclados... Te imaginas a Stevenson escribiendo a máquina... menuda estupidez, puro absurdo... Pero el papel y la tinta también tienen sus servidumbres, no son inocentes, todo lo contrario; te chupan la vida, te vampirizan, te descomponen... Sacan lo mejor de ti, sí, pero a un alto precio, a cambio de tus fuerzas, tu físico, a veces incluso a cambio de tu alma, que puede llegar a perderse en ese doliente ir y venir de líneas tortuosas... Así que al final te has resignado, intentas poco a poco hacerte a la máquina, aunque no te gusta, porque sabes que no puedes hacer otra cosa. Es más sencillo, menos sacrificado. Expones menos y menos es también lo que sacas, porque está ahí, esa distancia que incapacita.

Pero no haces más que perder el tiempo, disquisiciones sin objeto. Pasa el tiempo y no has escrito nada. En realidad es que no tienes sobre qué hacerlo. Ni una idea. Conjunto vacío. Todavía no puedes darle luz verde a tus manos y hacerlas caer sobre las letras. Piensas, piensas, piensas. Conjunto vacío. Una y otra vez. "Game Over"... "Insert Coin?". Te tiras hacia atrás, te retrepas sobre la silla, los manos tras la nuca. Mierda. Joder. Nada. Cierras los ojos. Allí está, cómo no. El conjunto vacío también te persigue en la oscuridad. ¡Qué cabrón! Necesitas algo, algo externo, ¡un sorbo de café!, sí, eso, más excusas para no pensar en el vacío de tu mente. Acudes al buenazo de Max Schreck... él tiene lo que necesitas. Y te lo da. Y lo saboreas. Pero el vacío sigue estando ahí, sonriéndote, devolviéndote la mirada.

Joseph Conrad


Piensas de nuevo en Stevenson, Tusitala, el hombre que cuenta historias, o las contó mientras tuvo aliento. No puedes imaginarte el conjunto vacío dentro de aquel hombre, que no tuviera siempre algo bueno que narrar. Piensas en él y automáticamente piensas en Long John Silver, y él te lleva al mar, al océano, y una vez recalas en el océano el viaje acaba invariablemente en Conrad, en él y en su "Tifón", su "Corazón de las Tinieblas", su "Línea de Sombra". Ese hombre dejó su lengua, cambió el polaco por el inglés para convertirse en uno de sus mejores y mayores novelistas. Se te antoja increíble, cambiar de lengua, cambiar de forma de pensamiento... Eso también lo hizo Cioran, pero del rumano al francés. Intentas imaginarlo, toda aquel cinismo, toda aquella angustia, toda aquella lucidez, agriando, corroyendo, ulcerando el francés hasta la raíz, toda su musicalidad y su belleza corroidas... pero a la vez encumbrado, dotado de una nueva vitalidad y hermosura, la de la Naturaleza Muerta...

Emil Cioran


Pero escribir qué, ¿¡qué?!... Te levantas enfadado. Paseas por el salón, das vueltas de brazos cruzados. De vez en cuando observas torvamente la pantalla en blanco. No sale nada, estás seco, o demasiado encrespado como para centrarte y buscar. De repente te preguntas si tendrás que cortarte la cabeza para encontrar al fin algo que merezca la pena, si habrá algo que destaque, que brille entre los chorretones de sangre de tu cuello seccionado. Quizá Mishima no intentaba más que eso, bueno, quiero decir además de llamar la atención, claro. Por eso se hizo el sepuku y se hizo rebanar el pescuezo. Se había quedado sin ideas, sin savia, y no podía soportarlo, así que decidió abrirse en canal, pero la cosa acabó chunga... Quizá simplemente estaba como una cabra, yo qué sé... La cuestión es que es una buena imagen, sí, esa de abrirse uno las entrañas a ver qué le corre de bueno por dentro, y luego cogerlo todo y echarlo sobre el papel, o la pantalla, y ponerla toda perdida de vísceras. No está mal como divertimento, pero no arregla tus problemas. Más bien los complica, porque tienes ganas de avanzar en esa idea, la de la escabechina, darle cuerpo, o cortárselo, jaja, pero no quieres hacerlo porque tienes cuentas pendientes esta noche, y necesitas saldarlas.

Yukio Mishima


Piensas en poner algo de música. Eso podría desatascarte alguna vía. Sí, decididamente. Buscas en tu disco duro algo bueno que escuchar, pero al instante te das cuenta de que no sabes qué escoger. La indecisión, siempre la indecisión. Castrándote, castrándolos a todos. No te apatece ningún tema, por demasiado escuchado o por demasiado poco. No te llama nada. Bukowski escribía escuchando música clásica, Stephen King escuchando Rock'n Roll, pero ninguno de esos estilos te sirve ahora mismo. No crees que el problema esté afuera, en el ambiente, no, está dentro, lo sabes, las cuerdas de tu mente están desafinadas y chirrían, asesinan tímpanos miserablemente...

Charles Bukowski


De dónde diablos salen las ideas, dónde coño crecen, las buenas ideas, claro, las fulminantes. Cuántas veces te lo has preguntado, si una buena idea puede llegar a ser humana, si realmente puede caber en tu seno, nacer de ti. Breton dijo todo aquello de las Corrientes del Arte, divinas, ultraterrenas, y todo aquello de que los hombres éramos bastos traductores al mundo físico de su esencia. Inmediatamente y por reacción caes en Céline, otro franchute, pero con mucha peor leche, de los que te gustan. Lo imaginas en las trincheras hediondas de la Gran Guerra, en la nocturnidad, pelado de frío, esperando el estallido, aguardando la muerte por venir, gestando lentamente el "Viaje al Fin de la Noche" en sus entrañas... Bueno, piensas, al fin y al cabo Breton dijo muchas tonterías a lo largo de su vida... o tal vez no, quién sabe... Y ya puesto a pensar en Céline en el lodazal, por qué no pensar también en Hemingway el día D, desembarcando con los americanos en Omaha Beach... ¡¿Qué coño se le había perdido allí al menda?!... Quizá se había secado también, como yo, como Mishima, y buscaba historias, savia nueva, o tal vez sólo leyenda; la jodida muerte de un balazo en la cabeza, y después eternidad y gloria en mármoles absolutos... Sí, te lo imaginas allí, bajo el fuego, con ademanes de héroe mítico al que no han de erosionar los años, ansiando titulares... y no muy lejos, perdido entre la sangre que salta y la víscera que estalla, anda también Robert Capa, cagado de miedo, temblando, volviendo rápidamente a retaguardia con locura en la mirada tras haber agotado sus dos cámaras cargadas... Demasiado para su body, toda aquella matanza... Al menos él pudo elegir.

Céline


Capa te cae bien, aunque huyese con el rabo entre las piernas, Hemingway en cambio te cae gordo, no te gusta, nunca ha conectado contigo, aunque casi lo consigue con "El viejo...", y con "Los Asesinos", ¡gran cuento, sí señor!... Hemingway salió con bien de todo aquello, tiró los dados y ganó, tuvo tiempo de preparar su posteridad. No así el bueno de Hogdson, a él también te lo imaginas, lo has hecho muchas veces desde que supiste de su fin, allí, en su último instante, pulverizado por una granada en 1918, borrado de la faz de la tierra, fulminado, convertido de repente, él y sus ficciones, en pura nada. ¿Qué estaría pensando un segundo antes? Probablemente no pensaba nada, estaba sumido en la fiebre del combate, sólo quería sobrevivir, no defraudar, pero a buen seguro con él estallaron muchos bellos fantasmas que ya jamás nadie podría leer... Las ideas están en ti, mientras respires, palpites. Después, tras el último parpadeo, nada... NADA... las balas no sólo matan carne o alma... las historias también sangran...

William Hope Hogdson


Tal vez si todo este invento no se basase en la palabra. Las palabras lo complican, lo infinitan, lo tornan innombrable, inabastable. Es como una obsesión enfermiza; encontrar las palabras adecuadas, dominarlas sin que te dominen. Imposible, siempre acabas sojuzgado. La palabra puede llegar a matar. A Philip K. Dick se lo llevó a la tumba, se lo comió enterito; su escritura era caníbal para consigo mismo. Lo supo siempre, desde el principio, y no pudo hacer nada al respecto. Solamente escribir, escribir y dejarse consumir poco a poco. Puede devorarte vivo, la palabra, hasta el tuétano; buscarla, hallarla, idolatrarla, subsume tu mente a un estado de ameba. Sencillamente no puedes hacerlo, no puedes ponerte a juntar palabras sin más, como el que acumula pinceladas sobre un lienzo, se te antoja mucho más complejo, maquiavélico, alienante. Te gustaría renegar de ellas, rebelarte, sacrificarlas definitivamente, pero te es imposible, porque su erótica es imparable, remueve tu hondura más irracional. Tarde o temprano necesitarás escapar de ti mismo y entonces acudirás a ella, la palabra, la jodida PALABRA que te tiene a su merced.

Quizá no puedes escapar de ella pero puedes probar a minarla, socabar sus podridos cimientos. Sí, eso estaría bien, otros lo han hecho antes que tú. Conoces a algunos de ellos, los has leído, aprehendido. Recuerdas a Kafka transformándose paulatinamente en escarabajo, fabricándole noche tras noche, en cada línea, sus negras patas y sus antenas negras a Gregor Samsa, alumbrando un nuevo verbo; vejado y transmutado. Recuerdas también a Henry Miller desintegrándolo todo desde su máquina de escribir, allí en Villa Borghese. Al Ballard de "Crash", de la "Exhibición de Atrocidades", abandonando la humanidad a travás del ultraje de cada letra.

James G. Ballard


Querrías, como ellos, romper, desbaratar, arrasarlo todo sin pulsar una sola tecla, sin mancharte, ¡bendito sueño!, la piedra filosofal del escribiente. Vuelves a esa hermosa imagen; cortarte la cabeza de cuajo, abrirte las entrañas en canal, y sangrar... verter sangre a raudales pero también ideas, historias, insultos, invectivas candentes contra la realidad y el absurdo... que el rojo de tu vida pintase en su derrame lo que corre por tu mente, el contenido de tu alma; aquello que la barrera de la palabra no te deja expresar... hacerla pedazos al hacerte pedazos...

Pero a la vez quieres escribir, quieres hacer el amor con la palabra, sí, calzártela, follártela, joderla viva, violarle hasta el último de sus viciosos recovecos. Eso lo sabes desde Stanislaw Lem, desde que te desveló la imposibilidad de COMPRENDER; no hay salida más allá de ti... así que escribes, bailas la danza de la muerte con esa perra del infierno, porque sí, porque es la única forma que tienes de crear un sentido, de ser dueño de algo en este calvario de absurdos. Obedeces sus designios, sí, te pliegas, pero en la medida en que te sometes a ella, tú mandas, y de la cópula de ambos, de ti, absurdo respirante, y de ella, signo bastardo, surge la ficción, ese homúnculo capaz de palidecer con su sentido el vacío del universo.

Stanislaw Lem


Es tarde, estás cansado, algo abatido. No has escrito, y pensar todo esto te agota y te frustra. Caes en la cuenta de que ya no tienes ganas de escribir, se evaporaron...

Observas la pantalla en blanco, casi puedes escuchar cómo se carcajea ufana, insolente... Estás hecho polvo y no puedes más, ansías irte a dormir, olvidar, pero no quieres darle esa satisfacción sin plantar batalla. Piensas en Henry James y en las vueltas de tuerca, en buscar el último nudo, que es el primero, bregar con el último retorcimiento y rebasarlo... Sabes que no estás en condiciones de dar demasiada guerra, que esta noche tampoco vas a ganar... pero sientes la necesidad imperiosa de vender muy caro tu pellejo... así que te pones a ello, sin pensar, te lanzas al abismo, ese que también te mira, jugándote el todo por el todo, suicida, con la esperanza de que te nazcan alas antes de estrellarte final contra el suelo... y así, tecleas la primera frase:

"Lo tienes todo, te sientes bien, en forma, fluido; de puta madre, vamos... así que hoy debería ser un buen día ante la hoja en blanco. Hoy deberías ganar tú..."

© JIP

03/12/2004

WELLS, VISIONARIO

Herbert George Wells


Despertó bañado en sudores y miedos... los fantasmas volvían de nuevo...

Miró los folios manuscritos en su regazo. Se había dormido escribiendo una vez más. Fue al baño y se lavó la cara. Luego se miró en el espejo: "Soy Herbert George Wells... y los fantasmas vuelven de nuevo..." Se sentía viejo y cansado. Todo aquello empezaba a pesar demasiado. Lo había intentado, había escrito páginas y páginas, para negarlos, para alejarlos definitivamente, y no sólo de él, de todos. Había cantado la utopía, confiado en el hombre, ante todo y sobre todo, en el hombre y su razón... Incluso había escrito esa película a partir de uno de sus propios libros... "Cosas por Venir"... Le aterrorizaba pensar en esa vida futura, ese horror por venir… No podía seguir engañándose más, ellos habían vuelto, y esta vez para quedarse…

El Jugador de Croquet


Volvió al estudio, a su manuscrito, su nuevo libro, "El Jugador de Croquet", le estaba saliendo agrio, pesimista, impropio, pero los años y sus sueños no pasaban en balde. Releyó lo escrito antes de quedarse dormido, y en la última línea, el escalofrío. Se estremeció. Dominado por el arrebato necesitó escribir aquella frase que significaba su derrota, la rendición incondicional. Después de tantos años de lucha, al fin abdicaba: "Niños pequeños muertos por ataques aéreos en la calle"... Sus lectores las tomarían por las vacías palabras de un personaje loco en una extraña novela, pero sólo él sabía...

Se extinguía el año 1935; quedaban dos para Guernica, y diez para Dresde e Hiroshima... y él, Herbert George Wells, ya lo había visto TODO...

© JIP

Dresde tras los bombardeos

05/12/2004

RIGOR MORTIS

Parece un día normal, verdad, como cualquier otro, pero no lo es, porque hoy los muertos se han levantado de sus sepulturas... El porqué es algo que sólo yo sé y ahora mismo tampoco interesa demasiado, ya que la cuestión es esta; ¡los muertos vivientes campan a sus anchas por la tierra!... aunque no todos se han enterado, todavía...

¿Qué me pasa doctor?


Un centro médico, unidad de urgencias, media mañana, la sala de espera está vacía; extraño, muy extraño. De pronto un cadáver putrefacto se las arregla para entrar -el cómo es lo de menos- y se acerca lenta, torpemente, tambaleándose, hacia la ventanilla de admisiones.

- ¡Cereeebrooossss!

- ¿¡Migraña¡? No sabe usted que no puede venir a urgencias por una simple migraña... ¡Para eso está su médico de cabecera!... En fin, pase de todos modos, tiene suerte, hoy esto está muy muerto.

- ¡Arrrghhhh!

- ¡Marchando una de migrañas!...

Y lo mete por una puerta a empellones, sin mirar, tiene prisa por volver a sus "lecturas" del corazón, mientras nuestro zombi, confundido, pone cara de panoli. El doctor, cómo no, se hace de rogar, y entra en la consulta al cabo de media hora; treinta minutos durante los cuales no han parado de escucharse fuertes arañazos en la puerta y ahogados gritos de "¡ereeebroo!... ¡ereeebroo!", o algo parecido, tanto da...

Al fin el médico se digna a aparecer, bata blanca, gafas negras, estetoscopio colgando, cara de resignación:

- ¿Y bien?... Cuénteme caballero...

- ¡CEREEEBROOOSSSS!

- Ah, ya... algo de eso me han dicho, sí... bueno... veamos, sí... no tiene usted muy buen aspecto; ese feo color de cara, y esas llagas... debería acudir a su dermatólogo lo antes posible... En fin, yo pienso que todo tiene que ser del estrés, ya me entiende... ¿Ha probado a dormir un poco más?... ya sabe, una valeriana, un buen colchón, nueve horitas de sueño, y se acabaron sus problemas... jejeje...

- ¡El dolooorrrrr!

- Bueno, bueno... no se altere buen hombre, si se empeña le hecharemos un vistazo...

- Mmmmm... pupilas dilatadas, sí... mmmmm... Se le cae a usted el pelo que es una barbaridad... ya le digo que esto va a ser del estrés... mmmm, sí... está usted algo rígido; debería hacer más ejercicio físico, para desentumecer, engrasar la maquinaria, ya me entiende, jejeje... Uffff... nada de pulso... vamos a tener que hacer algo con esa hipotensión, jejeje... ¡Uy!, se le acaba de caer el brazo... tome, aguánteselo un momento... le haré un volante para el traumatólogo y ya verá qué pronto vuelve a tenerlos los dos en su sitio... pero con preferencia ordinaria, eh, que esto no es nada...

- ¡El dolooorrrr de estarrr muerrrrtoooo!

- ¡Bah!, pero qué me dice caballero, si sólo es una migraña, no me sea usted hipocondríaco... ¡que está usted hecho un chaval!... sanote sanote, vamos... Verá, tiene que ser más positivo, más alegre, más feliz; estos pequeños achaques son todos psicosomáticos, se lo digo yo... Bueno, se me va a tomar un par de gelocatiles y un valium antes de acostarse y ¡ala!, ¡como nuevo!...

- ¡Cereebr...

Pero la cosa se queda a medio gritar, porque el doctor lo echa fuera de la consulta de un fuerte empujón y nuestro zombi se queda patidifuso, atónito de la hostia, con las recetas en la mano, y unos ojos redondos como platos, que casi se le salen de las órbitas... lo cual, bien mirado, tampoco tiene que ser muy difícil...

- Ay que ver cómo está el personal... a la que sienten un dolorcillo se creen que están para morirse... ¡Mierda!, pues no se me ha dejado el brazo aquí, el menda...

© JIP

Urgencias de Horacio Altuna
05/12/2004 12:37 Javier Iglesias ©. Tema: Insomnia Hay 3 comentarios.

07/12/2004

diciembre, siete, cero-cuatro

Hay una imagen que me encanta, por mágica a la vez que terrible, que es la del reloj de arena desgranando el tiempo en su caída de minúsculos pedazos de tierra. Mágica por su movimiento constante, su imparabilidad, su eterno retorno fugaz; siempre distinto pero siempre, a nuestra mirada, igual. Terrible por esos segundos que pintan, esos minutos y horas y días que se van... No se me ocurre un reloj más cruel que este, como tampoco más hermoso.

Y en este, mi particular reloj de arena, intentaré dejar constancia de aquello mágico y terrible, aquello extraño y exótico, incluso lo banal, que les ocurra a mis horas. Intentaré cartografiar mis melancolías, radiografiar mis tristezas y esculpir mis alegrías. Pintar con la palabra en lo posible los destellos de mi oscuridad.

Más que nada porque un día que se pierde sin una palabra, o sin el sabor de un beso o ni tan siquiera el de su recuerdo, o incluso sin el olor de un pensamiento fuerte, uno de esos que te hacen vibrar, no es un día vivido; son sólo horas transcurridas que se pierden en lo oscuro de tu tiempo acabado para no volver jamás.

No será un diario, o al menos no espero que lo sea. Tampoco un recuento de días. Será, tal vez, un diálogo conmigo mismo, con mi mente y mis entrañas, en un afán hirviente de no dejar caer ni un grano de arena más sin pedirles cuenta a mis vidas por vivir y a mi muerte por llegar.

© JIP

09/12/2004

diciembre, nueve, cero-cuatro

"Un día más, un día menos... ¿Por qué siempre tenemos que hacer algo con el tiempo?"

¿Por qué?... ¿Y por qué no?... Nada estalla cuando dudo, nada silencia mis labios ni me ata los pensamientos. No pasa nada. Como tampoco pasa si no lo hago. Tienes razón. El tiempo no ordena, no impone, sólo transcurre. No hay misión en la vida salvo transcurrir con él. Al fin y al cabo tal vez uno no sea otra cosa que su propio tiempo.

© JIP

10/12/2004

NOSHES PSYCHOTRÓNIKASH: AQUELLA CASA AL LADO DEL CEMENTERIO

Que alguien quiera vivir en una casa que se levanta al lado de un cementerio, toda solitaria, sombría, y rodeada de siniestros árboles de retorcido ramaje sin hojas, ya dice mucho de lo pirados que están todos los personajes de esta entrañable peliculilla.

Una de Fulci


Lucio Fulci, gran capo del gore italiano, se apuntó al carro del éxito del "Resplandor" de Kubrick pergeñando esta copia sinvergüenza llamada "Aquella Casa al Lado del Cementerio" (Quella vila accanto al cimitero, 1981), y cabe decir que la cosa le salió bastante cutrilla. En lugar de hotel de lujo en la montaña tenemos caserón feúcho en el cementerio de un pueblo de tres al cuarto; el padre de familia en lugar de novelista es investigador de alguna extraña rama de la ciencia que nunca se nos llega a desvelar; su hijo en lugar de moreno y con triciclo es rubiales y con coche teledirigido; y del par de gemelas fantasma del hotel Overlook pasamos tan solo a una niña bocazas con muñeca rota -y fea de cojones-. El bueno de Fulci metió en la batidora un poco de todo; enigmas lovecraftianos, conjuros alquímicos, casas encantadas, niños con resplandor, llantos en la noche y fotografías con fantasma incluido... pero la verdad es que la mezcla no acabó de salirle demasiado, entre otras cosas, porque al hombre, limitadillo de talento, no nos engañemos, lo que en verdad le gustaba era darle rienda suelta a la sangre. Así que eso y no otra cosa, gore a secas, es lo único que funciona en este film.

Gore gratuito, sucio, torpe y muy autocomplaciente. La escena del murciélago atacando la mano del padre de familia es un buen ejemplo. Pura caspa. ¡Así no hay manera de meterse en atmósfera inquietante ninguna! Aunque, claro está, si uno anda avisado de cómo se las gasta Fulci pues ya sabe a qué atenerse. Lo suyo son las gargantas cercenadas, la sangre chorrenado a borbotones de la yugular y los gusanos purulentos... Ahora bien, no le pidas una mínima coherencia argumental o cierta tensión narrativa porque entonces ya le puedes... ¡¿Qué coño pintaba en todo el asunto la niñera?!... ¿¡Cómo se puede tener la cara dura de repetir la escena de la bajada al sótano y la puerta que ¡nyiiieeeccc! se cierra a tus espaldas hasta tres veces con tres personajes distintos?!... ¿Alguien se atreve a explicarme la empanada final con la vieja y los niños, todos felices, y cómo narices se conecta eso con el momio asqueroso que se había estado cargando a todo quisqui?... Bueno, yo sé a qué viene... es una excusa barata para citarme al final a Henry James, así, en plan culto, y quedarse tan pancho, pero de sentido, lo que se dice sentido, ná de ná...

Fulci es uno de los grandes nombres de la caspa fílmica y la psicotronía, así que tampoco hay que pedirle peras al olmo. Si te gusta este tipo de cine, lo disfrutarás, quizá con alguna reserva, pero lo harás. Si no te gusta... bueno, si no te gusta seguramente ni siquiera te pondrás a ver esta u otras de sus pelis, como "Nueva York Bajo el Terror de los Zombis" o "Miedo en la Ciudad de los Muertos Vivientes", y probablemente tampoco habrás acabado de leer este insufrible post...

Algunas Posdatas Psychotrónikash:

- Si queréis verle el careto al Fulci buscad en las primeras escenas tras los créditos de inicio, es el doctor Müeller o Muller, ¡yo qué sé!... y tiene un diálogo con el tío al que luego se le come la manita el murciélago, jejeje...

- La intención de plagiar a Kubrick es tan descarada que, como podéis comprobar, en el la carátula salía un pavo igualito al Nicholson del Resplandor... aunque luego el asesino no se parecía ni de lejos, jajaja...

- Aquí, como en el Resplandor, también al pater familias le da por reventar una puerta con un hacha, pero el hacha es tan minúscula y ridícula y la puerta tan de verdad, una Señora Puerta, o sea, que el tío se está como tres cuartos de hora dándole que dándole con más bien escaso éxito, con lo cual la escena/plagio de Kubrick termina antojándose de lo más patética, jujuju...

- Al principio se ven un par de tetas, pero se las cargan rápido -a ellas y a su dueña-, y luego nada de nada, ni pechos ni parruses ni toqueteos carnales de ultratumba, de modo que onanistas y oligofrénicos de toda ralea abstenerse, jijiji...

© JIP

12/12/2004

"DESAMPARO"

DESAMPARO: Ese terrible sentirse acunado por las tinieblas de Dios o, en su defecto, el helado flagelar tu espíritu, día a día -hasta adquirir piel de roca-, por las corrientes del vacío, si es que eres alérgico a la Impostura.

© JIP

El Cristo de San Juan de la Cruz, Salvador Dalí, 1951
12/12/2004 23:45 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

13/12/2004

diciembre, trece, cero-cuatro

Idea Recurrente: La humanidad como cáncer de Dios, tumor de lo Creado, gangrena de lo Omnímodo... ¿A qué espera la Ubicuidad para someterse a quimioterapia?

© JIP

14/12/2004

diciembre, catorce, cero-cuatro

Pelándome de frío, la estufa no chuta, aquí de nuevo, y no hay mucho más. Todo está dormido. Eso sí, me duele el culo, bastante, sobre todo cuando me siento... lógico. Ayer me clavé un freno de mano en el culo al bajar de una furgoneta, en la nalga izquierda para ser más exacto, y todo porque a un ingeniero de los cojones se le ocurrió poner el freno de mano ahí, a la izquierda, en lugar de a la derecha como a cualquier hijo de vecino. Todo está dormido, sí, pero me duele el culo, por el ingeniero de los cojones y por mí, que vivo despistado. Es triste, sí, pero por el momento no hay mucho más.

Así que mejor me vuelvo al pensamiento de ayer, lo del cáncer de Dios y todo ese rollo. Bretona dice, "Dios también es cáncer... ¿Cómo erradicar el cáncer del cáncer?" Si eso fuese verdad no haría falta erradicar nada, todos estaríamos en el mismo bando, la misma orilla, y luego vendría todo eso de las perdices, pero no es así, él sabe cosas y nosotros no, y eso marca; distancias insalvables. Sabe cosas, sí, muchas, pero puede que no todas, porque quizá no es Dios, sino solamente dios, no sé si me explico, porque muchas veces se lo ha imaginado jugando a los dados con nosotros, en plan tahúr, o haciéndonos las una y mil perrerías, en plan demiurgo cabrón, con cuernos y todo, o simplemente allá arriba, observando, mirando la película de nuestro drama, comiendo palomitas, pasando de todo y de todos... ¡Angelito! Eso está muy bien, sin duda, es divertido. Pero por qué no pintarlo de otra forma, en plan, me pica algo y no me puedo rascar o me duele el culo y no se por qué narices... Quiero decir que Dios podría estar ahí, donde sea, y de repente sentir ganas de ir al lavabo, y entonces se levantaría del sillón con esfuerzo, todo pesado y gordo, entrado en carnes de constelación y polvo cósmico, e iría a mear. Y una vez allí, descargando la vejiga, le sobrevendría un pinchazo terrible en la próstata o algún insoportable y súbito dolor por el estilo; en ese momento acabamos de hacer explotar una bomba atómica, o algún perturbado ha asesinado a alguien, o el odio y la rabia de un niño ha provocado un huracán en las Filipinas. Dios no lo sabe todo, no nos sabe, en realidad nos contiene pero no nos conoce, cree que lo tiene todo en orden, todo en regla, pero algo maligno crece en él... el hombre. En fin, el tío acaba de mear y se retrepa de nuevo en el sillón, tal vez hace zapping interestelar, y no le da importancia a la cosa. Es un descuidado, no mira por su salud divina, o simplemente es subnormal, y no es capaz de racionalizar sus dolores, advertir su enfermedad... Sí, eso, ¿¡Por qué no puede ser Dios subnormal?! Eso me parecería incluso más lógico que lo de los dados o las perrerías. El pobre no llega y por eso nosotros podremos prosperar contumaces. Si estuviese en condiciones haría tiempo que nos habría borrado del mapa, pero no, seguimos aquí, su enfermedad, crecemos, y él ni siquiera se da cuenta, porque es tonto, o porque no es hipocondríaco, tanto da. Su absurdo explica el nuestro, lo posibilita. Todo encuentra su sitio aunque sea en el sinsentido.

Por suerte para él ni siquiera como tumor somos gran cosa, puede que no seamos malignos; simplemente hiperplasia benigna de próstata. Para ser tan condenadamente hijos de perra no se nos da demasiado bien la metástasis. Apenas hemos llevado la vesania más allá de la luna, así que mejor no temer nada. Quizá sólo somos un quiste de grasa en su inflada entrepierna, escondido en sus pliegues de carne cósmica, apenas suponemos una molestia; ni un simple prurito.

Puede que algún día este buen dios decida pasarse por su médico de cabecera, hacerse un reconocimiento, unas radiografías, o lo lleven de la mano sus sufridos padres, preocupados porque pone una cara rara cada vez que mea, y al fin se haga algo al respecto, le receten unos antibióticos y le apliquen bisturí, y entonces un meteorito gigante nos aniquilará o una lluvia de radiación nos freirá y nos mandará por fin a todos a tomar por saco.

© JIP

15/12/2004

IV-uno

Paradójico
Imposible
Deletéreo e Hipostático
Tal que agua de invierno hirviente en un ártico
Todas tus noches YO
En el tuyo
TU regazo

© JIP

16/12/2004

diciembre, dieciséis, cero-cuatro



Ayer noche, Lucy, de Caleidoscopik, me hizo un pequeño gran regalo, la foto que corona este escrito, y lo hizo después de leer mi último Reloj de Arena, así que hoy, no puede ser de otra forma, he de hacer honor a dicho regalo y andar a vueltas con Dios, o dios, o como narices se escriba…

Bueno, ahí está, míralo bien, brazos abiertos, rostro plácido, acogedor, desde la altura, un buen padre, ¿no?, pero no deja de ser un dios de piedra; su carne, su corazón, su alma, todo en él de dura piedra. Resulta difícil imaginarse un tumor creciendo en su roca, que pueda salirle un herpes, o sufrir de hemorroides. No, definitivamente. Él está ahí, un buen padre… de piedra, pero un buen padre, aunque tú siempre estés abajo, lejos de su alcance, de sus manos. Míralo, demasiado alto, siempre demasiado arriba, no puedes llegar a él, por mucho que saltes. Si quieres su ayuda has de dar el gran salto, que siempre es hacia abajo, hacia el infierno; morir y esperar a ver qué pasa. O vender tu alma a la impostura, tener fe ciega en lo improbable, y también ponerte a esperar… Resulta difícil creer en un Dios externo a uno mismo porque con él todas son siempre distancias demasiado grandes, insalvables, y el que apuesta siempre has de ser tú; el propio pellejo en el empeño.

Realmente, ¿qué sé sobre Dios? Lo cierto es que no sé mucho de prácticamente nada. Sócrates sigue triunfando aún hoy. Después de tantos siglos de palabrería y chundarata te das cuenta de que todo estaba ya en él, porque no sólo sé que no sé nada, sino que, quizá lo peor –o lo mejor- es que no puedo aspirar a saber mucho más. Bretona me dijo ayer que ella prefería seguir pensando que Dios y nosotros somos Uno y el Mismo. Y tiene razón. Ella sabe de él tanto como yo, es decir, lo sabe todo, lo sabemos todo… y a la vez no sabemos absolutamente nada. Ahí está la gracia. A cada opción corresponde otra igual y opuesta, su antítesis, y ambas son igualmente válidas. De modo que no sé demasiado, ni de Dios ni de tantas otras cosas, ni podré saberlo, pero eso no implica que no pueda hipotetizar. Ayer se lo decía, a Bretona, le decía, sí, tienes razón, quizá, me gusta lo que dices, pero también me gusta seguir jugando, seguir tirando los dados mientras me quede aliento.

Quiero decir que es divertido. Un día dices que Dios tiene cáncer o un forúnculo, lo que sea, y que ese forúnculo se llama Humanidad. Al día siguiente en cambio puedes decir que Dios es un viejo archivero con mala memoria, o con Alzheimer, es igual: hace tiempo nos archivó en una oscura carpeta con la etiqueta de "Pendientes" o "Transiciones", y después se olvidó. Ahora, aunque quisiera, no podría recordar donde nos guardó, y mientras, aquí andamos, apolillados y espectantes. Para mí es divertido, todo ese juego terrible. Hoy escribo una cosa y mañana escribiré la opuesta, contradiciéndome miserablemente, porque no tengo una idea clara de Dios en mi cabeza, no la tengo de demasiadas cosas. Me limito a articular pensamientos alrededor, constantemente, y sólo cuando los escribo o los verbalizo, los explicito, adquieren uno u otro aspecto, siempre ridículos, es cierto, pero ahí están.

Al fin y al cabo pensar en Dios es como pensar en la Vida, así, en mayúsculas, como si realmente tuviera una gran importancia, pero no la tiene. Buscar a Dios… ¡qué gran empresa¡, el gran desafío… es como buscar el Santo Grial o ir en pos del Horizonte. Al uno jamás lo vas a encontrar, porque no existe o porque alguien lo empeñó para poder llegar a fin de mes y ya nada más se supo. Y al otro tampoco has de llegar, porque cuando llegues habrá un nuevo Horizonte al que tirar, allí, justo a la misma distancia que estaba cuando emprendiste la marcha. Pero has de querer jugar a eso, aunque vayas a salir derrotado, porque cuanto antes asumas lo infructuoso de tu lucha, cuando antes aceptes que nada tiene sentido y que nada realmente importa demasiado, antes podrás ponerte a caminar. Porque lo importante acaba siendo, no es el encontrar, sino el buscar; vivir buscando constantemente, tirar los dados siempre, una y otra vez, hasta el último aliento.

Porque todo es absurdo, sí, terriblemente, si te pones a buscar significados allá afuera. Más vale que tengas sentido del humor y seas capaz de reírte de todo y de todos, pasarte el absurdo por el forro de los cojones, porque de lo contrario caerás en la cuenta de que en el fondo de todas las cosas siempre habita el Horror… Hay quien no lo soporta…

Así que mejor buscar el sentido en uno mismo, sentirse Dios uno mismo, mientras sea capaz de vivir y amar, de luchar, de buscar, de seguir tirando los dados una y otra vez. Quizá seamos dioses menores, sólo quizá, porque no somos tan altos ni vamos siempre con los brazos abiertos, todo bondad. Podemos ser la mar de cabroncetes, sí, de modo que tal vez nos sobra la mayúscula, esa terrible "D". Pero hay otras cosas... Puede Dios amar, quiero decir AMAR, a él o a ella, amar arrebatadamente, la única forma de amar verdadera... Puede acaso matar, u odiar, o incluso hacer el amor hasta el éxtasis supremo… más aún, puede Dios echar un buen polvo, un polvazo, y después fumarse un pitillo y quedarse tan ancho… Creo que no. Seguro que tampoco se ríe demasiado, con lo bueno que es echarse unas buenas risas. ¿Y escribir? Puede escribir poemas, cuentos, novelas, canciones, insufribles peroratas como la que yo tecleo ahora mismo… Tampoco. Fijo que no. ¿Y morir…? Puedes tú morir, Dios… Sabes acaso qué es vivir en la angustia y la magia de la muerte… Me parece que para ser tan alto, tan ubicuo y todopoderoso, tampoco sabes demasiadas cosas…

En fin, que yo también tengo mis poderes, aquí, todo mortal y finito como soy, sobre todo el de la duda, que es el más divertido de todos, mi más preciada libertad. Preguntarme el PORQUÉ de todo en todo momento, y a partir de ahí, elucubrar… Nada ni nadie puede contra mi duda. La gente no duda, no se pregunta el porqué de las cosas. Viven dormidos y, la verdad, no lo entiendo… Con lo hermoso que es derribarlo todo con ella, hasta los cimientos; demostrar que no hay nada inamovible, inmutable, que todo se puede cambiar, y asumir por extensión que, todo, absolutamente TODO, es posible en algún lugar…

© JIP

17/12/2004

diciembre, diecisiete, cero-cuatro

Lecturas...

Inferno: Strinberg mezcla absenta con Swedenborg y le sienta como un tiro. Luego ve fantasmas por todas partes, y también oro, pero el oro no está, así que como tiene que seguir comiendo, tiene que seguir trabajando, y por eso escribe esto... ¡Un Infierno!

Borges en el Umbral: "El alivio que tú y yo sentiremos en el instante que precede a la muerte, cuando la suerte nos desate de la triste costumbre de ser alguien y del peso del universo"

Un interrogante: "Era una mujer construida apenas en cartílagos blancos sobre una espina dorsal arqueada e inflexible. Los trastornos respiratorios la obligaban a preguntar afirmando" en "El Coronel no Tiene Quien le Escriba" de García Márquez

© JIP
17/12/2004 23:43 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

18/12/2004

diciembre, dieciocho, cero-cuatro

Diez de la mañana, en la estación, esperando un tren. Faltan quince minutos aún, así que me da tiempo. No he desayunado, algo en el estómago no estaría de más. Antes en las estaciones había cafeterías y había quioscos, ahora sólo hay franquicias. Por todas partes. "Un café con leche". Me atiende un tío, rondando los cuarenta, ningún chaval. "Sí, ¿con un cruasán?" No. "¿Con una caña tal vez?" No. "Sólo el café con leche, gracias". Aquello es como un Pan's, o como un Bocata, o como un Macdonals, tanto da, porque todos son iguales; tentenpiés para rebaños...

Quiero decir que tu mañana empieza bien, estás en la estación, vas a ver a tu amor, y decides tomarte un café mientras esperas que llegue, pero siempre tiene que haber alguien que se encargue de repatearte los higadillos. No es tan difícil. Un café, con leche, nada más. Si aquello fuese una cafetería como dios manda me habrían puesto el café y adiós muy buenas. Pero no, tienen sus grandes carteles, con todos sus productos, del primero al último, todo detallado, también con todos sus precios, siempre abusivos... y grandes fotos mentirosas, grandes ofertas mentirosas, la felicidad de tu estómago en mentiras multicolores... y también, cómo no, tienen sus dos empleados uniformizados de payaso, intentando colarte un jodido donut a toda costa. Me pregunto cuántos primos caen al día en la trampa del donut, lo aceptan, dicen sí, de acuerdo, pónmelo, por no hacer el feo, por puta timidez, maldita cobardía. Miseria de mundo. Y ellos, los camareros, seguro que cobran una mierda y aun así lo hacen, te intentan vender la moto, metértela hasta el fondo en cada café. A ellos ni les va ni les viene ¿Acaso cobran comisión por cada bollo, cada cruasán? No lo creo. Pero sus jefes, sus encargados, son todos unos cabrones, como en casi todas partes, están podridos, sí, apestan. Yo no podría, vender así mi alma al diablo cada vez que tuviera que servir un maldito café. Pero claro, yo soy un asocial, y por eso trabajo con coches, máquinas insensibles, inórganicas, porque el mundo de los vivos y su gente me agotan.

Bueno, el café ya está, pero no me lo sirve el mismo de antes, lo hace una mujer, treintena, gastada, antes de tiempo, muy triste. "¿Su café... quiere alguna pasta?" Lo que yo digo, todo está podrido, hasta los cimientos, y no hay donde escapar. Le digo que no, que gracias, que sólo el café, ¡joder!, bueno, lo del joder no lo digo porque uno es asocial pero tiene educación, pero lo pienso, mecagüentodo, me habéis jodido la mañana, ya lo vuelvo a ver todo negro... así que cojo mi café con leche, sin cruasán, sin donut, sin alma...

Podría haber ido a una de esas mesas a tomármelo, sentarme allí, beberlo, y esperar. Ya cada vez faltaba menos. Pero no, me habían tocado las narices, repateado miserablemente. Así que me quedé allí, de pie, a un lado del mostrador, estorbando a los clientes por venir, consumiendo perezosamente mi café con leche sin donut y sin alma. En realidad quería ese desafío, lo necesitaba, ver si tenían huevos, cualquiera de los dos, de decirme que por qué no me iba a una mesa y dejaba ya de tocar las pelotas... o de ofrecerme por enésima vez una jodida pasta... Mi educación también tiene sus límites.

Pero no. Nadie dice nada. Me miran mal, eso sí, pero no dicen nada. Porque todo está dormido, y podrido, y jodido, cada día más... y a veces tienes la impresión de que todos los trenes tardan siempre demasiado en llegar...

© JIP

19/12/2004

IV-dos

De lo verde
Tus ojos en cristal
De lo rojo
Tus labios en pira
Todos
Ardiendo
En sinergia de gemir pulsátil y eco profundo
De mis memorias los bebo
Esos adentros tuyos
De saliva que arrastra
Y miel que deriva

© JIP

20/12/2004

CARNE TRISTE

"La carne es triste y ya he leído todos los libros"

Stéphane Mallarmé

Stéphane Mallarmé, de Manet, 1876


Supongo que puede ocurrir, en algún momento, en algunas vidas, tarde o temprano, cuando los años bajan, pasan y pasan igual. Las personas no cambian nunca, su carne es la misma siempre, y los libros que se pueden leer, al fin y al cabo, no son tantos. Así que tal vez un día te lo dices, estás cansado y gris, y te lo dices: "Debería haber muerto hace tiempo...", porque hay muchos mundos, sí, pero todos están en este, y, bueno, yo este mundo ya lo tengo muy visto. Nada nuevo bajo el sol. Pero sigues ahí, día tras día, respirando, porque en el fondo no puedes resistirte a la carne, aunque sea triste, y albergas la vaga esperanza de encontrar algunas páginas más... Aunque siempre hay excepciones...

© JIP

21/12/2004

IV-siete

Quisiera ser folio de nuevo
Blanco, níveo, virginal,
Otra vez desafío
De nuevo vivir desde el vivir viejo
De este vivir que en su comienzo se me dio tan mal
De nuevo escribirme y tacharme
Mancharme en errores
Y arrugarme al fin
Que otra vez me escribieras
Rehacerme en tu tinta de labios
Que otra vez me leyeras
Con ese ciego querer de tus manos
Hoja que llama y
Espera y
Alberga deseo
Y erra de nuevo sus líneas
Y de nuevo falla sus versos
Y siente otra vez que este
Nuevo vivir no es un VIVIR bueno
Sin ese dolor que beber de tu gesto.

© JIP

22/12/2004

IV-ocho

En tu luz busco mi sombra
En mi sombra tu sentir
No soy más que luz de abismo
Oquedad silente de existir
Siénteme nocturnidad en tu ascua
Sientóte incendiaria de mi horror

© JIP

23/12/2004

CORTÁZARES

"No quiero escribir, no quiero estudiar, aunque lo siga haciendo; quiero, simplemente, ser de verdad: aunque ello me lleve a descubrir que no soy nada"

Julio Cortázar

Cortázar


No quiero saber el ángel que soy, el monstruo que soy. No quiero saberme, sino solamente, sencillamente, ser. "Ser de verdad" ese ángel, ser de verdad ese monstruo -que los dos están, y más-. No dormir, despertar, agitar en mi zozobra las tinieblas. Agotar todos mis yo, todos mis posibles. Ultimarme. Y ver al fin, el lo último, en mi techo, si fui pálpito, furor, escalofrío... o sólo fatuo brillo, un pálido reflejo...

© JIP

24/12/2004

EL TIEMPO Y LA DISTANCIA

En la noche, rasgando las tinieblas
con la luz de tu espíritu, llegaste
a la torre encantada donde sueño
cansado de vivir y de esperarte.

Era el silencio tan glacial. Había
tanto hielo en las ráfagas del aire,
que mi espíritu apenas si notaba
los febriles ardores de mi carne.
Al lado de mi cuerpo, parecía
un espectro velando su cadáver.

El recuerdo de todo aullaba fuera,
como un perro esquelético de hambre
que, erizado de horror, ladra a los miedos
que vagan en las sombras de la calle.

La puerta se entreabrió sin hacer ruido
y en el umbral resplandeció tu imagen,
como si en las tinieblas con un fósforo
una mano irreal la dibujase.

Francisco Villaespesa
"Los Remansos del Crepúsculo"

Francisco Villaespesa


Estás tú y estoy yo. Y está la distancia. Esa distancia que a la vez nos une y nos separa; las dos cosas, aunque hoy sólo sienta que es una mezquina ladrona, que te me roba, se te me lleva, y me deja aquí, abandonado, sangrando tu ausencia en heridas de alma. Y está el tiempo, que no cesa, que no para. Ni por ti. Ni por mí. Que no cesa por nada. Estos versos no son míos, pero los siento como tales, porque explican parte de mis últimos días. Parte de esos silencios y de esas lágrimas. Parte de toda esa desgarradura contra la que ninguno de los dos hemos podido plantar batalla. Ni yo desde dentro ni tú desde la distancia. No poseo certezas, lo sabes. Ni las quiero. Ni las necesito. Me basta quererte como te quiero, que no es ni mucho ni poco, que es TODA… Me bastan la luz de tu voz y el calor de tu amor. Los siento, mi vida, aunque no lo creas. Los siento fundir mis hielos. Los siento incendiarme el alma... A pesar del tiempo que no cesa y a pesar de la distancia, esa que nos une y nos separa…

© JIP

25/12/2004

diciembre, veinticinco, cero-cuatro

Muchas veces no hay con quien hablar… Es una frase difícil, cruda, remueve aguas negras en algún lugar. Pero hay mucho de cierto en ellas. Sí. Creo. Porque está Hobbes y aquello de que el hombre es un lobo para el hombre. Si no hay hombre, es decir, uno mismo, no hay lobo, y sin lobo no hay hombre, esto es, los demás, esos a los que jorobar, con tus actos, tus palabras. Puede gustarte la soledad, sí, no lo dudo, es necesaria muchas veces, en algunos más que en otros. Los hay, existen, caracteres de tiniebla. Pero hasta la mayor melancolía, el más acre cinismo, necesitan de un "otro". Vampirizarlo. Siempre necesitas ese alguien externo a tu caos, porque de lo contrario te vuelves todo alienación. El loco sólo se tiene a sí mismo y a su locura. Es un infierno cerrado; no se puede entrar por él y él no es capaz de salir. Por eso necesitamos la otredad, alguien con quien hablar, al que contagiarle nuestra locura. Descargar. Eso nos mantiene en el umbral, haciendo equilibrios, día tras día.

Pero no siempre hay alguien… y por eso todos los días, en algún lugar, aguas negras devoran.

© JIP

26/12/2004

diciembre, veintiséis, cero-cuatro

Navidad desde el sofá:

1. "Anclado en Tierra de Nadie" de Pedro Juan Gutiérrez: Mucho cinismo y mucha soledad, una cosa siempre acompaña a la otra. Y en medio mucho sexo, casi siempre sucio. Y en medio también mucha miseria, ésta sí, siempre sucia, y desgarradora. Crónica de vidas que pasan sin dejar huella porque nada importa. Pero aun así cada aliento vale, importa, aunque sea en medio de la mierda, porque no hay más, y el hombre está hecho para respirar.

Algunos de mis subrallados:

"Entonces me quedé muy solo. Esto sucede siempre que uno ama sin reservas, como si fuera un joven. Tu amor se va a New York por mucho tiempo -como quien dice: se va al carajo- y tú te quedas más sólo y más perdido que un náufrago en medio de la corriente del golfo"

Jodida ironía...

"Creo que estuve muy autocompasivo todos esos años, y me rehuía. Eso fue lo peor: rehuía estar conmigo mismo. Hacerme compañía. Conversar un poco conmigo mismo. Y tal vez me hizo mucho daño aquella búsqueda insistente de la paz interior. No sé quién coño me metió esa idea en la cabeza. Para vivir con paz interior hay que ser un imbécil. ¿O no?"

Pues sí...

"Todos nos quedamos más solos poco a poco. En el camino quedan las mujeres que amé. Los sitios donde fui feliz. Los hijos que se alejan. Los amigos. Todo lo que se tiene y se pierde. Y que quise conservar, pero aún así lo lancé por la borda. Y me sorprendo escribiendo como si ya llegara el final. Y Dios no me ayuda a aclarar totalmente mi espíritu y aceptarlo todo como es"

En el final, siempre y sólo está, la soledad...

2. Ojeo mi ejemplar de "Los Cantos de Maldoror" de Lautréamont. Muchos recuerdos. Lo leí en la Universidad, hace cinco años, y ya entonces, como preparando el día de hoy, subrayé este pasaje: "Como los perros, siento necesidad de infinito... ¡Y no puedo, no puedo satisfacer esta necesidad! Soy hijo del hombre y de la mujer, según me han dicho. Me sorprende... ¡creía ser más!"

Sentir que se ha nacido para la llama y tener que vivir mediante la agalla...

3. Un verso de Keats:

"La belleza es la verdad la verdad es la belleza
y nada más importa sobre la tierra"

Debería darme vergüenza empañar estos versos con cualquiera de mis palabras, pero bueno, en cierto modo, para eso y no otra cosa los traigo, para que alguien sepa que, a pesar de todo... del cinismo... la soledad... el ansia del arder... y la impotencia del fallar... Verdad y Belleza son Una y la Misma... y en mi corazón llevan su nombre... y nada más me importa, que él -su nombre- y que ella -su dueña-, sobre esta tierra...

© JIP

28/12/2004

OBRAS COMPLETAS DE JOHN DOE

Una habitación mohosa, desastrada, anegada en tinieblas. Nauseabunda. Reina un aire acre, maléfico y mefítico. Algo corta la oscuridad; haces de luz transversal de las linternas policiales. Un recurso estético-fílmico que bebe del mejor Scott, el Nexus-6 del 82.

En la Hondura del Purgatorio


En el interior de ese infierno unos estantes. Repletos, desbordados por los cientos de cuadernos que comprenden la obra magna, los volúmenes completos de un tal Juan Nadie al que, según parece, llaman loco porque parafrasea a de Quincey en aquello de dar al matar estéticas ingenierías, en la mejor tradición del "Body Count" arquitectónico, salido directamente de ese irrecuperable decenio de los 80.

Y mientras todos tras las pantallas hablan del gordo que explotó, la puta pasada a cuchillo, el abogado en porciones, ese pobre desgraciado condenado a deleitarse en la cata de la vagancia exacerbada, nadie repara en esas letras terribles, ninguno habla de las “Obras Completas” de John Doe, esa colección deletérea de onerosos pensamientos que resumen la historia del hombre; su horror, su inquina, su locura, filmadas y escritas, desde el Afectísimo Destripador hasta nuestros días.

Suyo Afectísimo... Jack


Freeman, la voz de la experiencia, el hombre cansado y vencido, busca la respuesta en la gran biblioteca, en los libros del antiguo averno. Pitt, alumno irreverente y vesánico; perdedor, da palos de ciego mientras se ahoga en la lluvia sempiterna de esa ciudad innominada que jamás consigue, no obstante, limpiarse a sí misma, por más agua que se tira encima… como ya pasaba también en la Megápolis estallante del Nexus-Scott.

Los Angeles 2019, la ciudad estallante


Pero los dos fallan, husmean la dirección equivocada, pues la clave está en las palabras de Doe, el Nuevo Mesías... porque la respuesta a todo está en la Nueva Biblia, ese nuevo credo de la inhumanidad del s. XX… también, por qué no, del 21... En esas páginas manuscritas, atiborradas de una letra tortuosa y torturada, ahítas de unas sangres tan hórridas como ciertas, se encuentra el espejo sobre el que se asienta el reflejo de nuestro particular Dorian Gray crepuscular, todo él monstruoso, pervertido, terminal.

Todos somos Dorian Gray


Porque John Doe, el hombre sin nombre, es seguramente el nombre último en la lista de los grandes autores de la literatura universal. Tras él ya no cabe posibilidad de arte alguno... sólo cabe aguardar la extinción.

El Nuevo Mesías; el Último Autor


Fincher retrata en Seven la vida como un purgatorio, la antesala gris -apocalíptica y lluviosa- de ese averno pintado de desierto rojo, seco, marciano, al que en el final sólo el trío Freeman-Pitt-Spacey consigue acceder para representar ese Último Acto de nuestra Tragicomedia titulado: "Muerte del VIEJOHOMBRE y nacimiento de la CARNENUEVA”.

Acto Final en el Infierno


Un editor sin escrúpulos debería algún día publicar a Doe. En edición de lujo; tapas duras, grandes letras. Miles y miles de ejemplares en las calles, en sus ojos, nuestras mentes. Así las puertas se abrirían al resto de mortales. Tal vez entonces podríamos de una vez aniquilarnos, dar carpetazo a este retrete, también llovido en lágrimas, también inundado en negras sombras, embozado por completo, que tantos llaman realidad.

© JIP"

30/12/2004

diciembre, treinta, cero-cuatro, madrugada

Sentirse a veces, así, como un damnificado llorica, en noches como esta, de insomnio terrible, de terrible soledad, cuando estufas y mantas nada hacen porque el frío lo tienes dentro, aferrado a tu tuétano. Te ves en texturas de sueño consciente, de consciente pesadilla, autocomplaciente y dañina. Te ves cabizbajo, arrastrándote, serpeando moribundo como una víbora de labios sellados. A cuestas llevas la pequeña caja con tus restos, los que creíste oportuno salvar, aquellos que pensaste valían.

Tu vida ardió. Desde los cimientos. En algún momento pasado, no hace tanto, aunque prefieres no pensar cuándo porque seguramente lo sabes. Quizá tú prendiste la llama. Insensato. Idiota, Irresponsable. Demasiadas íes. Y todas sin punto. Demasiados cabos sueltos como para que la treta suicida te saliese bien. Te quemaste. Sí. Todo ardió, se lo comieron las llamas, te devoraron… y durante mucho tiempo solo fuiste brasa. Una brasa que sólo supo llorar.

Un día decidiste pasearte por tus cenizas, por tus negros parajes, los restos del naufragio. Cogiste una pequeña caja y empezaste a recolectar. Esto lo quiero, lo necesito, está chamuscado, no sirve, pero da igual; esto valelo necesito. Y así con esto otro, y con aquello de más allá. Deambulando entre el bosque arrasado de tu alma no dejabas de agacharte y guardar. ¿A qué salvar tanta cosa? Casi todo quemado, renegrido, inútil; peso muerto. ¿Por qué tanta carga? Pretendías engañarte, pensar que se podía reconstruir alguna cosa a partir de toda aquella escoria. Te habías prendido fuego. Echado a perder. Tirado consciente por la borda. Y ahora lo querías negar. Y ahora querías echarte atrás. Pero no pudiste. No pudiste negar tus llamas, no pudiste obviar tu error… Y, lo peor, a partir de entonces ni siquiera supiste llorar.

Para qué esas lágrimas si ya no había nada que apagar, si el fuego se lo había llevado todo. Bueno, no todo. Quedaba la caja. Ese atado de recuerdos ajados e inútiles trastos, todos inservibles. Esa caja que pesaba tanto, que doblaba tu espalda y mataba tus brazos. Que no te dejaba alzar la cabeza, los ojos, la vida…

¿Dejaba? ¿Acaso la dejaste atrás? Crees que ya cesó el tiempo del arrastrarse porque puedes volver a amar. Porque puedes volver a llorar. Te sientes germinal, renaciente, reverdecido fénix de perennes alas… Sí. Es mejor así. Pero mira bien. Lo sabes. ¿Cuántos pasados chamuscados conservas todavía? Ahí los tienes, hiriendo, enfermándote, tiznando tus adentros. No. No mires atrás. Sí. Allá quedó la caja, tirada en la nada. Todos aquellos daños ya no existen. No te pueden alcanzar.

Pero estos otros, estos de los que te hablo, no los llevas encima; exteriores. No. Lo sabes. Aunque no lo reconozcas. Lo sabes.

Con sangre y bilis y rabia… estos los vas a tener que vomitar…

© JIP




Temas

Archivos

Enlaces

Malditos y Heterodoxos

En la Trinchera, Calada la Bayoneta

Tierra de Nadie

Heridas de Letras

Cine y Metralla

Resistencia

Insomnia

Reus, Ciudad Muerta

Requiescat in Pace

Estadísticas

  • http://www.ecoestadistica.com/awstats.cgi?config=625263615
  • http://freelogs.com/stats/t/tannhauser/\\\" target=
  • http://www.nedstatbasic.net/stats?ACsE5goP5lyPobr8plupvhJcuqAA

Blogosfera

Revistas en Acción

 

 
Diciembre 2004 | Vida Puta y Sin Talento
Suscrí
bete a este blog. RSS 2.0 Este Blog ha sido creado con Blogia. Ver derechos de autor . Estadísticas. Admin. [Blogia colabora con 1001 relatos.]