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63 años después...

 

"Un soldado japonés que patrullaba el camino de entrada se acercó y cruzó la hierba, mirando a Jim. Fastidiado por la cantinela, estaba a punto de darle un puntapié con la bota gastada. Un resplandor inundó entonces el estadio, fulgurando sobre las graderías del sudoeste como si una inmensa bomba americana hubiese estallado en alguna parte, al noroeste de Shangai. El centinela vaciló, mirando por encima del hombro cuando la luz se hizo más intensa. Pocos segundos más tarde se desvaneció, pero una pálida claridad cubría ahora todo el estadio, los muebles robados, los coches detrás del arco, los prisioneros sobre la hierba. Estaban en el interior de un horno calentado por un segundo sol.

Jim se miró las manos y rodillas blancas, y observó el rostro flaco del soldado japonés, que parecía desconcertado por la luz. Ambos aguardaban el estruendo que seguía al relámpago de las explosiones, pero un silencio ininterrumpido cayó sobre el estadio y sobre la tierra circundante, como si el sol hubiese parpadeado, desanimado durante unos pocos segundos. Jim sonrió al soldado japonés; sintió el deseo de decirle que aquella luz era una premonición de la muerte, la visión de un alma pequeña que se unía a la gran alma del mundo agonizante"

J. G. Ballard

El Imperio del Sol

 

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10/08/2008 01:05 Autor: tannhauser. Javier Iglesias ©. Tema: Feroces Hay 8 comentarios.

Spaghetti Flash Dance

Mucho más que su del todo obsesión por destapar menudas y del todo apetecibles tetitas para acto seguido rajarlas de medio a medio, inclusive el pezón; más que sus escenas de interior, feúchas e inacogedoras como un retrete de extrarradio; más aún que sus zombis descompuestos y llenos de tiernos y vibrátiles gusarapos; o sus detectives ojerosos y machucados del hígado, del buenazo de Fulci lo que mola es su total carencia de simpatía por la inocencia en general y el ser humano en particular. No importa lo guapo o ingenioso, lo grácil, lo esbelto..., si eres el bueno de la película con Lucio pillarás. A Lucio habrá que agradecerle siempre que hasta a los canarios les fuese vedada una muerte natural.

Hijoputismo sin Cuartel 

Y eso que jamás lo dirías, viéndolo actuar en la pantalla, que esa pinta de bonachón encierra semejante espíritu cabronazo y malnacido, sobre todo si lo ves en su cameo en Murder Rock, que sale además sin las sempiternas gafas de pasta y parece aún más cándido e inofensivo, más como ginecólogo chistoso en una de Bud Spencer y Terence Hill.

"Ya te dije que lo hice sólo por dinero, nena..."

Pese a todo Murder Rock, también conocible como el sueño húmedo de aquella noche de verano, cuando aluciné que le cortaba las tetas a Jennifer Beals, es uno de los puntos más bajos de su carrera, una infumable exploitation sin casi pies y ninguna cabeza cuyo videado sólo recomendaría a aquellos frikópatas que todavía no han alcanzado la treintena, a quienes les quedan aún más días en el debe que en el haber, y que podrían por tanto -sólo tal vez- permitirse el lujo de dilapidar algo de su tiempo en tamaña desnatada basura, polo negativo de una de las grandes gestas del director romano dentro del celuloide perverso -y pervertido-, New York Ripper, auténtico cenit del sadismo gratuito y nefando. 

Con este Fulci te ríes poco y mal y no te escalofrías nada de nada. Apenas dos o tres planos de despelote, un asesinato demasiado chic -ensartamiento de teta mediante alfiler sombrerero-, así como varios contoneos pélbicos más bien poco briosos, nada pueden contra una banda sonora machacona y repetitiva y un ciclostilado esquema argumental, más baqueteado que las anginas de Jenna Jameson. En su descargo, que el meollo del asunto, las envidias y aspiraciones de los futuros danzantes y bailongos, como ya hemos comprobado en nuestras propias carnes merced a la puta tele, es un contexto que produce más asco que otra cosa y de ahí, supondremos, la falta de pulso del maestro, al que quiero imaginar consultando la hora después de cada toma.

Aunque precisamente por eso, porque los triunfitos y los fameros son tan profundamente asesinables echas en falta al auténtico Fulci y lo que éste hubiera hecho con sus higadillos. Cada uno a lo que fue lo suyo, coño, que para giallos con denominación de origen ya teníamos al puto Argento...

Ejemplo Práctico de Acupuntura Fulciana

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13/08/2008 22:27 Autor: tannhauser. Javier Iglesias ©. Tema: Cine y Metralla Hay 9 comentarios.

Drowned World: Último Verano de Lujurias y Azoteas

En Ballard la sombra del hongo nuclear de Nagasaki es alargada, su fantasma recorre de forma más o menos implícita el conjunto de sus libros, siendo hasta tal punto así que uno echa en falta una mejor traducción al castellano del título de su primera novela, El Mundo Sumergido -ya que el propio Ballard renegó siempre de El Viento de Ninguna Parte, su auténtico primer libro-, en inglés, Drowned World: el mundo ahogado. Por el agua, obviamente. Pero también por la radiación: "Dejó la laguna y entró de nuevo en la selva, y al cabo de unos pocos días había perdido el rumbo y caminaba a orillas del agua hacia el sur, bajo el calor y la lluvia crecientes, atacado por caimanes y murciélagos gigantescos, como un segundo Adán en busca de los olvidados paraísos del sol renacido". De hecho, toda mención del sol en Ballard no parece remitir nunca a nuestra estrella astronómica, sino a los abismos de luz lanzados contra Japón en 1945.  En Ballard toda fuente de luz y calor es, ante todo, "radiación". 

Nueva edición de "El Mundo Sumergido", en ocasión de la recién inaugurada

exposición del CCCB, dedicada a Ballard

Es precisamente la entronización del sol, esa deificación de la radiación, la base argumental de Drowned World. Un inusitado incremento de la actividad solar produce el aumento de la temperatura en el planeta y el consecuente deshielo de los casquetes polares y las nieves eternas. El agua dulce anega la civilización en pocos años y el calor extremo hace imposible la vida en la mayor parte del globo.  Un cada vez más reducido grupo de seres humanos consigue sobrevivir en las regiones septentrionales, cercanas al polo norte, donde la temperatura es aún soportable, libres aún, no se saber por cuánto tiempo, de las terribles tormentas y huracanes que asolan las regiones tropicales, que ahora se han extendido prácticamente a todo el planeta. La humanidad languidece lentamente en un estío sin fin... El Sol, antaño valedor de toda vida, decide imponer unilateralmente una dictadura de radiación que acabará a la larga con la mayor parte de formas de vida en la Tierra -incluida el hombre-, exterminio del que sólo parecen librarse la jungla mutante y los reptiles gigantes.

Porque Mundo Sumergido es una historia de extinción: "La temperatura se había elevado considerablemente, y Kerans pensaba que había viajado por lo menos doscientos killómetros hacia el sur. El calor lo invadía todo de nuevo, con temperaturas de cincuenta grados. Kerans se resistía a dejar la laguna de playas desiertas y el anillo silencioso de la selva. Sabía de algún modo que Hardman moriría muy pronto y que él mismo no podría sobrevivir en las junglas del sur". El fin inminente de Kerans se ha de convertir a medio plazo en colapso universal; la extinción de la especie. Ballard juega al despiste durante gran parte de la historia -no sé si conscientemente- hablándonos de una incipiente "involución psíquica", una readaptación al nuevo medio en forma de incursión neural en lo hondo de nuestros archivos genéticos. Las temperaturas y radiaciones extremas sacando a flote los códigos de tiempo impresos en nuestro genoma, fruto de miles de años de evolución, avocándonos a una regresión natural como especie en un intento desesperado por adaptarnos al nuevo ecosistema o morir: "No nos dejemos engañar por la brevedad de la vida del individuo. Cada uno de nosotros tiene la edad de todo el reino biológico, y nuestras corrientes sanguíneas son ríos que desembocan en el vasto océano de la memoria de ese reino". Los personajes de Mundo Sumergido, cada vez más "ahogados", más "asfixiados" en esa tiranía de radiación, empiezan a ser víctimas de sueños -que no son tales, que más bien parecen "antiguos recuerdos orgánicos de millones de años atrás"-, y a desarrollar una reorientación de la personalidad, dirigida al pasado, apuntada al reptil, abandonándose a la inacción y la abulia, sometidos a la humedad y el calor terribles, prácticamente como largartos tostándose al sol.

Edición de la mítica -y horrífera- colección Galaxia Ciencia Ficción de editorial Vértice,

pagué por ella 25 pesetas en un rastro, se cae a pedazos...

No es casualidad, por tanto, que Ballard nombre a los reptiles de nuevo herederos de la Tierra tras este silencioso, agónico, térmico apocalipsis; en ellos predomina ese "cerebro reptiliano" -concepto tan caro al escritor británico- que en el hombre, por contra, es tan sólo una evolución pretérita, un estadio superado y oculto bajo el dominio de la autoconsciencia y de un pensamiento privilegiado. Pero ha regresado el tiempo de los lagartos, y con él la sentencia para el homo sapiens, que siente la llamada del Sur, el instinto del Sur, como esas ballenas moribundas sintiendo el canto de sirena de la última playa, la playa terminal; viajar hacia el sur implica la desmbocadura, el fin de la camino. El ocaso. Que es a la vez el descenso al tiempo ubicuo y expandido, la ataraxia del último atardecer: "Kerans sentía entonces una angustia exquisita y tierna, y anhelaba que este descenso por el tiempo arqueopsíquico llegara a su fin, tratando de no pensar que en ese entonces el mundo exterior se habría transformado en algo extraño e insoportable (...) Pero ambos estaban cada vez más encerrados en sí mismos, descenciendo al tiempo total".

Ediciones originales de 1962 y 1966

Las historias de Ballard destilan un mucho de crepúsculo, el mundo, la realidad tal y como sus personajes la conocían se apaga mientras una fuerza innominada empieza a removerse en su interior, pugnando por iniciar una aventura psíquica de insospechados alcances; el colapso del paisaje exterior desencadena el desarrollo tumoral del espacio interior, no siempre maligno aunque sí fuera de toda escala humana de valores. Las crisis ballardianas implican un dejar de ser humanos. En ocasiones es un simple y conciso dejar de ser, como en Mundo Sumergido; otras un dejar de ser humanos para ser otra cosa, como sucede en Crash. El concepto de "nueva carne" debe casi tanto a Ballard como a Cronenberg, era lógico que ambos acabaran encontrándose...

Con todo, Mundo Sumergido deja qué desear en algunos aspectos, Ballard no está aún en ese momento dulce como narrador y creador de malsanas arquitecturas psicológicas que alcanzará una década después con su "trilogía urbana", formada por Isla de Cemento, Crash y Rascacielos, cuyo turbador prólogo, Exhibición de Atrocidades, es todavía hoy un libro inclasificable. En Mundo Sumergido, en cambio, todos los personajes, a excepción de su protagonista y narrador, Kerans, están esbozados con esa misma desgana y abulia que parece adueñarse de ellos en la novela; sin apenas desarrollo y evolución, su contribución es demasiado pobre. El mejor ejemplo es la figura de Beatrice Dahl, auténtica mujer-florero cuya simbología en la narración equivale a cero, y cuya única función en el libro parace ser mantener un idilio con Kerans, amén de representar el típico y tópico papel de frágil e indefensa dama en peligro... Aunque el peor lastre de la novela es, con diferencia, la figura del albino Strangman y su tropa de negros cazadores de tesoros submarinos -¡blanco y negro!, menudo maniqueo contraste...- Este Ballard primerizo en la larga distancia, quizá consciente de que estaba escribiendo una novela en la que "no pasaba nada", sintió la necesidad de "asegurar" el tiro introduciendo las prescindibles fechorías de Strangman y sus gratuitas orgías de cráneos, directamente sacadas del Señor de las Moscas; un poco de acción a mitad de libro, en suma, para saciar el apetito de editores y lectores ortodoxos. Con el paso de los años y las novelas Ballard conseguiría convertir en sello personal esa -tan sólo- aparente "inacción" en sus novelas. Y siempre es curioso en este sentido acabar encontrando aquí o allá por leer críticas al autor británico por la morosidad con la que desarrolla sus tramas, cuando ésta es precisamente una característica esencial  de la narrativa ballardiana, en la que la acción siempre se desarrolla en el interior de los personajes, no en el exterior. Acción, por tanto, psíquica, neural, y como toda evolución -o involución- a nivel mental; desapercibida, lenta y progresiva, casi siempre, también, irreversible.

A cambio de estos desequilibrios e inseguridades narrativas, Ballard es ya a los 30 años el poderoso creador de imágenes que conocemos: "Tarde o temprano una de las tormentas  térmicas caería sobre la embarcación y la anclaría para siempre en una calle sumergida, a treinta metros de profundidad"; "Durante las noches siguientes, en sueños, Kerans había visto a Riggs vestido de Guillermo Tell, arrastrándose  por un vasto paisaje daliniano, plantando pastosos relojes, como dagas, en una arena fundida"; "Eran ya las siete y treinta y la luz brillante del sol que se reflejaba en la laguna metía los dedos en la habitación oscura como un codicioso monstruo dorado"... Pura poética ballardiana, nunca exenta de ese singular tono decadente y enfermo.

La portada de la izquierda se acerca vivamente al texto de Ballard,

la de la derecha, de Penguin, es sospechosa: empieza uno a ver claro

de dónde sacaba Martínez Roca sus diseños... 

Mundo Sumergido, en definitiva, inicia la tetralogía ballardiana sobre las catástrofes -vendrán después La Sequía, El Día Eterno y Mundo de Cristal- a un nivel más que notable pese a sus rémoras, rebatiendo, a mi juicio, a quienes tachan esta su primera tentativa sobre la larga distancia de aburrida o tocada por la indefinición, sobre todo si se tiene en cuenta que hasta el Ballard más asequible -como podría ser éste- exige siempre del lector un plus en capacidad de extrañamiento, así como cierta voluntad de abismación en lo perverso.

Tan es así que el mismo Ballard, consciente de que su obra habría de ser una isla desolada en mitad del panorama narrativo de su época, quiso desmarcarse de sus coétaneos ya en su primera novela, autores de ciencia ficción en su gran mayoría más preocupados por el futuro del hombre más allá del planeta Tierra que por las potencialidades encerradas en su propia mente: "Examinó a Kerans críticamente, mientras el doctor esperaba que le pusieran la escafandra. Diseñada para inmersiones de no más de diez metros, era una bola de plástico transparente, con dos barras metálicas laterales, y permitía una visibilidad máxima.- Le queda bien, Kerans, parece usted un hombre del espacio interior". Quizá Ballard ya sospechaba entonces que por mucho que la ciencia ficción se empeñe en augurar lo contrario, nunca saldremos vivos de este planeta...

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Un Barceló que se apaga...

Cada vez que el señor Miquel Barceló tiene a bien salir a las palestras para deslumbrar al personal con sus opiniones me apercibo de cuán antagónicas son nuestras posiciones respecto a lo que es -y debería ser- la literatura de ciencia ficción. Siendo hasta tal punto así que hace ya tiempo que albergo la sospecha de que para el señor Barceló el concepto "ciencia ficción" excluye por definición el de "literatura". Su última ristra de sectáreas -y milenaristas- declaraciones respecto al actual estado "del género" no ha hecho sino reafirmarme en dicho parecer; el de que a este señor lo que le pone en realidad no es la ciencia ficción en sí, sino -única y exclusivamente- "formar parte" de ella.

"En la historia de la ciencia-ficción hay épocas de vacas gordas y de vacas flacas. Ésta es de flacas. Es algo cíclico. Pero ahora es más serio, mucho más serio, me temo". No está mal para comenzar, ya de entrada suena a batallita del abuelo y al típico y tópico estas cosas con Franco no pasaban, que es lo mismo que decir que mientras yo fui joven y formé parte de la Guardia de Hierro las cosas estuvieron en su sitio, pero ahora que el futuro está en manos de las nuevas generaciones y escapa a mi alcance, no sé, no sé..., no sé cómo va a acabar esto. En catástrofe, lo más seguro... Parece talmente como si ahora que la mayoría de autores punteros de la Edad de Oro de la ciencia ficción han desaparecido, Barceló -ya talludito a su vez- pretendiera convertirse al tiempo en albacea testamentario y espoleta retardada sobre la obra y la memoria de toda una generación de escritores y una manera de hacer ciencia ficción, un algo así como decir, bien, vosotros ya os fuisteis, camaradas, yo mismo desapareceré muy pronto, pero vuestro recuerdo estará a salvo junto a mí, os arrastraré a todos conmigo al fondo de la tumba. Un arranque pueril y senil de gratuita nostalgia justo antes del abismo. Resulta de todo punto chocante en alguien que -en teoría- ha vivido y trabajado por y para la ciencia ficción que justo a estas alturas -sus postreras- nos salga con lo de que cualquier pasado fue mejor...

 

Enemigo Mío...

Hay en su discurso, no obstante, puntos mucho peores y más preocupantes que este vosotros los jóvenes ya no sabéis hacer las cosas, sin ir más lejos uno de los motivos que, según Barceló, explica la actual crisis de la ciencia ficción escrita: "La realidad deja obsoleta pronto cualquier predicción o hace ridículos los escenarios imaginados. Por eso una buena parte del género se dedica desde hace tiempo al futuro cercano, inmediato, más controlable, como hizo Gibson con Neuromante y como ha hecho el ciberpunk. El futuro lejano interesa menos (...) Hay un cambio cultural: creo que podríamos vaticinar la muerte de la ciencia-ficción por disolución en el contexto". En palabras del propio Jacinto Antón, a la sazón redactor del artículo -y la entrevista- de marras: "En general, la especulación parece haber perdido el sentido que tenía antes. El mañana está tan cerca que se come la ciencia-ficción". Casi ni me voy a manchar en rebatir semejante memez, porque es que no hay por dónde cogerla. Solamente añadir que, si uno quiere -y ahí está la diferencia esencial-, si uno quiere, como decía, no importa lo rápido que corra tu presente, el futuro estará siempre, como mínimo, a un horizonte de distancia. Ahora bien, si lo que quieres decir en realidad es que la imaginación de los escritores de hoy en día no está a la altura, o mejor, que no escriben la ciencia ficción que a ti te gustaría que escribiesen, bien, entonces pienso que hay mejores maneras de decirlo, formas más francas de expresarlo, más honestas, menos tramposas, y que, por lo menos, no te hacen quedar como un  idiota.

Precisamente porque -tal y como concluye el mentado Jacinto Antón- las nuevas generaciones son tecnológicamente las más punteras que ha habido nunca, debería ser al revés, los escritores de ciencia ficción con posibles deberían conectar más y mejor con ellas. Aquí el problema es muy otro y el propio Barceló se mete la viga en el ojo propio: "Si nos fijamos en los autores clásicos que mejor continúan funcionando, dentro de la crisis, son los de la ciencia-ficción más cercana, los de los mundos interiores, personales, obsesivos, muchas veces mundos enajenados, insanos, autores de los que atrae, más que la ciencia, la complejidad psicológica, muy interesante para la gente de hoy. Escritores como Philip K. Dick o Ballard. Significativamente, son autores que, como en el caso de Ballard, han ido saliéndose del género o creándose un lector propio". Ay amigo, ¡ahí te pica!, lo que pasa es que la ciencia ficción que tú defiendes ya no es del gusto de los que suben. He aquí la madre del cordero. Es la ciencia ficción dura la que tiene los días contados y es precisamente eso lo que te pone de los nervios. La ciencia ficción de las fórmulas químicas y matemáticas, de altos vuelos alfanuméricos, sólo apta para ingenieros y doctorados en física, la que está de capa caída, porque en el fondo, señor Barceló, ya desde mi primera lectura de su "Ciencia Ficción: Guía de Lectura", se me antojó usted un endogámico, un sectario y, por supuesto, un corporativista. Si por usted fuera -y en esto, creáme, exagero sólo lo justo para alcanzar la hipérbole- la ciencia ficción prescindiría de metáforas, elipsis, imágenes, personajes, simbología..., y observaría la justa y necesaria sintaxis para servir de apoyo a la interminable sucesión de ecuaciones, signos, números y demás álgebras.

 

La nueva edición de su Guía de Lectura es como ciertos Apocalipsis,

se anuncia y se anuncia, pero nunca llega...

De ahí que vaticine la muerte de la literatura de ciencia ficción, de la que, si por usted fuese, despojaría de toda "ficción" y -sobre todo- de toda "literatura". De ahí también que yo me atreva a decir que a usted lo que le interesa no es la ciencia ficción, sino formar parte de la ciencia ficción. No la ciencia ficción entendida como obra de arte, vehículo de expresión y comunicación, sino como gueto -gueto, además, de Varsovia, completamente en ruinas-, y cuanto más gueto y más destruido mejor, así aparecerán usted y los suyos ante el mundo como el último bastión, la vieja guardia que defendió el reducto hasta el último hombre.

Es la misma razón que explica su indignación ante el intrusismo: "La literatura digamos convencional se ha permeabilizado a los contenidos de ciencia-ficción de una manera que parecía impensable. Se han roto muchas barreras. Pasó con Criptonomicón, de Neal Stephenson, publicitado como libro para hackers y muy vendido. Se intenta con Spin, de Robert Charles Wilson (sobre un escudo misterioso instalado por unos alienígenas en torno a la Tierra), presentado como matrimonio entre la ciencia-ficción hard y la novela literaria y que ganó el Premio Hugo en 2006 (...) Pero la buena ciencia-ficción en última instancia pierde en esos formatos". La "buena ciencia ficción", que en su caso, señor Barceló, siempre es la ciencia ficción dura, tengámoslo presente. Qué peligrosos absurdos alcanza su sed de élite: el matrimonio entre la ciencia-ficción hard y la novela literaria como un formato menor, antes incluso de juzgar la calidad intrínseca de la obra. Otra más en su larga lista de porque síes. El único motivo que explica su histórico rechazo al mainstream -publicación de obras no de género por parte de autores de género- y al slipstream -publicación de obras de género por parte de autores no de género- es que dinamitan las fronteras de su querido gueto, de su amado género. Porque a usted ya le va bien que la ciencia ficción en general -y sobre todo en España- siga siendo ante todo género, sobre todo gueto, no sea que se le expanda el reino, se le caigan las fronteras y pierda su condición de pope del gremio, deje de ser el pequeño rey tuerto en el país de los gafapastas ciegos e irredentos.

 

Puta basura...

 

Le echa gran parte de culpa al mañana, que se nos echa encima -tremenda gilipollez- y al mestizaje entre géneros -que acabará con su amado y monolítico género-, y denuncia también que cada vez se lee menos: "el lector de ciencia-ficción típico es una persona interesada, en mayor o menor grado, en temas tecnológicos. Es una persona que pasa mucho tiempo en internet y ese tiempo ya no lo dedica a leer. Y está el audiovisual. El aficionado a la ciencia-ficción, al que siempre le han encantado las películas, encuentra un acceso ilimitado a ellas y a las series de televisión del género en la red, puede bajarse lo que quiera y verlo tranquilamente en casa. En referencia a la televisión, estamos hablando de muchas horas: las diez temporadas de Stargate SG 1, las cuatro de Stargate Atlantis, todos los capítulos de Battlestar Galactica, Star Trek... ¿Cuánto tiempo significa eso de recorte de lectura?". Interesante conjetura, aunque tan sesgada que sonroja, porque amigo mío, tal vez sí sea cierto que se lee menos, pero en todos los ámbitos, no sólo en el de la ciencia ficción. En contraposición veo que no incide usted en la que está sí está siendo una de las ruinas principales de la ciencia ficción y la literatura fantástica, y que sólo se da en estos dos géneros; la proliferación indiscriminada de franquiciados y sagas, de nula calidad tanto a nivel literario como anticipativo.

De las editoriales que inundan las librerías de subliteratura crematística y bastarda que ni siquieran merecen el -por otro lado honorable- calificativo de "pulp", usted, estimado señor Barceló, no dice nada.  De los muchos escritores -espoleados por los editores vampiro, cómo no- que se venden al mejor postor pergeñando inacabables y burríferas sagas, explotando ideas y universos que ya se agotaron en su primera o segunda secuelas, por la sencilla razón de que es mucho más fácil y rentable eso que buscar nuevos horizontes, usted, estimado señor Barceló, no dice nada, se calla la boca, muy probablemente porque editor como es, su parte de culpa tendrá en el asunto.

 

Más puta basura...

 

Le voy a confesar, de todos modos, por qué yo, que empecé leyendo ciencia ficción, me alejé de ella. Porque la mayoría de obras y autores que usted y gente que piensa igual que usted proponían como obras maestras estaban escritas con el mismísimo orto. Y yo, en oposición a usted, valoro primero la literatura -cómo me cuentan una historia-, después la ficción -qué historia me cuentan-, y en última instancia la ciencia -si la fórmula matemática es o no la correcta.

Por eso sigo volviendo a la ciencia ficción de cuando en cuando, porque pese a todo hay y seguirá habiendo cantidad de obras y autores que lo traigan por la calle de la amargura. De Ballard escribió usted que "en general, pese a su calidad literaria, sus novelas y relatos carecen de la amenidad que otros autores británicos como Aldiss y Brunner saben proporcionar a sus narraciones"; de Thomas Dish, "que sus últimas obras le caracterizan cada vez más como el típico escritor e intelectual neoyorquino dedicado a la ciencia ficción"; de Stanslaw Lem, que su obra "apela ante todo a la reflexión y al sentido crítico del lector, sin desdeñar el tono de parábola en muchos de sus relatos. Tal vez por ello ha superado claramente el ghetto de la ciencia ficción, y sus obras se editan actualmente fuera de colecciones especializadas"; de Philip K. Dick le resultó un tanto sorprendente y exagerado su éxito,"especializado en la irracionalidad de lo real en el seno de una literatura como la ciencia ficción, cuyos principales móviles parecen haber sido siempre la lógica y la racionalidad". Desde luego usted y yo estamos condendos a no entendernos...

La suerte para tantos de nosotros, que le enfrentamos, que no compartimos su elitista a la par que pobre canon, es que una vez la galaxia Barceló se haya apagado, la estrella de la "buena ciencia ficción", la de los escritores de raza y no la de los científicos de pluma accidental, seguirá brillando... 

 

 

Philip K. Dick, demasiado bueno para ser "barcelonista"...

-que los culés me perdonen el chiste barato. O no.

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24/08/2008 19:46 Autor: tannhauser. Javier Iglesias ©. Tema: Heridas de Letras Hay 15 comentarios.

‹‹No Country for Old Men››: Para Viejos no sé pero Hijos de Puta sí había unos cuantos...

 

Para Dr. Acula, todo un No Blogger for Old Men

 

Hoy, en MaintreaM: "No es País para Viejos"

 

Josh Brolin, que, recordémoslo todos, fue el tonto que se dejó maniatar por los mocosos y estúpidos y goonies de Sean Austin y Corey Feldman, todo y que les sacaba dos cabezas, piensa que porque han pasado los años y está más cerca de la muerte él es más inteligente que entonces y nosotros nos hemos olvidado de que también se pegó el rijostio padre y estúpido y goonie yendo por mitad de la carretera montado en una minibici rosa de chica. En semejante pensamiento se entretiene cuando se encuentra con un montón de mexicanos muertos y reventados, y un montón de pasta y dice: "esto pa mi bodi, nenes", y se larga de allí, el muy hijo de puta, dejando tirado a un mexicanillo moribundo, pobre, que sólo le pedía agua...

Brolin que, como ya hemos dicho, es un poco bastante lelo porque, entre otras cosas, los genes no perdonan una y él, para más inri,tuvo una madre capulla y disléxica y goonie que soltaba lindezas del estilo de: "Como vuelvas sin tu hermano te voy a hacer el  hare krishna" -en lugar del semánticamente correcto "hara kiri" o "sepuku"-, piensa, en cambio, que es muy listo, el menda, porque la inteligencia crece como el bigote falso o la regalan con los cereales del desayuno, y cree firmemente que le dejarán quedarse con semejante morterada de pasta por su cara bonita -es un decir, claro-. No sabe que andan por ahí buscándola -la pasta, no su cara de asaltaestablos-, por un lado, unos mexicanos chingosos e hijos de puta -amigotes de los mexicanos desventrados e hijos de puta del anterior párrafo-; y por el otro, Javier Bardem, que es el más inteligente y listo de todos, el primero de la clase, vamos, ya que viendo que no le dieron el Oscar por hacer de intelectual comprometido -y homosexual- pensó que entonces seguro que se lo darían por hacer de asesino piscópata pirado hortera -e hijo de puta- de las narices. Y no se equivocó.

Pero eso ahora no viene a cuento, porque lo que interesa es que Brolin tiene la pasta que los mexicanos y Bardem quieren, de modo que tenemos un problema. Empieza la cacería. Los mexicanos le echan el chucho, que sí, también es bastante hijo de puta, o mejor dicho, hijo de perra, pero no lo suficiente, pues Brolin lo machuca de un tiro descerrajado en pleno cánido rostro mientras el perruco de marras se las daba de Supermán. Bardem, en cambio, que es una máquina de matar mucho mejor engrasada y además está por la causa global y ecológica, utiliza un pistolón de aire compimido que casi casi consigue meterle un balinazo por el cacas al bueno de Josh.

En éstas que aparece Woody Harrelson, que no sólo es otro hijo de puta más que se suma a la fiesta, sino que continúa teniendo la misma cara de cretino que ha tenido toda su puta vida -véase Cheers-. Pero Woody tampoco es ninguna lumbrera, sólo hay que echarle un vistazo para darse cuenta, y a Javier Terminator Bardem no le gusta nada esa cara de capullo que se gasta, de modo que así se lo hace saber, en forma de perdigonazo descerrajado en toda la jetorra. Un hijo de puta menos.

Pero, ya que hablamos de hijos de puta, curiosamente, no hemos hablado del Más Grande Hijo de Puta de esta Historia, que no es otro que el viejo y old men de Tommy Lee Jones, a la sazón Sheriff del lugar, que debiera, en teoría, intentar salvar la vida de los buenos y enchironar a los malos, pero el muy cabrón y cobarde -e hijo de puta-, con la excusa de me falta una semana para la jubilación,  lo único que hace durante toda la película es rascarse las pelotas, hacerse el despistado y apañárselas para llegar tarde a todos los tiroteos y así no tener que enfrentarse con nadie. Por eso los mexicanos hijos de puta del segundo párrafo se cargan al hijo de puta de Brolin, y mientras el Hijo de Puta de Tommy Lee Jones mirando...

Y Bardem se carga a la mujer de Brolin, la pobre -que era una santa, aguantó a la hija de puta de su madre y su puta lengua chismosa hasta que ésta la espichó de cáncer, y luego va encima y le paga el entierro y todo-, mientras Tommy Lee Jones mirando...

Y un conductor despistado -e hijo de puta- estampa su coche contra el Bardem por saltarse un semáforo en rojo, pero Bardem es más duro que el alcoyano, no estira el horrendo flequillo Pantén ni a la de tres, el muy hijo de puta, y mientras... el hijo de puta de Tommy Lee Jones mirando...

Y luego llega a casa y su mujer, que es la única que no es una auténtica hija de puta  -junto con la mujer de Brolin, que en paz descanse- porque le tiene a su maridito los huevos y el beicon y el café siempre a punto, y le pregunta: "Qué, cariño, qué tal el día...", a lo que Tommy Lee Jones, AUTÉNTICO Y VERDADERO HIJO DE PUTA, responde: "Hoy se me han escapado los malos por muy poco, cielo, pero verás mañana... me van a oír... mañana si les voy a dar bien por el culo..."

Y ya está, así terminó "No es País para Viejos", con un buen montón de hijos de puta menos pateando este cochino mundo, un Terminator más efectivo que Terminator en busca de peluquero, y otro viejo chochales cabrón, cobarde e hijo de puta, disfrutando de una jubilación inmerecida.

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29/08/2008 02:17 Autor: tannhauser. Javier Iglesias ©. Tema: MainstreaM Hay 6 comentarios.




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