Vida Puta y Sin Talento

TannHäuser. Año 5.

Terrorismo bloguero, escritura subnormal

Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2007.

03/05/2007

Matarratas, dánoslo hoy...

Las horas pasan demasiado rápido y en cambio los días se hacen interminables. Ahí hay algo. Una fisura en el sistema. Pero somos demasiado tontos o estamos demasiado dormidos. Nos acercamos, nos acercamos, caliente caliente, pero no acabamos de dar con el quid de la cuestión. Olisqueamos. Como ratas de laboratorio en el laberinto. Sólo que las ratas son más listas, ellas dan con la salida antes o después y nosotros nos quedamos aquí con cara de estúpidos, pidiéndole cuentas al aire, encerrados de por vida en el huevo de los segundos arrastrados.

La culpa es nuestra, en algún punto nos desviamos y ahora estamos aquí, y de pronto nos topamos de bruces con que no hay salida. Ni siquiera en Brooklyn. Selby está bien, dadle una oportunidad, pero no os dejéis engañar por el título. Él también se pasó la vida olisqueando, pero nada. Se quedó allí, sin salida, así que se sentó en el suelo y se puso a escribir. En fin, que tal vez este mundo no está hecho para ser entendido, rascas y rascas y sigues encontrando tierra, no importa cuánto sigas rascando, aunque te dejes las uñas, no encontrarás más que tierra seca. Porque una manzana es una manzana y un tomate es un tomate. No hay más.

Llegó Newton he hizo aquello de la mazana, aquello estuvo bien, buen truco. Todo un prestidigitador. Parecía un camino a seguir. Y después, bueno, vino un tipo que inventó la tostadora. De repente las mañanas daban menos náusea. Y desde entonces hasta ahora todo túneles sin ton ni son, sin orden ni concierto. Tú por aquí, yo por allí, y aquél atorado allí en medio, enquistado, cabezón como él solo. Tiene que ser por aquí, tiene que ser por aquí, se dice. Y lo ves todo obsesión y sudor y brazadas salvajes contra la tierra. Pasas poco después, a la semana, y miras, ya no escarba. Tal vez se ha muerto. Tal vez le dicta sus memorias a una grabadora. Al capullo que inventó la grabadora todavía no lo han pillado, sigue en busca y captura. Figuraos qué timo. Grabas tu gran discurso y estás contento, ufano, brillante. Feliz. Resplandeces y todo eso. Pero cuando le das a reproducir resulta que son tus palabras pero no es tu voz. Menuda cabronada. Eso y la fusión fría. Joder, si los pillaran habría que colgarlos, como a Mussolini, pero esta vez de los huevos.

Y claro, de un lado están los que hacen túneles, escarban, pugnan por romper el cerco. Alguno que otro puede que se parezca a Charles Bronson pero la mayoría son bastante más difíciles de mirar. Hay un problema con la cara humana, y es que siempre es distinta. No puedes abarcar semejante cantidad de formas, sinuosidades, malformaciones, fealdad. El disco duro de la mente no da para tanto. Así que es un método de defensa neural, ensombreces todos los rostros, los difuminas, o de lo contrario te colapsas, cortocicuito y se acabó. Y a ver quién es el guapo que encuentra en medio de toda esta negrura una caja de cerillas... Bien, lo que decía, que los hay que escarban y casi ninguno tiene cara porque para qué carajo vas a almacenar toda esa ingente cantidad de rostros empitonados. Y luego, detrás, bien detrás, aguardando, están -estamos- el resto, los evadidos: queremos salir. Ni siquiera nos molestamos en olisquear, preferimos que nos lo den bien hecho. Como el bistec. Pero es un huevo bien duro éste. Se rompe sólo cuando te mueres, la espichas, y luego vete tú a saber: Pío, Pío, viene la cobra y se te traga entero.

Por otro lado, es verdad, no se me está dando nada bien esto de acercarme a la treintena. Pensé que sería más fácil, pero no, me está rebanando la sesera que es un gusto. Y lo que no es la sesera también. Me cago en todo. El otro día un chaval le dijo a un amigo: "No sé qué no sé cuántos, señor". "SEÑOR". Aquello lo jodió vivo. Noqueado en el primer asalto. Ya pueden romper sus apuestas, amigos. Y eso que él ha llegado a los 30 mucho mejor que yo. "¿Has visto?, me ha llamado 'SEÑOR'..." Y la verdad es que sí, bueno, no, verlo no lo vi, pero lo escuché, en estereo, con estas dos: "SEÑOR", y acto seguido su cuerpo inerte cayendo a la lona...

No hace muy buen día hoy. La primavera ha dicho que os den morcilla a todos, mugre, y se ha pirado unos días de vacaciones. Volverá pronto, pero no antes de que unos cuantos túneles hayan quedado copados por los cadáveres a medio podrir.

Esta mañana había un tipo escribiendo en la cafetería. Eso atrajo poderosamente mi atención. Me fijé bien antes de hacer nada, no fuese que la cagara. Pero no, estaba claro. No era yo. Ni mi doble. Alguien había tirado los dados en algún lugar pero cayeron fuera del tapete. Así que me acerqué: "¿Qué escribes, tío?"

-E=mc2 -me lo enseñó.

No tenía el matarratas a mano, así que lo dejé allí.

Y yo también lo dejo. Aquí. Por hoy. Mañana seguiremos rascando... 

 

03/05/2007 14:06 Autor: tannhauser. Javier Iglesias ©. Tema: Insomnia Hay 6 comentarios.

07/05/2007

Hasta pronto, Laputta, mendiós!

 

"Soy un perro katiusko,

tira un hueso

y te lo busco,

muchachita de ultramar.

Soy un perro katiusko,

tira un hueso

y te lo busco,

si me sacas a pasear"

 

Siempre que el nombre de Johnny Laputta me viene a la mente me acuerdo de estos versos; del perro katiusko, la muchachita del solar y esas gatas que primero te besan, sí, pero luego se lamen y se van...

Tuve por vez primera noticia de la existencia de Johnny Laputta a través de la magnífica revista Ojalatemueras! a la que ya dediqué un artículo en la hibernante VideoArenA. Todos los sujetos que hicieron posible aquel engendro de publicación eran maravillosos canallas y al tiempo no había uno que se salvara, estaban todos para que los encerrasen. Hernán Migoya, Rubén Lardín, Johnny Laputta, Vicente Muñoz Álvarez, elreydespaña... ¡Bendita locura la suya! 

 

 

Pero los textos de Laputta tenían un no sé qué especial, entre delirantes y alienígenas, que no podían dejarte indiferente... Artículos como "Por una cabeza todas las locuras. ¿Por qué nos gustan las mujeres cabezonas?", "Inside Christina (Ricci). La reina cabezona nos cuenta su historia", o el demencial "Diógenes ’El Perro’. Porque ya no quedan hombres", fueron su contribución, amén del poema del cándido cánido katiusko, a la efímera vida de tan ejemplar revista de cultura mastuerza. Diría que estos títulos hablan por sí mismos pero me estaría equivocando; hay que meterse de lleno, enfangarse de hecho, en el mundo creativo de este hombre sin par para saber a qué cojones de lírico infierno te estás enfrentando.

Y todo esto a cuento de qué. Pues a cuento de que, muy a mi pesar, Mr. Laputta ha decidido chapar su blog, atadita a la cama... ¿Por qué, Laputta..., por qué demonios?... ¡Me cago en dios! 

Hace dos veranos, mientras recababa información para el susodicho artículo sobre Ojalaremueras! me topé con la primera versión del blog de este hombre, alojado en blogia. Me fascinó de inmediato su modo de entender la escritura. Y aunque sea un tópico y por tanto esté bastante feo caer en él, con las letras de Laputta no hay término medio, o te vuelves adicto o lo mandas a la mierda a las primeras de cambio. Yo hice lo contrario que haría el común de mortales si se asomasen a sus cuentos y poemas. Me volví un adicto, cagüendiós!

Era como una especie de elixir, de fórmula stevensoniana, te entraban ganas de dejar de ser de una maldita vez Jekyll para volverte Hyde; ser otro, transformarte en, por ejemplo, ya que nos ponemos, Chufflo, sin ir más lejos, y cagarte en esta vida puta y sin talento: Mendiós!

Ahora Laputta se marcha y Chufflo se queda sin su dosis. ¿Os acordáis de aquello que os dije hace un par de posts, que si se sobrevive en este puerco mundo un día más es única y exclusivamente para perder? Pues eso, hasta el mismo Laputta lo dice: cuando el mundo va apara abajo, es mejor no estar atado a nada... 

Me queda al menos, más que el consuelo, el recuerdo de aquella tarde en Barcelona en que intercambiamos unas palabras usted y yo, Laputta, cuando le descubrí aquello -nada flaubertiano por otra parte- de "Chufflo, c’est moi!", y usted dijo: "¡Hostia putta, no jodas!", o algo así, y luego acto seguido me presentó, si mis sospechas no van erradas, al terrible y temible Rubén Lardín, aunque yo en aquel momento no me di cuenta, mendiós! Y después le fui a dar la murga un rato al Migoya para que me firmara su  "Putas es Poco". Y poco más desde entonces hasta ahora, todos un poco más viejos, más enfermos, más cansados...

 

Laputta en el centro, Lardín a la izquierda, descojonándose, y Chufflo de espaldas al respetable 

 

Migoya: "¿Pero de verdad te ha gustado el libro?" Chufflo: "¡Coño, que síiii!"

 

Las fotos de aquel encuentro, ya lo ve, no son muy buenas, qué se le va a hacer, pero en fin, allí estuvimos todos, que es lo que cuenta.

Le agradezco enormemente sus mercedes para con mi chuffla persona en su post de despedida. Ha sido usted un maestro en más aspectos de los que imagina. No dudo que antes o después, si ambos sobrevivimos a esta putta vida el tiempo suficiente, nuestras letras se volverán a cruzar...

Hasta pronto, Laputta, mendiós!

Chufflo.

07/05/2007 14:50 Autor: tannhauser. Javier Iglesias ©. Tema: Blogosfera Hay 3 comentarios.

10/05/2007

Adán desatado


El día sucede al día.

Como al pistón sigue un pálido fuego:

leve rumor de cadena de montaje

serpeando bajo los soportales de la percepción.

Y si me desviase del sendero marcado…

¿Entonces descenderías?

***

Cuántos otoños me has tenido aquí,

encadenado a la vida,

abrigando vuelos con el calor de mi aliento,

hasta al fin conseguir que toda mirada

no fuese más que tacto constante de piedras borrachas de cieno:

rencor de Dios en caldo de cultivo.

***

¿Cuánto más debí gritar?

¡¿Dirás que no me oíste?!:

“Estoy preparado,

puedo empezar a morir en cualquier momento”.

Y a cuántos te has llevado desde entonces…

***

No has de venir por mí hasta verme exangüe

-ya lo sé-,

enfermo, decrépito, cesante:

hace tiempo que te sé vampiro

de gríseos caninos y babas deletéreas.

***

Mientras fui sincrónico reloj de amor no me quisiste;

pura potencia de amor a estas luces y carnes:

gozo, locura, frenesí,

ciega pasión de pisar este mundo…

Tuviste que arruinarme.

***

Y ahora que soy esta pequeña máquina de odio

que noche tras noche -tremebundo- aguarda,

vendrás;

te conozco.

Ahora justo, en lo más bajo,

sí te parezco lo suficiente tierno

*** 

Descuida, amantísima altura,

que antes o después tú y yo nos miraremos.

Y si existe deidad más allá de tu abrazo

toda esta amargura que te debo

te atragantará:

con suerte en el ápice de tu bocado,

como un hueso de pollo,

una de estas costillas que me guardan

te ha de atravesar el pescuezo.

***

 

10/05/2007 02:27 Autor: tannhauser. Javier Iglesias ©. Tema: Esputos Hay 5 comentarios.

20/05/2007

El petate medio lleno

Intentas serenarte, pero es imposible, te das cuenta; otro de tantos pasos en falso. Un mal movimiento y estás fuera. A partir de ahí ya todo el rato a remolque. Eres peor. Nadie lo ponía en duda. Ninguno de ellos apostó por ti. Pero algunos a pesar de todo pusieron esperanzas en tu sorpresa. Que hicieras saltar la banca. Aunque les hicieras perder dinero, pero el gustazo ya nadie se lo arrebataba, verlo humillado así, agachando la cabeza, innoble y servil. De todos modos eso poco importa. La cagaste. Ahora eres un juguete en sus manos, una pelota, de arriba abajo, de acá para allá, te hace pasar por el aro. Donde quiere y como quiere. Ahí tuviste tu oportunidad. A partir de mañana abrirán sus puertas los mercados. Nadie preguntará. Cualquier brazo es bueno para acarrear el pescado. Llegaste a tu techo -el suelo de tantos- y ahora te toca bajar. Bajarás. Pero te quedan estos vagos minutos, la agonía del presente previo a la caída. El derrumbe. El hundimiento. Recuerdas medio noqueado los días en que soñabas cortar las nubes, hacerlas añicos con tus brazos. Acuarelas nervudas y sobresalientes. Naciste tarde, tu tiempo quedó demasiado atrás. Éstas no son maneras. Lo supiste desde siempre, lo intuíste a cada instante, oliéndolo en el aire, en la tierra, en las cenizas húmedas, amputadas.  No podría llegarse muy lejos con todo aquello, cierto, pero con todo lo intentaste. No hubo otra. Siempre fue eso o morir. Y de morir siempre se está a tiempo. Fabricado en materiales de segunda pero con un algo dentro. Inextricable. Materias primas extrañas, poco comunes, delirantes. Los días de fósforo y lodo terminaron. La Tierra clama, reclama colérica su ración de comida. Ya no vertemos la sangre como antes. Nos hemos vuelto egoístas. Se está quedando en los huesos, la está dejando en los huesos nuestra anemia institucionalizada. Sólo queda la enfermedad. Última salvaguarda. Bacteria. Bacteria. Bacteria... Poco a poco los pasos se vuelven quimeras, pesadas las piernas, echadas las almas a perder, queda únicamente el instinto de los segundos. Uno más. Otro más. Y otro. Así. Como los animales que nada saben de la cascada que se les viene encima. Hasta aquí el estertor. Después la nada. Sufrimiento relativo. Padecimiento cero. La barrera que nos enquista en la supervivencia, afán de locos. Cuando lo de Las Ardenas todavía no existías. Sólo materia oscura, preternatural, intrauterina. Abisal y vaporosa. Aquella mañana no hubo aviones. Aquella mañana tampoco hubo aves. Andaban surcado de obuses el cielo. LLegó Mctee y se acercó a Salinger. Por aquél entonces Salinger no era nadie. Sólo carne de cañón, como todos; los pies congelados, el estómago aterido, el culo apretado de miedo y, eso sí, en la mochila ya un puñado de buenos cuentos... "Menudo montón de mierda nos está cayendo encima, ¿eh?...jajaja...", y Salinger: "Agáchate, loco de las pelotas", y McTee: "ja,ja,ja...", y Salinger: "¡Quieres callarte, hijo de perra!", y McTee: "jajaja...", y Salinger: "¡Cállate mecagüenlaputa, nos van a volar los huevos a los dos por tu culpaaa!", y McTee: "¡JA, JA, JA...!", y Salinger: "¡Piradooo! ¡Sal de mi puta trinchera puto pirado de mierdaaa!", y McTee: "¡¡¡JUA, JUA, JUAAAAAA...!!!", y Salinger: "¡Mierda! ¡¡Mierda!!, ¡¡¡MIERDAAAAA!!!", y acto seguido salió de allí pitando, mochila al hombro, escabulléndose lo justo para salvar el pellejo. Segundos después gracias a tanta algarabía los boches afinaron puntería y le pusieron al McTee un obús por corona. Así. Reventar en mil pedazos y dejar de reír fue todo uno, el desgraciado. Y Salinger allí, acojonado, los ojos blancos y petrificados, lo que se dice como platos, sin acabar de poder encajar labio inferior con superior... ¿Es o no es como para partirse la caja?... Cuando se bajaron los humos y se hizo el silencio, el a la postre autor de El guardián entre el centeno se acercó a los restos de lo que fuera su pozo de tirador, ahora salpimentado aquí y allí y más allá de requemados jirones del rijoso McTee. Su petate, empero, había volado por los aires intacto... "Fijo que este hijo de perra tenía algo de papel...", y se puso a hurgar... No en vano Salinger se había quedado sin y aquella misma tarde, mientras aguardaba la noche y olía en el aire la carne quemada, había tenido una idea de lo más enorme y genial... Y bueno, todo esto no sé a cuento de qué viene, supongo que cuento y a cuenta de haber visto entre zapping y zapping un trocito de El desafío de las Águilas, con el Burton y el Eastwood haciendo el bestiajo, bueno, qué decir; me he puesto algo cachondo... En fin. Ya termina. Aquí. Punto, set y partido.

 

20/05/2007 18:02 Autor: tannhauser. Javier Iglesias ©. Tema: Insomnia Hay 7 comentarios.

27/05/2007

En Maria Cristina me esperaban

 

 

Desperté como suele uno despertar en los cuentos, de modo que no lo voy a describir; llegas a cansarte de tener que darlo todo mascado, así que allá cada cual con lo que le dé de sí la imaginación. Luego intenté desayunar, lo intenté de veras, con ahínco, pero el panorama frigorífico era desolador. En la alacena las cosas mucho mejor no andaban. Apenas un par de magdalenas duras -duras de verdad- y unas tortas de arroz hechas añicos, a saber cuándo caducaron. Apenas un culito de leche en el tetrabrik, auténtico llanero solitario de mi nevera. Probarla y escupirla fue todo uno. Agria como la mala leche de la madre que me parió, sobre todo el día aquél del sofá, cuando le prendí candela. Aquella mañana sí que no me faltaron leches

 

Conque bajé a la calle algo mosca, por el estómago vacío, ronroneando como los gatos gordos, llamando con saña al timbre de la gazuza. En Maria Cristina me esperaban, ya llegaba tarde, pero no podía presentarme en semejantes condiciones, muriéndoseme de hambre el cuerpo de entrañas para abajo. Podía ir al bar de la esquina, el del bizco cheposo: café con leche y cruasán, ¡menudo paraíso!, sí, pero no tenía un duro... Así toda mi puta vida, más tirado y arrastrado que la muda de las serpientes... Me metí de todos modos. El café no era café, era aguachirle, auténtica achicoria, mejunje ponzoñoso, de los de fundirte en el acto el intestino. ¿Y el cruasán? Para qué contaros… Más canijo que la picha del “Katiusko”, el pekinés de la Sole, mi vecina buenorra del quinto. Aun así me sentó todo de fábula, el brebaje porquerizo y la pasta raquítica, qué se le va a hacer: donde manda gusa no manda finolis…

 

Empecé a observar en derredor; izquierda, derecha; delante, detrás: visualizando poco a poco el “sinpa”. Pero el bizco cuasimodo, mal bicho de verdad, me tenía calado de antiguo, no me sacaba el ojo bueno de encima  –el malo le andaba por Palencia, como poco-. Joder… Me anduve los bolsillos. Sonaron a sincera y triste calderilla. No me quedo otra que apoquinar.

 

Corrí que me les pelé a coger el metro, las agujas del reloj me delataban. Me pitaban también lo suyo los oídos; a aquellas alturas de plantón fijo que el Santi andaba ya mentándole la madre a mis bisabuelos.

 

Línea verde. Verde que te quiero verde… Llegó la máquina y entré, había más de uno y dos asientos libres, cosa inusual a aquellas horas. Pero los rehusé. Me agarré a la barra y apoyé el culo sobre un respaldo: serían sólo tres paradas. El vagón reemprendió la marcha: sensación de traqueteo, pero no como la de los trenes…, o mejor: como traquetearían los trenes si sufriesen inmunodepresión… Siempre albergando imágenes absurdas, pensamientos fecales. Ése soy yo.

Pensé eso y pensé algo más que ya no recuerdo. Tampoco ahora me pienso molestar. Os fastidiáis. Había allí un par de ojos que me observaban. Fijamente. Bestialmente. Se me querían comer, a mí o a una parte de mí, así que me puse algo frenético y como estúpido; empecé a trempar… Y con la tontería ya iban dos paradas, el viaje se acababa y yo allí, sin saber qué hacer; porque todo va demasiado rápido cuando no toca y cuando toca ni te enteras. ¡Zas! Como el tipo aquel que conocí, ahora no recuerdo el nombre, que iba en moto a 130 por ciudad y de repente se le cruzó un 4x4 por donde no tocaba: se partió el cuello contra el marco de la ventana en lugar de salir despedido. Inconvenientes de espachurrate contra un vehículo de nuevo rico… Un segundo antes estás arriba y al siguiente ni siquiera está abajo; “no estás”, sencillamente. Ni por asomo. Pero allí estaban, y no muertos, bien vivos, aquellos ojos, el par, devorándome. ¿? Sí, eso mismo, interrogantes… Me pregunté qué debía. O si debía. Si decidía si debía antes de la siguiente parada ya me ocuparía después del cómo. O a lo mejor eso se lo dejaba a ella...

 

Fue entonces cuando ocurrió, la siguiente parada. Fin de trayecto, del mío al menos. Pero bajaron todos menos yo. Ella tampoco, claro. ¿Podéis creerlo?... ¿Por qué no me moví? Cualquiera sabe... yo ni siquiera aprobé al bachillerato, amigos. Y acto seguido no hubo tiempo para más, todo se fue a la mierda. El tren comenzó a correr, correr, CORRER. Al tiempo ella empezó a acercarse, acercarse, ACERCARSE. Y las luces se apagaron a su paso. Y ya no hubo más paradas. Y mientras en Maria Cristina, el bueno del Santi, esperando, esperando, ESPERANDO; cagándose en mis muertos… Aunque para entonces qué cojones importaba, ¡porque le estaban saliendo fauces! ¡¿Me oís?! Sí, joder, ¡COLMILLOS! Y todo lo que antes tuvo de bella lo tenía ahora de bestia cabrona que –estaba claro- se me quería zampar toda la carne… Segundos de incertidumbre… El metro venga correr, venga velocidad en pos de lo loca oscuridad, y los dos allí plantados, depredador y presa juntitos, apenas separados por centímetros. Ella sonriente, diabólica, babeando. Yo cagado de miedo. Entero paralizado… ¡Un momento! Joder… ¡JODER!... ¡Menos mal!... ¿Así que era eso?... El típico sueño. La típica pesadilla. El punto culminante. Aquella bestia parda se me iba a jalar, sin duda, pero justo un segundo antes yo despertaría, en mi casa, en mi cama, todo sudor y mala sangre, pero vivito y coleando, con un hambre del copón, y unas ganas de vivir la vida que no te las acabas, que no por nada tenía yo una cita esa misma mañana a la que no podía faltar en Maria Cristina

 

De modo que ya estaba hecho. Me tranquilicé: “Ya puedes venir, bestia inmunda, que estoy preparado, no te tengo miedo, que ya sé que todo esto no es sino un mal sueño”… Y a fe que lo hizo, la muy perra, se me echó encima con todo el equipo, toda lobuna destreza, y empezó a devorarme vivo… “Bueno, bueno… todo esto está muy bien, sabéis… pero es… es… ¡AAY!… bastante desagradable además de… ¡OUCH!… terriblemente doloroso… ¿no es ahora la parte ésa en la que se supone que despierto?…”

Se ve que no...
27/05/2007 16:44 Autor: tannhauser. Javier Iglesias ©. Tema: Chufflo Hay 12 comentarios.




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Mayo 2007 | Vida Puta y Sin Talento
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