Vida Puta y Sin Talento

TannHäuser. Año 5.

Terrorismo bloguero, escritura subnormal

Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2008.

03/02/2008

¡Sniper!


La escritura como herida, como miedo, como absceso. La escritura como pánico. Como tomahawk. Un arma arrojadiza.


“La literatura no es un oficio, es una enfermedad; uno no escribe para ganar dinero o caer bien a la gente, sino porque intenta curarse, porque está infectado, porque lo ha ganado la tristeza”. Le leo esta declaración a Ricardo Menéndez Salmón en el número de enero de la revista Quimera. Autor de una de las novelas revelación de la pasada temporada, “La ofensa”, que leí más o menos por estas fechas ahora hace un año, o eso creo, ahora no tengo en mente el mes concreto, pero sí que hacía frío, como hoy. “La ofensa” no es exactamente una “novela”, es lo que algunos gustan de llamar “novelette” y otros “novella”, tal vez Unamuno la hubiese calificado de “nivola”. Ni estoy seguro de que sea una “novela corta”, más bien se me antoja como un “largo cuento extraño”. Recuerdo que empecé a leerla en la cafetería de la estación, mientras esperaba el tren, luego, ya en marcha, no pude ni quise dejarla; pensé: “bueno, he aquí un tipo que sabe escribir”. Había mucho trabajo en cada línea, en cada párrafo, se notaba, pero no lo suficiente como para molestar. Fluías. No tenías que darte de cabezazos contra los párrafos para desbrozarlos y ver qué había detrás; no todas las escrituras ambiciosas pueden decir lo mismo. Y la de Menéndez Salmón lo es, qué duda cabe. Ambiciosísima.



Llegó el tren, llegué a Barcelona, Paseo de Gracia, encrucijada de un mundo en tránsito hacia mi interior apocalipsis. Coger el tren aquella mañana no había tenido ningún objetivo claro, como no fuese el de escapar, aunque no tuviese claro de qué. Había viajado desde una nada de provincias hasta una nada cosmopolita, regular y establecida. Sólo el tránsito de una a otra trasladaba a mis células cierta sensación de que mis pulmones seguían bombeando aire. Anduve por las calles rebotando como la última bola de una máquina de "pinball", mochila al hombro, cabeza gacha, encogido de frío porque nunca salgo de casa con la chaqueta adecuada. Acabé en un banco público, muy cerca de Arco de Triunfo, lugar que durante mucho tiempo significó la alegría, lo especial, una felicidad incombatible. Ahora, en cambio, sólo pensarme en ese mismo lugar aquella soleada mañana de domingo, cuando empezó la mascarada, cuando dejé inocularme el virus, siento cómo me suben en torrente las náuseas hasta la garganta. Lawrence Durrell dijo algo así como que “una ciudad es el mundo cuando la habita la persona amada”. Esa misma ciudad puede convertirse en el Dolor, así, inabordable y en mayúsculas, si la persona que concentra todo tu odio habita sus calles. Caminar por sus arrabales es sentir la muerte royéndote las entrañas con el doble filo del resentimiento y la remembranza. Poco más o menos lo que hoy día me ocurre cada vez que piso la ciudad condal.



Pero por aquel entonces, el invierno pasado, todavía era una errabunda alma en pena, un zombi con el corazón encerrado aún en el baúl de un prestidigitador sorprendido por la muerte a la hora del desayuno. Aguardando a que fuesen otros quienes hallasen el cadáver del mago y me sacasen de allí, porque tenía claro que yo no podría salir por mis propios medios. Relojes, alianzas, billetes de 50, vale, puedes conseguir otros… pero nunca hay que ofrecerse voluntario para los trucos de magia que ponen en liza el corazón.



Estaba, como digo, sentado en aquel banco, evitando preguntarme qué demonios hacía allí, ya que de hacerlo me preguntaría cómo diablos había llegado hasta aquello. Serían dos preguntas sin respuesta, me encontraría dos absurdos más cerca de mis sesos percutidos contra la pared… De modo que volví a “La ofensa”, encogido sobre el libro para ofrecer el menor blanco posible el viento predador. Me había quedado en la última parte, la tercera.


La terminé allí mismo, al cabo de media, una hora, no sé. Menuda cara de gilipollas se me debió quedar: “bueno, he aquí un tipo que no ha sabido acabar su novela”, o nivola, o novella, lo que os dé la gana.


Recomendé “La ofensa”, pese a todo, a varios amigos, a ver si era verdad o sólo cosas mías, que me estaba volviendo un viejo quisquilloso. Todos llegaron más o menos a la misma conclusión: comienza muy bien, pero… ¡¿Y el final?! Eso mismo todavía me lo ando preguntando yo. De todos cuantos había en el limbo de los finales, Ricardo, tuviste que rematar tu ofensa con el peor…


Desde entonces había querido escribir algo sobre Menéndez Salmón, sobre su ofensa –la novela, no su final–, pero acabé siempre postergándolo, así que aprovecho ahora, aprovecho ese estupendo aforismo que le leí días atrás en una entrevista, para quitarme la espina.


Ahora volvamos al principio. La escritura como herida, “como enfermedad” si es que seguimos al autor de “La ofensa”. Los escritores como “enfermos” que intentan curarse, que escriben para “autocurarse”. Yo estuve enfermo entonces y sigo enfermo ahora, todo y que la de ahora sea una variación, una evolución del mal de entonces. Lo que Menéndez Salmón se dejó en el tintero es que la escritura es un “mal incurable”, una suerte de “ébola hiperlaxo”, se lo toma con calma sabedor de que no habrá antiviral que lo subvierta. Antes o después te acaba destruyendo. Te acabas –auto– destruyendo. Es una quimera y una paradoja, una aporía; contradicción pura, sin adulterar. No hay más médico que uno mismo, la única vía la tan cacareada “automedicación”. Escribir para no sucumbir a la realidad, para sucumbir inmerso en la literatura; un fin sin duda harto más preferible.


Por eso, como cualquier habitante del corredor de la muerte, como todo infectado terminal, envidias la vida de la que careces, que ya no te pertenece. Proyectas hacia afuera tu mal, tu vasto poder de mortandad; anhelas la pandemia. Quisieras ver la entera humanidad agonizante, asediada por tus bubones, antes de irte al otro barrio… Es algo que está esencialmente imbricado en nuestras vísceras y que comparte con la guerra, la matanza, tantos litros de linfa como campos semánticos.


Un corazón enfermo es un corazón egoísta. Un corazón enfermo quiere vivir sobre la certeza del fin. Pretende seguir latiendo pese a la septicemia y los miasmas, pese a la gangrena que ya lo ha podrido hasta el tuétano. Porque la vida es el Polvo de los Polvos. El ubicuo placebo. Te engaña a la par que te engancha. Te engaña. Te engancha. Mucho más y mejor que el sentimiento amoroso, ese otro gran falsario. Te engaña. Te engancha. Te hace creer en la vida aun cuando apenas eres algo más que muerte.


Paralelamente y en contraposición, el cuerpo es sabio, el cerebro reptiliano sabe, que está enfermo, que se muere, que se hunde el barco; llega el tiempo de las ratas. No le queda otra que obedecer las órdenes de un general ciego, el corazón, ese Hitler alucinado que todavía sueña con bombardear Washington mientras el ejército rojo pasa Berlín a cuchillo, pero una vez fuera del búnker, a la sombra del dictador, el cerebro moribundo escribe sus propias contraórdenes: el virus, la epidemia, el odio, la rabia, el napalm, la guerra. Morir matando, la revancha, el desquite, llevarse por delante cuantos más mejor antes de que todo se apague: la termodinámica de las entrañas envenenadas funciona a la inversa que la Historia…

Por eso, la escritura como ajuste de cuentas con la realidad. Soy un enfermo terminal que se engaña, albergo esperanzas de un nuevo y rojo corazón. Espero que salgan de la nada las tropas que me salven de este hundimiento, cuando mis generales saben que éstas nunca llegarán, sencillamente no existen. Soy un condenado a la pena capital. Nada que perder y mucho que dañar. Me alisto voluntario a los cuerpos de élite de la wehrmacht de la rabia.


Pequeña y precisa máquina de odio. Soy un francotirador.


No aspiro a construir nada con mis palabras, sólo busco destruir, derribar, eso sí, selectiva, quirúrgicamente. No soy una bomba H, no soy un Auschwitz, no soy un pelotón de castigo. Soy un cirujano perverso. Un mad doctor con temporizador. La implosión de las Tinieblas. Trabajo solo. Me oculto y me hago uno con el paisaje urbano; desaparezco. Observo, sigo el movimiento de las siluetas a través la mirilla, apunto… disparo: blanco… Cambio de posición... Sé que tengo los días contados, tarde o temprano darán conmigo, entonces se acabarán, la enfermedad, el dolor, este rencor…


La escritura como apósito, compresa helada contra la fiebre del sinsentido y la lepra de la tristeza. No hay órgano humano más susceptible a la enfermedad, el corazón, enseguida evidencia síntomas de “tiranía”. Primero crónica, al fin mortal, devastadora entre medias, en los adentros y también en las afueras.


La escritura como herida. La vida como desquite. El corazón como tiranía. Soy un francotirador.

03/02/2008 18:53 Autor: tannhauser. Javier Iglesias ©. Tema: Letra Umbría Hay 13 comentarios.

08/02/2008

En la barra, señalando. Sí.


¿Has visto ése? ¿Cuál? Coño, ése, jeje... Ah. ¿Y qué le pasa? Joder, ya veo que no lo has visto; es ése de ahí, tíooo. Ah, vale, ése, ya veo... Buf, pues anda que aquél, jojo... Madre mía. ¿Cuál? Joder, aquél de allí, hostias, el de la rabadilla. ¡Ah!, ya lo vi; tienes razón; madre mía... Y mira quién acaba de entrar, el que tiene nombre de braga. ¿Ah sí? ¿Y cómo se llama el tipo? "Sbragia", juajua... "Esbraguia", ¿eh? Eso mismo. ¿Pero eso no era un personaje de Bertolt Bretch?


-...


-...


-...


¿No?


-...


-...


¡Anda y termínate ya de una puta vez eso es que siempre tienes que andar jodiéndome o qué coño te pasa a ti!


Bueno.

08/02/2008 17:03 Autor: tannhauser. Javier Iglesias ©. Tema: Chufflo Hay 3 comentarios.

14/02/2008

Sucio

Cuando sueñas cosas hermosas no las recuerdas, ni siquiera te queda la sensación o el vago recuerdo de haber estado allí.  Pero cuando sueñas mierda se queda ahí, pegada, incrustada, encostrada, como el marrón del zurullo -de la mierda- al blanco del inodoro, que tienes que rascar con el cepillo o no lo sacas, vienen las visitas y se ponen a murmurar a tus espaldas. ¿Has visto? ¿Te has fijado? ¿Viste? Sí, vaya, ¿no?... Sí, del todo, hay que ver, nunca lo hubiera dicho de un alguien como él, ¿me pasas las patatas fritas?... 

¿Dónde venden el cepillo para rascarte las restos de mierda del sumidero del alma? Es una cuestión interesante, preguntadla a alguien, pero no a mí, yo no conozco ese secreto: mi cerebro apesta el día de hoy.


 

14/02/2008 18:52 Autor: tannhauser. Javier Iglesias ©. Tema: Chufflo No hay comentarios. Comentar.

15/02/2008

Mierda

En el post precedente escribí "mierda" tres veces. Lo releo y pienso que podría haber sustituido al menos una de ellas por "cagarro" y todo el conjunto me habría quedado mucho más, digamos, ¿digno?... Pero no, puse "mierda" y la cosa quedó como quedó. Hay días que estás arriba, días que estás abajo, y después el resto; los días en que sencillamente no estás. De modo que con ésta última y la del título vuelven a ser tres, pero ahora estoy mucho más orgulloso de mi texto porque hoy, a diferencia de ayer, ninguna de ellas es sustituible más que por "mierda"... ¡Uy!, cuatro. Ya me pasé...

15/02/2008 13:30 Autor: tannhauser. Javier Iglesias ©. Tema: Chufflo Hay 3 comentarios.

16/02/2008

Sábado en los huesos

Las siete de la tarde de un sábado sin demasiada chicha, pulgoso y en los huesos; pienso, concretamente, en el perro de la portada del libro aquél de Coetzee, "Desgracia"; creo que se acerca bastante.

La semana bien, bueno, tampoco como para tirar cohetes, en la línea de lo de últimamente, a caballo entre muy contados e insólitos brillos y la atonía general. Gente que va y te sorprende -aunque poca, bien es verdad-, de la que no esperabas nada y de pronto te sale con algo que da qué pensar.

O un libro bueno. Que siempre haya algún buen libro que leer es un motivo para que quieras quedarte aquí unos días más, a ver si por fin sucede algo...

También alguna película, por qué no reconocerlo. El hecho de que puedas ver varias películas en unos días hace que sientas el cine como un combate de boxeo. Golpeas y recibes. Por cada buen golpe que conectas sueles encajar tres o cuatro derechazos en la mandíbula y un zurdazo directo al hígado. Hace tiempo que viste las mejores películas y los años no pasan en balde y estás cansado. Ya no eres más que un sparring de tercera. Un espectador doblegado.

Recuerdo mis días de instituto, tenía cuántos, dieciséis, diecisiete años, no hace tanto, ¿verdad? Doce años... A mí me parecen doce puñeteras vidas. Me pesan como remordimientos de asesinato. Recuerdo mi habitación. De noche. Devorando películas. Las del programa de Garci. Las que ponía en video. Las de La 2, en versión original subtitulada. Todo el poco inglés que sé lo aprendi entonces. A oscuras, metido en la cama. Raro era el día que me dormía antes de las tres de la mañana. Días de cine, nunca mejor dicho. Noches de cine. Creo que mi insomnio galopante data de aquellos tiempos.

Ahora en cambio no hay día en que no caiga noqueado al cuarto de hora, a veces mucho antes, a los cinco minutos. Es mucho más que un estar cansado. Es saberte derrengado sin apenas haber hecho nada salvo transcurrir. No es un abatimiento físico. Es un hundimiento moral. Tengo que ir al cine para poder acabar una película. Rascarme el bolsillo.Y aun así a veces me hacen besar la lona: por ejemplo, huid de "El Buen Alemán" como si en ello os fuera la vida, los que todavía estéis a tiempo, claro.

Escribo estas tonterías porque tengo media hora aquí antes de irme a otra cosa. Minutos de la basura de una existencia de matadero. Debería dedicarle un poco mas de tiempo a todo esto, escribir algo sobre las últimas lecturas, las últimas películas, pero acaba imponiéndose el sueño. Una narcotización de los dedos. No un dormir para descansar; un cerrar los ojos para olvidar. Almenos intentarlo. Olvidar.

Es curioso cómo funciona la mente... He continuado leyendo el libro de Barry Gifford para hacer tiempo, no se puede decir que me estuviese fascinando. De repente una frase. El perro de un personaje gaseado porque mordió a dos mujeres. De ahí a la portada de Coetzee y de Coetzee hasta aquí. Un sábado harapiento y de posguerra que acaba aquí y que, lo más probable, no dará más de sí. Una vía muerta.

 

16/02/2008 20:04 Autor: tannhauser. Javier Iglesias ©. Tema: Insomnia Hay 2 comentarios.

17/02/2008

Hola, me llamo Manolo y también tengo un blog... ¿Me la chupas?

A veces no sé muy bien a qué cojones vengo aquí, es un poco como el inútil aquel de William Katt, sí, el rubiales imberbe al que los extraterrestres le dieron un traje rojo y hortera para que salvase el mundo. Pero el fulano resultó ser un completo gilipollas. Dios le da pan a quien no tiene dientes y en realidad ET sólo escogió a Elliot porque era un poco como Michael Jackson: orchestral manoeuvres in the dark...

Y así va y sucede que alguien pasa por tu lado y te dice: "Pst, pst... ¡Eh, tú!"... ¿Yo? "Sí, ", y te suelta el traje, o la pluma, o el teclado, lo que sea, y ahí te las apañes, cabrón. Yo no pedí estos poderes... Te jodes. Piensan que están haciendo lo mejor pero en verdad la están cagando hasta el fondo. ¿En serio estaban tan cegarrutos los extraterrestres? No sé, ¿alguno de vosotros le daría el traje de Supermán a Jiménez Losantos, por ejemplo?

Bueno, el caso es que tamaña ceguera, la de los marcianos y demás caterva sideral, de ser cierta, explicaría por qué todavía no han aterrizado en este asqueroso planeta más que en peliculejas de serie B y noveluchas impresas en papel de limpiarse el culo. Precisamente por eso, porque estamos a tomar por culo del universo y no es nada fácil dar con nosotros... sobre todo si eres alien miope de los huevos.

Pero bueno, ya que estoy aquí y algún fulano me ha regalado este traje en forma de pantalla y teclado y mucho estar hasta las napias, voy a soltar mi mierda, que uno también tiene su culo y necesita evacuar de tanto en tanto.

Qué bonito el mundo de los blogs, ¿no? Joder, se te llena la boca con la palabrita de marras: "blogosfera". Peor que en un jodido maldito capítulo de la puta Star Trek. Antes lo que nos igualaba a todos era el DNI, es decir, los papeles. Bueno, hay que matizar... igualaba a los blancos. Los papeles de los negros, rojos, amarillos y demás colorainos van a parte, eso lo sabemos todos, Rajoy el primero... Pero ahora no. Ahora puedes ir indocumentado por la vida, da igual, pero no te puede faltar el blog. O lo que es lo mismo: blogueo, luego existo. Descartes meado y cagado hasta la peluca.

Todo el mundo tiene un blog, o más de uno, absurdos nos da la vida; incluso aquéllos -la mayoría- que no tienen ni puta idea de qué escribir ni de cómo demonios se escribe. Van a clase a calentar la silla, joderle la vida al personal, compañeros y profesores: bullyng y toda esa hostia. Encefalograma plano, ni maldita idea de nada ni falta que les hace, pero luego llegan a casita de papá y mamá, se conectan a la red de redes -!que no, Punset, que aquí nadie te ha mentado, deja de chupar plano!-, y dale, a soltar su basura en interlingua sms. ¿Qué carajo nos está pasando? Los dinosaurios tenían la respuesta pero prefirieron comerse los unos a los otros antes que presenciar la que se les venía encima...

Pues la puta blogosfera es la misma puta cosa. Joder. Al parecer todo el mundo tiene algo que decir, esto es, que escribir. ¿Habéis echado un vistazo a vuestro alrededor? ¿De veras creéis que vale la pena? Me cago en todo. Y además todos pretenden que el mayor número de los otros lean y comenten sus excrementos vitales en forma de horrible ortografía. Como para suicidarte cinco veces antes de que la alarma del horno haga ¡ding! Es perverso, nauseabundo. Alienador.

Claro que también los hay con talento, haciendo cosas buenas, peligrosas y centelleantes, pero son los menos. Como ocurre con la literatura, la pintura, todas las demás artes cojoneras, el 99% de lo que se hace es absoluta y pura MIERDA, y luego está ese 1% restante, con verdadero talento, puñetera fuerza, que eso sí, sólo se reconoce con el mucho tiempo, o aún peor, cuando has palmado.

De todos modos lo más divertido de los blogs no son los blogs, son las carcajadas que te echas a su costa si te pones en modo entomólogo. ¿Habéis dado una ojeada ahí afuera? Díos mío. El infierno ardería con nuevos e insólitos colores si es que semejante conjunción de egolatrías dejase algún espacio al oxígeno... Conque, los que podáis, ahorrároslo, todavía estáis a tiempo... No sé, donad sangre, echad un polvo, fumaros un porro, o leed un libro. Leed a Hubert Selby...

Los que se llevan la palma son los blogs Candy Candy. Ésos sí, joder; intentas por un momento imaginar qué se cuece detrás de semejante sarta de cursiladas y superficialidades, pero es imposible, te desangras mucho antes; te exprimes por dentro y aún así no llegas, te quedas corto, tendrías que rebanarte medio cerebro y me parece que ni por ésas... Tu mente no lo procesa. Lo cual no impide, pese a todo, que existan, y en gran cantidad, cada vez más y más venenosos. La vida es un sumidero bien engrasado y tus dedos hace tiempo que se convirtieron en úlceras sangrantes.

¿Y qué me decís de los comentaristas? Mierda, ésos merecerían libelo a parte. Los trolls tienen su gracia, claro. Individuos sin vida propia, existen sólo por y para la cobardía. Sus madres los pillaron de pequeños machacándosela en el lavabo con un ejemplar de La Judía Verde... Pero los que de verdad se me antojan morralla de la más baja estofa son los tíos que visitan blogs escritos por tías; tías supuestamente talluditas, supuestamente independientes, supuestamente inteligentes, graciosas y/o ingeniosas. Supuestamente. Muy Supuestamente... Y por supuesto, el toque final, "supuestamente putas", se lo dicen o lo piensan, "ésta es una puta, está claro, aunque no quiera reconocerlo", no para de repetírselo, "es una puta, es una puta", hasta convertirlo en un mantra esquizoide, puedes casi imaginarlo, pegado a la pantalla, perdida la mirada, la boca babeando, una mano en el ratón y la otra en la bragueta.

En otras palabras, las treintañeras trotonas. Son su objetivo. Estos sujetos sí son el verdadero espectáculo de la blogosfera, amigos. Lees sus comentarios: "Cuidate, wuapíssima! ;)", "Eres la namber uan :D", "Tu si k molas mazo wapaza :*"...

¡Frap!

¡Frap! ¡Frap!

¡Frap! ¡Frap! Frap!

Sí, ¿no los oís?... ¿De verdad?... Joder. Pues yo sí los oigo, sus golpes espasmódicos contra la mesa del escritorio mientras se la machacan todo desenfreno, ojos locos y lobotomizados mientras musitan: "ésta me la follo... ésta me la follo... vaya si me la follo... argh... arghhhh... argggghlglglglhhhhhh..."

En resumidas cuentas, que con blogs o sin ellos el mundo es y seguirá siendo un lugar tan entrañable y tranquilo...

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17/02/2008 18:41 Autor: tannhauser. Javier Iglesias ©. Tema: Chufflo Hay 2 comentarios.

18/02/2008

30 días de Oscuridad: siendo generoso, me sobran 29...

No he parado de oír por ahí que lo mejor de "30 días de oscuridad" es la idea de la que parte, una última vuelta de tuerca al género vampírico -¿para cuándo un Quijote de los vampiros, que remate de una vez el mito y deje descansar en paz y de una vez por todas a esta pobre y maltratada raza de Tinieblas?-. Con todo, parace que le mérito de esa idea no es de la película, es del cómic que toma como base. Después de haber visto la película y sin haberme asomado a dicho cómic sólo puedo decir que si éste empieza como aquélla ya puede esperar sentado, no pienso perder mi tiempo con él como sí hice, en cambio, con su adaptación cinematográfica. No cometeré dos veces el mismor error.

Porque el que estés trabajando con un argumento fantástico nunca debe ser óbice para ser gratuito, es decir, que si tu premisa de partida es que de pronto se les encendió la bombilla a un grupo de draculines, que han dado con el gran filón hemoglobínico en los pueblos septentrionales de Alaska, donde se viven meses enteros de oscuridad -uno se pregunta si es que no hay vampiros con dos dedos de frente en Canadá, Rusia, Finlandia...-, y deciden irse para allá a catar qué tal saben las yugulares a temperaturas bajo cero, primero, antes que nada, si es que pretendes que te tome mínimamente en serio, me tienes que explicar cómo se las apañan esos vampiros iluminados para llegar hasta allí -lo siento, el plano del barco en lontananza no me basta-; y sobre todo, cómo tienen pensado salir de allí. De lo contrario pensaré que me estás queriendo meter a los chupasangre en ese recóndito lugar con un "porque sí" y punto. Y toda tu credibilidad se hará pedazos, como de hecho acaba sucediendo.

Billy Corgan responde a sus críticos...

Porque el señor David Slade sólo tenía una visión: quería hacer toda una película únicamente por y para una escena: la orgía de sangre en mitad de la nieve; vampiros gritones vestidos con trajes de fiesta fin de año aniquilando a los inocentes publerinos en mitad de las calles nevadas, a base de mordisco cabrero en la carótida. Qué bonito el plano desde las alturas, ¿no?, con las calles blancas salpicadas aquí y allá de rojos regueros... Ahí empieza y acaba "30 días de oscuridad". No sigan buscando, porque no hay más.

Y así, a partir de esa secuencia, que no debe coincidir ni con la mitad de la película, el señor Slade se topa de bruces con el problemón de que le queda aún un buen cacho de metraje que afrontar con una situación narrativa -y argumentalmente- insostenible: un grupo de supervivientes encerrados un altillo; un ejército de poderosos y hambrientos vampiros afuera, nunca sabemos dónde, esperando a que salgan; y 29 largos días de oscuridad por delante, que el pobre de Slade nunca sabrá cómo demonios llenar.

¡Jaaaaaaaaaaarrrllll!...

En efecto, los grititos enervantes de estos vampiros suenan como la cafetera de mi abuela...

Llegados a este punto inverosímil uno se cuestiona muchas cosas. A saber. ¿Cómo puede ser que una tribu de vampiros conscientes, con su lenguaje y su más que evolucionada jerarquía social -nada que ver, por ejemplo, con aquellos vampiros pseudo-zombis infográficos de la infecta "Soy Leyenda"-, es decir, con una capacidad de raciocionio y organización suficintes como para fletarse un crucero hasta Alaska, no sean luego capaces de prever que si acaban con todos los habitantes del pueblo en la primera noche se van a pasar las próximas 29 aburridísimos y muertos de hambre? ¿Acaso no hubiese sido mucho más inquietante y pavoroso, hubiese desprendido más pulso y tensión, que los vampiros, una vez llegados al pueblo, acabasen con sus habitantes poco a poco, a lo largo de los días sucesivos, hasta que la situación condujese para unos y otros -vivos y no-muertos- hacia un enfrentamiento y un clímax definitivos? Desde luego las reservas de sangre les hubiesen durado mucho más a estos vampiros de Armani... Pero, ¡ah, no!, el señor Slade quería su orgía de sangre en pantalla, no podía pasarse sin ella. Me da igual si la dichosa orgía está en el cómic o no. Me da igual que en el cómic funcione o no. Que una cosa funcione en viñeta o letra impresa no implica que lo vaya a hacer en pantalla.

Otro interrogante de cierta urgencia es el de cómo carajo es posible que unos vampiros tan, digamos, "inteligentes", lo suficiente al menos como para planear irse de vaciones todos juntitos a los polos a hacer "turismo de sangre", demuestren ser después tan rematadamente estúpidos. Los supervivientes se encierran en un trastero y lo mejor que se les ocurre a sus noctámbulos depredadores para cazarlos es tenderles emboscadas con señuelos humanos...  Con todo un mes por delante, acaso no habría sido mucho más fácil y rápido hacer un casa por casa hasta dar con ellos... O sencillamente quemar el pueblo hasta hacerlos salir... Pero entonces se me acaba la película, ¡jopeta!... Guionistas made in hollywoodland, menuda panda, menudo privilegiado cerebro, y encima después van y se declaran en huelga...

¿Un vampiro o el tiburón de Spielberg?... Pregunta de examen.

Claro que si llegas hasta esta conclusión puedes llegar más lejos, hasta plantearte la validez del argumento de partida, ese que se supone que es tan bueno. Siendo como es esta raza de vampiros tan ingeniosa, ¿cómo demonios no se planteó hasta nuestros días la idea de irse a las regiones septentrionales en plan picnic? Uno pódría contestarse: bueno, sabes... es que el viaje hasta allí es complicado, demasiadas cuestiones que resolver, logísticas, técnicas, bufff, sí, ya, ya sabemos que Drácula se curró él solito un viaje Transilvania-Londres, ida y vuelta, hace más de cien años, perooo, perooo, uf, los viajes transcontinentales  de hoy en día, ya se sabe, con la globalización y todo eso se han complicado una barbaridad, sabe usted... uf, uf... Si, claro, hombre, lo que tú digas... Quizá se te hubieses preocupado mínimamente en mostrarme cómo llegaron hasta donde llegaron tal vez estaría dispuesto a creerte algo, pero como me los metiste con calzador y por el morro donde te dio la real gana, te jodes; paga el alto precio de tu incapacidad argumental.

Total, que uno llega a la conclusión de que es preferible mantener durante un mes entero una situación increíble de puro inverosímil a hacer las cosas como hay que hacerlas, aunque sea a costa de un poco de sangre salpicando al espectador. Absurdo lo cojas por donde lo cojas. Los vampiros, dueños de un poder físico aplastador, escondidos nunca se nos muestra dónde y haciendo no sabemos qué, en espera de que sean los humanos quienes salgan de su madriguera. Espero que los responsables de esta entrañable metedura de pata vampírica no piensen que este esquema puede interpretarse como otra inteligente vuelta de tuerca, porque más bien se acaba antojando como una enorme y apestosa boñiga narrativa.

-¿A qué estamos esperando, Josh?

-Esperando órdenes, guapa... El guionista ha ido a cagar...

¿Dónde se esconden los vampiros? ¿En qué emplean su tiempo libre mientras los supervivientes humanos no se deciden a salir de sus escondrijos? Entretenidos tienen que estar -aparte de algo sordos- para que Josh Hartnett ande a gritos y hachazos con uno de sus convecinos -ahora convertido al credo chupasagre- en mitad de la calle y ellos como si oyeran llover... Tal vez no hubiese sido una baza tan descartable mostrarnos qué hacían mientras tanto para darle un algo más de credibilidad al asunto... No sabe, no contesta... Quién sabe, a lo mejor andaban de timba...

Y así vamos aproximándonos al fin, pasan los días sin más pena que gloria, como el que espera el autobús. Persecuciones por aquí, grititos sobrenaturales por allá, un par o tres de muertos por ambos bandos, el discursito con moralina de rigor sobre la inviolabilidad de la institución de la familia, y nos plantamos en un final que vuelve a ser -y van...- de lo más absurdo que me han tirado a la cara... Cómo será la cosa que tras hora y media de aburrimiento, 30 oscurísimos días de hastío supino y la menor sombra de pavor o canguelo en el cuerpo, tú mismo estás deseando que acabe de una vez esta tortura.

Estamos en el día 30. Faltan apenas unas horas para que amanezca y los vampiros siguen en el pueblo -(?!)-. Sí, tal como suena. ¿Por qué? Porque todavía no han conseguido acabar con todos sus habitantes -siempre fueron un poco zoquetes, la verdad-. Al parecer les preocupa mucho mucho que éstos puedan irle al resto del mundo con el cuento de que los vampiros existen en realidad, después de la cantidad de años que les ha costado a ellos convencernos de que no son más que superstición barata. Y me digo yo... ¿Cuál era su plan de escapada?, si es que alguna vez lo tuvieron, claro; dentro de nada va a salir el sol y ellos siguen ahí, plantados en mitad de la calle como estudiantes ingenuos el mayo del 68... ¿Acaso pensaban volverse en su barquichuelo por dónde habían venido? ¿Por carretera? ¿Por correo certificado?... Como la respuesta fuese en barco, más vale que las lunas del puente de mando estuviesen tintadas...

¿Er último pal dotor Van Jelsin?

En fin, que de donde no hay no se puede sacar; a estos chupasangres Gucci se les ocurre al fin -¡Bravo!- prenderle candela al pueblucho y, uf, ¡tachán!, a ojos de nuestros protagonistas la situación se les presenta insostenible, entre otras cosas, porque al guionista, que debe ser un incapaz mucho cuidado, le sale de las narices que así sea... Ves a los amos de la oscuridad campar a sus anchas por la calle en traje de noche, a menos 0 grados, y a la mujer de Hartnett, vestida de invierno, debajo de un coche, muriéndose de frío, y entonces vas y te partes el culo de risa cuando recuerdas la frase lapidaria -y estúpida- aquñella, media hora atrás: "Tenemos dos cosas a favor; conocemos el pueblo -hasta ahí bien- y conocemos el frío -?!-; vivimos aquí porque nadie más puede hacerlo (SIC!!!)".

De modo que llega el momento del gran duelo final, tipico y tópico y del que tantos estamos hasta los mismísimos huevos. Pero antes, un momento, unos minutos más de moralina para este consejillo subliminal: Hartnett decide que la mejor forma de salvar a su mujer, esto es, salvaguardar la familia -que recordemos, es lo más sagrado que existe en este y en cualesquiera otros Universos-, es convertirse en vampiro, es decir, condenarse a sí mismo, es decir, autoaniquilarse como miembro de su propia familia. ¿Alguien lo entiende? Es igual..., porque aquí lo importante es enseñar cómo el tipo se mete sangre de vampiro en las venas mediante una jeringuilla, es decir: "niñooos, no sus droguéis que pillaréis el SIDAAA...". Madre mía. Y yo que creía que ya había dejado la escuela.

-Sí, Josh, nosotros conocemos el frío... ¡¡¡Pero ellos están muertos, gilipollas!!!

Finalmente el duelo final no es tal, es decir, duelo no mucho, pero sí todo lo final que cabría esperar, porque a las primeras de cambio un Hartnett que está que se sale -por el chute jeríngueo que se acaba de meter- se ventila al jefe vampiro mediante todo un fistfuking oral -¡Dios Mío, qué valentía, señor Slade, un alarde así en una película Mainstream y comercial..., me tiene francamente desconcertado-. Ahora el resto de vampiros están asustados, no saben qué hacer, son un poco como Zaplana y Acebes sin su aznárica correa... Empieza a amanecer, los han jodido, ¡y ahora qué!... Deciden tomar las de Villadiego. Pero, ¿adónde van?, ¿cómo dientre se marchan de allí si ya es casi de día?... ¡Y a mí qué me cuentas tío!, ¿qué más da? Miraaa..., a cambio de una exlicación verosímil te regalo esta secuancia final de amor y amilbarada ñoñez, ¡además interracial!, entre una humana y un vampiro buenazo -que no se comería a nadie ni aunque estuvuese vivo-, porque hay que ver lo mucho que se quieren a pesar de que un mes atrás no se podían ni ver. Qué bonito es el amor. ¡Ah!, y mira qué requetechulo me ha queado el plano de él convirtiéndose en ceniza al contacto con la luz solar, mientra ella lo abraza, lo acuna, lo duerme... ¡A que Mola mazo!

Lo peor, con todo, no es esta película, ni es la última perrería de Will Smith, ni todas las cabronadas que les han hecho hasta hoy, como tampoco las que les quedan por hacer. Lo peor es que aquí a un servidor siempre le ha atraído la potente y mítica figura del vampiro, y ya es mucho decir que a base de ver la de hijoputadas mongoloides que directores y guionistas están perpetrando con ellos casi desee que no se vuelva a escribir ni una puta novela, ni un puto cómic, ni una puta película más sobre ellos, mis maltratados vampiros. 

 

No llores jodía, que vosotros al menos teníais al Rodríguez de la Fuente...

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18/02/2008 18:44 Autor: tannhauser. Javier Iglesias ©. Tema: Cine y Metralla Hay 2 comentarios.

21/02/2008

Harry Potter: a caballo entre la Muerte y la Reliquia

El día a día como sucesiva permutación de circos. Son las cinco, nueve minutos sobre el doble cero del minutero. Apenas algo más de una hora para el gran acontecimiento. Suerte que ya no pertenezco al gremio de los libreros. Tengo el invierno atragantado desde hace días en algún tramo del esófago. Yo soy el gato y él la bola de pelo. Alguien me ha dicho esta mañana sin venir a cuento que en esta séptima, última con suerte,  de la saga, Harry Potter, el estudiante cum laude de la Licenciatura en magias y supercherías, "moría pero no moría". ¿Cómo diantre se come eso?

 

Vivo sin vivir en mí

de lo lento que pasa el tiempo

todavía sesenta minutos para las seis y media 

-2008 21 de febrero-

tan altas son las ventas que espero

que sólo de pensar en los dividendos

me da el pasmo el squirt el jamacuco

me diluyo en lúbricos sueños de dinero

me corro y me recorro que es un gusto

y de tanto correrme y sentir quieto el segundero

muero porque no muero

Santa Teresa de Rowling

Yo soy multimillonaria y vosotros estáis muertos

Mientras tanto, anda circulando por ahí un gran libro, entre las sombras, los fantasmas, los fantoches, tanta payasada. Se titula "¿Quién nos cortará las uñas cuando hayamos muerto?", de un tal Ferrán Barber. Allá cada cuál con lo que se lleva a la cama...

 

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21/02/2008 18:15 Autor: tannhauser. Javier Iglesias ©. Tema: Chufflo Hay 8 comentarios.

22/02/2008

El gilipollas

En fin en fin, ve y oye uno cada cosa por ahí que es como si las neuronas engordasen, es decir, como si te bajasen la mente a la altura del culo -o el culo te lo subiesen a la altura cabecera- y una vez allí se te transformase todo el ínterin cerebral en almorrana intratable, que ni con dermovagisil la achantas. A riesgo de que se me tilde de reaccionario -¡buf!, lo que me importa...- diré, siguiendo el tópico, que esto antes no pasaba. Quiero decir que antes la gente estaba demasiado ocupada sobreviviendo, pasando hambre, sufriendo horribles padecimientos. Ser así de gilipollas no es que fuese una excentricidad al alcance de muy pocos, es que sencillamente no había lugar... En cambio mirad ahora. Toda la culpa la tienen Fleming y Pasteur, hijos de puta.

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22/02/2008 19:29 Autor: tannhauser. Javier Iglesias ©. Tema: Chufflo Hay 5 comentarios.

25/02/2008

Ésa es la chica...

 

Sonó el teléfono, hacía media hora que había salido de una pesadilla muy chunga en la que las alondras transmitían la peste bubónica y no tenía ganas de volver a dormir, así que contesté: "Diga lo que sea". Y lo dijo: "Buenos días, ¿es usted Wilson el interconectado?". ¡Mierda, no! Una vez más me habían descubierto. Maldito programa de protección de testigos. ¿Es que nunca iba a poder vivir en paz por culpa de aquel desliz en el lavabo de tías? Tenía que despistarla a cualquier precio. Mi integridad estaba en juego, conque puse en ello todo mi ingenio, activé mi "Modo Marlowe": "Si, joder, soy yo, qué coño ocurre". "Ah, bien, bien, lo sabíamos, verá, llamo en nombre de la Compañía QWERTY y quería hablarle acerca de nuestras ofertas en desconexión alámbrica, inálambrica, alambicada, guayrless y blutúz... según observo en mis ficheros ha sufrido usted problemas de caídas en la interconexión últimamente". Me tenían pillado, sí, me habían pillado el culo, hasta los pelillos, sí. "Estoo.. er... se equivoca usted, preciosa, al contrario, estoy muy satisfecho con mi servicio de lavandería". "¿Lavandería?... pero... oiga, yo le llamo de QWERT...". "No, me parece que te has equivocado de interconectado, nena, yo soy Wilson, William Wilson, 34 Park Aveniu; el que repara neveras en Trafalgar Escuer... Conque adiós". "Pero...". Y fin: colgué. Ya estaba hecho, eso les daría esquinazo le menos diez, con suerte doce minutos... Luego tuve ganas de fruta, un zumito,  una esepecie de antojo sietemesino; fui al frigorífico, había uno de leche con plátano... Y luego... luego... bueno, luego ya no he sabido cómo narices continuar esta basura, tampoco ahora, después de cinco minutos de pausa, un café y una galleta sueca, de modo que no lo voy a hacer, no voy a continuar... En otro orden de cosas, el otro día vi a Sbragia por la calle y me dio mucha vergüenza porque todavía recordaba cuando me había reído de él, pero como él no se dio cuenta y además es un ingenuo completo va y me saluda; se paró a charlar; y hasta acabó invitándome a unas pintas y unas bravas. Estuvimos allí un buen rato, repantingados en las sillas, estirados como linces panzudos al sol, nuestras cervezas, nuestro aire acondicionado, y mientras me hablaba y hablaba, el majo de Sbragia, yo no podía dejar de pensar: "Pues no es tonto ni nada, el bragas éste", y acto seguido echaba un buen trago de fresquita birra. ¿Soy por ello un cabrón?... ¿Qué más? Ah sí, luego llegué a casa de mi hermano, Lionel, que no por llamarse igual que el hijo de tu madre, la que se comió a mi perro, tiene que dejar de levantarse cada cochina mañana a las seis. AM. Lainol, mi hermano Lainol, trabaja de sexador de pollos no siendo japonés, lo que bien mirado tiene mucho mérito, oigan, aunque luego todo eso que gana por un lado lo pierde siendo un borrachuzo fracasado que ya ni pegar puede a su mujer porque ésta lo abandonó hace tres años. Estaba allí; él no, yo; suerte que tengo llaves de su piso y más suerte aún que él ni se huele que saqué una copia a hurtadillas. Le mango otra birra. Las 11 de la mañana y ya voy fino. Lainol está obsesionado con que en su casa hay fantasmas, ¿podéis creero? Cualquier día de estos se lo llevan al manicomio y a ver quién llena la despensa. Patatas fritas, nachos y anacardos, los cacahuetes me los cepillé ayer. En fin. Después sonó el teléfono. Lo cogí. Sonó como una alucinación mortal aguardando tras la tapia: "Oye, Wilson, pedazo de miiierda chabacana, hicisite muy mal al colgarnos, sabeees... Ahora sí que la has cagaaado, mamón... Ahora sí que te vamos a interconectarrrr". Y a partir de ahí ya no tuve más sed en todo el día y anduve como encogido hasta las nueve... PM

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25/02/2008 17:20 Autor: tannhauser. Javier Iglesias ©. Tema: Chufflo No hay comentarios. Comentar.

26/02/2008

Maneras de femme fatale

Y NI ESTA INVECTIVA LA MERECES




Y pensar que recorrí la noche

En mitad de aquella terrible tormenta

La autopista jugándome el pellejo

Sólo para poder cogerte le mano

Ni siquiera echarte un polvo

Sólo eso sólo la mano

Y hasta eso tu mano con reparos

No fuese que alguien nos viese

Atase cabos

Sumase dos y dos son cuatro

Este par de pájaros andan juntos

Y a partir de ahí fíjate tú qué faena

Hasta tuvieses que dar explicaciones

A no sé quién la verdad

Porque nunca me enseñaste a nadie

Que yo era la peste la lepra el niño tonto

Ocultado a las visitas encerrado en el sótano

El deforme bastardo el hombre elefante

Un NeoMerrick de quien sólo te interesó la trompa

La punta gorda y dura y venosa del catre

Al fin y al cabo los dos lo sabemos

Fui sólo eso un polvo fácil

En tu larguísima lista de amantes desechables






Y pensar que me volví locura

Y absurdo

Y ridículo

Y abyección

Gillette oxidada sin empuñadura

Saborear infecto los días bebiendo los vientos

Por ti por este cabrón quererte que en tan mala hora

Y para siempre me inoculó los anticuerpos

Del asco y la rabia del SIDA moral

Mientras tú andabas única cómoda bífidamente

Hechizada por los reflejos dorados de tu futuro

El tuyo sólo

En el espejo del tocador



De mi poemario inédito

"Tú que sembraste, cariño... ¡Cosecha esto!"

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26/02/2008 18:16 Autor: tannhauser. Javier Iglesias ©. Tema: DESBOCADO Hay 3 comentarios.

27/02/2008

John Rambo: Esperma de Plomo, Mirada de Merluzo

Para el engelson, alma guapa y descacharrante

que en ocasiones come pipas...

 

Cuando John Rambo introdujo en nuestro imaginario lúdico y postpopular aquello famoso del "¡no siento las piernas!", al bueno de Richard Crenna, que era un alma recta y bienpensante, ni se le pasó por las mientes que su pupilo se estuviese refiriendo a las tres, las tres piernas; incapaces, insensibles, vamos, para el arrastre. Es un dato a no despreciar ni soslayar, so pena de no pasar por la casilla de salida. Toda la saga Rambo es un enorme y glicerínico fresco acerca de la incapacidad eréctil del héroe atormentado; el mortificante recuerdo del último polvo echado allende las puertas y los años del Dien Bien Phu.

Tú te lo perdiste, !cabrito!

Tras el humetoso -de nuevo interracial- y prometedor acercamiento a los bajorrelieves inguinales de la pequeñuda y del todo apetecible -por aquel entonces- Julia Nickson en "Rambo II", que finalmente se quedó en agua de sanguijuelas vista su inuficiencia cavernosa, John Rambo opta por la huída hacia delante en pos de una siempre necesaria catársis y un celibato espirituoso que lo alejase del humillante estigma de su falta de reprís, esta vez luciendo sus poderóginos bíceps, ya a las alturas de "Rambo III", en la lejana tierra de Afganistán, cuna, como sabemos, de legendarios hombres de paz, donde además, para más seguridad, la fuente de mayor tensión sexual podría provenir del avistamiento furtivo de un ojal de yak. Ni que decir tiene que la vía de escape de nuestro héroe de guerra a semejante carga de lúbrica frustración y requesón retenido es matar, matar, matar. Y matar.

‹‹John... necesito ese yak con "cierta" urgencia, sabes...››

‹‹No se preocupe, Coronel, utilizaremos la táctica del teto...››

Los lustros, sin embrago, no pasan en balde; las carnes, antes prietas y esteroideas, se caen bajo el tiránico yugo de la gravedad, se evaporan los abdominales chocolaterosos, las miradas se amerluzan -más, si cabe- y la pólvora continua igual de mojada. Siguen sin dejar sentirse las piernas. Las tres, sobre todo la del medio; no hay fuego en la caldera. Encontramos finalmente a nuestro héroe en Tailandia currándose el plan de jubilación -y autoflagelándose de paso- mediante la caza junglera de toda índole de serpientes venenosos y demás tóxica reptilia. Por aquello de que un hombre no es un HOMBRE si no es hombre completo, esto es, eréctil, es decir, dueño y señor del control de todas "sus extensiones". Y como el pobre John fue desposeído de su natural "exstensión eréctil y retráctil" en los Vietnames, vamos, que no arriaría una bandera ni con la grúa del puerto, encontramos del todo natural y comprensible que busque suplir este vacío membril a través de "artificiales extensiones" de su hombría, del todo fálicas y exógenas, como puedan serlo una cobra o una "pitón" -ya tiene guasa la cosa.

Rambo Vs. Cobra ¿Quién dijo que ya no había ideas? 

En este segmanto fílmico del mito Ramboniano nos apercibimos de que Stallone ya no es John Rambo, es el monstruo de Frankenstein, no en vano se pasa toda la película dándoselas de clon de Robert DeNiro en la tontada aquélla del Kenneth Brannagh, pero con mata de pelo made in Head & Shoulders Old Style. Esta parte es sin lugar a dudas la mejor del películo este, casi me atrevería a decir que la mejor de toda la estirpe First BlooderaRambo, es decir, Frankenstein está como una puta regadera. Padece insanas pesadillas de sangre y matanza así como vergonzantes flaschbacks idiocios, directamente expoliados de las anteriores entregas de la saga, con el solo objetivo de alargar el a todas luces escaso metraje y evidenciando con ello que el eximio presupuesto se acabó al segundo lupanar tailandesino. ¿Cabe mayor sinceridad cinematográfica, caballeros?

Sin Comentarios...

Pero sucede que arriban a puerto los medicastros misioneros con cara de malaria y más feos que pegarle a un padre -ya que los actores de primer orden, ninguno quería trabajar de gratis o sólo a cambio de una mamaílla con denominación de origen del sudeste asiático-, y nos joden el divertimento. Les acompaña una rubia tierna y un poco pasada de fecha pero catable, nada que una bolsa de papel no pueda obviar. Nuestro Rambone, otrora semental italiano -quién te ha visto y quién te ve, muchacho-, se pone bruto en presencia de esta madurita zagala, ya que a pesar de saberse muerto de cintura para abajo siempre ha ansiado tener una compañera, su particular "novia de frankenstein", y aunque ésta semeje tener los pelardos rubios en lugar de mechas canas en el monte venusino, qué más da, ¡carajo!, a estas alturas de impotencia ni normal lo mismo valdrá la jamelga para un roto que para un descosido.

Estooo... Rambo es el de la derecha...

Entramos en la fase crítica para poder asimilar en esencia y apriorísticamente la simbología intrínseca de la epopeya "Acorralada"... El monstruo quiere pero no puede, y ella le echa miradas golosas y efervescentes para que la saque a pasear en barca. Esto, consciente de su artrosis varonil, lo frustra y lo pone de muy mala hostia, de modo que su reacción instintiva es hacérselo pagar muy caro al primer ingenuo que pasa por el lugar, para el caso, una masa informe y uniformada de militares birmanos, malos malosos de verdad, perpetradores, a la sazón, de la orgía de sangre más gratuita, tremebunda y hemoglobínicobestiaja que me han tirado a la cara en mi puta vida. Consecuentemente, merecen morir. Una muerte proporcional a su falta. John Frankenstein Rambone lo sabe. Él será el encargado de proporcionársela mediante la segunda orgía de sangre más gratuita, tremebunda y hemogoblínicobarbarisca que me han tirado a los belfos en mi puta vida.

A nuestro héroe sin par -ni polla- le ha sido negado durante décadas el higiénico privilegio de mojar el churrote, ya ni siquiera puede lucir palmito y enamorar a las nenas aunque sea de puertas afuera -asesores con estudios elementales y un conserje le recomendaron no quitarse, ¡por Dios, ni loco!, la camiseta-... ¿Conque qué le queda? Lo que ha hecho siempre. Aquello que mejor sabe hacer. Para lo que lo entrenaron. Para lo que nació: matar, matar, matar. Y matar.

La del pulpo... By John Rambo

A cambio de no poder inseminar al bello sexo con su miembro descabezado, John Rambo fecunda de muerte los cuerpos de estos birmanos malignos con su esperma de plomo. Es para verlo. Menudo espectáculo grandipirotécnicolocuente. Agarrado a la ametralladora como se agarra uno la zambomba en los últimos y vitales y eyaculantes momentos. Músculos resbaloides en tensión, grito en boca torcida, gesto paroxístico. Éxtasis del correrse del copón. El arma, eminentemente fálica y dura, sustituye en su imaginario enfermo a las blandurrias serpientes, metamorfoseándose en La Extensión óptima de su falo incapaz y flacciducho, desbrozando al paso de su plomiza eyaculatoria la carne enemiga con inversa energía seminal; esto es, fertilizándola a través de la muerte. Y de paso, como impagable bonus track, giño metacinematográfico a sus ramboides fans irredentos, superando el Body Counter oficial de "Hot Shots 2," y erigiéndose con el oficioso y condecoroso título de "peli-con-más-muerte-machuca-gore-destripa-eviscera-implosiona-obsceno-salpica-ketchup-desmembramientos" en pantalla de la Historia del Kinematógrafo.

Coitus Estrozantus

Como colofón orgiástico y poético-ajusticiador a tan loable plusmarca, la Criatura Rambone apuntilla el clímax fílmico escojonciorebanando al Big Boss de las satánicas hordas birmanesas de milicos, no por sádico asesino de inocentes campestrurcios aldeanos que ni pinchaban ni cortaban ni cobraron como extras, sino por maricón. Tal como suena. Por envidia cochina; que teniendo como tienes, sucio cabrón de ojos truquiñuelos y chinosos, una herramienta en su sitio y como lo manda Dios, la utilices tan desviadamente, y yo mientras tanto, legendario semental espagueti, ni machacármela pueda con la Private... ¡Toma, toma, toma! (facazo/penetración/desventración). El Bien puro y casto siempre ha de triunfar sobre el malignoso birmano, y homosexual...

John Rambo, siempre vigilante de que no se produzcan atascos

a la salida de los armarios...

Hasta ahora hemos asistido atónitos y epatados a tan grande demostración didáctica y emprírica de los valores que han hecho de OrtoAmérica y el Primer Mundo la reserva espiritual del Cosmos y ardemos en deseos de que el desenlace a semejante canto al sacrificio individual en pos del bien de la mancomunidad de vecinos globales nos haga dormir seguros y tranquilos y felisucos.

¿Sí? ¿Hasta aquí bien? Pues agárrense los machos porque va al final y en el último momento nos joden el pitillo postcoito. Algún cretino de las narices le debió hablar del eterno retorno nietzscheano a Sly: "que esta mierda vende, tío"... y de repente al capullo de Silvester se le iluminó la mollera. Ahí lo tenemos en los últimos minutos de proyección, de vuelta a casa, "Home, Sweet Home",  la granja familiar, dispuesto a acabar sus días sembrando maíz y criando cochinos. Después de toda una vida entregada a la locura y la masacre y la añoranza del apareamiento, John Rambo, que ya ha dejado de ser Frankenstein y de ser Rambone y de ser legendario, finiquita su saga como la empezó, a pie por una carretera secundaria, chaquetón y petate del ejército al hombro, impecables, como recién salidos del horno, de lo que deducimos que no hay quien serigrafíe tejidos como los Ejércitos de los Estados Unidos de OrtoAmérica.

Hoy m'apetece pescaíto frito...

Tras haber aprendido que mandar a la mierda el mundo no tiene por qué ser siempre la primera opción; después de asumir que ya mató cuanto bicho viviente estaba en su mano escogorciar; luego de aceptar que el destino no guarda para él ninguna "novia" pintando canas en el pubis; que su capitán garfio no ha de volver a bailar; Rambo, nuestro siempre entrañable y ya cansado John Rambo, deja atrás su único talento, asesinar diabólicas almas uniformadas, y enfila el sendero que conduce a una vida en la sombra de los últimos días: tan puta y normal.

Hay que joderse con los guionistas, su primer disparo siempre directo a la Poesía...

Y media pasadas y el Dennehy sin aparecer...

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27/02/2008 21:39 Autor: tannhauser. Javier Iglesias ©. Tema: Cine y Metralla Hay 14 comentarios.




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Febrero 2008 | Vida Puta y Sin Talento
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