Vida Puta y Sin TalentoTannHäuser. Año 5. Terrorismo bloguero, escritura subnormal |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2004. 01/11/2004SÁBATO Y LA CAVERNASábato cambió la Caverna Platónica por un Túnel, "oscuro y solitario", para la historia de una tragedia, la del propio ser humano, terriblemente consciente de su absurdo: "A veces creo que nada tiene sentido. En un planeta minúsculo, que corre hacia la nada desde millones de años, nacemos en medio de dolores, crecemos, luchamos, nos enfermamos, sufrimos, hacemos sufrir, gritamos, morimos, mueren y otros están naciendo para volver a empezar la comedia inútil. ¿Sería eso, verdaderamente? Me quedé reflexionando en esa idea de la falta de sentido. ¿Toda nuestra vida sería una serie de gritos anónimos en un desierto de astros indiferentes?" ![]() Un desierto árido y seco, solitario y oscuro, como el túnel en el que transcurre su vida el pintor Juan Pablo Castel, quien a través de la ventana de uno de sus cuadros cree de pronto entrever la luz, la vida, el sentido de la existencia en el amor hacia María Iribarne. Un amor idealizado, extremo, hiperbólico, totalmente irreal, que poco a poco se va convirtiendo en un infierno de celos, desconfianzas, heridas y malquerencias. Así hasta desembocar en la fatalidad, el asesinato de ésta a manos de aquél; el soñador, una vez alcanzado su sueño, fue incapaz de aprehenderlo y controlarlo, y terminó por perderlo... y perderse con él. El pintor, encerrado en su túnel, agitándose, desgarrándose impotente al no ser capaz de conservar un significado que internamente sabe falso, temporal, insuficiente, termina por matar su propia ilusión, su propio sueño de amor, cerrando así la única ventana a la esperanza, el único punto de luz en ese túnel de amargura y sinsentido, que es el vivir. La historia del ser humano, según Sábato: una lámpara de sueño que ya encendida empieza a agonizar en mitad de la oscuridad grutesca del absurdo... Quizá por eso la novela empieza y casi termina con la misma cita, cerrando circular el ciclo de una vida más que arde en la nada, como todas las que fueron y todas las que serán: "...en todo caso había un solo túnel, oscuro y silencioso: el mío, el túnel en que había transcurrido toda mi infancia, mi juventud, toda mi vida" © JIP ![]() 02/11/2004"AULLANTE"AULLANTE: Expulsado del pensamiento, regurgitado en el reptil, regresado al lobo que es un lobo para el Orbe; sable de voz intempestivo, desgarrar en bramidos las esferas, excoriar la tierra con tu grito, y en el negro de tu alma desatar rabias de colmillo. Fuera de tiempo, traspapelado, insostenible en la humanidad, ovillarse, recrudecerte, cerras apuestas... y estallar... © JIP ![]() 03/11/2004DAMERO INVISIBLEQuisieras poder empezar por algún sitio, porque sí, porque es lo justo y natural, lo normal, vamos, igual que empiezas el día abriendo los ojos, invitándote involuntariamente, un día más, a la consciencia, dándole los buenos días al averno de la incertidumbre... ¡porque todo tiene un principio, joder!... pero en seguida te das cuenta de que no hay cuerdas, que no hay más suelo que el que estás pisando, que crees que estás pisando, que no eres más que uno en el vacío, el vacío mismo, y como tal no requieres mayúsculas ni puntos finales, ni tan siquiera aire que respirar, porque es tan hondo, tan enorme, tan inaprensible tu silencioso hueco que en él no cabe otra cosa que la nada, esa ególatra convulsa que todo lo echa fuera. Miras atrás y no ves los escalones que creías superados, han desaparecido. Miras enfrente, tampoco están aquellos a los que hoy tenías previsto sobrevivir. La escalera de la vida se siente aburrida, juguetona, caprichosa, y está muy dispuesta a joderte. Se quita las ropas, se desnuda, te hace partícipe del atroz streaptease del interrogante. Te abre sus carnes impúdica, aniquilándote, mostrándote unas entrañas regordetas, voluptuosas, henchidas de la savia acre de la duda de todos los que como tú, imbécil, piensan que todo ha de tener alguna suerte de principio. Cierras los ojos, no quieres mirar, tal vez gritas, tal vez te pones a cavar, cavar con las manos desnudas esa tierra que no existe, ese damero diabólico de cuadrados invisibles en los que siempre eres peón, de esos que primero entran en juego... de los de sacrificar. Te preguntas si hubo alguna vez algún peón de carne que consiguiese llegar al final de la escalera, al último cuadro, coronarse Reina, y enseguidas sonríes, no; te ríes, no; revientas en sonoras carcajadas. Y el eco de tu locura regresa al punto, retumbando como tifón, quemándote el cielo de la boca, haciéndote añicos las costillas. Pero aun así perseveras contumaz en la razón, en el uno más uno son dos y toda esa farsa que sólo funciona en lo que está más allá de la vida, exterior al pálpito. Porque no te queda otra salida, porque no se puede cuadrar el círculo, no, no se puede, ni se pueden pintar líneas en el aire, ni lienzos en el agua, porque tu piel y tu carne están hechos de la ceniza y el gusano y nada excepto eso son en potencia. Aprehender la vida te hace sentir como una pedazo de bistec en una nevera abandonada, en un piso abandonado, en un planeta abandonado, en un cosmos abandonado, simplemente esperando tu fecha de caducidad... y a partir de ahí, pudrirte, descomponerte, morir, desaparecer... como las cucarachas del anuncio pero en más nauseabundo... Imposible salirte de ti mismo, empatizar con el sinsentido, así que te vuelves al interior, a tus entrañas, ansiando una luz, aunque sea roja de sangre, roja de fatalidad, roja de náusea. Un brillo sólo en ti sumido que te empuje a perseverar en el existir. Sabes que buscas lo imposible, o mejor, lo improbable, lo indemostrable. Estás buscando fe, creándola de cero, desde tus vísceras y tus circunvoluciones, el único credo en el que podrías depositar tus esperanzas; ni cruces yertas, ni libros vacuos, ni espinas muertas. Sólo tú y tu interioridad hecha de sueños, y tu nuevo dios de ámbares resplandores, ese que es tu reflejo vivo y unívoco en el espejo de la eternidad, que te guardará tal cual eres incluso allá, en el gélido purgatorio del no ser. Quisieras saber cuándo terminar, porque el final siempre parece más creíble que cualquier principio, y no quieres llegar tarde, pero tampoco irte antes de tiempo. Ahora un rumor de lava gris, esclerótica, se avecina, viene en tu busca, la sientes, la estabas esperando. Un volcán sólo es él en la medida en que vomita ascuas homicidas, y tu vida existe y es única y exclusivamente para ser ardida... Pero ahora sientes llamear tus pupilas, tus manos son olas flamígeras que incendian la vastedad. El fuego con el fuego no arde; se hace más grande, omnímodo, multiforme. Tu alma destructora, vengadora, crece salvaje e imparable. Por segundos alcanzas la divinidad en lo doliente, en lo mortal. Y todos los absurdos encuentran sentido en tu Absurdidad. Quisieras saber por dónde empezar... Tal vez sería buena idea abrir los ojos, estos ojos nuevos que tanto queman, que tanto arden dentro y fuera de su propia llama... Abrirlos, sí, y una vez abiertos, desplegados... dejar atrás el último escalón, traspasar la última frontera, destrozar el damero mezquino, coronarte... y reinar... © JIP 05/11/2004¿POR QUÉ TANNHÄUSER? ¿POR QUÉ ESCRIBIR?La verdad es que no tenía intención de escribir nada sobre la reciente e imprevista caída de toda Blogia, más que nada por no abundar en un tema que a buen seguro ha de monopolizar multitud de posts de muchos de los webloggers afectados, pero he cambiado de idea por dos razones. La primera es agradecer desde aquí, desde estas, mis Puertas recuperadas, a Roberto Abizanda su esfuerzo y su trabajo, no sólo a la hora de resolver esta pequeña gran crisis, sino en general, por su dedicación a esta Comunidad de Bitácoras. La segunda me la ha proporcionado Juan Carlos, de Octaedro, en su último post. En el tiempo en el que TannHäuser estuvo desaparecida en combate, dos personas me inquirieron sobre si, de no volver Blogia a la vida, me embarcaría inmediatamente en una nueva bitácora, no preguntándolo, sino más bien enunciándolo como una certeza, como si no pudiese hacer otra cosa que reanimar mis impulsos weblogueros de sus propias cenizas. Mis sentimientos ante esos comentarios fueron ambivalentes, porque de un lado yo no quería saber más nada de ninguna bitácora que no fuese TannHäuser, y me negaba en redondo a volver a empezar otra desde cero, pero por otro, como muy bien expresa Juan Carlos en su citado post, bitacorear se había convertido, lo quisiera o no, en una imperiosa necesidad. Llevaba casi 10 meses al frente de TannHäuser, me había pasado incontables horas escribiendo posts y artículos, cuentos y poemas, buscando material gráfico, publicando y volviendo a publicar, corrigiendo hasta lo obsesivo cualquier error, cualquier falta ortográfica, respondiendo comentarios... y de repente todo se había esfumado... y con ella tanto y tanto de esas horas... y con ella tanto y tanto de mí mismo... No, no, yo seguiría con TannHäuser o no seguiría con ninguna otra, eso lo tenía más que claro, pero al mismo tiempo no podía imaginar qué sería llegar a casa, hastiado del trabajo, y no poder escribir sobre lo que me diese la real gana, si es que así se me antojaba, y mostrárselo a todos aquellos que quisieran leerlo. Sí, echaría de menos escribir para TannHäuser y mucho más todavía extrañaría a mis -pocos pero valientes- lectores y comentaristas; los anónimos y los nombrables, los webloggers y los que no... porque en cierto modo también escribía para ellos y mucho de ellos retornaba a mí y volvía a volcarse sobre nuevos escritos... Sí, me jodería increíblemente perder ese vínculo, sería un duro golpe que... ¿habría podido afrontar?... No lo sé... tal vez me hubiese mantenido en mis trece y hubiese guardado silencio a pesar de todo, o tal vez, incapaz de soportar el "mono" bitacorero, habría dado pie a una nueva singladura weblogger... En cualquier caso, esos interrogantes ya no tienen razón de ser, porque TannHäuser ha vuelto, toda Blogia lo ha hecho, y voy a poder seguir al frente de este navío, de estas Puertas oscuras. Y, sobre todo, voy a poder seguir manteniendo ese estrecho y mágico vínculo con vosotros, los que me leéis, los que tenéis los "güevos" de estar ahí un día sí y otro también, hablando en plata, haciéndoos partícipes de mis neuras, mis paranoias y mis mitomanías... TannHäuser terminará algún día, eso lo tengo claro, sus puertas se cerrarán, quizá habiendo mutado, o quizá sin haber apenas cambiado, pero se cerrarán. Y espero y confío que eso no ocuura por ninguna dificultad técnica, sino porque yo así lo desee, porque esté hasta las narices de ella, porque ya no pueda dedicarle el tiempo y la atención que merece, porque mis formas de sentir y pensar ya no puedan soportarla, no encajen con ella, o simplemente porque, viendo claro que un período de mi vida ha concluido, ella deba concluir con él; porque cumplido el cometido que impulsó su nacimiento, debe cesar con él... Dicho cometido no fue otro que escribir, escribir, escribir... de cualquier cosa y a cualquier hora, pero escribir... disfrutando y sufriendo cada línea... escribir sobre todo lo que me corría por las venas, me corroía las entrañas, iluminaba mis días y ensombrecía mis sonrisas... Por eso TannHäuser es una bitácora atípica, disimilar en muchos aspectos a la gran mayoría, sobre todo en lo tocante a la concepción de los textos y el estilo con que los redacto. De ahí supongo, también, su escaso éxito... Pero de ahí, también, curiosa, maravillosa paradoja, el inmenso valor que tenéis los pocos que queréis estar ahí... Por vosotros y por mí, mientras me quede aliento y estas Puertas sigan encontrando en mi interior su sentido primigenio, aquí seguiré, estrujándome la savia, expulsándolo todo, lo bueno y lo malo, incluso lo peor, en ese divino y portentoso acto que es el escribir... © JIP 06/11/2004"INTEMPESTIVO"INTEMPESTIVO: Ausente de todo destello, fugado de todo rielar, contemplar la línea de sombra desde la orilla de los abismados, con ojos sin pupilas, labios sin aullido, y no querer volver pese a tener todavía piernas; libertad. Como el agua de un lago sin ríos, ex profeso mantenerse ínsula de mar entre tierras; "involuntad" de desbordar. Ahíto de insomnio, soñar despierto que el dormir es un posible por llegar... © JIP ![]() 08/11/2004HERENCIAHERENCIA De Machado, del Lorca ejecutado, de Hernández, del Salinas enamorado, de Blas, ¡cómo no!, de Blas, querido hermano reencontrado. De todos ellos que me enseñaron no hace tanto, pero tanto en el recuerdo, a cantar la vida por boca de una pluma, recogeré el testigo. E insultaré a Dios y su vacío de insustancia. Y del amor lloraré su llama derrotada. Y cantaré a la tempestad verde, a la naturaleza brava. Y avivaré el fuego de los corazones que al fin aman. Y crearé del silencio inerte el frágil retrato de una sonrisa helada. Y que no cesen jamás sus voces, sus poemas, sus baladas… ¡Que son prueba de aliento! ¡Dolor de vida! ¡Clamor de garra indoblegada! © JIP 10/11/2004EL PESO DE LA SOMBRAHay días que arrojarías la toalla, que claudicarías nada más despertar, alzando los brazos, utilizando el blanco de tus sábanas en señal de rendición, porque sabes positivamente que esa mañana has amanecido para perder. Te duele la espalda con ganas, como hacía tiempo que no te dolía, y además estás mareado. Sabes que lo último que deberías hacer es levantarte, y no quieres hacerlo, pero aun así lo haces, porque sí, porque es lo que hay que hacer. Te pones en pie, notas la náusea adherirse a la base de tu garganta, y empiezas a notar que la humanidad te abandona, que te inicias abruptamente en los senderos del guiñapo. Para colmo sientes esa ligera presión en la cabeza, esa que tan bien conoces, que tan bien te conoce, y entonces cierras los ojos y te dices no, por favor, eso no, aguantaría todo el resto... ¡pero eso no! Rezas sin ser creyente por que la migraña no quiera ser hoy tu "mejor amiga". Te tomas rápidamente un par de aspirinas, sin desayunar, te da igual, porque el pánico que has desarrollado a ese infierno insoportable en tu cabeza te domina. Sólo quieres que esa amenaza en tu cerebro desaparezca. Que no crezca. Que no te inhabilite una vez más con su atroz punzada. Así que estás para el arrastre. De pronto sientes tu vida como el más grande y crudo de los Stalingrados... y no tienes ganas de luchar por un palmo de tierra más; sólo quieres rendirte... caer preso... dormir... dejar de ser única y exclusivamente dolor y malestar... Te gustaría poder desplomarte sobre la cama y olvidarte del mundo, llenarte los bolsillos de inconsciencia parafraseando la muerte del buenazo de Porthos en el El Vizconde de Bragelonne, de Dumas , susurrando aquello de "Es demasiado peso"... y precipitarte final en la negrura... Pero no. No puedes. No debes. En lugar de eso das comienzo al día.... uno más, uno de tantos; te duchas, te vistes, no desayunas por miedo a echar la pota, y te dispones a salir por la puerta dejando atrás tu casa, tu cama, tu posibilidad de un sueño reparador... Por un momento te paras a pensar en ello; no vales una mierda, estás hecho una auténtica piltrafa y puede que lo peor aún esté por llegar... y en lugar de quedarte guardando cama, acabas de cerrar la puerta, te largas a trabajar, a lo que hay que hacer, vamos... y lo peor de todo es que no recuerdas haberte planteado el no hacerlo... De repente lo sabes; cada nuevo atentado a tu mente te aproxima peligrosamente al Autómata... Sí, te gustaría poder decir que todo es demasiado peso y dejarte caer... como el héroe cansado de Dumas, pero Porthos tenía papel por carne y tinta por sangre, y ya era viejo cuando pronunció su último parlamento; había vivido y combatido mucho... todo; había bregado ya todo lo que estaba a su alcance, así que tenía bien merecido ese descanso. Pero tú, en cambio, no has hecho más que comenzar, eres todavía un principiante en esto del vivir y del sufrir... y un final así, una muerte así, no se consigue gratis. Ni tu carne es de papel ni tu sangre de negra tinta, tu dolor es todo rojo y víscera, y la sombra de tu enemigo no se refleja en la hoja de un sable... Tu enemigo, lo sabes, es la sombra misma, la que te dehumaniza y poco a poco, día a día, te petrifica las venas, esclerotiza tu pensamiento; te transforma en máquina aniquilando tus sueños... Y tú quieres vivir... y soñar... y por eso no te quedas durmiendo todo y que estás totalmente inutilizado... porque quieres huir del metal... Así que haces de tripas corazón, y aguantas la náusea mientras bajas las escaleras, afrontando mal que bien un día más; uno de esos en que sabes que sólo te va a tocar perder... pero antes eso, piensas, que rendirte a la sombra y dormitar... dejar que sea ella quien decida cuándo has llegado al límite del peso que tus huesos, tu vida, tu alma, pueden soportar... © JIP 12/11/2004LA MUERTE DE ELÍASEn ocasiones un texto, una necesidad de expresar determinados sentimientos o ideas, puede llevar germinando en tu interior desde mucho tiempo atrás sin que seas consciente de ello, incluso años, hasta que un buen día algo enciende la mecha y lo saca a flote; tal vez lo ves en algún sitio o lo escuchas por la calle en boca ajena, quizá se te presenta en el diálogo con un amigo o un conocido, las más de las veces lo lees en los libros, o simplemente lo piensas, así, de sopetón y sin venir a cuento; intempestivamente… y en ese instante sabes que tienes que ponerte a escribir… Así, por ejemplo, estas líneas llevaban conmigo mucho tiempo, aunque no acertaría a decir cuánto exactamente, y sólo hoy me he topado con la espoleta que las ha hecho saltar. Debía tener 10 años, 11 a lo sumo, no lo sé muy bien, pero sí recuerdo que era noche entrada en un día normal, como cualquier otro. Acabábamos de cenar y mi padre había alquilado una película de vídeo… y yo la estaba viendo, allí, muy cerca del televisor, con mi padre y con mi madre, atento, embobado ante la magia de la pantalla, sin enterarme demasiado de qué iba todo aquello, pero increíblemente atento, con esa atención inmensa, con esos ojos enormes que sólo los críos pueden poner. Siempre se me permitió verlo todo en mi casa, desde niño, y no es este tiempo ni lugar para preguntarme sobre si es algo que debiera o no dejar de agradecer, pero lo cierto es que nadie me dijo que no mirase, que me tapase los ojos cuando asesinaron a Elías... y yo miré, y vi, la contemplé, entera, su muerte, la muerte de Elías... hasta el final…hasta hacerme saltar las lágrimas… y después de aquello ya no quise ver más… En el curso de los años he vuelto a ver "Platoon" muchas veces, completa, de principio a fin, la he asimilado y la he entendido, si es que es eso posible, pero aun hoy la película de Stone, para mí, sigue reduciéndose única y exclusivamente a la Muerte del sargento Elías, marcada a fuego en mi recuerdo infantil como mi primera toma de contacto consciente, no con la Muerte, sino con la Guerra, que siempre me ha parecido mucho más terrible. No sé por qué me atrae tanto, pero así es. Quizá mejor no saberlo, por lo mucho de odioso y execrable que puedo descubrir en lo hondo de mi alma. Porque lo cierto es que me atrae la guerra, lo bélico, ese matarnos los unos a los otros que optimizamos desde antiguo y que tan bien se nos da. Me atrae, sí, siempre lo ha hecho, supongo que desde que destriparon a Elías ante mis inocentes ojos, aunque probablemente esa atracción ya estaba antes, subrepticia, gestándose, pugnando por salir. Y sé que en esto no soy el único, que somos multitud. Para bien o para mal, dudo que haya vuelta de hoja en eso. Quisiera pensar que me atrae como todas las cosas que no alcanzo a comprender, que se le escapan a mi juicio, que no encuentran cabida en mi corazón. ¿Cómo asimilar esa masacre? ¿Cómo afrontar que tienes que salir ahí fuera, a morir? ¿Cómo soportarte a ti mismo sabiéndote ejecutor de una vida ajena? Todos estos interrogantes poseen una erótica incuestionable, fluyen, quedan muy bien en los discursos, las lápidas, las novelas y las películas, incluso pueden llegar a ser buena lejía para las malas conciencias que ansían una redención barata. Pero no hay por qué engañarse. No he hecho el servicio militar, ni pienso hacerlo, y confío no tener que estar jamás bajo un fuego enemigo, pero sé que, cualesquiera fuese las causas y circunstancias que me pusiesen en una situación así, armado y soltado en un campo de batalla, yo, como cualquier otro, mataría... por mi vida, incluso por la de aquellos amigos de armas que, como yo, son también peones a sacrificar en el tablero de juego… Lo haría, sí, hasta que me derrumbase exhausto, o me poseyera la locura, o se diese el último disparo y todo terminase… o me diesen el último disparo y todo terminase… sólo para mí… Es algo que está muy por encima de la política, el dinero o el poder: matarnos los unos a los otros está escrito en nuestros genes de bestia, esos que ni siquiera la ciencia, esa que tan bien y tan limpio mata, puede negar. Yo en aquel entonces no lo entendí. Al fin y al cabo era un niño. Yo sólo veía correr a Elías , a un Elías herido, moribundo, que ya estaba muerto porque Barnes, un compañero, se había encargado de comprar su pasaje al otro barrio… pero seguía corriendo todo y no ser ya sino un cadáver… hacia los helicópteros, hacia sus amigos, hacia sus hermanos de sangre, hacia una imposible esperanza de salvación… y los vietnamitas corrían detrás de él… disparándole… una y otra vez… a él, a Elías, que ya estaba muerto, por mucho que corriese… muchos de ellos contra uno solo… y por la espalda… como los cobardes… disparándole… una y otra vez… y Elías recibiendo sus balas… una tras otra… al ralentí, en cámara lenta… mientras sonaban las maravillosas y trágicas notas del "Adagio for Strings" compuesto por George Delerue que tantas veces después he escuchado… salvaje… convulsionado… final… Elías encajaba... hasta que ya no pudo correr más y clavó las rodillas en tierra… pero hay que estar muerto del todo para no querer seguir viviendo… está en la sangre… en la de todos… también en la de él… y volvió a querer levantarse… ¿!Por qué!?... ¿¡Por qué lo hacía si ya estaba muerto!?... ¿¡Y por qué ellos seguían disparándole, agujereándole la espalda y el pecho!?... ¿¡Y por qué Barnes, traidor, lo había empezado todo!?... No, no lo entendía… pero tampoco podía dejar de mirar… de ver cómo al fin, arrodillado sobre la maleza, brazos clamando a un cielo vacío de dioses, encajando la última bala, aquel hombre duro caía, se precipitaba de una vez por todas y para siempre hacia la muerte, el descanso, la oscuridad… Y mis lágrimas cayeron con él… ![]() Después de aquello ya no quise mirar, pero la gente siguió muriendo igual, fuera de plano, del pensamiento, y así hasta hoy… y así hasta el fin de los finales. Elías muere una y otra vez a cada momento y en todas partes… y de nada sirve no mirar, taparse los ojos, negar la esencia animal, reptil, que nos impregna hasta el tuétano… sólo hay que echarle un vistazo a las noticias para comprobarlo, cualquier día, cualquier año… Matar nunca va a pasar de moda… Porque como reza la frase de Céline que me empujó a escribir estas palabras, recordar la Muerte de Elías... al fin y al cabo, “en el corazón de los hombres sólo habita la guerra.” © JIP 15/11/2004ME TIENES SIEMPRE...Me tienes siempre, junto a mi ausencia, y junto a ella, la tuya, tu ausencia, a ti te tengo, conmigo, en lo más hondo, adentro toda, toda completa, sin estar tú, pero siendo tú toda, entera, risueña, feliz, en mis adentros. Y en los tuyos estoy todo yo, soñándote, bebiéndote, sintiéndote, viviéndote, anhelando que sólo tú quedas, y vienes, y de tu no estar no está ni el recuerdo, ni la sombra que fue; y de la sombra que ha de ser cuando partas de nuevo no tengo ahora en mí ni un destello. Y el tiempo corre quemando el presente, huyendo al futuro con furia de llama, y con él volamos tú y yo el mismo sendero, desde nuestros besos, desde nuestras ausencias, desde ese no estar tú más que en mi ser y mi pálpito, desde ese no estar yo sino en tu rico deseo, pintándome nocturno a tu lado en tus noches, vistiéndote yo de tierna caricia acompañándo mis horas... esas que, ¡ay!, sin ti me parecen tan largas, crudas, tenebrosas... y hasta que encuentre mejores palabras para decir que te llevo conmigo, que estás siempre aquí, que no soy YO si no es pensándote en mí, aquí te dejo estos versos de un maestro, que tan bien todo esto y más, mucho más, lo cantó, apagando con ello los fuegos del tiempo, y al tiempo prendiendo otros nuevos, en profundidades de corazón y zozobrantes desvelos... ![]() Qué alegría, vivir sintiéndose vivido. Rendirse a la gran certidumbre, oscuramente, de que otro ser, fuera de mí, muy lejos, me está viviendo. Que cuando los espejos, los espías, azogues, almas cortas, aseguran que estoy aquí, yo, inmóvil, con los ojos cerrados y los labios, negándome al amor de la luz, de la flor y de los nombres, la verdad transvisible es que camino sin mis pasos, con otros, allá lejos, y allí estoy besando flores, luces, hablo. Que hay otro ser, por el que miro el mundo, porque me está queriendo con sus ojos. Que hay otra voz con la que digo cosas no sospechadas por mi gran silencio; y es que también me quiere con su voz. La vida -¡qué transporte ya!-, ignorancia de lo que son mis actos, que ella hace, en que ella vive, doble, suya y mía. Y cuando ella me hable de un cielo oscuro, de un paisaje blanco, recordaré estrellas que no vi, que ella miraba, y nieve que nevaba allá en su cielo. Con la extraña delicia de acordarse de haber tocado lo que no toqué sino con esas manos que no alcanzo a coger con las mías, tan distantes. Y todo enajenado podrá el cuerpo descansar quieto, muerto ya. Morirse en la alta confianza de que este vivir mío no era sólo mi vivir: era el nuestro. Y que me vive otro ser por detrás de la no muerte. Pedro Salinas La Voz a Ti Debida 17/11/2004"AJENARSE"AJENARSE: Marchar definitivamente de tu esencia para no volver, partiéndola, fundiéndola, subiendo su temperatura hasta disolverte la última molécula, y a partir de ahí habitar un tránsito, una sombra que escapa, un no ser tú, que fuiste averno, sin tampoco ser los demás, que son infierno; reedificarte pulsátil en tinieblas de purgatorio. Transformado en carne de espejo, desposeerte completo, deshabitarte en este lado del reflejo, y transmigrar tu absurdo al doppelgänger fatal que prospera en tus miedos. © JIP ![]() 18/11/2004VIDA SIN LUNAMientras el barco baila de arriba abajo al son del oleaje, cabeceando rítmicamente al compás marcado por el mar, y el sol empieza a declinar, fundiéndose azafranado y final en la lejana línea del horizonte, contemplo sentado en cubierta el devenir de este manto de aguas móviles que me envuelven tranquilas, oscuras, cuasi eternas. Esta paz que sólo el océano puede dar, inexpresable e inaprensible, me llama a cerrar los ojos, abandonarme a los rumores del agua, bucear, abismarme en las profundidades de mis recuerdos, mis secretos guardados a cal y canto en la hondura de mi mente, los más de los cuales no son ya sino estampas de un pasado tintado en grises y ocres de ajado daguerrotipo. Son todo postales sin vida, historias sin color, como si fuesen las ficciones de un novelista o los juegos de un dios aburrido, y no el álbum fotográfico de los años de un ser humano; el recuento de mi vida. ![]() No alcanzo a encontrar entre mis recuerdos un solo destello de alegría o esperanza, invadidos como están por el silencio y la melancolía. Creo que ni siquiera quiero dar con esa luz en las tinieblas de mi pasado. Precisamente vine aquí huyendo de ese pasado, del tremendo dolor del mirar atrás y quedar cegado. Pensaba entonces que la vida se había vuelto vieja y achacosa, que cualquier ilusión nueva sería tan estéril como arrojar un puñado de azúcar al mar, pero me equivocaba, porque soy yo el que ha envejecido prematuramente, el que me he arrugado de manera irreversible. Soy yo el que todo lo oigo lejano y distorsionado, como desde la tumba, como si mi hogar fuese ya el fondo del océano… que todo me sabe igual, a puro cieno, como si la tierra húmeda del cementerio hubiese empezado a consumirme desde la boca… que tengo los ojos tan duros y quebradizos que todo lo veo opaco y distante, como filtrado en un grueso folio de papel vegetal… Seguramente por eso hace tanto de mis últimas lágrimas, tan seco estoy, como desierto, y tan raída tengo el alma por del dolor. Sólo ahora sé que mi fracaso es total y definitivo. Fallé donde no debía, donde no se podía fallar, y de entre todos los errores que pude cometer escogí aquél del que no había posible vuelta atrás. No supe amar cuando pude hacerlo y ahí se acabó su vida, por supuesto también la mía. Cuando quise enmendar mi error ya era tarde, todo estaba perdido. No habría esperanzas de ningún tipo, tampoco segundas oportunidades. Eso quedaba para los demás, para aquellos que todavía no habían tenido la oportunidad de escoger… y fallar. No supe tomar el camino de la vida y nos arrastré al sendero de la muerte. Ella fue inteligente y llegó antes, buscó un atajo. Yo en cambio, aunque no estoy menos muerto que ella, me veo en la obligación de amanecer día tras día. Lo único que me mueve ahora es recuperarla en mi memoria; su rostro, su esencia, su aroma, toda ella redibujada exacta en los cuadernos de mi recuerdo, todo y ser consciente de que jamás la lograré. Se me antoja tan irrecuperable como el pecio que busco en el lecho marino desde hace tanto, por el cual buceo cada día más hondo todo y saber que nunca lo he de encontrar. Esas ruinas fantasmales ganadas por las algas y el coral me llaman incesantemente, me buscan desde lo profundo, desesperadas, como si anhelasen mi llegada para saberse completas, como si guardasen con celo el que ha de ser mi lugar final en el todo. Por eso he de seguir buscando, sin importar lo lejos, lo hondo que esté enterrado, porque tal vez junto a los restos de ese naufragio estén también los pedazos con los que recomponer su retrato. Quizá por esa misma razón no tarde en tirarme al agua en una búsqueda última y final, y descienda, descienda sin parar, sin mirar atrás, y llegué allí de donde no se puede volver, allí donde sé que a pesar de la oscuridad abisal, encontraré el pecio que la luz jamás me dejaría ver, y una vez representado mi pequeño y derrotado papel en la trama del cosmos, sólo me quedará aguardar que el cosmos tenga a bien abatir su telón sobre mí. ![]() El sol fue dejando una noche sin luna, como sin luna ha sido mi vida desde que se extinguió su luz y ya no pude volverla a ver, ni tan siquiera retratada en ese ocre y ajado daguerrotipo de la memoria. Miro a mi alrededor: las negruras de cielo y océano son una y la misma, infinita; no hay horizonte, ni tiempo ni lugar a los que escapar… Imagino el barco desde fuera, desde muy arriba, conmigo dentro, solitario y silencioso en la oscuridad ubicua del océano y la noche eternos. Perdido, sin rumbo, aguardando que la próxima tormenta se lo lleve al único lugar al que puede ya dirigirse, allí donde reposan para siempre tantos y tantos naufragios. © JIP ![]() 21/11/2004REESCRIBIENDO...Reflexionar acerca de la Reescritura siempre me retrotrae a Isaac Asimov. Aquel hombre de patillas trasnochadas y ego inabarcable era capaz de reescribir sus cuentos y relatos una y cien veces, las que hiciese falta, con tal de venderlos a las revistas de género de la época. Durante algún tiempo de su juventud, cuando muy joven, llegó a tener que depender de estas ventas para poder subsistir, así que en cierto modo es comprensible; todo el mundo -incluidos los escritores de ciencia ficción- necesita comer... No obstante, con los años y el éxito, publicar todo cuanto escribiese o hubiese escrito, por el mero hecho de haberse tomado la molestia de escribirlo, por el mero hecho de llamarse Isaac Asimov, llegó a convertirse en una obsesión bastante insana, y hasta tal punto fue así, que, por ejemplo, no le importó nunca escribir sobre cualquier tema, lo dominase o no, con tal de añadir un volumen más a su bibliografía, como tampoco tuvo reparos en dar a publicar sus primeros cuentos de juventud, aquellos que habían sido sistemáticamente rechazados por todas las revistas a pesar de sus múltiples reescrituras, y que eran en su gran mayoría verdaderamente infumables. Su nombre vendía, él lo sabía, y su enorme ego no pudo sustraerse jamás a la erótica profunda que encerraba contemplarlo en una portada, quizá porque conscientemente sabía que no era un buen escritor, uno de los grandes narradores, pero vender y publicar más que todos ellos juntos llenaba el hueco que dejaba esa carencia. ![]() Bueno... y todo este rollo a cuento de qué venía... ah, sí... de la reescritura y esas hierbas... En fin, que Asimov reescribía, todos los escritores, grandes o pequeños, buenos y malos, reescriben, unos más que otros, pero todos lo hacen, y el que diga que no es un embustero... o al menos yo no me lo creo. Otra cosa muy distinta es que, como autor, disfrutes o no reescribiendo tus textos... Yo, por ejemplo, lo odio... Porque reescribir no es corregir, ojo... corregir, dentro de lo que cabe, puede ser incluso divertido; aguzar la puntería, afilar el estilo, filtrar, limpiar, pasar tu texto por el cedazo del máximo espíritu autocrítico... optimizarte en las formas... Pero reescribir implica meterse en las tripas de tu relato y averiguar dónde le duele. Significa también, y por efecto, que la cagaste, que algo no fue bien, que una gran parte de lo que escribiste te chirría de mala manera y no lo puedes soportar. No hiciste bien tu trabajo cuando tocaba, la pifiaste en los cimientos, la estructura, el encofrado de tu edificio narrativo, y ahora hace aguas por todas partes. De modo que te toca calzarte el mono de trabajo y, hablando en plata, ponerte de tu propia mierda hasta las cejas... si es que en verdad crees en ese texto. De entre todas las reescrituras la peor sin duda, la más sangrante, es la de un texto antiguo, uno de esos que se ha pasado su buen tiempo aguardando en un cajón a que quisieses volver a darle una oportunidad, porque nada más ponerte a leerlo de nuevo empiezas a plantearte en serio si no te equivocaste de oficio, si esto de juntar letras no te queda definitivamente grande. Me gustaría pensar que esto le pasa a la mayoría de escritores, que incluso las grandes voces se arrepienten en gran medida hasta de sus mejores libros, aun los publicados, porque su alma hipercrítica siempre les ha encontrado taras, y siempre lo hará, con cada nueva relectura. No sé hasta qué punto será así con ellos pero a mí me ocurre. Siempre acabo diciéndome, ¿¡cómo demonios pude escribir semejante bazofia?!... y entonces nada de lo que lees te parece bueno, querrías prender fuego a todos esos folios y dedicarte simplemente a vivir dejando volar tu imaginación en el coto cerrado de tu mente. Resulta muy difícil sentirse padre orgulloso de cualquiera de tus textos, porque eso es lo que son, hijos preciosos y queridos, las más de las veces traviesos, esquivos y desagradecidos, pero hijos tuyos al fin y al cabo, que te cuesta horrores traer a este mundo, y cuyo parto te duele y te sangra la mente hasta la extenuación. Pero no importa cuánto te haya costado su alumbramiento, nunca estás contento, siempre te parecen insuficientes y quieres pedirles más, pero ellos sólo tienen la vida que tú les has dado y si quieres que cambien has de ser tú el que vuelva a moldearles el alma. Y esa es a veces una tarea insufrible, ardua, y muchas veces terrible, porque esos textos, esos hijos, son un reflejo de ti mismo en el pasado, dicen mucho de lo que eras cuando los escribiste, pero eso no tiene por qué coincidir con lo que actualmente eres, o crees que eres. Los hombres cambian, crecen, mutan, menguan, se ensombrecen y agrian definitivamente; el tiempo y la vida se ocupan de ello, pero los textos no cambian, siempre son los mismos mientras tú, tú que eres hombre y cambias y a tu alcance está el divinizarte o el ensombrecerte, no les des un nuevo aliento. Reescribir es reescribirte, y si no tienes cuidado, corres el riesgo de negarte, mentirte, falsearte, ficcionar tu sentir. Hace unos días repasé algunos textos antiguos, pequeños relatos y poemas, y me asaltaron todas estas sensaciones. Estaba atónito. No podía creer que alguna vez hubiera podido estar conforme con todo aquello, darlo por acabado. Encontraba taras en todas partes y a cada instante me decía, aquí sobra esto y falta esto otro, y se podía añadir esto un poco más allá. La persona que soy ahora ya no coincidía con la que escribió todo aquello y quería derribarlo entero y volver a empezar. Pero al mismo tiempo pensaba en la persona que fui, la que escribió esas páginas, el espíritu y la ilusión que movieron su afán de escritura. Todo aquello estaba allí, en aquellas líneas, participando de ellas aun en la imperfección. Debía elegir entre reescribir salvajemente negando tanto de lo que fui, falseando desde el presente una manera de sentir del pasado, o bien renunciar a tocarlo todo, asumir mis carencias como narrador, y seguir trabajando. Empecé a seleccionar textos, algunos se perderían para siempre, eran irrecuperables, meros abortos, inviables, sin posibilidad de escape. Para estos sólo quedaba el silencio. Otros, los menos, me parecieron rescatables por diferentes motivos, pero tampoco me sentí con ánimo de reescribirlos, desestructurarlos y volverlos a montar; me parecía que era como añadir hiperbólicas ortopedias a un cuerpo tullido y deficiente; error sobre error. No, no los reescribiría. Puliría si acaso aspectos formales, estilísticos, tampoco demasiado, lo justo para no tener que sonrojarme... y tal vez los publicaría, aquí, en TannHäuser... Uno de ellos es mi anterior post, "Vida Sin Luna", una historia que no es demasiado antigua, apenas un año y unos meses, pero cuya esencia, ahora mismo, dista diametralmente de la persona que soy. Mientras lo releía, el escritor no hacía más que apuntar aquí y allí, diciendo lo que se podía mejorar, dónde se tenían que tirar tabiques y levantar otros nuevos; recreándose en el arte del parcheado, pero el hombre, en cambio, yo... no quería volver a saber nada de la manera de sentir que impulsó aquellas líneas. Habían cumplido su labor en su momento, me había servido de ellas para sacar fuera lo que me atenazaba por dentro, y al fin lo había parido todo, mal que bien, con todas sus indudables taras. No podía ni quería volver sobre aquel relato, pero tampoco negaría lo que me empujó a escribirlo ni lo que fui y sentí mientras lo hacía. Si a alguien pudiese interesar, gustar o repulsar lo que en el quise expresar, pues ahí queda para el que quiera darle una porción de su vida y su tiempo. La relación entre padre e hijo acaba aquí; yo miro hacia adelante, germinando en mi interior nuevas ficciones, y él despliega sus contrahechas alas emprendiendo el vuelo entre los lectores, en busca de una oportunidad... © JIP 23/11/2004ORFANDAD DESHOJADA![]() ORFANDAD DESHOJADA Noche negra hediendo a sepulcro, silencio oscuro, putrefacto, amortajada de hollados cuerpos la tierra: fango descarnado, polvo encarnizado, una sombra en vientos serpea aguda cosechando almas. Cesados del combate sus aullidos, siento aún latido en el aliento; todavía vivo, respirante… La nada… Quizá mañana... Seguramente… Este silencio atronador me azota de insomnio los oídos, y mis ojos, desencajados de puro locos, gimen secas lágrimas por los que fueron, y no son ya sino pieles en ruinas sobre fondo de ilusión descabezada. Yertos muñecos de astillada madera, entreviéndoseles los huesos, derramándoseles los sueños, goteándoles los recuerdos, tal que instantáneas heridas de llama, por las mordeduras fatales de la desesperanza. ![]() ¡Mírales bien el rostro convulso! ¡Esculpido final en los mármoles del vacío! ¡Esta es tu mano, tu cruel voluntad! ¿Por qué la muerte? ¿Por qué la vida? ¿Por qué este absurdo? ¿Quién tú para decidir quién explota, quién se arrastra? He visto tanto horror bajo tu consentimiento impune, tanto sordo dolor que tus manos desoyen, que me resisto a concebir tu carne. Desesperado y débil acudo a ti, la Última Mentira, pues este hervor de odio a que apestamos no puede ser hijo sino de tu divina inquina. ¡Oh Dios!, si es cierto que respiras, que tus pupilas pueden todavía llorar, tus venas sangrar a violentos borbotones, vomitar tu boca ante el horror más absoluto, ¡ayúdanos ahora!, ¡ayúdanos a todos!... A esta orfandad deshojada que consentiste en crear, toda ella a mis pies fenecida, a afrontar su último vuelo, a palpar con sus nuevos dedos el sendero que lleva a la paz del no ser… confortable… tranquila… Ayúdame también a mí, a todos los que aquí aún somos sufrir, danos valor, aquí y ahora, pues hemos de salir ahí fuera, tu circo, tu ruedo, tu juego, a morir matando, matar muriendo... Tan sólo esto te pido... que la negra insensibilidad corra más rauda que el mirar de mi consciencia... © JIP (2001) ![]() 25/11/2004CAROLINACAROLINA El coral vive en tu nombre, agazapado, visible pero esquivo; camaleónido, frágil almíbar, sencillo rojo de sangre fresca que hierve nueva en tus azures submarinos. La magia, toda cristal -dulzor, ¡cómo no!, coralino-, vive en tus ojos, como un recuerdo infantil de fresa, cual añejo sabor a jazmín perdido. En esos dos tragaluces tuyos, extensos, encerados, líquidos, como lagos de invierno helados en los que deslizar la hoja de tus sueños, y cuyos marcos brillan, perfuman a barniz marrón y azafranado de cielo en suave retirada. Son de vidrio, de espejo tierno, y en ellos veo el reflejo multiforme -caleidoscopio en veladuras de tu alma- de contrastes frescos, limpias armonías, formas de infierno y cielo, modos de sol y fantasía, en hondos violetas levantinos, sublimes cremas areniscos, rubros envolventes, de pasión embadurnados, en la tersa tela de tu mente cincelados -entera blanca y primordial-, por tus dedos en pincel; tus manos en cristálida paleta. Y el arte está en tu pecho, en corazonadas palpitante, circulado de salvajes oleajes de deseo, recorriéndote entera en fulgente crecida, ora en titánicos fluires; arrebatados… ora en tranquilas corrientes; serenas, nocturnales, tal que un río anochecido salpicado en vivas llamas que navegan titilantes, inflamadas, en pos de un ignoto estuario pintado de irreales playas y aguas tibias de espuma abstracta. © JIP (Diciembre de 2003) 27/11/2004HUELLAS SIN ROSASales a la calle para ir al trabajo. Mucho frío, un frío acojonador. Y también uno de esos vientos racheados y cabrones que te convierten en un auténtico pelele. La mañana es gris y el cielo oscurísimo, plomizo, como si la ceniza de un volcán vuelto a la vida muy lejos comenzase a llegar. Querrías maldecir todo eso, rebelarte por tener que empezar un día así, pero en lugar de ello te abrochas hasta arriba la cazadora y metes las manos en los bolsillos por miedo a que los nudillos resecos y cuarteados te empiecen a sangrar... Eso ya es en sí una primera derrota. Avanzas con maneras de monolito, ovillado y cabizbajo para combatir mejor el viento que te empuja de aquí par allá, así que miras el suelo y tus pies caminar. Al poco la acera se llena de un sarampión de huellas húmedas -hay un gran charco de agua más adelante- y al instante reparas en una de ellas. Es singular, extraña, rara, y te recuerda algo. Pasas sobre ella y la buscas de nuevo un poco más adelante; ahí está otra vez... y enseguida caes... pequeñita y puntiaguda, apenas marca el talón, y deja en el piso un dibujo de anchos rombos horizontales. ¡Es la huella del Nombre de la Rosa!, igualita, te dices, calcada, sólo que le falta la nieve... e inmediatamente sonríes y mueves la cabeza resignado mientras piensas que necesitas urgentemente unas vacaciones. Dejas atrás el charco y las huellas, aquella huella, y de paso también las tuyas, impresas sobre la acera; tus rastros de fantasmas sobre un instante que fue y ya no ha de volver jamás. Vuelves a contemplear el cielo parduzco. De repente te gustaría poder creer en profecías y apocalipsis, en trompetas y muertes que anuncian el fin, como en la película. De hecho, si la humanidad fuese a irse al garete por la ira de Dios, sin duda sería en un día como este, tiene toda la pinta. ¡Que exploten los fuegos artificiales y que empiece al baile!... El Día del Juicio Final... todos a tomar por saco... Se te antoja apetecible, te seduce, te pinta la piel de escalofrío, más que nada por lo mucho de maravilloso y fantástico que hay en él, también terrible y fatal, claro; ominoso... pero mágico, mágico de verdad... e irreal... porque en días como el de hoy darías lo que fuese por una mínima dosis de irrealidad inyectada en vena... Al fin y al cabo, piensas, aquella huella no era la huella, y a este lado de la vida el ansia de misterio y el afán de maravilla siempre se lo cargan ciegos miserables de ojos blancos y lenguas y dedos negros cuyo único fin en este mundo bien parece ser echar a perder tus felicidades y sonrisas... La realidad siempre es más terrible que el más sanguinario de los apocalipsis... Y entonces sigues caminando ovillado y cabizbajo, sin dejar huella... porque no agua en el suelo ni ganas de sueño en tus adentros... y de tu paso por este instante nunca más se supo... © JIP 28/11/2004MENSAJE EN LA ARENA...Cuando crees que no hay nada más solitario que un andén desierto porque ya partió el tren que se llevó lo que tú más quieres, estás al fin de vuelta en casa y te topas con un pasillo, largo y oscuro, silencioso, y el mundo se te cae encima... Enciendes la luz y de repente encuentras, justo allí donde tan sólo unos minutos atrás habías mirado sin ver, un regalo dulce y maravilloso que lo significa todo... ![]() © JIP 29/11/2004DESALIENTODESALIENTO Si el frío fuese mayor, si fuese océano, podría sajarme las venas con mis pupilas petrificadas. Si el calor fuese más alto, hirviente como el odio, podría saborear el fundirse de mi alma. Mas no es posible, porque la muerte siendo inmanente está aún lejana. ¿Cuánto más desear en vano mi crepúsculo? ¿Cuántas lágrimas más en vano derramadas? Ya no hay color en el lienzo del aliento, todo él gris y ceniza, ni ilusión, ni pasión, ni sonrisa, ni el valor suficiente para ser cobarde. Sólo cabe esperar, asfixiado por el subrepticio dolor, la juguetona voluntad del sinsentido; ese divino y trucado danzar de dados. © JIP (Noviembre 2000) |
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