Vida Puta y Sin TalentoTannHäuser. Año 5. Terrorismo bloguero, escritura subnormal |
![]() |
|
Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2007. 07/12/2007"Carver y Yo": en cierto modo, decepcionanteCuando termino de leer un libro apunto en la primera página la fecha en que lo acabo —si se trata de una relectura la apunto también, debajo de la primera— y, en ocasiones, según me venga, escribo algún comentario de lo que me ha parecido en general el libro, ya sea bueno o malo, brutal o luminoso. Esto pasa las menos de las veces, porque cuando un libro me entusiasma ya señalo y comento los pasajes que me llaman la atención en las propias páginas, muchas veces, ya finalizada la lectura, no es necesario agregar más; ya sea porque está todo en esas anotaciones a margen de página, ya porque, sencillamente, no se me ocurre nada que añadir. En el caso de “Carver y yo” (Soul Barnacles: Ten More Years Whit Ray), recientemente publicado por Bartleby Editores, sí que hubo lugar para una apostilla final, por demás escueta. Escribí: “En cierto modo, decepcionante”.
¿Por qué? Puede que no tanto porque el libro me hubiese parecido malo como por las ganas de más con las que me quedé. Insatisfecho, sí, insaciado de cosas que esperaba y no encontré o encontré con cuentagotas. Cosas que esperaba de Tess Gallagher, no la poetisa ni la escritora, sino la esposa de Raymond Carver. Y que conste que no me refiero a que eche en falta ese supuesto material de la edición original que los editores españoles han purgado, según sus propias palabras, “de acuerdo con Tess (...) al considerarlo de escaso interés para el lector español”. Ya estoy más que acostumbrado a las “purgas” de Bartleby, editorial que por otro lado, mucho ojo, publica obras y autores que me fascinan, pero que, sin embargo, no sé cómo se lo ha hecho -el porqué es evidente, por supuesto- para convencer a la crítica literaria de este país de que su hasta ahora buque insginia editorial, el volumen "Todos Nosotros", se trata de una Poesía Completa de Carver cuando sólo es una –eso sí, excelente— antología (The Collected Poems) de toda la obra poética del autor nacido en Oregón.
Los tiros no van por ahí, desde luego, y “en cierto modo, también puede ser decepcionante” –y lo reconozco- para cualquier lector que se acerque hasta aquí y no haya leído el libro o tuviere la intención de hacerlo. En cualquier caso aquí somos poco más o menos los mismos cuatro gatos de siempre y ya nos vamos conociendo; sabéis de sobra que todo lo que tengo de corrosivo lo tengo también de intempestivo... De modo que “Carver y yo”, sí, en efecto, “en cierto modo, decepcionante”, porque me cuento entre los muchos fans de Carver, me encantan sus relatos y aún más su poesía, y por esa misma razón compré el libro. Por Carver. No por Gallagher. Y eso teniendo muy en cuenta que he leído –y me gustó— “El puente que cruza la Luna”, su a día de hoy único poemario traducido al castellano. Pero el resto de su obra –dejando aparte ese poemario y el libro del que ahora estoy hablando- permanece hasta ahora intraducida. En consecuencia, no puedo todavía juzgar si Tess Gallagher me interesa o no como escritora, o mejor dicho, si me interesa como algo más que la mujer que compartió los últimos años de vida de Raymond Carver.
En cambio me sobran las entrevistas –entrevistas de periodistas y críticos a la propia Tess-, precisamente por lo que antes decía; porque en dichas entrevistas se habla más de Tess, de su vida, sus libros, su papel de viuda de Carver, que del propio Carver, y yo lo dejé bien claro; quiero saber más, sí, pero de Ray. Porque ¿qué sentido puede tener para un mí, “lector español” —que no lee libros en inglés— la obra poética o crítica de Gallagher, si no puedo acceder a ella? Por eso, quizá, antes que un “Carver y yo”, hubiese preferido un “Yo, Carver” —con todo lo peligroso y peliagudo que ya de base implica semejante concepto—, pero nunca estuvimos a tiempo de eso; el cáncer se lo llevó pronto, justo en la cresta de la ola de su talento creativo, en lo mejor de su carrera. Mejor así, quién sabe —por macabro que sea pensarlo y más macabro aún escribirlo—, puede que la muerte llevándoselo tan pronto evitase que un Ray anciano y agarrado al clavo ardiente de una escritura –nunca sabremos si agotada— terminase defraudándonos, como tantos provectos y célebres autores, no hallando nunca el buen momento para colgar los guantes, nos han defraudado y nos defraudan —Paul Auster, ¿estás ahí...?—. ¿Hubiese Carver, con los años, perdido su frescura, su autenticidad? Nunca lo sabremos. Porque no ocurrió, la muerte nos lo arrebató, nos privó —de eso sí estoy seguro— de un buen puñado de páginas de magnífica literatura. Al menos tuvo “tiempo, el suficiente...” para armar y acabar su último libro de poemas, “Un sendero nuevo a la cascada”. Un libro enorme y brutal; maravilloso. Según mi propia letra del día 12 de diciembre del año pasado, cuando lo terminé: lleno de “tantos poemas soberbios, magistrales, destructores...”. Un libro cuya confección, de paso, con Carver enfermo, terminal, sentenciado, pero trabajando en la mítica casa de Port Angeles, y a su lado Tess, ayudándolo, juntos luchando por sacar adelante una obra de arte y al tiempo desafiando a la muerte, albergando siempre pequeñas esperanzas de que ambos –porque llegaron a ser uno, se nota— saldrían al final con bien de todo aquéllo; escribió a su vez, pero esta vez en el Gran Libro de la Metaliteratura, una de las historias más hermosas de la realidad... En cierto modo, yo esperaba que este “Carver y yo” me mostrase parte de la película en palabras de esa historia; la de Ray y Tess y sus últimos meses y “Un sendero nuevo a la cascada”, y la vida, a pesar de la muerte –o precisamente gracias a ella-, de nuevo cobrando sentido...
Trabajaban contrarreloj, el tiempo se les acababa, la muerte se les echaba encima. Consiguieron sólo uno de sus dos objetivos: todos –los que queremos— podemos hoy disfrutar de “Un sendero nuevo a la cascada”, su último libro de poemas, pero Ray, en cambio, y muy a su pesar, tuvo que dejarnos. Por eso, y esto ya es un criterio del todo subjetivo, hubiese preferido más fragmentos de diarios –si es que los hubo-, más fotos, más instantáneas en palabras de esos últimos años –o aún peor, de los momentos postreros- entre Tess y Ray, palabras de la propia Tess, que fue quien al fin y al cabo, tal y como Carver reconoció, fue la semilla de esos 10 años de felicidad y fructífera escritura de los que habla en su increíble poema titulado “Propina”. No me interesaban tanto esos diez años más sin Ray –pero con su espíritu- como los “Ten years with Ray”, los de vida conjunta y felicidad y literatura, que apenas si aparecen en el libro; años que ella pudo compartir con Carver, el hombre, el escritor que tanto admiro, y que durante esos “diez años de propina” que pudo vivir junto a Gallagher, alejado de la bebida y centrado en su arte, fue capaz de escribir libros como “Catedral”, “¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?”, “Si me necesitas, llámame”, “Bajo una luz marina” o el mencionado “Un sendero nuevo a la cascada”.
En cualquier caso, no sé si este “debe”, personal e intransferible, se lo debo recriminar a Tess o a los muchachos de Bartleby, supongo que más lo primero que lo segundo. Así que “Carver y yo”: “una decepción, en cierto modo”, sí, pero no completa, desde luego, y lo que es más importante, para nada dinero y tiempo mal invertidos.
14/12/2007Las horas
Horas... Horas... Horas... Horas seguidas de puntos suspensivos Horas de la mierda y minutos de la basura Llega la madrugada y llegan los camiones Los que recogen la mierda y la basura Pero dejan siempre el limo del odio La mugre de los días E inoculan los sueños de pesadillas mecánicas Miran arriba Y la única luz que ven encendida es la de esta leonera Este cubil de escritor que no escribe Porque está demasiado ocupado dejándose consumir por el minutero ‹‹Otro que se ha vuelto loco››, se dicen Y después a lo suyo Siguen Como las ratas, siguen Como las cucarachas, siguen Siguen como los "Jefecillos de la Hermandad del Puño Cerrado" Hasta altas horas de la madrugada contando sus denarios Pasa una hora y sigo así Como parado Y después de ésta la otra pasa La siguiente Y sigo así Como parado y alelado Y no me detienes, ni me cesas -ni me dices siquiera que pare ya de hacer rimas en ‹‹-ado›› que son, todo el mundo lo sabe, las de los malos poetas- Ni me matas Ni arremetes mi marasmo Que me estoy haciendo no ya flor, sino cardo De puro silente y quieto ¿Qué hay más puro que Aquello que ni mueve Ni remueve Ni conmueve; Tu pálpito, Mi garra, Su cólera o condena? Acaso una hora de nieve así... Seguida de puntos suspensivos Descendida sobre mi frente Tu boca Ambas muertas Este es el poema de un "Natural Born Loser" Estos los versos que nadie se queda a ver Porque el partido ya está en otro lado Versos de bolsilibro en libros de "bolsisesos" Letras que apestan a rincón de calleja Esquina de liendre y persiana meada Poco antes de las seis de la mañana Las voces de garganta impotente y cuerdas vocales fláccidas De paja a destiempo y semen gris de puro podrido Melodía que perdió el festival de la OTI frente a aquella de Pratt -‹‹La Balada de la Mar Salada››-: El Tango de la Lefa Malgastada en el Fondo de una Goma sin Marca En el fondo de un coño sin nombre En el fondo de un nombre sin alma Anónima sombra de ruina especular Que levanta acta notarial 30 euros el polvo Mil pelas la mamada De una vida, ésta, la mía, envilecida y porculada Mañana será otro día Y volveremos a jugar el divertido juego De la ruleta rusa De la realidad -seis recámaras, cinco balas- Porque estas horas... Así Seguidas de puntos suspensivos Nunca son horas de suicidio Un sueño biomecánico, aquí dentro Me impide liquidarme Sabe que son muchas las horas... Por delante Mucha la mierda, la basura, el esperma caducado Yogur de colmado de extrarradio Que todavía está en mis manos eyacular...
20/12/2007Neural
23/12/2007Bradbury y el ZenUna pequeña excursión al Sitio de la Ciencia Ficción de la mano de Ray Bradbury: "Zen en el arte de escribir".
25/12/2007Feliz Navidad, Mr. Walser
Coincidiendo con sus primeras crisis nerviosas y periodos alucinatorios, que empezaron sobre 1925, Robert Walser cambió literatura por microescritura y sustituyó la pluma por el lápiz, quién sabe si en un intento, desesperado y exorcizador, de ocultarse a sí mismo de ese loco en que se estaba transformando. Le valía cualquier papel que no fuese precisamente eso, el castrante "folio en blanco"; periódicos, recibos, nóminas, calendarios... Walser abandonó la escritura para convertirse en prolijo garrapateador de márgenes; en cierto modo, un blogger muy avant la léttre.
Después de tres años de espera -a razón de volumen por año- Siruela ha dado por concluida estas navidades la edición en castellano de los microgramas completos de Walser; los 526 papeles microcaligrafiados que Carl Seelig, a la sazón su editor y amigo, recibió del sanatorio mental de Herisau -en el que Walser se pasó interno los últimos años de su vida- después de que nueve meses después de la muerte del escritor una enfermera diese con ellos dentro de una vieja caja de zapatos. 526 hojas que han tardado cerca de 20 años en ser descifrados.
Qué terrible y a la par magnífica cocina literaria; toda esa escritura intempestiva, apiñada y brutal sobre un papel que no fue destinado para tal fin, y encima escrita a lápiz, tan distinto de la pluma ortodoxa:
Si este Walser loco y gris fue capaz de escribir párrafos como estos en los márgenes estrechos de unas órdenes de pago o en las hojas de un calendario, qué palabras no habría caligrafiado, vaporoso y fantasma, en los espacios en blanco de su propio certificado de defunción, tras ver su cuerpo caído muerto en la nieve el 25 de diciembre de 1956...
26/12/2007Nada que hacerUna de esas noches en la que todo te parece mucho más absurdo que de costumbre, la vida en esta tierra y las personas que la habitan -o creen que la habitan- te parecen más que nunca ese juego de espurio ilusionismo, urdido desde no sabes dónde, que sospechas desde hace tanto. Ni te extraña que tantos se marchen para el otro barrio en estas fechas, tan señaladas. Te levantas y dices: y ahora qué; y no sabes bien por dónde empezar a responderte. Podrías leer algo, sí, pero al poco te dices que para qué, de modo que no lees. Lo mismo te pasa con ver una película, que desistes enseguida porque también se te antoja un sinsentido. De salir a dar una vuelta ni pensarlo, con el frío que hace, y a estas horas, y siendo festivo además, que todo está cerrado y como si domingo en esta ciudad muerta en la que me ha tocado en suerte agonizar. Agonizar. Un verbo fascinante. La novela de Faulkner, "Mientras Agonizo". Título bestial. Genial. Ambas cosas. No la he leído todavía, tal vez nunca lo haga, y aunque finalmente lo haga tal vez me parezca una mierda, pero sólo el título ya la justifica, porque lo contiene todo; al menos todo lo que yo necesito ahora mismo: el verbo; "agonizar"; y el "mientras tanto", que bien podría alargarse hasta la eternidad, o hasta que la espiche; para este caso valen lo mismo. ¿Qué puede hacer uno mientras agoniza? Leer no, está claro, pasear tampoco, ni aliarse con el cine... Ni tantas otras cosas. Así que aquí estoy, sin saber muy bien qué digo y dándole sorbos al aire porque ni siquiera hay lugar para un café con leche. El estómago se queja, da la tabarra: "¿Dónde está mi cena?, maldito cabrón". Porque el estómago sí sabe, no le vengas con toda la sarta de memeces y puñetas que enturbian los ojos del corazón de la mente. Sabe lo que quiere y lo pide, va a por ello, directo si le dejan. Es sencillo, que no simple, y desde luego lo menos absurdo con lo que he tenido la oportunidad de toparme en mi absurda anatomía. Después de eso, en orden decreciente, vienen los genitales, otros que tampoco se pierden en vaguedades..., pero tampoco ahora me veo con humor como para empezar a machacármela, la verdad. Apatía, abulia, hastío, incipientes sombras de necrosis en el ganglio de la esperanza; la bilis de vacaciones y el estómago vacío. Creo que me limitaré a sentarme en el sofá un rato y esperar, a ver qué pasa...
28/12/2007Si tú eres Leyenda, yo soy historia...
"Soy un Timo" Un día vino alguien y me dijo: ey, tú, ¿sabes que están haciendo otra peli de "Soy leyenda"?; bueno, respondí; ¿y a que no sabes quién hará de Neville?; sorpréndeme, dije...; Will Smith; ¡pfffffff!..., no me jodas; lo que oyes, tío...; ¿y de Cortman?; ¡¿Cortman?!... quién cojones es ése...; y después se marchó pensando que debía estar loco y yo seguí a lo mío. Todavía resonaban en mi cabeza los rumores de aquella adaptación, por suerte frustrada, con Swarzenneger y Ridley Scott; hasta que no lo viese no lo creería; cabía esperar el milagro...
El Fantasma de las Navidades Pasadas En fin, que el tipo sabía quién era Neville pero no recordaba a Cortman..., qué diablos, puede que ni siquiera hubiese leído la novela, a lo mejor sólo había visto a un crístico e interracial Charlton Heston dejándose crucificar por monjes albinos antiglobalización... El caso es que la pregunta sobre Cortman no es todo lo friki que parece a simple vista. Porque sin Cortman no hay "Soy Leyenda" que valga. Él tiene la mejor frase de toda la novela; la mejor escena. Cortman vampiro, cada puta noche, ante la casa del último hombre vivo sobre la Tierra, gritándole, invitándole a formar parte del nuevo orden: "¡Sal, Neville!" Hay que ser un guionista muy incompetente o un director muy cegato para no aprovechar semejante escena...
Charlton Heston Vs. Los Jesuitas con Psoriasis Pero, como decía, entrar hoy día en un cine es regalarles la ocasión de llenarte hasta la calva de mierda. Por asumido que lo tengas, que te darán por saco sí o sí, sólo eres un débil pedazo de carne humana, así que terminas dándoles la oportunidad... Y en efecto, no hubo lugar para Ben Cortman, como tampoco lo hubo para su terrorífica letanía: "¡Neville, Neville!... ¡Sal, Neville!", porque en realidad en momento alguno hubo intención de trasladar la "leyenda" de Matheson a la pantalla, antes al contrario, desde el principio tuvieron claro que lo que querían era convertir en "legendaria" esta tomadura de pelo, auténtica donde las hubiere, como no recuerdo otra desde, por lo menos, "El Sexto Sentido" de Mr. M. Night "tramposo" Shyamalan.
‹‹¡Sal, Neville!›› En cierto modo el cine yanki, la industria cinematográfica yanki, era la menos indicada para contar una historia en la que el bueno adviene monstruo y los malos pasan a conformar el canon de normalidad. Sabemos que en Hollywoodland, y por extención en el mundo entero, desde que derribaron el par de torreones, no hay escalas de grises; el malo es malo, muy malo; y el bueno es bueno; buenísimo. Y punto. Hasta me escama que el libro de Matheson no haya sido poco menos que prohibido por la administración Bush, teniendo en cuenta lo que subyace a sus líneas... ¡Ah!, no..., espera, que los hay por allí que todavía no saben leer entre líneas...
Richard Matheson Bueno bueno, ingenuos lo justo, está claro que leen entre líneas, por eso mismo acto seguido las manipulan a su antojo, no hay quien los iguale en eso, qué duda cabe. Porque al fin y al cabo lo de menos son esos pequeños detalles, a saber; que el Neville de Matheson es un ario del montón, fumador y borrachín, sin formación científica alguna, que se pasa la mitad de la novela más salido que el pico una plancha; mientras Will Smith ni fuma ni bebe, ni por supuesto se la machaca, y encima es un virólogo de la hostia, cachorras de gimnasio, intachable oficial del Ejército, amante esposo y mejor padre. Un tipo made in USA al 200%. Qué importa si Neville era un tipo reservado y silencioso que escuchaba música clásica, si Smith puede ser un charlatán bocazas fanático de "Shreck" y de Bob Marley. Que te cambien vampiros conscientes por superzombis hidrofóbicos a lo Resident Evil, tanto da; puedes tragarte mal que bien toda esa bazofia...
‹‹Y el SIDA porque no me he puesto en serio, que si no...›› Pero por lo que ya no pasas, si es que tienes dos dedos de frente, es por la triple ración fast food de etnocentrismo yanki, por otro lado, nada subliminal -porque además es que ya ni se molestan en ser sutiles-. La idea central de Matheson es que la vida se abre camino, sea como sea, y los débiles se quedan en el camino. Llega el momento en que la humanidad sucumbe ante el advenimiento de una nueva raza, primitiva y brutal, pero superior, pues no en vano consigue sobrevivir a la epidemia. El tiempo de los hombres toca a su fin y comienza el de los vampiros, o como el propio Matheson los denomina al final de su libro, "los hombre oscuros"; vampiros mutantes, capaces de introspección y una vaga organización social. En este nuevo orden, Robert Neville, el último hombre vivo, que durante tantos años les dio caza, exterminándolos, es una amenaza a erradicar; un auténtico y peligroso "Conde Drácula" para la recién nacida sociedad: "Ellos le veían como un monstruo terrible y desconocido, de una malignidad más odiosa aún que la de la plaga. Un espectro invisible que como prueba de su existecia sembraba el suelo con los cadáveres desangrados de sus seres queridos (...) Neville observó a los nuevos habitantes de la tierra. No era uno de ellos. Semejante a los vampiros, era un anatema y un terror oscuro que debían eliminar y destruir (...) Un nuevo terror nacido de la muerte, una nueva superstición que invade la fortaleza del tiempo. Soy leyenda". En cambio, para la Nueva América parida el 11-S, la Humanidad es el supremo escalafón de la cadena trófica, puesta en dicha altura por mediación divina, y cualquier atentado contra los hombres es, en consecuencia, no sólo una horrorosa tragedia, también una contravención del orden establecido, que es -y debe ser- unívoco e intransferible. La Humanidad no puede morir, no debe morir, ergo la nueva sociedad de vampiros no puede ni debe progresar. Los vampiros -y quien dice vampiro dice todo individuo que nada contra la corriente de lo normal- están enfermos, y en consecuencia hay que curarlos, es necesario y esencial reestablecer el equilibrio; y ahí es donde entra en juego Robert Neville-Will Smith, el Salvador, el Nuevo Cristo Negro, guiado sin saberlo por la Divina Providencia, que ha de salvar a la Humanidad del Apocalipsis con su inmolación y, a la postre, "devenir leyenda" a ojos de la Nueva Humanidad que, merced a la abnegación y el sacrificio del Mesías Afroamericano, resurgirá de las cenizas en las que jamás debió convertirse...
Ne(gr)oCristo y el Apóstol San Perro Pestífero lo cojas por donde lo cojas... Richard Matheson quiso que Robert Neville fuese primero Van Helsing para acabar convirtiéndose en Conde Drácula, y finalmente en nada. La industria yanki ha querido que Will Smith sea mártir ejemplar contra las hordas bárbaras -y terroristas- para acabar adviniendo Mesías de una Nueva y Mejor, Política y Moralmente Recta Humanidad. En el entretanto, aquellos que amamos el buen cine fantástico, inteligente y turbador, "Somos Historia". Bukowski dejó este poema dedicado al cine, que tanto le aburría, y que por supuesto secundo: "millones de dólares gastados para crear algo que es peor que la vida real de la mayoría de los seres vivos; nunca deberíamos sacar entradas para el infierno" 31/12/2007No ha de ser la Última...
"Poemas de la Última Noche de la Tierra", del viejo Hank, el rudo Hank, el gran Bukowski. Del todo recomendable, aunque no os guste la poesía, aunque os hayan hablado pestes de él, hayáis oído decir que no fue más que un borracho malhablado que vejaba a las mujeres y se sacaba la minga en mitad de las fiestas. Recomendable hasta para aquellos a los que no les gustan los gatos... Porque estos poemas son lo que Bukowski siempre ha sido, lo que todavía hoy sigue siendo: energía y desengaño brutales, cinismo y lucidez extremas; el ser humano a cara de perro contra su propio reflejo en el charco de los lodos y la mierda. Me gusta pensar en Bukowski allí, viejo y final, en su casa de Los Ángeles, con su mujer y sus muchos gatos, rebasados los 70 años, bastantes más de lo que debería haber vivido tal y como se trató durante la mayoría de ellos. Me gusta imaginarlo allí, por las noches, escribiendo en su cuarto, frente a su recién estrenado ordenador, música clásica de fondo, un cigarro en los labios y la botella no muy lejos. Escribiendo, escribiendo, escribiendo... Su vida terminaba y él lo sabía, lo presentía, supongo que llegado cierto punto, cuando has vivido lo suficiente, empiezas a tener la intuición sobre aviso: sabes cuándo se te acerca por la espalda, cuándo viene por ti. Y a pesar de ello siguió bebiendo, continuó arruinando sus días en el hipódromo, persistió día tras día en no dejar de ser, mal que bien, Charles Bukowski, o Henry Chinaski, o un tal Follaski, o un tal Rabowski, pues todos fueron el mismo. Mientras lo leo lo recreo allí, en aquel cuarto, lejos de todo y de todos, escribiendo, pensando: "bueno, el mundo sigue siendo más o menos el mismo cubo de mierda que era antes de mí y lo seguirá siendo después. Y así debe ser". Me gusta pensar que mientras escribía estos poemas de la última noche de la Tierra, escribía también "Pulp", su última novela, así como los pensamientos que a la postre, tras su muerte, conformarían "El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco", un diario póstumo. Recrear en mi cabeza esa mole de carne vieja y arrugada, fea y terrible, sabia y tan esperpéntica, escribiendo noche tras noche estos libros que tanto han hecho por mí, me reconforta. Me tranquiliza. Me proporciona un algo de luz. ¿Luz para iluminar la mierda? Pues sí. ¿Absurdo? Del todo, pero decidme algo que no sea absurdo, que no encierre en sí mismo su propio contrasentido. No pasa un día cuyo absurdo no te sierre las pelotas si es que estás dispuesto a mirar. Otra cosa es que quieras tener los arrestos... Hay poemas verdaderamente infernales en este libro. Infernales, sí. Y salvajes, y cegadores, e hipodérmicos. Directos a la vena cava del espíritu, y una vez allí, la hacen pedazos. Te convierten en vegetal o te sacan de él: has de escoger, porque la indolencia no es una opción. Están, sin ir más lejos, "Aire y luz y tiempo y espacio", "La Muerte se está fumando mis puros", "El Infierno es una puerta cerrada", "Antes del SIDA", "El fulgor de los números", "Ahora", "Confesión", "Cero", "Enfermo", "En el Fondo", "Chapoteando", "No tenemos dinero, cariño, pero sí lluvia", "La Retirada de Bonaparte", "Aire Negro y Frío", "La Música Clásica y yo", "Orden de Bateo", entre tantos... Son demasiados como para traerlos aquí, pero quizá sea "Victoria" el que mejor resume cómo revuelve tus tripas al enfrentar su genio:
‹‹los tratos que hemos cerrado los hemos mantenido y al cercarnos los perros de las horas nada pueden arrebatarnos salvo la vida››
Hay días que pienso que podría terminar mi vida y no leer nada más, que todo lo que hay que saber ya está aquí. Que no hay más sorpresas. Que no hay más luz que aquélla que puedas, tal vez, hallar en ti mismo. Que no hay postre, en definitiva, y la cena, como ya es costumbre, estaba para tirar directamente a los cochinos. Aunque siempre quedará el hambre, ¿no?... o al menos debería quedar... debería quedar siempe algún tipo de hambre.
"La distancia más corta entre dos puntos es a menudo intolerable", lo escribió Hank en uno de éstos, sus últimos poemas; viejísimo, enfermo, quemado, acercándose a su Última Noche en la Tierra... Esta mía, en cambio, no será la última, han de venir más, no sé cuántas, pero tantas de ellas terribles; ya siento que es verdad...
31/12/2007 16:37 Autor: tannhauser. Javier Iglesias ©. Tema: Alucinario No hay comentarios. Comentar. |
Temas
Archivos
EnlacesMalditos y Heterodoxos
En la Trinchera, Calada la Bayoneta
Tierra de NadieHeridas de Letras
Cine y Metralla
ResistenciaInsomniaReus, Ciudad MuertaRequiescat in Pace
EstadísticasBlogosferaRevistas en Acción
|