Vida Puta y Sin TalentoTannHäuser. Año 5. Terrorismo bloguero, escritura subnormal |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2006. 05/09/2006PendularPasa la vida un poco cada día y uno con ella, qué remedio, encajado como rueda en carruaje, o mejor, como chicle o rastro de mierda sanguijuelo en alpargata, al menos hasta que a ti o a mí, tal vez a él, el destino nos deje listo de papeles; el mundo tienda al sol del ocaso su colada, expurgándose, y para entonces todo esté ya de más, para todos, para ese que se va, que al fin y al cabo eso y no otra cosa es morirse, un mero trámite, y después nada, que todo y todos desaparecen, desaparecemos, precisamente por ser tú el que te vas. Pero hasta entonces vivir, ¿no?, qué remedio, sin remedio, aunque siempre haya atajos a reventar de finales transeúntes, pero lo normal es esto, vivir, convivir, malvivir, las más de las veces un sinvivir, pegado a la carreta y a la suela del zapato, rodando, rodando, y cuantos más los años, encajando, hoy aquí quebrado el brazo, mañana allí partido el bazo, con las justas fuerzas y células para sacar de dentro la sangre, hemoglobina, hígados y arrestos; las putas ganas de seguir aquí un mañana más. Puedes renunciar, bajar la cabeza, gacha el alma, rota la lanza, pero seguirás teniendo hambre, los árboles, madres celosas, seguirán tapándote la nariz para que abras la boca, te termines enterito el plato de viento y clorofila. Es vivir perder por defecto, antonomasia, pero también tejer si es que sabes dar con cuáles son tu particular aguja y lana: tus armas, esa pequeña ventaja que te ha de mantener en pie mal que bien hasta que te toque la mala carta. Metidos hasta el fondo en la emboscada del vivir, atrapados entre la pared sin techo y sin salida que es el ser sin saber qué se es, ni, peor -y maldita la gracia-, por qué cojones se es, y la punta del acero que ha de ser tu fin y ya desde tu primer llanto llevó grabado en su hoja tu nombre, qué mejor tributo a los dioses del absurdo que brindarles un bravo espectáculo. Poco amigo de salir de los circos por la puerta de atrás, arrastrado, mejor entonces salir a hombros, con los pies por delante, ya de vuelta de todo, apagadas las luces, silenciado el dolor. La muerte es sólo un trámite y la vida un circo ambulante, rodante, minante... y entre una y la otra no queda sino batirse...
08/09/2006Desde dentro
Quiero una noche sin sonido, de amplias honduras, insondables derroteros, hacer de mí una caída en pozo y al estrellarme nada, ni agua saltando, ni huesos rotos, ni un sordo gemido; palpar ese pedazo de negro y mullido bizcocho, acostarme encima suyo y que me deje pensar... Pero hasta las alas muertas de los insectos caducos hacen hoy ruido. * Cojo el cuchillo y raspo los bordes tostados de este coto de umbría sinergia; engranaje de horas, pleamar de astros; remos y ritmos de boga en pos de un rielar matutino que no me ha de volver a alumbrar. * No consigo nada, la noche sigue sonando, la siento como hervor, como prurito, cual si un desfile pirético y vengador de recuerdos y poses en aspa, ¡o en áspid!; venenosos, mordaces, deletéreos, sierpe mental y viscosa describiendo ascáridos alfabetos sobre lo quemado y yermo de mi pensamiento. * Se quemó todo, ardieron el andén ansioso y la sedienta muralla. Sombra senil y ceniza de mis amores, no retengo ya en las yemas ni sus tactos, en aromas, ya arruinados. * Ciego, perdido en la noche de mi locura, caigo sin tiempo y sin suelo, sin remedio; no habrán agua, huesos, gemido, al ser esta mi mente una cojera en exceso escandalosa para tan altas horas de lo vivido. _____ 11/09/2006Una Librería con EncantoEs una calle comercial y de tránsito pero su entrada pequeña, casí mínima, franqueada por comercios que inundan las aceras y abruman al paseante con los más variopintos expositores y estanterías bajas, a reventar de postales, gafas de sol, bolsos y prensa extranjera. Una entrada pequeña, como digo, sin puertas, al aire, sin barreras, anónima y al tiempo seductora, azuzante, porque no tiene ningún rótulo o cartel anunciando en grandes letras: "Ey, pasad, aquí vendemos libros", ni falta que le hace por lo visto. Desde su interior umbrío unas lámpars ambarinas, como luciérnagas, llaman al espíritu curioso en general y al espíritu lector en particular, cual si las luces sirenas y tú un Ulises falto del más simple conato de voluntad: algo hay ahí dentro que te llama, tienes que entrar... Y así lo haces. Así lo hice. Una vez dentro ya estás como en otro mundo, quizá porque no he visto todo el mundo que me hubiese gustado puedo decir que no he pisado jamás librería como esta, aunque resulta difícil imaginar que sean multitud las ni remotamente parecidas. Se trata de un rincón especial. Y digo rincón porque el local es chiquito, apenas más ancho al fondo de la nave de lo que lo es en su estrecha entrada; pero es que quizá de ser mayor la cosa perdería atmósfera, magia. A izquierda y derecha, alfombrando las paredes de arriba abajo, robustos estantes de hierro añejo guardan los libros; al fondo un pequeño cuarto guarda la literatura infantil en forma de lindo cuarto para niños; y a la derecha un mostrador casi modernista encierra en "L" a la cajera y orgullosa propietaria. Detrás suyo una preciosa mesa redonda presidida por la robusta "Ilíada" de Gredos, puesta en pie, reinando sobre una multitud de otros y menudos objetos que ahora mismo no recuerdo. Dos estanterías bajas en mitad del lugar lo dividen en dos estrechos pasillos por los que los visitantes han de dejarse amable paso a cada momento. A lo largo de tu paseo avizor por los anaqueles puedes encontrarte tanto con pequeños clásicos en bolsillo dentro de cajones triangulares de madera, o en el portaequipajes de una antigua bicicleta de juguete; junto a la maqueta de un barco, donde no muy lejos, como es de rigor, descansan algunos de los libros de Pérez-Reverte, también un sextante; más allá un maniquí engalanado de pañuelo y collar; frascones de perfume; flores... También de tanto en cuando te topas con algún que otro volumen grande del que cuelga una targeta ocre con una escueta opinión de la librera acerca de la obra, escrita de su puño y letra, cabe añadir, de caligrafía envidiable. De fondo, ni muy alta ni muy baja, lo justo, como tiene que ser, música clásica acariciándote el oído. El local es pequeño pero intenta tocar todos los géneros, a fin al cabo el negocio es vender libros y sería estúpido cerrarse puertas. Eso hace que el fondo de títulos no pueda ser muy amplio, aunque lo importante no sea eso, que sea lo otro, es decir, sentirte tan cómodo allí, paseando a gusto entre libros, que no quieras salir de aquella deliciosa atmósfera, y que para cuando quieras -o no te quede más remedio que- hacerlo, al menos lo hagas con un libro entre las manos porque no has podido resistirte a la tentación de aportar tu granito de arena a la conservación de tanta elegancia. Dice la propietaria que los 11 de cada mes regala bombones a los clientes para celebrar que ha podido pagar el alquiler. Le pregunto que cuántos meses lleva regalando bombones y me responde que seis, sonriente, mientras me envuelve el libro para regalo. Le felicito por su librería, que me encanta, que en verdad cualquier apasionado de los libros debe sentirse aquí en la gloria, le digo, a lo que ella responde que gracias, que aunque no era precisamente así el proyecto de librería que siempre había soñado el resultado final ha acabado, en cierto modo, superando sus espectativas, quizá no tanto en lo que respecta a magnitud como a estilo. Aunque éstas no son exactamente sus palabras es lo que de ellas se desprende: una mujer que lleva toda su vida leyendo y comprando libros, y que por fin se siente al otro lado, orgullosa dueña y señora de un rincón a rebosar de encanto y buen gusto. Es una lástima que yo no forme parte de la cada vez mayor y floreciente comunidad de propietarios de móviles de última generación, obsesos por tirarle fotos a lo que sea se les eche ojo por delante, porque de lo contrario ahora tendría un testimonio gráfico con el que sostener mis torpes palabras. De modo que aquellos que podáis y os sintáis con ganas tendréis que comprobar lo acertado o no de lo que digo "in situ", visitando la librería. Ella se llama Isabel de Bellart, y podréis visitar su pequeño gran rincón de libros en el Puerto de Cambrils (provincia de Tarragona), Calle Consolat de Mar, nº 20. Si vais cualquier día 11 y compráis un libro ella os regalará un bombón; si coméis muchos de sus bombones contribuiréis, no sólo a que el gran sueño de la lectura y la literatura siga vivo en estos terribles tiempos del bit que nos ha tocado vivir, sino también a que el particular sueño de una amante lectora continúe siendo una realidad, ante todo, disfrutable. 18/09/2006La Provocación de Lem
Después de un montón de meses alejado de él vuelvo a las páginas del Sitio de la Ciencia Ficción con ¿una reseña?, ¿un comentario?, no lo sé bien, mi particular visión de un excelente y pequeño libro en cualquier caso: "Provocación", de Stanislaw Lem.
Si tenéis tiempo dadles una oportunidad, a mi texto -cómo no-, pero sobre todo al libro de Lem, es muy accesible, se lee en un santiamén y no creo que os deje en absoluto indiferentes.
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