Vida Puta y Sin Talento

TannHäuser. Año 5.

Terrorismo bloguero, escritura subnormal

Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2004.

02/10/2004

"VÉRTIGO"

VÉRTIGO: Entrada en pérdida del techo de tu mente, caída en barrena del cielo de tus ojos, tifón de humores en el pecho de tu espíritu, que hasta la negrura más acerada adquiera matices en tu agonía, que incluso el tiempo se detenga devoto de tu náusea, y no anhelar más que el no sentir, el no ser ni estar así; heterónimo de final.

Arrollado, quebrante, desbastado, óptimo en padecimientos, qué mejor glosar de tu vértigo que aquel magistral que rezaba "...De Entre los Muertos".

© JIP

A Bursting Shell, C. R. W. Nevinson, 1915

03/10/2004

LA VIDA COMO MUEBLE

“Intenté sin éxito ser más muebles, pero ni eso me fue concedido. Así que he sido toda mi vida un solo mueble, lo cual, después de todo, no es poco si pensamos que lo demás es silencio”

Clément Cadou
Autoepitafio, Obras Completas

Quizá ninguna Lapidaria tan apropiada como esta que hoy aquí traigo desde mi lectura de "Bartleby y Compañía" de Enrique Vila-Matas, porque estas fueron en verdad las palabras que formaron el epitafio de Clément Cadou, que él mismo escribió. Fueron las Obras Completas de un hombre que siempre quiso escribir, que creyó haber nacido para escribir, que incluso encaminó toda su juventud a tal fin, pero que de repente una noche sintió claro que a partir de entonces no tendría más remedio que "preferir no hacerlo". Fue a partir de una cena, sus padres invitaron a casa al escritor polaco Witold Gombrowicz, encuentro que liquidó para el resto de sus días a Cadou como escritor.



Según Vila-Matas, "al joven Cadou le impresionó tanto ver a Gombrowicz entre las cuatro paredes de la casa de sus padres, que apenas pronunció palabra a lo largo de la velada y acabó sintiéndose literalmente un mueble del salón en el que cenaron”. A partir de aquello renunció a la literatura, limitándose a pintar, uno tras otro, cuadros de muebles que, invariablemente, titulaba de la misma manera: "Autorretrato".

Witold Gombrowicz, el involuntario ocaso de Cadou


En 1972, todavía joven, víctima de una enfermedad que sabe que lo va a conducir a la tumba, Cadou decide componer el que será su epitafio, escribir por primera y última vez las que serán sus Obras Completas a carácter póstumo. Hay en ellas toda la crudeza del espíritu creador derrotado, que soñó crear vida, ficciones de la nada, y al que apenas, en cambio, le fue dado vivir una, la suya, permanentemente estigmatizada. Una vida de mueble que, ante el inminente zarpazo del silencio, desprendía, empero, en sus últimos coletazos, todo el brillo, singular e irrepetible, que encierra todo aliento.

Vila-Matas, autor de Bartleby y Compañía


Tras historias como esta, uno termina por pensar, atravesado de arriba abajo por un estremecimiento siniestro, que lo bueno y a la vez lo malo que tiene vivir en la esperanza es que cabe la posibilidad, en el instante más imprevisto, de que lo mágico asalte tu mente con terribles escalofríos vivificadores. Lo bueno está en que, si esto pasa, es que sigues vivo, que tu corazón no está todavía al borde de la oscuridad. Lo malo, sin embargo, es que uno puede llegar a hartarse de tanto escalofrío, tanto temblor de alma, sospechar que cualquier día de estos se va a quedar en el sitio de un puro y súbito atracón de pánico. En este sentido, la abulia, la vida transcurrida, tal que un mueble, aventaja a la esperanza por su carencia de altibajos; lo más parecido a una línea de encefalograma plano...

© JIP"

04/10/2004

NOSHESSS PSYCHOTRÓNIKASH: "EL REGRESO DE LOS MUERTOS VIVIENTES"

Esta noche he revisionado enterita "El Regreso de los Muertos Vivientes" (The Return of the Living Dead, 1985), de Dann O'Bannon, y me ha seguido pareciendo todo lo genial que ya me pareció la primera vez que la vi hace ya -¡¡bufff!!- más de lo que prefiero reconocer.

Unos zombis muy ochenteros...


Razones para ello, así a bote pronto y sin orden ni concierto:

- Tiene ya casi 20 años y no ha envejecido nada, pero que nada mal.

- Mezcla sabiamente terror, humor y viscerillas –en este caso cerebrillos, más bien- consiguiendo un difícil y meritorio equilibrio, sin por ello perder tensión narrativa, la atención del respetable o sea, y cabe decir que esto en el género fantaterrorífico es algo muy poco común.

¡Cerebrosss!


- No se toma demasiado en serio así misma, detalle éste, aquí donde lo ven, que para un servidor es más importante de lo que aparenta, pues suele ser prueba de honestidad y humildad cinematográfica.

- Que O'Bannon y Russo basaran su argumento en hacer pasar como reales los hechos narrados en la mítica y seminal "La Noche de los Muertos Vivientes" (Night of the Living Dead, 1968), de George A. Romero, para así reírse de ella de forma apócrifa y por todo el morro. Cabe decir que John Russo fue también coautor, junto a Romero, del guión de la mítica película, así como de su posterior novelización, así que lo suyo tiene aún más desfachatez si cabe.

La Obra Maestra de Romero...


- Que O'Bannon, guionista entre otros, de films tan dispares como "Dark Star", "Alien", "Lifeforce", o esa escalofriante maravilla lovecraftiana que es "Muertos y Enterrados", demuestra al fin en éste, su debut en la dirección, que ser zombi no tiene por qué implicar ser subnormal y/o gilipollas.

- Es decir, que los zombis de "El Regreso...", al contrario que los de Romero, molan mazo, entre otras cosas, porque tienen muy mala hostia… y no sólo porque corran que se las pelan en pos de tu cerebelo, sean capaces de trepanarte tu dura cabezota de un simple mordisco, o articular con sus muertas cuerdas vocales frases con tanto sentido y tan mala intención como,“Por favor, agente, envíe más enfermeros…”, sino también porque son unos escogidillos de mierda que no se llevan cualquier cosa a la boca, y en lugar de contentarse con sangre, vísceras y tuétano pata blanca, ellos no, ellos sólo comen "¡Cerebrosss!... ¡cerebrosss!... ¡cerebrosss vivosss!"... No digáis que no son entrañables…

A este se le acabó el estudiar...


- La banda sonora es nostálgicamente molona.

- La estética del film también mola… cantidad… ¡Puros 80, vamos!... snif, snif…

Típica pandilla de tardoadolescentes descerebrados ochenteros yankis que tan bien digieren los zombis...


- Silogismo Trotón:

A) Linnea Quigley, mítica scream queen donde las haya, se desnuda a las primeras de cambio y a partir de entonces, zombificada o no, se pasea en pelota picada por el resto de la película…
B) Linnea Quigley estaba de bastante buen ver por aquellos tiempos, trotona o sea... tanto viva como muerta, o zombi, que para caso es lo mismo…
De lo que se deduce que C) Dann O'Bannon no tenía un pelo de tonto, el muy jodío... y yo que me alegro, oigan…

Linnea Quigley, alias Trash, desperezándose de su sueño de muerte como Diox la trajo al mundo...


- La escena del interrogatorio a la zombi verde y pelirroja –o lo que quedaba de ella-, a través del cual sabemos que nuestros zombis preferidos comen cerebros para mitigar "¡El dolorrr... el dolorrr... el dolorrr de estar muerrrto!"... ¡Mítica!

El dolor de estar muerto te deja con estos pelos...


- El medio perro disecado que mueve la colita y gimotea… ¡Qué mono!...

- La escena en que los muertos se levantan de sus tumbas, en medio de una lluvia torrencial, y de fondo suena una marchosilla y rokanrolera cancioncilla; "Partytime"... juas, juas, juas... ¡qué cachondosss!

Escena cumbre: al que lo empezó todo le revientan la cara...


- La lluvia radiactiva y zombificadora del final, filtrándose tierra adentro, mientras los militares yankis –que, para variar, son todos una panda de capullos- dicen que sí, que ya está, que ya pasó, que ya está todo solucionado, señor…je, je, je… ¡pobres ilusos!...

- Porque no, no amigos no… nada estaba solucionado, sino que volvía a comenzar, que habían metido la pata hasta el fondo y un poco más, y, en consecuencia, los muertos vivientes volverían… volverían a por más cerebrosss... concretamente en dos secuelas, a cuál más delirante y psicotrónica; “La divertida noche de los muertos Vivientes” (The Return of the Living Dead II, 1988), de un tal Ken Wiedrehorn, al que no conoce ni su padre; y en "Mortal Zombie" (The Return of the Living dead. Part III, 1993), a cargo de Brian Yuzna, éste sí más conocillo por desgracia desde que aquí en Catalunya la Fantasic Factory le deja coger una cámara y pergeñar liendrosas e infamantes tiras fílmicas como "Faust" o "Beyond Re-Animator", pero al que, sin embargo debemos agradecer –al César lo que es del César- pequeñas joyas del fantástico moderno como "La novia de Re-Animator" (Bride of Re-Animator, 1990), "Ritos Satánicos" (Silent Night, Deadly Night 4: Initation, 1990), o "Society" (1989).

Bueno, creo que por hoy ya está bien de chorradas, así que deseándoos muy cordiales y psychotrónikash noshesss a todos se despide, siempre vuestro,

© JIP

Ya están aquíiii...

06/10/2004

¿QUIÉN ES ELLA?

Feliz por momentos tras sorprenderme ante estos versos desconocidos, sólo quisiera añadir algo del agudo temblor que me transmitieron; algo así como centelleos de pupila, frío acero en la mirada, tremar de lágrimas en esta noche y todas, mientras haya alma; increíbles ganas de vivir...

Manuel Altolaguirre, 1905-1959


Mi sueño no tiene sitio
para que vivas. No hay sitio.
Todo es sueño. Te hundirías.
Vete a vivir a otra parte,
tú que estás viva. Si fueran
como hierro o como piedra
mis pensamientos, te quedarías.
Pero son fuego y son nubes,
lo que era el mundo al principio,
cuando nadie en él vivía.
No puedes vivir. No hay sitio.
Mis sueños te quemarían.


Manuel Altolaguirre
Escarmiento, 1930-31

¿Quién es esa que echa fuera de sí el poeta, esa que se quemaría, la que todavía está viva? Quizá una amada, sí... Quizá también la Muerte, que es bella y lozana y está viva en tanto la tememos, esa misma que no cabe, no tiene sitio en nuestra alma mientras rebosa de sueños, que ardería completa, entera se quemaría si tuviese que bajar a combatir nuestras ansias de vida en nuestro propio terreno...

07/10/2004

"LUZ"

LUZ: Ya no hay luz, sólo llama…

© JIP

No. 14, Mark Rothko, 1960

08/10/2004

"LIBÉRRIMO"

LIBÉRRIMO: Desmenuzado en lo negro, ardido, recompuesto en tus cenizas, iniciado en las servidumbres de la mónada, alzar el vuelo postrero hacia lo Absoluto, que es el ápice jugoso de un ensueño de, al fin, no ser nunca jamás...

Sin miedo, aéreo sobre el Interrogante.

© JIP

Birdman, Frank Frazetta, 1972
08/10/2004 07:36 Javier Iglesias ©. Tema: TannHäuser Primera Época No hay comentarios. Comentar.

10/10/2004

ECTOPLASMA

ECTOPLASMA

¡Vuélvete y mira!
cómo se apaga la llama,
cómo se escapa el ayer,
cual un hilo de luz abismada
en los bríos ciegos de mi hiel.

¡Vuélvete y mira!
estos, mis ojos, enlagrimados,
líquidos en febricente sargazo
de penas profundas,profundos vacíos,
huracanados soñares de tu piel en delito.

¡Vuélvete y mira!
mi ascua en tu piedra, descabezada,
mi aliento en tu tierra, emasculado,
abrupto cesar de oleaje sin playa,
sajado vuelo de pulsos alados.

¿Ves estos ojos, los míos, cariño,
de hervor cristalino y aéreo pintados?
¡¿Los ves?!...

Por sed de tu olor escarchados,
de este extrañarte fatal, fríos, acerados,
tal que un delirio de espejo crudo, todo desecado.
¡¿Los ves?!...

¡Mírate en ellos, cariño mío!
¡Vuélvete y mira!
el dúctil juego de sombras en que te arrastras,
tu ausencia etérea aromándome el alma,
ese pálido e ignoto fulgir de sábana;
aliento doliente de secreto fantasma
con que noche tras noche me aúllas, me llamas...

© JIP

Amor Ectoplásmico

12/10/2004

DE FIESTAS, PATRIAS E IMPOSTURAS

Si hoy hubiese tenido un día mínimamente lúcido, clarito, clarito, que se dice, y unas mínimas ganas de escribir, y, por supuesto, algo mínimamente decente acerca de lo que escribir, pues, qué queréis que os diga, quizá habría pergeñado un post más curradillo que este, pero como ninguna de esas circunstancias se ha dado, pues voy a hablar -contraviniendo totalmente mi costumbre- de lo que hoy está de moda, la Hispanidad, o sea... Sí, amigos, ¡soy así mainstream!, pero eso sí, a mi manera. Y no se me ocurre mejor manera de decir lo que opino de festividades como la de hoy, o como la del 11 de septiembre cuando se tercia -otra que también me toca-, u otras tantas como hay, según latitudes, que ceder la palabra a dos habituales de estas Puertas que, con las suyas, supieron expresar certeramente mi sentir en torno a semejante cuestión.

Pique a quien pique -¡que se rasque!- es éste un sentir, el mío, totalmente personal e intransferible, y tan válido como el de aquellos que gustan, cuando les toca, de ponerse la mano en el pecho, cantar himnos y besar banderas, mientras tanto enfrente desfila inmaculado, con sus mejores galas, el circo de la muerte o el de la demagogia. Los que quieran países, que se los queden; los que quieran estados, que se los queden; los que quieran patrias también, todas suyas, que se las metan donde buenamente puedan. ¡Qué cada cuál aguante su palo, su vela o su verga!, tanto da, pues al fin y al cabo es esta una cuestión que tiene sus buenos coj... esto... bemoles.

Puestos a depositar la fe en imposturas, yo prefiero mantener la mía bajo el auspicio de símbolos mucho menos prosaicos que una bandera politizada, cualesquiera sean sus colores, rodeada de advenedizos, hipócritas y conjurados.



"Mi Patria son los libros"

Arturo Pérez-Reverte

Reverte, desvocado lenguaraz


"No se habita un país, se habita una lengua. Una patria es eso y nada más"

Emil Cioran

Cioran, la amargura hiperlucida

13/10/2004

DOS PALABRAS

DOS PALABRAS

Si supieras cómo duele
sentirte ausente,
saberte lejos,
tenerte sólo en mi pensamiento.

Si supieras cuánto sufro
contemplándote los ojos,
a medio camino,
en la suave, dulce encrucijada,
entre el verde vida
y el perláceo platino…
los dos del color de los mares
sembrados de musgo y oro.

Si supieras que en mis noches
no hay sino insomnio o sueño;
no dormir horas, lunas enteras,
por estar dibujándote,
recreándote completa en un lienzo de deseo,
dudando si incluirme cerca,
borroso, tímido, deslustrado,
como un niño ansioso y suplicante;
soñándote día tras día,
a todas horas,
locuaz, risueña, alegría toda,
cristalina y aromática,
perfecta en tus hechuras,
ideal en ademanes,
hasta rozar la locura más insana.

Si supieras la feliz, rica tortura,
pero tortura al fin y al cabo,
que es vivir desde que te conozco,
desde que tu rostro,
tus labios,
tu alma,
tú toda,
penetraste en mi más hondo mí,
justo allí dondequiera que se guardan
los tesoros del anhelo y la pasión…

Quizá entonces…
Sólo quizá entonces…
Querrías tal vez oír de mis labios
dos únicas palabras ungidas de amor sincero.

© JIP

14/10/2004

"SALVACIÓN"

SALVACIÓN: El último rechazo…

© JIP

Agony, Egon Schiele, 1912

15/10/2004

DE CÓMO "ROJO" ME DEJÓ "FRÍO"... O POR QUÉ NO ME GUSTÓ "HELLBOY" (THE MOVIE)

Para los despistadillos e incautos diré que "Rojo" es el apelativo con el que amigos y conocidos llaman a "Hellboy", vocativo éste, cromático y llamativo donde los haya, que en inglés –"Red"- debe quedar la mar de bien en pantalla -que se le pregunten si no a la Señorita Scarlaaata-, pero que, traducido literalmente al español -"¡Ey, qué pasa, Rojo!"-, no sólo queda como un pegote insufrible a soportar durante todo el metraje, sino que, sacado de contexto y rememorando viejas heridas bien nuestras, podría dar lugar a algún que otro desagradable malentendido - ¿Es Hellboy comunista?, y, en tal caso, ¿vota a Izquierda Unida?-. En fin...

Pero vamos al lío, que es lo que interesa, y éste no es otro que abundar sobre por qué Red, o sea Rojo, o sea Hellboy, el Chico Avernal que me acaba de dar por bautizarlo en castellana parla, es un film que me dejó más bien frío, que es como decir que no me gustó nada en absoluto, pero no helado del todo, ¡ojo!… si no a qué iba a estar yo escribiendo todo esto…

Hellboy, siempre con una carga de Muerte a sus espaldas...


Podría esgrimir no pocos motivos por los que esta me parece una película fallida y muy mediocre, tirando incluso hacia el suspenso, y no tendría para ello más que referirme, uno por uno, a los males ya endémicos que azotan al cine fantástico moderno, a saber, guiones flojos o directamente inexistentes, argumentos insostenibles y desequilibrados, situaciones vergonzantemente inverosímiles, diálogos estúpidos cuando no directamente lobotomizantes, personajes endebles e inconsistentes de puro planos, preponderancia total de unos efectos especiales hiperbólicos cuya magnificencia sólo pretende ocultar la total carestía de una historia cabal que narrar, ritmo endiablado y videoclipero, o, lo que es lo mismo, atropello, decibelios, epilepsia, ¡aaarggghhh!... arritmia fílmica terminal, en suma… De todo esto hay un poco –o un mucho, según caracteres- en el "Hellboy" de Guillermo del Toro, pero no voy a concretar nada de ello, entre otras cosas, porque me agotaría cantidad y la vida es muy corta...

El Trío Calavera...


Me conformaré, empero, con esgrimir un argumento en su contra, si acaso mucho más poderoso que todos los anteriores, que no es otro que el ¡ABURRIMIENTO!, tal que así, con mayúsculas y entre signos de admiración, con un cabreo de la hostia, vamos. Sólo con esto puedo justificar por qué no me gusta esta película y quedarme tan pancho, sin buscar ningún otro tipo de explicación, ya que no existe, pienso, peor pecado en un film de este tipo, de esos que ahora se da en llamar "de evasión", que acabar pidiendo la hora mucho antes de los títulos de crédito. No vale la pena engañarse, aquí de Ingmar Bergman's nada de nada; uno puede aguantar cierta pesadez, cierta morosidad en la narración, incluso algo de tedio en la pantalla, si la historia que te están contando tiene algo de mínimamente trascendente a nivel significativo, si te hace reflexionar de alguna forma sobre cualquiera de las Grandes Cuestiones, pero en la película de Guillermo del Toro no hay ni sombra de todo eso. Es tremendamente simple –que no sencilla-, plana –que no clara-, y justita, justita –que no concisa-. Ni siquiera el mismísimo Hellboy, que es un tipo raro de la hostia, mitad hombre, mitad demonio preternatural, y que lo desconoce todo de su origen, muestra la más mínima inquietud metafísica y/o existencial para con su propia naturaleza o su papel en este mundo –o cualesquiera otros- de tan llano que está perfilado su carácter.

Así las cosas, si el invento no te entra por los ojos porque vuelve a ser un "más de lo mismo"; infografía desaforada y gratuita, pirotecnia grandilocuente e inexpresiva, acción embarullada e ininteligible, argumentos estultoides…; y mucho menos te cabe en la cabeza porque en realidad tomas conciencia de que no te está contando nada, que todo es un puro y vacío artificio, ¿qué queda?... mirar el reloj una y otra vez, impaciente, hastiado, pidiendo la hora… lo que decía, ¡ABURRIMIENTO!

Lo peor de todo, quizá, es todo lo malo que toda esa mediocridad y todo ese aburrimiento confirman, a saber, que el hipotético talento del director mejicano –que tanto apuntaba en esa maravilla vampírica llamada "Cronos"- se haya evacuado por el retrete, perdiéndose definitivamente para el buen cine de género. Después de aquella herejía fílmica que atendía al título de "Blade II" este "Hellboy" bien puede tomarse como la venta completa y final de su personalidad cinematográfica a la gigante maquinaria hollywoodiense de quebrar el Séptimo Arte, pasando de este modo a formar parte de la nómina de directores-marioneta de la industria. Y tanto es así que, sin ir más lejos, apenas veo diferencia alguna –en la malo, claro- entre su "Hellboy" y “La Liga de los Hombres Extraordinarios” de Stephen Norrington, "Underworld" de Len Wiseman, "Van Helsing" de Stephen Sommers, y otras tantas cuyo nombre y paternidad prefiero obviar. Todas fotocopias de un mismo patrón… y, si mi apuran, hasta la del matachupasangres high-tech me gustó más, lo que es muuuucho decir...

Guillermo de Toro, poco acertado últimamente


A esta bajada de pantalones ante esos que ponen la pasta, cada vez más frecuente, cada vez, también, más sangrante, se deben achacar sin duda las peores taras del film; esa enésimo-tópica historia de amor entre bella y bestia, y que se antoja sosa, tonta, y menos creíble que una charla de Jiménez del Oso; ese nuevo compañero con el que desarrollar una relación amor-odio-celos al más puro -y nauseabundo- estilo Buddy Movie; el maniqueo y cansino enfrentamiento entre las fuerzas del Bien -¡qué buenos somos, chicos!- y las fuerzas del Mal -¡hay que ver qué malas, las muy jodidas!-, y que termina, ¡cómo no!, con la victoria de las fuerzas de la Luz en un Happy End típico, tópico y torpón -que para eso somos yankis y dominamos el mundo y pagamos impuestos, oyes-. Lo del final se antoja particularmente insufrible, puesto que, como es costumbre, cuando ya los malos malosos han llevado la partida al final humillando a los buenos buenazos, ganando con todas las de la ley, y ya se abren las puertas del infierno anunciando la destrucción de toda la Humanidad… justo entonces, el héroe, que estaba acabado y en las últimas, recurre a sus más hondos y buenos sentimientos, usualmente aderezados con pizcas de amor –por la chica- y ansias de venganza –por el padre asesinado-, para resurgir de sus cenizas y aplazar el Apocalipsis para mejor ocasión –la secuela, supongo- con una facilidad pasmosa –y sospechosa… ¡qué fácil resultó todo al final!-. Es lo que vende… o al menos lo que dicen que vende los estudios de mercado…

Os gusta mi pose de... Habéis matado a mi padre, cabrones... ¡lo pagaréis caro!


Lo que más duele, no obstante, es la película que, entre todos, echaron a perder. Teniendo en cuenta el tono oscuro, macabro, tenebrista y preternatural que emanan los mejores cómics de Mignola sobre el personaje, el resultado volcado sobre la pantalla no puede ser más decepcionante. Del Toro optó por un espíritu demasiado "normal" y "ortodoxo" para retratar un personaje y un universo que pedían a gritos adjetivos como barroco, retorcido, horrorífico, angustiante, salvaje... y lo que consiguió no fue otra cosa que trivializar lo sobrenatural, banalizar la sombra y entibiar la asfixia, rematándolo todo, además, con una vena de humor facilón, pretendidamente desenfadado, que provoca que el film redunde en su ridículo y acentúe su vacío. No cabe duda de que este tipo de adaptación -que no hubiera desentonado tanto en un comic Marvel, pero que me repatea verdaderamente los higadillos en uno como el Hellboy de Mignola- vino dictada hasta cierto punto por productores y demás caterva ejecutiva, deseosos de un dinero fácil y, en consecuencia, una película fácil también, para la buena digestión del Gran Público, sin cosas raras. Mas el hecho de que un ¿cineasta? como Del Toro se pliegue a estas servidumbres y luego venda el producto –sí, producto- como una traslación a la pantalla sincera y fiel, nacida de su amor por el personaje en viñetas, no puede ser tomado sino como una prueba más de esa carencia de personalidad –incluso integridad- cinematográfica a la que antes aludía.

El Hellboy de Mignola, definitivamente desaprovechado


En resumen, que como película en general, y fantástica en particular, no llega, ni de lejos, a unos mínimos de calidad aceptables. Como adaptación del cómic del cual parte, se queda muy en la superficie, de paso desperdiciando definitivamente para el cine un personaje y unos materiales magníficos. Y, finalmente, como puro entretenimiento, sin más, como espectáculo "de evasión" aburre soberanamente –veo más adecuada la etiqueta de "escapista", más que nada por las ganas que te entran de salir despavorido de la sala a la hora de proyección-. Así que, visto lo visto, este tío fortachón y musculoso, con rabo largo y cuernos cortos, comunista o no, no me pone nada, nada, la verdad… Si al menos fuese hincha del Osasuna...

© JIP

Boy, Hell Boy...

17/10/2004

DONNIE DARKO O LA MENTE DESGARRADA COMO MÁQUINA DEL TIEMPO.

¿Cuántas veces en la vida nos hemos dejado seducir por el ejercicio del “What If"?, ¿y si hubiera hecho esto o aquello, o hubiese dejado de hacer esto otro o lo de más allá? Sabemos que es un absurdo, que no tiene sentido porque lo hecho, hecho está y no se puede cambiar, pero aun así seguimos cayendo en esa erótica profunda y mesmerizante de la máquina del tiempo que tanto, desde antiguo, hemos anhelado y que siempre nos fue esquiva.

Nuestra mente, el cerebro humano, que tantas potencialidades ignotas alberga todavía y tan desconocido se nos presenta a estas alturas de Humanidad -¡y por cuánto!- es, si lo miramos bien, una singular máquina de tiempo.

A través de la memoria nos conduce al pasado, a nuestros recuerdos, a esos pedazos de vida dejados atrás, dulces y agrios, de todos los colores, y sobre los que muchas veces volvemos voluntariamente, pero que también muy a menudo, nos asaltan de forma insospechada, como una pantera emboscada en pos de su presa. Incluso llega un momento en la vida, cuando los años se amontonan embarullados sobre nuestros huesos, como platos sucios en un fregadero viejo, en que el alma no hace sino ejercitar sus debilitados músculos en la máquina del tiempo de la remembranza, sin duda intuyendo el advenimiento del ocaso.

Disfrazado de su Destino, Darko cambiará su vida por la de Greychen


El futuro, o mejor dicho, los futuros, se encuentran en cambio en nuestra imaginación, en nuestra capacidad de elaborar hipótesis de porvenir. A cada instante construimos enteros y altos edificios en torno al futuro según los concretos cimientos del presente, tirando líneas potenciales sobre el firme de nuestro camino en la esperanza de direccionar nuestros pasos hacia el mejor de los destinos posibles. Y cada una de las decisiones que tomamos, cada uno de los actos que llavamos a cabo, derriba todos esos edificios menos uno, y al mismo tiempo levanta otros tantos… infinitos, como estrellas -¿cómo universos?- Y con lo frágil que es nuestra vida, cualquier vida, con la cantidad de cosas y fenómenos menudos que serían capaces de acabar con nuestro sueño de aliento en un instante, seguimos, mientras nos es dado vivir, pedaleando incansables en la maquinaria mental manufacturadora de múltiples e hipotéticos futuros.

Pero existe una posibilidad menos explorada, incógnita, a todas luces terrible, pero reveladora, en su condición de loca teoría, de una turbadora verdad. ¿Y si nuestra mente tuviese el poder de viajar al futuro concreto?, es decir, no a ninguna hipótesis de porvenir sino al porvenir mismo, que nos aguarda en la distancia. La insólita película de Richard Kelly, Donnie Darko, explora esta posibilidad proporcionándonos algunas claves el respecto a través de su protagonista, Donald Darko, un adolescente preunivesitario de mente, en apariencia, desequilibrada. Retraído, apocado, extremadamente inteligente y sensible, también sonámbulo, Donnie presenta tendencias netamente esquizoides y paranoicas. Y tanto es así que, desde hace bien tiene poco tiene alucinaciones con un extraño e inquietante personaje, Frank, una silueta ataviada con un disfraz y una extraña máscara, plateada y siniestra, de conejo, en las que le anuncia el fin del mundo para el día de Todos los Santos de 1988. La misma noche en que Donnie recibe tan funesta revelación, se salva de morir aplastado por el motor caído desde un avión en su propia habitación, precisamente por haber salido de casa sonámbulo, acudiendo a la llamada de su alucinación. He aquí un dato vital; ¿un punto de inflexión?

Un raro film de ciencia ficción


Porque a partir de aquí y hasta el día del anunciado Juicio Final, Donnie entrará en una espiral de alucinaciones constantes con Frank, cada vez más peligrosas, mientras su comportamiento consciente muestra una insociabilidad creciente. Bajo el mandato de Frank, su nuevo amigo, Donnie inundará el colegio y quemará la casa de una especie de telepredicador sectáreo y pornófilo infantil, pero conocerá también el amor, mientras elabora, gracias al libro publicado años atrás por una vieja loca del lugar, la Abuela Muerte; "La Filosofía de los Viejes en el Tiempo", su particular teoría acerca de la posibilidad de viajar físicamente en el tiempo, actuar sobre el futuro o incluso sobre el pasado.

Darko, su novia, y Frank, eje de la historia


Tras el acelerado y sincrético desenlace del film, uno podría pensar que, durante todo el metraje, al igual que ya pasaba con el dickiano "Desafío Total" de Paul Verhoeven, no hemos estado contemplando sino el desarrollo de un sueño, o, en este caso, de la alucinación paranoide de una mente, la del chaval Darko, totalmente desquiciada, por entero disociada de la realidad y que precisamente ésta, la dura y pura realidad, es que él murió 28 días antes del 1 de Noviembre de 1988, aplastado en su habitación por el motor de un avión caído misteriosamente del cielo. Pero también podríamos, en cambio, llevar hacia delante la posibilidad contraria. ¿Y si Donnie, en su enfermedad, en su esquizofrenia alucinada, no fue testigo a lo largo del film más que de su propio y concreto futuro? ¿Y si su mente enferma, a través de mecanismos desconocidos, esquivos a la medicina y la psiquiatría modernas, hizo las veces de máquina de tiempo y sirvió a nuestro personaje sus próximos 28 días de vida al completo? Y en tal caso, sabedor de lo que le esperaba, decidió terminar voluntariamente su vida, quedándose esa noche en su habitación a morir, pensando así, no sólo que cerraba cualquier posibilidad de Apocalipsis, sino, mucho más importante, que salvaba la vida de su enamorada al abrir una nueva posibilidad de realidad en la que su ausencia, su propia muerte, posibilitaba la de ella y cambiaba sensiblemente la del resto de seres del Universo.

El cerebro humano, en su increíble secreto, escondería, pues, la clave de actuar sobre nuestro futuro, modificar un destino que, al tiempo, ya no sería tal, pues habríamos pasado de tener una vida escrita -inexistente, vivida y fenecida al mismo tiempo y en todos los instantes del Universo-, como la que ideó Kut Vonnegut para su "Matadero Cinco", a tener un libre albedrío maleable y voluble, moldeable y transmutable, no ya por nuestras acciones y decisiones presentes, sino por nuestra capacidad para ver el porvenir. En este sentido, si dicha potencialidad sería sólo adquirible a través de la enfermedad mental, la esquizofrenia, o incluso si, en lugar de ser un efecto colateral de ésta, sería, antes bien, su finalidad intrínseca, es una cuestión que abordar más adelante, quizá en otro lugar, y sobre la que podríamos discutir no poco.

En cualquier caso, tomando esta hipótesis como cierta, suspendiendo nuestra incredulidad hacia este lado de la balanza, podríamos derivar, por ejemplo, que el todo continuo que denominamos Realidad podría no ser más que una película proyectada en nuestra mente solipsista que, dotados de las herramientas mentales adecuadas, podemos montar a nuestro antojo. Dichas herramientas, durmientes en todos nosotros como potencialidades a aflorar, podrían, no sólo permitirnos actuar a voluntad sobre nuestro destino, sino quién sabe cuántas cosas más y cuánto más increíbles para la ciencia y el pensamiento contemporáneos. Finalmente, incluso elogiando, como hizo Erasmo, a la Locura, deberíamos tal vez reflexionar sobre si las enfermedades mentales que nos azotan son, antes que males, incipientes e incontroladas afloraciones de esos poderes, esas herramientas ocultas que tanto nos habrían de permitir, tal vez incluso superar la humanidad… Al fin y al cabo, siempre se ha dicho que no hay nadie más sabio que los locos…

¿Alienado o Ilumindao?


Finalizando este hilo en un razonamiento casi enervante y del todo intempestivo, no puedo por menos de aventurar jocoso que tal vez, en algún universo paralelo en el que un adolescente decidió esperar la muerte caída del cielo y alguien exactamente igual a mí NO está escribiendo este artículo, todos los manuales y estudios que en nuestro mundo tratan de psicología y psiquiatría, que intentan abordar, contener y explicar las estructuras de nuestro cerebro, allí abordan sin embargo la fisiología y la tipología de nuestros mentales viajes temporales, y existe en verdad, y se estudia en los colegios, ese libro fantástico y fantasioso titulado "La Filosofía de los Viajes en el Tiempo" de Roberta Sparrow, alias Abuela Muerte.

© JIP

Darko con Sparrow, la filósofa del tiempo
"

19/10/2004

"YACENTE"

YACENTE: Final vencido en tus fantasías de vuelo y promesas de mañana, como bosque descabezado por ácida lluvia o vela rota por niebla negra; entero desarbolado, amar el suelo en tu caída, lamer la tierra complaciente.

Derramado, tal que ballena moribunda ansiando coral, arena; sepultura... aguardar tranquilo, inmóvil y silente, la orgásmica venida del inexistir.

© JIP

The Lament for Icarus, Herbert James Draper, 1898

22/10/2004

EL SONIDO DE UN FUTURO QUE YA ESTÁ AQUÍ

Con el paso del tiempo "Blade Runner" va poco a poco ganando el prestigio que se merece, como los buenos vinos. Ya casi nadie recuerda que su estreno, allá por el año 1982, fue un completo fracaso, y sus admiradores, todo y que jamás llegarán a poder compararse con los de fenómenos como "Star Wars", "Star Trek" o "Matrix" -¡ni falta que hace!-, aumentan en todo el mundo. Lenta pero firmemente, el film de Scott -que ya nunca volvería a estar tan acertado- empieza a abandonar, rebasada la doble centuria, su estatus de "film de culto" para encarar el de verdadero "clásico", sin calificativos genéricos de ningún tipo, es decir, no sólo del cine fantástico, sino del CINE, con mayúsculas. Sin ir más lejos, el pasado agosto, científicos encuestados por "The Guardian" en todo el mundo la eligieron como la mejor película de Ciencia Ficción de todos los tiempos... Quién se lo iba a decir al bueno de Ridley cuando se lo llevaron los demonios porque la productora le cambió el final original, optando por ese tan conocido, optimista e inverosímil, -con planos descartados de "El Resplandor" de Kubrick incluidos- en el que Deckard y Rachel se van de luna de miel al campo y son felices y comen perdices, porque tras unos pases privados previos al estreno del montaje inicial, el público salía de la sala con cara de póker y bastante perplejo... En fin, que, con el transcurrir de los años el film de Scott ha ido encontrando su sitio y su tiempo, también, cómo no, su público, probablemente porque cada día que pasa sus proposiciones se ajustan más y más, peligrosamente, a nuestra realidad contemporánea.

Ridley Scott


Y si la fama de la película ha ido creciendo con los años, la de su música no le ha ido a la zaga, triunfando incluso en otros medios cuando la película todavía luchaba por salir del ostracismo... ¿Acaso alguien olvidó la mítica sintonía del "Informe Semanal" de toda la vida, directamente extraída de los créditos finales del film? Yo, personalmente, confesaré que no ha habido disco que haya escuchado más veces que este, las más de las veces arropado por la oscuridad, a medias recordando la magia de una historia que me fascinaba, mientras me dejaba llevar también por mis propias ensoñaciones de hipotéticos futuros.

Blade Runner de Vangelis


Vangelis no era desconocido para el cine, ya había dado en la diana poco antes con el score para "Carros de Fuego", con la que ganó un Óscar, y su partitura, en 1984, para el "Motín a Bordo" de Mel Gibson y Anthony Hopkins es un hito poco conocido pero totalmente a reivindicar. Su posterior colaboración de nuevo con Scott, ya en los 90, en "1492; La Conquista del Paraíso", aunque notable, no puede compararse a ninguno de estos trabajos anteriores, ni por supuesto a su trabajo para "Blade Runner", que significa a mi juicio su cúspide como compositor cinematográfico.

Vangelis


A medio camino entre el sintetizador y el mestizaje, esta banda sonora es todo un "continuum" de nuevos sonidos sabiamente mezclados con otros ya añejos, lo que no es sino la tónica general de toda la estilística del film. En las notas de Vangelis se mezclan los ritmos lentos y cristalinos del futuro con los cantos musulmanes del zoco, los sonidos de las máquinas impersonales con los tonos orientales del barrio chino -que en el film es toda la ciudad, ¿todo el planeta?-, pero lo que destaca por encima de todo en esta música es el aliento poético y nostálgico de un futuro bello dentro de su tristeza, también de un pasado acartonado e imposible, y el sonido del agua de la lluvia, derramándose gota a gota en el rostro de un replicante demasiado humano al que le ha llegado la hora de morir; un sonido microscópico, que introduce al oyente -ni siquiera hace falta estar viendo el film- en el vórtice, justo en el ojo del huracán de toda una otra nueva dimensión terriblemente hermana.

A falta de que alguien se decida de una vez a editar la partitura completa que el compositor griego realizó para la película, el mejor acercamiento que se puede hacer a este "score" -amén, claro está, de ver y escuchar, paladear atentamente el film-, es la edición que sacó al mercado en 1994 Warner Music, la única oficial y con la música original de la película, pues antes de ésta, sólo hubo en el mercado grabaciones no oficiales de filarmónicas que tocaban la partitura de Vangelis.

Esta edición publicitada como "definitiva", que no fue tal, se compone de 12 cortes, entre los cuales, según mi gusto personal e intransferible, destaco los siguientes:

1. "MAIN TITLES". Deckard le da órdenes a una máquina, un procesador fotográfico, y obtiene una imagen fantasma, que ni siquiera existe en la instantánea original. Le sigue una melodía luminiscente, mágica, en la que el personaje de Harrison Ford sobrevuela la brillante y terrible Los Ángeles del 2019 en el Spinner, contemplándolo todo con cierto éxtasis melancólico, como con viejos ojos nuevos.

Spinner: el coche de los cielos negros


4. RACHEL'S SONG. Ritmo cadencioso y líquido, hipnótico. Una voz etérea y brillante nos introduce en la historia de amor imposible entre una replicante que creyó ser humana y un cazarecompensas nihilista que hace tiempo que abandonó su humanidad.

¿Amor Imposible?


5. "LOVE SONG". Todo un clásico. A ritmo de saxo, melancólico, triste, plenilunar, la androide y el hombre se encuentran, sus cuerpos desnudos chocan, y lo imposible se hace posible; pasión salvaje, irracional, mientras fuera de plano la ciudad, lumínica y deseperada, querría combatir lo Irrealizable; querría dormir, alumbrar, como ellos, un sueño de esperanza.

Pasión Interhumana


7. "BLADE RUNNER BLUES". Mi preferido con diferencia. Más saxo, más melancolía, más negra noche, policíaca, abismal, intempestiva. Retrato sonoro y perfecto de las calles amargas, todas húmedas de agua y lágrimas; de los rostros vacíos, exhaustos, enfermos; de las vidas quemadas, desastradas; de la vida ahogada que no tiene fuerzas para salir ni puertas por las que hacerlo; de la muerte infame que acecha en cualquier esquina.

Los bajos Fondos; el Arroyo Futuro...


9. "TALES OF THE FUTURE". Los bajos fondos, donde domina lo oriental, lo musulmán, mercado negro de vida manufacturada. Rumor de encantador de serpientes androides, sonidos de cristales de sueños rotos. La vida, o mejor, las vidas -ni la humana ni la artificial- apenas valen nada. Y en medio de toda esta bajeza, de toda esta amargura, una persecución, una caza; ella no es humana pero quiere vivir, y por eso corre, huye deseperada; él es humano y quisieran volver a vivir y sentir, pero está "maquinalizado", programado para matar lo no humano, y por eso dispara. Ella muere, él sobrevive... y la VIDA, de nuevo, pierde...

El Asesino Nihilista


11. "BLADE RUNNER (End Titles)". No sabría explicar a ciencia cierta por qué me gusta tanto, quizá porque cuanto más lo escucho más ganas tengo de visitar esa tierra baldía llena de contrastes, de sombra, luz y dolor y amargura, y androides que quieren vivir, y hombres que no saben vivir, donde siempre llueve y, en consecuencia, nadie a tu alrededor se extraña del agua en tu mejilla. Podrían ser lágrimas, podrían no serlo... ¿A quién le importa?... Un mundo de mierda, en suma, al que cada vez se parece más el nuestro, y escuchar esas notas finales y no querer hacer otra cosa que dejar éste para entrar en aquél, y quererlo con una ganas terribles, casi irreales, y luego reflexionar sobre ello... y no poder ni querer entenderlo...

¿¡Por qué demonios me gustaría soñar con ovejas eléctricas?!


12. "TEARS IN RAIN". La cumbre del film. La lluvia cae, el replicante Batty siente que muere mientras el blade runner Deckard lo contempla impotente, y el moribundo recita entonces su mítico parlamento. Es hora de morir, sí... a todos, replicantes o no, nos llega ese momento, pero yo, mientras viva, recordaré sus últimas palabras, que no se perderán en mi mente "como lágrimas en la lluvia" hasta que la lluvia misma entierre el último de mis recuerdos.

© JIP

Una vida, en forma de paloma, a punto de partir...


Este texto es ampliación del que, en su día, publiqué en Livra bajo el nick de LEVIATHAN

24/10/2004

DIARIO DE MI HYDE 11

Que desciendan las Tinieblas. Apaga el interruptor. ¡Penétrame de una jodida vez, oscuridad! Soledad; impericia en el susurro… Perdición; abismo de voces… Asfixia; temerario en el aliento… Palabras clavadas en la piel, sangrándome como pequeñas oscuras alimañas, bebiendo mi calvario, vaciándome, con rumor de hiena, deshinchándome, tal que un pulmón necroso atacado de finales estertores. Siento en lo más hondo, con ojos y oídos de entraña, el lacerar de su silencio, su desesperación, su angustia, el zumbido nauseabundo de un gato de eternas colas abrasantes mordiéndome la espalda. Exhausto, noto el romperme, el caer en piezas desmoronado, el saber la vida en tus adentros, de repente, algo indigno de conservar. Pagando el castigo, terminal… expiando el pecado, descarnado…de un lejano e impropio sueño de prometeica lucidez.

Crucifixión, Egon Schiele, 1907


Ya no hay luz; sólo llama… ¿Escribí yo eso? ¡No!... No fui yo, ¿¡Cuándo!?... No hace mucho, fui yo, tu mente disociada… ¡NO!... Ya no hay salida; sólo nada… ¡Nooooo! Ya no es que no haya respuestas, es que ni siquiera hay unos malditos porqués… ¿Quieres significado? ¡Toma este, amortájate con él!... Qué más da todo, a qué conduce… a la Nada, indefectiblemente, cualquier sendero lleva hasta allí, un allí que no es allí, porque es nada y no existen él, ni sus senderos, ni tus malditos pies. Por qué negarlo. Vomita ya esas nieblas románticas, no sirven, estética viciada. Esputa ya esas morales falsarias, podrida fe en podridos altares. Dirige tu mirada helada al frente, si eres capaz. Abre los ojos, sájate los párpados si es preciso, límpiatelos de toda esa basura pegajosa que te vendieron desde que aprendiste, o creíste que habías aprendido, un solo significado, una maldita y mínima verdad, del ruedo de la realidad. Verás que la nada es el todo y que éste no existe porque, salvo en el interior de tu propia paranoia, que es el vivir cada día pensando que existe un objetivo, la negrura fuliginosa inunda la vastedad, esa misma en la que tú, yo, nosotros, vosotros, él… somos espasmos… ni tan siquiera eso, porque no somos… creemos, pensamos, necesitamos saber que somos. Si no, qué salida cabe…

Pero no hay salida, ni luz, que todo es llama, fuego frío, muerto en la nada. A qué engañarse, que no hay puertas, que no hay ventanas, ni tan siquiera un cuarto en el que llorar, o reventar… ni tan siquiera un suelo sobre el que estirarse a agonizar. Que todo está en nosotros… todo lo que existe, que es; la realidad… los otros… tú mismo… Tú mismo eres todo, un todo que no es más que película en inquebrantable reproducción levantada desafiante en mitad de la nada. Un rollo de película de los de usar y tirar, que no se rebobina. Un solo visionado, y luego la eternidad, en espiral…

Estudio de Retrato, Francis Bacon, 1953


Infinitud. Cuánta crueldad y horror resumidos, contenidos en una palabra tan hermosa, líquidamente bella, bella como la orquídea caníbal en mitad de una amazonia de fuertes anhelos, que no son sino sueño; nada saben de ellos, de tus sueños, ni los libros de historia, ni las bibliotecas circulares del infierno. No puedo pensar en la infinitud sin sentir un escalofrío terebrante recorriendo mi infinita finitud, hasta matar el último de mis átomos, hasta convertir en masa pulposa y putrefacta mi misma antimateria. No hay esperanza, sólo llama, sólo ausencia, sólo nada… ¿Cuánto quieres que dure esta impostura?... Dueño de tu destino, puedes apretar el botón ahora mismo, finiquitar, fulminarte aquí y ahora, dejar de ensuciar tu espíritu con esta bazofia… Alcanzar la eternidad, vacía de sinsentidos y preguntas y malditos dolores… de maldita y maravillosa y asesinante duda… o bien puedes aniquilarte día tras día, transcurriendo, sufriendo, interrogándote… Ser valiente, ser cobarde… ¿Dónde la diferencia?… No la hay, que todo es Nada, recuérdalo bien cuando Caronte venga por su tributo. No la olvides, la única seguridad que tendrás en tu vida, tu única posesión verdadera sobre la que edificar, estructurar, almidonar, dulcificar tu sufrir…

El Grito, Edvard Munch, 1893


Si decides alargar tu tortura puedes entretenerte en la sala de espera del verdugo, rellenando crucigramas, quebrándote a trabajar, dormir tu cuerpo, ensoñar tu mente, alquitranarte los pulmones, pulirte el hígado, hasta que todo tu alrededor sepa a almizcle y te parezca que, al menos así, toda esta mierda parece más llevadera. Puedes también sumirte en las aguas del sexo, placenteras, abisales, sin duda tu mejor opción… y esperar, aguardar ignorante la venida del ocaso, como el animal que, de improvisto, se convierte de un zarpazo en muerta presa a digerir… O incluso, tal vez, emborronar papeles y mentes con mentiras en verso, farsas en prosa, esparciendo la podredumbre de tu alma a los cuatro vientos, como un mesías-redentor de tres al cuarto, quizá con la fútil excusa de que el compartir tu miseria en el papel, en los que te escuchan, en los que tal vez incluso creen que te comprenden y te aprehenden, va a exorcizar en algo tu mal congénito; la grandeza de tu pequeñez…

El sueño de la razón produce monstruos; nosotros, todos virus, bacterias mortales, desesperadas, inmersas en una pesadilla de significados y duda. Estigmas de muerte palpitantes, harapientos, malditos por la excrecencia tumoral del espíritu, la terrible sarna de la conciencia... las acarreamos penitentes, cuales cruces espinosas infinitas, llevándolas con nosotros hacia la nada primigenia, ya con los huesos rotos, los dientes esquirlados y vacíos, los ojos pétreos, el alma y la mente locas, sucias, repletas de los tatuajes famélicos de la esencia; excoriadas, emponzoñadas…

Number 1 (Lavender Mist), Jackson Pollock, 1950


Y en el último segundo lo sabes… la nada viene… no a lugar a un paso más… tan sólo unos segundos y estará aquí… como el tren que al fin llega después de tanto retraso… como el tren que al fin parte después de tanto esperar… y lo único que quieres es dormir, al fin, echar una cabezada, sellar tus párpados, sellar tu mente, sellarte, tú todo… y no querer saber más de la luz, de la esperanza, que todo sea al fin llama insensible, gélida Nada… que el revisor pique tu billete sin despertarte, que lo arda en mil tinieblas… que te dejen entrar en paz en ese penetrar las fronteras; arribar finalmente, terminalmente, al reino irreal de la inconsciencia hecha de negros "parasiempres"

© JIP

26/10/2004

GRANJA DE LOCOS (BOUTADE DE SOBREMESA)

Es una de esas, cómo las llaman, granjas, es decir, una extraña simbiosis entre panadería y cafetería en la que, a falta de poder ponerte tibio a carajillos, sí puedes, por contra, embotarte las arterias a base de la más fina, rica y diversa bollería.

No me gusta ese tipo de sitios, suelen estar a reventar de mujeres mayores y cuchicheantes, con sus enormes gafas de pasta, sus rizosas y teñidas permanentes, marujeando todo el rato, cloqueando, como gallinas… en una granja… ¡Perfecto! Cómo era aquello… “Gallina vieja hace buen caldo”... ¡Jodido refranero popular!… El caso es que tengo el mono, necesito un café, pero ya, ipsofácticamente, vaya...

De modo que entro, es un corral pequeño, las mesas están todas ocupadas, la mayoría por gallinas con permanente, cloqueando, cloqueando, hasta llenarlo todo de un rumor vulgar y ensordecedor. Hay un par de estudiantes al fondo, quiero decir estudiantas, pero demasiado al fondo, demasiado lejos del olor a cafetera…

Tomo asiento en la barra y espero mi turno:

- Me pones un café con leche descafeinado de máquina, por favor.
- ¡Bufff! Eso es terriblemente pedante…

Perplejidad…

- ¿¡Perdón!?
- Que es pedante, lo que me has pedido… Mucho…

Joder…

- Perdona, pero no te comprendo. Yo sólo quiero un café…
- …Terriblemente pedante, lo sé… Casi tanto como pedir un Trinaranjus de Maracuyá…

¡¿Qué está pasando?!...

Miro alrededor. Cara de póker, es decir, de mal jugador de póker. ¿Cámaras ocultas? ¿Bromazo? No es diciembre, ni veintiocho, ni mi cumpleaños… Nada sospechoso en lontananza. Vuelvo la vista, y ahí está, mirándome fijamente, sonriendo… no, riéndose, de mí, no conmigo, ¡eso por descontado! Ojos verdes, muy verdes, bonita de verdad, ¿rubia?, eso parece, lleva el pelo recogido bajo una inmensa gorra de panadera, como de panadera es el resto de su uniforme. Una panadera que no sólo no hace pan, sino que no quiere servirme el maldito café con leche descafeinado de máquina… y se está riendo de mí, no conmigo, ¡faltaba más!...

- Muy graciosa tú, oyes… pero… ¿me lo vas a poner o no?
- Tú verás… si te gusta ser pedante…

Rojo como tomate. Más perplejidad. ¿Más aún? Sí, más. Joder. Se te está riendo en la cara. ¡Sin duda!, pero… es una bonita sonrisa, no crees… ¡A tu costa!... ¡¿Qué?!... Yo todavía no he soltado un duro… No, imbécil… hablo de tu orgullo… ¡Ah, sí!, cierto, ¡ciertísimo!... Y si te digo que me traigas el libro de reclamaciones… y si te digo que quiero hablar con tu encargado, eh, monina, entonces qué… ¿también te parecerá eso pedante?...

- Esto… ¿Me das tú teléfono?...

¿¡Pero qué haces?! ¡Desgraciado! ¡Insensato!... ¡GIILIPOLLAS!... No he podido evitarlo, ha sido como sin querer… Ahora sí que se va a reír a gusto… ¡Se van a reír!... porque ésa te ha oído, y la de al lado también, escucha, escucha cómo cloquean… Joder, sí, mierda… pero es que me ha hecho algo, fijo, hipnotizado o algo así, has visto bien esa sonrisa; ¡es mesmerizante!... ¿¡Mesmerizante?! Tú lo que tienes es una tontería encima que no te la aguantas, tú necesitas un buen par de hostias, chaval… Por qué no para de mirarme fijamente, y de sonreír, y de llamarme pedante… ¿Qué le costaba ponerme el dichoso café?... Si no fuese por esa sonrisa ya la había mandado a la mierda…

- Por supuesto que no… no me atraen los pedantes…

Y se va, hacia la máquina de café, sonriendo, es decir, riéndose, de mí, claro… Las dos gallinas no se ríen, cloquean y me miran, luego la miran a ella, y vuelven a cloquear. ¡Que les den!, pienso... ¡Qué malo!, con chistes así no me extraña que se reían de ti, capullín… Que te den pienso a ti también, a ver si así te callas… Ya vuelve con el café, me lo sirve.

- Uno con diez…

Pago. Va hacia la registradora. Miro el café, me sumerjo en él como en un abismo. Me siento totalmente fuera de juego. Todavía se le ve la rechifla en el rostro cuando vuelve con el cambio, y aun así está bonita. Esto no puede ser justo. Exijo la repetición del partido… que alguien rebobine la cinta, ¡pero ya!...

- Sabes… tu forma de atenderme ha sido Terriblemente Impertinente . Aunque no me des el teléfono, creo que merezco al menos que me digas tu nombre…

- Tal vez… pero nadie dijo que la vida fuese justa. Quizá deberías rezar para que la próxima vez que nos escriban, el Altísimo esté de mejor humor… y además, yo acabo ya mi turno, y tengo mucha prisa… Así que adiós… disfruta tu café... ¡Ciao!...

Y se va de nuevo, esta vez hacia una puerta interior, y luego desaparece tras ella. Desaparecen las dos, ella y su sonrisa, y yo me quedo a solas con mi café intacto y las dos gallinas, cloqueando, tal vez todavía de mí y de ella, de los dos… que les den… a las dos. Miro arriba, no veo ningún bolígrafo, ninguna estilográfica, tampoco manos tecleando letras invisibles, sólo está el techo, bastante sucio, por cierto. Aquí estoy, bien jodido, ¡¡¡buscando escritores en el techo, escribiéndome!!! Dicen que la tendencia a la literalidad es un rasgo esquizoide, y yo me he pasado la mayor parte de este relato hablando conmigo mismo, es decir con un yo mismo que no era yo, un otro yo que no era yo, eso lo tengo más que claro, entre otras cosas porque no paraba de meterse conmigo, el muy cerdo, y eso es algo que no suelo hacerme… Así que no sé si me han escrito o no, o si me estoy volviendo loco. Pienso que tal vez estoy durmiendo todavía, que no me he despertado; que, un día más, voy a llegar tarde al trabajo y estoy empezando a ganarme a pulso que me echen a la calle de una vez. De ser así, me gustaría despegar los ojos ahora mismo, y ver si esta granja existe tal que así, como ahora la veo, y en ella trabaja una chica como ella, con esa misma increíble y preciosa sonrisa. Si no existe, desde luego alguien, ¡maldita sea!, debería escribirlas… ¡pero ya!, ¡Ipsofácticamente!

Miro el platillo que me dejó con las monedas del cambio y el tique de caja, que, ¡qué extraño!, está del revés; hay algo escrito… SUSANA…

Sonrío y vuelvo a mirar arriba, a ese techo sucio encima del cual, seguro, ha de estar ese Altísimo que teclea letras invisibles y sueña vidas invivibles. Le doy las gracias, exultante... Luego pruebo el café… lo imaginaba… de descafeinado nada de nada… y además está condenadamente frío… ¡como un témpano!... Seguro que ahora mismito se está riendo, la muy descarada... ¿pero de mí, o conmigo?...

Mañana mismo, si es que antes no despierto de este sueño irreal, me planto aquí de nuevo y ¡vive Dios! que consigo su teléfono... o mi maldito café con leche descafeinado de máquina, oyes…

© JIP

29/10/2004

PLUMAS DE METAL, AFÁN DE VUELO...

De nuevo, Aleixandre y su versos, y sus sueños, en los míos; mis ríos, mis pensamientos. De nuevo, Aleixandre, para todos aquellos que viven versos y sueñan vivos ríos de pensamiento; para los que todavía creen, en sí y para sí mismos, que dudan, que luchan, que batallan, sangrantes el alma y la garra; que buscan sin encontrar, pero buscan, hasta rojear oscuros, endrinos, como la sombra que planea rapaz...



Para los que no quieren dejarse encerrar, que no quieren de metal sus alas, ni pesado como acero o lágrima su libre afán de vuelo, que alzan la mano imperiosa, desgarrada, y eclipsan con ello la nada...

LAS ÁGUILAS

El mundo encierra la verdad de la vida,
aunque la sangre mienta melancólicamente
cuando como mar sereno en la tarde
siente arriba el batir de las águilas libres.

Las plumas de metal,
las garras poderosas,
ese afán del amor o la muerte,
ese deseo de beber en los ojos con un pico de hierro,
de poder al fin besar lo exterior de la tierra,
vuela como el deseo,
como las nubes que a nada se oponen,
como el azul radiante, corazón ya de afuera
en que la libertad se ha abierto para el mundo.

Las águilas serenas
no serán nunca esquifes,
no serán sueño o pájaro,
no serán caja donde olvidar lo triste,
donde tener guardado esmeraldas u ópalos.

El sol que cuaja en las pupilas,
que a las pupilas mira libremente,
es ave inmarcesible, vencedor de pechos,
donde hundir su furor contra un cuerpo amarrado.

Las violentas alas
que azotan rostros como eclipses,
que parten venas de zafiro muerto,
que seccionan la sangre coagulada,
rompen el viento en mil pedazos,
mármol o espacio impenetrable
donde una mano muerte detenida
es el claror que en la noche fulgura.

Águilas como abismos,
como montes altísimos,
derriban majestades, troncos polvorientos,
esa verde hiedra que en los muslos
finge la lengua vegetal casi viva.

Se aproxima el momento en que la dicha consista
en desvestir de piel a los cuerpos humanos,
en que el celeste ojo victorioso
vea sólo a la tierra como sangre que gira.

Águilas de metal sonorísimo,
arpas furiosas con su voz casi humana,
cantan la ira de amar los corazones,
amarlos con las garras estrujando su muerte.

Vicente Aleixandre
La Destrucción o el Amor

31/10/2004

NAUFRAGIO



NAUFRAGIO

Sediento de horizonte,
ahíto de silencio,
ansío, quiero, pido
¡VIENTO!
Vendaval, tifón, huracán todo,
que desarme mis velas de piel
como himen primero
de amor penetrado,
soplándome lejos,
muy lejos de aquí.

Si cabe,
incluso al fondo del abismo,
donde noche y día son
negros
y húmedos
y huelen a muerte.

Si cabe,
anegando mis pulmones,
como valle muerto por presa rota
cuyos bronquios de madera y hoja y verde
bailan finados al son de la corriente.

Islote de antártica melancolía
al fin del continental cemento desgajado,
glauco iceberg declarado en rebeldía,
naufrago desrumbado hacia el ocaso,
ese sol rubicundo, pupila crepuscular,
que ha de licuarme,
disolverme,
silenciarme,
ennadarme eterno en el cosmos oceánico.

¡Ven a mí ola GIGANTE,
furia SALVAJE de aguas abisales!

¡Ven a mi encuentro ahora que soy YO
y puedo verte
y oponer a tu empuje mortal todo mi rostro!

¡Ven a tragarme!
¡Aquí te espero!

¡Y que del estrépito del morir
de tus hielos y mis odios
libérese el GRITO que haga
zozobrar la tierra,
apargarse el sol,
escorar el universo!

© JIP





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Octubre 2004 | Vida Puta y Sin Talento
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