Vida Puta y Sin TalentoTannHäuser. Año 5. Terrorismo bloguero, escritura subnormal |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2006. 02/02/2006Cuentos Torvos: "LLAMARME RASÍN"Racine fue un tipo avispado hasta que dejó de serlo, quiero decir un tipo, persona y tal, cuerpo humano y dentro un alma, o lo que fuere, pues cabe decir que ya no está con nosotros, entre los vivos: se lo cargaron al tal Racine de un noctámbulo navajazo en el bajovientre, y allí se quedó un buen rato antes de irse al otro barrio, tomándoselo con calma lo de desangrarse, y en general lo de morirse entero, que ni un gritito minúsculo emergió suplicante de su garganta en toda aquella su larga agonía en la calleja umbría y maloliente. Esto se sabe, se dice y se comenta en las calles y los bares, que al pobre le dieron pasaporte y él ni "mú" se atrevió a decir, aunque nadie en realidad fue testigo de tales hechos. Esto sólo lo sé yo y de tan buena tinta y fuente ha llegado a mis oídos que, como comprenderéis, no es de recibo ni de agradecido sería, más bien todo lo contrario, de auténtico malnacido y desagradecido perro, si fuese yo ahora y aquí, ante todos, largase su nombre. Así que tendréis que hacer voto de fe, creer mis palabras, bueno, en realidad las suyas, las palabras de mi fuente, secreto confidente que todo sobre la última noche de Racine me lo contó a lo secretillo y por lo vagini, seguro que ya previendo y proyectando que tarde o temprano yo os la traería aquí. ¡Ay de mí si fuese malpensado y malnacido!, qué de horribles cosas no dejaría de pensar de este murmurador en la sombra; en efecto podría pensar, por ejemplo, que me mintió, me tomó el pelo, sobre Racine, o en su defecto, que fue él y no otra sombra la que clavó el filo bien adentro en las entrañas de ese triste diablo. De todos modos la muerte de Racine nos importa poco, o debería, a no ser que ande entre los presentes algún que otro aspirante a forense. Centrémonos en la vida, sí, mejor en lo vivo y palpitante, en lo rojo carótido, cuando todavía, claro está, faltaba un algo bastante para que todo eso tan líquido y rubro se lo derramasen completo en la calzada encharcada del encharcado callejón. En realidad Racine no era Racine, que era Jacinto, de Matalascañas para más señas, y además harto brutote y malcarado. Y avispado, eso sí, eso ya lo he dicho, mucho lo fue antes de que le doblaran el aguijón todo para adentro, esto es, se lo hicieran comer, enterito y sin un vinillo o trago de agua para hacerlo pasar espíritu abajo. Jacinto decidió un día que quería llamarse Racine, ya sabéis, como el francés teatrero, aunque tal vez quedaría mejor decir dramaturgo gavacho, todo y que para el caso en que nos hallamos poco importa, ya que Jacinto, ya que Racine, nuestro Racine, nada sabía del primer Racine, el franchute, ni por supuesto, qué caramba, de sus comedietas escritas hace la tira de años en esa intragable y engolada lengua de por allá arriba, también conocida como “fransais”: nuestro Racine de Matalascañas siempre fue un hombre avispado, cierto es… pero también nada letrado, hay que reconocerlo… Nadie sabe de dónde sacó el nombre, supone toda una incógnita leyenda en el lugar: simplemente un día apareció y dijo: “Llamarme Asín… Llamarme Rasín…” Y desde entonces hasta ahora… ese mismo ahora en que Racine, nuestro Racine, se parece al primigenio en que ambos no son sino mondadientes para gusanos. Pero había que verlo, según dicen, al tal Racine, al iletrado digo, defender su nombre: “¡Hombre, Jacinto!, ques de tu viaaa, cabronasooo!”, y al instante su respuesta airada: “¡E tú!, dime Rasín”, y en espetando tal cosa, según parece, se le encendían un fuego en los ojos y una furia en la quijada, un como odio asesino en toda la cara, que no hubo hombre u hombrecillo u hombretón que no acabase por contestar así: “Lo que tu diga, Jac… ejto…Rasín…” Entre sus múltiples neuras, dejando aparte la muy enferma y psicopática de hacerse llamarse “Rasín”, Racine no podía evitar el cargarse cuanto reloj caía víctima de sus ojos como presa avistada desde lo alto en campo abierto. Ya podía ser de pulsera, de sol o de arenilla, o de mil eurazos la manecilla, que era verte el peluco y ya estabas listo: “¡Trai pacá!” decía, y de las manos o la muñeca te lo arrancaba, se sacaba un martillo siempre oculto en su jubón destinado a tales eventos, y ¡crash!, de un hierrazo cabrón y alevoso te dejaba sin hora y con gesto visible de visible cabreo. ¿Qué objeto perseguían estos sistemáticos cronocidios? ¿Temía tal vez nuestro Jacinto el imparable caminar del tiempo? Jamás lo sabremos, porque como ya creo haber mencionado, a Racine se lo ventilaron bien ventilado no hace mucho, le acabaron de una vez su tiempo, aunque desconocemos si en última instancia el dueño del navajazo terminal, ajusticiador y justiciero, no fue el de un mendaz relojero… 02/02/2006 01:54 Javier Iglesias ©. Hay 8 comentarios. 07/02/2006De lo que se mama se escribe...5 días fuera de aquí y todo adquiere tintes raros, se torna como lunático y ajenador. La vida sin escritura es un aire viciado, de óxigeno rancio. Echaba ya de menos esto: las palabras llaman a las palabras igual que el dinero al dinero, aunque las primeras sólo llenen del segundo a unos pocos escogidos y buena literatura se haga tan condenamente poca.
Y lo mejor (quizá porque es lo peor) es que no tengo nada que decir, y ya se sabe, cada vez que no tengo de qué hablar acabo escribiendo del gato. Pero no esta vez, intentaré resistirme a esa tentación felina. Básicamente se debe a que cada vez que empiezo a teclear algo al par de minutos no puedo seguir: tengo que parar, releo las líneas y tengo la certera impresión de que están llenas de mierda, tan enroñadas ya de fábrica que ni el gato las usaría como arena. ¿Véis lo que os decía? En fin. Siempre queda la lectura, ¿no?. Supongo, supongo. Todo y que he de confesar que últimamente comenzaba a albergar mis serias dudas. Menos Walser todo lo reciente que había leído también empezaba a apestar bochornosamente, así que sólo se trataba de dilucidar quién era el fiambre apestador, si la Literatura o yo, o si es que los dos íbamos a medias en esto. Y luego vas y te topas con Lawrence Durrell, es decir, que me topo, yo mismo, con su "Justine"; alguien me dijo: "Ey, mira ahí", y yo dije "¿Dónde dices?". "Aquíiiiiii". Y efectivamente allí estuve, tras trescientas y pico magníficas páginas, reconciliado de nuevo con los buenos libros. Otro día, con más tiempo, intentaré hablaros de "Justine", aunque desde ya reconozco lo temerario de tal empresa, como ir a cazar rinocerontes con escopeta de balines y encima no tener el careto de Eastwood dándoselas de Huston... ¿Y después de un libro así qué coño lees que no vuelva a paracerte auténtica peste? Bueno, no sé, uno cualquiera, liviano y sin pretensiones, "Travesía del Horizonte" de Marías, por ejemplo. El tipo lo publicó con 21 años en el 72, cuando a mí me faltaban todavía seis para salir del limbo. ¿Qué estaba haciendo yo a los 21?... ¡Ah, sí!, postrado en cama, viendo si sí o si no me quedaba en una silla de ruedas... Supongo que cuando eres hijo de Marías y la casa en la que creces está alicatada de libros hasta las trancas escribir novelas a los 20 y llamar a uno de tus personajes "Kerrigan" no se antoja del todo disparatado. ¿Pero cuántos pueden decir lo mismo? ¿Os imaginais a Bukowski llamando Kerrigan a alguno de sus personajes? Yo desde luego no podría, para eso hay que tener licenciatura en letras como poco... En fin, creo que no tengo muy claro qué quiero expresar y por eso no me acaba de salir, o mejor, que lo tengo demasiado claro y por eso mismo no voy a malgastarme demasiado en detalles. ¿Podría Durrell haber retratado la Alejandría de "Justine" si no hubiese estado allí?, es más, ¿si hubiese nacido en Lipervool o Manchester en lugar de en la India? Decididamente no. ¿Y Ballard? ¿Habría escrito un libro como "El Imperio del Sol" sin haber vivido su infancia desde un campo japonés de presioneros? Otra vez no. Supongo que algunos ya habéis captado por dónde van mis tiros...
Mis personajes casi nunca tienen nombre o tienen nombres estúpidos, y habitan ciudades sin luz, atiborradas de sombra, de las que jamás pueden escapar sino es a base de liquidarse: lo único de lo que ahora mismo me siento capaz además de describir cuán bonitos y entretenidos pueden llegar a ser un techo y cuatro paredes mientras piensas que quizá nunca más has de volver a caminar...
07/02/2006 08:11 Javier Iglesias ©. Hay 16 comentarios. 09/02/2006El Judas de MonteCristoLA CIUDAD
Te dices: Me marcharé a otra tierra, otro mar, a una ciudad mucho más bella de lo que ésta pudo ser o anhelar... Esta ciudad donde cada paso aprieta el nudo corredizo, un corazón en un cuerpo enterrado y polvoriento. ¿Cuánto tiempo tendré que quedarme, confinado en estos triste arrabales del pensamiento más vulgar? Dondequiera que mire se alzan las negras ruinas de mi vida. Cuántos años he pasado aquí derrochando, tirando, sin beneficio alguno... No hay tierra nueva, amigo, ni mar nuevo, pues la ciudad te seguirá. Por las mismas calles andarás interminablemente, los mismos suburbios mentales van de la juventud a la vejez, y en la misma casa acabarás lleno de canas... La ciudad es una jaula. No hay otro lugar, siempre el mismo puerto terreno, y no hay barco que te arranque a ti mismo. !Ah! ¿No comprendes que al arruinar tu vida entera en este sitio, la has malogrado en cualquier parte de este mundo?
Cavafis
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Algunos de los que me conocéis ya sabéis de la singular guerra que desde hace años mantengo con Reus, esta ciudad muerta que me vio nacer, que para nada siento en el corazón, y de la que todavía no he conseguido escapar, tal que si fuese uno de esos estúpidos y sombríos personajes míos de los que ayer hablaba. Esta ciudad cárcel, este pueblo celda, esta profunda y provinciana prisión de almas que pretende también algún día albergar mi muerte, qué duda cabe, y que por tanto se sabe y se siente, como la antigua e irreductible Alcatraz, tan segura y confiada de sus insalvables muros que no hace sitio en su retorcida mente de retorcido laberinto a la mínima posibilidad de una victoria por mi(s) parte(s), esto es, por mis mismísimos... Reus viene de "Reo", es decir, de "reos", prisioneros, reclusos, condenados todos, todos aquellos que vieron su luz primera bajo su auspicio o hace tanto tiempo que perviven en él que ya olvidaron cómo demonios y por qué diantres vinieron a dar con sus huesos a este páramo. Una especie de "Dark City" pequeño-burguesa y acomodaticia; epítome de lo pusilánime. Porque no hay extremos en ella, y de ahí que no se la pueda abandonar sino para volver al poco tiempo; se vive bien, demasiado bien, y eso mata toda lucha o inquietud, todo impulso hacia cualquiera o ninguna parte. ¿Para qué me voy a mover con lo bien que estoy aquí? Como aves nacidas en cautividad, si nos abrieran la puerta de la jaula aún correríamos a cerrarla temerosos con el ala toda temblorosa... Y aquí te quedas hasta que te pudres y la vida se te reduce a esperar encerrado en casa que den las cinco para salir de compras y que den las ocho y cierren las tiendas para volver corriendito a encerrarte de nuevo en la cueva, al ladito justo de la estufa y el televisor. Brazos caídos siempre... ¿Por qué? Porque tienes ambas manos ocupadas sosteniendo las atiborradas bolsas del consumismo... Cuando vino Napoleón y dijo: "Lamédme las botas, garsons", los de aquí bajaron rápido los brazos, rindiéndose a las primeras de cambio, mientras a la vecina Tarragona, que no quiso abdicar, la pasaron los franchutes a cuchillo. Cobardes, cobardes, cobardes... Aquí el único que al menos un brazo lo mantiene alzado es el insigne Prim, a lomos de su caballo, sable en alto, y en verdad que es quien un poco se salva de mi quema, más que nada por aquello de que un día, en plena calle y a traición, bien lo traspasaron al otro barrio de un descerrajazo hijoputa... Y eso, ¡ojo!, que de mi quema no me salvo ni yo, que soy el primero que me tiro de cabeza a la pira. Qué fácil sería abandonarse a la hipocresía y la demagogia de un cagarse en todo esto y no dejarse al tiempo los brazos destrozados intentando doblegar barrotes. Pero no seré yo quien caiga en esa trampa, precisamente por ser tan consciente de ella. Quizá no de muchas otras, pero sí de esta, pues no en vano soy yo mismo quien la lleva tejiendo desde tanto tiempo atrás. Si sigo aquí, si todavía no he conseguido alzar el vuelo, aquí es donde debo penar. Me lo merezco. Todavía no he sabido ganarme el cielo. ¿Por qué? Porque como dice Cavafis la cárcel, la tumba, el infierno, lo lleva uno dentro y dondequiera que vaya allí le acompañará. Y de ese adentro, de la pura y palpitante y doliente entraña debe uno arrancárselo si es que quiere o pretende algún día huir a ese "otro mar" que son siempre nuestros sueños más privados y sinceros. Pero al menos me mantiene a tono toda esta bilis, me calienta la musculatura y me acera el pensamiento, me afila como guadaña mantenerme así, en esta eterna brega contra estas cuatro calles y plazas que son como cuatro paredes sin puerta: planear cada día un poquito y malévolamente cómo devolverle en forma de puñalada todo lo que esta cárcel que de repente se convirtió en ciudad me ha ido robando desde chico.
12/02/2006De Humo y de SombraEl sol empieza a decir hasta aquí llegué por hoy, chicos, mañana más de lo mismo. La cafetera en el fuego, haciendo su trabajo, rumoreando café hirviente a lo largo del pasillo. El gato tras la cortina, mirando la calle como petrificado. Y yo aquí, sentado aquí, dándole caña al teclado. Una tarde que avanza y un domingo que declina: el tiempo merendándosenos a todos otro poco. Imaginaos al Tiempo, pero imaginadlo como TIEMPO, así, es decir, como GRAN TIEMPO, es decir, casi así como "¡Pero qué grande eres, TIEMPO, hijolagranperra!": como si después de hacéroslo carne de imagen en el cerebro os entrasen automáticos deseos, e irrefrenables, de musitar "Amén" y bajar la cabeza santigüados. Bueno, ¿ya lo habéis probado? ¿Qué ha sido? ¿Qué pintas tiene? ¿Se parece a vuestro profesor de matemáticas de segundo de algo, siempre suspendiendoos? ¿No? Bueno, el mío me lo he guisado muy anchote e hinchado, como un globo a punto de estallido o un condón que no ha ya de ver jamás la oscuridad tan febricentemente anhelada por su comprador. Como un prestamista pusilánime con bocio. Fuma habanos y más que fumarlos los mastica, también le observas siempre restos de comida en las comisuras de los labios y el aliento le apesta a col recocida. En resumidas cuentas, mi Tiempo es un auténtico podrido. Y siempre tiene hambre, el tío: siendo día sí, día también, esa comezón inexpresable en lo más hondo de nuestro hondo, no sé exactamente dónde pero ahí, en alguna parte, como un cáncer durmiente, pero creciente en tanto duerme, en tanto sueña y anhela que un día por venir acaba conmigo.
"Just Like You Imagined", Nine Inch Nails, 3 minutos 49 segundos. Hoy las letras no salen, no corren, no se avalanzan sobre el blanco como un tigre sobre cazador desde el verde selvático en espesura. Pasa un segundo, se cae, como gránulo de arena al vacío, como ola abortada en la playa, y no pasa nada, nada se renueva, sólo el oxígeno y hasta éste se siente y se respira como aguado y marchito. Y luego otro segundo pasa, y otro gránulo se desovilla en abismo y otra ola se queda en tierra como ballena varada, y vuelve a no pasar nada: pero sí que pasa, ocurre, se desencadenan sigilosos o estruendosos o pavorosos, tal que tren fuera de vía hacia la muerte, tal que garra rapaz iniciando el picado, tal que radiación invisible desbastando desoxiborronucleicos. Un estómago encaja un balazo definitivo; una célula ahíta de locura desborda sú límite convirtiéndose en metástasis; un árbol besa el suelo, silencioso; una boca lame un seno, licuescente; unas manos aferran un cuello, homicidas. Y un segundo después tantas otras infinitas historias, vidas, pálpitos nacen o enmudecen.
No hay tirita ni gasa para la llaga de la soledad, se tiene bien aprendido el disfraz de gangrena: te consume poco a poco y sin pausa hasta el tuétano, hasta el esmalte de los dientes, y aun si hubiese en nuestra blanda geografía de carne un algo hecho de diamante también con esa extrema dureza arramblaría. No existe vacuna ni penicilina. La única estrategia para combatir la soledad es hacerte soledad. Como aquí, como ahora, el mejor modo de que los segundos te resbalen como lluvia hombros y espalda abajo, de que no se te metan piel adentro y te oxiden y herrumbren la entraña entera dejándotela como coral seco a poco que pasen un par o tres de grises años.
La gata se ha subido a la mesa y observa, ora mis dedos sobre el teclado moviéndose extraños, ora mi rostro inexpresivo pensando bobadas. Me lo quedo mirando un rato, ella también me mira. No entiende nada, ni lo de los dedos sobre el teclado ni lo de mi rostro atento sobre la pantalla. Debe pensar que estoy loco. "Vivo con un loco demente, sí...", medita mientras me observa escribir todo esto. Pero de todos modos no se preocupa, ella sólo espera su momento; seguramente alberga la esperanza: "Algún día seré lo bastante grande, más que tú, calvo miope de los cojones, y entonces... entences, je... entonces, miau... entonces, te comeré... ya no podrás hacerme más perrerías" Pobre animal, o mejor dicho, bendito animal, sus únicos medios de interactuar con el mundo son las patas y la boca: arañar, palmear, mordisquear. Esa suerte tienen los gatos por un lado, y por ese mismo lado la de cosas que nos perdemos nosotros por no haber inventado todavía un teclado para felinos. Ahora ya la he aburrido, se ha marchado, seguro que ha ido directa al plato de comida, a ver si así acelera el proceso, crece más rápido, y se me puede echar al gaznate antes de fin de año. Pobre ilusa: no sabe que se ha de quedar así de canija toda su vida. Benditos ilusos: todos los que nada saben de sus límites ciertos.
Pienso a menudo en estas palabras que Nietzsche dejó escritas en un esbozó de "Así hablo Zaratustra": "Primeros de agosto de 1881 en Sils-María, a 6000 pies sobre el nivel del mar y mucho más alto aún sobre todos los seres humanos". El hombre póstumo clamando ser Dios mientras se preparaba para matar a Dios; casi puedo sentir ya la locura subiéndole a la cabeza desde el fondo del alma, trepando famélica y vigorosa y letal, dentuda y babeante, con tempestivos tintes de jauría, como esos monstruos invisibles que cuando niños se avalanzaban sobre nuestra mano caída a lo oscuro e innombrable de debajo de la cama. ¿Cuánto tarda uno en dejar de ser hombre para pasar a ser locura? ¿Cuántos crudos inviernos necesita la sombra para hacerte suyo?
El vidrio azul me devuelve la pupila en silencios táctiles y tremebundos sobre un declinar petrificado de almas.
14/02/2006¿Te gusta conspirar?Despiertas y en lugar de hacer lo de siempre, es decir, desperezarte, buscar a tientas las gafas y levantarte de camino al lavabo, te paras un momento a pensar, en silencio, todavía recogido en el calorcillo de las sábanas y las mantas, con los ojos ciegos, abiertos a la semiorscuridad del dormitorio. Piensas. Nada en concreto, pero piensas. En instantes así podrías llegar a pillar a Dios in fraganti colocandónos estratégicamente los cepos: ¡Tiene un pandero realmente gordo, casi ubicuo, y hace por lo menos tres o cuatro evos que no se afeita el muy guarro! Quiero decir que en momentos así puedes llegar a verle las costuras al absurdo, las palparías incluso a poco que sacases los brazos del lío de mantas y en sus hilos de espino te dejarías las yemas de los dedos: estás tan cerca de la luz del sueño todavía que su poder te recorre aún venas y sinapsis: la realidad se encargará enseguida de lavar todo eso, dejarte yermo de verdedera visión, pero por el momento ahí estás, ni te has movido siquiera, ni amago de hacerlo; simplemente has despertado, abiertos los párpados al día, y soltado los perros de tu mente hambrienta en busca de presa. No hay cazador que no pueda a su vez ser cazado, y el de Arriba, por qué obviarlo, ha sido siempre todo un confiado. Son, no obstante, pequeños instantes, rápido se esfuman porque algún funcionario divino sí está en su puesto y da la alarma: no es bueno que Despertemos, que lo hagamos así, con mayúsculas, de verdad y en serio, de modo que Lo Real no tarda en venir a envolverte con su manto de languideces y monotonías: el tiempo apremia, llegas tarde a trabajar, te estás meando desde hace horas, y encima tampoco es que te viniese mal un afeitado: los cepos aguardan ávidos tus extremidades... Segundos de lucidez antes de doblegarte ante un nuevo día. ¿Pero existe realmente eso que llamamos lucidez? Que conteste el silencio, yo no me atrevo. Te preguntas qué demonios estás haciendo aquí, sí, lo haces, así: "¿Qué demonios hago aquí?", y si te quedan todavía unos mínimos de cordura en los adentros vuelves a dejar que conteste el silencio, porque de intentarlo tú estarías perdido: no sólo llegarías tarde a trabajar y sin afeitar, sino que probablemente ni irías siquiera, ese día ni aun el siguiente, ni el siguiente, ni el de después, hasta que al fin te dieran la patada o bien tus vecinos empezasen a notar un olor nauseabundo a las tres semenas...
Supongo que éste es otro de los varios motivos que me traen hasta esta silla y esta pantalla, formar parte de una especie de subterránea Resistencia: "conspirar contra la Realidad" a través de toda esta masa informe de pensamientos. Soñar, y no dormido, que algún derrocamos al Tirano y, nos lleve eso al infierno al que nos lleve, nos liberamos de una vez y para siempre.
16/02/2006ENCRUCIKASPAS
Hoy... Al estilo Safranski...
Me hallaba yo tras el mostrador del todo inoperante y cariacontecido ante la duda: el crucigrama periodiquil me estaba dando muchos problemas: "Hiperplasia benigna de Trócola", horizontal, siete letras... Todo un reto para mi apático intelecto, hay que reconocerlo, y reseñarlo no estaría demás, qué cabe duda. No tenía más que una mesa ocupada, triste es decirlo, el resto de mi hermoso y del todo cándido negocio se hallaba tan desértico como una masa blanca y fina y sin guarnición. Y además mis únicos clientes estaban resultando un algarábico tostón de lo más inconcebible: no sólo llevaban ya más de dos horas con sus consumiciones iniciales en masas y alcoholes varios sino que además armaban un follón que para qué les contaría si es que en verdad estuviese cualesquiera de ustedes escuchándome. El peor de todos era uno gordo y pelirojo, a todas luces extranjero o descendiente de eso mismo, como poco de americana ascendencia, que no hacía más que repetir a voz en grito: "¡Anda que no te gusta a tiiiiiii... el pan de picooo!", memez tras la cual se sucedían unas carcajadas rimbobantes y acartonadas, sin duda todas ellas carentes de la más mínima teología y geometría... Total, que me estaban dando ya la murga demasiado aquellos diez impidiéndome dejar al pairo la vela de mi concentración, e imaginar al fin de una vez por todas qué clase de vocablo de siete letras podría provocar una hiperplasia en la trócola... ¡y además benigna! Un esalofrío caliente subió perineo arriba y un sudor frío bajó hipotálamo abajo (valga el redundante pleonasmo) para juntarse ambos como en una explosión atenazadora justo en el centro de la mi miloxa, hígado a la derecha... Así que estaba madurando sensible y probable e incluso hasta meridianamente hacer uso de mi derecho de admisión y echar a patadas a aquellos nefastos poppyboys, vedándoles en el empeño, "ad eternum" y "ad nauseum" e "in permanentia conditione" futuras juergas en mis humildes paredes, cuando di la vuelta al crucigrama dando con una sinpar y entrañable columna de crítica cinematográfica que ipsofácticamente captó mi atención y me hizo olvidar a tanto tardoadolescente barato de alcantarilla y su dichoso pan de pico. Lo que leí fue lo siguiente:
CINE KE TE CAGAX por Káiser Yo Sé
La semana entra movidita y con ganas de llevarnos a todos derechitos al cagadero, estimados cinevidentes, con nada menos que cinco estrenos, cinco, de la más infumable y barriobajera catadura. Vayamos ya a ello pues no en vano la vida humana es corta y perecedera en comparación con la Ubicua e Inmisericorde Kaspa de Diox:
- "Mi otro Amigo Mac". Casper Van Dien en otro "tour de force" interpretativo y lacrimero, después de su aplaudido (¿alguien sabe por qué demonios?) cambio de registro en "Tulipanes de Titanio", también conocida, bien es sabido, como "TT", como bien sabido fue que todo aquel invento no fue sino una maniobra comercial propiciada por la automovilera alemana Maudi. En "Mi otro amigo Mac" descendemos a los infiernos existenciales de Max Star (sic.), un reputado y joven broker cuyo éxito sufre un brusco y definitivo -y literal- freno al ser atropellado por un carro de golf a transistores fuera de control. Tetraplégico y parapléjico, y para más inri, ¡también en una silla de ruedas!, su único punto de contacto con el mundo será el regalo de su ex, y digo ex, sí, porque en cuanto ésta se entera de que ya no habrá más "tema" pilla las de Villadiego y se fuga con el mejor amigo del encargado de atrezzo. El dichoso regalito de la dichosa arpía es un ordenador Mac, que no sólo hace las mil maravillas y se conecta solito al internete, sino que también es capaz de hacerse cargo de la compra, cambiar los canales de televisión y hacer desaparecer las kakas del impedido como por arte de magia. Pero la historia se tuerce cuando una furibunda pasión instintiva, básica y del todo binaria surge en el corazoncito en forma de CPU de la computadora para con su amo... Puntuación: 1.5... Para frikis irredentos de la informática ciencia y amantes de los melodramas botulíticos...
- "The Golden Zombi-Mummy Girls". Los Estudias Mixar y Dixar y el laboratorio biogénetico Yinks han coproducido -nunca mejor expresado lo de copro- esta mítica rentré en la gran pantalla de aquellas cuatro viejas de pelo canoso y vis cómica del todo inexistente. Los coproductores éstos, en lugar de invertir cerebros y dinero en salvar al continente negro del hambre o a las ballenas de los japos, han puesto en juego toda su pericia infográfica y bioquímica para resucitar a las dichas abuelas tostón en carne y hueso y bit corolífero, para meterlas de lleno en la aventura asombrosa de encontrar una solución limpiadora de dentadura postiza antes de las 5 en el primer día de las Segundas Rebajas... Puntuación: 2... Si tienes previsto suicidarte en las próximas 24 horas no pierdes nada echándole un vistazo...
- "¡Yo soy Espartaco!". Dirigida por el clon gonádico y malalechero de Stanley Kubrick llega el gran bombazo de la temporada (a juicio de tantos descerebrados): la secuela de "Espartaco" que va justo antes de la verdadera secuela de "Espartaco", es decir, la "Mediocuela" de "Espartaco", la gran epopeya romana filogay del auténtico Kubrick, protagonizada por el todavía hoy soprendentemente sobreviviente "Kirk Douglas". Y cabe decir que a poco que te despistas lo consigue, la mediocuela, mediocolartela y casi casi entera, pero si tienes un poco de vista y otro poco de tacto, con otro poco de suerte y un par de huevos que le eches, puede que salgas de la proyección sin que te la hayan hecho tragar cuadrada. El mejor momento de este film sin par ni inpar ni pasa es ese en que en mitad de la furibunda pelea inicial por ver quién coño es al final Espartaco, Tony Curtis se confiesa: "Sí, sí... lo confieso... ¡Me gustan los Caracoooles!"... Puntuación: 3, 33 periódico... Abstenerse todos aquellos que gusten de las almejas, clarostá...
- "The ReTerminator". Arnold Sparzemierder y su misma mierda de siempre... Después de su aventura gobernadora y electrificadora de reos a muerte, el gran Hito del cine hipermusculado vuelve a probar las mieles de la casquería hiperglicerínica y palomiterosa. Con la cara más bolso que nunca y el hígado más despanzurrado que se le conoce, vuelve a la carga el mítico T-800. No perderse bajo ningún concepto el pequeño cameo de 2 milisegundos del ínclito Bruce Campbell, en un papel clave para la trama... Puntuación: ¡No me jodas!... Para todos aquellos ingenuos que creyeron que esta basura iba a "terminar" alguna vez...
- "La Incógnita Brunelleschi". Basada en el best-seller internacional de Dan Brown, una nueva entrega de la saga protagonizada por Tom Hanks y dirigida por Steven Spielberg. Tras las infamantes entregas precedentes de la serie: "El Código Da Vinci", "El misterio Chopin", y "El Enigma Beckenbaüer", nos topamos -y de bruces- con esta conclusión -¡Roguemos a diox que así sea!- a la trama en la que, al final, ¡oh, sorpresa!, se descubre que la Cúpula del Duomo es en realidad una antena radio-faro wireless en permanente contacto con la 8ª dimensión y la Catedral de Segovia el peor lugar en el que hacerte un pequeño corte en el introescafoides: Mortal de necesidad... Puntuación: -273º... Para amantes de las "Güenas" historias, qué duda cabe...
Cuando terminé de leer tan iluminadora columna los poppyboys se habían marchado y la pizzería se hallaba sumida en un profundo y placentero silencio. Noté de repente como si un aroma de fina y vengadora geometría invadiese mi pituitaria: me sentí tan bien con mi mismidad misma que decidí cerrar antes de hora e irme al bar más cercano a beberme una buena cerveza y fumarme un lindo purito...
_______ Para captar la esencia completa e intrínseca de este singular bromazo el lector interesado y y poco cabal debería darle una oportunidad a las siguientes tumefacciones:
Al Estilo Kamikazecowboy
Al Estilo Katakrek
Y al Estilo TannHäuser
Creo que huelga cualquier tipo de comentario... 20/02/2006Secreto
De repente me queman los segundos como ascuas: las manos atadas con clavos y espino a un pedazo candente de hielo; atravesadas y crísticas como las de Rutger Hauer en el 2019, allá cuando su hora de morir. Luz nuclear y devastadora en estas palmas en cuenco y estas yemas de huella alisada por la radiación. La muerte en la punta de mis miembros. Una estrella en el ápice. Odio de dios en la rampa de lanzamiento, aguardando órdenes. Sin poder separarlas, demembrarlas, porque me son ya ambas toda una: esfera cataclísmica de pálpitos y aceradas sensaciones. ¿Y si consiguiera desunirlas?; ¿fisionar su núcleo de pavor? El destino se desencadenaría a mí alrrededor como avalancha. Como júbilo. Como miasma.
Es como saberte el cuerpo en llamas, tu piel desintegrándose, y no poder correr, saltar, aullar en demanda de auxilio: si te mueves lo más mínimo una hoja descenderá de la oscuridad y de un zarpazo te ha de rebanar el pescuezo. Así que no te mueves, y mientras te consumes; y aun así no te mueves. Y estás ardiendo hasta el hueso. Y no te mueves. Cada segundo es una mínima y voraz combustión espontánea: no puedo hacer nada. Por más agua que trague o nieve me vuelva este roja inquietud no se apaga. Ni palidece. Ni se arrepiente. Ni mucho menos se acobarda. Me doy cuenta de que no sé muy bien cómo expresar lo que quiero decir. De que en realidad no quiero siquiera decir eso que siento y digo que no consigo expresar. Que no hago más que trabalengüas como este para postergar la hora de enfrentarme a mis intenciones para con estas palabras. Por primera vez siento la necesidad de morderme la lengua. Es extraño este impulso de tornarme negro y duro y escorpión, y clavarme a propósito el veneno antes que abrir la bocaza. Traicionarme en gran medida así, dejando plantado al forense que siempre me he preciado de ser para mis propios restos desparramados en el folio. Aunque eso sí, a un muy alto precio: siento como tanto de lo que he pensado y casi todo lo escrito se ha vuelto contra mí, casi puedo imaginarle en la mirada como prepara su venganza. Palpo incluso en este aire acre su querer avalanzarse sobre mí y traspasarme de un imperceptible sablazo. Yo lo entrené, lo hice día a día a base de entreña y odio el arma letal que ahora es, y antes o después todo hijo tiende hacia la muerte del padre; su asesinato.
¿Podría defenderme, plantar batalla una vez más, esta vez contra este boomerang mortífero surgido de mi más terribles huecos? ¿Esperaré su embate y mi muerte con los hombros caídos, su victoria y mi sangre con la cabeza gacha? No sé. Tal vez me queden un par de ases en la manga, podría quizá darle algo de guerra a ésta, mi propia magia ansiándome dar el beso de los treinta denarios. Aunque para eso habría de tener libres los brazos, desasirme: ponerme en guardia y soltar la bomba, admitir de nuevo el sinsentido por el sinsentido y dar una vez más rienda suelta a la destrucción. Un choque de abismos del que no saldría con bien ni el apuntador.
De modo que no voy esta vez a dar con la forma de expresar esto que me tiene en penumbra y ardiendo, todo y saber de sobras el tamaño de sus alas y el fulgir de sus ojos negros. Voy a engullir completos mis puños en forma de muerte cegadora dejando que explote en mi garganta. Dejaré que me consuma el hielo, que el espino se haga fuerte en mi seno, y no alzaré siquiera la vista cuando sea que mis propias palabras vengan a cobrarse en mí su justo desquite.
Por su bien espero que al atravesarme el cuello no se dé su sable de bruces con mi secreto... Ni las galaxias lo resistirían... 23/02/2006AzúcaresReflexiones en lo hondo de la medianoche. Una pizca de música, un poco de café cargado, un algo de tibia penumbra, y ya puedo intentar hilvanar ideas, conceptos, latitudes de pensamiento... Se me vuelve a dar mal seguirle el paso al día a día, a cada instante lo adelanto o me rebasa, y cada segundo quema, cada momento cuenta. Es como un prurito dulce, almibarado, o una sarna voluptuosa: me deshollaría vivo, me arrancaría a tiras, antes que abandonarme a la apatía de un no rascarme o la adormidera pomada. Esta tarde caminaba hacia el trabajo, llegaba algo tarde, como de costumbre, sólo lo justo, aunque esta vez no fue a propósito. Palabra. Aunque ya sé que no la creeréis, y de hecho, mucho mejor para vosotros si no lo hacéis. Las calles estaban impregnadas de churretones de gente caminando, trajinando, bajando y subiendo, la mayoría con una alocada prisa por llegar a algún otro lugar. Pensé en un pícnic insólito, en un pedazo de tarta abandonado o una extraviada tostada, untada de mermelada, o de mantequilla, o de ambas al tiempo, y en su superficie empalagosa hormigas. Hormigas que se movían la mayoría, aunque unas pocas estaban quietas: ya unas cogían su pedazo y se marchaban mientras otras tantas retornaban a la rica pringue desde casa. Caos. Y orden. Indisolubles. En las hormigas y en la gente, en uno mismo, que tan mezcla es de vida como de imposible, a todas horas, incluso hasta cuando de camino al trabajo gira la vista para mirar los adentros de un escaparate, buscando... Vi a un barrendero parado en la acera, pequeñito y delgado, de piel atezada y mostacho blanco: un taras bulba de ocasión y envejecido. Fumaba un puro y perdía la mirada en algo situado a mi espalda. Una hormiga quieta: ¿ahogada en el lodazal azucarado?. Quién sabe. Luego apareció el niño grifado: la madre lo empujaba cochecito arriba y él agitaba los brazos y tenía una expresión de felicidad totalmente ida e innatural, nada infantil, y por supuesto del todo escamante. ¿Qué clase de "dulce" le añadían al biberón del pobre chaval para que se callara? Y bueno, luego también estaba yo, ¿no? ¿Qué clase de hormiga estaba siendo de camino a esa alguna parte que a cada instante nos tira del hilo? Eso habría que preguntárselo a otros distintos de mí, desde luego; seguramente más de uno y de dos coincidirían en describir una hormiga pasado el metro ochenta, los casi 90 kilos, barba de una semana y cara de pocos amigos. No hay quien no esté atorado en esta mermelada hasta las mismísimas cachas. ¿Se entiende algo hasta ahora? ¿Menos todavía que el anterior? ¿Es esto más o menos tannhäuseriano que todo lo que me ha precedido? Sin quererlo, al parecer, he dado con crear un sello, una marca registrada que ni el más desquiciado de los editores se atrevería a auspiciar. Hace tiempo que he renunciado a decir las cosas como se supone que hay que decirlas. No quiero ser cómodo, ni mucho menos asequible: soy un cabrón que os quiere ver trabajar; bailotear vuestras sinapsis a un ritmo ajenado e inmisericorde. Aquí no se viene de pícnic y mucho menos se encuentra uno de repente en el suelo un pedazo de pastel con el que tomarse un dulcificante respiro. Al fin y al cabo mirad ahí afuera. Las calles están llenas de hormigas, repletas de gentes, a reventar de historias, de todas las cataduras, para todas las edades, incluso las hay X, e incluso más allá, triple XXX, aunque éstas, eso sí, siempre bajo manta o tras pared, o en pensamiento torvo... Basta sólo con observar en lugar de mirar. O eso creo. Vampirizar con la retina lo creado, se mueva o no, viva en la rosada carne o el cemento seco. Es un poco la maldición de todo el que escribe, que se ve un poco en las pieles blancas y muertas del Nosferatu, chupándole la vida, la sangre y las historias a todo lo que lo rodea. ¿De qué hablar si no? ¿De qué escribir? Uno es para sí mismo siempre un plato demasiado pequeño e inaccesible: nunca acabas de poder devorarte porque no terminas jamás de encontrarte, y para cuando te encuentras -no siempre lo consigues- los cubiertos de los que dispones no son los apropiados: como atacar un bistec muy hecho con palillos chinos... Así que no sé cuál es mi sello, ni tan siquiera si de tenerlo lo quiero: tal y como yo las leo, todas mis palabras, desde mi lejana primera hasta éstas, mis últimas -por ahora-, no han sido más que calentamiento; preliteratura. Estoy todavía a la espera de que la vida me hinque bien adentro y certero el colmillo, más si cabe de lo que lo ha hecho hasta hoy, para entonces sí; tener algo que contarme... 28/02/2006¿INFINITUD?A Pascal
¡¿Y qué crees que es la infinitud?!
¡¿Crees acaso que envidio tu vastedad?!
No creas, empero, que me arredras…
Yo hallo en mí el don del pensamiento, Y tú nada sabes de eso...
Yo puedo sentir Y tú nada sabes de eso...
Y tengo amor, Y tú nada sabes de eso... Y moriré finalmente, Y tú nada sabrás de eso... |
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