Vida Puta y Sin Talento

TannHäuser. Año 5.

Terrorismo bloguero, escritura subnormal

Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2007.

07/12/2007

"Carver y Yo": en cierto modo, decepcionante

Cuando termino de leer un libro apunto en la primera página la fecha en que lo acabo —si se trata de una relectura la apunto también, debajo de la primera— y, en ocasiones, según me venga, escribo algún comentario de lo que me ha parecido en general el libro, ya sea bueno o malo, brutal o luminoso. Esto pasa las menos de las veces, porque cuando un libro me entusiasma ya señalo y comento los pasajes que me llaman la atención en las propias páginas, muchas veces, ya finalizada la lectura, no es necesario agregar más; ya sea porque está todo en esas anotaciones a margen de página, ya porque, sencillamente, no se me ocurre nada que añadir.

En el caso de “Carver y yo” (Soul Barnacles: Ten More Years Whit Ray), recientemente publicado por Bartleby Editores, sí que hubo lugar para una apostilla final, por demás escueta. Escribí: “En cierto modo, decepcionante”.

¿Por qué? Puede que no tanto porque el libro me hubiese parecido malo como por las ganas de más con las que me quedé. Insatisfecho, sí, insaciado de cosas que esperaba y no encontré o encontré con cuentagotas. Cosas que esperaba de Tess Gallagher, no la poetisa ni la escritora, sino la esposa de Raymond Carver.

Y que conste que no me refiero a que eche en falta ese supuesto material de la edición original que los editores españoles han purgado, según sus propias palabras, “de acuerdo con Tess (...) al considerarlo de escaso interés para el lector español”. Ya estoy más que acostumbrado a las “purgas” de Bartleby, editorial que por otro lado, mucho ojo, publica obras y autores que me fascinan, pero que, sin embargo, no sé cómo se lo ha hecho -el porqué es evidente, por supuesto- para convencer a la crítica literaria de este país de que su hasta ahora buque insginia editorial, el volumen "Todos Nosotros", se trata de una Poesía Completa de Carver cuando sólo es una –eso sí, excelente— antología (The Collected Poems) de toda la obra poética del autor nacido en Oregón.

Los tiros no van por ahí, desde luego, y “en cierto modo, también puede ser decepcionante” –y lo reconozco- para cualquier lector que se acerque hasta aquí y no haya leído el libro o tuviere la intención de hacerlo. En cualquier caso aquí somos poco más o menos los mismos cuatro gatos de siempre y ya nos vamos conociendo; sabéis de sobra que todo lo que tengo de corrosivo lo tengo también de intempestivo...

De modo que “Carver y yo”, sí, en efecto, “en cierto modo, decepcionante”, porque me cuento entre los muchos fans de Carver, me encantan sus relatos y aún más su poesía, y por esa misma razón compré el libro. Por Carver. No por Gallagher. Y eso teniendo muy en cuenta que he leído –y me gustó“El puente que cruza la Luna”, su a día de hoy único poemario traducido al castellano. Pero el resto de su obra –dejando aparte ese poemario y el libro del que ahora estoy hablando- permanece hasta ahora intraducida. En consecuencia, no puedo todavía juzgar si Tess Gallagher me interesa o no como escritora, o mejor dicho, si me interesa como algo más que la mujer que compartió los últimos años de vida de Raymond Carver.

O lo que es lo mismo, que me ha encantado zambullirme en las palabras de Tess cuando me hablaba de lo que fue compartir parte de su vida con Ray, me fascinó al retratarlo, contándome qué fue perderlo y lo mucho que costó después seguir viviendo en su ausencia. El dolor de la pérdida. Que se lo digan a C. S. Lewis... De modo que me gustaron sus diarios de viaje a Europa, poco antes de aparecer la enfermedad que se lo llevaría; o los intercambios de impresiones y cartas entre Gallagher y Robert AltmanRay ya había desaparecido-, mientras se fraguaba ese proyecto de película que a la postre sería “Short Cuts”, pedazo de obra maestra.

En cambio me sobran las entrevistas –entrevistas de periodistas y críticos a la propia Tess-, precisamente por lo que antes decía; porque en dichas entrevistas se habla más de Tess, de su vida, sus libros, su papel de viuda de Carver, que del propio Carver, y yo lo dejé bien claro; quiero saber más, sí, pero de Ray. Porque ¿qué sentido puede tener para un mí, “lector español” —que no lee libros en inglés— la obra poética o crítica de Gallagher, si no puedo acceder a ella? Por eso, quizá, antes que un “Carver y yo”, hubiese preferido un “Yo, Carver” —con todo lo peligroso y peliagudo que ya de base implica semejante concepto—, pero nunca estuvimos a tiempo de eso; el cáncer se lo llevó pronto, justo en la cresta de la ola de su talento creativo, en lo mejor de su carrera. Mejor así, quién sabe —por macabro que sea pensarlo y más macabro aún escribirlo—, puede que la muerte llevándoselo tan pronto evitase que un Ray anciano y agarrado al clavo ardiente de una escritura –nunca sabremos si agotada— terminase defraudándonos, como tantos provectos y célebres autores, no hallando nunca el buen momento para colgar los guantes, nos han defraudado y nos defraudan —Paul Auster, ¿estás ahí...?—. ¿Hubiese Carver, con los años, perdido su frescura, su autenticidad? Nunca lo sabremos.

Porque no ocurrió, la muerte nos lo arrebató, nos privó —de eso sí estoy seguro— de un buen puñado de páginas de magnífica literatura. Al menos tuvo “tiempo, el suficiente...” para armar y acabar su último libro de poemas, “Un sendero nuevo a la cascada”. Un libro enorme y brutal; maravilloso. Según mi propia letra del día 12 de diciembre del año pasado, cuando lo terminé: lleno de “tantos poemas soberbios, magistrales, destructores...”. Un libro cuya confección, de paso, con Carver enfermo, terminal, sentenciado, pero trabajando en la mítica casa de Port Angeles, y a su lado Tess, ayudándolo, juntos luchando por sacar adelante una obra de arte y al tiempo desafiando a la muerte, albergando siempre pequeñas esperanzas de que ambos –porque llegaron a ser uno, se nota— saldrían al final con bien de todo aquéllo; escribió a su vez, pero esta vez en el Gran Libro de la Metaliteratura, una de las historias más hermosas de la realidad... En cierto modo, yo esperaba que este “Carver y yo” me mostrase parte de la película en palabras de esa historia; la de Ray y Tess y sus últimos meses y “Un sendero nuevo a la cascada”, y la vida, a pesar de la muerte –o precisamente gracias a ella-, de nuevo cobrando sentido...

Trabajaban contrarreloj, el tiempo se les acababa, la muerte se les echaba encima. Consiguieron sólo uno de sus dos objetivos: todos –los que queremos— podemos hoy disfrutar de “Un sendero nuevo a la cascada”, su último libro de poemas, pero Ray, en cambio, y muy a su pesar, tuvo que dejarnos. Por eso, y esto ya es un criterio del todo subjetivo, hubiese preferido más fragmentos de diarios –si es que los hubo-, más fotos, más instantáneas en palabras de esos últimos años –o aún peor, de los momentos postreros- entre Tess y Ray, palabras de la propia Tess, que fue quien al fin y al cabo, tal y como Carver reconoció, fue la semilla de esos 10 años de felicidad y fructífera escritura de los que habla en su increíble poema titulado “Propina”.

No me interesaban tanto esos diez años más sin Ray –pero con su espíritu- como los “Ten years with Ray”, los de vida conjunta y felicidad y literatura, que apenas si aparecen en el libro; años que ella pudo compartir con Carver, el hombre, el escritor que tanto admiro, y que durante esos “diez años de propina” que pudo vivir junto a Gallagher, alejado de la bebida y centrado en su arte, fue capaz de escribir libros como “Catedral”, “¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?”, “Si me necesitas, llámame”, “Bajo una luz marina” o  el mencionado “Un sendero nuevo a la cascada”.

Tal vez el error fue mío. Si lo que quería era ante todo y sobre todo la vida de Carver quizá debí darle también una oportunidad al muy reciente libro de Circe, “Así fueron las cosas”, una biografía escrita por su primera mujer, Maryann Burk Carver, que a buen seguro retrata el reverso tenebroso del artista; una relación difícil y tormentosa, probablemente dando pábulo a verdades –o mentiras, cualquiera sabe- nada agradables sobre Ray. Hubiera tenido al menos las dos caras de un mismo rostro...

 

En cualquier caso, no sé si este “debe”, personal e intransferible, se lo debo recriminar a Tess o a los muchachos de Bartleby, supongo que más lo primero que lo segundo. Así que “Carver y yo”: “una decepción, en cierto modo”, sí, pero no completa, desde luego, y lo que es más importante, para nada dinero y tiempo mal invertidos.

 

07/12/2007 18:29 Autor: tannhauser. Javier Iglesias ©. Tema: Letra Umbría Hay 2 comentarios.

14/12/2007

Las horas

Horas...

Horas...

Horas...

Horas seguidas de puntos suspensivos

Horas de la mierda y minutos de la basura

Llega la madrugada y llegan los camiones

Los que recogen la mierda y la basura

Pero dejan siempre el limo del odio

La mugre de los días

E inoculan los sueños de pesadillas mecánicas

Miran arriba

Y la única luz que ven encendida es la de esta leonera

Este cubil de escritor que no escribe

Porque está demasiado ocupado dejándose consumir por el minutero

‹‹Otro que se ha vuelto loco››, se dicen

Y después a lo suyo

Siguen

Como las ratas, siguen

Como las cucarachas, siguen

Siguen como los "Jefecillos de la Hermandad del Puño Cerrado"

Hasta altas horas de la madrugada contando sus denarios

Pasa una hora y sigo así

Como parado

Y después de ésta la otra pasa

La siguiente

Y sigo así 

Como parado y alelado

Y no me detienes, ni me cesas

-ni me dices siquiera que pare ya de hacer rimas en ‹‹-ado››

que son, todo el mundo lo sabe, las de los malos poetas-

Ni me matas

Ni arremetes mi marasmo

Que me estoy haciendo no ya flor, sino cardo

De puro silente y quieto

¿Qué hay más puro que 

Aquello que ni mueve

Ni remueve

Ni conmueve;

Tu pálpito,

Mi garra,

Su cólera o condena?

Acaso una hora de nieve así...

Seguida de puntos suspensivos

Descendida sobre mi frente

Tu boca

Ambas muertas 

Este es el poema de un "Natural Born Loser"

Estos los versos que nadie se queda a ver

Porque el partido ya está en otro lado

Versos de bolsilibro en libros de "bolsisesos"

Letras que apestan a rincón de calleja

Esquina de liendre y persiana meada

Poco antes de las seis de la mañana

Las voces de garganta impotente y cuerdas vocales fláccidas

De paja a destiempo y semen gris de puro podrido

Melodía que perdió el festival de la OTI frente a aquella de Pratt

-‹‹La Balada de la Mar Salada››-:

El Tango de la Lefa Malgastada en el Fondo de una Goma sin Marca

 En el fondo de un coño sin nombre

En el fondo de un nombre sin alma

Anónima sombra de ruina especular

Que levanta acta notarial

30 euros el polvo

Mil pelas la mamada

De una vida, ésta, la mía, envilecida y porculada

Mañana será otro día

Y volveremos a jugar el divertido juego

De la ruleta rusa

De la realidad

-seis recámaras, cinco balas-

Porque estas horas...

Así

Seguidas de puntos suspensivos

 Nunca son horas de suicidio

Un sueño biomecánico, aquí dentro

Me impide liquidarme

Sabe que son muchas las horas...

Por delante

Mucha la mierda, la basura, el esperma caducado

Yogur de colmado de extrarradio

Que todavía está en mis manos eyacular... 

 

14/12/2007 02:54 Autor: tannhauser. Javier Iglesias ©. Tema: Esputos No hay comentarios. Comentar.

20/12/2007

Neural



Empiezo a preocuparme: de nuevo un sueño esta noche, o una pesadilla, ¿cuál es la diferencia? Licenciados abstenerse, porque si la respuesta es que los sueños son películas neurales con elefantes rosa y nubes de tormenta de algodón de azúcar, bien, podéis ahorraros la parrafada conmigo, para eso ya le encargo a Bradbury que me escriba un anuncio de compresas.

La cuestión es que durante gran parte de la noche, removiéndome intranquilo y en algún momento hasta sabiéndome con los riñones al aire, tanteando la pulmonía, y mientras, en mi cabeza, dentro de “The Night of the Living Dead”, de Romero; hasta era en blanco y negro el asunto; el sueño, la pesadilla, quiero decir. Estaba el negro y todo, sólo que no era tan valiente como en la peli, me mandaba a mí a buscar ayuda, el tío mierdas, y yo, gilipollas, voy y salgo… En fin. Los sueños sobre muertos vivientes siempre acaban como tienen que acabar, es decir, sin salida, porque ellos son mayoría; te acaban atrapando antes o después. Leí no sé dónde que en no sé qué año de no sé qué siglo, se calcula que a este ritmo de penetraciones sin condón que llevamos –si un meteorito con forma de conejo no se nos lleva antes por delante–, ha de llegar el día en que sean más los vivos que son que los vivos que fueron, esto es, la suma total de muertos desde que el hombre es hombre, es decir, que es Sapiens, o mejor dicho, se lo cree –Sapiens–, porque hay que ver qué cantidad de descerebrado suelto por ahí. Es salir a la calle, un par de miradas, y ya echas la mano al cinto comprobando fastidiado que, ay, te has vuelto a dejar la Mágnum 44 en casa… Dirty Harry querido, muchos te echamos de menos.

Ahora unos pinchazos fuertes en la cabeza, inusitados y preocupantes. Numerosos y molestos a lo largo y ancho de mi hemisferio izquierdo cerebril. Quizá dolor reflejo de la pesadilla, de cuando me atraparon y se me empezaron a zampar, comenzando por los sesos, que para ellos son el caviar de la ultratumba. Después pasan al hígado, su particular jamón pata negra… A ver si al final va a pasar como en “Phenomenon”, el truño aquel del Travolta, ¿os acordáis? –si os acordáis, hacéroslo mirar– en el que toda su metamorfosis en SuperHombre –nada nietzscheano, por otra parte– se debía a un tumor cerebral que acabaría a la postre con sus días –¡y menos mal!, también con la película–. Pero yo sólo tengo los pinchazos en la chola, ningún poder digno de recensión por el momento, aunque tal vez un tumor cerebral sólo te otorga poderes cuando eres cienciólogo...

También me molestan la costilla volante derecha, la rodilla izquierda y el pie siniestro, en ese orden. Cosas del hacerse viejo, la mala vida. Y de quedarme por las noches frito en el sofá, por qué negarlo –al menos en lo que respecta al costillamen y el espaldamen, anquilosado y pidiendo la hora–. Me quedo dormido con el libro entre las manos, o viendo una película, la estufa en marcha, combatiendo a duras penas este invierno, no todo lo apocalíptico que cabría desear. Luego me despierto a las seis, a las cinco de la madrugada, hecho una mierda, me duele todo, me cago en dios; ese rollo: “Tendría que irme a la cama”, me digo; pero debo decírmelo con más bien poca convicción porque nunca me hago caso.

Empiezo a verme un poco como los borrachos que han durado lo suficiente como para poder contarse batallitas: “Ya no aguanto como antes, ahora sólo bebo… vino”. Sí, también como Lugosi, por qué no: reventado y pisoteado hasta el día final. Él con los pinchazos en las venas y yo en la calvorota. Recuerdo una conversación que tuve con cierta persona. Durante seis meses estuve medicándome, para la depresión, no he tenido sueños más bonitos en mi vida, dijo. Drogas, pensé. Las pastillas, dijo. Las drogas, pensé. Lo que volvería a dar por volver a tener aquellos sueños, dijo. Yo también quiero de esa mierda, pensé... Si escuchas más que hablas, en el entretanto puedes darle al botón de centrifugar de la mente.

Y además el cuento; me he quedado atascado, atrapado, sin salida, como con los zombis, se me está comiendo. Soy una carótida obstruida. Un impulso neural y ballardiano estampado contra el vaginal muro del bloqueo.

20/12/2007 12:13 Autor: tannhauser. Javier Iglesias ©. Tema: Schreck No hay comentarios. Comentar.

23/12/2007

Bradbury y el Zen

23/12/2007 12:17 Autor: tannhauser. Javier Iglesias ©. Tema: Heridas de Letras Hay 2 comentarios.

25/12/2007

Feliz Navidad, Mr. Walser

 

Coincidiendo con sus primeras crisis nerviosas y periodos alucinatorios, que empezaron sobre 1925,  Robert Walser cambió literatura por microescritura y sustituyó la pluma por el lápiz, quién sabe si en un intento, desesperado y exorcizador, de ocultarse a sí mismo de ese loco en que se estaba transformando. Le valía cualquier papel que no fuese precisamente eso, el castrante "folio en blanco"; periódicos, recibos, nóminas, calendarios... Walser abandonó la escritura para convertirse en prolijo garrapateador de márgenes; en cierto modo, un blogger muy avant la léttre.

 

Después de tres años de espera -a razón de volumen por año- Siruela ha dado por concluida estas navidades la edición en castellano de los microgramas completos de Walser; los 526 papeles microcaligrafiados que Carl Seelig, a la sazón su editor y amigo, recibió del sanatorio mental de Herisau -en el que Walser se pasó interno los últimos años de su vida- después de que nueve meses después de la muerte del escritor una enfermera diese con ellos dentro de una vieja caja de zapatos. 526 hojas que han tardado cerca de 20 años en ser descifrados.

 

Qué terrible y a la par magnífica cocina literaria; toda esa escritura intempestiva, apiñada y brutal sobre un papel que no fue destinado para tal fin, y encima escrita a lápiz, tan distinto de la pluma ortodoxa:

"La gente culta de verdad es esa que, en lo que a cultura se refiere, deja siempre un poco que desear. Eso da una imagen de inocencia. Los sobelotodo son gente sospechosa. Quien haya tenido, por ejemplo, en la mano páginas de Beardsley, mala cosa. Un hombre hecho y derecho tiene el deber de no haberse preocupado aún de muchas cosas"

"De vez en cuando le decía alguna lindeza. En una ocasión le pedí con un gesto de la cara, con un gesto que jamás podrá olvidar, que se bebiera, digo, comiera una salsicha frita que yo pagaría, poco antes de que ella la cortara suavemente y con cuidado. Así lo hizo y se comió, digo, se bebió un buen vaso para acompañar. De hecho, no se bebió tanto el vaso como lo que nadaba y se contenía en él despidiendo un brillo rojizo, el vino"

"Era casi fea de tan bella, casi masculina de tan femenina y más bien tirando a gruesa de tan esbelta como era, y creo que se marchó a una cita, pero ese con quien se había citado venía precisamente de otra cita. Si no pudiéramos engañar, nos vendríamos abajo. ¿Engañamos por pura malicia? No. Son todas tan dulces, y conozco a una que no hace más que engañarme siempre, y por eso tengo que engañarla yo también"

"Renunciar nos hace libres. Todo aquel que tiene algo es esclavo de sus bienes. Si lo dejas escapar, no te sentirás obligado. Al que no ato a mí no necesito prestarle atención. Lo que yo llamo mío me llama a mí suyo. Eso tiene sus ventajas y sus inconvenientes. De nosotros depende si somos pobres o ricos. Una ganancia puede conllevar pérdidas y una pérdida ir asociada a una ganancia. Si no se pusiera el sol, ¿cómo iba a salir de nuevo? Para levantarse es preciso haberse hundido. Extraña manera de juzgar la que tienen las personas. Que no teman por los felices y no envidien a los que lloran"

"Pero no pienso caer en la seriedad. La profundidad del pensamiento no debería hacer correr la voz de que me he convertido en su víctima"

Si este Walser loco  y gris fue capaz de escribir párrafos como estos en los márgenes estrechos de unas órdenes de pago o en las hojas de un calendario, qué palabras no habría caligrafiado, vaporoso y fantasma, en los espacios en blanco de su propio certificado de defunción, tras ver su cuerpo caído muerto en la nieve el 25 de diciembre de 1956...

 

25/12/2007 15:27 Autor: tannhauser. Javier Iglesias ©. Tema: Schreck Hay 3 comentarios.

26/12/2007

Nada que hacer

Una de esas noches en la que todo te parece mucho más absurdo que de costumbre, la vida en esta tierra y las personas que la habitan -o creen que la habitan- te parecen más que nunca ese juego de espurio ilusionismo, urdido desde no sabes dónde, que sospechas desde hace tanto. Ni te extraña que tantos se marchen para el otro barrio en estas fechas, tan señaladas.

Te levantas y dices: y ahora qué; y no sabes bien por dónde empezar a responderte. Podrías leer algo, sí, pero al poco te dices que para qué, de modo que no lees. Lo mismo te pasa con ver una película, que desistes enseguida porque también se te antoja un sinsentido. De salir a dar una vuelta ni pensarlo, con el frío que hace, y a estas horas, y siendo festivo además, que todo está cerrado y como si domingo en esta ciudad muerta en la que me ha tocado en suerte agonizar.

Agonizar. Un verbo fascinante. La novela de Faulkner, "Mientras Agonizo". Título bestial. Genial. Ambas cosas. No la he leído todavía, tal vez nunca lo haga, y aunque finalmente lo haga tal vez me parezca una mierda, pero sólo el título ya la justifica, porque lo contiene todo; al menos todo lo que yo necesito ahora mismo: el verbo; "agonizar"; y el "mientras tanto", que bien podría alargarse hasta la eternidad, o hasta que la espiche; para este caso valen lo mismo.

¿Qué puede hacer uno mientras agoniza? Leer no, está claro, pasear tampoco, ni aliarse con el cine... Ni tantas otras cosas. Así que aquí estoy, sin saber muy bien qué digo y dándole sorbos al aire porque ni siquiera hay lugar para un café con leche. El estómago se queja, da la tabarra: "¿Dónde está mi cena?, maldito cabrón". Porque el estómago sabe, no le vengas con toda la sarta de memeces y puñetas que enturbian los ojos del corazón de la mente. Sabe lo que quiere y lo pide, va a por ello, directo si le dejan. Es sencillo, que no simple, y desde luego lo menos absurdo con lo que he tenido la oportunidad de toparme en mi absurda anatomía. Después de eso, en orden decreciente, vienen los genitales, otros que tampoco se pierden en vaguedades..., pero tampoco ahora me veo con humor como para empezar a machacármela, la verdad.

Apatía, abulia, hastío, incipientes sombras de necrosis en el ganglio de la esperanza; la bilis de vacaciones y el estómago vacío. Creo que me limitaré a sentarme en el sofá un rato y esperar, a ver qué pasa...

 

26/12/2007 23:15 Autor: tannhauser. Javier Iglesias ©. Tema: Schreck Hay 2 comentarios.

28/12/2007

Si tú eres Leyenda, yo soy historia...

Una palabras del propio Matheson me vienen como anillo al dedo para empezar: "aun el dolor más profundo se mitiga, la desesperación más intensa cede. La maldición del verdugo: el preso se acostumbra a sus cadenas (...) ¡Con qué rapidez se acepta lo increíble si se ve con frecuencia!". Creo que resumen bastante bien por qué me he alejado conscientemente del cine, encerrándome en la literatura: me había acostumbrado a que el 90% del cine que se hace -el 99% si hablamos de cine fantástico- fuese una completa basura; bastarda y comercial a más no poder, voluntariamente manufacturada para el paladar de espectadores rednecks y descerebrados. Pero el hecho de que deje de sorprenderte que en el precio de la entrada entre también tu consentimiento para que se te caguen encima no implica que tengas que dejar que te llenen de mierda por defecto. Antes o después acabas escarmentando y, sencillamente, cortas la comunicación. Hace años que la industria se dio cuenta de que un cine fantástico pueril y de amplio espectro sería el único capaz de arrastrar público a las salas y eso levantó acta de defunción para  muchos, entre los que por supuesto me cuento.

"Soy un Timo"

Un día vino alguien y me dijo: ey, tú, ¿sabes que están haciendo otra peli de "Soy leyenda"?; bueno, respondí; ¿y a que no sabes quién hará de Neville?; sorpréndeme, dije...; Will Smith; ¡pfffffff!..., no me jodas; lo que oyes, tío...; ¿y de Cortman?; ¡¿Cortman?!... quién cojones es ése...; y después se marchó pensando que debía estar loco y yo seguí a lo mío. Todavía resonaban en mi cabeza los rumores de aquella adaptación, por suerte frustrada, con Swarzenneger y Ridley Scott; hasta que no lo viese no lo creería; cabía esperar el milagro...

El Fantasma de las Navidades Pasadas

En fin, que el tipo sabía quién era Neville pero no recordaba a Cortman..., qué diablos, puede que ni siquiera hubiese leído la novela, a lo mejor sólo había visto a un crístico e interracial Charlton Heston dejándose crucificar por monjes albinos antiglobalización... El caso es que la pregunta sobre Cortman no es todo lo friki que parece a simple vista. Porque sin Cortman no hay "Soy Leyenda" que valga. Él tiene la mejor frase de toda la novela; la mejor escena. Cortman vampiro, cada puta noche, ante la casa del último hombre vivo sobre la Tierra, gritándole, invitándole a formar parte del nuevo orden: "¡Sal, Neville!" Hay que ser un guionista muy incompetente o un director muy cegato para no aprovechar semejante escena...

Charlton Heston Vs. Los Jesuitas con Psoriasis

Pero, como decía, entrar hoy día en un cine es regalarles la ocasión de llenarte hasta la calva de mierda. Por asumido que lo tengas, que te darán por saco sí o sí, sólo eres un débil pedazo de carne humana, así que terminas dándoles la oportunidad... Y en efecto, no hubo lugar para Ben Cortman, como tampoco lo hubo para su terrorífica letanía: "¡Neville, Neville!... ¡Sal, Neville!", porque en realidad en momento alguno hubo intención de trasladar la "leyenda" de Matheson a la pantalla, antes al contrario, desde el principio tuvieron claro que lo que querían era convertir en "legendaria" esta tomadura de pelo, auténtica donde las hubiere, como no recuerdo otra desde, por lo menos, "El Sexto Sentido" de Mr. M. Night "tramposo" Shyamalan.

‹‹¡Sal, Neville!››

En cierto modo el cine yanki, la industria cinematográfica yanki, era la menos indicada para contar una historia en la que el bueno adviene monstruo y los malos pasan a conformar el canon de normalidad. Sabemos que en Hollywoodland, y por extención en el mundo entero, desde que derribaron el par de torreones, no hay escalas de grises; el malo es malo, muy malo; y el bueno es bueno; buenísimo. Y punto. Hasta me escama que el libro de Matheson no haya sido poco menos que prohibido por la administración Bush, teniendo en cuenta lo que subyace a sus líneas... ¡Ah!, no..., espera, que los hay por allí que todavía no saben leer entre líneas...

Richard Matheson

Bueno bueno, ingenuos lo justo, está claro que leen entre líneas, por eso mismo acto seguido las manipulan a su antojo, no hay quien los iguale en eso, qué duda cabe. Porque al fin y al cabo lo de menos son esos pequeños detalles, a saber; que el Neville de Matheson es un ario del montón, fumador y borrachín, sin formación científica alguna, que se pasa la mitad de la novela más salido que el pico una plancha; mientras Will Smith ni fuma ni bebe, ni por supuesto se la machaca, y encima es un virólogo de la hostia, cachorras de gimnasio, intachable oficial del Ejército, amante esposo y mejor padre. Un tipo made in USA al 200%. Qué importa si Neville era un tipo reservado y silencioso que escuchaba música clásica, si Smith puede ser un charlatán bocazas fanático de "Shreck" y de Bob Marley. Que te cambien vampiros conscientes por superzombis hidrofóbicos a lo Resident Evil, tanto da; puedes tragarte mal que bien toda esa bazofia...

‹‹Y el SIDA porque no me he puesto en serio, que si no...››

Pero por lo que ya no pasas, si es que tienes dos dedos de frente, es por la triple ración fast food de etnocentrismo yanki, por otro lado, nada subliminal -porque además es que ya ni se molestan en ser sutiles-. La idea central de Matheson es que la vida se abre camino, sea como sea, y los débiles se quedan en el camino. Llega el momento en que la humanidad sucumbe ante el advenimiento de una nueva raza, primitiva y brutal, pero superior, pues no en vano consigue sobrevivir a la epidemia. El tiempo de los hombres toca a su fin y comienza el de los vampiros, o como el propio Matheson los denomina al final de su libro, "los hombre oscuros"; vampiros mutantes, capaces de introspección y una vaga organización social. En este nuevo orden, Robert Neville, el último hombre vivo, que durante tantos años les dio caza, exterminándolos, es una amenaza a erradicar; un auténtico y peligroso "Conde Drácula" para la recién nacida sociedad: "Ellos le veían como un monstruo terrible y desconocido, de una malignidad más odiosa aún que la de la plaga. Un espectro invisible que como prueba de su existecia sembraba el suelo con los cadáveres desangrados de sus seres queridos (...) Neville observó a los nuevos habitantes de la tierra. No era uno de ellos. Semejante a los vampiros, era un anatema y un terror oscuro que debían eliminar y destruir (...) Un nuevo terror nacido de la muerte, una nueva superstición que invade la fortaleza del tiempo. Soy leyenda". En cambio, para la Nueva América parida el 11-S, la Humanidad es el supremo escalafón de la cadena trófica, puesta en dicha altura por mediación divina, y cualquier atentado contra los hombres es, en consecuencia, no sólo una horrorosa tragedia, también una contravención del orden establecido, que es -y debe ser- unívoco e intransferible. La Humanidad no puede morir, no debe morir, ergo la nueva sociedad de vampiros no puede ni debe progresar. Los vampiros -y quien dice vampiro dice todo individuo que nada contra la corriente de lo normal- están enfermos, y en consecuencia hay que curarlos, es necesario y esencial reestablecer el equilibrio; y ahí es donde entra en juego Robert Neville-Will Smith, el Salvador, el Nuevo Cristo Negro, guiado sin saberlo por la Divina Providencia, que ha de salvar a la Humanidad del Apocalipsis con su inmolación y, a la postre, "devenir leyenda" a ojos de la Nueva Humanidad que, merced a la abnegación y el sacrificio del Mesías Afroamericano, resurgirá de las cenizas en las que jamás debió convertirse...

Ne(gr)oCristo y el Apóstol San Perro

Pestífero lo cojas por donde lo cojas... Richard Matheson quiso que Robert Neville fuese primero Van Helsing para acabar convirtiéndose en Conde Drácula, y finalmente en nada. La industria yanki ha querido que Will Smith sea mártir ejemplar contra las hordas bárbaras -y terroristas- para acabar adviniendo Mesías de una Nueva y Mejor, Política y Moralmente Recta Humanidad. En el entretanto, aquellos que amamos el buen cine fantástico, inteligente y turbador, "Somos Historia"

Bukowski dejó este poema dedicado al cine, que tanto le aburría, y que por supuesto secundo:

"millones de dólares gastados para crear

algo que es peor que la vida real de

la mayoría de los seres vivos; nunca deberíamos sacar

entradas para el infierno"

28/12/2007 02:39 Autor: tannhauser. Javier Iglesias ©. Tema: Cine y Metralla Hay 5 comentarios.

31/12/2007

No ha de ser la Última...

‹‹Bueno, después de unos cuantos días con el cerebro en blanco, me he despertado esta mañana y allí estaba el título, me había llegado en sueños: Los poemas de la última noche de la Tierra. Se ajustaba al contenido; poemas que hablaban de la finitud, la enfermedad y la muerte. Mezclados con otros, por supuesto. Incluso algo de humor. Pero el título funciona para este libro y para este momento. Una vez que tienes un título todo ocupa su sitio, los poemas encuentran su orden. Y el título me gusta. Si yo viera un libro con un título como ése lo abriría e intentaría lees unas cuantas páginas. Hay títulos que exageran para atraer la atención. No funcionan porque el engaño no funciona››

El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco

Charles Bukowski

 

 

"Poemas de la Última Noche de la Tierra", del viejo Hank, el rudo Hank, el gran Bukowski. Del todo recomendable, aunque no os guste la poesía, aunque os hayan hablado pestes de él, hayáis oído decir que no fue más que un borracho malhablado que vejaba a las mujeres y se sacaba la minga en mitad de las fiestas. Recomendable hasta para aquellos a los que no les gustan los gatos... Porque estos poemas son lo que Bukowski siempre ha sido, lo que todavía hoy sigue siendo: energía y desengaño brutales, cinismo y lucidez extremas; el ser humano a cara de perro contra su propio reflejo en el charco de los lodos y la mierda.

Me gusta pensar en Bukowski allí, viejo y final, en su casa de Los Ángeles, con su mujer y sus muchos gatos, rebasados los 70 años, bastantes más de lo que debería haber vivido tal y como se trató durante la mayoría de ellos. Me gusta imaginarlo allí, por las noches, escribiendo en su cuarto, frente a su recién estrenado ordenador, música clásica de fondo, un cigarro en los labios y la botella no muy lejos.  Escribiendo, escribiendo, escribiendo...

Su vida terminaba y él lo sabía, lo presentía, supongo que llegado cierto punto, cuando has vivido lo suficiente, empiezas a tener la intuición sobre aviso: sabes cuándo se te acerca por la espalda, cuándo viene por ti. Y a pesar de ello siguió bebiendo, continuó arruinando sus días en el hipódromo, persistió día tras día en no dejar de ser, mal que bien, Charles Bukowski, o Henry Chinaski, o un tal Follaski, o un tal Rabowski, pues todos fueron el mismo. Mientras lo leo lo recreo allí, en aquel cuarto, lejos de todo y de todos, escribiendo, pensando: "bueno, el mundo sigue siendo más o menos el mismo cubo de mierda que era antes de mí y lo seguirá siendo después. Y así debe ser". Me gusta pensar que mientras escribía estos poemas de la última noche de la Tierra, escribía también "Pulp", su última novela, así como los pensamientos que a la postre, tras su muerte, conformarían "El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco", un diario póstumo. Recrear en mi cabeza esa mole de carne vieja y arrugada, fea y terrible, sabia y tan esperpéntica, escribiendo noche tras noche estos libros que tanto han hecho por mí, me reconforta. Me tranquiliza. Me proporciona un algo de luz.

¿Luz para iluminar la mierda? Pues sí. ¿Absurdo? Del todo, pero decidme algo que no sea absurdo, que no encierre en sí mismo su propio contrasentido. No pasa un día cuyo absurdo no te sierre las pelotas si es que estás dispuesto a mirar. Otra cosa es que quieras tener los arrestos...

Hay poemas verdaderamente infernales en este libro. Infernales, sí. Y salvajes, y cegadores, e hipodérmicos. Directos a la vena cava del espíritu, y una vez allí, la hacen pedazos. Te convierten en vegetal o te sacan de él: has de escoger, porque la indolencia no es una opción. Están, sin ir más lejos, "Aire y luz y tiempo y espacio", "La Muerte se está fumando mis puros", "El Infierno es una puerta cerrada", "Antes del SIDA", "El fulgor de los números", "Ahora", "Confesión", "Cero", "Enfermo", "En el Fondo", "Chapoteando", "No tenemos dinero, cariño, pero sí lluvia", "La Retirada de Bonaparte", "Aire Negro y Frío", "La Música Clásica y yo", "Orden de Bateo", entre tantos... Son demasiados como para traerlos aquí, pero quizá sea "Victoria" el que mejor resume cómo revuelve tus tripas al enfrentar su genio:

 

‹‹los tratos que hemos cerrado

los hemos

mantenido

y al cercarnos los perros de las horas

nada

pueden

arrebatarnos

salvo

la vida››

 

Hay días que pienso que podría terminar mi vida y no leer nada más, que todo lo que hay que saber ya está aquí. Que no hay más sorpresas. Que no hay más luz que aquélla que puedas, tal vez, hallar en ti mismo. Que no hay postre, en definitiva, y la cena, como ya es costumbre, estaba para tirar directamente a los cochinos. Aunque siempre quedará el hambre, ¿no?... o al menos debería quedar... debería quedar siempe algún tipo de hambre.

 

 

"La distancia más corta entre dos puntos es a menudo intolerable", lo escribió Hank en uno de éstos, sus últimos poemas; viejísimo, enfermo, quemado, acercándose a su Última Noche en la Tierra... Esta mía, en cambio, no será la última, han de venir más, no sé cuántas, pero tantas de ellas terribles; ya siento que es verdad...

 

31/12/2007 16:37 Autor: tannhauser. Javier Iglesias ©. Tema: Alucinario No hay comentarios. Comentar.




Temas

Archivos

Enlaces

Malditos y Heterodoxos

En la Trinchera, Calada la Bayoneta

Tierra de Nadie

Heridas de Letras

Cine y Metralla

Resistencia

Insomnia

Reus, Ciudad Muerta

Requiescat in Pace

Estadísticas

  • http://www.ecoestadistica.com/awstats.cgi?config=625263615
  • http://freelogs.com/stats/t/tannhauser/\\\" target=
  • http://www.nedstatbasic.net/stats?ACsE5goP5lyPobr8plupvhJcuqAA

Blogosfera

Revistas en Acción

 

 
Diciembre 2007 | Vida Puta y Sin Talento
Suscrí
bete a este blog. RSS 2.0 Este Blog ha sido creado con Blogia. Ver derechos de autor . Estadísticas. Admin. [Blogia colabora con 1001 relatos.]